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78 CONTRA LA CORRIENTE


78 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Al día siguiente, en el amanecer lleno de neblina por el frío invernal, Jesús pasea lentamente arriba y abajo a lo largo de la arboleda que bordea la orilla del río.

La niebla se estanca aún entre los cañizares de las márgenes y no hay nadie hasta donde alcanza la vista en las dos orillas del Jordán.

Sólo nieblecilla baja, runrún de agua entre las cañas, rumor de aguas que por las lluvias de los días precedentes, están turbias.

Y algunos reclamos de pájaros, cortos, tristes, como lo son cuando terminada la estación de los amores, las aves están apagadas por el invierno y la escasez del alimento.

Jesús los escucha y parece interesarse mucho en el reclamo de un pajarito que con regularidad de reloj, vuelve su cabecita hacia el Norte y emite un “^chiruit?” quejumbroso,

Y luego vuelve la cabecita hacia el Sur y repite su interrogativo “¿chiruit?” sin respuesta.

 Al fin el pajarito parece haber recibido una respuesta en el “chip” que viene de la otra orilla y emprende el vuelo y se aleja a través del río, con un pequeño grito de alegría.

Jesús hace un gesto como diciendo: “¡Menos mal!”

Y continúa con su paseo.

Se oye el trinar de los pájaros en busca de comida.

Juan llega corriendo a través de los prados, hasta donde está su Maestro,

y pregunta:

–    ¿Te perturbo, Maestro?

Jesús contesta:

–     No. ¿Qué quieres?

Juan anuncia muy contento:

–    Quería decirte… creo que es una noticia que te puede confortar y he venido enseguida; no sólo por ello, sino también para pedirte consejo.

Estaba barriendo nuestras habitaciones y ha venido Judas de Keriot. Me ha dicho: “Te ayudo”.

Yo me he quedado asombrado porque siempre muestra poca disposición, para hacer las cosas de este tipo que se le mandan…

No obstante, me he limitado a decir: “¡Oh, gracias! Así lo haré antes y mejor”.

Él se ha puesto a barrer y hemos terminado pronto.

Entonces ha dicho: “Vamos al bosque. Siempre traen leña los mayores. No es correcto. Vamos nosotros. No soy un experto, pero si me enseñas…”. Y hemos ido. 

Después, mientras estaba yo atando la leña, me dijo:

–    Juan, te quiero decir una cosa…

–     Habla. –le dije pensando que sería una crítica.

Y fue al contrario. Me dijo:

 “Yo y tú somos los más jóvenes. Tendríamos que estar más unidos. Tú tienes casi miedo de mí, y tienes razón, porque no soy bueno. Pero, créeme… no lo hago adrede.

Hay veces que siento la necesidad de ser malo; quizás porque, habiendo sido único, me han enviciado. Y quisiera hacerme bueno. Los mayores – lo sé – no me ven muy bien.

Los primos de Jesús están enfadados porque… sí, les he faltado mucho, como también a su primo. Pero tú eres bueno y paciente.

Tú quiéreme. Hazte idea de que soy un hermano, un hermano malo, sí, pero un  hermano al que hay que querer aunque sea malo.

El mismo Maestro dice que hay que actuar así. Cuando veas que no actúo correctamente, dímelo. Y otra cosa: no me dejes siempre solo.

Cuando vaya al pueblo, ven también tú; así me ayudarás a no hacer el mal. Ayer sufrí mucho. Jesús me habló y yo lo miré.  

En mi estúpido rencor no me miraba ni a mí mismo ni a los demás.

Ayer miré y vi… Tienen razón al decir que Jesús está sufriendo… y siento que parte de la culpa es mía. No quiero seguir teniendo culpa. Ven conmigo.

¿Vas a venir? ¿Me vas a ayudar a ser menos malo?”. Esto ha dicho, y te confieso que me latía el corazón como le late a un gorrión en manos de un muchacho.

Latía de alegría porque me agrada que él se haga bueno. Por Tí me agrada. Y latía un poco de miedo porque… no quisiera volverme como Judas.

Pero luego me he acordado de cuanto me habías dicho el día que tomaste a Judas y he respondido: “Sí, ciertamente te ayudaré; pero yo tengo que obedecer, y si recibo otras órdenes…”.

Pensaba: ahora se lo digo al Maestro y si Él quiere lo hago; si no quiere, que me dé la orden de no alejarme de la casa.

Jesús mira con infinito amor a su Predilecto y le dice:

–     Oye, Juan. Puedes ir.

Pero debes prometerme que si sientes que alguna cosa te turba, me lo dirás. Me has alegrado con esto. Mira, ahí viene Pedro con su pescado. Puedes irte, Juan.

El jovencito se va y Jesús se dirige a Pedro:

–    ¿Buena pesca?

Pedro mueve la cabeza y responde:

–    ¡Hummm! No muy buena… sólo son pescaditos.

Pero todo sirve. Santiago está renegando porque algún animal rompió el lazo y se perdió una red. Le dije: ‘¿Él no debe comer? Ten compasión de un pobre animalito.’

Pero él no lo toma así… -Y Pedro suelta una carcajada.

Jesús dice muy serio:

–     Es lo que Yo digo de uno que es hermano y eso no lo sabéis hacer.

–    ¿Te refieres a Judas?

–     Me refiero a él. Sufre.

Tiene buenos deseos e inclinación perversa. Pero dime un poco tú; experto pescador.

Cuando quisiese ir en barca por el Jordán, para llegar al lago de Nazareth; ¿Cómo debería hacer? ¿Lo lograría?…

–      ¿Desde aquí?… ¡Eh! ¡Sería un trabajo enorme!

Lo lograrías con lanchas planas. Cuesta trabajo, ¿Sabes? ¡Es lejos! Sería necesario medir siempre el fondo.

Tener ojo en la ribera. En los remolinos, en los bosquecillos flotantes en la corriente. ¡Ufff!

La vela en estos casos, estorba y no sirve. Pero, ¿Quieres regresar al lago siguiendo el río?

Ten en cuenta que no le va a uno bien, ir contra la corriente. Es menester dividirse en muchas cosas, si no…

–     Tú lo has dicho.

Cuando alguien es vicioso, para ir al Bien; debe ir contra la corriente. Y no puede lograrlo por sí solo.

Judas es uno de estos. Y vosotros no lo ayudáis. El pobre rema hacia arriba solo y se pega contra el fondo. Da contra remolinos; se mete en los bosquecillos flotantes y cae en una vorágine.

Si quiere medir el fondo, no puede tener al mismo tiempo, el timón y el remo.

¿Por qué se le echa en cara si no avanza? Tenéis piedad de los extraños y de él; vuestro compañero, ¡¿No?!…

¡No es justo! ¿Ves ahí a Juan y a él, que van al poblado a traer pan y verduras? Él ha pedido que por favor no se le deje ir solo.

Se lo pidió a Juan, porque no es tonto y sabe cómo pensáis los viejos de él.

–   ¿Y Tú lo has mandado? ¿Y si Juan también se echa a perder?

Santiago ha llegado con la red que sacó de las varas y escuchó las últimas palabras.

Pregunta:

–   ¿Quién? ¿Mi hermano? ¿Por qué va a echarse a perder?

Jesús contesta:

–   Porque Judas va con él.

–   ¿Desde cuándo?

–   Desde hoy. Yo le di permiso.

–    Si Tú lo permites… Entonces…

–     Aún más bien. Lo aconsejo a todos.

Lo dejáis muy solo. No seáis sólo sus jueces. No es peor que otros. Está muy mal educado desde su infancia.

Santiago dice:

–    Así será.

Si hubiese tenido por padre y madre a Zebedeo y a Salomé, las cosas no serían así. Mis padres son buenos, pero estrictos. Se acuerdan que tienen un derecho y una obligación sobre sus hijos.

–    Dijiste bien hoy hablaré exactamente sobre esto.

Vámonos. Veo que empieza a parecer gente por los prados…

Pedro dice entre animado y fastidiado:

–    No sé cómo vamos a hacer para vivir.

Ya no hay tiempo para comer, orar, descansar… Y la gente aumenta siempre más.

Jesús responde:

–    ¿Te desagrada? Es señal de que todavía hay quién busca a Dios.

–     Sí, Maestro. Pero Tú sufres.

Ayer te quedaste sin comer y esta noche sin más cobija que tu manto. ¡Si lo supiese tu Madre!

–    ¡Bendeciría a Dios que me trae tantos fieles!

Llegan Felipe y Bartolomé diciendo:

–    ¡Oh! ¡Maestro! ¿Qué hacemos?

–    Es una verdadera peregrinación de enfermos, quejosos y pobres que vienen de lejos, sin medios.

Jesús contesta:

–   Compraremos pan.

Los ricos dan limosnas. Las emplearemos en ellos.

Felipe dice:

–   Los días son breves.

El cobertizo está lleno de gente que parece que va a pernoctar. Las noches son húmedas y frías.

–   Tienes razón, Felipe.

Nos estrecharemos en un solo galerón. Podemos hacerlo y arreglaremos los otros, para quienes no puedan regresar a su casa en la misma tarde.

Pedro refunfuña:

–   ¡Entendido!

Dentro de poco tendremos que pedirles permiso a los huéspedes, para cambiarnos de ropa. Nos invadirán en tal forma, que nos arrojarán.

–    Otras fugas verás, Pedro mío…  ¿Qué tiene esa mujer?

Han llegado a la era y Jesús la ve llorando.

Bartolomé contesta:

–     Ayer también estuvo y también lloraba.

Cuando hablabas con Mannaém intentó acercarse a Ti. Pero después se fue. Debe estar en el poblado, porque ha regresado y no parece enferma.

Al pasar junto a ella, Jesús le dice:

–     La paz sea contigo, mujer.

Ella responde en voz baja:

–     Y contigo.

Son por lo menos trescientas personas.

Bajo el cobertizo hay ciegos, cojos, mudos. Uno que no hace más que temblar.

Un jovencillo claramente hidrocéfalo, tomado de la mano por un hombre; no hace más que bufar, babear y sacudir su cabezota con expresión de estúpido.

Una mujer pregunta:

–   ¿El Maestro, cura también los corazones?

Pedro la oye y dice a Jesús:

–    Tal vez es una mujer traicionada.

Mientras Jesús va a donde están los enfermos, Bartolomé y Felipe van a bautizar a muchos peregrinos.

La mujer llora en un rincón sin moverse.

Jesús no niega nadie el milagro.

Llega ante el jovencito y toma entre sus manos su cabezota y con su aliento le infunde la inteligencia.

Todos se agolpan.

También la mujer velada, que perdida entre la multitud; se atreve a acercarse más y se pone junto a la mujer que llora.

Jesús dice al tonto:

–    Quiero en ti la luz de la inteligencia, para abrir paso a la Luz de Dios. Oye, di conmigo: Jesús. Dilo, lo quiero.

El tonto, que antes mugía como una bestia, masculla fatigosamente:

–     ¡Jesiú!

–     Otra vez. –dice Jesús, que continúa teniendo entre sus manos, la cabeza deforme y lo mira fijamente.

–    ¡Jess-sús!

–     ¡Otra vez!

–     ¡Jesús! –dice finalmente.

En sus ojos ya hay una expresión y en su boca se dibuja una sonrisa diferente.

Jesús dice a su padre:

–    Hombre, tuviste fe. Tu hijo está curado.

Pregúntaselo. El Nombre de Jesús es milagro contra las enfermedades y las pasiones.

El hombre pregunta a su hijo:

–    ¿Quién soy yo?

El muchacho contesta:

–     Mi padre.

El hombre lo estrecha contra su pecho y dice:

–    Así nació. Mi mujer murió en el parto.

Y él tenía impedida la mente y el habla. Ahora ved. Tuve fe, sí. Vengo desde Joppe. ¿Qué debo hacer por Ti, Maestro?

–     Ser bueno. También tu hijo. No más.

–    ¡Y amarte! ¡Oh!

¡Vamos a decírselo a tu abuela! Fue ella la que me persuadió a venir. Que sea bendita.

Los dos se van felices.

Del infortunio pasado no queda rastro. Sólo la cabeza grande del muchacho. La expresión del rostro y el habla son normales.

Varios quieren saber y preguntan a Jesús:

–    ¿Se curó por voluntad tuya o por poder de tu Nombre?

–    Por voluntad del Padre, siempre benigno con su Hijo.

También mi Nombre es salvación. Vosotros sabéis que ‘Jesús’ quiere decir Salvador. La salvación es de las almas y de los cuerpos.

Quién dice el Nombre de Jesús con verdadera devoción y Fe; se levanta de las enfermedades y del Pecado.

Porque en cada enfermedad espiritual y física; está la uña de Satanás; el cual produce las enfermedades físicas, para llevar a la rebelión y a la desesperación; al sentir los dolores de la carne.

Y las morales y espirituales para conducir a la condenación eterna.

–     Entonces según Tú, ¿En todas las cosas que afligen al hombre; no es un extraño Belcebú?

–     No es un extraño.

La enfermedad y la muerte entraron por él. E igualmente la corrupción y el delito.

Cuando veáis algún atormentado por una desgracia; recordad que él también sufre por causa de Satanás.

Cuando veáis que alguien es causa de infortunio; pensad que es un instrumento de Satanás.

–    Pero las enfermedades vienen de Dios.

–    Las enfermedades son un desorden del Orden.

Porque Dios creó al hombre sano y perfecto.

El Desorden introducido por Satanás en el orden puesto por Dios; ha traído consigo la enfermedad en el cuerpo y las consecuencias de la misma.

O sea; la muerte y también las herencias funestas.

El hombre heredó de Adán y Eva, la mancha de Origen. Pero no solo esa. La Mancha se extiende cada vez más; comprendiendo las tres ramas del hombre: la carne siempre más viciosa y por lo tanto débil y enferma.

La parte moral, siempre más soberbia y por lo tanto, corrompida.

El espíritu siempre más incrédulo; o sea, cada vez más idólatra.

Por esto es necesario hacer como hice con el jovencito: enseñar el Nombre que ahuyenta a Satanás. grabarlo en la mente y en el corazón.

Ponerlo sobre el ‘yo’, como un sello de propiedad.

–   Pero, ¿Nos posees Tú? ¿Quién Eres que te crees tan gran cosa?

–   ¡Si fuera así! Pero no lo es.

Si os poseyese estaríais ya salvados. Sería mi derecho porque Soy el Salvador. Salvaré a los que tengan fe en Mí.

Uno de los curados que antes usaba muletas y ahora se mueve ágilmente, dice:

–   Yo vengo de parte de Juan el Bautista.

Me dijo: ‘Ve al que habla y bautiza cerca de Efraín y Jericó.  Él tiene el poder de atar y desatar.

Mientras que yo solo puedo decirte que hagas penitencia para hacer tu alma ágil en conseguir la salvación.

Otro pregunta:

–    ¿No siente el bautista que pierde gente?

Y el que acaba de hablar, responde:

–    ¿Sentirlo? A todos nos dice: ‘Id. Id.”

“Yo soy el astro que se oculta. Él es el astro que sube y se queda fijo en su eterno resplandor.”

Para no permanecer en tinieblas, id a Él; la Luz Verdadera; antes de que se pague mi lamparilla.

–    ¡Los fariseos no dicen así!

Están rabiosos y llenos de odio, porque atraes a las multitudes. ¿Lo sabías?

Jesús responde escueto:

–     Lo sabía.

Se desata una disputa sobre la razón y modo de proceder de los fariseos.

Jesús la trunca con un:

–           ¡No critiquéis!  – que no admite réplica.

75 EL PRIMER SEMINARIO


75 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Es un día frío, sereno y nublado y la muchedumbre que espera a Jesús, ha aumentado considerablemente. 

Hay también personas de clases menos comunes. Algunos han venido en burros y ahora están ingiriendo su comida bajo el cobertizo, en cuyos palos han atado sus asnos, en espera del Maestro.

La gente cuchichea; los más doctos dan explicaciones de quién es y por qué el Maestro habla en ese lugar.

En un pequeño grupo, uno pregunta;

–     Pero, ¿Supera a Juan?

–     No. Es distinto. Aquél – yo era de Juan – es el Precursor y es la voz de la justicia; éste es el Mesías, y es la voz de la sabiduría y la misericordia.

Varios se interesan:

–    ¿Cómo lo sabes? 

–     Me lo han dicho tres discípulos del Bautista de los que están siempre con él.

¡Si supierais qué cosas! Ellos lo vieron nacer. Fijaos: nació de la luz. La luz era tan fuerte, que ellos, que eran pastores, abandonaron corriendo el redil, entre el ganado enloquecido de terror. 

Y vieron que toda Belén estaba en llamas.

Luego descendieron del cielo unos ángeles y apagaron el fuego con sus alas y sobre el suelo estaba Él, el Niño nacido de la luz.

Todo el fuego se transformó en una estrella…

Uno objeta:

–     ¡No, hombre, no, no es así!

–     Sí, es así. Me lo ha dicho uno que era mozo de cuadra en Belén cuando yo era niño y que ahora que el Mesías es hombre se gloría de ello.

–     No es así. La estrella vino después.

Vino con aquellos magos de Oriente, aquellos de los que uno era descendiente de Salomón y por tanto, pariente del Mesías, porque Él es de David.

Y David es padre de Salomón y Salomón amó a la reina de Saba porque era hermosa. Y por los regalos que le había traído, tuvo de ella un hijo, que es de Judá a pesar de ser de más allá del Nilo.

Varios contradicen:

–    ¿Pero qué estás diciendo? 

–     ¿Estás loco?

–     No.

–     ¿Pretendes decir que no es cierto que su pariente le trajo los aromas como es costumbre entre reyes, y más aún de esa estirpe?

Otro declara:

–     Yo sé cómo sucedió verdaderamente.

Lo sé porque Isaac es uno de los pastores y es amigo mío, así fue: el Niño nació en un establo de la casa de David. Estaba profetizado…

–    ¿Pero no es de Nazaret?

–    Dejadme hablar.

Nació en Belén porque es de David, y era tiempo de edicto. Los pastores vieron una luz de insuperablebelleza, y el más pequeño, porque era inocente, fue el primero que vio al ángel del Señor,

el cual habló con música de arpa diciendo: “Ha nacido el Salvador. Id y adorad”, y, a continuación, una muchedumbre de ángeles cantó “Gloria a Dios y paz a los hombres buenos”.

Entonces los pastores fueron y vieron a un niñito en un pesebre entre un buey y un asno, y a la Madre y al padre.

Y lo adoraron y luego lo condujeron a casa de una buena mujer. Y el Niño crecía como todos, hermoso, bueno, todo amor.

Luego vinieron los magos del otro lado del Eufrates y más allá  del Nilo, porque habían visto una estrella y reconocido en ella la estrella de Balaam.

Pero el Niño ya podía andar. El rey Herodes ordenó el exterminio por celos de poder. Pero el ángel del Señor había advertido del peligro y los pequeñuelos de Belén murieron, pero no Él, que había huido más allá de Matarea.

Después volvió a Nazaret, a trabajar como carpintero y habiendo llegado a su tiempo, después de haber sido anunciado por el Bautista, primo suyo, ha comenzado la misión y primero ha buscado a sus pastores.

A Isaac lo liberó de una parálisis, después de treinta años de enfermedad.

E Isaac le predica incansablemente. Esto es.

El primero replica disgustado:

–     ¡Pues, no obstante, los tres discípulos del Bautista me han dicho verdaderamente esas palabras!» 

–     Y son verdaderas. Lo que no es verdadero es la descripción del mozo de cuadra.

¿Se gloría? Haría bien en decir a los betlemitas que fueran buenos. Ni en Belén ni en Jerusalén puede predicar.

–     Pero hombre, ¿Cómo piensas que los escribas y fariseos deseen sus palabras?

Esos son víboras y hienas, como los llama el Bautista.

Uno más explica:

–     Yo querría que me curase. ¿Ves?

Tengo una pierna con gangrena. He sufrido lo indecible para venir aquí en burro. Pero lo he buscado en Sión y ya no estaba… 

Otro responde:

–     Lo han amenazado de muerte… 

–     ¡Perros!

–     Sí. ¿De dónde vienes?

–     De Lida.

–     ¡Un largo camino!

Un tercero muy angustiado, confiesa:

–     Yo… yo quisiera expresarle un pecado mío…

Se lo he manifestado al Bautista… pero me ha recriminado de tal modo, que he huido. Creo que ya no podré ser perdonado… 

–     ¿Pues qué es lo que has hecho?

–      Mucho mal. A Él se lo manifestaré.

¿Qué decís? ¿Me maldecirá?

Un anciano de aspecto grave responde:

–      No. Lo he oído hablar en Betsaida.

Casualmente me encontraba allí. ¡Qué palabras! Hablaba de una pecadora.

¡Ah…, casi habría deseado ser ella para merecerlas!… 

En eso gritan muchos:

–     ¡Ahí viene! 

El hombre que se siente culpable, dice:

–     ¡Misericordia! ¡Me da vergüenza! – y trata de huir.  

Al pasar Jesús junto a ellos, dice:

–     ¿A dónde huyes, hijo mío?

¿Tanta negrura tienes en el corazón, que odias la Luz hasta el punto de tener que huir de ella? ¿Has pecado tanto como para tener miedo de mí Perdón?

¿Pero qué pecado puedes haber cometido? Ni aun en el caso de que hubieras matado a Dios deberías tener miedo, si en ti hubiera verdadero arrepentimiento.

¡No llores! O ven, lloremos juntos.

Jesús que, alzando una mano, había hecho que se detuviera el fugitivo, ahora lo tiene estrechado contra sí.

Y dirigiéndose hacia quienes están esperando,

les  dice:

–     Un momento sólo, para aliviar a este corazón. Después estoy con vosotros.

Y se aleja hasta más allá de la casa, chocándo al volver la esquina, contra la mujer velada, que está en su lugar de escucha.

Jesús la mira fijamente un instante, luego continúa una docena de metros más allá y se detiene.

Con mucho amor le pregunta:

–     ¿Qué has hecho, hijo?

El hombre cae de rodillas.

Es un hombre que tiene unos cincuenta años; un rostro quemado por muchas pasiones y devastado por un tormento secreto.

Tiende los brazos y grita:

–     Para gozarme con las mujeres dilapidé toda la herencia paterna, he matado a mi madre y a mi hermano…

Desde entonces no he vuelto a tener paz… Mi alimento… ¡sangre! Mi sueño… ¡pesadillas!… Mi placer…

¡Ah! en el seno de las mujeres, en su gemido de lujuria, sentía el hielo de mi madre muerta y el jadeo agonizante de mi hermano envenenado.

¡Malditas las mujeres de placer! ¡Aspides, medusas, murenas insaciables! ¡Perdición, perdición, mi perdición! 

Jesús dice:

–    No maldigas. Yo no te maldigo…

–    ¿No me maldices?

–    No. ¡Lloro y cargo sobre Mí tu pecado!…

Cuánto pesa! Me quiebra los miembros, pero aun así lo abrazo estrechamente para anularlo por ti…

y a ti te concedo el perdón. Sí. Yo te perdono tu gran pecado.

Extiende Jesús las manos sobre la cabeza del hombre, que está sollozando,

Y ora:

–    Padre, mi Sangre será derramada también por él. Por ahora, llanto y oración. Padre, perdona, porque está arrepentido.

¡Tu Hijo, a cuyo juicio todo ha sido remitido, así lo quiere!…

Permanece así durante unos minutos…

Luego se agacha para levantar al hombre y le dice:

–    La culpa queda perdonada.

Está en ti ahora el expiar, con una vida de penitencia, cuanto queda de tu delito».

–    ¿Dios me ha perdonado?

¿Y mi madre? ¿Y mi hermano?

–    Lo que Dios perdona queda perdonado por todos, quienes sean. Ve y no vuelvas a pecar nunca.

El hombre llora aún con más intensidad y le besa la mano.

Jesús lo deja con su llanto y vuelve hacia la casa.

La mujer velada hace ademán como de ir a su encuentro, mas luego baja la cabeza y no se mueve.

Jesús pasa delante de ella sin mirarla.

Cuando llega al lugar elegido para su magisterio…

Empieza a hablar:

–    Un alma ha vuelto al Señor.

Bendita sea su omnipotencia, que arranca de las circunvoluciones de la serpiente demoníaca a sus almas creadas, y las conduce de nuevo por el camino de los Cielos.

¿Por qué esa alma se había perdido? Porque había perdido de vista la Ley.

Dice el Libro que el Señor se manifestó en la cima del Sinaí con toda su terrible potencia, para, valiéndose también de ella, decir:

“Yo soy Dios. Ésta es mi voluntad. Éstos son los rayos que tengo preparados para aquellos que se muestren rebeldes a la voluntad de Dios”.

Y antes de hablar impuso que nadie del pueblo subiera para contemplar a Aquel que es, y que incluso los sacerdotes se purificasen antes de acercarse al limen de Dios, para no recibir castigo.

Esto fue así porque era tiempo de justicia y de prueba. Los Cielos estaban cerrados como por una losa que cubría el misterio del Cielo y el desdén de Dios.

Y sólo las saetas de la justicia alcanzaban, provenientes de los Cielos, a los hijos culpables.

Mas ahora no es así. Ahora el Justo ha venido a consumar toda justicia y ha llegado el tiempo en que sin rayos y sin límites, la Palabra divina habla al hombre para darle Gracia y Vida.

La primera palabra del Padre y Señor es ésta: “Yo soy el Señor Dios tuyo”.

En todo instante del día la voz de Dios pronuncia esta palabra y su dedo la escribe. ¿Dónde? Por todas partes. Todo lo dice continuamente: desde la hierba a la estrella,

desde el agua al fuego, desde la lana al alimento, desde la luz a las tinieblas, desde el estar sano hasta la enfermedad, desde la riqueza a la pobreza.

Todo dice: “Yo soy el Señor.

Por mí tienes esto. Un pensamiento mío te lo da, otro te lo quita, y no hay fuerza de ejércitos ni de defensas que te pueda preservar de mi voluntad”.

Grita en la voz del viento, canta en la risa del agua, perfuma en la fragancia de la flor, se incide sobre las cúspides de las montañas. Y susurra, habla, llama, grita en las conciencias: “Yo soy el Señor Dios tuyo”.

¡No os olvidéis nunca de ello! No cerréis los ojos, los oídos; no estranguléis la conciencia para no oír esta palabra.

Es inútil, ella es; y llegará el momento en que en la pared de la sala del banquete, o en la agitada ola del mar, o en el labio del niño que ríe,

o en la palidez del anciano que se muere, en la fragante rosa o en la fétida tumba, será escrita por el dedo de fuego de Dios.

Es inútil, llega el momento en que en medio de las embriagueces del vino y del placer, en medio del torbellino de los negocios, durante el descanso de la noche, en un solitario paseo… ella alza su voz y dice: “Yo soy el Señor Dios tuyo”

Y no esta carne que besas ávido, y no este alimento que, glotón, engulles, y no este oro que, avaro, acumulas, y no este lecho sobre el que te solazas.

Y de nada sirve el silencio, o el estar solo, o durmiendo, para hacerla callar.

“Yo soy el Señor Dios tuyo“, el Compañero que no te abandona, el Huésped que no puedes echar. ¿Eres bueno? Pues el huésped y compañero es el Amigo bueno.

¿Eres perverso y culpable? Pues el huésped y compañero pasa a ser el Rey airado, y no concede tregua. Mas no deja, no deja, no deja.

Sólo a los réprobos les es concedido el separarse de Dios. Pero la separación es el tormento insaciable y eterno.

“Yo soy el Señor Dios tuyo”, y añade: “que te saqué de la tierra de Egipto, de la casa de la esclavitud”. ¡Oh, con qué verdad, ahora, realmente lo dice!

¿De qué Egipto, de qué Egipto te saca, hacia la tierra prometida, que no es este lugar, sino el Cielo, el eterno Reino del Señor en que no habrá ya hambre o sed, frío ni muerte, sino que todo rezumará alegría y paz?

¡Y de paz y de alegría, se verá saciado todo espíritu!

De la esclavitud verdadera ahora os saca. He aquí el Libertador. Yo soy. Vengo a romper vuestras cadenas.

Cualquier dominador humano puede conocer la muerte, y por su muerte quedar libres los pueblos esclavos. Pero Satanás no muere. Es eterno.

Y es él el dominador que os ha puesto grilletes para arrastraros hacia donde desea.

El Pecado está en vosotros, y el Pecado es la cadena con que Satanás os tiene cogidos. Yo vengo a romper la cadena.

En nombre del Padre vengo, y por deseo mío. He aquí que por tanto, se cumple la no comprendida promesa: “te saqué de Egipto y de la esclavitud”.

Ahora esto tiene espiritualmente cumplimiento. El Señor Dios vuestro os saca de la tierra del ídolo que sedujo a vuestros progenitores, os arranca de la esclavitud de la Culpa, os reviste de Gracia, os admite en su Reino.

En verdad os digo que quienes vengan a mí podrán, con dulzura de paterna voz, oír al Altísimo decir en su corazón bienaventurado: “Yo soy el Señor Dios tuyo y te traigo hacia mí, libre y feliz”.

Venid. Volved al Señor corazón y rostro, oración y voluntad. La hora de la Gracia ha llegado.

Jesús ha terminado.

Pasa bendiciendo y acariciando a una viejecita y a una niñita morenita y risueña.  

El enfermode gangrena le implora:

–     Cúrame, Maestro. ¡Me aflige un mal grave! 

–     Primero el alma, primero el alma. Haz penitencia…

–     Dame el bautismo como Juan. No puedo ir a él. Estoy enfermo.

–     Ven.

Jesús baja hacia el río que se encuentra después de atravesar dos grandísimos prados y el bosque que lo oculta.

Se descalza, como también lo hace el hombre que hasta allí se ha arrastrado con las muletas.

Descienden a la orilla.

Y Jesús, haciendo copa con las dos manos unidas, esparce el agua sobre la cabeza del hombre, que está dentro del agua hasta la mitad de las espinillas. 

Jesús le ordena:

–     Ahora quítate las vendas.

Mientras vuelve a subir al sendero.

El hombre obedece.

La pierna está curada. La multitud grita su estupor.

Y muchos también gritan:

–     ¡Yo también!

–     ¡Yo también!

–     ¡Yo también el bautismo dado por Ti! 

Jesús, que ya está a medio camino, se vuelve,

y les dice:

–     Mañana. Ahora marchaos y sed buenos. La paz sea con vosotros.

Después de despedirlos, Jesús vuelve a casa, a la cocina que está oscura a pesar de que sean todavía las primeras horas de la tarde.

Los discípulos se aglomeran a su alrededor.

Y Pedro pregunta

–    ¿Ese hombre al que has llevado detrás de la casa, qué tenía?

–     Necesidad de purificación.

–     No ha vuelto, de todas formas, y no estaba entre los que pedían el bautismo.

–     Ha ido a donde lo he mandado.

–    ¿A dónde?

–    A expiar, Pedro.

–    ¿A la cárcel?

–     No. A hacer penitencia por todo el resto.

–    ¿No se purifica entonces con el agua?

–     Es agua también el llanto.

–     Sí, cierto.

Ahora que has hecho el milagro, ¿Qsabe cuántos vendrán!… Eran ya el doble hoy…

–     Sí. Si tuviera Yo que hacer todo, no podría.

Vais a bautizar vosotros. Primero uno cada vez, luego seréis dos, tres, muchos.

Y Yo predicaré y curaré a los enfermos y a los pecadores.

–    ¿Nosotros, bautizar? ¡Oh, yo no soy digno de ello!

¡Quítame, Señor, esta misión! ¡Tengo yo necesidad de ser bautizado!

Pedro se ha puesto de rodillas y está en actitud suplicante.

Pero Jesús se inclina hacia él y dice:

–     Pues tú vas a ser el primero en bautizar. Desde mañana.

–     ¡No, Señor! ¿Cómo puedo hacerlo, si estoy más negro que esa chimenea?

Jesús sonríe ante la sinceridad humilde del apóstol, que se puesto de rodillas contra sus rodillas, sobre las cuales tiene unidas sus gruesas manos de pescador.

Y lo besa en la frente, en el límite de su cabello entrecano que, áspero, se riza:

–     Eso es. Te bautizo con un beso. ¿Estás contento?

–     ¡Cometería inmediatamente otro pecado para recibir otro beso!

–     No, eso no. Nadie se burla de Dios, abusando de sus dones».

Judas dice muy despacio:

–     Y ¿A mí no me das un beso? También yo tengo uno que otro pecado.

Jesús lo mira atentamente.

Su mirada que estaba tan llena de alegría mientras hablaba con Pedro, se nubla con una cansada severidad…

Y dice:

–     Sí… a ti también. Ven.

Yo no actúo injustamente con nadie. Sé bueno, Judas. ¡Si tú quisieras!…

Eres joven. Toda una vida para subir y subir, hasta la perfección de la santidad…»

Y lo besa.

Luego los llama a todos para comunicarles con un beso, el Espíritu Santo:

–    Ahora tú, Simón amigo mío.

Y tú Mateo; mi victoria.

Y tú, sabio Bartolomé. Y tú, Felipe, fiel. Y tú Tomás; el de la pronta voluntad.

Ven. Andrés; el del silencio activo. Y tú, Santiago; el del primer encuentro.

Y ahora tú; alegría de tu Maestro y tú Judas, compañero de infancia y de juventud.

Y tú, Santiago que me recuerdas al Justo; en sus facciones y en su corazón.

Venid todos, todos… Pero, acordaos de que mi amor es mucho, pero es necesaria también vuestra buena voluntad.

Desde mañana daréis un paso más hacia adelante, en vuestra vida de discípulos míos.

Pensad, no obstante, que cada paso hacia adelante es un honra y una obligación.

Pedro dice:

–     Maestro… un día me dijiste a mí, a Juan, a Santiago y a Andrés, que nos enseñarías a orar.

Creo que si orásemos como Tú oras; seremos capaces de ser dignos del trabajo que requieres de nosotros.

–    En aquella ocasión te respondí:

Cuando estéis fuertemente formados, os enseñaré la plegaria sublime; para dejaros mi plegaria.

Pero también ella no tendrá ningún valor, sí se le dice sólo con la boca. Por ahora levantad el alma y la voluntad hacia Dios. La plegaria es un don que Dios concede. Y que el hombre da a Dios.

Judas de Keriot pregnta:

–    ¿Cómo es esto?

¿Todavía no somos dignos de orar? Todo Israel ora… 

–    Sí, Judas.

  Pero puedes ver por sus obras, cómo ora Israel. No quiero hacer de vosotros traidores. Quién ora externamente y por dentro está en contra del Bien; es un Traidor.

Judas piensa…

Y luego dice:

–    ¿Y los milagros? ¿Cuándo nos capacitas para que los hagamos?

Pedro se escandaliza:

–    ¿Milagros? ¿Nosotros?… ¡Misericordia Eterna!… pero muchacho. ¿Estás loco?

Pedro está asustado, fuera de sí y agrega:

–    ¡Y eso que bebemos agua pura! ¿Nosotros, milagros?

Judas reafirma:

–     ¡Él nos lo dijo, en Judea! ¿0 acaso no es verdad?

Jesús responde:

–     Sí, es verdad, lo dije. Y lo haréis.

Pero, mientras en vosotros haya demasiada carne, no tendréis milagros.

Judas declara:

–   ¡Ayunaremos!

–   De nada sirve. Por carne me refiero a las pasiones corrompidas.

La Triple concupiscencia. Y detrás de esta pérfida trinidad, la secuela con sus vicios… iguales a los hijos de una unión lujuriosa bígama.

La soberbia de la inteligencia engendra; con la avidez de la carne y del poder; todo el mal que hay en el hombre y en el mundo.

Judas objeta:

–    Nosotros lo hemos dejado todo por Ti.

–    Pero no a vosotros mismos.

–   ¿Entonces debemos morir? Con tal de estar contigo lo haríamos; yo al menos…

–    No. No pido vuestra muerte material.

Pido que muera en vosotros lo animal y satánico. Y esto no muere, mientras la carne esté satisfecha y haya en vosotros mentira, orgullo, ira, soberbia, gula, avaricia y pereza.

Bartolomé suspira:

–    ¡Somos tan frágiles cerca de Ti que eres tan santo!

El primo Santiago, declara:

–    Y Él siempre fue santo. Lo podemos afirmar.

Juan dice:

–     Él sabe cómo somos. No debemos perder los ánimos.

Lo único que debemos decirle, es: ‘Danos diariamente la fuerza para servirte. Somos débiles y pecadores. Ayúdanos con tu fuerza y tu perdón’.

Dios no nos desilusionará y en su Bondad y Justicia; nos perdonará y purificará de la iniquidad de nuestros pobres corazones.

Jesús se acerca al rincón en donde está el joven apóstol y atrayéndolo hacia Él, dice:

–    Eres bienaventurado, Juan. Porque la verdad habla en tus labios, que tienen perfume de inocencia y sólo besan al adorable Amor – dice Jesús levantándose,

Y atrae hacia su corazón al predilecto, que ha hablado desde el rincón oscuro.

72 RENACER EN EL ESPÍRITU


72 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Hacia el final de la primera vigilia, (20.00hs) es una noche apacible en el olivar y el cielo ostenta su maravilloso esplendor,

con una luna llena que ilumina con su brillo plateado, lo que de otra manera sería una gran oscuridad.

  Jesús y Simón cananeo están  conversando en la cocina, sobre las incidencias que cambiarán su destino en Jerusalén.

Juan los interrumpe al entrar diciendo:

–    ¡Maestro! ¡Aquí está Nicodemo!

Después de los saludos, Simón toma a Juan y salen de la cocina, dejándolos solos a los dos.

Nicodemo dice preocupado:

–    Maestro, perdona si te he querido hablar en secreto. Desconfío, por Tí y por mí, de muchos.

No es sólo cobardía esto mío. También es prudencia y deseo de beneficiarte, más que si te perteneciera abiertamente.

Tú tienes muchos enemigos. Yo soy uno de los pocos que aquí te admiran.

He pedido consejo a Lázaro. Lázaro es poderoso por herencia, temido porque goza de favor ante Roma, justo ante los ojos de Dios;

sabio por maduración de ingenio y cultura, verdadero amigo tuyo y verdadero amigo mío.

Por todo esto he querido hablar con él. Y me siento feliz de que él haya juzgado del mismo modo.

Le he dicho las últimas… discusiones del Sanedrín sobre Tí. 

Jesús corrige con suavidad:

–    Las últimas acusaciones. No tengas reparo en decir las verdades desnudas, como son.

–    Las últimas acusaciones. Sí, Maestro.

Yo estaba ya para decir “Pues bien, yo también soy de los suyos”. Aunque sólo fuera porque en esa asamblea hubiera al menos uno que estuviera a tu favor.

Pero José, que se había acercado a mí, me susurró: “Calla. Mantengamos oculto nuestro pensamiento. Luego te explico”. Y una vez fuera, dijo…

Exactamente dijo: “Así es de mayor provecho. Si saben que somos discípulos, nos mantendrán al margen de cuanto piensan y deciden.

Y pueden dañarle y también perjudicarnos. Como sencillos admiradores de Él; no nos tendrán secretos’

Comprendí que tenía razón. ¡Son muchos!… ¡Y muy malos! También yo tengo mis intereses y mis obligaciones. Lo mismo que José… ¿Comprendes, Maestro?

–    No os reprocho nada. Antes de que tú llegases,estaba diciéndole esto a Simón. 

Y he determinado incluso, alejarme también de Jerusalén.

–     ¡Nos odias porque no te amamos!

–     ¡No! ¡No odio ni siquiera a los enemigos!

–     Tú lo dices. Pero es así. ¡Tienes razón!

Sólo que, ¡Qué dolor para mí y para José! ¿Y Lázaro? ¿Qué dirá Lázaro, que justamente hoy ha decidido proponerte que dejaras este lugar para ir a una de sus propiedades de Sión?

Bueno, ¿Ya sabes que Lázaro tiene poder económico, no? Buena parte de la ciudad es suya, de la misma forma que muchas tierras de Palestina.

Su padre, a su patrimonio y al de Euqueria, de tu tribu y familia, había unido aquello que los romanos dan como recompensa al servidor fiel,

cuando lo mantuvo como regente de Siria y era muy influyente en todos los asuntos que el imperio tenía por acá.

A sus hijos les ha dejado una herencia muy grande y lo que más cuenta: una velada pero potente amistad con Roma.

Sin ésta, ¿Quién habría salvado de la ignominia a toda la casa después de la infamante conducta de María?

¿Su divorcio, conseguido sólo porque se trataba de “ella“, su vida licenciosa en esa ciudad, que es su feudo?

Y en Tiberíades, que es el elegante lupanar donde Roma y Atenas han constituido un lecho de prostitución para tantos del pueblo elegido?

¡Verdaderamente, si Teófilo sirio hubiera sido un prosélito más convencido, no habría dado a los hijos educación helenizante que tanta virtud mata y siembra tanta voluptuosidad!

Y que bebida y expulsada sin consecuencias por Lázaro y especialmente por Marta, ha contagiado a la desenfrenada María.

¡Y ha proliferado en ella, convirtiéndola en el fango de la familia y de Palestina!

No, sin la poderosa sombra del favor de Roma, se les habría aplicado el anatema más que a los leprosos.

Pero, considerando que las cosas están así, aprovéchate de ello. Con Lázaro tendrás también, la protección oculta de Roma.

Jesús rechaza con firmeza:

–     No. Me retiro. Quien quiera verme vendrá a Mí.

–   ¿¡He hecho mal en hablar!? – Nicodemo se siente abatido.

–    No. Espera… ¡Persuádete!

Y Jesús abre una puerta llamando:

–    ¡Simón! ¡Juan! ¡Venid!

Los dos acuden.

Jesús les pregunta:

–   Simón, dile a Nicodemo lo que te estaba diciendo cuando ha entrado él.

–   Que para los humildes es suficiente con los pastores; para los poderosos, Lázaro, Nicodemo, José y Cusa.

Y que Tú te ibas a ir lejos de Jerusalén, aunque sin dejar Judea. Esto estabas diciendo. ¿Por me lo haces decir? ¿Qué ha ocurrido?

–    Nada. Nicodemo temía que yo me fuera a causa de sus palabras. 

Nicodemo interviene diciendo:

–    He dicho al Maestro que el Sanedrín se muestra cada vez más enemigo.

Y que sería buena cosa que se pusiera bajo la protección de Lázaro. Ha protegido tus bienes porque tiene a Roma de su parte y protegería también a Jesús. 

Simón confirma:

–    Es verdad. Es un buen consejo.

A pesar de que mi casta esté mal vista incluso por Roma, una palabra de Teófilo me ha conservado el patrimonio durante la proscripción y la lepra.

Y Lázaro es muy amigo tuyo, Maestro.

Jesús objeta:

–   Lo sé. Pero ya me he pronunciado. Y lo que he dicho Yo lo hago.

–   ¡Entonces, te perdemos!

–   No, Nicodemo.

Hombres de todas las sectas se acercan al Bautista; a Mí podrán venir hombres de todas las sectas y de todos los niveles.

–    Nosotros venimos a ti sabiendo que eres superior a Juan.

–    Podéis seguir viniendo.

Seré un rabí solitario Yo también, como Juan, y hablaré a las turbas deseosas de oír la voz de Dios y capaces de creer que Yo soy esa Voz.

Y los demás me olvidarán… si son, al menos, capaces de tanto.

Nicodemo afirma:

–    Maestro, estás triste y desilusionado.

Tienes razón en estarlo. Todos te escuchan y creen en ti hasta el punto de que obtienen milagros.

Hasta incluso uno de Herodes, uno que por fuerza debería tener corrompida la bondad natural en esa corte incestuosa y ha sido seguidor del Bautista.

También hasta soldados romanos.

Sólo nosotros, los de Sión, somos tan duros… No todos, no obstante. Ya ves…

Maestro, nosotros sabemos que has venido de parte de Dios y que eres su más alto doctor. También Gamaliel lo dice.

Nadie puede hacer los milagros que Tú haces si no tiene a Dios consigo. Esto piensan también los doctos como Gamaliel.

¿Cómo es que entonces no podemos nosotros tener la fe que tienen los pequeños de Israel? ¡Oh! ¡Dímelo! ¡Dímelo!

No te traicionaré, aunque me dijeras: “He mentido para conferir valor a mis palabras de sabiduría con la impresión de un sigilo que nadie puede despreciar”.

¿Eres Tú el Mesías del Señor, el Esperado, la Palabra del Padre encarnada para instruir y redimir a Israel según el Pacto?

–   ¿Lo preguntas porque tú quieres? O ¿Por qué otros te mandaron a que me lo preguntases?

–   Yo lo pregunto, Señor.

Tengo aquí, un tormento. Tengo una gran confusión.

Vientos contrarios y contrarias voces. Hay en mí una borrasca. ¿Por qué no hay en mí, hombre maduro?

Esa pacífica seguridad que tiene, éste casi analfabeto muchacho; en cuya cara le pone esa sonrisa…

En sus ojos, esa luz. Ese sol en su corazón. 

Nicodemo se vuelve hacia Juan, preguntando:

–   ¿De qué modo crees Juan, para estar así; tan seguro?

Enséñame tu secreto, hijo. Ese secreto con el que supiste ver y encontrar al Mesías; en Jesús, el Nazareno.

Juan se pone colorado como un jitomate. Baja la cabeza como si pidiese permiso para decir una cosa muy grande. Y responde con sencillez:

–    Amando.

–   ¡Amando!

Le toca el turno a Simón Zelote y Nicodemo lo mira escrutador.

Luego  lo interroga: 

–    ¿Y tú, Simón, hombre probo y maduro?

Tú, docto que has sido probado hasta el punto de sentirte inducido a temer el engaño en todas partes. Y has sido acrisolado… ¿Cómo has hecho para convencerte?

–   Meditando.

Nicodemo exclama:

–   ¡Amando! ¡Meditando! También yo amo y medito… ¡Y no estoy seguro todavía!

Interviene Jesús diciendo:

–   Yo te diré el verdadero secreto.

Éstos han sabido nacer de nuevo. Con un nuevo espíritu; libre de toda cadena; desligados de todo compromiso; vírgenes de cualquier otra idea.

Y por esto han comprendido a Dios.

Si uno no nace de nuevo; no puede ver el Reino de Dios; ni creer en su Rey.

–   ¿Cómo puede un hombre volver a nacer; si ya es adulto?

Una vez fuera del seno materno, el hombre no puede jamás volver a entrar en él. ¿Aludes tal vez a la Reencarnación, como creen muchos paganos?

No, en ti no es posible esto; además, no se trataría de un volver a entrar en el seno materno, sino de un reencarnarse más allá del tiempo y por tanto, no ahora. ¿Cómo es esto? ¿Cómo? ¿En qué forma?

Jesús con mucha autoridad, como si estuviera en la cátedra del Templo,

Responde:

–    No hay más que una existencia de la carne sobre la Tierra y una eterna vida del espíritu más allá de la Tierra. Sólo hay una existencia de la carne sobre la Tierra. Y una vida eterna.  

Yo no hablo de la carne y de la sangre; sino del espíritu inmortal, que renace a la vida verdadera por dos cosas: Por el agua y por el Espíritu.  Lo más grande es el espíritu; sin el cual, el agua no es más que un símbolo.

Quien se ha lavado por el agua; debe purificarse luego con el espíritu y con Él; encenderse y renacer. Luego el alimentarse hasta llegar a la edad perfecta.

Porque lo que ha sido engendrado por la carne es y seguirá siendo carne, y con ella muere tras haberla servido en sus apetitos y pecados.

Pero lo que ha sido engendrado por el Espíritu es espíritu.

Y vive volviendo al Espíritu Generador después de haber cultivado el propio espíritu hasta la edad perfecta.

El Reino de los Cielos no será habitado sino por seres llegados a la edad espiritual perfecta. No te maravilles, por tanto, si digo: “Es necesario que vosotros nazcáis de nuevo”.

Éstos han sabido renacer. El joven ha matado la carne y ha hecho renacer el espíritu poniendo su ‘yo’ en la hoguera del amor. Enteramente ha sido consumido de toda materia.

Y he aquí que de las cenizas surge su nueva flor espiritual, maravilloso heliotropo que sabe dirigirse hacia el Sol Eterno.

El de edad; puso la guadaña en la meditación honesta a los pies de su viejo modo de pensar.

Y arrancó la vieja planta dejando sólo el retoño de la buena voluntad. Del que hizo nacer su nuevo pensamiento.

Ahora ama a Dios con su espíritu nuevo y lo ve…Lo que nace de la carne, es carne. Lo que nace del espíritu, es espíritu. Cada uno tiene su modo para llegar al puerto.

Cualquier viento es bueno, con tal de que se sepa usar la vela. Vosotros oís que sopla el viento y por su corriente podéis regular y dirigir la maniobra.

Pero no podéis decir de donde viene. Ni llamar al viento que necesitáis.

También el Espíritu llama. Y viene llamando y pasa. Pero sólo el que está atento puede seguirlo.

El Hijo conoce la Voz de su Padre. Y la voz del espíritu; conoce la Voz del Espíritu y Quién lo engendró…

–   ¿Cómo puede suceder esto?

–   Tú, Maestro en Israel; ¿Me lo preguntas?

¿Ignoras estas cosas? Se habla y se da testimonio de lo que sabemos y hemos visto. Pues bien, Yo hablo y doy testimonio de lo que sé.

¿Cómo podrás aceptar las cosas que no has visto; si no aceptas el testimonio que te traigo? ¿Cómo puedes creer en el Espíritu; si no crees en la Palabra Encarnada?…

No bajes la frente, Nicodemo. He venido a salvar. No a destruir. Dios no ha enviado a su Unigénito al mundo para condenar al mundo; sino para que el mundo se salve por medio de Él.

Yo he bajado para volver a subir llevándome conmigo a los que están aquí abajo. Uno sólo ha bajado del Cielo: el Hijo del hombre.

Uno sólo al Cielo subirá con el poder de abrir el Cielo: Yo, Hijo del hombre.

Recuerda a Moisés. Él levantó una serpiente en el desierto para curar las enfermedades de Israel.

Cuando Yo sea levantado en alto, aquellos a quienes la fiebre de la culpa hace ciegos, sordos, mudos o que por ella han perdido el juicio o están leprosos y enfermos, serán curados.

Y quienquiera que crea en Mí tendrá vida eterna.

También quienes en Mí hayan creído tendrán esta vida beata. En el mundo he visto todas las culpas, todas las herejías, todas las idolatrías.

Pero, ¿Puede acaso la golondrina que vuela veloz por encima del polvo ensuciarse el plumaje?

No. Lleva por las tristes vías de la Tierra una coma de azul, un olor de cielo, emite un reclamo para conmover a los hombres y hacerles levantar del fango la mirada y seguir su vuelo que al cielo retorna.

Igualmente Yo. Vengo para llevaros conmigo. ¡Venid!… Bajé para ascender, llevándoos conmigo. ¡Venid!

Quién cree en el Unigénito; no será juzgado. Ya está a salvo. Porque Él; el Hijo del Hombre, ruega al Padre, diciéndole: Éste me ha amado’

Pero el que no cree; es inútil que haga obras santas. Está ya juzgado porque no ha creído en el Hijo Unigénito de Dios.

¿Cuál es mi Nombre, Nicodemo?

–     Jesús. (Jesús en hebreo antiguo, Yeshúa o Ieshúa significa ‘Salvación’) 

–     ¡No! ¡Salvador! Yo Soy Salvación.

Quién no cree en Mí; rechaza su salvación. Y la Justicia Eterna lo ha sentenciado.

Y el juicio es éste:

‘La Luz se envió a ti y al mundo para salvaros. Y tú y los hombres habéis preferido las tinieblas a la Luz…’

Porque preferíais las obras malvadas, que se habían hecho costumbre en vosotros. A las obras buenas, las que Él os señalaba como obras que seguir para ser santos”.

Vosotros habéis odiado la Luz, porque los malhechores aprecian las tinieblas para sus delitos; habéis evitado la Luz para que no proyectara luz sobre vuestros ocultos resentimientos.

No por ti, Nicodemo, pero la verdad es ésta. Y el castigo guardará relación con la condena, por lo que respecta al individuo y por lo que respecta a la colectividad.

Si me refiero a los que me aman y ponen en práctica las verdades que enseño; naciendo en el espíritu por segunda vez, la más verdadera.

Digo que no temen la Luz antes bien, a ella se arriman; porque su luz aumenta aquella con que fueron iluminados: recíproca gloria, que hace dichoso a Dios en sus hijos y a los hijos en el Padre.

No, ciertamente los hijos de la Luz no temen ser iluminados; antes bien, con el corazón y con las obras, dicen: “No he sido yo sino Él, el Padre, Él, el Hijo, Él, el Espíritu, quienes han cumplido en mí el Bien.

A ellos la gloria eternamente.

Y desde el Cielo responde el eterno canto de los Tres que se aman en su perfecta Unidad: “A ti eternamente la bendición, hijo verdadero de nuestra voluntad”. 

Jesús se vuelve hacia su predilecto: 

–     Juan, acuérdate de estas palabras para cuando llegue la hora de escribirlas. 

Y dirigiéndose al magistrado del Sanedrín pregunta:   

–     Nicodemo, ¿Estás convencido?

–    Sí, Maestro. ¿Cuándo podré hablarte otra vez?

–    Lázaro sabrá llevarte. Iré a su casa, antes de alejarme de aquí.

–    Me voy, Maestro. Bendice a tu siervo.

–    Mi paz sea contigo.

Nicodemo sale con Juan.

Jesús se vuelve a Simón:

–    ¿Ves la obra del poder de las Tinieblas?…

Como una araña, tiende su trampa, envuelve y aprisiona a quien no sabe morir para renacer como mariposa… Con una fortaleza capaz de romper la tela tenebrosa y traspasarla.

llevándose como recuerdo de su victoria, jirones de reluciente red en las alas de oro, como oriflamas y lábaros conquistados al enemigo.

Morir para vivir.

Aprendiendo la ciencia de MORIR VIVIENDO y MORIR AMANDO.

Morir para daros la fuerza de morir.

Vete a descansar Simón. Y Dios sea contigo.

El discípulo se retira y Jesús sale al huerto. Se postra a orar…

71 LA IDOLATRÍA


Mount of Olives view from Solomon’s Temple grounds in Jerusalem, Israel

71 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Por la noche, Jesús está cenando con sus discípulos en la casita del olivar.

Intercambian comentarios de lo sucedido durante el día y de la curación de un leproso, cerca de los sepulcros de Betfagé.

Bartolomé, dice:

–     Había un centurión romano que observaba y me preguntó desde su caballo: ‘El Hombre a quién sigues, ¿Hace frecuentemente cosas similares? Y yo le dije que sí.  Y él me dijo:

–     Entonces es más grande que Esculapio y será más rico que Creso.

Y yo le contesté:

–     Será siempre pobre según el mundo; porque no recibe, sino que da. Y lo único que busca es llevar almas al conocimiento del Dios Verdadero.

El centurión me miró con tamaños ojos, lleno de admiración. Espoleó su caballo y partió al galope.

Tomás agrega:

–    Había también una mujer romana en su litera. Tenía las cortinas corridas y se asomaba furtivamente por ellas. Yo la vi.

Juan confirma:

–    Sí. Estaba cerca de la curva alta del camino. Había dado órdenes de detenerse cuando el leproso gritó: ‘¡Hijo de David, ten piedad de mí!’

Entonces recorrió la cortina y yo vi que te miró a través de una lente preciosa y se rió con ironía.

Pero cuando vio que Tú, sólo con tu Palabra la habías curado; me llamó y me preguntó: ‘Pero, ¿Ése es el que dicen que es el verdadero Mesías?’ respondí que sí.

‘¿Y es verdaderamente Bueno?’ Volví a decir que sí. ‘¿Estás tú con Él?’ Sí.

Pedro y Judas preguntan al mismo tiempo:

–     ¡Entonces la viste!

–    ¿Cómo era?

Juan contesta sencillamente:

–     Pues… una mujer.

Pedro ríe:

–    ¡Qué descubrimiento!

Iscariote insiste:

–    ¿Era bella? ¿Joven? ¿Rica?

–     Sí. Me parece que era joven y también hermosa.

Pero yo estaba mirando más bien a Jesús que a ella. Quería cerciorarme, cuando el Maestro se pusiera en camino.

Judas dice entre dientes:

–     ¡Estúpido!

Santiago de Zebedeo lo defiende:

–     ¿Por qué? Mi hermano no es un libertino en busca de aventuras.

Respondió por educación y no faltó a su primera cualidad.

Judas pregunta:

–     ¿Cuál?

–     La del discípulo que ama tan solo a su Maestro.

Judas irritado, inclina la cabeza.

Felipe dice:

–     Y luego… no es muy bueno que lo vean a uno hablar con los romanos.

Ya nos andan acusando de que somos galileos. Y por eso, menos puros que los judíos. Esto por nacimiento…

También nos acusan de detenernos en Tiberíades con demasiada frecuencia. Lugar de cita de los gentiles romanos, sirios, fenicios… y luego… ¡Oh! ¡De cuantas cosas nos acusan!

Jesús, que hasta ahora había permanecido callado;

Dice:

–    Eres bueno, Felipe.

Y pones un velo en la dureza de la verdad que dices. Porque sin velo, es ésta: ¡De cuantas cosas me acusan!

Iscariote corrobora:

–    En el fondo no están del todo equivocados. Demasiado contacto con los paganos. 

Jesús pregunta:

–   ¿Tienes tan solo por paganos a los que no tienen la Ley Mosaica?

–   ¿Y cuáles otros podrían ser?

–   Judas…

¿Puedes jurar por nuestro Dios, que no tienes paganismo en el corazón? ¿Puedes  jurar que no lo tengan los israelitas más sobresalientes?

–    Maestro, de los otros no lo sé. De mí… Puedo jurar.

–   ¿Qué cosa es para ti, el paganismo, según tu manera de pensar?

Judas replica con vehemencia:

–    Seguir a una religión que no es la verdadera. Adorar a otros dioses.

–   ¿Y cuáles son?

–    Los dioses de Grecia, Roma y de los egipcios.

En una palabra; los dioses de mil nombres y de seres que no existen; pero que según los paganos, llenan sus olimpos.

–   ¿Y ningún otro dios existe? ¿Sólo los olímpicos?

–   ¿Y Cuáles otros? ¿Acaso no son ya demasiados?

–   Demasiados. Sí. Demasiados.

Pero hay otros. Y a ellos, cada hombre les quema  incienso en los altares de su corazón.

También los sacerdotes; escribas, rabíes, saduceos y herodianos. Todos los de Israel. ¿No es verdad?

No sólo ellos; sino que hasta mis discípulos, lo hacen.

Todos replican vivamente:

–    ¡Ah! ¡Eso, no!

Jesús los mira a todos y dice:

–    ¿No?… Amigos… 

¿Quién de vosotros, no tiene un culto, o muchos cultos secretos?

Uno, tiene la belleza y la elegancia. El otro, el orgullo de su saber. Otro, inciensa la esperanza de llegar a ser humanamente grande.

Otro… adora todavía a la mujer. Otro; el dinero. Otro se postra delante de su saber.

Y habrá quién; con un egoísmo monstruoso, se adorará a sí mismo; en un auto idolatría, infernal.

 ¿De verdad queréis saber cuál es el ídolo que adoráis?…

Responderos a vosotros mismos: ‘¿En qué pienso cuando me levanto por las mañanas? ¿En qué pienso a lo largo del día?

¿En qué pienso, cuando me acuesto a descansar? ¿En qué pienso todos los días? ¡Los siete días, de la semana!

¿A QUIÉN LE ESTOY DEDICANDO MI VIDA?… 

La respuesta…

¡Es el nombre del ídolo de vuestro corazón! A quién le hemos entregado el dominio de nuestros pensamientos; es el nombre del ídolo al cual se está adorando… 

Y así sucesivamente…

En verdad os digo que no hay hombre que no esté manchado de idolatría.

¡¿Cómo entonces se puede desdeñar a los paganos?! Que lo son por desgracia; mientras que estando uno con el Dios Verdadero; permanece pagano por su voluntad…

Muchos exclaman al mismo tiempo:

–   Pero somos humanos, Maestro.

–   Es verdad. Entonces tened caridad para con los otros. Porque Yo la he tenido para todos. Y para eso he venido y vosotros no valéis más que Yo.

Judas objeta:

–    Pero entretanto nos acusan y a tu misión le ponen trabas.

–    Eso no importa. Seguiré adelante.

Pedro, dice:

–    A propósito de mujeres…

Desde que hablaste en Betania la primera vez; después de tu regreso a Judea; hay una mujer velada que siempre nos sigue.

Y la veo que te escucha detrás de un árbol o procurando pasar desapercibida, porque no habla con nadie. Ahora  la vi tres veces en Jerusalén.

Hoy le pregunté: ¿Necesitas algo? ¿Estás enferma? ¿Quieres una limosna…?

Y siempre negó con la cabeza.

Juan dice:

–    A mí me dijo un día: ‘¿En dónde vive Jesús?’ y le contesté: ‘En Get-Sammi’

Judas de Keriot exclama iracundo:

–   ¡Valiente bobo!

¡No debiste hacerlo! Debías haber dicho: ‘¡Descúbrete! ¡Hazte conocer y te lo diré!

Juan pregunta sencilla e inocentemente:

–    Pero… ¿Desde cuándo exigimos esas cosas?

Judas explica con impaciencia:

–    A los otros se les puede ver.

Ella está cubierta completamente con el velo. O es una espía o una leprosa. No debe seguirnos y enterarse.

Si es espía, es para hacer el mal. Tal vez el Sanedrín le paga por esto…

Pedro pregunta:

–    ¡Ah! ¿El Sanedrín usa estos medios? ¿Estás seguro?

–    Segurísimo. Estuve en el Templo y lo sé.

Pedro comenta:

–    ¡Qué belleza! Esto viene como anillo al dedo a lo que acaba de decir el Maestro…

Judas se pone rojo de ira e increpa:

–    ¿Qué?

–    Que también hay sacerdotes paganos.

–    ¿Qué tiene que ver esto con pagar a una espía?

–    ¡Qué si tiene!… ¿Por qué pagan?

Para aplastar al Mesías y triunfar ellos. Se ponen pues en el altar con sus puercas almas, bajo sus limpísimos vestidos. –responde Pedro convencido, con su buen juicio de iliterato.

Judas concluye:

–    Bien. En resumidas cuentas, esa mujer es un peligro para nosotros o para la gente.

Para la gente, si es leprosa. Para nosotros, si es espía.

Pedro replica:

–     Esto es: Para Él, en caso de que así fuese.

–     Pero si cae Él; nosotros también caemos.

–     ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! –ríe Pedro con perspicacia.

Y concluye: 

–    Y si cae uno, el ídolo se rompe en pedazos.

Y se pierde el tiempo, estima y tal vez hasta el pellejo. Y entonces… ¡Ah! ¡Ah!… entonces es mejor tratar de que no caiga… o retirarnos a tiempo…. ¿Verdad?

Yo al revés. ¡Mira!

Pedro abraza estrechamente a Jesús,

Y agrega:

–      Lo abrazo con todas mis fuerzas. Si cae pisoteado por los traidores de Dios, quiero caer con Él.

Juan dice muy triste:

–     No pensaba que había hecho tanto mal, Maestro.

Pégame. Maltrátame. Pero sálvate. ¡Ay de mí, si yo fuera la causa de tu muerte!… ¡Oh!…

¡Jamás volvería a tener paz! Me quedaría ciego de tanto llorar. ¿Qué he hecho?

¡Judas tiene razón! ¡Soy un tonto!…

–     ¿Entonces no he hecho mal?…

Jesús interviene:

–     No Juan. No lo eres e hiciste bien.

Déjala que venga siempre. Respetad su velo. Puede ser que lo use como defensa entre el pecado y la sed de redimirse.

¿Tenéis idea de qué causa ese llanto y ese pudor? Dijiste Juan; hijo de corazón de niño bueno, que un llanto continuo surcaría tu rostro si fueses causa de un mal mío.

Pues debes saber que cuando una conciencia, despertada de nuevo, comienza a roer una carne que fue pecado, para destruirla y triunfar con el espíritu, debe por fuerza consumir todo aquello que fue seducción de la carne,

Y la criatura sufre y lucha por vencerse en sus apetitos; envejece, languidece bajo la llamarada de este fuego taladrador.

Sólo después, completada la redención, se compone de nuevo una segunda, santa y más perfecta belleza…

Porque es entonces lo hermoso del alma lo que aflora por la mirada, a través de la sonrisa, de la voz, de la honesta dignidad de la frente sobre la cual se ha depositado y resplandece como diadema el Perdón de Dios.

–    ¿Entonces no hice mal?

–      No. Y tampoco Pedro. Dejadla.

Y ahora, que todos se vayan a descansar. Yo me quedo con Juan y Simón. Tengo que hablarles. Marchaos.

Los discípulos se retiran.

Quizás duermen en la almazara porque ciertamente no vuelven a Jerusalén, ya que las puertas están cerradas desde hace horas.

–     ¿Has dicho, Simón, que Lázaro te ha enviado a Isaac con Maximino hoy, mientras Yo estaba al lado de la torre de David. ¿Qué quería?

–    Quería decirte que Nicodemo está en su casa y que quería hablarte en secreto.

Me he tomado la libertad de decir: “Que venga. El Maestro lo esperará durante la noche”. Sólo tienes la noche para estar solo.

Por este motivo te he dicho: “Despide a todos, menos a Juan y a mí”.

Juan es necesario para ir al puente del Cedrón, a esperar a Nicodemo, que está en una de las casas de Lázaro, extramuros.

Yo hacía falta para explicar. ¿He hecho mal?

–      Hiciste bien. Juan, ve a esperarlo.

Se quedan solos Simón y Jesús; el cual está pensativo.

Simón respeta su silencio.

Pero de pronto lo rompe Jesús, como si terminase un coloquio interior…

Con los carismas de Oración y Profecía activos, también hacemos lo mismo y es cuando vivimos el Cielo en la Tierra…

Jesús es el Verdadero Templo y estaba orando mentalmente con su compañero y Huésped interno…

Cuando somos capaces de aprender a ORAR ASÍ, usando el CELULAR CELESTIAL…

Jamás podemos separarnos de Dios, ni siquiera cuando estamos casados y en plena luna de miel.

Porque el acto sexual es un rito sagrado. (Tobías 8, 4-8)

Tobías 8, La noche de Bodas de Tobías y Sara, Biblia Católica

Pero de pronto lo rompe Jesús, como si terminase un coloquio interior…

Y dice:

–     Sí. Está bien hacer así…

Sí. Está bien así. Isaac, Elías, los otros, son suficientes para mantener viva la Idea que se está conslidando entre los buenos y en los humildes.

Para los poderosos… hay otras levas. Está Lázaro, Cusa, José, y otros…

Pero los poderosos… no me aceptan. Temen y tiemblan por su poder.

Me iré lejos de este corazón judío que cada vez se muestra más hostil al Mesías.

Simón pregunta:

–     ¿Vamos a volver a Galilea?

–      No. Pero nos vamos lejos de Jerusalén.

Judea debe ser evangelizada; también ella es Israel. Pero aquí, ya ves… Todo sirve para acusarme.

Me retiro. Y esta es la segunda vez…

48 DEJARLO TODO…


48 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Jesús sale al huerto, que aparece todo lavado por el temporal de la tarde anterior y ve a su Madre inclinada hacia unas plantitas.

Va donde Ella y la saluda. ¡Qué dulce es su beso!

Jesús la ciñe los hombros con el brazo izquierdo, la acerca hacia sí y la besa en la frente, en el límite del pelo; luego se inclina para que su Madre lo bese en la mejilla.

Pero lo que completa la delicadeza es la mirada que acompaña al beso:

La de Jesús, toda amor, dentro de lo que tiene de majestuosa y protectora; la de María, toda veneración, aun siendo toda amor.

Cuando se besan así, parece como si el mayor fuera Jesús y Ella fuera la hija jovencita que, de su padre o de su hermano mucho mayor que ella, recibe el beso de la mañana.

Jesús pregunta:

–      ¿Han dañado tus flores el granizo de ayer por la tarde y el viento de la noche?

La voz un poco ronca de Pedro, responde antes que María:

–       No, Maestro. Lo único que ha sucedido es que han quedado muy desordenadas sus ramas.

Jesús levanta la cabeza y ve a Simón Pedro, que lleva sólo la túnica corta, trabajando en enderezar algunas ramas curvadas en lo alto de la higuera.

Jesús inquiere:

–      ¿Ya trabajando?

Pedro contesta:

–       Los pescadores dormimos como los peces:

A todas horas, en cualquier sitio, pero sólo el tiempo que nos dejan descansar y uno se acostumbra.

Esta mañana he oído chirriar la puerta, al alba, y me he dicho: “Simón, Ella ya está levantada. ¡Venga!, ¡Rápido! Ve a ayudarle con tus rudas manos”.

Pensaba que Ella había estado preocupada por sus flores durante esta noche llena de viento. Y no me he equivocado. ¡Conozco a las mujeres!…

Mi mujer también, cuando hay tormenta, da vueltas en la cama como un pez en la red y piensa en sus plantas… ¡Pobrecilla!

Alguna vez le digo: “Estoy seguro de que das menos vueltas cuando tu Simón está en el lago a merced de las olas como una pequeña ramita”. Pero soy injusto, porque es una buena esposa.

No se diría que su madre… Bien: cállate, Pedro, esto no viene a cuento.

No es correcto murmurar y dar a conocer imprudentemente lo que es bueno callar. ¿Ves, Maestro, cómo también en mi cabeza de asno ha entrado tu palabra?

Jesús responde riendo:

–       Tú te lo dices todo. A mí no me queda más que aprobar y admirar tu sabiduría de arboricultor.

María observa:

–       Ya ha atado todos los sarmientos que se habían soltado, ha apuntalado ese peral que está sobrecargado, y ha pasado esas cuerdas bajo aquel granado que ha crecido sólo por una parte.  

–       Sí, parece un viejo fariseo; sólo pende hacia donde le interesa. Yo lo he trabajado como si de una vela se tratara y le he dicho: “¿No sabes que lo justo está en el medio? Ven aquí, cabezón; si no, te rompes por exceso de peso”.

Ahora me he metido con esta higuera, aunque es por egoísmo. Pienso en el hambre de todos: ¡Higos frescos y pan caliente! ¡Ni siquiera Antipas tiene una comida tan buena!

Pero hay que ir con cuidado, porque la higuera tiene ramas tan tiernas como el corazón de una jovencita cuando dice su primera palabra de amor y yo peso, y los higos mejores están arriba.

Con estos primeros rayos de sol se han secado ya. Deben ser una delicia.

Y volviéndose hacia Juan, que va saliendo del taller de carpintería,

Pedro le dice:   

–      ¡Tú, muchacho! No estés sólo mirándome. ¡Despierta! Dame ese cesto.

Juan obedece y trepa a la gruesa higuera.

Cuando los dos pescadores bajan, ya han salido también del taller Simón Zelote, José y Judas Iscariote. 

María trae pan fresco, pequeños panes oscuros y redondeados.

Y Pedro, con su navaja los abre y sobre ellos abre los higos.

Ofrece primero a Jesús, luego a María y a los demás.

Comen con gusto en el huerto refrescado, transido de hermosura bajo el sol de una mañana serena; serena incluso por la reciente lluvia que ha limpiado la atmósfera.

Pedro dice:

–     Es viernes… Maestro, mañana es sábado…

Judas Iscariote observa:

–     No has descubierto nada nuevo.

–     No, pero el Maestro sabe lo que quiero decir…

Jesús contesta:

–     Lo sé. Esta tarde iremos al lago, donde has dejado la barca. Y navegaremos hacia Cafarnaúm. Mañana hablaré allí.

Pedro está muy felíz.

Entran en grupo Tomás, Andrés, Santiago, Felipe, Bartolomé y Judas Tadeo, que pasaron la noche en casa de Alfeo, el tío de Jesús.

Se saludan.

Jesús dice:

–     Quedémonos aquí juntos; así habrá un nuevo discípulo. Mamá, ven.

Se sientan… en una piedra, en una banqueta… haciendo un círculo en torno a Jesús, quien a su vez se ha sentado en el banco de piedra que está contra la casa.

Y tiene a su lado a su Madre y a los pies a Juan, que ha elegido sentarse en el suelo con tal de estar cerca.

Jesús habla, despacio y con majestuosidad, como siempre:

–     ¿A qué compararé la formación apostólica?

A la naturaleza que nos circunda. Podéis ver cómo la tierra en invierno parece muerta, pero dentro de ella actúan las semillas y las linfas se nutren de humores, depositándolos en las frondas subterráneas, así podría llamar a las raíces;

Para luego disponer de ellos en gran abundancia, para las frondas superiores, cuando haya llegado el tiempo de florecer.

Vosotros también sois comparables a esta tierra invernal, árida, desnuda, fea. Pero sobre vosotros ha pasado el Sembrador y ha echado una semilla.

Por vosotros ha pasado el Cultivador y ha cavado alrededor de vuestro tronco, plantado en la tierra dura, duro y áspero como ella, para que a las raíces les llegase el sustento de humores de las nubes y del aire.

Y así se fortaleciera el tronco con este alimento para futuro fruto.

Y vosotros habéis acogido la semilla y aceptado la remoción de la tierra, porque tenéis la buena voluntad de fructificar en el trabajo de Dios.

Compararé también la formación apostólica a la tormenta de ayer, que azotó y plegó, aparentemente con inútil violencia. Mirad, sin embargo, el bien que ha producido.

Hoy la atmósfera está más pura, nueva, sin polvo, sin ese calor sofocante; el sol es el mismo de ayer, pero sin ese ardor que asemejaba a fiebre: hoy llega hasta nosotros a través de estratos purificados y frescos.

Las hierbas, las plantas, se sienten aliviadas como los hombres, porque la limpieza, la serenidad, son cosas que alegran.

También las discordias sirven para llegar a un más exacto conocimiento y a una clarificación; si no, serían sólo maldad. Y ¿Qué son las discordias sino las tormentas provocadas por nubes de distinta especie?

Y estas nubes ¿No se acumulan poco a poco en los corazones con los malhumores inútiles, con los pequeños celos, con las oscuras soberbias?

Luego viene el viento de la Gracia y las une para que descarguen todos sus malos humores y vuelva el tiempo sereno.

También es semejante la formación apostólica al trabajo que Pedro estaba haciendo esta mañana para alegrar a mi Madre:

Es enderezar, atar, sostener o soltar, según las tendencias y las necesidades, para hacer de vosotros “hombres fuertes” al servicio de Dios.

Enderezar las ideas equivocadas, atar los arranques carnales, sostener las debilidades, cortar si es necesario las tendencias, desligar las esclavitudes y las timideces.

Vosotros tenéis que ser libres y fuertes, como águilas que, dejado el pico nativo, son sólo del vuelo cada vez más alto: el servicio a Dios es el vuelo, las afecciones son el pico.

Uno de vosotros hoy está triste porque su padre declina hacia la muerte y declina hacia ella con el corazón cerrado a la Verdad y al hijo suyo que la sigue; no sólo cerrado, sino hostil.

Aún no le ha dicho e1 injusto “vete” de que ayer hablaba, autoproclamándose por encima de Dios, pero su corazón cerrado y sus labios sellados no son todavía capaces de decir tampoco: “Sigue la voz que te llama”.

No pretenderían, ni el hijo ni quien os habla, oír decir de esos labios: “Ven y contigo venga el Maestro. Bendito sea Dios por haber elegido en mi casa un siervo suyo, creando así un parentesco más excelso que la sangre con el Verbo del Señor”.

Pero al menos Yo, por su bien, y su hijo por un motivo aún más complejo, querríamos oírle palabras no enemigas.

No llore este hijo. Sepa que en Mí no hay ni rencor ni desdén hacia su padre, sino sólo piedad.

He venido, y me he detenido un tiempo, aun conociendo la inutilidad de mi permanencia, para que un día este hijo no me dijera: “¿Por qué no viniste?“.

He venido para persuadirle de que todo es inútil cuando el corazón se encierra en el rencor.

He venido también para confortar a una buena mujer que sufre por esta división de la familia, como incisión de cuchillo que le separase haces de fibras.

Pero, tanto este hijo como esta buena mujer, persuádanse de que en Mí no responde el rencor al rencor. Yo respeto la honestidad del creyente anciano fiel, aunque tenga una fe desviada,  a lo que ha sido su religión hasta esta hora.

En Israel hay muchos así… Por eso os digo: me aceptarán más los paganos que los hijos de Abraham.

La humanidad ha corrompido la imagen del Salvador, rebajando su realeza sobrenatural al nivel de una pobre idea de soberanía humana.

Yo tengo que cortar la dura corteza del hebraísmo; penetrar, herir para llegar al fondo y llevar al alma misma de tal hebraísmo la fecundación de la nueva Ley.

Sí, verdaderamente Israel, crecido en torno al núcleo vital de la Ley del Sinaí, se ha hecho símil a un monstruoso fruto, de pulpa en estratos cada vez más fibrosos y duros,

externamente protegidos por una cáscara que no sólo es impenetrable, sino que además impide, tenacísima, la expulsión del germen.

El Eterno juzga que ha llegado el momento de que Yo cree la nueva planta de la Fe en el Dios Uno y Trino.

Yo, para permitir que la Voluntad de Dios se cumpla y que el hebraísmo pase a ser cristianismo, debo mellar, perforar, penetrar, abrir camino hasta el núcleo.

Y darle calor con mi amor, para que resurja y se agrande, germine, CREZCA, crezca, crezca y venga a ser la vigorosa planta del cristianismo, religión perfecta, eterna, divina.

En verdad os digo que el hebraísmo sólo será perforable en la proporción de uno a cien.

Por tanto, no reputo réprobo a este israelita que no me acepta y que no quisiera darme a su hijo.

Por eso le digo al hijo: No llores por la carne y la sangre que sufren sintiéndose rechazados por la carne y la sangre que las engendraron. Por eso digo:

No llores tampoco por el espíritu. Tu sufrimiento actúa, más que cualquier otra cosa, en favor del espíritu tuyo y del suyo, de este padre tuyo que ni comprende ni ve.

Y digo también: No te crees remordimientos por ser más de Dios que de tu padre.

Os digo a todos vosotros: Dios es más que el padre, que la madre, que los hermanos.

Yo he venido a unir la carne y la sangre según el espíritu y el Cielo, no según la tierra.

Por ello debo desunir las carnes y las sangres para tomar conmigo a los espíritus aptos para el Cielo ya desde esta tierra, para tomar a los siervos del Cielo.

Por ello he venido a llamar a los “fuertes”, a hacerlos aún más fuertes porque de “fuertes” está hecho mi ejército de mansos: mansos para con los hermanos, fuertes respecto al propio yo y el yo de la sangre familiar.

No llores, primo. Tu dolor, te lo aseguro, actúa ante Dios en favor de tu padre y de tus hermanos, más que cualquier palabra, no sólo tuya, sino incluso mía.

“El sacrificio más grato para el Señor, es el de la voluntad.”

No entra la palabra allí donde el prejuicio crea una barrera; créelo. Pero la Gracia entra y el sacrificio es imán de gracia.

En verdad os digo que cuando Yo llamo para ir a Dios, no hay obediencia más alta. Y es necesario cumplirla sin detenerse a calcular cuánto y cómo reaccionarán los demás ante vuestro ir hacia Dios.

Ni siquiera detenerse para enterrar al propio padre. Seréis premiados por este heroísmo y el premio será no sólo para vosotros, sino también para aquellos de quienes, con un grito del corazón, os separáis.

Y cuya palabra frecuentemente os hiere más de lo que hiere una bofetada, porque os acusa de ser hijos ingratos, y os maldice en su egoísmo, como rebeldes.

No. No rebeldes, santos.

Los primeros enemigos de los llamados son los familiares.

Pero, entre amor y amor, hay que saber distinguir y amar sobrenaturalmente; o sea, amar más al Dueño de lo sobrenatural que a los siervos de ese Dueño.

Amar a los parientes en Dios y no por el contrario, amarlos más que a Dios.

Jesús calla y se levanta, yendo donde su primo Judas Tadeo, el cual, con la cabeza baja, apenas logra contener el llanto.

Lo acaricia.

Y trata de consolarlo:

–      Judas… Yo he dejado a mi Madre para seguir mi misión.  

Que ello te disuelva toda duda sobre la honestidad de tu forma de actuar.

Si no hubiera sido un acto bueno, ¿Lo habría hecho Yo respecto a mi Madre, teniendo en cuenta, sobre todo, que no tiene a nadie aparte de mí?

Judas se pasa la mano de Jesús por el rostro y asiente con la cabeza, pero no puede decir nada más. 

Jesús agrega:

–      Vamos nosotros dos, solos, como cuando éramos niños y Alfeo pensaba que Yo era el más juicioso entre los muchachos de Nazaret.

Vamos a llevarle al anciano estos hermosos racimos de uva de oro. Que no crea que me olvido de él y que soy enemigo suyo.

También tu padre y Santiago se alegrarán. Le diré que mañana estaré en Cafarnaúm y que su hijo queda todo para él. Ya sabes, los viejos son como los niños:

Son celosos y sospechan siempre que se los olvida; hay que compadecerlos…

Jesús desaparece de la escena dejando en el huerto a los discípulos enmudecidos por la revelación de un dolor y de una incompatibilidad entre un padre y un hijo por causa de El.

María, suspirando apenada, vuelve de acompañar a Jesús hasta la puerta.

P EL CAMPO DE BATALLA


7. Entonces se entabló una batalla en el cielo: = Miguel = y sus Ángeles combatieron con el Dragón. También el Dragón y sus Ángeles combatieron, 8. pero no prevalecieron y no hubo ya en el cielo lugar para ellos. 9. Y fue arrojado el gran Dragón, la Serpiente antigua, el llamado Diablo y Satanás, el seductor del mundo entero; fue arrojado a la tierra y sus Ángeles fueron arrojados con él. Apoc. 12

Agosto 13 2020

Habla Dios Padre

Hijos Míos, Mis pequeños, en vuestro paso por la Tierra debéis tener presente que vuestra misión es algo muy serio para el Cielo.

La Tierra es un campo de batalla. El Cielo es vuestro hogar en donde vivís, del cual vivís Conmigo y gozáis, aún antes de bajar a servirMe.

La Tierra, lugar de la Creación del hombre, sufrió una fuerte caída al cometerse el Pecado Original en ella.

Toda la Tierra, Mí Creación, las almas al encarnarse, TODO LO CREADO, sufrió por tal pecado.

La misión de las almas es la de ayudarMe a conseguir para la Tierra, para Mí Creación, para el hombre, su nivel de perfección en el cuál fue creado.

Para daros a conocer la forma “ideal” de hacerlo, os mandé a Mí Único Hijo, Jesucristo para que os enseñara el camino para lograrlo.

Os dio Mis Leyes y Preceptos de Amor. Os dio Mis Enseñanzas y os dejó su Vida en la Sagrada Eucaristía.

Estamos en Guerra Espiritual y el campo del Enemigo es nuestra mente

Este campo de batalla –Tierra- está ahora bajo el dominio del Príncipe del Mundo, quien os atacará continuamente para que dejéis Mí Amor y Mis Enseñanzas;

además de tratar de haceros caer en la perdición eterna, para que no podáis regresar a Mí Reino, vuestro Hogar.

Las almas sufren caídas, quebrantos, éxitos, durante el tiempo de vida que os concedo.

Cuando se os termina el tiempo de vida que os concedo para servirMe, os mando llamar a cuentas y, como administrador de Mis Bienes, os hago un recuento de vuestra vida.

Y así es cómo en vuestro juicio personal se os dará Vida Eterna con el nivel de gozo que lograsteis, según vuestros méritos.

O se os dará dolor eterno, si en lugar de trabajar para Mí, en la salvación de vuestros hermanos, en su crecimiento y apoyo espiritual en la lucha; os volvisteis instrumentos del Mal y le servisteis para matarlos espiritualmente.

El Purgatorio es el “hospital” de las almas heridas en misión.

Prácticamente ninguna alma llega sana y limpia a Mí Presencia; al final de su vida, todas han sufrido “heridas” y llegan con cicatrices de odios, envidias, rencores, mentiras, caídas mortales de pecados graves…

QUE AUNQUE YA HAN SIDO PERDONADOS SUS PECADOS,

TIENEN QUE PURGAR POR SU MAL PROCEDER.

EL PURGATORIO “SANARÁ” TODAS ESAS HERIDAS QUE EL DEMONIO OS CAUSÓ,

PORQUE VOSOTROS LO PERMITISTEIS EN ALGUNA ETAPA DE VUESTRA VIDA.

Las almas van al Purgatorio a cerrar heridas, a hacer desaparecer cicatrices profundas, a limpiar y restaurar vuestras vestiduras,

para poder entrar a vuestra Casa Eterna como dignos hijos de Rey, quien os recibirá con los brazos abiertos a invitaros al gozo eterno.

 En las Escrituras, se os habla de que no podéis entrar a la fiesta; o sea, al Reino de los Cielos, si no estáis bien arreglados, si vuestras ropas no están limpias y puras.

Y por eso, he Creado el Purgatorio, para que vosotros seáis purificados en él.

PERO TAMBIÉN AHÍ CONOCERÉIS TODO EL DAÑO QUE ME HICÍSTEIS

Y EL QUE LE HICÍSTEIS A VUESTROS HERMANOS

Ciertamente tendréis la oportunidad, en el tiempo que Yo decida, para purificaros y para que os ganéis la entrada al Reino de los Cielos.

La estancia, para algunos, será muy dolorosa; otros, vivirán en la esperanza, en la alegría de saber que en cualquier momento, estarán Conmigo para siempre.

Mis pequeños, poco os acordáis del sufrimiento de las ánimas del Purgatorio, poco hacéis para aliviar sus penas.

En el Purgatorio estamos SOLOS y se sufre LA SENTENCIA EN LA CRUZ DE NUESTROS PROPIOS PECADOS, que merecemos… PROPORCIONADA POR LA JUSTICIA DIVINA

Habréis escuchado una o varias veces, del sufrimiento que tienen las almas allí, en ése lugar de purificación.

Para que entendáis un poco esto, os quiero decir que así como vuestra alma, cuando está en vuestro cuerpo vivo, no puede gozar todo el gozo que Yo le puedo dar, porque vuestro cuerpo no soportaría tanto gozo.

De igual manera, vuestra alma no podría vivir el sufrimiento de purificación que se sufre en el Purgatorio estando en vuestro cuerpo, porque moriríais inmediatamente.

Os estoy hablando a nivel espiritual.

Cuando vuestra alma sale de vuestro cuerpo, vuestras potencias cambian, se engrandecen, se vuelven también infinitas;

porque si vosotros salisteis de Mí, si Yo os creé a Imagen y Semejanza Mía, también vuestra alma es infinita y vuestras potencias también.

POR ESO NO ENTENDÉIS PERFECTAMENTE,

SÍGUEME HASTA EL CALVARIO

CUANDO OS HABLO DE AMOR,

PORQUE ESTOY HABLANDO DE UN AMOR A NIVEL ESPIRITUAL,

CON POTENCIAS QUE VUESTRA MENTE HUMANA

Y VUESTRAS CAPACIDADES HUMANAS,

NO PUEDEN NI SENTIR NI IMAGINAR,

PORQUE VUESTRO CUERPO LIMITA LAS POTENCIAS DEL ALMA.

Cuando vuestra alma está libre ya de vuestro cuerpo y está en el Purgatorio,

En la Tierra el Amor de Jesús DOSIFICA nuestro calvario, Y ÉL ES EL CIRENEO que nos ayuda a recorrer el Camino…

las penas, la purificación que tendréis ahí, es a nivel alma, con vuestras potencias ya libres y el Dolor es inmenso.

Os digo esto para que entendáis la gravedad y el dolor tan grande que se vive en el Purgatorio; donde ciertamente, hay una esperanza de salir de ahí.

Y también ésa esperanza VA CRECIENDO y al llegar a ciertos niveles, va minimizando el dolor del padecimiento de purificación que tenéis.

De igual manera, quiero que entendáis el Dolor que se vive en el Infierno.

También es infinito, ya que vuestra alma es infinita y son dolores que vosotros no imagináis que puedan existir, porque vuestras capacidades se ven minimizadas por vuestro cuerpo.

Y de igual manera, cuando alma llega al Cielo, a vuestro Hogar, Mi Reino, también tendréis un gozo que, en éstos momentos no os podéis imaginar.

Vuestra alma, fuera de vuestro cuerpo, tiene Gozos y Dolores indecibles, inimaginables para vuestras pobres potencias humanas.

La Pena de Daño en el Purgatorio, es LA AUSENCIA DE DIOS, el sufrimiento que Jesús experimentó y lo hizo sudar sangre en Getsemaní…

Amad y haced todo lo posible por vuestros hermanos que sufren indeciblemente en el Purgatorio y uníos también, a las alegrías tremendas, inimaginables, que vuestros hermanos están gozando en el Reino de los Cielos.

Y pedidles a unos, ayuda para no seguir cayendo en faltas y que hagan que vuestra alma tenga que ser purificada más tiempo en el Purgatorio…

Y a vuestros hermanos en el Reino de los Cielos, pedidles que os ayuden a lograr llegar a donde Yo, vuestro Padre y vuestro Dios, os espero, para que viváis eternamente conmigo.

Antes de continuar con el Mensaje, es muy importante haceros esta aclaración…

Cuando Adán pecó, le entregó su persona y su herencia al Maligno y desde entonces Satanás se apoderó de TODO.

Cuando Jesús nos rescató con la Redención, la salvación debemos hacerla efectiva  primero con nuestra conversión y segundo con nuestra adherencia a la Voluntad Divina.

De esta forma la salvación es un ASUNTO PERSONAL E INTRANSFERIBLE y una BATALLA COTIDIANA.

En el INFIERNO, EL REINO DEL ODIO están peor, los demonios desquitan su ODIO, SE SUFRE EL CALVARIO DE JESUS CON TODO EL RIGOR DE LA JUSTICIA DIVINA

Y tampoco Satanás está dispuesto a reconocer su derrota, mientras pueda aumentar su Botín de almas.

El mundo entero yace en poder del Maligno y SATANÁS ES MUY LEGALISTA, nosotros con nuestros pecados le hemos entregado el control sin combate,

Y DIOS NO PUEDE INTERVENIR, si nosotros NO solicitamos la ayuda.

Bajo esta perspectiva lean el Mensaje y mediten la segunda parte del Ave María…

Y CADA UNA DE LAS PALABRAS contenidas en los Rosarios enseñados por el Cielo

Quiero que reflexionéis lo que significa vuestro paso por la Tierra…

Hijos Míos, Mis pequeños, imaginad que vais a una expedición en una selva que no conocéis; vais con varias personas, pero de repente os quedáis admirando algo que os llamó mucho la atención…

Y no os dais cuenta que esa expedición sigue caminando y os habéis apartado de ellos.

Tardáis un rato en daros cuenta que os habéis quedado apartados del grupo, escucháis los rugidos de las fieras a vuestro alrededor, empieza a caer el Sol y se empiezan a hacer tinieblas a vuestro alrededor. 

Los ojos del Señor están sobre los que hacen lo bueno; sus oídos están abiertos a sus gritos de auxilio… Salmo 34, 15-16

Empezáis a gritar desesperadamente para que os ayuden, para que vuelvan a vosotros.

Las fieras siguen rugiendo y estáis esperando que suceda algo feo en vosotros, tenéis un peligro inminente a vuestro alrededor…

Y SEGUÍS GRITANDO DESESPERADAMENTE POR AYUDA… 

Mis pequeños, ESTO ES LA INVOCACIÓN, esto es lo que se llama la invocación, que debéis tener continuamente hacia Mí, vuestro Dios.

Hace tiempo os explicaba cómo es vuestro alrededor espiritual, os dije que si os permitiera ver espiritualmente vuestro alrededor, a vuestra alma, cómo sois atacados continuamente por entidades satánicas, moriríais ipso facto. 

Es una realidad espiritual en la que vivís continuamente, estáis siendo atacados continuamente por esas entidades satánicas que quieren vuestra muerte, vuestra perdición eterna.

CUANDO YO OS HE DADO ESTA MISIÓN DE BAJAR A LA TIERRA A SERVIRME,

CONOZCO PERFECTAMENTE LA REALIDAD ESPIRITUAL A LA QUE VAIS A BAJAR,

CON LA QUE OS VAIS A CONFRONTAR

Y POR ESO OS PONGO VUESTROS ÁNGELES CUSTODIOS, ADEMÁS DE NUESTRA AYUDA,

Y A LO LARGO DE VUESTRA EXISTENCIA VAIS TENIENDO MÁS ATAQUES,

PORQUE OS ESTÁIS ACERCANDO AL FINAL DE VUESTRA EXISTENCIA

Y SATANÁS NO QUIERE, DE NINGUNA FORMA,

QUE VOSOTROS REGRESÉIS AL REINO DE LOS CIELOS.

Vosotros no podéis caminar solos en el mundo, necesitáis Nuestra protección,Necesitáis estar invocando continuamente el Santo Nombre de algún alma del Cielo, de algún ángel, de Mi misma ayuda como Dios, vuestro Padre. 

Al momento en que vosotros invocáis a alguien del Cielo, en ese momento se hace presente para vuestra ayuda, pero respetaMos vuestro libre albedrío; vuestra soberbia os aparta de esa ayuda cuando os creéis autosuficientes.

Ciertamente hay invocaciones buenas, santas, porque aquellos que están con Satanás también invocan su maldad para acrecentar el mal sobre alguien o sobre algunos.

O COMO EN ESTE MOMENTO SOBRE LA HUMANIDAD ENTERA,

CUANDO GRUPOS SATÁNICOS INVOCAN AL ENEMIGO

Y LE OFRECEN SANGRE, COMO LO HAN VENIDO HACIENDO

EN TODA LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD.

Quiero que os deis cuenta perfectamente de esto, Mis pequeños, si los malos están invocando a vuestro Enemigo, a Satanás,

¡Vosotros os debéis también preocupar por cuidar vuestra alma y la de los vuestros!

La invocación debe ser continua y por eso, Mi Hija, la Siempre Virgen María, os ha dado el Santo Rosario;

cada Ave María es una invocación para vuestra ayuda y de esta forma, va perdiendo Satanás fuerza, porque le estáis pidiendo a Mi Hija continuamente por vuestra ayuda física y espiritual.

Veis cómo hermanos vuestros se quejan de tanto mal en su vida, en sus relaciones, sobre todo en el amor.

Satanás lucha por quitaros el amor, Mi Amor en vuestro corazón, y del amor que debéis dar a vuestros hermanos.

Estáis viviendo una realidad espiritual, una lucha tremenda de poderes satánicos contra vosotros,

Y TENÉIS MI DEFENSA CONTRA ELLOS,

PERO NO LA PEDÍS

Y OS VA DESTROZANDO POCO A POCO SATANÁS

POR CULPA VUESTRA, POR VUESTRA SOBERBIA,

Porque Me habéis hecho a un lado de vuestra existencia y no imploráis Mi ayuda.

No escucho de vosotros esos gritos angustiosos pidiendo Mi ayuda, ¡Ayuda desesperada! NO estáis invocando Mi Santo Nombre para protegeros de tanto mal.

TENÉIS QUE ESTAR MUY CONSCIENTES DE ESTO, MIS PEQUEÑOS,

Y ESTO SE HA IDO ACRECENTANDO

PORQUE SON MOMENTOS YA LOS ÚLTIMOS DE SATANÁS,

PORQUE SERÁ VENCIDO PRECISAMENTE

POR LA INVOCACIÓN QUE LE ESTÁIS HACIENDO A MI HIJA,

LA SIEMPRE VIRGEN MARÍA, A TRAVÉS DEL SANTO ROSARIO

Y POR ESO, ÉL AUMENTARÁ TODAVÍA MÁS

SU FUERZA DE ATAQUE CONTRA VOSOTROS.

Sancte Michael Archangele, defende nos in proelio, contra nequitiam et insidias diaboli esto praesidium. Imperet illi Deus, supplices deprecamur: tuque, Princeps militiae caelestis, Satanam aliosque spiritus malignos, qui ad perditionem animarum pervagantur in mundo, divina virtute, in infernum detrude. Amen. San Miguel arcángel, defiéndenos en batalla, sé nuestro amparo contra las maldades y acechanzas del diablo, que Dios le reprenda, es nuestra humilde súplica; y tú, Príncipe de las huestes celestiales, por el poder de Dios, arroja al Infierno a Satanás y a los demás espíritus malignos, que rondan por el mundo buscando la ruina de las almas. Amén.

Invocad más Su Santo Nombre, invocad la Ayuda Divina de Mi Santísima Trinidad, implorad la ayuda también de los Santos Ángeles que están prestos para la batalla.

Invocad la ayuda de todas las almas del Cielo, de las almas del Purgatorio, de la Oración de vuestros hermanos en la Tierra.

LA LUCHA ES MUY FUERTE,

CIERTAMENTE SATANÁS YA ESTÁ VENCIDO,

PERO TAMBIÉN VOSOTROS PODÉIS DISMINUIR SU ATAQUE

Y EL DOLOR QUE PUEDA CAUSAROS.

NO SOLAMENTE EL MUNDO,

SINO EL UNIVERSO ENTERO ESTÁ SUFRIENDO ESTOS DOLORES,

PORQUE CUANDO FUE APARTADO SATANÁS DEL CIELO, CAYÓ A LA TIERRA,

O SEA A TODOS LOS PLANETAS DEL UNIVERSO,

Y ÉSTOS ESTÁN SIENDO AFECTADOS TAMBIÉN POR SU MALDAD.

HABÉIS VENIDO A TRAER LUZ Y DESTRUIR LAS TINIEBLAS

QUE EXISTEN EN VUESTRO MUNDO Y EN EL UNIVERSO ENTERO.

 La luz se va a dar pronto, pero la lucha se va a intensificar.

No dejéis de implorar Mi Santo Nombre, quiero escuchar que pidáis ayuda, que vea que en vosotros hay humildad y necesidad Mía, de vuestro Dios, para ayudaros.

Y presto estaré para hacerlo.

AYUDAD A VUESTROS HERMANOS,

IMPLORAD POR SUS NECESIDADES ESPIRITUALES Y AUN TEMPORALES,

PERO OS REPITO, LA MALDAD DE SATANÁS SE VA A INCREMENTAR

Y NECESITÁIS ESTAR MUY PROTEGIDOS

CONTRA ESA MALDAD QUE SE VA A DESATAR

INVOCAD CONTINUAMENTE NUESTRA AYUDA,

INVOCADME, MIS PEQUEÑOS Y LA RECIBIRÉIS.

Hijitos Míos, cuando Mi Amor penetra fuertemente en un corazón, éste se vuelve fortísimo,

Satanás difícilmente podrá hacer caer a un corazón que ama, pero que ama profundamente.

LA FUERZA QUE OS DA EL AMOR ES INCREÍBLE, ES INMENSA,

PORQUE OS HE DICHO QUE EL AMOR ES LA FUERZA MÁS PODEROSA QUE EXISTE

EN EL UNIVERSO, EN TODO LO CREADO, VISIBLE E INVISIBLE,

Con el Santo Rosario Meditamos TODA LA VIDA de Jesús y el Amor del Padre, que lo envió para salvarnos…

PORQUE EN EL AMOR ESTOY YO PLENAMENTE PRESENTE.

Yo Soy el Amor y aquellos que han abierto su corazón a Mi plenitud, Satanás difícilmente los vencerá,

es como una coraza poderosísima que os protege contra toda la Maldad de Satanás.

Mis pequeños, se os dio el Don de la Vida para que vosotros, al vivir en este mundo temporal, pudierais traer el Amor, Mi Amor aquí a la Tierra, para transmitirlo a vuestros hermanos.

Os he dicho que estáis en un Campo de Batalla, y en un campo de batalla necesitáis una armadura,

Y EL AMOR ES ESA ARMADURA QUE OS PROTEGE

CONTRA TODA MALDAD DE SATANÁS.

El Santo Rosario es mi Honda para vencer…

El Amor os lleva también a una Humildad grande, profunda, y satanás no puede tampoco contra las almas humildes y sencillas donadas totalmente a Mi Voluntad, porque él es todo soberbia, él es todo Maldad. 

SOIS MIS CRISTOS EN ESTOS MOMENTOS DE LA HISTORIA

Y ESTÁIS TOMANDO ESTA TAREA, ESTA MISIÓN IMPORTANTÍSIMA

PARA SALVAR VUESTRO HOGAR TEMPORAL,

PERO AL DECIR “VUESTRO HOGAR TEMPORAL”,

LAS ALMAS QUE ESTÁN VIVIENDO TAMBIÉN ENTRE VOSOTROS,

PUEDEN QUEDAR AFECTADAS POR EL MAL

Cuando estamos crucificicados junto con Cristo, nuestra intercesión ES PODEROSÍSIMA Y DEVASTADORA CONTRA SATANÁS…

O PUEDEN SER ELEVADAS HACIA EL BIEN,

Y ESA ES LA TAREA QUE TENÉIS TODOS VOSOTROS.

Estáis viviendo en vuestro mundo, PERO UN MUNDO QUE FUE AFECTADO POR SATANÁS

QUE DE HECHO, AFECTÓ A TODA LA CREACIÓN,

O SEA, A TODOS LOS MUNDOS QUE EXISTEN.

Ciertamente, cuando vosotros llegáis a la Tierra, llegáis a un mundo adverso a la plenitud que traéis en vuestro corazón, que es Mi Amor.

Con esto os voy explicando la coraza tan fuerte y la protección tan grande que tienen todas las almas para pelear contra la fuerza también inmensa, de Satanás,

pero el hombre tiene el libre albedrío y en un Campo de Batalla así actúan los que pelean, o rechazan el Mal o acaban aliándose con el Mal.

Meditad esto, Mis pequeños, porque es una realidad, es una realidad que vivís todos los días, o estáis atacando a vuestro Enemigo continuamente.

U os estáis aliando con Satanás y de esta forma, destruyendo vuestra misión y la misión que yo os he encomendado para salvar a este mundo, a vuestro hogar temporal.

Estáis viendo la maldad a vuestro alrededor, cómo se va dando cada vez más fuerte y que de hecho, ya os había profetizado que para el Fin de los Tiempos las cloacas se abrirían

y conoceríais la maldad de Satanás, la degradación del hombre al haberse hecho amigo de Satanás.

¿Qué es lo que os ofrece Satanás? Os ofrece el mundo, su mundo, su maldad.

Os ofrece riquezas, riquezas materiales que tontamente os deslumbran y las aceptáis.

Riquezas del mundo, cuando todas las mayores riquezas están en el Reino de los Cielos.

Os ofrece fama, ¿Fama de qué?, de maldad, de impureza, de pecado.

Os he dicho que la Oración es poderosísima cuando os unís a la Comunión de los Santos, cuando vivís en estado de Gracia,

cuando estáis conMigo y cuando dejáis que Mi Amor en vuestro corazón haga su parte. 

Estáis en plena lucha, una lucha tremenda, pero si estáis conMigo ganaréis, venceréis a la Maldad de Satanás.

Haced cosas buenas, Mis pequeños, aunque sea una al día.

Todo lo que hagáis con amor irá destruyendo maldad, la maldad que hay a vuestro alrededor y que puede entrar a vuestro corazón y causaros un gran mal. 

” Se necesitan santos de jeans y zapatillas que se jueguen por su FE y lleven la Luz de Cristo A UNA SOCIEDAD SIN DIOS”

CUANDO OBRÁIS EN EL BIEN,

DIFÍCILMENTE DEJARÉIS QUE ALGO MALO ENTRE A VUESTRO CORAZÓN

Y DE ESTA FORMA, OS IRÉIS PERFECCIONANDO EN EL AMOR

HASTA LLEGAR A LO SUBLIME DEL AMOR, QUE ES LA SANTIDAD.

Sabéis que la Virtud se va logrando poco a poco, no llega de repente, poco a poco vais logrando virtud en vuestra vida.

Y la virtud os va a llevar a un grado máximo, que es la santidad a la que estáis llamados todos,

pero tenéis que empezar a poner todo vuestro empeño en que lo que hagáis, aunque sea pequeño, lo hagáis lo más perfectamente posible.

Comienza haciendo lo que es NECESARIO, después lo que es POSIBLE. y de repente ESTARÁS HACIENDO LO IMPOSIBLE

No os dejéis llevar hacia donde os lleva Satanás, hacia la impureza, hacia la injusticia, hacia la maldad, hacia el pecado en todas sus múltiples manifestaciones.

Sois Mis hijos y Mis hijos tienen que ser ejemplo Mío.

Yo Soy vuestro Dios, el Perfecto, el Santo, el Inmaculado y Mis hijos también deben ser así, por eso existe el Purgatorio.

Para que, después de vuestra misión en la Tierra, os acabéis de purificar, porque ningún alma entra al Reino de los Cielos si no está enteramente sana, limpia, pura, santa.

MIS PEQUEÑOS, ESTÁIS EN EL TIEMPO DE LA SEPARACIÓN DEL TRIGO Y LA CIZAÑA. 

SE HA VENIDO DANDO YA Y LO ESTÁIS VIENDO A VUESTRO ALREDEDOR:

LAS MUERTES AUMENTARÁN,

Esteaccidente‘ Satanás lo provocó y ABBA lo permitió, porque la furia demoníaca está desatada…

¿Y nuestra INTERCESIÓN a cuántos salvó? Recuerden que en la ETERNIDAD, todo es posible…

EL JUICIO SOBRE LOS HOMBRES HA CAÍDO YA SOBRE LA TIERRA,

ESTÁIS SINTIENDO YA UN TEMOR INTERNO QUE NO SABÉIS CÓMO EXPLICAR.

LA HUMANIDAD ENTERA ESTÁ SINTIENDO YA EL JUICIO SOBRE ELLA.

Ciertamente estáis ya sobre ese tiempo, el Tiempo en que se ha de separar el bien del mal, el bien será premiado, el mal será castigado.

Muchas oportunidades tuvisteis de escoger el camino correcto, pero no quisisteis tomarlo, y ahora tendréis que enfrentar vuestro juicio.

NO ESTÁIS EN EL JUICIO FINAL, estáis en el tiempo de la Purificación Universal, porque toda la Creación fue afectada por el Pecado Original de vuestros Primeros Padres. 

Ciertamente estáis viviendo tiempos apocalípticos, lo estáis sintiendo ya.

Los buenos, los que se mantendrán como trigo, están siendo marcados por Mis Ángeles y, ¿Qué es ese signo? ¿Qué es esa marca?

Es la marca de la Redención, es la marca de Mi Hijo, es el signo de la Salvación en la cual Él se dio por vosotros

Y LA HAN GANADO,

AQUELLOS QUE PREFIRIERON EL CAMINO ANGOSTO,

EL CAMINO PEDREGOSO, EL CAMINO DEL SUFRIMIENTO, EL CAMINO DE LA FE.

Muchos fueron llamados y pocos los escogidos.

Esos pocos escogidos son los que tomaron ese camino angosto, pedregoso, de sufrimiento, porque el Príncipe de este mundo los atacó en múltiples formas y no pudo destruir la Fe. 

Estas almas se han mantenido en Fe, en confianza plena en Mí, aceptando lo que Yo les enviaba, y todo esto aceptado con amor. 

Son almas que han vivido martirio cruento e incruento, son almas que han dejado estela entre los hombres, estela pequeña o estela grande, pero dejaron ejemplo patente entre los que les rodeaban. 

Son las almas que Me mantuvieron en vida entre los hombres, almas buenas, ciertamente con errores también por estar afectados por el Pecado Original, pero

ALMAS BUENAS QUE ACEPTABAN SUS ERRORES,

PEDÍAN PERDÓN Y REGRESABAN A MÍ,

PERO SIEMPRE BUSCÁNDOME EN TODO MOMENTO,

FUERA PARA OFRECERME LO BUENO QUE LOGRABAN

A Satanás: ‘Me hiciste caer; pero nomás espérate a que me levante… Y…”

O TAMBIÉN PARA PEDIR PERDÓN POR LOS ERRORES QUE COMETÍAN.

Las almas buenas que han sido tocadas por Mi mano amorosa y así han conseguido ese Sello que verán los Ángeles en el tiempo de la siega, serán tomadas para protegerlas.

Mientras tanto, las almas que no hayan sido marcadas, serán eliminadas, pero no todas caerán en el Abismo, algunas todavía tendrán esa oportunidad del Purgatorio para purificarse.

Me complazco en vosotras, almas buenas, almas que buscasteis el bien, almas que luchasteis contra las Fuerzas del Mal y vencisteis porque Yo estaba con vosotras.

Yo os asesoraba en el Bien, Yo os levantaba cuando caíais, Yo perdonaba vuestros pecados, os daba fuerzas para seguir adelante, os parecíais a Mí,

Y esto hizo que os ganarais esa marca indeleble que os está ganando el pasar a esas Nuevas Tierras que se os darán y que gozaréis inmensamente, Mis pequeños.

MI AMOR ES VUESTRO SIGNO

Y ES VUESTRO DESEO GRANDE EL SERVIRME.

SOIS ALMAS LLENAS DE AMOR,

AUNQUE LA TRIBULACIÓN OS HACE CAER, OS HACE SUFRIR,

OS MANTENÉIS SIEMPRE ENVUELTAS EN MI AMOR,

Y ESO ES LO QUE OS HA HECHO GRANDES A MIS OJOS:

ALMAS ACRISOLADAS EN EL AMOR.

Seguid adelante, Mis pequeños, falta poco ya para que podáis gozar vuestro regalo.

Y os pido sigáis orando por aquellas almas que todavía se pueden salvar.

Yo os Bendigo, Mis pequeños, os envío Mi Santo Espíritu, para que entendáis lo que os he dicho y para que tengáis la Fuerza de rechazar todo aquello que os manda Satanás y que, por vuestras propias fuerzas, no podéis rechazar.

Os amo, Mis pequeños, recibid Mis Bendiciones y transmitidlas a todos los vuestros, a todo el Mundo, al Universo entero.

ORAD, Orad, orad, daos por todos, como Mi Hijo se dio por todos vosotros.

ALMAS VÍCTIMAS Y CORREDENTORAS

Yo os bendigo ahora y por siempre, en Mí Santo Nombre, en el de Mí Hijo, 
Salvador vuestro y en el del Espíritu de Amor y Vivificador.

Mí Santa Hija, la Siempre Virgen Maria, os cuidará y os guiará para aplastar la cabeza de la serpiente del mal. Dejaos llevar por Sus Palabras de Amor y Salvación. Su ternura es excelsa.

Hijitos Míos, ¡Cuánto os amo!

Yo os amo y os bendigo en Mi Santo Nombre, en el de Mi Hijo y en del Amor de Mi Santo Espíritu.

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43.- EL AMOR ENTRE EL SUFRIMIENTO


88 – 43 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Por un senderillo entre campos quemados – sólo rastrojos y grillos – Jesús camina entre Leví y Juan.

Detrás, en grupo, van José, Judas y Simón.

Es de noche y sin embargo, no se siente refrigerio. La tierra es fuego que continúa ardiendo incluso después del incendio del día.

El rocío no puede nada contra este bochorno: tan fuerte es la llamarada que sale de los surcos y de las grietas del suelo, que se seca incluso antes de tocar el suelo.

Todos caminan en silencio, fatigados y acalorados.

Jesús sonríe y pregunta a Leví:

–    ¿Lo encontraremos?

El pastor contesta:

–     Ciertamente. Por este campo guarda la mies y todavía no ha empezado la recolección de frutas.

Los campesinos por eso están ocupados en vigilar los viñedos y los árboles frutales, protegiéndolos de los ladrones. Sobre todo cuando los amos son aborrecidos, como el que tiene Jonás.

Samaría está cercana y cuando ellos pueden… ¡Oh! Con gusto a nosotros los de Israel, nos causan daño. Aunque saben que luego a los criados se les apalea. Pero como nos odian tanto.

–    No tengas rencor, Leví.

–    No. Pero Tú mismo verás como por culpa suya, Jonás fue golpeado hace como cinco años. 

Desde entonces pasa la noche en guardia. El flagelo es un suplicio cruel…

 

–    ¿Todavía nos falta mucho para llegar?

–    No, Maestro.

¿Ves allá donde terminan estos campos y empieza aquel monte oscuro? Allá están las arboledas de Doras, el duro fariseo.

Si me permites, me adelanto para que me oiga Jonás.

–     Ve.

Juan pregunta a Jesús:

–    Pero Señor mío. ¿Así son todos los fariseos? ¡Oh! ¡Yo jamás querría estar a su servicio! Prefiero la barca.

Jesús, un poco serio, pregunta a su vez:

–    ¿Es la barca tu predilecta?

Juan se apresura a contestar:

–    No. ¡Eres Tú! La barca lo era cuando ignoraba que el Amor estaba en la tierra.

Jesús ríe de su vehemencia y dice bromeando:

–    ¿No sabías que en la tierra estaba el Amor? Entonces ¿Cómo naciste, si tu padre no amaba a tu madre?

–     Ese amor es hermoso, pero no me seduce. Tú eres mi amor. Tú eres el Amor sobre la tierra para el pobre Juan.

Jesús lo estrecha contra sí y dice:

–    Deseaba oírtelo decir.

El Amor está ansioso de amor y el hombre da y dará siempre a su avidez imperceptibles gotas, como estas que caen del cielo, tan insignificantes que se consumen, mientras caen, en la ola de calor estival.

Como también las gotas de amor de los hombres se consumirán a mitad de camino, eliminadas por llamaradas de demasiadas cosas.

El corazón seguirá destilándolas, pero los intereses, los amores, los negocios, la avidez… muchas, muchas cosas humanas las harán evaporarse. Y, ¿Qué subirá a Jesús?

¡Oh, demasiado poco! Los restos. De entre todos los latidos humanos, los que queden, los latidos interesados de los humanos para pedir, pedir, pedir mientras la necesidad urge.

Amarme por amor sin mezcla de otra cosa será propiedad de pocos: de los Juanes… Observa una espiga renacida. Es, quizás, una semilla caída durante la cosecha.

Ha sabido nacer, resistir el sol, la sequía, crecer, desarrollar los primeros brotes, echar espiga… Mira: ya está formada. Sólo ella vive en estos campos asolados.

Dentro de poco los granos maduros caerán al suelo rompiendo la lisa cascarilla que los tiene ligados al tallo, y serán caridad para los pajaritos, o, dando el ciento por uno, volverán a nacer una vez más.

Y antes de que el invierno vuelva a traer el arado a los terrones, estarán de nuevo maduros y darán de comer a muchos pájaros, oprimidos por el hambre de las estaciones más tristes…

¿Ves, Juan mío, lo que puede hacer una semilla intrépida? Así serán los pocos que me amen por amor.

Uno sólo servirá para el hambre de muchos, bastará uno para embellecer la zona en que lo único que hay – había – es la fealdad de la nada, uno sólo bastará para crear vida donde antes había muerte.

A él se acercarán los hambrientos, comerán un grano de su laborioso amor y luego, egoístas y disipados, volarán.

Pero incluso sin saberlo ellos ese grano depositará gérmenes vitales en su sangre, en su espíritu… y volverán… Y hoy, y mañana, y al otro, como decía Isaac, los corazones crecerán en el conocimiento del Amor.

El tallo, desnudo, ya no será nada, un hilo de paja quemado, pero su sacrificio ¡Cuánto bien producirá!, su sacrificio ¡Cuánto será premiado!

Jesús – que se había detenido un instante ante una frágil espiga nacida al borde del sendero, en una cuneta que en tiempos de lluvias quizás era una acequia, prosigue su camino.

Juan mientras, lo escucha embelesado.

Los otros, que van hablando entre sí, no se dan cuenta del dulce coloquio.

Llegan al huerto, se detienen, y se reúnen todos.

El calor es tal, que sudan a pesar de no llevar manto. Callan y esperan.

Del follaje espeso apenas iluminado por la luna, emergen dos figuras: destaca la silueta clara de Leví y detrás, otra sombra más oscura.

Leví anuncia:

–      Maestro, aquí está Jonás.

Jesús saluda desde aquí:

–      ¡Recibe mi paz! – aún cuando aún Jonás no ha llegado donde Él.

Pero Jonás no responde, corre a su encuentro y llorando, se arroja a sus pies y los besa.

Cuando puede hablar dice:

–      ¡Cuánto te he esperado! ¡Cuánto!

¡Qué desconsuelo sentir la vida pasar, venir la muerte, y deber decir: “¡Y no lo he visto!“! Y sin embargo, no, no toda la esperanza moría, ni siquiera una vez que estuve a las puertas de la muerte.

Decía: Ella lo dijo: `Vosotros aún le serviréis‘ y Ella no puede haber dicho nada que no sea verdad. Es la Madre del Emmanuel;

por tanto, ninguna tiene consigo a Dios más que Ella, y quien a Dios tiene conoce las cosas de Dios.

Jesús contesta:

–       Levántate. Ella te saluda. Cerca de ti la has tenido y la tienes cerca. Reside en Nazaret.

–      ¡Tú! ¡Ella! ¿En Nazaret? ¡Oh, si lo hubiera sabido…!

De noche, en los fríos meses del hielo, cuando duermen los campos y los malintencionados no pueden perjudicar a los cultivadores, habría ido corriendo a besaros los pies.

Y me habría regresado con mi tesoro de certeza. ¿Por qué no te has manifestado, Señor?

–      Porque no era la hora. Ahora sí. Hay que saber esperar.

Tú lo has dicho: “En los meses del hielo, cuando los campos duermen” y ya han sido sembrados, ¿No es cierto? 

Pues bien, Yo era también como el grano sembrado. Tú me habías visto en el momento de la siembra.

Luego había desaparecido sepultado bajo un silencio obligatorio, para crecer y llegar al tiempo de la cosecha y resplandecer ante los ojos de quien me había visto Recién Nacido.

Y también ante los ojos del mundo. Ese tiempo ha llegado. Ahora el Recién Nacido preparado para ser Pan del mundo.

Y en primer lugar busco a mis fieles, y les digo: “Venid. Saciad vuestra hambre conmigo”.

El hombre lo escucha sonriendo dichoso, mientras dice como para sí, « ¡Oh! ¡Es verdad, vives! ¡Eres Tú, es verdad!

Jesús pregunta:

–    ¿Has estado a punto de morir? ¿Cuándo?

–    Cuando me azotaron a muerte, porque a dos parras mías les habían robado.

¡Mira cuantos cardenales!…

Se baja la túnica y muestra los hombros del todo marcados con heridas estriadas y la espalda, que es como una pintura de cicatrices caprichosas.

Y agrega:

–     Me pegó con un cordel de hierro. Contó los racimos que se habían llevado y revisó donde las uvas fueron arrancadas. Y por cada una, me dio un golpe más… hasta que quedé medio muerto.

Me socorrió María, la joven esposa de un compañero mío. Siempre me ha estimado. Su padre era el encargado antes de mí. Cuando vine aquí le tomé cariño a la niña porque se llamaba María. 

Me cuidó y me curé, aunque hicieron falta meses porque las llagas con el calor habían tomado un aspecto malísimo y daban fiebre fuerte.

Dije al Dios de Israel: “No importa. Permíteme volver a ver a tu Mesías y no me importará este mal; tómalo como sacrificio.

No puedo ofrecerte un sacrificio nunca. Soy siervo de un hombre cruel, Tú lo sabes. Ni siquiera durante la Pascua me permite ir a tu altar. Tómame a mí como hostia. ¡Pero, dame a Jesús!

Jesús le dice.

–      Y el Altísimo ha satisfecho tu deseo. Jonás, ¿Me quieres servir, como ya lo hacen tus compañeros?

–      ¡Oh!, Y ¿Cómo podré hacerlo?

–      Como lo hacen ellos. Leví sabe cómo. Te dirá lo simple que es servirme a mí. Quiero sólo tu buena voluntad.

–      La buena voluntad te la he ofrecido incluso cuando, recién nacido llorabas.

Por ella he superado todo, tanto los momentos de desolación como los odios. Es… que aquí se puede hablar poco.

El patrón una vez me dio de patadas, porque yo insistía diciendo que Tú existías.

Pero cuando él estaba lejos, y con quien podía fiarme, yo narraba el prodigio de aquella noche.

–      Pues entonces ahora narra el prodigio del encuentro conmigo.

Os he encontrado a casi todos… Y todos fieles. ¿No es esto un prodigio? Por el simple hecho de haberme contemplado con Fe y amor os habéis hecho justos ante Dios y ante los hombres.

–      ¡Oh, ahora sí que voy a tener un valor…, un valor…! Ahora sé que vives y puedo decir: “Está allí. ¡Id a Él!…”. Pero ¿Dónde, Señor mío?

–       Por todo Israel.

Hasta Septiembre estaré en Galilea; frecuentemente en Nazaret o Cafarnaúm, allí se me podrá encontrar.

Luego… estaré por todas partes; he venido a reunir a las ovejas de Israel.

–      ¡Ay, Señor mío, te encontrarás muchas cabras! ¡Desconfía de los poderosos de Israel!

–      Si no es la hora, ningún mal me harán. Tú, a los muertos, a los que duermen, a los vivos, diles: “El Mesías está entre nosotros”

–      ¿A los muertos, Señor?

–       A los muertos del espíritu.

Los otros, los justos muertos en el Señor, ya exultan de gozo por la liberación del Limbo, que ya está cercana.

Diles a los muertos que soy la Vida, diles a los que duermen que soy el Sol que sale y saca del sueño, diles a los vivos que soy la Verdad que ellos buscan.

–     ¿Curas también a los enfermos? Leví me ha hablado de Isaac. ¿Sólo para él el milagro, porque es tu pastor, o para todos?

–     A los buenos, el milagro como justo premio; a los menos buenos, para impulsarlos a la verdadera bondad.

A los malvados, también en alguna ocasión, para removerlos de su estado y persuadirlos de que Yo soy y de que Dios está conmigo.

El milagro es un don. El don es para los buenos. Pero, Aquel que es Misericordia y que ve la pesantez humana, no removible sino por un hecho extraordinario,

recurre a esto también para poder decir: “He hecho todo con vosotros y de nada ha servido. Decid entonces vosotros mismos qué más os debo hacer”.

–     Señor, ¿No te da asco entrar en mi casa?

Si me aseguras que no vienen los ladrones a la propiedad, quisiera hospedarte y llamar a los pocos que te conocen a través de mi palabra para reunirlos en torno a Tí.

El patrón nos ha doblegado y quebrado como a tallos despreciables. Sólo nos queda la esperanza de un premio eterno.

Pero si Tú te manifiestas a los corazones oprimidos tendrán nuevo vigor.

–    Voy. No temas por los árboles ni por las viñas. ¿Puedes creer que los ángeles vigilarán fielmente en lugar de ti?

–    ¡Oh! ¡Señor! Yo he visto a tus siervos celestes. Creo. Voy seguro contigo.

¡Benditos estos árboles y estas cepas que poseen viento y canción de alas y voces angélicas! ¡Bendito este sueño que santificas con tu pie! ¡Ven, Señor Jesús!

¡Oíd, árboles y vides, oíd, terrones levantados por el arado: Aquel Nombre que os confié para paz mía, ahora se lo dirijo a Él! ¡Jesús está aquí!

¡Escuchad! ¡Por ramas y sarmientos discurra a borbotones la savia, el Mesías está con nosotros!

Jonás está exultante de alegría. Y los lleva hacia su pobre choza.

Todo termina con estas palabras gozosas.

38 SUFRIMIENTO DIVINO


Hago un llamado URGENTE a todo el mundo católico para que el próximo DOMINGO 9 de Agosto se lleve a cabo una jornada de ayuno y oración a nivel mundial con el rezo del rosario de mi Preciosísima Sangre y con el rezo del Exorcismo de San Miguel, de 12:00 am a 6:00 pm, pidiéndole al Padre Celestial por la protección de mis Templos, Santuarios y Lugares Santos, que están siendo destruidos y profanados por las fuerzas del Mal en este mundo.

38 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Es una bella campiña donde se encuentra Jesús, en una zona de tierras óptimas.

Hay magníficos árboles frutales; espléndidos viñedos con racimos a punto de colorearse de oro y rubí.

Jesús está sentado bajo un árbol y come la fruta que le ofreció un campesino.

Juan Simón y Judas comen sabrosos higos, sentados sobre una pequeña barda.

Quizás poco antes ha estado hablando,

porque el campesino dice:

–   Me alegro de poder aliviar tu sed, Maestro.

Tu discípulo ya nos había hablado de tu sabiduría, pero aun así nos hemos quedado asombrados al escucharte.

Cerca como estamos de la Ciudad Santa, se va frecuentemente a ella para vender fruta y verduras. Se sube entonces también al Templo y se escucha a los rabíes.

Pero no hablan no, como Tú. Uno vuelve diciendo: “Si es así, ¿Quién se salva?”.

Tú, por el contrario… ¡Oh, a uno le parece sentir el corazón aligerado!

Un corazón que vuelve a ser niño, aunque se siga siendo hombre. Soy un hombre rudo… no sé explicarme, pero Tú, sin duda, entiendes.

–    Sí. Te entiendo.

Quieres decir que, con la seriedad y el conocimiento de las cosas propios de quien es adulto sientes, después de haber escuchado la Palabra de Dios, que la simplicidad, la Fe, la pureza te renacen en el corazón.

Y te parece como si volvieras a ser niño, sin culpas ni malicia.

Con mucha Fe, como cuando de la mano de tu madre subías al templo por primera vez u orabas sobre sus rodillas. Esto quieres decir.

–    Eso sí, exactamente esto.   

Y volviéndose hacia Juan, Simón y Judas, que se deleitan con sabrosos higos,

Les dice:

–       ¡Dichosos vosotros que estáis siempre con El!

Y termina:

 –     Y dichoso yo por tenerte como huésped durante una noche. Ya no temo ninguna desventura en mi casa, porque tu bendición ha entrado en ella. 

Jesús responde:

–    La bendición actúa y dura si los corazones permanecen fieles a la Ley de Dios y a mi doctrina; en caso contrario, la gracia cesa.

Y es justo, porque, si es verdad que Dios da sol y aire tanto a los buenos como a los malos para que vivan. Y si son buenos, se hagan mejores y si son malos, se conviertan.

También es justo que la protección del Padre se retire, para castigo del malvado, para moverlo con penas a acordarse de Dios.

–   ¿No es siempre un mal el dolor?

–   No, amigo.

Es un mal desde el punto de vista humano, pero desde el punto de vista sobrehumano es un bien. Aumenta los méritos de los justos que lo sufren sin desesperación y rebelión.

Y que lo ofrendan, ofreciéndose a sí mismos con su resignación, como sacrificio de expiación por las propias faltas y por las culpas del mundo.

Y es también redención para los no justos.

Llegan otra decena de personas que son familiares y se unen para escuchar con atención.

El campesino dice:

–   ¡Es tan difícil sufrir!…

uvasJesús explica:

–   Sé que el hombre lo encuentra difícil.

Y el Padre sabiendo esto, al principio no había dado el dolor a sus hijos. El dolor vino por la culpa.

Pero, ¿Cuánto dura el dolor en la Tierra, en la vida de un hombre?

Poco tiempo, siempre poco aunque durase toda la vida. Ahora bien, Yo digo: ¿No es mejor sufrir durante poco tiempo que siempre?

¿No es mejor sufrir aquí que en el Purgatorio? Pensad que el tiempo allí se multiplica por mil.

Oh!, en verdad os digo que no se debería maldecir sino bendecir el sufrimiento y llamarlo “gracia” y llamarlo “piedad”.

–    Nosotros bebemos tus palabras, Maestro, como un sediento en verano bebe agua con miel, sacada de fresca ánfora!

¿Te vas realmente mañana, Maestro?

–    Sí, mañana.

Pero volveré, para darte las gracias por cuanto has hecho por mí y por los míos, y para pedirte otra vez un pan y descanso.

–    Eso siempre lo encontrarás aquí, Maestro.

Se acerca un hombre con un borrico cargado de verduras.

–    Mira, si tu amigo quiere partir… mi hijo va a Jerusalén para el gran mercado de la Parasceve.

–   Ve, Juan. Tú sabes lo que debes hacer. Dentro de cuatro días nos volveremos a ver. Mi paz sea contigo.

Jesús abraza a Juan y lo besa.

Simón también hace lo mismo.

Judas dice:

–   Maestro, si lo permites, voy con Juan.

Me urge ver a un amigo. Todos los sábados está en Jerusalén. Iría con Juan hasta Betfagé y luego iría por mi cuenta… Es un amigo de casa… ya sabes… mi madre me dijo…

–   No te he preguntado nada, amigo.

–   Me llora el corazón al tener que dejarte. Pero dentro de cuatro días estaré de nuevo contigo, y seré tan fiel que hasta te resultaré pesado.

–   Ve. Para el alba de dentro de cuatro días estad en la Puerta de los Peces. Adiós y que Dios te asista.

Judas besa al Maestro y se marcha a poca distancia del borrico, que trota por el camino polvoriento.

Cae la tarde sobre la campiña, que se hace silenciosa.

Simón observa cómo trabajan los hortelanos regando sus parcelas.

Jesús permanece un tiempo en donde estaba.

Luego se levanta, va hacia la parte de atrás de la casa, se adentra entre los árboles frutales, se aísla.

Va hasta una parte muy tupida en la cual robustos granados se entrecruzan con matas bajas de uva crespa que ya no tienen frutos.

Jesús se esconde detrás, se arrodilla, ora… y luego se inclina hacia la hierba, con el rostro contra el suelo.

Y sus suspiros profundos y quebrados, delatan que está llorando.

Es un llanto desconsolado; sin sollozos, pero muy triste.

Pasa el tiempo. La luz es ya crepuscular, pero aún no hay tanta oscuridad como para no poder ver.

En este marco de escasa luz, se ve sobresalir por encima de una mata, la cara fea pero honesta de Simón.

Mira, busca, y distingue la forma replegada sobre sí del Maestro, todo cubierto por el manto azul oscuro que lo confunde casi con las sombras del suelo.

Sólo resaltan la cabeza rubia, apoyada sobre las muñecas y las manos unidas en oración, que sobresalen por encima de aquélla.

Simón mira con esos ojos suyos un tanto saltones.

Comprende que Jesús está triste, por los suspiros que emite y su boca de labios abultados y violáceos se abre…

Al exclamar:

–   ¡Maestro!

Jesús alza el rostro.

–   ¿Lloras, Maestro? ¿Por qué? ¿Me permites acercarme?

El rostro de Simón está lleno de asombro y pena.

Es un hombre feo. A las facciones no bellas, al colorido olivastro oscuro, se une el bordado azulino y hoyado de las cicatrices que su mal le ha dejado.

Pero tiene una mirada tan llena de bondad, que desaparece la fealdad.

–   Ven, Simón, amigo.

Jesús se ha sentado en la hierba.

Simón se sienta cerca de Él.

–    ¿Por qué estás triste, Maestro mío? Yo no soy Juan y no sabré darte todo lo que te da él. Pero deseo darte todo el consuelo.

Siento sólo un dolor: el de ser incapaz de hacerlo.

Dime: ¿Te he disgustado en estos últimos días hasta el punto de que te abata el tener que estar conmigo?

–    No, amigo bueno. No me has disgustado jamás desde el momento en que te vi.

Y creo que nunca serás para mí motivo de llanto.

–   ¿Entonces, Maestro?

No soy digno de que te confíes a mí, pero, por la edad, casi podría ser padre tuyo y Tú sabes qué sed de hijos he tenido siempre…

Deja que te acaricie como si fueras un hijo y que te haga en esta hora de dolor, de padre y de madre.

Es de tu Madre de quien Tú tienes necesidad para olvidar muchas cosas…

–   ¡Oh, sí, es de mi Madre!

–    Pues déjale a tu siervo la alegría de consolarte, en espera de poder consolarte en Ella.

‘Tú lloras Maestro, porque ha habido uno que te ha disgustado. Desde hace días tu rostro es como sol ensombrecido por nubes.

Yo te observo. Tu bondad cela tu herida, para que nosotros no odiemos al que te hiere; pero ésta herida duele y te produce náusea.

 Señor mío: ¿Por qué no alejas de ti la fuente del dolor?

–    Porque es inútil humanamente y además sería anticaridad.

–    ¡Ah! ¡Te has dado cuenta de que hablo de Judas!

Es por él por quien sufres. ¿Cómo puedes Tú, Verdad, soportar a ese embustero? Él miente y no cambia de color.

Es más falso que un zorro, más compacto que un peñasco. Ahora se ha ido. ¿A hacer qué?

Pero ¿Cuántos amigos tiene? Me duele dejarte; si no, querría seguirlo y ver…

¡Oh! ¡Jesús mío! Ese hombre… Aléjalo de ti, Señor mío.

–    Es inútil. Lo que debe ser será.

–   ¿Qué quieres decir?

–    Nada especial.

–    Tú no te has opuesto a que se marche porque…

Porque te has asqueado de su modo de actuar en Jericó.

–    Es verdad, Simón.

Yo te sigo diciendo: Lo que debe ser será. Y Judas es parte de este futuro. Debe estar también él.

–    Juan me ha dicho que Simón Pedro es todo autenticidad y fuego… ¿Lo podrá soportar a éste?

–    Lo debe soportar.

También Pedro está destinado a ser una parte. Y Judas es el cañamazo en el que debe tejer su parte.

O si lo prefieres, es la escuela en que Pedro más madurará.

Ser bueno con Juan, entender a los espíritus como Juan, es virtud hasta de los tontos.

Pero ser bueno con quien es un Judas… Y saber entender a los espíritus como los de Judas…

Y ser médico y sacerdote para ellos, es difícil: JUDAS ES VUESTRA ENSEÑANZA VIVIENTE.

–    ¿La nuestra?

–    Sí. La vuestra.

El Maestro no es eterno sobre la Tierra. Se irá después de haber comido el más duro pan y haber bebido el más agrio vino.

Pero vosotros os quedaréis para continuarme… y debéis saber.

Porque el mundo no termina con el Maestro, sino que continúa después, hasta el retorno final del Cristo y el juicio final del hombre.

Y, en verdad te digo que por un Juan, un Pedro, un Simón, un Santiago, Andrés, Felipe, Bartolomé, Tomás, hay al menos otras tantas veces siete Judas.

¡Y más, más aún!…

Simón reflexiona y calla.

Luego dice:

–    Los pastores son buenos. Judas los desprecia. Yo los amo.

–    Yo los amo y los ensalzo.

–    Son almas sencillas, como te agradan a ti.

–    Judas ha vivido en una ciudad.

–    Es su única disculpa.

Pero muchos han vivido en una ciudad y sin embargo… ¿Cuándo piensas venir donde mi amigo?

–    Mañana, Simón.

Y con mucho gusto, porque estamos tú y Yo solos. Creo que será un hombre culto y experimentado como tú.  

–    Y sufre mucho… en el cuerpo y más aún, en el corazón. Maestro… quisiera pedirte una cosa: si no te habla de sus tristezas, no le preguntes sobre su casa.

–    No lo haré. Yo soy para quien sufre, pero no fuerzo las confidencias; el llanto tiene su pudor.

–    Y yo no lo he respetado… Pero es que me has dado tanta pena…

–   Tú eres mi amigo y ya le habías dado un nombre a mi dolor.

Yo para tu amigo soy el Rabí desconocido. Cuando me conozca… entonces…

Vamos. La noche ha llegado.

No hagamos esperar a los huéspedes, que están cansados. Mañana al alba iremos a Betania.

Jesús dice:

(Para los pequeños Juanes, que buscamos beber las enseñanzas de nuestro ABBA adorado)

Pequeño Juan, ¡Cuántas veces he llorado, rostro en tierra, por los hombres!

¿Y vosotros quisierais ser menos que Yo?

También para vosotros, los buenos están en la proporción que había entre los buenos y Judas. Y cuanto más bueno es uno, más sufre por ello.

Pero también para vosotros – y esto lo digo especialmente para aquellos que han sido designados para el cuidado de los corazones –

ES NECESARIO APRENDER ESTUDIANDO A JUDAS.

Todos sois “Pedros” vosotros, sacerdotes. Y debéis atar y desatar; pero, ¡Cuánto, cuánto, cuánto espíritu de observación, cuánta fusión en Dios,

cuánto estudio vivo, cuántas comparaciones con el método de vuestro Maestro debéis hacer para serlo como debéis!

A alguno le parecerá inútil, humano, imposible cuanto ilustro. 

Son los de siempre, los que niegan las fases humanas de la vida de Jesús. Y de Mí hacen una cosa tan fuera de la vida humana que soy sólo cosa divina.

¿Dónde queda entonces la Santísima Humanidad, dónde el sacrificio de la Segunda Persona vistiendo una carne?

¡Pues verdaderamente era Hombre entre los hombres!

Era el Hombre, y por tanto sufría viendo al traidor y a los ingratos, y por tanto gozaba con quien me quería o a mí se convertía,

y por tanto me estremecía y lloraba ante el cadáver espiritual de Judas.

Me estremecí y lloré ante el amigo muerto, (Lázaro), pero sabía que lo llamaría a la vida y gozaba viéndolo ya con el espíritu en el Limbo.Aquí… aquí estaba frente al Demonio. Y no digo más.

Tú sígueme, pequeño Juan. Demos a los hombres también este don.

¡Bienaventurados los que escuchan la Palabra de Dios y se esfuerzan en cumplirla!

¡Bienaventurados los que quieren conocerMe para amarMe!

En ellos y para ellos, Yo seré Paz y bendición.

35 UNA GUERRA DESIGUAL


Hago un llamado URGENTE a todo el mundo católico para que el próximo DOMINGO 9 de Agosto se lleve a cabo una jornada de ayuno y oración a nivel mundial con el rezo del rosario de mi Preciosísima Sangre y con el rezo del Exorcismo de San Miguel, de 12:00 am a 6:00 pm, pidiéndole al Padre Celestial por la protección de mis Templos, Santuarios y Lugares Santos, que están siendo destruidos y profanados por las fuerzas del Mal en este mundo.

35 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Se extiende la hondonada desertica en esta vasta soledad pedregosa.

Es un territorio tan abrasado que ha quedado reducido a polvo amarillento, que de vez en cuando el viento levanta en pequeños remolinos;

que parecen hálito de boca febril por lo seco y calientes que están y que son muy molestos, por el polvo que con ellos penetra en la nariz y en la faringe.

Muy raros se encuentran, algún pequeño matorral espinoso, que ha resistido en aquella desolación: parecen los restos de mechones de cabellos en la cabeza de un calvo.

Arriba, un cielo despiadadamente azul; abajo, el terreno árido; en torno, rocas y silencio. 

Es un lugar totalmente inhóspito en el que sobreviven  escasas plantas espinosas que tienen muy pocas hojas y algunos matorrales. 

Desde el momento en que decidieron quedarse, Judas que no está acostumbrado a sufrir ninguna incomodidad y jamás ha hecho ningún tipo de sacrificio personal, salvo los ayunos prescritos.

Ha sufrido terriblemente el paso de las horas…

Haciendo un recuento de todo lo que dejó atrás y lo que está ahora frente a él, en esta aventura que no está resultando para nada como lo esperaba…. 

Pero Satanás necesita enterarse de TODO lo que está haciendo Jesús. Y como en este apóstol tiene una posesión espiritual completa y perfecta por la soberbia y la maldad con que lo ha envenenado:

Y no está dispuesto a permitir que la comodidad egoísta de Judas, le arrebate la oportunidad inapreciable que obtuvo desde que el Maestro decidió incluirlo en el colegio apostólico.

E imponiendo su tiranía en el corazón del apóstol, la decisión de seguir adelante se fortalece, pues Judas está dispuesto a triunfar a como dé lugar…

Cuatro días después…

El mismo lugar del monte; sólo que ahora es de noche.

Una noche estrellada, con una belleza de cielo nocturno incomparable.

Las constelaciones mayores parecen racimos de diamantes, de claros topacios, de pálidos zafiros, suaves ópalos, tenues rubíes, en un radiante baño de luz.

Que titilan, se encienden y se apagan siempre más hermosas.

De vez en cuando una estrella fugaz raya el cielo y desaparece con rumbo desconocido en el horizonte. 

Los cuatro están sentados en círculo, a la entrada de la cueva.

Los restos de la hoguera ya son sólo un pequeño cúmulo de ardientes brasas, que con sus resplandores derraman su reflejo rojizo sobre los cuatro rostros.

Jesús está diciendo:

–     Sí, nuestra permanencia aquí ha terminado. Ésta. La mía duró cuarenta días…

La otra vez duró cuarenta días. Era todavía invierno en estas alturas y Yo, no tenía alimentos.

Fue un poco más difícil que esta vez. ¿No es así? Sé que habéis sufrido también en este tiempo.  

Lo poco que teníamos y que os daba no era nada, especialmente para el hambre de los jóvenes; era suficiente sólo para impedir que languidecierais.   

El agua, todavía más escasa.

El calor es tórrido durante el día; diréis que no hacía este calor en invierno; pero sí había un viento seco que bajaba quemando los pulmones desde aquella cima.

Y subía desde aquella hondonada cargado de polvo desértico y secaba más aún que este calor estival que se puede aliviar sorbiendo el jugo de estos frutos amargos ya casi maduros.

En cambio entonces el monte sólo proporcionaba viento y yerbas quemadas por el hielo en torno a las raquíticas  acacias.

No os he dado todo porque he reservado para el regreso los últimos panes y el último queso con el último odre…

¡Es hora de irnos!

Yo sé lo que fue el regreso, estando exhausto, en la soledad del desierto…

Recojamos nuestras cosas y pongámonos en camino.

La noche es aún más clara que la que nos condujo aquí. No hay luna, pero el cielo llueve luz. Vamos.  

Recordad este lugar, sabed recordar cómo se preparó Cristo y cómo se preparan los apóstoles, cuál es el modo que enseño de prepararse los apóstoles.

Se ponen en pie.

Simón hurga entre las brasas con una rama. Las reaviva y las extiende con el pie.

Echa encima algunas yerbas secas y en la llama enciende una rama de acacia que mantiene en alto a la entrada de la cueva. 

Mientras Judas y Juan recogen mantos, alforjas y unos pequeños odres de piel, de los que sólo uno está todavía lleno.

Luego apaga la rama contra la roca, carga su fardo y se pone el manto como todos, atándoselo a la cintura para que no moleste al andar.

Bajan sin más palabras uno detrás de otro por un sendero inclinadísimo, espantando a los pequeños animales que están comiendo las pocas yerbas que todavía resisten el sol.

El camino es largo e incómodo. Por fin llegan al llano.

Que sigue siendo arduo porque está lleno de piedras y lascas que se mueven traidoras bajo el pie, hiriéndolo incluso; porque la tierra reducida a polvo, las oculta y no se pueden evitar.

Aquí donde matorrales quemados, espinosos, arañan y dificultan el paso enganchándose en los bajos de las túnicas; pero es un camino más transitable.

Arriba las estrellas están cada vez más fulgurantes y hermosas.

Caminan por horas. 

La llanura es cada vez más estéril y triste.

En algunas grietas pequeñas del terreno, brillan luces fosforescentes, como si fueran brillantes sucios.

Juan se inclina a mirarlas…

Jesús explica:

–     Es la sal del subsuelo; está saturado de sal. Aflora con las aguas de primavera y después se seca. Por eso la vida no resiste aquí.

El mar Oriental, a través de profundas venas, esparce su muerte en muchos kilómetros a la redonda.

Sólo donde manantiales de agua dulce combaten su acción mordiente, es posible encontrar plantas… y también alivio.

Tan solo donde hay fuentecillas de agua dulce que le combaten, es posible encontrar algún refrigerio.

Siguen caminando y se detienen junto a un peñasco cóncavo que da un poco de refugio.

Jesús abre su alforja y dice:

–    Detengámonos aquí. Siéntense. Dentro de poco cantará el gallo.

Hemos caminado desde hace seis horas. Debéis tener hambre, sed y cansancio. 

Tomad. Comed y bebed sentados aquí en torno a mí, mientras os digo todavía otra cosa que vosotros transmitiréis a los amigos y al mundo.

Jesús abre su morral y ha sacado de ella pan y queso, lo corta y lo distribuye. De un odre sirve en un cuenco agua, y también la distribuye.

Judas pregunta:

-¿Tú no comes, Maestro?

-No. Yo os hablo. Oíd.

Hubo una vez un hombre que me preguntó si alguna vez había sido Yo tentado. Si había Yo pecado. Si jamás había Yo caído en tentación.

Y se admiró de que Yo el Mesías, hubiese pedido para resistir y para vencer, la ayuda del Padre, diciendo: “Padre, no me dejes caer en la tentación”».

Jesús continúa relatando su primer encuentro con Satanás y lo hace en voz baja, despacio, como si contase un hecho totalmente ignorado.

Judas baja la cabeza cohibido, como si estuviera molesto.

No es Judas, es Satanás hospedado en Judas que no puede asimilar el que un hombre, creatura muy inferior a él, lo haya vencido…

Pero los otros están tan centrados en mirar a Jesús, que eso les pasa desapercibido.

Jesús continúa:

–      Ahora amigos míos, podéis saber lo que tan solo superficialmente supo aquel hombre. 

Después del bautismo estaba limpio, pero no se está nunca suficientemente limpio respecto al Altísimo.

Y la humildad de decir “soy hombre y pecador” es ya bautismo que limpia al corazón.

Vine aquí. Me había llamado “el Cordero de Dios” aquel que santo y profeta, veía la Verdad y vio bajar al Espíritu sobre el Verbo y ungirle con su crisma de amor…

Mientras la Voz del Padre llenaba los cielos de su sonido diciendo: “He aquí a mi Hijo muy amado en quien me he complacido”.

Tú, Juan, estabas presente cuando el Bautista repitió las palabras…

Después del bautismo, a pesar de estar limpio por naturaleza y limpio por figura, quise “prepararme”.

Y por eso vine aquí.

Sí, Judas. Mírame, que mis ojos te digan lo que aún calla la boca. Mírame, Judas.

Mira a tu Maestro, que no se sintió superior al hombre por ser el Mesías.

Y que sabiendo que era el Hombre, quiso serlo en todo, excepto en condescender al mal. Eso es. Así.

Ahora Judas ha levantado la cara y mira a Jesús, que está frente a él.

Por su mirada pasa una sombra fugaz, antes de posar sus ojos atentos en su Maestro.

Con el Don del Discernimiento a veces Dios nos permite ver LA REALIDAD de lo que está sucediendo y cuando acontece que alguien muy querido nos apuñala el corazón…

O cuando los que nos ODIAN y nos perjudican, con este carisma también ‘vemos‘ QUIÉN ES el que verdaderamente nos atormenta y ¡Es mucho más fácil ejercer el PERDÓN!

La luz de las estrellas hace brillar los ojos de Jesús como si fueran dos estrellas fijas en un pálido rostro.

–     Para prepararse a ser maestro, hay que haber sido discípulo.

Yo, como Dios, sabía todo, con mi inteligencia, incluso, Yo podía comprender las luchas del hombre, por poder intelectivo e intelectualmente.

Pero un día algún pobre amigo mío, algún pobre hijo mío, habría podido decir y decirme: “Tú no sabes qué es ser hombre y tener percepción del sentido y pasiones”.

Habría sido un reproche justo.

Vine allí, a aquel monte, para prepararme no sólo a la misión,  sino también a la tentación. 

¿Veis? Aquí, donde vosotros estáis, Yo fui tentado. ¿Por quién? ¿Por un mortal? No. Demasiado débil habría sido su poder.

Yo fui tentado directamente por Satanás.  

Y he sentido todas las necesidades del que está en el mundo:

He tenido hambre, he sentido sed. He sentido el frío hiriente de la noche del desierto. 

Estaba agotado. Hacía cuarenta días que no probaba alimento. Sentí el cuerpo quebrantado por la falta de descanso en el lecho.

Y por las largas caminatas recorridas en condiciones de debilidad tal, hasta el punto de no poder dar un paso más.

Pero mientras estuve sumergido en la Oración, todo desaparecía con el gozo de hablar con Dios.

Más bien que desaparecer, el dolor se me hacía soportable.

Lo sentía como una molestia de la materia, de quien está en el mundo.

Porque Yo también tengo un cuerpo verdadero y está sujeto a todas las debilidades, igual que todos los cuerpos humanos.

Sí. Del hombre he tomado la primera y la segunda de las tres partes que le constituyen.

Y con el cuerpo, tengo un corazón. 

He tomado la materia con sus exigencias y lo moral con sus pasiones. Y, si por voluntad propia he doblegado en el momento de su nacimiento todas las pasiones no buenas,

He dejado que crecieran poderosas como cedros centenarios, las santas pasiones del amor filial, del amor patrio, de las amistades, del trabajo, de todo lo que es óptimo y santo.

Aquí sentí nostalgia de mi Madre lejana, aquí sentí necesidad de que Ella prodigara sus cuidados a mi fragilidad humana.

Aquí sentí renovarse el dolor de haberme separado de la única que me amaba perfectamente,

Aquí presentí el dolor que me está reservado y el dolor de su dolor; pobre Mamá, se le agotarán las lágrimas de tantas como deberá esparcir por su Hijo y por obra de los hombres.

Aquí sentí el cansancio del héroe y del asceta que en una hora de premonición se hace conocedor de la inutilidad de su esfuerzo…

He llorado la tristeza llamada ‘magia de Satanás’

No es pecado estar tristes si los momentos son dolorosos, es pecado ceder más allá de la tristeza y caer en inercia o desesperación.

Y Satanás enseguida acude cuando ve a uno caído en languidez de espíritu.

Vino. Bajo apariencia de benigno viajero. Toma siempre formas benignas…

Yo tenía hambre… y tenía mis treinta años en la sangre. Me ofreció su ayuda.

En primer lugar me dijo: “Di a estas piedras que se conviertan en pan”.

Pero antes… sí… antes me habló de la mujer… ¡Oh, él sabe hablar de ella, la conoce a fondo!

La corrompió primero, para hacerla su aliada de corrupción.

No soy sólo el Hijo de Dios, soy Jesús, el obrero de Nazaret.

A aquel hombre que me hablaba, preguntándome si conocía tentación y casi me acusaba de ser injustamente beato por no haber pecado, le dije:

“El acto se aplaca en la satisfacción. La tentación no rechazada no cae, sino que se hace más fuerte. Y a ello concurre Satanás azuzándola”.

Rechacé la tentación tanto del hambre de la mujer como del hambre del pan.

Y debéis saber que Satanás me presentaba la primera – y no estaba equivocado, humanamente hablando – como la mejor aliada para afirmarse en el mundo.

La Tentación, no vencida por mi respuesta: “no sólo de sentido vive el hombre”  me habló entonces de mi misión.

Quería seducir al Mesías después de haber tentado al Joven y me incitó a aniquilar a los indignos ministros del Templo con un milagro…

No se rebaja el milagro, llama del Cielo, a hacer de él un montón de lazos mimbreños para coronarse con ellos.

No se tienta a Dios pidiendo milagros para fines humanos.  

Esto quería Satanás. El motivo presentado era el pretexto, la verdad era: “Gloríate de ser el Mesías”; para llevarme a la otra concupiscencia, la del orgullo.

No vencido por mi “No tentarás al Señor tu Dios“, me insidió con la tercera fuerza de su naturaleza: el oro. ¡Oh, el oro!

Gran cosa el pan y mayor aún la mujer, para quien anhela el alimento o el placer; grandísima cosa es para el hombre la aclamación de las multitudes…

Por estas tres cosas, ¡Cuántos delitos se cometen! ¡Ah!, pero el oro… el oro…!

¡Llave que abre, círculo que suelda, es el alfa y el omega de noventa y nueve de cada cien de las acciones humanas!

Por el pan y la mujer, el hombre se hace ladrón; por el poder, homicida incluso; pero por el oro se hace idólatra.

Satanás, el rey del oro, me ofreció su oro a condición de que lo adorase…

Lo traspasé con las palabras eternas: “Adorarás sólo al Señor tu Dios”.

Aquí, aquí sucedió esto.

Jesús se ha puesto en pie.

En el marco de la naturaleza llana que le circunda y de la luz ligeramente fosforescente que llueve de las estrellas, parece más alto que de costumbre.

También los discípulos se levantan.

Jesús sigue hablando, mirando fija e intensamente a Judas,

Mientras continúa:

–      Entonces vinieron los ángeles del Señor…

El Hombre había vencido la triple batalla.

El Hombre sabía qué quería decir ser hombre y había vencido.

Estaba exhausto, la lucha había sido más agotadora que el largo ayuno…

Mas el espíritu descollaba en gran medida… Yo creo que ante este completarme como criatura dotada de cognición se estremecieron los Cielos.

Yo creo que desde ese momento vino a mí el poder de milagros.

Había sido Dios. Yo me había hecho el Hombre.

Ahora, venciendo al animal que estaba unido a la naturaleza del hombre, he aquí que Yo era el Hombre-Dios, lo soy.

Como Dios todo lo puedo, como Hombre todo lo conozco.

Haced también vosotros como Yo si queréis hacer lo que Yo hago. Y hacedlo en memoria mía.

Aquel hombre se maravillaba de que hubiera solicitado la ayuda del Padre. Y de que le hubiera rogado que no me dejara caer en tentación…

Es decir, que no me dejara a merced de la Tentación más allá de mis fuerzas.

Creo que aquel hombre ahora que sabe, ya no se asombrará. Actuad también vosotros así, en memoria mía y para vencer como Yo.

Y no dudéis nunca, viéndome fuerte en todas las tentaciones de la vida, victorioso en las batallas de los cinco sentidos.

Del sentido y del sentimiento, sobre mi naturaleza de verdadero Hombre (la que tengo además de mi naturaleza de Dios). Recordad todo esto.

Os había prometido llevaros a donde hubierais podido conocer al Maestro…

Desde el alba de su día, un alba pura como esta que está naciendo, hasta el mediodía de su vida; aquél del cual me alejé para ir hacia mi humana tarde…

Le dije a uno de vosotros: “Yo también me he preparado”; ahora veis que era verdad.

Os doy las gracias por haberme hecho compañía en este retorno al lugar natal y al lugar penitencial.

Los primeros contactos con el mundo me habían nauseado y desilusionado; es demasiado feo. Ahora mi alma está nutrida de la médula del león:

De la fusión con el Padre en la Oración y en la soledad. 

Puedo volver al mundo para coger de nuevo mi cruz, mi primera cruz de Redentor: la del contacto con el mundo.

Con el mundo en el que demasiado pocas son las almas cuyo nombre es María, cuyo nombre es Juan… Ahora escuchad;

tú especialmente, Juan:

–      Volvemos adonde mi Madre y los amigos. Os ruego que no le habléis a mi Madre de la dureza que han opuesto al amor de su Hijo; sufriría demasiado.

Sufrirá mucho, mucho, mucho… por esta crueldad del hombre… mas no le presentemos ya desde ahora el cáliz: ¡Será muy amargo, cuando le sea dado!

Tan amargo que, como un tóxico, le bajará serpenteando a las entrañas santas y a las venas y se las morderá y le helará el corazón.

¡Oh!, ¡no digáis a mi Madre que Belén y Hebrón me rechazaron como a un perro! ¡Tened piedad de Ella! Tú, Simón, eres anciano y bueno, eres un espíritu de reflexión y sé que no hablarás.

Tú, Judas, eres judío y no hablarás por orgullo regional. Mas tú Juan, tú, galileo y joven, no caigas en el pecado de orgullo, de crítica, de crueldad. Calla.

Más tarde… más tarde a los demás les dirás cuanto ahora te ruego que calles. También a los demás. Hay ya mucho que decir de las cosas del Cristo…

¿Por qué añadir lo que es de Satanás contra el Cristo? Amigos, ¿Me prometéis todo esto?

–      ¡Oh! ¡Maestro! ¡Claro que te lo prometemos, estate seguro!

–      Gracias. Vamos hasta aquel pequeño oasis acariciado por el camino que lleva al río. Allí hay un manantial, una cisterna llena de frescas aguas, sombra y verdura.

Podremos encontrar alimento y descanso hasta el anochecer. A la luz de las estrellas nos llegaremos hasta el río, hasta el vado.

Y esperaremos a José o nos uniremos a él en el caso de que ya haya vuelto. Vamos.

Y se ponen en camino, mientras el primer arrebol en el límite del Oriente dice que un nuevo día nace.

 

32 LEVADURA DE CONVERSION


32 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Hago un llamado URGENTE a todo el mundo católico para que el próximo 9 de Agosto se lleve a cabo una jornada de ayuno y oración a nivel mundial con el rezo del rosario de mi Preciosísima Sangre y con el rezo del Exorcismo de San Miguel, de 12:00 am a 6:00 pm, pidiéndole al Padre Celestial por la protección de mis Templos, Santuarios y Lugares Santos, que están siendo destruidos y profanados por las fuerzas del Mal en este mundo.

A través del camino montañoso, Jesús va caminando con sus discípulos por una vereda serpenteante que corta la pendiente y sigue el curso del río.

Juan está rojo como la púrpura, cargado como un mozo de cuerda, con una saca grande bien llena.

Judas, por su parte, porta la de Jesús junto con la suya.

Simón lleva sólo la suya y los mantos.

Jesús viste de nuevo su túnica, la madre de Judas debe haber encargado que se la lavaran porque no tiene arrugas. Y calza sus sandalias. 

A pesar del calor y la fatiga, Juan no pierde su buen humor.

Y exclama:

–    ¡Cuánta fruta! ¡Qué hermosos viñedos hay en aquellas colinas! Maestro, ¿Este es el río en cuyas riberas nuestros padres cogieron los racimos milagrosos’

Jesús contesta:

–    No. Es el otro que está más hacia el sur. Pero toda la región es rica en sabrosas frutas.

Simón observa:

–    Ahora ya no es tan fértil aunque siga siendo bella.

Jesús aclara:

–    Muchas guerras han devastado la tierra. Aquí se formó Israel… pero para esto debió fecundarse con su sangre y la de los enemigos.

–   ¿En dónde encontraremos a los pastores?

–    A cinco kilómetros de Hebrón; en las riberas del río que me preguntaba Juan.

–   ¿Entonces es más allá de aquellas colinas?

–    Sí.

–    Hace mucho calor, Maestro. Después ¿A dónde iremos?

–    A un lugar mucho más caliente. Pero os ruego que vengáis.

Caminaremos de noche. Las estrellas son tan claras que no hay oscuridad. Os quiero mostrar un lugar…

Juan pregunta:

–   ¿Una ciudad?

–    No. Un lugar que os hará entender al Maestro; mejor tal vez que sus palabras.

Judas dice:

–    Perdimos varios días por ese incidente sin importancia. Destruyó todo…

Y mi madre que había preparado tantas cosas, ha quedado desilusionada. No sé por qué has querido retirarte hasta la purificación.

Jesús contesta:

–    Judas, ¿Por qué llamas sin importancia un suceso que fue una gracia para un verdadero fiel? ¿No querrías para ti una muerte semejante?

Había esperado toda su vida al Mesías. Cuando era anciano fue por caminos ásperos a adorarlo. Cuando le dijeron: ‘Está en…’ conservó en su corazón por treinta años, las palabras de mi Madre.

El amor y la fe lo revistieron con su fuego en la última hora que Dios le reservó. El corazón se le partió de alegría.

Se le incendió en el fuego de Dios como un holocausto agradable. ¡Qué mejor suerte que ésta!

¿Aguó la fiesta que habías preparado?… Ve en esto una respuesta de Dios.

Que no se mezcle lo que es del hombre con lo que es de Dios. Tu madre, me verá otra vez. todo Keriot puede venir al Mesías; el viejo ya no tenía fuerzas para hacerlo.

He sido feliz de haber estrechado con el corazón, al viejo padre que moría y de haber encontrado su espíritu. Y por lo demás…

¿Para qué dar escándalo con mostrar desprecio a la Ley? ¿Cómo puedo decir que sean fieles, si Yo no lo Soy?

Simón responde:

–     Creo que este es el error de nuestra decadencia. Los rabíes y los fariseos aplastan al pueblo con sus preceptos y después hacen como el que profanó la casa de Juan, que la convirtió en un burdel.

Judas aclara:

–     Es uno de Herodes.

–     Sí, Judas. Pero las mismas culpas cometen las castas que se llaman a sí mismas ‘santas’ ¿Tú qué opinas Maestro?

–     Afirmo que con tal de que haya un poco de verdadero fermento y de verdadero incienso en Israel, se hará el pan y se perfumará el altar.

–     ¿Qué quieres decir?

–     Quiero decir que si hay alguien que con recto corazón venga a la verdad. La Verdad se esparcirá como fermento en la masa de harina y como incienso en todo Israel.

–     ¿Qué fue lo que te dijo esa mujer?

Jesús no responde y se vuelve hacia Juan:

–      Pesa mucho y te cansas. Dámela.

El discípulo más joven contesta:

–     No, Jesús. Estoy acostumbrado a las cargas y luego… me lo aligera al pensar en la alegría que tendrá Isaac.

Al dar vuelta a la colina, a la sombra del bosque se encuentran con las ovejas de Elías, los pastores están bajo la sombra de un árbol, cuidándolas.

Ven a Jesús, se levantan de un salto y corren. Cuando están frente a Él,

Jesús les pregunta:

–     La paz sea con vosotros. ¿Qué hacíais?

Isaac contesta:

–     Estábamos preocupados por Ti. Por el retraso. No sabíamos si ir a tu encuentro u obedecer.

Decidimos venir hasta aquí para obedecerte y al mismo tiempo satisfacer a nuestro amor; pues debías de haber llegado aquí desde hace varios días.

–    Tuvimos que detenernos.

–   ¿Pasó alguna desgracia?

–    Ninguna, amigo. Un fiel murió en mi pecho. Sólo fue eso.

Judas interviene:

–   ¿Qué querías que sucediese pastor? Cuando las cosas están bien organizadas… 

Claro que es menester saber disponerlas y preparar los corazones para recibirlas. Mi ciudad tributó honores al Mesías. ¿Verdad, Maestro?

Jesús responde:

–   Es verdad, Isaac. Al regresar pasamos por la casa de Sara.

También la ciudad de Yuttá, sin ningún otro preparativo que el de su bondad sencilla y la verdad con la que me predicaste, logró entender la esencia de mi doctrina.

Aman con un amor práctico, desinteresado y santo. Isaac, te envían alimentos y vestidos. 

Todos contribuyeron a aumentar los óbolos de tu casa. Tómalos. No tengo dinero. Pero te traje esto que está purificado con la caridad.

–    No, Maestro. Déjalo contigo. Yo estoy acostumbrado a no tener nada.

–    Ahora tienes que ir a lugares a donde te enviaré y lo necesitarás. No es mucho pero sabrás emplearlo.

Ahora se dirige al discípulo más joven:

–     Juan, dale aquella alforja.

Y agrega mirando a Isaac: 

–     Es un regalo que está lleno de amor.

Isaac toma la alforja y va a vestirse detrás de un matorral; pues todavía está descalzo y viste su rara toga improvisada con su cobija.

Elías dice:

–     Maestro, tres días después de que te fuiste, estábamos apacentando los animales en Hebrón.

Y la mujer que estaba en la casa de Juan, nos mandó una criada con esta bolsa diciendo que quería hablar con nosotros.

La primera vez la devolví y le dije: ‘No tengo nada que escuchar’.

Luego la sirvienta regresó y dijo: ‘Ven, en el Nombre de Jesús’. Y fui… esperando que no estuviese su… el hombre que la tiene allí.

Quería saber muchas cosas, pero yo hablé con prudencia. Es una prostituta.

Tuve miedo de que fuese una trampa contra Ti. Me preguntó quién Eres; donde vives; qué es lo que haces; si eres un grande de Israel.

Le dije: ‘Es Jesús de Nazareth. Está por todas partes, porque es un maestro y va enseñando por la Palestina’

También dije que eras un hombre pobre y sencillo. Un obrero a quien ha hecho sabio la Sabiduría… no dije más.

Jesús contesta:

–     Hiciste bien.

Y simultáneamente Judas exclama:

–     ¡Has hecho mal! ¿Por qué no le dijiste que Él es el Mesías? ¡Qué es el Rey del Mundo!

¡Hay que aplastar la soberbia romana bajo el poder de Dios!

Elías explica:

–     No me hubiera entendido. Y luego… todo lo que es de Jesús, es santo

¿Cómo puedo saber lo que ella piensa? No quise poner en peligro a Jesús, hablando de más. Que el mal le venga de cualquier otro, pero no de mí.

Judas se vuelve hacia Juan:

–    Juan, vamos a decirle quién es el Maestro. A explicarle cuál es la Verdad santa.

Juan objeta:

–    Yo no. Iré solo que Jesús me lo ordene.

–   ¿Tienes miedo? ¿Qué puede hacerte? ¿Te causa asco?… El Maestro no le tuvo.

–    No es miedo ni asco. Tengo compasión de ella.

Pero pienso que si Jesús hubiera querido; se hubiera detenido a instruirla. No lo hizo. Entonces no es necesario que lo hagamos nosotros.

Elías muestra la bolsa diciendo:

–     Entonces no había señales de conversión. Pero ahora…

Judas la toma y se sienta sobre la hierba.

Closeup of gold jewelery with precious stones

Extiende su manto y abre la bolsa dejando que caiga sobre él, todo su contenido:

Es un montón de anillos, collares, gargantillas, brazaletes, aretes, pulseras, tiaras… adornadas con piedras preciosas.

Oro brillante que cae sobre el amarillo oro del vestido del apóstol.

Judas, exclama admirado:

–     Maestro, ¡Son puras joyas! ¿Qué hacemos con ellas?

Simón aconseja:

–     Se pueden vender.

Judas responde sin esconder su asombro:

–    Sería un desperdicio.

Elías explica:

–    Yo también le dije cuando las recibí: ‘Tu dueño te pegará’ y ella me respondió: ‘No son suyas. Son mías. Y puedo hacer con ellas lo que se me antoje.

Sé que es oro de pecado… Pero se hará bueno, si se emplea con quien es pobre y santo. Para que se acuerde de mí’…

Y se puso a llorar desconsoladamente.

Judas dice:

–    Ve, Maestro.

Jesús contesta rotundo:

–     No.

–    Manda a Simón.

–    No.

–    Entonces voy yo.

–    ¡No!

Los ‘no’ de Jesús, son cortantes e imperiosos.

Elías ve que Jesús está enojado y pregunta preocupado:

–     Maestro, ¿Hice mal en hablar con ella y en haber tomado el oro?

Jesús contesta:

–     No hiciste mal. Pero no hay nada que hacer.

Judas insiste:

–     Pero tal vez esa mujer quiera redimirse y tenga necesidad de ser instruida.

Jesús suspira y se arma de paciencia. Luego dice:

–    Existen en ella tantas chispas para provocar el incendio en que pueda quemarse su vicio y volver a ser un alma otra vez virgen, por el arrepentimiento.

Hace poco os hablé de la levadura que se esparce en la harina y la hace un pan santo. Oíd esta breve parábola:

Esa mujer es harina. Una harina en quién el Maligno ha mezclado sus polvos de infierno.

Mis palabras y Yo, somos la levadura.

Pero si hay mucho salvado en la harina; piedras, ceniza, arena; ¿Podrá hacerse el pan aunque la levadura sea buena?…

¡No se puede hacer!

Es necesario quitar con paciencia, ese tamo. Las cenizas, las piedritas y la arena.

La misericordia pasa y ofrece ese tamiz. El primero.

El que se compone de verdades breves; pero fundamentales, como son las necesarias para que entienda que está atrapada en la red de la ignorancia completa, del vicio y del gentilismo.

Si el alma lo acepta, empieza la primera purificación. 

La segunda viene con el tamiz del alma misma; que compara su ser con el del Ser que se le ha revelado… Y esto le da horror.

Y aquí empieza su obra.

Por medio de una operación más minuciosa, limpia lo que es harina; pero que aún tiene granitos pesados, para poder obtener un pan óptimo…

Cuando está lista; vuelve otra vez la Misericordia y se introduce en esa harina preparada.

Y también ésta es otra preparación, Judas.  Que la fermenta y la hace pan.

Pero ésta es una operación larga que necesita de la voluntad del alma.

Esa mujer tiene ya en sí, lo mínimo que era justo darle y que puede servirle para terminar su trabajo.

Dejemos que lo haga, si quiere hacerlo. Sin que nada la perturbe.

Cualquier cosa turba a un alma que se elabora: la curiosidad; celo imprudente; las intransigencias; así como las piedades excesivas.

–   ¿Entonces, no vamos?

–   No, Judas. Y para que ninguno tenga tentación, vámonos.

En el bosque aprovecharemos la sombra. Nos detendremos en las márgenes del Valle de Terebinto.

Allí nos separaremos.

Elías volverá a sus pastizales con Leví.

José vendrá conmigo hasta el paso de Jericó.

Después nos volveremos a reunir.

Tú, Isaac; continúa haciendo lo que hacías en Yutta, partiendo de aquí por Arimatea y Lidia, hasta llegar a Docco. Allí nos encontraremos.

Hay que preparar la Judea y tú ya sabes cómo hacerlo

Judas pregunta:

–   ¿Y nosotros?

Jesús contesta:

–    ¿Vosotros? Vendréis conmigo para ver mi preparación. También Yo me preparé para la misión.

–    ¿Fuiste con un rabí?

–    No.

–   ¿Con Juan?

–    De él, sólo recibí el bautismo.

–   ¿Entonces?…

–    Belén ha hablado con las piedras y los corazones.

También allá donde te llevaré Judas… un corazón, el mío. Y también las piedras, hablarán y te darán la respuesta.

Elías trae leche y pan y dice:

–   Tratamos de persuadir a los de Hebrón; pero no creen más que en Juan. Para ellos es su ‘santo’ y no quieren a nadie más.

Jesús dice:

–   Es un pecado común a muchos. Miran al obrero y no al Dueño que lo envió.

¡No importa! El Verbo sufre, pero no guarda rencor… ¡Vámonos!