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57.- EL QUE ESTÁ DESTINADO A LA CARCEL…


bacanales-en-el-imperio-romanoAl separarse de César, Petronio ordenó que lo condujesen a su casa de las Carenas la cual, rodeada por jardines que ocupan una extensión enorme, había escapado de ser arrasada por el fuego.

Por esta causa, otros augustanos que perdieron sus propiedades y dentro de ellas considerables riquezas y numerosas obras de arte, alaban la buena suerte de Petronio.

Él había sido considerado un hijo predilecto de la fortuna, mientras gozó del favor del César. Pero eso ya se había terminado…

Dentro de su litera, reflexiona con ironía:

–           ¡Por Zeus! ¡Y pensar que tuve en mis manos él haber sido prefecto en lugar de Tigelino! Lo hubiera entregado como incendiario al populacho, brindando protección al inocente. Hubiera reconstruido Roma… Yo debí haber asumido ese puesto. Y si la tarea hubiera sido abrumadora, me quedaba el recurso de transferir a Marco Aurelio el mando; a lo cual Nerón ni siquiera se hubiera opuesto.

Y aunque mi sobrino hubiese bautizado a todo el imperio, incluido el mismo César ¿En qué me habría perjudicado? Nerón piadoso y lleno de virtud. ¡Oh! Ese sí que hubiera sido todo un espectáculo… -y comenzó a reír ante esa perspectiva.

Luego  agregó con amarga decisión- él ‘hubiera’ NO existe. El momento pasó y no lo hice. En este mundo hay cosas bellas, pero la mayor parte de los hombres son tan viles, que la vida no merece apenarse por ella. Quién ha sabido vivir, debe saber morir. Aun perteneciendo a la corte, he sido más independiente de lo que yo mismo esperaba.

Todos pensarán que estoy temblando de miedo, pero no es así. Sabía que este momento tarde o temprano llegaría. La muerte piensa en nosotros, sin necesidad de que le ayudemos. Sería una maravilla que en realidad existan los Campos Elíseos y en ellos se pasearan las sombras de los humanos.

Aurora y yo estaríamos juntos y vagaríamos por el Prado de Asfódelos. Tal vez en aquella sociedad, todos serían más decentes. ¡Estoy harto de todos estos bufones y charlatanes de los que me he rodeado hasta hoy!

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Y observó con asombro, la enorme distancia que en su interior mantiene con todas aquellas gentes a las que ha conocido y valorado oportunamente y a las que desprecia más que nunca.

Meditó en su situación personal y comprendió que su ruina es definitiva, aunque no tan inmediata.

Nerón había pronunciado unas cuantas y muy selectas frases acerca de la amistad y la clemencia, para disfrazar ¿Qué?…

–           Jugará conmigo como el gato con el ratón, antes de engullírselo. Tendrá que buscar pretextos. Y mientras los encuentra, bien puede pasar mucho tiempo. Ahora lo importante, es que celebrará con cristianos los próximos juegos.

Y solo después de que éstos se hayan terminado, pensará en mí. Y siendo así, no tengo porqué tomarme ninguna molestia. No voy a hacer un solo cambio en mi sistema de  vida. Un peligro más inmediato es el que amenaza la vida de Marco Aurelio. ¡Tengo que salvarlo de alguna manera!

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Ordenó a los cuatro fornidos bitinios que aceleren el paso y su litera avanzó con premura  a través de los escombros, piedras y montones de cenizas, de que está lleno el barrio de las Carenas, hasta llegar a su palacio particular.

Al entrar, el mayordomo le avisa que Marco Aurelio le espera en la biblioteca.

Rápido se dirigió hacia allí y sus primeras palabras a su sobrino fueron:

–           ¿Has visto hoy a Alexandra?

–           Sí. En la mañana la dejé en la casa de Calixto el cantero. He venido a despedirme. Hoy nos vamos a Sicilia.

–           ¡Magnífico! ¡Es una excelente noticia! ¡Bien! Escucha lo que voy a decirte y no pierdas tiempo en hacer preguntas. Esta mañana se ha resuelto en casa del César, culpar a los cristianos del incendio de Roma. Les amenazan la persecución, las torturas y el exterminio.

Y éstas pueden empezar hoy mismo. Toma a Alexandra y huyan inmediatamente. Pasa los Alpes y llega hasta África si es posible. Y apresúrate, porque el Transtíber está más cerca del Palatino que esta casa. 

Marco Aurelio es demasiado soldado para perder el tiempo en averiguaciones inútiles.

Escuchó a Petronio, frunció el entrecejo y se dibujó en su rostro una expresión anhelante, terrible y luego impávida.

Su primer impulso ante el peligro, es defenderse y dar batalla, pero…

–           Voy. –se limitó a decir.

–           Una cosa más. Lleva una bolsa de oro, armas y un puñado de tus cristianos. ¡Y en caso necesario, arrebata a Alexandra de manos de tus enemigos!

Marco Aurelio se encuentra ya en la puerta del atrium,

Cuando Petronio exclamó:

–           ¡Espera! ¡Dionisio, vete con él! –Ordenó al esclavo portero-Te acompañará para que me mandes con él las noticias pertinentes.

Al quedar solo, Petronio empezó a pasearse entre las columnas del atrium y la extensa galería que va hasta el jardín del fondo, con las manos entrelazadas en la espalda y su concentrada expresión pensativa. Nadie se atrevió a molestarlo.

Está muy preocupado y tiene la esperanza de que nadie en el Palatino sepa en donde encontrar a Marco Aurelio y a Alexandra.

Tal y como están las cosas, espera que ellos se pongan a salvo antes de que lleguen los pretorianos. Pues sabe que Tigelino es como un león voraz y su crueldad debe haber extendido sus redes por toda la ciudad, para cazar el mayor número posible de cristianos.

–           Aun cuando manden una decuria en busca de Alexandra, ese gigante parto les romperá los huesos. Ojala  Marco Aurelio llegue a tiempo.

Y esta idea le tranquilizó. Pues lo desea con ferviente anhelo y es su última esperanza.

Es verdad que resistir a los pretorianos es casi lo mismo que declararle la guerra al César.

Petronio también sabe que sustraer a Marco Aurelio a la venganza de Nerón, le reportará que esa venganza caiga sobre su propia cabeza. Más es lo que menos le importa.

Al contrario, le complace la idea de trastornar los planes de Nerón y de Tigelino.

Y resolvió no omitir en esta empresa, ni hombres, ni recursos. Puesto que en Anzio  los amigos de Marco Aurelio habían convertido a la mayor parte de sus esclavos, sabe que al empeñarse en la defensa de los cristianos, puede contar con el celo y la abnegación de todos ellos.

La llegada de Aurora, interrumpe el curso de sus meditaciones y al verla se desvanecieron inmediatamente todas sus preocupaciones.

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Olvidó al César, la desgracia en la que ha caído, la degradación de los augustanos, la persecución que amenaza a los confesores de Cristo. Y olvidó también a Marco Aurelio y a Alexandra, para concentrar su pensamiento solo en Aurora, a quién mira con ojos de verdadero enamorado y amante.

Deleitándose con su hermosura perfecta y llena de gracia. Está ataviada con un vestido de gasa transparente que deja traslucir las formas de todo su cuerpo y está bella como una diosa.

Radiante y sonriente, sintiéndose admirada y deseada por Petronio, amándole a su vez con todo su ser y anhelando siempre sus caricias. Al estar frente a él, se cubrió de rubor su bello rostro, cual si en realidad fuera una inocente virgen.

Petronio extendió los brazos en una muda invitación y preguntó:

–           ¿Qué sucede, carísima?

Aurora inclinó su áurea cabeza y contestó:

–           Artemio ha venido con sus coristas y pregunta si deseas oírle.

–           Que espere. Nos cantarán durante la comida el himno a Apolo. ¡Por Zeus! Cuando te veo frente a mí, me parece tener delante a Venus Afrodita, velada por un cendal etéreo.

–           ¡Oh,  mi amado señor!

–           Ven aquí, Aurora. Estréchame en tus brazos y bésame. ¿Me amas?

–           Tanto como no lo podéis imaginar.

Y oprimiendo con los suyos los labios de Petronio, en un apasionado beso; se estrechó entre sus brazos temblando de felicidad.

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Después de deleitarse mutuamente, gozándose en su amor por un largo rato…

Petronio dijo:

–           ¿Y si fuera necesario que nos separásemos?

Aurora se alarmó, se estremeció y preguntó:

–           Señor. ¿Qué dices?

–           Nada temas. Te hago esta pregunta, porque es posible que deba emprender un largo, muy largo viaje…

–           Llévame contigo a donde sea. No me importa. Yo no puedo vivir sin ti. Así fuese hasta la misma muerte, ¡Por favor te lo suplico, señor! ¡No me separes nunca de ti! ¡Qué me importa nada en la vida si no te tengo!…

La siempre tímida Aurora ha dicho todo esto con un tono tan apasionado…

Que Petronio, asombrado y conmovido, cambia rápidamente de tema y dice:

–           Dime ¿Hay asfódelos en los prados del jardín?

–           Los cipreses y el pasto, se pusieron amarillos por el fuego. Los mirtos se han deshojado y todo el jardín parece como si hubiera muerto.

–           Roma entera está así. Y pronto se convertirá en un cementerio… ¿Sabes que Nerón ha promulgado un Edicto contra los cristianos y ya comenzó la Persecución?

–           ¿Por qué castigar a los cristianos, señor? Son buenos y pacíficos.

–           Por esa misma razón. Quieren exterminarlos…

ENAMORADOS

–           Vámonos al mar. Tus hermosos ojos no gustan del espectáculo de la sangre.

–           Así es. Pero mientras es necesario reconfortarme. Ven conmigo. Me daré un baño con agua de rosas y me ungirás. Y luego, después de… (Hace un gesto pícaro y tierno.)¡Nos tomaremos un refrigerio porque tendremos mucha sed!…

¡Por Venus! ¡Nunca me has parecido más hermosa! Voy a ordenar que hagan para ti, un baño en forma de concha. Tú en ella te verás como una preciosísima perla. ¡Ven diosa mía de cabellos de oro!…

Dos horas después ambos amantes, coronados de rosas y con los ojos nublados por el placer, descansan en el triclinium, gozando de deliciosas viandas y exquisitos licores, servidos en la más preciosa vajilla que el arte puede ofrecer.

Escuchan el himno a Apolo  cantado al son de las arpas y los coros de Artemio.

Ellos son felices, disfrutando del amor, de la vida y sus deleites.

Pero antes de que termine el himno, Héctor el mayordomo, entró en el triclinium.

Su voz está temblorosa por la alarma al anunciar:

–           Amo, un centurión con un destacamento de pretorianos, está esperando en la puerta y por orden del César desea verte.

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Al punto se suspendieron el canto y los sones de los laúdes. Y el temor se apoderó de todos los presentes, porque el César para sus comunicaciones con personas amigas, no acostumbra servirse de los pretorianos. Y la presencia de ellos no augura nada bueno.

Petronio es el único que no demuestra ninguna emoción…

Pero con el tono desdeñoso de un hombre al que fastidian visitas inoportunas, dijo:

–           Bien podrían dejarme comer en paz. Tráelo aquí.

Héctor desapareció detrás de la cortina y un momento después se oyeron los pesados pasos militares.

Y se presentó Marcelo, centurión a quién Petronio conoce.

El militar lo saludó:

–           Salve, noble señor. Te traigo una carta del César.

Petronio extendió su blanca mano, la tomó y la leyó.

Luego la pasó a Aurora con ademán tranquilo diciendo:

–           Esta noche se propone dar lectura a un nuevo libro de su troyada  y me invita a que lo escuche.

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El centurión dice:

–           Solo he recibido la orden de entregarte la carta.

Petronio sonríe y confirma:

–           Sí. No hay respuesta. Pero Marcelo, bien puedes descansar un momento en nuestra compañía y escanciar una copa de vino.

–           Gracias te doy, noble señor. Una copa de vino beberé gustoso a tu salud. Pero descansar no me es posible, porque estoy de servicio.

–           ¿Por qué te dieron la carta a ti y no me la enviaron con un esclavo?

–           No lo sé, señor. Tal vez porque yo debía venir en esta dirección en desempeño de otro encargo.

–           Lo imagino… Contra los cristianos. ¿No es así?

–           Así es, señor.

–           ¿Desde cuándo empezó la Persecución?

–           Antes del mediodía fueron enviados algunos destacamentos al Transtíber.

Y dicho esto, el centurión bebió un poco de vino en honor de Marte, luego bebió el resto hasta vaciar la copa…

Y dijo:

–           Que los dioses te concedan cuanto deseas, señor.

–           Llévate la copa en recuerdo mío. –dijo Petronio.

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Luego hizo un ademán a Artemio para que siguiera la música.

El soldado hizo un saludo militar y se retiró admirando el precioso obsequio.

Se vuelven a escuchar los acordes de las arpas y Petronio piensa:

–           Barba de Bronce empieza a jugar conmigo y con Marco Aurelio. ¡Adivino su plan! Ha querido aterrorizarme enviándome su carta por medio de un centurión. Le preguntarán a éste luego, como la recibí ¡No! ¡No! ¡No te divertirás gran cosa, cruel y perverso poeta! ¡Sé que no olvidarás la injuria!

Sé que mi destrucción se aproxima. Pero si crees que voy a mirarte con ojos temerosos y suplicantes, ¡Te equivocas! Si piensas que vas a leer el terror en mi semblante, ¡Buen chasco te vas a llevar!

La voz de Aurora interrumpe su monólogo interior, al preguntarle con preocupación:

–           El César te ha invitado, señor. ¿Irás?

–           Mi salud está muy buena y hasta puedo escuchar sus versos. Con mayor razón debo ir, puesto que Marco Aurelio no puede.

Y efectivamente, terminada la comida y el paseo habitual, se arregló. Una hora después, hermoso como un dios, se hizo conducir al Palatino.

Ya es tarde. La noche está tranquila y tibia. La luna brilla en su esplendorosa claridad.

En las calles y entre las ruinas, pululan numerosos grupos de personas, ebrios por el vino y cubiertos de guirnaldas. Llevando en sus manos ramos de mirto y laurel, tomados de los jardines del César.

La abundancia de trigo y la proximidad de los grandes juegos, regocija los corazones de todos. Gritos, danzas y alegría, exteriorizados a la luz de la luna.

Los esclavos se ven en la necesidad de gritar:

–           Abran paso a la litera del noble Petronio.

Y entonces los grupos se apartan, aclamando a su vez y aplaudiendo al favorito popular.

Mientras tanto Petronio va dentro de su litera pensando en Marco Aurelio y extrañado por no haber tenido noticias de él.

Petronio es epicúreo y egoísta, pero desde su viaje a Anzio  y su contacto con los cristianos; así como sus breves conversaciones con el obispo Acacio, sin que él mismo se diera cuenta, ha ocurrido en él un cambio fundamental.

Ahora se preocupa por otras personas.

Marco Aurelio es su sobrino preferido, porque desde su niñez amó mucho a su hermano, el padre del joven tribuno.

Se ha involucrado tanto en su vida y en sus asuntos, que ahora lo ve como si fuera su propio hijo y su interés es parte de una gran tragedia. Espera con todo su corazón que Marco Aurelio se haya adelantado a los pretorianos y alcanzaran a huir.

Hubiese deseado tener toda la certidumbre de esto, para saber qué contestar a las preguntas que puedan presentarse y para las cuales le hubiese gustado estar preparado.

Llegó por fin al Palatino y se bajó de la litera.

Cuando llegó al atrium, éste estaba lleno de augustanos.

Los amigos de la víspera se sorprendieron al verlo y comprendieron que también él había recibido invitación.

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Se hicieron a un lado y Petronio pasó por en medio de ellos, hermoso, despreocupado y sonriente. Tan lleno de confianza y seguridad en sí mismo como si en sus manos estuviese el distribuir favores a su alrededor.

Algunos al verlo así, se sintieron alarmados en su interior, temiendo haberle manifestado indiferencia demasiado pronto.

El César fingió no verlo y no contestó su saludo aparentando estar muy concentrado en una conversación…

Pero Tigelino se le acercó y dijo:

–           Buenas noches, Arbiter Elegantiarum. ¿Todavía persistes en afirmar que no fueron los cristianos quienes incendiaron Roma?

Petronio se encogió de hombros y golpeando ligeramente con su bastoncillo a Tigelino en la espalda, recordándole su condición de liberto, le dijo:

–           Tú sabes tan bien como yo, qué pensar sobre ese punto.

Tigelino entrecerró los ojos y dijo:

–           Y no me atrevo a competir contigo en sabiduría.

–           Haces muy bien. Porque si de tal competencia fueras capaz, cuando el César nos lea de nuevo su libro en la Troyada, tal vez puedas rebuznar una opinión que no sea como tú, necia y obtusa.

Tigelino se mordió los labios…

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Ciertamente no le había gustado para nada la idea del César, de leer aquella noche un nuevo poema de su libro, porque eso le obliga a entrar en un terreno donde le es imposible rivalizar con Petronio.

Y durante la lectura, Nerón acostumbrado por el hábito, volvió constantemente sus ojos hacia Petronio; para observar la impresión que le causan los versos que va leyendo, buscando inconscientemente su aprobación.

Petronio escucha, alza las cejas, asiente en ocasiones y en otras concentra su atención, como para asegurarse de no perder ni una sílaba. Luego alaba, critica, propone correcciones o insinúa que se dé mayor énfasis a algunos versos.

El mismo Nerón comprende que las exageradas adulaciones de los demás, no significan para ellos más que la conservación de sus propias personas y que solo Petronio es lo bastante auténtico para ocuparse de la poesía, por la poesía misma.

Que solamente él le comprende y que si la elogia, es porque sus versos merecen ser elogiados.

Y sin darse cuenta, gradualmente se ve enfrascado en una discusión con él. Discusión que por momentos reviste carácter de disputa.

Y cuando Petronio le manifestó sus dudas, acerca de la propiedad de cierta expresión,

el César dijo:

–           Ya verás en el último libro, porqué la he usado.

Petronio pensó:

–           ‘¡Ah! Esto significa que viviremos hasta que termine el último libro.’

Y más de alguno de los presentes al escuchar aquella observación, se dijo en su interior:

–           ¡Ay de mí si Petronio llega a disponer del tiempo suficiente! Es capaz de recuperar el favor del César y derribar aún al mismo Tigelino.

Y empezaron a acercársele nuevamente…

Pero el fin de la velada fue menos afortunado para el escritor.

Porque el César en el momento en que Petronio se despidió, le preguntó de súbito guiñando los ojos y con expresión a la vez festiva y maliciosa en su semblante:

–           ¿Por qué no te acompañó Marco Aurelio?

Si Petronio hubiera estado seguro de que Marco Aurelio y Alexandra estaban a salvo y lejos de la ciudad, él hubiera respondido: ‘De acuerdo al permiso que le otorgaste, se ha casado y se ha ido de viaje’

Pero notando la extraña sonrisa de Nerón, contestó:

–           Tu invitación divinidad, no le encontró en casa.

Nerón dijo con una velada ironía:

–           Di a Marco Aurelio que me será grato verle. Y agrégale de mi parte que no falte a los juegos en que aparecerán los cristianos.

Estas palabras alarmaron a Petronio y más el tono con el que fueron dichas…

Pero haciendo uso de su ejercitado autodominio, inclinó la cabeza y dijo:

–           Se lo diré. Y allí estaremos los dos.

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Así pues, cuando llegó a su litera, ordenó que lo llevasen a su casa con la mayor rapidez posible.

Extrañamente, en las calles parece haber más gente que cuando fue al Palatino.

Las turbas están ahora presas de una gran excitación y se oyen a la distancia unos gritos que de momento Petronio no comprende, pero que van creciendo y generalizándose hasta convertirse en un solo alarido salvaje.

Y lo deja helado y paralizado al oírlo cercano y repetitivo:

–           ¡¡¡Los cristianos a los leones!!!

Las ricas literas de los cortesanos van circulando entre la rugiente plebe.

Sin poder evitarlo, Petronio exclama con enojo y desprecio:

–           ¡Vil manada de fieras! ¡Asco de sociedad! ¡Pueblo digno de tu César! Roma gobierna al mundo y al mismo tiempo es la lepra del mundo…

Petronio comprende que solamente los cristianos traen consigo bases nuevas y prodigiosas para la vida.

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Pero… piensa con tristeza que con el exterminio del Edicto de Nerón, pronto no quedará ni rastro de los confesores de Cristo y ¿Qué sucederá entonces?

La llegada a su casa interrumpió sus cavilaciones y la puerta fue abierta al punto por el vigilante guardián.

Petronio le preguntó:

–           ¿Ya regresó el noble Marco Aurelio?

Dionisio le contestó:

–           Sí amo. Hace unos momentos.

Petronio pensó:

–           Entonces no la salvó. – y corrió hacia el atrium.

Marco Aurelio está sentado en un escabel.

Tiene la cabeza entre las manos, inclinada hasta las rodillas. Pero al escuchar el ruido de pasos, alzó su rostro demudado en el cual sus ojos muestran un brillo febril.

Petronio preguntó:

–           ¿Llegaste tarde?

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Marco Aurelio contestó desolado:

–           Sí. Antes del mediodía la capturaron.

Hubo un largo silencio…

Luego, el augustano le volvió apreguntar:

–           ¿La has visto?

–           Sí.

–           ¿En dónde está?

–           En la cárcel Mamertina.

Petronio se estremeció y miró interrogante a Marco Aurelio…

Éste comprendió y dijo:

–           No. No la han arrojado al Tullianum (calabozo que hizo construir Servio Tulio y que está en el sótano, con solo una pequeña abertura hacia el techo), ni tampoco  a la prisión del centro.

He pagado al guardia para que le dé su propio aposento. Bernabé está en el umbral de la puerta, con la orden de custodiarla.

–           ¿Y por qué Bernabé no la defendió?

–           La arrestaron con cincuenta pretorianos y además, Lino se lo prohibió.

–           ¿Qué vas a hacer?

–           Salvarla o morir con ella. Yo también soy cristiano.

Marco Aurelio habla con calma, pero hay en su voz un dolor lacerante y Petronio siente en el pecho un estremecimiento de compasión.

–           Comprendo. Pero ¿Cómo esperas salvarla?

–           He pagado gruesas sumas a los guardias. Primero para que la defiendan de cualquier ultraje y también para que no impidan su fuga.

–           ¿Y cuándo se va a verificar ésta?

–           Me dijeron que no me la pueden entregar inmediatamente, por miedo a la responsabilidad. Pero cuando la cárcel se encuentre llena y se vuelva confusa la cuenta de los presos, la entregarán.

–               ¡Pero ése es un recurso desesperado!

–             ¡Sálvala tú y sálvame!… Tú eres amigo del César. Él mismo me la dio… ¡Ve a su casa y sálvanos!

Petronio en lugar de contestar, llama a un esclavo y ordena que traigan dos mantos oscuros y dos espadas.

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Y volviéndose a Marco Aurelio, le dice:

–           En el camino te contaré… Ahora ponte ese manto y toma una espada. Vamos a la cárcel. Allí pagaremos a los guardias lo que sea necesario para que nos entreguen a Alexandra inmediatamente. Después será demasiado tarde…

El joven se sorprendió. Pero solo dijo:

–           Vamos.

Cuando estuvieron en la calle, Petronio dijo:

–                      Ahora escúchame. No he querido perder tiempo explicándote antes. Estoy en desgracia desde hoy. Mi propia vida pende de un cabello, por eso no puedo intentar nada con  el César pues en todo lo que intente, Nerón hará exactamente lo contrario de lo que yo le pida… Por eso te aconsejé que huyeras con Alexandra.

Además al escapar tú, la cólera del César caerá sobre mi cabeza. En la actualidad estaría más dispuesto contigo y en tu favor, que en el mío. Así que no cuentes con eso en absoluto. ¡Sácala de la prisión y huye con ella, más allá de los confines del imperio si es preciso! No queda ningún otro recurso…

Si en esto no tienes éxito, ya pensaremos en otra cosa. Mientras tanto debes saber que Alexandra está en la cárcel NO tan solo porque cree en Cristo: la cólera de Popea te persigue a ella y a ti. Ofendiste a la Augusta al rechazar sus requerimientos ¿Recuerdas?…

Popea sabe que la despreciaste por Alexandra a quién aborreció desde la primera vez que la vio. Y aún más, ya había intentado perderla, cuando la acusó de que por maleficios suyos murió la Infanta. Es la mano de Popea la que está detrás de todo esto…

Y si no, ¿Cómo explicas que haya sido precisamente Alexandra la primera víctima de la Persecución actual? Fueron a arrestarla con media centuria y antes de generalizar las órdenes contra todos los demás cristianos.

¿Quién ha podido señalarla y ubicarla tan rápido? Lo más seguro es que la han espiado desde hace tiempo… Sé que estoy torturándote y destruyendo tu esperanza.

Pero te digo esto deliberadamente por si no logras rescatarla, antes de que lleguen a sospechar que éste será tu intento… Porque de ser así, ¡Ambos están irremediablemente perdidos!…

Marco Aurelio murmuró:

–           Sí. Comprendo…

Ya es de madrugada y las calles están desiertas.

Pero son interrumpidos por un gladiador borracho que se acerca tambaleante a Petronio.

Le pone su mano en el hombro y le lanza al rostro su aliento alcohólico, al gritarle con voz ronca:

–           ¡A los leones con los cristianos!

Petronio lo miró y dijo con voz pausada:

–           Mirmidón. Escucha un buen consejo: sigue tu camino.

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El hombre tomó entonces a Petronio del brazo, con la otra mano y dijo:

–           Si no quieres que te rompa el pescuezo, grita conmigo: ¡Los cristianos a los leones!

Pero estos ya eran demasiados gritos para los nervios de Petronio. Desde que salió del Palatino, le han perseguido como una pesadilla y le taladran los oídos.

Así pues cuando vio levantado sobre él, el puño del gladiador, se le agotó la paciencia y dijo:

–           Amigo, hueles mucho a vino y me estás estorbando el paso.

Y al decir esto introdujo en el pecho del imprudente, hasta la empuñadura; la espada corta con la que se armara al salir de casa.

El hombre se desplomó sobre sí mismo con un quejido ronco…

Mientras, Petronio enfunda su espada y continúa como si nada hubiese ocurrido:

–           Hoy el César me dijo: ‘Di a Marco Aurelio de mi parte, que no falte a los juegos en los que van a participar los cristianos’ ¿Entiendes lo que significa esto?…

Quieren hacer de tu dolor un espectáculo. Es algo que ya decidieron.

Y ese tal vez es el motivo por el cual NO estamos tú y yo en prisión. ¡Si no podemos liberarla ahora, ya no sé qué decirte! Pudiera ser que Actea quiera ayudarnos… Pero contra Popea, esto no servirá de gran cosa.

Estamos cara a cara frente al César, ¿Te das cuenta?…

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De esta manera continúan conversando…

Desde las Carenas hasta el fórum, no hay mucha distancia, así que llegan pronto.

Ya es casi el alba y las murallas del castillo empiezan a emerger de entre las sombras.

De repente, al torcer hacia la cárcel Mamertina, Petronio  se detiene en seco y exclama:

–           ¡Pretorianos! ¡Es demasiado tarde!

Y la cárcel está rodeada por una doble fila de soldados.

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Los primeros destellos de la mañana refulgen en sus yelmos y en la punta de sus jabalinas.

Marco Aurelio palidece y dice:

–           Sigamos.

Y llegan hasta la línea. Dotado de una memoria extraordinaria, Petronio reconoce al jefe de una cohorte de pretorianos y le hace señas para que se acerque.

El hombre lo saluda militarmente y Petronio le pregunta:

–           ¿Qué es esto Silvano? ¿Habéis recibido órdenes de vigilar la prisión?

–           Sí, noble Petronio. El prefecto teme que se hagan tentativas para salvar a los incendiarios.

Marco Aurelio preguntó:

–           ¿También tenéis orden para no permitir la entrada?

–           No, señor. Los presos pueden ser visitados por sus conocidos. Porque de esa forma lograremos capturar a un mayor número de cristianos.

–           Entonces déjame entrar.-y estrechando la mano a Petronio, agregó- Ve a ver a Actea. Iré pronto a conocer su respuesta.

Petronio contestó:

–           Sí. En la casa, te esperaré.

Marco Aurelio corrió hacia el interior.

Y en ese momento, debajo de la tierra y a través del aire que rodea las imponentes murallas, se escuchó un cántico.

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El himno, confuso y velado al principio, fue oyéndose cada vez más fuerte y melodioso.

Voces de hombres mujeres y niños, se confunden en un coro armonioso y magistral.

Toda la prisión parece vibrar ante a los ecos de aquel cántico…

Pero no son voces de pesar, ni de desesperación, por el contrario, palpita en ellas una alegría triunfal.

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Los soldados se miran atónitos.

Petronio escucha asombrado aquellas estrofas y su oído experto capta una esencia extraordinaria y desconocida a la que parece hacerle un marco perfecto, la maravillosa aurora que deja ver en el firmamento los primeros resplandores matinales oro, rosa y flama que matizan el horizonte, al despuntar el sol.

El patricio se quedó inmóvil al escuchar estos versos:

¡Aleluya!

Amo al señor porque escucha. Mi voz suplicante

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Y el clamor de mi Plegaria.

Porque inclinó su oído hacia mí, el día que lo invoco.

Lo invocaré mientras viva.

Cuando me aferraban los lazos de la Muerte

Las redes del sepulcro me envolvieron

Cuando caí en la angustia y la tristeza:

Invoqué el Nombre del Señor:

¡Oh, Jesús salva mi alma!

Tierno y Justo es el Señor

Lleno de compasión nuestro Dios.

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Jesús protege a los sencillos.

Yo estaba postrado y me salvó

Alma mía, recobra la calma

Pues el Señor ha sido bueno contigo.

Ha librado mi alma de la muerte

Mis ojos de las lágrimas

Y mis pies de tropezar.

Caminaré en la Presencia del señor

En la tierra que habitan los vivientes.

He tenido Fe, aun cuando dije

¡Qué desdichado soy!

He dicho en mi congoja:

‘Es vano confiar en el hombre’

¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?

Alzaré la copa de la salvación

Invocando el Nombre del Señor:

¡Jesús! ¡Jesús! ¡Jesús!

Santo y Bendito es el Nombre de Jesús.

Cumpliré mis votos al Señor en presencia de todo su Pueblo.

Es muy penoso para el Señor, ver la muerte de sus fieles.

Yo Señor soy tu siervo

En verdad tu siervo, hijo de tu esclava:

Jesús, Tú rompiste mis cadenas.

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Me ofreceré en sacrificio de acción de gracias

E invocaré el Santísimo Nombre de Jesús.

Sí. Cumpliré mis votos al Señor

Y en presencia de todos su Pueblo

En los atrios de la Casa del Señor

En medio de ti, Jerusalén.

¡Aleluya!

Alaben al señor todas las Naciones

Y festéjenlo todos los pueblos

Porque grande es su Amor hacia nosotros

Su fidelidad permanece para siempre.

En Jesús puse toda mi esperanza

Él se inclinó hacia mí

Y escuchó mi clamor,  Jesús

Escuchó mi clamor.

Me sacó de la fosa fatal

Del fango cenagoso

Asentó mis pies sobre la roca

Mis pasos consolidó

Puso en mi boca un canto nuevo

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Una alabanza a nuestro Dios

Muchos verán y en Él creerán…

Y en Jesús confiarán.

El canto suave al principio ha ido in crescendo hasta ser una explosión de júbilo triunfante.

Luego vuelve a ser suave y muy dulce, para volver a resonar con un triunfo total. Es un himno de gloria absoluto.

Petronio empieza a caminar muy pensativo. Recordando cada verso y su entonación perfecta.

Lo más  increíble es que ¡Los cantores están en la prisión, a la espera del martirio!

Esto es demasiado para todo lo que le ha sucedido en los últimos días…

Y el refinado y elegante patricio camina con paso decidido hacia el Palatino, pero nada en su rostro revela el impacto que acaba de recibir…

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONÓCELA

52.- EN LA ESCUELA DEL SUFRIMIENTO I


INCENDIO DE ROMA
PRINCIPIO   DEL   DESASTRE

Mientras tanto en Roma, los cristianos advertidos por el Espíritu Santo; algunos abandonaron la ciudad y se fueron a la Puerta del Cielo o a otros lugares más lejanos, donde tenían parientes.

Otros, también siguiendo las instrucciones del Divino Espíritu, solo cambiaron de barrio o se refugiaron en casas de otros cristianos.

En la Puerta del Cielo, ante millares de cristianos reunidos, se oyó fuerte y clara, la voz apacible e inconfundible:

–           ¡Qué la Paz sea con todos vosotros!

Es el apóstol Pedro que extendiendo sus manos dice tranquilamente:

–           ¿Por qué perturba el temor vuestros corazones? ¿Quién de vosotros podría decir lo que va a suceder, antes de que llegue la hora? Si el castigo de Babilonia es el fuego de su Indignación Santa que ha permitido que esto sucediera, NO debéis olvidar que su Misericordia se extenderá a todos los que han sido purificados con el Bautismo y vosotros, cuyos pecados han sido redimidos con la Sangre del Cordero moriréis con su Nombre Santísimo en vuestros labios.

Creo que es necesario que Pablo os recuerde, una lección que ya habéis escuchado antes de vuestro Bautismo, cuando fuisteis catecúmenos.

Pedro se hace a un lado y la voz de Pablo resuena fuerte como una campana en aquel lugar.

Cada corazón bebe ansioso sus palabras:

“Nos gloríamos hasta en las tribulaciones, sabedores de que la tribulación produce paciencia. La paciencia, una virtud probada: la esperanza. Y la esperanza no quedará confundida pues el Amor de Dios se ha derramado en nuestros corazones, por virtud del Espíritu Santo que nos ha sido dado. Porque si somos hijos, también somos herederos. Herederos de Dios y coherederos de Cristo, ya que sufrimos con Él, para ser también con Él glorificados.”

EL SUFRIMIENTO ES LA PARTE ESENCIAL DEL DOLOR.

El padecimiento toca al cuerpo y el sufrimiento toca el alma. Los dos constituyen la esencia de la Cruz, preparan al alma para la contemplación y son apoyos indispensables para la Oración.

Porque sin sufrimiento no existe la vida espiritual ni se puede llegar a la perfección. Pues la regeneración del alma es dolorosa. 
El sufrimiento es medio no solo útil, sino necesario para la purificación, la transformación y divinización del alma. El que se niega a purificarse en su camino por la Tierra y NO aprende a amar de verdad, deberá hacerlo de una manera mucho más tremenda en el Purgatorio, donde la ausencia de Dios es el más terrible de los tormentos. 

En nuestra jornada terrenal, Jesús dosifica el sufrimiento y nos ayuda a soportarlo, con su Amor.

Él nos imprime su Semejanza de tal forma que se llega a amar el sufrimiento y lo pedimos como una Gracia.

El alma que ama desea sufrir y el sufrimiento aumenta el amor. El amor y el sufrimiento, unen al alma con Dios hasta fundirla en una misma cosa con Él.

 La comodidad y el placer son los peores enemigos del sufrimiento y cuando son apoyados por el amor propio, el alma huye del Dolor y por lo tanto de la Cruz.

El que huye de la Cruz, huye de la Luz. Se ama en la medida que se sufre. Y el que huye del sufrimiento, huye del amor.

No se puede orar; no se puede aceptar el sufrimiento, si no se cree y no se ama.

Amor es paciencia y perdón.

Paciencia en las tribulaciones. Porque el mal lo hereda el hombre de Satanás, Príncipe del Mal y Monstruo devorador e insaciable, de Odio Eterno y viviente.

El mundo es de los malos y el Paraíso de los buenos. Esta es la verdad y la promesa. El mundo pasa, el Paraíso, no. Y si es así, ¿Por qué perturbarse por lo que hacen los malos?

¿Por qué son felices los que obran mal?

Son los eternos lamentos de quién es bueno y oprimido. Porque la carne gime, cosa que no debería ser. Y cuanto más pisoteada, tanto más debería levantar, las alas del alma en el júbilo del Señor.

La Tierra es un lugar de exilio. La Humanidad entera está en marcha hacia la Eternidad. La vida es una Prueba para amar y expiar.

El sufrimiento que el hombre se procura al estar lejos de Dios y por desobedecer sus Leyes, es un cáliz amarguísimo y un sufrimiento inútil.

Al no beber en las fuentes de la Sabiduría, el hombre carece de la Fuerza de Dios, que podría consolarlo.

SUFRIMIENTO

El hombre se cree siempre capaz de todo y trata de ser autosuficiente. Frecuentemente olvida que necesita a Dios y en ese empeño se va a la ruina.

El sufrimiento hace que el hombre recuerde que sin la ayuda Divina, somos causantes del mismo sufrimiento que nos aflige. Las desventuras manifiestan la locura y necedad humana y la existencia del Poder y la Bondad de Dios.

Cuando la soberbia más refinada de un alma llega hasta el punto de creerse buena, se cree que NO se merece sufrir tanto y se autoproclama que NO hay culpas que expiar. Cuando se piensa así, es porque se es un monstruo perfecto.

Es entonces cuando hay que mirar atrás en el pasado: ‘NO he robado’, ‘NO he matado’.

No son sólo éstas las culpas que merecen pena. No roba solamente el asaltante que hace uso de la violencia y sabe ocultarse para que no lo identifiquen.

Se roba de muchos modos y se roban muchas cosas que no son solo bienes materiales. Además del dinero, joyas, bienes: se roba honor, pureza, estima, salud, beneficios.

Y hacia Dios, respeto, culto de verdadera obediencia, agradecimiento, amor auténtico, etc.

Y esto lo hacen aparentemente las personas más honestas. ¿Aquel que lleva a alguien a desesperarse, no mata; aunque el desesperado no se suicide? Sí. Mata la parte más selecta: el espíritu, que desesperado se aleja de Dios y muere, cuando el Odio se apodera del alma.

El que con obras y palabras siembra la incredulidad y la idolatría en sí mismo o en los demás, comete el pecado de Deicidio, porque al matar la Fe imposibilita al alma para salvarse y además le roba a Dios el alma que le pertenece por justicia.

El que quita la paz y el honor a una mujer y niega la paternidad y el amor al bastardo que engendró, comete uno de los robos más graves y maldecidos por Dios… Y…

Nadie está sin culpas que expiar.

Meditando las cosas de esta forma, debemos llegar a la conclusión de que la vida más dolorosa es un castigo de amor muy leve, dado por un Dios Amorosísimo, que NO quiere castigar eternamente…

EL SUFRIMIENTO Y EL AMOR.

Nunca la caridad va separada del sufrimiento, porque al ser cosa santa, desencadena las iras del Enemigo y Satanás es experto en infligir tormento.

Y nunca el sufrimiento va separado de la gloria, porque Dios es justo y da a quién da.

Los propósitos del Amor, son constantemente atacados por el Demonio, el Mundo, la Carne. Y no hay flagelo más duro que los hombres mismos.

Ellos proporcionan el fuego y la purificación con la que el alma se prueba y se acrisola como el oro y la plata.

La sabiduría de la Resignación y las promesas del mundo futuro, preservan del Odio.

El Odio es poderoso en el mundo pero tiene sus límites.

El Amor no tiene límites, ni en fuerza, ni en tiempo. El amor se convierte en defensa y consuelo sobre la tierra y premio en el Cielo.

La justicia de Dios, siempre vigila aunque parezca ausente. Y el sufrimiento nunca debe conducir al Odio, aunque los hechos parezcan justificarlo.

Dios nunca retira la Gracia que da. Si el hombre permanece sin pecar, su sufrimiento lo lleva a la santidad.

Quien cree en Él, no debe estar triste y sin esperanza, como los que no lo conocen.

No es pecado estar triste, si los momentos son dolorosos. Es pecado ceder más allá de la tristeza y caer en la inercia y la desesperación.

La Oración y la Palabra son el lenitivo para los sufrimientos.

Solo se debe buscar el Amor de Dios para consolarnos. Y en el corazón solo debe existir un amor absoluto por Dios, sin apoyarse en nadie más.

A Dios no le agrada hacer sufrir al hombre, porque lo ama. Por ese mismo amor que lo indujo a Él para salvar, Él sabe que no hay otro camino que el de la Cruz.

Nunca impone sufrimientos que estén por encima de los que la creatura pueda soportar. Cuando el dolor aumenta, también es aumentada la capacidad de sufrimiento…

Y el Espíritu santo comunica la fortaleza necesaria, para que la voluntad del hombre siga siendo heroica y crezca la tolerancia y el amor. Y puedan cumplir la misión delicada y santa de ser víctimas que salven.

No importa el camino por el que se le llama, siempre será el amor. El alma aprende a amar hasta consumirse en una llama de amor, porque han comprendido la Fuerza Poderosa del Dolor.

Y el Amor hace que el sufrimiento sea dulzura y la dulzura sufrimiento.En la misma proporción en que se ama, Dios ayuda a triunfar.

Las almas-víctimas aman de una manera total y triunfan de una manera absoluta.

El viento de las contrariedades aviva a los que son verdaderas llamas en el amor. Arden y se consuman a sí mismas en una Oblación constante.

Los dolores más amargos son proporcionados por los más amados de los suyos. Los sufrimientos mayores vienen de los propios familiares. Son la corona de espinas de los elegidos.

Dios siempre sabe en qué medida debe probarlos. Cuando el sufrimiento aumenta, también aumenta la Gracia para soportarlo. Cuanto más fuerte es la Prueba, tanto más debemos confiar en Él.

Algunas veces es tan dolorosa que nos asalta el deseo de renunciar y el pensamiento de que era mejor NO haber conocido el Camino, jamás.

La voluntad de entrega y el amor que clama al  Señor, es lo único que fortalece para salir adelante.

Cuanto se es mejor, tanto más se sufre.

El sufrimiento es amor activo que trabaja más que cualquier otra cosa a favor de las almas y principalmente en la salvación de los familiares, que son los primeros que hay obligación de salvar.

Cuanto más se sufre, más se redime. El sufrimiento es amor ofrecido en sacrificio a Dios y sirve para obtener gracias para los demás.

Nada se pierde en la economía santa del Amor Universal.

En el Sufrimiento está la perfección del Amor: Dar afecto y recibir indiferencia y odio.  Dar obras y verlas rechazadas, supera en acerbidad a los tormentos que solo torturan el cuerpo.

La Indiferencia, la Ingratitud y el Odio, hieren al alma y convulsionan el espíritu.

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Por eso Jesús debe ser el único amor de nuestro corazón, dulce tormento de nuestra alma y agradable martirio de nuestro cuerpo.

Debemos ser víctimas de su Corazón, por medio de un amargo disgusto que no sea Él.

Víctimas de su alma, por todas las angustias que la nuestra sea capaz de soportar.

Víctimas de su Cuerpo, con el alejamiento de todo lo que satisface al nuestro y por el sometimiento total de una carne criminal y maldita.

Él nos quiere conscientes de nuestro papel dentro del Cuerpo Místico.

Nos quiere vivos, vibrantes de Gracia, de Fe, de amor y por tanto de sufrimientos.

Nos quiere totalmente consagrados a Él, trabajando por sus intereses, sin perdonar esfuerzos, ni sufrimientos.

“En vuestro Nombre Señor obraré y sé que seré poderoso.”

Esta es la Oración que hemos hecho nosotros los apóstoles, pobres e ignorantes ante el mundo, pero ricos y sabios con Cristo. Él, lo único que nos pide son tres cosas:

1-      REPARACIÓN. Sabiendo cuantas almas le ofenden, debemos trabajar con Él, reparando con nuestras oraciones, trabajos y penitencias.

2-      AMOR. Intimidad con Aquel que es todo Amor y que se pone al nivel de sus creaturas para amarlas y enseñarlas a amarlo. Estrechando nuestra unión con Él.

Reparando, redimiendo y salvando con el Salvador Divino. Trabajando por Él, con Él y en Él, en íntima unión con sus sentimientos y sus deseos.

3-      CONFIANZA. Debemos estar seguros de Aquel que es Bondad y Misericordia, estando en contacto con Él, las veinticuatro horas del día.

Viviendo con Él, que nos conoce y al cual conocemos.

Sabiendo que nos ama con locura, porque somos sus almas escogidas, para que viviendo en Él y conociendo su Corazón, lo esperemos todo de Él.

Este es el llamado que Jesús hace como invitación al alma que ha elegido y que siente estremecer su corazón ante este maravilloso privilegio. Pero…

EL HAMBRE DEL ESPIRITU, CONTRA LA RESISTENCIA DE LA CARNE.

Jesús tuvo necesidad de un Ángel Confortador que lo exhortara a sufrir en el Huerto de Getsemani.

Porque si para Él, era algo precioso el hacer la Voluntad del Padre, con su espíritu encendido por la Caridad, sin embargo NO estaba privado de los terrores y las rebeliones de la carne delante del sufrimiento.

Los pequeños Jesús también experimentan este dualismo entre el espíritu y la Carne.

El espíritu que grita: ‘! Inmolación para tener salvación!’

Y la carne que gime: ‘! Piedad! Quiero vivir y no sufrir’

Cuando  esto sucede, Dios viene y auxilia fortificando la carne al Dolor, con su Palabra.

Él tiene piedad de nuestra carne, porque en las almas víctimas, es instrumento de Redención, cuando el Espíritu de Dios la posee y la mueve a su placer, como la hierba que el viento besa. Conocerá la gloria del Reino de Dios.

Jesús santificó también la carne, redimiéndola con su Doctrina y con la Sangre.

Es la vestidura del altar del corazón en el espíritu que se inmola en una carne pura, sacrificada, hecha preciosa por el Dolor.

No se debe esperar comprensión y gratitud del mundo. El Mundo los tratará como trató a Jesús: el Mundo no las conoce porque ya no son del mundo.

Ellas se inmolan por el Mundo y el Mundo las mira sacudiendo la cabeza, cubriéndolas de escarnio y golpeándolas con sus armas más perversas.

También el Mundo llega a matarlas y Dios les dará doble vida, porque serán mártires dos veces: del Mundo y del Amor.

No hay que cansarse de ser víctimas.

Las injurias y los golpes del Mundo, no obstante que son como golpes de ariete contra frágiles carruajes, NO deben apartarnos fuera de la Vía Purpúrea del Sacrificio, que se injerta en la Vía Regia que conduce al espíritu hacia Dios.

Hay que seguir a Jesús por la senda del Sufrimiento comprendido, aceptado, amado y vivido sólo por Él, como humilde respuesta a lo que nos pide el Señor.

Cuando las tribulaciones y el sufrimiento se hacen más agudos, hay que cuidarse del Desaliento, arma infernal usada por Satanás, para atrofiarnos toda actividad interior.

Es entonces cuando hay que encuadrar los sufrimientos, dentro de la real visión de la vida entendida como Prueba.

No hay que decir: ‘Todo es inútil’ cuando parece que la semilla haya caído en terrenos áridos.

Con el llanto se riega y con el holocausto total, todo se convierte en tierra fecunda. Y con la Oración y una inteligencia despierta al Amor, las derrotas se vuelven las más rotundas victorias.

El sufrimiento es el oro puro del amor del Alma-víctima, sangre del corazón de la mística Comunión de los Santos y que con Cristo a la cabeza, resucita a los muertos en el espíritu.

Resurrección mucho más preciosa que la de la carne.

El sufrimiento ofrecido a Dios con amor y con alegría, abandonándose completamente a la Voluntad de Dios, se convierte en un don precioso.

Y Él corresponde con su ayuda y su consuelo.

MADRE Y REINA

Él Mismo ayuda a sufrir. Y el auxilio de María es invaluable, con su dulzura maternal. Ella también nos forma y nos ayuda a extendernos sobre la Cruz, en la alegría de ofrecerse a Dios por los hermanos, igual que Jesús se entregó a nosotros.

Y es entonces cuando la Cruz se lleva con alegría y no pesa. El sufrimiento se vuelve dulce y conduce a la verdadera paz del corazón, porque en la Oración está el lenitivo y la fuerza para seguir siempre adelante, ofreciendo siempre a Dios todos:

Los sufrimientos interiores. Humillan mucho porque provienen de la experiencia de sus limitaciones, de sus defectos, de sus numerosos apegos.

Lo procuran, el desarrollo de las circunstancias que nos rodean y que la providencia de Dios permite para sus misteriosos designios, que siempre están llenos de Amor.

Los sufrimientos exteriores. Son los que con frecuencia nos procura Satanás, cuando nos ataca con toda su rabia y su furor, tratando de destruirnos para hacernos desistir de seguir a Jesús.

A todos nos atormenta con todo género de tentaciones. Con la Duda y la Desconfianza, con la Aridez y el Cansancio, con la Crítica, la Ironía y la Calumnia.

Y a veces con palizas que físicamente nos dejan fuera de combate por breve tiempo, pero que con la Oración son vencidas y ampliamente recompensadas.

También aquí entran los que provienen de las persecuciones que terminan con el martirio cruento.

EL SUFRIMIENTO EXPIATORIO.

El hombre peca con demasiadas maldiciones y para que Dios no acabe exterminándolo, porque además hace la tremenda acusación a Dios de las desesperaciones que son fruto natural de una vida sin Fe y alejada de Dios.

Y que se procuran a sí mismos con las consecuencias de sus actos. Y para que no finalicen condenados eternamente, es necesario que las víctimas amen, sufran, rueguen, bendigan, crean, esperen, adoren, sufran.

Sufrir, sufrir y sufrir, para que purifiquen a los que van a la muerte del espíritu.

El sufrimiento de las víctimas, es el que mantiene a raya a Satanás, que se ha vuelto poderoso por las demasiadas maldiciones que lo hacen permanecer haciendo el Mal.

El sufrimiento expiatorio convierte a las almas en salvadoras.

¡Salvar! Para salvar a la humanidad, Jesús dejó el Cielo y conoció la Muerte. Salvar es la más grande de las caridades.

Y convierte a las almas víctimas en salvadoras iguales a Cristo.

Para salvar al mundo de la desesperación las víctimas son torturadas con todas las desesperaciones y nunca cesan de sufrir.

Las calumnias y las murmuraciones del mundo, son su pan de cada día.

CON SU SUFRIMIENTO OFRECIDO Y ACEPTADO POR DIOS, SE CONVIERTEN EN LOS PEQUEÑOS CRISTOS…

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¿POR QUÉ SUFREN?

Porque un alma necesita su agonía para volver a Dios.

Dios toma su ardor para calentar a otras almas y ellas se quedan frías; sufriendo la gélida aridez espiritual. Sintiendo que NO aman a Dios y con un dolor punzante por lo mismo.

Pero mantienen su fidelidad y esto detiene el Brazo de la Justicia Divina, para que NO descargue su cólera sobre los pecadores. Un solo acto de amor, cuando se sienten desamparadas, repara las ingratitudes de muchas almas.

Y cuando están insensibles y con su voluntad heroica, repiten su amor y su fidelidad y se entregan con docilidad, para seguir crucificadas, siendo un bálsamo precioso y un consuelo para el corazón de Dios.

SEÑOR TE ENTREGO TODO LO QUE SIENTO Y FORTALÉCEME PARA SEGUIR AMANDO

SEÑOR TE ENTREGO TODO LO QUE SIENTO Y FORTALÉCEME PARA SEGUIR AMANDO

Y beben su amargura voluntariamente, para expiar convencidos de que Dios trabaja con su sufrimiento, cuyos resultados solo verán cuando hayan regresado a Él.

Y con el llanto bañándoles las mejillas, lloran sobre el Corazón de Dios su Dolor y su tristeza, porque sobre Él es dulce amar y es dulce sufrir. Y le entregan todo su Dolor y su Tristeza.

Todo su sufrimiento y el Sufrimiento de la Creación que les rodea y que NO OFRECEN los que no saben cómo hacerlo.

Y Jesús es el Sol que ilumina con una sonrisa, en medio de la tempestad.

Y sus brazos son el consuelo que rodea su soledad.

El sufrimiento de las víctimas suple el segundo martirio que el Padre ya no quiere que Jesús cumpla.

Y por eso, a cada alma que se inmola, le es concedido expiar y salvar.

Los sufrimientos del alma-víctima, obtienen de Dios Luz, para que las almas puedan reconocerlo.

Siempre sufrirán los inocentes y los santos, porque ellos expían por todos.

Su dolor y su sufrimiento redime y salva.

Víctimas puras a las que consuma el amor, junto a la Gran Víctima, en el Sacrificio Perpetuo: La Eucaristía.

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONÓCELA

R21.- SANTIDAD, ORACIÓN Y SILENCIO


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Pasos:
1. Santo Rosario, meditado y con las letanías. 2. Meditación del día y una virtud. 3. Coronilla de protección. 4. Letanías al Inmaculado Corazón. 5. Oración final. 6. Consagración

33 DIAS, SIN INTERRUPCION

 EN GRACIA

EUCARISTIA DIARIA

ROSARIUM  Signum Crucis

Per signum Crucis de inimicis nostris libera nos, Deus noster. In nomine Patris, et Filii, et Spiritus Sancti. Amen

SANTO ROSARIO con las letanías. Gozosos: Los días Lunes y Sábados. Dolorosos: Los días Martes y Viernes. Luminosos: Los Jueves. Gloriosos: Los días Miércoles y Domingos

JACULATORIA DESPUES DE CADA MISTERIO:

Jesús, es por tu amor, por la conversión de los pecadores, por el Santo Padre y en reparación de las injurias hechas al Inmaculado Corazón de maría. Jesús, perdónanos nuestras culpas, presérvanos del fuego del infierno. Lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a  las más necesitadas de tu misericordia. Dios mío yo creo,  adoro, espero y os amo y os pido perdón por los que  no creen, no adoran, no esperan y no os aman. Santísima Trinidad: Padre,  Hijo y Espíritu  Santo, os adoro profundamente,  os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo presente en todos los Tabernáculos del mundo, en reparación de los ultrajes, de los sacrilegios y de las indiferencias con los cuales es ofendido; por los méritos infinitos del Sagrado Corazón de Jesús  y  del  Corazón  Inmaculado  de  María  os  pido  por  la  conversión  de  los  pobres pecadores.

Oh María Madre mía, sé nuestro amparo y protección en estos días de purificación.  Corazones de Jesús, María y José, dadnos la salvación y llevadnos a la gloria del Padre.  Amén.

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MEDITACIÓN DE LOS 33 DÍAS 

VIGÉSIMO NOVENO DÍA

ESTÁIS EN LA HORA FINAL

Hijos amantísimos: María, Maestra de los apóstoles de los Últimos Tiempos, os llama a formar parte de mi Ejército Victorioso. Soy su capitana; poneos pues bajo mis órdenes como soldados rasos. Os armaré con suficiente munición del Cielo de tal modo, que salgáis a batallar sin miedo.

Porque siempre estaré a la vanguardia lista para protegeros.

San Miguel Arcángel caminará con vosotros, presto en levantar su espada contra el Adversario y sus secuaces. Estáis en la hora final; porque muchas legiones de demonios han sido soltadas del Infierno para tentar, para hacer caer a muchísimas almas en pecado mortal.

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Estáis en la hora final, porque secretamente se gesta un plan que pretende llevar la Iglesia a la más abrupta desolación. Quiere acabarla porque es la Iglesia verdadera fundada por Jesucristo.

Estáis en la hora final. Por eso el Espíritu Santo descenderá para instaurar el Reino Glorioso de Cristo. Reino de amor, de justicia y de paz.

Estáis en la hora final, porque pronto el Espíritu Santo vendrá a vosotros por medio del triunfo de mi Inmaculado Corazón y el Reinado del Sagrado Corazón de Jesús.

Estáis en la hora final, porque estáis viviendo tiempos de confusión y perturbación de espíritu.

Estáis en la hora final, porque Satanás con su astucia ha logrado difundir el error bajo supuestas modernas interpretaciones, llevando a muchos de mis hijos al pecado.

Porque todo es llevado a una falsa sicología de la conducta humana, en la que todo es permitido. Ya que el mal no existe.

Lo que antes era pecado, ya es tomado como un patrón de comportamiento normal.

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Estáis en la hora final, porque podéis ver la deserción de vocaciones en los conventos y casas religiosas. Porque Satanás ha penetrado dentro de ellas sembrando el caos, la confusión; llevándolas a perder el carisma por el cual fueron fundadas.

Estáis en la hora final, porque cuando el Santo Padre, el Papa; habla enérgicamente de las verdades de la fe Católica; es criticado y menospreciado públicamente.

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Estáis en la hora final, por eso tantos hijos míos andan de un lado para otro por el prurito de oír novedades; cuando la verdadera novedad está en el Sagrario, en las Sagradas Escrituras y en el Magisterio de la Iglesia.

Estáis en la Hora Final y por eso os llamo a caminar por las sendas de la santidad, de la oración y de la reparación. Porque estáis en el umbral de todos los acontecimientos profetizados.

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Estáis en la hora final, por eso el Padre Eterno, me ha permitido descender hasta vosotros para consolaros; ya que estáis entrando en el tiempo de la agonía y abandono.

PRONTO LA HUMANIDAD ENTERA SABOREARÁ EL CÁLIZ DE LA AMARGURA.

Estáis en la hora final, por eso os recuerdo de nuevo los mismos mensajes que desde hace muchos años he estado hablando al mundo entero. Mensajes que deben parecerse, porque soy yo quien los transmito.

Estáis en la hora final, por eso muy pronto terminará el Tiempo de la Tribulación profetizado en las Sagradas Escrituras. Tiempo que antecederá al Segundo Advenimiento de Jesús.

Estáis en la hora final, por eso el tiempo se os ha abreviado. Porque muchísimas almas están a punto de perderse.

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Estáis en la hora final, abridme las puertas de vuestro corazón. Dejadme actuar en vosotros. Os arrancaré de las garras de Satanás. Os llevaré conmigo y os guardaré en el pequeño resto fiel de mi Iglesia; para que no seáis confundidos, ni engañados.

Estáis en la hora final, por eso os pido a todos la consagración a mi Inmaculado Corazón.

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Consagración en la que María, Maestra de los apóstoles de los Últimos Tiempos, os forma. Os prepara para la Segunda Venida de Jesús.

Consagración dictada directamente por mí, porque os llegó la hora de despertar de vuestro sueño letargo. Os llegó la hora de tomar muy en serio mis palabras, mis advertencias de este final de los tiempos.

Consagración en la que recopilo mis mensajes dados en muchas partes del mundo.

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 Pero aún así, los hombres no vuelven sus ojos y su corazón a Dios.

Consagración en la que os recuerdo todos los acontecimientos anunciados por los profetas a través del tiempo.

CONSAGRACIÓN EN LA QUE RECIBIRÉIS EL SELLO DE LA SANTA CRUZ EN LA FRENTE Y EN LA MANO.

 Consagración que os llamo a difundir sin miedo, sin temor. Porque si vosotros no habláis, las piedras gritarán.

LAS PIEDRAS GRITARÁN

Consagración que será uno de los últimos llamamientos maternales a la humanidad, porque si el pueblo no se convierte perecerá.

Consagración que moverá a muchos de mis hijos al arrepentimiento, a un cambio en sus vidas.

Consagración que tendrá muchos enemigos; porque el Adversario no quiere que el mundo sea avisado de todos los sucesos que sobrevendrán a la tierra.

LAS PIEDRAS GRITAN EN SEUL

Virtud de la Santidad.

Os llamo a que seáis santos.

Os llamo a que vuestras obras sean tan claras como la luz en pleno día. Os llamo a que habléis solamente de las grandezas y de la magnificencia del Señor.

Os llamo a que cerréis vuestros labios a toda crítica. Os llamo a que cerréis vuestros labios a toda palabra tosca, a toda palabra de doble sentido.

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Os llamo a que enaltezcáis el Santo Nombre del Señor con vuestra vida de rectitud.

Os llamo a que seáis verdaderos signos de alabanza, verdaderos signos de adoración y de gloria, viviendo santamente. La vida de santidad no hace ruido.

La vida de santidad se desarrolla de acuerdo al Evangelio, de acuerdo a los principios doctrinales de las Sagradas Escrituras. No busquéis lo extraordinario, desde lo ordinario os podéis hacer santos.

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No busquéis lo novedoso, desde lo simple podéis escalar altas cimas de la santidad. Que la constante en vuestras vidas sea la santidad, sea la consecución de salvación de vuestra alma.

IMITAD AL SANTO DE LOS SANTOS, imitadme a mí también, hijos amados, en las virtudes con las que fui adornada.

NOSSA SENHORA

Guardad mis consejos en vuestro corazón y vividlos día a día. Meditad en mis palabras y llevadlas a la praxis.

Meditad en mis palabras y llevadlas a la realidad. Es decir, no guardándolas, no olvidándoos de ellas. Es hacerlas vida en vuestras vidas.

Os amo y os bendigo: Amén.

TRIGÉSIMO DÍA

CONSAGRAOS A MI INMACULADO CORAZÓN

Hijos míos: NO TENGÁIS MIEDO A MIS PALABRAS. Estos mismos mensajes han sido transmitidos a las almas privilegiadas en varias partes del mundo. Aquí en esta consagración lo único que hago es volver a recordar.

Porque algunos de vosotros sois sumamente olvidadizos y algunos han guardado mis lecciones de amor en las gavetas oxidadas y empolvadas de sus corazones.

No os hablo nada nuevo. Sólo os instruyo, os educo; porque soy María, Maestra de los apóstoles de los Últimos Tiempos.

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Y la misión de una maestra es formar a sus discípulos. Llevarlos por los caminos del bien, sacarlos de su ignorancia y darles toda la sabiduría necesaria, para que en un futuro construyan proyectos de vida: sólidos, firmes.

Carísimos hijos: la Consagración a mi Inmaculado Corazón y la conversión transformante, son medios que os favorecerán en este tiempo de tribulación y de justicia. Porque “Mirad que va a llegar el Día del Señor, día horroroso y lleno de indignación. Y de ira y de furor; para convertir en un desierto la tierra y borrar de ella a los pecadores. Porque las más resplandecientes estrellas del cielo no despedirán la luz acostumbrada: se oscurecerá el sol al nacer y la luna no alumbrará con su luz. Y castigaré a la tierra por sus maldades y a los impíos por su iniquidad. Y pondré fin a la soberbia de los infieles y abatiré la arrogancia de los fuertes. (Isaias 13, 9-11)

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Hoy mismo tomad la decisión de dar muerte al hombre viejo. Hombre que camina tras las obras de las tinieblas, mas no de la luz.

Hombre que encuentra gozo en los placeres furtivos del mundo. Hombre aferrado al dinero. Hombre concupiscente, carnal.

Hombre que adora falsos dioses. Hombre que transgrede los Mandatos Divinos. Hombre que se zambulle en el lodazal de sus pecados.

Hombre que no ha conocido a Jesucristo porque no vive su Palabra, actúa contrariamente al Evangelio.

JESUS VERBO DIVINO

Ya es la hora que volváis vuestro corazón al Señor. No posterguéis más vuestra conversión. Satanás os la hace aplazar, porque sabe del poco tiempo que os queda.

El Retorno Glorioso de Jesús está muy próximo.

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Que no os pase como las vírgenes necias que se durmieron y a la media noche llegó el esposo y las sorprendió con sus lámparas apagadas y sin provisión de aceite; salieron a la tienda a comprarlo y no alcanzaron a entrar a las bodas, les cerraron la puerta. “Así que velad vosotros, ya que no sabéis ni el día ni la hora”. (Mateo 25, 13).

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Día en que el Hijo del Hombre venga en su gloria y se reúnan en su Presencia todas las gentes. Día en que separará a unos de otros como el pastor separa a las ovejas de los cabritos.

 Día en que pondrá las ovejas a su derecha y los cabritos a su izquierda: “entonces el rey dirá a los que estarán a su derecha: venid, benditos de mi Padre, a tomar posesión del Reino Celestial, que os está preparado desde el principio del mundo” (Mateo 25,34).

VENID BENDITOS

“Al mismo tiempo dirá a los que estarán en la izquierda: “apartaos de Mí, malditos: id al fuego eterno, que fue destinado para el diablo y sus ángeles o ministros” (Mateo 25, 41).

SEPARANDO OVEJAS

Hijos amantísimos: dejad ya vuestro pecado. Grabad con letras de oro en vuestro corazón, ésta, mi lección de amor.

Meditad lo que os dice las Sagradas Escrituras, libro Santo con el que os formo como apóstoles de los Últimos Tiempos.

Libro Santo que ha de ser el manual de vuestras vidas. Libro Santo en el que debéis meditar y discernir bajo la luz del Espíritu Santo. Libro Santo que debéis de llevar escrito en vuestros labios y en vuestro corazón; porque en él hallaréis la salvación. En él sabréis cuál es el camino que os lleva al Cielo.

Una vez hayáis iniciado vuestro proceso de conversión transformante; enrolaos en el Ejército Victorioso de los Corazones Triunfantes y consagraos a mi Inmaculado Corazón. Porque os quiero sustraer de todo lo profano, para que hagáis de vuestra vida culto de adoración al Señor. Himno y ofrenda de gloria a su Santo Nombre.

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Consagraos a mi Inmaculado Corazón y entregaos por entero a mí, que os arroparé bajo los pliegues de mi Sagrado Manto. Os defenderé del Adversario, porque sois mis soldados rasos. Os arrancaré con la Señal de Cristo como elegidos de Dios.

Consagraos a mi Inmaculado Corazón, para yo disponer de vosotros libremente y dirigir vuestras vidas según mis designios.

Consagraos a mi Inmaculado Corazón, que seré vuestro refugio. REFUGIO EN EL QUE CONTEMPLARÉIS LOS ACONTECIMIENTOS PROFETIZADOS,

PRONTOS POR REALIZARSE PLENAMENTE.

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Refugio en el que NO SENTIRÉIS MIEDO por mis advertencias Marianas en este Final de los Tiempos. Refugio en el que os calentaré con la llama del mi Amor Santo, porque habrá una semana de terrible hielo en la tierra.

Refugio en el que pasaréis desapercibidos, cuando el hombre impío haga su aparición en el mundo entero.

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REFUGIO QUE OS MANTENDRÁ OCULTOS FRENTE A LOS PÉRFIDOS ATAQUES DE SATANÁS

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Virtud de la oración

SI NO ORÁIS PERECERÉIS. Si no oráis os marchitaréis como cuando a una rosa o a una flor le falta el aire, le falta el agua.

Si no oráis moriréis como al girasol le falta el sol, o como al pez le falta el agua. Orad sin nunca cansaros.

La oración os lleva a un encuentro de corazón a corazón con el Amor Santo y Divino.

La oración os lleva a un vaciar vuestro corazón de vuestras preocupaciones.

recibiendo gracia

La oración os lleva a llenaros de las gracias del Cielo.

La oración es la columna vertebral que sostiene vuestro cuerpo espiritual.

LA ORACIÓN HA DE CONVERTIRSE EN VUESTRO PULMÓN, EN VUESTRO CORAZÓN

cuerpo

La oración es el único medio con el cual podéis ir cortando con vuestras ataduras. Podéis ir recobrando la libertad.

Podéis ir muriendo a vuestro hombre viejo, ya que la oración hace de vosotros hombres nuevos. Hombres radiantes, hombres impregnados de la fragancia exquisita de los Cielos.

La oración os hace radiantes, os revitaliza, os da armonía, os da regocijo y os da paz.

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Emprended pues, el gran camino de la oración. Oración que se convierte en los más bellos himnos, en los más hermosos cantos celestiales.

Oración que ha de resonar en todo el Cielo. Oración que ha de subir como incienso ante la Presencia del Padre Eterno. Os insto, os llamo a que viváis para Dios, ALIMENTÁNDOOS DIARIAMENTE DE LA ORACIÓN.

ORACION Y VIDA

Orad con vuestro corazón, muchas veces cerrando vuestros labios. Sed, almas contemplativas. Sed, almas ansiosas y deseosas del Cielo. Sed, ángeles en la tierra, orando en cada momento; en cada lugar y en cualquier situación específica de vuestras vidas.

Orad también con la Palabra de Dios.

Meditad el Evangelio del día; vividlo, encarnadlo.

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Os bendigo capullos florecientes del vergel de mi Inmaculado Corazón: Amén.

TRIGÉSIMO PRIMER DÍA

 TOMAD MUY EN SERIO ESTA PREPARACIÓN

Amados hijos: abrid vuestro corazón a cada una de mis lecciones de Amor Santo. Meditad en ellas cada día y tomad muy en serio esta preparación para la consagración a mi Inmaculado Corazón.

Preparación que os exige estar en estado de gracia. Preparación que os hará soldados valerosos de mi Ejército Victorioso.

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Preparación que os mostrará eventos de gran magnitud que están por suceder en todo el mundo.

Preparación que adelanta el Triunfo de mi Inmaculado Corazón y por ende el Reinado del Sagrado Corazón de mi Hijo Jesús. Preparación que alerta a la humanidad para el Segundo Advenimiento de Jesús que está muy próximo.

Preparación que os pondrá bajo mis órdenes porque soy la capitana de este gran ejército. Ejército que hará de vosotros apóstoles de luz, porque estáis en la hora de las tinieblas.

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El mundo está envuelto en una capa de oscuridad. Apóstoles de luz que habrán de testimoniar con su vida de santidad. Vida llevada según las directrices del Evangelio.

Apóstoles de luz que brillarán como el resplandor de una estrella porque en su alma hay nitidez, actúan sin fingimiento, en sus obras hay claridad, coherencia. Sanacion-Espiritual-y-del-cuerpo-

Apóstoles de luz que enfrentarán al Adversario, cumpliendo los Mandamientos de la Ley de Dios y de la Santa Madre Iglesia.

Apóstoles de luz que esparcirán la Palabra predicando a tiempo y a destiempo.

Apóstoles de luz fieles a la sana doctrina y a la tradición.

APÓSTOLES DE LUZ QUE SE DEJAN GUIAR POR LAS INSPIRACIONES DEL ESPÍRITU SANTO.

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Apóstoles de luz que estarán en el mundo, pero sin ser del mundo.

Apóstoles de luz que rechazarán rotundamente el error, filosofías llamativas y extrañas.

Apóstoles de luz que andarán por la calle de la amargura, dispuestos a ofrecer consuelo al Corazón agonizante de Jesús.

Apóstoles de luz que ILUMINARÁN EN EL TIEMPO EN EL QUE LA IGLESIA PASE POR LA HORROROSA CRISIS.

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Apóstoles de luz que no se sentirán solos. Percibirán mi presencia, mi amparo maternal.

Apóstoles de luz que difundirán el Evangelio, defenderán la verdad, amarán la Iglesia.

Apóstoles de luz que recorrerán el camino andado por vuestra Madre Celestial; camino que os llevará al Cielo.

Apóstoles de luz que REPARAN CON SU ORACIÓN al Corazón Eucarístico de Jesús, porque es herido por los suyos en su propia casa.

Apóstoles de Luz que resplandecerán por su vida apostólica; porque el celo de su Casa le devora.

Apóstoles de luz que aceptarán los sufrimientos y se adherirán a la Cruz Cristo.

Apóstoles de luz que se dejarán formar e instruir por mí, como el resto fiel de la Iglesia.

Apóstoles de luz que sabrán abrir las puertas de su corazón para que Jesús reine dentro de ellos.

Apóstoles de luz que sabrán llegar al calvario del Mártir del Gólgota DISPUESTOS A MORIR por Jesús y por la Iglesia verdadera.

SIN RENDIRSE JAMÁS

APÓSTOLES DE LUZ QUE AYUDARÁN A LOS PERSEGUIDOS A CAMINAR POR LA SENDA DE LA CONFIANZA Y DE LA SEGURIDAD.

MUERTE Y GLORIA

Apóstoles de luz que responderán a mis llamados, darán a conocer mis mensajes sin miedo.

Apóstoles de luz que harán de su vida: en María, con María, por María y para María.

Apóstoles de luz que comprenderán que a través de mi intercesión maternal se llega a Jesús.

Apóstoles de luz que expandirán el Apostolado de Reparación; porque muy pronto se verán cielos nuevos, tierra nueva.

Apóstoles de luz que se sentirán gozosos en la persecución porque de ellos será el Reino de los Cielos.

SEÑOR, DAME LA FUERZA

SEÑOR, DAME LA FUERZA

Hijos carísimos: consagraos totalmente a mí, que soy Madre de la Esperanza y de la consolación; porque días aciagos están por venir.

El día fuerte de la Tribulación está tocando vuestras puertas. La bestia semejante a una pantera negra, llevará a la Iglesia a una dolorosa agonía.

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 Los dolores de parto han comenzado. Combatid conmigo las fuerzas tenebrosas del mal. Pronto pisaré con mi talón la cabeza de la serpiente.

GUERRERO VICTORIOSO

Combatid conmigo las fuerzas tenebrosas del mal, difundiendo esta consagración. Necesito abrirle los ojos a muchos de mis hijos que aún están somnolientos.

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Satanás los ha adormecido, los ha sumergido en un aletargamiento espiritual.

Combatid conmigo las fuerzas tenebrosas del mal, venerándome como: María, Maestra de los apóstoles de los Últimos Tiempos. Maestra que os está formando y preparando como GUERREROS DE DIOS en mi Ejército Victorioso.

GUERREROS DE DIOS

Combatid conmigo las fuerzas tenebrosas del mal, orando el Santo Rosario.

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Arma letal que encadenará a Satanás en este Final de los Tiempos.

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Combatid conmigo las fuerzas tenebrosas del Mal; reparando por vuestros pecados y los pecados de la Humanidad entera.

ARMADURA DE DIOS

Combatid conmigo las fuerzas tenebrosas del mal, como soldados rasos de mi Ejército Victorioso; porque el pecado ha envuelto al mundo.

El mal se ha difundido por todas partes como una terrible epidemia. Epidemia que está llevando a muchos hombres a la MUERTE ESPIRITUAL.

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Virtud del silencio

Debéis ejercitaros en la virtud del silencio, silencio exterior e interior. Aprended a moderar vuestras palabras. Aprended a interiorizar, a meditar.

No pequéis por exceso en el hablar.

Si queréis alcanzar la sabiduría, debéis aprender a silenciar vuestras tres potencias: cuerpo, alma y espíritu.

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La paz en vuestra alma la encontraréis en el silencio. Silencio que ha de elevar vuestro espíritu al Cielo y uniros en un idilio de Amor Divino.

Silencio que os hará más inteligentes, más receptivos a la Voz del Divino Maestro.

Silencio que os habrá de llevar a la sobriedad, a la quietud, a la armonía, al equilibrio emocional.

Los grandes sabios, los grandes santos supieron colocar mordaza en sus labios. Supieron abrir su corazón y su entendimiento a la Sabiduría Divina.

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La virtud del silencio, os hará aceptos y agradables ante la presencia de los hombres.

La virtud del silencio, os hará almas prudentes, delicadas, moderadas en vuestro hablar.

La virtud del silencio, os adentrará en las sendas de la contemplación, en la ruptura con las cosas del mundo.

CONTEMPLACION

La virtud del silencio, os llevará a la adquisición de la virtud de la prudencia. Ambas os dan crecimiento espiritual, dan fin a la procacidad de vuestras palabras.

Hijos míos: EN EL SILENCIO ESCUCHARÉIS LA VOZ DE DIOS.

En el silencio, podréis encontraros más fácilmente con el Señor. Sus Palabras Divinas caerán en la profundidad de vuestro corazón como susurros de brisa suave.

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En el silencio, os encontraréis con vosotros mismos. Descubriréis vuestras flaquezas, vuestras debilidades. Tendréis oportunidad de consideraros ínfimos; porque aún sois obras de arte, no terminadas.

En el silencio, os regocijaréis; nadaréis en una paz infinita.

En el silencio, vuestro corazón se ensanchará al Amor de Dios. Percibiréis mi presencia maternal, mi calidez de Madre.

Hijitos míos: evitad la palabrería. Hablad con sutileza y silenciad vuestras potencias, de tal modo, QUE APRENDÁIS A TENER UN ENCUENTRO CARA A CARA CON DIOS.

Cristo, encuentro con

CORONILLA DE PROTECCIÓN Y LIBERACIÓN

PARA DEFENDERNOS Y HACERLA EN TODO MOMENTO

(De rodillas y con los brazos en cruz)

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(Con un Rosario común de 50 cuentas)

EN LAS CUENTAS GRANDES:

¡Ave María Purísima sin pecado concebida, hija de San Joaquín y Santa Ana, María Santísima!

EN LAS CUENTAS PEQUEÑAS:

¿Quién como Dios? Nadie como Dios

EN EL GLORIA:

Huid poderes malignos, venció Cristo el Señor.

AL FINAL DE LAS CINCO DECENAS:

Corazones triunfantes de Jesús y María, reinad en mi vida y en mi corazón. (Se repite tres veces)

LETANÍAS AL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA

Señor, ten piedad.   Señor, ten piedad.

Cristo, ten piedad.  Cristo, ten piedad.

Señor, ten piedad.  Señor, ten piedad.

Cristo, óyenos.  Cristo, óyenos.

Cristo, escúchanos.  Cristo, escúchanos.

Dios Padre celestial. Ten misericordia de nosotros.

Dios Hijo Redentor del mundo. Ten misericordia de nosotros.

Dios Espíritu Santo.  Ten misericordia de nosotros.

Santa Trinidad, un solo Dios. Ten misericordia de nosotros.

Santa María, Corazón Inmaculado de María. Ruega por nosotros.

Corazón de María, lleno de gracia. Ruega por nosotros.

Corazón de María, vaso del amor más puro. Ruega por nosotros.

Corazón de María, consagrado íntegro a Dios. Ruega por nosotros.

Corazón de María, preservado de todo pecado. Ruega por nosotros.

Corazón de María, morada de la Santísima Trinidad. Ruega por nosotros.

Corazón de María, delicia del Padre en la Creación. Ruega por nosotros.

Corazón de María, instrumento del Hijo en la Redención. Ruega por nosotros.

Corazón de María, la esposa del Espíritu Santo. Ruega por nosotros.

Corazón de María, abismo y prodigio de humildad. Ruega por nosotros.

Corazón de María, medianero de todas las gracias. Ruega por nosotros.

Corazón de María, latiendo al unísono con el Corazón de Jesús. Ruega por nosotros.

Corazón de María, gozando siempre de la visión beatífica. Ruega por nosotros.

Corazón de María, holocausto del amor divino. Ruega por nosotros.

Corazón de María, abogado ante la justicia divina. Ruega por nosotros.

Corazón de María, traspasado de una espada. Ruega por nosotros.

Corazón de María, coronado de espinas por nuestros pecados. Ruega por nosotros.

Corazón de María, agonizando en la Pasión de tu Hijo. Ruega por nosotros.

Corazón de María, exultando en la resurrección de tu Hijo. Ruega por nosotros.

Corazón de María, triunfando eternamente con Jesús. Ruega por nosotros.

Corazón de María, fortaleza de los cristianos. Ruega por nosotros.

Corazón de María, refugio de los perseguidos. Ruega por nosotros.

Corazón de María, esperanza de los pecadores. Ruega por nosotros.

Corazón de María, consuelo de los moribundos. Ruega por nosotros.

Corazón de María, alivio de los que sufren. Ruega por nosotros.

Corazón de María, lazo de unión con Cristo. Ruega por nosotros.

Corazón de María, camino seguro al Cielo. Ruega por nosotros.

Corazón de María, prenda de paz y santidad. Ruega por nosotros.

Corazón de María, vencedora de las herejías. Ruega por nosotros.

Corazón de María, de la Reina de Cielos y Tierra. Ruega por nosotros.

Corazón de María, de la Madre de Dios y de la Iglesia. Ruega por nosotros.

Corazón de María, que por fin triunfarás. Ruega por nosotros.

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo. Perdónanos Señor.

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo. Escúchanos Señor.

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo. Ten misericordia de nosotros.

V. Ruega por nosotros Santa Madre de Dios. R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

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Oremos:

Tú que nos has preparado en el Corazón Inmaculado de María una digna morada de tu Hijo Jesucristo, concédenos la gracia de vivir siempre conformes a sus enseñanzas y de cumplir sus deseos. Por Cristo tu Hijo, Nuestro Señor. Amén.

5. Oración final

Santísima  Virgen  María,  Maestra  de  los  apóstoles  de  los  últimos  tiempos, preparadme  con  vuestras  lecciones  de  amor  al  segundo  advenimiento  de vuestro  Hijo  Jesús.  Avivad  mis  sentidos  para  que  guarde  en  mi  corazón vuestras enseñanzas, enseñanzas que son doctrina segura que me adentran al cielo. Despertad en mí: celo insaciable por la salvación de mi alma, desapego al mundo y anhelos de santidad. Instruidme en la ciencia de la cruz para que acepte  con  beneplácito  el  sufrimiento  y  me  haga  heredero  de  uno  de  los aposentos de vuestro Inmaculado Corazón. Arropad todo mi ser con vuestros rayos de luz para que seáis mi Maestra y yo vuestro discípulo, discípulo que imite vuestras adorables virtudes para ser bien visto ante los ojos de vuestro Hijo. Fortalecedme en este tiempo de la tribulación, cercenad mi corazón con vuestra  espada  de  doble  filo  y heridlo  de  amor, para que  vuestra  presencia siempre me acompañe hasta el día del retorno de Nuestro Señor Jesucristo. Madre Celestial, Maestra de los apóstoles de los últimos tiempos, preservad nuestra Iglesia frente a toda apostasía, herejía y cisma. Conservadnos fieles a la Tradición de la Iglesia e instruidnos con vuestra Sabiduría Divina para que la luz del Espíritu acreciente nuestra fe, nos muestre el camino de salvación y lleve nuestro corazón a la santidad. Madre Celestial, Maestra de los apóstoles de los últimos tiempos, guardad al resto santo en vuestro Inmaculado Corazón hasta el día de la segunda llegada de vuestro Amadísimo Hijo Jesús. Amén.

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6. CONSAGRACION A MARÍA INMACULADA (De S. Luis María Griñón de Montfort)  María Inmaculada, dulce Soberana mía, cuanto me alegro de ser tu esclavo de amor. Te  confío  y  consagro  mi  cuerpo  y  mi  alma,  con  todos  mis  bienes interiores  y  exteriores,  naturales  y  sobrenaturales,  pasados,  presentes  y futuros. Quiero también en este día ganar cuantas indulgencias pueda, y te las entrego. María,  Madre  mía,  renuncio  a  mi  propia  voluntad,  a  mis  pecados,  a  mis disposiciones e intenciones.  Quiero lo que tu quieras: me arrojo en tu Corazón abrazado  de  Amor  Divino,  divino  molde  en  que  debo  formarme;  en  él  me escondo y me pierdo para orar, obrar y sufrir, siempre por ti, contigo, en ti y para ti, a la mayor gloria del Sagrado Corazón de Jesús, tu Divino Hijo, Amén.

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R18.- RECOGIMIENTO,VERACIDAD Y CASTIDAD


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Pasos: 1. Santo Rosario, meditado y con las letanías. 2. Meditación del día y una virtud. 3. Coronilla de protección. 4. Letanías al Inmaculado Corazón. 5. Oración final. 6. Consagración

33 DIAS, SIN INTERRUPCION

EN GRACIA

EUCARISTIA DIARIA

ROSARIUM  Signum Crucis

Per signum Crucis de inimicis nostris libera nos, Deus noster. In nomine Patris, et Filii, et Spiritus Sancti. Amen

SANTO ROSARIO con las letanías. Gozosos: Los días Lunes y Sábados. Dolorosos: Los días Martes y Viernes. Luminosos: Los Jueves. Gloriosos: Los días Miércoles y Domingos

JACULATORIA DESPUES DE CADA MISTERIO:

Jesús, es por tu amor, por la conversión de los pecadores, por el Santo Padre y en reparación de las injurias hechas al Inmaculado Corazón de maría. Jesús, perdónanos nuestras culpas, presérvanos del fuego del infierno. Lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a  las más necesitadas de tu misericordia. Dios mío yo creo,  adoro, espero y os amo y os pido perdón por los que  no creen, no adoran, no esperan y no os aman. Santísima Trinidad: Padre,  Hijo y Espíritu  Santo, os adoro profundamente,  os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo presente en todos los Tabernáculos del mundo, en reparación de los ultrajes, de los sacrilegios y de las indiferencias con los cuales es ofendido; por los méritos infinitos del Sagrado Corazón de Jesús  y  del  Corazón  Inmaculado  de  María  os  pido  por  la  conversión  de  los  pobres pecadores.

Oh María Madre mía, sé nuestro amparo y protección en estos días de purificación.  Corazones de Jesús, María y José, dadnos la salvación y llevadnos a la gloria del Padre.  Amén.

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MEDITACIÓN DE LOS 33 DÍAS 

VIGÉSIMO DÍA

PREPARAOS PARA EL SEGUNDO PENTECOSTÉS

Hijos carísimos: el Segundo Pentecostés vendrá; porque algunas almas se han ofrecido como víctimas, como pequeños pararrayos del Gran Pararrayos que es Jesucristo, Víctima Divina.

El Segundo Pentecostés vendrá; porque mi Ejército Victorioso siempre se mantendrá en pie, el Adversario nunca podrá derribarlo.

El Segundo Pentecostés vendrá como susurros de brisa suave. Brisa que humedecerá la tierra árida. Brisa que transformará el desierto en un manantial de aguas abundantes. Brisa que hará florecer valles resecos y marchitos. Brisa que dará mayor verdor a los árboles.  Brisa que servirá como abono para que la cosecha dé frutos abundantes.

El Segundo Pentecostés vendrá, para purificar la Iglesia. Iglesia que se volverá diáfana, limpia. Iglesia que vivirá humilde y pobremente. Iglesia que imitará las virtudes de su Madre Virginal.

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El Segundo Pentecostés vendrá, para Jesús instaurar su Reino de amor entre vosotros. Reino que no es como los de la tierra. Su reino es un reino de paz y de justicia. Reino de misericordia y de bondad infinita.

El Segundo Pentecostés vendrá, para dar al mundo el orden para el cual fue creado. Mundo actual: apartado de las leyes de Dios, secularizado, encaminado a la consecución del placer y de los bienes materiales.

El Segundo Pentecostés vendrá y EL ESPÍRITU SANTO DESCENDERÁ CON ÍMPETU Y FUERZA; para que Jesús sea mayormente amado y conocido.

El segundo Pentecostés vendrá, porque habrá un solo rebaño y un solo Pastor. Yo, como Madre de la Iglesia seguiré guiando la vida de mis hijos.

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El segundo Pentecostés vendrá; una vez la Iglesia haya sido purificada y renovada por grandes sufrimientos. Cuando aplaste con mi talón la cabeza de la serpiente, las puertas del infierno se cerrarán y el mundo nuevo vivirá como si no existiese el pecado.

El Segundo Pentecostés vendrá; para liberar al mundo del yugo del pecado y de Satanás. Liberación que se dará por medio de la Gran Purificación y del Castigo.

Purificación que dará fin a la humanidad pecadora. Purificación que abrirá las puertas de la Nueva Jerusalén. Purificación que volverá al orden primero de la creación; porque muy pronto veréis cielos nuevos y tierra nueva.

El Segundo Pentecostés vendrá, para dar muerte al dragón rojo y a la bestia negra, (el comunismo y la masonería)

3dragonrojo

Porque la Iglesia después de haber pasado por una horrorosa crisis, volverá a renacer; resplandecerá en su plenitud.

El segundo Pentecostés vendrá; porque una porción amada, el resto fiel; no se dejará tambalear por las fuertes tormentas, ni por los vientos impetuosos que soplen sobre ella.

YO LA ESCONDERÉ EN MI INMACULADO CORAZÓN, LA OCULTARÉ DEL ADVERSARIO, la conservaré intacta, pura.

El segundo Pentecostés vendrá; porque es necesaria la purificación para la Iglesia. Es urgente el Segundo Advenimiento de Jesús. Muchas almas se condenarán si el tiempo no es abreviado.

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El Segundo Pentecostés vendrá; porque son muchas las almas que no atienden al llamado de la conversión. Son muchas las almas que desprecian los Sacramentos.

Son muchas las almas que hieren el Sacratísimo Corazón de Jesús con su pecado, con su desobediencia a las leyes y mandatos Divinos.

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El Segundo Pentecostés vendrá, después que la Iglesia haya pasado por un Viernes Santo. Viernes Santo que la llevará a su máxima purificación. Viernes Santo que la sumirá en un profundo sufrimiento; para llevarla al nivel más alto de perfección.

Hijos amados: preparaos para el Segundo Pentecostés. Consagrándoos a mi Inmaculado Corazón, perteneciendo al Ejército Victorioso de los Corazones Triunfantes.

Preparaos para el Segundo Pentecostés, promoviendo el Apostolado de Reparación. Apostolado que unido a la consagración, antepondrá el Triunfo de mi Inmaculado Corazón.

Triunfo que se dará en el mismo instante del Segundo Regreso de Jesús.

Preparaos para el Segundo Pentecostés, adorando a Jesús Presente en la Sagrada Eucaristía.

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Eucaristía que os dará fuerza en este tiempo de Tribulación. La Eucaristía os dará coraje para enfrentar la Gran prueba.

Prueba que involucrará a la Humanidad entera. Prueba que precederá a la Nueva Jerusalén.

Preparaos para el Segundo Pentecostés, orando la corona del Santo Rosario. Corona que os revestirá de gracia para que no cedáis a la tentación y por ende al pecado. Corona que me impulsará a protegeros como una buena madre cuida de sus hijos.

Corona que unirá vuestro corazón a mi Inmaculado Corazón; para que así sintáis mi Presencia en los días aciagos que os esperan.

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Virtud del recogimiento

Regocijaos en el Señor y disfrutad de la dicha verdadera.

Regocijaos en el Señor y aspirad su fragante nardo.

Regocijaos en el Señor y vuestro espíritu volará al cielo.

Regocijaos en el Señor y vuestro corazón se inflamará de amor por su Presencia.

Hijitos míos evitad la distracción, el ruido; internaos en el espesor del Sagrado Corazón y descansad en Él. Escuchad sus latidos. Latidos que son como sinfonías celestiales que os arrullan. Latidos que son como cantos de Ángeles que son suave melodía.

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Latidos que son murmullos de Nuestro Señor para que lo améis, lo adoréis, lo alabéis y lo glorifiquéis.

Cuando estéis frente al Señor no pensad en nada. Silenciaos exterior e interiormente. Al principio os costará; pero iréis aprendiendo hasta que seáis alma contemplativa.

En el recogimiento, podréis hablarle a Jesús de corazón a corazón. Él os hablará muy en la profundidad de vuestro corazón.

En el recogimiento, os salís del ámbito terrenal para adentraros en una esfera celestial.

En el recogimiento, el Espíritu Santo os soplará más fuerte. Descenderá con ímpetu, os cubrirá con sus alas de color plata.

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En el recogimiento, os olvidáis del tiempo. El reloj cesa, deja de marcar la hora, cruzáis el umbral de la eternidad.

Sed pues, almas recogidas. Almas que pidan mi intercesión, para que el Señor os conceda esta virtud.

Cuando estéis orando, desconectaos con el mundo que la oración es un DIÁLOGO, un encuentro recíproco de amor.

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Sed galantes, reverentes. Abismaos en el Señor. Sentidle en vuestro corazón. Cubridle con vuestros besos. Estáis en Él y frente a Él. No os dejéis robar este bello momento.

Lo que hoy es, mañana puede ser una ilusión, un espejismo, una quimera.

El recogimiento es descanso, sosiego, éxtasis de amor.

VIGÉSIMO PRIMER DÍA

SOY REINA DE LA FAMILIA  

Hijos míos: dad beneplácito a mi Inmaculado Corazón, convirtiéndoos del todo al Señor. Dios es sumamente Compasivo y Misericordioso para con el pecador. Dios en el que podréis encontrar toda complacencia.

Dad beneplácito a mi Inmaculado Corazón y abridme las puertas de vuestro hogar, que soy Reina de las familias. Familias que deben transformarse en un segundo hogar de Nazaret, con un toquecito de mi amor maternal.

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Familias que deben permanecer unidas, ligadas dulcemente a nuestros Sacratísimos Corazones. Familias en las que debe primar el diálogo, la tolerancia y el respeto mutuo. Familias que deben ser escuela de valores; porque es aquí la iglesia doméstica, donde se construye, se edifica el proyecto de los hijos.

Yo soy Reina de la familia y os llamo a la fidelidad conyugal. No hagáis de vuestros lechos matrimoniales nidos de demonios.

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PORQUE EL ADULTERIO ES LA PUERTA ABIERTA QUE HA LLEVADO A MUCHÍSIMAS ALMAS A LA CONDENACIÓN ETERNA.

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Allí en el Infierno; este pecado es castigado con máxima crueldad.

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PORQUE EL MATRIMONIO ES UN SACRAMENTO, UNA FUENTE DE GRACIA PARA LA SANTIFICACIÓN Y LA SALVACIÓN.

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Yo soy Reina de la familia. Reina que os pide un puesto de importancia en vuestro hogar. Reina que debe ser homenajeada con su oración predilecta, el Santo Rosario. Rosario que rezado en familia, os une en un amor ágape.

 El Enemigo no podrá entrar al seno familiar, porque con el prodigio de esta oración, las puertas y ventanas son cerradas.

 Raudales de bendiciones os lloverán del Cielo como susurros de brisa suave; porque tendréis como intercesores: la corte celestial durante vuestras vidas y en la hora de la muerte.

Yo soy Reina de la familia. Reina que os concederá una gracia especial, si atendéis a mi llamado; porque Satanás ha entrado en vuestros hogares por medio de la televisión y de la Internet.

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Os está desuniendo, os está robando el tiempo para que no oréis. Os entretiene sutilmente para sustraeros de las cosas de Dios.

Yo soy Reina de la familia. Reina que quiere perfumar vuestra casa con su presencia. Reina que os quiere preservar del Adversario porque él pretende destruir y acabar con las familias.

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Familias que están perdiendo identidad. Familias en las que ha penetrado el espíritu de división. Familias en las que poco se cultivan los valores espirituales y religiosos.

Yo soy Reina de la familia. Familia que en este Final de los Tiempos, está siendo semidestruida por la influencia del modernismo.

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Está tiñéndose de oscuridad; porque muchos padres han perdido autoridad sobre sus hijos. Hijos que quieren gobernarse por sí solos. Hijos que carecen de la figura paterna o materna. Hijos que les ha tocado vivir un tiempo fuerte de confusión; porque estáis en la época en que a lo bueno se le llama malo y a lo malo, bueno.

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Yo soy Reina de la familia y os traigo un mensaje esperanzador: muy pronto mi Inmaculado Corazón triunfará. MUY PRONTO; muy pronto veréis cielos nuevos y tierra nueva. Muy pronto veréis a la mujer vestida de sol pisando con su talón la cabeza de la serpiente.

16Virgen de la Medalla Milagrosa

Por eso hijos míos: atended a mi llamado de CONVERSIÓN. Volved al seno de vuestro Padre. Él os espera para abrazaros como a hijos pródigos. Él os espera para quitar los ropajes de mendicidad que lleváis puestos y vestiros con trajes nuevos.

Él os espera para recibiros con una gran fiesta. Fiesta porque habéis vuelto a su regazo Paternal. Fiesta porque habéis respondido con prontitud mi solicitud. Fiesta porque al fin reaccionasteis, despertasteis de vuestro sueño, os propusisteis hacer de vuestra familia un encuentro recíproco de amor; tienda de encuentro porque allí habita Dios.

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Allí están los Santos Ángeles que le adoran. Allí está San José proveyéndoos del pan.

Allí estoy yo arropándoos bajo la orla de mi manto celestial y dándoos alimento sólido. Porque una vez iniciasteis el proceso de consagración a mi Inmaculado Corazón y os estáis haciendo más maduros en la fe.

 Estáis formando parte de mi Ejército Victorioso. Estáis recibiendo la armadura de Dios; para que batalléis como soldados rasos. Estáis recibiendo la marca de los elegidos de Dios.

Hijos carísimos: volved a Dios. No cambiéis las leyes de Dios.

Vivid de acuerdo a sus preceptos. LEGALIZAD LAS UNIONES IRREGULARES BAJO EL SACRAMENTO DEL MATRIMONIO. No pongáis en alto riesgo vuestra salvación.

CONCUBINATO

CONCUBINATO

No contristéis más el Sacratísimo Corazón de Jesús. Consolidad familias de acuerdo al Santo Querer del Señor.

El Adversario, Satanás; las quiere disolver. Influye en el corazón de los hombres para que se acepten y promuevan leyes permisivas.

 Leyes perniciosas que llevan a la degradación moral, al distanciamiento con Dios. Porque el Cielo, jamás aprobará leyes contrarias a las enseñanzas del Divino Maestro.

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Virtud de la veracidad (verdad)

Caminad por los senderos de mi Amor Santo. Senderos adornados de rosas de esplendidos colores. Senderos en los que se os exige renuncias, cambios notorios. Senderos angostos que os llevan al Cielo. Senderos por los que iréis subiendo cimas. Cimas a la santidad.

Si optáis en habitar en uno de los Aposentos de mi Amor Santo debéis sacar de vuestro corazón el feo vicio de la mentira. Vicio que os hace parecidos a Satanás; porque él es el padre de ella.

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Vicio que os traerá problemas. Vicio que os hará remedos del demonio. Vicio que es enfermedad mortal que os mata en vida. Vicio que se lleva la luz de vuestro corazón.

Corazón que pierde su hermosura, su lozanía. Corazón que pierde el aroma de Cristo; ya que la mentira produce olor nauseabundo, mortecino.

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Hijos míos, hablad siempre con la verdad. Por la Verdad, murió Cristo. Por la Verdad, muchos de los santos que hoy gozan de la visión beatífica de Dios en el Cielo, fueron mártires del gran amor del Amor Divino.

La verdad hace de vuestro corazón un manantial de aguas claras, límpidas. La verdad os da brillo, luz. Es como un lucero que os posee.

22lucero

La verdad es como la alborada de la mañana en que la oscuridad se diluye para dar paso a la claridad del día.

La verdad es como el sol radiante en vuestro corazón. Sol que os cubre con su resplandor, os cobija con sus rayos potentes.

¿Por qué mentir, hijos míos; si sois hijos de la verdad?

Llevadla colgada al cuello como si fuese un collar de perlas finas. Llevadla bien guardada en vuestro corazón como si fuese vuestro máximo tesoro. Llevadla en vuestros labios como si fuese dulce miel.

Llevadla en vuestros pensamientos como única razón para existir.

No os engañéis a vosotros mismos. Reconoced que las mentiras piadosas, NO EXISTEN.

23falsedad

Actuad siempre como en la luz del pleno día.

La verdad es sabiduría, valentía.

VIGÉSIMO SEGUNDO DÍA

MIS LECCIONES, CÁTEDRA DE SABIDURÍA

Hijos carísimos, venid a mi escuela maternal. María, Maestra de los Apóstoles de los Últimos Tiempos, os llama a todos vosotros. Porque os quiere formar con sus lecciones de amor. Lecciones que os harán más santos, más sólidos en la fe. Lecciones que os sacarán de vuestra ignorancia espiritual.

Lecciones que os mostrarán el camino hacia la verdad. Verdad porque es doctrina pura, sana. Verdad, porque en nada contradice al Magisterio de la Iglesia y las Sagradas Escrituras.

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Verdad porque son mis palabras. Palabras que debéis saborear como manjar exquisito. Palabras que son dulce miel para vuestro corazón. Corazón que habrá de estar abierto a las mociones del Espíritu Santo. Corazón que habrá de transformarse en un cofre de oro fino, que guarde piedras preciosas.

Tesoros de cuantiosa suma; ya que un alma sencilla y humilde, toma cada una de mis lecciones de amor; como la máxima riqueza que pueda poseer un hombre en la tierra.

Hijos míos: tomad esta preparación, la consagración a mi Inmaculado Corazón; como una gran cátedra de Sabiduría Divina.

 Sabiduría impartida por María, Maestra de los Apóstoles de los Últimos Tiempos. Porque esta es mi misión: enseñaros el camino al Cielo. Profetizaros los acontecimientos que están por suceder. Porque todo lo que está escrito llegará a su culmen, a su final.

25Reina de los profetas

Además de ser una buena madre para con todos vosotros, soy Maestra de los Apóstoles de los Últimos Tiempos. Maestra que ha sido designada por el Cielo para este tiempo decisivo en la historia de la Humanidad.

 Humanidad que tendrá que caminar en dirección opuesta al mundo. Humanidad que deberá regresar a Jesús; porque muy pronto será purificada, renovada.

Humanidad que está siendo avisada, PREPARADA. Porque relativamente os falta muy poco para que veáis al Señor, glorioso en su Trono. Relativamente os falta muy poco para que miréis cómo se abren las Puertas de la Nueva Jerusalén. Relativamente os falta muy poco para el Triunfo de mi Inmaculado Corazón.

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Hijitos amados: convertíos de corazón al Señor. Los hombres de estos tiempos son de duro corazón. Son escépticos a los grandes misterios del Cielo, porque la ciencia los ha vuelto empíricos, racionalistas y hasta fundamentalistas.

Volveos como niños y seguid mi voz. Caminad tras mi perfume. NO TEMÁIS; PORQUE NADA OS SUCEDERÁ,

Os abrigaré bajo los pliegues de mi sagrado manto, porque sé que padeceréis frío. Os ocultaré en uno de los aposentos de mi Virginal Corazón; porque sé que seréis perseguidos, calumniados, injuriados.

Consagraos a mi Inmaculado Corazón; porque las potestades del Infierno no prevalecerán, a pesar de la desobediencia de algunos hijos predilectos.

El Papa, primer representante de Cristo en la tierra, seguirá siendo la máxima autoridad para la Iglesia. Autoridad infalible. Autoridad que debe ser acatada por toda la jerarquía eclesial.

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Las potestades del Infierno no prevalecerán, así la apostasía halla difundido el error indiscriminadamente. Error que ha sembrado la duda e inquietud en el corazón de muchos de mis hijos.

LAS POTESTADES DEL INFIERNO NO PREVALECERÁN, AUNQUE PAREZCA QUE EL MAL HA TRIUNFADO SOBRE EL BIEN.

Las fuerzas de Dios son potentes, indestructibles y eternas.

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Las potestades del Infierno no prevalecerán. San Miguel, Príncipe de la Milicia Celestial; se prepara para descender a la tierra al sonar las trompetas.

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Príncipe que con su espada defenderá la Iglesia, protegerá al resto fiel remanente.

Las potestades del Infierno no prevalecerán. Satanás y sus secuaces serán enviados a los Abismos más profundos del Averno.

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Las potestades del Infierno no prevalecerán. Mi Ejército Victorioso les vencerá, les combatirá con el arma poderosa del Santo Rosario. ARMA QUE LES DEBILITARÁ, LES MENGUARÁ FUERZAS.

29Los 15 Misterios del Santo Rosario

Las potestades del Infierno no prevalecerán. Aún en el momento en que la Iglesia pase por el Viernes Santo. Yo que soy su Madre, estaré presente para consolarla. Porque una vez haya pasado por los dolores del parto, llegará a su máximo esplendor.

Las potestades del Infierno no prevalecerán. Porque el dolor y los sufrimientos gestan un nuevo nacimiento, UNA NUEVA HUMANIDAD.

Las potestades del Infierno no prevalecerán. Porque la “mujer vestida de sol” ha empezado su Gran Batalla. Batalla que disipará las tinieblas; para que la luz de Cristo resplandezca por todas partes.

Batalla en la que la Iglesia caminará en la verdad, en la fidelidad y en la unidad. Batalla que llevo adelante por medio de vosotros, resto fiel.

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Virtud de la castidad

SOIS TEMPLOS VIVOS DE DIOS, sois morada del Espíritu Santo. Sois creados a imagen y semejanza de Dios. Sois hechura de sus venerables manos.

Así es pues hijos míos, que debéis hacer de vuestro cuerpo tabernáculo del Amor Divino. Copón de pureza. Porque nacisteis para el gozo espiritual, para el disfrute de la verdadera vida en Dios.

No mancilléis vuestro cuerpo. Los pecados de la carne ofenden gravemente a Dios. Los pecados de la carne os deforman, os vuelve monstruos.

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Los pecados de la carne os acarrean sufrimientos indecibles en la eternidad.

Los pecados de la carne borran el matiz de Dios, que un día recibisteis cuando fuisteis engendrados en el vientre de vuestras madres. Los pecados de la carne os van consumiendo lentamente hasta que quedéis forrados en el mero hueso.

Id y purificad vuestro corazón en los Ríos de la Gracia. Haced reparación, mortificación y penitencia por las veces que hicisteis de vuestro cuerpo motel de placer, engendro de Satanás.

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Id y purificad vuestro corazón en los Ríos de la Gracia, por las veces que hicisteis de vuestro cuerpo mercadería barata, recinto de prostitución.

La castidad hijos míos, es virtud que os ciñe corona de azucenas en vuestro corazón.

La castidad hijos míos, es virtud que os da candor, pureza.

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La castidad hijos míos, es virtud que os da olor de santidad, fragancia exquisita de cielo.

La castidad hijos míos, es virtud que cubre vuestro cuerpo de ropajes blancos.

La castidad hijos míos, es virtud que hace de vuestro corazón un lirio perfumado.

La castidad hijos míos, es virtud que os ciñe alas de Ángeles.

La castidad hijos míos, es virtud que os da fragancia exquisita; oloroso perfume que es prueba de que Dios habita en vuestro corazón. De que sois portadores de la Pureza Infinita. De que sois vasos cristalinos, espejos nítidos sin manchas.

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CORONILLA DE PROTECCIÓN Y LIBERACIÓN

PARA DEFENDERNOS Y HACERLA EN TODO MOMENTO

(De rodillas y con los brazos en cruz)

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Con un Rosario común de 50 cuentas)

EN LAS CUENTAS GRANDES:

Ave María Purísima sin pecado concebida, hija de San Joaquín y Santa Ana, María Santísima!

EN LAS CUENTAS PEQUEÑAS:

¿Quién como Dios? Nadie como Dios

EN EL GLORIA:

Huid poderes malignos, venció Cristo el Señor.

AL FINAL DE LAS CINCO DECENAS:

Corazones triunfantes de Jesús y María, reinad en mi vida y en mi corazón. (Se repite tres veces)

LETANÍAS AL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA

Señor, ten piedad.   Señor, ten piedad.

Cristo, ten piedad.  Cristo, ten piedad.

Señor, ten piedad.  Señor, ten piedad.

Cristo, óyenos.  Cristo, óyenos.

Cristo, escúchanos.  Cristo, escúchanos.

Dios Padre celestial. Ten misericordia de nosotros.

Dios Hijo Redentor del mundo. Ten misericordia de nosotros.

Dios Espíritu Santo.  Ten misericordia de nosotros.

Santa Trinidad, un solo Dios. Ten misericordia de nosotros.

Santa María, Corazón Inmaculado de María. Ruega por nosotros.

Corazón de María, lleno de gracia. Ruega por nosotros.

Corazón de María, vaso del amor más puro. Ruega por nosotros.

Corazón de María, consagrado íntegro a Dios. Ruega por nosotros.

Corazón de María, preservado de todo pecado. Ruega por nosotros.

Corazón de María, morada de la Santísima Trinidad. Ruega por nosotros.

Corazón de María, delicia del Padre en la Creación. Ruega por nosotros.

Corazón de María, instrumento del Hijo en la Redención. Ruega por nosotros.

Corazón de María, la esposa del Espíritu Santo. Ruega por nosotros.

Corazón de María, abismo y prodigio de humildad. Ruega por nosotros.

Corazón de María, medianero de todas las gracias. Ruega por nosotros.

Corazón de María, latiendo al unísono con el Corazón de Jesús. Ruega por nosotros. Corazón de María, gozando siempre de la visión beatífica. Ruega por nosotros.

Corazón de María, holocausto del amor divino. Ruega por nosotros.

Corazón de María, abogado ante la justicia divina. Ruega por nosotros.

Corazón de María, traspasado de una espada. Ruega por nosotros.

Corazón de María, coronado de espinas por nuestros pecados. Ruega por nosotros.

Corazón de María, agonizando en la Pasión de tu Hijo. Ruega por nosotros.

Corazón de María, exultando en la resurrección de tu Hijo. Ruega por nosotros.

Corazón de María, triunfando eternamente con Jesús. Ruega por nosotros.

Corazón de María, fortaleza de los cristianos. Ruega por nosotros.

Corazón de María, refugio de los perseguidos. Ruega por nosotros.

Corazón de María, esperanza de los pecadores. Ruega por nosotros.

Corazón de María, consuelo de los moribundos. Ruega por nosotros.

Corazón de María, alivio de los que sufren. Ruega por nosotros.

Corazón de María, lazo de unión con Cristo. Ruega por nosotros.

Corazón de María, camino seguro al Cielo. Ruega por nosotros.

Corazón de María, prenda de paz y santidad. Ruega por nosotros.

Corazón de María, vencedora de las herejías. Ruega por nosotros.

Corazón de María, de la Reina de Cielos y Tierra. Ruega por nosotros.

Corazón de María, de la Madre de Dios y de la Iglesia. Ruega por nosotros.

Corazón de María, que por fin triunfarás. Ruega por nosotros.

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo. Perdónanos Señor.

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo. Escúchanos Señor.

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo. Ten misericordia de nosotros.

V. Ruega por nosotros Santa Madre de Dios. R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

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Oremos:

Tú que nos has preparado en el Corazón Inmaculado de María una digna morada de tu Hijo Jesucristo, concédenos la gracia de vivir siempre conformes a sus enseñanzas y de cumplir sus deseos. Por Cristo tu Hijo, Nuestro Señor. Amén.

5. Oración final

Santísima  Virgen  María,  Maestra  de  los  apóstoles  de  los  últimos  tiempos, preparadme  con  vuestras  lecciones  de  amor  al  segundo  advenimiento  de vuestro  Hijo  Jesús.  Avivad  mis  sentidos  para  que  guarde  en  mi  corazón vuestras enseñanzas, enseñanzas que son doctrina segura que me adentran al cielo. Despertad en mí: celo insaciable por la salvación de mi alma, desapego al mundo y anhelos de santidad. Instruidme en la ciencia de la cruz para que acepte  con  beneplácito  el  sufrimiento  y  me  haga  heredero  de  uno  de  los aposentos de vuestro Inmaculado Corazón. Arropad todo mi ser con vuestros rayos de luz para que seáis mi Maestra y yo vuestro discípulo, discípulo que imite vuestras adorables virtudes para ser bien visto ante los ojos de vuestro Hijo. Fortalecedme en este tiempo de la tribulación, cercenad mi corazón con vuestra  espada  de  doble  filo  y heridlo  de  amor, para que  vuestra  presencia siempre me acompañe hasta el día del retorno de Nuestro Señor Jesucristo. Madre Celestial, Maestra de los apóstoles de los últimos tiempos, preservad nuestra Iglesia frente a toda apostasía, herejía y cisma. Conservadnos fieles a la Tradición de la Iglesia e instruidnos con vuestra Sabiduría Divina para que la luz del Espíritu acreciente nuestra fe, nos muestre el camino de salvación y lleve nuestro corazón a la santidad. Madre Celestial, Maestra de los apóstoles de los últimos tiempos, guardad al resto santo en vuestro Inmaculado Corazón hasta el día de la segunda llegada de vuestro Amadísimo Hijo Jesús. Amén.

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6. CONSAGRACION A MARÍA INMACULADA (De S. Luis María Griñón de Montfort)  María Inmaculada, dulce Soberana mía, cuanto me alegro de ser tu esclavo de amor. Te  confío  y  consagro  mi  cuerpo  y  mi  alma,  con  todos  mis  bienes interiores  y  exteriores,  naturales  y  sobrenaturales,  pasados,  presentes  y futuros. Quiero también en este día ganar cuantas indulgencias pueda, y te las entrego. María,  Madre  mía,  renuncio  a  mi  propia  voluntad,  a  mis  pecados,  a  mis disposiciones e intenciones.  Quiero lo que tu quieras: me arrojo en tu Corazón abrazado  de  Amor  Divino,  divino  molde  en  que  debo  formarme;  en  él  me escondo y me pierdo para orar, obrar y sufrir, siempre por ti, contigo, en ti y para ti, a la mayor gloria del Sagrado Corazón de Jesús, tu Divino Hijo, Amén.

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57.- EL QUE ESTÁ DESTINADO A LA CARCEL…


Al separarse de César, Petronio ordenó que lo condujesen a su casa de las Carenas, la cual, rodeada por jardines que ocupan una extensión enorme, había escapado de ser arrasada por el fuego. Por esta causa, otros augustanos que perdieron sus propiedades y dentro de ellas considerables riquezas y numerosas obras de arte, alaban la buena suerte de Petronio.

Él había sido considerado un hijo predilecto de la fortuna, mientras gozó del favor del César. Pero eso ya se había terminado…

Dentro de su litera, reflexiona con ironía:

–           ¡Por Zeus! ¡Y pensar que tuve en mis manos él haber sido prefecto en lugar de Tigelino! Lo hubiera entregado como incendiario al populacho, brindando protección al inocente. Hubiera reconstruido Roma… Yo debí haber asumido ese puesto. Y si la tarea hubiera sido abrumadora, me quedaba el recurso de transferir a Marco Aurelio el mando; a lo cual Nerón ni siquiera se hubiera opuesto. Y aunque mi sobrino hubiese bautizado a todo el imperio, incluido el mismo César ¿En qué me habría perjudicado? Nerón piadoso y lleno de virtud. ¡Oh! Ese sí que hubiera sido todo un espectáculo… -y comenzó a reír ante esa perspectiva. Luego  agregó con amarga decisión- él ‘hubiera’ no existe. El momento pasó y no lo hice. En este mundo hay cosas bellas, pero la mayor parte de los hombres son tan viles, que la vida no merece apenarse por ella. Quién ha sabido vivir, debe saber morir. Aun perteneciendo a la corte, he sido más independiente de lo que yo mismo esperaba.

Todos pensarán que estoy temblando de miedo, pero no es así. Sabía que este momento tarde o temprano llegaría. La muerte piensa en nosotros, sin necesidad de que le ayudemos. Sería una maravilla que en realidad existan los Campos Elíseos y en ellos se pasearan las sombras de los humanos. Aurora y yo estaríamos juntos y vagaríamos por el Prado de Asfódelos. Tal vez en aquella sociedad, todos serían más decentes. ¡Estoy harto de todos estos bufones y charlatanes de los que me he rodeado hasta hoy!

Y observó con asombro, la enorme distancia que en su interior mantiene con todas aquellas gentes a las que ha conocido y valorado oportunamente y a las que desprecia más que nunca. Meditó en su situación personal y comprendió que su ruina es definitiva, aunque no tan inmediata.

Nerón había pronunciado unas cuantas y muy selectas frases acerca de la amistad y la clemencia, para disfrazar ¿Qué?…

–           Jugará conmigo como el gato con el ratón, antes de engullírselo. Tendrá que buscar pretextos. Y mientras los encuentra, bien puede pasar mucho tiempo. Ahora lo importante, es que celebrará con cristianos los próximos juegos. Y solo después de que éstos se hayan terminado, pensará en mí. Y siendo así, no tengo porqué tomarme ninguna molestia. No voy a hacer un solo cambio en mi sistema de  vida. Un peligro más inmediato es el que amenaza la vida de Marco Aurelio. ¡Tengo que salvarlo de alguna manera!

Ordenó a los cuatro fornidos bitinios que aceleren el paso y su litera avanzó con premura  a través de los escombros, piedras y montones de cenizas, de que está lleno el barrio de las Carenas, hasta llegar a su palacio particular.

Al entrar, el mayordomo le avisa que Marco Aurelio le espera en la biblioteca. Rápido se dirigió hacia allí y sus primeras palabras a su sobrino fueron:

–           ¿Has visto hoy a Alexandra?

–           Sí. En la mañana la dejé en la casa de Calixto el cantero. He venido a despedirme. Hoy nos vamos a Sicilia.

–           ¡Magnífico! ¡Es una excelente noticia! ¡Bien! Escucha lo que voy a decirte y no pierdas tiempo en hacer preguntas. Esta mañana se ha resuelto en casa del César, culpar a los cristianos del incendio de Roma. Les amenazan la persecución, las torturas y el exterminio. Y éstas pueden empezar hoy mismo. Toma a Alexandra y huyan inmediatamente. Pasa los Alpes y llega hasta África si es posible. Y apresúrate, porque el Transtíber está más cerca del Palatino que esta casa.

Marco Aurelio es demasiado soldado para perder el tiempo en averiguaciones inútiles. Escuchó a Petronio, frunció el entrecejo y se dibujó en su rostro una expresión anhelante, terrible y luego impávida. Su primer impulso ante el peligro, es defenderse y dar batalla, pero…

–           Voy. –se limitó a decir.

–           Una cosa más. Lleva una bolsa de oro, armas y un puñado de tus cristianos. ¡Y en caso necesario, arrebata a Alexandra de manos de tus enemigos!

Marco Aurelio se encuentra ya en la puerta del atrium,  cuando Petronio exclamó:

–           ¡Espera! ¡Dionisio, vete con él! –Ordenó al esclavo portero-Te acompañará para que me mandes con él las noticias pertinentes.

Al quedar solo, Petronio empezó a pasearse entre las columnas del atrium y la extensa galería que va hasta el jardín del fondo, con las manos entrelazadas en la espalda y su concentrada expresión pensativa. Nadie se atrevió a molestarlo.

Está muy preocupado y tiene la esperanza de que nadie en el Palatino sepa en donde encontrar a Marco Aurelio y a Alexandra. Tal y como están las cosas, espera que ellos se pongan a salvo antes de que lleguen los pretorianos. Pues sabe que Tigelino es como un león voraz y su crueldad debe haber extendido sus redes por toda la ciudad, para cazar el mayor número posible de cristianos.

–           Aun cuando manden una decuria en busca de Alexandra, ese gigante parto les romperá los huesos. Ojala  Marco Aurelio llegue a tiempo.

Y esta idea le tranquilizó. Pues lo desea con ferviente anhelo y es su última esperanza.

Es verdad que resistir a los pretorianos es casi lo mismo que declararle la guerra al César. Petronio también sabe que sustraer a Marco Aurelio a la venganza de Nerón, le reportará que esa venganza caiga sobre su propia cabeza. Más es lo que menos le importa. Al contrario, le complace la idea de trastornar los planes de Nerón y de Tigelino.

Y resolvió no omitir en esta empresa, ni hombres, ni recursos. Puesto que en Anzio  los amigos de Marco Aurelio habían convertido a la mayor parte de sus esclavos, sabe que al empeñarse en la defensa de los cristianos, puede contar con el celo y la abnegación de todos ellos.

La llegada de Aurora, interrumpe el curso de sus meditaciones y al verla se desvanecieron inmediatamente todas sus preocupaciones.

Olvidó al César, la desgracia en la que ha caído, la degradación de los augustanos, la persecución que amenaza a los confesores de Cristo. Y olvidó también a Marco Aurelio y a Alexandra, para concentrar su pensamiento solo en Aurora, a quién mira con ojos de verdadero enamorado y amante. Deleitándose con su hermosura perfecta y llena de gracia. Está ataviada con un vestido de gasa transparente que deja traslucir las formas de todo su cuerpo y está bella como una diosa.

Radiante y sonriente, sintiéndose admirada y deseada por Petronio, amándole a su vez con todo su ser y anhelando siempre sus caricias. Al estar frente a él, se cubrió de rubor su bello rostro, cual si en realidad fuera una inocente virgen.

Petronio extendió los brazos en una muda invitación y preguntó:

–           ¿Qué sucede, carísima?

Aurora inclinó su áurea cabeza y contestó:

–           Artemio ha venido con sus coristas y pregunta si deseas oírle.

–           Que espere. Nos cantarán durante la comida el himno a Apolo. ¡Por Zeus! Cuando te veo frente a mí, me parece tener delante a Venus Afrodita, velada por un cendal etéreo.

–           ¡Oh,  mi amado señor!

–           Ven aquí, Aurora. Estréchame en tus brazos y bésame. ¿Me amas?

–           Tanto como no lo podéis imaginar.

Y oprimiendo con los suyos los labios de Petronio, en un apasionado beso; se estrechó entre sus brazos temblando de felicidad.

Después de deleitarse mutuamente, gozándose en su amor por un largo rato, Petronio dijo:

–           ¿Y si fuera necesario que nos separásemos?

Aurora se alarmó, se estremeció y preguntó:

–           Señor. ¿Qué dices?

–           Nada temas. Te hago esta pregunta, porque es posible que deba emprender un largo, muy largo viaje…

–           Llévame contigo a donde sea. No me importa. Yo no puedo vivir sin ti. Así fuese hasta la misma muerte, ¡Por favor te lo suplico, señor! ¡No me separes nunca de ti! ¡Qué me importa nada en la vida si no te tengo!…

La siempre tímida Aurora ha dicho todo esto con un tono tan apasionado… que Petronio, asombrado y conmovido, cambia rápidamente de tema y dice:

–           Dime ¿Hay asfódelos en los prados del jardín?

–           Los cipreses y el pasto, se pusieron amarillos por el fuego. Los mirtos se han deshojado y todo el jardín parece como si hubiera muerto.

–           Roma entera está así. Y pronto se convertirá en un cementerio… ¿Sabes que Nerón ha promulgado un Edicto contra los cristianos y ya comenzó la Persecución?

–           ¿Por qué castigar a los cristianos, señor? Son buenos y pacíficos.

–           Por esa misma razón. Quieren exterminarlos…

–           Vámonos al mar. Tus hermosos ojos no gustan del espectáculo de la sangre.

–           Así es. Pero mientras es necesario reconfortarme. Ven conmigo. Me daré un baño con agua de rosas y me ungirás. Y luego, después de… (Hace un gesto pícaro y tierno.)¡Nos tomaremos un refrigerio porque tendremos mucha sed! ¡Por Venus! ¡Nunca me has parecido más hermosa! Voy a ordenar que hagan para ti, un baño en forma de concha. Tú en ella te verás como una preciosísima perla. ¡Ven diosa mía de cabellos de oro!…

Dos horas después ambos amantes, coronados de rosas y con los ojos nublados por el placer, descansan en el triclinium, gozando de deliciosas viandas y exquisitos licores, servidos en la más preciosa vajilla que el arte puede ofrecer. Escuchan el himno a Apolo  cantado al son de las arpas y los coros de Artemio.

Ellos son felices, disfrutando del amor, de la vida y sus deleites. Pero antes de que termine el himno, Héctor el mayordomo, entró en el triclinium…

Su voz está temblorosa por la alarma al anunciar:

–           Amo, un centurión con un destacamento de pretorianos, está esperando en la puerta y por orden del César desea verte.

Al punto se suspendieron el canto y los sones de los laúdes. Y el temor se apoderó de todos los presentes, porque el César para sus comunicaciones con personas amigas, no acostumbra servirse de los pretorianos. Y la presencia de ellos no augura nada bueno. Petronio es el único que no demuestra ninguna emoción…

Pero con el tono desdeñoso de un hombre al que fastidian visitas inoportunas, dijo:

–           Bien podrían dejarme comer en paz. Tráelo aquí.

Héctor desapareció detrás de la cortina y un momento después se oyeron los pesados pasos militares. Y se presentó Marcelo, centurión a quién Petronio conoce.

El militar lo saludó:

–           Salve, noble señor. Te traigo una carta del César.

Petronio extendió su blanca mano, la tomó y la leyó. Luego la pasó a Aurora con ademán tranquilo diciendo:

–           Esta noche se propone dar lectura a un nuevo libro de su troyada  y me invita a que lo escuche.

El centurión dice:

–           Solo he recibido la orden de entregarte la carta.

Petronio sonríe y confirma:

–           Sí. No hay respuesta. Pero Marcelo, bien puedes descansar un momento en nuestra compañía y escanciar una copa de vino.

–           Gracias te doy, noble señor. Una copa de vino beberé gustoso a tu salud. Pero descansar no me es posible, porque estoy de servicio.

–           ¿Por qué te dieron la carta a ti y no me la enviaron con un esclavo?

–           No lo sé, señor. Tal vez porque yo debía venir en esta dirección en desempeño de otro encargo.

–           Lo imagino… Contra los cristianos. ¿No es así?

–           Así es, señor.

–           ¿Desde cuándo empezó la persecución?

–           Antes del mediodía fueron enviados algunos destacamentos al Transtíber.

Y dicho esto, el centurión bebió un poco de vino en honor de Marte, luego bebió el resto, hasta vaciar la copa y dijo:

–           Que los dioses te concedan cuanto deseas, señor.

–           Llévate la copa en recuerdo mío. –dijo Petronio.

Luego hizo un ademán a Artemio para que siguiera la música.

El soldado hizo un saludo militar y se retiró admirando el precioso obsequio.

Se vuelven a escuchar los acordes de las arpas y Petronio piensa:

–           Barba de Bronce empieza a jugar conmigo y con Marco Aurelio. ¡Adivino su plan! Ha querido aterrorizarme enviándome su carta por medio de un centurión. Le preguntarán a éste luego, como la recibí ¡No! ¡No! ¡No te divertirás gran cosa, cruel y perverso poeta! ¡Sé que no olvidarás la injuria! Sé que mi destrucción se aproxima. Pero si crees que voy a mirarte con ojos temerosos y suplicantes, ¡Te equivocas! Si piensas que vas a leer el terror en mi semblante, ¡Buen chasco te vas a llevar!

La voz de Aurora interrumpe su monólogo interior, al preguntarle con preocupación:

–           El César te ha invitado, señor. ¿Irás?

–           Mi salud está muy buena y hasta puedo escuchar sus versos. Con mayor razón debo ir, puesto que Marco Aurelio no puede.

Y efectivamente, terminada la comida y el paseo habitual, se arregló. Una hora después, hermoso como un dios, se hizo conducir al Palatino.

Ya es tarde. La noche está tranquila y tibia. La luna brilla en su esplendorosa claridad. En las calles y entre las ruinas, pululan numerosos grupos de personas, ebrios por el vino y cubiertos de guirnaldas. Llevando en sus manos ramos de mirto y laurel, tomados de los jardines del César.

La abundancia de trigo y la proximidad de los grandes juegos, regocija los corazones de todos. Gritos, danzas y alegría, exteriorizados a la luz de la luna.

Los esclavos se ven en la necesidad de gritar:

–           Abran paso a la litera del noble Petronio.

Y entonces los grupos se apartan, aclamando a su vez y aplaudiendo al favorito popular. Mientras tanto Petronio va dentro de su litera pensando en Marco Aurelio y extrañado por no haber tenido noticias de él.

Petronio es epicúreo y egoísta, pero desde su viaje a Anzio  y su contacto con los cristianos; así como sus breves conversaciones con el obispo Acacio, sin que él mismo se diera cuenta, ha ocurrido en él, un cambio fundamental. Ahora se preocupa por otras personas.

Marco Aurelio es su sobrino preferido, porque desde su niñez amó mucho a su hermano, el padre del joven tribuno. Se ha involucrado tanto en su vida y en sus asuntos, que ahora lo ve como si fuera su propio hijo y su interés es parte de una gran tragedia. Espera con todo su corazón que Marco Aurelio se haya adelantado a los pretorianos y alcanzaran a huir.

Hubiese deseado tener toda la certidumbre de esto, para saber qué contestar a las preguntas que puedan presentarse y para las cuales le hubiese gustado estar preparado.

Llegó por fin al Palatino y se bajó de la litera. Cuando llegó al atrium, éste estaba lleno de augustanos. Los amigos de la víspera se sorprendieron al verlo y comprendieron que también él había recibido invitación.

Se hicieron a un lado y Petronio pasó por en medio de ellos, hermoso, despreocupado y sonriente. Tan lleno de confianza y seguridad en sí mismo como si en sus manos estuviese el distribuir favores a su alrededor.

Algunos al verlo así, se sintieron alarmados en su interior, temiendo haberle manifestado indiferencia demasiado pronto.

El César fingió no verlo y no contestó su saludo aparentando estar muy concentrado en una conversación…

Pero Tigelino se le acercó y dijo:

–           Buenas noches, Arbiter Elegantiarum. ¿Todavía persistes en afirmar que no fueron los cristianos quienes incendiaron Roma?

Petronio se encogió de hombros y golpeando ligeramente con su bastoncillo a Tigelino en la espalda, recordándole su condición de liberto, le dijo:

–           Tú sabes tan bien como yo, qué pensar sobre ese punto.

Tigelino entrecerró los ojos y dijo:

–           Y no me atrevo a competir contigo en sabiduría.

–           Haces muy bien. Porque si de tal competencia fueras capaz, cuando el César nos lea de nuevo su libro en la Troyada, tal vez puedas rebuznar una opinión que no sea como tú, necia y obtusa.

Tigelino se mordió los labios…

Ciertamente no le había gustado para nada la idea del César, de leer aquella noche un nuevo poema de su libro, porque eso le obliga a entrar en un terreno donde le es imposible rivalizar con Petronio.

Y durante la lectura, Nerón acostumbrado por el hábito, volvió constantemente sus ojos hacia Petronio; para observar la impresión que le causan los versos que va leyendo, buscando inconscientemente su aprobación.

Petronio escucha, alza las cejas, asiente en ocasiones y en otras concentra su atención, como para asegurarse de no perder ni una sílaba. Luego alaba, critica, propone correcciones o insinúa que se dé mayor énfasis a algunos versos.

El mismo Nerón comprende que las exageradas adulaciones de los demás, no significan para ellos más que la conservación de sus propias personas y que solo Petronio es lo bastante auténtico para ocuparse de la poesía, por la poesía misma. Que solamente él le comprende y que si la elogia, es porque sus versos merecen ser elogiados. Y sin darse cuenta, gradualmente se ve enfrascado en una discusión con él. Discusión que por momentos reviste carácter de disputa.

Y cuando Petronio le manifestó sus dudas, acerca de la propiedad de cierta expresión, el César dijo:

–           Ya verás en el último libro, porqué la he usado.

Petronio pensó:

–           ¡Ah! Esto significa que viviremos hasta que termine el último libro.

Y más de alguno de los presentes al escuchar aquella observación, se dijo en su interior:

–           ¡Ay de mí si Petronio llega a disponer del tiempo suficiente! Es capaz de recuperar el favor del César y derribar aún al mismo Tigelino.

Y empezaron a acercársele nuevamente…

Pero el fin de la velada fue menos afortunado para el escritor.

Porque el César en el momento en que Petronio se despidió, le preguntó de súbito guiñando los ojos y con expresión a la vez festiva y maliciosa en su semblante:

–           ¿Por qué no te acompañó Marco Aurelio?

Si Petronio hubiera estado seguro de que Marco Aurelio y Alexandra estaban a salvo y lejos de la ciudad, él hubiera respondido: ‘De acuerdo al permiso que le otorgaste, se ha casado y se ha ido de viaje’ Pero notando la extraña sonrisa de Nerón, contestó:

–           Tu invitación divinidad, no le encontró en casa.

Nerón dijo con una velada ironía:

–           Di a Marco Aurelio que me será grato verle. Y agrégale de mi parte que no falte a los juegos en que aparecerán los cristianos.

Estas palabras alarmaron a Petronio y más el tono con el que fueron dichas… Pero haciendo uso de su ejercitado autodominio, inclinó la cabeza y dijo:

–           Se lo diré. Y allí estaremos los dos.

Así pues, cuando llegó a su litera, ordenó que lo llevasen a su casa con la mayor rapidez posible. Extrañamente, en las calles parece haber más gente que cuando fue al Palatino.

Las turbas están ahora presas de una gran excitación y se oyen a la distancia unos gritos que de momento Petronio no comprende, pero que van creciendo y generalizándose hasta convertirse en un solo alarido salvaje. Y lo deja helado y paralizado al oírlo cercano y repetitivo:

–           ¡Los cristianos a los leones!

Las ricas literas de los cortesanos van circulando entre la rugiente plebe.

Sin poder evitarlo, Petronio exclama con enojo y desprecio:

–           ¡Vil manada de fieras! ¡Asco de sociedad! ¡Pueblo digno de tu César! Roma gobierna al mundo y al mismo tiempo es la lepra del mundo…

Petronio comprende que solamente los cristianos traen consigo bases nuevas y prodigiosas para la vida. Pero… piensa con tristeza que con el exterminio del edicto de Nerón, pronto no quedará ni rastro de los confesores de Cristo y ¿Qué sucederá entonces?

La llegada a su casa interrumpió sus cavilaciones y la puerta fue abierta al punto por el vigilante guardián.

Petronio le preguntó:

–           ¿Ya regresó el noble Marco Aurelio?

Dionisio le contestó:

–           Sí amo. Hace unos momentos.

Petronio pensó:

–           Entonces no la salvó. – y corrió hacia el atrium.

Marco Aurelio está sentado en un escabel.

Tiene la cabeza entre las manos, inclinada hasta las rodillas. Pero al escuchar el ruido de pasos, alzó su rostro demudado en el cual sus ojos muestran un brillo febril.

Petronio preguntó:

–           ¿Llegaste tarde?

Marco Aurelio contestó desolado:

–           Sí. Antes del mediodía la capturaron.

Hubo un largo silencio… Luego, el augustano le volvió apreguntar:

–           ¿La has visto?

–           Sí.

–           ¿En dónde está?

–           En la cárcel Mamertina.

Petronio se estremeció y miró interrogante a Marco Aurelio…

Éste comprendió y dijo:

–           No. No la han arrojado al Tullianum (calabozo que hizo construir Servio Tulio y que está en el sótano, con solo una pequeña abertura hacia el techo), ni tampoco  a la prisión del centro. He pagado al guardia para que le dé su propio aposento. Bernabé está en el umbral de la puerta, con la orden de custodiarla.

–           ¿Y por qué Bernabé no la defendió?

–           La arrestaron con cincuenta pretorianos y además, Lino se lo prohibió.

–           ¿Qué vas a hacer?

–           Salvarla o morir con ella. Yo también soy cristiano.

Marco Aurelio habla con calma, pero hay en su voz un dolor lacerante y Petronio siente en el pecho un estremecimiento de compasión.

–           Comprendo. Pero ¿Cómo esperas salvarla?

–           He pagado gruesas sumas a los guardias. Primero para que la defiendan de cualquier ultraje y también para que no impidan su fuga.

–           ¿Y cuándo se va a verificar ésta?

–           Me dijeron que no me la pueden entregar inmediatamente, por miedo a la responsabilidad. Pero cuando la cárcel se encuentre llena y se vuelva confusa la cuenta de los presos, la entregarán. ¡Pero ése es un recurso desesperado! ¡Sálvala tú y sálvame!… Tú eres amigo del César. Él mismo me la dio… ¡Ve a su casa y sálvanos!

Petronio en lugar de contestar, llama a un esclavo y ordena que traigan dos mantos oscuros y dos espadas.

Y volviéndose a Marco Aurelio, le dice:

–           En el camino te contaré… Ahora ponte ese manto y toma una espada. Vamos a la cárcel. Allí pagaremos a los guardias lo que sea necesario para que nos entreguen a Alexandra inmediatamente. Después será demasiado tarde…

El joven se sorprendió. Pero solo dijo:

–           Vamos.

Cuando estuvieron en la calle, Petronio dijo:

–                      Ahora escúchame. No he querido perder tiempo explicándote antes. Estoy en desgracia desde hoy. Mi propia vida pende de un cabello, por eso no puedo intentar nada con  el César pues en todo lo que intente, Nerón hará exactamente lo contrario de lo que yo le pida… Por eso te aconsejé que huyeras con Alexandra. Además al escapar tú, la cólera del César caerá sobre mi cabeza. En la actualidad estaría más dispuesto contigo y en tu favor, que en el mío. Así que no cuentes con eso en absoluto. ¡Sácala de la prisión y huye con ella, más allá de los confines del imperio si es preciso! No queda ningún otro recurso… Si en esto no tienes éxito, ya pensaremos en otra cosa. Mientras tanto debes saber que Alexandra está en la cárcel no tan solo porque cree en Cristo: la cólera de Popea te persigue a ella y a ti. Ofendiste a la Augusta al rechazar sus requerimientos ¿Recuerdas?…

Popea sabe que la despreciaste por Alexandra a quién aborreció desde la primera vez que la vio. Y aún más, ya había intentado perderla, cuando la acusó de que por maleficios suyos murió la Infanta. Es la mano de Popea la que está detrás de todo esto… Y si no, ¿Cómo explicas que haya sido precisamente Alexandra la primera víctima de la persecución actual? Fueron a arrestarla con media centuria y antes de generalizar las órdenes contra todos los demás cristianos. ¿Quién ha podido señalarla y ubicarla tan rápido? Lo más seguro es que la han espiado desde hace tiempo… Sé que estoy torturándote y destruyendo tu esperanza. Pero te digo esto deliberadamente por si no logras rescatarla, antes de que lleguen a sospechar que éste será tu intento… Porque de ser así, ¡Ambos están irremediablemente perdidos!…

Marco Aurelio murmuró:

–           Sí. Comprendo…

Ya es de madrugada y las calles están desiertas. Pero son interrumpidos por un gladiador borracho que se acerca tambaleante a Petronio. Le pone su mano en el hombro y le lanza al rostro su aliento alcohólico, al gritarle con voz ronca:

–           ¡A los leones con los cristianos!

Petronio lo miró y dijo con voz pausada:

–           Mirmidón. Escucha un buen consejo: sigue tu camino.

El hombre tomó entonces a Petronio del brazo, con la otra mano y dijo:

–           Si no quieres que te rompa el pescuezo, grita conmigo: ¡Los cristianos a los leones!

Pero estos ya eran demasiados gritos para los nervios de Petronio. Desde que salió del Palatino, le han perseguido como una pesadilla y le taladran los oídos. Así pues cuando vio levantado sobre él, el puño del gladiador, se le agotó la paciencia y dijo:

–           Amigo, hueles mucho a vino y me estás estorbando el paso.

Y al decir esto introdujo en el pecho del imprudente, hasta la empuñadura; la espada corta con la que se armara al salir de casa.

El hombre se desplomó sobre sí mismo con un quejido ronco…

Mientras, Petronio enfunda su espada y continúa como si nada hubiese ocurrido:

–           Hoy el César me dijo: ‘Di a Marco Aurelio de mi parte, que no falte a los juegos en los que van a participar los cristianos’ ¿Entiendes lo que significa esto?…  Quieren hacer de tu dolor un espectáculo. Es algo que ya decidieron. Y ese tal vez es el motivo por el cual no estamos tú y yo en prisión. ¡Si no podemos liberarla ahora, ya no sé qué decirte! Pudiera ser que Actea quiera ayudarnos… Pero contra Popea, esto no servirá de gran cosa. Estamos cara a cara frente al César, ¿Te das cuenta?…

De esta manera continúan conversando…  Desde las Carenas hasta el fórum, no hay mucha distancia, así que llegan pronto. Ya es casi el alba y las murallas del castillo empiezan a emerger de entre las sombras.

De repente, al torcer hacia la cárcel Mamertina, Petronio  se detiene en seco y exclama:

–           ¡Pretorianos! ¡Es demasiado tarde!

Y la cárcel está rodeada por una doble fila de soldados. Los primeros destellos de la mañana refulgen en sus yelmos y en la punta de sus jabalinas.

Marco Aurelio palidece y dice:

–           Sigamos.

Y llegan hasta la línea. Dotado de una memoria extraordinaria, Petronio reconoce al jefe de una cohorte de pretorianos y le hace señas para que se acerque. El hombre lo saluda militarmente y Petronio le pregunta:

–           ¿Qué es esto Silvano? ¿Habéis recibido órdenes de vigilar la prisión?

–           Sí, noble Petronio. El prefecto teme que se hagan tentativas para salvar a los incendiarios.

Marco Aurelio preguntó:

–           ¿También tenéis orden para no permitir la entrada?

–           No, señor. Los presos pueden ser visitados por sus conocidos. Porque de esa forma lograremos capturar a un mayor número de cristianos.

–           Entonces déjame entrar.-y estrechando la mano a Petronio, agregó- Ve a ver a Actea. Iré pronto a conocer su respuesta.

Petronio contestó:

–           Sí. En la casa, te esperaré.

Marco Aurelio corrió hacia el interior.

Y en ese momento, debajo de la tierra y a través del aire que rodea las imponentes murallas, se escuchó un cántico. El himno, confuso y velado al principio, fue oyéndose cada vez más fuerte y melodioso. Voces de hombres mujeres y niños, se confunden en un coro armonioso y magistral.

Toda la prisión parece vibrar ante a los ecos de aquel cántico…

Pero no son voces de pesar, ni de desesperación, por el contrario, palpita en ellas, una alegría triunfal. Los soldados se miran atónitos.

Petronio escucha asombrado aquellas estrofas y su oído experto capta una esencia extraordinaria y desconocida a la que parece hacerle un marco perfecto, la maravillosa aurora que deja ver en el firmamento los primeros resplandores matinales oro, rosa y flama que matizan el horizonte, al despuntar el sol.

El patricio se quedó inmóvil al escuchar estos versos:

¡Aleluya!

Amo al señor porque escucha. Mi voz suplicante

Y el clamor de mi Plegaria.

Porque inclinó su oído hacia mí, el día que lo invoco.

Lo invocaré mientras viva.

Cuando me aferraban los lazos de la Muerte

Las redes del sepulcro me envolvieron

Cuando caí en la angustia y la tristeza:

Invoqué el Nombre del Señor:

¡Oh, Jesús salva mi alma!

Tierno y Justo es el Señor

Lleno de compasión nuestro Dios.

Jesús protege a los sencillos.

Yo estaba postrado y me salvó

Alma mía, recobra la calma

Pues el Señor ha sido bueno contigo.

Ha librado mi alma de la muerte

Mis ojos de las lágrimas

Y mis pies de tropezar.

Caminaré en la Presencia del señor

En la tierra que habitan los vivientes.

He tenido Fe, aun cuando dije

¡Qué desdichado soy!

He dicho en mi congoja:

‘Es vano confiar en el hombre’

¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?

Alzaré la copa de la salvación

Invocando el Nombre del Señor:

¡Jesús! ¡Jesús! ¡Jesús!

Santo y Bendito es el Nombre de Jesús.

Cumpliré mis votos al Señor en presencia de todo su Pueblo.

Es muy penoso para el Señor, ver la muerte de sus fieles.

Yo Señor soy tu siervo

En verdad tu siervo, hijo de tu esclava:

Jesús, Tú rompiste mis cadenas.

Me ofreceré en sacrificio de acción de gracias

E invocaré el Santísimo Nombre de Jesús.

Sí. Cumpliré mis votos al Señor

Y en presencia de todos su Pueblo

En los atrios de la Casa del Señor

En medio de ti, Jerusalén.

¡Aleluya!

Alaben al señor todas las Naciones

Y festéjenlo todos los pueblos

Porque grande es su Amor hacia nosotros

Su fidelidad permanece para siempre.

En Jesús puse toda mi esperanza

Él se inclinó hacia mí

Y escuchó mi clamor,  Jesús

Escuchó mi clamor.

Me sacó de la fosa fatal

Del fango cenagoso

Asentó mis pies sobre la roca

Mis pasos consolidó

Puso en mi boca un canto nuevo

Una alabanza a nuestro Dios

Muchos verán y en Él creerán…

Y en Jesús confiarán.

El canto suave al principio ha ido in crescendo hasta ser una explosión de júbilo triunfante. Luego vuelve a ser suave y muy dulce, para volver a resonar con un triunfo total. Es un himno de gloria absoluto.

Petronio empieza a caminar muy pensativo. Recordando cada verso y su entonación perfecta. Lo más  increíble es que ¡Los cantores están en la prisión, a la espera del martirio!

Esto es demasiado para todo lo que le ha sucedido en los últimos días…

Y el refinado y elegante patricio camina con paso decidido hacia el Palatino, pero nada en su rostro revela el impacto que acaba de recibir…

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

52.- EN LA ESCUELA DEL SUFRIMIENTO I


PRINCIPIO   DEL   DESASTRE

Mientras tanto en Roma, los cristianos advertidos por el Espíritu Santo; algunos abandonaron la ciudad y se fueron a la Puerta del Cielo o a otros lugares más lejanos, donde tenían parientes. Otros, también siguiendo las instrucciones del Divino Espíritu, solo cambiaron de barrio o se refugiaron en casas de otros cristianos.

En la Puerta del Cielo, ante millares de cristianos reunidos, se oyó fuerte y clara la voz apacible e inconfundible:

–           ¡Qué la Paz sea con todos vosotros!

Es el apóstol Pedro que extendiendo sus manos dice tranquilamente:

–           ¿Por qué perturba el temor vuestros corazones? ¿Quién de vosotros podría decir lo que va a suceder, antes de que llegue la hora? Si el castigo de Babilonia es el fuego de su Indignación Santa que ha permitido que esto sucediera, no debéis olvidar que su Misericordia se extenderá a todos los que han sido purificados con el Bautismo y vosotros, cuyos pecados han sido redimidos con la Sangre del Cordero moriréis con su Nombre Santísimo en vuestros labios. Creo que es necesario que Pablo os recuerde, una lección que ya habéis escuchado antes de vuestro Bautismo, cuando fuisteis catecúmenos.

Pedro se hace a un lado y la voz de Pablo resuena fuerte como una campana en aquel lugar. Cada corazón bebe ansioso sus palabras:

Nos gloríamos hasta en las tribulaciones, sabedores de que la tribulación produce paciencia. La paciencia, una virtud probada: la esperanza. Y la esperanza no quedará confundida pues el Amor de Dios se ha derramado en nuestros corazones, por virtud del Espíritu Santo que nos ha sido dado. Porque si somos hijos, también somos herederos. Herederos de Dios y coherederos de Cristo, ya que sufrimos con Él, para ser también con Él glorificados.”

EL SUFRIMIENTO ES LA PARTE ESENCIAL DEL DOLOR. El padecimiento toca al cuerpo y el sufrimiento toca el alma. Los dos constituyen la esencia de la Cruz, preparan al alma para la contemplación y son apoyos indispensables para la Oración. Porque sin sufrimiento no existe la vida espiritual ni se puede llegar a la perfección. Pues la regeneración del alma es dolorosa.  El sufrimiento es medio, no solo útil, sino necesario para la purificación, la transformación y divinización del alma. El que se niega a purificarse en su camino por la Tierra y no aprende a amar de verdad, deberá hacerlo de una manera mucho más tremenda en el Purgatorio, donde la ausencia de Dios es el más terrible de los tormentos. 

En nuestra jornada terrenal, Jesús dosifica el sufrimiento y nos ayuda a soportarlo, con su Amor. Él nos imprime su Semejanza de tal forma que se llega a amar el sufrimiento y lo pedimos como una Gracia. El alma que ama desea sufrir y el sufrimiento aumenta el amor. El amor y el sufrimiento, unen al alma con Dios hasta fundirla en una misma cosa con Él.

 La comodidad y el placer son los peores enemigos del sufrimiento y cuando son apoyados por el amor propio, el alma huye del Dolor y por lo tanto de la Cruz. El que huye de la Cruz, huye de la Luz. Se ama en la medida que se sufre. Y el que huye del sufrimiento, huye del amor. No se puede orar; no se puede aceptar el sufrimiento, si no se cree y no se ama.

Amor es paciencia y perdón. Paciencia en las tribulaciones. Porque el mal lo hereda el hombre de Satanás, Príncipe del Mal y Monstruo devorador e insaciable, de Odio Eterno y viviente. El mundo es de los malos y el Paraíso de los buenos. Esta es la verdad y la promesa. El mundo pasa, el Paraíso, no. Y si es así, ¿Por qué perturbarse por lo que hacen los malos?

¿Por qué son felices los que obran mal? Son los eternos lamentos de quién es bueno y oprimido. Porque la carne gime, cosa que no debería ser. Y cuanto más pisoteada, tanto más debería levantar, las alas del alma en el júbilo del Señor. La Tierra es un lugar de exilio. La Humanidad entera está en marcha hacia la Eternidad. La vida es una prueba para amar y expiar.

El sufrimiento que el hombre se procura al estar lejos de Dios y por desobedecer sus Leyes, es un cáliz amarguísimo y un sufrimiento inútil. Al no beber en las fuentes de la Sabiduría, el hombre carece de la Fuerza de Dios, que podría consolarlo.

El hombre se cree siempre capaz de todo y trata de ser autosuficiente. Frecuentemente olvida que necesita a Dios y en ese empeño se va a la ruina. El sufrimiento hace que el hombre recuerde que sin la ayuda Divina, somos causantes del mismo sufrimiento que nos aflige. Las desventuras manifiestan la locura y necedad humana y la existencia del Poder y la Bondad de Dios.

Cuando la soberbia más refinada de un alma llega hasta el punto de creerse buena, se cree que no se merece sufrir tanto y se autoproclama que no hay culpas que expiar. Cuando se piensa así, es porque se es un monstruo perfecto.

Es entonces cuando hay que mirar atrás en el pasado: ‘no he robado’, ‘no he matado’.

No son sólo éstas las culpas que merecen pena. No roba solamente el asaltante que hace uso de la violencia y sabe ocultarse para que no lo identifiquen. Se roba de muchos modos y se roban muchas cosas que no son solo bienes materiales. Además del dinero, joyas, bienes; se roba honor, pureza, estima, salud, beneficios. Y hacia Dios, respeto, culto de verdadera obediencia, agradecimiento, amor auténtico, etc.

Y esto lo hacen aparentemente las personas más honestas. ¿Aquel que lleva a alguien a desesperarse, no mata; aunque el desesperado no se suicide? Sí. Mata la parte más selecta: el espíritu, que desesperado se aleja de Dios y muere, cuando el odio se apodera del alma.

El que con obras y palabras siembra la incredulidad y la idolatría en sí mismo o en los demás, comete el pecado de Deicidio, porque al matar la Fe imposibilita al alma para salvarse y además le roba a Dios el alma que le pertenece por justicia. El que quita la paz y el honor a una mujer y niega la paternidad y el amor al bastardo que engendró, comete uno de los robos más graves y maldecidos por Dios… Y…

Nadie está sin culpas que expiar. Meditando las cosas de esta forma, debemos llegar a la conclusión de que la vida más dolorosa es un castigo de amor muy leve, dado por un Dios Amorosísimo, que no quiere castigar eternamente…

EL SUFRIMIENTO Y EL AMOR.

Nunca la caridad va separada del sufrimiento, porque al ser cosa santa, desencadena las iras del Enemigo y Satanás es experto en infligir tormento. Y nunca el sufrimiento va separado de la gloria, porque Dios es justo y da a quién da.

Los propósitos del Amor, son constantemente atacados por el Demonio, el Mundo, la Carne. Y no hay flagelo más duro que los hombres mismos. Ellos proporcionan el fuego y la purificación con la que el alma se prueba y se acrisola como el oro y la plata. La sabiduría de la Resignación y las promesas del mundo futuro, preservan del Odio.

El Odio es poderoso en el mundo pero tiene sus límites. El Amor no tiene límites, ni en fuerza, ni en tiempo. El amor se convierte en defensa y consuelo sobre la tierra y premio en el Cielo. La justicia de Dios, siempre vigila aunque parezca ausente. Y el sufrimiento nunca debe conducir al odio, aunque los hechos parezcan justificarlo.

Dios nunca retira la Gracia que da. Si el hombre permanece sin pecar, su sufrimiento lo lleva a la santidad.

Quien cree en Él, no debe estar triste y sin esperanza, como los que no lo conocen. No es pecado estar triste, si los momentos son dolorosos. Es pecado ceder más allá de la tristeza y caer en la inercia y la desesperación.

La Oración y la Palabra son el lenitivo para los sufrimientos. Solo se debe buscar el Amor de Dios para consolarnos. Y en el corazón solo debe existir un amor absoluto por Dios, sin apoyarse en nadie más. A Dios no le agrada hacer sufrir al hombre, porque lo ama. Por ese mismo amor que lo indujo a Él para salvar, Él sabe que no hay otro camino que el de la Cruz.

Nunca impone sufrimientos que estén por encima de los que la creatura pueda soportar. Cuando el dolor aumenta, también es aumentada la capacidad de sufrimiento y el Espíritu santo comunica la fortaleza necesaria, para que la voluntad del hombre siga siendo heroica y crezca la tolerancia y el amor. Y puedan cumplir la misión delicada y santa de ser víctimas que salven.

No importa el camino por el que se le llama, siempre será el amor. El alma aprende a amar hasta consumirse en una llama de amor, porque han comprendido la Fuerza Poderosa del Dolor.

Y el Amor hace que el sufrimiento sea dulzura y la dulzura sufrimiento.En la misma proporción en que se ama, Dios ayuda a triunfar. Las almas-víctimas aman de una manera total y triunfan de una manera absoluta.

El viento de las contrariedades aviva a los que son verdaderas llamas en el amor. Arden y se consuman a sí mismas en una oblación constante. Los dolores más amargos son proporcionados por los más amados de los suyos. Los sufrimientos mayores vienen de los propios familiares. Son la corona de espinas de los elegidos.

Dios siempre sabe en qué medida debe probarlos. Cuando el sufrimiento aumenta, también aumenta la Gracia para soportarlo. Cuanto más fuerte es la Prueba, tanto más debemos confiar en Él. Algunas veces es tan dolorosa que nos asalta el deseo de renunciar y el pensamiento de que era mejor no haber conocido el Camino, jamás.

La voluntad de entrega y el amor que clama al  Señor, es lo único que fortalece para salir adelante.

Cuanto se es mejor, tanto más se sufre. El sufrimiento es amor activo que trabaja más que cualquier otra cosa a favor de las almas y principalmente en la salvación de los familiares, que son los primeros que hay obligación de salvar. Cuanto más se sufre, más se redime. El sufrimiento es amor ofrecido en sacrificio a Dios y sirve para obtener gracias para los demás.

Nada se pierde en la economía santa del Amor Universal. En el sufrimiento está la perfección del Amor. Dar afecto y recibir indiferencia y odio. Dar obras y verlas rechazadas, supera en acerbidad a los tormentos que solo torturan el cuerpo. La indiferencia, la ingratitud y el odio, hieren al alma y convulsionan el espíritu.

Por eso Jesús debe ser el único amor de nuestro corazón, dulce tormento de nuestra alma y agradable martirio de nuestro cuerpo. Debemos ser víctimas de su Corazón, por medio de un amargo disgusto que no sea Él. Víctimas de su alma, por todas las angustias que la nuestra sea capaz de soportar. Víctimas de su Cuerpo, con el alejamiento de todo lo que satisface al nuestro y por el sometimiento total de una carne criminal y maldita.

Él nos quiere conscientes de nuestro papel dentro del Cuerpo Místico. Nos quiere vivos, vibrantes de Gracia, de Fe, de amor y por tanto de sufrimientos. Nos quiere totalmente consagrados a Él, trabajando por sus intereses, sin perdonar esfuerzos, ni sufrimientos.

“En vuestro Nombre Señor obraré y sé que seré poderoso.” Esta es la Oración que hemos hecho nosotros los apóstoles, pobres e ignorantes ante el mundo, pero ricos y sabios con Cristo. Él, lo único que nos pide son tres cosas:

1-      REPARACIÓN. Sabiendo cuantas almas le ofenden, debemos trabajar con Él, reparando con nuestras oraciones, trabajos y penitencias.

2-      AMOR. Intimidad con Aquel que es todo Amor y que se pone al nivel de sus creaturas para amarlas y enseñarlas a amarlo. Estrechando nuestra unión con Él. Reparando, redimiendo y salvando con el Salvador Divino. Trabajando por Él, con Él y en Él, en íntima unión con sus sentimientos y sus deseos.

3-      CONFIANZA. Debemos estar seguros de Aquel que es Bondad y Misericordia, estando en contacto con Él, las veinticuatro horas del día. Viviendo con Él, que nos conoce y al cual conocemos. Sabiendo que nos ama con locura, porque somos sus almas escogidas, para que viviendo en Él y conociendo su Corazón, lo esperemos todo de Él.

Este es el llamado que Jesús hace como invitación al alma que ha elegido y que siente estremecer su corazón ante este maravilloso privilegio. Pero…

EL HAMBRE DEL ESPIRITU, CONTRA LA RESISTENCIA DE LA CARNE.

Jesús tuvo necesidad de un Ángel Confortador que lo exhortara a sufrir en el Huerto de Getsemani. Porque si para Él, era algo precioso el hacer la Voluntad del Padre, con su espíritu encendido por la Caridad, sin embargo no estaba privado de los terrores y las rebeliones de la carne delante del sufrimiento.

Los pequeños Jesús también experimentan este dualismo entre el espíritu y la Carne. El espíritu que grita: ‘! Inmolación para tener salvación!’ Y la carne que gime: ‘! Piedad! Quiero vivir y no sufrir’ Cuando  esto sucede, Dios viene y auxilia fortificando la carne al Dolor, con su Palabra. Él tiene piedad de nuestra carne, porque en las almas víctimas, es instrumento de Redención, cuando el Espíritu de Dios la posee y la mueve a su placer, como la hierba que el viento besa; conocerá la gloria del Reino de Dios.

Jesús santificó también la carne, redimiéndola con su Doctrina y con la Sangre. Es la vestidura del altar del corazón en el espíritu que se inmola en una carne pura, sacrificada, hecha preciosa por el Dolor. No se debe esperar comprensión y gratitud del mundo. El mundo los tratará como trató a Jesús: el mundo no las conoce porque ya no son del mundo. Ellas se inmolan por el mundo y el mundo las mira sacudiendo la cabeza, cubriéndolas de escarnio y golpeándolas con sus armas más perversas. También el mundo llega a matarlas y Dios les dará doble vida, porque serán mártires dos veces: del Mundo y del Amor.

No hay que cansarse de ser víctimas. Las injurias y los golpes del mundo, no obstante que son como golpes de ariete contra frágiles carruajes, no deben apartarnos fuera de la Vía Purpúrea del Sacrificio, que se injerta en la Vía Regia que conduce al espíritu hacia Dios.

Hay que seguir a Jesús por la senda del Sufrimiento comprendido, aceptado, amado y vivido sólo por Él, como humilde respuesta a lo que nos pide el Señor. Cuando las tribulaciones y el sufrimiento se hacen más agudos, hay que cuidarse del Desaliento, arma infernal usada por Satanás, para atrofiarnos toda actividad interior. Es entonces cuando hay que encuadrar los sufrimientos, dentro de la real visión de la vida entendida como Prueba. No hay que decir: ‘Todo es inútil’ cuando parece que la semilla haya caído en terrenos áridos. Con el llanto se riega y con el holocausto total, todo se convierte en tierra fecunda. Y con la Oración y una inteligencia despierta al Amor, las derrotas se vuelven las más rotundas victorias.

El sufrimiento es el oro puro del amor del Alma-víctima, sangre del corazón de la mística Comunión de los Santos y que con Cristo a la cabeza, resucita a los muertos en el espíritu. Resurrección mucho más preciosa que la de la carne. El sufrimiento ofrecido a Dios con amor y con alegría, abandonándose completamente a la Voluntad de Dios, se convierte en un don precioso. Y Él corresponde con su ayuda y su consuelo.

Él Mismo ayuda a sufrir. Y el auxilio de María es invaluable, con su dulzura maternal. Ella también nos forma y nos ayuda a extendernos sobre la Cruz, en la alegría de ofrecerse a Dios por los hermanos, igual que Jesús se entregó a nosotros. Y es entonces cuando la Cruz se lleva con alegría y no pesa. El sufrimiento se vuelve dulce y conduce a la verdadera paz del corazón, porque en la Oración está el lenitivo y la fuerza para seguir siempre adelante, ofreciendo siempre a Dios todos:

Los sufrimientos interiores. Humillan mucho porque provienen de la experiencia de sus limitaciones, de sus defectos, de sus numerosos apegos. Lo procuran, el desarrollo de las circunstancias que nos rodean y que la providencia de Dios permite para sus misteriosos designios, que siempre están llenos de Amor.

Los sufrimientos exteriores. Son los que con frecuencia nos procura Satanás, cuando nos ataca con toda su rabia y su furor, tratando de destruirnos para hacernos desistir de seguir a Jesús. A todos nos atormenta con todo género de tentaciones. Con la Duda y la Desconfianza, con la Aridez y el Cansancio, con la Crítica, la Ironía y la Calumnia. Y a veces con palizas que físicamente nos dejan fuera de combate por breve tiempo, pero que con la Oración son vencidas y ampliamente recompensadas. También aquí entran los que provienen de las persecuciones que terminan con el martirio cruento.

EL SUFRIMIENTO EXPIATORIO.

El hombre peca con demasiadas maldiciones y para que Dios no acabe exterminándolo, porque además hace la tremenda acusación a Dios de las desesperaciones que son fruto natural de una vida sin Fe y alejada de Dios. Y que se procuran a sí mismos con las consecuencias de sus actos. Y para que no finalicen condenados eternamente, es necesario que las víctimas amen, sufran, rueguen, bendigan, crean, esperen, adoren, sufran. Sufrir, sufrir y sufrir, para que purifiquen a los que van a la muerte del espíritu. El sufrimiento de las víctimas, es el que mantiene a raya a Satanás, que se ha vuelto poderoso por las demasiadas maldiciones que lo hacen permanecer haciendo el Mal.

El sufrimiento expiatorio convierte a las almas en salvadoras. ¡Salvar! Para salvar a la humanidad, Jesús dejó el Cielo y conoció la Muerte. Salvar es la más grande de las caridades. Y convierte a las almas víctimas en salvadoras iguales a Cristo. Para salvar al mundo de la desesperación las víctimas son torturadas con todas las desesperaciones y nunca cesan de sufrir. Las calumnias y las murmuraciones del mundo, son su pan de cada día.

¿POR QUÉ SUFREN?

Porque un alma necesita su agonía para volver a Dios.

Dios toma su ardor para calentar a otras almas y ellas se quedan frías; sufriendo la gélida aridez espiritual. Sintiendo que no aman a Dios y con un dolor punzante por lo mismo. Pero mantienen su fidelidad y esto detiene el Brazo de la Justicia Divina, para que no descargue su cólera sobre los pecadores. Un solo acto de amor, cuando se sienten desamparadas, repara las ingratitudes de muchas almas. Y cuando están insensibles y con su voluntad heroica, repiten su amor y su fidelidad y se entregan con docilidad, para seguir crucificadas, siendo un bálsamo precioso y un consuelo para el corazón de Dios.

Y beben su amargura voluntariamente, para expiar convencidos de que Dios trabaja con su sufrimiento, cuyos resultados solo verán cuando hayan regresado a Él. Y con el llanto bañándoles las mejillas, lloran sobre el Corazón de Dios su Dolor y su tristeza, porque sobre Él es dulce amar y es dulce sufrir. Y le entregan todo su dolor y su tristeza. Y Jesús es el Sol que ilumina con una sonrisa, en medio de la tempestad. Y sus brazos son el consuelo que rodea su soledad. El sufrimiento de las víctimas suple el segundo martirio que el Padre ya no quiere que Jesús cumpla. Y por eso, a cada alma que se inmola, le es concedido expiar y salvar. Los sufrimientos del alma-víctima, obtienen de Dios Luz, para que las almas puedan reconocerlo.

Siempre sufrirán los inocentes y los santos, porque ellos expían por todos. Su dolor y su sufrimiento redime y salva. Víctimas puras a las que consuma el amor, junto a la Gran Víctima, en el Sacrificio Perpetuo: La Eucaristía.

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA