293 EL ESPÍA DEL SANEDRÍN


293 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Jesús, con los apóstoles y discípulos, va camino de Betania.

Está hablando con los discípulos, dándoles la orden de separarse:

los judíos irán por Judea, los galileos subirán por la Transjordania, anunciando al Mesías.

Esto último despierta alguna objeción.

parece que la Transjordania no gozaba de buena fama entre los israelitas.

Hablan de ella casi como de regiones paganas.

Pero ello ofende a los discípulos de esta zona.

Entre ellos están el arquisinagogo de Agua Especiosa -la voz más autorizada-

y también un joven que defienden apasionadamente a sus ciudades y paisanos.

Timoneo dice:

–         Ven a Aera, Señor.

Verás como allí te respetan

No encontrarás en Judea tanta fe como allí.

0 mejor: yo no quiero ir. 

Tenme contigo.

Que vaya un judío con un galileo a mi ciudad.

Verán cómo ha sabido creer en Ti, sólo por mi palabra.

Y el joven dice:

–        Yo he sabido creer sin haberte visto ni siquiera una vez.

Después del perdón de mi madre, te he buscado.

De todas formas, me gustaría volver,

a pesar de que ello comporte burlas de los malos del lugar, malos como era yo antes,

y reproches de los buenos por mi pasada conducta.

Pero no me importa.

Te predicaré con mi ejemplo.

Jesús le responde:

–         Bien dices.

Harás como has dicho.

Luego subiré Yo.

Tú también. Timoneo, has hablado con buen juicio.

Irán, pues, Hermas y Abel de Belén de Galilea a anunciarme a Aera,

mientras que tú, Timoneo, te quedarás conmigo.

Pero no quiero estas discusiones.

Ya no sois ni judíos ni galileos; sois los discípulos. 

Es suficiente.

El nombre y la misión os equiparan en región, en grado, en todo.

Sólo os podéis diferenciar en una cosa, en la santidad:

la santidad será individual y tendrá la medida que cada uno sepa alcanzar.

De todas formas, quisiera que tuvierais todos la misma medida, la perfecta.

¿Veis a los apóstoles?

Estaban como vosotros, divididos por razas u otras cosas.

Ahora, después de más de un año de instrucción, son únicamente los apóstoles.

Haced vosotros lo mismo, de forma que como entre vosotros,

el sacerdote convive con el que fue pecador, el rico con el que fue mendigo,

el joven junto al hombre longevo;

haced que se anule la separación de pertenecer a esta o aquella región.

Tenéis una sola patria: el Cielo.

Porque habéis emprendido voluntariamente el camino que lleva al Cielo.

No deis nunca a mis enemigos, la impresión de ser enemigos entre vosotros.

El enemigo es el pecado, y ningún otro.

Avanzan en silencio un rato

Luego, Esteban se acerca al Maestro,

y dice:

–        Tengo que decirte una cosa.

He esperado a que me la preguntes, pero no lo has hecho.

Ayer me habló Gamaliel…

–        Lo vi.

–       ¿No me preguntas lo que me dijo?

–        Espero a que me lo digas tú.

Porque el buen discípulo no tiene secretos para su Maestro.

–        Gamaliel…

Maestro, ven unos metros delante conmigo…

–        Vamos, sí.

Pero podías hablar en presencia de todos…

Se adelantan unos metros.

Esteban, ruborizado,

dice:

–        Debo darte un consejo, Maestro.

Perdóname..

Jesús concede:

–        Si es bueno, lo aceptaré.

Habla.

–       Maestro, en el Sanedrín todo se sabe antes o después.

Es una institución que tiene mil ojos y cien tentáculos.

Penetra por todas partes, ve todo, oye todo.

Sus informadores superan en número a los ladrillos de los muros del Templo.

Muchos viven así…

–        Como espías.

Termina, sí.

Es verdad. Lo sé.

¿Y entonces?

¿Qué han dicho, más o menos verdadero, en el Sanedrín?

–        Han dicho…

TODO..

No sé cómo se las arreglan para saber ciertas cosas.

Ni siquiera sé si son o no verdaderas…

Pero te digo que me ha dicho Gamaliel textualmente:

Di al Maestro que haga circuncidar a Hermasteo o que si no,

que lo separe del grupo, para siempre. No hace falta decir nada más

–        Efectivamente,

No hace falta decir nada más.

Ante todo, porque si voy a Betania es precisamente para esto;

estaré allí hasta que Hermasteo pueda viajar de nuevo.

En segundo lugar, porque ninguna justificación podría demoler las prevenciones y…

Las exageradas reservas de Gamaliel,

que está escandalizado por el hecho de que lleve conmigo

a un incircunciso de un miembro del cuerpo.

¡Ay, si mirase a su alrededor y dentro de sí!

¡Cuántos incircuncisos hay en Israel.

–        Pero Gamaliel…

–       Es el perfecto representante del viejo Israel.

No es malo, pero…

Mira este canto. Podría romperlo, pero no lo haría maleable.

Lo mismo él.

Deberá ser triturado para adquirir nueva forma.

Y lo haré.

Esteban dice alarmado:

–        ¿Quieres hacer la guerra a Gamaliel?

¡Atento, porque es muy poderoso!

–        ¿Hacerle la guerra, como si fuese un enemigo? NO. 

Al contrario de presentarle batalla, lo amaré, complaciéndole en un deseo

para su cerebro momificado.

Y derramando sobre él un bálsamo que ha de disgregarlo para darle forma nueva.

–        Pediré yo también para que esto se cumpla, porque lo quiero.

Martirio de san Esteban en Jerusalén, que provocará la conversión de Gamaliel…

¿Hago mal?

–       No.

Debes amarlo orando por él.

Y lo harás, ciertamente lo harás.

Es más, serás tú precisamente el que me ayude a elaborar el bálsamo…

En todo caso, dile a Gamaliel, para que se tranquilice, que ya había pensado en Hermasteo,

Y que le agradezco el consejo.

Bien, hemos llegado a Betania.

Detengámonos.

Hemos llegado al lugar en que nos separaremos.

Quiero bendeciros a todos.

Y se reúne de nuevo con el espeso y único grupo de los apóstoles y discípulos.

Los bendice y se despide de ellos;

de todos menos de Hermasteo, Juan de Endor y Timoneo.

Luego, con los que se han quedado,

recorre ligero los pocos pasos que todavía le separan del cancel del jardín de Lázaro,

Que ya ha sido abierto de par en par para recibirlo.

Entra levantando la mano para bendecir a la casa hospitalaria.

En el vasto parque,  distanciados, están los dueños de la casa y las pías mujeres,

que ríen de las carreras de Margziam por los senderos adornados con las últimas rosas.

Además de los dueños y las mujeres, cuando éstas gritan;

aparecen por un sendero José de Arimatea y Nicodemo,

que también gozan de la hospitalidad de Lázaro

para que así puedan estar tranquilamente con el Maestro

Acuden todos a recibir a Jesús:

María, con su dulce sonrisa;

María de Magdala, con su grito de amor: «¡Rabbuní!»;

Lázaro, cojeando:

luego, los dos solemnes miembros del Sanedrín;

al final, las pías mujeres de Jerusalén y Galilea,

rostros marcados de arrugas y rostros lisos de mujeres jóvenes.

Y dulce como la de un ángel, la carita virginal de Analía, que se ruboriza al saludar al Maestro.

Después de los primeros saludos,

Jesús pregunta: .

–        ¿No está Síntica? 

–         Está con Sara, Marcela y Noemí, adornando las mesas.

Pero… ahí llegan.

Llegan, en efecto, junto con la anciana Ester de Juana:

dos caras marcadas por la edad y por los dolores pasados, en medio de otras dos caras serenas.

Y -distinto por la raza y por todo un no sé qué que distingue a Síntica-

con su el rostro grave, aunque luminoso de paz, de la griega.

No podría tampoco definirla como una belleza en el verdadero sentido de la palabra.

Y no obstante, sus  ojos, de un negro mitigado con tonalidades de añil oscurísimo,

bajo una frente alta y nobilísima;

impresionan más aún que su cuerpo, que eso sí, es sin duda más hermoso que la cara.

Un cuerpo esbelto sin ser delgado, proporcionado, armónico en su caminar y en sus ademanes.

Pero lo que impresiona es la mirada; 

esta mirada inteligente, abierta, profunda, que parece aspirar el mundo, seleccionarlo,

retener lo bueno, lo útil, lo santo…

Y rechazar todo lo malo con esta mirada sincera,

que se deja hurgar hasta  las mayores profundidades

y a través de la cual el alma se asoma a escrutar a quien se le acerca.

Si es verdad que los ojos permiten conocer al individuo,

Síntica es mujer de juicio seguro y de firmes y honestos pensamientos.

Ella también se arrodilla con las otras.

Y espera a levantarse hasta que el Maestro lo diga.

Jesús sigue por el verde jardín hasta el pórtico que precede a la casa. 

Y entra luego en una sala donde los domésticos están preparados para ofrecer refrigerio

a los recién llegados…

Y ayudarlos en las purificaciones de antes de la comida. 

Y todas las mujeres se retiran.

Jesús se queda con los apóstoles en la sala.

Juan de Endor con Hermasteo, van a la casa de Simón Zelote

para dejar los fardos de que se han cargado.

José pregunta:

–         ¿Ese joven que ha salido con Juan el tuerto, es el filisteo que has aceptado?

Jesús responde:

–        Sí, José.

¿Cómo lo sabes?

–        Maestro…

Yo y Nicodemo llevamos ya algunos días preguntándonos, cómo es que lo sabemos.

Y cómo es que lo saben los otros del Templo, por desgracia.

Lo cierto es que lo sabemos.

Antes de los Tabernáculos, durante la sesión que precede siempre a las fiestas,

algunos fariseos dijeron que sabían con precisión que a tus discípulos se habían unido

un filisteo incircunciso y una pagana, además de…

Perdona Lázaro,

Las pecadoras conocidas y desconocidas;

y de los publicanos, -perdona, Mateo hijo de Alfeo-.

Y de los ex presidiarios.

Por lo que respecta a la pagana, que es ciertamente Síntica,

se comprende que se pueda saber o por lo menos intuir.

El alboroto que preparó el romano fue grande.

Y ha sido objeto de carcajadas entre los de su ambiente y entre los judíos…

Incluso porque fue, quejumbroso y amenazador al mismo tiempo,

a buscar por todos los rincones a su fugitiva.

E importunó incluso a Herodes…

Porque decía que se había escondido en casa de Juana.

y que el Tetrarca debía imponer a su oficial que la entregase a su amo

Ahora bien, que entre tantos hombres como te siguen,

se sepa que uno es filisteo e incircunciso…

Y otro es un ex presidiario…

Es extraño, muy extraño.

¿No te parece?

–        Sí y no.

‘Tomaré oportunas medidas para Síntica y para el ex presidiario.

–       Sí. Bien harás.

Sobre todo, en desprenderte de Juan.

No está bien entre tus seguidores.  

Jesús pregunta severo:

–        José, ¿Ahora eres fariseo? 

–        No… Pero…

–        Debería, por un estúpido escrúpulo del peor fariseísmo,

¿Humillar a un alma regenerada?

¡No lo haré

Me ocuparé de su tranquilidad.

De la suya, no de la mía.

Velaré por su formación, como también velo por la del inocente Margziam.

¡En verdad, no hay diferencia entre el desconocimiento espiritual de uno y otro!:

Uno de ellos está empezando a decir palabras de sabiduría, porque Dios lo ha perdonado,

porque ha renacido en Dios, porque Dios ha abrazado al pecador. 

El otro las dice porque, pasando de una niñez abandonada a una adolescencia custodiada

por el amor del hombre, además del de Dios;

abriendo su alma al sol como una corola.

Y el Sol lo ilumina con su propia Luz; su Sol: Dios.

Y el primero se aproxima a decir las últimas palabras…

¿No tenéis ojos para ver que se está consumiendo de penitencia y amor?

¡Ya querría tener muchos Juanes de Endor en Israel y entre mis adictos!

Querría que tú José y tú Nicodemo, tuvierais un corazón como el suyo.

Y SOBRE TODO QUE LO TUVIERA SU DELATOR.  

esa abyecta serpiente que se oculta bajo apariencia de amigo.

Y que espía antes de asesinar;

esa serpiente que envidia las alas del pájaro. 

Y que lo acosa para arrancárselas y meterlo en la prisión.

¡Ah! ¡No!

El ave está ya para transformarse en ángel.

Aunque la serpiente pudiera -no podrá- arrancarle las alas,

éstas se transformarían en su cuerpo glutinoso en alas de demonio.

Todo delator es ya un demonio.  

Pedro exclama:

–        ¿Dónde estará el tal delator?

Decídmelo, para que pueda ir inmediatamente a arrancarle la lengua. 

Tadeo añade:

–        Sería mejor que le arrancases los colmillos llenos del veneno.

Judas ha escuchado todo impertérrito. La posesión demoníaca perfecta que él padece, le da la fuerza para estar al borde del precipicio, sin manifestarlo...

El escriba más poderoso del Sanedrín: Sadoc, fue su maestro para el sacerdocio.

Su padre, el sacerdote Simón, lo encomendó para su formación sacerdotal,

abriéndole el camino para su triunfo en la teocracia israelita…

La egolatría y ambición del apóstol infiel,

lo condujo por el atajo de su “sueño equivocado” cuando conocío a Jesús….

Aquel día que con majestad divina expulsara a los mercaderes, del Templo de Jerusalén.   

Y Judas de Keriot

CREYÓ que era el Mesías…. 

por eso insistió en ser apóstol, por el ambicioso plan que le materializaría

el ser el poderoso primer ministro, del Mesías que reinaría sobre Israel,

sin comprender nunca la misión espiritual del Redentor... 

Cada día está más desilusionado en sus sueños de poder terrenal…

Y le habló a su antiguo maestro de regresar al Templo y a él:…

Pero Sadoc lo convenció de seguir con el Mesías y así el sanedrín estará infiltrado

en el círculo íntimo, del que consideran la mayor amenaza para su “trono terrenal”

Y su poder jerárquico en el Templo de Jerusalén…

Y es de esta forma en que lo han convertido en su ESPÍA, 

Y EN EL MAYOR INSTRUMENTO DEL MALIGNO,

PARA ATORMENTARLO 

En el SUFRIMIENTO Divino de Jesucristo, el Hombre-Dios.  

Jesús ES el Dios del Amor, Encarnado del Amor, por el Amor, para el Amo;  

PARA LA REDENCIÓN DE LA CREACIÓN ENTERA….

Grabar esto en nuestra mente, descifra el tremendo DRAMA contenido en el contraste:

JESÚS-JUDAS

JESÚS DIOS ENCARNADO

Y EL ANTICRISTO: 

SATANÁS ENCARNADO.

Y los modernos “Judas del Vaticano” 

Si tan sólo ESTO pudieran entenderlo

Los miembros y la Jerarquía de la Iglesia Católica… 

Apostólica y romana;

Sabrían perfectamente lo que está pasando alrededor y en torno de la Iglesia;

Y en el Universo entero…. 

Judas declara muy resuelto:

–        ¡No, hombre, no!

¡Mejor estrangularlo!

Así no hará ya ningún daño con nada.

Son seres que siempre pueden causar daños… 

Jesús fija en él sus ojos,

y termina:

–       …. Y mentir.

Pero ninguno debe hacer nada contra él.

Es quebranto, por ocuparse de la culebra dejar perecer al ave

Por lo que respecta a Hermasteo, voy a estar aquí un tiempo;

en casa de Lázaro precisamente, para su circuncisión;

él abraza por amor a Mí y para evitar persecuciones de las restringidas mentes hebreas,

la religión santa de nuestro pueblo.

No es sino tránsito de las Tinieblas a la Luz.

Y no es necesario para que un corazón reciba la luz.

De todas formas, lo concedo para calmar las susceptibilidades de Israel.

Y para poner de manifiesto la verdadera voluntad de este filisteo de llegar a Dios.

Ahora bien, os digo que en el tiempo del Cristo no es necesario esto para ser de Dios.

Basta la voluntad y el amor, basta la rectitud de conciencia.

¿Y dónde vamos a circuncidar a la griega?

¿En qué punto de su espíritu?

¿Si por sí sola ha sabido sentir a Dios mejor que muchos en Israel?

En verdad, entre los presentes muchos son tinieblas respecto a los que despreciáis como tinieblas.

En todo caso, el delator y vosotros, miembros del Sanedrín,

podéis informar a quien haya que hacerlo

de que el escándalo, desde hoy mismo, está eliminado.  

Judas pregunta:

–       ¿Para quién?

¿Para los tres?

Jesús, mirándolo fijamente, responde

–        No, Judas de Simón.

Para Hermasteo.

Ya me encargaré de los otros.

¿Tienes algo más que preguntar?

–        Yo no, Maestro.

–       Y Yo tampoco tengo más que decirte.

Sin embargo, a vosotros os pregunto, si lo sabéis, ¿Qué es del amo de Síntica?  

Nicodemo responde:

–         Pilatos lo mandó a Italia con el primer barco que tuvo a mano,

para no tener complicaciones con Herodes y con los hebreos en general.

Pilatos está pasando momentos difíciles…

Y ya le bastan… 

–        ¿Esta noticia es segura?

Lázaro dice:

–        Si quieres, Maestro, puedo asegurarme.

–        Sí, hazlo.

Y luego dime la verdad.

–        Pero en mi casa, Síntica está igualmente segura.

–        Lo sé.

También Israel tutela a una esclava que haya huido de su amo extranjero y cruel.

Pero quiero saberlo. 

Pedro declara: 

–         Y yo quisiera saber…

Quién es el Delator, el informador, el venenoso espía de los fariseos.

Y esto se puede saber y lo quiero saber;

quiénes son los fariseos denunciadores.

Que salgan los nombres de los fariseos y de su ciudad.

Me refiero a los fariseos que han hecho la bonita obra de informar, 

previa traición de uno de nosotros,

porque sólo nosotros sabemos ciertas cosas,

nosotros los discípulos antiguos y nuevos de informar al Sanedrín sobre las cosas que hace el Maestro.

Cosas que son todas justas.

Y es un demonio el que diga y piense lo contrario. Y…  

Jesús lo interrumpe:

–       Y basta, Simón de Jonás.

Te lo ordeno.

–        Y yo obedezco…  

Aun a costa de que se me revienten las venas del corazón por el esfuerzo.

En todo caso, lo bonito de esta jornada ya se ha perdido.  .–        No. ¿Por qué?

¿Ha cambiado algo entre nosotros?

¿Entonces?

¡Oh, Simón mío!

Ven aquí a mi lado, hablemos de las cosas buenas…  

Lázaro dice:

–        Vienen a decirnos que es la hora de la comida, Maestro.

-Pues vamos entonces…

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