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208 UN SUEÑO REALIZADO


208 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

En un bello amanecer en el lago de Galilea,

Jesús está con todos los apóstoles y también con Judas de Keriot,

que ya está totalmente recuperado y con una cara más dulce.

Tal vez debido a la enfermedad y a los cuidados que recibió.

También está Margziam, un poco atemorizado porque es la primera vez que está en el agua.

Trata de disimular, pero a cada movimiento fuerte de la barca;

se agarra con un brazo del cuello de la oveja, que comparte su mismo miedo con él,

balando lastimosamente…

Y con el otro se agarra de lo que puede y cierra los ojos,

convencido de que ha llegado su última hora.

Pedro le da un cachetito y le dice:

–    No tengas miedo.

Un discípulo jamás debe temer.

El niño dice que no con la cabeza, pero como el viento sopla más fuerte y el agua se mueve más; 

conforme se van acercando a la desembocadura del río Jordán,

Margziam se asusta más. 

Aprieta más fuerte los ojos y cuando una ola azota fuertemente,

sobre un costado de la nave, grita de miedo.

Algunos se ríen.

Otros se burlan de Pedro, porque quiso ser padre de uno que no sabe estar en la barca.

Y otros se burlan de Margziam, porque dijo que quería ir por tierras y mares, a predicar a Jesús. 

 Y ahora tiene miedo de navegar unos cuantos km. En el lago.

Pero Margziam se defiende diciendo:

–     Cada quien tiene miedo de lo que no conoce.

Yo del agua y Judas de la muerte…

¡Y vaya que Judas debió haber tenido miedo de morir!

En lugar de reaccionar como acostumbra;

con un dejo de cansancio y tristeza,

dice:

–   Dijiste bien.

Se tiene miedo de lo que no se conoce.

Pero ahora estamos por llegar a Betsaida y tú estás seguro de encontrar allí amor.

Andrés le pregunta sorprendido:

–    ¿Desconfías de Dios?

Judas contesta:

–    No.

Desconfío de mí mismo. 

En los días en que estuve enfermo, rodeado de tantas mujeres puras y buenas.

¡Me sentí tan pequeño en mi espíritu!

¡Cuánto he pensado!

Decía:

–    “Si ellas todavía trabajan para ser mejores y para conquistar el Cielo.

¿Qué cosa debo hacer yo?…  

Se vuelve hacia Jesús,

preguntando:

–    ¿Llegaré alguna vez, Maestro?

Jesús dice:

–    Con buena voluntad, todo se puede.

–    Pero mi voluntad es muy imperfecta.

–    El auxilio de Dios, pone en ella lo que le hace falta, para ser completa.

Tu actual humildad ha nacido de la enfermedad.

Piensa pues que el Buen Dios ha proveído mediante un incidente penoso,

para darte una cosa que antes no tenías.

–    Es verdad, Maestro.

Pero, ¡Esas mujeres!

¡Qué perfectas discípulas!

No me refiero a tu Mamá.

Ella es cosa aparte y clara.

Me refiero a las demás.

¡Oh! ¡Verdaderamente se superaron!

He sido una de sus primeras pruebas en su futuro ministerio.

Créeme, Maestro.

Puedes apoyarte seguro en ellas.

Elisa y yo estuvimos bajo sus cuidados.

Elisa ha regresado a Betsur con el alma rehecha y yo…

espero rehacérmela ahora que tanto trabajaron…

Judas, todavía débil, llora.

Jesús, que está sentado a su lado, le pone una mano sobre la cabeza;

mientras hace un gesto a los demás para que guarden silencio.

Pero, la verdad es que Pedro y Andrés están muy ocupados,

con las últimas maniobras de atracada.

Y no hablan.

Simón Zelote, Mateo, Felipe y Margziam, no tienen ninguna intención de hacerlo. 

Quién porque está distraído por el ansia de la llegada.

Quién porque es de por sí prudente.

La barca penetra en el río Jordán.

Poco después se detiene en el guijarral.

Los mozos bajan para asegurarla atándola con una soga a una peña.

Y para afianzar una tabla que sirva de puente.

Pedro entretanto, se pone de nuevo la túnica larga.

Y lo mismo hace Andrés.

Mientras, la otra barca ya ha hecho la misma maniobra y están bajando los otros apóstoles.

También Judas y Jesús bajan.

Pedro por su parte, está poniéndole su vestido nuevo al niño.

Y lo arregla para presentarlo en orden a su mujer…

Ya han bajado todos, con las ovejas incluidas.

Pedro dice: 

–     Y ahora pongámonos en marcha.

Está realmente emocionado.

Le da la mano al niño, que está también muy emocionado.

Tanto que se olvida de las ovejitas.

Juan se ocupa de ellas.

Margziam está tan angustiado;

que cuando Pedro lo toma de la mano;

no puede ocultar un destello de miedo.

Y estremeciéndose pregunta:

–    Pero, ¿Me aceptará?

¿De veras me amará?

Pedro solicita con la mirada, la ayuda a Jesús.

Jesús sonríe…

y dice:

–     No os preocupéis.

Pedro lo tranquiliza.

Aunque quizás el miedo se le ha contagiado,

porque dice a Jesús:

–     Háblale Tú a Porfiria, Maestro. 

Porque creo que no sabré expresarme bien.

Jesús sonríe.

Pero promete hacerlo.

Siguiendo por la arena a lo largo de la playa, pronto llegan a la casa de Pedro.

Encuentran a Porfiria ocupada en sus quehaceres domésticos.

Jesús se asoma a la puerta de la cocina, donde Porfiria está ordenando sus trastos.

Y en cuanto la mujer de Pedro se da cuenta.

Se alegra tanto y exclama: 

–  ¡Jesús! ¡Simón!

Y corre a postrarse primero ante Jesús…

Luego da la bienvenida a su marido.

Enseguida, levantando una cara que no es un dechado de belleza;

pero que está iluminada por una gran bondad,

continúa toda ruborizada:   

–     ¡Tanto que os he estado esperando!

¿Estáis todos bien?

Venid. Venid.

Estaréis muy cansados…

Jesús sonríe y dice:

–    No.

Venimos de Nazareth, dónde nos detuvimos unos días.

Y de Caná, donde también estuvimos algunos días.

En Tiberíades estaban las barcas.

Puedes ver que no estamos cansados.

Judas se encuentra débil, porque estuvo enfermo.

Y también traíamos un niño con nosotros.

Porfiria exclama:

–    ¡Oh!

¿Un niño? 

¿Un discípulo pequeño?

–    Un huérfano que recogimos en el camino.

Porfiria ve a Margziam, que está semiescondido detrás de Jesús…

Y se arrodilla extendiendo sus brazos hacia él. 

Diciendo: 

–   ¡Oh, prenda!

¡Ven tesoro para que te bese!

Margziam se deja abrazar y besar sin protestar.

Y mientras lo estrecha contra sí y la mejilla del niño está junto a la suya,

Porfiria dice:

–    Y ahora os lo lleváis.

Tan pequeño y frágil que es!

Se cansará…

Una gran compasión irradia en su voz.

Jesús dice:

–    En realidad, yo tenía pensado confiarlo a alguna discípula;

cuando nos vamos lejos de Galilea, del lago…

Porfiria lo interrumpe anhelante:

–    ¿A mí no Señor?

Nunca tuve hijos.

Sobrinos sí y sé cómo tratar a los niños.

Soy la discípula que no sabe hablar.

Que no estoy  muy sana para poder seguirte, como lo hacen las otras que…

¡Oh! ¡Tú lo sabes!

Seré cobarde si quieres.

Pero entiendes entre qué tenazas me encuentro…  

Mi madre es demasiado dominante…

¿Tenazas dije?… No.

Me encuentro en medio de dos sogas,

que me arrastran en direcciones contrarias.

Y no tengo el valor para romper una de ellas.

Déjame servirte aunque sea un poco, siendo la mamá-discípula de este niño.

Le enseñaré todo lo que las otras enseñan a tantos…

A amarte..

Jesús le pone la mano sobre la cabeza,

y dice:

–   Hemos traído aquí al niño.

Porque aquí habría encontrado una madre y un padre.

¡Ea pues! Formemos una familia.

Y Jesús pone la mano de Margziam sobre la de Pedro,

que tiene los ojos anegados de lágrimas.

Y luego las une con la de Porfiria.

Agrega:

–    Educadme santamente a este inocente..

Pedro se seca las lágrimas con el dorso de la mano.

Y Porfiria, que se ha quedado como estatua por la estupefacción.

Sacude su cabeza cómo si no pudiera asimilar, lo que está pasando…

Vuelve a arrodillarse…

Y dice:

–    ¡Oh, Señor mío!

Me quitaste al esposo haciéndome casi viuda;

pero ahora me das un hijo…

Así pues devuelves todas las rosas a mi vida.

No sólo las que tomaste, sino las que nunca tuve

Qué seas Bendito.

Amaré a este niño, mucho más que si hubiese salido de mis entrañas.

Porque Tú me lo has dado…

Y besa la orla del vestido de Jesús.

Luego abraza estrechamente a Margziam…

Y lo sienta sobre sus rodillas.

Es una mujer absolutamente felíz…

Jesús dice:

–   Dejémosla expansionarse.

Quédate también tú Simón Pedro.

Nosotros vamos a la ciudad a predicar.

Vendremos al atardecer, a pedirte comida y descanso.

Y Jesús sale con los apóstoles, dejando tranquilos a los tres…

Juan dice:

–     Mi Señor.

A Simón hoy se le ve muy feliz!

–     ¿Tú también quieres un niño?

–     No.

Sólo quisiera un par de alas para elevarme hasta las puertas del Cielo.

Y aprender el lenguaje de la Luz, para repetirlo a los hombres.

Y sonríe.

Acondicionan a las ovejitas en el fondo del huerto, junto al local de las redes.

Y les dan ramitas, hierba y agua del pozo.

Luego se marchan hacia el centro de la ciudad.

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175 DIAGNÓSTICO ESPIRITUAL


175 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

La ciudad está semidesierta en esta noche serena y clara por la luna llena que resplandece en toda su plenitud.

La Pascua ha sido celebrada y consumida en una de las casas de Lázaro.

En la puerta exterior Jesús, con esa señorial cortesía muy suya, se ha despedido de Juan de Endor, dejándolo como custodio de las mujeres y dándole las gracias por esto mismo.

Le dió un beso a Margziam, que también acudió a la puerta.

Y se encamina con los suyos en el barrio de Bezetha, siguen a lo largo de la muralla y dejan atrás la casa de José de Arimatea.

Avanzan ligeros hacia fuera por la Puerta de Herodes.

Tadeo pregunta:

–     ¿A dónde vamos, Señor?

Jesús responde:

–     Venid conmigo.

Os llevo a coronar la Pascua con una perla anhelada y singular.

Por este motivo he querido estar sólo con vosotros, ¡Mis apóstoles!

Gracias amigos, por el gran amor que me tenéis; si pudierais ver cómo me consuela, os asombraríais.

Fijaos, Yo me muevo entre continuas contrariedades y desilusiones. Desilusiones por vosotros.

Convenceos de que por Mí no tengo ninguna desilusión, pues no me ha sido concedido el don de ignorar…

Por esta razón también os aconsejo que os dejéis guiar por Mí.

Si permito una cosa, la que sea, no opongáis resistencia a ello; si no intervengo para poner fin a algo, no os toméis la iniciativa de hacerlo vosotros.

Cada cosa a su debido tiempo. Confiad en Mí, en todo.

Ya están en el ángulo nordeste de la muralla; vuelven la esquina y van siguiendo la base del monte Moria…

Hasta llegar a un punto en que por un puentecito, pueden cruzar el Cedrón.

Santiago de Alfeo pregunta:

–    ¿Vamos a Getsemaní?

–    Más arriba.

A la cima del monte de los Olivos.

Juan exclama:

–    ¡Oh! ¡Será algo bello!

Pedro susurra:

–    También le habría gustado al niño.

Jesús dice:

–     ¡Tendrá oportunidad de verlo otras muchas veces!

Estaba cansado y además es un niño.

Quiero ofreceros una cosa grande, porque ya es justo que la tengáis.

Suben entre los olivos, dejando Getsemaní a su derecha.

Suben más arriba por el monte, hasta alcanzar la cima, donde los olivos se balancean crugiendo…

Avanzan por entre le olivar, hasta que Jesús se frena y dice:

–     Detengámonos aquí…

Todos se acomodan a su alrrededor, sentándose para escucharlo…

Jesús dice:

“Queridos, muy queridos discípulos míos, continuadores míos en el futuro, acercaos a Mí.

Hace poco tiempo, me habéis dicho:

“Enséñanos a orar como lo haces Tú; enséñanos, como Juan enseñó a los suyos.

Y siempre os respondí:

‘Os enseñaré cuando vea en vosotros un mínimo de preparación suficiente, para que la plegaria no se convierta en una fórmula vacía de palabras humanas.

Sino que sea una verdadera conversación con el Padre.

Ha llegado el tiempo. Hemos obedecido el Precepto Pascual, como verdaderos israelitas y el precepto divino de la caridad; para con Dios y para con el prójimo.

Uno de vosotros ha sufrido mucho en estos días, debido a una acción que no merecía.

Y ha sufrido por el esfuerzo que se ha hecho a sí mismo, para controlar la ira que esa acción había provocado.

Sí, Simón de Jonás, ven aquí.

Ni una palpitación de tu corazón honrado, me ha pasado desapercibida.

Y no ha habido sufrimiento que no haya compartido contigo.

Yo… y tus compañeros.

Pedro dice:

–    Pero Tú Señor, has sido ofendido más que yo.

Y esto era para mí una pena mayor… Que Judas haya desdeñado acompañarme en la fiesta, me molestó mucho como hombre.

Pero al ver que Tú estabas adolorido y ofendido, me molestó de otro modo. Y sufrí el doble…

Yo no quiero gloriarme, ni hacerme el héroe, usando tus palabras. Pero debo decir que he sufrido con mi alma…

Y esto causa mayor dolor.

–    No es soberbia, Simón.

Has sufrido espiritualmente, porque Simón de Jonás, pescador de Galilea; se está convirtiendo en Pedro de Jesús;

Maestro del espíritu; por lo cual también sus discípulos se hacen activos y sabios en el espíritu. Porque has avanzado en la vida del espíritu.

Y porque vosotros también habéis avanzado, quiero enseñaros esta noche la Oración.

¡Cuánto habéis cambiado desde aquel día en que nos detuvimos en un lugar desierto por algunos días!

Bartolomé pregunta un poco incrédulo:

–   ¿Todos, Señor?

–   Comprendo lo que quieres decir.

Yo os hablo a vosotros los once, que estáis aquí, no a otros.

Andrés dice con mucha tristeza:

–   Pero, ¿Qué le pasa a Judas de Simón, Maestro?

Ya no lo comprendemos. Parecía muy cambiado y ahora… desde que dejamos el lago…

Pedro interviene:

–    Cállate hermano.

La llave del misterio la tengo.

Se ha colgado un pedacito de zebú.

Fue a buscarlo a la caverna de Endor, para sorprender a los demás.

Lo tomó del nicho donde estaba el búho.

¡Y se lo tiene merecido!

El Maestro se lo dijo aquel día…

En Gamala, los diablos entraron en los cerdos.

En Endor, los que salieron del desgraciado Juan, entraron en él. Se entiende que…

Se entiende… ¡Déjame decirlo, Maestro!

Lo tengo aquí, en la punta de la lengua y si no lo digo, me muero…

Jesús le pide:

–   Simón. Sé bueno.

–   Sí, Maestro.

Y te aseguro que no le haré ningún desprecio.

La posesión espiritual perfecta se agrava tremendamente por la Lujuria y la maldad de Asmodeo…

Pero digo y pienso que siendo Judas tan vicioso… Y tan mujeriego…

Todo el Templo lo conoce, lo sabe y Todos lo sabemos.

Y está sin protección porque quiere. Se entiende que también los demonios, gustosos cambian de casa.

Es un semejante al cerdo…

Pedro calla.

El  silencio se extiende un largo momento.

Y agrega con un suspiro:

–    Bueno, lo he dicho.

Santiago de Zebedeo pregunta:

–   ¿Entonces tú piensas que por eso es así?

–   ¿Y qué otra cosa quieres que sea?

No hay ninguna otra razón para que se haya vuelto tan intratable.

Está peor que en Agua Especiosa.

Allí se podía pensar que el humor y la estación  lo pusiesen nervioso.

Pero ahora…

Jesús agrega con calma:

–    Hay otra razón, Simón…

–    Dila, Maestro.

Estoy contento de desengañarme del compañero.

–   Judas está celoso.

Está inquieto por celos.

–   ¿Celoso de quién?

No tiene mujer. Y aunque la tuviese, creo que ninguno de nosotros sería capaz de ofender a un condiscípulo…

–    Está celoso de Mí.

Piensa… Judas ha cambiado desde Endor y luego…  Empeoró en Esdrelón.

Esto es; desde que vio que me ocupaba de Juan y de Marziam.

Pero ahora que Juan nos dejará y que se irá con Isaac, verás que volverá a ser alegre y bueno.

–   Está bien.

Pero no querrás decirme que no es presa de un diablillo…

Y sobre todo; no querrás que diga que se ha compuesto en estos meses en que se ha portado peor.

El año pasado yo también era celoso… ¿No recuerdas que no quería que hubiese nadie más que nosotros seis?

Ahora deja que invoque a Dios como testigo de mi pensamiento. Ahora digo que soy feliz; entre más aumentan los discípulos a tu alrededor.

¡Oh! ¡Cómo quisiera traerte a todos los hombres!

Pero, ¿Por qué he cambiado? Porque me he dejado cambiar por Ti. Él…  él no ha cambiado. Al contrario…

Convéncete, Maestro. Un diablillo se ha apoderado de él…

–    No lo digas, ni lo pienses.

Ruega para que se cure. Los celos son una enfermedad emocional…

Que destrozan el alma.

–    De la que se puede curar si uno quiere.

¡Ah! Lo soportaré por causa tuya… Pero, ¡Qué fatiga!…

Judas Tadeo, dice:

–    Me parece que ya recibió su castigo…

Al no estar con nosotros en esta noche; en que aprenderemos algo tan importante.

Jesús dice:

–     Ha llegado el momento.

Vosotros poseéis cuanto es suficiente para conocer las palabras dignas que se digan a Dios y os las quiero enseñar esta noche en medio de la paz y el amor que existe entre nosotros.

En la paz y el amor de Dios y con Dios…

Escuchad: cuando oréis, decid así:

“Padre Nuestro…”

111 EL MARTIRIO 2


111 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

LAS DOS COLUMNAS PRIMARIAS

Nerón, cuando asesinó a Séneca esperaba apoderarse de la fortuna estimada en trescientos millones de sestercios y descubrió que ésta no llegaba ni a la décima parte de esa cantidad.

Con la sentencia de Petronio, se encontró con que lo único que quedaba era su palacio en Roma y la quinta de Cumas; que ya no le pertenecían a él, pues estaban legalizadas a nombre de otro dueño.

Estos dos fiascos le hicieron  decretar que en los testamentos se presentarían en blanco las dos primeras páginas.

Que solamente se escribiría en ellas el nombre del testador y que el que escribiese el testamento de otro, no podría asignarse ningún legado.

Empobrecido y exhausto de recursos hasta el punto de demorar la paga de los soldados y las pensiones de los veteranos, recurrió a las rapiñas y a las falsas acusaciones.

Se apoderó de los bienes y las fortunas que le apetecían con el argumento de que ‘habían sido ingratos con el Príncipe.’

Un día que cantaba en el teatro, vio a una matrona adornada con la prohibida púrpura, la señaló a sus agentes y haciéndola sacar inmediatamente, le confiscó el traje y los bienes.

Y ya no confirió ningún cargo sin añadir:

–   ¿Sabes lo que necesito?

Obremos de tal forma que nadie tenga nada.

Concluyó por despojar a la mayor parte de los templos y fundió todas las estatuas de oro y de plata.

Después de la muerte de Popea quiso casarse con Antonia la hija de Claudio.

Como ella se rehusó, también la acusó de conspiración e hizo que la mataran.

No hubo lazo que no rompiera con el crimen.

Y mientras tanto su red de espías, seguían llenando los tribunales con cristianos.

Pedro fue arrestado por los pretorianos y lo llevaron a la cárcel mamertina, en el calaozo del Tullianum.

Los cristianos lo recibieron con gran reverencia y amor.

Algunos presos que habían sido torturados y que no eran cristianos, le pidieron que los ayudase.

Pedro oró y los sanó el Señor.

El hijo de un verdugo que estaba sordo y mudo, también fue sanado.

Entonces un centurión se acercó…

Y le dijo:

–   Mi nombre es Flavio. 

Tengo un compañero de guerra al que quiero mucho.

En Germania recibió un fuerte golpe en la nuca y está paralizado del cuello hacia abajo.

¿Podrías rogar a tu Dios para que lo cure?

Pedro le contestó:

–   Flavio, ¿Crees que nuestro Señor Jesucristo pueda sanarlo?

–   Sí creo. Creo que Él es Dios y si Él quiere, puede compadecerse de un pagano…

–  Flavio, en el Nombre de Jesucristo, hágase como lo pides.

Y dile a tu amigo que busque la Luz de la Verdad.

Por la tarde de ese mismo día, llegó el otro soldado completamente sano a darle las gracias.

Flavio dice llorando:

–   Cuando seas sentenciado, yo voy a tener que matarte.

Pedro lo mira sonriendo con amor,

Y lo exhorta:

–   Cumple tu deber hijo mío.

Y alégrate. No me darás la muerte. Lo que vas a hacer es abrirme las Puertas del Cielo.

El soldado sanado declara:

–   Anciano, yo soy Leoncio y te doy las gracias a ti y a tu Dios.

Flavio pregunta:

–      Dime cómo podemos agradecerle y adorarlo.

–     Él Mismo los guiará. Venid…

Y Pedro les habla del alma y del Cielo…

Durante todo el tiempo que estuvo en prisión, continuó evangelizando también a sus carceleros,

realizando milagros a todos los que se lo pedían y bautizando sin cesar a los conversos…

Y los rumores de lo sucedido, traspasaron las murallas de la prisión y se expandieron por todos lados.

Entonces Pablo también fue llevado a la cárcel Mamertina.

Y cuando Nerón fue notificado de que los líderes de la Iglesia Perseguida habían sido capturados, decidió divertirse un poco…

Recordó algo que le había platicado Popea cuando era prosélita de la religión hebrea.

Y en complot con Tigelino, urdió un plan…

Para ver lo que haría el Dios de los cristianos, al verse enfrentado con su Padre.

La primera vez que se menciona a Simón el Mago es en el Nuevo Testamento, en el libro de los Hechos de los Apóstoles, donde dice que él era un hombre experto en las artes mágicas con las cuales,

“tenía deslumbrados a los samaritanos y pretendía ser un gran personaje” (Hechos 8, 9).

Y cuando Felipe, uno de los primeros diáconos, llevó el evangelio a esta zona.

Por la gracia de Dios, mucha gente creyó y fue bautizada, incluyendo a Simón el Mago.

Al poco tiempo Pedro y Juan visitaron Samaria, para llevar el sacramento de la confirmación a los nuevos conversos.

El poder de este sacramento, impresionó a Simón el Mago y le ofreció dinero a los apóstoles, a cambio de que le dieran ese poder.

 Los apóstoles se rehusaron a perpetrar ese sacrilegio y la Iglesia hoy llama a ese pecado Simonía,.

 Simón, luego de ser rechazado por los Apóstoles, abandonó la Iglesia Católica y se volvió hacia el gnosticismo, una herejía cristiana temprana, que rechaza la autoridad de los Apóstoles,

en favor del conocimiento secreto que los cristianos afirmaban recibir directamente de Dios.

Al parecer volvió a su magia demoníaca y su conflicto llegó a su punto más alto en Roma; donde  tenía muy impresionada a la gente con sus artes mágicas.

Y por sus prodigios era tenido entre los judíos como un gran personaje que ‘Tenía consigo la Fuerza de Dios’.  

De acuerdo al plan preconcebido por el César, mandó sacar de la cárcel a Pedro y a Pablo.

Y ante una gran muchedumbre reunida en la plaza del Fórum,

Decidió enfrentarlos con Simón el Mago que capitaneaba a los judíos, acérrimos enemigos de los cristianos.

Cuando todos estuvieron frente al César,

éste les dijo, señalando a Simón:

–    Este hombre es sincero y vosotros, los embaucadores.

Y ahora lo veremos.

Acto seguido Simón el Mago, coronado de laurel por Nerón mismo, subió hasta lo más alto del Capitolio,

¡Y empezó a volar!

Pedro al ver aquello, dijo a Pablo:

–    Satanás se disfraza de ángel de Luz…

Pablo le replicó:

–   A mí me corresponde orar…

Y a ti, dar las órdenes debidas.

Pablo se arrodilló y se sumergió en la Oración en el Espíritu.

Pedro levantó la voz y dijo con autoridad:

–     Espíritus de Satanás que lleváis a este hombre por el aire.

En El Nombre Santísimo de Jesús yo os mando que no lo sostengáis más.

Y que lo bajéis sin dañarlo, hasta el suelo.

Los Demonios se encolerizaron tanto, que obedecieron la orden a medias.

Ante el asombro general, Simón aterrizó bastante maltrecho; porque lo soltaron desde una altura considerable y cayó, rompiéndose las piernas. 

Pero Pedro oró y  Dios hizo el milagro.

Y Simón  quedó tan avergonzado, que huyó a esconderse por un año, antes de animarse a comparecer ante el público otra vez.

Nerón se enfureció aún más, al ver el inesperado resultado de su maquinación.

Y antes de retirarse, ordenó que los llevaran al tribunal.

El Prefecto Agripa dijo a Pedro, al tenerlos frente a sí:

–    Así que tú eres el hombre que en tus reuniones aprovechas tu influencia e impides que las mujeres se casen.

Pedro le contestó:

–   Yo soy fiel discípulo de mi Señor Jesucristo.

El Crucificado que Resucitó y Vive y Reina por siempre, a la diestra de Dios Padre.

–    Le seguirás hasta el final.

También tú morirás en la Cruz.

Y a Pablo por ser ciudadano romano, lo condenó a ser decapitado.

Al anciano apóstol se le aplicaron los azotes prescritos por la ley.

Y al día siguiente fue conducido fuera de las puertas de la ciudad.

Hacia el Monte Vaticano, en donde debía cumplirse la sentencia y ser crucificado.

A causa de su avanzada edad, no se le exigió que cargara con la cruz.

Cuando llegaron al sitio designado, Pedro contempló toda la Ciudad Eterna, extendida a sus pies…

Y levantando la mano derecha, bendijo:

pedro

“Aquí donde Nerón gobierna hoy, Cristo gobernará por siempre.”

¡URBI ET ORBI! (a la ciudad y al mundo)

Y su sonrisa se hizo más luminosa y su rostro se volvió radiante, cuando Jesús le permitió extender su mirada a través de los siglos.

Y vio el mismo lugar de su martirio, convertido en una inmensa Basílica, con la grandiosa plaza con su nombre, perpetuado por su donación y entrega a su misión.  

Desde la cual, casi dos mil años después estaría llena de millares de personas, escuchando reverentes a otro Pontífice Mártir y Santo:

San Juan Pablo II.

La Plaza de San Pedro es una de las plazas más bonitas y grandes del mundo. Se encuentra situada en El Vaticano, a los pies de la Basílica de San Pedro.

Las dimensiones de la plaza son espectaculares: 320 metros de longitud y 240 metros de anchura.

En las liturgias y acontecimientos más destacados la Plaza de San Pedro ha llegado a albergar más de 300.000 personas.

Su sucesor 264, quién desde el Vaticano llevaría el mensaje del Evangelio a todas las naciones de la Tierra.

Y desde la Basílica de San Pedro, levantando su blanca mano, bendeciría lleno de bondad y de amor, infinidad de veces…

A través del Pontificado más largo de la Historia de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana:

Un papa profundamente mariano: “TOTUS TUUS”

¡URBI ET ORBI!

Flavio, el jefe de los verdugos le indicó a Pedro que debía extenderse sobre la cruz.

Y Pedro le dijo:

–    Cuando crucificaron a mi Señor pusieron su cuerpo sobre la Cruz, con los pies abajo y la cabeza en lo alto, porque mi Señor descendió desde el Cielo a la Tierra.

Os ruego que al clavarme lo hagáis de tal forma que mis pies queden en lo alto y mi cabeza en la parte inferior del madero.

Porque además de que no soy digno de ser crucificado como Él, yo voy a subir de la Tierra al Cielo.

Accedieron a su petición y lo colocaron sobre la Cruz de manera,

que sus pies quedaron clavados separadamente en los extremos del travesaño horizontal superior y las manos en la parte baja del fuste, cerca del suelo.

Cuando Pedro estaba ya crucificado, Dios abrió los ojos espirituales de los espectadores.

Y vieron al apóstol rodeado de ángeles que tenían en sus manos coronas de rosas  y de lirios.

Y a Jesucristo colocado a su vera, mostrándole un Libro abierto…

Pedro lo leyó: “Apocalipsis”

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Y dijo en voz alta:

–           Gracias Dios Mío.

Y se sumergió en la Oración en el espíritu.

Pedro admiró por largas horas, todos los sucesos que le fueron mostrados en la Ciudad del Vaticano.

Y finalmente, con voz llena de júbilo y de adoración,

Exclamó:

–           ¡Jesús! ¡Jesús! ¡Jesús!… –antes de expirar.

Las llaves del Cielo que Jesús le entregara y que habían estado en sus manos, las había entregado a Lino, en la Misa cuando le nombró su sucesor.  

En esa misma tarde, otro destacamento de pretorianos condujo a Pablo de Tarso a lo largo de la Vía Ostiense.

Pasaron por la Puerta Trigémina, hasta un lugar llamado Aqua Salviae.

Mientras avanzan, él mira hacia los Montes Albanos con la magnífica sensación de haber terminado su larga y fatigosa jornada apostólica.

Contempla ya los Cielos abiertos para recibirle y su alma está llena de júbilo,

apostol-san-pablo-

Por el inminente encuentro con el Dios por el que ha luchado y sufrido tanto,

Para darlo a conocer y a amar.

Cuando llegaron al sitio designado para el suplicio, se volvió hacia el Oriente y oró.

Luego, se despidió de los cristianos.

El verdugo le dijo:

–           Prepara tu cuello.

Pablo se arrodilló y dijo:

–           ¡Oh, Señor mío Jesucristo, en tus manos encomiendo mi espíritu!

Y ofreció su cuello al verdugo.

Éste levantó la espada y descargó el golpe…

Con el rostro radiante, Pablo de tarso fue decapitado.

En el mismo instante en que se desprendió su cabeza del tronco,

Exclamó:

–           ¡Jesús!…

Su sangre bañó la lóriga de su verdugo, brilló una luz intensísima.

Y quedó el aire perfumado con una fragancia maravillosa…

La Iglesia Cristiana ha sido confirmada con la sangre de sus Dos Columnas Primarias:

San Pedro y San Pablo Apóstoles…

Su ornamento final lo pondrá su último sucesor y papa mártir…

Y los cristianos que confesarán su glorioso testimonio en la Tercera Gran Persecución realizada en el imperio de terror del Anticristo…

MI PROJIMO 1


Después de mi conversión, mi alma estaba sedienta de Dios y lo buscaba en donde quiera que mi corazón lo presentía.

Cuando recién comenzaba a trabajar en el Ministerio de Sanación y Liberación, una vez Jesús me dijo:

“Pronto aprenderás que Conmigo, LAS BATALLAS SE GANAN. PERDIENDO…

Cuando estuve viviendo una temporada, en la casa solariega que tenía una de mis hermanas en una ranchería cercana al aeropuerto de Guadalajara en México, Jesús estuvo muy activo…

Con el grupo de Oración de la Renovación Carismática y la dirección del sacerdote del pueblo, el Señor realizó su ministerio, tal como lo hacia cuando caminaba por los senderos del antiguo Israel.

Y llegó un momento en que vinieron muchas personas buscando alivio y sanación a múltiples dolencias.

Fue allí que se perfeccionó  nuestro conocimiento sobre la influencia que nuestros pecados le proporcionan a Satanás. 

Las cadenas para esclavizarnos, someternos y destruirnos, de diferentes maneras.

En las evangelizaciones, Jesús medicaba las almas y las instruía.

Luego mandábamos a los conversos a que se reconciliaran con los Sacramentos y así aumentaba el Rebaño que el Sr. Cura pastoreaba en la parroquia.

Y nosotros siempre aprendíamos algo nuevo.

Las Oraciones de Liberación, las realizábamos siguiendo las instrucciones que nos daba Jesús, con los diferentes Carismas en acción,

que el Espíritu Santo nos proporcionaba al grupo Juvenil de Oración y que constaba de alrededor de 3 adultos y siete jóvenes.

Jesús dirigía a través mío, lo que había qué hacer contando con la asistencia y la ayuda del Cielo entero.

PORQUE CADA EXORCISMO ERA UNA GUERRA

Satanás utilizaba todas las estratagemas para NO soltar a sus presas,  pero el Espíritu Santo nos ayudaba  a bloquear sus argucias y siempre lo vencíamos.

Una de sus tretas favoritas era fingir que ya se habían ido y se escondían. Pero con los Carismas podíamos verlos y además conocíamos sus nombres.

Al nombrarlos adquiríamos un poder especial sobre ellos y les dábamos órdenes específicas, que NO podían ignorar.

Una cosa que me costaba mucho trabajo entender, era porqué cada vez aumentaba la dificultad para vencerlo y nuestros combates eran cada vez más arduos y difíciles.

En los últimos enfrentamientos, NO vacilaba en recurrir a la agresión física, tratando de amedrentarnos.

NO nos obedecía y hacía que las liberaciones fuesen largas y sumamente laboriosas.

Yo me había acostumbrado a que Dios debía ser Obedecido de inmediato  y a que nuestros oponentes NO debían costarnos tanto trabajo…  

Pero las últimas experiencias parecían contradecir todo esto…

Yo acababa de sanar de una tremenda quemadura  y ya estaba otra vez teniendo un combate feroz, donde mi Oponente parecía haberse fortalecido hasta un grado inimaginable.

Un día estábamos orando por un hombre que pesaba más de 200 kg. Él estaba recostado en la cama, mientras los demás orábamos por él.

Los Demonios nos ofrecían una resistencia brutal y hacían gala de su rebeldía profiriendo blasfemias atroces.

Por más que los amenazaba, ellos se burlaban y mostraban su soberanía sobre aquella alma, encarándose directamente con Dios y retándolo con bestial crueldad,

enumerando los diversos pecados que les permitían poseerlo.

Se burlaban de Dios diciéndole los diversos motivos por los él se negaba a amarlo y obedecer sus Mandamientos… 

Y a continuación describían sus pecados y el motivo por el que tenían la razón para atormentarlo…

Al mismo tiempo que le recriminaban a Dios, el que Él no tuviera una sola razón para intervenir e impedirles lo que ellos habían determinado hacerle, al sujeto de su posesión.

Esto para mí fue demasiado… Y con impotencia creciente, pensaba en la forma de callarlos.

Lo único que había en la habitación además del Crucifijo, era un cuadro de la Virgen de Guadalupe donde se miraban las rosas cayendo de la tilma de Juan Diego.De forma impulsiva les grité:

 –   ¡¡¡Ya basta!!!

Cómo NO quieren callarse, en este momento les pongo en la boca una rosa del Tepeyac y convierto sus blasfemias en Bendiciones. 

En el Nombre de Jesús lo digo + y en el Nombre de Jesús lo hago+ Amén

Después de esto hubo un silencio total y seguimos con la Liberación.

Pero Satanás NO había terminado.

Aun no comprendo cómo pasó.

Pero de repente uno de los jóvenes que estaban orando, estaba debajo de la cama y empezó a ser aplastado por el enorme peso de nuestro rehén, que intentábamos liberar.

Le pedí ayuda a Mamá María y a nuestros ángeles de la guarda y de pronto…

Con una sola mano, porque con la otra sosteníamos los rosarios, el Agua Bendita y yo además la Biblia… 

Levantamos la cama y alguien lo arrastró, sacándolo de la mortal trampa.

Entonces Satanás atrapó a otro de los jóvenes que orábamos… 

31. «¡Simón, Simón! Mira que Satanás ha solicitado el poder cribaros como trigo;
32. pero yo he rogado por ti, para que tu Fe no desfallezca. Y tú, cuando hayas vuelto, confirma a tus hermanos.» Lucas 22

Y sacándolo a la terraza de la recámara que estaba en el primer piso, literalmente lo mandó volando a través del huerto hasta el abrevadero de los caballos.

La mitad del grupo salió corriendo hasta la piscina, donde los caballerangos ejercitaban a los corceles y que era donde Lucifer intentaba ahogarlo.

Yo también salí corriendo…

Y en el salón de juegos, que estaba donde empezaba la escalinata para  bajar a la sala principal, me topé con mi sobrinita de cinco años que estaba desternillándose de risa.

Ante mi mirada interrogante, me dijo:

–       ¡Ay tía! ¡Esto es más divertido que las caricaturas en la televisión!

¡Todos los diablos no pueden hablar y se ven muy simpáticos con una enorme rosa en la boca!…

Por un segundo me paralicé por la sorpresa…

Pero recordé la emergencia…

Y continué mi carrera hasta las caballerizas, donde Satanás continuaba en sus intentos por ahogar a Octavio.

Cuando llegué a la piscina, me eché un clavado, levanté la cabeza de Octavio fuera del agua.

Y  abrazándolo, le grité muy enojada a Lucifer:

–        ¡ALTO! ¿Quién te crees que eres para atacarnos así?

Lárgate de aquí. Te aseguro que esta vez vas a lamentar el combatir con nosotros…

¡Porque todavía NO me conoces y Me conocerás!… 

¡Constatarás que de princesa, sólo tengo los genes! Porque te juro que te voy a hacer llorar…

Sacamos a nuestro valiente hermanito del agua…

Y en el pasto que rodeaba la piscina…

Oré por Octavio mientras lo reanimaba…

Y Jesús lo volvió a la consciencia totalmente intacto.

Empapados pero felices, regresamos a continuar la Liberación.

Aunque sentía de forma maravillosa, la Portentosa Presencia de mi Señor Único y Trino, mi resolución no cambió un ápice y al contrario…

Cuando entramos nuevamente a la casa, YO NO estaba dispuesta a soportarles más majaderías…

Y me sentía tan furiosa, que decidí mandar por la borda, todos los buenos modales con que Jesús nos dirigía…

Mala decisión, porque no le pedí permiso... ¡Y SIMPLEMENTE LO HICE!

Entonces surgió la charra que siempre ha habitado en mí. Y aquí emergió uno de mis mayores defectos:

Cuando estoy enojada, NO reflexiono, ACTÚO.

Este altanero Arcángel le faltaba al respeto a Dios, Blasfemaba lo que quería y escarnecía con enorme crueldad al Señor.  

¡Esto me dolía tanto…!

Era UN VALENTÓN COBARDE, al que nadie le había puesto un alto y por eso su Soberbia estaba tan inflada.

Mi sobrinita sin querer, me había dado un dato crucial:

Todo lo que yo decía, se hacía¨ Entonces si mi palabra era tan importante

Estuve deliberando en la forma de doblegar tan grande soberbia… 

Pensé en los miedos que tenían supremacía en la sociedad a la que había pertenecido desde que nací…

Y que sometían la mayoría de sus comportamientos sociales…

Lo más importante eran las apariencias y el PRESTIGIO ante los demás.

Por eso prevalecían los modales elegantes y todo mundo quería pertenecer a una élite en ascenso…

–     ¡Vaya, vaya…! (una idea PERVERSA empezó a germinar en mi cabeza)

Por eso en las visiones que teníamos sobre el Infierno, Satanás siempre andaba elegantísimo y desplegando prepotencia y poder. 

Entonces me fijé en un calendario que estaba junto al cuarto de lavado y tenía una bella imagen del Carnaval.

En un par de días  empezaría la Cuaresma…

Lucifer está tan pagado de Sí mismo, que TODO lo que se relaciona con él, debe ser impresionante…

Recordé sus desafíos, sus burlas, sus despliegues de poder y sus manifestaciones llenas de deslumbrante magnificencia…

Y también CÓMO SE SIENTE INTOCABLE COMO UN  DIOS. 

Estaba tan enojada con él, que decidí que era el momento de darle una Lección…

Y que NO la olvidara jamás…

CONCLUÍ…

Bueno, veamos que hace, al proporcionarle una sopa de su mismo chocolate…

Y actué con la misma resolución que lo hacía, cuando de sacudirme un poco el extremo rigor de mi madre se trataba:

En casos de necesidad, es mejor pedir perdón que pedir permiso…” Y esto era una emergencia.

Y cómo los jugadores en la mesa de pókar cuando apuestan todo…

Ya me la estaba jugando por Jesús en el hombre por el que orábamos…

Habíamos recibido varios ataques que hubieran podido tener un desenlace fatal al menos con tres de los integrantes del equipo de Liberación.

Sólo me faltaba una cosa…

Uno de los miedos más grandes que los exorcistas tienen, es que los espíritus del poseso puedan penetrar en ellos…

Y así convertirse en una víctima más, torturada en venganza, por la Maldad de Satanás.

Pero ese Miedo ES precisamente la TRAMPA Y EL PELIGRO. 

Cuando tienes a Dios de tu lado, NO HAY  porqué tener miedo.

Y cuando confías en Él, ES CUANDO VES LOS MAYORES MILAGROS…

Yo le había entregado mi vida entera a Jesús y después de 15 años de choques frontales con el Enemigo en los que más o menos había aprendido a conocerlo,

Una idea se había metido en mi mente y estaba cristalizándose más fuerte, durante los últimos combates.

¿La Muerte? ¿Qué es la muerte para el que espera en Dios?

Sólo es el tránsito para el encuentro definitivo con el Amado.

Y decidí jugarme el todo, por el TODO.

“YO SOY HIJA DEL LEÓN DE LA TRIBU DE JUDÁ, Y ESTOY TOMANDO POSESIÓN DE MI HEREDAD…

Si moría, moriría sirviendo al Dios que adoro sobre todas las cosas. Viéndolo de esta manera, tenía boleto express para reunirme con ÉL…

Todos estos pensamientos, fueron veloces mientras retornaba con nuestro ‘pacientito’… 

Y mi corazón galopó de alegría…

Cuando íbamos a entrar a la habitación nuevamente, me detuve por un momento, evalué la situación…

Y resolví acabar de una vez por todas con aquella batalla.

Llevábamos muchas horas luchando, había atentado contra nuestras vidas dos veces.

Satanás seguía sintiéndose Intocable y yo YA NO estaba dispuesta a prolongar aquello.

Así que agarré a toro por los cuernos  

Y APOSTÉ MI TODO… 

DECIDÍ SER LA GUERRERA SUICIDA DEL EJÉRCITO DE JESÚS…  

Yo le gané a Satanás este privilegio…

Gracias Padre por cada marca y cada cicatríz que llevo en mi cuerpo y en mi alma, garantizando que la Lucha no ha sido fácil, pero Tú haz sido mi Fortaleza…

Ya NO iba a dar órdenes y esperar a que fuesen obedecidas…

Cuando entramos en la habitación donde yacía el que estaba siendo liberado, me dirigí directamente hacia él…

Y poniendo mis manos sobre su cabeza DECLARÉ: 

–     “Amadísimo Padre Celestial, Tú que Eres Infinitamente Bueno, Infinitamente Poderoso, Infinitamente Misericordioso, escucha la Oración que te presento a través del Inmaculado Corazón de María Santísima y por la Sangre Preciosísima de Jesús.

Te entrego mi cuerpo, mi alma, mi vida y mi espíritu, por mi hermanito, (dije el nombre de nuestro enfermito)

Por favor PÁSAME A MÍ, TODO LO QUE HAY EN ÉL…

Y dale a él todo lo que me has dado a mí:

Tu Perdón, tu salvación, tu sanación, tu Paz, tu Amor. Y todas las Gracias que tu Espíritu Santo decida.

Soy Tuya mi Señor y deseo serlo siempre por toda la Eternidad.

Te consagro a… al Corazón Inmaculado de María santísima, para que sea una ovejita del Rebaño de Jesús. Amén

Y los diablos que acaban de entrar en mí, no saldrán hasta que yo lo ordene

y deberán hacer junto conmigo TODO lo que yo haga.

Me arrodillé ante la Virgen y recé el Angelus. 

Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea, pues todo un Dios se recrea en tan graciosa belleza. A Ti, celestial Princesa, Virgen Sagrada María, yo te ofrezco en este día alma, vida y corazón. Mírame con compasión, no me dejes, Madre mía, caer en la tentación…

También la honré con “Bendita sea tu Pureza…”

Cuando terminé, besé los piés de la Guadalupana y les dije a mis nuevos huéspedes:

–         ¡BIENVENIDOS!

¡ALABAREMOS AL DIOS ALTÍSIMO!

¡Y LO HARÁN CADA VEZ QUE YO LO HAGA!

¡ Y CON LA ALABANZA CON QUE YO LO HAGA!

Así que si quieren librarse de esto, NO tienen otra alternativa que correr a postrarse a los Pies de Cristo Rey y hacer lo que Él les mande.  

Por lo pronto, vamos a cantar…

Salve Reina de los Cielos y Señora de los ángeles, Salve Raíz, Salve Puerta, que dió paso a nuestra Luz. Alégrate Virgen Gloriosa, entre todas la más bella…

Y el Salve Regina sonaba triunfal en todas las gargantas, incluída la del hombre que había sido sanado y liberado…

Verificamos que la Liberación había sido completa y que nuestro rehén estaba totalmente intacto…

Y pudimos proclamar la victoria total en el Nombre de Jesucristo.

Todos nos consagramos nuevamente a los Sagrados Corazones y…

Después de esto le dije a Lucifer:

  –        Lo siento amigo, acabas de perder.

Mi tiempo es demasiado valioso, para desperdiciarlo con tus argucias.

Ya NO quiero escuchar tus soberbios desplantes. Y conmigo NO funcionan tus trucos.

Este rehén YA NO ES tuyo.

Por si no te diste cuenta, pasé sus espíritus inmundos y tus compinches a mi interior, tanto si estaban dispuestos a hacerlo, como si no.

Yo NO dejo alternativas. Acabo de liberarlo de sus pecados y de las cadenas con que lo controlabas.

¡ESTÁ LIBRE!

Creo que te metiste con el alma equivocada, porque todavía tengo una gran sorpresa para ti y para TODO tu séquito infernal:

–         Esto es una guerra, NO un juego.

Y porque parece que ustedes olvidan con

Quién

se enfrentan, es necesario darles un pequeño recordatorio. 

Por esto, en el Nombre de Jesús yo los visto a todos ustedes, con los mismos ropajes que ataviarán los participantes en el Carnaval de Río de Janeiro. 

Los que han promovido el descaro y la indecencia en la mujer, vestirán los más diminutos biquinis y NO me importa si son masculinos.

Los que alardean de su elegancia varonil, llevarán los trajes carnavalescos de la Marcha del Orgullo Gay… 

Y al que se atreva a protestar, LE GARANTIZO MÁS CREATIVIDAD con su atuendo personal. 

Y esto se aplica a todas las Jerarquías.

¿¿¿Entendieron???…

O ¿Se los explico con manzanas, palitos y bolitas?

¡Y NO se los podrán quitar, HASTA QUE YO LO DECIDA! Amén 

Ahora sí. ya tienen mi permiso para irse,

Y  más les vale que lo hagan rápido, porque me tienen bastante fastidiada.

Y están en peligro de que decida agregarles otro pequeño inconveniente para ustedes…

Había sido una jornada de más de doce horas, plagada de fenómenos extraordinarios y que me dejaron a mí, totalmente exhausta.

Y todavía faltaban las Consecuencias de mi impulsivo arrebato…

Cuando terminamos, el grupo se disolvió…

Y yo me dormí como un bebé, después de haber sido bañado…

Mi parábola de los talentos

Fresas con Crema

78 CONTRA LA CORRIENTE


78 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Al día siguiente, en el amanecer lleno de neblina por el frío invernal, Jesús pasea lentamente arriba y abajo a lo largo de la arboleda que bordea la orilla del río.

La niebla se estanca aún entre los cañizares de las márgenes y no hay nadie hasta donde alcanza la vista en las dos orillas del Jordán.

Sólo nieblecilla baja, runrún de agua entre las cañas, rumor de aguas que por las lluvias de los días precedentes, están turbias.

Y algunos reclamos de pájaros, cortos, tristes, como lo son cuando terminada la estación de los amores, las aves están apagadas por el invierno y la escasez del alimento.

Jesús los escucha y parece interesarse mucho en el reclamo de un pajarito que con regularidad de reloj, vuelve su cabecita hacia el Norte y emite un “^chiruit?” quejumbroso,

Y luego vuelve la cabecita hacia el Sur y repite su interrogativo “¿chiruit?” sin respuesta.

 Al fin el pajarito parece haber recibido una respuesta en el “chip” que viene de la otra orilla y emprende el vuelo y se aleja a través del río, con un pequeño grito de alegría.

Jesús hace un gesto como diciendo: “¡Menos mal!”

Y continúa con su paseo.

Se oye el trinar de los pájaros en busca de comida.

Juan llega corriendo a través de los prados, hasta donde está su Maestro,

y pregunta:

–    ¿Te perturbo, Maestro?

Jesús contesta:

–     No. ¿Qué quieres?

Juan anuncia muy contento:

–    Quería decirte… creo que es una noticia que te puede confortar y he venido enseguida; no sólo por ello, sino también para pedirte consejo.

Estaba barriendo nuestras habitaciones y ha venido Judas de Keriot. Me ha dicho: “Te ayudo”.

Yo me he quedado asombrado porque siempre muestra poca disposición, para hacer las cosas de este tipo que se le mandan…

No obstante, me he limitado a decir: “¡Oh, gracias! Así lo haré antes y mejor”.

Él se ha puesto a barrer y hemos terminado pronto.

Entonces ha dicho: “Vamos al bosque. Siempre traen leña los mayores. No es correcto. Vamos nosotros. No soy un experto, pero si me enseñas…”. Y hemos ido. 

Después, mientras estaba yo atando la leña, me dijo:

–    Juan, te quiero decir una cosa…

–     Habla. –le dije pensando que sería una crítica.

Y fue al contrario. Me dijo:

 “Yo y tú somos los más jóvenes. Tendríamos que estar más unidos. Tú tienes casi miedo de mí, y tienes razón, porque no soy bueno. Pero, créeme… no lo hago adrede.

Hay veces que siento la necesidad de ser malo; quizás porque, habiendo sido único, me han enviciado. Y quisiera hacerme bueno. Los mayores – lo sé – no me ven muy bien.

Los primos de Jesús están enfadados porque… sí, les he faltado mucho, como también a su primo. Pero tú eres bueno y paciente.

Tú quiéreme. Hazte idea de que soy un hermano, un hermano malo, sí, pero un  hermano al que hay que querer aunque sea malo.

El mismo Maestro dice que hay que actuar así. Cuando veas que no actúo correctamente, dímelo. Y otra cosa: no me dejes siempre solo.

Cuando vaya al pueblo, ven también tú; así me ayudarás a no hacer el mal. Ayer sufrí mucho. Jesús me habló y yo lo miré.  

En mi estúpido rencor no me miraba ni a mí mismo ni a los demás.

Ayer miré y vi… Tienen razón al decir que Jesús está sufriendo… y siento que parte de la culpa es mía. No quiero seguir teniendo culpa. Ven conmigo.

¿Vas a venir? ¿Me vas a ayudar a ser menos malo?”. Esto ha dicho, y te confieso que me latía el corazón como le late a un gorrión en manos de un muchacho.

Latía de alegría porque me agrada que él se haga bueno. Por Tí me agrada. Y latía un poco de miedo porque… no quisiera volverme como Judas.

Pero luego me he acordado de cuanto me habías dicho el día que tomaste a Judas y he respondido: “Sí, ciertamente te ayudaré; pero yo tengo que obedecer, y si recibo otras órdenes…”.

Pensaba: ahora se lo digo al Maestro y si Él quiere lo hago; si no quiere, que me dé la orden de no alejarme de la casa.

Jesús mira con infinito amor a su Predilecto y le dice:

–     Oye, Juan. Puedes ir.

Pero debes prometerme que si sientes que alguna cosa te turba, me lo dirás. Me has alegrado con esto. Mira, ahí viene Pedro con su pescado. Puedes irte, Juan.

El jovencito se va y Jesús se dirige a Pedro:

–    ¿Buena pesca?

Pedro mueve la cabeza y responde:

–    ¡Hummm! No muy buena… sólo son pescaditos.

Pero todo sirve. Santiago está renegando porque algún animal rompió el lazo y se perdió una red. Le dije: ‘¿Él no debe comer? Ten compasión de un pobre animalito.’

Pero él no lo toma así… -Y Pedro suelta una carcajada.

Jesús dice muy serio:

–     Es lo que Yo digo de uno que es hermano y eso no lo sabéis hacer.

–    ¿Te refieres a Judas?

–     Me refiero a él. Sufre.

Tiene buenos deseos e inclinación perversa. Pero dime un poco tú; experto pescador.

Cuando quisiese ir en barca por el Jordán, para llegar al lago de Nazareth; ¿Cómo debería hacer? ¿Lo lograría?…

–      ¿Desde aquí?… ¡Eh! ¡Sería un trabajo enorme!

Lo lograrías con lanchas planas. Cuesta trabajo, ¿Sabes? ¡Es lejos! Sería necesario medir siempre el fondo.

Tener ojo en la ribera. En los remolinos, en los bosquecillos flotantes en la corriente. ¡Ufff!

La vela en estos casos, estorba y no sirve. Pero, ¿Quieres regresar al lago siguiendo el río?

Ten en cuenta que no le va a uno bien, ir contra la corriente. Es menester dividirse en muchas cosas, si no…

–     Tú lo has dicho.

Cuando alguien es vicioso, para ir al Bien; debe ir contra la corriente. Y no puede lograrlo por sí solo.

Judas es uno de estos. Y vosotros no lo ayudáis. El pobre rema hacia arriba solo y se pega contra el fondo. Da contra remolinos; se mete en los bosquecillos flotantes y cae en una vorágine.

Si quiere medir el fondo, no puede tener al mismo tiempo, el timón y el remo.

¿Por qué se le echa en cara si no avanza? Tenéis piedad de los extraños y de él; vuestro compañero, ¡¿No?!…

¡No es justo! ¿Ves ahí a Juan y a él, que van al poblado a traer pan y verduras? Él ha pedido que por favor no se le deje ir solo.

Se lo pidió a Juan, porque no es tonto y sabe cómo pensáis los viejos de él.

–   ¿Y Tú lo has mandado? ¿Y si Juan también se echa a perder?

Santiago ha llegado con la red que sacó de las varas y escuchó las últimas palabras.

Pregunta:

–   ¿Quién? ¿Mi hermano? ¿Por qué va a echarse a perder?

Jesús contesta:

–   Porque Judas va con él.

–   ¿Desde cuándo?

–   Desde hoy. Yo le di permiso.

–    Si Tú lo permites… Entonces…

–     Aún más bien. Lo aconsejo a todos.

Lo dejáis muy solo. No seáis sólo sus jueces. No es peor que otros. Está muy mal educado desde su infancia.

Santiago dice:

–    Así será.

Si hubiese tenido por padre y madre a Zebedeo y a Salomé, las cosas no serían así. Mis padres son buenos, pero estrictos. Se acuerdan que tienen un derecho y una obligación sobre sus hijos.

–    Dijiste bien hoy hablaré exactamente sobre esto.

Vámonos. Veo que empieza a parecer gente por los prados…

Pedro dice entre animado y fastidiado:

–    No sé cómo vamos a hacer para vivir.

Ya no hay tiempo para comer, orar, descansar… Y la gente aumenta siempre más.

Jesús responde:

–    ¿Te desagrada? Es señal de que todavía hay quién busca a Dios.

–     Sí, Maestro. Pero Tú sufres.

Ayer te quedaste sin comer y esta noche sin más cobija que tu manto. ¡Si lo supiese tu Madre!

–    ¡Bendeciría a Dios que me trae tantos fieles!

Llegan Felipe y Bartolomé diciendo:

–    ¡Oh! ¡Maestro! ¿Qué hacemos?

–    Es una verdadera peregrinación de enfermos, quejosos y pobres que vienen de lejos, sin medios.

Jesús contesta:

–   Compraremos pan.

Los ricos dan limosnas. Las emplearemos en ellos.

Felipe dice:

–   Los días son breves.

El cobertizo está lleno de gente que parece que va a pernoctar. Las noches son húmedas y frías.

–   Tienes razón, Felipe.

Nos estrecharemos en un solo galerón. Podemos hacerlo y arreglaremos los otros, para quienes no puedan regresar a su casa en la misma tarde.

Pedro refunfuña:

–   ¡Entendido!

Dentro de poco tendremos que pedirles permiso a los huéspedes, para cambiarnos de ropa. Nos invadirán en tal forma, que nos arrojarán.

–    Otras fugas verás, Pedro mío…  ¿Qué tiene esa mujer?

Han llegado a la era y Jesús la ve llorando.

Bartolomé contesta:

–     Ayer también estuvo y también lloraba.

Cuando hablabas con Mannaém intentó acercarse a Ti. Pero después se fue. Debe estar en el poblado, porque ha regresado y no parece enferma.

Al pasar junto a ella, Jesús le dice:

–     La paz sea contigo, mujer.

Ella responde en voz baja:

–     Y contigo.

Son por lo menos trescientas personas.

Bajo el cobertizo hay ciegos, cojos, mudos. Uno que no hace más que temblar.

Un jovencillo claramente hidrocéfalo, tomado de la mano por un hombre; no hace más que bufar, babear y sacudir su cabezota con expresión de estúpido.

Una mujer pregunta:

–   ¿El Maestro, cura también los corazones?

Pedro la oye y dice a Jesús:

–    Tal vez es una mujer traicionada.

Mientras Jesús va a donde están los enfermos, Bartolomé y Felipe van a bautizar a muchos peregrinos.

La mujer llora en un rincón sin moverse.

Jesús no niega nadie el milagro.

Llega ante el jovencito y toma entre sus manos su cabezota y con su aliento le infunde la inteligencia.

Todos se agolpan.

También la mujer velada, que perdida entre la multitud; se atreve a acercarse más y se pone junto a la mujer que llora.

Jesús dice al tonto:

–    Quiero en ti la luz de la inteligencia, para abrir paso a la Luz de Dios. Oye, di conmigo: Jesús. Dilo, lo quiero.

El tonto, que antes mugía como una bestia, masculla fatigosamente:

–     ¡Jesiú!

–     Otra vez. –dice Jesús, que continúa teniendo entre sus manos, la cabeza deforme y lo mira fijamente.

–    ¡Jess-sús!

–     ¡Otra vez!

–     ¡Jesús! –dice finalmente.

En sus ojos ya hay una expresión y en su boca se dibuja una sonrisa diferente.

Jesús dice a su padre:

–    Hombre, tuviste fe. Tu hijo está curado.

Pregúntaselo. El Nombre de Jesús es milagro contra las enfermedades y las pasiones.

El hombre pregunta a su hijo:

–    ¿Quién soy yo?

El muchacho contesta:

–     Mi padre.

El hombre lo estrecha contra su pecho y dice:

–    Así nació. Mi mujer murió en el parto.

Y él tenía impedida la mente y el habla. Ahora ved. Tuve fe, sí. Vengo desde Joppe. ¿Qué debo hacer por Ti, Maestro?

–     Ser bueno. También tu hijo. No más.

–    ¡Y amarte! ¡Oh!

¡Vamos a decírselo a tu abuela! Fue ella la que me persuadió a venir. Que sea bendita.

Los dos se van felices.

Del infortunio pasado no queda rastro. Sólo la cabeza grande del muchacho. La expresión del rostro y el habla son normales.

Varios quieren saber y preguntan a Jesús:

–    ¿Se curó por voluntad tuya o por poder de tu Nombre?

–    Por voluntad del Padre, siempre benigno con su Hijo.

También mi Nombre es salvación. Vosotros sabéis que ‘Jesús’ quiere decir Salvador. La salvación es de las almas y de los cuerpos.

Quién dice el Nombre de Jesús con verdadera devoción y Fe; se levanta de las enfermedades y del Pecado.

Porque en cada enfermedad espiritual y física; está la uña de Satanás; el cual produce las enfermedades físicas, para llevar a la rebelión y a la desesperación; al sentir los dolores de la carne.

Y las morales y espirituales para conducir a la condenación eterna.

–     Entonces según Tú, ¿En todas las cosas que afligen al hombre; no es un extraño Belcebú?

–     No es un extraño.

La enfermedad y la muerte entraron por él. E igualmente la corrupción y el delito.

Cuando veáis algún atormentado por una desgracia; recordad que él también sufre por causa de Satanás.

Cuando veáis que alguien es causa de infortunio; pensad que es un instrumento de Satanás.

–    Pero las enfermedades vienen de Dios.

–    Las enfermedades son un desorden del Orden.

Porque Dios creó al hombre sano y perfecto.

El Desorden introducido por Satanás en el orden puesto por Dios; ha traído consigo la enfermedad en el cuerpo y las consecuencias de la misma.

O sea; la muerte y también las herencias funestas.

El hombre heredó de Adán y Eva, la mancha de Origen. Pero no solo esa. La Mancha se extiende cada vez más; comprendiendo las tres ramas del hombre: la carne siempre más viciosa y por lo tanto débil y enferma.

La parte moral, siempre más soberbia y por lo tanto, corrompida.

El espíritu siempre más incrédulo; o sea, cada vez más idólatra.

Por esto es necesario hacer como hice con el jovencito: enseñar el Nombre que ahuyenta a Satanás. grabarlo en la mente y en el corazón.

Ponerlo sobre el ‘yo’, como un sello de propiedad.

–   Pero, ¿Nos posees Tú? ¿Quién Eres que te crees tan gran cosa?

–   ¡Si fuera así! Pero no lo es.

Si os poseyese estaríais ya salvados. Sería mi derecho porque Soy el Salvador. Salvaré a los que tengan fe en Mí.

Uno de los curados que antes usaba muletas y ahora se mueve ágilmente, dice:

–   Yo vengo de parte de Juan el Bautista.

Me dijo: ‘Ve al que habla y bautiza cerca de Efraín y Jericó.  Él tiene el poder de atar y desatar.

Mientras que yo solo puedo decirte que hagas penitencia para hacer tu alma ágil en conseguir la salvación.

Otro pregunta:

–    ¿No siente el bautista que pierde gente?

Y el que acaba de hablar, responde:

–    ¿Sentirlo? A todos nos dice: ‘Id. Id.”

“Yo soy el astro que se oculta. Él es el astro que sube y se queda fijo en su eterno resplandor.”

Para no permanecer en tinieblas, id a Él; la Luz Verdadera; antes de que se pague mi lamparilla.

–    ¡Los fariseos no dicen así!

Están rabiosos y llenos de odio, porque atraes a las multitudes. ¿Lo sabías?

Jesús responde escueto:

–     Lo sabía.

Se desata una disputa sobre la razón y modo de proceder de los fariseos.

Jesús la trunca con un:

–           ¡No critiquéis!  – que no admite réplica.

75 EL PRIMER SEMINARIO


75 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Es un día frío, sereno y nublado y la muchedumbre que espera a Jesús, ha aumentado considerablemente. 

Hay también personas de clases menos comunes. Algunos han venido en burros y ahora están ingiriendo su comida bajo el cobertizo, en cuyos palos han atado sus asnos, en espera del Maestro.

La gente cuchichea; los más doctos dan explicaciones de quién es y por qué el Maestro habla en ese lugar.

En un pequeño grupo, uno pregunta;

–     Pero, ¿Supera a Juan?

–     No. Es distinto. Aquél – yo era de Juan – es el Precursor y es la voz de la justicia; éste es el Mesías, y es la voz de la sabiduría y la misericordia.

Varios se interesan:

–    ¿Cómo lo sabes? 

–     Me lo han dicho tres discípulos del Bautista de los que están siempre con él.

¡Si supierais qué cosas! Ellos lo vieron nacer. Fijaos: nació de la luz. La luz era tan fuerte, que ellos, que eran pastores, abandonaron corriendo el redil, entre el ganado enloquecido de terror. 

Y vieron que toda Belén estaba en llamas.

Luego descendieron del cielo unos ángeles y apagaron el fuego con sus alas y sobre el suelo estaba Él, el Niño nacido de la luz.

Todo el fuego se transformó en una estrella…

Uno objeta:

–     ¡No, hombre, no, no es así!

–     Sí, es así. Me lo ha dicho uno que era mozo de cuadra en Belén cuando yo era niño y que ahora que el Mesías es hombre se gloría de ello.

–     No es así. La estrella vino después.

Vino con aquellos magos de Oriente, aquellos de los que uno era descendiente de Salomón y por tanto, pariente del Mesías, porque Él es de David.

Y David es padre de Salomón y Salomón amó a la reina de Saba porque era hermosa. Y por los regalos que le había traído, tuvo de ella un hijo, que es de Judá a pesar de ser de más allá del Nilo.

Varios contradicen:

–    ¿Pero qué estás diciendo? 

–     ¿Estás loco?

–     No.

–     ¿Pretendes decir que no es cierto que su pariente le trajo los aromas como es costumbre entre reyes, y más aún de esa estirpe?

Otro declara:

–     Yo sé cómo sucedió verdaderamente.

Lo sé porque Isaac es uno de los pastores y es amigo mío, así fue: el Niño nació en un establo de la casa de David. Estaba profetizado…

–    ¿Pero no es de Nazaret?

–    Dejadme hablar.

Nació en Belén porque es de David, y era tiempo de edicto. Los pastores vieron una luz de insuperablebelleza, y el más pequeño, porque era inocente, fue el primero que vio al ángel del Señor,

el cual habló con música de arpa diciendo: “Ha nacido el Salvador. Id y adorad”, y, a continuación, una muchedumbre de ángeles cantó “Gloria a Dios y paz a los hombres buenos”.

Entonces los pastores fueron y vieron a un niñito en un pesebre entre un buey y un asno, y a la Madre y al padre.

Y lo adoraron y luego lo condujeron a casa de una buena mujer. Y el Niño crecía como todos, hermoso, bueno, todo amor.

Luego vinieron los magos del otro lado del Eufrates y más allá  del Nilo, porque habían visto una estrella y reconocido en ella la estrella de Balaam.

Pero el Niño ya podía andar. El rey Herodes ordenó el exterminio por celos de poder. Pero el ángel del Señor había advertido del peligro y los pequeñuelos de Belén murieron, pero no Él, que había huido más allá de Matarea.

Después volvió a Nazaret, a trabajar como carpintero y habiendo llegado a su tiempo, después de haber sido anunciado por el Bautista, primo suyo, ha comenzado la misión y primero ha buscado a sus pastores.

A Isaac lo liberó de una parálisis, después de treinta años de enfermedad.

E Isaac le predica incansablemente. Esto es.

El primero replica disgustado:

–     ¡Pues, no obstante, los tres discípulos del Bautista me han dicho verdaderamente esas palabras!» 

–     Y son verdaderas. Lo que no es verdadero es la descripción del mozo de cuadra.

¿Se gloría? Haría bien en decir a los betlemitas que fueran buenos. Ni en Belén ni en Jerusalén puede predicar.

–     Pero hombre, ¿Cómo piensas que los escribas y fariseos deseen sus palabras?

Esos son víboras y hienas, como los llama el Bautista.

Uno más explica:

–     Yo querría que me curase. ¿Ves?

Tengo una pierna con gangrena. He sufrido lo indecible para venir aquí en burro. Pero lo he buscado en Sión y ya no estaba… 

Otro responde:

–     Lo han amenazado de muerte… 

–     ¡Perros!

–     Sí. ¿De dónde vienes?

–     De Lida.

–     ¡Un largo camino!

Un tercero muy angustiado, confiesa:

–     Yo… yo quisiera expresarle un pecado mío…

Se lo he manifestado al Bautista… pero me ha recriminado de tal modo, que he huido. Creo que ya no podré ser perdonado… 

–     ¿Pues qué es lo que has hecho?

–      Mucho mal. A Él se lo manifestaré.

¿Qué decís? ¿Me maldecirá?

Un anciano de aspecto grave responde:

–      No. Lo he oído hablar en Betsaida.

Casualmente me encontraba allí. ¡Qué palabras! Hablaba de una pecadora.

¡Ah…, casi habría deseado ser ella para merecerlas!… 

En eso gritan muchos:

–     ¡Ahí viene! 

El hombre que se siente culpable, dice:

–     ¡Misericordia! ¡Me da vergüenza! – y trata de huir.  

Al pasar Jesús junto a ellos, dice:

–     ¿A dónde huyes, hijo mío?

¿Tanta negrura tienes en el corazón, que odias la Luz hasta el punto de tener que huir de ella? ¿Has pecado tanto como para tener miedo de mí Perdón?

¿Pero qué pecado puedes haber cometido? Ni aun en el caso de que hubieras matado a Dios deberías tener miedo, si en ti hubiera verdadero arrepentimiento.

¡No llores! O ven, lloremos juntos.

Jesús que, alzando una mano, había hecho que se detuviera el fugitivo, ahora lo tiene estrechado contra sí.

Y dirigiéndose hacia quienes están esperando,

les  dice:

–     Un momento sólo, para aliviar a este corazón. Después estoy con vosotros.

Y se aleja hasta más allá de la casa, chocándo al volver la esquina, contra la mujer velada, que está en su lugar de escucha.

Jesús la mira fijamente un instante, luego continúa una docena de metros más allá y se detiene.

Con mucho amor le pregunta:

–     ¿Qué has hecho, hijo?

El hombre cae de rodillas.

Es un hombre que tiene unos cincuenta años; un rostro quemado por muchas pasiones y devastado por un tormento secreto.

Tiende los brazos y grita:

–     Para gozarme con las mujeres dilapidé toda la herencia paterna, he matado a mi madre y a mi hermano…

Desde entonces no he vuelto a tener paz… Mi alimento… ¡sangre! Mi sueño… ¡pesadillas!… Mi placer…

¡Ah! en el seno de las mujeres, en su gemido de lujuria, sentía el hielo de mi madre muerta y el jadeo agonizante de mi hermano envenenado.

¡Malditas las mujeres de placer! ¡Aspides, medusas, murenas insaciables! ¡Perdición, perdición, mi perdición! 

Jesús dice:

–    No maldigas. Yo no te maldigo…

–    ¿No me maldices?

–    No. ¡Lloro y cargo sobre Mí tu pecado!…

Cuánto pesa! Me quiebra los miembros, pero aun así lo abrazo estrechamente para anularlo por ti…

y a ti te concedo el perdón. Sí. Yo te perdono tu gran pecado.

Extiende Jesús las manos sobre la cabeza del hombre, que está sollozando,

Y ora:

–    Padre, mi Sangre será derramada también por él. Por ahora, llanto y oración. Padre, perdona, porque está arrepentido.

¡Tu Hijo, a cuyo juicio todo ha sido remitido, así lo quiere!…

Permanece así durante unos minutos…

Luego se agacha para levantar al hombre y le dice:

–    La culpa queda perdonada.

Está en ti ahora el expiar, con una vida de penitencia, cuanto queda de tu delito».

–    ¿Dios me ha perdonado?

¿Y mi madre? ¿Y mi hermano?

–    Lo que Dios perdona queda perdonado por todos, quienes sean. Ve y no vuelvas a pecar nunca.

El hombre llora aún con más intensidad y le besa la mano.

Jesús lo deja con su llanto y vuelve hacia la casa.

La mujer velada hace ademán como de ir a su encuentro, mas luego baja la cabeza y no se mueve.

Jesús pasa delante de ella sin mirarla.

Cuando llega al lugar elegido para su magisterio…

Empieza a hablar:

–    Un alma ha vuelto al Señor.

Bendita sea su omnipotencia, que arranca de las circunvoluciones de la serpiente demoníaca a sus almas creadas, y las conduce de nuevo por el camino de los Cielos.

¿Por qué esa alma se había perdido? Porque había perdido de vista la Ley.

Dice el Libro que el Señor se manifestó en la cima del Sinaí con toda su terrible potencia, para, valiéndose también de ella, decir:

“Yo soy Dios. Ésta es mi voluntad. Éstos son los rayos que tengo preparados para aquellos que se muestren rebeldes a la voluntad de Dios”.

Y antes de hablar impuso que nadie del pueblo subiera para contemplar a Aquel que es, y que incluso los sacerdotes se purificasen antes de acercarse al limen de Dios, para no recibir castigo.

Esto fue así porque era tiempo de justicia y de prueba. Los Cielos estaban cerrados como por una losa que cubría el misterio del Cielo y el desdén de Dios.

Y sólo las saetas de la justicia alcanzaban, provenientes de los Cielos, a los hijos culpables.

Mas ahora no es así. Ahora el Justo ha venido a consumar toda justicia y ha llegado el tiempo en que sin rayos y sin límites, la Palabra divina habla al hombre para darle Gracia y Vida.

La primera palabra del Padre y Señor es ésta: “Yo soy el Señor Dios tuyo”.

En todo instante del día la voz de Dios pronuncia esta palabra y su dedo la escribe. ¿Dónde? Por todas partes. Todo lo dice continuamente: desde la hierba a la estrella,

desde el agua al fuego, desde la lana al alimento, desde la luz a las tinieblas, desde el estar sano hasta la enfermedad, desde la riqueza a la pobreza.

Todo dice: “Yo soy el Señor.

Por mí tienes esto. Un pensamiento mío te lo da, otro te lo quita, y no hay fuerza de ejércitos ni de defensas que te pueda preservar de mi voluntad”.

Grita en la voz del viento, canta en la risa del agua, perfuma en la fragancia de la flor, se incide sobre las cúspides de las montañas. Y susurra, habla, llama, grita en las conciencias: “Yo soy el Señor Dios tuyo”.

¡No os olvidéis nunca de ello! No cerréis los ojos, los oídos; no estranguléis la conciencia para no oír esta palabra.

Es inútil, ella es; y llegará el momento en que en la pared de la sala del banquete, o en la agitada ola del mar, o en el labio del niño que ríe,

o en la palidez del anciano que se muere, en la fragante rosa o en la fétida tumba, será escrita por el dedo de fuego de Dios.

Es inútil, llega el momento en que en medio de las embriagueces del vino y del placer, en medio del torbellino de los negocios, durante el descanso de la noche, en un solitario paseo… ella alza su voz y dice: “Yo soy el Señor Dios tuyo”

Y no esta carne que besas ávido, y no este alimento que, glotón, engulles, y no este oro que, avaro, acumulas, y no este lecho sobre el que te solazas.

Y de nada sirve el silencio, o el estar solo, o durmiendo, para hacerla callar.

“Yo soy el Señor Dios tuyo“, el Compañero que no te abandona, el Huésped que no puedes echar. ¿Eres bueno? Pues el huésped y compañero es el Amigo bueno.

¿Eres perverso y culpable? Pues el huésped y compañero pasa a ser el Rey airado, y no concede tregua. Mas no deja, no deja, no deja.

Sólo a los réprobos les es concedido el separarse de Dios. Pero la separación es el tormento insaciable y eterno.

“Yo soy el Señor Dios tuyo”, y añade: “que te saqué de la tierra de Egipto, de la casa de la esclavitud”. ¡Oh, con qué verdad, ahora, realmente lo dice!

¿De qué Egipto, de qué Egipto te saca, hacia la tierra prometida, que no es este lugar, sino el Cielo, el eterno Reino del Señor en que no habrá ya hambre o sed, frío ni muerte, sino que todo rezumará alegría y paz?

¡Y de paz y de alegría, se verá saciado todo espíritu!

De la esclavitud verdadera ahora os saca. He aquí el Libertador. Yo soy. Vengo a romper vuestras cadenas.

Cualquier dominador humano puede conocer la muerte, y por su muerte quedar libres los pueblos esclavos. Pero Satanás no muere. Es eterno.

Y es él el dominador que os ha puesto grilletes para arrastraros hacia donde desea.

El Pecado está en vosotros, y el Pecado es la cadena con que Satanás os tiene cogidos. Yo vengo a romper la cadena.

En nombre del Padre vengo, y por deseo mío. He aquí que por tanto, se cumple la no comprendida promesa: “te saqué de Egipto y de la esclavitud”.

Ahora esto tiene espiritualmente cumplimiento. El Señor Dios vuestro os saca de la tierra del ídolo que sedujo a vuestros progenitores, os arranca de la esclavitud de la Culpa, os reviste de Gracia, os admite en su Reino.

En verdad os digo que quienes vengan a mí podrán, con dulzura de paterna voz, oír al Altísimo decir en su corazón bienaventurado: “Yo soy el Señor Dios tuyo y te traigo hacia mí, libre y feliz”.

Venid. Volved al Señor corazón y rostro, oración y voluntad. La hora de la Gracia ha llegado.

Jesús ha terminado.

Pasa bendiciendo y acariciando a una viejecita y a una niñita morenita y risueña.  

El enfermode gangrena le implora:

–     Cúrame, Maestro. ¡Me aflige un mal grave! 

–     Primero el alma, primero el alma. Haz penitencia…

–     Dame el bautismo como Juan. No puedo ir a él. Estoy enfermo.

–     Ven.

Jesús baja hacia el río que se encuentra después de atravesar dos grandísimos prados y el bosque que lo oculta.

Se descalza, como también lo hace el hombre que hasta allí se ha arrastrado con las muletas.

Descienden a la orilla.

Y Jesús, haciendo copa con las dos manos unidas, esparce el agua sobre la cabeza del hombre, que está dentro del agua hasta la mitad de las espinillas. 

Jesús le ordena:

–     Ahora quítate las vendas.

Mientras vuelve a subir al sendero.

El hombre obedece.

La pierna está curada. La multitud grita su estupor.

Y muchos también gritan:

–     ¡Yo también!

–     ¡Yo también!

–     ¡Yo también el bautismo dado por Ti! 

Jesús, que ya está a medio camino, se vuelve,

y les dice:

–     Mañana. Ahora marchaos y sed buenos. La paz sea con vosotros.

Después de despedirlos, Jesús vuelve a casa, a la cocina que está oscura a pesar de que sean todavía las primeras horas de la tarde.

Los discípulos se aglomeran a su alrededor.

Y Pedro pregunta

–    ¿Ese hombre al que has llevado detrás de la casa, qué tenía?

–     Necesidad de purificación.

–     No ha vuelto, de todas formas, y no estaba entre los que pedían el bautismo.

–     Ha ido a donde lo he mandado.

–    ¿A dónde?

–    A expiar, Pedro.

–    ¿A la cárcel?

–     No. A hacer penitencia por todo el resto.

–    ¿No se purifica entonces con el agua?

–     Es agua también el llanto.

–     Sí, cierto.

Ahora que has hecho el milagro, ¿Qsabe cuántos vendrán!… Eran ya el doble hoy…

–     Sí. Si tuviera Yo que hacer todo, no podría.

Vais a bautizar vosotros. Primero uno cada vez, luego seréis dos, tres, muchos.

Y Yo predicaré y curaré a los enfermos y a los pecadores.

–    ¿Nosotros, bautizar? ¡Oh, yo no soy digno de ello!

¡Quítame, Señor, esta misión! ¡Tengo yo necesidad de ser bautizado!

Pedro se ha puesto de rodillas y está en actitud suplicante.

Pero Jesús se inclina hacia él y dice:

–     Pues tú vas a ser el primero en bautizar. Desde mañana.

–     ¡No, Señor! ¿Cómo puedo hacerlo, si estoy más negro que esa chimenea?

Jesús sonríe ante la sinceridad humilde del apóstol, que se puesto de rodillas contra sus rodillas, sobre las cuales tiene unidas sus gruesas manos de pescador.

Y lo besa en la frente, en el límite de su cabello entrecano que, áspero, se riza:

–     Eso es. Te bautizo con un beso. ¿Estás contento?

–     ¡Cometería inmediatamente otro pecado para recibir otro beso!

–     No, eso no. Nadie se burla de Dios, abusando de sus dones».

Judas dice muy despacio:

–     Y ¿A mí no me das un beso? También yo tengo uno que otro pecado.

Jesús lo mira atentamente.

Su mirada que estaba tan llena de alegría mientras hablaba con Pedro, se nubla con una cansada severidad…

Y dice:

–     Sí… a ti también. Ven.

Yo no actúo injustamente con nadie. Sé bueno, Judas. ¡Si tú quisieras!…

Eres joven. Toda una vida para subir y subir, hasta la perfección de la santidad…»

Y lo besa.

Luego los llama a todos para comunicarles con un beso, el Espíritu Santo:

–    Ahora tú, Simón amigo mío.

Y tú Mateo; mi victoria.

Y tú, sabio Bartolomé. Y tú, Felipe, fiel. Y tú Tomás; el de la pronta voluntad.

Ven. Andrés; el del silencio activo. Y tú, Santiago; el del primer encuentro.

Y ahora tú; alegría de tu Maestro y tú Judas, compañero de infancia y de juventud.

Y tú, Santiago que me recuerdas al Justo; en sus facciones y en su corazón.

Venid todos, todos… Pero, acordaos de que mi amor es mucho, pero es necesaria también vuestra buena voluntad.

Desde mañana daréis un paso más hacia adelante, en vuestra vida de discípulos míos.

Pensad, no obstante, que cada paso hacia adelante es un honra y una obligación.

Pedro dice:

–     Maestro… un día me dijiste a mí, a Juan, a Santiago y a Andrés, que nos enseñarías a orar.

Creo que si orásemos como Tú oras; seremos capaces de ser dignos del trabajo que requieres de nosotros.

–    En aquella ocasión te respondí:

Cuando estéis fuertemente formados, os enseñaré la plegaria sublime; para dejaros mi plegaria.

Pero también ella no tendrá ningún valor, sí se le dice sólo con la boca. Por ahora levantad el alma y la voluntad hacia Dios. La plegaria es un don que Dios concede. Y que el hombre da a Dios.

Judas de Keriot pregnta:

–    ¿Cómo es esto?

¿Todavía no somos dignos de orar? Todo Israel ora… 

–    Sí, Judas.

  Pero puedes ver por sus obras, cómo ora Israel. No quiero hacer de vosotros traidores. Quién ora externamente y por dentro está en contra del Bien; es un Traidor.

Judas piensa…

Y luego dice:

–    ¿Y los milagros? ¿Cuándo nos capacitas para que los hagamos?

Pedro se escandaliza:

–    ¿Milagros? ¿Nosotros?… ¡Misericordia Eterna!… pero muchacho. ¿Estás loco?

Pedro está asustado, fuera de sí y agrega:

–    ¡Y eso que bebemos agua pura! ¿Nosotros, milagros?

Judas reafirma:

–     ¡Él nos lo dijo, en Judea! ¿0 acaso no es verdad?

Jesús responde:

–     Sí, es verdad, lo dije. Y lo haréis.

Pero, mientras en vosotros haya demasiada carne, no tendréis milagros.

Judas declara:

–   ¡Ayunaremos!

–   De nada sirve. Por carne me refiero a las pasiones corrompidas.

La Triple concupiscencia. Y detrás de esta pérfida trinidad, la secuela con sus vicios… iguales a los hijos de una unión lujuriosa bígama.

La soberbia de la inteligencia engendra; con la avidez de la carne y del poder; todo el mal que hay en el hombre y en el mundo.

Judas objeta:

–    Nosotros lo hemos dejado todo por Ti.

–    Pero no a vosotros mismos.

–   ¿Entonces debemos morir? Con tal de estar contigo lo haríamos; yo al menos…

–    No. No pido vuestra muerte material.

Pido que muera en vosotros lo animal y satánico. Y esto no muere, mientras la carne esté satisfecha y haya en vosotros mentira, orgullo, ira, soberbia, gula, avaricia y pereza.

Bartolomé suspira:

–    ¡Somos tan frágiles cerca de Ti que eres tan santo!

El primo Santiago, declara:

–    Y Él siempre fue santo. Lo podemos afirmar.

Juan dice:

–     Él sabe cómo somos. No debemos perder los ánimos.

Lo único que debemos decirle, es: ‘Danos diariamente la fuerza para servirte. Somos débiles y pecadores. Ayúdanos con tu fuerza y tu perdón’.

Dios no nos desilusionará y en su Bondad y Justicia; nos perdonará y purificará de la iniquidad de nuestros pobres corazones.

Jesús se acerca al rincón en donde está el joven apóstol y atrayéndolo hacia Él, dice:

–    Eres bienaventurado, Juan. Porque la verdad habla en tus labios, que tienen perfume de inocencia y sólo besan al adorable Amor – dice Jesús levantándose,

Y atrae hacia su corazón al predilecto, que ha hablado desde el rincón oscuro.

72 RENACER EN EL ESPÍRITU


72 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Hacia el final de la primera vigilia, (20.00hs) es una noche apacible en el olivar y el cielo ostenta su maravilloso esplendor,

con una luna llena que ilumina con su brillo plateado, lo que de otra manera sería una gran oscuridad.

  Jesús y Simón cananeo están  conversando en la cocina, sobre las incidencias que cambiarán su destino en Jerusalén.

Juan los interrumpe al entrar diciendo:

–    ¡Maestro! ¡Aquí está Nicodemo!

Después de los saludos, Simón toma a Juan y salen de la cocina, dejándolos solos a los dos.

Nicodemo dice preocupado:

–    Maestro, perdona si te he querido hablar en secreto. Desconfío, por Tí y por mí, de muchos.

No es sólo cobardía esto mío. También es prudencia y deseo de beneficiarte, más que si te perteneciera abiertamente.

Tú tienes muchos enemigos. Yo soy uno de los pocos que aquí te admiran.

He pedido consejo a Lázaro. Lázaro es poderoso por herencia, temido porque goza de favor ante Roma, justo ante los ojos de Dios;

sabio por maduración de ingenio y cultura, verdadero amigo tuyo y verdadero amigo mío.

Por todo esto he querido hablar con él. Y me siento feliz de que él haya juzgado del mismo modo.

Le he dicho las últimas… discusiones del Sanedrín sobre Tí. 

Jesús corrige con suavidad:

–    Las últimas acusaciones. No tengas reparo en decir las verdades desnudas, como son.

–    Las últimas acusaciones. Sí, Maestro.

Yo estaba ya para decir “Pues bien, yo también soy de los suyos”. Aunque sólo fuera porque en esa asamblea hubiera al menos uno que estuviera a tu favor.

Pero José, que se había acercado a mí, me susurró: “Calla. Mantengamos oculto nuestro pensamiento. Luego te explico”. Y una vez fuera, dijo…

Exactamente dijo: “Así es de mayor provecho. Si saben que somos discípulos, nos mantendrán al margen de cuanto piensan y deciden.

Y pueden dañarle y también perjudicarnos. Como sencillos admiradores de Él; no nos tendrán secretos’

Comprendí que tenía razón. ¡Son muchos!… ¡Y muy malos! También yo tengo mis intereses y mis obligaciones. Lo mismo que José… ¿Comprendes, Maestro?

–    No os reprocho nada. Antes de que tú llegases,estaba diciéndole esto a Simón. 

Y he determinado incluso, alejarme también de Jerusalén.

–     ¡Nos odias porque no te amamos!

–     ¡No! ¡No odio ni siquiera a los enemigos!

–     Tú lo dices. Pero es así. ¡Tienes razón!

Sólo que, ¡Qué dolor para mí y para José! ¿Y Lázaro? ¿Qué dirá Lázaro, que justamente hoy ha decidido proponerte que dejaras este lugar para ir a una de sus propiedades de Sión?

Bueno, ¿Ya sabes que Lázaro tiene poder económico, no? Buena parte de la ciudad es suya, de la misma forma que muchas tierras de Palestina.

Su padre, a su patrimonio y al de Euqueria, de tu tribu y familia, había unido aquello que los romanos dan como recompensa al servidor fiel,

cuando lo mantuvo como regente de Siria y era muy influyente en todos los asuntos que el imperio tenía por acá.

A sus hijos les ha dejado una herencia muy grande y lo que más cuenta: una velada pero potente amistad con Roma.

Sin ésta, ¿Quién habría salvado de la ignominia a toda la casa después de la infamante conducta de María?

¿Su divorcio, conseguido sólo porque se trataba de “ella“, su vida licenciosa en esa ciudad, que es su feudo?

Y en Tiberíades, que es el elegante lupanar donde Roma y Atenas han constituido un lecho de prostitución para tantos del pueblo elegido?

¡Verdaderamente, si Teófilo sirio hubiera sido un prosélito más convencido, no habría dado a los hijos educación helenizante que tanta virtud mata y siembra tanta voluptuosidad!

Y que bebida y expulsada sin consecuencias por Lázaro y especialmente por Marta, ha contagiado a la desenfrenada María.

¡Y ha proliferado en ella, convirtiéndola en el fango de la familia y de Palestina!

No, sin la poderosa sombra del favor de Roma, se les habría aplicado el anatema más que a los leprosos.

Pero, considerando que las cosas están así, aprovéchate de ello. Con Lázaro tendrás también, la protección oculta de Roma.

Jesús rechaza con firmeza:

–     No. Me retiro. Quien quiera verme vendrá a Mí.

–   ¿¡He hecho mal en hablar!? – Nicodemo se siente abatido.

–    No. Espera… ¡Persuádete!

Y Jesús abre una puerta llamando:

–    ¡Simón! ¡Juan! ¡Venid!

Los dos acuden.

Jesús les pregunta:

–   Simón, dile a Nicodemo lo que te estaba diciendo cuando ha entrado él.

–   Que para los humildes es suficiente con los pastores; para los poderosos, Lázaro, Nicodemo, José y Cusa.

Y que Tú te ibas a ir lejos de Jerusalén, aunque sin dejar Judea. Esto estabas diciendo. ¿Por me lo haces decir? ¿Qué ha ocurrido?

–    Nada. Nicodemo temía que yo me fuera a causa de sus palabras. 

Nicodemo interviene diciendo:

–    He dicho al Maestro que el Sanedrín se muestra cada vez más enemigo.

Y que sería buena cosa que se pusiera bajo la protección de Lázaro. Ha protegido tus bienes porque tiene a Roma de su parte y protegería también a Jesús. 

Simón confirma:

–    Es verdad. Es un buen consejo.

A pesar de que mi casta esté mal vista incluso por Roma, una palabra de Teófilo me ha conservado el patrimonio durante la proscripción y la lepra.

Y Lázaro es muy amigo tuyo, Maestro.

Jesús objeta:

–   Lo sé. Pero ya me he pronunciado. Y lo que he dicho Yo lo hago.

–   ¡Entonces, te perdemos!

–   No, Nicodemo.

Hombres de todas las sectas se acercan al Bautista; a Mí podrán venir hombres de todas las sectas y de todos los niveles.

–    Nosotros venimos a ti sabiendo que eres superior a Juan.

–    Podéis seguir viniendo.

Seré un rabí solitario Yo también, como Juan, y hablaré a las turbas deseosas de oír la voz de Dios y capaces de creer que Yo soy esa Voz.

Y los demás me olvidarán… si son, al menos, capaces de tanto.

Nicodemo afirma:

–    Maestro, estás triste y desilusionado.

Tienes razón en estarlo. Todos te escuchan y creen en ti hasta el punto de que obtienen milagros.

Hasta incluso uno de Herodes, uno que por fuerza debería tener corrompida la bondad natural en esa corte incestuosa y ha sido seguidor del Bautista.

También hasta soldados romanos.

Sólo nosotros, los de Sión, somos tan duros… No todos, no obstante. Ya ves…

Maestro, nosotros sabemos que has venido de parte de Dios y que eres su más alto doctor. También Gamaliel lo dice.

Nadie puede hacer los milagros que Tú haces si no tiene a Dios consigo. Esto piensan también los doctos como Gamaliel.

¿Cómo es que entonces no podemos nosotros tener la fe que tienen los pequeños de Israel? ¡Oh! ¡Dímelo! ¡Dímelo!

No te traicionaré, aunque me dijeras: “He mentido para conferir valor a mis palabras de sabiduría con la impresión de un sigilo que nadie puede despreciar”.

¿Eres Tú el Mesías del Señor, el Esperado, la Palabra del Padre encarnada para instruir y redimir a Israel según el Pacto?

–   ¿Lo preguntas porque tú quieres? O ¿Por qué otros te mandaron a que me lo preguntases?

–   Yo lo pregunto, Señor.

Tengo aquí, un tormento. Tengo una gran confusión.

Vientos contrarios y contrarias voces. Hay en mí una borrasca. ¿Por qué no hay en mí, hombre maduro?

Esa pacífica seguridad que tiene, éste casi analfabeto muchacho; en cuya cara le pone esa sonrisa…

En sus ojos, esa luz. Ese sol en su corazón. 

Nicodemo se vuelve hacia Juan, preguntando:

–   ¿De qué modo crees Juan, para estar así; tan seguro?

Enséñame tu secreto, hijo. Ese secreto con el que supiste ver y encontrar al Mesías; en Jesús, el Nazareno.

Juan se pone colorado como un jitomate. Baja la cabeza como si pidiese permiso para decir una cosa muy grande. Y responde con sencillez:

–    Amando.

–   ¡Amando!

Le toca el turno a Simón Zelote y Nicodemo lo mira escrutador.

Luego  lo interroga: 

–    ¿Y tú, Simón, hombre probo y maduro?

Tú, docto que has sido probado hasta el punto de sentirte inducido a temer el engaño en todas partes. Y has sido acrisolado… ¿Cómo has hecho para convencerte?

–   Meditando.

Nicodemo exclama:

–   ¡Amando! ¡Meditando! También yo amo y medito… ¡Y no estoy seguro todavía!

Interviene Jesús diciendo:

–   Yo te diré el verdadero secreto.

Éstos han sabido nacer de nuevo. Con un nuevo espíritu; libre de toda cadena; desligados de todo compromiso; vírgenes de cualquier otra idea.

Y por esto han comprendido a Dios.

Si uno no nace de nuevo; no puede ver el Reino de Dios; ni creer en su Rey.

–   ¿Cómo puede un hombre volver a nacer; si ya es adulto?

Una vez fuera del seno materno, el hombre no puede jamás volver a entrar en él. ¿Aludes tal vez a la Reencarnación, como creen muchos paganos?

No, en ti no es posible esto; además, no se trataría de un volver a entrar en el seno materno, sino de un reencarnarse más allá del tiempo y por tanto, no ahora. ¿Cómo es esto? ¿Cómo? ¿En qué forma?

Jesús con mucha autoridad, como si estuviera en la cátedra del Templo,

Responde:

–    No hay más que una existencia de la carne sobre la Tierra y una eterna vida del espíritu más allá de la Tierra. Sólo hay una existencia de la carne sobre la Tierra. Y una vida eterna.  

Yo no hablo de la carne y de la sangre; sino del espíritu inmortal, que renace a la vida verdadera por dos cosas: Por el agua y por el Espíritu.  Lo más grande es el espíritu; sin el cual, el agua no es más que un símbolo.

Quien se ha lavado por el agua; debe purificarse luego con el espíritu y con Él; encenderse y renacer. Luego el alimentarse hasta llegar a la edad perfecta.

Porque lo que ha sido engendrado por la carne es y seguirá siendo carne, y con ella muere tras haberla servido en sus apetitos y pecados.

Pero lo que ha sido engendrado por el Espíritu es espíritu.

Y vive volviendo al Espíritu Generador después de haber cultivado el propio espíritu hasta la edad perfecta.

El Reino de los Cielos no será habitado sino por seres llegados a la edad espiritual perfecta. No te maravilles, por tanto, si digo: “Es necesario que vosotros nazcáis de nuevo”.

Éstos han sabido renacer. El joven ha matado la carne y ha hecho renacer el espíritu poniendo su ‘yo’ en la hoguera del amor. Enteramente ha sido consumido de toda materia.

Y he aquí que de las cenizas surge su nueva flor espiritual, maravilloso heliotropo que sabe dirigirse hacia el Sol Eterno.

El de edad; puso la guadaña en la meditación honesta a los pies de su viejo modo de pensar.

Y arrancó la vieja planta dejando sólo el retoño de la buena voluntad. Del que hizo nacer su nuevo pensamiento.

Ahora ama a Dios con su espíritu nuevo y lo ve…Lo que nace de la carne, es carne. Lo que nace del espíritu, es espíritu. Cada uno tiene su modo para llegar al puerto.

Cualquier viento es bueno, con tal de que se sepa usar la vela. Vosotros oís que sopla el viento y por su corriente podéis regular y dirigir la maniobra.

Pero no podéis decir de donde viene. Ni llamar al viento que necesitáis.

También el Espíritu llama. Y viene llamando y pasa. Pero sólo el que está atento puede seguirlo.

El Hijo conoce la Voz de su Padre. Y la voz del espíritu; conoce la Voz del Espíritu y Quién lo engendró…

–   ¿Cómo puede suceder esto?

–   Tú, Maestro en Israel; ¿Me lo preguntas?

¿Ignoras estas cosas? Se habla y se da testimonio de lo que sabemos y hemos visto. Pues bien, Yo hablo y doy testimonio de lo que sé.

¿Cómo podrás aceptar las cosas que no has visto; si no aceptas el testimonio que te traigo? ¿Cómo puedes creer en el Espíritu; si no crees en la Palabra Encarnada?…

No bajes la frente, Nicodemo. He venido a salvar. No a destruir. Dios no ha enviado a su Unigénito al mundo para condenar al mundo; sino para que el mundo se salve por medio de Él.

Yo he bajado para volver a subir llevándome conmigo a los que están aquí abajo. Uno sólo ha bajado del Cielo: el Hijo del hombre.

Uno sólo al Cielo subirá con el poder de abrir el Cielo: Yo, Hijo del hombre.

Recuerda a Moisés. Él levantó una serpiente en el desierto para curar las enfermedades de Israel.

Cuando Yo sea levantado en alto, aquellos a quienes la fiebre de la culpa hace ciegos, sordos, mudos o que por ella han perdido el juicio o están leprosos y enfermos, serán curados.

Y quienquiera que crea en Mí tendrá vida eterna.

También quienes en Mí hayan creído tendrán esta vida beata. En el mundo he visto todas las culpas, todas las herejías, todas las idolatrías.

Pero, ¿Puede acaso la golondrina que vuela veloz por encima del polvo ensuciarse el plumaje?

No. Lleva por las tristes vías de la Tierra una coma de azul, un olor de cielo, emite un reclamo para conmover a los hombres y hacerles levantar del fango la mirada y seguir su vuelo que al cielo retorna.

Igualmente Yo. Vengo para llevaros conmigo. ¡Venid!… Bajé para ascender, llevándoos conmigo. ¡Venid!

Quién cree en el Unigénito; no será juzgado. Ya está a salvo. Porque Él; el Hijo del Hombre, ruega al Padre, diciéndole: Éste me ha amado’

Pero el que no cree; es inútil que haga obras santas. Está ya juzgado porque no ha creído en el Hijo Unigénito de Dios.

¿Cuál es mi Nombre, Nicodemo?

–     Jesús. (Jesús en hebreo antiguo, Yeshúa o Ieshúa significa ‘Salvación’) 

–     ¡No! ¡Salvador! Yo Soy Salvación.

Quién no cree en Mí; rechaza su salvación. Y la Justicia Eterna lo ha sentenciado.

Y el juicio es éste:

‘La Luz se envió a ti y al mundo para salvaros. Y tú y los hombres habéis preferido las tinieblas a la Luz…’

Porque preferíais las obras malvadas, que se habían hecho costumbre en vosotros. A las obras buenas, las que Él os señalaba como obras que seguir para ser santos”.

Vosotros habéis odiado la Luz, porque los malhechores aprecian las tinieblas para sus delitos; habéis evitado la Luz para que no proyectara luz sobre vuestros ocultos resentimientos.

No por ti, Nicodemo, pero la verdad es ésta. Y el castigo guardará relación con la condena, por lo que respecta al individuo y por lo que respecta a la colectividad.

Si me refiero a los que me aman y ponen en práctica las verdades que enseño; naciendo en el espíritu por segunda vez, la más verdadera.

Digo que no temen la Luz antes bien, a ella se arriman; porque su luz aumenta aquella con que fueron iluminados: recíproca gloria, que hace dichoso a Dios en sus hijos y a los hijos en el Padre.

No, ciertamente los hijos de la Luz no temen ser iluminados; antes bien, con el corazón y con las obras, dicen: “No he sido yo sino Él, el Padre, Él, el Hijo, Él, el Espíritu, quienes han cumplido en mí el Bien.

A ellos la gloria eternamente.

Y desde el Cielo responde el eterno canto de los Tres que se aman en su perfecta Unidad: “A ti eternamente la bendición, hijo verdadero de nuestra voluntad”. 

Jesús se vuelve hacia su predilecto: 

–     Juan, acuérdate de estas palabras para cuando llegue la hora de escribirlas. 

Y dirigiéndose al magistrado del Sanedrín pregunta:   

–     Nicodemo, ¿Estás convencido?

–    Sí, Maestro. ¿Cuándo podré hablarte otra vez?

–    Lázaro sabrá llevarte. Iré a su casa, antes de alejarme de aquí.

–    Me voy, Maestro. Bendice a tu siervo.

–    Mi paz sea contigo.

Nicodemo sale con Juan.

Jesús se vuelve a Simón:

–    ¿Ves la obra del poder de las Tinieblas?…

Como una araña, tiende su trampa, envuelve y aprisiona a quien no sabe morir para renacer como mariposa… Con una fortaleza capaz de romper la tela tenebrosa y traspasarla.

llevándose como recuerdo de su victoria, jirones de reluciente red en las alas de oro, como oriflamas y lábaros conquistados al enemigo.

Morir para vivir.

Aprendiendo la ciencia de MORIR VIVIENDO y MORIR AMANDO.

Morir para daros la fuerza de morir.

Vete a descansar Simón. Y Dios sea contigo.

El discípulo se retira y Jesús sale al huerto. Se postra a orar…

71 LA IDOLATRÍA


Mount of Olives view from Solomon’s Temple grounds in Jerusalem, Israel

71 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Por la noche, Jesús está cenando con sus discípulos en la casita del olivar.

Intercambian comentarios de lo sucedido durante el día y de la curación de un leproso, cerca de los sepulcros de Betfagé.

Bartolomé, dice:

–     Había un centurión romano que observaba y me preguntó desde su caballo: ‘El Hombre a quién sigues, ¿Hace frecuentemente cosas similares? Y yo le dije que sí.  Y él me dijo:

–     Entonces es más grande que Esculapio y será más rico que Creso.

Y yo le contesté:

–     Será siempre pobre según el mundo; porque no recibe, sino que da. Y lo único que busca es llevar almas al conocimiento del Dios Verdadero.

El centurión me miró con tamaños ojos, lleno de admiración. Espoleó su caballo y partió al galope.

Tomás agrega:

–    Había también una mujer romana en su litera. Tenía las cortinas corridas y se asomaba furtivamente por ellas. Yo la vi.

Juan confirma:

–    Sí. Estaba cerca de la curva alta del camino. Había dado órdenes de detenerse cuando el leproso gritó: ‘¡Hijo de David, ten piedad de mí!’

Entonces recorrió la cortina y yo vi que te miró a través de una lente preciosa y se rió con ironía.

Pero cuando vio que Tú, sólo con tu Palabra la habías curado; me llamó y me preguntó: ‘Pero, ¿Ése es el que dicen que es el verdadero Mesías?’ respondí que sí.

‘¿Y es verdaderamente Bueno?’ Volví a decir que sí. ‘¿Estás tú con Él?’ Sí.

Pedro y Judas preguntan al mismo tiempo:

–     ¡Entonces la viste!

–    ¿Cómo era?

Juan contesta sencillamente:

–     Pues… una mujer.

Pedro ríe:

–    ¡Qué descubrimiento!

Iscariote insiste:

–    ¿Era bella? ¿Joven? ¿Rica?

–     Sí. Me parece que era joven y también hermosa.

Pero yo estaba mirando más bien a Jesús que a ella. Quería cerciorarme, cuando el Maestro se pusiera en camino.

Judas dice entre dientes:

–     ¡Estúpido!

Santiago de Zebedeo lo defiende:

–     ¿Por qué? Mi hermano no es un libertino en busca de aventuras.

Respondió por educación y no faltó a su primera cualidad.

Judas pregunta:

–     ¿Cuál?

–     La del discípulo que ama tan solo a su Maestro.

Judas irritado, inclina la cabeza.

Felipe dice:

–     Y luego… no es muy bueno que lo vean a uno hablar con los romanos.

Ya nos andan acusando de que somos galileos. Y por eso, menos puros que los judíos. Esto por nacimiento…

También nos acusan de detenernos en Tiberíades con demasiada frecuencia. Lugar de cita de los gentiles romanos, sirios, fenicios… y luego… ¡Oh! ¡De cuantas cosas nos acusan!

Jesús, que hasta ahora había permanecido callado;

Dice:

–    Eres bueno, Felipe.

Y pones un velo en la dureza de la verdad que dices. Porque sin velo, es ésta: ¡De cuantas cosas me acusan!

Iscariote corrobora:

–    En el fondo no están del todo equivocados. Demasiado contacto con los paganos. 

Jesús pregunta:

–   ¿Tienes tan solo por paganos a los que no tienen la Ley Mosaica?

–   ¿Y cuáles otros podrían ser?

–   Judas…

¿Puedes jurar por nuestro Dios, que no tienes paganismo en el corazón? ¿Puedes  jurar que no lo tengan los israelitas más sobresalientes?

–    Maestro, de los otros no lo sé. De mí… Puedo jurar.

–   ¿Qué cosa es para ti, el paganismo, según tu manera de pensar?

Judas replica con vehemencia:

–    Seguir a una religión que no es la verdadera. Adorar a otros dioses.

–   ¿Y cuáles son?

–    Los dioses de Grecia, Roma y de los egipcios.

En una palabra; los dioses de mil nombres y de seres que no existen; pero que según los paganos, llenan sus olimpos.

–   ¿Y ningún otro dios existe? ¿Sólo los olímpicos?

–   ¿Y Cuáles otros? ¿Acaso no son ya demasiados?

–   Demasiados. Sí. Demasiados.

Pero hay otros. Y a ellos, cada hombre les quema  incienso en los altares de su corazón.

También los sacerdotes; escribas, rabíes, saduceos y herodianos. Todos los de Israel. ¿No es verdad?

No sólo ellos; sino que hasta mis discípulos, lo hacen.

Todos replican vivamente:

–    ¡Ah! ¡Eso, no!

Jesús los mira a todos y dice:

–    ¿No?… Amigos… 

¿Quién de vosotros, no tiene un culto, o muchos cultos secretos?

Uno, tiene la belleza y la elegancia. El otro, el orgullo de su saber. Otro, inciensa la esperanza de llegar a ser humanamente grande.

Otro… adora todavía a la mujer. Otro; el dinero. Otro se postra delante de su saber.

Y habrá quién; con un egoísmo monstruoso, se adorará a sí mismo; en un auto idolatría, infernal.

 ¿De verdad queréis saber cuál es el ídolo que adoráis?…

Responderos a vosotros mismos: ‘¿En qué pienso cuando me levanto por las mañanas? ¿En qué pienso a lo largo del día?

¿En qué pienso, cuando me acuesto a descansar? ¿En qué pienso todos los días? ¡Los siete días, de la semana!

¿A QUIÉN LE ESTOY DEDICANDO MI VIDA?… 

La respuesta…

¡Es el nombre del ídolo de vuestro corazón! A quién le hemos entregado el dominio de nuestros pensamientos; es el nombre del ídolo al cual se está adorando… 

Y así sucesivamente…

En verdad os digo que no hay hombre que no esté manchado de idolatría.

¡¿Cómo entonces se puede desdeñar a los paganos?! Que lo son por desgracia; mientras que estando uno con el Dios Verdadero; permanece pagano por su voluntad…

Muchos exclaman al mismo tiempo:

–   Pero somos humanos, Maestro.

–   Es verdad. Entonces tened caridad para con los otros. Porque Yo la he tenido para todos. Y para eso he venido y vosotros no valéis más que Yo.

Judas objeta:

–    Pero entretanto nos acusan y a tu misión le ponen trabas.

–    Eso no importa. Seguiré adelante.

Pedro, dice:

–    A propósito de mujeres…

Desde que hablaste en Betania la primera vez; después de tu regreso a Judea; hay una mujer velada que siempre nos sigue.

Y la veo que te escucha detrás de un árbol o procurando pasar desapercibida, porque no habla con nadie. Ahora  la vi tres veces en Jerusalén.

Hoy le pregunté: ¿Necesitas algo? ¿Estás enferma? ¿Quieres una limosna…?

Y siempre negó con la cabeza.

Juan dice:

–    A mí me dijo un día: ‘¿En dónde vive Jesús?’ y le contesté: ‘En Get-Sammi’

Judas de Keriot exclama iracundo:

–   ¡Valiente bobo!

¡No debiste hacerlo! Debías haber dicho: ‘¡Descúbrete! ¡Hazte conocer y te lo diré!

Juan pregunta sencilla e inocentemente:

–    Pero… ¿Desde cuándo exigimos esas cosas?

Judas explica con impaciencia:

–    A los otros se les puede ver.

Ella está cubierta completamente con el velo. O es una espía o una leprosa. No debe seguirnos y enterarse.

Si es espía, es para hacer el mal. Tal vez el Sanedrín le paga por esto…

Pedro pregunta:

–    ¡Ah! ¿El Sanedrín usa estos medios? ¿Estás seguro?

–    Segurísimo. Estuve en el Templo y lo sé.

Pedro comenta:

–    ¡Qué belleza! Esto viene como anillo al dedo a lo que acaba de decir el Maestro…

Judas se pone rojo de ira e increpa:

–    ¿Qué?

–    Que también hay sacerdotes paganos.

–    ¿Qué tiene que ver esto con pagar a una espía?

–    ¡Qué si tiene!… ¿Por qué pagan?

Para aplastar al Mesías y triunfar ellos. Se ponen pues en el altar con sus puercas almas, bajo sus limpísimos vestidos. –responde Pedro convencido, con su buen juicio de iliterato.

Judas concluye:

–    Bien. En resumidas cuentas, esa mujer es un peligro para nosotros o para la gente.

Para la gente, si es leprosa. Para nosotros, si es espía.

Pedro replica:

–     Esto es: Para Él, en caso de que así fuese.

–     Pero si cae Él; nosotros también caemos.

–     ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! –ríe Pedro con perspicacia.

Y concluye: 

–    Y si cae uno, el ídolo se rompe en pedazos.

Y se pierde el tiempo, estima y tal vez hasta el pellejo. Y entonces… ¡Ah! ¡Ah!… entonces es mejor tratar de que no caiga… o retirarnos a tiempo…. ¿Verdad?

Yo al revés. ¡Mira!

Pedro abraza estrechamente a Jesús,

Y agrega:

–      Lo abrazo con todas mis fuerzas. Si cae pisoteado por los traidores de Dios, quiero caer con Él.

Juan dice muy triste:

–     No pensaba que había hecho tanto mal, Maestro.

Pégame. Maltrátame. Pero sálvate. ¡Ay de mí, si yo fuera la causa de tu muerte!… ¡Oh!…

¡Jamás volvería a tener paz! Me quedaría ciego de tanto llorar. ¿Qué he hecho?

¡Judas tiene razón! ¡Soy un tonto!…

–     ¿Entonces no he hecho mal?…

Jesús interviene:

–     No Juan. No lo eres e hiciste bien.

Déjala que venga siempre. Respetad su velo. Puede ser que lo use como defensa entre el pecado y la sed de redimirse.

¿Tenéis idea de qué causa ese llanto y ese pudor? Dijiste Juan; hijo de corazón de niño bueno, que un llanto continuo surcaría tu rostro si fueses causa de un mal mío.

Pues debes saber que cuando una conciencia, despertada de nuevo, comienza a roer una carne que fue pecado, para destruirla y triunfar con el espíritu, debe por fuerza consumir todo aquello que fue seducción de la carne,

Y la criatura sufre y lucha por vencerse en sus apetitos; envejece, languidece bajo la llamarada de este fuego taladrador.

Sólo después, completada la redención, se compone de nuevo una segunda, santa y más perfecta belleza…

Porque es entonces lo hermoso del alma lo que aflora por la mirada, a través de la sonrisa, de la voz, de la honesta dignidad de la frente sobre la cual se ha depositado y resplandece como diadema el Perdón de Dios.

–    ¿Entonces no hice mal?

–      No. Y tampoco Pedro. Dejadla.

Y ahora, que todos se vayan a descansar. Yo me quedo con Juan y Simón. Tengo que hablarles. Marchaos.

Los discípulos se retiran.

Quizás duermen en la almazara porque ciertamente no vuelven a Jerusalén, ya que las puertas están cerradas desde hace horas.

–     ¿Has dicho, Simón, que Lázaro te ha enviado a Isaac con Maximino hoy, mientras Yo estaba al lado de la torre de David. ¿Qué quería?

–    Quería decirte que Nicodemo está en su casa y que quería hablarte en secreto.

Me he tomado la libertad de decir: “Que venga. El Maestro lo esperará durante la noche”. Sólo tienes la noche para estar solo.

Por este motivo te he dicho: “Despide a todos, menos a Juan y a mí”.

Juan es necesario para ir al puente del Cedrón, a esperar a Nicodemo, que está en una de las casas de Lázaro, extramuros.

Yo hacía falta para explicar. ¿He hecho mal?

–      Hiciste bien. Juan, ve a esperarlo.

Se quedan solos Simón y Jesús; el cual está pensativo.

Simón respeta su silencio.

Pero de pronto lo rompe Jesús, como si terminase un coloquio interior…

Con los carismas de Oración y Profecía activos, también hacemos lo mismo y es cuando vivimos el Cielo en la Tierra…

Jesús es el Verdadero Templo y estaba orando mentalmente con su compañero y Huésped interno…

Cuando somos capaces de aprender a ORAR ASÍ, usando el CELULAR CELESTIAL…

Jamás podemos separarnos de Dios, ni siquiera cuando estamos casados y en plena luna de miel.

Porque el acto sexual es un rito sagrado. (Tobías 8, 4-8)

Tobías 8, La noche de Bodas de Tobías y Sara, Biblia Católica

Pero de pronto lo rompe Jesús, como si terminase un coloquio interior…

Y dice:

–     Sí. Está bien hacer así…

Sí. Está bien así. Isaac, Elías, los otros, son suficientes para mantener viva la Idea que se está conslidando entre los buenos y en los humildes.

Para los poderosos… hay otras levas. Está Lázaro, Cusa, José, y otros…

Pero los poderosos… no me aceptan. Temen y tiemblan por su poder.

Me iré lejos de este corazón judío que cada vez se muestra más hostil al Mesías.

Simón pregunta:

–     ¿Vamos a volver a Galilea?

–      No. Pero nos vamos lejos de Jerusalén.

Judea debe ser evangelizada; también ella es Israel. Pero aquí, ya ves… Todo sirve para acusarme.

Me retiro. Y esta es la segunda vez…

48 DEJARLO TODO…


48 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Jesús sale al huerto, que aparece todo lavado por el temporal de la tarde anterior y ve a su Madre inclinada hacia unas plantitas.

Va donde Ella y la saluda. ¡Qué dulce es su beso!

Jesús la ciñe los hombros con el brazo izquierdo, la acerca hacia sí y la besa en la frente, en el límite del pelo; luego se inclina para que su Madre lo bese en la mejilla.

Pero lo que completa la delicadeza es la mirada que acompaña al beso:

La de Jesús, toda amor, dentro de lo que tiene de majestuosa y protectora; la de María, toda veneración, aun siendo toda amor.

Cuando se besan así, parece como si el mayor fuera Jesús y Ella fuera la hija jovencita que, de su padre o de su hermano mucho mayor que ella, recibe el beso de la mañana.

Jesús pregunta:

–      ¿Han dañado tus flores el granizo de ayer por la tarde y el viento de la noche?

La voz un poco ronca de Pedro, responde antes que María:

–       No, Maestro. Lo único que ha sucedido es que han quedado muy desordenadas sus ramas.

Jesús levanta la cabeza y ve a Simón Pedro, que lleva sólo la túnica corta, trabajando en enderezar algunas ramas curvadas en lo alto de la higuera.

Jesús inquiere:

–      ¿Ya trabajando?

Pedro contesta:

–       Los pescadores dormimos como los peces:

A todas horas, en cualquier sitio, pero sólo el tiempo que nos dejan descansar y uno se acostumbra.

Esta mañana he oído chirriar la puerta, al alba, y me he dicho: “Simón, Ella ya está levantada. ¡Venga!, ¡Rápido! Ve a ayudarle con tus rudas manos”.

Pensaba que Ella había estado preocupada por sus flores durante esta noche llena de viento. Y no me he equivocado. ¡Conozco a las mujeres!…

Mi mujer también, cuando hay tormenta, da vueltas en la cama como un pez en la red y piensa en sus plantas… ¡Pobrecilla!

Alguna vez le digo: “Estoy seguro de que das menos vueltas cuando tu Simón está en el lago a merced de las olas como una pequeña ramita”. Pero soy injusto, porque es una buena esposa.

No se diría que su madre… Bien: cállate, Pedro, esto no viene a cuento.

No es correcto murmurar y dar a conocer imprudentemente lo que es bueno callar. ¿Ves, Maestro, cómo también en mi cabeza de asno ha entrado tu palabra?

Jesús responde riendo:

–       Tú te lo dices todo. A mí no me queda más que aprobar y admirar tu sabiduría de arboricultor.

María observa:

–       Ya ha atado todos los sarmientos que se habían soltado, ha apuntalado ese peral que está sobrecargado, y ha pasado esas cuerdas bajo aquel granado que ha crecido sólo por una parte.  

–       Sí, parece un viejo fariseo; sólo pende hacia donde le interesa. Yo lo he trabajado como si de una vela se tratara y le he dicho: “¿No sabes que lo justo está en el medio? Ven aquí, cabezón; si no, te rompes por exceso de peso”.

Ahora me he metido con esta higuera, aunque es por egoísmo. Pienso en el hambre de todos: ¡Higos frescos y pan caliente! ¡Ni siquiera Antipas tiene una comida tan buena!

Pero hay que ir con cuidado, porque la higuera tiene ramas tan tiernas como el corazón de una jovencita cuando dice su primera palabra de amor y yo peso, y los higos mejores están arriba.

Con estos primeros rayos de sol se han secado ya. Deben ser una delicia.

Y volviéndose hacia Juan, que va saliendo del taller de carpintería,

Pedro le dice:   

–      ¡Tú, muchacho! No estés sólo mirándome. ¡Despierta! Dame ese cesto.

Juan obedece y trepa a la gruesa higuera.

Cuando los dos pescadores bajan, ya han salido también del taller Simón Zelote, José y Judas Iscariote. 

María trae pan fresco, pequeños panes oscuros y redondeados.

Y Pedro, con su navaja los abre y sobre ellos abre los higos.

Ofrece primero a Jesús, luego a María y a los demás.

Comen con gusto en el huerto refrescado, transido de hermosura bajo el sol de una mañana serena; serena incluso por la reciente lluvia que ha limpiado la atmósfera.

Pedro dice:

–     Es viernes… Maestro, mañana es sábado…

Judas Iscariote observa:

–     No has descubierto nada nuevo.

–     No, pero el Maestro sabe lo que quiero decir…

Jesús contesta:

–     Lo sé. Esta tarde iremos al lago, donde has dejado la barca. Y navegaremos hacia Cafarnaúm. Mañana hablaré allí.

Pedro está muy felíz.

Entran en grupo Tomás, Andrés, Santiago, Felipe, Bartolomé y Judas Tadeo, que pasaron la noche en casa de Alfeo, el tío de Jesús.

Se saludan.

Jesús dice:

–     Quedémonos aquí juntos; así habrá un nuevo discípulo. Mamá, ven.

Se sientan… en una piedra, en una banqueta… haciendo un círculo en torno a Jesús, quien a su vez se ha sentado en el banco de piedra que está contra la casa.

Y tiene a su lado a su Madre y a los pies a Juan, que ha elegido sentarse en el suelo con tal de estar cerca.

Jesús habla, despacio y con majestuosidad, como siempre:

–     ¿A qué compararé la formación apostólica?

A la naturaleza que nos circunda. Podéis ver cómo la tierra en invierno parece muerta, pero dentro de ella actúan las semillas y las linfas se nutren de humores, depositándolos en las frondas subterráneas, así podría llamar a las raíces;

Para luego disponer de ellos en gran abundancia, para las frondas superiores, cuando haya llegado el tiempo de florecer.

Vosotros también sois comparables a esta tierra invernal, árida, desnuda, fea. Pero sobre vosotros ha pasado el Sembrador y ha echado una semilla.

Por vosotros ha pasado el Cultivador y ha cavado alrededor de vuestro tronco, plantado en la tierra dura, duro y áspero como ella, para que a las raíces les llegase el sustento de humores de las nubes y del aire.

Y así se fortaleciera el tronco con este alimento para futuro fruto.

Y vosotros habéis acogido la semilla y aceptado la remoción de la tierra, porque tenéis la buena voluntad de fructificar en el trabajo de Dios.

Compararé también la formación apostólica a la tormenta de ayer, que azotó y plegó, aparentemente con inútil violencia. Mirad, sin embargo, el bien que ha producido.

Hoy la atmósfera está más pura, nueva, sin polvo, sin ese calor sofocante; el sol es el mismo de ayer, pero sin ese ardor que asemejaba a fiebre: hoy llega hasta nosotros a través de estratos purificados y frescos.

Las hierbas, las plantas, se sienten aliviadas como los hombres, porque la limpieza, la serenidad, son cosas que alegran.

También las discordias sirven para llegar a un más exacto conocimiento y a una clarificación; si no, serían sólo maldad. Y ¿Qué son las discordias sino las tormentas provocadas por nubes de distinta especie?

Y estas nubes ¿No se acumulan poco a poco en los corazones con los malhumores inútiles, con los pequeños celos, con las oscuras soberbias?

Luego viene el viento de la Gracia y las une para que descarguen todos sus malos humores y vuelva el tiempo sereno.

También es semejante la formación apostólica al trabajo que Pedro estaba haciendo esta mañana para alegrar a mi Madre:

Es enderezar, atar, sostener o soltar, según las tendencias y las necesidades, para hacer de vosotros “hombres fuertes” al servicio de Dios.

Enderezar las ideas equivocadas, atar los arranques carnales, sostener las debilidades, cortar si es necesario las tendencias, desligar las esclavitudes y las timideces.

Vosotros tenéis que ser libres y fuertes, como águilas que, dejado el pico nativo, son sólo del vuelo cada vez más alto: el servicio a Dios es el vuelo, las afecciones son el pico.

Uno de vosotros hoy está triste porque su padre declina hacia la muerte y declina hacia ella con el corazón cerrado a la Verdad y al hijo suyo que la sigue; no sólo cerrado, sino hostil.

Aún no le ha dicho e1 injusto “vete” de que ayer hablaba, autoproclamándose por encima de Dios, pero su corazón cerrado y sus labios sellados no son todavía capaces de decir tampoco: “Sigue la voz que te llama”.

No pretenderían, ni el hijo ni quien os habla, oír decir de esos labios: “Ven y contigo venga el Maestro. Bendito sea Dios por haber elegido en mi casa un siervo suyo, creando así un parentesco más excelso que la sangre con el Verbo del Señor”.

Pero al menos Yo, por su bien, y su hijo por un motivo aún más complejo, querríamos oírle palabras no enemigas.

No llore este hijo. Sepa que en Mí no hay ni rencor ni desdén hacia su padre, sino sólo piedad.

He venido, y me he detenido un tiempo, aun conociendo la inutilidad de mi permanencia, para que un día este hijo no me dijera: “¿Por qué no viniste?“.

He venido para persuadirle de que todo es inútil cuando el corazón se encierra en el rencor.

He venido también para confortar a una buena mujer que sufre por esta división de la familia, como incisión de cuchillo que le separase haces de fibras.

Pero, tanto este hijo como esta buena mujer, persuádanse de que en Mí no responde el rencor al rencor. Yo respeto la honestidad del creyente anciano fiel, aunque tenga una fe desviada,  a lo que ha sido su religión hasta esta hora.

En Israel hay muchos así… Por eso os digo: me aceptarán más los paganos que los hijos de Abraham.

La humanidad ha corrompido la imagen del Salvador, rebajando su realeza sobrenatural al nivel de una pobre idea de soberanía humana.

Yo tengo que cortar la dura corteza del hebraísmo; penetrar, herir para llegar al fondo y llevar al alma misma de tal hebraísmo la fecundación de la nueva Ley.

Sí, verdaderamente Israel, crecido en torno al núcleo vital de la Ley del Sinaí, se ha hecho símil a un monstruoso fruto, de pulpa en estratos cada vez más fibrosos y duros,

externamente protegidos por una cáscara que no sólo es impenetrable, sino que además impide, tenacísima, la expulsión del germen.

El Eterno juzga que ha llegado el momento de que Yo cree la nueva planta de la Fe en el Dios Uno y Trino.

Yo, para permitir que la Voluntad de Dios se cumpla y que el hebraísmo pase a ser cristianismo, debo mellar, perforar, penetrar, abrir camino hasta el núcleo.

Y darle calor con mi amor, para que resurja y se agrande, germine, CREZCA, crezca, crezca y venga a ser la vigorosa planta del cristianismo, religión perfecta, eterna, divina.

En verdad os digo que el hebraísmo sólo será perforable en la proporción de uno a cien.

Por tanto, no reputo réprobo a este israelita que no me acepta y que no quisiera darme a su hijo.

Por eso le digo al hijo: No llores por la carne y la sangre que sufren sintiéndose rechazados por la carne y la sangre que las engendraron. Por eso digo:

No llores tampoco por el espíritu. Tu sufrimiento actúa, más que cualquier otra cosa, en favor del espíritu tuyo y del suyo, de este padre tuyo que ni comprende ni ve.

Y digo también: No te crees remordimientos por ser más de Dios que de tu padre.

Os digo a todos vosotros: Dios es más que el padre, que la madre, que los hermanos.

Yo he venido a unir la carne y la sangre según el espíritu y el Cielo, no según la tierra.

Por ello debo desunir las carnes y las sangres para tomar conmigo a los espíritus aptos para el Cielo ya desde esta tierra, para tomar a los siervos del Cielo.

Por ello he venido a llamar a los “fuertes”, a hacerlos aún más fuertes porque de “fuertes” está hecho mi ejército de mansos: mansos para con los hermanos, fuertes respecto al propio yo y el yo de la sangre familiar.

No llores, primo. Tu dolor, te lo aseguro, actúa ante Dios en favor de tu padre y de tus hermanos, más que cualquier palabra, no sólo tuya, sino incluso mía.

“El sacrificio más grato para el Señor, es el de la voluntad.”

No entra la palabra allí donde el prejuicio crea una barrera; créelo. Pero la Gracia entra y el sacrificio es imán de gracia.

En verdad os digo que cuando Yo llamo para ir a Dios, no hay obediencia más alta. Y es necesario cumplirla sin detenerse a calcular cuánto y cómo reaccionarán los demás ante vuestro ir hacia Dios.

Ni siquiera detenerse para enterrar al propio padre. Seréis premiados por este heroísmo y el premio será no sólo para vosotros, sino también para aquellos de quienes, con un grito del corazón, os separáis.

Y cuya palabra frecuentemente os hiere más de lo que hiere una bofetada, porque os acusa de ser hijos ingratos, y os maldice en su egoísmo, como rebeldes.

No. No rebeldes, santos.

Los primeros enemigos de los llamados son los familiares.

Pero, entre amor y amor, hay que saber distinguir y amar sobrenaturalmente; o sea, amar más al Dueño de lo sobrenatural que a los siervos de ese Dueño.

Amar a los parientes en Dios y no por el contrario, amarlos más que a Dios.

Jesús calla y se levanta, yendo donde su primo Judas Tadeo, el cual, con la cabeza baja, apenas logra contener el llanto.

Lo acaricia.

Y trata de consolarlo:

–      Judas… Yo he dejado a mi Madre para seguir mi misión.  

Que ello te disuelva toda duda sobre la honestidad de tu forma de actuar.

Si no hubiera sido un acto bueno, ¿Lo habría hecho Yo respecto a mi Madre, teniendo en cuenta, sobre todo, que no tiene a nadie aparte de mí?

Judas se pasa la mano de Jesús por el rostro y asiente con la cabeza, pero no puede decir nada más. 

Jesús agrega:

–      Vamos nosotros dos, solos, como cuando éramos niños y Alfeo pensaba que Yo era el más juicioso entre los muchachos de Nazaret.

Vamos a llevarle al anciano estos hermosos racimos de uva de oro. Que no crea que me olvido de él y que soy enemigo suyo.

También tu padre y Santiago se alegrarán. Le diré que mañana estaré en Cafarnaúm y que su hijo queda todo para él. Ya sabes, los viejos son como los niños:

Son celosos y sospechan siempre que se los olvida; hay que compadecerlos…

Jesús desaparece de la escena dejando en el huerto a los discípulos enmudecidos por la revelación de un dolor y de una incompatibilidad entre un padre y un hijo por causa de El.

María, suspirando apenada, vuelve de acompañar a Jesús hasta la puerta.

P EL CAMPO DE BATALLA


7. Entonces se entabló una batalla en el cielo: = Miguel = y sus Ángeles combatieron con el Dragón. También el Dragón y sus Ángeles combatieron, 8. pero no prevalecieron y no hubo ya en el cielo lugar para ellos. 9. Y fue arrojado el gran Dragón, la Serpiente antigua, el llamado Diablo y Satanás, el seductor del mundo entero; fue arrojado a la tierra y sus Ángeles fueron arrojados con él. Apoc. 12

Agosto 13 2020

Habla Dios Padre

Hijos Míos, Mis pequeños, en vuestro paso por la Tierra debéis tener presente que vuestra misión es algo muy serio para el Cielo.

La Tierra es un campo de batalla. El Cielo es vuestro hogar en donde vivís, del cual vivís Conmigo y gozáis, aún antes de bajar a servirMe.

La Tierra, lugar de la Creación del hombre, sufrió una fuerte caída al cometerse el Pecado Original en ella.

Toda la Tierra, Mí Creación, las almas al encarnarse, TODO LO CREADO, sufrió por tal pecado.

La misión de las almas es la de ayudarMe a conseguir para la Tierra, para Mí Creación, para el hombre, su nivel de perfección en el cuál fue creado.

Para daros a conocer la forma “ideal” de hacerlo, os mandé a Mí Único Hijo, Jesucristo para que os enseñara el camino para lograrlo.

Os dio Mis Leyes y Preceptos de Amor. Os dio Mis Enseñanzas y os dejó su Vida en la Sagrada Eucaristía.

Estamos en Guerra Espiritual y el campo del Enemigo es nuestra mente

Este campo de batalla –Tierra- está ahora bajo el dominio del Príncipe del Mundo, quien os atacará continuamente para que dejéis Mí Amor y Mis Enseñanzas;

además de tratar de haceros caer en la perdición eterna, para que no podáis regresar a Mí Reino, vuestro Hogar.

Las almas sufren caídas, quebrantos, éxitos, durante el tiempo de vida que os concedo.

Cuando se os termina el tiempo de vida que os concedo para servirMe, os mando llamar a cuentas y, como administrador de Mis Bienes, os hago un recuento de vuestra vida.

Y así es cómo en vuestro juicio personal se os dará Vida Eterna con el nivel de gozo que lograsteis, según vuestros méritos.

O se os dará dolor eterno, si en lugar de trabajar para Mí, en la salvación de vuestros hermanos, en su crecimiento y apoyo espiritual en la lucha; os volvisteis instrumentos del Mal y le servisteis para matarlos espiritualmente.

El Purgatorio es el “hospital” de las almas heridas en misión.

Prácticamente ninguna alma llega sana y limpia a Mí Presencia; al final de su vida, todas han sufrido “heridas” y llegan con cicatrices de odios, envidias, rencores, mentiras, caídas mortales de pecados graves…

QUE AUNQUE YA HAN SIDO PERDONADOS SUS PECADOS,

TIENEN QUE PURGAR POR SU MAL PROCEDER.

EL PURGATORIO “SANARÁ” TODAS ESAS HERIDAS QUE EL DEMONIO OS CAUSÓ,

PORQUE VOSOTROS LO PERMITISTEIS EN ALGUNA ETAPA DE VUESTRA VIDA.

Las almas van al Purgatorio a cerrar heridas, a hacer desaparecer cicatrices profundas, a limpiar y restaurar vuestras vestiduras,

para poder entrar a vuestra Casa Eterna como dignos hijos de Rey, quien os recibirá con los brazos abiertos a invitaros al gozo eterno.

 En las Escrituras, se os habla de que no podéis entrar a la fiesta; o sea, al Reino de los Cielos, si no estáis bien arreglados, si vuestras ropas no están limpias y puras.

Y por eso, he Creado el Purgatorio, para que vosotros seáis purificados en él.

PERO TAMBIÉN AHÍ CONOCERÉIS TODO EL DAÑO QUE ME HICÍSTEIS

Y EL QUE LE HICÍSTEIS A VUESTROS HERMANOS

Ciertamente tendréis la oportunidad, en el tiempo que Yo decida, para purificaros y para que os ganéis la entrada al Reino de los Cielos.

La estancia, para algunos, será muy dolorosa; otros, vivirán en la esperanza, en la alegría de saber que en cualquier momento, estarán Conmigo para siempre.

Mis pequeños, poco os acordáis del sufrimiento de las ánimas del Purgatorio, poco hacéis para aliviar sus penas.

En el Purgatorio estamos SOLOS y se sufre LA SENTENCIA EN LA CRUZ DE NUESTROS PROPIOS PECADOS, que merecemos… PROPORCIONADA POR LA JUSTICIA DIVINA

Habréis escuchado una o varias veces, del sufrimiento que tienen las almas allí, en ése lugar de purificación.

Para que entendáis un poco esto, os quiero decir que así como vuestra alma, cuando está en vuestro cuerpo vivo, no puede gozar todo el gozo que Yo le puedo dar, porque vuestro cuerpo no soportaría tanto gozo.

De igual manera, vuestra alma no podría vivir el sufrimiento de purificación que se sufre en el Purgatorio estando en vuestro cuerpo, porque moriríais inmediatamente.

Os estoy hablando a nivel espiritual.

Cuando vuestra alma sale de vuestro cuerpo, vuestras potencias cambian, se engrandecen, se vuelven también infinitas;

porque si vosotros salisteis de Mí, si Yo os creé a Imagen y Semejanza Mía, también vuestra alma es infinita y vuestras potencias también.

POR ESO NO ENTENDÉIS PERFECTAMENTE,

SÍGUEME HASTA EL CALVARIO

CUANDO OS HABLO DE AMOR,

PORQUE ESTOY HABLANDO DE UN AMOR A NIVEL ESPIRITUAL,

CON POTENCIAS QUE VUESTRA MENTE HUMANA

Y VUESTRAS CAPACIDADES HUMANAS,

NO PUEDEN NI SENTIR NI IMAGINAR,

PORQUE VUESTRO CUERPO LIMITA LAS POTENCIAS DEL ALMA.

Cuando vuestra alma está libre ya de vuestro cuerpo y está en el Purgatorio,

En la Tierra el Amor de Jesús DOSIFICA nuestro calvario, Y ÉL ES EL CIRENEO que nos ayuda a recorrer el Camino…

las penas, la purificación que tendréis ahí, es a nivel alma, con vuestras potencias ya libres y el Dolor es inmenso.

Os digo esto para que entendáis la gravedad y el dolor tan grande que se vive en el Purgatorio; donde ciertamente, hay una esperanza de salir de ahí.

Y también ésa esperanza VA CRECIENDO y al llegar a ciertos niveles, va minimizando el dolor del padecimiento de purificación que tenéis.

De igual manera, quiero que entendáis el Dolor que se vive en el Infierno.

También es infinito, ya que vuestra alma es infinita y son dolores que vosotros no imagináis que puedan existir, porque vuestras capacidades se ven minimizadas por vuestro cuerpo.

Y de igual manera, cuando alma llega al Cielo, a vuestro Hogar, Mi Reino, también tendréis un gozo que, en éstos momentos no os podéis imaginar.

Vuestra alma, fuera de vuestro cuerpo, tiene Gozos y Dolores indecibles, inimaginables para vuestras pobres potencias humanas.

La Pena de Daño en el Purgatorio, es LA AUSENCIA DE DIOS, el sufrimiento que Jesús experimentó y lo hizo sudar sangre en Getsemaní…

Amad y haced todo lo posible por vuestros hermanos que sufren indeciblemente en el Purgatorio y uníos también, a las alegrías tremendas, inimaginables, que vuestros hermanos están gozando en el Reino de los Cielos.

Y pedidles a unos, ayuda para no seguir cayendo en faltas y que hagan que vuestra alma tenga que ser purificada más tiempo en el Purgatorio…

Y a vuestros hermanos en el Reino de los Cielos, pedidles que os ayuden a lograr llegar a donde Yo, vuestro Padre y vuestro Dios, os espero, para que viváis eternamente conmigo.

Antes de continuar con el Mensaje, es muy importante haceros esta aclaración…

Cuando Adán pecó, le entregó su persona y su herencia al Maligno y desde entonces Satanás se apoderó de TODO.

Cuando Jesús nos rescató con la Redención, la salvación debemos hacerla efectiva  primero con nuestra conversión y segundo con nuestra adherencia a la Voluntad Divina.

De esta forma la salvación es un ASUNTO PERSONAL E INTRANSFERIBLE y una BATALLA COTIDIANA.

En el INFIERNO, EL REINO DEL ODIO están peor, los demonios desquitan su ODIO, SE SUFRE EL CALVARIO DE JESUS CON TODO EL RIGOR DE LA JUSTICIA DIVINA

Y tampoco Satanás está dispuesto a reconocer su derrota, mientras pueda aumentar su Botín de almas.

El mundo entero yace en poder del Maligno y SATANÁS ES MUY LEGALISTA, nosotros con nuestros pecados le hemos entregado el control sin combate,

Y DIOS NO PUEDE INTERVENIR, si nosotros NO solicitamos la ayuda.

Bajo esta perspectiva lean el Mensaje y mediten la segunda parte del Ave María…

Y CADA UNA DE LAS PALABRAS contenidas en los Rosarios enseñados por el Cielo

Quiero que reflexionéis lo que significa vuestro paso por la Tierra…

Hijos Míos, Mis pequeños, imaginad que vais a una expedición en una selva que no conocéis; vais con varias personas, pero de repente os quedáis admirando algo que os llamó mucho la atención…

Y no os dais cuenta que esa expedición sigue caminando y os habéis apartado de ellos.

Tardáis un rato en daros cuenta que os habéis quedado apartados del grupo, escucháis los rugidos de las fieras a vuestro alrededor, empieza a caer el Sol y se empiezan a hacer tinieblas a vuestro alrededor. 

Los ojos del Señor están sobre los que hacen lo bueno; sus oídos están abiertos a sus gritos de auxilio… Salmo 34, 15-16

Empezáis a gritar desesperadamente para que os ayuden, para que vuelvan a vosotros.

Las fieras siguen rugiendo y estáis esperando que suceda algo feo en vosotros, tenéis un peligro inminente a vuestro alrededor…

Y SEGUÍS GRITANDO DESESPERADAMENTE POR AYUDA… 

Mis pequeños, ESTO ES LA INVOCACIÓN, esto es lo que se llama la invocación, que debéis tener continuamente hacia Mí, vuestro Dios.

Hace tiempo os explicaba cómo es vuestro alrededor espiritual, os dije que si os permitiera ver espiritualmente vuestro alrededor, a vuestra alma, cómo sois atacados continuamente por entidades satánicas, moriríais ipso facto. 

Es una realidad espiritual en la que vivís continuamente, estáis siendo atacados continuamente por esas entidades satánicas que quieren vuestra muerte, vuestra perdición eterna.

CUANDO YO OS HE DADO ESTA MISIÓN DE BAJAR A LA TIERRA A SERVIRME,

CONOZCO PERFECTAMENTE LA REALIDAD ESPIRITUAL A LA QUE VAIS A BAJAR,

CON LA QUE OS VAIS A CONFRONTAR

Y POR ESO OS PONGO VUESTROS ÁNGELES CUSTODIOS, ADEMÁS DE NUESTRA AYUDA,

Y A LO LARGO DE VUESTRA EXISTENCIA VAIS TENIENDO MÁS ATAQUES,

PORQUE OS ESTÁIS ACERCANDO AL FINAL DE VUESTRA EXISTENCIA

Y SATANÁS NO QUIERE, DE NINGUNA FORMA,

QUE VOSOTROS REGRESÉIS AL REINO DE LOS CIELOS.

Vosotros no podéis caminar solos en el mundo, necesitáis Nuestra protección,Necesitáis estar invocando continuamente el Santo Nombre de algún alma del Cielo, de algún ángel, de Mi misma ayuda como Dios, vuestro Padre. 

Al momento en que vosotros invocáis a alguien del Cielo, en ese momento se hace presente para vuestra ayuda, pero respetaMos vuestro libre albedrío; vuestra soberbia os aparta de esa ayuda cuando os creéis autosuficientes.

Ciertamente hay invocaciones buenas, santas, porque aquellos que están con Satanás también invocan su maldad para acrecentar el mal sobre alguien o sobre algunos.

O COMO EN ESTE MOMENTO SOBRE LA HUMANIDAD ENTERA,

CUANDO GRUPOS SATÁNICOS INVOCAN AL ENEMIGO

Y LE OFRECEN SANGRE, COMO LO HAN VENIDO HACIENDO

EN TODA LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD.

Quiero que os deis cuenta perfectamente de esto, Mis pequeños, si los malos están invocando a vuestro Enemigo, a Satanás,

¡Vosotros os debéis también preocupar por cuidar vuestra alma y la de los vuestros!

La invocación debe ser continua y por eso, Mi Hija, la Siempre Virgen María, os ha dado el Santo Rosario;

cada Ave María es una invocación para vuestra ayuda y de esta forma, va perdiendo Satanás fuerza, porque le estáis pidiendo a Mi Hija continuamente por vuestra ayuda física y espiritual.

Veis cómo hermanos vuestros se quejan de tanto mal en su vida, en sus relaciones, sobre todo en el amor.

Satanás lucha por quitaros el amor, Mi Amor en vuestro corazón, y del amor que debéis dar a vuestros hermanos.

Estáis viviendo una realidad espiritual, una lucha tremenda de poderes satánicos contra vosotros,

Y TENÉIS MI DEFENSA CONTRA ELLOS,

PERO NO LA PEDÍS

Y OS VA DESTROZANDO POCO A POCO SATANÁS

POR CULPA VUESTRA, POR VUESTRA SOBERBIA,

Porque Me habéis hecho a un lado de vuestra existencia y no imploráis Mi ayuda.

No escucho de vosotros esos gritos angustiosos pidiendo Mi ayuda, ¡Ayuda desesperada! NO estáis invocando Mi Santo Nombre para protegeros de tanto mal.

TENÉIS QUE ESTAR MUY CONSCIENTES DE ESTO, MIS PEQUEÑOS,

Y ESTO SE HA IDO ACRECENTANDO

PORQUE SON MOMENTOS YA LOS ÚLTIMOS DE SATANÁS,

PORQUE SERÁ VENCIDO PRECISAMENTE

POR LA INVOCACIÓN QUE LE ESTÁIS HACIENDO A MI HIJA,

LA SIEMPRE VIRGEN MARÍA, A TRAVÉS DEL SANTO ROSARIO

Y POR ESO, ÉL AUMENTARÁ TODAVÍA MÁS

SU FUERZA DE ATAQUE CONTRA VOSOTROS.

Sancte Michael Archangele, defende nos in proelio, contra nequitiam et insidias diaboli esto praesidium. Imperet illi Deus, supplices deprecamur: tuque, Princeps militiae caelestis, Satanam aliosque spiritus malignos, qui ad perditionem animarum pervagantur in mundo, divina virtute, in infernum detrude. Amen. San Miguel arcángel, defiéndenos en batalla, sé nuestro amparo contra las maldades y acechanzas del diablo, que Dios le reprenda, es nuestra humilde súplica; y tú, Príncipe de las huestes celestiales, por el poder de Dios, arroja al Infierno a Satanás y a los demás espíritus malignos, que rondan por el mundo buscando la ruina de las almas. Amén.

Invocad más Su Santo Nombre, invocad la Ayuda Divina de Mi Santísima Trinidad, implorad la ayuda también de los Santos Ángeles que están prestos para la batalla.

Invocad la ayuda de todas las almas del Cielo, de las almas del Purgatorio, de la Oración de vuestros hermanos en la Tierra.

LA LUCHA ES MUY FUERTE,

CIERTAMENTE SATANÁS YA ESTÁ VENCIDO,

PERO TAMBIÉN VOSOTROS PODÉIS DISMINUIR SU ATAQUE

Y EL DOLOR QUE PUEDA CAUSAROS.

NO SOLAMENTE EL MUNDO,

SINO EL UNIVERSO ENTERO ESTÁ SUFRIENDO ESTOS DOLORES,

PORQUE CUANDO FUE APARTADO SATANÁS DEL CIELO, CAYÓ A LA TIERRA,

O SEA A TODOS LOS PLANETAS DEL UNIVERSO,

Y ÉSTOS ESTÁN SIENDO AFECTADOS TAMBIÉN POR SU MALDAD.

HABÉIS VENIDO A TRAER LUZ Y DESTRUIR LAS TINIEBLAS

QUE EXISTEN EN VUESTRO MUNDO Y EN EL UNIVERSO ENTERO.

 La luz se va a dar pronto, pero la lucha se va a intensificar.

No dejéis de implorar Mi Santo Nombre, quiero escuchar que pidáis ayuda, que vea que en vosotros hay humildad y necesidad Mía, de vuestro Dios, para ayudaros.

Y presto estaré para hacerlo.

AYUDAD A VUESTROS HERMANOS,

IMPLORAD POR SUS NECESIDADES ESPIRITUALES Y AUN TEMPORALES,

PERO OS REPITO, LA MALDAD DE SATANÁS SE VA A INCREMENTAR

Y NECESITÁIS ESTAR MUY PROTEGIDOS

CONTRA ESA MALDAD QUE SE VA A DESATAR

INVOCAD CONTINUAMENTE NUESTRA AYUDA,

INVOCADME, MIS PEQUEÑOS Y LA RECIBIRÉIS.

Hijitos Míos, cuando Mi Amor penetra fuertemente en un corazón, éste se vuelve fortísimo,

Satanás difícilmente podrá hacer caer a un corazón que ama, pero que ama profundamente.

LA FUERZA QUE OS DA EL AMOR ES INCREÍBLE, ES INMENSA,

PORQUE OS HE DICHO QUE EL AMOR ES LA FUERZA MÁS PODEROSA QUE EXISTE

EN EL UNIVERSO, EN TODO LO CREADO, VISIBLE E INVISIBLE,

Con el Santo Rosario Meditamos TODA LA VIDA de Jesús y el Amor del Padre, que lo envió para salvarnos…

PORQUE EN EL AMOR ESTOY YO PLENAMENTE PRESENTE.

Yo Soy el Amor y aquellos que han abierto su corazón a Mi plenitud, Satanás difícilmente los vencerá,

es como una coraza poderosísima que os protege contra toda la Maldad de Satanás.

Mis pequeños, se os dio el Don de la Vida para que vosotros, al vivir en este mundo temporal, pudierais traer el Amor, Mi Amor aquí a la Tierra, para transmitirlo a vuestros hermanos.

Os he dicho que estáis en un Campo de Batalla, y en un campo de batalla necesitáis una armadura,

Y EL AMOR ES ESA ARMADURA QUE OS PROTEGE

CONTRA TODA MALDAD DE SATANÁS.

El Santo Rosario es mi Honda para vencer…

El Amor os lleva también a una Humildad grande, profunda, y satanás no puede tampoco contra las almas humildes y sencillas donadas totalmente a Mi Voluntad, porque él es todo soberbia, él es todo Maldad. 

SOIS MIS CRISTOS EN ESTOS MOMENTOS DE LA HISTORIA

Y ESTÁIS TOMANDO ESTA TAREA, ESTA MISIÓN IMPORTANTÍSIMA

PARA SALVAR VUESTRO HOGAR TEMPORAL,

PERO AL DECIR “VUESTRO HOGAR TEMPORAL”,

LAS ALMAS QUE ESTÁN VIVIENDO TAMBIÉN ENTRE VOSOTROS,

PUEDEN QUEDAR AFECTADAS POR EL MAL

Cuando estamos crucificicados junto con Cristo, nuestra intercesión ES PODEROSÍSIMA Y DEVASTADORA CONTRA SATANÁS…

O PUEDEN SER ELEVADAS HACIA EL BIEN,

Y ESA ES LA TAREA QUE TENÉIS TODOS VOSOTROS.

Estáis viviendo en vuestro mundo, PERO UN MUNDO QUE FUE AFECTADO POR SATANÁS

QUE DE HECHO, AFECTÓ A TODA LA CREACIÓN,

O SEA, A TODOS LOS MUNDOS QUE EXISTEN.

Ciertamente, cuando vosotros llegáis a la Tierra, llegáis a un mundo adverso a la plenitud que traéis en vuestro corazón, que es Mi Amor.

Con esto os voy explicando la coraza tan fuerte y la protección tan grande que tienen todas las almas para pelear contra la fuerza también inmensa, de Satanás,

pero el hombre tiene el libre albedrío y en un Campo de Batalla así actúan los que pelean, o rechazan el Mal o acaban aliándose con el Mal.

Meditad esto, Mis pequeños, porque es una realidad, es una realidad que vivís todos los días, o estáis atacando a vuestro Enemigo continuamente.

U os estáis aliando con Satanás y de esta forma, destruyendo vuestra misión y la misión que yo os he encomendado para salvar a este mundo, a vuestro hogar temporal.

Estáis viendo la maldad a vuestro alrededor, cómo se va dando cada vez más fuerte y que de hecho, ya os había profetizado que para el Fin de los Tiempos las cloacas se abrirían

y conoceríais la maldad de Satanás, la degradación del hombre al haberse hecho amigo de Satanás.

¿Qué es lo que os ofrece Satanás? Os ofrece el mundo, su mundo, su maldad.

Os ofrece riquezas, riquezas materiales que tontamente os deslumbran y las aceptáis.

Riquezas del mundo, cuando todas las mayores riquezas están en el Reino de los Cielos.

Os ofrece fama, ¿Fama de qué?, de maldad, de impureza, de pecado.

Os he dicho que la Oración es poderosísima cuando os unís a la Comunión de los Santos, cuando vivís en estado de Gracia,

cuando estáis conMigo y cuando dejáis que Mi Amor en vuestro corazón haga su parte. 

Estáis en plena lucha, una lucha tremenda, pero si estáis conMigo ganaréis, venceréis a la Maldad de Satanás.

Haced cosas buenas, Mis pequeños, aunque sea una al día.

Todo lo que hagáis con amor irá destruyendo maldad, la maldad que hay a vuestro alrededor y que puede entrar a vuestro corazón y causaros un gran mal. 

” Se necesitan santos de jeans y zapatillas que se jueguen por su FE y lleven la Luz de Cristo A UNA SOCIEDAD SIN DIOS”

CUANDO OBRÁIS EN EL BIEN,

DIFÍCILMENTE DEJARÉIS QUE ALGO MALO ENTRE A VUESTRO CORAZÓN

Y DE ESTA FORMA, OS IRÉIS PERFECCIONANDO EN EL AMOR

HASTA LLEGAR A LO SUBLIME DEL AMOR, QUE ES LA SANTIDAD.

Sabéis que la Virtud se va logrando poco a poco, no llega de repente, poco a poco vais logrando virtud en vuestra vida.

Y la virtud os va a llevar a un grado máximo, que es la santidad a la que estáis llamados todos,

pero tenéis que empezar a poner todo vuestro empeño en que lo que hagáis, aunque sea pequeño, lo hagáis lo más perfectamente posible.

Comienza haciendo lo que es NECESARIO, después lo que es POSIBLE. y de repente ESTARÁS HACIENDO LO IMPOSIBLE

No os dejéis llevar hacia donde os lleva Satanás, hacia la impureza, hacia la injusticia, hacia la maldad, hacia el pecado en todas sus múltiples manifestaciones.

Sois Mis hijos y Mis hijos tienen que ser ejemplo Mío.

Yo Soy vuestro Dios, el Perfecto, el Santo, el Inmaculado y Mis hijos también deben ser así, por eso existe el Purgatorio.

Para que, después de vuestra misión en la Tierra, os acabéis de purificar, porque ningún alma entra al Reino de los Cielos si no está enteramente sana, limpia, pura, santa.

MIS PEQUEÑOS, ESTÁIS EN EL TIEMPO DE LA SEPARACIÓN DEL TRIGO Y LA CIZAÑA. 

SE HA VENIDO DANDO YA Y LO ESTÁIS VIENDO A VUESTRO ALREDEDOR:

LAS MUERTES AUMENTARÁN,

Esteaccidente‘ Satanás lo provocó y ABBA lo permitió, porque la furia demoníaca está desatada…

¿Y nuestra INTERCESIÓN a cuántos salvó? Recuerden que en la ETERNIDAD, todo es posible…

EL JUICIO SOBRE LOS HOMBRES HA CAÍDO YA SOBRE LA TIERRA,

ESTÁIS SINTIENDO YA UN TEMOR INTERNO QUE NO SABÉIS CÓMO EXPLICAR.

LA HUMANIDAD ENTERA ESTÁ SINTIENDO YA EL JUICIO SOBRE ELLA.

Ciertamente estáis ya sobre ese tiempo, el Tiempo en que se ha de separar el bien del mal, el bien será premiado, el mal será castigado.

Muchas oportunidades tuvisteis de escoger el camino correcto, pero no quisisteis tomarlo, y ahora tendréis que enfrentar vuestro juicio.

NO ESTÁIS EN EL JUICIO FINAL, estáis en el tiempo de la Purificación Universal, porque toda la Creación fue afectada por el Pecado Original de vuestros Primeros Padres. 

Ciertamente estáis viviendo tiempos apocalípticos, lo estáis sintiendo ya.

Los buenos, los que se mantendrán como trigo, están siendo marcados por Mis Ángeles y, ¿Qué es ese signo? ¿Qué es esa marca?

Es la marca de la Redención, es la marca de Mi Hijo, es el signo de la Salvación en la cual Él se dio por vosotros

Y LA HAN GANADO,

AQUELLOS QUE PREFIRIERON EL CAMINO ANGOSTO,

EL CAMINO PEDREGOSO, EL CAMINO DEL SUFRIMIENTO, EL CAMINO DE LA FE.

Muchos fueron llamados y pocos los escogidos.

Esos pocos escogidos son los que tomaron ese camino angosto, pedregoso, de sufrimiento, porque el Príncipe de este mundo los atacó en múltiples formas y no pudo destruir la Fe. 

Estas almas se han mantenido en Fe, en confianza plena en Mí, aceptando lo que Yo les enviaba, y todo esto aceptado con amor. 

Son almas que han vivido martirio cruento e incruento, son almas que han dejado estela entre los hombres, estela pequeña o estela grande, pero dejaron ejemplo patente entre los que les rodeaban. 

Son las almas que Me mantuvieron en vida entre los hombres, almas buenas, ciertamente con errores también por estar afectados por el Pecado Original, pero

ALMAS BUENAS QUE ACEPTABAN SUS ERRORES,

PEDÍAN PERDÓN Y REGRESABAN A MÍ,

PERO SIEMPRE BUSCÁNDOME EN TODO MOMENTO,

FUERA PARA OFRECERME LO BUENO QUE LOGRABAN

A Satanás: ‘Me hiciste caer; pero nomás espérate a que me levante… Y…”

O TAMBIÉN PARA PEDIR PERDÓN POR LOS ERRORES QUE COMETÍAN.

Las almas buenas que han sido tocadas por Mi mano amorosa y así han conseguido ese Sello que verán los Ángeles en el tiempo de la siega, serán tomadas para protegerlas.

Mientras tanto, las almas que no hayan sido marcadas, serán eliminadas, pero no todas caerán en el Abismo, algunas todavía tendrán esa oportunidad del Purgatorio para purificarse.

Me complazco en vosotras, almas buenas, almas que buscasteis el bien, almas que luchasteis contra las Fuerzas del Mal y vencisteis porque Yo estaba con vosotras.

Yo os asesoraba en el Bien, Yo os levantaba cuando caíais, Yo perdonaba vuestros pecados, os daba fuerzas para seguir adelante, os parecíais a Mí,

Y esto hizo que os ganarais esa marca indeleble que os está ganando el pasar a esas Nuevas Tierras que se os darán y que gozaréis inmensamente, Mis pequeños.

MI AMOR ES VUESTRO SIGNO

Y ES VUESTRO DESEO GRANDE EL SERVIRME.

SOIS ALMAS LLENAS DE AMOR,

AUNQUE LA TRIBULACIÓN OS HACE CAER, OS HACE SUFRIR,

OS MANTENÉIS SIEMPRE ENVUELTAS EN MI AMOR,

Y ESO ES LO QUE OS HA HECHO GRANDES A MIS OJOS:

ALMAS ACRISOLADAS EN EL AMOR.

Seguid adelante, Mis pequeños, falta poco ya para que podáis gozar vuestro regalo.

Y os pido sigáis orando por aquellas almas que todavía se pueden salvar.

Yo os Bendigo, Mis pequeños, os envío Mi Santo Espíritu, para que entendáis lo que os he dicho y para que tengáis la Fuerza de rechazar todo aquello que os manda Satanás y que, por vuestras propias fuerzas, no podéis rechazar.

Os amo, Mis pequeños, recibid Mis Bendiciones y transmitidlas a todos los vuestros, a todo el Mundo, al Universo entero.

ORAD, Orad, orad, daos por todos, como Mi Hijo se dio por todos vosotros.

ALMAS VÍCTIMAS Y CORREDENTORAS

Yo os bendigo ahora y por siempre, en Mí Santo Nombre, en el de Mí Hijo, 
Salvador vuestro y en el del Espíritu de Amor y Vivificador.

Mí Santa Hija, la Siempre Virgen Maria, os cuidará y os guiará para aplastar la cabeza de la serpiente del mal. Dejaos llevar por Sus Palabras de Amor y Salvación. Su ternura es excelsa.

Hijitos Míos, ¡Cuánto os amo!

Yo os amo y os bendigo en Mi Santo Nombre, en el de Mi Hijo y en del Amor de Mi Santo Espíritu.

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