466 Pecado de Juicio


466 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

398 Palabras de despedida en Hebrón.

Y ahí está Hebrón, en medio de sus montes ricos en bosques y prados.

La entrada de Jesús en ella es recibida con gritos de hosanna de los primeros que lo ven,

parte de los cuales van veloces a difundir la noticia por todo el pueblo.

Viene el arquisinagogo, vienen los curados del año anterior, vienen los notables de la ciudad.

Todos quieren que el Señor se aloje en su casa.

Pero Jesús, dando las gracias a todos, dice:

–           No.

Me voy a detener sólo el tiempo indispensable para dirigiros unas palabras…

Vamos, pues, a la pobre y santa casa del Bautista.

Para saludar también a esa casa… 

Es lugar de milagro.

Vosotros no lo sabéis.

Muchos dicen:

–         Sí que lo sabemos, Maestro.

¡Los que fueron curados allí, viven entre nosotros!… 

–         Mucho antes de hace un año fue lugar de milagro.

Lo fue, por primera vez, hace treinta y tres años,

cuando la gracia del Señor reverdeció las entrañas áridas para hacer de ellas

árbol para el dulce pomo de mi Precursor.

Lo fue hace treinta y dos años;

cuando, por obra misteriosa lo pre-santifiqué;

siendo Yo y él, dos frutos que maduraban en profundo seno.

Y luego cuando liberé la palabra trabada al padre de Juan.

Pero, a las secretas operaciones del Encarnado que todavía no había nacido,

se añade un gran milagro acaecido hace dos años y que todos vosotros ignoráis.

¿Os acordáis de la mujer que vivía en esa casa?.

Muchos preguntan: ..

–          ¿Quién?

–          ¿Aglae? 

–           Ella.

La reverdecí, no respecto a sus entrañas, sino a su alma árida por el paganismo y el pecado.

Y la hice fecunda en justicia, liberándola de lo que la sujetaba, ayudado por su buena voluntad.

Y os la propongo como modelo.

No os escandalicéis.

En verdad os digo que ella debe ser citada como ejemplo digno de imitación,

porque pocos en Israel han recorrido tanto camino como ella,

pagana y pecadora, para alcanzar las fuentes de Dios.

El arquisinagogo, explica: 

–         Creíamos que había huido con otros amantes…

Había quien decía que había cambiado, que era buena…

Pero decíamos:

«¡Es un capricho!».

Había quien decía que había ido a Ti para… pecar… 

–          Vino a Mí, en efecto;

pero para ser redimida.

–         Hemos cometido pecado de juicio…

–         Por eso digo: «No juzguéis».

–         ¿Y dónde está ahora?

–          Sólo Dios lo sabe.

Sin duda cumpliendo áspera penitencia.

Orad para sostenerla…

¡Te saludo, casa santa de mi Pariente y Precursor!

¡Paz a ti!

¡A pesar de que ahora estés sola y desolada, siempre la paz a ti, santa morada de paz y fe!

Jesús pone pie, bendiciendo, en el jardín ahora agreste.

Y se adentra en medio de las hierbas invasoras,

bordeando lo que en otro tiempo eran pérgolas

u ordenadas espalderas de laureles y bojes…

Y ahora son una enmarañada familia de árboles o plantas,

ceñidos de hiedras, clemátides, convólvulos, que oprimen.

Va hasta el fondo, hasta los restos de lo que era el sepulcro

y se detiene allí.

La gente se apiña, ordenada y silenciosa en círculo, alrededor de Él.

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