643 Milagro en Fuga


IMITAR A JESÚS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

482b En camino con un pastor samaritano que ve premiada su fe.

Los apóstoles, susurran:

–              Maestro, ahora viene lo malo.

Hay que recorrer un tramo de camino entre la gente…

Ya están en el camino detrás de las ovejas que van en fila,

ajustadas entre el monte, el cayado del pastor y la vigilancia del perro.

El niño está ahora al lado de Jesús, que lo acaricia.

Llegan a una bifurcación.

El pastor ha parado el rebaño, también él se detiene…

Y ahora dice:

–            Aquí tienes el camino para ti y éste es el mío.

Pero si vas hacia el pueblo, vas a encontrar un tercero más corto,

para llegar al pueblo vecino.

Y señalando a lo lejos, agrega:

Mira:

¿Ves aquel sicómoro gigante?

Ve hasta allá y luego tuerces a la derecha.

Verás una placita con una fuente.

Después de ella, una casa, negra de humo.

Es el herrero.

Pasada su casa está el camino.

No tiene pérdida.

Adiós.

–           Adiós.

Has sido bueno.

Dios te consolará.

El pastor se marcha por su camino.

Jesús por el suyo.

Con el primero, las ovejas;

con el segundo, los apóstoles:

Dos pastores en medio de su rebaño…

Ya están separados.

Ocultos por un grupo de casas que se introduce entre el camino de primer orden,

seguido por el pastor.

Y este caminito que entra en una pobre barriada del pueblo más pobre…

Silencioso, solitario…

Esta pobre gente está ya en las casas.

Las puertas entornadas muestran los fuegos en las cocinas…

Cae la tarde con las calígines del crepúsculo.

Judas dice:

–               Nos detenemos en cuanto atravesemos el pueblo.

Veo allí casas en los campos.

–               No.

Es mejor proseguir.

Las opiniones son distintas.

Llegan a la fuente.

Se acercan a ella para lavarse y llenar las cantimploras.

Allí está el herrero.

Está cerrando su negro taller.

Y se ve el camino que va hacia los campos…

Se adentran.

Pero un grito llega desde lejos, del pueblo.

Es la voz del pastor:

–            ¡Rabí!

¡Rabí!

¡Mi hijo!

Otros gritos se unen:

–               ¡Vecinos!

–            ¡Venid!

–              ¿Dónde está el Peregrino?  

Los apóstoles preguntan:

–              ¡Nos buscan a nosotros, Señor!

–             ¿Qué has hecho?

Jesús responde:

–              Corred.

Si llegamos a aquel bosque ya no nos verá nadie.

Corren por un prado cubierto con el último heno segado;

llegan a un promontorio, trepan;

desaparecen, perseguidos por las voces, que ahora son numerosas,.

Y por las personas que se diseminan fuera del pueblo,

llamando más que mirando,

porque ya la penumbra borra muchas cosas.

Se detienen al pie del promontorio.

El pastor dice a todos:

-Os digo que era el Rabí que fue a Siquem.

No podía ser otro.

Me ha curado a Rubén.

Y yo no lo he reconocido.

¡¡¡Rabí!!!

¡¡Rabí!!

¡Deja que te venere!

¡Dime dónde te ocultas!

Sólo el eco responde y parece decir:

« ¡Abí! ¡Abí! ¡Abí!»

Y cambia la última palabra en «cielos».

El herrero dice:

–             Pero no puede estar lejos.

Ha pasado delante de mí, poco antes de que vinieras tú…

–              Pues no está.

Ya ves.

El camino está vacío de gente.

Tenía que seguir éste.

–             ¿No estará en el bosque?

–              No.

Tenía prisa…

Luego busca ayuda en su perro.

Lo incita:

–             ¡Busca!

¡¡Busca!!

Por un momento parece que el perro podrá descubrir el escondite,

porque se dirige hacia el bosque después de haber olido el prado.

Pero luego, el animal se detiene vacilante,

con una pata levantada y el morro también alzado…

Luego, engañado por alguna misteriosa cosa,

se echa a correr ladrando en dirección completamente contraria…

Con la gente detrás, también corriendo…

Los apóstoles soltando un suspiro de alivio,

exclaman:

–               ¡Oh, alabado sea el Señor!.

Y no pueden contenerse de decir al Maestro,

con una velada reconvención:

–               ¿Pero qué has hecho, Señor?

–               Ya sabes que no conviene que seas señalado.

Y Tú…

–               ¿Y no debía premiar una fe?

¿No conviene que crean que estoy en el camino que va de Dotán a Pel.la?

¿No queréis acaso, confundirlos del todo?

Pedro dice:

–             Es verdad.

¡Tienes razón!

Pero ¡Si te hubiera descubierto el animal?

–            ¡Simón!

¿Y piensas que quien impone su voluntad, incluso a distancia,

sobre las enfermedades y los elementos…

Arrojando también los demonios, no puede imponérsela a un animal?

Ahora vamos a tratar de ir al camino después de la curva que hace.

Ya no vemos.

Vamos.

Y casi a tientas,

continúan por el bosquecillo del cerro…

Hasta que regresan al camino pequeño,

blanco bajo la Luna que surge;

lejano del pueblo al que el cerro oculta completamente…

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