327 LA SALUD ESPIRITUAL


327 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Síntica añade:

–       ¡Ah, sí!

Como aquel día…

¿Te acuerdas, Juan?

¡Tuviste dos alumnos muy mortificantes ese día!

¡Y muy ignorantes! –

Síntica, sonriendo levemente y mirando fijamente al discípulo con su mirada profunda.

Juan sonríe a su vez,

y dice:

–       Sí.

Y vosotros tuvisteis un maestro muy incapaz, que tuvo que pedir ayuda a la verdadera Maestra…

porque, en ninguno de los muchos libros que había leído;

este pedagogo ignorante había encontrado la respuesta para un niño.

Señal de que soy un pedagogo ignorante todavía.

–       La ciencia humana es ignorante todavía.

Lo insuficiente no era el pedagogo, sino lo que le habían dado para serlo.

¡La pobre ciencia humana!

¡Oh, qué mutilada la veo!

Me recuerda a una divinidad que era venerada en Grecia.

¡Se requería verdaderamente la materialidad pagana, para poder creer que, por estar privada

de alas, la Victoria fuera para siempre propiedad de los griegos!

No sólo las alas a la Victoria;

la libertad incluso nos han quitado…

Mejor hubiera sido, en nuestra creencia, que hubiera tenido alas.

Habríamos podido concebirla capaz de volar, 

para arrebatar rayos celestes y asaetear a los enemigos.

Pero, así, sin alas, no daba esperanza sino desconsuelo y mensaje de tristeza.

No la podía mirar sin apenarme…

La veía doliente, descorazonada por su mutilación.

Un símbolo de dolor, no de alegría…

Y lo fue.

Pero es que el hombre hace con la Ciencia lo mismo que con la Victoria.

Le amputa las alas que bañarían en lo sobrenatural el saber…

Y darían una clave para abrir muchos secretos de lo cognoscible y de la creación.

Han creído, y creen, que, mutilándole las alas la tienen cautiva…

Lo único que han hecho ha sido reducirla a minusválida…

La Ciencia alada sería Sabiduría.

Así, en ese estado, es solamente comprensión parcial.  

Jesús pregunta:

–       ¿Y mi Madre os dio respuesta ese día?  

Síntica dice:

–        Con perfecta claridad y con casta palabra, adecuada para el oído de un niño.

Y de dos adultos de sexo distinto sin que ninguno se ruborizase.

–       ¿Sobre qué versaba?

–       Sobre el pecado original, Maestro.

Tomé nota de la explicación de tu Madre para recordarla.

Juan de Endor dice:

–      También yo.

Creo que será una cosa muy solicitada, si un día se va a los gentiles.

Yo no creo que vaya porque…».  

Jesús pregunta:

–       ¿Por qué, Juan?

–       Porque viviré poco.

–       ¿Pero irías con gusto?

–       Más que muchos otros de Israel, porque no tengo prejuicios.

Y también…

Sí, también por esto.

Yo di mal ejemplo entre los gentiles, en Cintium, y en Anatolia.

Hubiera deseado poder hacer el bien en los lugares en que he hecho el mal.

El bien que debería hacer:

Llevar tu palabra allí, darte a conocer…

Pero habría sido demasiado honor…

No lo merezco…

Jesús lo mira sonriendo;

pero no dice nada a este respecto.

Pregunta:

–        ¿Y no tenéis otras preguntas que hacer? 

Síntica dice:

–        Yo tengo una.

Me ha surgido la otra noche, cuando hablabas del ocio con el niño.

He tratado de darme una respuesta, pero no lo he conseguido.

Esperaba al sábado para hacértela, cuando las manos están inactivas y nuestra alma,

en tus manos, es elevada a Dios. 

–        Haz ahora tu pregunta, mientras esperamos la hora del descanso.

–       Maestro.

Tú dijiste que, si uno se vuelve tibio en el trabajo espiritual, se debilita

y predispone a las enfermedades del espíritu.

¿No es así?

–       Sí, mujer.

–       Pues bien.

Esto me parece en contraste con cuanto os he oído a Ti y a tu Madre, acerca del pecado original,

sus efectos en nosotros, la liberación de éste por medio de Ti.

Me habéis enseñado que con la Redención quedará anulado el pecado original.

Creo que no yerro si digo que será anulado no para todos,

sino solamente para aquellos que crean en ti.

–       Es verdad.

–       Dejo, por tanto a los otros.

Y tomo en consideración a uno de estos salvados.

Lo contemplo después de los efectos de la Redención.

Su alma ya no tiene el pecado original.

Vuelve, pues, a poseer la Gracia como la tenían los Progenitores.

¿Esto no le dará un vigor que no podrá sufrir desfallecimiento alguno?

Tú dirás: “El hombre comete también pecados personales”.

Bien, de acuerdo.

Pero pienso que también éstos caerán con tu Redención.

No te pregunto cómo.

Pero supongo que, como testimonio de que ella se ha producido verdaderamente,

– y no sé cómo acontecerá, si bien cuanto se refiere a Ti en el Libro sagrado hace temblar,

y espero que sea sufrimiento simbólico, restringido a lo moral;

aunque el dolor moral no es una ilusión

sino un espasmo quizás mucho más atroz que el físico.

Dejarás, digo, unos medios, unos símbolos.

Todas las religiones los tienen;

en algunas ocasiones los llaman “misterios”…

El bautismo actual, vigente en Israel, es uno de ellos, ¿No es verdad?

–       Lo es.

Y habrá, con nombre distinto del que tú les das, en mi Religión también,

signos de esta Redención, que serán aplicados a las almas para purificarlas,

fortalecerlas, iluminarlas, sostenerlas, nutrirlas, absolverlas.

–       ¿Y entonces?

Si son absueltas también de los pecados personales, siempre estarán en gracia…

¿Cómo es que entonces, serán débiles y propensas a enfermedades espirituales?

–       Te pongo una comparación.

Tomemos un niño recién nacido de padres sanísimos, sano y robusto.

No hay en él ninguna tara física, hereditaria.

Esqueleto y órganos perfectos.

Goza de sangre sana.

Tiene, pues, todos los requisitos para desarrollarse fuerte y sano;

dándose, además, el caso de que su madre tiene leche abundante y sustanciosa.

Mas, he aquí que en los albores de su vida se manifiesta en él una gravísima enfermedad,

cuya causa se desconoce;

una enfermedad auténticamente mortal.

A duras penas se salva, por la piedad de Dios;

que le retiene la vida que estaba a punto de marcharse de ese cuerpecito.

Pues bien, ¿Crees que, después, ese niño tendrá el mismo vigor,

que si no hubiera sufrido esa enfermedad?

No.

Tendrá siempre en sí un estado de debilidad, que aunque no se manifieste claramente,

estará ahí y lo predispondrá a las enfermedades más fácilmente,

que si no hubiera estado enfermo.

Algún órgano ya nunca estará íntegro como antes.

Su sangre será menos fuerte y pura que antes.

Razones todas éstas por las que contraerá enfermedades más fácilmente;

las cuales, a su vez, cada vez que le afecten,

lo dejarán más propenso a enfermarse de nuevo.

Lo mismo sucede en el campo espiritual.

El pecado original quedará cancelado en los que crean en Mí.

Pero el espíritu conservará una tendencia al pecado;

que no habría tenido sin el pecado original.

Por tanto, es necesario vigilar y cuidar continuamente el propio espíritu,

como hace la solícita madre con su hijito debilitado por una enfermedad infantil.

Por tanto, es necesario no estar ocioso, sino ser siempre diligentes para fortalecerse en virtud.

Si uno cae en la indolencia o en la tibieza, más fácilmente será seducido por Satanás.

Y cada pecado grave, siendo semejante a una grave recaída;

predispondrá cada vez más a la enfermedad y muerte del espíritu.

Por el contrario, la Gracia, restituida por la Redención;

si va acompañada de una voluntad activa e incansable, se conserva.

No sólo se conserva, sino que aumenta;

porque queda asociada a las virtudes conseguidas por el hombre.

¡Santidad y Gracia!

¡Qué alas más seguras para volar a Dios!

¿Has comprendido?

-Sí, mi Señor.

Tú, o sea, la Trinidad Santísima, dais el Medio base al hombre.

El hombre, con su trabajo y atención, no lo debe destruir.

Comprendo.

Todo pecado grave significa destrucción de la Gracia.

O sea, de la salud del espíritu.

Los signos que vas a dejarnos devolverán, sí, la salud;

pero el pecador obstinado, que no lucha por no pecar, será cada vez más débil,

aunque todas las veces sea perdonado.

Es necesario, pues, vigilar para no perecer.

Gracias, Señor…

Margziam se está despertando.

Es tarde…

–       Sí.

Vamos a orar todos juntos y luego iremos a descansar.

Jesús se levanta y todos lo imitan.

(también el niño, que todavía está adormilado).

Y el “Pater noster” resuena fuerte y armónico,

en la pequeña habitación..

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: