140 EL AMOR ES DINÁMICO


140 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Los dos pobres se quedan.

Son una mujer muy delgada y un anciano muy viejo.

No están juntos, se han encontrado allí por azar.

Se habían quedado en un ángulo intimidados, poniendo inútilmente la mano a quienes pasaban por delante.

Ahora no se atreven a acercarse, pero Jesús va directamente hacia ellos y los toma de la mano para ponerlos en el centro del grupo de los discípulos,

bajo una especie de tienda que Pedro ha montado en un ángulo

Quizás les sirve de refugio durante la noche y como lugar de reunión durante las horas más calurosas del día: es un cobertizo de ramajes y de… mantos.

Pero sirve para su finalidad, a pesar de que sea tan bajo, que Jesús y Judas Iscariote, los dos más altos. tienen que agacharse para poder entra.  

Jesús dice:

–     Aquí tenéis a un padre y a una hermana nuestra.

Traed todo lo que tenemos. Mientras comemos escucharemos su historia.  

Y Jesús se pone personalmente a servir a los dos vergonzosos y escucha la dolorosa narración.

Ambos viven solos:

El viejo, desde cuando su hija se fue con su marido a un lugar lejano y se olvidó de su padre…

La mujer, que además está enferma, desde que su marido murió a causa de una fiebre.  

El anciano dice:

–     El mundo nos desprecia porque somos pobres.

Voy pidiendo limosna para juntar unos ahorrillos y poder cumplir la Pascua.

Tengo ochenta años. Siempre la he cumplido. Esta puede ser la última.

No quiero ir con Abraham, a su seno, con algún remordimiento. De la misma forma que perdono a mi hija, espero ser perdonado.

Quiero cumplir mi Pascua.

–     Largo camino, padre.

–     Más largo es el del Cielo, si se incumple el rito.

–     ¿Vas sólo?…

¿Y si te sientes mal por el camino?

–     Me cerrará los párpados el ángel de Dios. 

Jesús acaricia la cabeza temblorosa y blanca del anciano.   

Y pregunta a la mujer:

–     ¿Y tú?

–     Voy en busca de trabajo.

Si estuviera mejor alimentada, me curaría de mis fiebres; una vez sana, podría trabajar incluso en los campos de cereales.

–     ¿Crees que sólo el alimento te curaría?

–     No. Estás también Tú…

Pero, yo soy una pobre cosa, demasiado pobre cosa como para poder pedir conmiseración.

–     Y, si te curara, ¿Qué pedirías después?

–     Nada más.

Habría recibido ya con creces cuanto puedo esperar.

Jesús sonríe y le da un trozo de pan mojado en un poco de agua y vinagre, que hace de bebida.

La mujer se lo come sin hablar.  

Jesús continúa sonriendo.

La comida termina pronto (¡era tan parca!…).

Apóstoles y discípulos van en busca de sombra por las laderas, entre los matorrales.

Jesús se queda bajo el cobertizo.

El anciano se ha apoyado contra la pared herbosa; ahora, cansado, duerme.

Pasado un poco de tiempo, la mujer, que también se había alejado en busca de sombra y descanso, vuelve hacia Jesús…

Que le sonríe para infundirle ánimo.

Ella se acerca, tímida, pero al mismo tiempo contenta, casi hasta la tienda;

luego la vence la alegría y da los últimos pasos velozmente, para caer finalmente rostro en tierra emitiendo un grito reprimido:

–     ¡Me has curado!

¡Bendito! ¡Es la hora del temblor fuerte y no se me repite!…

Y besa los pies a Jesús.

–     ¡Estás segura de estar curada?

Yo no te lo he dicho. Podría ser una casualidad…

–     ¡No!

Ahora he comprendido tu sonrisa cuando me dabas el trozo de pan. Tu virtud ha entrado en mí con ese bocado.

No tengo nada que darte a cambio, sino mi corazón.

Manda a tu sierva, Señor, que te obedecerá hasta la muerte.

–     Sí. ¿Ves aquel anciano?

Está solo y es un hombre justo.

Tú tenías marido, pero te fue arrebatado por la muerte; él tenía una hija, pero se la quitó el egoísmo. Esto es peor.

Y, no obstante, no impreca; pero no es justo que vaya sólo en sus últimas horas. Sé hija para él.

–     Sí, mi Señor.

–     Fíjate que ello significa trabajar para dos.

–     Ahora me siento fuerte. Lo haré.

–     Ve entonces allí, encima de ese risco.

Y dile al hombre que allí está descansando, aquél vestido de gris, que venga aquí.

La mujer va sin demora y vuelve con Simón Zelote. 

Jesús indica:

–     Ven, Simón.

Debo hablarte.

Espera, mujer.

Jesús se aleja unos metros. 

Y pregunta:

–     ¿Crees que a Lázaro le supondrá alguna dificultad el recibir a una trabajadora más?  

Simón exclama:

–     ¡Lázaro!

¡Si creo que ni siquiera sabe cuántos le prestan servicio!

¡Uno más o menos…! … Pero, ¿De quién se trata?

–     Es aquella mujer.

La he curado y…

–     No sigas, Maestro.

Si la has curado, es señal de que la amas. Y lo que Tú amas es sagrado para Lázaro. Empeño mi palabra por él.

–     Es verdad, lo que Yo amo es sagrado para Lázaro; bien dices. 

Por este motivo, Lázaro será santo, porque, amando lo que Yo amo, ama la perfección.

Deseo vincular a aquel anciano con esa mujer.

Y que aquel patriarca pueda cumplir con júbilo su última Pascua.

Quiero mucho a los ancianos santos.

Y si puedo hacerles sereno el crepúsculo de la vida, me siento dichoso.

–     También amas a los niños…

–     Sí, y a los enfermos…

–     Y a los que lloran…

–     Y a los que están solos…

–     ¡Maestro mío!

¿No te das cuenta de que amas a todos, incluso a tus enemigos?  

–     No me doy cuenta, Simón; amar es mi naturaleza.

Mira, el patriarca se está despertando.

Vamos a decirle que celebrará la Pascua con una hija a su lado y sin necesidad de buscarse el pan.

Y vuelven a la tienda, donde la mujer los está esperando.

Acto seguido van los tres donde el anciano, que está sentado, atándose las sandalias. 

Jesús pregunta:

–     ¿Qué piensas hacer, padre?

–     Voy a descender hacia el valle.

Espero encontrar un refugio para la noche. Mañana pediré limosna por el camino.   

luego, abajo, abajo, abajo,…

Dentro de un mes, si no me he muerto, estaré en el Templo.

–     No.

–     ¿No debo hacerlo?

¿Por qué?

–     Porque el buen Dios no quiere.

No vas a ir solo. Esta mujer irá contigo. Te conducirá al lugar que voy a indicaros; os acogerán por amor a Mí.

Celebrarás tu Pascua, pero sin penalidades. Ya has llevado tu cruz, padre; suéltala ahora.

Y recógete en acción de gracias al buen Dios.

–     ¿Por qué esto?…

¿Por qué esto?… No… no merezco tanto… Tú… una hija…

Es más que si me dieras veinte años… ¿A dónde me quieres enviar?…

El anciano llora entre la espesura de su poblada barba.

–     Con Lázaro de Teófilo.

No sé si lo conoces.

–     Soy de la zona confinante con Siria.

¡Claro que me acuerdo de Teófilo! ¡Oh, Hijo bendito de Dios, deja que te bendiga!

Y Jesús, que está sentado en la hierba frente al anciano…

Se inclina realmente para dejar que éste le imponga, solemne, las manos sobre su cabeza.

Y pronuncie, poderoso y con voz cavernosa de anciano venerable, la antigua bendición:

«El Señor te bendiga y te guarde. El Señor te muestre su rostro y tenga misericordia de ti. El Señor vuelva a ti su rostro y te dé su paz.

Y Jesús, Simón y la mujer responden juntos:

–     Y así sea.

P ORANDO CON PODER


Enero 15 de 2021

Habla Dios Padre

Hijitos Míos, hoy os quiero hablar sobre el grandísimo favor concedido a Mi Hija Santísima, la Siempre Virgen María, el Santo Rosario.

Todas las culturas, antiguas y modernas, tienen y han tenido la necesidad de alabar, agradecer, pedir, ofrecer holocaustos y, sobre todo, amar a un dios determinado.

El alma tiene ésa necesidad intrínseca, la de buscar y tratar de hallar su espiritualidad, ya que ella tiende a lo eterno, a lo sublime, a lo que no es de la Tierra.

Toda alma encarnada sufre una transformación, está aprisionada por el cuerpo y sus debilidades.

Y así, el alma, tiene necesidad de concentrarse más en las cosas espirituales para poder vencer los desvíos, pasiones, pecado, a donde el cuerpo la quiere arrastrar.

El alma inteligente, el alma que discierne, el alma buena, va a tender a luchar por mantener ésa espiritualidad con la que bajó

Y así, el esfuerzo por mantenerse en ése estado, será grande, porque grandes son los ataques del Maligno por conquistar las almas hacia el mal.

Por lo tanto, el alma, después de discernir en la verdad, llega a la conclusión de que no hay otro camino para mantenerse en la salud espiritual,

Con el Santo Rosario Meditamos TODA LA VIDA de Jesús y el Amor del Padre, que lo envió para salvarnos… LE ARREBATAMOS LAS ALMAS A SATANÁS Y VENCEMOS EN TODAS LAS BATALLAS

que a través del alimento espiritual, el cuál consiste en la Oración y en la vida de Amor.

Mi Hijo Jesucristo, antes de instituir la Sagrada Eucaristía, daba ejemplo grandísimo de lo que la Oración significa y debe, también, significar para todos vosotros.

Las Sagradas Escrituras os lo exponen y os dicen: “Y Jesús, después de predicar se apartaba para orar al Padre”

Y también dicen: “Y Jesús se retiró a solas a orar”

Y en otro pasaje dice: “Jesús pasó toda la noche orando”, etc.

Muchos son los pasajes en los cuáles se os habla del valor de la Oración,

tanto como alimento espiritual, como ayuda a prepararse ante las pruebas fuertes y así os lo narran las Escrituras:

Cuando iba a dar comienzo a Su Vida Pública, Jesús se apartó a orar y ayunar en el desierto durante 40 días.

Cuando iba a ser apresado os dicen las Escrituras: Y Jesús se retiró, junto con Sus apóstoles, en el Huerto de los Olivos.

Y así y en muchas otras ocasiones, tanto El cómo Mi Hija, la Virgen, Madre de Mi Hijo, os enseñan cómo orar a Mí, a Su Padre.

Siempre Su oración iba dirigida a Mí y podía ser:

Oración de agradecimiento, oración de amor, oración de unión íntima, oración de petición, oración de intercesión, como la tenemos en las Bodas de Canaán.

Mi Hija intercediendo por los novios ante Su Hijo-Dios, así como todos aquellos que intercedían por algún semejante para alcanzar sanación y vida, en cuerpos y almas.

Oración de Comunión Divina, la instituir la Sagrada Eucaristía.

Su Vida era oración y así también vosotros debéis alimentar a vuestra alma, con la oración continuada a vuestro Dios, de Quién todo recibís. 

Hijitos Míos, a través de la oración humilde, sencilla, confiada, podréis obtener todo de Mi,

Recordad que os he dicho que no desperdiciéis vuestro tiempo de oración pidiendo cosas materiales superfluas,

Yo velo constantemente por vuestras necesidades básicas.

Y de vez en cuando os doy “regalitos extras” para mantener vuestro cuerpo en el mejor estado, para que podáis cumplir vuestra misión.

Cuando bajáis a la Tierra a servirMe y cuando buscáis primero Mi Reino, Yo os doy la añadidura, la cuál es la que concierne a vuestro cuerpo y sus necesidades.

Sin la Oración, hijitos Míos, no sois nada.

Tenéis lo más grande que os puedo dar, el alma, pero sin la oración ella no puede crecer 

Las almas que viven en estado de Gracia y en oración, vosotros las notáis diferentes, raras, a ojos humanos.

Debéis comprenderlas, agradecerlas y apoyarlas, porque gracias a ésas almas de oración, muchos males son detenidos y aún, anulados.

Cuánto mal se podría detener y destruir si fuerais todos almas de oración.

Viviríais el Cielo en la Tierra, porque el vivir en la oración, es vivir Conmigo y Yo Soy vuestro Cielo, Yo Soy vuestro Dios.

Mi grande Amor Me ha llevado a daros la Gracia, a través de vuestra Madre Santísima, de regalaros el Santo Rosario.

Después de la Sagrada Eucaristía, el rezo del Santo Rosario ocupa un lugar grandísimo en Nuestro Corazón.

Es a través del rezo del Santo Rosario y a la devoción de Mi Hija, la Siempre Virgen María, que una gran mayoría de los santos que conocéis, alcanzaron ésa santidad que poseen

Es a través del rezo del Santo Rosario que se han obtenido Gracias inmensas para pueblos enteros y aún para toda la humanidad.

Es a través del rezo del Santo Rosario, que el Cielo se ha acercado a la Tierra y así, con la ayuda de su rezo, la Tierra se va a purificar.

Reúne: Oración Activa, Meditación y Contemplación. Además de ACCIÓN GUERRERA por objetivos concretos; con los cuales SOMOS los guerreros de élite mas letales, contra las Huestes Infernales, comandadas por Lucifer.

No podéis apartar la devoción, el amor grandísimo que le tenéis a Mi Hija Santísima, con el rezo del Santo Rosario.

Aquellos que han sido llamados a ser Mis hijos consentidos, Mis hijos en los cuáles Yo puedo confiar más íntimamente,

han venido a través del Corazón de Mi Hija Santísima y por consiguiente, a través del rezo de Santo Rosario.

ES TAN PODEROSO SU REZO,

QUE SERÁ A TRAVÉS DE ÉL,

QUE EL MALIGNO SERÁ VENCIDO Y LUEGO ENCADENADO.

Es a través del rezo del Santo Rosario, máximo exponente de la oración, el que muchos de los acontecimientos adversos a la humanidad,

21. Porque habrá entonces una gran = tribulación, cual no la hubo = desde el principio del mundo = hasta el presente = ni volverá a haberla.
22. Y si aquellos días no se abreviasen, no se salvaría nadie; pero en atención a los elegidos se abreviarán aquellos días.

SE VAN A AMINORAR O A CANCELAR.

Es a través del rezo y devoción al Santo Rosario, que una gran cantidad de las almas actuales sobre la Tierra, se van a santificar.

Es a través del amor al Santo Rosario, que llegaréis a alcanzar al Sumo y Eterno Amor, para toda la Eternidad.

EL REZO DEL SANTO ROSARIO

ES LA ORACIÓN MÁS COMPLETA QUE EXISTE.

Sacrificáis vuestro tiempo en su rezo, para dármeLo a Mí, a través de Mi Hija.

Hacéis penitencia al rezarlo de rodillas y con toda delicadeza y amor.

Ayunáis a vuestras bajas pasiones, al permitir que sea vuestra alma la que ore en vosotros.Y así detenéis y obstruís, con vuestra concentración amorosa, las acechanzas del Enemigo.

Ofrecéis holocausto divino, al nombrar varias veces, con amor y respeto, Mi Nombre y el de Mi Hija.

CRECÉIS ESPIRITUALMENTE,

CON LA AYUDA DE MI SANTO ESPÍRITU,

AL MEDITAR CADA UNO DE LOS MISTERIOS DEL SANTO ROSARIO.

Os volvéis corredentores con Mi Hijo, al acompañarLo y viviendo, cada uno de Sus Momentos, en los Misterios que rezáis.

Me agradecéis profundamente las Gracias que recibís, al daros cuenta del regalo tan grande que habéis obtenido por la vida que os concedí.

Y por todos los méritos de Mi Hijo Jesucristo y de Mi Hija, la Virgen María, para vuestra salvación y para vuestra Gloria Eterna.

Vivís momentos místicos durante su rezo, ya que cuando lo rezáis unidos al Cielo, al Purgatorio y con vuestros hermanos sobre la Tierra,

Yo estoy en medio de todos vosotros y si Yo estoy con vosotros, Mi Vida está con vosotros.

Y ME MANIFIESTO  en vosotros y a vosotros en múltiples formas, como muchos lo habéis constatado.

EL REZO DEL SANTO ROSARIO

OS ENVUELVE DE CIELO AÚN EN LA TIERRA.

Hijitos Míos, os he dado un gran poder que no debéis desperdiciar, un gran poder al alcance de todas las edades y de todas las condiciones sociales.

Un gran poder que os alcanzará el triunfo final, si lo usáis con respeto, amor y confianza.

El poder de la Oración y el del rezo del Santo Rosario.

UNÍOS FERVIENTEMENTE A MI HIJA,

LA SIEMPRE VIRGEN MARÍA,

PARA QUE APOYADOS EN VUESTRA MADRE,

SALVÉIS AL MUNDO,

QUE AHORA PARECE ESTAR MÁS EN MANOS DE MI ENEMIGO, QUE EN MIS MANOS.

Vuestra oración sincera, humilde, amorosa, hará arder Mi Corazón en Misericordia.

Los que estamos crucificados, lo sabemos y lo EXPERIMENTAMOS…

Y sus frutos de protección y de Salvación para todas las almas, los podréis ver de inmediato.

 Hijitos Míos, os pido que abráis vuestro corazón para que Mi Amor os invada plenamente y para que seáis almas salvadoras de tantos hermanos vuestros que necesitan de su salvación.

Esto os lo digo, Mis pequeños, porque Yo, como Padre vuestro, ciertamente permito que veáis algo de lo malo que está a vuestro alrededor,

para que vuestro corazón, que está buscando Mi Amor, se apiade de estas almas de vuestros hermanos para que oréis por ellos.

Pero, también, como Padre vuestro, no os dejo ver, en profundidad, la Maldad que se ha desatado sobre el mundo. 

Y que no la soportaríais si os permitiera ver un poco de esta Maldad que se da en lo obscuro, en lo profundo, en lo escondido.

Son maldades satánicas y vosotros caeríais muertos, horrorizados, por lo que Satanás está haciendo ya entre vosotros.   

Porque hermanos vuestros, alrededor del mundo, se han donado a su Maldad y lo apoyan, como Instrumentos de Mal sobre los pueblos de la Tierra. 

Ésta Maldad que os rodea y se da así, en lo escondido, por grupos que solamente quieren la destrucción espiritual y humana de todos vosotros.

Esta Maldad puede ser destruida si vosotros oráis, Mis pequeños, como se os ha dicho.

Especialmente, viviendo en estado de Gracia, dejándoos llenar de Mi Amor 

como os dijo Mi Hija, la Siempre Virgen María, con el rezo del Santo Rosario.

Cuando vosotros producís amor, Mis pequeños, éste amor va doblegando a Satanás y le vais poniendo una valla, la cual él no puede cruzar.

LA MALDAD, CON LA QUE OS ESTÁ ATACANDO,

ES PODEROSÍSIMA

PERO NUNCA MÁS PODEROSA, QUE MI PODER DE DIOS

QUE ES EL QUE OS ESTÁ PROTEGIÉNDOOS… 

Y que está junto a vosotros cuando oráis y cuando hacéis un bien a vuestros hermanos.

Ciertamente, Satanás tiene a sus allegados, que están unidos y os quieren destruir…

Y si vosotros no os unís en el amor,

Y oráis para doblegar sus fuerzas, entonces sufriréis mucho, Mis pequeños.

Yo Soy vuestro Dios y estoy viendo perfectamente cómo se están dando estas luchas fuertes entre almas buenas y almas malas. 

 Y porque os quiero proteger, porque sois Mis hijos, os voy dando todos estos consejos, Mis pequeños,

Gracias Padre por cada marca y cada cicatríz que llevo en mi cuerpo y en mi alma, garantizando que la Lucha no ha sido fácil, pero Tú has sido mi Fortaleza…

PARA QUE VENZÁIS AL ENEMIGO… 

Recordad cómo se desarrollan las guerras, están los generales de ambos lados y con tácticas específicas, van moviendo a su ejército para tratar de destruir al opositor. 

Yo voy conociendo todos los movimientos de Satanás, los conozco de antemano

y os voy previniendo, Mis pequeños, para que os adelantéis a sus movimientos. 

Poned de vuestra parte, Mis pequeños, porque todo esto es para vuestro bien, para que no padezcáis tanto dolor,

¿QUÉ ACASO NECESITÁIS VIVIR MÁS DOLOR

Y MÁS TERROR DEL QUE YA AHORA VIVÍS,

PARA QUE ENTENDÁIS QUE MIS PALABRAS SON CIERTAS

Y MIS CONSEJOS VERDADEROS?

Entended ya, Mis pequeños, o ¿Acaso os gusta vivir en el sufrimiento y en el terror con el que os está atacando Satanás?

Venid a Mí, Mis pequeños, venid arrepentidos, entrad en oración íntima Conmigo, con vuestro Padre y vuestro Dios,

para que Yo os vaya guiando a cada uno de vosotros y os vaya uniendo como un bloque inquebrantable, durísimo, que podrá vencer toda fuerza de satanás.

Yo os ayudo, os protejo y os voy guiando, pero necesito de vuestra donación y ésta tiene que ser dentro de vuestra voluntad libre.

Os amo tanto, Mis pequeños, y no quisiera que vosotros sufrierais.

Daos pues al Amor, dejad que Mi Amor llene vuestro ser, porque con el Amor venceréis las fuerzas malvadas de Satanás.

Os he dicho que él no puede contra Mi Amor, debéis uniros en ése bloque de Amor que venga de Mí y salvad vuestra alma y la de vuestros hermanos con vuestra donación.   

Pero hacedlo ya, Mis pequeños, porque pronto está Satanás para dar su zarpazo final con el que quiere destruir vuestro mundo, vuestra vida. 

Y aunque no lo voy a permitir, sí podréis sufrir excesivamente y esto no lo quiero, Mis pequeños, porque sois débiles.

Os quiero consentir, pero actuad de Mi lado, apoyadMe con vuestra vida de amor y de donación, es una lucha muy fuerte que, ciertamente, Yo puedo soportarla Solo.

Pero sois Mi familia, Mis pequeños y quiero compartir el triunfo con vosotros, uniéndoos en ésta lucha que la estáis viviendo y que la estáis sufriendo. 

Para que entendáis la situación que estáis viviendo. imaginad que vais a una expedición en una selva que no conocéis, vais con varias personas,

pero de repente, os quedáis admirando algo que os llamó mucho la atención y no os dais cuenta que esa expedición sigue caminando y os habéis apartado de ellos.

Tardáis un rato en daros cuenta que os habéis quedado apartados del grupo, escucháis los rugidos de las fieras a vuestro alrededor.

Empieza a caer el Sol y se empiezan a hacer tinieblas a vuestro alrededor.

Empezáis a gritar desesperadamente para que os ayuden, para que vuelvan a vosotros.

Las fieras siguen rugiendo y estáis esperando que suceda algo feo en vosotros, tenéis un peligro inminente a vuestro alrededor y seguís gritando desesperadamente por ayuda.

Mis pequeños, esto es la invocación, esto es lo que se llama la invocación, que debéis tener continuamente hacia Mí, vuestro Dios.

Hace tiempo os explicaba cómo es vuestro alrededor espiritual, os dije que, si os permitiera ver espiritualmente vuestro alrededor,

a vuestra alma, cómo sois atacados continuamente por entidades satánicas, moriríais ipso facto. 

Es una realidad espiritual en la que vivís continuamente,

estáis siendo atacados continuamente por esas entidades satánicas que quieren vuestra muerte, vuestra perdición eterna.

Cuando Yo os he dado esta misión de bajar a la Tierra a servirMe, conozco perfectamente la realidad espiritual a la que vais a bajar, con la que os vais a confrontar,

Y POR ESO OS PONGO VUESTROS ÁNGELES CUSTODIOS

ADEMÁS TENÉIS NUESTRA AYUDA,

Y A LO LARGO DE VUESTRA EXISTENCIA VAIS TENIENDO MÁS ATAQUES

porque os estáis acercando al final de vuestra existencia y satanás no quiere, de ninguna forma, que vosotros regreséis al Reino de los Cielos.

 Quiero que os deis cuenta perfectamente de esa realidad espiritual que os ataca todo el tiempo y lo habéis vivido.

CON EL PECADO, ADÁN ENTREGÓ SU HERENCIA… 

Jesús la Redimió, pero… 

Los satanistas están entregando continuamente la Creación, al dominio Luciferino y vivimos en el Mundo que está dominado por el Maligno…   

Por eso es necesario que INVOQUEMOS EL AUXILIO DEL CIELO…

Y DEBIÉRAIS ESTAR CONTINUAMENTE INVOCANDO MI AYUDA

Pero os he dado el libre albedrío y vosotros mismos escogéis si queréis o no Mi ayuda o la ayuda de Mi Hija, la Siempre Virgen María. 

De Nuestra Santísima Trinidad, de algún ángel, de algún santo…

Y con esto os quiero decir, que vosotros no podéis caminar solos en el mundo.

NECESITÁIS NUESTRA PROTECCIÓN

 Al momento en que vosotros invocáis a alguien del Cielo, en ese momento se hace presente para vuestra ayuda… Pero respetaMos vuestro libre albedrío.  

Vuestra soberbia os aparta de esa ayuda cuando os creéis autosuficientes.

Y aquellos que están con Satanás también invocan su Maldad para acrecentar el Mal  sobre la humanidad entera.

Cuando grupos satánicos invocan al Enemigo y le ofrecen sangre, como lo han venido haciendo en toda la historia de la Humanidad.

Quiero que os deis cuenta perfectamente de esto, Mis pequeños, si los malos están invocando a vuestro Enemigo, a Satanás.

¡Vosotros os debéis también preocupar por cuidar vuestra alma y la de los vuestros!

LA INVOCACIÓN DEBE SER CONTINUA

Y POR ESO, MI HIJA, LA SIEMPRE VIRGEN MARÍA,

OS HA DADO EL SANTO ROSARIO

CADA AVE MARÍA ES UNA INVOCACIÓN PARA VUESTRA AYUDA

Y de esta forma, va perdiendo Satanás fuerza, porque le estáis pidiendo a Mi Hija continuamente por vuestra ayuda física y espiritual.

En vosotros está el libre albedrío, pero no estáis conscientes de la gravedad del cuidado de vuestra alma,  lo que sufre por las acechanzas del Enemigo.

Y quiero que estéis muy conscientes de esto Mis pequeños, porque a veces no podéis crecer espiritualmente por esas acechanzas que tenéis y porque no invocáis ayuda espiritual del Cielo.

Veis cómo hermanos vuestros se quejan de tanto mal en su vida, en sus relaciones, sobre todo en el amor.

Satanás lucha por quitaros el amor, Mi Amor en vuestro corazón, y del amor que debéis dar a vuestros hermanos.

Estáis viviendo una realidad espiritual, UNA LUCHA TREMENDA de poderes satánicos contra vosotros, y tenéis Mi defensa contra ellos.

Pero no la pedís y os va destrozando poco a poco Satanás por culpa vuestra, por vuestra soberbia, porque Me habéis hecho a un lado de vuestra existencia y no imploráis Mi ayuda.

No escucho de vosotros esos gritos angustiosos pidiendo Mi ayuda,

¡AYUDA DESESPERADA!

  No estáis invocando Mi Santo Nombre para protegeros de tanto Mal.

Tenéis que estar muy conscientes de esto, Mis pequeños.

Y esto se ha ido acrecentando porque son momentos ya últimos de Satanás, porque será vencido precisamente por la invocación que le estáis haciendo a Mi Hija, la Siempre Virgen María…

A TRAVÉS DEL SANTO ROSARIO

Y por eso, él aumentará todavía más su fuerza de ataque contra vosotros.

¡Ave María Purísima, sin pecado concebida! (tres veces)

INVOCAD MÁS SU SANTO NOMBRE

Invocad la Ayuda Divina de Mi Santísima Trinidad, implorad la ayuda también de los Santos Ángeles que están prestos para la batalla.

Invocad la ayuda de todas las almas del Cielo, de las almas del Purgatorio, de la oración de vuestros hermanos en la Tierra.

La lucha es muy fuerte, ciertamente Satanás ya está vencido, pero también vosotros podéis disminuir su ataque y el dolor que pueda causaros.

No solamente el mundo, sino el Universo entero está sufriendo estos dolores, porque cuando fue apartado Satanás del Cielo, cayó a la Tierra.

O sea a todos los planetas del Universo,

Y éstos están siendo afectados también por su Maldad. 

Habéis venido a traer Luz y destruir las Tinieblas que existen en vuestro mundo y en el Universo entero.

La Luz se va a dar pronto, pero la lucha se va a intensificar.

No dejéis de implorar Mi Santo Nombre, quiero escuchar que pidáis ayuda, que vea que en vosotros hay humildad y necesidad Mía, de vuestro Dios, para ayudaros,

Y PRESTO ESTARÉ PARA HACERLO 

Ayudad a vuestros hermanos, implorad por sus necesidades espirituales y aun temporales, pero os repito, la Maldad de Satanás se va a incrementar…

SALMO 120 El auxilio me viene del Señor...

Y necesitáis estar muy protegidos contra esa Maldad que se va a desatar.

Invocad continuamente Nuestra ayuda… INVOCADME MIS PEQUEÑOS y la recibiréis.

Luchemos juntos, Mis pequeños y, así, Nuestro triunfo se dará pronto y lo gozaréis inmensamente Mis pequeños. Que Mi Amor se derrame sobre vosotros y los vuestros.

Confiad en Mí, confiad en Mi Amor, confiad en Mi Misericordia, confiad en el Poder de la Oración.

Yo os bendigo en Mi Santísimo Nombre de Eterno Dios de Amor, en el de Mi Hijo Jesucristo, donación perfecta en el Amor,

en el de Mi Santo Espíritu, Voz y Guía del Amor y en el de Mi Santísima Hija, la Siempre Virgen María, donación perfecta al Amor.

EL ARMA CONTRA SATANÁS


El Rosario es la Oración católica asociada con la Batalla contra el Maligno.

Santos y papas la llamado el arma contra Satanás.

El maligno no puede soportar la oración odia que la gente rece.

Mira el video de reflexiones sobre este artículo, que está abajo.

‍Paul Thigpen en Manual para la guerra espiritual dice

“Podemos ver cuánto teme el Diablo a los que rezan, ya que no hay un momento del día en que nos tiente más que cuando estamos en oración.

Él hace todo lo posible para evitar que recemos.

Cuando el Diablo quiere hacer que alguien pierda su alma, comienza inspirando en él un profundo desagrado por la Oración.

No importa cuán bueno sea un cristiano, si el diablo logra hacer que diga mal sus oraciones o las descuide por completo, está seguro de tener a esa persona para sí mismo”.

Y el Rosario es la oración católica por excelencia.

Pío IX dijo, “Denme un ejército que diga al Rosario y yo conquistaré el mundo”.

¿Cuál es el misterio del Santo Rosario que lo hace un arma de Oración tan poderosa contra el Mal?

‍El Rosario es una oración y una meditación dirigida a la Santísima Virgen y a la Santísima Trinidad, incluyendo al Padre y a Jesucristo.

Pablo VI llamó al Rosario un compendio del Evangelio.

‍En el Rosario está unida la voluntad de Dios con la de la Madre de Su Hijo.

Y cuando rezamos el Rosario unimos esas voluntades a nuestra voluntad y a la de millones de personas que están rezando el Rosario.

Establece una cadena espiritual de millones de católicos unidos en oración, vinculando su voluntad con la de la Santísima Virgen.

Es cómo decirle “hágase tu voluntad”. Es un poderoso antídoto contra el veneno del Maligno.

San Bernardo dice que el Rosario “hace temblar al infierno y pone en fuga a los demonios”.

Alano de la Roche, el segundo promotor del Santo Rosario después de Santo Domingo, dice que ha visto muchas personas liberadas de la esclavitud de Satanás luego de rezar el Santo Rosario.

‍Incluso en casos en que habían hecho un pacto con el demonio.

Cuando estamos crucificicados junto con Cristo, nuestra intercesión ES PODEROSÍSIMA Y DEVASTADORA CONTRA SATANÁS…

EL ROSARIO ES UN ARMA

El Rosario es una experiencia espiritual interesante, nos lleva a comprender el evangelio, a darnos paz, es útil para pedir sanaciones y otras intenciones,

es muy importante para nuestra conversión y para poner fuego a nuestra devoción.

‍Pero también es un escudo contra el Mal.

Y más que un escudo, es un arma poderosa contra el Maligno.

Hay miles de testimonios que demuestran como el Rosario es un arma contra el Mal.

Tanto por el lado de las declaraciones que les han sido arrancadas a los demonios en exorcismos, cómo superando las insidias del demonio en la vida diaria y en la historia.

Hay infinidad de prodigios realizados por el rezo del santo Rosario, entre ellos permitir qué los cristianos ganaran batallas decisivas contra los enemigos.

Especialmente contra los musulmanes.

El ejemplo más directo que tenemos sobre su poder, son las declaraciones del demonio bajo presión en los exorcismos.

En el exorcismo de Anneliese Michel se le obligó al demonio a contestar a qué le tenía más miedo.

Y éste contestó diciendo que a lo que le tiene más miedo es al Rosario, porque “es una poderosa arma contra Satanás y todos los demonios”.

En otros exorcismos, los demonios han dicho que el Rosario los quema, los aplasta.

‍Y es común que los exorcistas saquen gritos de dolor y terror de los posesos cuando le ponen el Rosario al poseso sobre su cuerpo.

“¡Llévatelo, sácalo! No ves que me está aplastando. Mis intestinos están saliendo.”

Un colega del Padre Gabriele Amorth sintió que el maligno le dijo

“Cada Ave María es como un golpe en mi cabeza. Si los cristianos supieron lo poderoso que es el Rosario, sería mi fin”.

Esto está relacionado con él miedo que le tienen los demonios a la Santísima Virgen.

‍En los exorcismos los demonios han dicho que el poder de la Santísima Virgen es su humildad, su pureza, su obediencia a Dios; que es todo lo contrario a lo que son los demonios.En una ocasión un demonio llegó a decirle al padre Amorth:

“Tengo más miedo cuando dices el nombre de la Virgen, porque me siento más humillado por haber sido golpeado por una criatura simple, que por Él…”

Y además admitió que Ella siempre lo derrota porque no tiene ninguna mancha de pecado.

El padre Pellegrino Ernetti ha escrito un libro llamado La Catequesis de Satanásdónde pública cosas que ha dicho el demonio en exorcismos.

Entre ellas ha dicho que el Rosario es

“Como un martillo que me parte la cabeza.

Es la invención de los cristianos falsos que no me obedecen porque siguen a esa “zorra”.

La zorra para el demonio en la Santísima Virgen.

“El lugar de escucharme a mí que reino en todo el mundo estos falsos cristianos van a rezar a esa mujerzuela, mi primer enemigo.

¡Oh qué mal que hacen! mientras lloraba.”

A la pregunta sobre cuál es el mayor triunfo de Satanás, contestó el padre Amort: “Que consigue hacer creer que no existe. 

Y casi lo ha conseguido. Incluso dentro de la Iglesia. Tenemos un clero y un episcopado que han dejado de creer en el demonio, en los exorcismos, en los males extraordinarios que puede causar el diablo.

Y ni siquiera en el poder, que nos ha dado Jesús, de expulsar a los demonios.

Desde hace tres siglos, la Iglesia Latina -al contrario de la Ortodoxa y de varias denominaciones Protestantes- ha abandonado casi, completamente, el ministerio del exorcismo.

Al no practicar los exorcismos, al no estudiarlos y no haberlos visto nunca, el clero ya no cree en ellos. Pero, ni siquiera, cree en el diablo.

Tenemos episcopados enteros que se muestran hostiles a los exorcismos.

Hay países en los que no existe ni siquiera un solo exorcista, como Alemania, Suiza y Portugal. Una carencia aterradora”
Veamos cómo relata el padre Amorth su desencuentro con el cardenal que heréticamente niega la existencia del demonio:
—Buenos días, eminencia, soy el padre Gabriel Amorth. Soy sacerdote paulino. Vivo en Roma. Soy también el exorcista oficial de la…
—Sé quién es usted. He oído hablar de usted. Por favor, ¿qué desea?
—Necesitaría dialogar con su eminencia.
—¿Con qué fin?
—Pues bien, he formado una asociación de exorcistas. Nos reunimos en Roma para debatir y ayudarnos. Ha de saber que en el mundo somos en realidad muy pocos.
—Escuche, ahora no tengo tiempo. Si quiere puede venir a mi casa mañana. Así me dice lo que desea. Hasta luego.
El cardenal da por terminada la conversación telefónica de manera más bien brusca. O al menos así me lo parece.

Algo me dice que no le soy simpático. Intuyo el motivo de esto. ES PORQUE SOY EXORCISTA.

El padre Amorth también cuenta un caso que él escuchó cuando estaba en entrenamiento con el padre Cándido, famoso exorcista de Roma

“Estábamos orando, el Rosario cuando tomada por Satanás, Giovanna rompe el Rosario en pedazos, siseando:

Tú y tu devoción, como de ancianas.

Cándido pone un gran Rosario alrededor de su cuello, pero Giovanna no puede soportarlo y tuerce su cuello y su cabeza en todas direcciones, jadeando furiosamente:

¿Cómo… tienes miedo de la devoción de las ancianas? le desafió el P. Candido.

Satanás responde: gritando, Él me gana.

El Padre le insta: Te atreviste a ofender el Rosario de María, ahora tienes que alabarla.

En el nombre de Dios, responde: ¿Es poderoso el Rosario?

Es poderoso en la medida en que funciona bien.

¿Cómo lo recitas bien?

Debemos saber cómo contemplar.

¿Qué cosa es contemplar?

Contemplar es adorar.

¡Pero María no puede ser adorada!

María es Sagrario Viviente del Dios Vivo

Es verdad, sí, pero es adorable (?!).

Y tomando con gracia entre sus dedos una cuenta del Rosario dice:

Cada grano es una luz, debe decirse tan bien que ni una gota de esta luz se pierda.

¡Un extraño predicador que, contra la voluntad y contra sí mismo, ha tenido que admitir el poder del Rosario!”

En otro exorcismo sucedió este diálogo también

“Exorcista: en nombre de Santa Gemma Galgani, de Santa Teresa del Niño Jesús, de Santa María Goretti, ¿qué debemos hacer para ganarte y salvar nuestras almas?”

Lucifer: ¡Noooooo! ¡No quiero hablar!

Eso ahí arriba me obliga a responderte.

La oración del Rosario, esa maldita corona que tantas almas nos arranca, es muy poderosa contra nosotros, es un martillo que nos aplasta”.

Con tu Rosario Madrecita, convertido en la Red Divina de la salvación, te entrego con cada Ave María, LAS ALMAS DE…

OTROS TESTIMONIOS

San Bernardo dice que el Rosario hace temblar al Infierno porque persigue a los demonios.

Sor Lucía de Fátima dice,

“Hay que dar más espacio al Rosario.

Con el Rosario se pueden superar todos los obstáculos que Satanás quiere crear en la Iglesia Católica.

Todos los sacerdotes en particular deben rezar el Rosario.

El Rosario deberá ser recitado con sus corazones y con alegría, no debería ser solo un deber”.

En las apariciones de la Virgen María en Akita se dijo:

“Jesús y yo queremos salvar el mundo, pero es necesario que los cristianos recen mucho, sobre todo recitar el Rosario y la Coronilla de la Divina Misericordia.

En cada iglesia se debe rezar el Rosario junto con el cura después de la Misa.

Con el Santo Rosario Meditamos TODA LA VIDA de Jesús y el Amor del Padre, que lo envió para salvarnos… LE ARREBATAMOS LAS ALMAS A SATANÁS Y VENCEMOS EN TODAS LAS BATALLAS

Con la recitación del Rosario, Satanás será derrotado.

Recita el Rosario todos los días para la conversión de los pecadores”.

A la vidente Patricia Talbot le ha dicho la Santísima Virgen:

“El Rosario es la oración del cielo, yo misma he venido a pedirla.

Con ella se llega a descubrir las trampas de mi oponente, se descubren muchos de sus engaños, defiende de muchos peligros, los libra del mal.

Y te acerca más y más a Mí para que Yo pueda ser tu guía y tu protección”.

Nuestra Señora dijo a Don Stefano Gobbi:

“Tómalo en tus manos, agarra el Rosario, el arma que va a ganar el mundo a la oscuridad.

Haz apóstoles del Rosario.

Cada alma que reza une cada Ave a mis intenciones.

En la adversidad y en la tentación, no te rindas al desaliento.

La práctica de la confesión y la recitación del Rosario son las armas más efectivas contra el maligno”.  

La Señora dijo a Marie-Claire Mukangango, vidente de las   apariciones de Kibeho:

“El Rosario es un regalo maravilloso de la Virgen para la humanidad.

Esta oración es la síntesis de nuestra fe, el apoyo de nuestra esperanza, la explosión de nuestra caridad…

Es un arma poderosa para poner al demonio en fuga, para vencer las tentaciones, para ganar el Corazón de Dios, para obtener gracias de Nuestra Señora.  

Ama y haz amar a Nuestra Señora.

Reza y haz rezar el Rosario. Este es mi testamento espiritual”.  

En Medjugorje la Reina de la Paz siempre anima a rezar los misterios del Rosario.

En su mensaje del 25 de julio de 1985, se dirigió a los sacerdotes en particular, para recordarles como pastores, de este poderoso medio de lucha espiritual:

“¡Los invito a todos a decir el Rosario!

Con el Rosario conquistarán todos los males que Satanás pretende infligir ahora a la Iglesia Católica.

¡Que los consagrados recen el Rosario!

¡Dediquen tiempo a la recitación del Rosario!”

Unos meses más tarde, el 8 de agosto, exhortó:

Queridos hijos, hoy los invito de manera especial a la lucha contra satanás por medio de la oración.

Satanás desea actuar con más fuerza ahora que conocen su actividad.

A satanás hay que derrotarlo con el Rosario en su mano”

Y también agregó el 25 de febrero de 1988,

Si oras, Satanás no puede lesionarte aunque sea un poco, ya que son hijos de Dios y Él mantiene su mirada en ti.

¡Ora! Que la corona del Rosario siempre esté en tus manos, como una señal para que satanás sepa que me perteneces”.

Como las indicaciones de María no fueron tomadas muy en serio y no puestas en práctica, ella dio a sus hijos el 25 de enero de 1991, un consejo maternal:

“Satanás es fuerte y desea destruir no solo la vida humana, sino también la naturaleza y el planeta en el que vives…

Dios me ha enviado entre ustedes para ayudarlos…

Si quieren, agarren el Rosario, el Rosario puede hacer milagros en el mundo y en su vida”.

FAMOSO CASO DE POSESIÓN DIABÓLICA EXORCIZADA POR SANTO DOMINGO

A Santo Domingo le fue traído un albigense cuando estaba predicando en Carcassone.

‍Lo habían poseído 15.000 demonios porque había atacado los 15 misterios del Rosario.

‍En el exorcismo Santo Domingo obligó a hablar a los demonios, quienes dijeron que Santo Domingo había introducido el miedo y el horror en las profundidades del Infierno,

debido a las almas que les estaba arrebatando con la devoción al Santo Rosario.

En el exorcismo Santo Domingo le puso el Rosario alrededor del cuello y pidió a los demonios que le dijeran quién era el más temido para ellos entre los santos del cielo.

Se oyeron gritos de terror entre el poseso y la gente que estaba mirando.

Los demonios dentro del poseso le pidieron que tuviera piedad por ellos y que no aumentara sus Dolores.

‍Santo Domingo no se conmovió y dijo que no los dejaría en paz hasta que respondieran su pregunta.

Los demonios le dijeron que la contestarían pero no en voz alta sino susurrándole al oído a Santo Domingo.

Pero este insistió que la respuesta debía ser clara y en voz alta.

‍A lo que los demonios se llamaron a silencio.

Entonces Santo Domingo se arrodilló y oró a Nuestra Señora diciendo:

“¡Oh, poderosa y maravillosa Virgen María, te imploro por el poder del Santísimo Rosario!, ordena a estos enemigos de la raza humana que me respondan”.

Inmediatamente de esta oración brotó de las orejas y las fosas nasales y la boca del poseso una llamarada ardiente,

y llorando dijo,

“Domingo, te rogamos, por la pasión de Jesucristo y por los méritos de Su Santa Madre y de todos los santos, dejemos el cuerpo de este hombre sin hablar más.

Porque los ángeles responderán a tu pregunta siempre que lo desees.

Después de todo, ¿No somos mentirosos?

Entonces, ¿Por qué querrías creernos?

Por favor, no nos tortures más; ten piedad de nosotros.”

Ante esto, Santo Domingo se arrodillo de nuevo y oró a Nuestra Señora diciendo,

“Oh, digna Madre de la Sabiduría, estoy orando por la gente reunida aquí que ya aprendió a pronunciar correctamente el Saludo Angélico.

Por favor, te lo ruego, obliga a tus enemigos a proclamar toda la verdad y nada más que la verdad sobre esto, aquí y ahora, ante la multitud”.

Inmediatamente se apareció la Santísima Virgen rodeada de una multitud de ángeles y golpeó con una vara de oro al poseso.

Y le dijo “contesta a Mi siervo Domingo de inmediato”.  

Y de inmediato se oyó decir al poseso:

“Oh tú, que eres nuestra enemiga, nuestra caída y nuestra destrucción, ¿Por qué has venido del cielo solo para torturarnos tan gravemente?

Oh, abogada de los pecadores, tú que los arrebatas de las mismas fauces del infierno, tú que eres el sendero muy seguro al cielo, debemos nosotros, a pesar de nosotros mismos,

decir toda la verdad y confesar ante todos quién es la causa de nuestra vergüenza y nuestra ruina.

¡Ay de nosotros, príncipes de las tinieblas!

Entonces escuchen bien, ustedes, cristianos: la Madre de Jesucristo es todopoderosa y puede salvar a sus siervos de caer en el infierno.

Ella es el Sol que destruye la oscuridad de nuestras astucias y sutilezas.

Es Ella quien descubre nuestras tramas ocultas, rompe nuestras trampas y hace que nuestras tentaciones sean inútiles e ineficaces.

Tenemos que decir, aunque a regañadientes, que ni una sola alma que realmente haya perseverado en Su servicio ha sido alguna vez condenada con nosotros.

Un solo suspiro que ella ofrece a la Santísima Trinidad vale mucho más que todas las oraciones, deseos y aspiraciones de todos los santos.

Le tememos más que a todos los demás santos en el cielo juntos y no tenemos éxito con sus fieles sirvientes.

Muchos cristianos que la invocan cuando están en la hora de la muerte y que realmente deberían ser condenados, de acuerdo con nuestros estándares ordinarios, son salvados por su intercesión.

Oh, si tan solo esa María (así es en su furia la llamaron) no hubiera puesto su fuerza contra la nuestra y no hubiera trastornado nuestros planes,

deberíamos haber conquistado la Iglesia y haberla destruido mucho antes de esto.

Y nos hubiéramos dado cuenta de que todas las Órdenes en la Iglesia cayeron en el error y el desorden.

Ahora que estamos obligados a hablar también debemos decirte esto: 

Nadie que persevere en decir el Rosario será condenado, porque Ella obtiene para sus siervos la gracia de la verdadera contrición por sus pecados y por medio de esto obtienen el perdón y la misericordia de Dios.”

Luego Santo Domingo pidió a los presentes que rezaran el Rosario con gran devoción.

Y en cada Ave María que el pueblo decía un gran grupo de demonios salía del cuerpo del poseso.

Luego de lo cual una gran cantidad de albigenses se unieron a la Cofradía del Santísimo Rosario.

139 LA ORACIÓN Y EL AYUNO


139 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Haceos un corazón humilde y puro, amoroso, confiado, sincero.

Amad a Dios con el púdico amor que siente una virgen hacia su prometido.

En verdad os digo que toda alma es virgen prometida al eterno Amante, a Dios nuestro Señor…  

Esta tierra es el tiempo del noviazgo, tiempo en que el ángel custodio otorgado a cada hombre espiritual paraninfo.  

Y todas las horas y las contingencias de la vida son otras tantas doncellas que preparan el ajuar nupcial. 

La hora de su muerte es la hora de la boda, es entonces cuando viene el conocimiento, el abrazo, la fusión,

es entonces cuando, vestida ya de esposa cumplida, el alma puede alzar su velo y echarse en brazos de su Dios,

sin que por amar así a su Esposo pueda inducir a otros al escándalo.

Pero por ahora, ¡Oh, almas sacrificadas aún en el vínculo del noviazgo con Dios!   

ORACIÓN CON EL CARISMA DE PROFECÍA

Cuando queráis hablar con vuestro Prometido, entrad en la paz de vuestra casa, sobre todo en la paz de vuestra morada interior.  

Y hablad, cual ángeles de carne acompañados por sus ángeles custodios, al Rey de los ángeles.

Hablad a vuestro Padre en el secreto de vuestro corazón y de vuestra estancia interior; dejad afuera todo lo que sea mundo:

El frenesí de ser notados, de edificar; los escrúpulos de las largas oraciones sobresaturadas de palabras,

pero monótonas, tibias, mortecinas en cuanto al amor.

¡Por favor, liberaos de prevenciones cuando oréis!

En verdad, hay algunos que derrochan horas y horas repitiendo sólo con los labios un monólogo (un verdadero soliloquio porque ni siquiera el ángel custodio lo escucha,

pues en efecto es un gran rumor vano que el ángel trata de remediar abismándose en ardiente oración en favor de este hombre necio que le ha sido encomendado.

En verdad, hay algunos que no utilizarían de forma distinta esas horas ni aunque Dios se les apareciera y les dijese:

“La salud del mundo depende de que dejes esta parola sin alma para ir simplemente a sacar agua de un pozo y verterla en la tierra por amor a mí y a tus semejantes”. 

En verdad, hay algunos que consideran más valioso su monólogo que el acto cortés de recibir en modo acogedor una visita.

O que el acto caritativo de socorrer a un necesitado:

Son almas que han caído en la idolatría de la oración.

La oración es acción de amor.

Ahora bien, se puede amar tanto rezando como haciendo pan, tanto meditando como asistiendo a un enfermo,

tanto realizando un peregrinaje al Templo como atendiendo a la familia,

tanto sacrificando un cordero como sacrificando nuestros deseos -justos – de recogernos en el Señor.

Basta con que uno empape todo sí mismo y toda acción suya en el amor.

¡No tengáis miedo! El Padre ve las cosas.

El Padre comprende. El Padre escucha. El Padre concede.

¡Cuántas gracias se reciben por un solo, verdadero, perfecto suspiro de amor; cuánta abundancia, por un sacrificio íntimo hecho con amor!

No seáis como los gentiles.

Dios no necesita que le digáis lo que debe hacer “porque lo necesitáis”.

Eso pueden decírselo los paganos a sus ídolos, que no pueden comprender…  

Pero no vosotros a Dios, al verdadero, espiritual Dios que no es sólo Dios y Rey;

sino que además es vuestro Padre y sabe, antes de que se lo pidáis, de qué tenéis necesidad.

Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá.

Porque todo el que pide recibe, quien busca encuentra, a quien llame se le abrirá.

Cuando vuestro hijo os tiende su manita diciéndoos: “Padre, tengo hambre”, ¿Acaso le dais una piedra?,

¿Le dais una serpiente, si os pide un pez?

No; es más, no sólo le dais el pan y el pescado, sino que además le hacéis una caricia y lo bendecís,

pues a un padre le resulta dulce alimentar a su hijo y verlo sonreír feliz. 

Pues si vosotros, que tenéis un corazón imperfecto, sabéis dar buenos dones a vuestros hijos sólo por el amor natural, que también lo posee el animal hacia su prole…

¡Cuánto más vuestro Padre que está en los Cielos concederá a quienes se lo pidan las cosas buenas y necesarias para su bien!

¡No tengáis miedo de pedir, ni tampoco de no obtener!

Pero quiero poneros en guardia contra un fácil error:

Entre los creyentes hay paganos cuya religión es un amasijo de supersticiones y fe.

Un edificio profanado en el que han echado raíces hierbas parásitas de todo tipo, hasta el punto de que éste se va desmoronando y al final se derrumba.

Son paganos de la religión verdadera, débiles en la Fe y el amor, que sienten que su fe muere cuando no se ven escuchados.

Pues bien, no hagáis como ellos.

Sucede que pedís en un momento dado, y os parece justo hacerlo.

La verdad es que para ese momento no sería injusta tampoco la gracia pedida, pero la vida no termina en ese momento y lo que es bueno hoy puede no serlo mañana. 

Pero vosotros, conociendo sólo el presente – lo cual es también una gracia de Dios – esto lo desconocéis.

Sin embargo, Dios conoce también el futuro,…

Y muchas veces no satisface una oración vuestra para ahorraros una pena mayor.

En este año de vida pública, más de una vez he oído corazones,

que referían haberse quejado de cuánto habían sufrido cuando no se habían sentido escuchados por Dios,

pero que luego habían reconocido que ello significó un bien porque la gracia en cuestión les habría impedido alcanzar posteriormente a Dios.

A otros les he oído decir y decirme a Mí -:

“Señor, ¿Por qué no respondes a mi súplica?; con todos lo haces, ¿Por qué conmigo no?”.

Y no obstante, a pesar del dolor que me producía el sufrimiento que veía,

A Pedro le negó la paternidad en su matrimonio…

He tenido que decir: “No puedo”.

Porque haber condescendido a su petición habría significado poner un estorbo a su vuelo hacia la vida perfecta.

Incluso el Padre -también a veces dice: “No puedo”

No porque no pueda cumplir inmediatamente ese acto, sino porque no quiere hacerlo, dado que conoce las consecuencias que se seguirían.

Escuchad: un niño tiene sus entrañas enfermas.

La madre llama al médico y éste dice: “Necesita ayuno absoluto”.

El niño se echa a llorar, grita, suplica, parece languidecer.

La madre, compasiva siempre, une sus lamentos a los de su hijo. 

Le parece una crueldad del médico esa prohibición absoluta, le parece que el ayuno y el llanto pueden perjudicar a su hijo…

Y a pesar de todo, el médico se muestra inexorable. 

Al final dice: “Mujer: yo sé; tú, no. ¿Quieres perder a tu hijo o que te lo salve?”.

La madre grita: “¡Quiero que viva!”.

“Pues entonces – dice el médico – no puedo conceder alimento… significaría la muerte.”

Pues bien, lo mismo dice el Padre algunas veces.

Vosotros, madres compasivas respecto a vuestro yo, no queréis oírlo llorar por no haber recibido una gracia; sin embargo,

Dios dice: “No puedo. Te perjudicaría”.

Llegará el día, o la eternidad, en que se dirá:

“¡Gracias, Dios mío, por no haber escuchado mi estupidez!”.

Lo que he dicho respecto a la oración, lo digo respecto al ayuno.

Cuando ayunéis, no pongáis aspecto melancólico, como hacen los hipócritas, que con arte deslucen su rostro para, que el mundo sepa y crea – aunque no sea verdad – que ayunan.

Estos también han recibido ya, en la alabanza del mundo, su compensación; no recibirán ninguna otra.

Vosotros, por el contrario, cuando ayunéis, poned expresión alegre, lavaos con esmero la cara para que se vea fresca y sedosa, ungíos la barba, perfumaos el pelo.  

Presentad esa sonrisa en los labios propia de quien ha comido bien:

¡Verdaderamente no hay alimento que sacie tanto como el amor!

¡Y quien ayuna con espíritu de amor, de amor se nutre!

En verdad os digo que, aunque el mundo os llame “vanidosos” o “publicanos”, vuestro Padre verá vuestro secreto heroico y os recompensará doblemente… 

Por el ayuno y por el sacrificio de no haber recibido alabanza.

Y ahora, nutrida el alma, id a dar alimento al cuerpo.

Y señalando a dos personas entre sus oyentes,

Jesús dice a sus apóstoles:

–     ‘Aquellos dos pobres que se queden con nosotros:

Serán los benditos huéspedes que darán sabor a nuestro pan.

La paz sea con vosotros.

138 SOBRE EL JURAMENTO


138 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Sigue el discurso de la Montaña.

El mismo lugar, la misma hora, la misma muchedumbre. 

Aunque quizás haya más gente:

Porque hay muchos incluso donde empiezan los senderos que conducen al valle.

El romano no está.

Jesús habla:

–     Uno de los errores que comete fácilmente el hombre es la falta de honestidad, incluso consigo mismo.

Dado que el hombre difícilmente es sincero y honesto, por propia iniciativa se ha puesto un bocado para sentirse obligado a ir por el camino elegido.

Pero he aquí que él mismo, cual indómito caballo, pronto descoloca el bocado, para hacer lo que más cómodo le resultare,

sin pensar en la reprensión que pudiera recibir de Dios, de los hombres o de su propia conciencia.

Este bocado es el juramento.

Pero entre los hombres honestos no es necesario el juramento.

Y Dios, de por sí, no os lo ha enseñado.

Antes al contrario, ha encargado deciros, sin más: “No pronuncies falso testimonio”.

El hombre debería ser franco. No debería tener necesidad de ninguna otra cosa aparte de la fidelidad a su palabra.

El Deuteronomio, a propósito de los votos – incluso de los votos que provienen de un corazón que se supone fundido con Dios por sentimiento de necesidad o gratitud -, dice:

“Debes mantener la palabra salida una vez de tus labios, cumpliendo lo que has prometido al Señor tu Dios, todo lo que de propia voluntad y con tu propia boca has dicho”.

Siempre se habla de palabra dada, sólo de palabra dada, sólo la palabra.

Pues bien, quien siente necesidad de jurar denota que se siente inseguro de sí mismo y del concepto que el prójimo pueda tener de él.

De la misma forma que quien hace jurar testifica su desconfianza acerca de la sinceridad y honestidad de quien jura. 

Así, como podéis ver, esta costumbre del juramento es una consecuencia de la deshonestidad moral del hombre.

Es, además, una vergüenza para el hombre, doble vergüenza porque el hombre no es ni siquiera fiel al juramento, que ya de por sí es cosa vergonzosa.

Y burlándose de Dios con la misma ligereza con que se burla del prójimo, acaba perjurando con pasmosa ligereza y tranquilidad.

¿Podrá haber criatura más abyecta que el perjuro?

¡Éste, usando a menudo una fórmula sagrada, llamando por tanto a ser cómplice y garante a Dios…

O invocando a los seres más amados (el padre, la madre, la esposa, los hijos, los propios difuntos, la propia vida con sus más preciosos órganos…) 

como apoyo de su falso testimonio, induce a su prójimo a creerle, con lo cual le engaña.

Un hombre así es sacrílego, ladrón, traidor, homicida.

¿De quién? Pues de Dios, porque mezcla la Verdad con la infamia de su mentira y malignamente, se burla de Dios.

Y lo desafía diciendo: “Caiga tu mano sobre mí, desmiénteme, si puedes.

estás allí, yo aquí, y me río”.  

¡Ah!, ¡bien! ¡Reíos, reíos, embusteros, vosotros que os burláis!..

Que día llegará en que no reiréis, cuando Aquel en cuyas manos todo poder ha sido depositado aparezca ante vosotros con terrible majestad y sólo con su aspecto os haga temblar.

Bastarán sus miradas para fulminaros, antes de que su Voz os precipite en vuestro destino eterno marcándoos con su maldición.

Un hombre así es un ladrón, porque se apropia de una estima inmerecida.

El prójimo, impresionado por su juramento, le otorga esta estima.

Y la Serpiente se engalana con ella fingiéndose lo que no es.

Es además un traidor, porque con el juramento está prometiendo algo que no tiene intención de mantener.

Es un homicida, porque mata el honor de un semejante, arrebatándole con el juramento falso la estima del prójimo…

O la propia alma, pues el perjuro es un abyecto pecador ante los ojos de Dios, que ven la verdad aunque ningún otro la viera.  

A Dios no se le engaña ni con falsas palabras ni con hipócritas acciones.

Él ve, no pierde de vista, ni por un instante, a cada uno de los seres humanos,

y no existe fortaleza amurallada o profunda bodega donde no pueda penetrar su mirada.

Incluso en vuestro interior – esa propia fortaleza dentro de la que todo hombre tiene su corazón – entra Dios, y os juzga NO por lo que juráis sino por lo que hacéis.

Por ello sustituyo la orden dada a los antiguos:

“No perjures; antes al contrario, mantén tus juramentos”

(cuando el juramento recibió plena vigencia para poner freno a la mentira y a la facilidad de faltar a la palabra dada).

La sustituyo por otra y os digo: “No juréis nunca”.

No juréis por el Cielo, que es trono de Dios, ni por la Tierra, que es escabel para sus pies,

ni por Jerusalén y su Templo, que son ciudad del gran Rey y la Casa del Señor nuestro Dios.

No juréis ni por las tumbas de los difuntos ni por sus espíritus: las tumbas están llenas de restos de lo que en el hombre es inferior y común con los animales;

en cuanto a los espíritus, dejadlos en su morada.   

Si son espíritus de justos, que ya viven en estado de precognición de Dios, no hagáis que sufran y se horroricen. Aunque sea precognición, o sea, conocimiento parcial

(porque hasta el momento de la Redención no poseerán a Dios en su plenitud de esplendor), no pueden no sufrir al veros pecadores.

Si no son justos, no aumentéis su tormento al recordar su pecado por el vuestro. Dejadlos, dejad a los muertos:

a los santos, en la paz; a los no santos, en sus penas. No arrebatéis nada a los primeros, no añadáis nada a los segundos.

¿Por qué apelar a los difuntos? No pueden hablar: los santos, porque su caridad lo impide – deberían desmentiros demasiadas veces–;

los réprobos, porque el Infierno no abre sus puertas, y ellos no abren sus bocas sino para maldecir, y toda voz suya queda sofocada por el odio de Satanás y de los demonios, pues los réprobos son demonios.

No juréis ni por la cabeza del propio padre, ni de vuestra madre o esposa, ni por la cabeza de vuestros inocentes hijos; no tenéis derecho a hacerlo.

¿Son, acaso, moneda o mercancía; firma sobre papel?

Pues son más y menos que esto.  

Son sangre y carne de tu sangre, ¡Oh, hombre!; pero también son criaturas libres. 

Y no puedes usarlas como esclavas para que avalen un testimonio falso tuyo.

Al mismo tiempo, son menos que una firma tuya, porque tú eres inteligente, libre y adulto,

no una persona bajo interdicto o un niño que no sabe lo que hace y que debe ser representado por sus padres.

Tú eres tú: un hombre dotado de razón, por tanto responsable de tus acciones.    

Y debes actuar autónomamente, poniendo como aval de tus acciones y palabras tu honradez y sinceridad, la estima que tú has sabido suscitar en el prójimo;

no la honestidad y sinceridad de los padres o la estima que ellos han sabido suscitar.

¿Los padres son responsables de los hijos? Sí, pero sólo mientras son menores de edad; después, cada uno es responsable de sí mismo.

No siempre nacen justos de justos, o siempre un hombre santo está casado con una mujer santa.

¿Y entonces, por qué usar como base de garantía la justicia del cónyuge?

Del mismo modo, de un pecador pueden nacer hijos santos.

Mientras son inocentes, son todos santos.

¿Y entonces, por qué invocar a una persona pura para un acto vuestro impuro, cual es el juramento que ya con antelación se piensa violar?  

Ni siquiera por vuestra cabeza juréis, ni por vuestros ojos, o la lengua o las manos.

No tenéis derecho a hacerlo.

Todo cuanto tenéis es de Dios; vosotros no sois sino los custodios temporales de ello, administradores de los tesoros morales o materiales que Dios os ha concedido.

¿Por qué hacer uso, entonces, de lo que no os pertenece?

¿Podéis, acaso, añadir un cabello a vuestra cabeza, o cambiar su color?

¿Por qué, si no podéis hacerlo, usáis la vista, la palabra, la libertad de los miembros, para respaldar un juramento?

No desafiéis a Dios; podría cogeros la palabra y secar vuestros ojos como puede secar también vuestros huertos y arboledas. 

O arrancaros los hijos como puede arrebataros la casa, para recordaros que Él es el Señor y vosotros los súbditos.

Y que incurre en maldición aquel que se idolatra hasta el punto de considerarse a sí mismo más que Dios al desafiarlo mi mintiendo.

Decid: “si’> “SÍ”; “no”, “NO”. Nada más.

Si hay más es que os lo ha sugerido el Maligno; y además para reírse de vosotros, pues no podréis retener todo y caeréis, por tanto, en mentira.

Y seréis objeto de las burlas de los demás y conocidos por embusteros.

Sinceridad, hijos, en la palabra y en la Oración.

137 PRECEPTO DE LA PERFECCIÓN


137 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Sigue el discurso de la Montaña.

El lugar y la hora son los mismos, pero ha aumentado el número de personas.

Retirado en un ángulo, junto a un sendero, como si quisiese oír sin suscitar repugnancias en la multitud, hay un romano. (es Publio Quintiliano)

Lo distingo por la túnica corta y el manto, que es distinto.

Todavía están Esteban y Hermas.

Jesús se dirige lentamente hacia su puesto y reanuda su discurso:

«De lo que os dije ayer no debéis concluir que haya venido a abolir la Ley. No.

Lo único que pretendía era – puesto que soy el Hombre y comprendo las debilidades del hombre – animaros a seguir la Ley,

para lo cual orientaba vuestra mirada espiritual hacia el Abismo luminoso, en vez de hacia el abismo negro.

Porque si el miedo a un castigo puede contener tres veces de diez, la certeza de un premio impulsa, de diez, siete veces.

Por tanto, consigue más la confianza que el miedo, y quiero que la tengáis en plenitud:

una confianza segura, para poder hacer, no siete partes de bien por cada diez, sino diez, y conquistar el premio santísimo del Cielo.

No modifico ni siquiera una iota de la Ley. ¿Quién la dio entre los rayos del Sinaí?: el Altísimo. ¿Quién es el Altísimo?: el Dios Uno y Trino.

¿De dónde la ha tomado?: de su Pensamiento.

¿Cómo la ha dado?: con su Palabra.

¿Por qué la ha dado?: por su Amor.

Ved, pues, que la Trinidad estaba presente.

Y el Verbo, obediente como siempre al Pensamiento y al Amor, habló por el Pensamiento y el Amor.

¿Podría Yo desmentir afirmaciones mías? No, no podría hacerlo.

Lo que sí puedo – porque todo lo puedo – es completar la Ley, hacerla divinamente completa; no como los hombres, que durante siglos en vez de completa la hicieron indescifrable,

imposible de cumplir, apilando leyes y preceptos hasta la saciedad, sacados de su pensamiento, según sus conveniencias.

Y echando encima de la santísima Ley dada por Dios todo ese montón de escombros, lapidándola, ahogándola, enterrándola, haciéndola estéril. ¿Puede, acaso, un árbol sobrevivir sumergido continuamente por aludes, escombros o inundaciones? No; el árbol muere.

La Ley ha muerto en muchos corazones, ahogada bajo los aludes de demasiadas estructuras sobrepuestas: pues bien, he venido a quitar esas sobreestructuras.  

Una vez desenterrada, resucitada, la Ley no será ya ley sino que la haré reina.

Las reinas promulgan las leyes. Las leyes son obra de las reinas, pero no están por encima de las reinas.

Pues bien, hago de la Ley 1a soberana: la completo, la corono, ciño su cabeza con la guirnalda de los consejos evangélicos.

Antes era el orden, ahora es más que el orden; antes era lo necesario, ahora es más que lo necesario.

Ahora es la perfección.

Quien se desposa con ella – tal y como os la ofrezco – al instante viene a ser rey, porque en ese momento habrá alcanzado lo “perfecto”,

porque no sólo ha sido obediente sino que ha sido un héroe. o sea, santo.

Siendo la santidad la suma de las virtudes llevadas al más alto vértice que una criatura puede alcanzar. 

Heroicamente amadas y servidas con completo desapego de todo lo que sea apetencia o reflexión humana hacia cualesquiera cosas.

Podría decir que el santo es aquel a quien el amor y el deseo le obstaculizan el ver cualquier otra cosa que no sea Dios.

Sin distraerse con la visión de cosas inferiores, tiene las pupilas del corazón fijas en el Esplendor santísimo que Dios es. 

Y en Él ve – puesto que todo está en Dios – a sus hermanos, inquietos y con manos implorantes.  

Sin separar sus ojos de Dios, el santo se prodiga en favor de sus hermanos suplicantes. Contra la carne, las riquezas y las comodidades, enarbola su ideal: servir.

¿Es un ser pobre o con taras el santo? No.

Ha llegado a la posesión de la sabiduría y riqueza verdaderas, por tanto, a la posesión de todo.

Y no siente cansancio, porque, si bien es cierto que produce continuamente, también lo es que continuamente está siendo alimentado. En efecto, cierto es que comprende el dolor del mundo, mas cierto es también que se apacienta de la alegría del Cielo.

De Dios se nutre, en Dios se alegra. Es la criatura que ha comprendido el sentido de la vida.

Como podéis ver, ni cambio ni mutilo la Ley, ni la corrompo con la superposición de fermentadoras teorías humanas; antes al contrario, la completo.

La Ley es lo que es, y tal seguirá siendo hasta el último día. Y no cambiará ni una palabra, ni se abolirá ningún precepto; antes al contrario, se ciñe de la corona de lo perfecto.

Para obtener la salud, basta aceptarla como fue dada; pero, para obtener la inmediata unidad con Dios, es necesario vivirla como Yo la aconsejo.

Ahora bien, dado que los héroes son la excepción; voy a hablar para las almas comunes, para la generalidad de las almas;

así no se podrá decir que en aras de lo perfecto hago que se olvide lo necesario.

De cuanto digo, tened bien presente esto:

Quien se permita violar uno de estos Mandamientos – incluso mínimo – será considerado mínimo en el Reino de los Cielos.

Quien induzca a otros a violarlos será mínimo por él y por aquel a quien indujo a la violación.

Por el contrario, quien con la vida y las obras – más aún que con la palabra – haya persuadido a otros a obedecer será grande en el Reino de los Cielos,

y su grandeza aumentará en razón de cada uno de los que hayan sido conducidos por él a obedecer y a santificarse así.

Sé que a muchos lo que voy a decir les sabrá agrio, pero no puedo mentir, a pesar de que esto que voy a decir me va a crear enemigos.

En verdad os digo que, si vuestra justicia no se renueva, separándose completamente de la pobre justicia – definida injustamente tal – que os han enseñado los escribas y fariseos.

Que, si no sois mucho más justos, verdaderamente, que los escribas y fariseos -que creen serlo a fuerza de aumentar las fórmulas…

Pero sin cambiar sustancialmente los espíritus -,

No entraréis en el Reino de los Cielos.

Guardaos de los falsos profetas y de los doctores que enseñan el error.

Vienen a vosotros con apariencia de corderos, siendo en realidad lobos rapaces.

Vienen con apariencia de santidad, cuando en realidad viven zahiriendo a Dios; dicen que aman la verdad…

Y se apacientan de embustes: estudiadlos antes de seguirlos.

El hombre tiene lengua para hablar, ojos para mirar, manos para señalar; pero tiene otra cosa que manifiesta de forma más fiel su verdadero ser: sus actos.

¿Qué sentido le veis a dos manos unidas en actitud de oración, si luego ese hombre es un ladrón o un fornicario?

¿Y a dos ojos que, queriendo parecer profundos, se mueven ágiles en todas las direcciones cuando, terminada la hora de la comedia,

saben clavarse lujuriosos en la mujer u homicidas en el enemigo?

¿Qué sentido le veis a una lengua que sabe musitar con falsedad la canción laudatoria y seducir con sus frases melosas;

si luego, a vuestras espaldas, os calumnia y es capaz de perjurar con tal de haceros pasar por gente despreciable?

¿Qué es la lengua que pronuncia largas oraciones hipócritas, si luego, sin demora, mata la estima del prójimo o seduce su buena fe?

¡Es una cosa asquerosa… como asquerosos son los ojos y manos engañadores!

Sin embargo, los actos del hombre, los verdaderos actos, es decir, el modo de comportarse en la familia, en los tratos comerciales.

O para con el prójimo y los siervos manifiestan esto:

“Éste es un siervo del Señor”. Porque las acciones santas son fruto de una verdadera religión.

Un árbol bueno no da frutos malos, un árbol malo no da frutos buenos.

¿Podrán, acaso, daros uva sabrosa estos pungentes espinos?

¿Y aquellos cardos, más mortificadores aún, pueden, acaso, maduraros blandos higos? No.

En verdad, pocas y agrias moras recogeréis de los primeros e incomibles frutos producirán aquellas flores, que ya, a pesar de ser todavía flores, tienen espinas.

Un hombre no justo podrá infundir respeto con su aspecto, pero sólo con su aspecto; de la misma forma, ese esponjoso cardo parece un copo de delgados hilos argentinos decorados de diamantes por el rocío.

Pero, si lo tocáis sin daros cuenta, veis que no es un copo sino un conjunto de espinas, penosas para el hombre,

perjudiciales para las ovejas, por lo cual los pastores lo arrancan de sus pastos.

Y lo echan al fuego encendido por la noche, para que se consuma y ni siquiera las semillas se salven: justa y previsora medida.  

No os digo: “Matad a los falsos profetas y a los fieles hipócritas”, sino que os digo:

“Dejad este menester a Dios”.

Pero sí que os digo: “Poned atención, apartaos de ellos, para que sus humores no os intoxiquen”.

Ayer expliqué cómo se debe amar a Dios; ahora voy a insistir acerca de cómo se debe amar al prójimo.

Se dijo: “Amarás a tu amigo y odiarás a tu enemigo”.

No. Eso no. Esto era bueno para los tiempos en que el hombre no gozaba del consuelo de la sonrisa de Dios.

Ahora llegan los tiempos nuevos, los tiempos en que Dios tanto ama al hombre, que le envía a su Verbo para redimirlo.

Ahora el Verbo habla… y esto es ya efusión de Gracia.

Después el Verbo consumará el sacrificio de paz y redención, con que la Gracia no sólo será esparcida, sino que será otorgada a todo espíritu que crea en el Cristo.

Si le pedimos a ABBA que su Presencia en nosotros ACTÚE, PARA AMAR A NUESTROS ENEMIGOS, ¡Seremos testigos de un portentoso Milagro, que nos ayudará a CRECER en el amor!

Por tanto, es necesario elevar el amor del prójimo a la perfección que unifica amigo y enemigo.

¿Os calumnian? Amad y perdonad.

¿Os maltratan? Amad y ofreced la otra mejilla a quien os da una bofetada, pensando que es mejor que la ira se descargue sobre vosotros, que la sabéis soportar,

que no sobre otro, que se vengaría de la afrenta.

¿Os roban? No penséis: “Este semejante mío es un avariento”.

Pensad, más bien, caritativamente:

“Este pobre hermano mío se siente necesitado”; dadle, entonces, también la túnica, si ya os ha quitado el manto:

Así lo pondréis en la imposibilidad de cometer un doble hurto, porque no tendrá necesidad de robarle a otro la túnica.

Decís: “Pero podría ser un vicio y una necesidad”.

Pues bien, aun así, dadlo: Dios os recompensará y el inicuo pagará.

De todas formas, muchas veces -y esto recuerda que dije ayer sobre la mansedumbre -,

viéndose tratado así, cae de1 corazón del pecador su vicio, repara el hurto devolviendo lo que había robado, y así se redime.

Sed generosos con quienes, más honrados, en vez de sustraeros aquello de que tienen necesidad, os lo piden.

Si los ricos fueran realmente pobres de espíritu como he enseñado ayer,

no existirían las penosas desigualdades sociales que son causa de tantas desventuras humanas y suprahumanas.

Pensad siempre: “Si yo me encontrase en la necesidad, ¿Qué efecto me causaría que me negarán ayuda?”

Sobre la base de lo que vuestro yo os responda, actuad.

Haced con los demás lo que quisierais que con vosotros hicieran.

No hagáis a los demás lo que no quisierais que se os hiciera a vosotros.

La antigua palabra: “Ojo por ojo, diente por diente”, que no está en los Diez Mandamientos,

sino que fue pronunciada porque el hombre, sin la Gracia, es una fiera tan feroz que no puede comprender sino la venganza.

Queda anulada – ésta sí – por la nueva palabra:

“Ama a quien te odia, pide por el que te persigue, disculpa a quien te calumnia, bendice a quien te maldice,

haz el bien a quien te perjudica, sé pacífico con el pendenciero, condescendiente con el molesto.

Ayuda de buena gana a quien recurre a ti, no practiques la usura, no critiques, no juzgues”.

Vosotros no conocéis los datos principales de las acciones de los hombres.

En cualquier tipo de ayuda que prestéis, sed generosos, misericordiosos. Cuanto más deis más se os dará.

Dios verterá en el seno de quien haya sido generoso una medida colmada y compacta; no os dará sólo lo equivalente a cuanto hayáis dado sino que sobreabundará.

Proponeos amar y haceros amar.

Los litigios cuestan más que un arreglo amigable; la amabilidad es como la miel: su sabor permanece largo tiempo en la lengua.

¡Amad! ¡Amad! Amad a amigos y enemigos, para que seáis como vuestro Padre, que hace llover sobre buenos y malos y hace salir el so1 para justos e injustos.

Reservándose – para cuando los buenos, cual elegidas espigas, hayan sido entresacados de las gavillas de mies – dar sol y rocío eternos, fuego y granizo infernales.

No basta amar a quienes os aman, amar a aquellos de quienes esperáis compensación.

Esto no puede considerarse meritorio.

En efecto, es incluso motivo de alegría; los hombres naturalmente honrados lo saben hacer, y lo hacen también los publicanos y gentiles. 

Mas vosotros debéis amar a semejanza de Dios… 

Y por respeto a Dios, que es el Creador también de vuestros enemigos, o de quienes os son poco simpáticos.

Quiero en vosotros la perfección del amor.

Por tanto, os digo “Sed perfectos como perfecto es vuestro Padre que está en los Cielos”.

Tan grande es el precepto de amor al prójimo, que no os digo ya lo que fue escrito: “No matéis” – los hombres condenarán al asesino…

Sino que os digo: “No os airéis”, porque pende sobre vosotros un juicio más alto, que tiene cuenta también de las acciones inmateriales.

Quien insulte a su hermano será condenado por el Sanedrín, pero quien lo trate como a un loco perjudicándolo, por tanto, será condenado por Dios.

Es inútil llevar ofrendas al altar, si primero no se han ofrendado en lo íntimo del corazón los propios rencores por amor a Dios.

Y si no se ha cumplido el rito santísimo del perdón.

Por ello, si, cuando estás para ofrecer un sacrificio a Dios, te acuerdas de que has faltado contra tu hermano, o de que le guardas rencor por una culpa…  

Deja tu ofrenda ante el altar.

Inmola primero tu amor propio, reconciliándote con tu hermano. 

 Ve después al altar.

Sólo entonces será santo tu sacrificio.

Llegar a un buen acuerdo es siempre el mejor de los partidos.

Precario es el juicio del hombre, y quien, obstinadamente, lo desafía puede perder la causa:

deberá pagar a su adversario hasta la última moneda, o consumirse en la cárcel.

Alzad en todo la mirada hacia Dios.

Preguntaos si tenéis derecho a hacer lo que Dios no hace con vosotros, pues Dios no tiene esa inflexibilidad y obstinación que tenéis vosotros:

¡Ay de vosotros, si fuera así!; ni uno siquiera se salvaría!

Que esta reflexión promueva en vosotros sentimientos de mansedumbre, humildad, piedad.

No os faltará, por parte de Dios, aquí y después, la recompensa.

Con el Don de ciencia infusa…

Aquí, delante de mí, hay uno que me odia y que no se atreve a decirme: “¡Cúrame!”, porque sabe que conozco sus pensamientos.

Pues bien, a pesar de todo, digo:

“Cúmplase lo que deseas, y que, de la misma forma que caen las escamas de tus ojos, se desprendan de tu corazón el rencor y las tinieblas”.

Idos todos con mi paz. Mañana seguiré hablándoos. 

La gente va marchándose lentamente, quizás esperando un grito que indique la consecución de un milagro, pero éste no se oye.

Incluso los apóstoles y los discípulos más antiguos, que se quedan en el monte, le preguntan al Maestro:

–     ¿Quién era?

–     ¿Es que no ha quedado curado?

Jesús, que permanece de pie con los brazos cruzados, viendo descender a la gente, al principio no responde. 

Pero luego dice:

–     Los ojos han quedado curados, el alma no.

No puede curarse porque está cargada de odio.

–     Pero, ¿Quién es? 

–     ¿El romano?

–     No.

Un desdichado.

Pedro indaga:

–     ¿Y por qué lo has curado? 

Jesús responde preguntando:

–     ¿Tengo que fulminar, acaso, a todos los que son como él?

–      Señor…

Sé que no quieres que responda “sí”  Por tanto no lo digo pero lo pienso… Y es lo mismo…

–     Es lo mismo, Simón de Jonás.

Sabe que, si así fuera…

¡Oh, cuántos corazones cubiertos de escamas de odio en torno a Mí!

Ven. Vamos hasta la punta de la cima, a mirar desde lo alto, nuestro bonito mar de Galilea.

Yo y tú solos.   

136 LAS BIENAVENTURANZAS


136 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Veamos así el camino de la salud, a través de la alegría de los santos.

“Bienaventurado seré si soy pobre de espíritu”

¡Oh riquezas, quemazón satánica, cuántos delirios producís!…

En los ricos y en los pobres:

En el rico que vive para su oro (ídolo infame de su espíritu misérrimo).

El pobre que vive del odio al rico porque tiene el oro.   

Y que, aunque no cometa materialmente un homicidio, lanza sus maldiciones contra la cabeza de los ricos, deseándoles todo tipo de males.

No basta no hacer el mal, hay que no desear hacerlo.

Quien maldice deseando tragedias y muertes, no es muy distinto de quien físicamente mata…

Porque dentro de sí desea la muerte de aquel a quien odia.

En verdad os digo que el deseo no es sino un acto retenido; como el que ha sido concebido en un vientre: ya  se ha si formado pero aún permanece dentro.

El deseo malvado envenena y destruye, porque persiste más que el acto violento y más profundamente que el acto mismo.

El pobre de espíritu, aunque sea rico, no peca a causa del oro; antes bien, se santifica con él porque lo convierte en amor.

Amado y bendecido, es semejante a esos manantiales salvíficos de los desiertos, que se dan sin escatimar agua, felices de poderse ofrecer para alivio de los desesperados.

El pobre de espíritu, si es pobre, se siente dichoso en su pobreza…

Come su sabroso pan (el de la alegría de quien vive libre del febril apego al oro), duerme su sueño exento de pesadilla alguna.   

Se levanta,habiendo descansado, para ir a su sereno trabajo, que parece siempre ligero si se realiza sin avidez ni envidia.

Las cosas que hacen rico al hombre son:

Materialmente, el oro.

Moralmente, los afectos.

En el oro están comprendidos no sólo las monedas sino también casas, campos, joyas, muebles, ganado…

En definitiva, todo aquello que hace, desde el punto de vista material, vivir en la abundancia. 

En cuanto al mundo de los afectos, los vínculos de sangre o de matrimonio; amistades, sobreabundancia intelectual, cargos públicos.

Como veis, por lo que se refiere al primer grupo de cosas, el pobre puede decir:

¡Bueno!, ¡Bien!, basta con que no envidie al que posee.

Y además…

Yo no tengo ese problema, porque soy pobre y, por fuerza, no tengo ese problema”

Sin embargo, por lo que respecta al segundo grupo de cosas, el pobre debe vigilarse a sí mismo…

Pues hasta el más mísero de los hombres puede hacerse pecaminosamente rico de espíritu…

En efecto, peca quien pone su corazón desmedidamente en una cosa.

Diréis: “¿Entonces debemos odiar el bien que Dios nos ha concedido?

¿Por qué manda, entonces, amar al padre y a la madre, a la esposa y a los hijos, y dice: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo?”.

Distinguid.

Debemos amar al padre, a la madre, a la esposa, al prójimo, pero con la medida establecida por Dios:

“Como a nosotros mismos”.

Sin embargo, a Dios ha de amársele sobre todas las cosas y con todo nuestro ser.

EL PRIMER MANDAMIENTO DE LA LEY DE DIOS

No se ama a Dios como amamos a los más queridos de nuestros prójimos.   

A ésta porque nos ha amamantado, a esta otra porque duerme con su cabeza apoyada sobre nuestro pecho y procrea nuestros hijos.

¡NO! A Dios se le ama con todo nuestro ser…

O sea, con toda la capacidad de amar que hay en el hombre:

Amor de hijo, de esposo, de amigo…

Y – ¡No os escandalicéis! – amor de padre Sí.

Debemos cuidar los intereses de Dios igual que un padre cuida a su prole; por la cual,con amor, tutela los bienes y los aumenta,

Y de cuyo crecimiento físico y cultural, así como de que los hijos alcancen felizmente su finalidad en el mundo, se ocupa y se preocupa.

El amor no es un mal, ni debe llegar a serlo.

Las gracias que Dios nos concede tampoco son un mal o deben llegar a serlo; son amor; por amor son otorgadas.

Tenemos que usar con amor estas riquezas que Dios nos concede, afectos y bienes.

Solamente quien no las eleva a ídolos, sino que las hace medios de servicio a Dios en santidad, muestra no tener apego pecaminoso a ellas.

Practica, pues, esa santa pobreza del espíritu que de todo se despoja para ser más libre en la conquista de Dios santo, suprema Riqueza.

Y conquistar a Dios significa poseer el Reino de los Cielos.

“Bienaventurado seré si soy manso”

Los ejemplos de la vida cotidiana pudieran parecer en contraste con esta afirmación.

Los no mansos parecen triunfar en las familias ciudades y naciones.

Pero, ¿Se trata de un verdadero triunfo? No.

Lo que mantiene sometidos, aparentemente, a los hombres dominados por un tirano es el miedo.

Se trata en realidad sólo de un velo que cubre la efervescencia rebelde contra el dominador.

Los iracundos, los que van cometiendo atropellos, no poseen los corazones de sus familiares, conciudadanos o súbditos. 

Los maestros del “porque lo digo yo” no convierten ni los intelectos ni los espíritus a sus doctrinas; lo único que crean son autodidactas,

personas que buscan una llave que pueda abrir las puertas cerradas de una sabiduría o ciencia que sienten que existe y que es contraria a la que se les impone.

Los sacerdotes que no van a la conquista de los espíritus con la dulzura paciente, humilde, amorosa;

sino que, por el ímpetu avasallador y la gran intransigencia con que marchan contra las almas…  

Parecen guerreros armados lanzados a feroz asalto, no conducen a Dios.

¡Pobres almas! Si fueran santas, no tendrían necesidad de vosotros para alcanzar la Luz; la poseerían ya en sí.

Si fueran justos, no tendrían necesidad de vosotros, jueces, para estar sujetos por el freno de la justicia, porque ya la poseerían en sí.

Si estuvieran sanos, no tendrían necesidad de quien los curase.

Sed, pues, mansos.

No pongáis en fuga a las almas.

Atraedlas con amor; porque la mansedumbre es amor, como lo es también la pobreza de espíritu. 

Si sois así, heredaréis la Tierra y llevaréis a Dios este lugar (precedentemente propiedad de Satanás.

Porque vuestra mansedumbre,  que además de amor es humildad, habrá vencido al odio y la soberbia: dando muerte en los corazones al abyecto rey de la soberbia y el odio.

El mundo será vuestro, que es como decir de Dios; porque vosotros seréis justos que reconocerán a Dios como Dueño absoluto de la Creación.

Digno de alabanza y bendición, a cuyas manos debe volver lo que le pertenece).

“Bienaventurado seré si sé llorar sin rebelarme”

Existe el dolor en la tierra.

Y arranca lágrimas de los ojos del hombre. Mas el dolor no existía. El hombre lo introdujo en este mundo.

Pero es que además, por depravación de su intelecto, se aplica cada vez más a aumentarlo con todos los medios a su alcance.

En efecto, a las enfermedades y desventuras producidos por rayos, tempestades, aludes, terremotos…

El hombre, para sufrir – para hacer – sufrir, pues quisiéramos que fueran los demás y no nosotros los que sufrieran con los medios estudiados para tal fin…   

Añade, como fruto de su mente, las armas mortíferas, cada vez más terribles…

Y la crueldad moral (cada vez más astuta. 

¡Cuántas lágrimas hace brotar el hombre a sus semejantes por instigación de su secreto rey: Satanás!

Pues bien, os digo que estas lágrimas no son una tara sino una perfección del hombre.

El hombre es un niño que sólo piensa en divertirse, un despreocupado superficial, una criatura a la que le falta desarrollo intelectual, hasta que el llanto lo hace adulto, reflexivo, inteligente.

Sólo los que lloran – o han llorado – saben amar y comprender.

Amar a los hermanos, que como ellos lloran, comprender sus sufrimientos, ayudarlos con su bondad, experta en lo mucho que se sufre cuando se llora en soledad.

Y saben amar a Dios porque han comprendido que excepto Dios, todo lo demás es dolor:

Porque han comprendido que el dolor se aplaca si es llorado sobre el corazón de Dios;

porque han comprendido que el llanto resignado que no quebranta la fe, que no hace árida la oración, que no conoce la rebeldía, cambia de naturaleza, transformándose en consuelo. 

5. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.

Sí, los que lloran amando al Señor serán consolados.

“Bienaventurado seré si tengo hambre y sed de justicia”

Desde su nacimiento hasta su muerte, el hombre tiende, ávido, a la comida.

Abre la boca, cuando nace, para apresar el pezón; abre los labios, cuando le oprime la agonía, para tragar algo que lo alivie. Trabaja para nutrirse.

Hace de la tierra un enorme pezón del que insaciablemente chupa, extrayendo aquello mismo por lo que muere.

Pero, ¿Qué es el hombre? ¿Un animal? No; es un hijo de Dios.

Vive un destierro de pocos o muchos años. De todas formas, su vida no cesa al cambiar de morada.

Hay una vida en la vida, de la misma manera que en una nuez está la pulpa; la nuez no es la cáscara, la pulpa interna es la nuez:

Si sembráis una cáscara de nuez no nace nada, pero si sembráis la cáscara con la pulpa nace un árbol grande.

Pues así es el hombre:

No es la carne la que viene a ser inmortal, sino el alma, que debe ser alimentada para que llegue a la inmortalidad… 

Adonde ella, por amor, llevará a la carne en la bienaventurada resurrección.

Alimento del alma son la Sabiduría y la Justicia, las cuales se incorporan a ella como alimento líquido o sólido y la fortalecen.

Y cuanto más se saborean más crece la santa avidez de poseer la Sabiduría y de conocer la Justicia.

Llegará, de todas formas, un día en que el alma, insaciable con esta santa hambre, será saciada; llegará. Dios se dará a su vástago, se lo llevará directamente a su pecho…

Y el nuevo vástago del Paraíso se saciará con esa Madre admirable que es el mismo Dios.  

Y no volverá a sentir hambre jamás, sino que descansará feliz sobre el pecho divino.

Ninguna ciencia humana equivale a esta ciencia divina. La curiosidad de la mente puede ser calmada, la del espíritu no. 

Es más, si el sabor es distinto, el espíritu siente desagrado y separa la boca del pezón amargo, prefiriendo padecer hambre antes que llenarse de un alimento que no proceda de Dios. 

¡No temáis, vosotros, sedientos o hambrientos de Dios!

Sed fieles y el que os ama os saciará.

“Bienaventurado seré si soy misericordioso”

¿Quién de entre los hombres puede decir: “No necesito misericordia”? Ninguno.

Y si en la antigua Ley está escrito: “Ojo por ojo y diente por diente”,

¿Por qué no debería decirse en la nueva: ” Quien haya sido misericordioso alcanzará misericordia”?

Todos tienen necesidad de perdón.

Pues bien, no es la fórmula y forma de un rito – figuras externas concedidas a causa de la opacidad del pensamiento humano – lo que obtiene el perdón…  

Lo obtiene el rito interno del amor, o sea una vez más, de la misericordia.

De hecho, si se impuso sacrificar un macho cabrío o un cordero, así como la ofrenda de algunas monedas;  se hizo porque en la base de todos los males se encuentran siempre dos raíces:

Codicia y soberbia. 

La codicia queda castigada con el gasto de la compra de la víctima…

La soberbia recibe su castigo en la abierta confesión del rito:

“Celebro este sacrificio porque he pecado”.

Además el rito tenía el sentido de anticipar los tiempos y sus signos:

La sangre derramada es figura de la Sangre que será vertida para borrar los pecados de los hombres.

Dichoso, pues, aquel que sabe ser misericordioso para con los hambrientos, los desnudos, los que carecen de casa,

los  que padecen la miseria – aún mayor – de tener un carácter malo, que hace sufrir al mismo que lo tiene y a quien con él convive.

Tened misericordia.

Perdonad, sed compasivos, ayudad, enseñad, apoyad. No os encerréis en una torre de cristal diciendo: “Soy puro, no desciendo a vivir con los pecadores”.

No digáis: “Soy rico, vivo feliz; no quiero oír hablar de las miserias de los demás”. 

Mirad que vuestra riqueza, salud, bienestar familiar, pueden desvanecerse en menos tiempo que un fuerte viento disipa el humo.

Recordad también que el cristal hace de lente.   

Siendo así que lo que pasaría desapercibido si os mezcláis entre la gente, no podéis mantenerlo escondido si os metéis en una torre de cristal y allí estáis solos, separados, recibiendo luz de todas partes.

Misericordia para cumplir un continuo secreto, santo sacrificio de expiación y obtener misericordia.

“Bienaventurado seré si soy puro de corazón”

Dios es Pureza. El Paraíso es Reino de Pureza. Nada impuro puede entrar en el Cielo donde está Dios.

Por tanto, si sois impuros, no podréis entrar en el Reino de Dios.

¡Por el contrario, qué anticipada alegría la que el Padre concede a sus hijos!   

¡Pues quien es puro ya desde la tierra posee un principio de Cielo!

Porque Dios se inclina hacia el hombre puro y éste, desde la tierra, ve a su Dios. 

Con los CARISMAS del Espíritu Santo…

Se le atribuye el don de la bilocacion. Sin salir de Lima, fue visto en México, en África, en China y en Japón, animando a los misioneros que se encontraban en dificultad o curando enfermos. Mientras permanecía encerrado en su celda, lo vieron llegar junto a la cama de ciertos moribundos a consolarlos o curarlos. Muchos lo vieron entrar y salir de recintos, estando las puertas cerradas. En ocasiones salía del convento, a atender a un enfermo grave y volvía luego a entrar sin tener llave de la puerta y sin que nadie le abriera. Preguntado cómo lo hacía, siempre respondía: ‘yo tengo mis modos de entrar y salir.’

No conoce labor de amores humanos…

Sino que degusta, hasta extasiarse, el sabor del amor divino, y puede decir:

“Yo estoy contigo y Tú estás en mí, por lo cual te poseo y conozco como esposo amabilísimo de mi alma”.

Pues bien, creed que quien tiene a Dios experimenta transformaciones sustanciales, inexplicables incluso para él mismo, que le hacen santo, sabio, fuerte.   

En sus labios florecen palabras, y sus actos asumen capacidades, que no son de la criatura sino de Dios, que en ella vive.

¿Qué es la vida del hombre que ve a Dios?: beatitud.

¿Os privaréis de semejante don por hediondas impurezas?

“Bienaventurado seré si tengo espíritu de paz”

La paz es una de las características de Dios.

Dios sólo está en la paz, porque la paz es amor, mientras que la guerra es odio.

Violencia intrafamiliar

Satanás es Odio, Dios es Paz. 

No puede uno decirse hijo de Dios, ni puede Dios llamar hijo suyo a un hombre de espíritu irascible, siempre dispuesto a crear trifulcas.

Y tampoco puede llamarse hijo de Dios aquel que, aun no siendo él el origen de estas broncas, no contribuye con su gran paz a calmar las que crean otros.

El hombre pacífico transmite la paz incluso sin palabras.

Él lleva a Dios – no sólo es dueño de sí, sino que hasta diría que lo es de Dios – como una lámpara lleva su fuente de luz.

Como un incensario emana su perfume como un odre contiene su líquido…

Se hace luz entre las brumas fumíferas de los rencores, se purifica el aire de los miasmas de los odios, se calman las embravecidas olas de las disputas con este aceite suave

que es el espíritu de paz emanado por los hijos de Dios.

Haced que Dios y los hombres puedan decir esto de vosotros.

“Bienaventurado seré si padezco persecución por amor a Justicia”

El hombre en su mayor parte está tan lleno de mal, que odia el bien dondequiera que éste se encuentre, y que odia al bueno, como si el bueno lo estuviera acusando o reprendiendo, aunque de hecho no diga nada.

Persecucion cristiana descarada…

En efecto: la bondad de una persona hace ver todavía más negra la maldad del malvado… 

La Fe del creyente verdadero hace aparecer aún más viva la hipocresía del falso creyente…    

Aquel que con su modo de vida está dando continuamente testimonio de la justicia, no puede no ser odiado por los injustos.

Y por eso se ataca a los amantes de la justicia.

Pasa lo mismo que con las guerras.

El hombre progresa en el arte satánico de la persecución, más que en el arte santo del amor; pero sólo puede perseguir a lo que tiene breve vida.

Lo que de eterno hay en el hombre, escapa a la asechanza…

Es más, adquiere una vitalidad más vigorosa por la Persecución.

La vida se escapa a través de 1as heridas que abren las venas o a causa de las fatigas que van consumiendo al perseguido.

Mas la sangre teje la púrpura del rey futuro…

10. No temas por lo que vas a sufrir: el Diablo va a meter a algunos de vosotros en la cárcel,  para que seáis tentados, y sufriréis una tribulación de diez días. Manténte fiel hasta la muerte y te daré la Corona de la Vida. Apocalipsis 2

Las fatigas son los peldaños para subir a los tronos que el Padre tiene preparados para sus mártires, a quienes están reservados los regios sítiales del Reino de los Cielos.

“Bienaventurado seré si me ultrajan y calumnian”

Preocupaos sólo de que vuestro nombre pueda ser recogido en libros celestes, en los cuales no se escriben los nombres según el criterio de los embustes humanos. 

Que alaban a quienes son menos merecedores de elogio…   

En aquéllos que con justicia y amor, se reflejan las obras de los buenos; para darles el premio que Dios tiene prometido a los justos.

En el pasado fueron calumniados y ultrajados los Profetas.

Cuando se abran las puertas de los Cielos…   

Cual majestuosos reyes, entrarán en la Ciudad de Dios.

Y recibirán el saludo reverenciador de los ángeles, cantando de alegría.

Vosotros también.

Vosotros también, ultrajados y calumniados por haber pertenecido a Dios, recibiréis el galardón celeste. 

 Y cumplido el tiempo, completo ya el Paraíso, amaréis cada una de las lágrimas que vertisteis…

Porque por ellas habréis conquistado esa gloria eterna que en nombre del Padre os prometo.

Podéis marcharos. Mañana os seguiré hablando.

Que se queden sólo los enfermos, porque quiero ayudarlos en sus dolores.

La paz permanezca con vosotros y que la meditación sobre la salvación a través del amor, os introduzca en el camino que lleva al Cielo.

135 EL SERMÓN DEL MONTE


135 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Jesús está dando instrucciones a los apóstoles.

Designando a cada uno un lugar para que dirijan y controlen a la multitud que desde las primeras horas de la mañana está subiendo al monte, llevando enfermos en brazos o en andas. 

Otros se mueven a duras penas con muletas.

Entre la gente están Esteban y Hermas. (discípulos de Gamaliel)

Hay un aire suave y frío.

De todas formas, el sol templa pronto este cortante aire de montaña que, si por una parte suaviza el ardor del astro, por otra saca partido de éste, adquiriendo una pureza fresca moderada.

La gente se sienta en las piedras, más o menos voluminosas, que están diseminadas por el vallecillo que separa las dos cimas.

Otros esperan a que el sol seque la hierba cubierta de rocío para sentarse en el suelo.

Hay mucha gente, de todas las regiones de Palestina, de todas las condiciones.

Los apóstoles se confunden entre la muchedumbre; pero, cual abejas que van y vienen de los prados al panal, cada cierto tiempo vuelven donde el Maestro,

para comunicar alguna cosa, para preguntar, o por la satisfacción de que el Maestro los mire de cerca.

Jesús sube un poco más alto que el prado, que es el fondo de la hondonada, se arrima a la pared rocosa.

Y empieza a hablar

–     Muchos, durante todo un año de predicación, me han planteado esta cuestión:

“Tú, que te dices el Hijo de Dios, explícanos lo que es el Cielo, lo que es el Reino, lo que es Dios, pues nuestras ideas al respecto son confusas.

Sabemos que existe el Cielo, con Dios y los ángeles; pero nadie ha venido jamás a referirnos cómo es, pues está cerrado para los justos”.

Me han preguntado también qué es el Reino y qué es Dios. Yo me he esforzado en explicároslo, no porque me resultara difícil explicarlo; sino porque es difícil, por un conjunto de factores, haceros aceptar una verdad que por lo que se refiere al Reino,

choca contra todo un edificio de ideas configuradas a través de los siglos.

Una verdad que, por lo que se refiere a Dios, se topa con la sublimidad de su Naturaleza.

Otros me han dicho: “De acuerdo, esto es el Reino y esto es Dios, pero ¿Cómo se conquistan?”.

Y he tratado de explicaros, sin dar muestra de cansancio, cuál es la verdadera alma de la Ley del Sinaí; quien hace suya esa alma hace suyo el Cielo.

Pero, para explicaros la Ley del Sinaí es necesario hacer llegar a vuestros oídos el potente trueno del Legislador y de su Profeta,

los cuales, si bien es cierto que prometen bendiciones a los que observen aquélla, anuncian, amenazadores, tremendas penas y maldiciones a los desobedientes.

La epifanía del Sinaí fue tremenda; su carácter terrible se refleja en toda la Ley, halla eco en los siglos, se refleja en todas las almas.

Mas Dios no es sólo Legislador, Dios es Padre, y además Padre de inmensa bondad.

Quizás – y sin quizás – vuestras almas, debilitadas por el pecado original, por las pasiones, los pecados y los muchos egoísmos vuestros y ajenos – los ajenos irritan vuestra alma, los propios la cierran .

No pueden elevarse a contemplar las infinitas perfecciones de Dios …

Y menos que todas la bondad, porque ésta es la virtud que con el amor, es menos propiedad de los mortales.

¡La bondad…Oh, qué dulce es ser buenos, sin odio ni envidias ni soberbias!

Tener ojos que sólo miren animados por el amor, y manos que se extiendan para gesto de amor, y labios que no profieran sino palabras de amor.

¡Y corazón – sobretodo corazón – que henchido sólo de amor, haga que los ojos y las manos y los labios se esfuercen en actos de amor!

Los más doctos de entre vosotros saben con qué dones Dios había enriquecido a Adán, para él y sus descendientes.

Hasta los menos instruidos de entre los hijos de Israel saben que tenemos un espíritu…

Sólo los pobres paganos ignoran la existencia de este huésped regio, soplo vital, luz celeste que santifica y vivifica nuestro cuerpo.

Ahora bien, los más doctos saben qué dones habían sido otorgados al hombre, a su espíritu.

No fue menos magnánimo con el espíritu que con la carne y la sangre de la criatura creada por Él con un poco de barro y su aliento.

De la misma forma que otorgó los dones naturales de belleza e integridad, inteligencia y voluntad, capacidad de amarse y de amar.

Otorgó los dones morales, sujetando el apetito a la razón, siendo así que en la libertad y dominio de sí y de la propia voluntad con que Dios había favorecido a Adán,

no se introducía la maligna tiranía de los sentidos y pasiones: libre era el amarse y el desear y el gozar en justicia. 

Sin eso que os esclaviza haciéndoos sentir el aguijón del veneno que Satanás esparció y que se extravasa, que os esclaviza sacándoos del límpido álveo.  

Para llevaros a cenagosos campos, a pantanos en putrefacción, donde fermentan las fiebres de los sentidos carnales y morales.

Pues habéis de saber que es sensualidad incluso la concupiscencia del pensamiento.

Recibieron también dones sobrenaturales: la Gracia santificante, el destino superior, la visión de Dios.

La Gracia santificante es la vida del alma, es cosa espiritualísima depositada en la espiritual alma nuestra.

Nos hace hijos de Dios porque nos preserva de la muerte del pecado.

Y quien no está muerto “vive” en la casa del Padre, o sea, el Paraíso; en mi Reino, es decir, el Cielo.

¿Qué es esta Gracia que santifica, que da Vida y Reino?

¡No uséis muchas palabras… la Gracia es amor!

La Gracia es, pues, Dios.

Es Dios, que, mirándose embelesado a Sí mismo en la criatura creada perfecta, se ama, se contempla, se desea, se da a Sí mismo lo que es suyo,

para multiplicar esta riqueza suya, para gozarse de esta multiplicación, para amarse en razón de todos los que son otros Él-mismo.

¡Oh, hijos, no despojéis a Dios de este derecho suyo, no le robéis esta riqueza, no defraudéis este deseo de Dios!

Pensad que actúa por amor. Aunque vosotros no existierais, Él sería en cualquier caso el Infinito, su poder no se vería disminuido.

Mas Él, a pesar de ser completo en su medida infinita, inconmensurable,  quiere, no para sí y en sí – no podría porque ya es el Infinito – sino para la Creación, criatura suya,

aumentar el amor en la proporción de todas las criaturas contenidas en ella.   

Y es así que os da la Gracia: el Amor, para que vosotros, en vosotros, lo llevéis a la perfección de los santos.

Y vertáis este tesoro – sacado del tesoro que Dios os ha otorgado con su Gracia.

Y aumentado con todas vuestras obras santas, con toda vuestra vida heroica de santos – en el Océano infinito donde Dios está:

En el Cielo.

¡Divinas, divinas cisternas del Amor!…

¡Oh, vosotras sois, y no conocerá la muerte vuestro ser, porque sois eternas como Dios, siendo así que sois dioses! ( María Valtorta añade las referencias a: Salmo 82 (Vulgata 81), 6; Romanos 8, 16; 2 Pedro 1, 4)

¡Vosotras seréis, y no se pondrá término a vuestro ser, porque sois inmortales como los espíritus santos que os han supernutrido volviendo a vosotras enriquecidos con los propios méritos:

vivís y nutrís, vivís y enriquecéis, vivís y formáis esa santísima cosa que es la Comunión de los espíritus, desde Dios, Espíritu perfectísimo, hasta el niño recién nacido que por primera vez mama del materno seno!

No me critiquéis en vuestro corazón, vosotros los doctos!

No digáis: “Está fuera de sí, habla como un desquiciado cuando dice que la Gracia está en nosotros, siendo así que por la Culpa estamos privados de ella;

miente al decir que ya somos uno con Dios”. Sí, la Culpa existe, como también existe la separación.

Pero, ante el poder del Redentor, la Culpa, cruel separación entre el Padre y los hijos, caerá cual muralla sacudida por el nuevo Sansón;

ya la he aferrado, ya la remuevo violentamente, ya se muestra endeble…

Ya tiembla de ira Satanás.

Y de impotencia, al no poder nada contra mi poder; al sentirse arrebatar tantas presas y hacérsele más difícil arrastrar al hombre al pecado.

En efecto, una vez que os haya conducido a mi Padre a través de Mí, una vez que, al empaparos mi Sangre y mi dolor, hayáis quedado purificados y fortalecidos,

la Gracia renacerá en vosotros, se despertará de nuevo, recuperará su poder, y triunfaréis, si queréis.

Dios no fuerza vuestro pensamiento, ni tampoco os fuerza a santificaros. Sois libres.

Lo que hace es daros de nuevo la fuerza, devolveros la libertad respecto al dominio de Satanás.

Os toca ahora a vosotros colocaros otra vez el yugo infernal o ponerle a vuestra alma alas angélicas.

Ttodo depende ahora de vosotros, conmigo como hermano para guiaros y alimentaros con alimento inmortal.

Decís: “¿Cómo se conquista a Dios y su Reino por un camino más dulce que no el severo camino del Sinaí?”.

No hay otro camino, ése es; mirémoslo, no obstante, no a través del color de la amenaza sino del del amor.

No digamos: “¡Ay de mí si no hago tal cosa!”, temblorosos esperando pecar, esperando no ser capaces de no pecar; digamos, por el contrario:

“¡Bienaventurado seré si hago tal cosa!”. 

 Y con arrebato de sobrenatural alegría, gozosos,

lancémonos hacia estas bienaventuranzas nacidas de la observancia de la Ley. cual corolas de rosa de una mata de espinas.

Digamos:

“¡Bienaventurado seré si soy pobre de espíritu, porque será mío el Reino de los Cielos!

¡Bienaventurado seré si soy manso, porque heredaré la Tierra!

¡Bienaventurado seré si soy capaz de llorar sin rebelarme, porque seré consolado!

¡Bienaventurado seré si tengo hambre y sed de justicia, más que de pan y vino para saciar la carne: la Justicia me saciará!

¡Bienaventurado seré si soy misericordioso, porque se usará conmigo divina misericordia!

¡Bienaventurado seré si soy puro de corazón, porque Dios se inclinará hacia mi corazón puro, y lo veré!

¡Bienaventurado seré si tengo espíritu de paz, porque Dios me llamará hijo suyo, pues en la paz está el amor y Dios es Amor amante de quien se asemeja a Él!

¡Bienaventurado seré si soy perseguido por amor a la justicia, porque Dios, Padre mío, como compensación por las persecuciones terrenas, me dará el Reino de los Cielos!

¡Bienaventurado seré si, por saber ser hijo tuyo, oh Dios, me ultrajan y acusan con mentira!

Ello no deberá hacerme sentir desolado, sino alegre, porque me pone al nivel de tus mejores siervos, al nivel de los Profetas, perseguidos por el mismo motivo;

con ellos compartiré – lo creo firmemente – la misma recompensa, grande, eterna en ese Cielo que ya es mío!”.

Veamos así el camino de la salud, a través de la alegría de los santos.  

134 EL SACERDOCIO PAGANIZADO


134 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

El Primer discurso en la Montaña…

Jesús va solo, a paso rápido, por un camino principal, hacia un monte.

Este monte se alza a uno de los lados del camino, que va del lago hacia el oeste. 

Del lago lo separa un poco de terreno llano.

Empieza con una suave y baja elevación que se prolonga por mucho espacio (una meseta, desde la que se ve todo el lago, con la ciudad de Tiberíades hacia el Sur.

Y las otras, menos hermosas, que suben hacia el norte); después el monte se eleva con pendiente más bien pronunciada, hasta un pico.  

Y luego desciende para volver a elevarse hasta otro pico semejante, formando una curiosa figura de silla de montar.

Jesús emprende la subida al rellano por una senda para mulas todavía bastante aceptable.

Llega a un poblado cuyos habitantes se dedican a la explotación agrícola de esta meseta.

Empiezan ya a brotar espigas de trigo.

Cruza el pueblo.

Sigue por campos y prados llenos de flores y frufrú de cereales.

El día está sereno y muestra todas las bellezas de la naturaleza de los alrededores.

Siguiendo más allá del otero al que se dirige Jesús, está – al norte – la cima imponente del Hermón, la verde llanura del lago Merón – que desde aquí no se ve -.

Luego otros montes orientados hacia el lado noroccidental del lago de Tiberíades.

Y al otro lado del lago, más montes – suavizados sus perfiles por la lejanía y delicadas llanuras.  

Hacia el sur, al otro lado del camino principal, las colinas que ocultan a Nazaret.

Cuanto más se sube, más se extiende la vista. No veo lo que hay al oeste, porque el monte hace de pared.

Al primero que encuentra Jesús es al apóstol Felipe, que parece estar de guardia en ese sitio.

Felipe exclama sorprendido:

–     ¿Cómo, Maestro?

¿Tú aquí? Te esperábamos en el camino.

Estoy esperando a los compañeros, que han ido a buscar leche donde los pastores que están por estas cimas.

Abajo, en el camino, están Simón y Judas de Simón.

Y con ellos Isaac y…

–    ¡Ah, ahí vienen! 

Y dirigiéndose hacia ellos,

les dice:

–   ¡Venid!

¡Venid! ¡Está aquí el Maestro!

Los apóstoles, que bajan con frascos y cantimploras, se echan a correr.

Los más jóvenes, naturalmente, llegan antes.

Su acogida al Maestro es conmovedora.

Ya reunidos, todos quieren hablar, contar cosas.

Jesús sonríe.

–      ¡Te esperábamos en el camino!

–     ¡Pensábamos que hoy tampoco venías!

–     Hay mucha gente, ¿Sabes?

–     Nos turbaba mucho el hecho de que hubiera escribas…

Y hasta discípulos de Gamaliel…

–     ¡Claro, Señor, es que nos has dejado justo en el momento más inoportuno!

No he tenido nunca tanto miedo como ahí.

¡No me vuelvas a gastar una broma como ésta!

Pedro se queja.

Jesús sonríe y pregunta:

–     Pero, ¿Os ha pasado algo malo?

–     ¡No! ¡No!

Es más… ¡Oh, Maestro mío!, ¿No sabes que ha hablado Juan?…

Parecía como si hablaras Tú en él. Yo…

Nosotros estábamos asombrados…

¡Este muchacho, que hace no más de un año de lo único que era capaz era de echar la red!…

Pedro manifiesta todavía admiración y tira enérgicamente hacia sí al risueño Juan, que guarda silencio.

Y le da unos meneos afectuosos.

–     Mirad.

Juzgad si os parece posible que este niño haya dicho con esta boca risueña esas palabras. ¡Parecía Salomón!  

Juan dice:

–     También Simón ha hablado bien, mi Señor.

Se ha comportado exactamente como “cabeza”» dice Juan.

Pedro comenta:

–     ¡Claro!

¡Me ha cogido y me ha puesto allí! ¡En fin!…

Dicen que he hablado bien. Será así.

No lo sé, porque, entre el asombro por las palabras de Juan y el miedo a hablar en medio de tanta gente y a hacerte quedar mal, estaba aturdido…

Jesús dice:

–     ¿A mí?

Tú eras el que hablabas. Habrías quedado mal tú, Simón. 

 Jesús lo ha dicho para pincharle. 

Per Pedro contesta con humildad:

–     ¡Por mí…!

De mí no me importaba nada.

Lo que no quería era que se mofasen de ti, considerándote estúpido por haber elegido como apóstol a un tarado mental.

Jesús se ilumina de alegría por la humildad y el amor de Pedro,

pero lo único que pregunta es:

–     ¿Y los demás?

–     También Simón Zelote ha hablado bien.

Pero bueno, es lógico en él. ¡Éste ha sido la sorpresa!

La verdad es que, desde que hemos estado en Oración, este muchacho parece tener continuamente el alma en el Cielo.

–     ¡Es cierto! ¡Es cierto!

Todos confirman las palabras de Pedro.

Y luego siguen hablando de las cosas que han sucedido.

–     ¿Sabes?

Entre los discípulos, ahora hay dos que, según Judas de Simón, son muy importantes.

Judas está actuando mucho.

¡Claro, conoce a mucha gente importante…. Y además sabe tratar a estas personas!

Y le gusta hablar… Habla bien.

No obstante, la gente prefiere escuchar a Simón, a tus hermanos y sobre todo, a este muchacho.

Ayer me dijo un hombre: “Habla bien ese joven – se refería a Judas – pero prefiero escucharte a ti”.

¡Pobre hombre, mira que preferir escucharme a mí, que no sé decir más que cuatro palabras!… Pero…

¿Cómo es que has venido hasta aquí?; el lugar de la cita era el camino.

Hemos estado allí.  

–     Porque sabía que os encontraría aquí.

Ahora escuchadme.

Bajad y decid a los otros que vengan; también a los discípulos ya conocidos. La gente no, que no vengo hoy, que quiero hablaros sólo a vosotros.

–     Es mejor entonces dejar pasar un rato…

Esperar a que caiga la tarde, porque cuando empieza a declinar el sol la gente comienza a distribuirse por los caseríos cercanos.

Para volver al día siguiente por la mañana a esperarte.

Si no… ¿Quién va a ser capaz de contenerlos?

–     De acuerdo, hacedlo así.

Os espero allá, en lo alto de aquella cima.

Las noches son ya suaves y podemos dormir al raso.

–     Donde quieras, Maestro, con tal de que estés con nosotros.

Los discípulos se ponen en camino.

Jesús reanuda la subida del monte hasta la cima.

El panorama, que empieza a encenderse a causa del principio del ocaso, se hace más amplio todavía.

Jesús se sienta en una voluminosa piedra y se recoge en estado de meditación.

Así permanece hasta que el ruido de los pasos provenientes del sendero le avisa de que los apóstoles están ya de regreso.

Declina la tarde.

No obstante, a la altura en que están, todavía el sol resiste, extrayendo perfume de todo hilo de hierba y de toda florecilla.

Muguetes silvestres emanan intenso perfume, mientras los altos tallos de los narcisos agitan sus estrellas y sus capullos como para atraer el rocío.

Jesús se pone en pie y los recibe con su saludo:

–     La paz sea con vosotros.

Son muchos los discípulos que han subido con los apóstoles.

Isaac los capitanea, con esa sonrisa suya de asceta en su rostro enjuto.

Se arremolinan todos en torno a Jesús, que ahora está saludando en particular a Judas de  Keriot y a Simón Zelote.

–     He querido reuniros a todos conmigo…

Para estar unas horas sólo con vosotros, para hablaros sólo a vosotros.

Tengo algo que deciros para prepararos más a vuestra misión.

Comamos.

Luego hablaremos.

Durante el sueño el alma seguirá saboreando la doctrina.

Tras consumir la parca cena, se disponen en círculo alrededor de Jesús, que está sentado en una piedra grande. 

Son, aproximadamente, un centenar – quizás más – entre discípulos y apóstoles:

Una corona de rostros atentos iluminados fantasmagóricamente por la llama de dos fuegos.

Jesús habla despacio, gesticulando sereno.

Su rostro, destacándose de su vestidura azul oscura.

Y bajo el rayo de la Luna nueva – pequeña coma de luna en el cielo…

Filo de luz que acaricia al Dueño del Cielo y de la tierra – que cae justo donde está Él, parece más blanco.

–     He querido que vinierais aquí, aparte, porque sois mis amigos.

Os he llamado después de la primera prueba de los Doce, para ampliar el círculo de mis discípulos operantes.  

Y también para oír de vuestros labios las primeras reacciones,  ante el hecho de que os dirijan estos continuadores míos que os he designado.

Sé que todo ha ido bien.

Yo sostenía, con la oración, las almas de los apóstoles, que han salido del retiro con una fuerza nueva en la mente y en el corazón.

Una fuerza que no proviene de industria humana, sino del completo abandono en Dios.

Los que más han dado son los que más se han olvidado de sí, que es cosa ardua.

El hombre está hecho de recuerdos.

Los recuerdos del propio yo son los que tienen más voz. Hay que distinguir dos yoes.

Señor, te entrego TODO lo que siento y lo que pienso, DAME tu santidad y tu pureza, para FUSIONARME con tu Corazón.

Existe el yo espiritual dado por el alma que se acuerda de Dios y de su origen divino.

Y existe también el yo inferior de la carne que se acuerda de esas mil exigencias que todo lo abrazan de sí misma y de las pasiones.

Y que – puesto que son tantas voces como para formar un coro – se imponen, si el espíritu no está bien firme, a la voz solitaria del espíritu que recuerda su nobleza de hijo de Dios.

Es por ello por lo que, excepto en este recuerdo santo, que habría que estimular cada vez más y mantener vivo y fuerte.

Para ser perfectos como discípulos, hay que saber olvidarse de uno mismo, en todos los recuerdos, las exigencias, las pávidas reflexiones del yo humano.

En esta primera prueba, los que de los Doce, han dado más, han sido los que más se han olvidado no sólo de su pasado…   

Sino también de los límites de su personalidad y han sido los que se han olvidado de lo que eran y se han fundido con Dios de tal forma que nada temían.

¿A qué eran debidas las reservas de algunos?

Pues a que se han acordado de sus escrúpulos, consideraciones y prevenciones habituales.

¿Por qué el laconismo de otros?:

Pues porque se han acordado de su falta de preparación doctrinal y han tenido miedo a quedar mal o hacerme quedar mal a Mí. 

Instrumentos del Amor

¿Por qué las vistosas exhibiciones de otros?: 

Porque se han acordado de sus soberbias habituales, de sus deseos de que los miren y los aplaudan, de sobresalir, de ser “algo”.

Finalmente, por el contrario, ¿Por qué la improvisa manifestación en otros de una oratoria rabínica segura, persuasiva, triunfal?:

Porque éstos, y sólo éstos – así como también aquellos que hasta ese momento se han comportado con humildad y han tratado de pasar inadvertidos.

Y que llegado el momento, han sabido, al instante,asumir la dignidad de primado que se les había conferido y que nunca habían querido ejercitar por temor a presumir demasiado… 

Éstos han sabido acordarse de Dios.

Las primeras tres categorías se han acordado del yo inferior.   

La otra (la cuarta), del yo superior.   

Y no han tenido miedo.

Sentían a Dios con ellos, a Dios en ellos… y no han tenido miedo:

¡Santa osadía que viene del hecho de estar con Dios!

Escuchad entonces, apóstoles y discípulos:

Vosotros, apóstoles, ya habéis oído estos conceptos, pero ahora los entenderéis con mayor profundidad.

Vosotros, discípulos, no los habéis oído todavía, o habéis oído sólo alguna parte. T necesitáis que se os graben en el corazón.

Voy a hacer cada vez más uso de vosotros, dado que continuamente se va agrandando el rebaño de Cristo.

El mundo os va a agredir cada vez más, pues aumenta el número de lobos contra mí, el Pastor y contra mi rebaño…

Pues bien, quiero armar vuestras manos para que podáis defender mi Doctrina y mi rebaño.

Lo que es suficiente para el rebaño no lo es para vosotros, pequeños pastores.

Si a las ovejas les es lícito cometer errores, comiendo hierbas que amargan la sangre o enloquecen el deseo.  

No es lícito que vosotros cometáis los mismos errores, llevando a muchas ovejas a la perdición; pues debéis pensar que donde hay un pastor ídolo perecen las ovejas.

Por efecto de sustancias venenosas o por la agresión de los lobos.

Vosotros sois la sal de la tierra y la luz del mundo.

La fusión con Dios nos proporciona la felicidad embriagadora del Amor Divino…

Mas, si no respondierais a vuestra misión, os convertiríais en sal insípida e inútil; ya nada podría devolveros el sabor, pues ni siquiera Dios os lo habría podido dar.   

Puesto que, habiéndola recibido como don, vosotros la habríais desalado, introduciéndola en las insípidas y sucias aguas de la humanidad.    

Dulcificándola con el dulzor corrompido de la sensualidad…

Mezclando con la pura sal de Dios un cúmulo de detritos de soberbia, avaricia, gula, lujuria, ira, pereza; 

de manera que viene a resultar que hay un grano de sal por cada siete veces siete granos de cada uno de los vicios.

Vuestra sal, entonces, no sería sino una mezcla de arenas, entre las cuales se habría perdido el pobre grano de sal solo.   

De arenas que rechinarían en los dientes, dejando en la boca sabor a tierra y haciendo el alimento repugnante y detestable.

Ya ni siquiera serviría para otros usos inferiores…

Porque un saber empapado en los siete vicios dañaría incluso a las misiones humanas.

Pues bien, en ese caso, la sal no serviría sino para diseminarla por el suelo y que la pisaran los indiferentes pies del pueblo.

¡Cuántos, cuántos del pueblo podrán por este motivo pisotear a los hombres de Dios!

Y todo porque éstos, que habían sido llamados, permitirán al pueblo pisotearlos sin ninguna consideración.

En efecto, en ese caso, no serían ya sustancia de la que se echa mano para obtener sabor de cosas selectas, celestes, sino que serían únicamente, eso, detritos. 

Vosotros sois la luz del mundo.

Sois como esta cima, que ha sido la última en perder el sol y es la primera en platearse de luna.

Cuando uno está en un lugar elevado, destaca y se le ve…

Porque hasta el ojo más distraído se detiene alguna vez a mirar a los lugares altos, ya que el ojo físico – considerado comúnmente espejo del alma, refleja el anhelo de ésta.

Ese anhelo que muchas veces pasa desapercibido pero que permanece siempre vivo, con sólo que el hombre no se haya convertido en un demonio.

Ese anhelo de lo alto, donde la instintiva razón coloca al Altísimo. 

Y buscando el Cielo, levanta, alguna vez al menos en la vida, la mirada hacia lo alto.

Por favor, traed a vuestra memoria lo que todos, desde nuestra niñez, hacemos al entrar en Jerusalén.

¿Hacia dónde se dirigen, ágiles, nuestros ojos?

Hacia el monte Moria, coronado por el triunfo de mármol y oro del Templo.

¿Y una vez dentro del recinto sagrado?…

Miramos a las preciosas cúpulas que resplandecen heridas por el sol.

¡Cuán bello es este astro esparcido por los atrios, pórticos y claustros del recinto del Templo!

Sin embargo, el ojo corre hacia las cúpulas.

Evocad también, os lo ruego, los momentos en que vamos de camino:

¿Hacia dónde se dirige nuestra mirada, como queriendo olvidarnos de lo largo del recorrido, de su monotonía, cansancio, calor o barro?:

Se dirige hacia las cimas, aunque sean pequeñas o estén lejos.

¡Cuánto nos consuela su vista, si vamos por una llanura rasa y uniforme!

¿Encontramos barro en nuestro camino?; allí, esplendor.

¿Aquí, aire sofocante?; allí, frescura.

¿Aquí, límite a nuestra vista?; allí, amplitud.

Por el simple hecho de mirar a las cimas, ya nos parece menos caluroso el día, menos cenagoso el barro, menos tristes nuestros pasos.

Si, además, resplandece una ciudad en la cúspide del monte, entonces no hay ojos que no se detengan a admirarla.

Podemos decir que incluso construcciones de poca importancia ganan en belleza si están, casi como suspendidas en el aire, en la cima de una montaña.

Por esta razón, no sólo en la verdadera sino también en las falsas religiones, siempre que ha sido posible, se han edificado los templos en lugares altos.

Y si no había colinas o montes, se han construido, a fuerza de brazos, sobre bases de piedra realzadas.

¿Por qué esto?

Porque se quiere que el templo sea visto, para, viéndolo, mover el pensamiento hacia Dios.

Os he comparado a una luz.

El que enciende de noche una lámpara en una casa, ¿Dónde la pone?

¿En el agujero de debajo del horno?

¿En la cueva que usa como bodega?,

¿Cerrada dentro de un arquibanco?

¿Única y simplemente, sofocada bajo el celemín?

No, porque sería inútil encenderla.

Por el contrario, la lámpara se coloca sobre una repisa o se cuelga en su soporte para que, estando en un punto alto, dé luz a toda la habitación y a los que en ella están.

Ahora bien, precisamente por el hecho de que lo que ocupa un lugar elevado debe recordar a Dios y dar luz, tiene que estar a la altura de su función.

Vosotros debéis recordar al Dios verdadero.

Preocupaos, pues, de que no anide en vosotros el septipartito paganismo.  

Porque de ser así, vendríais a ser lugares elevados profanos, con sagrados bosquecillos dedicados a un dios.

Y arrastraríais en vuestro paganismo a los que os mirasen como a templos de Dios.

Debéis ser portadores de la luz de Dios.

Ahora bien, una mecha sucia o no embebida de aceite, produce humo y no da luz; emana mal olor y no ilumina.

Una luz celada tras un cuarzo sucio no crea ese primoroso resplandor, ese juego de reflejos en el brillante mineral,

sino que languidece tras el velo de negro humo que   hace opaca a la diamantina protección.

La luz de Dios resplandece donde la voluntad se muestra solícita en limpiar a diario;

quitando las escorias que el mismo trabajo produce, con sus contactos, reacciones y desilusiones.

La luz de Dios resplandece donde la mecha está empapada de abundante líquido de Oración y caridad.

La luz de Dios se multiplica en infinitos resplandores, como infinitas son las perfecciones de Dios, cada una de las cuales suscita en el santo una virtud ejercitada heroicamente… 

 Si el siervo de Dios conserva limpio del negro hollín de toda humeante mala pasión, el cuarzo invulnerable de su alma… 

¡Cuarzo invulnerable, invulnerable!

La voz de Jesús truena en este final, retumbando en el anfiteatro natural.

Sólo Dios tiene el derecho y el poder de incidir trazos sobre ese cristal, de escribir en él su santísimo Nombre con el diamante de su voluntad…

Viniendo su Nombre, así, a ser ornamento determinante de una más viva refracción de sobrenaturales bellezas sobre el cuarzo purísimo.

Mas si el necio siervo del Señor, perdiendo el control de sí mismo y distrayéndose de su misión – entera y únicamente sobrenatural. 

Dejándose incidir falsas decoraciones rayones, incisiones misteriosas y satánicas claves grabadas por la zarpa de fuego de Satanás…

Entonces no.

Entonces la admirable lámpara deja de resplandecer con hermosura y permanente integridad; se raja y se rompe…

Y sofoca la llama con los restos del cristal fragmentado. 

O si no se raja, queda en ella, al menos, una intricada red de signos de inequivocable naturaleza, en los cuales el hollín se deposita y se introduce, ejerciendo acción corrosiva. 

¡Desdichados, tres veces desdichados esos pastores que pierden la caridad, que se niegan a subir, día tras día, para conducir a zonas elevadas al rebaño!   

¡Que, para subir, espera a que emprendan su ascesis!

¡Yo descargaré mi mano sobre ellos, los derrocaré de su puesto y apagaré del todo su humo!

¡Desdichados, tres veces desdichados esos maestros que repudian la Sabiduría para saturarse de una ciencia no pocas veces contraria, siempre soberbia, alguna vez satánica!

¡Porque los hace hombres ordinarios y pierden su grandiosa predestinación!

Pensad – escuchad esto y conservadlo – que si los hombres tienen como destino hacerse como Dios, con la santificación, que hace del hombre un hijo de Dios…  

El maestro, el sacerdote, debería tener ya desde este mundo sólo el aspecto de hijo de Dios, de criatura resuelta toda en alma y perfección. 

Debería tener, digo, para llevar a Dios a sus discípulos.

¡Anatema a los maestros de sobrenatural doctrina que se transforman en ídolos de humano saber!

¡Desdichados, siete veces desdichados, mis sacerdotes muertos al espíritu!   

¡Aquellos que con su insipidez, con su tibieza de carne medio muerta, con su sueño lleno de alucinaciones de todo lo que no es el Dios Uno y Trino!

Y de cálculos de todo lo que no es el sobrehumano deseo de aumentar las riquezas de los corazones y de Dios.  

¡Conducen una vida mezquina, humana, abúlica,  arrastrando hacia sus aguas muertas a quienes, considerándolos “vida”, los siguen!

¡Maldición divina sobre los corruptores de mi pequeño, amado rebaño!

Os pediré justificación, ¡Oh incumplidores siervos del Señor!, de todo el tiempo que habéis tenido, de cada una de las horas, de cada contingencia, de todas las consecuencias.   

A vosotros os la pediré, no a los que perecen por vuestra indolencia…

Y exigiré castigo.

Recordad estas palabras.

Ahora marchaos.

Yo voy a subir hasta la cima. Dormid si queréis.

Mañana el Pastor abrirá para el rebaño los pastos de la Verdad.

133 VIAJE HACIA EL PERDÓN


133 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

La velada contnúa su relato a María… 

Desde la ventana ya había oído palabras y había visto un aspecto que habían conmovido mi corazón.

Pero, Madre; te juro que no fue la carne la que me movió hacia tu Jesús.

Lo que El me reveló fue la causa de que me acercara al umbral de la puerta…

Desafiando las burlas del vulgo, para decirle: “Entra” 

Fue el alma, esa alma que hasta entonces no sabía que tenía.

Me dijo: “Mi Nombre quiere decir Salvador. Salvo a quien tiene buena voluntad de ser salvado.

Salvo enseñando a ser puros, a querer el dolor por el honor, a querer el Bien a toda costa.

Yo soy Aquel que busca a los perdidos,   

Aquel que da la Vida; soyPureza y Verdad”.

Me dijo que yo también tenía un alma, pero que 1a había matado con mi modo de vivir.    

No obstante, no me maldijo ni se burló de mí.

¡Y no puso en mí sus ojos un solo momento!

Es el primer hombre que no me ha comido con su ávida mirada, porque llevo conmigo la tremenda maldición de atraer al hombre…

Me dijo que quien lo busca lo encuentra, porque está donde hay necesidad de médico, medicinas.

Y se marchó. Pero sus palabras quedaron aquí y aquí han permanecido.

Yo me decía: “Su Nombre quiere decir Salvador”,    

Como queriendo empezar a curarme. 

De su visita me habían quedado sus palabras y sus amigos, los pastores.  

Mi primer paso fue darles a los pastores limosna y pedirles oraciones…

Luego… me escapé…

Fue una fuga santa: huí del pecado yendo en busca del Salvador…

Busqué, busqué, segura de que lo encontraría porque así me lo había prometido.

Me mandaron a donde un hombre de nombre Juan, creyendo que era Él, pero no era.

Posteriormente, un hebreo me indicó el camino de Agua Especiosa.

Vivía de la venta del oro que tenía, que era mucho.

Durante los meses en que viví errante tuve que mantener cubierto mi rostro para que no me atrapasen de nuevo.

 Y porque además Áglae realmente estaba sepultada bajo ese velo;

había muerto la vieja Áglae, quedaba sólo esa alma suya herida y desangrada que iba en busca de su médico.

Muchas veces tuve que huir de la sensualidad del varón, que me perseguía a pesar de estar tan oculta bajo mis vestiduras.

Incluso uno de los amigos de tu Hijo…

En Agua Especiosa vivía como un animal.

Vivía pobre pero feliz.

Ni el rocío ni el río me limpiaron como sus palabras.

¡Oh, ni una sola perdí!

Una vez perdonó a un asesino. Oí sus palabras y estuve a punto de decirle: “¡Perdóname también a mí!”.

Otra vez habló de la inocencia perdida.

¡Oh, qué llanto de nostalgia! Otra vez curó a un leproso…

Y estuve por gritar: “¡Límpiame a mí de mi pecado…!”.

Otra vez curó a un demente romano… Y lloré…

Y mandó que me dijeran que las patrias pasan pero el Cielo permanece.

Una noche de tormenta me ofreció la casa…

Y se preocupó de que el encargado me diera posada…

A través de un niño, me dijo: “No llores”…

¡Oh, qué bondad la suya!  

¡Qué miseria la mía!:

Tan grandes ambas, que no me atreví a portar mi miseria a sus pies, a pesar de que uno de los suyos, de noche…

Me instruyera acerca de la infinita misericordia de tu Hijo.

Luego, mi Salvador se fue, insidiado por quienes veían pecado en el deseo de un alma renacida…

Lo esperé…

Pero lo esperaba también la venganza de aquellos que son aun mucho más indignos que yo de mirarlo.

Porque yo he pecado como pagana contra mí misma, pero ellos pecan, conociendo ya a Dios, contra el Hijo de Dios…

Y me maltrataron.

Pero me hirieron más sus acusaciones que las piedras.

Hirieron más ellos mi alma que mi carne, hundiéndola en la desesperación.

¡Oh, qué tremenda lucha conmigo misma!

Andrajosa, sangrante, herida, febril, ya sin Médico, sin techo ni pan, miré hacia atrás, miré al futuro…

El pasado me decía: “Vuelve”…

El presente: “Mátate”;..

El futuro: “Ten esperanza”. 

He tenido esperanza.

No me he quitado la vi-da…

Lo haría, eso sí, si Él me rechazara, porque no quiero volver a ser lo que era.

A duras penas llegué a un pueblo pidiendo asilo.

Me reconocieron.

Tuve que salir huyendo como un animal…

Y he tenido que seguir huyendo de todos los lugares, perseguida siempre.

Siempre ultrajada, siempre maldecida, porque quería ser honesta.

Y porque se esfumaban las esperanzas de quienes por medio de mí, querían asestar sus golpes contra tu Hijo.

Subí hasta Galilea siguiendo el curso del río y vine hasta aquí…

Tú no estabas… Fui a Cafarnaúm: acababas de partir.

Pero me vio un anciano, uno de sus enemigos…

Y me habló de mí como prueba evidente contra Él, Tu Hijo.

Y dado que yo lloraba y no reaccionaba,

me dijo: “Todo podría cambiar para ti si quisieras ser mi amante y mi cómplice para acusar al Rabí nazareno.

Bastaría con que dijeras, ante mis amigos, que Él era tu amante…”.

Huí como quien ve abrirse una mata florida al desenroscarse una serpiente.

Y comprendí que ya no podía ir a postrarme a sus pies.

Por eso vengo a ti.

Aquí estoy: pisotéame; soy sólo fango.

Aquí me tienes: aléjame de tu presencia, porque soy pecadora.

Dime mi nombre: meretriz.

Estoy dispuesta a aceptar todo lo que me digas o hagas.

, ten piedad, Madre; toma mi pobre alma sucia y llévala a El.

Cierto es que poner en tus manos mi lujuria es delito…

Pero son el único lugar en que estará protegida del mundo, que la quiere para sí…

Y se hará penitente.

Dime cómo he de comportarme. Dime qué tengo que hacer.

Dime cuál es el medio que debo seguir para dejar de ser Aglae.

¿Qué debo amputarme?

¿Qué debo arrancarme para dejar de ser pecado, seducción, para no tener que temer ni a mí misma ni al hombre?

¿Tengo que arrancarme los ojos? ¿Tengo que quemarme los labios? ¿Tengo que cortarme la lengua?

Ojos, labios, lengua… me han servido en el mal. 

No quiero ya más el mal; estoy dispuesta a sacrificarlos para castigarme a mí y a ellos mismos.

¿0 quieres que me ampute estas concupiscentes caderas que me han impulsado a depravados amores?

¿O que me arranque estas vísceras insaciables, de las que siempre temo un nuevo despertar?

Dime, dime, ¿Cuál es la vía para olvidarse de que se es hembra…

¿Y para hacérselo olvidar a los demás?

María está estremecida. Llora, sufre…

Pero el único signo de su dolor son las lágrimas que caen sobre la arrepentida.

-Quiero morir perdonada.

Quiero morir sin otro recuerdo sino el del Salvador.

Quiero morir con su Sabiduría como amiga…

¡Y no puedo acercarme a Él, porque el mundo nos acecha, a mí y a Él, para acusarnos…».

Áglae llora, tirada en el suelo como un trapo.

María se pone en pie y casi jadeando,

susurra:

–     ¡Qué difícil es ser redentores!

Áglae, que lo ha oído, intuyendo el movimiento de María, dice quejumbrosamente:

–     ¿Ves cómo tú también sientes repulsa?

Me marcho. Todo está perdido.

–     No, hija, no está perdido todo.

Ahora empieza todo para ti. Escúchame, alma abatida:

No gimo por ti, sino por este mundo cruel.

No te dejo marcharte; te acojo, pobre golondrina lanzada contra mis paredes por la ventisca.

Te llevaré a donde Jesús y Él te señalará el camino de tu redención…

–     Ya no tengo esperanza…

El mundo tiene razón, no puedo ser perdonada.

–     No te puede perdonar el mundo, pero sí Dios.

Déjame que te hable en nombre del supremo Amor, que me ha dado un Hijo para que yo lo dé al mundo.

Que me ha sacado de la feliz ignorancia de mi virginidad consagrada, para que el mundo tuviera el Perdón.

Y me ha sacado sangre, pero no en el parto sino del corazón, al revelarme que mi Hijo es la Gran Víctima.

Mírame, hija.

En este corazón hay una gran herida, que me punza desde hace más de treinta años.

Que se abre cada vez más y me consume. ¿Sabes cuál es su nombre?

–     Dolor.

–     No. Amor.

El amor es lo que abre mis venas para hacer que no esté solo el Hijo en su acto salvador.   

Es el amor lo que me da fuego para que yo purifique a quienes no se atreven a ir a mi Hijo.

El amor hace brotar lágrimas con que lavar a los pecadores.

Tú querías mis caricias; te doy mis lágrimas, que te hacen ya blanca para poder mirar a mi Señor. 

El llanto de Aglae se ha vuelto desgarrador…

Y María la corrige:

–     ¡No llores de ese modo!

No eres la única pecadora que se acerca al Señor y se despide de Él ya redimida; otras hubo y otras habrá.

¿Dudas, acaso, de que Él te pueda perdonar?  

¿No ves en todo lo que te ha ocurrido un misterioso designio de la Bondad Divina?

¿Quién te condujo a Judea?

¿Y a la casa de Juan?

¿Quién te movió a asomarte a la ventana aquella mañana?

¿Quién encendió en ti una luz para ilustrarte sus palabras?

¿Quién te dio la capacidad de entender que la caridad, unida a la oración del favorecido, obtienen auxilio divino?

¿Quién te dio fuerzas para huir de la casa de Samay?

¿Quién, de perseverar los primeros días hasta su llegada?

¿Quién te puso en su camino?

¿Quién te capacitó para vivir como una penitente a fin de que se fuera purificando tu alma?

¿Quién ha hecho en ti alma de mártir, de creyente, de mujer perseverante, de mujer pura?…

Sí, no menees la cabeza.

¿Piensas, acaso, que sólo es puro quien no ha conocido la sensualidad?

¿O piensas que el alma no puede jamás volver a ser virgen y bella?

¡Hija, créeme que entre mi pureza, toda ella gracia del Señor!

¡Y tu heroica ascensión, rehaciendo el camino, hacia la cima de tu pureza perdida, es mayor la tuya!

Tú la construyes, contra el apetito de los sentidos, la necesidad y el hábito.

En mí es dote natural, como respirar.

Tú debes cercenar tu pensamiento, los sentimientos, la carne; para no recordar, para no desear, para no secundar; yo…

¿Puede, acaso, una criaturita de pocas horas desear la carne?

¿Tiene mérito por no hacerlo? Pues así yo.

Yo no conozco esa trágica hambre que ha hecho de la humanidad una víctima.

No conozco sino la santísima hambre de Dios… 

 tú, sin embargo, ésta no la conocías.

Y has conseguido aprenderla… 

Y has domado la otra, trágica y horrenda; por amor a Dios, que ahora es tu único amor.

¡Sonríe, hija de la Misericordia divina! ¡Mi Hijo está haciendo en ti lo que te dijo en Hebrón. Ya lo ha hecho.

Estás ya salvada, porque has tenido buena voluntad de salvarte, porque has aprendido la pureza, el dolor, el Bien.

Tu alma ha renacido.

Sí, necesitas su palabra, que te diga en nombre de Dios: “Estás perdonada”.

Eso yo no lo puedo decir, pero ya desde ahora te doy mi beso como promesa, como principio de perdón…

¡Oh, Espíritu Eterno, un poco de ti siempre está en tu María! 

¡Deja que Ella te infunda, Espíritu santificador, sobre esta criatura que llora y espera!

¡Por nuestro Hijo, Oh Dios de amor, salva a ésta que de Dios espera salvación!

¡Que la Gracia, de que dijo el ángel Dios me ha colmado, se pose milagrosamente sobre esta mujer…!

¡Y la mantenga hasta que Jesús, el Salvador bendito, el supremo Sacerdote, la absuelva en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu!…

Es de noche, hija. Estás cansada.

Tus vestidos, hechos jirones.

Ven. Descansa.

Mañana te pondrás en camino…

Te enviaré a una familia de personas honradas, porque aquí ya vienen demasiados.

Te daré un vestido en todo igual al mío.

Parecerás una hebrea.

Yo veré a mi Hijo en Judea, no antes, porque la Pascua se aproxima y para el novilunio de Abril estaremos en Betania; así que le hablaré de ti.

Ve a casa de Simón el Zelote.

Allí me encontrarás y te conduciré a Él.

Áglae sigue llorando, pero ahora con paz.

Está sentada en el suelo.

También María se ha sentado de nuevo.

Y Áglae deposita su cabeza sobre las rodillas de María y le besa la mano…

Luego susurra quejumbrosa:

–     Me reconocerán…

–     ¡Oh, no! No temas.

Tu vestido era demasiado conocido. 

Yo te prepararé para este viaje tuyo hacia el Perdón; serás como la virgen preparada para su boda:

Distinta y desconocida para la muchedumbre que ignora el rito. Ven.

Tengo una pequeña habitación al lado de la mía.

En ella se alojan santos y peregrinos deseosos de ir a Dios; te hospedará también a ti.

Aglae hace ademán de querer recoger el manto y el velo.

Pero María la detiene:

–     Deja. Son los vestidos de la pobre Áglae extraviada, que ya no existe…

Y  ni siquiera debe quedar de ella el vestido: ha experimentado demasiado odio…

Y tanto daño hace el odio cuanto el pecado.

Salen al oscuro huerto.

Entran en el cuarto de José.

María enciende una lamparilla que hay encima de una repisa.   

Acaricia una vez más a la arrepentida, cierra la puerta.

Y con su triple llamita, se hace luz para ver a dónde puede llevar el manto desgarrado de Áglae,

para que ningún visitante lo vea al día siguiente.