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185.- ¿QUIÉN SOY?


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La majestuosa sala, que es una de las que se emplea para celebrar en ella banquetes, es blanca en todo: en sus paredes, en el techo, cortinajes, tapices, lámparas y la mayoría de objetos que la decoran. Ahí hay quince mujeres charlando entre sí…

Pero en cuanto Jesús separa la gruesa cortina y aparece en el umbral, un silencio absoluto se impone.

Todas se levantan y se inclinan con el mayor respeto.

En el rostro de Jesús no hay la menor señal del dolor experimentado un momento antes.

Con su maravillosa sonrisa, dice con amabilidad:

–                La paz sea con vosotras.

Juana de Cusa contesta por todas:

–               La paz sea contigo, Maestro. Nos mandaste avisar que viniéramos y aquí estamos. Yo te obedecí y también vinieron Valeria, Plautina y Marcela. Es tan hermoso sentirnos hermanas, al creer en Ti… Esperando que también otras que te aman, eleven su alma como lo ha hecho Valeria.  –y mira a Plautina de manera muy significativa…

Jesús le contesta:

–                       Los diamantes se forman lentamente, Juana. Son necesarios siglos de fuego en lo profundo de la tierra… No se debe tener prisa… No te desanimes jamás…

–                       ¿Y cuándo un diamante se vuelve ceniza?

–                       Señal es de que todavía no era un diamante perfecto. Son necesarios paciencia y fuego. Comenzar de nuevo esperando en el Señor. Lo que la primera vez produce desilusión, la siguiente vez se convierte en triunfo.

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Magdalena interviene:

–                       O a la tercera. O a la cuarta. Yo fui una desilusión muchas veces, pero al fin triunfaste. ¡Rabonní!

Martha suspira y dice:

–                       A María le encanta humillarse, recordando su pasado.  –que quisiera que nadie lo recordase.

–                       Es verdad hermana. Me siento contenta y lo hago para impulsarme a subir; empujada por el recuerdo del mal que hice y para agradecer al que me salvó. Y también para que quién duda de sí mismo, cobre ánimos y pueda llegar a la Fe que mueve montañas.

Juana suspira:

–                       Tú la posees. Dichosa tú que no conoces el temor…

–                       Si fui intrépida en el Mal, ahora que soy propiedad de mi Salvador; con mayor razón. Todo me ha servido para aumentar mi Fe. ¿Puede alguien como yo, que fui resucitada espiritualmente; que he visto resucitar físicamente a mi hermano, dudar de algo? No. Nada me hará dudar jamás.

Plautina dice:

–                       Mientras Dios esté contigo. Esto es, mientras el Rabí lo esté. Pero Él anda diciendo que pronto nos abandonará, ¿Qué pasará entonces a nuestra Fe? Es decir, a vuestra Fe. Porque yo no he logrado rebasar los límites humanos.

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Magdalena contesta:

–                       Su Presencia o ausencia material, no afectará mi Fe. No tendré miedo. No es soberbia mía. Es que me conozco. Si las amenazas del Sanedrín se llevasen a cabo… No temeré…

Plautina insiste:

–                       ¿Qué puedes temer? ¿Qué el Justo o sea justo? Esto, ni yo.  Creemos en él como muchos sabios cuya sabiduría gustamos y añadiría que nos nutrimos con la vida de su pensamiento, aún siglos después de que han desaparecido de la tierra.  Pero si tú…

Magdalena la interrumpe:

–                       Yo ni siquiera temeré a su muerte. La Vida no puede morir. Resucitó a Lázaro, que es un pobre mortal.1Rembrandt, the Raising of Lazarus

–                       No resucitó por sí. Sino que el Maestro llamó a su espíritu de ultratumba. Y es el único que puede hacerlo. Pero, ¿Quién llamará a su espíritu, si lo matan?

–                       ¿Qué quién? ¡Él Mismo! Esto es, Dios. Dios se hizo por Sí Mismo.

–                       Algo difícil para nosotros de admitirlo; pues sabemos que los dioses se engendran por amores divinos.

Magdalena concluye:

–                       Por amores irreales, querrás decir.

Plautina responde calma:

–                       Como quieras…

Y antes de que pueda proseguir.

Magdalena se adelanta…

–                       Pero el hombre no puede por sí resucitarse. Así piensas, ¿No es así?…  Como Él por Sí Mismo se hizo Hombre, porque nada es imposible al Santo de los santos. Así, Él se dará a Sí Mismo la orden de resucitar. No puedes comprender esto. No conoces las figuras de nuestra Historia de Israel. Él y sus prodigios están escritos en ella.

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Magdalena se vuelve hacia Jesús:

–                       De antemano creo, Señor. Creo todo. que Tú Eres el hijo de Dios. El Hijo de la Virgen. Que eres el Cordero de Salvación; que eres el Mesías Santísimo. Que eres el Libertador y Rey Universal. Que tu Reino no tendrá fin, ni límites. Que la muerte no prevalecerá sobre Ti, porque la Vida y la Muerte son cosas que Dios ha creado y le están sujetas como todo lo demás. Creo.

Y si será un gran dolor el verte desconocido, despreciado, mayor será mi Fe en Tu Ser Eterno. Creo. Creo en todo lo que está predicho acerca de Ti. Creo en todo lo que dices. Supe creer y obedecer por todos y reaccioné contra aquellos y contra aquellas cosas, que querían persuadirme para que no creyese.

Sólo al final de la prueba cometí un error… Pero hacía tanto tiempo que duraba… Ahora no dudaría en creer, aun cuando el sepulcro haya conservado dentro su presa durante meses. ¡Oh, Señor mío! ¡Yo sé Quién Eres! ¡El fango ha conocido a la Estrella!

María se ha acercado a sus pies. Se le queda mirando con su actitud de adoradora, con su cara levantada hacia su Rostro.

Jesús pregunta con seriedad y un amor infinito:

–                       ¿Quién Soy?

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María declara:

–                       El Que Es. Eso Eres. Lo demás, la persona humana, es el vestido necesario que llevas sobre tu Luz, sobre tu Santidad, para que pudieras venir a salvarnos. Es el velo de carne, para que pudiéramos verte sin morir. Eres Dios. Eres mi Dios.

Y se arroja a sus pies y se los besa. Parece como si sus labios no quisieran desprenderse de los pies desnudos del Salvador, que se asoman bajo su túnica.

Y Él la envuelve en una mirada llena de amor y le dice:

–                       Levántate María. Procura tener siempre ésta Fe robusta. Levántala como una estrella en las horas borrascosas. Para que los corazones se afirmen y sepan esperar, por lo menos…

Luego se dirige a todas:

–                       Os mandé llamar porque en los días que están por venir, no vamos a poder estar juntos con calma. El mundo nos rodeará… A los corazones les gusta guardar sus secretos, como al cuerpo su pudor. Hoy no soy el Maestro, sino el Amigo.

Os he llamado a vosotras, flores de Israel y del Nuevo Reino y a vosotras, flores de gentilidad, que abandonan las sombras para entrar en la Vida.

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Grabad en vuestro corazón para los días que están por venir, que el honor que tributáis al Perseguido Rey de Israel, al Inocente Acusado, al Maestro que no se le escucha, mitigue mi dolor.

Os pido que todas estéis muy unidas; ayudándose mutuamente a llegar y permanecer en la Verdad. Consideraos como hermanas que el destino ha traído a mí alrededor en estos últimos días de mi vida mortal…

Al oír esto, todas comienzan a llorar…

Jesús dice:

–                       ¡No lloréis! Sois de lugares, idiomas y costumbres diferentes; que dificultan el entenderse bien. pero el amor tiene un solo lenguaje que consiste en hacer lo que el  Amado enseña. Y hacerlo para darle honra y alegría. En este punto todas debéis entenderos. Y las que más entiendan, ayuden a las demás. Después… en un futuro no muy lejano; en circunstancias diversas, volveréis  dividiros por las regiones de la tierra.

Unas, regresando a vuestros lugares nativos. Otras yendo al destierro que no os pesará; porque las que lo sufran comprenderán perfectamente la verdad de que, no el estar aquí o allí forma la verdadera patria, pues ésta es el Cielo. Porque quién está en la Verdad, está en Dios y tiene  Dios consigo. Está en el Reino de Dios y éste no conoce fronteras.

En donde quiera que estéis, estaréis en el Reino, si siempre estáis en Jesús. He venido a  reunir a todas las ovejas… Sed siempre obedientes a los pastores. Comportaos como hijas para con mi Madre.

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Ella os guiará. Puede guiar tanto a las jóvenes como a las viudas; a las casadas, a las madres; pues Ella ha conocido todos estos estados de la vida, no solo por experiencia; sino también por conocimiento sobrenatural.

Amamos y amadme en María. Nunca os engañaréis, porque Ella es el Árbol de la Vida; el Arca Viviente de Dios. La Forma de Dios en la que la Sabiduría se hizo un Trono y la Gracia se hizo Hombre.

Os he hablado y os he visto. Ahora quiero escuchar a mis discípulas. Las que tengan algo que decirme, háganlo ahora; porque después no habrá  momentos tan tranquilos…

Afuera se ha desatado la tormenta.

Y todas prudentemente se retiran para que de una en una, puedan platicar con Jesús. Primero las que tienen que regresar…

Entran juntas, Juana de Cusa y Valeria.

Una preocupada y la otra que aunque está pálida y suspira, pero es la que tiene más valor.

Juana dice:

–                       ¡Oh, Maestro! Cusa será una veleta, un calculador; pero no es un mentiroso. Él me ha asegurado que Herodes no tiene ninguna intención de hacerte daño… De Poncio… No sé nada.

Y mira a Valeria que guarda silencio.

Después de otro suspiro, Valeria dice:

–                       Maestro, yo… Mis familiares tratan de convencerme para que regrese a Italia, pero no volveré. He traído conmigo a Marcela para que te viese y comprenda que no me quedo aquí por un amor vergonzoso por un hebreo. Para nosotros es una deshonra.

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Sino porque en Ti he encontrado a Dios y el consuelo de una mujer repudiada. Marcela no es mala; ha sufrido y comprende. Pero todavía no es capaz de comprender mi nueva religión. Me regaña un poco, pues piensa que es una quimera. No importa. Si quiere, vendrá a donde estoy. Soy libre, rica, puedo hacer lo que quiera. Y no obrando mal, realizaré lo que más me agrade.

Jesús pregunta:

–                       ¿Y cuándo el Maestro no esté más?

Valeria contesta:

–                       Quedarán sus discípulos. Plautina, Lidia, la misma Claudia que después de mí, es la que más te sigue por Doctrina y la que más te honra; creen conocerme…  Pero yo sí estoy segura de conocerme…  Tanto es así; que te aseguro que si pierdo mucho al perderte; no perderé todo, porque quedará en mí la Fe.   Permaneceré en donde ella nació y te conocí. No Quero llevar a Fausta a donde nada le hablará de Ti. Aquí… Todo habla de Ti. Y ciertamente no vas a dejarnos sin guía, a quienes hemos querido seguirte.

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¿Por qué debo ser yo la gentil, la que piense en estas cosas; cuando muchas de vosotras y tú misma Juana, estáis como atolondradas pensando en el día, en el que el Maestro no estará más entre nosotros?

Jesús dice:

–                       Porque ellas Valeria; por muchos siglos se han acostumbrado a una inmovilidad. A pensar que el Altísimo está allí en su Casa, sobre el altar…  Invisible y que solo el Sumo Sacerdote ve, en las ocasiones solemnes.

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Esto las ayudó a venir a Mí. Finalmente podían acercarse también ellas al Señor. pero ahora tiemblan de miedo, por no tener al Altísimo en su gloria, ni al Verbo del Padre entre sí. Hay que saber compadecer…

Levanta el corazón, Juana. Yo estaré en vosotros, recuérdalo. Me iré, pero no os dejaré huérfanos. Os dejaré mi casa que es la Iglesia. Mi Palabra, que es la Buena Nueva. Mi Amor habitará en vuestros corazones.

Al final os dejaré un regalo mayor que os alimentará de Mí y hará que no solo espiritualmente esté entre vosotros y en vosotros; sino que os dará consuelo y fuerzas. Ahora es necesario que estéis unidas, muy unidas.

Valeria pregunta:

–                       ¿No podremos ir a donde estés?

–                       En estos días seré como un relámpago que pasa veloz y desaparece. Subiré al Templo por la mañana y luego saldré de Jerusalén. Sólo en el Templo y a hora temprana me encontraréis.

Juana dice:

–                       Cusa tiene mucho influjo en Herodes. Quisiera que arrancara del Tetrarca una promesa a favor tuyo; así como Claudia trata de arrancarla de Pilatos…

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Cusa solo me refiere frases vagas de Herodes…Dice que él, lo único que desea es verte realizar un milagro y que no te perseguirá. Con ello cree poder calmar los remordimientos de su conciencia, que tiene por la muerte de Juan el Bautista. Y que no levantará su mano contra Ti, porque, ¡Tiene mucho miedo!

–                       Y dice la verdad. No levantará su mano contra Mí. Muchos en Israel no lo harán; porque tienen miedo de condenarme materialmente. Pero pedirán que lo hagan otros; como si hubiera alguna diferencia ante los ojos de Dios entre quien golpea bajo la presión de un pueblo que así lo quiere y el que lo hace golpear.

Valeria dice:

–                       ¡El pueblo te ama! Se están preparando grandes fiestas en tu honor. Pilatos no quiere tumultos. Ha reforzado las guardias en estos días. ¡Oh, Señor! espero que…

Juana:

–                       ¡Oh! Ya no sé qué espero…

Jesús dice:

–                       Ruega Juana. Y estad en paz. Piensa en que jamás has causado dolor alguno a tu Maestro y que Él lo tiene presente. Podéis iros.

Jesús las bendice y Juana sale muy pensativa.

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HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

118.- EL EMBAJADOR


En el siguiente poblado, al igual que en todos los demás, Jesús habla a la gente y se despide de ellos. Como no hay ningún enfermo a quién se deba curar, Jesús pasa en medio de la gente extática y bendice a uno por uno. Emprende su caminata bajo un sol que se entibia bajo los frondosos árboles y el aire de los montes. Detrás en grupo, los apóstoles conversan animadamente…

Bartolomé dice:

–                       ¡Qué discursos! ¡Hacen a uno temblar!

Andrés suspira:

–                       Están llenos de tristeza. ¡Lo hacen a uno llorar!

Judas de Keriot exclama:

–                       Es su despedida. Tengo razón yo. Va derecho a su trono.

Pedro advierte:

–                       ¿Trono? ¡Uhm!…  Me parece que sus discursos hablan más bien de persecuciones,  que de honores.

Judas grita alborozado:

–                       ¡No, hombre! Ya se acabó el tiempo de las persecuciones. ¡Ah, que si soy feliz!

Juan suspira y dice:

–                       ¡Me alegro por ti! Qué bien que te sientas así… A mí me gustaban más los días en que éramos unos desconocidos hace dos años. O cuando estábamos en Aguas Hermosas. Tengo miedo por los días que se nos vienen encima…

Judas dice con suficiencia:

–                       Porque tienes un corazón de cervatillo. Pero yo veo ya en el futuro: cortejos, cantores, pueblo postrado; honores que tributarán otros pueblos… Está escrito…

Y mientras los once apóstoles sienten su corazón abrumado por los más negros presentimientos…

Judas exulta de gozo y canta en su corazón el Salmo 71 (El Rey de la Paz) y lo invade una felicidad extasiada… Siente como si lo acompañaran los coros angelicales y con su bien timbrada voz y el entusiasmo que lo domina…

Su júbilo es tan intenso, que los versos que lo componen vibran en su corazón y los empieza a cantar en voz baja y melodiosa:

–                       … 3. Traigan los montes paz al pueblo y justicia los collados. 4. El hará justicia a los humildes del pueblo, salvará a los hijos de los pobres, y aplastará al opresor.

  5. Durará tanto como el sol, como la luna de edad en edad; 6. Caerá como la lluvia en el retoño, como el rocío que humedece la tierra. 7. En sus días florecerá la justicia y dilatada paz hasta que no haya luna 8. Dominará de mar a mar, desde el Río hasta los confines de la tierra.

 9. Ante él se doblará la Bestia, sus enemigos morderán el polvo; 10. Los reyes de Tarsis y las islas traerán tributo. Los reyes de Sabá y de Seba pagarán impuestos; 11. Todos los reyes se postrarán ante él y le servirán todas las naciones.

  12. Porque él librará al pobre suplicante, al desdichado y al que nadie ampara 13. Se apiadará del débil y del pobre, el alma de los pobres salvará. 14. De la opresión, de la violencia, rescatará su alma; su sangre será preciosa ante sus ojos.

     15. Y mientras viva se le dará el oro de Sabá. Sin cesar se rogará por él, todo el día se le bendecirá.

16. Habrá en la tierra abundancia de trigo, en la cima de los montes ondeará como el
Líbano al despertar sus frutos y sus flores, como la hierba de la tierra

17. ¡Sea su nombre bendito para siempre, que dure tanto como el sol! ¡En él se bendigan todas las familias de la tierra, dichoso le llamen todas las naciones!

18. ¡Bendito sea Yahveh, Dios de Israel, el único que hace maravillas! 19. ¡Bendito sea su nombre glorioso para siempre, toda la tierra se llene de su gloria! ¡Amén! ¡Amén!

Y está tan emocionado que poco a poco ha levantado su voz, haciendo que sus apesadumbrados  compañeros lo miren sorprendidos…  Pero se congratulan entre sí, al ver al joven y siempre altivo apóstol; tan alegre y gentil como un niño pequeño, que hubiese recibido el mejor de los regalos…

Ninguno imagina lo que está sucediendo dentro de la mente y el corazón de Judas de Keriot  y sólo Tadeo mueve la cabeza; pensando que el feliz trovador, está más perturbado de lo que nadie pueda sospechar…

El joven apóstol está inspirado… Judas acaricia su sueño tan anhelado…

Y continúa diciendo:

–                       Todos los ejércitos de la tierra bajo el dominio de la paz y del amor… Y los Ejércitos Celestiales honrando al Mesías… ¡Oh, es la hora!…

Y vendrán los camellos de Madián y las turbas de todas partes. Y no serán los tres pobres Reyes Magos; sino una muchedumbre, desde todos los confines del Universo…

Israel grande como Roma… Más que Roma… Roma, rindiendo tributo a Israel… Israel avasallando al mundo entero… ¡Oh!…

La gloria de los Macabeos;  de Salomón; han quedado atrás. Y no serán nada… ¡Todas las glorias!…

Él, Rey de reyes y Señor de señores… Amo y Señor de toda la Creación… Y nosotros sus amigos…

Oh, Altísimo Dios! ¿Quién me dará fuerzas para aquella hora?…

Y Judas sueña despierto… 

¡Jesús Reinará en lo espiritual y…! ¡Oh, sueño maravilloso; él como Príncipe y embajador, gobernará en la administración del Reino!…

¡Si viviese todavía mi padre!… ¡Vería en mis manos el Poder más absoluto!…

Judas está exaltado. Irradia pensando en el futuro, en el que sueña que vivirá… ¡Y él será el Primer Ministro del futuro reino del Mesías…!

Todos sus soberbios amigos del Gran Consejo, estarán de rodillas también ante el nuevo sacerdocio… ¡Y él será el hombre más poderoso del mundo!…

Jesús va muy adelante…

El futuro rey según Judas, se detiene…  Y sediento, toma con sus manos agua de un riachuelo y la bebe como lo hace el pajarillo del bosque.

Luego se vuelve y dice:

–                       Aquí hay frutos silvestres. Recojámoslos para calmar el hambre…

Zelote pregunta:

–                       ¿Tienes hambre, Maestro?

Jesús confiesa humildemente:

–                       Sí.

Felipe pregunta:

–                       ¿Por qué no quisiste detenerte en Hebrón?

–                       Porque Dios me llama a otra parte. No lo sabéis.

Los apóstoles se encogen de hombros y empiezan a recoger frutillas de los árboles silvestres.

Siguen caminando y llegan a Beter. A las posesiones de Cusa, donde están los jardines de rosales de Juana.

El guardián reconoce al Señor y abre los canceles. Un intenso aroma de rosas frescas y de esencia de rosas llena el aire del crepúsculo.

El guardián dice:

–                       Mi patrona está con los trabajadores y con los que trabajan en la esencia… Voy a llamarla. Espérame, Señor.

Jesús objeta:

–                       No. Voy Yo Mismo. Dios te bendiga y te de su paz.

Levantando la mano, lo bendice.

Lo deja y se dirige hacia el tinglado bajo y largo donde están los cortadores.

Los niños lo ven:

–                       ¡Llegó Jesús!  -y se lanzan a sus brazos.

Juana grita:

–                       ¡El Señor!

Y cae de rodillas en donde está. Luego se levanta y corre a postrarse y a besarle los pies.

–                       La paz sea contigo Juana. ¿Querías hablarme? Heme aquí…

–                       Sí, Señor.

Juana se pone pálida y seria.

Jesús lo nota y dice:

–                       Levántate. ¿Está bien Cusa?

–                       Sí, Señor mío.

–                       Y la pequeña María, ¿Dónde está que no la veo?

–                       También está bien Señor. Fue con Esther a traer medicinas, para un sirviente enfermo.

–                       ¿Por el siervo me mandaste llamar?

–                       No, Señor… Por… Ti.

Es evidente que Juana no quiere hablar en presencia de todos los que le rodean.

Jesús lo comprende y dice:

–                       Está bien. vamos a ver tus rosales…

–                       Estás cansado, Señor. Tendrás apetito… sed. –se vuelve y dice al mayordomo- Jonathás prepara todo para el Señor y para quienes vinieron con Él.

Jesús toma de la mano al pequeño Matías y se van caminando por la avenida que divide el jardín.

Mientras los apóstoles son llevados adentro de la casa; Juana lleva a Jesús hasta donde solo hay rosales y árboles.

Las rosas que mañana se habrán abierto completamente y que caerán bajo las tijeras de los cortadores, esparcen un fuerte perfume antes de ser bañadas por el rocío.

Se detienen ante una gran piedra que hace de silla y sirve para que sobre ella, pongan los cortadores los cestos. Se ven rosas y pétalos tirados sobre la hierba y la piedra; restos del trabajo de ese día.

Juana los retira con la mano y dice:

–                       Siéntate, Maestro. Debo hablarte largamente.

Jesús se sienta y Matías se pone a jugar con un nido de grillos que está al pie del roble y saca con un palito…

Después de algunos momentos de silencio, Jesús pregunta:

–                       Juana, estoy aquí para escucharte. ¿No hablas?

Y deja de mirar al niño para mirar a la discípula que está delante de Él, seria y silenciosa.

–                       Sí, Maestro… Pero es muy difícil… Y creo que te voy a hacer sufrir.

–                       Habla con sencillez y confiadamente.

Juana se sienta sobre la hierba y está abajo, respecto de Jesús que está sentado sobre la piedra; austero y rígido, pero a la vez cercano como Dios y como amigo, con la Bondad en su mirada. Juana lo mira en el crepúsculo suave de la tarde de Mayo.

Suspira y dice:

–                       Señor mío, antes de hablar… Tengo necesidad de preguntarte. De conocer tu pensamiento. De comprender si me he equivocado en entender tus palabras. Soy una mujer y una mujer tonta. Tal vez soñé… Y solo ahora conozco la realidad de las cosas como las dices. Como las preparas, como las quieres que sean para tu Reino… Tal vez Cusa tiene razón… Y yo estoy equivocada.

–                       ¿Te ha regañado Cusa?

–                       Sí y no, Señor. Sólo me dijo aprovechando su derecho de marido; que si los últimos hechos son como lo hacen pensar… Debo dejarte. Porque él es un dignatario de la corte de Herodes y no puede permitir que su mujer conspire contra el rey.

Jesús la mira sorprendido y le pregunta:

–                       Pero, ¿Cuándo has conspirado?… ¿Quién piensa en hacer daño a Herodes?…  Su pobre trono tan despreciable, vale menos que este asiento entre los rosales. Aquí si me siento; en el suyo, jamás… Tranquiliza a Cusa. Ni el trono de Herodes, ni siquiera el de César me interesan para nada. ¡No son estos mis tronos, ni éstos mis reinos!

–                       ¡Oh, sí Señor! ¡Bendito seas! ¡Qué paz me das! Hace días que sufro por esto… Maestro mío, santo y divino. Querido Maestro mío, mi Maestro de siempre. Como te entendí, te vi, te he amado. Como en el que he creído, tan alto, superior a la tierra. Así… así… divino Señor mío y Rey Celestial.

Y Juana toma una mano de Jesús. Le besa respetuosamente el dorso, poniéndose de rodillas como en adoración.

Jesus le pone la otra mano sobre su cabeza y pregunta:

–                       ¿Pero qué pasó? ¿Qué ha sido capaz de turbarte y de empañar en ti la limpidez de mi figura moral y espiritual? Habla…

–                       Maestro, los humos del error, de la soberbia, de la ambición, de la testarudez; se levantaron como fumarola de fétidos cráteres y te han empañado en el concepto en el que te tenían algunos…algunas… Y lo mismo quería suceder en mí. Pero yo soy tu Juana. Tu beneficiada. ¡Oh, Dios!… ¡No me había extraviado! Por lo menos así lo espero, conociendo cuán bueno es Dios.

Pero quién no es más que una pequeñez de corazón que lucha por formarse, puede muy bien morir por un desengaño. Quien trata de salir de un pantano de fango y lucha en un mar de fuerzas violentas, por llegar al puerto… A la playa para purificarse, conocer los lugares de paz, de justicia… El cansancio puede vencerlo si pierde la confianza en esta playa, en estos lugares… Y dejar que las corrientes y el fango lo arrebaten.

Sentía dolores, me sentía torturada al pensar en la ruina de las almas para las que impetro tu luz. Las almas que instruimos para la Luz eterna, son mucho más queridas que los cuerpos que damos a luz. Ahora comprendo que significa ser madre de un cuerpo humano y madre de un alma.

Lloramos por la criaturita que se nos muere, pero es solo nuestro dolor. Por un alma que tratamos de que crezca en tu Luz y que se muere, se sufre no solo por nosotros sino contigo, con Dios… Porque en el dolor que experimentamos con la muerte espiritual de un alma, está también tu dolor… Tu Infinito Dolor como Dios… No sé si me explico bien…

–                       ¡Y muy bien! Pero habla con orden, si quieres que te consuele.

–                       Sí, Maestro. Enviaste a Simón Zelote y a Judas de Keriot a Bethania, ¿No es verdad? Fue por esa niña hebrea que las romanas te regalaron y que tú enviaste a Nique…

–                       Así fue. ¿Y qué?…

–                       Ella quiso despedirse de sus buenas patronas y Simón y Judas la acompañaron a la Torre Antonia. ¿Lo sabías?

–                       Sí. ¿Y luego?

–                       Maestro, debo darte un dolor… Maestro, bueno y santo…  ¿Verdad que solo eres un Rey del espíritu y que no piensas en reinos terrenales?

–                       Exacto Juana. ¿Cómo puedes pensarlo de otro modo?

–                       No puedo pensarlo Maestro, para tener nuevamente la alegría de verte Divino, solo divino. Pero porque Eres Tal, debo darte un dolor… ¡Oh, Maestro!…  El hombre de Keriot no te entiende y no entiende a quien te respeta como a un sabio, a un gran filósofo… A la Virtud viviente sobre la tierra. Y que solo por esto te admira y dice ser tu protectora.

Es extraño que haya paganos que comprendan lo que un apóstol tuyo no ha comprendido, después de estar  tanto tiempo contigo…

–                       Lo ciega su ser humano. Su amor humano.

–                       Lo excusas… Pero te causa daño, Maestro. Mientras Simón habló con Plautina, con Lidia y con Valeria. Judas habló con Claudia, en tu Nombre, como tú embajador. Le quiso arrancar la promesa de un restablecimiento del reino de Israel… Claudia le hizo muchas preguntas… Y él habló demasiado.  Ciertamente tu apóstol piensa que está en los umbrales de su necio sueño, donde éste se cambia en realidad, Maestro.

Claudia está irritada por esto. Es hija de Roma… Y nieta de Augusto. Lleva el imperio en sus venas. ¿Se puede por ventura pretender que ella, hija de los Claudios, combata contra Roma?

Se sintió tan airada que duda de Ti; de la santidad de tu Doctrina. Ella no puede comprender la Santidad de tu Origen… Pero llegará a hacerlo, porque hay en ella buena voluntad. Llegará cuando esté segura acerca de tus intenciones. Por ahora apareces a sus ojos como un Rebelde. Un usurpador; un ambicioso; un falso…

Plautina y las otras mujeres han tratado de disuadirla…  Pero ella quiere una respuesta inmediata que salga de Ti.

–                       Dile que no tema. Yo Soy Rey de reyes. El que los crea y juzga. Y que no tendré otro trono que no sea el del Cordero. Primero Inmolado y luego triunfante en el Cielo. Hazle saber esto al punto.

–                       Sí, Maestro. Iré yo personalmente. Antes de que salgan de Jerusalén. Porque Claudia está tan indignada, que no quiere quedarse un momento más en la Torre Antonia… ‘Para no encontrarse… con los enemigos de Roma.’ Dice.

–                       ¿Quién te lo dijo?

–                       Plautina y Lidia. Vinieron aquí. Y Cusa estaba presente… Y luego, él me puso el dilema: ¡O Tú eres el Mesías espiritual o yo debo de abandonarte!

Jesús sonríe cansadamente. Su rostro está pálido por lo que acaba de oír de Juana. Y pregunta:

–                       ¿No viene Cusa aquí?

–                       Mañana sábado vendrá.

–                       Yo lo tranquilizaré. No temas. Que nadie se preocupe de nada. Ni Cusa por su puesto en la corte; ni Herodes de una eventual usurpación; ni Claudia por amor de Roma. Ni tú tengas miedo de ser engañada; ni de que vayas a separarte… Nadie debe de temer… Sólo Yo debo temer… y sufrir…

–                       Maestro, no quería darte este dolor. Pero quedarme callada habría sido un engaño… ¿Cómo te vas a conducir con Judas?… Tengo miedo por Ti… siempre por Ti… De sus reacciones…

–                       Me comportaré lealmente. Le haré comprender que sé todo y que desapruebo sus acciones y su terquedad.

–                       Me odiará porque comprenderá que te enteraste por mí…

–                       ¿Te aflige eso?

–                       Que me odiases Tú me afligiría, no él. Soy una mujer, pero con mayor valor que él para servirte. Te sirvo porque te amo, no para obtener honores de Ti. Si el día de mañana perdiese por tu causa las riquezas, el amor de mi esposo y aún la libertad y la vida; te amaría mucho más… Porque entonces no tendría a quién amar, más que a Tí… Y solo te tendría a Ti para que me amaras.  –dice Juana impulsivamente poniéndose de pie.

También Jesús se pone de pie y dice:

–                       Sé bendita Juana, por estas palabras. Quédate en paz. Ni el Odio, ni el amor de Judas, pueden alterar lo que está escrito en el Cielo… Mi Misión se realizará como está decidido. No tengas jamás remordimientos. Quédate tranquila como Matías, que después de haber hecho la casa más hermosa para su grillo, se ha quedado dormido y sonríe…

Jesús lo toma en sus brazos… Y se dirigen despacio hacia la casa…

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA