EL VERDADERO TEMPLO


1jardin imperial

Jesús está con sus apóstoles y sus discípulos, después de haber descansado en este arduo miércoles de Pascua.

Mannaém llega y se excusa porque no puede estar con Él y que al día siguiente no podrá ir al Templo y estar a su lado, porque tiene que estar en su palacio y arreglar unos asuntos muy importantes que tiene pendientes.

Y al decirlo mira fijamente a Pedro y a Simón.

Pedro hace una casi imperceptible señal con la cabeza, como diciendo: ‘Comprendido’

Salen del jardín real. El sol declina hacia su crepúsculo, pero todavía hace calor. Matías, el discípulo pastor, se acerca al Maestro y…

Matías le pregunta:

–      Señor y Maestro mío, mis compañeros y yo hemos meditado mucho en tus palabras y si hemos entendido bien, predices que muchas cosas cambiarán aunque la Ley quede inmutable. Que se deberá edificar un nuevo Templo con nuevos profetas, doctores y escribas, contra el que se trabarán batallas y no morirá. Mientras que éste, si es que entendemos bien; está destinado a desaparecer…

Jesús responde:

–      Lo está. Recuerda la profecía de Daniel…(cap. 9)

–      Dijiste ayer que cuando crean haber destruido al verdadero Templo… ¿Y éste no es el verdadero? Entonces subirá triunfante a la Nueva Jerusalén… ¿Dónde está? Hay  mucha confusión entre nosotros.

–      Lo comprendo. Que los enemigos destruyan si quieren el verdadero Templo y en tres días volveré a edificarlo. Y no volverá a ser objeto de asechanzas, porque subirá a donde el hombre no puede hacerle daño.

Respecto al Reino de Dios, él está en vosotros y donde hay hombres que crean en mí. Se extenderá por la tierra con el correr de los siglos y después será eterno, unido y perfecto en el Cielo.

En el Reino de Dios, será edificado el Nuevo Templo; esto es, donde hay espíritus que acepten mi Doctrina y pongan en práctica sus preceptos. La unión de todos los que tengan a Dios en sí, constituirán el gran Reino de Dios sobre la tierra, la Nueva Jerusalén que llegará a extenderse por todos los confines del mundo.

Vosotros sólo le tendréis que dar vuestra buena voluntad, que consiste en permanecer en Mí, estar unidos y vivir mi Doctrina. Unidos a Mí, hasta formar un solo cuerpo. El Templo Nuevo mi Iglesia, surgirá sólo cuando vuestro corazón hospede a Dios. Él con vosotros piedras vivientes, edificará su Iglesia.

Yo soy la Cabeza Mística. Y Pedro es su cabeza visible. Porque Yo regreso al Padre y os dejo la Vida, la Luz, la Gracia; por medio de mi Palabra. Por medio de mis padecimientos. Por medio del Paráclito que será Amigo de los que han sido fieles. Yo Soy una sola cosa con mi Iglesia, mi cuerpo espiritual, de quién Soy Cabeza.

En la cabeza están el cerebro y la mente. La mente es el asiento del saber. El cerebro es el que dirige los movimientos de los miembros con sus órdenes que no son materiales y son capaces de hacerlos que se muevan, más que cualquier otro estímulo.

Un cadáver, aunque tenga cerebro, no se mueve. Necesita estar vivo. Un hombre idiota está vivo; pero es incapaz de realizar los movimientos instintivos y rudimentarios de un animal inferior. Ved a un hombre al que la parálisis ha roto el contacto del cerebro, con uno o varios de sus miembros: no hay movimiento.

Si la mente dirige con sus órdenes inmateriales, hay otros sentidos cuyos órganos comunican sus sensaciones  a la mente. Y hay otras partes del cuerpo que ejecutan y hacen ejecutar lo que la mente, a la que le han avisado los órganos materiales y visibles, ordena.

La mente tiene necesidad de los órganos y de los miembros, para obrar lo que ella quiere. De igual forma en mi cuerpo espiritual que es mi Iglesia, Yo seré la Inteligencia.

Y en la cabeza que es su asiento, Pedro y sus colaboradores serán los que vean las reacciones, perciban las sensaciones y las transmitan a la mente; para que ilumine y ordene todo lo que hay que practicar, para el bien de todo el Cuerpo.

Y ellos iluminados y dirigidos por orden mía, hablen y guíen a las otras partes del cuerpo, para que alcancen un bien y una ganancia espirituales. 

Mi Iglesia ya existe, porque tiene su Cabeza sobrenatural. Su Cabeza Divina. Y posee sus miembros: los discípulos.

Es pequeña todavía. Es una semilla que se está formando. Perfecta únicamente en su Cabeza. Además, necesita tiempo para crecer. En verdad os digo que la Iglesia ya existe y ya es Santa por su Cabeza y por la buena voluntad de los justos que la componen.

Santa e invencible. Contra Ella lanzará batalla una y mil veces y de todas las formas posibles, el Infierno compuesto de Demonios y de hombres-demonios…  Pero no prevalecerán. El edificio no se derrumbará. Porque Yo Mismo lo edifico, con la piedra viva de mi Carne Inmolada. Uno sus partes con la mezcla hecha de sudor y de sangre.

Cuando esté en mi trono cubierto de una púrpura viva, coronado con una nueva corona… Los que estén lejos me verán. Trabajarán en mi Templo y alrededor de él. Yo Soy el cimiento y la cúspide.

Yo Mismo labraré mis piedras y elegiré a mis albañiles. Así como el Padre, el Amor, el hombre y el Odio, me han desbastado.

Y cuando en un solo día la Iniquidad haya sido quitada de la Tierra, sobre la piedra del Sacerdote ‘in-aeternum’ Vendrán los siete ojos a ver a Dios y las siete fuentes arrojarán agua, para apagar el fuego de Satanás.

Mi Iglesia, antes de que haya terminado la Hora del Mundo, tendrá su fúlgido triunfo. En nada se diferencia la vida del Cuerpo Místico, de lo que fue la Vida de Cristo.

Se dará el ‘Hosanna’ en la víspera de la Pasión, cuando los pueblos prendidos por la fascinación de la Divinidad, doblen sus rodillas ante el Señor.

Sobrevendrá después la Pasión de mi Iglesia militante y por último, la gloria de la Resurrección Eterna en el Cielo.

¡Oh, día venturoso aquel en que habrán terminado para siempre las insidias, las venganzas, las luchas de esta tierra, las de Satanás y las de la carne! Mi Iglesia entonces se hallará compuesta de verdaderos cristianos.

Esto será así en el penúltimo día. Serán pocos como al principio. Su final, como lo fue en su comienzo, será en santidad. 

Jesús calla pensativo.

Luego mira a su alrededor y ordena:

–      Sentémonos aquí a descansar un poco.

Se sientan sobre una pendiente del Monte de los Olivos, frente al Templo que ilumina el sol poniente.

Jesús mira fijamente ese lugar, con infinita tristeza.

Los demás se enorgullecen de su belleza, pero sienten una vaga inquietud por las palabras del Maestro… ¿Toda esa grandiosa belleza tiene que desaparecer?…

Pedro y Juan hablan entre sí.

Luego Pedro se dirige al Maestro:

–       Señor. Explícanos cuando sucederá tu profecía de la destrucción del Templo. Daniel habla de ella. Pero si fuese como él y Tú decís, pocas horas le quedan al Templo. Explícanoslo, para que podamos saberlo…

Jesús anuncia su regreso al Fin de los Tiempos, la destrucción de Jerusalén y el Fin del mudo. Y de todas las señales que acompañarán estos acontecimientos. (Mateo 24)

Y finaliza diciendo:

–         Esto es lo que sucederá. Ahora idos. Que no haya divisiones entre vosotros. Me llevo a Juan. Estará con vosotros a la mitad de la primera vigilia, para la cena y para ir después a vuestras instrucciones.

Judas se lamenta:

–        ¿También esta noche? ¿Vamos a hacer lo mismo cada día? Me siento mal con la intemperie. ¿No sería mejor ir a alguna casa amiga? ¡Estar siempre bajo las tiendas! Siempre en vela y en las noches que son frías y húmedas…

Jesús contesta:

–         Es la última noche. Mañana… será diferente.

–        ¡Ah! Pensaba que querías ir al Getsemaní todas las noches. Pero es la última…

–         No he insinuado esto, Judas. Dije que será la última noche que pasemos juntos en el Campo de los Galileos. Mañana prepararemos la Pascua y comeremos el cordero. Después iré Yo solo a orar al Getsemaní y podréis hacer lo que mejor os parezca.

 

Pedro dice:

–         ¡Vendremos contigo, Señor! ¡Nunca tenemos ganas de dejarte!

Iscariote está contento de poder acusarlos y replica:

–         Tú cállate que no tienes derecho a hablar. Tú y Zelote no hacéis más que revolotear de aquí para allá, en cuanto no os ve el Maestro. No os pierdo de vista… En el Templo… Durante el día… En las tiendas de allá arriba…

Jesús exclama:

–         ¡Basta! Si lo hacen, hacen bien. Pero no me dejéis solo… Os lo ruego…

Zelote protesta:

–          Señor, no hicimos nada malo. Créelo. Dios conoce nuestras intenciones y nuestras acciones. Y sus ojos no se apartan de ellas con disgusto.

–          Lo sé. Pero es inútil. Lo que es inútil, puede causar daño. Estad unidos lo más posible. ¡Velad! Tened listo vuestro espíritu. La paz se quede con vosotros…

Toma a Juan de la mano y se aleja con él hacia la ciudad.

Los demás se van al Campo de los Galileos.

Por la noche, después de su regreso y de haber cenado…

Jesús dice a sus apóstoles:

–         Confiar un secreto es prueba de amor, de la estima que se tiene en quien se confía. Sé que habéis hecho llover preguntas y más preguntas sobre Juan, para saber que le dije cuando estuvimos solos. Y no habéis creído cuando afirmé que no le dije nada, sino que tan solo estuvo conmigo. Tiene razón. Fue suficiente que tuviese a alguien cerca de Mí.

Judas pregunta con cierta altanería:

–       ¿Y porqué él y no otro?

Pedro, Tomás y Felipe reiteran:

–        Tiene razón.

–        ¿Por qué lo escogiste a él y no a otros?

Jesús responde a Iscariote:

–        ¿Hubieras querido ser tú? ¿Te atreves a pedirlo?  -y volviéndose a todos, agrega-  Os diré porqué él.

Era una fresca mañana de Adar. Yo era un desconocido que caminaba por el camino cercano al río. Regresaba del desierto; cansado, polvoriento, pálido por el ayuno, la barba crecida, las sandalias rotas. Parecía Yo un mendigo por los caminos del mundo…

Y él me vio. Me reconoció como Aquel sobre el que había bajado la Paloma del Fuego Eterno. Los ojos que había abierto la penitencia del Bautista y que la pureza conservó angelicales, vieron lo que otros no. Y conservaron aquella visión…

Cuando dos meses después encontró al caminante empolvado, sus ojos se abrieron y su alma me reconoció. Me amaba. Y una boca que temblaba de emoción me dijo: “Te saludo, Cordero de Dios”

¡Oh, Fe de los puros que eres tan grande! No conocía mi Nombre. No sabía Quién era Yo, de dónde venía, ni que hacía. Si era rico o pobre. Le creyó a Juan y se separó de él. Vino al Mesías en la constelación del Cordero.

1aries

Y desde aquel momento han pasado tres años. Se ha mantenido fiel y fijo a Mí, como una estrella de luz pura, junto a su polar. Dejadme que mire su luz. Dos serán las luces durante las tinieblas del Mesías: María y Juan.

Pero será tanto el dolor que apenas si los podré ver. Dejad que imprima en mi pupila esos cuatro ojos que son pedazos de Cielo entre pestañas rubias, para llevar conmigo un recuerdo de pureza.

¡Todo el Pecado! Todo sobre la espalda del Hombre… ¡Oh, gota de pureza!… ¡Mi Madre! ¡Juan! ¡Y Yo!… Tres náufragos que salen del naufragio de una humanidad, en el Mar del Pecado…

Y Jesús sigue con las profecías que describen al Hombre de Dolores; al Redentor…

Finalizando con el Salmo veintiuno:

–       ¡Y todavía no hay compasión! Una jauría de perros me ataca. En mis heridas se clavan sus mordidas y sobre éstas los golpes. No queda en Mí un solo lugar en que no haya mordeduras. Mis huesos suenan porque se les ha estirado cruelmente.

No sé donde apoyar mi cuerpo. La dolorosa corona es un círculo de fuego, que penetra los huesos de mi cabeza. Estoy colgando de las manos y mis pies están atravesados. Elevado muestro al mundo y todos pueden contar mis huesos… 

1jcespinas

Juan dice entre sollozos:

–       ¡Cállate! ¡Cállate!

Los primos de Jesús suplican:

–        ¡No digas más! ¡Nos haces morir!

Andrés no habla, pero tiene la cabeza entre las rodillas y llora en silencio. Simón está pálido. Pedro y Santiago de Zebedeo, parecen dos torturados.  Felipe, Tomás y Bartolomé parecen tres estatuas de piedra, reflejando lo que es la angustia.

Judas de Keriot es una máscara macabra, demoníaca. Semeja un condenado que finalmente se da cuenta de lo que hizo.

Con la boca abierta parece que quiere lanzar un aullido que sale espontáneo, pero que no deja escapar. Está mudo, con los ojos dilatados, espantados; como los de un loco.

Con las mejillas cenizas bajo el velo oscuro de su barba rasurada. Con los cabellos despeinados porque se los descompuso con la mano. Está sudando frío y parece próximo a perder el sentido.

Mateo que ha levantado su cara aterrorizada, lo ve y grita:

–       ¡Judas! ¡Te sientes mal!… ¡Maestro! ¡Judas está mal!

Jesús responde:

–       También Yo. Pero Yo sufro en paz. Haceos espíritus para soportar la Hora. Uno que sea ‘carne’ no podrá vivirla sin enloquecer.

Mateo repite su pregunta:

–        Judas, ¿Te sientes mal?

El Apóstol Traidor inclina la cabeza

Aspira profundo y cuando vuelve a levantarla, todo rastro de tormento ha desaparecido. Sus ojos están vacíos de cualquier expresión. Su mirada se ha oscurecido por completo.

Y  Judas contesta serenamente:

–        Está bien. Ya pasó. Fue solo un malestar pasajero.

Jesús continúa con su exposición del Salmo 21…

Y finaliza diciendo:

–       Todo ha merecido porque todo lo dio. Todo se le entregará porque entregó su vida a la muerte y fue contado entre los malhechores. Él, que no había cometido ningún pecado. Él, que no hizo más que amar perfectamente, con una bondad infinita.

Dos culpas que el mundo no perdona: su amor y su bondad. Dos motivos que lo impelieron a tomar sobre Sí, los pecados de todo el Mundo y a rogar por los pecadores. Por todos los pecadores, aún por aquellos que lo condenaron a muerte.

He terminado. No tengo más que agregar. Todo cuanto tenía que deciros sobre las profecías mesiánicas, os lo he dicho. Todo lo que habla desde mi nacimiento hasta mi muerte, os lo he ilustrado para que me conozcáis y no tengáis dudas. Y para que no aleguéis excusa de vuestro pecado…

Ahora oremos juntos. En esta última noche, podemos hacerlo así, cual granos de uva en el racimo.

Venid. Oremos. “Padre Nuestro que estás en los Cielos, Santificado sea tu Nombre, venga a nosotros tu Reino. Hágase tu Voluntad en la Tierra como en los Cielos. Danos hoy nuestro pan. Perdónanos nuestras ofensas, como perdonamos a los que nos han ofendido. No nos dejes que entremos en la tentación y líbranos del Mal. Así sea.”

“Sea santificado tu Nombre” Padre Yo lo he santificado. Ten piedad de tu Retoño.

“Venga tu Reino” Muero para fundarlo. Ten piedad de Mí.

“Hágase tu Voluntad” Ayuda a mi debilidad. Tú que creaste el cuerpo del hombre y con él revestiste a tu Verbo; para que aquí abajo te obedeciera como te he obedecido en el Cielo. Ten piedad del Hijo del Hombre.

“Danos el Pan.” Un pan para el alma. Un pan que no es e esta tierra. No lo pido para Mí. No tengo necesidad sino de tu consuelo espiritual. Yo cual mendigo, extiendo mi mano por ellos. Dentro de poco será atravesada y enclavada y no podrá dar muestras de amor.

Padre, concédeme darles el Pan que diariamente fortifique la debilidad de los pobre hijos de Adán. Son débiles, Padre. No pueden hacer nada porque no tienen el Pan que es fuerza. El Pan angelical que espiritualiza al hombre y hace que en nosotros se divinice.

“Perdónanos nuestras ofensas”…

Jesús, que ha estado de pie y con los brazos abiertos, se arrodilla. Levanta al Cielo un rostro pálido por el esfuerzo de la súplica, bañado de lágrimas que los rayos de la luna besan e iluminan…

 Y continúa:

–        Perdona a tu Hijo, ¡Oh Padre! Si en algo te faltó. A tu perfección puede parecer todavía imperfecto; Yo tu Mesías, sobre quién pesa la carne. A los hombres… no parecerá. Mi inteligencia me asegura que hice todo por ellos. Perdona a tu Jesús…

Yo también perdono; para que me perdones como Yo perdono. ¡Cuánto debo perdonar! ¡Cuánto!… Y con todo, lo hago. Perdono a éstos que están aquí presentes, a los discípulos ausentes, a los sordos de corazón. A mis enemigos;  a los que se burlarán de Mí, a los traidores, asesinos, deicidas…

En una palabra, perdono a todo el linaje humano. Por lo que a Mí toca padre, perdono toda ofensa que el hombre haya cometido contra Mí. Muero para dar  todos tu Reino. No quiero que se tenga en cuenta como señal de condenación, que se haya ofendido al Verbo Encarnado. ¿No? ¿Dices que no?…

¡Oh! ¡Me duele!  Este ‘No’ derrama en mi corazón las primeras gotas del amargo cáliz. Padre a quién siempre he obedecido, te digo: “Hágase como Tú quieres” 

“No nos dejes caer en la tentación” ¡Si quieres puedes alejar de nosotros al Demonio! Él es la Tentación que incita la carne, la mente, el corazón. Él es el Seductor. ¡Aléjalo Padre!

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio. Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica. Y tú, oh Príncipe de la Milicia Celestial, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás, y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas. Amén.

¡Que esté a nuestro lado tu Arcángel, que aparte lo que nos puede hacer mal desde el momento en que se nace, hasta el de la muerte!… ¡Oh, Padre Santo, ten piedad de tus hijos!

“Líbranos del mal” Tú lo puedes. Nosotros lloramos aquí… Es muy hermoso el Cielo y tenemos miedo de perderlo. Tú dices: ‘Mi Sangre no puede perderlo’ Pero Yo quiero que veas en Mí al Hombre, al Primogénito de los hombres.

Soy su hermano, ruego por ellos y con ellos. ¡Padre, ten piedad! Sí, ¡Piedad!…

Jesús se inclina hasta la tierra.

 

Luego se levanta y dice:

–                       Vámonos. Despidámonos esta noche. Mañana a esta hora, no lo podremos hacer. Estaremos muy aturdidos… Y no hay amor donde hay turbación. Démonos el ósculo de paz.

Mañana… Mañana cada uno dependerá de sí mismo…

Los besa uno por uno, comenzando por Pedro; luego Mateo, Simón, Tomás, Felipe, Bartolomé, Judas de Keriot, Tadeo y Santiago; Santiago de Zebedeo, Andrés y Juan; sobre el que se apoya mientras salen del Getsemaní…

1getsemani

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONÓCELA

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