676 Pasos de Gigante


IMITAR A JESÚS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

498a Exhortación a Judas Tadeo y a Santiago de Zebedeo después de una discusión con Judas Iscariote.

Ahora los dos grupos se han reunido.

También Simón Zelote, Andrés, Tomás y Juan dicen:

–               ¡Vamos, hombre!

–               ¡Como si no lo conocieras!

–                ¡Ya te ha perdonado!

Poniendo la mano en el hombro de Santiago;

con mucha agudeza de juicio Bartolomé, anciano y sabio,

Dice:

–                 Yo te lo digo:

Por no suscitar otras disputas, os ha corregido imparcialmente a vosotros dos.

Pero su corazón lo decía sólo a Judas.

Con centellas en esos hermosos ojos suyos, que recuerdan a los de Cristo…

Tadeo confirma:

–                 ¡Así es, Tolmái!

Mi hermano se consume en soportar a ese hombre, al cual se empeña en querer convertirlo.

Y se cansa en tratar de mostrárnoslo…

Como nosotros somos.

El es el Maestro.

Y yo…

Soy yo…

Pero si yo fuera Él;

ciertamente el hombre de Keriot no estaría con nosotros.

Varios dicen:

–                ¿Tú piensas?

–                ¿Sospechas?

–                ¿Qué?

Tadeo responde:

–                ¡Nada!

Nada concretamente.

Pero ese hombre no me gusta.

Con calma y persuasivo, Santiago de Alfeo,

comenta:

–                   No te ha gustado nunca, hermano.

Es una repulsa irracional, porque surgió con el primer encuentro.

Tú me lo has confesado.

Pero es contraria al amor.

Deberías vencerla, aunque sólo fuera por dar una alegría a Jesús.

–                  Tienes razón.

Pero…

No soy capaz.

Ven Santiago, vamos juntos donde mi hermano.

Judas Tadeo de Alfeo toma resueltamente el brazo de Santiago de Zebedeo,

llevándoselo consigo.

Judas de Keriot los oye venir y se vuelve.

Luego dice a Jesús algo.

Jesús se detiene y los espera.

Judas, con mirada maliciosa…

Observa al compungido apóstol.

Tadeo le dice:

–                 Perdona, apártate un poco.

Necesito hablar con mi Hermano.

La frase es amable, pero el tono con que la dice es muy seco.

Hay una risita de Judas que encogiéndose de hombros,

vuelve sobre sus pasos y se une a los otros.

Tadeo dice:

–                Jesús, somos pecadores…

Cabizbajo Santiago susurra:

–                Yo soy pecador, no tú.

–                 Nosotros somos pecadores, Santiago.

Porque lo que tú has dicho yo lo he pensado, lo he aprobado, lo tengo en el corazón.

Por tanto, yo también estoy en pecado.

Porque de mi corazón sale -y ello contamina mi caridad- el juicio sobre Judas…

Jesús…

¿No dices nada a tus discípulos que reconocen su pecado?

Jesús responde:

–                  ¿Qué debo decir que no sepáis ya?

¿Cambiáis acaso respecto a vuestro compañero, por mis palabras?

–                  No.

No más de lo que él cambie por las que Tú le dices.

Le responde sincero, por sí y por los otros, su primo.

Santiago de Zebedeo suplica:

–                 ¡Deja, Judas, deja!

Yo he errado.

De mí se trata y debo ocuparme de mí, no de otros.

Maestro, no estés enojado conmigo…

Jesús dice:

–                Santiago, Yo quisiera de ti, de todos, una cosa.

Mucho dolor me causan las muchas incomprensiones que encuentro…

Las muchas resistencias obstinadas.

Ya lo veis vosotros…

Por cada lugar que me da alegría, tres no me la dan.

Y me expulsan como a un malhechor.

Pero esa comprensión, esa adhesión que los otros no me dan,

quisiera recibirla al menos de vosotros.

Que el mundo no me ame, que me sienta asfixiado por todo este odio;

por esta antipatía, enemistad, sospecha, que me rodea.

Y por todo tipo de indignidades, por los egoísmos,

por todo lo que sólo mi amor infinito hacia el hombre me hace soportar…

Todo esto es penoso.

Pero bueno, pues lo sufro con paciencia.

He venido para sufrir esto por parte de los que odian la Salud.

¡Pero vosotros!

¡No, esto no lo soporto!

Esto, es decir el que no seáis capaces de amaros entre vosotros.

Y por tanto, de comprenderme.

Esto, es decir el que no prestéis adhesión a mi espíritu, esforzándoos en hacer lo que Yo hago.

¿Creéis, podéis creer todos vosotros, que no veo los errores de Judas?

¿Qué ignoro cosa alguna de él?

Convenceos de que no es así.

Pero, si Yo hubiera querido tener personas perfectas en el espíritu,

habría hecho que se encarnaran los ángeles y me habría rodeado de ellos.

Habría podido hacerlo.

¿Habría sido un verdadero bien?

No.

Por mi parte, hubiera sido egoísmo y desprecio.

Habría evitado el dolor que me viene de vuestras imperfecciones.

Pero habría despreciado a los hombres a quienes el Padre mío ha creado y a los que ama tanto,

que me ha enviado para que los salve.

Y por parte del hombre, habría sido un perjuicio para el futuro.

Una vez terminada mi misión,

una vez que hubiera subido de nuevo al Cielo con mis ángeles.

¿Qué cosa apta para continuar mi misión habría quedado?

¿Y quién?

¿Qué hombre hubiera podido esforzarse en hacer lo que digo…

Si sólo un Dios y unos ángeles hubieran dado el ejemplo de una vida nueva reglada por el espíritu?

Ha sido necesario que Yo me revistiera de carne para convencer al hombre de que si quiere,

puede ser casto y santo en todos los modos.

Y ha sido necesario que tomara conmigo unos hombres…

Así…

Aquellos que con su espíritu respondieron a la llamada de mi espíritu,

sin mirar si eran ricos o pobres, doctos o ignorantes, de ciudad o de pueblo.

Que los tomara así, como los iba encontrando…

Para que mi voluntad y la suya, los transformara lentamente en maestros de otros hombres.

El hombre puede creer en el hombre, en el hombre al que ve.

Le es difícil al hombre, tan postrado, creer en Dios a quien no ve.

No habían terminado todavía los rayos en el Sinaí.

Y ya al pie del monte había surgido la idolatría…

No había muerto Moisés todavía, cuyo rostro no se podía mirar…

Y ya se pecaba contra la Ley.

Pero cuando vosotros transformados en maestros, estéis como ejemplo, como testimonio,

como levadura entre los hombres, ya no podrán decir:

«Son seres que han descendido a estar entre los hombres y no podemos imitarlos».

Deberán decir:

«Son hombres como nosotros.

Ciertamente tienen los mismos instintos y estímulos nuestros, las mismas reacciones.

Y a pesar de todo, saben resistir contra los estímulos e instintos.

Saben tener otras reacciones muy distintas de las nuestras, que son viles».

Y se convencerán de que el hombre puede divinizarse, con sólo querer entrar en los caminos de Dios.

Observad a los gentiles y a los idólatras.

¿Todo su Olimpo, todos sus ídolos, acaso los hacen mejores?

No.

Porque ellos, si son incrédulos, dicen que sus dioses son una patraña.

Si son creyentes, piensan: «Son dioses y yo hombre»

No se esfuerzan en imitarlos.

Vosotros pues, tratad de haceros como Yo.

Y no tengáis prisas.

El hombre evoluciona lentamente de animal racional a ser espiritual.

¡Sed compasivos, sed compasivos los unos para con los otros!

Nadie, excepto Dios, es perfecto.

Y ahora todo ha pasado.

¿No es verdad?

Transformaos con firme voluntad imitando a Simón de Jonás,

que en menos de un año ha dado pasos de gigante.

Y…

¿Quién de entre vosotros era hombre, más hombre que Simón

con todas las imperfecciones de una humanidad muy material?

Tadeo confiesa:

–                 Es verdad, Jesús.

Es mi objeto de estudio continuo ese hombre.

Y mi admiración.

Santiago apoya:

–                   Sí.

Yo estoy con él desde la niñez.

Lo conozco como si fuera hermano mío.

Pero ahora tengo ante mí a un Simón nuevo.

Te confieso que cuando dijiste que era nuestro jefe;

yo -y no sólo yo- me quedé desorientado.

Me parecía el menos indicado de todos.

¡Simón respecto al otro Simón y a Nathanael!

¡Simón respecto a mi hermano y a tus hermanos!

Sobre todo, respecto a estos cinco.

Me parecía un completo error…

Ahora digo que tenías razón.

–                  ¡Y vosotros no veis más que la superficie de Simón!

Pero Yo veo su profundidad.

Para ser perfecto, aún tiene que hacer mucho y mucho que padecer.

Pero quisiera en todos vosotros su buena voluntad, su sencillez, su humildad y su amor…

Jesús mira hacia delante.

Varias décadas en el tiempo futuro…

Su mirada contempla a Pedro, pastoreando a sus ovejitas romanas;

ofrendando sus vidas plenas de amor y sacrificio,

en el Circo de Nerón…

Tal y como lo relata el Libro Enfrentando a Nerón…

Pedro, ha sido el que más protestaba contra la presencia de los romanos y los paganos,

entre los discípulos de Jesús…

Sus dos apóstoles lo miran a Él.

Porque Jesús parece que viera…

¿Quién sabe qué?

Está absorto en un pensamiento suyo y sonríe a lo que ve.

Luego baja los ojos hacia Santiago y le sonríe.

Su apóstol le pregunta:

–                ¿Entonces…

Estoy perdonado?

–                 Quisiera poder perdonar a todos como a ti…

Mirad, esa ciudad debe ser Esebón.

El hombre dijo que después del puente de tres arcos estaba la ciudad.

Vamos a esperar a los otros para entrar en ella juntos.

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