537 Soliloquio Matutino


  • IMITAR A JESÚS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

442 Judas Iscariote en Nazaret en casa de María.

Leve, levísimamente rojea oriente con el primer atisbo de aurora…

Cuando Judas de Keriot llama a la puerta de la pequeña casa de Nazaret.

En la calle sólo hay campesinos y pequeños propietarios de Nazaret,

que van en dirección a sus viñas u olivares, con sus herramientas de trabajo.

Y miran con asombro a ese hombre que llama a una hora tan mañanera a la casa de María.

Cuchichean.

Respondiendo al comentario de otro,

dice uno:

–              Es un discípulo. 

–              Está claro que busca a Jesús de José.

–              Es inútil.

Ayer noche se ha marchado.

Lo he visto yo.

Voy a decírselo…

–              ¡Déjalo!

Es Judas de Keriot.

No me gusta ese hombre.

–            Nosotros quizás cometemos muchos errores con Jesús y hacemos mal.

Pero él, ése, el año pasado ha hecho mucho daño aquí entre nosotros…

–            Quizás nos hubiéramos convertido.

Pero él…

–            ¿Qué?

¿Qué?

¿Cómo lo sabes?

–           Yo estaba presente una noche en casa del arquisinagogo…

Y necio de mí, creí inmediatamente en todo…

¡Ahora… basta!

Creo que he pecado.

–            Quizás él también se ha dado cuenta de que ha pecado y…

Se alejan y sus voces se convierten en un murmullo que se va perdiendo…

Judas vuelve a golpear en la puerta.

Ha estado pegado a ella, la cara contra la madera,

como si quisiera evitar ser visto y reconocido.

Pero la pequeña puerta no se abre.

Judas hace un gesto de contrariedad y se aleja por la callecilla que bordea el huerto.

Da la vuelta hacia la parte de atrás de la casa.

Echa una ojeada por encima del seto al huerto quieto, animado sólo por las palomas.

Judas piensa qué hacer.

Habla consigo mismo:

«A lo mejor se ha marchado Ella también.

No obstante… la habría visto.

Bueno y… No.

Ayer, al atardecer, oía su voz…

Quizás ha ido a dormir donde su cuñada…

¡Uf! Eso es tan latoso como tener una abeja delante de la cara, porque volverán juntas.

Yo quiero hablarle estando sola, sin esa vieja como testigo.

Es una lenguaraz y me haría una serie de observaciones.

No quiero observaciones yo.

Y es astuta, como todas las viejas lugareñas.

No aceptaría como buenas mis disculpas…

Y se lo comentaría a esa ignorante paloma de su cuñada…

A ésa estoy seguro de engañarla en todos los sentidos.

Es tarda como una oveja…

Y debo poner remedio a lo que sucedió en Tiberíades.

Porque si habla…

¿Habrá hablado?…

¿O habrá guardado silencio?

Si ha hablado…

Será más difícil arreglar las cosas…

Pero no habrá hablado…

Confunde la virtud con la necedad.

Como es la Madre, así es el Hijo…

Y los otros actúan mientras ellos duermen.

La verdad es que tienen razón.

¿Por qué dejarlos aparte si parece que quieren?…

Pero por otra parte, ¿Qué es lo que quieren?…

Tengo la cabeza tan embarullada…

Tengo que dejar de beber y… ¡Ya!

Pero es que el dinero tienta.

Y soy como un potro al que hubieran tenido demasiado tiempo encerrado.

¡Dos años, Eh!

¡Más de dos años!

Dos años de todas las abstinencias…

Pero… entretanto…

¿Qué decía anteayer Elquías?

¡No son malas sus enseñanzas!

¡Ciertamente!

Todo es lícito con tal de lograr establecer a Jesús en el trono.

¿Pero si El no quiere?

De todas formas debo pensar ciertamente que, si no triunfamos…

Todos nosotros vamos a acabar como los seguidores de Teodas o de Judas el Galileo…

Quizás haría bien en separarme porque…

Bueno porque no sé si lo que ellos quieren es bueno.

Me fío poco de ellos…

Están demasiado cambiados de un tiempo a esta parte…

Y si…

¡Qué horror!

¿Ser yo el medio para perjudicar a Jesús?

No.

Me separo.

De todas formas, es amargo haber soñado el reino…

Y volver a ser, ¿Qué?…

Nada…

Pero mejor nada que…

Él dice siempre: «aquel que cometa el gran pecado».

¿Oye?

¡No iré a ser yo, eh!

¿Yo? ¿Yo?

Antes me ahogo en el lago…

Me marcho.

Es mejor que me marche.

Iré donde mi madre.

Le pediré dinero.

Porque está claro que no puedo pedirles a los miembros del Sanedrín,

el dinero para marcharme.

Me…

Me ayudan porque esperan que yo los ayude a salir de la incertidumbre.  

Una vez que Jesús sea rey, estaremos seguros.

La posesión demoníaca perfecta es muy hipócrita, continuamente tiene delirios de grandeza, mira con desprecio a los demás y es muy servil, para obtener lo que desea…

La muchedumbre con nosotros…

Herodes…

¿Quién se va a preocupar de él?

Los romanos no, el pueblo tampoco.

¡Todos lo odian! Y… y…

Pero Jesús es capaz de renunciar nada más ser proclamado rey.

¡Oh! ¡Bien!

¡Si Eleazar de Anás me asegura que su padre está preparado para ceñirlo rey!…

Después ya no puede quitarse el carácter sagrado.

En el fondo…

Yo hago como aquel administrador infiel de su parábola…

Recurro a los amigos por mí, sí, es verdad, pero también por Él.

Hago, por tanto, servir los medios injustos para…

¡Y, a pesar de todo, no!

Debo tratar de persuadirlo.

No estoy convencido de actuar bien haciendo este subterfugio… y…

¡Oh, si pudiera convencerlo!

¡Porque sería tan hermoso!

Mucho…

¡Sí!

Ésta es la mejor idea.

Decir todo al Maestro con franqueza.

Suplicarle…

Si es que María no le ha hablado de Tiberíades…

¿Cómo he dicho que hay que decir a María?

¡Ah! ¡Sí!

La negativa de las romanas.

¡Maldita mujer aquélla!

¡Si no hubiera ido a donde ella aquella noche…

no me habría encontrado con María!

¡Pero quién iba a imaginarse que María estuviera en Tiberíades!

Y pensar que todos los días anteriores al sábado, durante el sábado

View of the city of Tiberias, the Sea of Galilee, Israel.

y el día siguiente del sábado…

yo no salía nunca para no ver a ningún apóstol…

¡Necio! ¡Necio!

¿No podía haber ido yo a Ippo, a Guerguesa, a buscar mujeres?

¡No! ¡Precisamente allí!

A Tiberíades, por donde los de Cafarnaúm tienen que pasar para venir aquí…

Pero todo por causa de las  romanas…

Tenía la esperanza…

No, esto es lo que debo decir para disculparme, pero no es cierto.

Es inútil que me lo diga a mí mismo, a mí que sé por qué fui allí:

Para reunirme con los poderosos de Israel y para gozar, porque estoy bien de dinero.

De  todas formas…

¡Qué pronto se consume el dinero…!

Dentro de poco ya no voy a tener más…

¡Ja! ¡Ja!

Contaré algún cuento a Elquías y a los compinches y me darán más…

Asomándose por una bifurcación de ramas de un gigantesco olivo,

que está a unos treinta metros del lugar donde está Judas;

Alfeo de Sara, grita:

–             ¡Judas!

¿Estás loco?

Te estoy mirando desde hace un rato, desde encima del olivo.

Gesticulas…

Hablas solo…

¿Te ha hecho daño el sol de Tammuz? 

Judas se estremece, vuelve la mirada…

Lo ve y barbota entre dientes:

–               ¡Que te lleve la muerte!

¡Maldito pueblo de espías!

Pero con una sonrisa afable,

grita:

–             No.

Estoy preocupado porque María no abre…

¿No se encontrará mal?

¡He llamado mucho!…

–             ¿María?

¡Ya podías seguir llamando!

Está con una pobre anciana que se está muriendo.

Cuando la han llamado era la tercera vigilia…

–             Pues tengo que hablar con ella.

–             Espera.

Bajo y voy a avisarle.

¿Pero tienes verdadera necesidad?

–            ¡Hombre, digo yo!

Estoy aquí desde los primeros rayos del sol.

Alfeo, solícito, baja del árbol y se aleja a buen paso.

–             ¡También me ha visto ése ahora!

¡Y está claro que va a volver con la otra!

¡Es que nada me sale bién!

Y lanza una letanía de improperios contra Nazaret;

contra los nazarenos;

contra María de Alfeo…

Contra la caridad de María Santísima hacia la moribunda…

Y contra la propia moribunda…

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