Archivos diarios: 7/07/22

559 La Fiesta con Dios


IMITAR A JESÚS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

451 Discurso en el arrabal cercano a Ippo sobre los deberes de los cónyuges y de los hijos.

El lago tan puro, tan sereno por el reposo de las ondas lentas en el guijarral,

que hacen apenas un delicado frufrú al asomarse entre los cantos, ha pasado del color lácteo,

que el alba transfunde a las aguas que dejan atrás la noche…

Al de la aurora que ilumina el agua con las primeras tonalidades de las nubes róseas reflejadas en el lago;

para volver a ser cerúleo con la luz segura de la aurora…

Que recobra vida palpitando de nuevo con el vaivén de sus pequeñas olas, que corren sobre la playa,

orladas de espuma…

Retrocediendo luego para danzar con otras ondas, decorando así todo el espejo lacustre

como si fuera un encaje extendido sobre la seda celeste del agua, que la brisa de la mañana recorre.

El primer rayo de sol surca veloz el agua hacia Tariquea;

allí, donde era tan verdeazul por el reflejo en ella de los bosques, ahora se tiñe de color dorado

y resplandece como un espejo roto herido por el sol.

Este espejo se va extendiendo cada vez más, vistiendo de oro y topacios nuevas aguas aún cerúleas,

cancelando los tonos rosados de las nubes reflejadas en las olas,

fajando las quillas de las últimas barcas que regresan al puerto después de la pesca…

Y las de las primeras que salen.

Mientras las velas bajo la luz triunfal del sol ya alzado, albean como alas de ángel sobre el fondo azul…

Junto con el azul del cielo y el verde de los bosques en las las colinas.

¡Es bellísimo el lago de Galilea!

¡Que por la fecundidad de sus riberas y por la paz mística que inspira al contemplarlo,

recuerda al Trasimeno gema de Palestina…

Digno marco para la mayor parte de la vida pública de Jesús!

Esta es ya una fresca mañana…

Cuando los pobladores de la ribera esperan,

a que Jesús salga de una casa del arrabal del lago para empezar su predicación.

Ciertamente después de tantos portentos sucedidos durante la jornada anterior…

En el transcurso de la noche los vecinos de esta localidad, han dormido poco.

Emocionados como estaban por los milagros ocurridos…

Por la alegría de tener entre ellos al Mesías y por el deseo de no perder ni un minuto de su Presencia.

El sueño fue lento en llegar, por haber sido precedido por muchas conversaciones dentro de las casas…

Donde recapitularon los acontecimientos, examinaron si el espíritu de cada uno en particular,

estaba dotado de aquella fe, esperanza y caridad, resistentes contra todo hecho penoso,

que el Maestro alabó y calificó de seguro medio para obtener gracia de parte de Dios,

en esta vida y en la otra.

Otros no pudieron dormir, por el temor de que el Maestro pudiera salir a los caminos

y marcharse temprano, sin poder estar presentes cuando partiera.

Así que las casas pronto se han abierto para restituir a la calle sus moradores,

en los que es imposible reprimir el ambiente de fiesta,

en que la presencia del Mesías, ha compartido con su amor.

Todos los habitantes están asombrados de verse tan numerosos,

de ver que están ahí todos, movidos por los mismos pensamientos…

Se han dicho:

–              Verdaderamente es la primera vez que un único pensamiento mueve nuestros corazones…

Los une con una amistad nueva, buena, fraterna…

¡Hemos sentido el Amor de Dios!

Y todavía henchidos por este maravilloso sentimiento…

Se han dirigido concordes a la casa en que se hospeda Jesús.

La han asediado sin hacer ruido, sin impaciencias, sin desistir.

Decididos a seguir al Maestro en cuanto salga a la calle.

Los hortelanos han tomado los aljofarados frutos de sus huertos, manteniéndolos resguardados del sol,

del polvo y las moscas, bajo una cubierta de frescas pámpanas o de anchas hojas de higuera,

por cuyo borde recortado se vislumbran rojas manzanas como si estuvieran pintadas por un miniaturista.

Cárabes u ónices de granos de uvas…

Formas suculentas, abultadas, de higos de todos los tipos…

Encerrados dentro de la piel que cubre la pulpa almibarada…

Con sus fibras blondas, róseas, rojas oscuras, según la variedad.

Unos pescadores sacrificando el sueño, han traído en pequeñas nasas unos peces,

pescados durante la noche, porque algunos están todavía vivos y dan las últimas bocanadas…

Con sus penosas aspiraciones y convulsiones de la agonía,

aumentando así con el leve golpeteo de sus contorsiones la respiración.

Los tornasoles argentinos, azulinos de los vientres, de los dorsos extendidos

sobre un lecho de verdes hojas de sauce o de chopo.

Jesús se asoma a la puerta de la casa que lo hospeda y sonríe.

Levantando los brazos,

para bendecir a los pacientes habitantes del lugar que lo están esperando…