252 LOS SACRAMENTOS


252 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

A los primeros rayos del sol que iluminan la pendiente oriental del monte Carmelo.

Y disuelven la neblina que deja ver la belleza de los árboles y de los viñedos…

Jesús baja por los senderos llenos de rocío,

a través del bosque que se anima con los trinos de los pájaros.

Jesús deja el rellano de la cima del Carmelo.

Desciende por los senderos impregnados de rocío,

cruzando los bosques, que se animan cada vez más de trinos y voces,

bajo el primer sol que ya dora la ladera oriental del monte.

Y las voces de Jesús y de Santiago que va recibiendo instrucciones;

respecto a la organización de la jerarquía de la Iglesia…

Y la administración de los Sacramentos.

Cuando la leve neblina del calor se disuelve bajo la acción del sol,

toda la llanura de Esdrelón

se manifiesta en su belleza de huertos de árboles frutales

y majuelos en torno a las casas.

Parece una alfombra en su mayor parte verde,

con escasas islas amarillentas salpicadas de remolinos rojos:

los campos de trigo ya segado, en que llamean las amapolas:

una alfombra ceñida por el engaste triangular de los montes:

Carmelo, Tabor, el pequeño Hermón…

Y por los más lejanos que ocultan el Jordán.

Y se unen hacia el sudeste con los montes de Samaria.

Jesús se para a observar pensativo, toda esa parte de Palestina.

Santiago lo mira y dice:

–      ¿Observas la belleza de esta zona?

–       Sí; pero…

Más que nada, pienso en las peregrinaciones futuras….

Y en la necesidad de enviaros a vosotros y sin dilación, a los discípulos,

no a la limitada labor de ahora, sino a una verdadera labor misionera.

Tenemos muchas zonas donde todavía no me conocen.

No quiero dejar lugares sin Mí.

Es mi continua preocupación: moverme, hacer mientras pueda… 

Y hacer todo…

–      De vez en cuando intervienen cosas que te hacen aminorar la marcha.

–      Más que hacerme aminorar la marcha.

Me imponen variaciones en el itinerario;

porque nunca son inútiles los viajes que realizamos.

Pero todavía hay mucho que hacer, mucho…

Y es que, además, cuando me ausento un tiempo de un lugar,

me encuentro con muchos corazones que han vuelto al punto de partida.

Y debo comenzar desde cero.

–      Sí, esta apatía de los espíritus.

Esta volubilidad y preferencia del mal son desalentadoras y fastidiosas.

–      Desalentador.

No digas fastidioso.

El trabajo de Dios no es nunca fastidioso.MISION

Las pobres almas deben producirnos compasión, no fastidio.

Tenemos que tener siempre un corazón de padre, de padre bueno.

Un padre bueno nunca siente fastidio por las enfermedades de sus hijos.

Y no tenemos que sentirlo nosotros por ninguno».

–      Jesús… 

¿Me permites hacerte algunas preguntas?

No he dormido esta noche tampoco, pero he pensado mucho.

Y te miraba mientras dormías.

¡Cuando duermes pareces muy joven, Hermano!

Sonreías, con la cabeza apoyada en un brazo doblado.

Verdaderamente una postura de niño.

Te veía bien porque esta noche había una Luna muy luminosa.

Pensaba…

Y me han sobrevenido muchas preguntas del corazón…

–      Dilas.

–      Decía:

Tengo que preguntar a Jesús cómo vamos a conseguir llegar con nuestra insuficiencia,

a este organismo que has llamado Iglesia.

En el cual, si no he entendido mal, habrá jerarquías.

¿Nos vas a decir todo lo que tenemos que hacer?

O ¿Lo tendremos que hacer por nuestra cuenta?

–       Cuando llegue la hora… 

Os indicaré quién será la cabeza. No más.

Durante mi presencia entre vosotros, os estoy indicando las distintas clases,

con las diferencias entre apóstoles, discípulos y discípulas.

Porque son inevitables.

Pero mi voluntad es que,

de la misma forma que en los discípulos debe haber respeto y obediencia hacia los apóstoles;

los apóstoles tengan amor y paciencia para con los discípulos.

–      ¿Y qué tenemos que hacer?

.Somos los apóstoles de los Últimos Tiempos… Llevemos ante el Trono Trinitario, nuestras redes llenas de las almas y las intercesiones que pedimos por…

¿Predicarte continuamente? ¿Sólo predicarte?

–      Eso es lo esencial.

Luego tendréis que absolver y bendecir en mi Nombre, admitir de nuevo a la Gracia.

Administrar los Sacramentos que instituiré…

–      ¿Qué son?

–      Medios sobrenaturales y espirituales;

aplicados con medios materiales.

Usados para persuadir a los hombres de que el sacerdote hace realmente algo.

Como puedes observar, el hombre, si no ve, no cree;

siempre necesita algo que le diga que hay algo.

Por este motivo, cuando realizo milagros impongo las manos o mojo con saliva.

U ofrezco un bocado de pan untado en algo.

Podría hacer milagros sólo con mi pensamiento

Pero ¿Crees que en ese caso, la gente diría: “Dios ha hecho un milagro”?

Dirían: “Se ha curado porque era la hora de curarse”.

Y atribuirían el mérito al médico, a las medicinas, a la resistencia física del enfermo.

Lo mismo será para los Sacramentos:

Formas del culto para administrar la Gracia, devolverla o fortalecerla en los fieles.

Juan por ejemplo, usaba la inmersión en agua para dar una figura de la purificación de los pecados.

En realidad, la mortificación de confesar la propia impureza por los pecados cometidos,

era más útil que el agua que lavaba los miembros.

Yo también tendré el bautismo, mi Bautismo,

que no será simplemente una figura,

sino realmente eliminación en el alma de la Mancha Original

y restitución al alma del estado espiritual aumentado por conferirlo los méritos del Hombre-Dios

que poseían Adán y Eva antes de su pecado.

–      Pero…

¡El agua no desciende al alma!

El alma es espiritual.

¿Quién podrá cogerla en el recién nacido, en el adulto o en el anciano!

Nadie.

–       ¿Ves que tú mismo admites que el agua es un medio material nulo en lo espiritual?

Por tanto, no será el agua, sino la palabra del sacerdote, miembro de la Iglesia de Cristo,

consagrado a su servicio.

O de otro verdadero creyente que en casos excepcionales lo sustituya,

Nuestro verdadero bautismo lleno de gloria y júbilo celestial, es cuando somos capaces de decir: “Crucifícame Señor, porque te adoro sobre todas las cosas…

la que obrará el milagro de la redención del bautizado de la Culpa Original.

–      De acuerdo.

Pero el hombre es pecador también por sí mismo…

¿Quién quitará los otros pecados?

–      El sacerdote lo mismo, Santiago.

Si un adulto se bautiza, junto con la Culpa de Origen quedarán canceladas las otras culpas;

si este hombre está ya bautizado y vuelve a pecar,

el sacerdote le absolverá en nombre del Dios Uno y Trino.

Y por el mérito del Verbo Encarnado, como hago Yo con los pecadores.

–     ¡Pero Tú eres santo!

Nosotros…

–      Debéis ser santos.

Porque tocáis cosas santas y administráis cosas de Dios.

–      ¿Vamos a bautizar varias veces al mismo hombre?

¿Cómo hace Juan, que concede la inmersión en el agua todas las veces que uno se acerca a él?

–      Juan, con su bautismo;

solamente lleva a cabo una purificación a través de la humildad de la persona que entra en el agua.

Ya te lo he dicho.

No bautizaréis por segunda vez a quien ya haya sido bautizado;

excepto en el caso de que haya sido bautizado con una fórmula no apostólica sino cismática.

En este caso se puede administrar un segundo bautismo,

previa expresa petición del interesado,

si es adulto, y expresa declaración de querer formar parte de la verdadera Iglesia.

En las otras ocasiones, para devolver la amistad y la paz con Dios,

usaréis la palabra del perdón unida a los méritos del Cristo.

Y el alma que se haya acercado a vosotros con verdadero arrepentimiento

y humilde acusación será absuelta.

–      ¿Y si una persona no puede venir por estar tan enfermo que no se le puede mover de su sitio?

¿Morirá, entonces, en pecado?

¿Al sufrimiento de la agonía añadirá el del miedo al juicio de Dios?

–      No.

El sacerdote irá donde el moribundo y lo absolverá.

Es más, le dará una forma más amplia de absolución, no global;

sino para cada uno de los órganos de los sentidos,

a través de los cuales el hombre generalmente comete el pecado.

Tenemos en Israel el óleo santo, preparado según la regla dada por el Altísimo;

con él se consagra el altar, se consagra al pontífice, a los sacerdotes y al rey.

El hombre es realmente altar, recibe la realeza por su elección para un solio del Cielo.

Por tanto, puede ser consagrado con el óleo de la unción.

El óleo santo, con otras partes del culto israelita, pasará a mi Iglesia, si bien con otros usos.

Porque no todo en Israel está mal y hay que rechazarlo;

antes al contrario, en mi Iglesia habrá muchos recuerdos de la cepa antigua.

Uno de ellos será el óleo de la unción;

que será usado también en la Iglesia para consagrar el altar,

a los pontífices y jerarquías eclesiásticas, a todas.

Y para consagrar a los reyes, y a los fieles,

cuando sean constituidos príncipes-herederos  del Reino

O en el momento de la mayor necesidad del máximo auxilio;

para comparecer ante Dios con miembros y sentidos purificados de toda culpa:

la gracia del Señor socorrerá alma y cuerpo.

Si esto place a Dios para bien del enfermo.

Muchas veces, contribuyen a que el cuerpo no reaccione contra la enfermedad,

los remordimientos que turban la paz.

Y la acción de Satanás, que con esa muerte espera ganar un alma para su reino.

Y hacer que se desesperen los que todavía viven.

El enfermo pasa de la opresión satánica y turbación interior;

a la paz mediante la certeza del perdón de Dios,

que le confiere al mismo tiempo el que Satanás se aleje.

Pues bien, si tenemos en cuenta que en Adán y Eva, el don de la inmunidad de enfermedades

y de cualquier forma de dolor acompañaba al don de la Gracia,

pues entonces el enfermo, devuelto a la Gracia

grande como la de un recién nacido que haya recibido mi Bautismo,

puede obtener también la victoria sobre la enfermedad.

En esto debe ser ayudado por la Oración de los hermanos en la Fe,

que tienen la obligación de la piedad hacia el enfermo.

Piedad no sólo corporal sino sobre todo, espiritual;

orientada a obtener que el hermano se salve física y espiritualmente.

La Oración de por sí, ya es una forma de milagro, Santiago;

como has visto en el caso de Elías,

la Oración de un justo puede hacer mucho.

–      Te comprendo poco…

Pero lo que comprendo me llena de reverencia hacia el carácter sacerdotal de tus sacerdotes.

“Oh Jesús Sacerdote, guarda a tus sacerdotes en el recinto de tu Corazón Sacratísimo, donde nadie pueda hacerles daño alguno; guarda puros sus labios, diariamente enrojecidos por tu Preciosísima Sangre. Entregamos en tus divinas manos a TODOS tus sacerdotes. Tú los conoces. Defiéndelos, Ayúdalos y SOSTENLOS, para que el Maligno no pueda tocarlos. Amén

Si no he entendido mal, tendremos contigo muchos puntos en común:

Predicación, absolución, milagro.

O sea, Tres Sacramentos.

–      No, Santiago.

La predicación y el milagro no son sacramentos.

Los Sacramentos serán más:

SIETE, como el sacro candelabro del Templo y los dones del Espíritu de Amor.

En verdad, dones y llamas son los Sacramentos,

otorgados para que el hombre arda ante el Señor por los siglos de los siglos.

Habrá también un Sacramento para el desposorio humano:

se alude a él en el símbolo de las nupcias santas de Sara de Ragüel, liberada del demonio.

Este Sacramento proporcionará a los esposos todos los auxilios para convivir santamente,

según las leyes y deseos de Dios.

El marido y la mujer también serán ministros de un rito:

el Rito Procreador.

Y sacerdotes de una pequeña iglesia: la familia.

Deberán, por tanto, ser consagrados para procrear con la Bendición de Dios.

Y para educar a una prole en cuyo seno se bendiga el Nombre Santísimo de Dios.

–      ¿Y a nosotros, los sacerdotes, quién nos va a consagrar?

–       Yo, antes de dejaros.

Luego vosotros consagraréis a los sucesores.

Y a cuantos agreguéis para propagar la Fe cristiana.

–      ¿Nos vas a enseñar Tú, verdad?

–       Yo y Aquel que os he de enviar.

Su Venida será también un Sacramento.

Voluntario por parte de Dios Santísimo en su primera epifanía;

otorgado luego, por los que hayan recibido la plenitud del sacerdocio.

Será fuerza e inteligencia, afirmación en la Fe, piedad santa y santo temor;

consejo auxiliador y sabiduría sobrenatural.

Posesión de una justicia que por su naturaleza y poder hará adulto al niño que la reciba.

Pero, todavía no puedes comprender esto.

Él Mismo te lo hará comprender; Él, el divino Paráclito, el Amor eterno,

cuando lleguéis al momento de recibirlo en vosotros.

Y así por ahora, no podéis comprender otro Sacramento.

Es tan sublime que es casi incomprensible para los ángeles.

Y no obstante, vosotros simples hombres, lo comprenderéis por virtud de Fe y de amor.

En verdad te digo que quien lo ame y lo haga alimento de su espíritu,

podrá pisotear al Demonio sin sufrir daño.

Porque Yo estaré entonces con él.

Trata de recordar estas cosas, hermano.

A ti te tocará decírselas a tus compañeros y a los fieles, muchas, muchísimas veces.

Para ese entonces, sabréis ya por Ministerio Divino;

pero tú podrás decir:

“Me lo dijo un día, bajando del Carmelo.

Santiago, Obispo de Jerusalén

Me dijo TODO;

Porque desde entonces estaba destinado a ser la cabeza de la  Iglesia de Israel”.

–      Debo hacerte otra pregunta.

La he pensado esta noche.

¿Tengo que ser yo quien diga a los compañeros:

“Seré la cabeza aquí”?

No me gusta.

Lo haré si lo ordenas, pero no me gusta.

–      No temas.

El Espíritu Paráclito descenderá sobre todos.

Y os dará pensamientos santos.

Todos tendréis los mismos pensamientos para la gloria de Dios en su Iglesia.

–       ¿Y no volverán a darse nunca estas discusiones tan…

Tan desagradables que hay ahora?

¿Y Judas de Simón no será ya un elemento que produzca malestar?

–      No. Tranquilo.

No lo será ya.

De todas formas habrá todavía divergencias.

Por eso precisamente te he dicho: vela y cuida incansablemente,

cumpliendo tu deber con totalidad.

–       Otra pregunta, mi Señor.

En tiempo de Persecución…

¿Cómo me debo comportar?

Parece, según lo que dices, que de los Doce, el único que vaya a quedarse sea yo.

O sea, los otros se irán huyendo de la persecución.

¿Y yo?

–      Tú te quedarás en tu lugar.

Porque, si bien es necesario que no seáis exterminados, hasta que no esté bien consolidada

la Iglesia.

Lo cual justifica la dispersión de muchos discípulos y de casi todos los apóstoles,

NADA justificaría tu deserción y el abandono por parte tuya de la Iglesia de Jerusalén.

Es más, cuanto más esté en peligro… 

Más tendrás que velar por ella;

como si fuese tu hijo más amado y estuviera a las puertas de la muerte.

Tu ejemplo fortalecerá el espíritu de los fieles.

Tendrán necesidad de ello para superar la prueba.

Cuanto más débiles los veas; 

más los deberás sostener, con compasión y sabiduría.

No seas inmisericorde con los débiles, aunque tú seas fuerte.

Antes bien, sostenlos, pensando:

“Para alcanzar esta fortaleza que tengo, he recibido todo de Dios;

humildemente debo decirlo y ser caritativo con los que han recibido menos dones de Dios”,

Y entrega.

Entrega tu fuerza, con la palabra, la ayuda, la calma, el ejemplo.

–       ¿Qué debo hacer si hay fieles malos, causa de escándalo y de peligro para los demás?

–       Prudencia al aceptarlos.

Porque es mejor ser pocos buenos, que muchos no buenos.

Ya conoces el viejo apólogo de las manzanas sanas y deterioradas.

Haz que no se dé esto en tu iglesia.

Pero si encuentras tú también tus traidores;

trata por todos los medios de hacerlos cambiar;

reservando las medidas severas como último recurso.

Si se trata sólo de pequeñas culpas individuales, no manifiestes una severidad apabullante.

Perdona, perdona…

Para redimir a un corazón, es más eficaz el perdón, sazonado de lágrimas y palabras de amor; 

que no un anatema.

Si la culpa es grave, pero resultado de un repentino asalto de Satanás;

una cosa tan grave que el culpable siente la necesidad de huir de tu presencia;

ve tú en busca del pecador.

Porque él es el cordero descarriado y tú el pastor.

No temas rebajarte por descender por los caminos embarrados;

hurgando en las aguas estancadas, buscando en los abismos.

No temas; tu frente entonces será coronada con la corona de los mártires del amor,

la primera de las tres coronas…

Y si te traicionan, como traicionaron al Bautista, y a tantos otros;

porque todo santo tiene su traidor….

Pues perdona;

perdona a éste más que a ningún otro.

Perdona como Dios ha perdonado y perdonará a los hombres.

Sigue llamando “hijo” a quien te cause dolor,

porque así os llama el Padre a través de mi boca.

Y en verdad, no hay ningún hombre que no haya causado dolor al Padre de los Cielos…

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