89 EL PECADO DE HERODES


89 IMITAR A JESÚS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Son los días finales de un otoño que prácticamente ha desaparecido.

A pesar de ser un día verdaderamente helado, con la nieve que cubre con una fina capa, que destella con sus reflejos en todo el paisaje campestre de Aguas Especiosas,

Hay una gran muchedumbre, escuchando atentos la Voz cautivante del Maestro que ha venido del Cielo, a reunir las ovejas dispersas del Pueblo de Israel.

Y desde su improvisado púlpito, Jesús hace llegar la potencia de sus palabras hasta la multitud que tirita de frío,

a pesar de las varias hogueras encendidas en diversos puntos, para paliar las inclemencias del clima invernal, que se impone en toda la campiña…

Y del que sólo escapan un poco, los que están resguardados en los galerones, de la finca campestre de Lázaro.

Jesús dice:

«Dios da a cada uno lo necesario. Esto es verdad. ¿Qué le es necesario al hombre?:

¿La fastuosidad?,¿Un gran número de criados? ¿Tierras de incontables parcelas? ¿Banquetes que de un ocaso vean surgir una aurora?…

No. Al hombre le es necesario un techo, un pan, un vestido; lo indispensable para vivir.

Mirad a vuestro alrededor: ¿Quiénes son los más alegres y los más sanos?, ¿Quién goza de una sana ancianidad serena?…

¿Los que se gozan la vida?… No.

Quienes honradamente viven y trabajan y tienen deseos rectos.

En ellos no hay veneno de lujuria y permanecen fuertes, ni veneno de gula y se conservan ágiles, ni de envidias y están alegres.

Sin embargo, quien ambiciona tener más, cada vez mata su paz y no goza; antes bien,

envejece precozmente, consumida en la llama del odio o del abuso.

Podría unir el Mandamiento de no robar al de no desear lo que a otros pertenece.

Porque efectivamente, el excesivo deseo mueve al hurto: entre uno y otro no media sino un pequeño paso.

¿Que todo deseo es ilícito? No digo esto.

El padre de familia que trabajando en el campo o en un taller, desea asegurar con ello el pan de la prole, ciertamente no peca.

Es más, obedece a su deber de padre.

Más aquel que por el contrario, no desea sino gozar más… y se apropia de lo ajeno para conseguir gozar más, peca.

¡La envidia!… 

Porque ¿Qué es realmente el desear lo ajeno, sino avaricia y envidia? 

La envidia separa de Dios, hijos míos… Y une a Satanás.

¿No creéis que el primero que deseó lo ajeno fue Lucifer?

Era el más hermoso de los arcángeles. Gozaba de Dios. Debería haberse sentido contento de ello.

Envidió a Dios y quiso ser él Dios y así se convirtió en demonio, el primer Demonio.

Segundo ejemplo: Adán y Eva habían recibido TODO.

Gozaban del paraíso terrestre, gozaban de la amistad de Dios, vivían dichosos con los dones de gracia que Dios les había dado.  

Deberían haberse conformado con eso.

Más, envidiaron de Dios su conocimiento del Bien y del Mal…

Y fueron expulsados del Edén, resultando proscritos no gratos a Dios, los primeros pecadores.

Tercer ejemplo: Caín tuvo envidia de Abel por su amistad con el Señor. Y fue el primer asesino.

María, la hermana de Aarón y de Moisés, tuvo envidia de su hermano y fue la primera leprosa de la historia de Israel.

Podría iros conduciendo a través de toda la vida del pueblo de Dios…

Y veríais que el deseo inmoderado, hizo de quien lo tuvo un pecador y fue causa de castigo para el pueblo;

porque los pecados de los particulares se acumulan y provocan los castigos de las naciones,

de la misma forma que unos granos y otros, reunidos a otros, de arena; acumulados durante siglos y siglos,

provocan desprendimientos de tierra que sepultan centros habitados y a quienes en ellos viven.

Frecuentemente os he puesto a los niños como ejemplo, porque son sencillos y confiados.

Hoy os digo: imitad a los pájaros en su libertad respecto a los deseos.

Mirad: es invierno, poca comida hay en los huertos, ¿Se preocupan acaso, de acumularla durante el verano?

No, sino que confían en el Señor; saben que siempre podrán hacerse con un pequeño gusanito, un grano, una miguita,

una araña o una mosquita posada sobre el agua, para su buche.

Saben que no les faltará una chimenea caliente o una vedija de lana, para refugiarse durante el invierno.

Como saben que llegado el tiempo en que les sea necesario disponer de heno para sus nidos y de mayor cantidad de alimento para la prole,

habrá heno fragante en los prados y jugoso alimento en los árboles frutales y en los surcos.

Y habrá también riqueza de insectos en el aire y en la tierra; cantan suavemente:

“Gracias, Creador, por cuanto nos das y por cuanto nos darás”

Preparados ya a entonar a pleno pulmón, cantos de alabanza; cuando llegada la época del celo, gocen de la esposa y se vean multiplicados en la prole.

¿Existe criatura más alegre que el pájaro?

Y sin embargo, ¿Qué es su inteligencia comparada con la del hombre?: como un trozo de sílice respecto a un monte. 

Y a pesar de ello, os enseña.

En verdad os digo que posee la alegría del pájaro el que vive sin deseo impuro.

Éste se fía de Dios y lo siente como Padre; sonríe al día naciente y a la noche que desciende, porque sabe que el Sol es su amigo y que la noche lo provee de alimento.

Mira sin rencor a los hombres y no teme sus venganzas, porque no les perjudica en modo alguno;

no se inquieta ni por su salud ni por su sueño, porque sabe que una vida honesta mantiene lejos las enfermedades y proporciona dulce descanso;

no teme en fin, la muerte, porque sabe que habiendo actuado bien, no puede recibir sino la sonrisa de Dios.

Mueren también los reyes y los ricos. No es el cetro lo que aleja la muerte, no es el dinero el que compra la inmortalidad.

Ante el Rey de los reyes y Señor de los señores, ¡Qué ridículas son las coronas y las monedas!

Ante Él sólo tiene valor una vida vivida en la Ley.

¿Qué dicen aquellos hombres que están allí en el fondo? No tengáis miedo de hablar.

Uno de los aludidos contesta:

–     Decíamos: “Antipa ¿De qué pecado es culpable, de hurto o de adulterio?”

Jesús observa:

–     No quisiera que mirarais a los demás, sino a vuestros corazones.

Os digo, no obstante, que Antipa es culpable de idolatría por adorar a la carne más que a Dios.

Es culpable de adulterio, de hurto, de deseos ilícitos. Y pronto, lo será de homicidio.

–     ¿Lo salvarás, Tú, el Salvador?

–     Yo salvaré a los que se arrepientan y vuelvan a Dios.

Los impenitentes no tendrán redención.

–     Has dicho que es ladrón. ¿Qué ha robado?

–     La mujer a su hermano.

El hurto no es sólo de dinero.

Hurto es también, quitar el honor a un hombre, la virginidad a una joven, la mujer a su marido,

de la misma forma que lo es el quitarle un buey o frutos de los árboles al vecino.

Y el hurto, agravado por la libídine o por el falso testimonio, se aumenta con el adulterio, con la fornicación o con la mentira.

–     Y si es una mujer la que se prostituye ¿Qué pecado comete?

–     Si está casada, de adulterio y de hurto respecto al marido. Si es núbil, de impureza y de hurto respecto a sí misma.

–     ¿Hurto a sí misma? ¡Pero si da algo que es suyo!

–     NO.

Nuestro cuerpo lo ha creado Dios para ser templo del alma, que es templo de Dios.

Por tanto, debe ser conservado honesto; si no, el alma se ve despojada de la amistad con Dios y de la vida eterna».

–     ¿Entonces una meretriz ya no puede pertenecer sino a Satanás?

–     Todo pecado es prostitución con Satanás.

El pecador, como la prostituta, se da a Satanás por amores ilícitos, esperando sucias ganancias de ello.

Grande, grandísimo es el pecado de prostitución, que hace a quien lo comete semejante a un animal inmundo.

Pero, creedlo, no es menor cualquier otro pecado capital. ¿Qué diré de la idolatría?

¿Qué del homicidio?

Y no obstante, Dios perdonó a los israelitas después del becerro de oro; perdonó a David después de su pecado, que era doble.

Dios concede el perdón a quien se arrepiente.

Sea el arrepentimiento proporcional al número y a la magnitud de las culpas.

Y Yo os digo que a quien más se arrepiente, más le será perdonado; porque el arrepentimiento es una forma de amor, de operante amor.

Quien se arrepiente le dice a Dios con su arrepentimiento: “No puedo tolerar tu enojo, porque te amo y quiero ser amado”.

Y Dios ama a quien lo ama.

Por tanto, Yo digo: cuanto más ama uno, más es amado. Quien ama totalmente tiene todo perdonado.

Y ésta es una verdad.

Podéis iros.

Pero antes quiero que sepáis que a la entrada del pueblo hay una viuda, cargada de hijos, en la más absoluta de las hambres.

La han echado de casa por deudas y podría decirle “gracias” al patrón por haberla echado solamente.

He hecho uso de vuestros donativos para proveerlos de pan, pero necesitan un lugar donde ampararse.

La misericordia es el sacrificio más grato al Señor. Sed buenos. En su nombre os garantizo el premio.

La gente cuchichea, pide consejo, coteja opiniones…

Entretanto, Jesús cura a uno que estaba casi ciego.

Y escucha a una ancianita que ha venido desde Doco, para rogarle que vaya a ver a su nuera que está enferma.

Es una larga historia de lágrimas.

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