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319 JUICIO DE LOS HIPÓCRITAS


319 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Jesús regresa solamente a Endor.

Se detiene en la primera casa del pueblo, que es más un aprisco que una casa;

pero, precisamente por serlo, con establos bajos, cerrados, colmados de heno;

puede alojar a los trece peregrinos.

El dueño, un hombre rudo pero bueno;

se apresura a llevar una lámpara, un pequeño cubo de leche espumosa y unos panes muy oscuros.

Luego se retira, con la bendición de Jesús, que se queda sólo con los doce apóstoles.

Jesús ofrece el pan y lo distribuye.

A falta de escudillas o tazas, cada uno moja sus rebanadas de pan en el cubo,

y cuando tiene sed, bebe directamente de él.

Jesús sólo bebe un poco de leche.

Está serio, silencioso…

Tanto que, acabada la comida, saciada el hambre que en los apóstoles nunca falta,

terminan por darse cuenta de su mutismo.

Andrés es el primero que pregunta:

–        ¿Qué te sucede, Maestro?

Te veo triste o cansado…

Jesús responde:

–        No niego que lo esté.  

Pedro dice:

–       ¿Por qué?

¿Por esos fariseos?

Pues si ya deberías estar acostumbrado a ellos…

¡Casi, casi que me he acostumbrado yo que…!

Ya sabes cómo era yo las primeras veces con ellos.

¡Cantan siempre la misma canción!…

La verdad es que las serpientes sólo pueden silbar; 

jamás ninguna logrará imitar el canto del ruiseñor.

Se termina por no hacer caso. 

Pedro, lo dijo parte convencido, parte queriendo liberar de preocupaciones a Jesús.

–        Así es como se pierde el control y se cae en sus roscas mortales.

Os ruego que no os habituéis nunca a las voces del Mal como si fueran voces inocuas.

Mateo agrega:

–        ¡Ah, sí!

Pero no deberías estar triste, si es sólo por eso.

Ya ves cómo te ama el mundo.

Presuroso y lisonjero, pasando un brazo por detrás de Jesús, que está sentado en el heno a su lado.  

Judas de Keriot  pregunta:

–        ¿Pero es sólo por eso por lo que estás triste de esa forma?

Dímelo, Maestro bueno.

¿O es que te han referido mentiras, te han insinuado calumnias, sospechas o qué sé yo…

respecto a nosotros, que te queremos? 

Jesús vuelve la cara en la dirección de Judas.

Sus ojos emanan un relámpago fosfórico a la luz trémula de la lámpara colocada en el suelo,

en medio del círculo de los que están sentados en el heno, dispuesto como bajo asiento en redondel.

Jesús mira muy fijamente a Judas de Keriot.

Y mirándolo, le pregunta:

–        ¿Y me crees tan necio como para recibir como verdaderas las insinuaciones de cualquiera,

hasta el punto de preocuparme por ellas?

Son las realidades, Judas de Simón, las que me preocupan.

Y su mirada no deja ni un momento de hincarse, derecha como un calador,

en la pupila oscura de Judas.

Quién con mucha seguridad,

pregunta:

–        ¿Qué realidades te turban, entonces? 

–        Las que veo en el fondo de los corazones y leo en las frentes destronadas.

Jesús marca mucho esta palabra.

Todos se agitan:

–        ¿Destronadas?

–        ¿Por qué?

–       ¿Qué quieres decir?

–        Un rey pierde el trono cuando es indigno de permanecer en él.

Lo primero que se le quita es la corona que tiene en su frente como en el lugar más noble del hombre,

único animal que siendo animal como materia, pero sobrenatural como ser dotado de alma,

tiene la frente erguida hacia el cielo.

Pero no es necesario ser rey con un trono terreno para poder ser destronados.

Todo hombre es rey por el alma y su trono está en el Cielo.

Pero cuando un hombre prostituye su alma y viene a ser sólo un animal…

Y viene a ser un demonio, entonces pierde el trono.

El mundo está lleno de frentes destronadas, que ya no están erguidas hacia el Cielo,

sino agachadas hacia el Abismo;

gravadas con la palabra que en ellas ha esculpido Satanás.

¿Queréis saber qué palabra es?

Es la que leo en las frentes.

Está escrito en ellas: «¡Vendido!».

Y, para que no tengáis dudas acerca de quién es el comprador, os digo que es Satanás,

en sí mismo y en los siervos que tiene en el mundo».

Convencido, Pedro dice:

–        ¡Comprendo!

Esos fariseos, por ejemplo, son siervos de un siervo que está por encima de ellos

y que a su vez es siervo de Satanás 

Jesús no rebate.  

Bartolomé observa:

–        Pero, ¿Sabes, Maestro…?

¿Qué esos fariseos, cuando han oído tus palabras, se han marchado escandalizados?

Al salir se

han chocado conmigo y lo decían…

Has estado muy tajante

Y Jesús replica:

–        Pero muy verdadero.

Si se tienen que decir estas cosas, es culpa de ellos, no mía.

Es más, decirlas es un acto de caridad por mi parte.

Toda planta que no haya plantado mi Padre celeste debe ser arrancada;

y plantas no plantadas por Él es el improductivo brezal de parásitas hierbas, sofocantes, espinosas,

que ahogan la semilla de la Verdad santa.

Caridad es extirpar las tradiciones y preceptos que ahogan el Decálogo,

lo enmascaran, hacen de él una cosa ineficaz e imposible de ser observado.

Para las almas honestas, es caridad hacerlo.

Respecto a ésos, a los alteros obstinados, cerrados a toda acción y consejo del Amor,

dejadlos; que los sigan los que por corazón y por tendencias son semejantes a ellos.

Son ciegos, guías de ciegos.

Si un ciego guía a otro ciego, por fuerza caerán los dos en la fosa.

Dejadlos que se nutran de esas cosas contaminadas a las que dan el nombre «pureza»;

Proverbios 11, 3

ya no pueden contaminarlos más, porque lo único que hacen es colocarse bien en la matriz de que provienen.  

Simón Zelote ha estado muy pensativo y con tono reflexivo,

pregunta:

–        Esto que dices ahora empalma con cuanto dijiste en casa de Daniel…

¿No es verdad?

Que no es lo que entra en el hombre lo que contamina, sino lo que sale del hombre.

–        Sí – dice escuetamente Jesús.

Pedro, después de un silencio;

porque la seriedad de Jesús congela hasta el carácter más exuberante,

solicita:

–        Maestro, yo…

Y no sólo yo;

no he comprendido bien la parábola.

Explícanosla un poco.

¿Cómo es que lo que entra no contamina y lo que sale contamina?

Yo, si tomo un ánfora limpia y meto en ella agua sucia, la ensucio.

Por tanto, lo que entra en el ánfora la ensucia.

Pero si de un ánfora llena de agua pura arrojo agua al suelo, no ensucio el ánfora,

porque del ánfora sale agua pura.

¿Y entonces?

Y Jesús explica:

–        Nosotros no somos ánforas, Simón.

No somos ánforas, amigos.

¡Y en el hombre no todo es puro!

¿Entonces también vosotros estáis sin inteligencia?

Reflexionad sobre el caso que esgrimían contra vosotros los fariseos.

Vosotros, decían, os contaminabais porque llevabais alimento a vuestra boca,

con manos polvorientas, sudadas… bueno, sin lavar.

Pero, ¿Esa comida a dónde iba?

De la boca al estómago, de éste al vientre, del vientre a la cloaca.

¿Podrá, pues, portar impureza a todo el cuerpo, y a lo que en él está contenido,

pasando sólo por el canal a ello destinado, cumpliendo su oficio de nutrir a la carne;

sólo a ella, para terminar, como conviene, en una cloaca?

¡No es esto lo que contamina al hombre!

Lo que contamina al hombre es lo que es suyo, únicamente suyo;

aquello que suyo ha engendrado y dado a la luz.

O sea, aquello que tiene en el corazón y del corazón sube a los labios y a la cabeza…

Y corrompe el pensamiento y la palabra y contamina a todo el hombre.

Del corazón vienen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones,

los robos, los falsos testimonios y las blasfemias.

Del corazón vienen avaricias, lujurias, soberbias, envidias, iras, apetitos intemperados, ocios pecaminosos.

Del corazón viene el fómite de las distintas acciones;

si el corazón es malo, malas serán éstas como el corazón.

Todas las acciones: desde los actos de idolatría a las murmuraciones insinceras…

Todas estas cosas malas que van del interior hacia afuera contaminan al hombre;

34. Raza de víboras, ¿Cómo podéis vosotros hablar cosas buenas siendo malos? Porque de lo que rebosa el corazón habla la boca. Mateo 12

no el comer sin lavarse las manos.

La ciencia de Dios no es cosa del suelo, lodo para ser pisado por todo pie;

es algo sublime, que habita en las regiones de las estrellas, de donde desciende con rayos de luz

para informar de sí a los justos.

No queráis, vosotros al menos, arrancarla de los cielos para envilecerla en el fango…

Id a descansar ahora.

Yo salgo para orar.

36 LA HUÍDA A EGIPTO


35 CONOCER A DIOS, ES EMPEZAR A AMARLO

Dice Jesús: 

Y también esta serie de visiones terminan así. Hemos ido mostrándote las escenas que precedieron, acompañaron y siguieron a mi Llegada;

no por ellas mismas, que son muy conocidas, sino para aplicación, en ti y en los demás, del sentido sobrenatural que de ellas deriva…

Y dároslo como norma de vida.

Estas escenas son muy conocidas, aunque haya que decir que han sido alteradas por elementos que han ido superponiéndose con los siglos, debido siempre a ese modo de ver, humano.

Que, pretendiendo dar mayor gloria a Dios — y por ello queda perdonado —transforma en irreal, lo que sería tan bonito dejar real.

Porque ello no disminuye mi Humanidad ni la de María, de la misma manera que este ver las cosas en su realidad no ofende ni a mi Divinidad, ni a la Majestad del Padre, ni al Amor de la Trinidad Santísima.  

Antes bien, con ello resplandecen los méritos de mi Madre y mi perfecta humildad.

Y refulge la bondad omnipotente del eterno Señor. 

El Decálogo es la Ley; mi Evangelio, la doctrina que os la hace más clara y más atractiva de seguirse.

Serían suficientes esta Ley y esta Doctrina para obtener, de los hombres, santos.

Pero vuestra humanidad os pone tantas dificultades — humanidad que, verdaderamente, en vosotros sobrepuja demasiado al espíritu — que no podéis seguir estos caminos.

Y caéis, u os detenéis descorazonados.

Os decís a vosotros mismos, y a quienes quisieran haceros caminar citándoos los ejemplos del Evangelio: «Pero Jesús, María, José… (y así todos los santos) no eran como nosotros.

Eran fuertes; han sufrido, pero han sido inmediatamente consolados; fueron aliviados incluso de ese poco dolor que sufrieron; no sentían las pasiones…

Eran seres que ya estaban fuera de la tierra».

¡Ese poco dolor!… ¡No sentían las pasiones!…

El dolor fue amigo fiel nuestro, con los más variados aspectos y nombres

Las pasiones… No uséis mal la palabra, llamando «pasiones» a los vicios que os sacan del camino recto.

Llamadlos sinceramente «vicios», y, además, capitales.

No es que nosotros ignorásemos los vicios.

Teníamos ojos y oídos.

Y Satanás hacía danzar ante nosotros y a nuestro alrededor estos vicios, mostrándonoslos en los viciosos con toda su carga de suciedad.

O tentándonos con insinuaciones.

Mas estas porquerías y estas insinuaciones, tendida como estaba la voluntad a querer agradar a Dios, en vez de producir lo que se había propuesto Satanás, producían lo contrario.

Y cuanto más insistía él, más nos refugiábamos nosotros en la luz de Dios, por asco hacia las tinieblas fangosas que nos ponía ante los ojos del cuerpo y del espíritu.

Pero no hemos ignorado las pasiones en sentido filosófico entre nosotros.

Amamos la patria y con ella a nuestra pequeña Nazaret, más que a cualquier otra ciudad de Palestina.

Tuvimos afectos hacia nuestra casa, hacia los parientes y los amigos. ¿Por qué no íbamos a haberlos tenido?

EL PRIMER MANDAMIENTO DE LA LEY DE DIOS

Pero no nos hicimos esclavos de los afectos, porque nada sino Dios debe ser Señor.

antes bien hicimos de ellos buenos compañeros nuestros.

Mi Madre gritó de alegría cuando, pasados aproximadamente cuatro años, volvió a Nazaret y puso pie en su casa.

Y besó esas paredes entre las cuales su «Sí» abrió su seno para recibir la Semilla de Dios.

José saludó con alegría a los parientes, a los sobrinitos, crecidos en número y en edad.

Gozó al verse recordado por sus conciudadanos y al ver que por sus dotes en el oficio lo buscaron enseguida.

Yo fui sensible a la amistad.

Sufrí por la traición de Judas como por una crucifixión moral.

¿Y qué?

Ni mi Madre ni José antepusieron su amor a la casa, o a los familiares, a la voluntad de Dios.

Y Yo no escatimé palabras — si había que decirlas — que me habrían de acarrear el rencor de los hebreos o la animadversión de Judas.

Yo sabía — y podría haberlo hecho — que bastaba el dinero para sujetarlo a Mí; pero hubiera sido no a mí como Redentor, sino a mí como rico.

Yo, que multipliqué los panes, si hubiera querido, habría podido multiplicar el dinero; pero no había venido para proporcionar satisfacciones humanas. A nadie.

Mucho menos a los que había llamado.

Yo había predicado sacrificio, desapego, vida casta, puestos humildes.

¿Qué Maestro habría sido Yo, qué Justo; si hubiese dado dinero a uno para su sensualismo mental y físico, sólo porque ése hubiera sido el modo de sujetarlo a Mí.

Para ser grandes en mi Reino hay que hacerse «pequeños». 

Quien quiera ser «grande» a los ojos del mundo no es apto para reinar en mi Reino; paja es para el lecho de los demonios.

Porque la grandeza del mundo está en antítesis con la Ley de Dios.

El mundo llama «grandes» a quienes — con medios casi siempre ilícitos — saben conseguir los mejores puestos y para hacerlo, hacen del prójimo escabel.

Y ponen su pie encima y lo aplastan.

Llama «grandes» a los que saben matar para reinar — matar moral o materialmente — y arrebatan puestos o se enseñorean de las naciones. 

Y se enriquecen desangrando a los demás, arrebatándoles la riqueza individual o colectiva.

El mundo llama frecuentemente «grandes» a los delincuentes.

No. La «grandeza» no está en la delincuencia, está en la bondad, la honradez, el amor, la justicia.

¡Observad qué venenosos frutos — recogidos en su malvado, demoníaco jardín interior — vuestros «grandes» os ofrecen!

Deseo hablar de la última visión, dejando de lado otras cosas.

Total, sería inútil, porque el mundo no quiere oír la verdad que le concierne.

Esta visión da luz acerca de un detalle citado dos veces en el Evangelio de Mateo, una frase repetida DOS VECES:   «¡Levántate, toma al Niño y a su Madre y huye a Egipto!»

«¡Levántate, toma al Niño y a su Madre y vuelve a la tierra de Israel!».

Y has podido ver cómo en la habitación estaba María sola con el Niño.

La virginidad de María después del parto y la castidad de José sufren muchas agresiones,

por parte de quienes, siendo sólo lodo putrefacto, no admiten que uno pueda ser ala y luz.

Desdichados, cuyo fauno está tan corrompido y cuya mente está tan prostituida a la carne…

Qson incapaces de pensar que uno como ellos pueda respetar a una mujer, viendo en ella el alma y no la carne.

Incapaces de elevarse a sí mismos viviendo en una atmósfera sobrenatural, tendiendo no a las cosas carnales, sino a las divinas.

Pues bien, a estos que combaten contra la suprema belleza,

a estos gusanos incapaces de transformarse en mariposa, a estos reptiles cubiertos por la baba de su lujuria,

incapaces de comprender la belleza de una azucena…

Yo les digo que María fue virgen y siguió siéndolo.

Y que solo su alma se desposó con José, como también su espíritu únicamente se unió al Espíritu de Dios,

Y por obra de Éste concibió al Único que llevó en su seno:

a M, a Jesucristo, Unigénito de Dios y de María.

No se trata de una tradición que haya florecido después, por un amoroso respeto hacia mi Bienaventurada Madre;

se trata de una verdad conocida ya desde los primeros tiempos.

Mateo no nació siglos más tarde; era contemporáneo de María.

Mateo no era un pobre ignorante que hubiera vivido en los bosques y que fuera propenso a creerse cualquier patraña.

Era un funcionario de hacienda, como diríais ahora vosotros (nosotros entonces decíamos recaudador).

Sabía ver, oír, entender, escoger entre la verdad y la falsedad.

Isaías 7, 14

Mateo no oyó las cosas por referencias de terceros, sino que las recogió de labios de María, preguntándole a Ella. 

Llevado de su amor hacia el Maestro y hacia la verdad.

Y no quiero pensar que estos que niegan la inviolabilidad de María piensen que Ella quizás pudo mentir.

Mis propios parientes, si hubiera habido otros hijos, hubieran podido desmentir su testimonio:

Santiago, Judas, Simón y José eran condiscípulos de Mateo.

Por tanto éste hubiera podido fácilmente confrontar las versiones, si hubiese habido otras versiones.

Y sin embargo Mateo nunca dice: «¡Levántate y toma contigo a tu mujer!». Dice: «¡Toma contigo a la Madre de Él!».

Y antes dice: «Virgen desposada con José»; ‘José, su esposo».

Y que éstos no objeten que se trataba de un modo de hablar de los hebreos, como si decir «la mujer de» fuera una infamia.

No, negadores de la Pureza. Ya desde las primeras palabras del Libro se lee: «… y se unirá a su mujer». Se la llama «compañera» hasta el momento de la consumación física del vínculo matrimonial,

Y luego se la llama «la mujer de» en distintos momentos y en distintos capítulos.

Así se les llama a las esposas de los hijos de Adán: 

y a Sara, llamada «mujer de» Abraham: «Sara, tu mujer». Y también: «Toma contigo a tu mujer y a tus dos hijas», a Lot.

Y en el libro de Rut está escrito: «La Moabita, mujer de Majlón».

Y en el primer libro de los Reyes se dice: «Elcana tuvo dos mujeres»; y luego: «Elcana después conoció a su mujer Ana»

Y  también: «Elí bendijo a Elcana y a la mujer de éste».

Y también en el libro de los Reyes está escrito: «Betsabé, mujer de Urías Eteo, vino a ser mujer de David y le dio a luz un hijo».

Y ¿Qué se lee en el libro azul de Tobías, lo que la Iglesia os canta en vuestras bodas, para aconsejaros que seáis santos en el matrimonio?

Se lee:

«Llegado Tobit con su mujer y con su hijo…»; y también: «Tobit logró huir con su hijo y con su mujer».

Y en los Evangelios, o sea, en tiempos contemporáneos a Cristo, en que, por tanto, se escribía con lenguaje moderno respecto a aquellos tiempos — por lo que no pueden sospecharse errores de trascripción — se dice,

Y precisamente lo dice Mateo en el capítulo 22: «…y el primero, habiendo tomado mujer, murió y dejó su mujer a su hermano». Y Marcos en el capítulo 10: «Quien repudia a su mujer…». 

Y Lucas llama a Isabel mujer de Zacarías, cuatro veces seguidas; y en el capítulo 8 dice: ‘Juana, mujer de Cusa».

Como podéis ver, este nombre no era un vocablo proscrito por quien estaba en las vías del Señor, un vocablo inmundo, no digno de ser proferido y mucho menos escrito,

donde se tratara de Dios y de sus obras admirables.

Y el ángel, diciendo: «el Niño y su Madre», os demuestra que María fue verdadera Madre suya, pero no fue la mujer de José.

Siempre fue: la Virgen desposada con José.

Y ésta es la última enseñanza de estas visiones.

Y es una aureola que resplandece sobre las cabezas de María y de José. 

La Virgen inviolada.

El hombre justo y casto.

Las dos azucenas entre las que crecí oyendo sólo fragancias de pureza.

A ti, pequeño Juan, te podría hablar sobre el dolor de María por su doble, brusca separación de la casa y de la patria.

Pero no hay necesidad de palabras.

Tú lo comprendes y ello te hace morir.

Dame tu dolor. Sólo quiero esto. Es más que cualquier otra cosa que puedas darme.

Es viernes, María. (María Valtorta)

Piensa en mi dolor y en el de María en el Gólgota para poder soportar tu cruz.

Nuestra paz y nuestro amor quedan contigo

77 EL SEGUNDO MANDAMIENTO


77 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Jesús no está. Hay un gran desconcierto entre los discípulos. Su agitación es tanta, que parecen un enjambre provocado.

Hablan, miran fuera nerviosamente, hacia todas partes… 

Finalmente toman una decisión respecto a lo que los tiene agitados.

Pedro ordena a Juan:

–    Vete a buscar al Maestro. Está en el bosque junto al río. Dile que venga pronto para que diga lo que debemos hacer.

Juan va a la carrera.

Judas de Keriot, dice:

–    No entiendo por qué tanta confusión y tanta descortesía.

Yo habría ido y lo habría recibido con todos los honores. Es un honor suyo y también para nosotros. Así pues…

Pedro advierte.

–   Yo no sé nada.

Él será diferente a su pariente… pero a quién está con hienas se le pega el olor y el instinto.

Por lo demás, tú querrías que se fuese aquella mujer… ¡Pero ten cuidado! El Maestro no quiere y yo la tengo bajo mi protección.

Si la tocas… ¡Yo no soy el Maestro! Te lo digo para tu conducta futura.

Judas dice con ironía:

–   ¡Hummm! ¿Quién es pues? ¿Tal vez la bella Herodías?

–    ¡No te hagas el gracioso!

–    Si me hago el gracioso es por tí.

Has creado en torno a ella una guardia real, como si se tratara de una reina…

–    El Maestro me dijo: ‘Procura que no se le perturbe y respétala’ Y eso es lo que hago.

Tomás pregunta:

–   ¿Pero quién es? ¿Lo sabes?

Pedro dice:

–    Yo no.

Varios insisten:

–    ¡Ea! ¡Dilo! ¡Tú lo sabes!

–   Os juro que no sé nada. El Maestro lo sabe. Pero yo no.

–   Hay que preguntárselo a Juan. A él le dice todo.

Judas pregunta:

–  ¿Por qué? ¿Qué cosa especial tiene Juan? ¿Es acaso un dios tu hermano?

Santiago de Zebedeo responde:

–   No, Judas. Es el más bueno de nosotros.

Santiago de Alfeo dice:

–   Por mí ni me preocupo.

Ayer mi hermano la vio cuando salía del río con el pescado que le había dado Andrés y se lo preguntó a Jesús.

Él respondió: ‘Tadeo. No tiene cara. Es un espíritu que busca a Dios. Para Mí no se trata de otra cosa y así quiero que sea para todos.’

Y lo dijo en tal forma: ‘Quiero’ que os aconsejo de no insistir.

Judas de Keriot dice:

–   Yo voy a donde está ella.

Pedro se enciende como un gallo de pelea y replica:

–    ¡Haz la prueba! Si eres capaz…

–   ¿La harás de espía para acusarme con Jesús?

–    Dejo ese encargo a los del Templo.

Nosotros los del lago ganamos el pan con el trabajo y no con la delación. No tengas miedo de que Simón de Jonás la haga de espía.

Pero no me provoques y no te atrevas a desobedecer al Maestro, porque yo soy…

–    ¿Y quién eres tú? ¡Un pobre hombre como yo!

–     Sí, señor. al revés.

Más pobre, más ignorante, más vulgar que tú. Y no me avergüenzo. Me avergonzaría si fuese igual a ti en el corazón.

El Maestro me confió este encargo y yo lo hago.

–    ¿Igual a mí en el corazón? Y…

¿Qué cosa hay en mi corazón que te causa asco? ¡Habla! ¡Acusa! ¡Ofende!…

Bartolomé interviene:

–    ¡Judas! ¡Cállate! Respeta las canas de Pedro.

–    Respeto a todos. Pero quiero saber qué cosa hay en mí…

Pedro estalla:

–    Al punto eres servido.

Déjame hablar… hay tanta soberbia que con ella se puede llenar esta cocina. Hay falsedad y hay lujuria.

Judas casi se ahoga:

–   ¿Yo falso?…

Todos se interponen y Judas debe callar.

Simón, con calma dice a Pedro:

–    Perdona amigo, si te digo una cosa.

Él tiene defectos, pero tú también los tienes. Y uno de ellos es el de no compadecer a los jóvenes. ¿Por qué no tomas en cuenta la edad? ¿El nacimiento y… tantas otras cosas?

Mira. Tú obras por amor a Jesús. Pero, ¿No has notado que estas disputas le causan hastío? A él no le digo nada. –señala a Judas- pero a ti, sí.

Porque eres un hombre maduro y muy sincero, te hago esta súplica:

¡Él tiene tantas penas por sus enemigos y dárselas también nosotros! Hay tantas guerras a su alrededor. ¿Por qué provocar otra en su nido?

Tadeo confirma:

–   Es verdad. Jesús está triste y ha adelgazado.

En las noches oigo que da vueltas en su cama y suspira. Hace algunos días, me levanté y ví que lloraba, orando.

Le pregunté: ‘¿Qué te pasa?’ Él me abrazó y me dijo: ‘Quiéreme mucho. ¡Qué fatigoso es ser ‘Redentor’!

Felipe agrega:

–    También yo me di cuenta de que había llorado en el bosque junto al río.

Y a mi mirada interrogante respondió: ‘¿Sabes qué diferencia hay entre el Cielo y la Tierra, además de no ver a Dios?

Es la falta de amor entre los hombres. Me estrangula como una soga.

He venido a darles granos a los pajaritos, para que me amen los seres que se aman.’

amor animal

Escuchar todo esto, resquebraja por un momento el gran egoísmo de Judas.

Siente una oleada de amor por su Maestro y el conocer su sufrimiento, se le clava como un puñal en su corazón.

Y se deja caer, llorando como un niño.

Y en ese preciso momento, entra Jesús con Juan:

–  Pero, ¿Qué sucede? ¿Por qué ese llanto?

Pedro responde:

–  Por mi culpa, Maestro. Cometí un error. Regañé a Judas muy duramente.

Judas replica entre sollozos:

–  No… yo… yo… el culpable soy yo.

Yo soy el que te causa dolor. No soy bueno… Perturbo… Pero, ¡Ayúdame a ser bueno! Porque tengo algo aquí en el corazón…

Algo que no comprendo… que me obliga a hacer cosas que no quiero hacer. Es más fuerte que yo.

Judas con Posesión diabólica perfecta por la MALDAD

Y te causo dolor a Ti, Maestro; al que debería dar gozo. Créelo; no es falsedad.

Jesús dice:

–    Sí, Judas. No lo dudo.

Viniste a Mí, con sinceridad de corazón; con verdadero entusiasmo. Pero eres joven…

Nadie. Ni siquiera tú mismo te conoces como Yo te conozco. ¡Ea! ¡Levántate y ven aquí!

Luego hablaremos los dos solos. Mientras tanto, hablemos de aquello por lo que me mandasteis llamar.

¿Qué hay de malo en que venga Mannaém?

¿No puede un hermano de leche de Herodes, tener sed del Dios Verdadero?

¿Tenéis miedo por Mí? Tened fe en mi palabra. Este hombre ha venido con fines honestos.

Pedro:

–   ¿Entonces por qué no se dio a conocer?

Jesús:

–   Precisamente porque viene como un ‘alma’; no como hermano de Herodes.

Se ha envuelto en el silencio, porque piensa que ante la Palabra de Dios, no existe el parentesco con un rey. Respetaremos su silencio.

Andrés:

–    Pero si por el contrario… ¿Él lo envió?

–   ¿Quién?…  ¿Herodes?… No. No tengáis miedo.

Tadeo:

–   ¿Quién lo manda entonces?

Santiago:

–   ¿Cómo se ha informado de Ti?

–   Es discípulo de mi primo Juan.

Id y sed con él corteses; como con los demás. Id. Yo me quedo con Judas.

Los discípulos se van.

Jesús mira a Judas, que está todavía lloroso y le pregunta:

–      ¿Y? ¿No tienes nada que decirme?

Yo sé todo lo tuyo. Pero quiero saberlo por ti. ¿Por qué ese llanto? Y sobre todo, ¿Por qué ese desequilibrio, que te tiene siempre tan descontento?

Judas con posesión demoníaca perfecta por la SOBERBIA

–     ¡Oh, sí Maestro! Lo dijiste.

Soy celoso por naturaleza. Tú sabes que así es… Y sufro al ver que… Al ver tantas cosas.

Esto me saca de quicio, porque soy injusto. Y me hago malo, aun cuando no quisiera. No…

–     ¡Pero no llores de nuevo!

¿De qué estas celoso? Acostúmbrate a hablar con tu verdadera alma. Hablas mucho. Hasta demasiado…

Pero, ¿Con quién? Con el instinto y con tu mente. Tomas un fatigoso y continuo trabajo, para decir lo que quieres decir: hablo por ti. De tu ‘yo’.

Porque cuando tienes que hablar de otros y a otros, no te pones cortapisas, ni límites. Y lo mismo haces con tu carne.

Ella es un caballo bronco. Pareces un jinete a quien el jefe de las carreras, le hubiese dado dos caballos locos para hacer el paso de la muerte…

Uno es el sentido. Y el otro… ¿Quieres saber cuál es el otro? ¿Sí?…

Judas asiente con la cabeza.

Jesús continúa:

–           Es el error que no quieres domar.

Tú…  Jinete capaz pero imprudente. Te fías de tu capacidad y crees que basta.

Quieres llegar primero… no pierdes tiempo ni siquiera para cambiar de caballo.

Antes bien, los espoleas y pinchas. Quieres ser el ‘vencedor’… quieres aplauso.

¿Acaso no sabes que la victoria es segura cuando se conquista con constante, paciente y prudente trabajo?…

Habla con tu alma. De allí es de donde quiero que salga tu confesión. O, ¿Debo decirte lo que hay dentro?

Cuando se tiene una posesión demoníaca perfecta, Satanás es el Huésped dentro de nuestro corazón y la tragedia más grande de Jesús, es que Él ve con Quién está dialogando y lo tiene que mantener dentro de su círculo íntimo a pesar de ser su más grande Adversario…

Una sombra cruza por la mirada de Judas antes de responder:

–     Veo que también Tú no eres justo. Y no eres firme y esto me hace sufrir.

–    ¿Por qué me acusas? ¿En qué he faltado a tus ojos?

–     Cuando quise llevarte con mis amigos, no te gustó.

Y dijiste: ‘Prefiero estar entre los humildes.’ Luego Simón y Lázaro te dijeron que era bueno que te pusieras bajo la protección de un poderoso y aceptaste.

Tú das preferencia a Pedro, a Simón, a Juan. Tú…

–    ¿Qué otra cosa?

–    Nada más, Jesús.

–    Nubecillas… pompas de espuma.

Me das compasión porque eres un desgraciado  que te torturas, pudiendo alegrarte.

¿Puedes decir que este lugar es de lujo? ¿Puedes decir que no hubo una razón poderosa que me obligó a aceptarlo?…

¿Si Sión no me hubiera arrojado, estaría refugiado en un lugar de asilo?

–    No.

–   ¿Entonces cómo puedes decir que no te trato como a los demás?

¿Puedes decir que he sido duro contigo cuando has faltado? Tú no fuiste sincero… las vides… ¿Qué nombre tenían esas vides?…

No fuiste complaciente con quién sufría y se redimía. Ni siquiera fuiste respetuoso conmigo. Y los otros lo vieron.

Y con todo; una sola voz se levanta incansable en tu defensa: la mía. Los demás tendrían el derecho de estar celosos.

Porque si ha Habido uno que fuera preferido y protegido, eres tú.

Judas, avergonzado y conmovido, llora.

–    Me voy.

Es la hora en que soy de todos. Tú quédate y reflexiona…

–    Perdóname, Maestro.

No podré tener paz, si no tengo tu perdón. No estés triste por mi causa. Soy un muchacho malvado… Amo y atormento…

Así sucedía con mi madre. Así es ahora contigo. Y así será con mi esposa, si algún día me caso… creo que sería mejor que me muriese.

–    Sería mejor que te enmendases.

Estás perdonado. ¡Hasta luego!

Jesús sale.

Afuera está Pedro, que le dice:

–     Ven, Maestro. Ya es tarde.

Hay mucha gente. Dentro de poco se pondrá el sol. Y no has comido. Ese muchacho es causa de todo.

–    ‘Ese muchacho’ Tiene necesidad de todos vosotros para no ser el causante de estas cosas.

Procura recordarlo, Pedro. Si fuese tu hijo, ¿Lo compadecerías?

–    ¡Uhmmm! Sí y no.

Lo compadecería. Pero le enseñaría también algunas cosas. Aunque fuese adulto le enseñaría como a un jovencillo mal educado.

Bueno… si fuese mi hijo, no sería así…

–    ¡Basta!

–    Sí, ¡Basta, Señor mío!

Mira, allí está Mannaém. Es el que tiene el manto rojo muy oscuro, que parece casi negro.

Me dio esto para los pobres. Y me preguntó que si podía quedarse a dormir.

–   ¿Qué respondiste?

–   La verdad. ‘No hay más que para nosotros…’

Jesús no dice nada. Deja a Pedro y va a dónde está Juan y le dice algo en voz baja.

Luego, ya en su puesto, comienza a hablar:

–    La paz esté con todos vosotros, y con ella descienda sobre vosotros luz y santidad.

Está escrito: «No profieras en vano mi Nombre».

¿Cuándo se le toma en vano? ¿Sólo cuando se le blasfema? No. También cuando uno lo profiere sin ser digno de Dios.

¿Puede un hijo decir: `Amo y honro a mi padre», si luego, a todo lo que el padre desea de él opone una acción contraria?

No es diciendo: «padre, padre» como se le ama. No es diciendo: «Dios, Dios», como se ama al Señor.

‘En Israel, que – como he explicado anteayer – tiene tantos ídolos en el secreto de los corazones, existe también un hipócrita alabar a Dios, un alabar que no queda corroborado por las obras de quienes lo hacen.

Hay en Israel también una tendencia: la de descubrir muchos pecados en las cosas externas y no querer encontrarlos donde realmente existen, en las cosas internas.

Tiene también Israel una necia soberbia, un antihumano y antiespiritual hábito: el de estimar blasfemia el Nombre de nuestro Dios pronunciado por labios paganos,

llegando a prohibirles a los gentiles el acercarse al Dios verdadero porque se considera sacrilegio. Así ha sido hasta ahora; cese ya.

El Dios de Israel es el mismo Dios que ha creado a todos los hombres. ¿Por qué impedir que los seres creados sientan la atracción de su Creador?

¿Creéis que los paganos no sienten algo en el fondo dei corazón, una insatisfacción que grita, que se agita, que busca?; ¿A quién?, ¿A qué?:  al Dios desconocido.

¿Y pensáis que si un pagano orienta su propio ser hacia el altar del Dios desconocido, hacia ese altar incorpóreo que es el alma en que siempre hay un recuerdo de su Creador, el alma que espera ser poseída por la gloria de Dios,

como lo fue el Tabernáculo erigido por Moisés según la orden recibida y que llora hasta no quedar poseída, pensáis que Dios rechaza su ofrecimiento como si de una profanación se tratase?

EL SEGUNDO MANDAMIENTO DE LA LEY DE DIOS

¿Y creéis que es pecado ese acto, suscitado por un honesto deseo del alma que, despertada por celestes llamadas, dice «voy» al Dios que le está diciendo «ven»?

¿Mientras que por el contrario sería santidad el corrompido culto de un Israel que ofrece al Templo lo que tras haber gozado le sobra,

y entra a la presencia de Dios y lo nombra, al Purísimo,  con alma y cuerpo que no son sino toda una gusanera de culpas?

No. En verdad os digo que es en ese israelita, que con alma impura pronuncia en vano el Nombre de Dios, donde se da la perfección del sacrilegio.

Es pronunciarlo en vano cuando – y estúpidos no sois – cuando, por el estado de vuestra alma sabéis que lo pronunciáis inútilmente.

¡Oh, verdaderamente veo el rostro indignado de Dios, volviéndose hacia otra parte con disgusto, cuando un hipócrita lo llama, cuando lo nombra un impenitente!

Y siento terror de ello, Yo que no merezco ese enojo divino.

Leo en más de un corazón este pensamiento:

«Pero entonces, aparte de los niños, ninguno podrá invocar a Dios, dado que en todas partes en el hombre hay impureza y pecado».

No. No digáis eso. Son los pecadores quienes deben invocar ese Nombre.

Deben invocarlo quienes se sienten estrangulados por Satanás y quieren liberarse del pecado y del Seductor.

Quieren. He aquí lo que transforma el sacrilegio en rito. Querer curarse.

Llamar al Poderoso para ser perdonados y para ser curados. Invocarlo para poner en fuga al Seductor.

Está escrito en el Génesis que la Serpiente tentó a Eva en el momento en que el Señor no paseaba por el Edén.

Si Dios hubiera estado en el Edén, Satanás no habría podido estar. Si Eva hubiera invocado a Dios, Satanás habría huido.

Tened siempre en el corazón este pensamiento. Y llamad con sinceridad al Señor. Ese Nombre es salvación. Muchos de vosotros quieren bajar a purificarse.

Purificaos primero el corazón, incesantemente, escribiendo en él, con el amor, la palabra «Dios».

No con engañosas oraciones o con prácticas consuetudinarias, sino con el corazón, con el pensamiento, con los actos, con todo vosotros mismos, pronunciad ese Nombre: Dios.

Pronunciadlo para no estar solos, pronunciadlo para ser sostenidos, pronunciadlo para ser perdonados. Comprended el significado de la palabra del Dios del Sinaí:

«En vano» es cuando decir «Dios» no supone una transformación en bien; y entonces, es pecado.

«En vano» no es cuando, como el latido de sangre en el corazón, cada minuto de vuestro día, y toda acción vuestra honesta, toda necesidad, tentación, todo dolor os trae a los labios la filial palabra de amor:»¡Ven, Dios mío!».

Entonces, en verdad, no pecáis nombrando el Nombre santo de Dios. 

Marchad. La paz sea con vosotros.

No hay ningún enfermo.

Jesús permanece con los brazos cruzados apoyado contra la pared, bajo el techado en que ya descienden las sombras.

Cuando termina, no hay ningún enfermo. Jesús se queda con los brazos cruzados y mira a los que se van yendo, después de que los ha despedido y bendecido.

El hombre vestido de rojo oscuro, parece que no sabe qué hacer.

Jesús no lo pierde de vista, cuando lo ve que se dirige hacia su caballo, lo alcanza y le pregunta:

–    ¡Oye! Espérame. Ya va anochecer. ¿Tienes dónde dormir? ¿Vienes de lejos? ¿Estás solo?

El hombre contesta titubeante:

–    De muy lejos… Y me iré. No sé… si en el poblado encontraré… o hasta Jericó. Allí dejé la escolta en la que no confiaba.

Jesús le dice:

–    No. Te ofrezco mi cama. Ya está lista. ¿Tienes que comer?

–    No tengo nada. Creí que este lugar sería más hospitalario.

–     No falta nada.

–     Nada. Ni siquiera el odio contra Herodes. ¿Sabes quién soy? 

–    Los que me buscan tienen un solo nombre: ‘Hermanos, en el Nombre de Dios’. Ven. Juntos compartiremos el pan. Puedes llevar el caballo a aquel galerón. Yo dormiré allí y te lo cuidaré.

     No. Esto jamás. Yo dormiré ahí. Acepto el pan; pero no más. No pondré mi sucio cuerpo donde Tú pones el tuyo, que es santo.

–     ¿Me crees santo?

–    Sé que eres santo. Juan, Cusa, tus obras… tus palabras.

El palacio real es como una concha que conserva el rumor del mar. Yo iba a donde estaba Juan… Y luego lo perdí.

Él me dijo: ‘Uno que es más santo que yo, te recogerá y te elevará’ no podrías ser otro, sino Tú.

Vine en cuanto supe en dónde estabas.

Zelote regresa del río, después de bautizar y Jesús bendice a los últimos bautizados.

Luego le dice:

–    Esta persona, es el peregrino que busca refugio en el Nombre de Dios. Y en el Nombre de Dios lo saludamos como amigo.

Simón se inclina y el hombre también.

Entran en el galerón y Mannaém amarra el hermosísimo caballo blanco, con gualdrapas de color rojo que penden de la silla, adornadas con plata, en el pesebre.

Juan acude con hierba y un cubo con agua.

Acude Pedro también, con una lámpara de aceite, porque ya está oscuro.

Mannaém dice:

–    Aquí estaré muy bien. Dios os lo pague.

Jesús le pone la mano en el hombro y le dice:

–   Ven amigo mío. Vamos a compartir el pan…

Luego entran todos en la cocina, donde arde una tea y se reúnen para cenar…

R150 LA BESTIA SEMEJANTE A UNA PANTERA


Habla nuestra Madre Santísima

He aquí la Misión que Yo he preparado para el ejército que me he formado en todas partes del mundo con mi Movimiento Sacerdotal Mariano.

Los grandes prodigios que Yo realizo hoy en el desierto en el que me encuentro, son los de transformar completamente la vida de mis pequeños hijos, para que se vuelvan valientes testimonios de Fe y luminosos ejemplos de santidad.

De esta manera, en el silencio y en el escondimiento, cada día preparo mi gran victoria sobre el Dragón con el Triunfo de mi Corazón Inmaculado en el mundo.

El enorme Dragón Rojo en estos años ha logrado conquistar la humanidad con el error del ateísmo teórico o práctico, que ya ha seducido a todas las naciones de la tierra.

De ese modo se ha logrado construir una nueva civilización sin Dios, materialista, egoísta, hedonista, árida y fría; que lleva en sí los gérmenes de la corrupción y de la muerte.

El Señor me ha revestido con su Luz y el Espíritu Santo con su Divina Potencia.Así Yo aparezco como un gran signo en el Cielo, Mujer vestida de Sol, porque tengo la misión de sustraer la Humanidad al dominio del enorme Dragón Rojo.

Y de reconducir a toda ella a la perfecta glorificación de la Santísima Trinidad.

Por eso me formo el ejército de mis más pequeños hijos, en todas partes del mundo, y les pido a ellos que se consagren a mi Corazón Inmaculado.

De ese modo los conduzco a vivir sólo para la Gloria de Dios, por medio de la Fe y de la caridad, y los cultivo, Yo misma, celosamente en mi celestial jardín.

Entonces, cada día Yo me presento ante el trono de mi Señor en acto de profunda adoración, abro la puerta de oro de mi Corazón Inmaculado y ofrezco entre mis brazos a todos estos mis pequeños hijos diciendo:

“Santísima y Divina Trinidad, en el momento de Tu universal negación Yo te presento el homenaje de mi maternal reparación, por medio de todos estos mis pequeños, que cada día formo para tu mayor glorificación.”“De este modo también hoy, el Señor recibe por boca de los pequeños y de los niños de pecho su perfecta alabanza.”

LA BESTIA SEMEJANTE A UNA PANTERA

Ya he formado mi Ejército con aquellos hijos que han acogido mi invitación y han escuchado mi Voz.

Ha llegado el tiempo en el cual mi Corazón Inmaculado debe ser glorificado por la Iglesia y por toda la Humanidad.

Porque en estos tiempos de la Apostasía, de la Purificación y de la Gran Tribulación, mi Corazón Inmaculado es el único refugio y el camino que os conduce al Dios de la salvación y de la paz.

Sobre todo, mi Corazón Inmaculado se vuelve hoy el signo de mi segura victoria en la gran lucha que se combate entre los seguidores del enorme Dragón Rojo y los seguidores de la Mujer vestida del Sol.

En esta terrible lucha sube del mar en ayuda del Dragón, una Bestia semejante a una pantera.Si el Dragón Rojo es el ateísmo marxista, la Bestia Negra es la Masonería.

El Dragón se manifiesta en el vigor de su potencia; la Bestia Negra en cambio, obra en la sombra; se esconde, se oculta, para introducirse por este medio en todas partes.

Tiene las garras de oso y la boca de un león, porque obra por doquier con la astucia y con los medios de comunicación social; es decir, con la propaganda.

Las siete cabezas indican las varias logias masónicas que obran en todas partes de una manera solapada y peligrosa.

Esta Bestia Negra tiene diez cuernos y sobre los cuernos diez diademas, que son signos de dominio y de realeza.

La masonería domina y gobierna en todo el mundo por medio de los diez cuernos.El cuerno, en el mundo bíblico, siempre ha sido un instrumento de amplificación; un modo de hacer escuchar más fuertemente la propia voz, un importante medio de comunicación.

Por eso Dios ha comunicado a su pueblo su Voluntad por medio de diez cuernos que han hecho conocer su Ley:

LOS DIEZ MANDAMIENTOS

Quien los acoge y los observa anda en la vida por el camino de la Divina Voluntad, de la alegría y de la paz.

Quien hace la Voluntad del Padre, acoge la Palabra de su Hijo y participa en la Redención llevada a cabo por Él.

Jesús da a las almas la misma vida divina, a través de la Gracia, que Él ha merecido con sui Sacrificio realizado en el Calvario.La Gracia de la Redención es comunicada por medio de los Siete Sacramentos. Con la gracia se insertan en el alma gérmenes de vida sobrenatural que son las virtudes.

Entre ellas las más importantes son las tres virtudes teologales y las cuatro cardinales: Fe, Esperanza y Caridad; Prudencia, Justicia, Fortaleza y Templanza.

Al Sol divino de los siete Dones del Espíritu Santo, estas virtudes germinan, crecen, se desarrollan cada vez más y así conducen a las almas por el camino luminoso del amor y de la santidad.

Objetivo de la Bestia Negra es decir, de la Masonería, es el de combatir de una manera disimulada pero tenaz, para impedir a las almas recorrer este camino, indicado por el Padre y por el Hijo e iluminado por los dones del Espíritu.

En efecto, si el Dragón Rojo obra para llevar a toda la humanidad a prescindir de Dios, a la negación de Dios y para ello difunde el error del ateísmo,

EL OBJETIVO DE LA MASONERÍA NO ES EL DE NEGAR A DIOS,

SINO EL DE BLASFEMARLO.  La Bestia abre la boca para proferir blasfemias contra Dios,

para blasfemar su Nombre y su morada, contra todos aquellos que habitan en el Cielo.

La mayor de las blasfemias es la de NEGAR EL CULTO DEBIDO SÓLO A DIOS

PARA DARLO A LAS CRIATURAS Y AL MISMO SATANÁS.

He aquí por qué en estos tiempos, tras la perversa acción de la masonería, se difunden por doquier las misas negras y el culto satánico.

Además, la masonería obra con todos los medios, para impedir que las almas se salven y de este modo quiere volver inútil la Obra de Redención llevada a cabo por Cristo.

Si el Señor ha comunicado su Ley con los Diez Mandamientos,La masonería difunde por todas partes, con la potencia de sus Diez Cuernos, una ley que es completamente opuesta a la de Dios:

Al Mandamiento del Señor:

–“No tendrás otro Dios más que a Mí”

Aquélla construye otros falsos ídolos, frente a los cuales hoy muchos se postran en adoración.

Al Mandamiento:

–“No tomarás el nombre de Dios en vano”

Aquélla se opone con las blasfemias contra Dios y su Cristo, de muchas maneras engañosas y diabólicas; hasta reducir a una marca comercial indecorosa su Nombre y hacer películas sacrílegas sobre su vida y su Divina Persona.

Al Mandamiento:

–“Santificarás las fiestas”Aquélla transforma el domingo en “week-end”, en el día del deporte, de las competiciones, de los juegos, de las diversiones.

Al Mandamiento:

–“Honrarás a tu padre y a tu madre”

 Aquélla contrapone un modelo nuevo de familia sobre la convivencia incluso de homosexuales.

Al Mandamiento: –“NO MATARÁS”

Aquélla ha logrado hacer legitimar en todas partes el aborto, hacer aceptar la eutanasia y hacer casi desaparecer el respeto debido al valor de la vida humana.

Al Mandamiento:

–“No cometerás actos impuros”Aquélla justifica, exalta y hace propaganda de toda forma de impureza, hasta llegar a la justificación de los actos contra natura.

Al Mandamiento:

–“No robarás”

Ella obra para que se difundan cada vez más los hurtos, la violencia, los secuestros, las rapiñas.

Al Mandamiento:

–“No darás falso testimonio ni mentirás”

 Aquélla obra para que se propague cada vez más la ley del engaño, de la mentira, de la doblez.

Al Mandamiento:

–“No desearás los bienes ajenos y a la mujer de tu prójimo”

Actúa para corromper lo más profundo de la conciencia, engañando la mente y el corazón del hombre.De esta manera, las almas son impulsadas por el camino perverso y malo de la desobediencia a la Ley del Señor, son sumergidas en el pecado y así se les impide recibir el Don de la Gracia y de la Vida de Dios.

A las siete virtudes teologales y cardinales, que son el fruto de vivir en Gracia de Dios;

la masonería opone la difusión de los siete vicios capitales, que son el fruto de vivir habitualmente en estado de pecado.

A la Fe, aquélla opone la soberbia; a la esperanza, la lujuria; a la caridad, la avaricia; a la prudencia, la ira; a la fortaleza, la pereza; a la justicia, la envidia; a la templanza, la gula.

Aquél que llega a ser víctima de los siete vicios capitales es conducido gradualmente a abandonar el culto debido al único Dios,

para darlo a falsas divinidades, que son la personificación misma de todos estos vicios.

EN ESTO CONSISTE LA BLASFEMIA MÁS GRANDE Y HORRIBLE.

He aquí por qué sobre cada cabeza de la Bestia hay escrito un título blasfemo. Cada logia masónica tiene la tarea de hacer adorar una divinidad distinta.

La primera cabeza lleva el título blasfemo de la Soberbia,

que se opone a la virtud de la Fe y conduce a dar culto al dios de la razón humana y del orgullo, de la técnica y del progreso.

La segunda cabeza lleva el título blasfemo de la Lujuria,

que se opone a la virtud de la Esperanza, y lleva a dar culto al dios de la sensualidad y de la impureza.

La tercera cabeza lleva el título blasfemo de la avaricia,que se opone a la virtud de la caridad, y difunde por doquier el culto al dios del dinero.

La cuarta cabeza lleva el título blasfemo de la Ira,

que se opone a la virtud de la prudencia, y conduce a dar culto al dios de la discordia y de la división.

La quinta cabeza lleva el título blasfemo de la acidia (o pereza espiritual),

que se opone a la virtud de la fortaleza, y difunde el culto al ídolo del miedo de la opinión pública y de la explotación del prójimo.

La sexta cabeza lleva el título blasfemo de la Envidia,

que se opone a la virtud de la justicia, y lleva a dar culto al ídolo de la violencia y de la guerra.

La séptima cabeza lleva el título blasfemo de la Gula,

que se opone a la virtud de la templanza, y conduce a dar culto al ídolo tan exaltado del hedonismo, del materialismo, del placer.

El objetivo de las logias masónicas hoy, es el de actuar con gran astucia, para llevar a la Humanidad en todas partes a despreciar la santa Ley de Dios,

a obrar en abierta oposición a los diez Mandamientos,

a sustraer el culto debido al único Dios para darlo a los falsos ídolos, que son exaltados y adorados por un número creciente de hombres:

la razón, la carne, el dinero, la discordia, el dominio, la violencia, el placer.

De esta manera las almas son precipitadas en la tenebrosa esclavitud del mal, del vicio y del pecado,

Y en el momento de la muerte y del juicio de Dios, en el estanque de Fuego Eterno que es el Infierno.

Ahora comprenderéis por qué, en estos tiempos, mi Corazón Inmaculado se convierte en vuestro refugio y en el camino seguro que os lleva a Dios,frente al terrible e insidioso ataque de la Bestia Negra es decir, de la masonería.

En mi Corazón Inmaculado se delinea la táctica usada por vuestra Madre Celeste para contraatacar y vencer la astuta trama usada por la Bestia Negra.

Es por esto que formo a todos mis hijos en la observancia de los Diez Mandamientos de Dios:

A vivir al pie de la letra el Evangelio;

a recibir con frecuencia los Sacramentos, especialmente la Penitencia y la Comunión Eucarística, como auxilios necesarios para vivir en Gracia de Dios.

Para ejercitar de una manera fuerte las virtudes y para andar siempre por el camino del bien, del amor, de la pureza y de la santidad.De ese modo, me sirvo de vosotros, pequeños hijos que os habéis consagrado a Mí, para desenmascarar todas estas insidias disimuladas que la Bestia Negra os tiende y en fin,

ANULAR el gran ataque que la masonería hoy,

ha desencadenado contra Cristo y su Iglesia.

Y al final, sobre todo con su mayor derrota,

aparecerá en todo su esplendor el Triunfo de mi Corazón Inmaculado en el Mundo.”

F12 EL PRÍNCIPE DEL MUNDO


PADRE CREADOR

Habla Dios Padre.

Hijitos Míos, ya os he dicho varias veces que la oración es poderosísima y Me gusta que la estéis utilizando, para que vuestra misión se lleve a cabo lo mejor posible. Pero sobre todo, para que los Planes de Salvación se desarrollen como Yo quiero.

Ciertamente, con la Oración le quitáis poder al Demonio, como os lo he explicado. El Poder del Amor, el Poder de la Oración, la vida santa que llevaban vuestros Primeros Padres en el Paraíso, su donación total; ésa vida de ellos hacia Mi en Mi Divina Voluntad, le quitaban poder al Demonio, porque el ser santos os da una protección especial, una coraza fortísima contra las asechanzas del Mal. Ellos vivían llenos de Mi Amor y eso les daba esa protección, ésa coraza, ésa armadura.

La Tentación se dio cuando dejaron la Oración. Cuando se vieron a sí mismos y cayeron en soberbia. Recordad que la soberbia va a anular totalmente a la Humildad, a la Caridad y a muchas otras de las Virtudes.

1Soberbia

Es importantísimo Mis pequeños que cuando oréis, que cuando tengáis dones especiales, que os conceda Mi Santo Espíritu de Amor; os mantengáis siempre en humildad, sabiendo que en cualquier momento, podéis caer. Podéis perder todo, como lo perdieron vuestros Primeros Padres, que tenían sus dones al máximo, sus capacidades al máximo y crecían más y más.

O sea que en ése momento, para que entendáis mejor, eran súper-hombres. Fueron creados perfectos; pero siempre, con la posibilidad de ir creciendo todavía más en perfección, porque Yo Soy Infinito y Omnipotente y Yo no limito a las almas, les voy dando cada vez más.

El problema os repito, se da cuando vosotros os veis a vosotros mismos y tomáis ésos dones como propios, como si vosotros mismos los hubierais creado y os los apropiáis. Manteneos en oración. En ésa oración de corazón, para que podáis limitar vosotros, también el poder del Mal en estos tiempos.

AMEN

Por eso Yo necesito y siempre he necesitado, almas totalmente donadas a Mi Voluntad, para llenarlas de Mi Amor. Para llenarlas de ésas capacidades espirituales que hacen que el Demonio pierda fuerza de ataque contra vosotros.

Ciertamente no espero eso de todos los hombres, porque muchos están envueltos en el pecado, ya están maniatados por las fuerzas del Mal y no pueden ya hacer prácticamente nada para soltarse, porque les conviene vivir en el pecado.

Pero vosotros, los que habéis entendido Mis Palabras, requiero ahora de vosotros una HEROICA ENTREGA; para que a través de vosotros, de ésa oración profunda, de esa oración de corazón, de esa oración de donación; pueda ser divinizada y con ello, a través de vosotros, Yo pueda controlar las Fuerzas del Mal.

MAMA MARIA

Yo podría hacer esto por Mí mismo, pero os quiero unir al Plan de Salvación y daros mérito en la Salvación del género humano en éstos tiempos, unidos a Mi Hijo Jesucristo; para que tengáis más mérito y más premio en el Reino de los Cielos.

Pero el punto clave, el punto que Yo necesito que entendáis perfectamente, es que debéis orar en total donación a Mi Voluntad, para que podáis vencer o aminorar las Fuerzas del Mal.

Yo os iré indicando qué deberéis hacer si realmente queréis ayudarme. Si realmente queréis ser instrumento fiel de Mi Divina Voluntad, Yo puedo hacer grandes cosas en el hombre cuando éste se suelta a ella.

MILAGROS DE SAN ANTONIO DE PADUA

MILAGROS DE SAN ANTONIO DE PADUA

Habla nuestro Señor Jesucristo

Mis pequeños, realmente no os estáis dando cuenta de la gravedad que se os avecina, es tremenda. Mis pequeños, deberéis luchar contra las Fuerzas poderosas del Mal y de eso todavía vosotros no os dais cuenta de ello, es demasiado fuerte para vosotros si quisierais trabajar solos contra él.

Si os dierais cuenta de ésta realidad, enloqueceríais, os querríais suicidar. Es demasiado fuerte, Mis pequeños. Solamente contando con Mi Ayuda, con Mi Poder Divino, podréis salir adelante. Por eso, un alma cuando ha sido atacada por el Mal, es muy difícil que salga por sí misma, son fuerzas demasiado grandes para un alma.

Yo estaré a vuestro lado y unidos Conmigo podremos vencer. Pero vuelvo a recordaros: sin Mí, no podréis hacer nada, Conmigo podréis hacer todo. Sí, Mis pequeños, estoy con vosotros Y ESTOY LLORANDO CON VOSOTROS. Cuando viví sobre la Tierra, Yo pude confirmar con Mi Vida, todos ésos errores en los que cae el hombre y en los que seguís cayendo.

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Ciertamente todavía no tenían Mi Predicación, pero tenían la predicación de los Profetas y los Mandamientos. El hombre sigue cayendo en el Pecado, el hombre sigue cayendo en el Mal.

Os ha llevado el Maligno nada más a buscar lo material. Os seguís quejando del Mal alrededor del mundo y no os dais cuenta que la causa de ello, sois vosotros mismos. No Nosotros, en Nuestra Santísima Trinidad.

¿Cómo exigís lo que no habéis dado? No habéis llenado los corazones de vuestros hijos con Mis Palabras, con Mi ejemplo. No les habéis dado vida espiritual, no los habéis preparado para la vida, para la gran lucha que tiene que tener el alma desde que viene a la Tierra. Lucha contra las pasiones, lucha contra la maldad, lucha contra el egoísmo, lucha contra el Demonio, lucha contra uno mismo: en vuestro egoísmo, en vuestra concupiscencia.

EGOLATRIA

EGOLATRIA

Traéis los hijos al mundo, pero NO los protegéis con Mi Gracia.

Todos los actos religiosos, que son grandes para el hombre, los volvéis solamente una simple reunión social y ahí termina vuestra preocupación por ellos.

No los mantenéis a ellos en un crecimiento espiritual constante, porque vosotros mismos carecéis de él. Os habéis apartado de vuestras responsabilidades y por negligencia no habéis crecido vosotros y no os dais cuenta del daño que les estáis haciendo a vuestros propios hijos.

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Exigís mucho y no estáis dando nada. Queréis grandes ciudadanos y vosotros los habéis destruido desde el seno del hogar.

La Sabiduría Divina, que debiera existir en cada ser, vosotros la negáis; porque no la queréis aceptar, no la queréis transmitir. Porque vosotros ya no la quisisteis vivir, ni la pedisteis para vosotros mismos.

Me culpáis a Mí vuestro Dios, de vuestras infidelidades, de vuestras necedades, de vuestra negligencia, de vuestra materialidad.

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Os interesa vivir solamente para el mundo y queréis que el mundo os consienta. Pero el mundo también os pide que deis, que deis de vuestra parte para que se siga destruyendo la espiritualidad. Porque al vivir para el mundo, estáis viviendo para Satanás y él también exige de vosotros. Exige destrucción, exige mal ejemplo, exige pecado, exige maldad, exige separación de Mí, vuestro Dios.

Ved Mis pequeños, cómo vivís en el Error y no queréis daros cuenta de ello. Estáis cegados por vuestra propia tontería, por vuestra necedad. Queréis vivir una libertad aparente. Y lo que sucede realmente cuando os separáis de Mí, entráis en ésa “libertad” que os ofrece el Demonio y ella os lleva al Pecado. Os lleva a su libertinaje y creéis que ahí está la libertad, en el vivir en el pecado.

Y al vivir en el pecado, en lo que vuestra carne os pide y os exige; os encadenáis vosotros mismos, os echáis la soga al cuello al quedar fuera de Mí. Yo Soy el Único que os puede dar Libertad.

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El alma que vive en MÍ SE SIENTE LIBRE porque vive en paz, en paz con su Dios. Vive las Virtudes, las cuáles siempre os van a dar alas para llegar a Mi Corazón. Gozáis plenamente de los bienes de vuestro Dios y siempre estaréis en ésa santa alegría, aunque os falte de lo material. De lo cual Yo Me encargo para que nada falte a Mis elegidos. Quienes han aceptado venir a Mí, en ésa libertad y Me han escogido a Mí, en lugar de escoger a Satanás.

No seáis tontos Mis pequeños, abrid vuestra mente, abrid vuestro corazón y veréis el Engaño real a donde os lleva el Mal. Él nunca os va a dar libertad, nunca os va a llenar de los bienes que necesita el alma para sentirse libre.

Por otro lado, si realmente Me conocéis; aunque Yo quisiera teneros siempre estrechados a Mí Corazón, os doy la libertad de actuación, cosa que no hace Satanás. Cuando hacéis pacto con él, inmediatamente os encadena y lo que primero os quita es la libertad y la paz en vuestro corazón.

PACTOSATÁNICO

No seáis necios y NO Me echéis la culpa de vuestros actos. Sed conscientes de vuestro mal proceder. Arrepentíos y así volveréis nuevamente a la libertad, a la paz, a la alegría, al Amor que solamente puede venir de Mí.

No os imagináis Mis pequeños, cuanto os Amo. Pero tenéis el libre albedrío de negarme, de negar el Amor y de volcaros al Mal y estar con él.

Sois libres escoged ya Mis pequeños, porque el tiempo se acabó. O queréis seguir Conmigo por toda la Eternidad y luchar por los Verdaderos Valores.

O queréis seguir encadenados a la maldad, a la degradación del alma, a la destrucción total de vuestro ser, encadenados a las garras de Satanás por toda la Eternidad.

7infierno

Es vuestra libre decisión, Yo respeto vuestra decisión. Pero recordad que ahí estaré junto a vosotros para que aún en el último momento de vuestra vida, podáis arrepentiros.

Os Amo, Mis pequeños. Acudid a Mí vuestro Dios, aún en los momentos más difíciles de vuestra vida y cuando estéis en ése callejón sin salida, a dónde os lleva Satanás. Yo seré ésa Salida. En Mi veréis ésa Luz, ésa Paz, para que podáis salir de vuestro error y ganar vuestra salvación Eterna, contáis siempre Conmigo, no lo olvidéis.

Cuando Yo vine al mundo a Evangelizaros, el mundo vivía bajo las potencias del Mal. El hombre tenía la predicación de los Profetas, pero no todos tenían acceso a ella. El Pueblo Judío estaba sojuzgado por sus propios dirigentes; así que, no todo el pueblo podía tener acceso a la Verdad, a la Verdad dada por Mi Padre a través de los Profetas.

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Tenían los Mandamientos, pero estaban alterados bajo la mentira de los mismos escribas y fariseos… En una palabra, todos los pueblos de ese tiempo aún incluyendo el Judío, estaban bajo el dominio de Satanás.

No habían tenido una predicación, no habían tenido esa Luz que Yo vine a dar a la Humanidad. Muchos posesos, muchos encadenados al Mal y A TODOS los vine a liberar.

El mundo tuvo Mi Evangelización, Mi Luz, Mi Guía. A través de los Apóstoles y de Mis discípulos, se transmitió ésta Luz. Pero prefirieron las Tinieblas y el hombre, nuevamente volvió a caer en las tinieblas. Estáis viviendo en las tinieblas.

reino de tinieblas

Pero ahora, porque así lo habéis querido vosotros mismos. Antes, por causa del Pecado de Adán y Eva el hombre cayó en las tinieblas. Se afectó la humanidad por el Pecado de vuestro Primeros Padres, fue una afectación de origen de dos personas. Pero ahora Mis pequeños, estáis siendo afectados por la Maldad del Demonio, por vuestro propio querer; porque vine a traer la Luz  y la despreciasteis. Vine a traer la Verdad y preferisteis vuestra verdad, preferisteis caminar en las tinieblas y el mundo ahora está nuevamente viviendo en las Tinieblas, por su propia voluntad y no por  la afectación de “dos” sino por su propia afectación, por su propio albedrío.

Ahora estáis viviendo un mundo que vosotros mismos habéis construido. Las Tinieblas se han introducido a todos niveles. Si pudierais ver en lo espiritual, si vuestra oración fuera más dedicada, si pudiera Yo vivir más libremente en vuestro ser; podríais daros cuenta cómo Satanás, cómo ésas tinieblas se han introducido a todos niveles ¡Os horrorizaríais!

Es tremendo ver vuestro mundo ahora, cómo estáis cubiertos de una masa obscura, tenebrosa. Un lodo que no os permite moveros, que nos os permite liberaros. Muy pocos son los que caminan libremente ahora por el mundo sin ensuciarse, sin caer en éste lodo como chicloso, que no os permite moveros.

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Se ven luces caminando, que son Mis elegidos, los que han aceptado el vivir en Mi Voluntad, ¡Pero son tan pocos, Mis pequeños! Y es tan triste ver en dónde quedó todo Mi Trabajo, toda Mi Misión, toda Mi Vida.

Solamente porque nuestro Padre prometió no volver a destruir a la humanidad con un Diluvio. Pero si pudierais ver la podredumbre en la que estáis viviendo Mis pequeños, en éstos momentos desapareceríais para siempre. Estáis peor que Sodoma y Gomorra, estáis peor que en la antigüedad.

¡Cuánta maldad, cuánta destrucción de almas, cuánta depravación, cuánto horror! Asco da ver al mundo como lo tenéis ahora… Y lo peor de todo es que no queréis salir de ello, no os queréis dar cuenta de ésta realidad en la que estáis viviendo.

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Satanás se burla delante de Nosotros y se burla de Mi Obra. Todo lo que quise hacer por vosotros y vosotros despreciasteis Mi Vida, Mis Enseñanzas, Mi Amor. Pero Mi Promesa persiste.

Yo os dije: que si solamente un alma se salvara por todo lo que hice por vosotros, estaría satisfecho. Es triste Mis pequeños, porque Mi Sangre, ¡UNA SOLA GOTA! Os he dicho, hubiera sido suficiente para salvar a toda la humanidad y de todos los tiempos. Y os dí hasta la última gota por salvaros ¿Y así Me pagáis?

¡Qué obscuridad, Mis pequeños! ¡Qué obscuridad se ve en vuestro mundo, mundo que se alejó de su Dios, de su Creador, del Amor Divino!

Orad por vosotros mismos y por los vuestros. Orad Mis pequeños, porque el Tiempo ya está sobre vosotros, el tiempo de la Purificación.

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Os acompañaré, como tuve Yo también ése Dolor tan fuerte en Mi Pasión. Mi Pasión os acompañará. Mi Sangre si así lo deseáis, si acudís a Ella: os purificará, os fortificará, os salvará.

Es terrible ver ahora vuestra vida, pero tenéis Mi Sangre, tenéis Mis Méritos, Me tenéis a Mí y todavía hay tiempo para vuestra salvación.

Tomad los últimos segundos. Tomadlos Mis pequeños, para vuestra salvación con vuestro arrepentimiento. Acudid a ellos, acudid a Mi Misericordia, no os sintáis desprotegidos. Tomad Mi Mano y os conduciré a la Luz. Venid, os quiero a todos… OS QUIERO A TODOS.

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El Mal siempre ha existido en el Mundo desde que éste fue permitido por vuestros Primeros Padres. El Mal se enseñoreó y tomó posesión de Mi Creación. Yo os lo di a conocer como Príncipe de éste Mundo en donde él desde el Principio, ha combatido al Amor y a Sus Enseñanzas.

Yo vine al Mundo a daros Luz, para disipar las Tinieblas en las que vuestros antepasados estaban.

Si antes se caminaba prácticamente en la obscuridad, porque no escuchaban a los profetas de la antigüedad; ahora también se camina en las Tinieblas porque no han aceptado Mis Enseñanzas. El juicio que tuvieron las almas de ése tiempo, fue más benévolo que el que tendréis ahora; ya que antiguamente les era más difícil que Mis Mensajes y Mis leyes se difundieran mejor entre los pueblos que existieron en el pasado.

JESUS Y EL EVANGELIO

Ahora habéis tenido Mi propia Predicación. Yo vuestro Dios, personalmente he bajado a la Tierra a ayudaros. EN LA PERSONA DE MI HIJO JESUCRISTO Yo os he dejado Leyes y Mandamientos a seguir para obtener vuestra salvación y la de los vuestros.

Os he dado Leyes para producir un nuevo cambio de actitudes para que Mi Reino de Amor se dé en el Mundo ayudado por vosotros, por vuestra libre y total donación a Mi Voluntad. Os he dado profetas, os he concedido la guía amorosa de Mi Hija, la Siempre Virgen María. Os he dado todo hijitos Míos, para crear y producir amor a través vuestro Y ¿Qué habéis hecho con todo ello?

Os he indicado que la espiritualidad que debéis acrecentar en vosotros mismos y en vuestras acciones, hará que Mi Retorno se dé; porque habréis preparado el terreno para que Mi Amor sea fecundo en los corazones y así cuando retorne Yo, vuestro Dios y Salvador, al Pueblo Escogido; hallaré la vid fecunda que alabará al Sembrador y a Sus Enseñanzas.

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Pero así como Yo trabajo para los Míos, para los que han dejado todo lo del mundo, han dejado todo lo que os pueda separar de Mis Enseñanzas, de Mi Amor, de la vida de la Gracia; también el Mal trabaja para difundir sus errores.

Os he prevenido de la actuación del Mal y de sus secuaces. Os he dicho que el Mal tiene también sus seguidores, que es la cizaña que trata de ahogar al buen grano, que son los que Me siguen. Os he avisado que desde el Principio: la Serpiente Antigua iba a tratar de morder el talón de Mi Hija… O sean los seguidores de la Verdad. Os he prevenido desde antiguo que el Mal iba a tender sus redes y caerían en ellas los que Me dieran la espalda, los traidores a la Verdad.

Así como Yo os he dado una cultura de Amor, Enseñanzas de Vida Eterna, Enseñanzas de Paz para que los pueblos todos pudieran vivir en paz, en armonía, en amor fraterno; así también Mi enemigo y el vuestro, ha procurado crear toda una Cultura de Odio, de Muerte, de Obscuridad espiritual, de ataque a todo lo que de su Dios proviene.

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Él ha atacado desde el Principio cambiando Mis Leyes, destruyendo la vida desde sus inicios, sembrando el error y la desesperación, cambiando la vida espiritual que debéis llevar; por vida material que no os dejará nada para la vida eterna.

Os hace creer en una vida limitada, en la carne y sus placeres y no en una vida eterna espiritual, llena de un amor muy superior al mundano.

Estáis esperando a un personaje específico para atacarlo con vuestras débiles fuerzas espirituales; pero no habéis crecido lo suficiente como para poderlo enfrentar contra todo su poder.

Estáis esperando a la persona real del Anticristo para poder enfrentarlo y según vosotros, atacar sus enseñanzas negativas al tenerlo ya en forma patente ante vosotros. Y no os dais cuenta de que ya habéis sucumbido a la Cultura de Muerte y de Pecado que él ha difundido a través de los siglos.

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Hijitos Míos, Soy vuestro dios, Soy el Dios Encarnado, El que ha venido a traeros la Luz de Mi Padre al Mundo, a Mis pequeños, a los que son Míos, a los que siguen y seguirán Mis Enseñanzas. Os vengo a prevenir nuevamente sobre las acciones del Enemigo, del Mal, del Demonio que hizo caer en el Pecado a vuestros Primeros Padres.

Así como Yo he preparado a los Míos para que Me Reconozcan cuando Retorne; así el Maligno ha preparado a los suyos para que lo acepten, lo sigan y ataquen Mis Leyes de Amor que os he dado.

Ahora como os he dicho, es el tiempo de la separación del trigo bueno y la cizaña. Mis hijos han escuchado Mi Voz, la Voz de su Dios, la Voz del Amor, la Voz de la Unión Fraterna y de la Paz de los pueblos, la Voz de la Pureza y de la Gracia, la Voz que las ha de guiar al Nuevo Paraíso, al Reino del Amor Eterno.

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Los que son hijos del Mal han seguido su voz, la voz del pecado, la voz de la impureza, la voz del libertinaje, la voz de la guerra entre hermanos y entre los pueblos, la voz de la muerte que se provoca en lo espiritual y en Mis pequeños asesinados en el vientre de sus madres, la voz de la depravación que ya no mide consecuencias, la voz que ataca todo lo bello que vuestro Dios os quiere dar y en lo que ya no queréis creer.

El mal ha tendido sus redes. Os ha preparado también para que cuando él se muestre al mundo como persona física; también tenga sus seguidores que lo alaben y lo entronicen, para que así el Mal, su depravación, su libertinaje sin leyes de ninguna índole, prevalezcan en vuestro Mundo.

Haced una pequeña reflexión, tomaos un pequeño tiempo de reflexión y os daréis plena cuenta de ésta verdad. Vosotros creíais que la presencia del Anticristo iba a traeros la maldad a partir de su aparición en adelante y no os habéis dado cuenta de que su podredumbre ya estaba diseminada para preparar a sus seguidores, quienes lo apoyarán para reinar sobre todos vosotros, sobre todo el Mundo.

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Os habéis dejado embaucar por sus mentiras. No habéis contraatacado con la vivencia en la virtud y en el amor. Y ahora habéis permitido que la cizaña cubra prácticamente, todo vuestro planeta. Y habéis así hecho fecundo el terreno para que el Anticristo reine entre vosotros.

Os vuelvo a abrir los ojos de la mente y del espíritu para que os deis cuenta de lo que pronto acontecerá en el Mundo. Seréis testigos de su aparición personal. Será encumbrado por sus seguidores, por la cizaña. Y tratará de ahogar a los Míos, al buen trigo. Solamente cuando recapacitéis bien en esta verdad, cuando os deis cuenta de que cada uno de vosotros permitisteis en poco ó en mucho, que él pudiera seguir sembrando sus errores entre vosotros y en los vuestros.

Cuando recapacitéis de corazón, pidáis perdón y ayuda por vosotros y por toda la vida en la Tierra. Cuando pidáis ayuda para vuestros hermanos caídos y mayor crecimiento espiritual entre los que luchan por el bien. CUANDO ATAQUÉIS AL MAL CON EL BIEN. Entonces será cuando estaréis abonando Mi Tierra. En ése momento la virtud y el Amor Me llamarán a Mi Retorno, a salvaros de las garras del mal y del error y para salvaros para la Eternidad.

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Hijitos Míos, os vuelvo a recordar esto para que no esperéis hasta el último segundo para recapacitar y hacer un recuento de vuestra vida y de vuestro Mundo. Estáis viviendo momentos de cambio y de vosotros depende que éstos cambios sean con dolor y muerte o sean de bienestar y vida.

Recordad que en Mí no hay rencores ni venganzas. Yo sólo quiero vuestro arrepentimiento sincero, para levantaros a la altura de Mi Corazón y permitiros gozar nuevamente de Mi Gracia y de la vida Eterna en Mi Reino de Amor.

Hijitos Míos, acudid a Mi Madre, para que Ella os guíe por caminos seguros de Pureza, Verdad y Amor, virtudes que ahora faltan en el Mundo.

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Como antes os dije, los que son Míos viven en el Mundo, pero no son del mundo. No os ensuciéis de las cosas del mundo, Sed Míos y Yo os rescataré y os llevaré por caminos seguros de salvación. BuscadMe y Me encontraréis. Buscad la Vida y encontraréis la Salvación Eterna. Pedid con verdadero ahínco la virtud de la humildad, para que os deis cuenta de lo que actualmente sois y también pedid el Don del Discernimiento para que el Maligno no os pueda engañar más.

Yo os bendigo en el Santo Nombre de Mi Padre, en Mi Santo Nombre y en el Santo Nombre de Mi Espíritu y que aquellos que se acojan a la protección de Mi Madre Santísima, queden bajo Su Amparo Eterno

Habla la Santísima Virgen María

Hijitos Míos, como Madre vuestra, como Madre del Salvador; Yo he implorado porque Su Misericordia Infinita, Su Amor Infinito venga a dar salvación a infinidad de almas.

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Muchas, muchas almas viven en el Pecado, pero no por culpa de ellas; sino porque sus padres no les dieron ésa instrucción desde pequeñitos. No los llevaron a la Verdad a través de la vida propia, de la Palabra de Mi Hijo y al no vivirla, no la transmitieron.

Así hay millones de y millones  de vuestros hermanos. El Plan de Satanás le ha dado resultado. Ciertamente viven en el pecado; pero por su ignorancia, se va a aminorar el Juicio hacia ellos.

Por eso ahora viene Mi Esposo: el Santo Espíritu de Amor a dar Luz a toda la humanidad -a sacarlos de ésa ignorancia- que los padres de los padres no dieron a sus descendientes.

Como el Juicio de Mi Hijo, el Juicio del Padre, el Juicio hacia cada uno de vosotros, tiene que ser Justo; no podréis ser juzgados cuando ha habido ésa ignorancia de las Leyes. Conocerá la humanidad entera cuáles son las Leyes de su Dios, cómo fueron despreciadas y pisoteadas.

AVISO

Os hará conocer la verdad de vuestra vida, comparada con la realidad Divina y así el hombre ya no podrá escapar de la Justa Justicia, porque antes se habrá derramado la totalidad de la Misericordia.

Muchos viven en ésa ignorancia mortal y la siguen transmitiendo como modo de vida. Vivís como animalitos en la selva, haciendo lo que vuestro instinto os dicta. Y no sois animalitos Mis pequeños. Sois hijos de un Dios que os ama infinitamente; hermanos de un Dios que se Encarnó para dar la Enseñanza del Reino y se os da la Sabiduría de un Dios que se derrama constantemente sobre vosotros; para que podáis vivir como verdaderos hijos del Dios Rey, del Creador de todas las cosas.

Tendréis vuestra oportunidad. Por eso los desastres de la Purificación no vendrán hasta que el hombre entienda, quién es y para qué está aquí en la Tierra.

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Tendréis la oportunidad nuevamente de arrepentiros y enmendar vuestro camino. Agradecedlo, Mis pequeños. Agradeced lo que vuestro Dios hace por vosotros por Mi intercesión. Hemos de luchar hasta el final. Yo también he de luchar por vosotros, por cada uno de vosotros.

Por una vez en vuestra vida Mis pequeños, concientizaos de vuestra persona y de vuestro proceder y ya no dañéis al Corazón de vuestro Dios; que es todo Amor, todo Misericordia, todo Bondad. Pero en todo ello Justo, Justo en Sus Leyes, en Sus Mandatos y en el Juicio que hará sobre cada uno de vosotros.

Ya ha sido mucho el tiempo que se os ha permitido vivir en la Tierra para reparar… Para reparar el daño causado por vuestros antepasados. Tenéis un futuro, una Promesa, una Nueva Vida que se os dará si la aceptáis. No se os va a imponer ni a forzar; vuestra decisión será libre.

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Pero entended las Bondades de vuestro Dios, no las desperdiciéis ya Mis pequeños. Ya el tiempo llegó a su límite. Seguiré insistiendo como Madre que Soy de todos vosotros; pero ya el Brazo de la Justicia de Mi Hijo, ESTÁ CAYENDO.

Entended, recapacitad, arrepentíos. Yo también os Amo con todo Mi Corazón, os Amo, Mis pequeños.

Hijitos Míos, ponedme en Mi Corazón de Madre a todos aquellos de vuestros hermanos que han aprendido a acallar la voz de la conciencia en su corazón. Que para ello han recurrido a las drogas, a los vicios o a llenarse de actividades para no escuchar la voz de su conciencia que según ellos, les atormenta. Cuando es otra la realidad:

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QUE CONTINUAMENTE LES ESTÁ HACIENDO EL LLAMADO A SU CONVERSIÓN.

Son muchos de entre vuestros hermanos, que se comportan así, tratando de acallar ése arrepentimiento. Arrepentimiento Divino que les llega a sus corazones por el Amor de su Dios.

No se dan cuenta que la salvación la traen dentro de su corazón y que solamente tienen que dar ése ‘SÍ’, para que venga la transformación de su ser. Pero así es el pecado. Como ése lodo chicloso oscuro que viste. Queréis saliros de él, del pecado y os vuelve a jalar.

Realmente se necesita una Fe firme, una Fortaleza grande, un deseo imperioso para zafarse del pecado, de la maldad. Haced el esfuerzo, Mis pequeños. Dad el primer paso para ésa Nueva Vida y Yo estaré ahí, Mis pequeños; para soltaros de ése lodo chicloso y os llevaré ante Mi Hijo, para que Él os purifique con Su Sangre y os dé entrada nuevamente al Reino de los Cielos.

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Os llevaré ante Mi Esposo, para que Él derrame Sus Dones, para que volváis a tener ésa dignidad y sentiros así, hijos de vuestro Padre Dios, de vuestro Creador; para que entréis nuevamente jubilosos a ése estado de Gracia, en el que debéis estar todos vosotros; para que añoréis fuertemente el regreso a vuestro Hogar, que está en los Cielos.

Vosotros debéis dar ése primer paso. Dadlo Mis pequeños. No podéis vivir así, enlodados. Viviendo peor que animales, viviendo en la inmundicia y en la bajeza a dónde os lleva Satanás envueltos en el Pecado. No perdáis más  el tiempo… Levantaos, implorad ayuda e inmediatamente tendréis respuesta Divina.

Llorad vuestros pecados y vuestras lágrimas alcanzarán vuestra victoria sobre el pecado.

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Regresad a vuestra dignidad de hijos de Dios. Vuestro Padre os está esperando, no lo hagáis esperar más.

TomadMe de la Mano, dejadMe levantaros, dejadMe, Mis pequeños. Os amo, Soy vuestra Madre. Levantaos, no todo se ha perdido.

Vuestra caída en el pecado os dará la fortaleza para no volver a caer nuevamente. Ya caísteis, pero lo más importante es levantarse y adquirir nuevamente vuestra dignidad en la Gracia. Venid, os lo ruego.

15CAMINO ABREVIADO AL CIELO

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F3 EL HOMBRE DECIDE SER DIOS II


 

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LA SENTENCIA DIVINA.

Dios Padre alejó al hombre del jardín de sus delicias. Ya no podía confiar más en sus hijos. El hombre había querido ser el dueño de todo y se opuso a que Dios fuese el Único Creador. Se marchó a su destierro con su pecado. Era un rey humillado y despojado de sus dones. El Hombre del Paraíso se había convertido en un ser terrenal y mortal.

Su reino lo perdió en manos del que lo pervirtió.

Satanás lo despojó de lo que Dios le había dado. Y de amo se convirtió a sí mismo en esclavo de aquel que había sido destinado a obedecerlo.

Y el dolor y la muerte entraron a formar parte de la vida humana. La herida de Eva engendró el sufrimiento, que no terminará hasta que muera la última pareja sobre la tierra.

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EL CASTIGO. 

No desproporcionado, sino justo.

Para entenderlo se necesita considerar la perfección de Adán y Eva.

Considerando aquel vértice, se puede medir la magnitud de la caída en aquel abismo de degradación.

Dios respetó la voluntad humana.

El hombre perseveró en su estado de rebelión hacia su Divino Benefactor. Porque no se arrepintió del dolor causado a Dios y todavía mantenía su unión con la mentira. Soberbiamente salió del Edén, después de haber mentido y haber aducido pobres excusas a su pecado.

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Se hicieron cinturones de hojas y testimoniaron que se avergonzaban; no por estar desnudos y aparecer tales ante Aquel que los había creado y conservado vestidos solo de Gracia e Inocencia, sino porque eran culpables y tenían miedo de comparecer delante de Dios.

Miedo, sí. Arrepentimiento, NO.

Entonces Dios, después de haberlos expulsado del Edén, protegió con Querubines los umbrales del mismo, para que los dos prevaricadores no regresaran fraudulentamente, para hacer botín de los frutos del Árbol de la Vida, nulificando una parte del justo castigo y defraudando todavía una vez más a Dios de su derecho: aquel de dar y de quitar la vida.

Dios es nuestro Rey y nuestro Padre. No un siervo y menos un esclavo.

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Dios es Justo.

Cuando castigó al hombre, no le quitó la inteligencia, ni la fuerza moral, porque nunca ha dejado de amar al hombre, por más culpable que éste sea. También le dejó al hombre la voluntad soberana, para que éste pudiese llegar a ser dueño de sus pasiones y pudiera controlarlas.

El hombre debió obedecer. Los inocentes eran castos. Sabían amar verdaderamente, con aquella ternura virginal que está en el más ardiente amor materno o en el más ardiente amor filial. O sea, de aquellos dos amores que no tienen atracción sensual y son fortísimos.

Dios habría regulado el amor del hombre por las criaturas nacidas de su santo amor con Eva. Pero Adán y Eva no llegaron a este amor, porque el desorden había corrompido con su veneno, el santo amor de los Progenitores.

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CONSECUENCIAS DEL PECADO.  

El Enemigo de Dios y del hombre por Odio, hirió mortalmente a la Humanidad y la infectó con el germen del Odio, de los Celos, de la Envidia. Y con esto puso la causa primaria de la división que enfrenta a los hombres el uno contra el otro.

De esta manera fue cosechado el segundo fruto de la maldad del Maligno: el fratricidio de Caín. Y desde entonces el virus de la violencia ha ido aumentando hasta alcanzar proporciones pavorosas, porque cada día crece más la semilla que Lucifer siembra en el corazón del hombre: EL ODIO.

Por un solo hombre entró el Pecado en este mundo y por el pecado, la muerte. Y pudieron penetrar entre las delicias del Edén, turbando el orden, la armonía, el amor; esparciendo su veneno. Corrompiendo el intelecto, voluntad, sentimientos, instintos. Suscitando apetitos culpables, destruyendo la Inocencia y la Gracia, afligiendo al Creador.

Haciendo de las criaturas bienaventuradas, dos infelices; condenados uno, a obtener fatigosamente su pan de la Tierra; que por haber sido maldecida, produce cardos y espinas. Y a la otra, a parir con dolor; a vivir en el dolor y la sujeción del hombre.

Condenados los dos a conocer el dolor del hijo muerto y la vergüenza de ser los padres de un fratricida. Y finalmente a conocer el dolor de morir.

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Hasta aquel momento, el veredicto de Dios no había todavía fragmentado la rebelión del hombre, el cual con la fácil adaptación de los animales, se había adaptado rápido a su nuevo destino. No más fácil y alegre como el anterior; pero no privado de gozos humanos que compensaban sus dolores humanos.

Las pasiones de los sentidos se satisfacían en la carne compañera.

La alegría de crear por sí solos nuevas criaturas, -¡Oh, orgullo persistente!-. Ilusionándose con esto, que era el ser iguales a Dios Creador; el dominio sobre los animales, la satisfacción de la cosecha y del bastarse a sí mismos, sin tener que agradecer a nadie.

Alegrías sensuales, pero siempre alegrías. Cuánta oscuridad de vapores de orgullo y de niebla de concupiscencia, perduró obstinada en los dos protervos. La maternidad era obtenida con dolor, pero la alegría de los hijos compensaba aquel dolor. El alimento era obtenido con fatiga, pero el vientre se llenaba igualmente y la gula era satisfecha; porque la tierra estaba colmada de cosas buenas.

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La enfermedad y la muerte estaban lejanas. Gozando los cuerpos creados perfectos, de una salud y una virilidad que hacía pensar en una larga vida, aunque no fuese eterna. Se amaban con ternura y con pasión; ya que por su elección al orden sobrenatural; fueron dotados para amar y ellos, sí sabían amar mucho.

Y la soberbia fermentante suscitaba el pensamiento burlón: ¿Dónde pues está el castigo de Dios? Nosotros somos felices también sin Él.

Pero un día, el verde de los campos en los cuales florecían las flores multicolores creadas por Dios, enrojeció con la primera sangre humana vertida sobre la tierra.

Y dio alaridos de dolor la madre del dulce Abel muerto.

Y el padre comprendió que no era vana la amenaza de aquella promesa: “Volverás a la tierra de la cual fuiste sacado, porque eres polvo y al polvo volverás.”

Y Adán murió dos veces: por sí y por su hijo. Porque un padre muere la muerte de su hijo viéndolo agonizar.

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Y Eva alumbró con desgarramiento, dando a la tierra el cuerpo exánime de su predilecto y comprendió que cosa era el parir en pecado.

La muerte de Abel hizo añicos el orgullo de Adán y las escorias expertas de Eva, en el más atroz alumbramiento a las tinieblas.

El alarido de Eva, también marcó el nacimiento del arrepentimiento.

En aquella hora señalada por la primera sangre humana esparcida por criminal violencia, por la cual la tierra fue maldecida dos veces. Hora en la cual fulminaba, el Castigo de Dios. Murió el orgullo y nacieron el arrepentimiento y la nueva vida; con los cuales los dos culpables iniciaron el ascenso hacia la justicia y ameritaron, después de una larga expiación, el Perdón Divino por los méritos de Cristo.

Este dolor llenó el mundo y se trasmitió de generación en generación y terminará hasta que tenga fin el mundo. Ha llenado con su alarido el lugar en donde Adán extrae el pan de los surcos, sobre los cuales goteaba su sudor.

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Se ha esparcido por la Tierra, los horizontes, los cañones, los desiertos y las selvas. Toda la Creación lo ha sentido y lo ha trasmitido. Y como luz cegadora ha hecho ver a Adán y a Eva, la inmensidad de su Pecado. No cometido solamente contra Dios, sino contra ellos mismos, en su carne y en su sangre.

Todo este milenario dolor viene de un desorden creado por un Rebelde en el Cielo y por el consentimiento al desorden propuesto por él, a los dos primeros habitantes de la Tierra.

La Gracia restaura, pero la Herida queda. La Gracia auxilia, pero los impulsos hacia el Mal, quedan. Porque desde el momento del Pecado, el Bien y el Mal, son. Y se combaten dentro y fuera del hombre.

La impureza es la raíz de las enfermedades del alma. Los males morales tienen otros nombres: orgullo, codicia y sensualidad. Cuando se alcanza la perfección con estas tres fieras que lo destrozan, – y aun así el hombre las busca con loca ansiedad, – el alma queda totalmente separada de Dios.

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La muerte y el dolor entraron en el mundo por envidia del Demonio.

Pero Dios no es autor, ni de la muerte, ni del dolor. Y no se alegra con el dolor de los vivientes.

El Pecado destruyó la capacidad y la intensidad en el Amor. Y desde entonces el dolor existe en la Tierra y arranca lágrimas al hombre, por la depravación de su inteligencia que trata siempre de aumentarlo por todos los medios.

En su paso por la tierra, el hombre más que para sufrir, vive para hacer sufrir. ¡Cuántas lágrimas se acarrea el hombre por la instigación oculta de su amo: Satanás!

Nadie quiere sufrir, pero todos buscan que los demás sufran.

LA EVOLUCION DEL PECADO.

Adán y Eva faltaron al primero de los Mandamientos dados por Dios y pecaron contra el Amor a Él, con la Desobediencia. Pero no pecaron contra el prójimo y en lugar de maldecir a Caín, lloraron por igual sobre el hijo muerto en la carne: Abel. Y sobre el hijo muerto en el espíritu por el fratricidio. 

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Así pues, continuaron siendo hijos de Dios, junto con sus descendientes venidos después de este dolor.

Caín pecó contra el amor a Dios y contra el amor al prójimo. Infringió por completo el amor. Dios le maldijo y Caín no se arrepintió. Por eso él y sus hijos, no fueron más que hijos del animal llamado hombre.

Si el primer pecado de Adán produjo tal decadencia en el hombre: ¿Qué grado de decadencia no habrá producido en el segundo, al que además acompañaba la maldición divina? ¿Qué variedad de formas de pecar no se habrán desatado en el corazón del hombre-animal, al estar totalmente privado de Dios. Y qué virulencia habrán alcanzado después de que Caín no solo escuchó el consejo del Maldito, sino que lo abrazó como dueño querido, asesinando por órdenes del mismo?

El desgaje de aquella rama, envenenada por la posesión diabólica, evolucionó de mil maneras.

En donde no está Dios, está Satanás. Cuando el hombre ya no tiene el alma viva, se transforma en un hombre-animal. EL BRUTO, AMA A LOS BRUTOS.

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La lujuria carnal al estar aferrada y soliviantada por Satanás, le desata la avidez por todas las uniones, presentándole atractivo y seductor, lo que en realidad es horrendo como un íncubo. Lo lícito ya no le satisface, por parecerle muy poco. Y fuera de sí por la lujuria, busca lo ILÍCITO; llegando a tener monstruos por hijos e hijas.

Son los monstruos que por el poderío de sus formas, su salvaje belleza y su ardor bestial, frutos de la unión de Caín con los brutos y de los brutísimos hijos de Caín con las fieras, insaciables en su sensualidad al hallarse abrasados por el fuego de Satanás.

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DE ELLOS SON LOS RASTROS SIMIESCOS, QUE LLAMAN LA ATENCIÓN DE LOS CIENTÍFICOS, INDUCIENDO AL ERROR.

El hombre desatina con las líneas somáticas y  los ángulos cigomáticos. Y no queriendo admitir a un Creador por ser excesivamente soberbio para reconocer haber sido hecho; admite la descendencia de los brutos para así poder decir: “Por nosotros mismos hemos evolucionado de animales a hombres. Es el esfuerzo de superación.”

Y así el hombre prefiere auto degradarse, por no querer humillarse ante Dios. 

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De este modo perdió el hombre la perfección de la belleza física y vino la variedad de las razas.

 En los tiempos de la primera corrupción, tuvo el aspecto de animal. Ahora ha adquirido esa apariencia en la mente y en el corazón.

Y en su alma, por su cada vez más profunda unión con el Mal; ha tomado en demasiados, el rostro de Satanás, borrando casi totalmente la semejanza con Dios y quedando solo el hombre-animal, guiado por los más bestiales instintos.

La prevaricación trastornó el orden con el más desconcertante desorden y destruyó el Plan Estupendo de Dios, cambiando totalmente la condición del hombre.

Satanás finalmente logró su objetivo y se apoderó del hombre, sobre el cual desahoga su odio, su veneno y sus desenfrenadas y desesperadas pasiones.

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Al hombre rico, sabio, fuerte, feliz, inmortal y libre; lo convirtió en pobre, ignorante, débil, infeliz, mortal y esclavo, atormentado por su implacable verdugo.

A la felicidad del Paraíso Terrenal, siguió la infelicidad del exilio. A la Luz, siguieron las Tinieblas de la ignorancia, al grado de perder su propia identidad.

El Amor fue sustituido por el Odio. Al Bien para el que el hombre fue creado, se prefiere el Mal con toda su gama de manifestaciones. A la Vida Eterna, finalidad de la Creación, se prefiere la Muerte Eterna, en la abismal desesperación del Infierno. 

Dios, a cambio del Amor sin límites que ha dado al hombre, recibe un tremendo insulto: el desprecio absoluto por parte del ser humano, que en una monstruosa ingratitud se niega a reconocerlo y a amarlo.

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La Humanidad ha pecado con el Deicidio en el Pueblo Elegido, el Pueblo de Dios. El hombre se niega a reconocer al Salvador y lo mata, porque no le gusta lo que Él ha venido a decir. Y por no arrodillarse ante Dios hecho Hombre, negándole la Adoración que le corresponde; lo convierte en el Redentor; cumpliendo en esta forma el Plan Admirable de Dios.

Y después del Deicidio cometido por los sacerdotes de Israel; los fomes del mal  prosperaron cada vez más fuertes hasta que el hombre ha llegado a la perfección de la maldad y la perversión, en el más refinado satanismo.

La Noche de la Negación de Dios cubre ahora todo el mundo. Los corazones están endurecidos por el egoísmo y por el odio que prevalecen en todas partes. La inocencia de los niños es contaminada y profanada. 

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El mundo se aleja cada vez más de Dios y se ha caído en el engañoso espejismo de creer poder prescindir de Él, construyendo una civilización materialista, que se niega a aceptar el pecado como un mal y haciendo al alma incapaz para el arrepentimiento, totalmente sordos a las voces del Cielo.

Satanás es el tirano que con las cadenas del pecado, arrastra al hombre hacia donde él quiere. Los impulsos del Pecado son el egoísmo y el odio, los dos enemigos acérrimos del Amor. Tientan con recompensas, amenazan con represalias, indagan, señalan y preparan asechanzas, para dañar al prójimo.

Así es como se realizan toda clase de crímenes. 

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El hombre siempre se envilece cuando sirve al pecado. El alma corrompida empuja la carne a pecados obscenos, que envejecen y deforman. El vicioso jamás es verdaderamente feliz. Porque en las glotonerías y en el ocio, el cuerpo disfruta, pero el alma languidece.

Los culpables aunque lo nieguen, sufren; porque el pecado enferma el alma y hiere al espíritu. Y nadie puede herirse a sí mismo, sin causarse dolor. El pecador no conoce la paz en su corazón.

Todo pecado es una enfermedad y hay algunos que provocan la muerte inclusive física. Las bendiciones de Dios son destruidas por el pecado y la alegría se acaba. Toda acción mala, quita la paz. El alma pecadora siente cansancio y tedio, se aburre pronto de todo y no conoce el júbilo del verdadero amor, sintiendo dentro de sí un verdadero quebrantamiento.

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El alma enferma por el pecado hace que muera el espíritu; el cual se convierte en instrumento de Satanás, para infligir daño a los demás, en la decadencia de un círculo perfecto de maldad y de odio. El pecado enferma al alma con un cáncer que carcome y destruye peor que la lepra. El cáncer del cuerpo se queda en la tierra, pero el pecado permanece por toda la eternidad.

El espíritu muerto por el pecado es totalmente dominado por Satanás. Quién toma ‘posesión espiritual’ del templo viviente que es el hombre, quién es lanzado a cometer verdaderas aberraciones que lo angustian y de las cuales quisiera verse libre.

Pero cada vez comprueba dolorosamente y muchas veces sin comprenderlo ¿Por qué no puede hacerlo?…

LA ESCLAVITUD DEL PECADO.

Entre los ángeles hay diferentes jerarquías: ángeles, arcángeles, etc. Entre los demonios también las hay. Jesús también especificó una distinción entre los demonios y los espíritus inmundos. Los demonios son los ángeles caídos que no supieron retener su condición. Los espíritus inmundos son generados por los pecados de los hombres.

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El pecado consumado y convertido en vicio, fortalece y vitaliza a estos espíritus generados por la maldad humana. Llegan a agigantarse a tal grado que toman un dominio total del hombre, hasta esclavizarlo de una manera absoluta.

El alma fue creada para volver a unirse con Dios. Y cuando la libre voluntad del hombre decide unirla al pecado, se produce un místico adulterio espiritual.

La lujuria de la mente es la soberbia. Fue el pecado de Satanás que se burló de Dios, llevándole a creerse superior a Él. La mente del soberbio fornica con Satanás, contra Dios y contra el Amor.

La lujuria del corazón es la ambición de las riquezas y del poder. Es la que odia a Jesús y a su Evangelio, porque Él ha acabado con ella en el corazón de los que aprenden a amar a Dios.

La lujuria carnal empuja al cuerpo a vivir esclavizado como un animal. Y sus instintos lo gobiernan en satánica tiranía, por infames placeres.

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Esta es la triple concupiscencia que destruye al hombre manteniéndolo alejado de Dios. El alma muere si se le mantiene apartada de Dios.

Dios es Amor. Privada de su fuente, el Amor, el alma pierde la capacidad de amar y a pesar de todos los esfuerzos, la felicidad se vuelve más inaccesible cada día. El odio y la amargura envuelven al alma que busca inútilmente un alivio.

El hombre privado de Dios por una vida llena de pecado, lo que lleva a cabo es un suicidio espiritual, porque en un loco e insensato deseo de vivir para sí, en el egoísmo desenfrenado, se priva de lo que viene a ser su misma vida: el Amor. Y en el vacío resultante, la búsqueda incesante de paliativos, lo hunden en el vicio y en el error. 

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Cuando se vive solamente para la materia, el cuerpo se vuelve lo más importante y por darle satisfacción a la carne, el hombre muere sin darse cuenta de que está muriendo en su parte más importante: la espiritual.

El que mata el amor, mata la paz. La inquietud resultante es la prueba de que las almas están moribundas, que languidecen por el hambre de Dios. Hambre que solo podrá ser saciada en la Fuente del Agua Viva: el Verbo Encarnado y en su Palabra: el Evangelio.

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26.- EL PREDILECTO


Al día siguiente, en una fría mañana invernal, sobre el improvisado púlpito del establo, Jesús va a predicar a la multitud…

Y Pedro lo hace que se incline y le dice en voz baja:

–           Detrás del muro está la mujer velada. La he visto. Está desde ayer. Vino siguiéndonos desde Betania. ¿La arrojo o la dejo?

Jesús ordena suavemente:

–                     Déjala. Lo he dicho.

–                     ¿Pero si es una espía, como dice Iscariote?

–           No lo es. Ten confianza en lo que digo. Déjala y no digas nada a nadie. Respeta su secreto.

–                     No he dicho nada, porque pensé que estaba bien.

–                     Procura que no se le perturbe y respétala.

Hay por lo menos el doble de gente que ayer. Y algunos no parecen campesinos. Tienen su burro amarrado y toman su comida bajo el cobertizo. El día es frío pero sereno.

La gente habla entre sí:

–                     Pero, ¿Es más que Juan?

–                     No. Es diferente. Yo era de Juan; que era el Precursor. La Voz de la Justicia. Éste es el Mesías, la Voz de la Sabiduría y de la Misericordia.

Varios preguntan:

–                     ¿Cómo lo sabes?

–                     Me lo dijeron tres discípulos del Bautista, que siempre han estado con él. Ellos lo vieron nacer. Isaac es uno de los pastores y es mi amigo. Estaría bien decir a los Betlemitas que fuesen buenos. Ni en Belén, ni en Jerusalén pudo predicar.

–                     ¡Sí! ¡Imagínate si los escribas y fariseos van a querer sus palabras! ¡Son unas víboras y hienas, como los llama el Bautista!

–                     Yo querría que me curase. ¿Ves? Tengo una pierna con gangrena. He sufrido lo indecible al venir en burro hasta aquí. Lo busqué en Sión, pero ya no estaba.

Alguien responde:

–                     Lo amenazaron de muerte.

–                     ¡Perros!

–                     Sí. ¿De dónde vienes?

–                     De Lidda.

–                     ¡Mucho camino!

Otro muy abatido, dice:

–                     Yo… yo quisiera decirle un error mío. Se lo dije al Bautista y me escapé con tantos reproches que me dijo. Pienso que no puedo ser perdonado.

–                     ¿Qué fue lo que hiciste?

–                     Mucho mal. Se lo diré a Él. ¿Qué pensáis? ¿Me maldecirá?

Un viejo imponente responde:

–                     No. Lo oí hablar por casualidad en Betsaida. Hablaba a una pecadora. ¡Qué palabras! ¡Ah! ¡Yo hubiera querido ser ella; para merecer su perdón…!

Varios gritan:

–                     ¡Mírenlo! ¡Ahí viene!

–                     ¡Misericordia! ¡Me avergüenzo! –dice el culpable haciendo el intento de huir.

Y se oye su Voz misericordiosa:

–           ¿A dónde huyes hijo mío? ¿Tienes tanta lobreguez en el corazón, como para odiar la Luz y huir de Ella? ¿Has pecado tanto, como para tener miedo de mi Perdón? Pero, ¿Qué pecado pudiste cometer? Ni aunque hubieses matado a Dios, deberías de tener miedo, ¡Si hay en ti un verdadero arrepentimiento! No llores. Más bien ven, que lloraremos juntos.

Jesús, que había estirado su brazo para detener al que iba a huir; lo estrecha contra Sí y luego se dirige a los que lo están esperando y dice:

–                     Sólo un momento. Debo aliviar este corazón. Luego regreso.

Y se va más allá de la casa. Rozando al dar vuelta en el ángulo, a la mujer velada. Jesús la mira fijamente por un momento.

Avanza unos diez pasos y se detiene. Pregunta al hombre que llevaba abrazado:

–           ¿Qué hiciste, hijo?

El hombre cae de rodillas. Tiene como cincuenta años. Una cara quemada por muchas pasiones y consumida por un tormento secreto.

Extiende sus brazos y grita:

–                     Para gozar de toda la herencia paterna, maté a mi madre y a mi hermano. Para gastarla en mujeres. No he tenido jamás paz… mi comida: ¡sangre! Si sueño, son pesadillas. Mi placer… ¡Ah!… en el pecho de las mujeres y en sus gritos de lujuria; sentía el frío de mi madre muerta y la asfixia de mi hermano envenenado. Malditas mujeres del placer que sois áspides, medusas, murenas insaciables. ¡Ruina! ¡Ruina!…  ¡Ruina, mía!

Jesús dice:

–                     ¡No maldigas! ¡Yo no te maldigo!

–                     ¿No me maldices?

–                     ¡No! ¡Lloro y tomo sobre Mí tu pecado!… ¡Qué pesado es! ¡Me quiebra! Pero lo abrazo fuerte, para destruirlo por ti…y a ti te doy el perdón. ¡Sí! ¡Te perdono tu gran pecado!

Extiende sus manos sobre la cabeza del hombre que solloza y dice estas palabras en Oración: ‘Padre. También por él mi sangre será derramada. Pero ahora mira el llanto y la plegaria. Padre, perdona porque él se ha arrepentido. Tu Hijo, en cuyas manos se ha confiado todo juicio, ¡Así lo quiere!…

Por algunos minutos sigue en esta actitud. Luego se inclina. Levanta al hombre y le dice:

–                     La culpa se te ha perdonado. Te toca ahora expiar con una vida de penitencia lo que queda, por tu delito.

–                     Dios me ha perdonado… ¿Y mi madre?… ¿Y mi hermano?

–                     Lo que Dios perdona, lo perdonan todos. Vete y no peques más.

El hombre llora más fuerte y le besa la mano. La mujer velada hace un movimiento como para salirle al encuentro; pero luego baja la cabeza y no se mueve. Jesús pasa delante de ella sin mirarla.

Va hasta su lugar y dice en voz alta y fuerte:

–                     Paz a vosotros que buscáis la Palabra…

Y Jesús da una extensa lección sobre los Mandamientos de la Ley de Dios…

La semana siguiente…

Los discípulos están muy agitados. Parece un enjambre provocado.  Hablan; miran a todas partes… Jesús no está.

Pedro ordena a Juan:

–                     Vete a buscar al Maestro. Está en el bosque junto al río. Dile que venga pronto para que diga lo que debemos hacer.

Juan va a la carrera.

Judas de Keriot, dice:

–                     No entiendo por qué tanta confusión y tanta descortesía. Yo habría ido y lo habría recibido con todos los honores. Es un honor suyo y también para nosotros. Así pues…

Pedro advierte.

–                     Yo no sé nada. Él será diferente a su pariente… pero a quién está con hienas se le pega el olor y el instinto. Por lo demás, tú querrías que se fuese aquella mujer… ¡Pero ten cuidado! El Maestro no quiere y yo la tengo bajo mi protección. Si la tocas… ¡Yo no soy el Maestro! Te lo digo para tu conducta futura.

Judas dice con ironía:

–                     ¡Hummm! ¿Quién es pues? ¿Tal vez la bella Herodías?

–                     ¡No te hagas el chistoso!

–                     Tú eres el que me hace serlo. Le has hecho la guardia real alrededor como si fuese una reina.

–                     El Maestro me dijo: ‘Procura que no se le perturbe y respétala’ Y eso es lo que hago.

Tomás pregunta:

–                     ¿Pero quién es? ¿Lo sabes?

Pedro dice:

–           Yo no.

Varios insisten:

–                     ¡Ea! ¡Dilo! ¡Tú lo sabes!

–                     Os juro que no sé nada. El Maestro lo sabe. Pero yo no.

–                     Hay que preguntárselo a Juan. A él le dice todo.

Judas pregunta:

–                     ¿Por qué? ¿Qué cosa especial tiene Juan? ¿Es acaso un dios tu hermano?

Santiago de Zebedeo responde:

–                     No, Judas. Es el más bueno de nosotros.

Santiago de Alfeo dice:

–                     Por mí ni me preocupo. Ayer mi hermano la vio cuando salía del río con el pescado que le había dado Andrés y se lo preguntó a Jesús. Él respondió: ‘Tadeo. No tiene cara. Es un espíritu que busca a Dios. Para Mí no se trata de otra cosa y así quiero que sea para todos.’ Y lo dijo en tal forma: ‘Quiero’ que os aconsejo de no insistir.

Judas de Keriot dice:

–                     Yo voy a donde está ella.

Pedro se enciende como un gallo de pelea y replica:

–                     ¡Haz la prueba! Si eres capaz…

–                     ¿La harás de espía para acusarme con Jesús?

–                     Dejo ese encargo a los del Templo. Nosotros los del lago ganamos el pan con el trabajo y no con la delación. No tengas miedo de que Simón de Jonás la haga de espía. Pero no me provoques y no te atrevas a desobedecer al Maestro, porque yo soy…

–                     ¿Y quién eres tú? ¡Un pobre hombre como yo!

–                     Sí, señor. al revés. Más pobre, más ignorante, más vulgar que tú. Y no me avergüenzo. Me avergonzaría si fuese igual a ti en el corazón. El Maestro me confió este encargo y yo lo hago.

–                     ¿Igual a mí en el corazón? Y… ¿Qué cosa hay en mi corazón que te causa asco? ¡Habla! ¡Acusa! ¡Ofende!…

Bartolomé interviene:

–                     ¡Judas! ¡Cállate! Respeta las canas de Pedro.

–                     Respeto a todos. Pero quiero saber qué cosa hay en mí…

Pedro estalla:

–                     Al punto eres servido. Déjame hablar… hay tanta soberbia que con ella se puede llenar esta cocina. Hay falsedad y hay lujuria.

Judas casi se ahoga:

–                     ¿Yo falso?…

Todos se interponen y Judas debe callar.

Simón, con calma dice a Pedro:

–                     Perdona amigo, si te digo una cosa. Él tiene defectos, pero tú también los tienes. Y uno de ellos es el de no compadecer a los jóvenes. ¿Por qué no tomas en cuenta la edad? ¿El nacimiento y… tantas otras cosas? Mira. Tú obras por amor a Jesús. Pero, ¿No has notado que estas disputas le causan hastío? A él no le digo nada. –señala a Judas- pero a ti, sí. Porque eres un hombre maduro y muy sincero, te hago esta súplica: ¡Él tiene tantas penas por sus enemigos y dárselas también nosotros! Hay tantas guerras a su alrededor. ¿Por qué provocar otra en su nido?

Tadeo confirma:

–                     Es verdad. Jesús está triste y ha adelgazado. En las noches oigo que da vueltas en su cama y suspira. Hace algunos días, me levanté y ví que lloraba, orando. Le pregunté: ‘¿Qué te pasa?’ Él me abrazó y me dijo: ‘Quiéreme mucho. ¡Qué fatigoso es ser ‘Redentor’!

Felipe agrega:

–                     También yo me di cuenta de que había llorado en el bosque junto al río. Y a mi mirada interrogante respondió: ‘¿Sabes qué diferencia hay entre el Cielo y la Tierra, además de no ver a Dios? Es la falta de amor entre los hombres. Me estrangula como una soga. He venido a darles granos a los pajaritos, para que me amen los seres que se aman.’

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Escuchar todo esto, resquebraja por un momento el gran egoísmo de Judas. Siente una oleada de amor por su Maestro y el conocer su sufrimiento, se le clava como un puñal en su corazón. Y se deja caer, llorando como un niño.

Y en ese preciso momento, entra Jesús con Juan:

–           Pero, ¿Qué sucede? ¿Por qué ese llanto?

Pedro responde:

–                     Por mi culpa, Maestro. Cometí un error. Regañé a Judas muy duramente.

Judas replica entre sollozos:

–                     No… yo… yo… el culpable soy yo. Yo soy el que te causa dolor. No soy bueno… Perturbo… Pero, ¡Ayúdame a ser bueno! Porque tengo algo aquí en el corazón… algo que no comprendo… que me obliga a hacer cosas que no quiero hacer. Es más fuerte que yo. Y te causo dolor a Ti, Maestro; al que debería dar gozo. Créelo; no es falsedad.

Jesús dice:

–                     Sí, Judas. No lo dudo. Viniste a Mí, con sinceridad de corazón; con verdadero entusiasmo. Pero eres joven… Nadie. Ni siquiera tú mismo te conoces como Yo te conozco. ¡Ea! ¡Levántate y ven aquí! Luego hablaremos los dos solos. Mientras tanto, hablemos de aquello por lo que me mandasteis llamar. ¿Qué hay de malo en que venga Mannaém?

¿No puede un hermano de leche de Herodes, tener sed del Dios Verdadero? ¿Tenéis miedo por Mí? Tened fe en mi palabra. Este hombre ha venido con fines honestos.

Pedro:

–                     ¿Entonces por qué no se dio a conocer?

Jesús:

–                     Precisamente porque viene como un ‘alma’; no como hermano de Herodes. Se ha envuelto en el silencio, porque piensa que ante la Palabra de Dios, no existe el parentesco con un rey. Respetaremos su silencio.

Andrés:

–                     Pero si por el contrario… ¿Él lo envió?

–                     ¿Quién?…  ¿Herodes?… No. No tengáis miedo.

Tadeo:

–                     ¿Quién lo manda entonces?

Santiago:

–                     ¿Cómo se ha informado de Ti?

–                     Es discípulo de mi primo Juan. Id y sed con él corteses; como con los demás. Id. Yo me quedo con Judas.

Los discípulos se van.

Jesús mira a Judas, que está todavía lloroso y le pregunta:

–                     ¿Y? ¿No tienes nada que decirme? Yo sé todo lo tuyo. Pero quiero saberlo por ti. ¿Por qué ese llanto? Y sobre todo, ¿Por qué ese desequilibrio, que te tiene siempre tan descontento?

–                     ¡Oh, sí Maestro! Lo dijiste. Soy celoso por naturaleza. Tú sabes que así es… Y sufro al ver que… Al ver tantas cosas. Esto me saca de quicio, porque soy injusto. Y me hago malo, aun cuando no quisiera. No…

–                     ¡Pero no llores de nuevo! ¿De qué estas celoso? Acostúmbrate a hablar con tu verdadera alma. Hablas mucho. Hasta demasiado…  Pero, ¿Con quién? Con el instinto y con tu mente. Tomas un fatigoso y continuo trabajo, para decir lo que quieres decir: hablo por ti. De tu ‘yo’. Porque cuando tienes que hablar de otros y a otros, no te pones cortapisas, ni límites. Y lo mismo haces con tu carne. Ella es un caballo bronco. Pareces un jinete a quien el jefe de las carreras, le hubiese dado dos caballos locos para hacer el paso de la muerte…  

Uno es el sentido. Y el otro… ¿Quieres saber cuál es el otro? ¿Sí?…

Judas asiente con la cabeza.

Jesús continúa:

–           Es el error que no quieres domar. Tú…  Jinete capaz pero imprudente. Te fías de tu capacidad y crees que basta. Quieres llegar primero… no pierdes tiempo ni siquiera para cambiar de caballo. Antes bien, los espoleas y pinchas. Quieres ser el ‘vencedor’… quieres aplauso. ¿Acaso no sabes que la victoria es segura cuando se conquista con constante, paciente y prudente trabajo?… Habla con tu alma. De allí es de donde quiero que salga tu confesión. O, ¿Debo decirte lo que hay dentro?

Una sombra cruza por la mirada de Judas antes de responder:

–                     Veo que también Tú no eres justo. Y no eres firme y esto me hace sufrir.

–                     ¿Por qué me acusas? ¿En qué he faltado a tus ojos?

–                     Cuando quise llevarte con mis amigos, no te gustó. Y dijiste: ‘Prefiero estar entre los humildes.’ Luego Simón y Lázaro te dijeron que era bueno que te pusieras bajo la protección de un poderoso y aceptaste. Tú das preferencia a Pedro, a Simón, a Juan. Tú…

–                     ¿Qué otra cosa?

–                     Nada más, Jesús.

–                     Nubecillas… pompas de espuma. Me das compasión porque eres un desgraciado  que te torturas, pudiendo alegrarte. ¿Puedes decir que este lugar es de lujo? ¿Puedes decir que no hubo una razón poderosa que me obligó a aceptarlo?… ¿Si Sión no me hubiera arrojado, estaría refugiado en un lugar de asilo?

–                     No.

–                     ¿Entonces cómo puedes decir que no te trato como a los demás? ¿Puedes decir que he sido duro contigo cuando has faltado? Tú no fuiste sincero… las vides… ¿Qué nombre tenían esas vides?…

No fuiste complaciente con quién sufría y se redimía. Ni siquiera fuiste respetuoso conmigo. Y los otros lo vieron. Y con todo; una sola voz se levanta incansable en tu defensa: la mía. Los demás tendrían el derecho de estar celosos. Porque si ha Habido uno que fuera preferido y protegido, eres tú.

Judas, avergonzado y conmovido, llora.

–                     Me voy. Es la hora en que soy de todos. Tú quédate y reflexiona…

–                     Perdóname, Maestro. No podré tener paz, si no tengo tu perdón. No estés triste por mi causa. Soy un muchacho malvado… Amo y atormento… Así sucedía con mi madre. Así es ahora contigo. Y así será con mi esposa, si algún día me caso… creo que sería mejor que me muriese.

–                     Sería mejor que te enmendases. Estás perdonado. ¡Hasta luego!

Jesús sale.

Afuera está Pedro, que le dice:

–                     Ven, Maestro. Ya es tarde. Hay mucha gente. Dentro de poco se pondrá el sol. Y no has comido. Ese muchacho es causa de todo.

–                     ‘Ese muchacho’ Tiene necesidad de todos vosotros para no ser el causante de estas cosas. Procura recordarlo, Pedro. Si fuese tu hijo, ¿Lo compadecerías?

–                     ¡Uhmmm! Sí y no. Lo compadecería. Pero le enseñaría también algunas cosas. Aunque fuese adulto le enseñaría como a un jovencillo mal educado. Bueno… si fuese mi hijo, no sería así…

–                     ¡Basta!

–                     Sí, ¡Basta, Señor mío! Mira, allí está Mannaém. Es el que tiene el manto rojo muy oscuro, que parece casi negro. Me dio esto para los pobres. Y me preguntó que si podía quedarse a dormir.

–                     ¿Qué respondiste?

–                     La verdad. ‘No hay más que para nosotros…’

Jesús no dice nada. Deja a Pedro y va a dónde está Juan y le dice algo en voz baja.    Luego va a su puesto y comienza a hablar sobre el Segundo Mandamiento…

Cuando termina, no hay ningún enfermo. Jesús se queda con los brazos cruzados y mira a los que se van yendo, después de que los ha despedido y bendecido.

El hombre vestido de rojo oscuro, parece que no sabe qué hacer.

Jesús no lo pierde de vista, cuando lo ve que se dirige hacia su caballo, lo alcanza y le pregunta:

–                     ¡Oye! Espérame. Ya va anochecer. ¿Tienes dónde dormir? ¿Vienes de lejos? ¿Estás solo?

El hombre contesta titubeante:

–                     De muy lejos… Y me iré. No sé… si en el poblado encontraré… o hasta Jericó. Allí dejé la escolta en la que no confiaba.

Jesús le dice:

–                     No. Te ofrezco mi cama. Ya está lista. ¿Tienes que comer?

–                     No tengo nada. Creí que este lugar sería más hospitalario.

–                     No falta nada.

–                     Nada. Ni siquiera el odio contra Herodes. ¿Sabes quién soy? 

–                     Los que me buscan tienen un solo nombre: ‘Hermanos, en el Nombre de Dios’. Ven. Juntos compartiremos el pan. Puedes llevar el caballo a aquel galerón. Yo dormiré allí y te lo cuidaré.

–                     No. Esto jamás. Yo dormiré ahí. Acepto el pan; pero no más. No pondré mi sucio cuerpo donde Tú pones el tuyo, que es santo.

–                     ¿Me crees santo?

–                     Sé que eres santo. Juan, Cusa, tus obras… tus palabras. El palacio real es como una concha que conserva el rumor del mar. Yo iba a donde estaba Juan… y luego lo perdí. Él me dijo: ‘Uno que es más santo que yo, te recogerá y te elevará’ no podrías ser otro, sino Tú. Vine en cuanto supe en dónde estabas.

Zelote regresa del río, después de bautizar y Jesús bendice a los últimos bautizados. Luego le dice:

–                     Esta persona, es el peregrino que busca refugio en el Nombre de Dios. Y en el Nombre de Dios lo saludamos como amigo.

Simón se inclina y el hombre también. Entran en el galerón y Mannaém amarra el hermosísimo caballo blanco, con gualdrapas de color rojo que penden de la silla, adornadas con plata, en el pesebre.

Juan acude con hierba y un cubo con agua.

Acude Pedro también, con una lámpara de aceite, porque ya está oscuro.

Mannaém dice:

–                     Aquí estaré muy bien. Dios os lo pague.

Jesús le pone la mano en el hombro y le dice:

–           Ven amigo mío. Vamos a compartir el pan…

Luego entran todos en la cocina, donde arde una tea y se reúnen para cenar…

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONOCELA