239 EL DISCÍPULO VÍCTIMA


239 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

250 Juan de Endor es alma víctima

Se levanta también Juan de Endor,

el cual ha estado siempre tomando apuntes mientras Jesús hablaba,

exponiéndose al calor abrasador del fuego para poder ver lo que escribía.

Pero Jesús lo para y le dice:

–   Quédate un poco con tu Maestro.

Y lo tiene junto a Sí hasta que todos terminan de marcharse.

–      Vamos hasta aquella peña que está a la orilla del mar.

La Luna cada vez está más alta.

Se ve el camino.

Juan acepta sin decir palabra…

Se alejan de las casas aproximadamente unos doscientos metros.

Se sientan encima de una voluminosa peña (no sé si se trata de un resto de un espigón, o de la extrema punta de un arrecife sumergido en el mar;

o, tal vez, pertenece a las ruinas de alguna casucha semi-sumida por las aguas, que quizás con el paso de los siglos han penetrado tierra adentro).

Sí sé que, mientras desde la pequeña playa se puede subir, apoyando el pie en entrantes y salientes de la piedra, que hacen de peldaños,

desde la parte del mar la pared desciende casi recta para hundirse en el agua verde-clara.

Es más ahora por la marea, está  semi-circundada por el agua, que borbotea y azota ligeramente este obstáculo,

para huir luego con un sonido de enorme aspiración, y luego calla un momento, para volver de nuevo, con movimiento y sonido regulares,

hecho de golpes y de aspiraciones y silencios como una música sincopada.

Se sientan en el punto más alto de este volumen azotado por el mar.

La Luna dibuja sobre las aguas un camino de plata…

Y da un color azul oscurísimo al mar, que antes de que ella saliera no era sino una extensión negruzca,

en el negro de la noche. 

Jesús pregunta:

–      Juan,

¿No le dices a tu Maestro la razón por la que sufre tu cuerpo?

Juan responde:

–     Ya la conoces, Señor.

De todas formas, no digas “sufre”, di “se consume”; es más exacto,

Y Tú lo sabes, como también sabes que se consume con gozo.

Gracias, Señor.

Me he reconocido yo también en el barro que se hace llama.

Pero no voy a tener tiempo de encender las piedras.

Mi Señor, moriré pronto.

Demasiado he sufrido por el odio del mundo

demasiado exulto de júbilo por el amor de Dios.

Pero no añoro la vida.

Aquí podría pecar todavía, podría fallar en la misión a que nos destinas.

Ya dos veces he fallado en mi vida:

en mi misión de maestro, porque en ella habría debido saber encontrar de qué formarme a mí mismo.

Y sin embargo, no me formé.

En mi misión de marido, porque no supe formar a mi mujer.

Lógicamente: si no había sabido formarme a mí mismo, menos podía saber formarla a ella.

Podría fallar también en mi misión como discípulo…

Y a Tí no quiero fallarte.

ALMAS VÍCTIMAS Y CORREDENTORAS

¡Bendita sea, por tanto, la muerte, si viene a llevarme a donde no se puede ya pecar!

Si bien mi destino no será el de discípulo-maestro, tendré el de discípulo-víctima,

el que más asemeja al tuyo.

Lo has dicho esta misma noche:

“Consumiéndose primero ellos mismos”.

–     Juan,

¿Es un destino que sufres o es un ofrecimiento tuyo?

–      Es un ofrecimiento.

Si Dios no rechaza el barro hecho fuego.

–      Juan, haces muchas penitencias.

Jesús con el amor de fusión, nos une a Él para participarnos la Vida y  al hacernos corredentores nos comunica su Semejanza y nuestra alma se recrea…

–      Las hacen los santos,

Tú el primero.

Es justo que las haga quien tanto debe pagar.

Pero… quizás es que las mías no las ves gratas a Dios…

¿Me las prohíbes?

Nosotros podemos ofrecer los sufrimientos que ya estamos viviendo en la Gran Tribulación que ya comenzó; 

como penitencia, mortificación, dolor redentor, reparación, consuelo para nuestro ABBA y… 

ESTO ES LO QUE HACE PODEROSÍSIMA NUESTRA INTERCESIÓN

Y devastadora para el Infierno entero… 

–     No pongo jamás obstáculo a las buenas aspiraciones de un alma enamorada.

He venido a predicar, con los hechos, que en el sufrimiento hay expiación y en el dolor redención.

No puedo contradecirme. 

Quienes mueren en la Cruz, ¡Resucitan AHORA MISMO en el Cielo! Y empezamos a relacionarnos personalmente con ABBA…

–      Gracias, Señor.

Será mi misión.

–     ¿Qué escribías, Juan?

–      ¡Oh, Maestro!

A veces el viejo Félix emerge todavía con sus costumbres de maestro.

Pienso en Margziam.

Tiene toda una vida para predicarte.

Y por su edad, no está presente en tus predicaciones.

He pensado tomar nota de algunas enseñanzas con que nos has adoctrinado y que el niño no ha oído.

O por estar en sus juegos o por estar lejos con uno de nosotros.

¡Hasta en las más mínimas palabras tuyas hay mucha sabiduría! 

Tus conversaciones familiares son ya de por sí adoctrinamiento.

precisamente en las cosas de cada día, de cada hombre;

en esas cosas mínimas, que en el fondo son las más grandes de la vida.

Porque acumulándose, forman una gran suma…

que exige paciencia, constancia, resignación, si se quiere llevar con santidad.

Es más fácil realizar un grande pero único acto heroico;

que no millares de pequeñas cosas que exijan una constante presencia de virtud.

No obstante, no se llega al acto grande, tanto en el mal como en el bien;

yo lo sé por lo que se refiere al mal;

si no se va largamente acumulando actos pequeños, aparentemente insignificantes.

Yo empecé a matar cuando, cansado de la frivolidad de mi mujer;

le lancé la primera mirada de desprecio.

Para Margziam he anotado tus pequeñas lecciones.

Y esta noche he sentido el deseo de anotar tu gran lección.

Dejaré este trabajo mío al niño, para que se acuerde de mí, el viejo maestro.

Y para que tenga aquello que de otro modo no tendría.

Su espléndido tesoro.

Tus palabras.

¿Me das permiso?

–     Sí, Juan.

Pero está en paz en todo, como este mar. ¿Ves

Para ti sería demasiado abrasador el caminar bajo el ardor del sol,

Y la vida apostólica es verdaderamente ardor.

Has luchado mucho en tu vida.

Ahora Dios te convoca a su Presencia, en este plácido radiar de luna que todo calma y hace puro.

Camina bajo la dulzura de Dios.

Te digo que Dios está contento de ti.

Juan de Endor toma la mano de Jesús, la besa y musita:

–       Pero también habría sido hermoso decirle al mundo:

“¡Acércate a Jesús!”.

–       Lo dirás desde el Paraíso

Tú serás también un espejo reflector de la Llama de Dios.

Vamos, Juan.

Quisiera leer lo que has escrito.

–      Aquí está, Señor.

Y mañana te doy el otro rollo en que he anotado las otras palabras.

Bajan de su escollo.

Y en medio de una esplendorosísima, dilatada luz blanca de luna;

que ha transformado en plata la grava de la orilla, vuelven a las casas.

Se saludan:

Juan, arrodillándose;

Jesús, bendiciéndolo con la mano puesta sobre su cabeza.

Y dándole su paz.

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