157 LA TEMPESTAD CALMADA


157 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

El mar de Galilea tiene forma de un arpa y en una tarde que ya hace más de tres horas que el sol rebasó su cenit…

El cielo que había estado despejado, está empezando a mostrar unas nubes que se están juntando en cumulus y hace muy poco viento.

Haciendo que el mar se vea como un espejo terso, de un azul zafiro muy intenso…

Una barca de vela de regular tamaño, que usan los pescadores de Cafarnaúm, surca las aguas del hermoso lago, al que riza un oleaje muy suave.

Jesús duerme en la popa.

Va vestido de blanco, como lo acostumbra y tiene la cabeza reclinada sobre el brazo izquierdo.

Debajo del brazo y la cabeza, ha colocado su manto azul-gris doblado, como si fuera una improvisada almohadilla.

Está sentado, en el fondo de la barca.

Jesús estaba en la popa, durmiendo sobre el cabezal.

Su cabeza la apoya sobre esa porción de entablado que está en el extremo de la popa.

Duerme plácidamente.

Se le ve cansado.

Pero está sereno.

Pedro guía el timón.

Andrés se ocupa de las velas.

Juan con su hermano Santiago y otro más, están poniendo en orden maromas y redes en el fondo de la barca,

como si tuvieran intención de prepararse para la pesca nocturna.

El día se encamina al atardecer, pues el sol desciende ya hacia occidente.

Todos los discípulos se han subido las túnicas, de forma que sujetas con el cinturón, están abolsadas a la altura de la cintura.

Para así estar más libres de movimientos y poder desplazarse mejor por la barca,  salvando remos, asientos, cestas y redes, sin que las túnicas estorben.

Todos se han quitado el manto.

Entonces el cielo se oscurece y el sol se esconde detrás de unos nubarrones de tormenta que han aparecido de repente…

Detrás del pináculo de una colina.

El viento los empuja velozmente hacia el lago.

Por el momento, el viento está alto y el lago se mantiene sereno.

Aunque eso sí, adquiere una tonalidad más oscura y su superficie se frunce…

No son todavía olas, pero empieza a agitarse el agua.

Pedro y Andrés observan el cielo y el lago… 

Y organizan las maniobras para acercarse a la orilla.

Pero, he aquí que el viento se abate sobre el lago y en pocos minutos todo bulle y espumea.

Con olas que se embisten mutuamente, que chocan contra la barca levantándola, bajándola, girándola en todas las direcciones…

Impidiendo las maniobras del timón.

Como el viento hace lo mismo con las de la vela, que debe ser arriada.

Jesús sigue durmiendo.

No lo despiertan ni los pasos, ni las azogadas voces de los discípulos…

Ni el silbar del viento…

Ni siquiera los latigazos de las olas contra los costados y la proa.

Sus cabellos ondean al viento.

Le alcanza alguna salpicadura de agua.

Él duerme.

Juan saca de debajo de un entablado su manto y desde la proa, corre a la popa….

Y lo tapa; lo cubre con delicado amor.

La tempestad se hace cada vez más amenazadora.

El lago está tan negro, que parece como si en él se hubiera derramado tinta.

Estriado por la espuma de las olas.

La barca empieza a llenarse de agua.

El viento cada vez más la va empujando mar adentro.

Los discípulos ya sudan haciendo la maniobra…

Y achicando por la borda, el agua que las olas vierten dentro.

Pero no sirve de nada…

Pronto se ven chapoteando ya en el agua, hasta la mitad de las piernas.

Y la barca cada vez se hace más pesada.

Pedro pierde la calma y la paciencia.

25. Acercándose ellos le despertaron diciendo: ¡Señor, sálvanos, que perecemos! Mateo 8

Deja a su hermano el timón y bamboleándose, se llega a Jesús y lo menea vigorosamente.

Jesús se despierta y levanta la cabeza.

Pedro grita fuerte:

–     ¡Sálvanos, Maestro, que perecemos!

Tiene que gritar para poder ser oído.

Jesús mira a su discípulo fijamente, mira a los demás y luego al lago.

Y pregunta:

–     ¿Tienes fe en que os puedo salvar?

–     ¡Rápido, Maestro!

Grita Pedro…

Mientras una verdadera montaña de agua originada en el centro del lago se dirige veloz contra la  barca.

Amenazando con destruirla.

Es tan alta, espantosa, que parece una tromba de agua.

Los discípulos, que la ven venir, se arrodillan…

Y se agarran donde pueden y como pueden…

Convencidos de que ha llegado el final.

Jesús se levanta.

Está erguido sobre el entablado de la barca:

Una figura blanca contra el color lívido de la tempestad

Extiende los brazos hacia la enfurecida ola,

Y dice al viento:

–     ¡Detente y calla!

Y al agua:

–    ¡Cálmate! ¡Lo quiero!

Y el golpe se disuelve en espuma, que cae inocua:

Un último bramido que se apaga en un susurro.

Y también el viento, cambiándose en un suspiro su último silbido.

Sobre el lago pacificado vuelve el cielo despejado…

Junto con la esperanza y la Fe, al corazón de los discípulos.

La impresionante Majestad Divina de Jesús,

que se manifestó cuando resucitó al amante de María de Mágdala,

fué exactamente la misma que volvió a mostrar al reprender al viento y a las olas.

Es un verdadero deleite que nos llena de un gozo sublime, porque nos deja una plenitud inexplicable

que sólo puede comprenderla, el feliz mortal que la experimenta…

27. Y aquellos hombres, maravillados, decían: ¿Quién es éste, que hasta los vientos y el mar le obedecen? Mateo 8

Su inefable Presencia.

La maravillosa e inexpresable Presencia de Dios, cuando nos consiente espiritualmente…

Y pienso en cuán plácido era el sueño de Jesús…

Y cuán potente su imperio sobre el viento y las olas.

La siguiente enseñanza, debemos meditarla profunda y minuciosamente…

 Porque nos vamos a ver obligados a recordarla y ACTUAR en consecuencia,

la próxima vez que se enfrenten a un huracán…

Porque cuando se repita, no olviden que estamos siendo examinados en la FE, la Caridad y el Amor al prójimo…

El huracán más grande de la historia, se convierte en lluvia tropical al tocar tierra…

Satanás está atacando moviendo las fuerzas de la Naturaleza en nuestra contra;

con todo su Odio, su Furia, su Venganza y su poder, a través de los satanistas en sus rituales malditos…

Los hijos de la Luz estamos obligados a USAR los Carismas del Espíritu Santo,

para contrarrestar sus maléficas huestes infernales… 

Los milagros en el Evangelio no fueron escritos sólo para adornar la figura humana de Jesucristo,

mientras evangelizaba en Palestina…

Ni tampoco para que los super intelectuales modernos se atraganten sus pechos henchidos de soberbia, 

diciendo que son Leyendas…

(cuentos fantásticos de cristianos fanáticos)

Cómo nos catalogan los iluminados sabios agnósticos de modernas ideologías…

Y nos sentencian con su super inteligencia: 

Con las que adornaron la Vida del “Maestro Ascendido” más famoso de la Historia, porque

¡¡¡Los Milagros se acabaron después que se murió el último apóstol!!!

Huracán Patricia, 20 -24 de Octubre de 2015  TODO MÉXICO SE UNIÓ EN ORACION y el mundo nos apoyó…

Así cómo muchos no podrán clamar:

¡Señor, nosotros detuvimos a Patricia en las bahías de Puerto Vallarta!

Y quedarnos mudos de espanto cuando el Divino Juez nos pregunte: 

¿Y cuántas almas me salvaste?…

¡Y ME ENTREGASTE! 

Tampoco desearemos estar en los zapatos de los que griten:

¡Señor, Señor yo sí recé por las almas de los del segundo tsunami de… ¿¿¿???

¡Que golpeó igual y peor, que el de la Navidad de 2004…!

Y entonces la pregunta sea: 

¡Pudiste haber evitado tanto sufrimiento!

¿¿¿ Por qué NO lo hiciste???  

Nuestra honestidad debería salvarnos, contestando: 

“Lo lamento mucho Señor, ¡TUVE MIEDO de lo pudieran pensar de mí…!

La desgraciada cárcel, del “MIEDO al qué dirán…”

Porque en ese desdichado momento, ni los me-mes de Patricia nos van a librar…   

Si realmente quieren evitarse tragos amargos,

NO OLVIDEN que la pregunta más importante,

en cuanto tengamos noticias de un Tsunami, un Huracán o lo que sea

que haya rebasado las escalas conocidas,

ES… 

“Y ahora Señor, ¿Qué es lo que QUIERES QUE HAGAMOS?…”

LO HACEMOS...

Con tu Rosario Madrecita, convertido en la Red Divina de la Salvación, te entrego con cada Ave María, LAS ALMAS DE…

Y también por favor, recen el Santo Rosario por las almas de todos los involucrados… 

Dice Jesús: 

No os voy a comentar el Evangelio en el sentido en que lo hacen todos.

Voy a ilustraros los preliminares del pasaje evangélico.

¿Por qué dormía Yo?

¿No sabía, acaso, que la borrasca estaba llegando?

Sí, Yo lo sabía.

Sólo Yo lo sabía.

Y entonces, ¿Por qué dormía?

Los apóstoles eran hombres.

Animados sí, de buena voluntad, pero todavía demasiado “humanos”.

El hombre se cree siempre capaz de todo.

Y si se da el caso de que realmente sea hábil en algo, se envanece y se llena de apego a su “habilidad”.

Pedro, Andrés, Santiago y Juan eran buenos pescadores y por tanto,

se creían insuperables en las maniobras marineras.  

Yo, para ellos era un gran “rabí”, pero no valía nada como marinero.

Por ello, me juzgaban incapaz de ayudarlos…

Y cuando subían a la barca para atravesar el Mar de Galilea,

me rogaban que estuviera sentado porque no era capaz de nada más.

También lo hacían por afecto, porque no querían darme trabajos físicos,

si bien el apego a sus capacidades era el elemento más importante.

Yo sólo me impongo en casos excepcionales.

Generalmente os dejo libres y espero.

Aquel día, cansado como estaba y habiéndome solicitado que descansara,

Dicho de otra forma: 

“que los dejase actuar a ellos…”

A ellos que tan duchos eran, entonces me puse a dormir…

Y a constatar cómo el hombre “es hombre” y quiere actuar por sí solo.

Y no percibe que Dios no pide sino ayudarle.

Veía en esos “sordos espirituales”, “ciegos espirituales”, a todos los sordos y ciegos del espíritu

que durante siglos y siglos acarrearían su propia ruina, 

por querer “actuar por sí solos”

Teniéndome a Mí, abierto a sus necesidades, en espera de su llamada pidiendo ayuda.

Cuando Pedro gritó:

–    “¡Sálvanos!”

Mi amargura descendió como una piedra por su propio peso.  

Yo no soy “hombre”, Soy el Dios-Hombre.

No actúo como vosotros que,

cuando uno ha rechazado vuestro consejo o ayuda…

Y luego lo veis en problemas.

Aunque no seáis tan malos que os alegréis de ello…

Sí lo sois siempre,

en cuanto que os lo quedáis mirando desdeñosamente y con indiferencia…

Y no os conmovéis ante su grito que pide ayuda, con grave ademán que significa:

“¿No me has aceptado cuando te quería ayudar?

Pues ahora arréglatelas solo”.  

Yo NO Soy así.

No, Yo soy Jesús, soy Salvador.

Y salvo.

Salvo siempre, en cuanto se me invoca.

Mas vosotros, amados hombres, podríais objetar:

“¿Y por qué permites que se formen tempestades, en el individuo o en la colectividad?”.

Si con mi poder destruyese el Mal (del tipo que fuera),

acabaríais creyéndoos autores del Bien, que en realidad es un Don mío…  

Y no os volveríais a acordar jamás de Mí.

Dios utiliza las Maldades de Satanás para entrenarnos y hacernos crecer espiritualmente…

JAMÁS.  

Tenéis necesidad amados hijos, del Dolor.

Para acordaros de que tenéis un Padre.

Como el hijo pródigo, que se acordó de que lo tenía, cuando sintió hambre.

Las desventuras sirven para convenceros de vuestra nada, de vuestra ignorancia.

Causa de tantos errores.

Y de vuestra maldad, causa de tantos lutos y dolores.

De vuestras culpas, causa de castigo que vosotros mismos os proporcionáis…

Y de mi Existencia, Potencia y Bondad.

Esto es lo que os dice el Evangelio, “vuestro” evangelio de la Hora presente, pobres hijos míos.

Llamadme.

Jesús duerme sólo porque está angustiado de ver vuestro desamor hacia Él.

Llamadme y acudiré. 

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