218 LA VENGANZA DE SATANÁS


218 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Mientras, Jesús se dirige a Cafarnaúm en la tarde que declina.

Llega ya de noche.

Atraviesan sin hacer ruido, la ciudad silenciosa bajo la luz de la luna;

única fuente luminosa existente en las callejuelas oscuras y mal pavimentadas.

Entran también en silencio, en el pequeño huerto de al lado de la casa;

creyendo que todos están ya acostados.

Pero una luz arde en la cocina.

Y tres sombras móviles por el movimiento de la leve llama, se proyectan sobre la pared blanca del horno cercano.  

Pedro exclama: 

–     Te esperan, Maestro.

¡Así no se puede continuar!

Ahora mismo voy a decirles que estás demasiado cansado.

Tú, mientras, sube a la terraza. 

Jesús objeta: 

–     No, Simón.

Voy a entrar en la cocina.

Si Tomás tiene a estas personas esperando, es señal de que hay un serio motivo.

Pero los que estaban dentro ya han oído el bisbiseo.

Y Tomás, que es el dueño de la casa, se asoma al umbral de la puerta, 

Diciendo: 

–     Maestro…

Está aquí la dama de otras veces.

Te está esperando desde ayer a la hora del ocaso.

Ha venido con un sirviente….

Y añade en voz baja:

«Está muy inquieta y no para de llorar…».

Jesús dice:  

–     Bien.

Dile que suba arriba.

¿Dónde ha dormido?

–     No quería dormir.

Pero al final, durante unas horas se retiró ya casi al alba, a mi habitación.

Al sirviente le he ofrecido una de vuestras camas para dormir.  

–     Bien.

Así será también esta noche y tú dormirás en la mía.

–     No, Maestro.

Me quedaré en la terraza, sobre unas esteras.

Dormiré bien igualmente.

Jesús sube a la terraza…

Y Marta también.

La saluda: 

–     Paz a ti, Marta.

Sólo hay un sollozo como respuesta.

–     ¿Todavía llanto?

¿Pero no estás contenta?

Marta niega con la cabeza.

–     ¿Y por qué?…

Larga pausa llena de sollozos.

Al final, gimiendo, dice:

–     Han pasado muchas tardes y María no ha vuelto.

No sabemos dónde está.

No la hemos encontrado ni yo ni Marcela, ni la nodriza…

Había pedido el carro y había salido. Iba vestida muy pomposamente…

¡Oh, no había querido llevar otra vez mi vestido!…

No iba semidesnuda, tiene también verdaderos vestidos, pero iba muy provocativa…

Y tomó consigo joyas y perfumes…

Y no ha vuelto.

Al llegar a las primeras casas de Cafarnaúm, se despidió del sirviente diciéndole:

“Volveré con otra compañía”.

Pero no ha vuelto. ¡Nos ha engañado!…

Se ha sentido sola, quizás tentada…

O le ha sucedido algo malo…

No ha vuelto…

Y Marta cae de rodillas.

Llora apoyando la cabeza sobre el antebrazo, apoyado a su vez en un montón de sacos vacíos.

Jesús la mira.

Lentamente y seguro, dominador,

Jesús responde: :

–     No llores.

Hace tres noches María fue a donde Yo estaba.

Me ungió los pies, depositó a mis plantas todas sus joyas.

Así se ha consagrado y para siempre.

Y ha entrado a formar parte de mis discípulas.

No la denigres en tu corazón.

Te ha superado.  

Martha levanta su rostro desencajado,

y grita: 

–     ¿Pero dónde está mi hermana?

¿Por qué no ha vuelto a casa? ¿Es que la han agredido?

¿Ha tomado una barca y se ha ahogado?

¿Algún amante repelido la ha raptado?

¡Oh, María, mi María!

¡Acababa de hallarla y ya la he perdido!

Marta está realmente fuera de sí.

Ya no piensa siquiera en que los que están abajo la pueden oír.

No piensa ya que Jesús le puede decir dónde está su hermana;

se desespera sin reflexionar en nada.

Jesús la sujeta por las muñecas y la obliga a estar quieta.

A escucharlo, dominándola con su alta estatura…

Y su mirada magnética:

–     ¡Basta!

Quiero de ti, fe en mis palabras.

Quiero de ti, generosidad.

¿Comprendido?

No la suelta hasta que Marta se serena un poco.

–     Tu hermana ha ido a saborear su gozo,

rodeándose de santa soledad.

Porque experimenta el supersensible pudor de los redimidos.

Ya te lo había dicho.

No puede soportar la mirada, dulce pero escrutadora, de su familia;

que observa su nuevo vestido de novia de la Gracia.

Y lo que Yo digo es siempre verdad.

Debes creerme.

–     Sí, Señor, sí.

Pero mi María ha pertenecido demasiado al demonio.

Enseguida la ha atrapado de nuevo, él…

–     Él se venga en ti…

De la presa que ha perdido para siempre.

¿Voy a tener que presenciar cómo tú, la fuerte, caes víctima suya;

por un momento de abatimiento demente que no tiene razón de ser?

¿Tendré que presenciar cómo, por ella que ahora cree en Mí,

pierdes esa hermosa fe que siempre he visto en ti?

¡Marta! ¡Mírame bien!

¡Escúchame a mí, no a Satanás!

¿CUÁLES SON LOS DARDOS DE FUEGO DEL MALIGNO? = DESESPERACIÓN, ODIO, DUDA, MIEDO, DESALIENTO, DESCONFIANZA Y MALICIA…

¿No sabes que cuando se ve obligado a soltar la presa por una victoria de Dios sobre él; 

este incansable torturador de los seres, este incansable depredador de los derechos de Dios;

se pone inmediatamente manos a la obra para encontrar otras víctimas?

¿No sabes que lo que afianza la curación del espíritu de otro;

son las torturas que sufre un tercero, que resiste a los asaltos porque es bueno y fiel?

¿No sabes que todo lo que acaece y lo que existe en la Creación está relacionado…

Y sigue una ley eterna de dependencias y consecuencias;

de forma que el acto de uno produce vastísimas repercusiones naturales y sobrenaturales?

Tú estás llorando aquí, aquí estás conociendo la duda atroz…

Y a pesar de todo, permaneces fiel a tu Cristo en esta hora de tinieblas; 

 Allá, en un lugar que desconoces,

María está sintiendo disolverse la última duda sobre la infinitud del perdón que ha recibido.

Y su llanto se transforma en sonrisa, sus sombras en luz.

Tu tormento la ha guiado al lugar de la paz, al lugar de regeneración de las almas,

al lado de la Generadora sin mancha,

junto a Aquella que tanto es Vida, que le ha sido otorgado dar al mundo al Cristo, que es la Vida.

Tu hermana está con mi Madre.

No es la primera que pliega velas en ese puerto de paz, habiéndola llamado el rayo de la viva Estrella María

a aquel seno de amor, por amor, mudo y activo, de su Hijo.

Tu hermana está en Nazaret.

–     Pero…

¿Cómo ha ido si no conoce a tu Madre, ni tu casa?…

Sola… De noche… Sin los medios necesarios… Vestida así…

Mucho camino…

¿Cómo?

–     ¿Cómo?

Como va la golondrina cansada al nido natal, atravesando mares y montes;

contra tempestades, nieblas y viento contrario;

como van las golondrinas a los lugares donde pasan el invierno:

por el instinto que las guía, el suave calor que las invita, el sol que las reclama.

Pues también ella ha acudido al rayo que la convocaba… a la Madre Universal.

Y la veremos regresar a la aurora, feliz…

Dejadas para siempre las tinieblas, con una Madre a su lado, la mía.

Y para no volver a ser huérfana nunca más.

¿Puedes creer esto?

–     Sí, mi Señor.

Marta está como embelesada.

En efecto, Jesús se ha mostrado verdaderamente dominador:

alto, erguido – y, no obstante, un poco curvado hacia Marta, que estaba arrodillada -,

ha hablado lenta pero incisivamente, casi como para transfundir su propio ser en la agitada discípula.

Pocas veces lo he visto con esta potencia, para persuadir con la palabra a alguien que lo escucha.

¡Pero al final qué luz, qué sonrisa en su cara!

Marta lo refleja con una sonrisa y una luz más difuminada en su propio rostro.

–     Y ahora ve a descansar.

Con paz.

Y Marta le besa las manos y baja tranquilizada…

Esto lo podemos experimentar todos, cuando en un ataque brutal, dirigido por Satanás en sus repentinas embestidas; 

cuando invocamos a la Madrecita santísima por su auxilio y Ella nos defiende y nos devuelve la Paz…

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