229 EL APÓSTOL DE LA LUZ


229 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

El grupo va caminando por una cañada que hay entre dos colinas verdes y muy bien cultivadas, desde abajo hasta la cima. 

Van todos avanzando por frescos atajos que conducen a Nazareth.

Las abruptas laderas de las colinas galileas, de tanto como la reciente tormenta las ha lavado…

Y junto con el rocío las conserva brillantes y frescas, al contacto con el sol mañanero

Parecen creadas esa misma mañana, frenesí rutilante bajo los primeros rayos del sol.

El ambiente está tan puro y radiante; 

que pone de manifiesto hasta los más mínimos detalles, de los montes más o menos cercanos;

produciendo una  sensación de ligereza y lozanía.   

El rocío las conserva brillantes y frescas, al contacto con el sol mañanero

Todos admiran el paisaje imitando a Jesús.

Solo María Magdalena recorre con sus ojos indagadores la cresta de los montes, como si no encontrase un lugar

Así llegan al picacho de un monte.

La vista se deleita en un pedazo de lago, bellísimo en esta luz matutina.

Todos, imitando a Jesús observan con admiración.

Pero María de Mágdala pronto desvía de ese punto la mirada y busca algo en otra dirección.

Sus ojos se posan sobre las crestas montanas situadas al noroeste del lugar donde se encuentra;

pero parece que no encuentra lo que busca.  

Susana, que también va con ella,

le dice:

–     ¿Qué buscas?

Magdalena contesta:

–      Quisiera reconocer el monte, en donde encontré al Maestro.

–       Pregúntaselo.

Obviamente Magdalena se refiere al Monte de las Bienaventuranzas…

Que se encuentra entre el montón de colinas que se agrupan a lo lejos.

Martha dice:

–    ¡Oh!…

No es necesario que lo perturbes.

Mira, ahora está hablando con Judas de Keriot.

Haciendo gestos muy expresivos con la mirada,

Susana cuchichea:

–    ¡Vaya!…

 ¡Qué clase de hombre es ese!….

Y sin que agregue nada más, se entiende lo que quiere decir. 

En ese preciso momento… 

Finalmente después de un examen panorámico más minucioso, 

Magdalena se vuelve hacia sus compañeras.

Mirando hacia los lagos y el Valle del Jordán, les señala un punto específico…

Y les dice: 

–     El monte es aquel, ciertamente…

No está por este camino; pero nunca olvidaré esa mañana.

¡Estaba fascinada con Él y cegada por Satanás…

Sólo me importaba el Hombre y no respeté su Divinidad…

Había decidido conquistarlo!…Era un día como éste, con tantas flores y tanta gente…

¡Sí! Algún día te llevaré allí, Martha.  

¡Allí comenzó mi liberación!

¡Oh, Martha!

¡Y tuve la desfachatez de presentarme con un vestido muy pecaminoso!… ¡

Y con unos amigos que…!

No, no puedes sentirte ofendida por las palabras de Judas.

Mueve la cabeza, antes de agregar: 

 –     Tampoco yo puedo ofenderme…

Me las merezco.

Todo me he merecido.

En este sufrimiento está mi expiación.

Todos recuerdan…

Y todos tienen derecho a decirme la verdad.

Yo debo guardar silencio.

¡Oh, si se reflexionara antes de pecar!

Quien me ofende, ahora es mi mejor amigo, porque me ayuda a expiar.

Su hermana un tanto molesta,

replica

–    Pero eso no quita que haya faltado.

Y Martha se vuelve hacia María,

preguntando:

–     Madre,

¿De veras tu Hijo está contento con ese hombre?

La posesión demoníaca perfecta NO PUEDE reverenciar a Dios, porque Satanás lo odia y a sus instrumentos, es lo que les trasmite… Y POR ESO SON TAN CRUELES

La Virgen contesta:

–     Es necesario rogar mucho por él.

Jesús así me lo ha dicho.

Mientras tanto, el grupo ha llegado a cierto punto del trayecto;

donde el Maestro da unas instrucciones específicas… 

Juan se separa de los apóstoles, para ir a ayudar a las mujeres,

en un lugar cuyo recorrido es bastante complicado.

Está escabroso, sembrado mucho más que el sendero, de piedras lisas como esquirlas de pizarra rojiza…

Y de una hierbecilla brillante y dura…

Muy traicioneras para el pie que si no se afirma, con seguridad. 

Y se camina con mucho cuidado, las sandalias resbalan…

Y la caída no sólo sería aparatosa, sino con consecuencias indeseables.

Simón Zelote lo acompaña y los dos apóstoles acuden al rescate. 

Y las discípulas apoyándose en ellos, suben el lugar peligroso.

Simón les dice:

–    Es un poco difícil este atajo.

Pero no tiene polvo, ni hay gente.

Además, es más corto.

María da un profundo suspiro.

Y dice

–    Es fatigoso, sí…

Lo conozco, Simón.

Vine a aquel pueblito que está en mitad de la pendiente…

Y lo recorrí con mis sobrinos, cuando Jesús fue arrojado de Nazareth.

Siempre amoroso y optimista,

Juan comenta:

–     Pero desde aquí es bonito el mundo.

Allí están el Tabor y el Hermón.

Y al norte los montes de Arbela.

Y allá en el fondo el gran Hermón.

¡Qué pena que no se vea el mar como se ve desde el Tabor!

Susana pregunta:

–     ¿Has estado allí, alguna vez?

Juan contesta:

–     Sí, con el Maestro.  

Zelote agrega:

–     Juan, con su amor por el infinito… 

Nos atrajo una gran dicha, porque Jesús allá arriba, habló de Dios…

Y este jovencito, con un arrobamiento como nunca habíamos oído;

nos dio

a todos una gran lección.

Y luego, después de tanto como habíamos recibido; obtuvimos una gran conversión.

Y volviéndose hacia Magdalena, agrega:

–     Lo conocerás tú también María.

Y se fortalecerá tu espíritu aún más de lo que ya lo está.

Encontramos a un hombre endurecido de odio, afeado por los remordimientos.

Y Jesús lo transformó en una persona de la que no dudo en decir, que será un gran discípulo.

Como tú, María.

Porque, cree en la verdad de lo que te digo:

nosotros los pecadores somos más dúctiles a la acción del Bien que nos alcanza,

porque sentimos la necesidad de ser perdonados, incluso por nosotros mismos» 

Magdalena, sonriendo le dice:

–     Es verdad.

Pero eres muy bueno diciendo “nosotros los pecadores“.

Tú has sido un desdichado, no un pecador.

–     Todos lo somos.

Quién más, quién menos.

Y quien cree que lo es menos, es el más;  sujeto a serlo si es que no lo es ya.

Todos lo somos.

Pero son los pecadores más grandes que se convierten, los que saben ser absolutos en el Bien,

como lo fueron en el mal.

–     Tu consolación me conforta.

Siempre has sido un padre para con los hijos de Teófilo.

–     Y como un padre…

Exulto por teneros a los tres como amigos de Jesús.  

–     ¿Dónde encontrasteis a ese discípulo gran pecador?

Juan responde:

–     En Endor, María.

Simón quiere atribuir a mi deseo de ver el mar el mérito de tantas cosas hermosas y buenas.

Pero si Juan el anciano ha venido a Jesús no ha sido por mérito de Juan el necio;

sino por mérito de Judas de Simón… 

Termina sonriendo el hijo de Zebedeo.

Martha pregunta con incertidumbre:

–     ¿Lo convirtió él? 

–     No.

Pero quiso ir a Endor y… 

Zelote comenta:

–     Sí, para ver el antro de la maga…

Judas de Simón es un hombre muy extraño…

Hay que tomarlo como es… ¡En fin!…

Y Juan de Endor nos guió a la caverna.

Luego se quedó con nosotros.  

Y mirando a Juan, agrega:

Pero, hijo mío, el mérito es tuyo de todas formas;

porque sin tu deseo de infinito, no habríamos ido por ese camino y no le habría venido a Judas de Simón,

el deseo de ir averiguar esa extraña cosa.    

Lo que para Simón es extraño, porque es distinto; nosotros lo llamamos satanismo en nuestra actualidad.. 

Para los hebreos era idolatría pura y por lo mismo, prácticamente incomprensible;

porque sus convicciones son contrarias y aman a Dios.

Magdalena, que conoce perfectamente las prácticas religiosas de los adoradores de dioses paganos; 

por su intenso contacto de forma tan continua, tanto con romanos como con griegos:… 

Y se enteró de sus creencias y pensamiento. 

Y esto aunado a su dolorosa experiencia personal con Satanás…

la hace entender perfectamente toda la compleja situación; 

que observa con su inteligencia despierta y bastante vivaz…. 

Suspira profundamente,

y dice:  

–     Me gustaría saber lo que dijo Jesús en el Tabor…

Y también reconocer el monte en que lo vi…  

Zelote responde:

–     El monte es aquel en que ahora parece encenderse un sol, por aquel pequeño estanque; 

usado por los rebaños, porque recoge agua de manantial.

Nosotros estábamos más arriba…

Donde la cima parece abrirse cual largo bidente, que quisiera pinchar las nubes,

para llevarlas a otra parte.

Por lo que respecta al discurso de Jesús…

Creo que Juan te lo puede referir.  

Juan se ruboriza y dice:

–     ¡Simón!

¿Puede acaso un muchacho repetir las palabras de Dios?

–     Un muchacho, no.

Tú, sí. Inténtalo.

Por complacer a tus hermanas y a mí, que te quiero más.

Juan se ruboriza todavía más,

cuando empieza a repetir el discurso de Jesús.

Dijo:

“He aquí la página infinita en que las corrientes escriben la palabra “Creo”.

Pensad en el caos del Universo, antes de que el Creador quisiera ordenar los elementos;

y constituirlos en maravillosa sociedad

que dio a los hombres la Tierra y cuanto contiene.

Y al firmamento los astros y los planetas.

Todo era todavía inexistente.

No existía ni como caos informe, ni como cosa ordenada, que Dios hizo.

Hizo pues primero los elementos que son necesarios, a pesar de que alguna vez parezcan nocivos.

Pero -pensadlo siempre- ni la más diminuta gota de rocío existe, sin su razón buena de ser;

no hay insecto, por pequeño y latoso que sea, que no tenga su razón buena de ser.

Y lo mismo:

No hay monstruosa montaña que escupa fuego e incandescente lapilli de sus entrañas

que no tenga su razón buena de ser.

Y no hay ciclón que exista sin un motivo.

Y no hay – pasando de las cosas a las personas- hecho, llanto, alegría, nacimiento, muerte,

esterilidad o maternidad prolífica, larga vida matrimonial o rápida viudez;

desventura de miseria y de enfermedad, prosperidad de medios y de salud;

que no tenga su razón buena de ser;

aunque no se le presente como tal, a la miopía y soberbia humanas;

que ve o juzga con todas las cataratas y ofuscaciones propias de las cosas imperfectas.

Mas el ojo de Dios ve, el pensamiento ilimitado de Dios sabe.

El secreto para vivir exentos de estériles dudas,

que dan a la jornada terrena nerviosismo, agotamiento, hieles;

está en saber creer que Dios todo lo hace por una razón inteligente y buena;  

Cuando estamos conscientes, de que TODO en la Tierra es pasajero…  

Que NADA nos pertenece realmente,

porque Dios nos lo ha entregado para ADMINISTRARLO…

Y que Dios hace lo que hace por amor…

Porque Dios utiliza las Maldades de Satanás para entrenarnos y hacernos CRECER espiritualmente...

Su Voluntad permite, las acciones de Satanás en los sucesos de nuestra vida; 

por Amor...

Y no por un estúpido intento de mortificar por mortificar.

Dios ya había creado a los ángeles.

Parte de ellos, por haber querido no creer que fuera bueno,

el nivel de gloria en que Dios los había colocado,,

se rebelaron y con su corazón agostado por la falta de fe en su Señor;

trataron de asaltar el inalcanzable Trono de Dios.

A las armoniosas razones de los ángeles creyentes;

habían opuesto su desacorde, injusto y pesimista pensamiento.

17. Tu corazón se ha pagado de tu belleza, has corrompido tu sabiduría por causa de tu esplendor. Yo te he precipitado en tierra, te he expuesto como espectáculo a los reyes. EZEQUIEL 28

Y el pesimismo, que es falta de fe, 

los hizo pasar de espíritus de luz, a espíritus entenebrecidos.

¡Vivan eternamente, aquellos que tanto en el Cielo como en la Tierra;

saben basar su pensamiento en una premisa de optimismo lleno de luz!

Nunca errarán completamente, aunque los hechos los contradigan.

¡No errarán, al menos por lo que se refiere a su espíritu,

que continuará creyendo, esperando;

amando sobre todo a Dios y al prójimo;

permaneciendo por tanto en Dios, por los siglos de los siglos!

El Paraíso había sido ya liberado de estos orgullosos pesimistas;

“Pues si Dios no perdonó a los Angeles que pecaron, sino que, precipitándolos en los abismos tenebrosos del Tártaro, los entregó para ser custodiados hasta el Juicio. 2 Pedro 2, 4 

que veían negrura incluso en las luminosísimas obras de Dios… 

De la misma forma que en la Tierra,

los pesimistas ven negrura hasta en las más claras y luminosas acciones del Hijo del Hombre.

Y queriendo aislarse dentro de una torre de marfil, pues se creen los únicos perfectos;

se auto-condenan a una oscura prisión que termina en las tinieblas del reino infernal;

el reino de la Negación;

porque el pesimismo es también Negación.

Dios hizo pues, la Creación.

Y, de la misma forma que para comprender el misterio glorioso de nuestro Ser Uno y Trino,

hay que saber creer y ver que desde el principio el Verbo existía y estaba con Dios;

unidos por el Amor perfectísimo que sólo puede ser espirado por Dos que Dios Son…

Siendo Uno…

Así igualmente para ver la Creación como realmente es;

es necesario mirarla con ojos de fe, porque en su ser;

de la misma forma que un hijo lleva el imborrable reflejo de su padre…

La Creación tiene en sí el indeleble reflejo de su Creador.

Veremos entonces que también aquí al principio fueron el cielo y la tierra;

luego fue la luz, que puede ser comparada con el amor, porque la luz es alegría como lo es el amor.

Y la luz es la atmósfera del Paraíso.

Y Dios, incorpóreo Ser, es Luz y es Padre de toda luz intelectiva, afectiva, material, espiritual;

en el Cielo y en la Tierra.

Al principio fueron el cielo y la tierra…

Y les fue dada la luz y por la luz todo fue hecho.

Y de la misma forma que en el Cielo altísimo habían sido separados los espíritus de luz de los de tinieblas;

en la Creación fueron separadas las tinieblas de la luz.

Y se hizo el Día y la Noche:

El primer día de la Creación se había cumplido, con su mañana y su tarde, su mediodía y su media noche.

Y cuando la sonrisa de Dios la luz, pasada la noche volvió la mano de Dios, su poderosa Voluntad,

se extendió sobre la tierra informe y vacía.

Y sobre el cielo por el que vagaban las aguas -uno de los elementos libres en el caos-

y quiso que el firmamento separase el desordenado errar de las aguas entre el cielo y la tierra,

para que fuera entre-cielo que protegiera de los rayos paradisíacos;

contención de las aguas superiores;

para que no cayeran los diluvios sobre la fermentación de metales y átomos,

Y erosionasen y disgregasen lo que Dios estaba reuniendo.

Estaba establecido el orden en el cielo.

El imperativo dado por Dios a las aguas que se extendían sobre la tierra, puso orden en ésta.

Y tuvo origen el mar, con las arenas de las playas como sus límites….

Ahí está.

En él, como en el firmamento, está escrito: “Dios existe”.

Cualquiera que sea la capacidad intelectual de un hombre y su fe;

O SU NO FE, ante esta página; 

en que brilla una partícula de la infinitud que es Dios y en que está testificado su Poder…

 Porque ningún poder humano ni ninguna ordenación natural de elementos pueden repetir,

ni siquiera en mínima medida, un prodigio semejante…

Está obligado a creer.

A CREER no sólo en el poder, sino también en la Bondad del Señor,

que a través de ese mar le da al hombre alimento y caminos, sales saludables.

Y mitiga el sol y da espacio al viento, semillas a las tierras lejanas entre sí;

da voces de tempestades para que llamen a la hormiga que es el hombre hacia el Infinito, su Padre.

Y da la forma de elevarse, contemplando visiones más altas, a más altas esferas.

En la creación todo es testimonio de Dios, mas tres son las cosas que más hablan de Él:

La luz, el firmamento y el mar:

el orden astral y meteorológico, reflejo del Orden divino;

la luz que sólo un Dios podía hacer;

el mar, esa potencia que sólo Dios, tras haberla creado, podía meter en sólidos confines…

Y darle movimiento y voz, sin que por ello, cual turbulento elemento de desorden, dañase a la tierra.

A esta tierra que lo sostiene sobre su superficie.

Penetrad el misterio de la luz que nunca se agota.

Levantad la mirada al firmamento en que ríen estrellas y planetas.

Bajad vuestra mirada hacia el mar.

Ved su verdadera realidad: no es algo que separe;

sino puente entre los pueblos, con los que están en las otras orillas, invisibles, incluso desconocidas;

pero en cuya existencia es necesario creer, por el simple hecho de que existe este mar.

Dios no hace ninguna cosa inútil.

Por tanto, no habría hecho esta infinitud si no tuviera como límite, más allá del horizonte que nos impide la visión,

otras tierras, pobladas por otros hombres, con origen todos ellos en un único Dios,

llevados allá por tempestades y corrientes, por voluntad de Dios, para poblar continentes y regiones.

Este mar trae en sus ondas, en el rumor de sus olas y mareas, invocaciones lejanas;

es elemento de unión, no de separación.

Esta ansia que le produce a Juan una dulce angustia, es la llamada de los hermanos lejanos.

Cuanto más señor de la carne se hace el espíritu;

más es capaz de oír las voces de los espíritus que están unidos, aunque medie separación entre ellos

(como están unidas las ramas nacidas de una única raíz; 

a pesar de que una ya ni siquiera vea a la otra porque un obstáculo se interpone entre ellas).

Mirad el mar con ojos de luz.

Veréis tierras y más tierras extendidas sobre sus playas, en sus confines.

Y, dentro de él, más tierras todavía…

Pues bien, de todas ellas llega un grito: “¡Venid! ¡Traednos esa Luz que poseéis, esa Vida que se os da!

¡Decidle a nuestro corazón esa palabra que ignoramos;

pero que sabemos que es la base del Universo: amor. 

Enseñadnos a leer la palabra que vemos escrita, en las páginas infinitas del firmamento y el mar:

D i o s .

Iluminadnos, porque sentimos que hay una luz aún más verdadera,

que la que arrebola el cielo y hace de pedrería la superficie del mar.

Dad a nuestras tinieblas esa Luz que Dios os ha dado tras haberla engendrado con su amor;

que os ha dado a vosotros, pero para todos,

de la misma forma que se la dio a los astros para que la dieran a la Tierra.

Vosotros sois los astros; nosotros, el polvo.

Pero formadnos, de la misma forma que el Creador creó con el polvo la Tierra,

para que el hombre la poblara y lo adorase, ahora y siempre,

hasta que llegue la hora en que ya no sea Tierra, sino que venga el Reino,

el Reino de la luz, del amor, de la paz, como el Dios Vivo os ha dicho que será.

Porque también nosotros somos hijos de este Dios y pedimos conocer a nuestro Padre”.

Sabed ir por caminos de infinito, sin temores, sin sentimientos de desdén, hacia aquellos que invocan y lloran,

hacia aquellos que os producirán, sí, dolor, porque sienten a Dios pero no saben adorarlo,

pero que os darán también la gloria, porque seréis grandes en la medida en que, poseyendo el amor,

sepáis darlo, conduciendo a la Verdad a los pueblos que esperan”.

Jesús habló así.

Mucho mejor de como lo he dicho yo.

Pero al menos su concepto es éste.   

Zelote:

–     Juan…

Has dado una exacta repetición del Maestro.

Sólo has dejado fuera lo que dijo sobre tu poder de comprender a Dios, por tu generosidad de donarte.

ALMAS VÍCTIMAS Y CORREDENTORAS

Eres bueno, Juan.

¡El mejor de entre nosotros!

Hemos recorrido la distancia sin darnos cuenta.

Allí está Nazaret, construida sobre su terreno ondulado.

El Maestro nos está mirando y sonríe.

¡Venga, vamos a alcanzarlo para entrar en la ciudad juntos!  

La Virgen dice: 

–     Gracias, Juan.

Por el gran regalo que has dado a la Mamá.

Magdalena: 

–     Yo también te doy las gracias.

También a la pobre María le has abierto horizontes infinitos…  

Cuando se reúnen con Jesús,

les pregunta: 

–     ¿De qué hablabais tanto? 

Zelote responde: 

–     Juan ha repetido tu discurso del Tabor.

Perfectamente.

Y hemos gozado de ello.

–     Me alegro de que mi Madre, cuyo nombre tiene que ver con el mar…

Y cuya caridad es vasta como él, lo haya oído.

–     Hijo mío,

Tú la posees como Hombre.

Y no es nada respecto a tu infinita caridad de Verbo divino.

¡Mi dulce Jesús!

–     Ven, Mamá.

A mi lado; como cuando volvíamos de Caná o de Jerusalén;

cuando era niño, que me llevabas de la mano.

Y se miran con su mirada pletórica de amor. 

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