33 LA PREPARACIÓN


Hago un llamado URGENTE a todo el mundo católico para que el próximo DOMINGO 9 de Agosto se lleve a cabo una jornada de ayuno y oración a nivel mundial con el rezo del rosario de mi Preciosísima Sangre y con el rezo del Exorcismo de San Miguel, de 12:00 am a 6:00 pm, pidiéndole al Padre Celestial por la protección de mis Templos, Santuarios y Lugares Santos, que están siendo destruidos y profanados por las fuerzas del Mal en este mundo.

33 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Es un hermoso amanecer en un lugar inhóspito. Los rayos del sol naciente iluminan las alturas de la montaña.

Desde la mitad de la ladera hacia su cúspide, ya se domina un amplio radio del horizonte, signo de que se ha subido mucho, respecto a la hondonada desértica que se extiende hasta donde alcanza la vista.  

En el aire fresco de la mañana, en que se abre paso la luz incierta blanco-verdosa del alba, que poco a poco va dibujando los contornos,

que antes se encontraban sumergidos en esa neblina impenetrable que precede al día, siempre más obscura que la noche.

En el firmamento todavía se ven las estrellas y el arco de la luna parece una coma de plata en el azul oscuro del cielo. 

Porque parece que la luz de los astros, es más esplendorosa en el breve transcurso de la noche al día, antes de anularse totalmente hasta desaparecer;

mientras se iluminan y hacen visibles los detalles de las laderas rocosas y desnudas de vegetación.

Hay quebraduras que forman grutas, cuevas y escondrijos.

Un lugar totalmente inhóspito en el que sobreviven  escasas plantas espinosas que tienen muy pocas hojas y algunos matorrales. 

Abajo se extiende la desolación del desierto que deja vislumbrar en la lejanía, los rastros de un oasis, sin embargo aquí solo hay lo que pareciera un lago de oscura agua estancada, sucia y muerta.

A su alrededor no hay vida; ni vegetal, ni animal…

Es un lugar tan desolador cuyos confines parecen no tener fin; tan lúgubre, que concentrara toda la tristeza…

Y fuese  un filtro de hondura lóbrega y siniestra, la emanase y expandiese a su alrededor, haciendo que se contraiga el corazón.  

No hay vida. Ningún pájaro surca el espacio sobre sus aguas, ningún animal hay en sus orillas. NADA. 

No hay nada.

En la ribera rocosa que alcanza este punto, llegan cuatro expedicionarios y el que los dirige, se detiene.

Son Jesús, Simón Zelote, Judas de Keriot y Juan de Zebedeo.  

Jesús dice:

–  Hemos llegado a donde quería. 

En este panorama tan yermo, la temporada de lluvias ha arañado la caliza excavando a lo largo de los siglos, un canal apenas dibujado

para desagüe de las aguas que bajan de las cimas, transformándolo en sendero para las cabras monteses.

Descendiendo hasta la base del monte, diluyéndose luego como si fuera un estuario rocoso sobre el vasto mar de arena que es el desierto de Jordania.  

Por este paisaje desolador han ascendido, hasta detenerse ante la hendidura de una cueva.

Jesús mira a su alrededor y repite:

–    Aquí es a donde quería traeros. Aquí es donde el Mesías se preparó para su Misión.  

Judas exclama pasmado:

–    ¡Pero aquí no hay nada!

Jesús contesta:

–     Así es como lo has dicho.

–    ¿Con quién estuviste

–     Con mi alma y con el Padre Eterno.

–     ¡Ah! ¿Estuviste pocas horas?

–     No, Judas. No pocas horas. Muchos días.

Para ser exactos, fueron cuarenta.

–     ¿Pero quién te atendía? ¿Dónde dormías?

–     Tenía de criados a los asnos salvajes que por las noches venían a dormir a sus cuevas.

En ésta… tenía de criados a las águilas que me decían: ‘Ya es de día’, con su áspero graznido al ir en busca de su presa.

Tenía de amigas a las liebrecitas que venían casi a mis pies, a comer la hierba que había.

Mi comida y bebida, eran lo que es alimento de las flores silvestres: el rocío de la noche; la luz del sol. No otra cosa.

–     Pero… ¿Por qué?

–     Para prepararme bien, como tú dices; para mi Misión. Las cosas bien preparadas tienen buen éxito. Tú lo has dicho.

Y lo mío no consistía en lo pequeño e inútil de hacerme brillar en Mí, Siervo del Señor.

Sino en hacer comprender a los hombres lo que es el Señor.

Y a través de esta comprensión, hacerlo amar en espíritu y en verdad.

¡Desgraciado es el siervo del Señor que piensa en su triunfo y no en el de Dios!

¡Que trata de obtener utilidades! ¡Qué sueñe en subir a un trono hecho con los intereses de Dios; a los que ha envilecido hasta que tocan el suelo!

Ese tal, ya no es un siervo. Es un infeliz que se cree príncipe; pero en realidad es un esclavo del Demonio; su rey mentiroso.

Aquí en esta cueva, el Mesías durante cuarenta días, vivió con grandes trabajos y plegarias, para prepararse a su Misión.

Judas, ¿A dónde hubieras querido que Él se fuera a preparar?

Judas se queda perplejo. Desorientado. 

A1 final responde:

–     No sé… Pensaba… con algún rabí… con los esenios… no sé.

Jesús cuestiona:

–    ¿Y podía encontrar un rabí que me dijese algo superior a lo que me decía la Potencia y Sabiduría de Dios?

¿Y podía Yo, Verbo Eterno  del Padre?

¿Podía Yo, que estaba cuando el Padre creó al hombre y que sé de qué espíritu inmortal y poderoso… De qué poder de juicio libre y capaz, ha dotado el Creador al hombre?

¿Podía Yo, ir a procurarme ciencia y capacidad a donde aquellos que niegan la inmortalidad del alma, negando la resurrección final…

Y niegan la libertad de acción del hombre, atribuyendo virtudes y vicios, acciones santas y malvadas al destino, que consideran fatal e invencible?

¡No! ¡No!

Tenéis un destino, ¡Sí, lo tenéis! ¡En la mente de Dios, que os crea, hay un destino para vosotros!

El Padre lo desea. Es un destino de amor, de paz, de gloria: la santidad de ser sus hijos. 

7. Entonces Yahveh Dios formó al hombre con polvo del suelo, e insufló en sus narices aliento de vida, y resultó el hombre un ser viviente. GÉNESIS 2, 7

Éste es el destino que, presente en la mente divina desde el momento en que con el barro fue hecho Adán, estará presente hasta la última creación de alma de hombre.

Sin embargo Dios no hace violencia a vuestra condición de reyes.

Vosotros sois reyes. Porque sois libres en vuestro pequeño reino individual. En el ‘yo’.

El Padre no os violenta en cuanto se refiere a vuestra condición regia.

El rey, si está prisionero, ya no es rey: es un ser abyecto.

Vosotros sois reyes porque sois libres en vuestro pequeño reino individual, en el yo; en él podéis hacer lo que queráis, como queráis.

Frente a vuestro pequeño reino y en sus fronteras tenéis a un Rey amigo y dos potencias enemigas.

El Amigo os muestra las reglas dadas por Él para hacer felices a los suyos. Os las muestra. Os dice: “Aquí están; con estas reglas es segura la eterna victoria”.

Os las muestra – Él, el Sabio y Santo – para que podáis si queréis hacerlo, practicarlas y obtener gloria eterna.

Las dos potencias enemigas son Satanás y la carne.

En la carne incluyo la vuestra y la del mundo, con las pompas y seducciones del mundo.  O sea la riqueza, las fiestas, los honores, el poder que del mundo y en el mundo se tienen.

Que no siempre se obtienen honradamente y menos aún se saben usar honradamente, si por un complejo de circunstancias el hombre alcanza esas cosas.

Satanás, maestro de la carne y del mundo, también habla a través de éste y de la carne; también él tiene sus reglas… ¡Oh, que si las tiene!…

Y dado que el ‘yo’ está envuelto en carne y la carne tiende a la carne, como las limaduras de hierro tienden hacia el imán.

Y dado que el canto del Seductor es más dulce que el gorgorito del ruiseñor en celo, entre rayos de luna y perfume de rosales…

Es más fácil ir hacia estas reglas, volverse hacia estas potencias, decirles: “Os considero amigas, entrad”. 

El hombre se inclina hacia su seducción…

Entrad… ¿Habéis visto alguna vez a un aliado que permanezca siempre honesto, sin pedir el ciento por uno a cambio de la ayuda prestada? Así hacen esas potencias.

Entran… Y se convierten en las dueñas.

¿Dueñas? No: OPRESORES. Os esclavizan, ¡Oh hombres!, a su banco de galera.  Os encadenan ahí, no os dejan alzar ya el cuello de su yugo.

Y su látigo os surca de sangre, si tratáis de huir de ellas.

No hay alternativa: dejarse herir hasta llegar a ser un amasijo de carne hecha pedazos, tan inútil como carne, que hasta su cruel pie la desprecia.

Y os esclavizan hasta destruiros… muriendo atrozmente bajo ellas.

Si sabéis proporcionaros ese martirio, porque vosotros mismos NO QUERÉIS LIBERAROS de su dominio y contribuís a hacer más denigrante vuestra esclavitud. 

Entonces pasa la Misericordia, la Única que todavía puede tener piedad de esa repugnante miseria de la cual el mundo – uno de sus dueños – siente ahora asco.

Y contra la cual el otro dueño Satanás, dirige sus flechas incendiarias de venganza.

Y la Misericordia, la única que pasa se agacha, la recoge, la atiende, la vuelve a sanar y le dice: “Ven, no temas, no te mires porque tus llagas, a pesar de haber cicatrizado ya,

son tan innumerables que te causarían horror por lo mucho que te afean.

Yo no te las miro, miro tu voluntad; por esa voluntad buena estás marcada así. Por eso Yo te digo: Te amo, ven conmigo”…

Y la lleva a su Reino. Entonces podéis entender que Misericordia y Rey amigo son una misma persona.

Halláis de nuevo las reglas que Él os había mostrado y que vosotros no habías querido seguir. Ahora lo deseáis… y llegáis a la paz: de la conciencia primero, a la Paz de Dios, después.

Decidme, entonces, ¿Este destino lo impuso Uno Solo para todos? o ¿Cada uno individualmente, lo deseó para sí?

Simón dice:

–    Cada uno lo deseó.

–    Juzgas bien, Simón. ¿Podía ir Yo a formarme con aquellos que niegan la beata resurrección y el don de Dios? Por eso vine aquí.

He tomado mi alma de Hijo del hombre y me la labré con los últimos retoques…

TERMINANDO EL TRABAJO DE TREINTA AÑOS

DE ANIQUILAMIENTO Y DE PREPARACIÓN,

PARA IR PERFECTO A MI MINISTERIO.

Ahora os pido que estéis conmigo unos días en esta cueva.

La primera vez Yo vine al terminar la luna de Tebet, y el viento que descendía de las nieves de la cúspide era muy frío.

En cualquier caso será menos angustiosa, porque será más breve…

En los pequeños odres de piel que dije a los pastores que os dieran, hay agua suficiente para estos días de estancia. Yo…

Yo estuve solo.

Llegué aquí a fines de la luna de Tebet.  Y el viento que descendía de los hielos era frío.

1. Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo. Mateo 4

Siempre será menos doloroso, porque ahora es verano.

Y aquí arriba sopla el viento de las alturas, que mitiga el calor.

Y porque ahora disponemos de esa mínima cantidad de alimento que puede proporcionar alivio a nuestra hambre.

En las pequeñas botijas de cuero, hice que los pastores os dieran agua suficiente, para estos días de permanencia.

De todas maneras será una estancia menos desolada, porque seremos cuatro amigos que luchan contra las tristezas, los miedos, las tentaciones, las necesidades de la carne.

YO NECESITO ARRANCAR DOS ALMAS A SATANÁS.

SÓLO LA PENITENCIA LO PUEDE.

OS PIDO AYUDA.

Supondrá una formación también para vosotros.

Aprenderéis cómo se arrebatan las presas a Satanás: no tanto con las palabras cuanto con el sacrificio…

¡Las palabras!…

El estrépito satánico impide oírlas…

Toda alma en manos del Enemigo se encuentra envuelta en torbellinos de voces infernales…

¿Queréis quedaros conmigo?

Si no queréis, idos. Yo me quedo.

Nos volveremos a ver en Tecua, junto al mercado.

Juan dice:

–     No, Maestro. Yo no te dejo.

Al mismo tiempo, Simón exclama:

–     Tú nos elevas al querernos contigo en esta redención.

Judas no está muy entusiasmado. Pero hace buena cara al destino…

Y dice:

–     Me quedo.

Jesús da instrucciones:

–    Tomad entonces los odres y las alforjas. Metedlos dentro antes de que queme el sol.

Partid leña y amontonadla junto a las aberturas.

Aún en verano, la noche es fría y no todos los animales son buenos. Vamos a encender enseguida una rama…

¡Allí!, prended aquella rama de acacia resinosa, hasta que arda bién.

Y vamos a mirar entre las fisuras para echar afuera áspides y escorpiones.

¡Venid, comenzad!…

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