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UN SEMINARISTA REPROBADO


¿Alguna vez te has sentido desanimado por no lograr lo que quieres?…

O ¿Has pensado que lo que necesitas hacer es casi imposible?… ¿Qué sentirías después de reprobar dos veces el mismo examen?…

O ¿Hablarle de Dios a un amigo al que no le interesa saber nada de Él?

Esas cosas que nos parecen imposibles de hacer, nos retan a “PERSEVERAR” para lograrlas. Y eso es lo que hizo San Juan María Vianney, también conocido como el Cura de Ars.

San Juan María tuvo que superar muchos obstáculos antes de ser ordenado sacerdote.

También tuvo que Orar muchísimo antes de ver que el pueblo de Ars regresara a Misa…

Y por si esto fuera poco, llegó a estar hasta 16 horas diarias sentado, ¡Confesando a miles de peregrinos!

Bueno, y ¿Cómo fue que San Juan María pudo lograr estas cosas tan extraordinarias?

Déjame contarte su historia…

Juan María Vianney nació en Dardilly, Francia, el 8 de mayo de 1786.

Su familia era campesina, así que Juan María creció trabajando en el campo y cuidando rebaños.

Cuando él era niño, empezó la Revolución Francesa; y pocos años más tarde, los católicos practicantes eran perseguidos y amenazados con la pena de muerte.

Muchos tenían que ir a Misa a escondidas y los sacerdotes tenían que disfrazarse para que no los reconocieran.

Por esta razón, Juan María tuvo que hacer su Primera Comunión en su casa.

Su familia y amigos simularon que descargaban bultos de heno para alimentar al ganado, tapando las ventanas de la casa para que nadie se diera cuenta.

Aprendió a llevar una vida casi monástica, con un estricto horario de Oración y de trabajo, de silencio hasta en las comidas, de ayuno, penitencia y continua mortificación…

¡Qué valiente el sacerdote que arriesgó su vida para traerles a Jesús Eucaristía!

¡Qué impacto tan grande habrá tenido este TESTIMONIO en el pequeño Juan María!

Juan María se conmovió tanto ese día, que no pudo evitar llorar de la emoción, pues amaba mucho a nuestro Señor Jesús…

Cuando cumplió los diecisiete años, su gran deseo era ser sacerdote… A su madre le llegó a decir: “Si soy sacerdote, podría ganar muchas almas para Dios”.

Pero aquí es donde empezaron sus problemas.

A su papá no le gustó nada la idea de que fuera sacerdote, pues necesitaba su ayuda en el campo…

Juan María tuvo que esperar pacientemente dos años antes de que su papá lo apoyara.

Por fin, a los veinte años Juan María empezó sus estudios para sacerdote en la escuela de la ciudad de Ecculy, a cargo del Padre Balley.

Estando en la escuela, a Juan María se le hizo muy difícil estudiar.

Te amo, oh Gios mío, Mi único deseo es amarte hasta el último suspiro de mi vida. Te amo oh infinitamente amoroso Dios. Y prefiero morir amándote, qué vivir un instante sin Tí. Te Amo oh mi Dios y mi único temor es ir al Infierno, porque ahí nunca tendría la dulce cosolación de tu Amor. Oh mi Dios, si mi lengua no puede decir cada instante que te amo, por lo menos quiero que mi corazón lo repita cada vez que respiro. ¡Ah! Dame la Gracia de sufrir, mientras te amo y de amarte mientras sufro. Y el día que muera no solo amarte, pero sentir que te amo. Te suplico que mientras más cerca estés de mi hora final, AUMENTES Y PERFECCIONES MI AMOR POR TÍ. Amén

Sus maestros decían:

“Es muy buena persona, pero no sirve para estudiante ¡No se le queda nada!

¡Pobre Juan María! ¡Qué desanimado se habrá sentido!

“No logro guardar nada en esta mala cabeza”– él mismo decía.

Con mucha tristeza, decidió regresar a su casa…

PERO DIOS TENÍA OTRO PLAN PARA ÉL…

El Padre Balley, vio su gran vocación y se ofreció a ayudarle.

Juan María estudió con el Padre Balley por tres años para prepararse para el examen que tenía que presentar en el seminario…

Y cuando todo parecía que iba muy bien, le dieron la noticia de que…

¡NO HABÍA APROBADO EL EXAMEN! 

En ese tiempo era requisito saber Latín para ser sacerdote y Juan María, desafortunadamente, no logró aprenderlo…

El Padre Balley se dio cuenta del gran amor a Dios y del gran deseo de ser sacerdote que Juan María tenía, que hizo todo lo posible para recomendarlo con el Sr. Obispo.

Cuando Satanás le quemó su habitación dijo: “El rufián al no poder atrapar al pájaro, le prende fuego a su jaula,”

El cual, finalmente dijo:

–      ”…Que sea ordenado sacerdote, pues aunque le falten conocimientos, CON TAL DE QUE TENGA SANTIDAD, Dios suplirá lo demás”.

¡Por fin! Juan María fue ordenado sacerdote el 13 de agosto de 1815.

Había logrado su mayor anhelo: ¡Ser un sacerdote de Dios!

Este gran deseo y su gran amor a Jesús Eucaristía, le ayudó a perseverar y a salir adelante a pesar de sus dificultades para el estudio y los obstáculos que se le presentaban…

¡¡Y ¡Quién iba a decir que él sería más tarde, el sacerdote más conocido de su tiempo!!

Después de trabajar tres años con el Padre Balley como su asistente, lo mandaron al pueblo más pobre y aislado de Francia: Ars.

El Padre Vianney tuvo que caminar 38 km desde Ecculy para llegar ahí…

En su viaje, como no sabía como llegar, le pidió a un pastorcito que se encontró por el camino, que le indicara dónde estaba Ars.

Después de mostrárselo, el Padre Vianney le dijo:

–     “Tú me has enseñado el camino a Ars, y yo te enseñaré el camino al Cielo”…

¡Qué hermosas palabras tan alentadoras!…

Hoy en Ars, hay una estatua que recuerda este momento tan especial.

Cuando llegó al pueblo de Ars.

Vio que a la mayoría de la gente le gustaba divertirse bailando y tomando y que no se acercaban a las cosas de Dios.

A Misa sólo asistía un hombre y algunas mujeres.

¿Tu crees que un sacerdote con poca experiencia y con poca capacidad para el estudio pudiera ayudar a este pueblo tan indiferente a Dios?…

SACERDOTE ETERNO LUJURIA

Pues el santo Cura de Ars no se dejó desanimar por eso.

Más bien, se decidió a entregar su vida, por completo, por la conversión de todos ellos.

La forma en que lo hizo fue:  MUCHA ORACIÓN, MUCHO SACRIFICIO…

Y sermones muy directos que ayudaran a evitar el Pecado.

El Padre Vianney pasaba horas en Oración, pues decía:

–     “Hemos de orar con frecuencia, pero debemos redoblar nuestras Oraciones en las Horas de Prueba”…

Y sin duda, buscar la conversión del pueblo de Ars, ¡Era una gran prueba para él!

Pero el amor a Dios y a su Pueblo era mayor.

A Dios le decía:

–     “¡Te amo, oh Dios mío! Mi único desea es amarte hasta el último suspiro de mi vida.”

También dedicaba muchas horas a la preparación de sus sermones y otras tantas frente al Santísimo para encomendarse al Señor.

Y aún así, varias veces, al empezar a predicar en Misa…

¡Se le olvidaba lo que había preparado!…

Esto puede desanimar a muchos, pero NO al Padre Vianney.  NO al santo Cura de Ars.

San Juan María, buscaba cualquier oportunidad para ofrecer sacrificios.

Por ejemplo, dormía muy poco; a veces apenas dormía 3 horas al día…

Y muy seguido comía sólo papas cocidas…

Lo poco que él tenía, se lo daba a los pobres…

Su hermana Margarita, contó de él esta anécdota:

Un día de invierno, el señor Balley, dijo a mi hermano:

–    Vé a Lyon a visitar a esta señora. Es importante que te arregles bien y que te pongas los mejores pantalones.

Al regresar, llevaba unos calzones destrozados.

Entonces el señor Balley le preguntó qué había pasado…

Y contestó que había encontrado en su camino a un pobre medio muerto de frío.

Y movido por la compasión, le había cambiado los pantalones nuevos por sus calzones viejos y rotos”

¿Cuántos de nosotros seríamos capaces de hacer algo así?

La gente empezó a ver todo lo que el Santo Cura de Ars hacía…

Y así, ¡Empezó a hacerse popular!

Tan buscado era, que hasta venían personas de otros lugares para escuchar sus sermones y confesarse con él.

La gente empezó a decir que él era un santo; cosa que a él no le gustaba, porque se consideraba un pobre pecador.

Cuando el Obispo se dio cuenta de esto, mandó a un mensajero para que escuchara sus sermones y le trajera un reporte de lo que estaba pasando.

Al regreso, el Obispo le preguntó:

–     “¿Y bien, tienen algún defecto los sermones del Padre Vianney?

El mensajero respondió:

–      Sí, Monseñor, tienen tres defectos. Primero, son muy largos. Segundo, son muy duros y fuertes. Tercero, siempre hablan de los mismos temas:

LOS PECADOS, LOS VICIOS, LA MUERTE, EL JUICIO, EL INFIERNO Y EL CIELO 

 –       “Bueno, ¿Y tienen también alguna cualidad? – preguntó el señor obispo.

Satanás le gritó: “Faldinegro odiado. Agradpezcale a ESA que llaman Virgen maría; si no, ya me lo habría llevado al Abismo.”

El mensajero contestó:

–         “Sí, tienen una cualidad: las personas se conmueven, se convierten y empiezan una vida más santa de la que llevaban antes”.

Entonces el Obispo dijo:

–     “Pues si es así, por esta última cualidad, creo que se le puede perdonar al Cura de Ars los otros tres defectos”.

Con la visita de tantas personas, entre 300 y 400 por día, tenía que confesar durante largos ratos. Llegó a estar en el confesionario ¡Hasta por 16 horas diarias!

¡En su último año de vida, se dice que llegaron a visitarle cien mil peregrinos!

Estando en el confesionario, a veces sufría mareos y se le entumían las piernas. Sentía que se congelaba en el invierno y que se deshidrataba en el verano…

Pero nada detenía su celo por la salvación de las almas.

Él quería que todos supieran que ¡DIOS NOS AMA! Podemos decir que San Juan María, de modo heroico, ¡Entregó su vida por amor, en el confesionario!

Muchas personas hicieron peregrinaciones a Ars, en vida de este santo …

En esa época se hablaba de él, como nosotros hablábamos de su Santidad Juan Pablo II, el Padre Pío o la Madre Teresa de Calcuta, cuando todavía vivían.

A él venían todo tipo de personas: obispos, sacerdotes, religiosos, jóvenes, enfermos…Todos ellos querían conocerlo…

con algunos de ellos, Dios le dio el don de ver sus pecados…

“Las almas cuestan la Sangre de Cristo y el sacerdote no puede dedicarse a su salvación, sin participar personalmente en el “Alto Precio de la Redención”.

Y a muchos les llegó a decir los pecados que no confesaban…

¡Qué tranquilos y agradecidos se habrán sentido después de reconciliarse con Dios!

Y así vivió 45 años como cura de Ars.

EL SECRETO DE SAN JUAN MARÍA ERA “DARLO TODO Y NO CONSERVAR NADA” …

Darlo todo por amor a Dios, su Oración era: “Dios mío, concédeme la gracia de amarte tanto cuanto yo sea capaz”.

Ojalá que puedas recordar estas palabras para que tú también le puedas decir a Dios,

“DIOS MÍO, CONCÉDEME LA GRACIA DE AMARTE TANTO COMO SEA CAPAZ”.

Imagínate, este hombre al que no aceptaban para ser sacerdote, fue declarado “Patrono de los sacerdotes de Francia” en 1925…

Y en 1929, cuatro años más tarde, fue declarado «PATRONO DE LOS SACERDOTES DEL MUNDO» por el papa Pío XI …

A San Juan María, nunca lo dejaron salir de Ars y él obedeció.

Pero ahora, Dios quiere que todo el mundo sepa de él; Dios quiere que imitemos sus virtudes y que nos sintamos inspirados por su ejemplo.

Por eso, del 19 julio del 2009 al 19 de julio del 2010, el papa Benedicto XVI declaró el “Año Sacerdotal” y escogió a San Juan María como modelo a seguir para los sacerdotes de hoy.

Recuerda la vida de San Juan María Vianney y pide su intercesión cuando sientas que no puedes lograr lo que te piden en la escuela, en tu familia o en cualquier otra circunstancia.

¡No tengas duda de que Dios, también a ti, te dará la perseverancia que necesites!

Fuente: https://tuparroquiainmaculada.com/san-juan-vianney-modelo-de-perseverancia-para-el-sacerdocio/

La pequeña iglesia del pueblito de Ars, en Francia, era calurosa en extremo en el verano y se congelaba en el invierno.

Así y todo, la gente venía; a veces los fieles esperaban durante días y luego se aglomeraban para tener la oportunidad de confesarse.

El Padre Juan María Bautista Vianney llegaba a la iglesia a la una o dos cada mañana, llevando una vela encendida.

Después de rezar frente al altar, se sentaba en el confesionario tras la rejilla y comenzaba a escuchar confesiones.

Para este sacerdote de pueblo, el día pro­seguía de la misma manera hasta bastante entrada la noche, para comenzar nuevamente temprano a la mañana siguiente.

La corriente de peregrinos no terminaba, porque todos querían confesarse con el cura de Ars.

¿Quién era este hombre que cada año atraía a miles de peregrinos de toda Francia hacia una remota aldea situada en las colinas cer­canas a la ciudad de Lyons?

Juan María Vianney, hijo de un campe­sino, había tenido escasa educación formal y apenas había aprobado sus exámenes de latín en el seminario,

Donde algunos decían que NO había aprendido suficiente teología ni para escuchar confesiones.

Su aspecto era también bastante humilde, de cuerpo enjuto por el excesivo ayuno, mejillas hundidas, piel curtida y cabello prematura­mente blanquecino.

Solamente sus ojos azules revelaban la intensidad del Celo que sentía por Dios.

En la Tierra el Amor de Jesús DOSIFICA nuestro calvario, Y ÉL ES EL CIRENEO que nos ayuda a recorrer el Camino…

Como si fuera un virus contagioso, este celo “prendió” en la población y encendió una renovación religiosa que llevó a innumerables personas a la Cruz de Cristo.

Numerosos obstáculos. 

El amor que Juan María le tenía a Dios y a la Oración parecía ser innato, aun­que su madre se lo había alimentado desde temprano.

Siendo el cuarto de seis hijos, nació el 8 mayo de 1786, en el pueblito de Dardilly, a unas cinco millas de Lyons.

Cuando era niño, Juan María asistía a misa con su familia en secreto porque las iglesias estaban cerradas, una trágica consecuencia de la Revolución Francesa.

Con todo, el muchacho aprovechaba cualquier oportunidad que tenía para rezar en la pradera, cuando llevaba a pastar a los anima­les de la familia.

A los 16 años de edad, les dijo a sus padres que quería ser sacerdote, iniciándose así lo que fue una pro­longada y dificultosa travesía…

Y si no hubiera sido por su intenso deseo de hacer realidad su vocación religiosa, sin duda habría desistido de la idea. Primero, se topó con las objeciones de su padre.

Por un periodo de 35 años el santo Cura de Ars fue asaltado y molestado, de una manera física y tangible, por el demonio. Solían ser horribles ruidos y gritos estentóreos que parecían provenir del exterior de la casa parroquial..

Pasaron tres años antes de que le permitiera abandonar la granja familiar para irse a vivir en la ciudad vecina de Ecully, donde estu­diaría bajo la tutela del párroco del lugar, el padre Carlos Balley.

Segundo, Juan María tenía muy poca educación y no lograba avanzar en latín. Su ren­dimiento escolar era deficiente y por mucho que estudiara, no podía recor­dar la gramática del latín.

Luego en 1809, fue llamado al servicio militar, pero antes de que su destacamento partiera hacia su destinación, Juan María enfermó y no pudo salir; a raíz de lo cual fue considerado desertor y tuvo que pasar el año siguiente ocul­tándose en una aldea lejana.

Finalmente, en 1811, se declaró una amnistía general para los deserto­res y Juan María ingresó al seminario para continuar sus estudios, pero se angustiaba por no poder aprender el latín,

Y después de varios meses en el seminario salió reprobado en la primera serie de exámenes.

Estando casi al punto de la desesperación, el padre Balley salió en su ayuda.

Solicitó que lo autorizaran a edu­car personalmente al seminarista y lo consiguió.

Finalmente, el joven Vianney pasó las pruebas requeridas y fue ordenado sacerdote el 13 de agosto de 1815, a la edad de 29 años.

Destinación nueva y difícil.

Durante dos años y medio, el nuevo sacerdote sirvió como asistente de su protector, el padre Balley, en Ecully.

Pero cuando éste falleció en 1818 y designaron a un nuevo párroco, a Juan María lo destinaron como párroco al pequeño pueblo de Ars, distante unas 18 millas.

“No hay mucho amor a Dios en aquella parro­quia —le dijo el vicario general— tú llevarás algo.”

La aldea, de 200 habitantes, tenía cuatro tabernas y era conocida por las alocadas fiestas y bailes que allí se hacían. Pero el sacerdote, ya de 31 años, se puso a trabajar.

Muy tem­prano cada mañana se iba a la ruinosa iglesita y pasaba horas ante el altar derramando lágrimas y rogándole a Dios que convirtiera a la gente de su parroquia.

Durante toda su vida, nunca dejó de elevar esta Oración por las conversiones. La pasión por las almas lo definía y estaba dispuesto a sufrir lo que fuera si eso servía para que más personas se volvieran a Cristo.

A su constante intercesión añadía una extrema penitencia: ayu­naba varios días seguidos y dormía en el suelo duro, sin calefacción alguna.

Durante años vivió comiendo una sola vez al día: un plato de papas hervidas.

Al principio los feligreses eran indiferentes a lo que el padre Vianney predicaba.

Sin embargo, era difícil hacer caso omiso de lo que decía por el buen ejemplo que daba: su Oración era constante, su vida enteramente dedicada a Dios, y su dedicación al pueblo era genuina.

Además, la repulsa que sentía por el pecado le impedía ceder.

Cuando exhortaba a sus feligreses a que salieran de las tabernas y vinieran a la iglesia, no trabajaran los domingos y pusieran fin a los excesos de los bailes, enton­ces empezaron a escucharle, tocados por sus palabras.

Las peregrinaciones que dirigía hacia santuarios locales y una magnífica procesión que organi­zaba cada año en honor de la fiesta de Corpus Christi eran para los luga­reños recordatorios concretos de que Dios se encontraba entre ellos.

El sacerdote estaba convencido de que todos, incluso los campesinos que trabajaban la tierra, podían acer­carse a Dios.

Promovía la devoción al Santísimo Sacramento y enseñaba a los aldeanos a examinarse la con­ciencia y rezar, diciéndoles:

“Nuestro buen Dios no busca oraciones ni lar­gas ni hermosas, sino las que salen del fondo del corazón.”

Por las noches, empezaban a doblar las campanas y la gente se congregaba para las oraciones vespertinas.

El rezo colectivo de los pobladores comenzó a cambiar com­pletamente la atmósfera de la aldea de Ars, y empezaron a verse numerosas conversiones.

“La gracia de Dios es tan poderosa —dijo uno de los aldea­nos— que pocos pueden resistirse.”

Cuerpo incorrupto de San Juan María Vianney

Dones espirituales.

Desde sus primeros años en Ars, tal vez por la intensa vida de Oración y sacrificio que llevaba, Dios empezó a desarrollar en él una serie de dones sobrenatu­rales,

Los cuales, combinados con su capacidad para estimular al pueblo a arrepentirse y buscar la misericor­dia de Dios, pronto lo convirtieron en un confesor muy buscado.

Durante una misión realizada en 1823 en una parroquia cercana, fue tan grande la multitud que se reunió en torno a su confesionario que casi lo derribaron.

Conforme fue creciendo la fama de Vianney, muchos peregrinos empeza­ron a llegar al pueblito.

Querían ver personalmente a este humilde sacer­dote diocesano y el efecto que su ministerio tenía sobre los habitantes de Ars, que muchos empezaron a lla­mar un “oasis de santidad”.

Hacia el final de su vida, la cifra de peregrinos que llegaban a Ars cada año se esti­maba en 80.000.

Bajo la inspiración del Espíritu Santo, Vianney podía leer el corazón de los que venían a verlo.

Por ejem­plo, una mujer paseaba por la plaza de la ciudad un día cuando se cruzó con él.

El santo Cura llegó a entender que cuando más molestaba el demonio era porque iba a haber un gran penitente. Parece que en 1845 cesaron las instigaciones del demonio, y el Cura de Ars fue agraciado con un poder extraordinario para expulsar demonios de las personas poseídas.

“Señora —le dijo— sígame”.

Por el camino, el padre Juan María le empezó a revelar la vida de pecado que ella llevaba y poco después la mujer se convirtió.

Otro hombre, un científico bien conocido que se jactaba diciendo que sólo se dejaba guiar por la razón, fue a ver al sacerdote sólo por curio­sidad.

Después de la misa, el padre le hizo señas para que lo siguiera hacia el confesionario, donde de repente el hombre se puso a llorar.

“Padre —le dijo— no creo en nada. Ayúdeme.”

Después de nueve días de conversar con el padre, el hombre llegó a ser un devoto creyente.

Conforme la gente confesaba sus pecados, Vianney solía llorar por ellos, lo que los movía a un profundo arrepentimiento.

“¡Qué lástima!” solía decir.

Un sacerdote que había visitado el confesionario dijo una vez: “Aquella simple frase ‘qué lástima’, con toda su hermosura, demostraba el daño que el pecado había causado en el alma.”

Incluso, era sabido que el confesor les recordaba a los penitentes los pecados que habían olvidado mencionar.

Los jóvenes le consultaban para que les ayudara a discernir si tenían alguna vocación religiosa.

Los enfer­mos llegaban pidiendo oración por sanación.

Y si había alguna curación física —de las que hubo muchas— Vianney las atribuía a la intercesión de su amada Santa Filomena, una mártir de los primeros cristianos.

Un gran desgaste.

La condición de celebridad a la que llegó el padre Juan María Vianney le causó un gran desgaste personal.

Era prácticamente prisionero del confesionario, ya que se pasaba allí 18 horas al día. Su gran tentación era irse de Ars para entrar en un monasterio donde pudiera “llorar por mi pobre vida”.

Este pen­samiento lo atormentaba, de modo que reiteradamente pidió permiso a su obispo para dejar su puesto e irse a vivir en aislamiento, pero cada vez le fue negada la autorización.

Varias veces llegó incluso a abandonar la aldea, pero pronto se daba cuenta de que Dios lo llamaba a permanecer en Ars y regresaba.

Una vez fue a casa de su hermano en su ciudad natal de Dardilly, pero los peregrinos lo siguie­ron hasta allí.

De forma especial le preocupaban los pobres y muchas veces se le veía con ropas raídas, porque había dado lo que tenía a los necesitados.

En 1823, fundó una escuela gratuita para niñas, que finalmente se transformó en un orfanato.

Este hogar, llamado La Providencia, estaba a cargo de tres mujeres jóvenes de la aldea y llegó a ser un refugio para Vianney, donde podía escapar de las multitudes por un fugaz momento.

Además de comer allí, dejaba tiempo cada mañana para enseñar catecismo.

Eran tanto los visitantes que querían escuchar sus enseñanzas que las clases finalmente tuvieron que trasladarse a la iglesia.

Pero VIANNEY NO ESTUVO LIBRE DE ANTAGONISMO, especialmente al prin­cipio de su ministerio. Algunos de los sacerdotes locales se mostraban escépticos, envidiosos o ambas cosas a la vez.

Pero su opositor más tenaz fue el diablo. Durante el transcurso de 35 años, Vianney tuvo que soportar la actividad demoniaca que había de noche en su casa parroquial.

Los alari­dos, violentos golpes contra la puerta y otros ruidos extraños que hacían estremecerse la casita eran frecuentes.

Pronto se dio cuenta de que la activi­dad aumentaba la víspera del día en que vendría a verlo un “gran pecador”. “Es buena señal —solía decir— siem­pre hay buena pesca al día siguiente.”

Durante 41 años, el padre Juan María Vianney fue el sacerdote de la pequeña aldea. Al final de su vida, llegó a aceptar el hecho de que Dios nunca le concedería el tiempo de soledad que había deseado.

Falleció el 4 de agosto de 1859 a los 73 años de edad. Ya aclamado como santo por la gente, San Juan María Vianney fue canonizado el 31 de mayo de 1925,

Y posteriormente nombrado Patrono de los sacerdotes diocesanos.

Su vida puede resumirse con uno de sus pro­pios dichos:

“Ser amado por Dios, estar unido a Dios, vivir en la pre­sencia de Dios, vivir para Dios. ¡Oh, qué hermosa vida y qué hermosa muerte!”

R23 IGLESIA APÓSTATA


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Enero 20 de 2014 – 1:35 p.m.

LLAMADO DE MARÍA ROSA MÍSTICA A LOS SEDEVACANTISTAS

Hijos rebeldes, volved a la Iglesia de mi Hijo.

Hago un llamado urgente a todos aquellos que se han apartado de la Iglesia de mi Hijo y no han aceptado a ningún Vicario de Cristo, después del Concilio Vaticano Segundo.

Hijos rebeldes, la Iglesia es una sola, las demás son ramas o partes desprendidas de ella. Acordaos que la Iglesia está levantada sobre la firme roca que es mi Hijo y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella.

Si no aceptáis a ninguno de los Vicarios de la Iglesia legítimamente elegidos por la acción del Espíritu Santo, después del Concilio Vaticano Segundo, estáis en rebeldía y desobediencia con la Iglesia de mi Hijo que es: Una Santa, Católica, Apostólica y Romana.

 Os digo, si no aceptáis al Sumo Pontífice que es el sucesor de Pedro y Pastor de la Iglesia,

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No podéis ser llamados rebaño del Señor, ni ovejas de su grey. Estáis con mi Hijo, o estáis con mi adversario, el que no recoge con mi Hijo, desparrama y el que no está con mi Hijo, está en contra de Él.

¡Definíos de una vez, vuestra doble moral religiosa está dividiendo al mundo católico y le está haciendo daño a la Iglesia de Cristo!. O sois Católicos, Apostólicos y Romanos, o sois una secta en rebeldía. Acordaos de lo que dice la Santa Palabra de Dios: No todo el que me diga: Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos, sino aquel que haga la voluntad de mi Padre Celestial. (Mateo 7. 21) La rebeldía no es de Dios, si no os sometéis a la Iglesia y su Vicario, estáis entonces apartados de ella.

Mi Adversario os está engañando y os va a hacer perder el alma;

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Decís amar a Dios y cumplir sus preceptos, pero muchos de vosotros no asistís al Santo Sacrificio, ni recibís el Cuerpo y la Sangre de mi Hijo. Quebrantáis con esto el tercer precepto de mi Padre: santificar las fiestas.

Os digo hijos rebeldes: Si no amáis a la Iglesia esposa de Cristo aquí en la tierra y decís amar a Dios, os estáis comportando como el fariseo en el templo y no vais a ser justificados.

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Si estáis apartados de la Iglesia y no obedecéis a su Vicario, sois entonces una secta que sigue enseñanzas de hombres y no de Dios.

¡Despertad y volved al rebaño de mi Hijo, no mancilléis más a la Iglesia; dejad de estar criticando y juzgando a sus Vicarios!

 ¿Quién sois vosotros hijos de Adán, para cuestionar la voluntad de mi Padre?

¡No seáis hipócritas y no os comportéis como fariseos, porque mi Padre detesta todo esto! No os convirtáis en jueces de la Iglesia, porque sólo hay un Juez que puede juzgar, el que está sentado sobre querubines y rige con justicia la creación y todas sus criaturas.

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No sigáis pues haciéndole mal a la Iglesia de mi Hijo con vuestra rebeldía; comportaos como verdaderos hijos de Dios y volved lo más pronto posible al redil del Eterno Pastor.

Preparad vuestros corazones, porque se acerca el regreso triunfal de mi Hijo.

Vuestra Madre, María Rosa Mística.

Dad a conocer mis mensajes a toda la humanidad.

http://www.mensajesdelbuenpastorenoc.org/mensajesrecientes.html

10 DE ENERO DEL 2014

Amados hijos de Mi Corazón Inmaculado:

Desde las profundidades de Mi Amor Materno miro a la humanidad frente a un iceberg, conformado en sus entrañas por la voluntad humana desenfrenada e irrespetuosa de todo lo que Mi Hijo les legó. El Hombre no logrará evitar el iceberg con sólo su voluntad humana, sino hasta que se encuentre con su Señor y su Dios; pues cada instante va fortaleciéndose y agrandándose más.

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Tantas ocasiones les he llamado a mirarse interiormente y trascender lo humano; para que se adentren poco a poco, en el Verdadero Camino que conduce a Mi Hijo; siendo la Regla: el desprendimiento total y absoluto de todo lo que es mundano y liberal en los sentidos contaminados por las huestes malignas, que aprisionan al hombre en los fangos del pecado y la depravación espiritual, moral y social.

Amados hijos de Mi Corazón Inmaculado, ustedes por voluntad humana han creado este iceberg, que lo fortalecen con cada acto fuera de los lineamientos de Mi Hijo; con cada negación humana y con cada desobediencia que lleva al hombre a caer en el fango de los instintos salvajes, peor que los animales.

El hombre de este instante es irreconocible. No es el hombre que creó el Padre, ni el que redimió mi Hijo.

SINO ES EL HOMBRE TOTALMENTE DESARRAIGADO DEL AMOR HACIA TODO LO DIVINO. Y unido al falso amor que ha creado el enemigo del alma. Éste enemigo lo ha arrastrado con fuerza.

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Los verdaderos cristianos son los que se apegan al Evangelio, encontrando en los Mandamientos la Verdad y su reposo. Y encontrando en los Sacramentos el cumplimiento de la Voluntad del Padre.

Tomen conciencia de cada frase del Padrenuestro y tomen conciencia de cómo ustedes profesan la Fe en Mi Hijo. TOMEN CONCIENCIA DE LAS PALABRAS DEL CREDO. No lo oren de memoria, sino vívanlo en la conciencia.

En la Consagración, Mi Hijo transubstancia el pan y el vino en Su Cuerpo, Alma y Divinidad; para ser el Alimento que les nutre en el espíritu y les provee de lo necesario para que continúen enfrentándose a lo mundano, que les mira a ustedes como seres diferentes a los demás.

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Un mártir no es sólo el que muere físicamente defendiendo la Fe; sino también aquel que SE ENTREGA INSTANTE A INSTANTE para cumplir los deseos y la Voluntad Divina, sin interesarle las burlas y críticas de sus hermanos al actuar rectamente.

No se preocupen hijos míos, que la grandeza final no la encontrarán en la tierra; sino en la Casa de mi Hijo, en donde él les preparará su mesa y un lugar está reservado para ustedes en la mesa del banquete celestial.

¡Cuántos se burlan de Mis Llamados y de Mis Mensajes anteriores y presentes! Ésos son aquellos que no han logrado penetrar y mirar en estos instantes el cumplimiento de esos Llamados y Mensajes; ya que el temor del hombre le lleva a negar los acontecimientos Divinos que le son anunciados.

La desconfianza en lo venidero les lleva a repeler la Verdad y a sentirse amenazados ante lo que les anuncia purificación. Y sobre todo, purificación en su metro cuadrado y su seguridad económica.

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Amadísimos hijos de Mi Corazón Inmaculado, la Naturaleza encuentra un hombre totalmente diferente a ella. El hombre en total libre albedrío es indiferente a la Voluntad del Padre. Esto es el inicio de lo profetizado por mí.

LA IGLESIA DE MI HIJO HA DECAÍDO EN EL ESPÍRITU,

 ES UNA IGLESIA DE APARIENCIA, NO FIRMEMENTE ESPIRITUAL,

Ésta no ha preparado espiritualmente al hombre, con la firmeza de cómo vencer todo lo que se encontrará en los finales de esta generación.

Mi Hijo viene por su Pueblo. Por un pueblo de fe y de amor, de confianza y obediencia ante su Palabra. Por un pueblo que le seguirá a donde Él vaya, para luego encontrarse con los suyos y que continuarán en la tierra firmes; para encontrarse con Él, tras haber sido fieles sin temores ni negaciones.

Amados Míos, no olviden que el instrumento es la tinta y Quien dirige la mano es Mi Hijo.

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Amadísimos Míos:

NO SE CONFUNDAN, NO BUSQUEN EN EL MUNDO LO QUE ES DE MI HIJO. Afánense y busquen lo recto y dejen de lado todo aquello que les retrase el encuentro con Mi Hijo.

Son ustedes Mis perlas, son ustedes Mi gozo, son ustedes Mi Esperanza; ya que jamás dejaré de lado la esperanza y la decisión por el bien que ustedes poseen. Pues siendo llamados a la perdición por la corriente del mal, se han negado a ello por amor a Mi Hijo.

¡Cuánto les bendigo y cuánto sufro por toda la Humanidad!

MI HIJO NECESITA DE UN PUEBLO UNIDO, FORTALECIDO Y FUSIONADO A LA VOLUNTAD DIVINA.

Yo les bendigo, les amo.

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http://revelacionesmarianas.com/luz_de_maria.htm