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235 SACERDOTE Y JUEZ


235 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Juicio ante un homicidio 

Jesús va con premura hacia el centro de la población..

Los pastores permanecen indecisos, pero luego dejan el rebaño a los más jóvenes;

que se quedan con todas las mujeres, menos la Madre y María de Alfeo, que siguen a Jesús.

Y se ponen a caminar para alcanzar al grupo apostólico.

En la tercera calle que atraviesa la via central de Belén se encuentran con Judas Iscariote, Simón, Pedro y Santiago;

que se habían adelantado, a buscar hospedaje.

Ellos vienen gesticulando y les hacen señas….

Y dan gritos.

Pedro está muy impresionado, desencajado…

Y dice con angustia:

–     ¡Qué desgracia, Maestro!

Ay, lo que está sucediendo, Maestro… lo que está sucediendo!

¡Qué desgracia y qué pena!

¡Qué cosa más triste!

Simón Zelote agrega:

–     Un hijo a quién arrebatan de su madre a la fuerza, para matarlo.

Y ella lo defiende como una hiena;

pero es sólo una mujer contra los soldados y ellos están armados.

Judas dice:

–      Le sale sangre por todas partes.

Santiago de Zebedeo añade:

–      Le rompieron la puerta,

porque se había atrancado detrás de ella.

La Virgen tiene las manos juntas, orando con fuerza…

Y contesta:

–    Voy donde esa mujer.

Jesús confirma:

–     Yo también voy allá.

Simón:

–     ¡Oh, sí!

¡Tú eres el único que puede consolarla!

Giran hacia la derecha, luego a la izquierda, hacia el centro del pueblo.

Ya se ve la tumultuosa aglomeración de gente que se mueve agitada y hace presión ante la casa de Abel.

Se oyen los gritos desgarradores de la madre.

Gritos que no parecen humanos.

Agresivos, feroces  y dignos de compasión al mismo tiempo.

Jesús apresura el paso.

Y llega a una placita diminuta, edificada en una curva del camino, que aquí se ensancha…

Y en la cual el tumulto es máximo.

La mujer defiende a su hijo contra los soldados.

Con una mano está aferrada como si fuera una garra de hierro, a un pedazo, que es lo único que queda, de la puerta destrozada;

circundando con el otro brazo la cintura del muchacho; es la otra mano de acero con la que disputa su hijo a los soldados.

Si alguien trata de quitársela lo muerde con furia, sin importarle los golpes que recibe;

ni los tirones en su cabellera; que son tan fuertes, que le echan la cabeza hacia atrás,

arrancándole mechones de pelo…

Cuando no muerde,

grita:

–    Dejadlo!

¡Asesinos!

¡Es inocente!

¡La noche en que mataron a Yoel durmió conmigo a mi lado!

¡Asesinos! ¡Asesinos!

¡Calumniadores! ¡Inmundos!

¡Perjuros! ¡Perversos!

Y al joven aferrado de los hombros por los que lo capturan, arrastrado por los brazos, sobre el empedrado de la calle…

se vuelve con el rostro desencajado,

y grita:

–      ¡Mamá, mamá!

¿Por qué he de morir si no he hecho nada?

Es hermoso.

Alto, delgado.

De ojos oscuros y dulces.

De cabello ondulado y negro.

Sus vestidos desgarrados, muestran su cuerpo ágil y muy joven; que apenas ha dejado la pubertad.

Jesús, con ayuda de quienes lo acompañan, incide en la multitud, compacta como una roca.

Y se abre paso hasta el penoso grupo.

precisamente en el momento en que logran separar de la puerta a la mujer exhausta;

que es incapaz de resistir más la fuerza de la mayoría

Que es arrancada de la puerta y arrastrada como un costal,

unida al cuerpo de su hijo, por la calle empedrada.

Esto dura poco de todas formas, porque, con un tirón más violento, separan la mano materna de la cintura de su hijo.

Y la mujer cae boca abajo y se golpea fuertemente la cara contra el suelo, con lo cual sangra más todavía.

Al punto se endereza y se pone de rodillas.

Tiende sus brazos hacia su hijo, al que se llevan a toda prisa, en la medida que lo permite la muchedumbre;

que se abre con dificultad y a la que empujan violentamente.

El acusado logra liberar el brazo izquierdo, lo agita y torciéndose hacia atrás, :

El joven le grita:

–    Adiós, mamá.

Recuerda al menos tú, que yo soy inocente.

La mujer lo mira con ojos demenciales y luego cae por tierra desvanecida…

Golpeando con su cara contra el suelo, en medio de un charco de sangre.

Jesús se interpone al paso de los captores,

y ordena:

–      ¡Deteneos un momento!

¡Os lo ordeno!

Su voz y su rostro no admiten réplica.

Un ciudadano se adelanta del grupo y con tono muy agresivo,

le pregunta

–      ¿Quién eres?

No te conocemos.

Retírate y déjanos ir para que muera antes de que llegue la noche.

–      Soy un Rabí.

El más grande.

En Nombre de Yeové deteneos o Él os destruirá con sus rayos.

Parece como si fuese Él, el que los despidiese con su mirada centelleante.

Y con su Voz fuese a fulminarlos,

preguntando:

–     ¿Quién es el que da testimonio contra éste

Aser dice:

–       Yo, él y él. -señalando al otro poderoso.

–     Vuestro testimonio no es válido, porque no es verdadero.

–      ¿Y cómo puedes decirlo?

–     ¡Estamos prontos a jurarlo!

–      Vuestro juramento es pecado.

Los tres hombres dicen al mismo tiempo:

–      ¿Qué estamos pecando nosotros?

–     ¿Nosotros?

–      ¿Sabes quiénes somos?…

Jesús los atraviesa con su mirada severa…

Y declara:

–     Lo sé.

Vosotros, sí.

Así como adentro fomentáis la lujuria; dais pasto al odio;

apacentáis la avaricia de las riquezas y cometéis homicidios.

Así también sois unos perjuros.

Os habéis vendido a la inmundicia.

Podéis realizar cualquier crimen.

No tenéis remordimiento al cualquier indecencia.

–     Ten cuidado con lo que estás diciendo.

Yo soy Aser…

–     Y Yo Soy Jesús.

–     No eres de aquí.

Y no eres ni sacerdote, ni juez.

No eres nada.

Eres un forastero.

–    Sí. Soy el Forastero, porque la Tierra no es mi Reino.

Pero Soy Juez y Sacerdote, no solo de esta pequeña parte de Israel;

sino de todo Israel y de todo el Mundo. 

Jacobo, el otro testigo,

exclama:

–       ¡Vámonos!

Dejemos a este loco.

¡Vamos, vamos, que éste es un loco!

Y da un empujón a Jesús, para apartarlo.

Jesús lo ve con los ojos del milagro…

Que, de la misma forma que devuelve vida y alegría, también subyuga y detiene lo que sea, cuando quiere.

Jesús grita con una mirada que paraliza:

–     ¡No darás ni un paso más!

La voz de Jesús es tan penetrante, que suena como toque de trompeta,

cuando declara:

“Tú no darás ni un paso más.

¿No crees lo que estoy diciendo?

Pues bien, mira…

Aquí no hay polvo del Templo, ni el agua de él.

(Se trata del  Juicio de Dios según la prescripción mosaica de Números 5, 11-31)

Y no están las palabras escritas con tinta, para hacer el agua amarguísima;

que es la señal de los celos y el adulterio.

Pero aquí estoy Yo.

¡Y Yo voy a juzgar!

La voz de Jesús es tan resonante como una trompeta.

La gente se amontona para ver.

Y solo la Virgen y María de Alfeo, se quedan a ayudar a la mujer desvanecida.

Jesús continúa:

–    Y Yo voy a Juzgar aquí.

Dadme un poco de polvo del camino y un poco de agua en una taza.

Y mientras me lo traéis…

Vosotros acusadores y tú, el acusado,

responded:

–     ¿Eres tú inocente, hijo?

Dilo con sinceridad al que es tu Salvador.

Abel responde:

–      Lo soy, Señor.

–      Aser,

¿Puedes jurar de haber dicho la verdad?

–      Lo juro.

No tengo razón para mentir.

Lo juro por el altar.

Descienda del Cielo fuego que me queme, si no digo la verdad.

–     Jacobo,

¿Puedes jurar que eres sincero en tu acusación y no tienes ningún motivo interno para mentir?

–     Lo juro por Yeové.

El amor que tengo por mi amigo occiso, me obliga a hablar.

No tengo nada que ver con éste.

–    Y tú siervo:

¿Puedes jurar de haber dicho la verdad?

–     Mil veces si fuera necesario.

Mi patrón, mi pobre patrón…

El hombre llora cubriéndose la cabeza con el manto.

–    Está bien.

He aquí el agua y he aquí el polvo.

Voy a decir lo siguiente:

“Padre Santo y Dios Altísimo.

Muestra tu Juicio verdadero por este medio, a fín de que vida y honra,

permanezcan con el inocente y con la madre desolada.  

Y venga digno castigo para el que no lo es.

Pero por la Gracia que tengo ante tus ojos, no fuego ni muerte;

sino larga expiación tenga, el que cometió el pecado.”

Jesús ha dicho estas palabras, con las manos extendidas sobre la taza;

como hace el sacerdote en el altar, durante la Misa, en el Ofertorio.

Después mete la mano derecha en la taza.

Y con la mano rocía a los cuatro sujetos al juicio…

Y luego les hace beber un poco de agua.

Primero al joven y luego a los demás.

Cruza los brazos sobre el pecho y mira.

También la gente mira…

Y un momento después, un grito se les escapa de los labios.

Y se arrojan de bruces a la tierra.

Aterrorizados y adorando al mismo tiempo.

Entonces los cuatro que estaban en línea, se miran entre sí y gritan a su vez.

El joven Abel, de estupefacción.

Los otros de horror…

¡Porque se ven cubiertos en la cara de una subitánea lepra!

¡Mientras que en la del joven no hay nada!

El siervo se arroja a los pies de Jesús,

que se aparta, como todos los demás, incluidos los soldados.

Y se separa tomando de la mano al joven Abel, para no contaminarse con los tres leprosos.

El siervo grita:

–      ¡No! ¡No!

¡Perdón!

¡Estoy leproso!

Son ellos los que me pagaron para que retardase a mi patrón hasta el atardecer,

para pegarle en el camino solitario.

Me hicieron que quitara las herraduras a la mula.

Me enseñaron como mentir, diciendo que yo me había adelantado y no es así;

porque yo me estuve allí, para matarlo junto con ellos.

Diré también por qué lo hicieron.

Porque Yoel se enteró que Jacobo amaba a su joven esposa.

Y porque Aser deseaba a la madre de Abel y ella lo rechazaba.

Se pusieron de acuerdo para librarse de Yoel y de Abel al mismo tiempo

y quedarse con las mujeres.

Esta es la verdad.

¡Quítame la lepra! ¡Quítamela!

Abel, tú eres bueno, ¡Intercede por mí!…

Jesús ordena:

–      Tú vete a donde está tu madre.

Que cuando salga de su desvanecimiento vea tu cara y vuelva a una vida tranquila.

Y vosotros…

Debería deciros: ‘

–       Qué os castiguen como queríais hacer’ sería una justicia humana;

pero os entrego a una expiación sobrehumana.

La lepra de la que os horrorizáis, os salva de ser arrestados y muertos; cómo debería ser y merecéis.

Pueblo de Belén, apartaos.

Abríos como las aguas del mar, para que se vayan éstos a su galera y cumplan su larga condena.

¡Horrible galera! Más atroz que la muerte.

Es una piedad divina que les ha dado un medio para recapacitar si quieren.

¡Váyanse! ¡Largaos!

La multitud se pega a las paredes, dejando libre el centro de la calle.

Y los tres, cubiertos de lepra como si ya tuvieran muchos años padeciéndola;

se van, uno detrás del otro, a la Montaña del silencio,

envueltos en la penumbra que ha empezado a caer.

Lo único que se escucha es su llanto.

Jesús dice a todos:

–      Purificad el camino con mucha agua después de haberos quemado con el fuego.

Soldados; referid que se hizo justicia según la más perfecta Ley Mosaica.

Jesús trata de ir a donde su Madre y su tía María Cleofás.

Que siguen socorriendo a la mujer que está volviendo de su desmayo,

mientras el hijo acaricia las manos heladas y las besa.

Pero la gente de Belén, con un respeto que está lleno de terror,..

Le ruega:

–      ¡Háblanos, Señor!

Eres realmente poderoso.

Eres, sin duda, Aquel de quien habló el hombre que pasó por aquí…

Anunciando al Mesías.

Jesús responde:

–      Hablaré por la noche cerca del aprisco de los pastores.

Ahora voy a confortar a la madre de Abel.

Y va hacia la mujer…

La cual, sentada en el regazo de María de Alfeo, vuelve cada vez más en sí.

Y mira al rostro amoroso  de María, que le sonríe.

Pero no comprende…

Hasta que baja su mirada y la fija en la cabeza morena de su hijo;

que está inclinado hacia sus manos temblorosas,

y pregunta:

–      ¿Yo también estoy muerta?

¿Esto es el Limbo?

La Virgen María,

responde:

–     No, mujer, es la Tierra.

Éste es tu hijo, salvado de la muerte.

Y este es Jesús, mi Hijo, el Salvador.

La primera reacción de la mujer es un movimiento lleno de humanidad:

reúne sus fuerzas y alarga su cuerpo hacia su hijo.

Le toma la cabeza que está inclinada…

Lo ve vivo y sano.

Y lo besa frenéticamente, llorando, riendo…

Recordando todos los nombres de la cuna, para expresarle su alegría.

Abel la acaricia diciéndole:

–      Sí, mamá, sí.

Pero ahora no me mires a mí, sino a Él.

A Él, que me ha salvado.

Bendice al Señor.

La mujer, aún demasiado débil para ponerse en pie o arrodillarse,

alarga sus manos, todavía temblorosas y sangrantes,

toma la mano de Jesús y la cubre de besos y lágrimas.

Jesús le pone la mano izquierda sobre la cabeza,

y le dice:

–      Sé feliz.

En paz.

Sé siempre buena.

Y tú también, Abel.

–      No, Señor mío.

Mi vida y la de mi hijo son tuyas, porque Tú las has salvado.

Deja que él vaya con los discípulos, como ya deseaba desde que estuvieron aquí.

Te lo doy con gran alegría,

Y te ruego que me permitas seguirle, para servirle a él y a los siervos de Dios.

–      ¿Y tu casa?

–      Señor, ¿Puede acaso uno que ha resucitado de la muerte?

La CONVERSIÓN, es la RESURRECCIÓN ESPIRITUAL

¿Seguir teniendo los mismos afectos que tenía antes de morir?!

Mirta ha resurgido por ti de la muerte y del infierno.

Si permanezco en esta ciudad, podría llegar a odiar a los que me han torturado en mi hijo,

y Tú sé que predicas el amor.

Deja, pues, que la pobre Mirta ame al Único que merece amor,

y a su misión y a sus siervos.

Ahora me siento todavía agotada, no podría seguirte;

pero, en cuanto pueda, permítemelo, Señor.

Te seguiré a ti y estaré con mi Abel…

-Seguirás a tu hijo y a mí con él.

Sé feliz.

Queda en paz ahora, con mi paz.

Adiós.

Y, mientras la mujer con la ayuda de su hijo y de algunos otros compasivos entra en su casa,

Jesús, con los pastores, los apóstoles, su Madre y María de Alfeo, sale del pueblo

y se dirige hacia el aprisco, situado al extremo de una calle,

que termina en los campos…

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232 EL HIJO DEL CARPINTERO


Sagrada Escritura Sinagoga de Nazaret

232 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

El sábado por la mañana, Jesús está en la sinagoga de Nazareth,

enseñando y diciendo:

“Éste es el apólogo de Abimelec.

Pues bien, voy a proponeros otro; no lejano ni referido a hechos lejanos;

sino cercano, presente.

LA PARÁBOLA DE LOS ANIMALES

Los animales pensaron en elegir a un rey.

Como eran astutos, pensaron elegir a uno del que no debiera temerse fuerza o ferocidad;

descartaron por tanto al león y a todos los otros felinos.

Dijeron que no querían a las rostradas águilas, ni a ninguna otra ave rapaz.

Desconfiaron del caballo, que podía llegarse hasta ellos con rapidez y ver sus acciones;

desconfiaron todavía más del burro, del que conocían la paciencia sí,

pero también los repentinos arranques de furia y las fuertes pezuñas.

Se horrorizaron ante la idea de tener por rey al mono, pues era demasiado inteligente y vengativo.

Con respecto a la serpiente, con la disculpa de que se había prestado a Satanás para seducir al hombre,

dijeron que no la querían como rey, a pesar de sus graciosos colores y la elegancia de sus movimientos;

en realidad no la quisieron porque conocían su silencioso paso majestuoso,

la fuerza de sus músculos y el terrible efecto de su veneno.

¿Elegir rey a un toro o a otro animal provisto de aguzados cuernos?

¡No hombre, no!

“Que el diablo también los tiene” dijeron;

pero en realidad pensaban: “Si nos rebelamos, un día nos extermina con sus cuernos”.

Eliminando a unos y eliminando a otros, he aquí que vieron a un corderito regordete y blanco,

que retozaba alegre por un prado verde, hocicando en la rechoncha mama materna.

No tenía cuernos; antes al contrario, unos ojos mansos como cielo de Abril.

Era manso y sencillo.

De todo estaba contento:

del agua de un pequeño riachuelo donde bebía hundiendo su morrillo rosado;

de las florecillas de variados sabores que satisfacían el ojo y el paladar;

de la tupida hierba, sobre la cual era bonito estar tumbado después de haber comido bien.

Y de las nubes, que parecían otros corderitos que correteasen por aquellos prados azules, allá arriba.

Y le invitaran a jugar, corriendo por el prado como ellas por el cielo.

Y sobre todo, de las caricias de su mamá, la cual todavía le consentía alguna sobria chupada,

lamiéndole mientras tanto, la blanca lana con su rosada lengua.

Y del aprisco, seguro y protegido del viento.

Y de la cama, bien esponjosa y fragante, en que le era dulce dormir junto a su madre.

“Es fácil contentarlo. Y no tiene ni armas ni veneno. Es ingenuo. Hagámoslo rey”.

Y lo hicieron rey.

Y se gloriaban de él, porque era hermoso y bueno.

Y porque lo admiraban los pueblos vecinos y lo amaban los súbditos por su paciente mansedumbre.

Pasó un tiempo.

El cordero se hizo carnero y dijo:

“Llega el momento de gobernar realmente.

Ahora tengo pleno conocimiento de mi misión.

La Voluntad de Dios, que permitió que fuera elegido re, me ha formado para esta misión…

Y me ha dado capacidad de reinar;

Justo es por tanto, que la ejercite en forma plena, incluso porque si no, sería desperdiciar los dones de Dios”.

Viendo pues a súbditos hacer cosas contrarias a la honestidad de las costumbres;

a la caridad, dulzura, lealtad, morigeración, obediencia, respeto, prudencia, etc.

levantó su voz para amonestar.

Pero he aquí que los súbditos se rieron de su balido sabio y dulce;

que no atemorizaba como el rugido de los felinos,

ni como el chillido de los buitres cuando se lanzan veloces sobre la presa,

ni como el silbido de la serpiente…

ni siquiera como los ladridos del perro que infunde temor.

El cordero ya carnero, no se limitó a balar;

fue donde los culpables para conducirlos de nuevo al cumplimiento del deber.

Ahora bien, la serpiente se le escurrió por entre las patas;

el águila se elevó en vuelo y lo dejó plantado;

los felinos, con una manotada, lo apartaron amenazándole:

“¿Ves lo que hay en esta mano afelpada que por ahora se limita a apartarte? Son garras”;

los caballos y todos los animales corredores en general, se pusieron a girar al galope alrededor de él, en plan de burla;

los robustos elefantes y otros paquidermos, con un golpe del morro, lo tiraron rebotándolo de un lado a otro.

Los monos, desde encima de los árboles, lo hicieron blanco de sus proyectiles.

El cordero ya carnero, acabó por inquietarse, y dijo:

“No quería usar ni mis cuernos ni mi fuerza; porque también yo tengo fuerza en este cuello,

tanto que será modelo para abatir obstáculos de guerra.

No quería usarla porque prefiero usar el amor y la persuasión.

Pero, dado que ante estas armas no os doblegáis, haré uso de la fuerza,

porque no quiero faltar a mi deber para con Dios y para con vosotros,

a pesar de que vosotros faltéis al vuestro para con Dios y para conmigo.

He sido establecido aquí por vosotros y Dios para guiaros a la Justicia y al Bien.

Y aquí quiero que Justicia y Bien es decir, Orden, reinen”.

Y castigó con los cuernos -ligeramente, porque era bueno,

a un perrito que seguía molestando a los que estaban a su lado.

Y luego, con su fortísimo cuello, echó abajo la puerta de la guarida donde un cerdo glotón y egoísta,

había almacenado provisiones en perjuicio de los demás.

Y tiró abajo también la mata de lianas que los jóvenes monos habían elegido para sus ilícitos amores.

“Este rey se ha hecho demasiado fuerte. Quiere realmente reinar y que vivamos una vida sabia.

Esto no nos agrada. Hay que destronarlo” dijeron.

Mas un mono joven y astuto aconsejó:

“Hagámoslo de forma que parezca que ha sido por un motivo justo;

si no, quedaremos mal ante otros pueblos y nos atraeremos la enemistad de Dios.

Vamos a espiar todo lo que hace el carnero, para poderlo acusar bajo apariencia de justicia”.

La serpiente dijo:

–      Me encargo de ello yo.

El mono agregó:

–     Y yo.

Una arrastrándose por entre la hierba y el otro desde las copas de los árboles,

no perdieron ni un momento de vista al cordero.

Y todas las noches, cuando él se retiraba para descansar de las fatigas de la misión…

Y meditaba en las medidas que debería tomar y en las palabras que tendría que usar,

para domar la rebelión y vencer los pecados de los súbditos,

entonces éstos, excepto alguno -raro- honesto y fiel;

se reunían para escuchar el relato de los dos espías y traidores, pues traidores eran también.

La serpiente decía a su rey: “Te sigo porque te amo, para defenderte en caso de que te agredieran”.

El mono decía a su rey: “¡Como te admiro! Quiero ayudarte.

Mira, desde aquí veo que más allá de este prado se está pecando. ¡Corre!”

Y luego decía a sus compañeros:

“Hoy también ha tomado parte en el banquete de algunos pecadores.

Ha simulado que iba allí para convertirlos, pero luego en realidad ha sido cómplice de sus orgías”.

Y la serpiente refería:

“Se ha alejado incluso allende los confines de su pueblo.

Y ha entablado conversación con mariposas, moscardones y babosas.

Es un infiel.

Trata con extranjeros impuros”.

Así hablaban a espaldas del inocente, creyendo que él lo ignorase.

Pero el espíritu del Señor, que lo había formado para su misión,

lo iluminaba también respecto a las conjuras de sus súbditos.

Habría podido huir indignado, maldiciéndolos.

Pero el cordero era manso y humilde de corazón.

Amaba: éste era su error.

Y cometía un error aún mayor:

El de perseverar en su misión, amando y perdonando, a costa de la vida, para cumplir la Voluntad de Dios.

¡Oh, qué errores éstos ante los hombres!

¡Imperdonables! Tanto que le procuraron la condena.

“Muera. Para liberarnos de su opresión”.

Y la serpiente se encargó de matarlo, porque siempre la traidora es la serpiente…

Éste es el otro apólogo.

¡Ahora te toca a ti entenderlo, pueblo de Nazareth!

¡Y Pueblo de Dios!

Yo, por el amor que me une a ti, te deseo al menos que no pases del grado de pueblo hostil.

El amor de la tierra a la que vine cuando era niño, en que crecí amándoos y siendo amado;

me hace deciros a todos vosotros:

“No seáis más que hostiles.

No hagáis que la historia diga: “De Nazaret vinieron su traidor y sus jueces inicuos”‘.

Adiós.

Juzgad con rectitud y quered con constancia:

Lo primero, todos vosotros;

segundo, aquellos de entre vosotros que no vivan disturbados por pensamientos deshonestos.

Me marcho…

La paz sea con vosotros.

Y Jesús, en medio de un silencio penoso,

quebrado sólo por dos o tres voces que lo aprueban…

Sale triste, cabizbajo, de la sinagoga de Nazareth.

Le siguen los apóstoles.

Al final de todos van los hijos de Alfeo y sus ojos no son ciertamente, ojos de manso cordero…

Miran severamente a la multitud hostil.

Y Judas Tadeo sin vacilaciones, se planta erguido ante su hermano Simón,

y le dice:

–     Creía que tenía un hermano más honesto y de carácter más fuerte.

Simón agacha la cabeza y calla.

Pero el otro hermano José, respaldado por otros de Nazaret,

le reclama:

–     ¡Deberías avergonzarte de ofender a tu hermano mayor!

Tadeo le responde con firmeza:

–     ¡NO!

Me avergüenzo de vosotros.

Y volviéndose hacia todos los nazaretanos,

Sentencia con severidad:

¡De todos vosotros!

Esta Nazareth no es simplemente una madrastra para el Mesías;

es una madrastra depravada.

¡Oíd mi profecía!:

Lloraréis tantas lágrimas como para alimentar una fuente;

pero no servirán para lavar de los libros de la Historia…

El verdadero nombre de esta ciudad y de vosotros.

¿Sabéis cuál es?: 

“ESTUPIDEZ”.

Adiós.

Santiago añade un saludo más amplio, pero igual recriminatorio…

Y augurando luz de sabiduría.

Y salen, junto con Alfeo de Sara y otros dos jóvenes;

que son los dos cuidadores de asnos que los acompañaron para ir al encuentro de Juana de Cusa,

cuando estaba moribunda  y Jesús prácticamente la resucitó…

La gente, que ha quedado confundida,

murmura:

–      ¡¡¿Pero de dónde le viene tanta sabiduría?!!

–     ¿Y de dónde los milagros que hace?

–     Porque hacerlos los hace.

–    Toda Palestina lo dice.

–    ¿No es el hijo de José el carpintero?

Todos le hemos visto hacer mesas y camas en el banco del artesano de Nazareth,.

Y arreglar ruedas, yuntas y cierres.

Ni siquiera fue a la escuela.

Su Madre fue su única maestra.

José de Alfeo, dice:

–      Eso también fue un escándalo.

Que nuestro padre criticó.

–     Pero también tus hermanos terminaron la escuela con María de José.

–     ¡Ya!

Mi padre fue débil ante su mujer… – responde José.

–     Entonces…

¿También el hermano de tu padre?

–      José también.

Y esto recrudece la polémica:

–    ¿¡Entonces no era hijo de José?!

–     ¿Pero es realmente el hijo del carpintero?

–     ¿Pero es que no lo ves?

–     Hay muchos que se parecen.

–     Creo que es uno que se hace pasar por él, pero no lo es.

–     ¿Y dónde está entonces Jesús de José?

–     ¿Pero tú crees que su Madre no lo va a conocer?

–    ¿Y los parientes?

–    Los parientes también estamos divididos.

–      Aquí están TODOS sus hermanos y hermanas.

–      Y todos ellos lo reconocen como pariente.

–      ¿No es verdad, vosotros dos?

Los dos mayores hijos de Alfeo asienten.

(Para entender esto, hay que CONOCER y comprender la cultura del Medio Oriente,

Y como se denomina la perentela...

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donde la educación patriarcal admite la poligamia y esto origina la herejía aprovechada por Satanás, 

para los ignorantes y analfabetos espirituales de Occidente) 

–     Entonces se ha vuelto loco…

–    O está endemoniado…

Porque lo que dice no puede provenir de un obrero.

–     Lo que habría que hacer es no escucharlo.

–    Su pretendida doctrina es delirio o posesión…

Y la polémica originada por la incredulidad, crece como una avalancha…

Mientras tanto….

Jesús está parado en la plaza esperando a Alfeo de Sara, que habla con un hombre.

Mientras espera, uno de los arrieros, que se había quedado cerca de la puerta de la sinagoga,

Y le dice las calumnias que allí se han dicho.

–     No te apenes por esto.

Un profeta, generalmente no recibe honor, ni de su patria ni de su casa.

El hombre es tan necio que cree que para ser profetas, es necesario casi estar fuera de la vida;.

Y los coterráneos y familiares, más que todos los demás,

conocen y recuerdan la humanidad de su paisano y pariente.

Pero la verdad triunfa siempre.

Adiós.

La paz sea contigo.

–     Gracias, Maestro.

Bendito seas por haber curado a mi madre.

–     Lo merecías, porque supiste creer.

Mi poder aquí es inoperante, porque aquí no hay fe.

Y volviéndose hacia los suyos,

Jesús agrega:

Vamos, amigos.

Mañana al |alba nos marchamos.

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216 EL BANQUETE DE SIMÓN


216 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

En Cafarnaúm es la casa de Simón el Fariseo, el hombre que lo invitó al banquete, mostrando que no es su enemigo;

desde el milagro que Jesús realizara cuando la serpiente estuvo a punto de matarle a su único nieto.

Es una enorme sala riquísima, con un gran candil con muchos quemadores que arde en el centro.

Las paredes están cubiertas con preciosos tapices.

Los asientos tienen incrustaciones de marfil y adornos variados, con láminas muy hermosas.

Los muebles son finos y muy bellos.

En el centro hay un cuadrado de mármol que contrasta de color, en donde no hay nada.

El piso reluciente refleja el candelero de aceite.

Alrededor hay triclinios, (lechos asientos) que ocupan los convidados.

Todos son hombres.

En el centro hay una mesa de grandes dimensiones, formada por cuatro tablas unidas en forma de rectángulo.

Muchos sirvientes van y vienen trayendo los manjares y los vinos;

en una preciosa vajilla y en valiosas copas adornadas con oro, en las que sirven diligentemente.

En la parte más retirada de la puerta, está el dueño de la casa, con los invitados más importantes.

Tanto él como los demás comensales, están reclinados en esos lechos-asiento paralelos respecto a la mesa.  

Es un hombre de más de sesenta años y viste una lujosa túnica, con una faja recamada en el cuello;

en las mangas, en los bordes del vestido, con galones bordados con hilos de oro.

En su rostro manifiesta orgulloso, que está muy consciente de su poder y su mirada está llena de soberbia.

La maldad, la crueldad y un frío menos precio, se reflejan en su duro semblante.

En el lado opuesto, frente a él; está Jesús.

Recostado al igual que todos, sobre su codo izquierdo.

Trae su acostumbrado vestido blanco.

Cerca de Jesús está Juan, sentado en el piso, entre la mesa que está frente a ellos

y su codo está a la altura de la ingle de Jesús, de modo que no le estorba para comer.

Y le permite cuando quiere, apoyarse confiadamente sobre el pecho de su maestro.

No hay ninguna mujer.

Todos hablan.

Y de vez en cuando el dueño de la casa se dirige con exagerada condescendencia…

Y una benignidad muy manifiesta, a Jesús.

Es evidente que quiere demostrar a todos los presentes, que ha hecho un gran honor al haberlo invitado a su rica casa;

al pobre profeta de Israel a quien todos consideran un loco…

Jesús responde a todas las cortesías y elegantemente sonríe a quién le pregunta.

Los temas de que hablan los comensales; tratan sobre hechos de actualidad:

Los romanos; la Ley, que encuentra oposición en los romanos; también la misión de Jesús como Maestro de una nueva escuela.

Pero, detrás de la aparente benevolencia, se comprende que son preguntas viciosas y capciosas, para embrollarlo, tendiéndole trampas.

Cosa no fácil, porque Jesús con pocas palabras, da una respuesta precisa y concluyente, a cada una de las cuestiones.

Por ejemplo, a la pregunta sobre cuál fuera en concreto la escuela o secta en que se había formado como nuevo maestro,

respondió sencillamente:

–       De la escuela de Dios.

Es a Él a quien sigo en su santa Ley; de Dios me preocupo, para hacer que estos pequeñuelos…

(Mirando con amor a Juan)

Y Jesús agrega: 

–     Y en Juan a todos los rectos de corazón, la tengan renovada en toda su esencia, tal como era el día en que el Señor la promulgara en el Sinaí.

Devuelvo a los hombres a la Luz de Dios.

A otra pregunta, sobre qué piensa del abuso del César, que se ha hecho dominador de Palestina,

Jesús responde: 

–     César es lo que es, porque así lo quiere Dios.

Recuerda lo que dice el profeta Isaías.

¿No llama, acaso, a Asur, por inspiración divina, “bastón” de su cólera, vara que azota al pueblo de Dios,

que se ha separado demasiado de Él y finge externamente y en su espíritu?

¿Y no dice que, después de usarlo como castigo, lo quebrantará,

porque abusará de su misión siendo demasiado soberbio y cruel?

A quien le pregunta, le sonríe con su leve sonrisa…

Y con excelente amabilidad corresponde a todas las atenciones que le prodigan.

Su sonrisa es luminosa, cuando Juan le habla y lo mira.

De repente se abre la pesada cortina y entra María Magdalena…

Es una estampa magnífica de juventud esplendorosa.

Luce hermosísima, con un lujoso vestido escarlata,

que está sostenido con preciosos broches de esmeraldas y rubíes en la espalda.

Joyas similares que sostienen los pliegues a la altura del pecho y lo realzan con cadenas de filigrana de oro.

Una faja recamada con oro y piedras preciosas, circundan su estrecha cintura…

Y hacen resaltar su figura escultural y su impresionante hermosura.

Está peinada con sumo esmero.

Su cabello rubio es un adorno de mechones, artísticamente entrelazados…

Y su abundante cabellera es tan resplandeciente, que parece como si trajera un yelmo de oro.

De la cabeza le cuelga un fino velo transparente, tan ligero que en realidad no cubre nada.

Y la adorna resaltando aún más su belleza excepcional.

Sus pies están calzados con sandalias de piel roja, adornadas con oro, perlas y amatistas en las correas.

Con broches preciosos, entrelazados en los tobillos.

Todos voltean a verla, menos Jesús.

Juan la mira un instante y luego se vuelve hacia Jesús.

Todos los demás la miran con aparente y maligna complacencia.

Ella no los mira para nada.

Los ignora como si no existiesen.

Y no se preocupa del murmullo que se levantó cuando entró, ni del intercambio de guiños que se hacen todos;

menos Jesús y el discípulo predilecto.

Jesús actúa como si no se diera cuenta de nada y continúa hablando con Simón el fariseo,

totalmente concentrado en la conversación.

María se dirige a Jesús.

Se arrodilla a sus pies.

Deposita en el suelo una jarra muy barriguda, de alabastro blanco.

Se levanta el velo y su belleza deslumbrante, se manifiesta en todo su esplendor.

Como si fuera un ritual, quita la diadema preciosa y se la quita junto con el velo.

Siguen los anillos; los brazaletes, los broches de perlas y rubíes que sostienen el cabello. 

Y las joyas que adornan su vestidura.

También sus sandalias…

Y  pone todo sobre el lecho asiento más próximo.

A continuación, toma entre sus manos los pies de Jesús y le desata las sandalias.

Primero el derecho, luego el izquierdo.

Las pone en el suelo.

Enseguida besa con gran llanto los pies divinos y apoya su frente contra ellos.

Los acaricia, mientras las lágrimas caen como una lluvia torrencial, que brilla al esplendor de la lámpara;

bañándolos completamente…

Jesús, lentamente vuelve la cabeza.

Su mirada azul-zafiro se detiene por un instante en aquella cabeza inclinada.

Una mirada que absuelve.

Luego vuelve a mirar al centro… 

Y la deja que se desahogue libremente…

Pero los fariseos se mofan de ella.

Se miran mutuamente con muchos guiños y sobreentendidos.

Se sonríen con sarcasmo.

Simón se endereza por un momento, para ver mejor.

Y su mirada refleja un deseo; un tormento; una ironía.

Un deseo por la mujer; esto se nota muy claro.

Un tormento; porque entró sin permiso y eso significa que ella frecuenta su casa.

Una ironía para Jesús…

Pero ella no se preocupa por nada.

Continúa llorando con todas sus fuerzas, sin  miedo alguno.

Una cascada de lágrimas silenciosas, que se mezclan con profundos suspiros.

Luego se despeina.

Se quita las peinetas de oro que sostienen el complicado peinado y las pone junto a las otras joyas.

Las guedejas doradas caen sobre su espalda.

Las toma con ambas manos y las pone sobre su pecho.

Enseguida las pasa sobre los pies de Jesús, hasta que los ve secos…

La redimida enamorada, usa los medios humanos para demostrar su amor a Jesús:

Las lágrimas, los cabellos…

No el agua, sino lágrimas.

Gotas del corazón…

Humor no contaminado con gérmenes impuros.

Filtrado por el amor y el arrepentimiento.

Rendido digno de Dios y juzgado precioso por Dios;

porque es la señal de un espíritu que ha comprendido la Verdad.

No linos; sino los cabellos…

Seda viva de la cual la mujer hace una seducción y un culto.

Y que la regenerada por la gracia humilla al hacerlos toalla de las plantas de su Salvador…

Entonces mete los dedos en la jarrita y saca una pomada ligeramente amarilla y olorosísima.

Un aroma de lirios y tuberosas se extiende por toda la sala del banquete.

Ella introduce los dedos una y otra vez, extendiendo el bálsamo;

mientras besa y acaricia los pies divinos…

El perfume: uno de los instrumentos enseñados por Satanás a la mujer.

Y que la mujer convertida a Dios, destruye para hacer bálsamo a su Señor.

Pero nadie comprende esto…

Jesús ve y cuenta aquellas lágrimas que caen contritas.

Aquellas caricias de mechones que no ponen en contacto la carne impura con la Inmaculada,

sino que han puesto un velo entre la una y la otra.

Y que por lo mismo; no puede ser desdeñado por Dios…

Aquellas gotas de nardo, mucho menos perfumado, que el amor de quién las esparce…

Simón el fariseo está escandalizado porque ella lo toca…

Pero ¿Puede escandalizarse uno que es escándalo?…  

De su lóbrego corazón brota la impureza y mancha todo lo que ve con la malicia…

Cada lágrima y cada gota de nardo son una profesión de amor y una confesión de error…

Jesús, de vez en cuando la mira con amorosa piedad.

Juan, que ha volteado sorprendido al oír el llanto; ahora mira a Jesús…

Luego al grupo y enseguida a la mujer.

El fariseo anfitrión ha estado pensativo, diciéndose interiormente:

‘Si este hombre fuera profeta, sabría quién es y qué clase de mujer, es la que lo toca:

¡Una pecadora!…

Y su rostro se vuelve más y más ceñudo.

Y mientras la mirada desdeñosa de Simón el Fariseo, al cual hay mucho que reprocharle;

mortifica a la arrepentida con las palabras de una escandalizada e hipócrita reflexión,

sobre ésta voluntaria, valerosa, humilde profesión de fe; de arrepentimiento y de amor…

Jesús toma la palabra y dice:

–      Simón, tengo algo que decirte.

–      Dí, Maestro.

–      Un prestamista tenía dos deudores.

Uno le debía quinientas monedas y el otro, cincuenta.

Cómo no tenían con qué pagarle, les perdonó la deuda a los dos.

¿Cual de los dos crees que lo querrá más?

–      Pienso que aquel al que le perdonó más.

–      Juzgaste bien.

Jesús mira a la Magdalena, es una mirada de completa absolución de todo el pasado.

Ha sido lavado con su llanto.

Sus tinieblas han sido vencidas con la luz del Amor.

Y en su corazón que ha sido instrumento del Mal…

En su mismo corazón ha encontrado el camino del Bien.

Y volviéndose a ella; sigue diciendo a Simón:

–     ¿Ves esta mujer?

Cuando entré en tu casa, no me ofreciste agua para los pies;

mientras que ella los mojó con sus lágrimas y los secó con sus cabellos.

Tú no me besaste al llegar…

Pero ella desde que entró, no ha dejado de cubrirme los pies con sus besos.

No me echaste aceite en la cabeza…

Y ella en cambio derramó perfume en mis pies.

Por eso te digo que todos sus pecados; sus numerosos pecados;

le quedan perdonados por el mucho amor que demostró.

Pero aquel a quién se le perdona poco, demuestra poco amor.

Jesús lo ha dicho con un tono y una mirada que traspasa a Simón el fariseo.

Una mirada que es todo un discurso… Mental…

Y que llega también a todos los que se han escandalizado al oír las últimas palabras de Jesús;

pues se preguntaron:

‘¿Quién es este hombre que ahora pretende perdonar los pecados?…

Jesús responde más de lo que se le ha preguntado…

Aquel al que nada se le oculta de los pensamientos humanos…

El Espíritu de Jesús, a través de su mirada, ha dicho al Fariseo y a sus compañeros:

–    No hagas insinuaciones perversas…

Para justificarte tú mismo ante tus ojos.

Yo no tengo tu ansia sexual.

Ésta no ha venido a Mí, porque el sexo la haya traído.

No Soy como tú, ni como tus compañeros.

Ha venido porque mis palabras la iluminaron en su alma;

en la que la lujuria había creado tinieblas e incredulidad.

Ha venido porque quiere vencer los sentidos.

Y comprende que siendo una pobre criatura, por sí sola no puede lograrlo.

Ama en Mí al Espíritu de Dios, al cual ha reconocido…

Después de tantos males que recibió de todos vosotros, que habéis disfrutado de su debilidad… 

Y que le habéis pagado con los azotes del desprecio.

Viene a Mí, porque siente haber encontrado al Bien;

la alegría, la paz, que inútilmente buscó entre las pompas del Mundo.

Cúrate de esta lepra tuya que tienes en el alma, fariseo hipócrita.

Aprende a juzgar rectamente las cosas.

Despójate de la soberbia de la inteligencia y de la lujuria de la carne.

Éstas son las lepras más hediondas de vuestras personas.

 Puedo curaros de la lepra del cuerpo, si me lo pedís.

Pero de la lepra del espíritu no, porque no queréis curaros.

Porque os gusta y amáis vuestros vicios.

Esta quiere curarse y mira como la limpio.

Mira cómo le quito las cadenas de su esclavitud.

La pecadora está muerta.

Ha quedado ahí, en aquellos adornos que se avergüenza de ofrecer;

para que Yo los santifique al usarlos en mis necesidades y las de mis discípulos.

Y también en las de los pobres que socorro con lo superfluo de los demás;

porque Yo, el Señor del Universo;

no poseo nada, ahora que Soy el salvador del Hombre.

Ella está ahí, en ese perfume derramado a mis pies;

que ha usado en la parte de mi cuerpo a la que no te dignaste dar un poco de agua fresca,

a pesar de haber caminado tanto, para traerte a ti también, la Luz.

La pecadora está muerta.

Ha renacido María.

Es bella como una niña pudorosa.

Se ha lavado con el llanto.

En verdad te digo, ¡Oh, Fariseo!

Que entre aquella que me ama con su juventud pura y ésta que me ama con su sincera contrición;

de un corazón que ha vuelto a nacer a la Gracia, no hago ninguna diferencia.

Y al que es puro y a la arrepentida, les doy el encargo de comprender mi Pensamiento;

como no lo he hecho con nadie.

Ella se honrará de dar el último tributo de honor a mi Cuerpo y recibirá el primer saludo,

después de mi Madre, en mi Resurrección.

 Este mensaje mental penetró como una saeta ardiente,

en aquellas almas muertas y voraces.

Ellos entendieron su mudo lenguaje, que contiene mayores reproches,

que los que hubiese habido en sus Palabras.

Y el viejo fariseo envidioso, baja la cabeza.

 

Luego Jesús dice a María con infinito Amor:

–     Tus pecados te quedan perdonados.

Tu fe te ha salvado. 

 Vete en paz.

Y Jesús, con un gesto benignísimo; le pone por un momento la mano, sobre la cabeza inclinada.

Ella abandona a sus pies las joyas.

Se echa encima el velo, cubriendo su cabeza despeinada.

Y con los pies descalzos, se retira sin dar la espalda;

adorando al Señor, tal y como se hace en el Templo;

ante el Santo de los santos.

Fue amada porque mucho amó.

Y porque mucho amó; TODO se le perdonó.

Dios perdona todo a quién le ama con todo su ser.

María Magdalena; como los Tres Reyes magos que adoraron a la Divinidad Encarnada de Jesús;

humilló tres dones a los pies divinos:

el corazón a través del llanto.

La carne a través de los cabellos;

la mente a través del perfume.

Así es el que ama con todo.

Da sin retener NADA para sí; ni siquiera el soplo vital. 

Jesús dice:

Lo que le ha hecho bajar la cabeza al fariseo -y también a sus compañeros

Y que no está escrito en el Evangelio,

han sido las palabras que mi espíritu, a través de mi mirada; ha lanzado y clavado en esa alma yerma y ávida.

He respondido mucho más de lo que está escrito, porque ningún pensamiento de los hombres me estaba celado.

Y él ha entendido mi mudo lenguaje, más cargado aún de reproche que cuanto lo estaban mis palabras.

Le he dicho:

“No. No hagas insinuaciones malvadas para justificarte ante ti mismo.

Yo no tengo tu lujuria.

Esta mujer no viene a mí por atracción sensual.

Yo no soy tú, ni soy como tus semejantes.

Viene a mí porque mi mirada y mi palabra, oída por pura coincidencia, le han iluminado el alma;

en que la lujuria había creado tinieblas.

Y viene porque quiere vencer sobre la carne y ha comprendido, ¡pobre criatura!,

Que por sí sola no lo lograría nunca.

Ella ama en Mí el espíritu, nada más que el espíritu, que siente sobrenaturalmente bueno.

Después de tanto mal como ha recibido de todos vosotros, que os habéis aprovechado de su debilidad,

para vuestros vicios;

correspondiéndole luego con los latigazos de vuestro desprecio,

Viene a mí porque percibe que ha encontrado el Bien, la Alegría, la Paz;

que inútilmente ha buscado entre las pompas del mundo.

Procúrate la curación de esta lepra tuya de alma, ¡Oh, fariseo hipócrita!

Y recta visión en las cosas;

depón la soberbia de la mente y la lujuria de la carne.

Estas son lepras mucho más fétidas que las de vuestro cuerpo. 

De las últimas mi toque os puede curar porque por ellas me invocáis;

pero de la lepra del espíritu no, porque no queréis liberaros de ella porque os gusta.

Esta mujer, sin embargo, sí quiere.

Por eso Yo la limpio, por eso la libero de las cadenas de su esclavitud.

La pecadora ha muerto, ha quedado allí, en los adornos que ella se avergüenza de ofrecerme,

para que los santifique usándolos para atender mis necesidades y las de mis discípulos;

para los pobres a quienes socorro con lo que a otros les es superfluo;

porque se da el caso de que Yo, Dueño de1 Universo, ahora que soy el Salvador del hombre, no poseo nada.

Ella está allí, en el perfume con que ha ungido mis pies, disminuido -como sus cabellos-

en esa parte del cuerpo que tú no te has dignado refrescar con el agua de tu pozo;

después de que he recorrido tanto camino para venir a traerte también a ti luz.

La pecadora ha muerto.

Y ha renacido María, que ahora, por su vivo dolor y recto amor;

tiene nuevamente la hermosura de una púdica muchacha.

Ella se ha lavado en su llanto.

En verdad te digo, fariseo, que entre éste, que me ama con su juventud pura,

y ésta, que me ama con la sincera contrición de un corazón renacido a la Gracia, no establezco diferencia,

y que al Puro y a la Arrepentida les confío una misión, respectivamente:

comprender mi pensamiento como nadie y dar a mi Cuerpo los últimos honores y el primer saludo

(no cuento el saludo especial de mi Madre) cuando resucite”.

Esto es cuanto quería decir con mi mirada al fariseo.

Pero a ti te manifiesto otra cosa, para alegría tuya y de muchos.

En Betania, María repitió este gesto que signó el alba de su redención.

Hay gestos personales que se repiten.

Y que denuncian el estilo propio de una persona.

Son gestos inconfundibles.

En Betania, de todas formas -y ello era justo- el gesto fue menos humillante y más confidencial;

dentro de su actitud de reverente adoración.

Mucho había caminado María desde aquel amanecer de su redención. Mucho.

El amor, como viento veloz, la había impulsado consigo hacia arriba y hacia delante;

el amor, como una hoguera, la había devorado y había destruido en ella la carne impura,

y había proclamado señor en ella a un espíritu purificado.

María, distinta por su renacida dignidad de mujer, distinta en su vestido, sencillo como el de mi Madre,. 

Y en su peinado; de mirada sencilla, de actitud sencilla, de palabra sencilla y nueva;

ahora me honraba con el mismo gesto, pero de forma nueva:

cogió el último de sus vasos de perfume, que había reservado para Mí;

me lo esparció sobre los pies, sin llanto; con mirada dichosa, por el amor

y la seguridad de haber sido perdonada.

Y también sobre mi cabeza.

Ahora María podía, sí, ungirme y tocarme la cabeza.

El arrepentimiento y el amor la habían purificado con el fuego de los serafines,

y ella misma era un serafín.

Dítelo a ti misma, María mi pequeña “voz”, díselo a las almas.

Ve, díselo a las almas que no se atreven a venir a Mí porque se sienten culpables.

Mucho, mucho, mucho se le perdona a quien mucho ama, a quien mucho me ama.

¿No sabéis, pobres almas, cómo os ama el Salvador!

No tengáis miedo de Mí.

Venid. Con confianza.

Con coraje.

Que Yo os abro el Corazón y los brazos.

Te debería llamar como a Daniel.

Eres el alma de los deseos, te amo porque deseas intensamente a tu Dios.

Podría seguir diciéndote lo que mi ángel dijo a Daniel:

“No temas, porque desde el primer día en que aplicaste tu corazón a comprender…

Y a afligirte en la presencia de Dios, han sido escuchadas tus oraciones; por ellas he venido”.

Pero no te está hablando el ángel; soy Yo: Jesús.

Siempre que una persona “aplica su corazón a comprender”,

Yo me acerco.

No soy un Dios duro y severo.

Soy Misericordia viva.

Más rápido que el pensamiento me acerco a quien a mí se vuelve.

Y me acerqué veloz con mi espíritu también a la pobre María de Magdala; tan inmersa en su pecar,

En cuanto sentí que surgía en ella el deseo de comprender:

Comprender la luz de Dios y su estado de tinieblas;

Yo me hice Luz para ella.

Hablaba a muchos aquel día, pero verdad es que hablaba para ella sola.

Sólo la veía a ella, que se había acercado movida por un violento repente de su alma;

que se rebelaba contra la carne que la tenía sujeta.

Sólo la veía a ella, con su rostro atormentado;

con su forzada sonrisa, que escondía bajo apariencia de falsa seguridad y alegría,

que no eran sino desafío al mundo y a sí misma, con mucho llanto íntimo.

Sólo la veía a ella, mucho más enredada en las zarzas que la oveja extraviada de la parábola;

a ella, que se anegaba en la náusea de su vida.

Náusea que emergía como esos embates profundos que sacan consigo el agua del fondo.

No dije grandes palabras, ni toqué un tema referido a ella, pecadora bien conocida;

para no humillarla y obligarla a huir, a avergonzarse o a venir.

La dejé tranquila.

Dejé que mi palabra y mi mirada descendieran a su interior y que allí fermentasen;

para hacer de aquel impulso de un momento su glorioso futuro de santa.

Hablé con una de las más dulces parábolas, rayo de luz y bondad emanado exactamente para ella.

“Y aquella noche, mientras ponía pie en casa del rico soberbio en quien mi palabra no podía fermentar;

para transformarse en futura gloria, pues la mataba la soberbia farisaica.

Ya sabía que ella vendría, después de haber llorado mucho en su habitación de vicio;

después de haber decidido, a la luz de ese llanto, su futuro.

Los hombres, devorados por la lujuria, al verla entrar se estremecieron en la carne…

Y acusaron con el pensamiento.

Todos la desearon, excepto los dos “puros” del convite: Yo y Juan.

Todos pensaron que venía por uno de esos fáciles caprichos,

que – verdadera posesión diabólica- la arrojaban a repentinas aventuras.

Pero Satanás ya estaba vencido. 

Y todos con envidia pensaron, viendo que no se dirigía a ellos, que era Yo por quien venía.

El hombre, cuando no es sino hombre de carne y sangre, mancha siempre hasta las cosas más puras.

Sólo los puros ven bien, porque el pecado no les turba el pensamiento.

Pero no debe ser motivo de abatimiento el que el hombre no comprenda.

Dios comprende y es suficiente para el Cielo.

La gloria que viene de los hombres no aumenta ni en un gramo,

la gloria que es destino de los elegidos en el Paraíso.

Recuérdalo siempre.

La pobre María de Magdala fue siempre mal juzgada en sus actos buenos;

no lo había sido en sus malas acciones, porque eran bocados de lujuria,

ofrecidos a la insaciable hambre de los lascivos. 

Fue criticada y juzgada mal en Naím, en casa del fariseo; 

criticada y objeto de reproche en Betania, en su casa.

Pero Juan, diciendo una gran palabra, da la clave de esta última crítica:

“Judas… porque era ladrón”.

Yo digo: “El fariseo y sus amigos porque eran lujuriosos”.

¿Lo véis?

La avidez de la carne, la avidez por el dinero, alzan su voz y critican el acto bueno.

Los buenos no critican.

Nunca.

Comprenden.

Pero, repito, no importa la crítica del mundo; lo que importa es el juicio de Dios.

Recordad siempre esto:

“No establezco diferencia entre aquel que me ama con su pureza íntegra…

Y aquel que me ama en la sincera contrición de un corazón renacido a la Gracia”.

Soy el Salvador.

No lo olvidéis nunca.

Ve en paz. Te bendigo.

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206 EL DIOS RECHAZADO


206 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Cuando Jesús llega allí…

Sin siquiera saludarlo le dicen:

–    Así pues, continúas violando el sábado.

No obstante todos los reproches que se te han hecho.

¿Y así quieres que se te respete como a un enviado de Dios?

Jesús responde:

–     ¿Enviado?

Mucho más: como a su Hijo.

Porque Dios es mi Padre.

Si no me queréis respetar; no lo hagáis.

Pero Yo no dejaré de cumplir con mi Misión por esto…

¿Así que sigues violando el sábado, a pesar de todas las recriminaciones que se te están haciendo?

¿Y Tú quieres que se te respete como enviado de Dios

–    ¿Enviado?

Más que como enviado. Como Hijo, porque Dios es mi Padre.

Si no me queréis respetar, absteneos de hacerlo;

pero no por ello interrumpiré el cumplimiento de mi misión.

Dios no deja de actuar ni un instante.

Incluso en este momento mi Padre actúa.

Y Yo también, porque un buen hijo hace lo que hace su padre, y porque he venido al mundo para actuar.

Se va acercando gente para oír la disputa.

Entre estas personas hay algunos que conocen a Jesús, otros que han recibido de Él algún beneficio.

Otros que lo ven por primera vez.

Algunos lo quieren, otros lo odian, muchos son neutros.

Los apóstoles forman núcleo con el Maestro.

Margziam está asustado y pone una cara casi de llorar.

Entonces sigue una larga disputa en la que Jesús refuerza su Identidad.

Y los fariseos se empeñan en rechazarlo.

Los judíos (mezcla de escribas, fariseos y saduceos)

expresan a gritos su escándalo:

–    ¡Qué osadía!

–     ¡Se dice Hijo de Dios!

–    Sacrilegio!

–    ¡Dios es el que es y no tiene hijos!

–    ¡Pero hombre, llamad a Gamaliel!

–    ¡Llamad a Sadoq!

–     ¡Reunid a los rabíes!

–    ¡Que oigan esto y lo rebatan!  

Jesús dice con calma:

–    No os agitéis.

Llamadlos.

Os dirán, si es verdad que saben, que Dios es uno y trino: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Y que el Verbo o sea el Hijo del Pensamiento ha venido como estaba profetizado,;

para salvar del Pecado a Israel y al mundo.

El Verbo soy Yo.

Soy el Mesías anunciado.

No hay sacrilegio por tanto, si doy al Padre el nombre de Padre mío.

Vosotros os inquietáis;

porque hago milagros, porque con ello atraigo hacia Mí a las muchedumbres y las convenzo.

Me acusáis de ser un demonio porque obro prodigios.

Pero Belcebú está en el mundo desde hace siglos y verdaderamente, no le faltan devotos adoradores…

¿Y por qué no hace las obras que Yo hago?

La gente comenta bisbiseando:

–    ¡Es verdad!

¡Es verdad!

–    Nadie hace lo que Él.

Jesús continúa:

–    Os respondo Yo.

Es porque Yo sé lo que él no sabe y puedo lo que él no puede.

Si hago obras de Dios, es porque soy Hijo de Dios.

Uno por sí solo no puede hacer sino aquello que ha visto hacer.

Yo, que soy Hijo, siendo Uno con Él eternamente, no distinto ni en Naturaleza ni en Poder;

no puedo hacer sino lo que he visto hacer al Padre.

Todo lo que hace el Padre lo hago Yo también, que soy su Hijo.

Ni Belcebú ni otros pueden hacer lo que Yo hago, porque ni Belcebú ni los otros saben lo que Yo sé.

El Padre me ama a Mí, que soy su Hijo; me ama sin medida, como Yo lo amo.

Por ello me ha mostrado y me sigue mostrando todo lo que Él hace, para,que haga lo que Él hace:

Yo, en la tierra, en este tiempo de Gracia; El, en el Cielo, desde antes que el Tiempo existiera para la tierra.

La CONVERSIÓN, es la RESURRECCIÓN ESPIRITUAL

Y me mostrará obras cada vez mayores, para que Yo las haga

y vosotros os quedéis maravillados.

Su Pensamiento piensa inagotablemente

Yo lo imito cumpliendo inagotablemente aquello que el Padre piensa y con el pensamiento quiere.

Todavía no sabéis cuán inagotablemente crea el Amor.

Nosotros somos el Amor.

No hay limitaciones para Nosotros, ni hay cosa alguna que no pueda ser aplicada, en los tres grados del hombre:

el inferior, el superior, el espiritual.

En efecto, de la misma forma que el Padre resucita a los muertos y les devuelve la vida,

Yo, el Hijo, puedo dar la vida a quien quiero.

Es más, por el amor infinito del Padre al Hijo, tengo concedido no sólo devolver la vida a la parte inferior; 

sino también – y más aún – a la superior…

Liberando el pensamiento del hombre de los errores mentales y su corazón de las malas pasiones.

Y a la parte espiritual, devolviendo al espíritu su libertad del pecado;

porque el Padre no juzga a nadie, sino que ha dejado todo juicio en manos de su Hijo,

pues el Hijo es el que, con su propio sacrificio, ha comprado a la Humanidad para redimirla.

El Padre lo hace por justicia, porque es justo dar a quien con su moneda paga.

 Y para que todos honren al Hijo como ya honran al Padre.

Sabed que si separáis al Padre del Hijo o al Hijo del Padre…

Y no os acordáis del Amor, no amáis a Dios como se le debe amar, con verdad y sabiduría;

antes bien cometéis herejía porque dais culto a uno sólo mientras que son una admirable Trinidad.

Por tanto, el que no honra al Hijo es como si no honrase al Padre; 

porque el Padre, Dios, no acepta adoración a una sola parte de Sí; 

sino que quiere que se adore su Todo.

Quien no honra al Hijo no honra tampoco al Padre, que lo ha enviado por pensamiento perfecto de amor;

niega por tanto, que Dios sepa hacer obras justas.

En verdad os digo que quien escucha mi palabra y cree en Quien me ha enviado,

tiene la Vida Eterna y no será condenado.

Sino que pasará de muerte a vida, porque creer en Dios.

Y aceptar mi palabra quiere decir infundir en sí la Vida que no muere.

Llega la hora – para muchos ya ha llegado – en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios,

y aquel que la haya oído resonar, vivificadora, en el fondo de su corazón, vivirá.

Jesús, con el don de ciencia infusa mira fijamente a uno de los fariseos,

y pregunta: 

–     ¿Qué dices tú, escriba?

–    ¡Digo que los muertos no oyen y que estás desquiciado!

–    El Cielo te persuadirá de que no es así.

Y de que tu saber es cero respecto al de Dios.

¿Una LEYENDA más…?

Habéis humanizado de tal forma las cosas sobrenaturales,

que ya sólo dais a las palabras un significado inmediato y terreno.

Habéis enseñado la Haggada según fórmulas fijas, vuestras;

sin esforzaros en comprender las alegorías en su auténtica verdad.

Y ahora, en vuestro ánimo, cansado del agobio de una humanidad que triunfa sobre el espíritu,

no creéis ni siquiera en lo que enseñáis.

Y ésta es la razón que explica el que ya no podáis luchar contra las fuerzas ocultas.

La muerte de que hablo no es la de la carne, sino la del espíritu.

Vendrán los que oyen con sus oídos mi palabra y la acogen en su corazón y la ponen en práctica.

Éstos, aunque hayan muerto en el espíritu, volverán a vivir, pues mi Palabra es Vida que se infunde.

Y Yo la puedo dar a quien quiera, ya que poseo la perfección de la Vida;

porque así como el Padre tiene en Sí la Vida perfecta,

el Hijo recibió del Padre la Vida en Sí mismo, perfecta;

completa, eterna, inagotable y comunicable.

Junto con la Vida, el Padre me ha dado el poder de juzgar, porque el Hijo del Padre es el Hijo del hombre.

Y puede y debe juzgar al hombre.

No os maravilléis de esta primera resurrección – la espiritual – que realizo con mi Palabra.

Veréis otras más asombrosas todavía, más asombrosas para vuestros sentidos pesados;

porque en verdad os digo que no hay cosa mayor que la invisible – pero real – resurrección de un espíritu.

Se acerca la hora en que la voz del Hijo de Dios penetrará en los sepulcros…

Y todos los que están en ellos la oirán:

Quienes hicieron el bien saldrán para ir a la resurrección de la Vida eterna;

quienes hicieron el mal, a la resurrección de la condena eterna.

No digo que esto lo hago, y lo haré, por Mí mismo, sólo por mi propia voluntad; 

sino por la voluntad del Padre y la mía.

Hablo y juzgo según lo que escucho.

Y mi juicio es recto porque no busco mi voluntad, sino la del que me ha enviado.

Yo no estoy separado del Padre;

estoy en Él y El en Mí.

Conozco su Pensamiento y lo traduzco en palabras y en obras.

Vuestro espíritu incrédulo, que no quiere ver en Mí,

BLASFEMIA SATÁNICA ¡Quieren atribuirle a Dios sus propios pecados para justificar sus perversiones!

sino a un hombre semejante a todos vosotros; 

no puede aceptar lo que digo para dar testimonio de mí mismo.

Pues bien, hay otro que testifica en mi favor.

Vosotros decís que lo veneráis como a un gran profeta.

Yo sé que su testimonio es verdadero, pero vosotros, que decís que lo veneráis, no aceptáis su testimonio; 

porque no es conforme a vuestro pensamiento, que me es hostil.

No aceptáis el testimonio del hombre justo, del Profeta último de Israel,; 

porque en lo que os gusta decís que es simplemente un hombre y que puede equivocarse.

Habéis enviado a personas para que preguntasen a Juan; 

esperando que dijera de Mí lo que queríais, lo que pensáis de Mí, lo que queréis pensar de Mí.

Pero Juan ha dado un testimonio verdadero que no habéis podido aceptar.

Como el Profeta dice que Jesús de Nazaret es el Hijo de Dios;

vosotros, en el secreto de vuestros corazones, porque tenéis miedo al pueblo

decís del Profeta lo mismo que del Cristo: que está loco.

Bueno, Yo tampoco recibo testimonio del hombre, aunque éste sea el más santo de Israel.

Os digo: era la lámpara encendida y luminosa; 

pero vosotros poco tiempo habéis querido gozar de su luz;

cuando esta luz se ha proyectado sobre Mí, para daros a conocer la verdadera realidad del Cristo;

habéis dejado que pusieran la lámpara bajo el celemín y ya antes,

habéis levantado entre ella y vosotros una pared,

para no ver a su luz al Cristo del Señor.

Yo le agradezco a Juan su testimonio; también el Padre se lo agradece.

Juan, por este testimonio, recibirá un gran premio; por esto seguirá ardiendo en el Cielo;

será, de entre todos los hombres, el primer sol que resplandecerá arriba;

ardiendo como arderán todos los que hayan sido fieles a la Verdad.

Y hayan tenido hambre de Justicia.

De todas formas, dispongo de un testimonio mayor que el de Juan.

Este testimonio son mis obras, porque Yo hago las obras que el Padre me ha encargado.

Y ellas testifican que el Padre me ha enviado y me ha dado todo poder.

Así, el Padre mismo, que me ha enviado, es quien da testimonio en mi favor.

Vosotros nunca habéis oído su Voz ni visto su Rostro;

pero Yo lo he visto y lo veo, la he oído y la oigo.

En vosotros no mora su Palabra porque no creéis en su enviado.

Investigáis la Escritura porque creéis que podéis obtener, conociéndola, la Vida eterna.

¿No os percatáis de que son precisamente las Escrituras las que hablan de mí?

¿Por qué entonces, os obstináis en no venir a mí para tener la Vida?

Os lo diré:

porque rechazáis todo cuanto es contrario a vuestras enquistadas ideas.

Os falta humildad. No sois capaces de decir:

“Me he equivocado.

Éste, o este libro, están en lo cierto y yo en el error”.

Esto habéis hecho con Juan y esto hacéis con las Escrituras y con el Verbo, que os está hablando.

Ya no sois capaces ni de ver ni de entender; en efecto, estáis fajados de soberbia

y saturados de vuestras ensordecedoras voces.

¿Creéis que hablo así buscando ser glorificado por vosotros? No.

Habéis de saber que ni busco ni acepto gloria de los hombres.

Lo que busco y quiero es vuestra salvación eterna.

Ésta es la gloria que busco, mi gloria de Salvador;

.Isaias 63 1- 4

que no puede existir si no tengo espíritus salvados y que aumenta en la medida de los salvados que tengo;

que deben dármela los espíritus salvados y el Padre, Espíritu purísimo.

Pero vosotros no seréis salvados.

Os he conocido en lo que sois.

No tenéis en vosotros el amor de Dios.

No tenéis amor.

Por eso no venís al Amor, que os habla,.

Y no entraréis en el Reino del Amor.

Allí no os conocen.

os conoce el Padre, porque vosotros no me conocéis a mí, que estoy en el Padre.

No me queréis conocer.

Vengo en nombre del Padre mío y no me recibís;

pero, eso sí, estáis preparados para recibir a cualquiera que venga en nombre de sí mismo,;c

on tal de que diga lo que a vosotros os gusta.

¿Decís que sois espíritus de fe?

No, no lo sois.

¿Cómo vais a poder creer vosotros que os mendigáis la gloria unos a otros…

y no buscáis la gloria del Cielo, que sólo procede de Dios?

La gloria es la Verdad, no un juego de intereses que no pasan de este mundo; 

que lisonjean sólo a la humanidad viciosa de los degradados hijos de Adán.

No creáis que os voy a acusar delante del Padre. Otro os acusa:

ese Moisés en quien esperáis.

Os recriminará por no creer en él, dado que no creéis en Mí;

porque Moisés habló de Mí y vosotros no me reconocéis según lo que dejó escrito de Mí.

Si no creéis en las palabras de Moisés, el grande por quien juráis;

no podéis creer en mis palabras, en las palabras del Hijo del hombre, en quien no tenéis fe.

Esto es, humanamente hablando, lógico.

Pero es que aquí estamos en el campo del espíritu.

Y están siendo cotejadas vuestras almas.

Dios las observa a la luz de mis obras y coteja vuestras obras con lo que he venido a enseñar…

Y Dios os juzga.

 Yo me voy.

Por mucho tiempo no me volveréis a encontrar.

Y tened en cuenta que no es un triunfo vuestro;

sino un castigo. 

Y Jesús se abre paso entre la multitud…

En parte muda.

En parte expresiva (musitando su aprobación, sólo bisbiseando, por miedo a los fariseos),

Y se aleja.

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205 EL CAMALEÓN


05 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Jesús está en Jerusalén, cerca de la torre Antonia.

Todos los apóstoles, menos Judas de Keriot, están con Él. 

Bartolomé pregunta a sus compañeros:

–    ¿Qué habrá querido decir ese escriba con la frase:

“Un rebaño de terneros destinados a una vulgar carnicería?” 

Tomás responde:

–    Se habrá referido a algún negocio suyo.

–    No, nos señaló.

Lo ví bien.

La segunda frase confirmó la primera.

Pues sarcásticamente había dicho:

“Dentro de poco, el Cordero será trasquilado y luego, el degüello.”

Andrés confirma:

–   ¡Sí!

Yo también oí lo mismo.

Pedro dice:

–  ¡Ya!  ¡Bien!

Yo me muero de ansia por regresar y preguntar al escriba, si sabe algo de Judas de Keriot.

 

Santiago de Alfeo comenta:

–    ¿Y si no sabe nada?

Esta vez Judas no está con nosotros, porque de veras está enfermo.

Nosotros lo sabemos.  

Simón dice conciliador: 

–    Tal vez padeció mucho con el viaje.

Nosotros somos gente fuerte.

El está acostumbrado a vivir cómodamente aquí, entre el lujo y la riqueza del Templo.

Se cansa.

Pedro pregunta:

–    Así es como tú dices.

Pero ese escriba dijo:

‘En el grupo falta el camaleón’.

¿No es el camaleón el que cambia de color cada vez que se le antoja?

 

Zelote aconseja:

–     Es como tú dices, Simón.

Pero sin duda alguna se han referido a sus vestidos, siempre nuevos.

A él le gustan.

Está joven. Hay que comprenderlo.

Pedro concluye:

–    También esto es verdad.

Pero, ¡Qué frases tan curiosas!

Santiago de Zebedeo observa:

–     Parece siempre como si nos amenazaran…

Tadeo agrega:

–    La verdad es que nosotros sabemos que nos amenazan.

Y vemos amenazas también donde no hay.

Tomás concluye:

–    Y vemos faltas también donde no están.

Pedro agrega:

–     Bueno.

No por eso deja de haber sospecha.

Quién sabe cómo esté hoy, Judas.

Entretanto se la pasa bien en su paraíso, con sus angelitos cuidándolo.

También a mí me gustaría enfermarme, para tener todas esas comodidades…

Bartolomé responde:

–    Esperemos que pronto se alivie.

Es necesario terminar el viaje, porque los calores arrecian…

Andrés asegura:

–       ¡Oh! A Judas no le faltan cuidados.

Y luego, si le faltasen; ya pensaría el Maestro…

Santiago de Zebedeo dice:

–     Tenía mucha fiebre cuando lo dejamos.

Esa enfermedad le pegó tan de repente…

Mateo contesta:

–     Como siempre vienen.

Porque deben venir.

Pero yo no sé nada…

El Maestro no se preocupa por eso.

Si hubiese visto que era una cosa seria, no hubiera dejado el Palacio de Juana.

Realmente Jesús no está preocupado en absoluto.

Habla con Margziam y con Juan mientras camina y da limosnas.

Está explicando muchas cosas al niño, indicándole acá o allá, los diversos sitios del Templo.

Se dirige hacia el final de las murallas del ángulo nordeste,

donde hay mucha gente que está yendo a un lugar con muchas arquerías que precede a la puerta del Rebaño.

Va con Marziam, explicándole muchas cosas.

Atraviesan la Puerta del Rebaño y llegan al ángulo noreste del muro del Templo.

Hay un gran pórtico, en donde hay mucha gente.

Jesús explica:

–    Esta es la Probática.

La piscina de Betzaida.

Ahora tiene mucha agua, ¿Ves que tranquila está?

Dentro de poco verás que se mueve y que se levanta hasta llegar a aquella señal húmeda.

¿Lo ves?

Ahora baja el ángel del Señor, él da órdenes al agua de curar a quién se eche en ella.

¿Ves cuanta gente?

Pero mucho se distraen y no ven el primer movimiento…

Pero muchos se distraen y no ven el primer movimiento del agua.

O lo que pasa también es que los más fuertes sin caridad, impiden a los más débiles acercarse:

Jamás hay que distraerse ante los signos de Dios-

Es necesario tener el alma siempre vigilante, porque no se sabe nunca cuándo se manifiesta Dios…

O cuándo manda a su ángel.

Nunca ser egoístas, ni siquiera por la salud.

Muchas veces, por discutir por causa del derecho de precedencia o de la mayor o menor necesidad de unos u otros;

estos  desdichados pierden el beneficio de la venida angélica.

Margziam escucha muy atento.

Y mira el agua.

Luego pregunta:

–   ¿Se puede ver al Ángel?

Me gustaría.

–    Leví, un pastor de tu edad lo vio.

Mira bien y prepárate a alabarlo.

El niño se concentra en mirar el agua…

Y ya no se distrae.

Sus ojos van de la superficie del agua a la parte inmediatamente superior y viceversa.

Jesús mira al pequeño grupo de enfermos:

Ciegos, lisiados, paralíticos, que están esperando.

Los apóstoles también están atentos.

El sol juguetea con los rayos de luz sobre el agua e iluminan los cinco portales que rodean las piscinas.

 

Margziam grita:

–    ¡Mira!…

El agua sube, se mueve, resplandece…

¡Qué luz! ¡El Ángel!… –y el niño se arrodilla.

Efectivamente, mientras se mueve el líquido del estanque;

que parece crecer como por una masa de agua repentinamente introducida que lo hincha.

Y que lo eleva hacia el borde, el agua resplandece como espejo puesto al sol.

Un destello cegador por un instante.

Rápido, un cojo se hecha el agua.

Y poco después sale con la pierna curada; que antes estaba tullida con una gran cicatriz.

Los demás se lamentan y pelean con el sanado, diciendo que él no estaba imposibilitado para el trabajo.

Y se arma una riña.

Jesús mira a su alrededor…

Y ve a un paralítico en su camilla, que llora en silencio.

Se le acerca y lo acaricia.

 

Y le pregunta:

–    ¿Lloras?

El hombre se lamenta:

–     Sí.

Ninguno piensa nunca en mí.

Estoy aquí.

Todos se curan, menos yo.

Hace treinta y ocho años que estoy acostado sobre mi espalda

He consumido todo.

Han muerto los míos.

 Ahora soy gravoso a un pariente lejano que me trae aquí por la mañana y viene a recogerme por la tarde…

¡Pero, cuánto le pesa hacerlo!

¡Yo quisiera morirme!

–    No desfallezcas.

¡Con tanta paciencia y fe como has tenido!…

Dios te escuchará.

–    Eso espero…

Pero a uno le vienen momentos de depresión.

Tú eres bueno, pero los demás…

Yo me esfuerzo en arrastrarme con mis manos hasta allí, cuando el agua se mueve;

pero siempre otros se me adelantan y cerca del borde no se puede estar.

Me aplastarían.

Y aunque estuviese allí,

¿Quién me cuidaría?

Si te hubiese visto antes, te lo habría pedido

Los que se curan podrían,como agradecimiento a Dios;

estar aquí para socorrer a los pobres hermanos…

–     Sí, deberían hacerlo.

De todas formas, no guardes rencor.

Ni siquiera lo piensan; no es por maldad;

la alegría de verse curados es lo que los hace egoístas.

Perdónalos…

–    Tú eres bueno.

No actuarías así.

Me esfuerzo en arrastrarme con las manos hasta allí,

cuando se agitan las aguas de la piscina.

Pero siempre se me adelanta alguno.

Y en el borde no puedo estar, porque me pisotearían.

Además, aunque estuviera allí,

¿Quién me sumergiría en el agua?

Si te hubiera visto antes, te lo habría pedido…

–    ¡Grande es tu deseo de curarte!

¡Pues, levántate!

¡Toma tu camilla y anda!

Jesús se ha erguido al dar la orden.

Y parece como si al enderezarse, levantase también al paralítico.

porque éste se pone en pie…

Y da uno, dos, tres pasos, casi incrédulo, detrás de Jesús, que se está marchando.

Pero, puesto que realmente camina, el hombre emite un grito que hace que todos se vuelvan.

–    ¿Quién eres?

¡En nombre de Dios, dímelo!

¿Eres el Ángel del Señor?

–    Estoy por encima de los ángeles.

Mi nombre es Piedad.

Ve en paz.

Todos se aglomeran.

Quieren ver.

Quieren hablar.

Quieren ser cuados.

Pero acude enseguida la guardia del Templo que vigilaba también la piscina-

Y disuelven ese remolino vocinglero de gente, amenazando con castigarlos.

El paralítico toma sus angarillas:

dos barras con dos pares de ruedecitas y una tela rasgada clavada en las barras…

Y se marcha muy contento;

Y le dice a Jesús gritando:

–     ¡Te volveré a ver!

¡No olvidaré tu nombre ni tu rostro!

Jesús, mezclándose con la muchedumbre, se va en otra dirección, hacia las murallas.

Mas, no ha rebasado todavía la última arquería, cuando ya se han acercado a Él;

como impulsados por un viento furioso…

Un grupo de judíos de las castas sacerdotales.

Todos aunados en el deseo de decir insolencias a Jesús.

Buscan, miran, escrutan, pero no logran comprender bien de qué se trata.

Y Jesús se  mezcla entre la gente y se va en dirección contraria.   

Mientras los fariseos contrariados, siguiendo indicaciones de la guardia…

Asaltan al pobre infeliz que ha sido curado…

Y le recriminan:

–    ¿Por qué transportas esta camilla?

–    Es sábado.

–    te es lícito.

El hombre los mira y dice: 

–   –    Yo no sé nada.

Lo que sí sé; es que quien me curó me dijo:

‘Toma tu camilla y camina’

 

Y el interrogatorio es implacable:

–     Se tratará de un demonio.

–     Porque te ordenó que violases el sábado.

–    ¿Cómo era?

–    ¿Quién era?

–     ¿Judío?

–     ¿Galileo?

El hombre sanado responde:

–    No lo sé.

Estaba aquí.

Me vio llorar y se me acercó.

Me habló. Me curó.

Y se fue con un niño de la mano.

Tal vez era su hijo…

 

–   ¿Un niño?

–    Entonces no es Él.

–    ¿Cómo dijo que se llamaba?

–    ¿No se lo preguntaste?

–    ¡No mientas!

–    Me dijo que se llamaba Piedad.

–    Eres un pedazo de alcornoque.

–    Eso no es un nombre.

El hombre se encoge de hombros y se va.

Los otros dicen:

–    Ciertamente era Él.

–    Los escribas lo vieron en el Templo.

–    ¡Pero Él no tiene hijos!

–    Y sin embargo es Él.

–     Estaba con sus discípulos.

–    Pero no estaba Judas.

–    Es al que conocemos bien.

–     Los otros pueden ser gente de cualquier parte.

–     No.

Te digo que eran ellos.

–    Si les faltaba el Camaleón,

¿Cómo puedes estar tan seguro?

 

La discusión continúa.

Jesús vuelve a entrar al Templo por el otro lado.

Los apóstoles lo siguen.

Mira a su alrededor…

Y encuentra a Jonathán el mayordomo de Juana, uno de los pastores.

Jonathán le dice:

–     Judas se encuentra mejor, Maestro.

La fiebre ha bajado.

Tu Mamá dice que espera venir para el próximo sábado.

–    Gracias Jonathán.

Has sido puntual.

–    No muy puntual.

Maximino el de Lázaro me entretuvo.

Te anda buscando.

Fue al Pórtico de Salomón.

–     Voy a alcanzarlo.

Mi paz sea contigo.

Y dala a mi Madre, a las discípulas y también a Judas.

Jesús, rápido va al Pórtico de Salomón.

Y encuentra al mayordomo de Lázaro.

Maximino le dice:

–   Lázaro se enteró de que estabas aquí.

Te quiere ver para decirte una cosa importante.

¿Irás?

–    Sin duda alguna y pronto.

Dile que me espere dentro de esta semana.

Después de despedir a Maximino, se dirige al Atrio de los Hebreos,

diciendo:

–   Vamos a orar.

Pues por eso vinimos aquí.

Se encuentra al paralítico curado que también ha venido a dar gracias al Señor.

Cuando lo descubre entre la multitud, lo saluda con alegría.

Y le cuenta lo que pasó en la piscina, después de su partida.

Termina diciendo:

–     Luego, uno de los que estaban fuera de sí por verme sano;

me dijo que Tú Eres el Mesías.

¿Es verdad?

–     Lo Soy.

Tu deber para con Dios es emplear la salud en buenas obras.

Estás curado.

Vete y no peques más, no te vaya a castigar Dios más todavía..

Vete en paz. Adiós.

–    Yo soy viejo… no sé nada…

Pero quisiera seguirte, para servirte y para saber.

¿Me aceptas?

–    No rechazo a nadie.

De todas formas, piénsalo antes de venir.

Si te decides, ven.

–    ¿A dónde?

No sé a dónde vas…

—    Por el mundo.

todas partes encontrarás discípulos que te guiarán a Mí.

Que el Señor te ilumine para lo mejor.

Y Jesús se dirige a orar.

Mientras tanto, los fariseos que vieron al curado hablar con Jesús.

Lo detienen para preguntarle si Él fue, el que lo curó.

Y luego se acercan hasta la escalera;

por la que tiene que bajar para pasar a los otros patios… 

Y poder salir del Templo.

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EL TERCER PURGATORIO


Habla Dios Padre

Hijitos Míos, desde que sois pequeñitos, vosotros vais a la escuela, vais creciendo y vais aprendiendo de muchas materias.

Se va aumentando la base del conocimiento que primeramente os dieron vuestros padres, con el que luego vais tomando de la escuela,

de la universidad y luego de que vosotros mismos vais tomando de los libros.

¿Qué pasaría Mis pequeños, si después de tener todo ese conocimiento no hicierais nada?,

¿Qué os quedarais con el conocimiento, que no lo compartieras, que no trabajarais con lo que aprendisteis?

¿Para poder vivir del fruto de ese conocimiento?

Dirían que fue inútil en vuestra vida, que os hubierais llenado de tanto conocimiento;

aunque hubierais hecho una maestría o todavía más, un doctorado, para nada.

Lo mismo sucede en la vida espiritual.

Si vosotros os llenáis de Conocimiento y aún a pesar de que tuvierais por ejemplo, Mi Gracia

y que Yo os transmitiera directamente Conocimiento Divino, Sabiduría Divina,

leyerais infinidad de libros, que os llenarais de gran conocimiento religioso, un gran alimento para el alma;

Conócete, Acéptate, Supérate…” San Agustín de Hipona

si no dierais nada de esto, sería inútil, sería una pérdida de tiempo;

sería estéril vuestra vida espiritual y en vuestra vida humana.  

LA VIDA EN LA TIERRA ES LA OPORTUNIDAD

QUE TENÉIS PARA CONOCERME POR MEDIO DE LA FE

Y APRENDER A AMAR

PRACTICANDO ESE AMOR CON EL AMOR AL PRÓJIMO

Voy a esto, Mis pequeños:

Todo lo que obtenéis de Mí, si no lo ponéis en obras, de nada sirve lo que aprendísteis.

Es una obligación Divina dar a vuestros hermanos lo que Yo os doy,

tanto en las capacidades que vosotros tenéis en lo humano, como en lo espiritual.

Yo os las he regalado, Yo os las di para que vosotros las potencializárais.

Vosotros de ninguna forma podéis obtener capacidades si no habéis nacido con ellas.

Y si nacisteis con ellas, Yo os las di, Mis pequeños;

son Mis regalos para cada uno de vosotros.

Pero si el Conocimiento que se obtiene no se da, os repito:

es estéril vuestra vida y ahí es a donde os quiero llevar:

a las Obras de Misericordia.

Debéis dar el Conocimiento, debéis ayudar a vuestros hermanos, os debéis dar a vuestros hermanos.

Y de ésa forma, empezaréis a hacer dinámico todo Mi Amor y Conocimiento que Yo os doy;

para eso os mandé a Mi Hijo.

Os mandé a Mi Hijo, para que os enseñara todo esto. 

 Él, siendo Mi Hijo y siendo Dios, pudo haberse quedado en el Reino de los Cielos.

Pero Él, con todo ese Conocimiento Divino, os lo dio;

caminó entre los hombres, ahí está lo dinámico, convivió con gente de todos niveles para darse y para dar.

No mandó a ángeles, se pudo haber quedado aquí en el Reino de los Cielos, pudo haberMe pedido eso: 

mandar emisarios, ángeles que enseñaran a los hombres.

Pero Yo le pedí que bajara a la Tierra y que conviviera entre vosotros y ahí entra la primera parte del fruto del Amor, que es la humildad.

Si no tenéis humildad y ésa empieza Conmigo, con vuestro Dios, no sois nada.

El aceptó como Hijo Mío, en Obediencia, en Humildad Divina, convivir entre vosotros.

Todo un Dios inmenso, inconmensurable,

enseñándoos en su propia Persona lo que son las Virtudes, lo que es el Amor.

Aprendisteis del Maestro por excelencia.

Aprendiste de todo un Dios, cómo os debéis comportar.

Hubierais tenido pretexto de alguna forma, si Yo hubiera enviado otro tipo de emisario a enseñar a los hombres.

“Cuando sientas que ya no sirvas para nada, TODAVÍA PUEDES SER SANTO” San Agustín

No tendría la Perfección que tiene Mi Hijo.

Así no tenéis pretexto y por otro lado, tenéis el Conocimiento real y Divino;

en el cual no podéis tener ningún tipo de duda de lo que debéis hacer, para que también podáis ser perfectos.

Aquellos que han buscado ésa vida que dejo Mi Hijo, ésas Enseñanzas que él os dio;

encontraron la santidad, porque además se dieron igual que Él,

recibieron Sabiduría Divina, porque Me la pidieron,

porque Me buscaron,

porque hicieron a un lado el mundo y prefirieron la perla preciosa que Soy Yo, vuestro Dios.

Y al tener ésa perla preciosa, se dieron cuenta del tesoro tan grande y lo compartieron:

y a eso estáis llamados todos vosotros, Mis pequeños.

Podéis alcanzar la santidad y debéis alcanzarla para entrar fácilmente al Reino de los Cielos,

La santidad es hacer siempre con alegría, la VOLUNTAD DE DIOS

porque ningún alma entra al Reino de los Cielos si no es santa.

Os purificáis en la Tierra u os purificáis en el Purgatorio.

Pero tenéis que alcanzar la santidad para estar en el Reino de los Cielos.

Y si seguís el ejemplo de vida de Mi Hijo Jesucristo, es como alcanzareis la santidad en la Tierra.

Y podréis pasar fácilmente al Reino de los Cielos al momento en que Yo os mande llamar;

al final de vuestra vida, de vuestra misión en la Tierra.

Por eso os repito, el Conocimiento que se os da tiene que terminar en obras…

Y así es como alcanzareis fácilmente la santidad de vida.

Hijitos Míos, en las Escrituras, se os habla de que no podéis entrar a la fiesta, o sea, al Reino de los Cielos;

si no estáis bien arreglados, si vuestras ropas no están limpias y puras.

Y por eso, he Creado el Purgatorio; para que vosotros seáis purificados en él.

En el Purgatorio tenemos que APRENDER a AMAR HASTA ALCANZAR LA SANTIDAD, completamente SOLOS, sin la ayuda Divina…

Pero ciertamente, ahí conoceréis todo el daño que Me hicisteis y el que le hicisteis a vuestros hermanos.

Ciertamente tendréis la oportunidad, en el tiempo que Yo decida, para purificaros;

y para que os ganéis la entrada al Reino de los Cielos.

La estancia para algunos, será muy dolorosa;

otros, vivirán en la esperanza, en la alegría de saber que en cualquier momento, estarán Conmigo para siempre.

Mis pequeños, poco os acordáis del sufrimiento de las ánimas del Purgatorio;

poco hacéis para aliviar sus penas.

Si realmente os amarais, como decís que lo hacéis, debierais tener no solamente el alma de vuestros seres queridos;

sino también de todos vuestros hermanos de todo el Mundo, continuamente en vuestros pensamientos…

Y sobre todo, en los momentos en que podéis lograr para ellos, un alivio a sus dolores y penas.

En el Purgatorio sufrimos el Getsemaní y el Calvario SIN PALIATIVOS, TAL COMO LO SUFRIÓ JESÚS, por nuestra NEGATIVA TERRENAL a cooperar en La Redención

Habréis escuchado, una o varias veces, del sufrimiento que tienen las almas allí, en ése lugar de purificación.

Para que entendáis un poco esto, os quiero decir que así como vuestra alma, cuando está en vuestro cuerpo vivo, no puede gozar todo el gozo que Yo le puedo dar;

porque vuestro cuerpo no soportaría tanto gozo.

De igual manera, vuestra alma no podría vivir el sufrimiento de purificación que se sufre en el Purgatorio estando en vuestro cuerpo,

porque moriríais inmediatamente, os estoy hablando a nivel espiritual.

Cuando vuestra alma sale de vuestro cuerpo, vuestras potencias cambian,

se engrandecen, se vuelven también infinitas, porque si vosotros salisteis de Mí,

si Yo os creé a Imagen y Semejanza Mía, vuestra alma es infinita y vuestras potencias también.

Por eso no entendéis perfectamente, cuando os hablo de Amor,

porque estoy hablando de un Amor a nivel espiritual,

con potencias que vuestra mente humana y vuestras capacidades humanas, no pueden ni sentir ni imaginar,

porque vuestro cuerpo limita las potencias del alma.

Así como Mi Amor es el que se debiera manifestar en vosotros con gran potencia;

VUESTRA ALMA CUANDO SE LIBERA DEL CUERPO

ADQUIERE SUS POTENCIAS INFINITAS PARA AMAR

Y SER AMADA

Con la purificación es lo mismo, vuestra alma está libre ya de vuestro cuerpo y está en el Purgatorio.

Las penas, la purificación que tendréis ahí, es a nivel alma,

o sea, con vuestras potencias ya libres y

EL DOLOR ES INMENSO Y TREMENDO 

Os digo esto para que entendáis la gravedad y el dolor tan grande que se vive en el Purgatorio,

donde ciertamente, hay una esperanza de salir de ahí y que también ésa esperanza, ya a ciertos niveles,

va minimizando el dolor del padecimiento de purificación que tenéis.

De igual manera, quiero que entendáis el dolor que se vive en el Infierno.

También es infinito, como os dije, ya que vuestra alma es infinita…

y son dolores que vosotros no imagináis que puedan existir,

porque vuestras capacidades se ven minimizadas por vuestro cuerpo.

Hijitos Míos, os he dicho que son tiempos de mucho dolor.

Me causa mucho dolor el veros que no actuáis como verdaderos hermanos,

que no os cuidáis los unos a los otros, que no veis por el hermano abatido y sufriente,

que no veis por aquel que necesita de vuestra ayuda, tanto material como espiritual.

Y en este sentido Me quiero dirigir ahora hacia vuestras hermanas, las benditas ánimas del Purgatorio. 

Por esa apatía espiritual, ellas están sufriendo más;

Los sufrimientos en el Purgatorio expían nuestros propios pecados, PERO YA NO TIENEN MÉRITOS DE CORREDENCIÓN, porque éstos se terminan con la muerte…

porque ellas van saliendo del Purgatorio gracias a las Misas bien dichas y a vuestras oraciones.

Pero ya no hay mucho ni de lo uno ni de lo otro.

No hay Misas que tengan un valor alto, ni tampoco hay suficientes oraciones,

para que ellas puedan salir pronto del Lugar de Purificación.

Sabéis que el Dolor ahí es tremendo;

pero existe la esperanza de que en algún momento saldrán…

Y que gozarán eternamente en el Reino de los Cielos.

Pero mientras tanto su dolor es tremendo.

Muchos se imaginan que solamente es un paso, un momento en el que se estará en el Purgatorio.

Y en la gran mayoría de los casos, Mis pequeños, NO ES ASÍ. 

Sabed que hay diferentes niveles en el Purgatorio. 

El más bajo está prácticamente tocando el Infierno:

ES EL TERCER PURGATORIO.

Y ahí las almas son todavía tremendas, malas.

Pero, por alguna oración de alguien o por un hecho particular, esas almas se salvaron,

DE MANERA EXCEPCIONAL

Pero necesitan un tiempo más largo de purificación, que aquellas almas que trataron de estar toda su vida conMigo;

pero que no cumplieron totalmente todo lo necesario, para entrar al Reino de los Cielos al momento de su muerte.

La hermandad espiritual debe crecer en vosotros, Mis pequeños. 

Y debéis aprender a ver el dolor en vuestros hermanos y tratar de evitarlo en lo más que podáis;

así mismo tiene que ser con las Benditas ánimas del Purgatorio.

Vuestras oraciones intercediendo por ellas, vuestras misas ofrecidas con todo el amor hacia Mí, vuestro Padre, vuestro Dios;

El Amor aumenta con la Purificación. Cuando aumenta el Amor; disminuye el rigor de la Justicia Ofendida y aumenta el deseo para fundirnos con la Esencia Divina.

CON LA INTENCIÓN DE QUE SE PURIFIQUEN

Y CREZCAN PRONTO EN EL AMOR

SE PURIFIQUEN DE SU MALDAD

Y VAYAN SALIENDO DEL PURGATORIO

Penitencias, ayunos, sacrificios, buenas obras;

todo lo que podáis OFRECER para irle quitando Dolor a esos hermanos vuestros;

son necesarios para que ellas ya puedan gozar eternamente conMigo.

Pero necesitáis ser más conscientes de esta realidad espiritual;

no estarán un momento y ya saldrán.

Son tormentos fuertes según cómo vivieron en su vida.

En el Purgatorio se concientiza el pecado, en lo que fallasteis… 

Y además no solamente el Dolor que Me causasteis;

sino el que causasteis a vuestros hermanos y

TODO LO QUE ESE PECADO

LUEGO VA CAUSANDO ALREDEDOR VUESTRO

LAS CONSECUENCIAS UNIVERSALES

DE LO QUE NI SIQUIERA CONSIDERÁSTEIS FALTAS GRAVES

Toda acción tiene una reacción y a veces no veis esa reacción, que puede ser muy larga; 

que puede afectar a muchísimas almas.

Una palabra o una acción dicha en público que afecte a las almas;

ya con ello afectasteis a muchísimas almas y éstas, a la vez, quizá después lo proclamen a otros hermanos vuestros.

Y aquel que comete una falta así, que cause afectación espiritual a muchas almas;

tendrá que pagar por todo el daño causado a todas esas almas.

Y por eso su tiempo en el Purgatorio será mayor;

si es que llega al Purgatorio y no se pierde eternamente.

Por eso debéis cuidar vuestros pensamientos, vuestras palabras, vuestras obras, vuestras omisiones;

porque para mucha gente a vuestro al rededor, para muchas almas que os están observando;

podéis ser un buen ejemplo y ayudar a muchas almas a crecer en Virtud y en Amor;

pero podéis ser también un mal ejemplo y causar una destrucción espiritual;

A VECES TAN TREMENDA, QUE AFECTARÁ A MUCHAS ALMAS

 que quizá hasta se puedan perder eternamente, por culpa vuestra.

Tenéis que cuidaros, tenéis que cuidar vuestra forma de ser.

Os repito, vuestras palabras, obras, acciones, omisiones;

El Día del Juicio ante el Tribunal de Cristo, seremos recompensados. O nuestras obras serán quemadas como la paja. Tal vez recibamos alguna recompensa, QUIZÁS NINGUNA.

todo esto puede causar un mal a muchas almas y tendréis que responder por ellas

al momento de vuestro juicio.

Reparad, Mis pequeños, reparad por vuestras faltas pasadas; ciertamente perdonadas.

Pero el daño que habréis hecho a otras almas, eso tendrá que ser también purgado.

Cuidad pues Mis pequeños, cuidad vuestra alma y cuidad a vuestros hermanos;

ROGADME PORQUE PRONTO SALGAN DEL PURGATORIO.

Os repito, ahora el tiempo de Purgatorio es más largo, porque hay muy pocas almas que estén orando por ellas.

Son vuestros hermanos, lo que hagáis por ellas, tarde o temprano, también será un bien para vosotros;

porque un alma, que por vuestra intercesión sale del Purgatorio,

ELLA DESDE EL CIELO ME ROGARÁ POR VUESTRA SALIDA DE AHÍ,

Es un bien que os hacéis los unos a los otros.

Cuando obráis en el amor, Mi Amor cae sobre todas las almas y os favorece a todos.

No desperdiciéis toda ocasión que tengáis para ayudar a vuestros hermanos, vivos y difuntos.

Y así iréis procurando con ello que vuestra salida del Purgatorio sea pronta.

Cuando el alma llega al Cielo, a vuestro Hogar, Mi Reino;

también tendréis un gozo, que en éstos momentos no os podéis imaginar.

Ciertamente, he dado a conocer estos gozos y estos sufrimientos a almas que escojo,

pero ni aún ellas os lo pueden explicar.

Ciertamente, son gozos y dolores tremendos, porque los viven a nivel espiritual y por eso no los entendéis.

Quedaos pues con esta explicación, de que vuestra alma fuera de vuestro cuerpo,

tiene gozos y dolores indecibles, inimaginables para vuestras pobres potencias humanas.

Amad y haced todo lo posible por vuestros hermanos que sufren indeciblemente en el Purgatorio

y uníos también a las alegrías tremendas, inimaginables, que vuestros hermanos están gozando en el Reino de los Cielos

y pedidles, a unos, ayuda para no seguir cayendo en faltas y que hagan que vuestra alma tenga que ser purificada más tiempo en el Purgatorio

Y a vuestros hermanos, en el Reino de los Cielos, pedidles que os ayuden a lograr llegar

a donde Yo, vuestro Padre y vuestro Dios, os espero;

para que viváis eternamente Conmigo.

Habla Nuestro Señor Jesucristo

Hijitos Míos, tened una gran devoción por las Benditas Almas del Purgatorio,

en estos tiempos muy necesitadas están;

porque no hay suficientes Misas y oraciones para poderlas sacar del Purgatorio, lo más pronto posible…

Y SUFREN

SUFREN MUCHÍSIMO

Que vuestras oraciones, vuestras Misas, el rezo del Santo Rosario y todo lo que podáis hacer por ellas;

les alcance un alivio pronto en el Reino de los Cielos,

para que puedan salir rápidamente, porque su sufrimiento es muy grande.

Ciertamente un alma en el Purgatorio, saldrá en un determinado tiempo;

pero también, dependiendo del nivel en el que se encuentre.

Hay niveles muy bajos y dolorosos, todavía cercanos al Infierno, en donde el alma sufre mucho;

están también atormentadas no por demonios, pero sí por su propio dolor.

El Purgatorio es un lugar de purificación y arrepentimiento.

Un tiempo de meditación en el cual, el alma se da cuenta de todo el mal que sus pecados causaron.

En el Purgatorio tenemos que APRENDER a AMAR HASTA ALCANZAR LA SANTIDAD, completamente SOLOS, sin la ayuda Divina…

Hay pecados que pueden hacer solamente daño a la persona que los comete;

pero hay pecados que causan mucho mal, porque muchas almas los toman como propios y los repiten.

Por eso, cuando os he pedido ser otros Cristos,

debéis ser almas de ejemplo, para que otras almas tomen el buen ejemplo que vosotros deis.

Y ese buen ejemplo les alcance su salvación eterna.

Pero si sois almas malas, que en lugar de dar un buen ejemplo,

dais un mal ejemplo, vais a causar mucho daño en muchos de vuestros hermanos.

Por eso, hay almas que pasan tanto tiempo en el Purgatorio;

porque afectaron a muchas almas que las vieron hacer tal o cual cosa, que era pecaminosa.

Y que ellos repitieron, causándoles hasta una muerte eterna o también, una estancia larga en el Purgatorio.

Tenéis que pensar en vuestro futuro, Mis pequeños.

Los sufrimientos en el Purgatorio expían nuestros propios pecados, PERO YA NO TIENEN MÉRITOS DE CORREDENCIÓN, porque éstos se terminan con la muerte…

Pero en vuestro futuro eterno, porque debéis cuidar vuestros actos, vuestras palabras, el ejemplo que deis a los demás.

Porque tendréis que pagar también, por lo malo que hagan otras almas, por el mal ejemplo que disteis.

Y que tomaron como propio y repitieron,

DAÑANDO A MUCHOS MÁS.  

Mientras estéis en la Tierra, reparad; haced penitencias, ayunos, por el bien de vuestra alma.

 Porque si por algún tiempo en vuestra vida, disteis mal ejemplo y muchos os vieron y repitieron ese mal ejemplo;

TENSRÉIS QUE PADECER POR VUESTROS PROPIOS PECADOS

Y POR EL MAL QUE HICIERON ESAS ALMAS

POR CAUSA VUESTRA

En cambio, os ganaréis más Gloria, más Amor, más cuidados Divinos;

cuando vuestros actos o vuestras palabras, fueron buenos;

disteis un buen ejemplo y ese buen ejemplo fue tomado también, por hermanos vuestros y lo repitieron.

Y a la vez, otras y muchas almas más lo volvieron a repetir.

Tendréis una corona de Gloria, porque fuisteis verdaderos Cristos enseñando el Bien;

fuisteis apóstoles Míos, porque eso es ser un apóstol,

ES SER OTRA IMAGEN MÍA ENTRE VUESTROS HERMANOS

Seréis muy recompensados por todo ese bien que causáis en otras almas.

Tened cuidado Mis pequeños, con lo que decís y hacéis, que puede ser bueno o malo,

para las almas que estén a vuestro alrededor.

Todo será Juzgado, nada se escapa a Mis Ojos.

Os repito, cuidad vuestro futuro eterno.

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El que en la tierra se ponga la Corona de Espinas… En el Cielo se pondrá la Corona de Gloria…

198 PREDICACIÓN CON ESTILO PROPIO


198 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Los apóstoles, obedientes a las órdenes recibidas; van llegando uno tras otro; en la puerta de la ciudad.

Jesús todavía no está.

Pero pronto aparece por una calle que sigue el trazado de la muralla.

Mateo dice al verlo:

–     Debe haberle ido bien al Maestro…

¡Mirad cómo sonríe!

Van a su encuentro y todos se van juntos.

Salen por la puerta y toman la vía principal.

A ambos lados hay huertas del suburbio.

Jesús les pregunta:

–     ¿Entonces?…

¿Cómo os ha ido? ¿Qué habéis hecho?

Bartolomé dice:

–     Muy mal…  

Tuvimos que huir.

Judas de Keriot: 

–     Es que por poco nos apedrean.

Tuvimos que escapar.

Vámonos de esta ciudad de bárbaros.

Volvamos a donde nos estiman. Yo aquí ya no hablo más.  

Judas está enojado: 

–     De hecho no quería ir.   

Yo no quería hablar…

Pero luego me dejé convencer y Tú no me entretuviste.

Y Tú lo sabes todo…

Jesús lo mira sorprendido,

y pregunta:

–     Pero, ¿Qué te pasó?

–      Me fui con Mateo, Santiago y Andrés.

Hemos ido a la plaza de los Juicios, porque allí hay gente fina, que tiene tiempo que perder escuchando a una persona que hable.

Decidimos dejar que Mateo hablase, porque era el más idóneo para dirigirse a los publicanos y a sus clientes.  

Entonces él empezó dirigiéndose a dos que estaban discutiendo por un campo, en una cuestión poco clara y muy embrollada, de una herencia.  

Mateo les dijo:

“No odiéis por causa de cosas perecederas y que no podéis llevaros a la otra vida.

Amaos, para poder gozar de los bienes eternos que se obtienen, tan solo con sujetar las malas pasiones.

Y de este modo ser vencedores y poseedores del bien”

Así dijiste, ¿No es verdad?

Y continuó mientras otros se acercaron a oírlo:

“Abrid vuestros oídos a la Verdad, que enseña estas cosas al mundo, para que el mundo tenga paz.

Ya veis que se sufre por esto, por este excesivo interés por las cosas perecederas.

Mas la tierra no es todo, está también el Cielo.

Y en el Cielo está Dios; de la misma forma que ahora en la tierra, está el Mesías de Dios.

Que nos envía para anunciaros que ha llegado el tiempo de la Misericordia.

Y que ningún pecador puede decir: “No seré escuchado”.

Pues si uno tiene verdadero arrepentimiento; recibe el perdón, es escuchado y amado.

Y se le ofrece el Reino de Dios”.

A todo esto, ya había una gran muchedumbre reunida. 

Había quien escuchaba con respeto y había quien interrumpía y molestaba a Mateo con preguntas.

Yo ya de hecho no respondo nunca, para no estropear el discurso.

Hablo y respondo en particular al final.

Que mantengan en la memoria lo que quieran decir y que guarden silencio.

¡Pero Mateo quería responder inmediatamente!…

Nos preguntaban también a nosotros.

Y estaban los fastidiosos que se burlaban con risitas sarcásticas y sonrisas maliciosas. 

Pues decían:

–    ¡He aquí a otro loco!

–   ¡Claro que viene de la guarida de Israel.

–   Los judíos son una grama que se extiende a todas partes.

–    ¡He aquí sus eternas fábulas!

–   Ellos tienen como cómplice a Dios.

–     ¡Oídlos!

–     Está en el filo de la espada y en el veneno de su lengua.

–    ¡Oíd! ¡Oíd!

–    Ahora sacan a relucir a su Mesías.

–    Otro frenético que nos atormentará como en siglos anteriores.

–    ¡Que mueran Él y su raza!”

–    ¡Ahí tenemos otra vez sus eternas patrañas!

–     Dios es su protector.

–    ¡Mira, mira, ahora sacan a colación a su Mesías!

–    Algún otro exaltado que como de costumbre, nos va a atormentar.

–    ¡Maldición a Él y a su raza!”.

Entonces perdí la paciencia e hice a un lado a Mateo; que continuaba hablándoles sonriente, como si nada;

Como si estuvieran brindándole honores.

Y empecé a hablar yo, tomando a Jeremías como base de mi discurso:

“He aquí que suben las aguas del Septentrión y se convertirán en un enorme caudal  que inunda…

Hará estrépito como torrentes de agua. Y por su parte habrá armas y habrá soldados de la tierra y honderos celestiales.

Todo bajo las órdenes de los jefes del pueblo de Dios; para castigar vuestra terquedad.

En movimiento todos ellos por orden de los Jefes del Pueblo de Dios, los que se abatirán sobre vosotros como castigo de vuestra obstinación;

A su fragor perderéis toda fuerza. Caerán orgullosos corazones, brazos, cariños, ¡Todo!

¡Seréis exterminados, residuos de la isla del pecado! 

¡Puerta del Infierno!

A su estruendo, el castigo de Dios caerá sobre vosotros, raza perversa.

¿Os habéis hecho orgullosos porque Herodes os ha reconstruido la ciudad?

Pero, ¡Seréis arrasados hasta que os hagáis calvos sin esperanza!

Seréis castigados en vuestras ciudades y poblados; en los valles y en las llanuras.

La profecía no ha muerto todavía…

Y ya no pude continuar… porque nos arrojaron.

Y ya no pude continuar…

Porque se nos hecharon encima y nos arrojaron.

Y solo por una caravana que iba pasando providencialmente por una calle, pudimos salvarnos.

Porque las piedras comenzaron a volar y dieron contra camellos y camelleros.

Se trabó una riña y pudimos huir.

Luego nos quedamos quietos en un patio de los suburbios, fuera de la ciudad.

¡Ah! Pero no vuelvo más por aquí…

Nathanael exclama:

–   ¡Oye!…

Pero perdona… los ofendiste.

¡La culpa es tuya!

¡Ahora comprendo porqué llegaron a tan hostiles medios, para arrojarnos!

Se vuelve hacia Jesús,

y agrega:

–    Escucha, Maestro.

Nosotros, Pedro, Felipe y yo, fuimos en dirección de la torre que da al mar.

Allí había marineros y dueños de naves que cargaban sus mercancías para Chipre, Grecia y hasta lugares más lejanos todavía.

Imprecaban contra el sol, el polvo, el cansancio, el trabajo…

Y proferían maldiciones contra su condición de filisteos.

Esclavos – decían – de los tiranos, pudiendo ser reyes. 

Blasfemaban contra los profetas y el Templo.

Y contra todos nosotros.

Yo quería alejarme de allí, pero Simón no quiso.

Pedro dijo:

–    “¡No’ ¡Todo lo contrario!

¡Son precisamente a estos pecadores a los que debemos acercarnos!

El Maestro lo haría así…

Y así tenemos que hacerlo nosotros”. 

Felipe y yo dijimos: 

–    Habla tú, entonces” 

–     “¿Y si no sé hacerlo?” –contestó Simón Pedro.

–     “Pues te ayudamos nosotros”  

Entonces Simón se acercó sonriente hacia dos hombres que sudorosos… 

Estaban sentados encima de una voluminosa paca que no lograban izar para cargarla en el barco.

y dijo:

–   Está pesado, ¿No es verdad?…

Uno de ellos contestó:

–    Más que pesado, es que estamos cansados.

Debemos terminar pronto la carga, porque el patrón lo ha ordenado.

Quiere zarpar en la hora de la bonanza; porque por la tarde el mar estará bravo.

Y para esa hora tenemos que haber pasado ya los escollos para no correr peligro”.

–   ¿Escollos en el mar?

–    Sí. Allí donde el agua está bullendo.

Son lugares peligrosos.

Los arrecifes…

–     Corrientes… ¿No?

¡Entiendo! El viento del sur da vuelta por la punta y se encuentra con la corriente…

–    ¿Eres marinero?

–    Pescador de agua dulce.

Pero el agua siempre es agua y el viento, viento.

Es un trabajo hermoso, pero duro.

Yo también más de una vez he tragado agua y la carga se me ha ido al fondo varias veces. 

Este oficio nuestro por una parte tiene sus atractivos, pero por otra es fastidioso. De todas formas en todo hay una parte agradable y otra desagradable…

Buena y mala; en ningún sitio todos son malos, como ninguna raza es toda cruel.

En todas las cosas hay siempre su lado bello y su lado feo.

Ningún lugar está hecho solo de malos… ni ninguna raza es toda cruel.

Con un poco de buena voluntad, se pone uno siempre de acuerdo y se encuentra que por todas partes, hay gente buena.

¡Ea! Os quiero ayudar.

Y Simón llamó a Felipe diciendo:

¡Se necesitan fuerzas! Coge tú de allí y yo de acá.

Y esta buena gente nos lleva allá a su nave, a las bodegas.

Los filisteos no querían… pero después consintieron.

Una vez en su sitio el fardo y otros que estaban en el puente…

Puesta en su lugar la carga; Simón se puso a alabar la nave, como solo él sabe hacerlo.

A alabar el mar…

A la ciudad hermosa, vista desde el mar.

Y se interesó por la navegación marina y las ciudades de otras naciones.

Así que todos alrededor, empezaron a darle las gracias y a celebrarlo…

Por fin, uno pregunta:

“Pero, ¿Tú de dónde eres?, ¿Del país del Nilo?”.

“No, del mar de Galilea; pero como veis, no soy ningún tigre”.

–     Es verdad. ¿Buscas trabajo?

–     Sí.

El patrón dice:

–    Yo te contrato, si quieres.

Veo que eres un marinero capaz.

–    Yo al revés.

Te contrato a ti.

–    ¿A mí?…

Pero, ¿No has dicho que andas en busca de trabajo?

–    Es verdad.

Mi trabajo es llevar hombres al Mesías de Dios.

Tú eres un hombre fuerte y por lo tanto, un trabajo mío.

–    Pero… ¡Yo soy filisteo!

–   ¿Y qué?

¿Eso qué significa?

–   Quiere decir que nos odiáis.

Nos perseguís desde tiempos remotos…

Lo han gritado siempre vuestros jefes…

–    Los Profetas… ¿No es así?

Pero ahora los profetas son voces que no gritan más.

Ahora existe sólo el Único,  Grande y Santo Jesús.

Él no grita… Sino que llama con voces de Amigo…

No maldice, sino bendice.

No trae desgracias, las elimina.

No odia y no quiere que se odie.

Antes al contrario, ama a todos y quiere que amemos, incluso a nuestros enemigos.

En su Reino no habrá vencidos y vencedores, libres y esclavos, amigos y enemigos.

No, no habrá estas distinciones que dañan, que provienen de la maldad humana.

Sólo habrá seguidores suyos.

Es decir, personas que viven en el amor, en la libertad; vencedores del peso y del dolor.

Os ruego que prestéis fe a mis palabras y que tengáis deseos del Mesías.

Las profecías están escritas sí; pero El es mayor que los Profetas.

Y para el que lo ama quedan anuladas las profecías.

¿Veis esta bonita ciudad vuestra?

Pues si llegaseis a amar al Señor nuestro, a Jesús, el Cristo de Dios…

Aún más hermosa la volveríais a ver en el Cielo”

Y así estuvo hablando Simón; bonachón e inspirado al mismo tiempo.

Todos le escuchaban con atención y respeto.

Sí, ¡Con respeto!…

Ya casi terminaba, cuando de una calle, salió un grupo de personas armadas con bastones y piedras. 

Que gritaban y vociferaban.

Y cuando nos vieron, nos reconocieron como forasteros…

Y por el vestido… ¡Ahora entiendo!

Como forasteros de tu misma raza, Judas.

Y como a tales nos tomaron….

Y nos han creído gente de tu ralea.

Si no nos hubieran protegido los del navío; no lo estuviéramos contando.

Nos subieron en una lancha y nos llevaron por el mar.

Nos bajaron en la playa, en la zona cercana de los jardines del sur.

Y de allí nos venimos junto con los que cultivan las flores, para los ricos de acá.

Pero tú Judas; echaste a perder todo…

¿Es esa, una nueva manera de decir insolencias? 

Judas responde con altivez:

–    Es la verdad.

Nathanael replica severamente:

–    Hay que saber decirla.

Tampoco Pedro dijo mentira alguna. ¡Pero supo hablar!

Pedro dice con sencillez:

–     ¡Oh, yo!…

Traté de ponerme en el lugar del Maestro, pensando: ‘Él se portaría, así… muy dulce’.  Entonces yo…

Judas dice muy digno:

–    Yo prefiero los modales majestuosos.

Son más propios de reyes..

Judas con posesión diabólica perfecta por la soberbia y por el pecado…

Simón Zelote lo reprende:

–   Tu acostumbrada idea.

Estás equivocado Judas.

Hace un año que el Maestro te está corrigiendo este modo de pensar; pero no le haces caso.

Tú también estás obstinado en el error; como los filisteos contra los que arremetes. 

Judas replica altanero:

–    ¿Acaso alguna vez me ha corregido por esto?

Además, cada uno tiene su modo y lo usa.

Al oír estas palabras, Simón Zelote se estremece,  (parábola del diente de león)

sobresaltado mira a Jesús…

El cual no dice nada…

Pero asiente a la mirada evocadora de Simón con una leve sonrisa.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

175 DIAGNÓSTICO ESPIRITUAL


175 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

La ciudad está semidesierta en esta noche serena y clara por la luna llena que resplandece en toda su plenitud.

La Pascua ha sido celebrada y consumida en una de las casas de Lázaro.

En la puerta exterior Jesús, con esa señorial cortesía muy suya, se ha despedido de Juan de Endor, dejándolo como custodio de las mujeres y dándole las gracias por esto mismo.

Le dió un beso a Margziam, que también acudió a la puerta.

Y se encamina con los suyos en el barrio de Bezetha, siguen a lo largo de la muralla y dejan atrás la casa de José de Arimatea.

Avanzan ligeros hacia fuera por la Puerta de Herodes.

Tadeo pregunta:

–     ¿A dónde vamos, Señor?

Jesús responde:

–     Venid conmigo.

Os llevo a coronar la Pascua con una perla anhelada y singular.

Por este motivo he querido estar sólo con vosotros, ¡Mis apóstoles!

Gracias amigos, por el gran amor que me tenéis; si pudierais ver cómo me consuela, os asombraríais.

Fijaos, Yo me muevo entre continuas contrariedades y desilusiones. Desilusiones por vosotros.

Convenceos de que por Mí no tengo ninguna desilusión, pues no me ha sido concedido el don de ignorar…

Por esta razón también os aconsejo que os dejéis guiar por Mí.

Si permito una cosa, la que sea, no opongáis resistencia a ello; si no intervengo para poner fin a algo, no os toméis la iniciativa de hacerlo vosotros.

Cada cosa a su debido tiempo. Confiad en Mí, en todo.

Ya están en el ángulo nordeste de la muralla; vuelven la esquina y van siguiendo la base del monte Moria…

Hasta llegar a un punto en que por un puentecito, pueden cruzar el Cedrón.

Santiago de Alfeo pregunta:

–    ¿Vamos a Getsemaní?

–    Más arriba.

A la cima del monte de los Olivos.

Juan exclama:

–    ¡Oh! ¡Será algo bello!

Pedro susurra:

–    También le habría gustado al niño.

Jesús dice:

–     ¡Tendrá oportunidad de verlo otras muchas veces!

Estaba cansado y además es un niño.

Quiero ofreceros una cosa grande, porque ya es justo que la tengáis.

Suben entre los olivos, dejando Getsemaní a su derecha.

Suben más arriba por el monte, hasta alcanzar la cima, donde los olivos se balancean crugiendo…

Avanzan por entre le olivar, hasta que Jesús se frena y dice:

–     Detengámonos aquí…

Todos se acomodan a su alrrededor, sentándose para escucharlo…

Jesús dice:

“Queridos, muy queridos discípulos míos, continuadores míos en el futuro, acercaos a Mí.

Hace poco tiempo, me habéis dicho:

“Enséñanos a orar como lo haces Tú; enséñanos, como Juan enseñó a los suyos.

Y siempre os respondí:

‘Os enseñaré cuando vea en vosotros un mínimo de preparación suficiente, para que la plegaria no se convierta en una fórmula vacía de palabras humanas.

Sino que sea una verdadera conversación con el Padre.

Ha llegado el tiempo. Hemos obedecido el Precepto Pascual, como verdaderos israelitas y el precepto divino de la caridad; para con Dios y para con el prójimo.

Uno de vosotros ha sufrido mucho en estos días, debido a una acción que no merecía.

Y ha sufrido por el esfuerzo que se ha hecho a sí mismo, para controlar la ira que esa acción había provocado.

Sí, Simón de Jonás, ven aquí.

Ni una palpitación de tu corazón honrado, me ha pasado desapercibida.

Y no ha habido sufrimiento que no haya compartido contigo.

Yo… y tus compañeros.

Pedro dice:

–    Pero Tú Señor, has sido ofendido más que yo.

Y esto era para mí una pena mayor… Que Judas haya desdeñado acompañarme en la fiesta, me molestó mucho como hombre.

Pero al ver que Tú estabas adolorido y ofendido, me molestó de otro modo. Y sufrí el doble…

Yo no quiero gloriarme, ni hacerme el héroe, usando tus palabras. Pero debo decir que he sufrido con mi alma…

Y esto causa mayor dolor.

–    No es soberbia, Simón.

Has sufrido espiritualmente, porque Simón de Jonás, pescador de Galilea; se está convirtiendo en Pedro de Jesús;

Maestro del espíritu; por lo cual también sus discípulos se hacen activos y sabios en el espíritu. Porque has avanzado en la vida del espíritu.

Y porque vosotros también habéis avanzado, quiero enseñaros esta noche la Oración.

¡Cuánto habéis cambiado desde aquel día en que nos detuvimos en un lugar desierto por algunos días!

Bartolomé pregunta un poco incrédulo:

–   ¿Todos, Señor?

–   Comprendo lo que quieres decir.

Yo os hablo a vosotros los once, que estáis aquí, no a otros.

Andrés dice con mucha tristeza:

–   Pero, ¿Qué le pasa a Judas de Simón, Maestro?

Ya no lo comprendemos. Parecía muy cambiado y ahora… desde que dejamos el lago…

Pedro interviene:

–    Cállate hermano.

La llave del misterio la tengo.

Se ha colgado un pedacito de zebú.

Fue a buscarlo a la caverna de Endor, para sorprender a los demás.

Lo tomó del nicho donde estaba el búho.

¡Y se lo tiene merecido!

El Maestro se lo dijo aquel día…

En Gamala, los diablos entraron en los cerdos.

En Endor, los que salieron del desgraciado Juan, entraron en él. Se entiende que…

Se entiende… ¡Déjame decirlo, Maestro!

Lo tengo aquí, en la punta de la lengua y si no lo digo, me muero…

Jesús le pide:

–   Simón. Sé bueno.

–   Sí, Maestro.

Y te aseguro que no le haré ningún desprecio.

La posesión espiritual perfecta se agrava tremendamente por la Lujuria y la maldad de Asmodeo…

Pero digo y pienso que siendo Judas tan vicioso… Y tan mujeriego…

Todo el Templo lo conoce, lo sabe y Todos lo sabemos.

Y está sin protección porque quiere. Se entiende que también los demonios, gustosos cambian de casa.

Es un semejante al cerdo…

Pedro calla.

El  silencio se extiende un largo momento.

Y agrega con un suspiro:

–    Bueno, lo he dicho.

Santiago de Zebedeo pregunta:

–   ¿Entonces tú piensas que por eso es así?

–   ¿Y qué otra cosa quieres que sea?

No hay ninguna otra razón para que se haya vuelto tan intratable.

Está peor que en Agua Especiosa.

Allí se podía pensar que el humor y la estación  lo pusiesen nervioso.

Pero ahora…

Jesús agrega con calma:

–    Hay otra razón, Simón…

–    Dila, Maestro.

Estoy contento de desengañarme del compañero.

–   Judas está celoso.

Está inquieto por celos.

–   ¿Celoso de quién?

No tiene mujer. Y aunque la tuviese, creo que ninguno de nosotros sería capaz de ofender a un condiscípulo…

–    Está celoso de Mí.

Piensa… Judas ha cambiado desde Endor y luego…  Empeoró en Esdrelón.

Esto es; desde que vio que me ocupaba de Juan y de Marziam.

Pero ahora que Juan nos dejará y que se irá con Isaac, verás que volverá a ser alegre y bueno.

–   Está bien.

Pero no querrás decirme que no es presa de un diablillo…

Y sobre todo; no querrás que diga que se ha compuesto en estos meses en que se ha portado peor.

El año pasado yo también era celoso… ¿No recuerdas que no quería que hubiese nadie más que nosotros seis?

Ahora deja que invoque a Dios como testigo de mi pensamiento. Ahora digo que soy feliz; entre más aumentan los discípulos a tu alrededor.

¡Oh! ¡Cómo quisiera traerte a todos los hombres!

Pero, ¿Por qué he cambiado? Porque me he dejado cambiar por Ti. Él…  él no ha cambiado. Al contrario…

Convéncete, Maestro. Un diablillo se ha apoderado de él…

–    No lo digas, ni lo pienses.

Ruega para que se cure. Los celos son una enfermedad emocional…

Que destrozan el alma.

–    De la que se puede curar si uno quiere.

¡Ah! Lo soportaré por causa tuya… Pero, ¡Qué fatiga!…

Judas Tadeo, dice:

–    Me parece que ya recibió su castigo…

Al no estar con nosotros en esta noche; en que aprenderemos algo tan importante.

Jesús dice:

–     Ha llegado el momento.

Vosotros poseéis cuanto es suficiente para conocer las palabras dignas que se digan a Dios y os las quiero enseñar esta noche en medio de la paz y el amor que existe entre nosotros.

En la paz y el amor de Dios y con Dios…

Escuchad: cuando oréis, decid así:

“Padre Nuestro…”

P IDOLATRÍA Y CONDENACIÓN


Enero 03 de 2021

Habla la Santísima Trinidad

Hijitos Míos, Yo Soy vuestro Dios y no hay otro Dios fuera de Mí.

Vosotros, a lo largo de vuestra existencia y a lo largo de los siglos, os habéis hecho de diferentes dioses, dioses que no os han dado lo que Yo os he dado: primeramente, la vida.

Sois muy mal agradecidos. Y esos dioses que habéis creado, algunos os destrozan totalmente porque Satanás está en ellos,

otros os desvían para que no Me deis a Mí el culto debido y el agradecimiento tan grande que Me debéis.

¿Acaso vuestros dioses os dieron el don de la vida?

¿Acaso los dioses que habéis creado a lo largo de vuestra existencia os dan el sustento que tenéis?

¿Acaso esos dioses en los que ahora creéis pueden controlar el día y la noche, los climas, la vida que os rodea?

¿Acaso esos dioses, en los que vosotros os basáis para vuestra existencia; os perdonan vuestros pecados, os han dado su sangre como Mi Hijo os la ha dado por vuestra Redención?

Habéis creado muchos dioses que, lejos de ser como Yo Soy, el Perfecto, el Santísimo, el Único;

están llenos de defectos porque son dioses creados por vosotros, por vuestros mismos defectos.

No podéis basaros en ellos porque no os van a responder como Yo os respondo que, a pesar de que Me tratáis mal, os sigo cuidando…

Y como os dije, los que vosotros habéis creado no responden con la Caridad con la que Yo os trato, aun a pesar de que Me traicionáis tantas veces a lo largo de vuestra existencia.

Esos dioses, en los que vosotros creéis, no os aconsejan para llevaros a la perfección y para que encaminéis vuestra vida por el camino que os llevará de regreso a vuestro Hogar Eterno.

VUESTRA MALDAD ES INMENSA

Y VUESTRA TONTERÍA MÁS,

PORQUE ESTÁIS BASANDO VUESTRA EXISTENCIA

EN UN IDEAL QUE HABÉIS CREADO

LLENO DE DEFECTOS Y DE MALDADES. 

No Me conocéis porque no Me buscáis; si realmente Me conocierais en lo profundo, olvidaríais todo aquello que habéis creado y regresaríais a Mí.

Vuestras creencias humanas, llenas de defectos, no os ayudan a que vosotros crezcáis en Virtudes y sobre todo en amor.

No tenéis otro Dios como Yo que os ame tanto, que os perdone tanto, que a pesar de vuestras traiciones espero el momento para que regreséis a Mí.

Os he enviado a Mi Hijo para que os abriera nuevamente las Puertas del Cielo,

¿Acaso vuestros dioses tienen esa autoridad?

Os he enviado a Mi Santo Espíritu para que os haga entender que

YO SOY EL ÚNICO DIOS VERDADERO

Y aquél que no esté Conmigo y que está contra Mí no tendrá acceso al Reino de los Cielos,

Porque ahí entran las almas QUE SABEN AMAR, pero sobre todo que saben agradecerMe a Mí tanto Amor que os he dado.

Os habéis desviado demasiado y, el simple hecho de que hayáis creado un dios fuera de Mí, eso indica vuestra falta de Sabiduría, la cual no os dará ninguno de los dioses que habéis creado.

La Perfección que os lleva a la santidad solamente puede venir a través Mío.

Vuestros errores, vuestra traición os puede costar la Vida Eterna.

Me alegra saber que de todos los ególatras, YO SOY el mejor de TODOS

No hay ningún otro dios fuera de Mí que os quiera llevar hacia la Vida Eterna.

Vuestros dioses son tan frágiles como vosotros lo sois, no hay ningún otro dios que sea tan poderoso como Yo, vuestro Dios, y que haya creado todo lo que tenéis a vuestro alrededor.

¿Acaso vuestros dioses pueden darle vida a alguien que ha muerto?

¿Pueden hacer oír a aquel que ha perdido el oído o ayudaros a volver a ver cuando estáis ciegos?

Mi Hijo, vuestro Dios también, os ha mostrado lo que Yo, vuestro Padre y Creador, puedo hacer y aún más, Mis pequeños.

Sois Mis hijos y tenéis derecho a infinidad de regalos que provienen de Mí y ninguno de esos regalos tan grandes, tan poderosos, tan bellos, tan llenos de Amor,

Os los pueden dar cualquiera de vuestros dioses que habéis creado con mentiras, con errores o a través de la Maldad del mismo Satanás,

que os quiere desviar para que NO Me rindáis el culto que solamente a Mí debéis tener.

Habéis llegado ya a un límite insoportable, os habéis alejado de la Verdad, de la realidad que debéis vosotros vivir y seguir.

No estáis ya en condiciones, si seguís así, de alcanzar la perfección a la que estáis llamados.

Reaccionad, Mis pequeños, antes de que sea demasiado tarde.

Regresad a Mí, vuestro Dios, el Único Dios Verdadero que os va a dar la salvación eterna. 

Meditad lo que os he dicho, os estáis dejando guiar por puras mentiras, por pura falsedad, por alucinaciones satánicas que os hacen creer que estáis siendo guiados por una realidad divina,

cuando realmente es una realidad satánica y llena de mentiras en lo que estáis basando vuestra existencia.

Meditad y preguntaos cuánto Amor, cuánto Verdadero Amor, Puro y Santo, os han dado esos dioses que habéis creado.

No hay Amor en ellos, os habéis creado esos dioses para que apoyen vuestros errores, vuestras falsedades…

Y estáis siguiendo una irrealidad que, os repito, en el mayor de los casos, es satánica.

Hijitos Míos, ciertamente Mi Donación fue dolorosa, ciertamente sufrí no solamente en cuerpo sino en espíritu.

Pero cuando todo se hace por Amor a los demás, ese dolor se vuelve gozo, Mis pequeños.

Cuántos hay que, ciertamente, son llamados al sufrimiento, a la donación, para defender Mi Santo Nombre…

Y algunos fallan, pero muchos toman ese sufrimiento también con amor, porque Yo estoy en ellos,.

Y así os lo he dicho, que si sois llamados al sufrimiento, a vuestra donación hacia Mí, Yo voy a tomar el dolor para que no sufráis,

pero quiero que vuestros hermanos vean vuestra donación y deis ejemplo de amor hacia Mí.

El sacrificio, como os he explicado, puede ser cruento o incruento, Yo tuve ambos.

Desde que fui concebido en el Vientre de Mi Madre María empezó Mi Sufrimiento, pero fue con un Amor inmenso por vosotros. 

Todo el Poderío Divino que tengo lo hice pequeño, para entrar en el Vientre de Mi Madre y con humildad, acepté ese desarrollo humano que vosotros lleváis de nueve meses en el vientre materno.

Vosotros no podéis entender ahora lo que es esa donación, ese acto tan fuerte de humildad de haber detenido todo ese Poderío Divino y entrar en el Vientre de Mi Madre y hacerMe como vosotros.

Todo eso es Amor, Mis pequeños, todo el desarrollo de Mi Vida sobre la Tierra estuvo marcado con el Amor.

MI DONACIÓN FUE TOTAL.

 Lo que no muchos de vosotros hacéis; a veces os detenéis ante el necesitado y no os dais en totalidad hacia ellos, ciertamente dais y os lo agradezco,

porque en esa forma estáis mostrando un corazón parecido al Mío, pero cuando os dais en totalidad, cuando veis primero al hermano antes que a vosotros mismos, 

vuestro acto de amor vale mucho más y será grandemente recompensado en el Reino de los Cielos.

También os he dicho que, deis poco o deis mucho, vuestra recompensa se dará,

porque todo acto de amor, pequeño o grande, solamente puede salir de Mi Corazón Divino que vosotros le habéis hecho vivir en vuestro corazón.

A lo que voy, Mis pequeños, y os lo he pedido tantas veces, es que os vayáis asemejando a Mí, vuestro Dios, por eso Me hice Hombre, para que Me conocierais. 

Ciertamente, como Dios, se pudo haber dado la Redención desde los Cielos sin que Yo tuviera que haber bajado a la Tierra a estar entre vosotros, pero

¿De dónde tomaríais vosotros el ejemplo a seguir si no Me hubierais conocido?

Por eso los grandes santos, y aun los pequeños, la gente buena, van tomando algo de Mi ejemplo sobre la Tierra, lo toman para sí mismos y lo dan a sus hermanos… 

por eso era necesario que Yo conviviera entre vosotros para que vierais lo que todo un Dios, con gran humildad y Amor hacia vosotros, puede hacer por la salvación de todos vosotros.

No despreciéis nunca, Mis pequeños, una oportunidad para dar ejemplo a vuestros hermanos, y hacedlo siempre con humildad, con sencillez.

Y como dicen las Escrituras, prácticamente a escondidas, que no sepa vuestra mano izquierda lo que hace la derecha;

en el Cielo se sabe y se reconoce ese acto de amor.. Y será recompensado grandemente.

Son tiempos en que dejaréis amor entre los hombres, en que seréis esos Cristos para ayudar a hermanos vuestros a regresar a Mí. 

En cada momento de Mi existencia, Yo iba dejando ejemplo para que los que Me veían lo siguieran. 

Ahora no os dais cuenta de cuántos se convierten con el ejemplo y vosotros mismos, en algún momento, habéis dejado ejemplo de amor…entre vuestros hermanos habéis dejado una palabra venida de Mí que les cambió la vida a uno o a varios de vuestros semejantes.

 Y de eso vosotros no os dais cuenta en la gran mayoría de los casos, pero en el Cielo se toma nota de cada uno de vuestros actos, buenos y malos.

Os pido, pues, que vuestros ejemplos cada vez sean mayores, que vayan llenos de Perfección Divina y de amor

para que podáis mover a muchos hermanos vuestros a la conversión, a la salvación eterna, al verMe a Mí en vuestros actos, en vuestras palabras, en vuestros hechos.

Mi Amor queda con vosotros, Mis pequeños.

Gracias por seguirMe, gracias por interceder por vuestros hermanos,

Yo os iré cuidando para que sigáis salvando muchas almas que tanto necesitan de Mi ejemplo a través de vosotros.

Hijitos Míos, Soy vuestro Dios Espíritu Santo.

Estando los tiempos como los estáis viviendo, son Mis momentos también, junto con Mi Esposa, la siempre Virgen María, para ir guiando a las almas hacia su salvación.

Vosotros habéis hecho de vuestra vida un desastre.

La gran mayoría de vosotros os habéis apartado de las bondades del Amor, de las Leyes, de la vida íntima que Nos deben a Nosotros, en Nuestra Santísima Trinidad,

y esto teneMos que detenerlo ya porque Satanás está llevando a muchas almas a la perdición eterna.

Tenéis que daros cuenta de tanto Amor que se ha derramado sobre vosotros.

Ciertamente, tenéis el libre albedrío, pero habéis actuado erróneamente a lo largo de vuestra existencia. 

Muchas almas Nos ha quitado el malo, mucha maldad ha corrompido los corazones,

vosotros os habéis guiado por vuestra carnalidad y no por la espiritualidad que debisteis haber tomado desde el principio de vuestra existencia.

Ciertamente, muchos de vosotros no tuvisteis guía paterna o materna para que se os enseñaran las buenas obras, los buenos caminos, las buenas intenciones,

Y SOBRE TODO EL AMOR HACIA NOSOTROS

Y tampoco Me buscasteis en vuestro interior, a pesar de que en momentos de vuestra existencia Yo os hacía ver en vuestro interior que vivíais en el error, que vivías dándoNos la espalda,

que no seguíais las Leyes dadas por el Padre y las Enseñanzas del Hijo,

pero Nuestro Amor es inmenso por vosotros y por eso son momentos en que Yo Me voy a manifestar más fuertemente en la mente y en el corazón de los hombres con la intención de salvaros,

23. Pero llega la hora (ya estamos en ella) en que los adoradores verdaderos adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque así quiere el Padre que sean los que le adoren. 24. Dios es espíritu, y los que adoran, deben adorar en espíritu y verdad.» Juan 4

de recuperar vuestras almas, de llevaros al arrepentimiento profundo y que, de esta forma, podáis vosotros regresar al buen camino; pero también deberéis poner de vuestra parte. 

Deberéis entrar en oración profunda, deberéis alejaros de todo aquello a donde Satanás os ha llevado y que os ha apartado de las Verdades de la Fe y del Amor profundo, tanto a vosotros como a vuestros hermanos.

Poco a poco iréis sintiendo más fuertemente Mi Presencia en vosotros; como una brújula que os guía hacia un punto fijo,

también estaré Yo guiándoos hacia un punto fijo, que es vuestra salvación eterna.

Entrad en oración, pedid Mi Guía amorosa, pedidLe a Mi Esposa, la siempre Virgen María, que os cuide en todo momento,

acudid al Cielo a pedir ayuda, porque no estáis solos, tenéis todo a vuestro favor; sois almas creadas por vuestro Dios,

sois almas que lleváis una misión de Amor, sois almas que, terminando vuestra misión, deberéis regresar al Reino de los Cielos.

ALMAS VÍCTIMAS Y CORREDENTORAS

Vuestro lugar está en el Reino de los Cielos no en el Infierno a donde os quiere llevar el enemigo. Centraos pues, ya, en vuestra misión.

Muchas, muchas almas se siguen perdiendo porque no creéis en el Amor con el que Nosotros os consentimos.

ENTENDED YA,

QUE ESTÁIS EN MOMENTOS DIFÍCILES DE LA HUMANIDAD,

21. Porque habrá entonces una gran = tribulación, cual no la hubo = desde el principio del mundo = hasta el presente = ni volverá a haberla.
22. Y si aquellos días no se abreviasen, no se salvaría nadie; pero en atención a los elegidos se abreviarán aquellos días.

EN MOMENTOS QUE, SI NO ESCOGÉIS CORRECTAMENTE,

OS PERDERÉIS ETERNAMENTE.

ORAD, ORAD, ORAD.

Os bendecimos en Nuestro Santo Nombre, Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Que la Paz y el Amor estén siempre con vosotros y los vuestros y que la compañía y la veneración a Vuestra Madre Celestial os alcance la Vida Eterna.


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36 LA HUÍDA A EGIPTO


35 CONOCER A DIOS, ES EMPEZAR A AMARLO

Dice Jesús: 

Y también esta serie de visiones terminan así. Hemos ido mostrándote las escenas que precedieron, acompañaron y siguieron a mi Llegada;

no por ellas mismas, que son muy conocidas, sino para aplicación, en ti y en los demás, del sentido sobrenatural que de ellas deriva…

Y dároslo como norma de vida.

Estas escenas son muy conocidas, aunque haya que decir que han sido alteradas por elementos que han ido superponiéndose con los siglos, debido siempre a ese modo de ver, humano.

Que, pretendiendo dar mayor gloria a Dios — y por ello queda perdonado —transforma en irreal, lo que sería tan bonito dejar real.

Porque ello no disminuye mi Humanidad ni la de María, de la misma manera que este ver las cosas en su realidad no ofende ni a mi Divinidad, ni a la Majestad del Padre, ni al Amor de la Trinidad Santísima.  

Antes bien, con ello resplandecen los méritos de mi Madre y mi perfecta humildad.

Y refulge la bondad omnipotente del eterno Señor. 

El Decálogo es la Ley; mi Evangelio, la doctrina que os la hace más clara y más atractiva de seguirse.

Serían suficientes esta Ley y esta Doctrina para obtener, de los hombres, santos.

Pero vuestra humanidad os pone tantas dificultades — humanidad que, verdaderamente, en vosotros sobrepuja demasiado al espíritu — que no podéis seguir estos caminos.

Y caéis, u os detenéis descorazonados.

Os decís a vosotros mismos, y a quienes quisieran haceros caminar citándoos los ejemplos del Evangelio: “Pero Jesús, María, José… (y así todos los santos) no eran como nosotros.

Eran fuertes; han sufrido, pero han sido inmediatamente consolados; fueron aliviados incluso de ese poco dolor que sufrieron; no sentían las pasiones…

Eran seres que ya estaban fuera de la tierra”.

¡Ese poco dolor!… ¡No sentían las pasiones!…

El dolor fue amigo fiel nuestro, con los más variados aspectos y nombres

Las pasiones… No uséis mal la palabra, llamando “pasiones” a los vicios que os sacan del camino recto.

Llamadlos sinceramente “vicios”, y, además, capitales.

No es que nosotros ignorásemos los vicios.

Teníamos ojos y oídos.

Y Satanás hacía danzar ante nosotros y a nuestro alrededor estos vicios, mostrándonoslos en los viciosos con toda su carga de suciedad.

O tentándonos con insinuaciones.

Mas estas porquerías y estas insinuaciones, tendida como estaba la voluntad a querer agradar a Dios, en vez de producir lo que se había propuesto Satanás, producían lo contrario.

Y cuanto más insistía él, más nos refugiábamos nosotros en la luz de Dios, por asco hacia las tinieblas fangosas que nos ponía ante los ojos del cuerpo y del espíritu.

Pero no hemos ignorado las pasiones en sentido filosófico entre nosotros.

Amamos la patria y con ella a nuestra pequeña Nazaret, más que a cualquier otra ciudad de Palestina.

Tuvimos afectos hacia nuestra casa, hacia los parientes y los amigos. ¿Por qué no íbamos a haberlos tenido?

EL PRIMER MANDAMIENTO DE LA LEY DE DIOS

Pero no nos hicimos esclavos de los afectos, porque nada sino Dios debe ser Señor.

antes bien hicimos de ellos buenos compañeros nuestros.

Mi Madre gritó de alegría cuando, pasados aproximadamente cuatro años, volvió a Nazaret y puso pie en su casa.

Y besó esas paredes entre las cuales su “Sí” abrió su seno para recibir la Semilla de Dios.

José saludó con alegría a los parientes, a los sobrinitos, crecidos en número y en edad.

Gozó al verse recordado por sus conciudadanos y al ver que por sus dotes en el oficio lo buscaron enseguida.

Yo fui sensible a la amistad.

Sufrí por la traición de Judas como por una crucifixión moral.

¿Y qué?

Ni mi Madre ni José antepusieron su amor a la casa, o a los familiares, a la voluntad de Dios.

Y Yo no escatimé palabras — si había que decirlas — que me habrían de acarrear el rencor de los hebreos o la animadversión de Judas.

Yo sabía — y podría haberlo hecho — que bastaba el dinero para sujetarlo a Mí; pero hubiera sido no a mí como Redentor, sino a mí como rico.

Yo, que multipliqué los panes, si hubiera querido, habría podido multiplicar el dinero; pero no había venido para proporcionar satisfacciones humanas. A nadie.

Mucho menos a los que había llamado.

Yo había predicado sacrificio, desapego, vida casta, puestos humildes.

¿Qué Maestro habría sido Yo, qué Justo; si hubiese dado dinero a uno para su sensualismo mental y físico, sólo porque ése hubiera sido el modo de sujetarlo a Mí.

Para ser grandes en mi Reino hay que hacerse “pequeños”. 

Quien quiera ser “grande” a los ojos del mundo no es apto para reinar en mi Reino; paja es para el lecho de los demonios.

Porque la grandeza del mundo está en antítesis con la Ley de Dios.

El mundo llama “grandes” a quienes — con medios casi siempre ilícitos — saben conseguir los mejores puestos y para hacerlo, hacen del prójimo escabel.

Y ponen su pie encima y lo aplastan.

Llama “grandes” a los que saben matar para reinar — matar moral o materialmente — y arrebatan puestos o se enseñorean de las naciones. 

Y se enriquecen desangrando a los demás, arrebatándoles la riqueza individual o colectiva.

El mundo llama frecuentemente “grandes” a los delincuentes.

No. La “grandeza” no está en la delincuencia, está en la bondad, la honradez, el amor, la justicia.

¡Observad qué venenosos frutos — recogidos en su malvado, demoníaco jardín interior — vuestros “grandes” os ofrecen!

Deseo hablar de la última visión, dejando de lado otras cosas.

Total, sería inútil, porque el mundo no quiere oír la verdad que le concierne.

Esta visión da luz acerca de un detalle citado dos veces en el Evangelio de Mateo, una frase repetida DOS VECES:   “¡Levántate, toma al Niño y a su Madre y huye a Egipto!”

“¡Levántate, toma al Niño y a su Madre y vuelve a la tierra de Israel!”.

Y has podido ver cómo en la habitación estaba María sola con el Niño.

La virginidad de María después del parto y la castidad de José sufren muchas agresiones,

por parte de quienes, siendo sólo lodo putrefacto, no admiten que uno pueda ser ala y luz.

Desdichados, cuyo fauno está tan corrompido y cuya mente está tan prostituida a la carne…

Qson incapaces de pensar que uno como ellos pueda respetar a una mujer, viendo en ella el alma y no la carne.

Incapaces de elevarse a sí mismos viviendo en una atmósfera sobrenatural, tendiendo no a las cosas carnales, sino a las divinas.

Pues bien, a estos que combaten contra la suprema belleza,

a estos gusanos incapaces de transformarse en mariposa, a estos reptiles cubiertos por la baba de su lujuria,

incapaces de comprender la belleza de una azucena…

Yo les digo que María fue virgen y siguió siéndolo.

Y que solo su alma se desposó con José, como también su espíritu únicamente se unió al Espíritu de Dios,

Y por obra de Éste concibió al Único que llevó en su seno:

a M, a Jesucristo, Unigénito de Dios y de María.

No se trata de una tradición que haya florecido después, por un amoroso respeto hacia mi Bienaventurada Madre;

se trata de una verdad conocida ya desde los primeros tiempos.

Mateo no nació siglos más tarde; era contemporáneo de María.

Mateo no era un pobre ignorante que hubiera vivido en los bosques y que fuera propenso a creerse cualquier patraña.

Era un funcionario de hacienda, como diríais ahora vosotros (nosotros entonces decíamos recaudador).

Sabía ver, oír, entender, escoger entre la verdad y la falsedad.

Isaías 7, 14

Mateo no oyó las cosas por referencias de terceros, sino que las recogió de labios de María, preguntándole a Ella. 

Llevado de su amor hacia el Maestro y hacia la verdad.

Y no quiero pensar que estos que niegan la inviolabilidad de María piensen que Ella quizás pudo mentir.

Mis propios parientes, si hubiera habido otros hijos, hubieran podido desmentir su testimonio:

Santiago, Judas, Simón y José eran condiscípulos de Mateo.

Por tanto éste hubiera podido fácilmente confrontar las versiones, si hubiese habido otras versiones.

Y sin embargo Mateo nunca dice: “¡Levántate y toma contigo a tu mujer!”. Dice: “¡Toma contigo a la Madre de Él!”.

Y antes dice: “Virgen desposada con José”; ‘José, su esposo”.

Y que éstos no objeten que se trataba de un modo de hablar de los hebreos, como si decir “la mujer de” fuera una infamia.

No, negadores de la Pureza. Ya desde las primeras palabras del Libro se lee: “… y se unirá a su mujer”. Se la llama “compañera” hasta el momento de la consumación física del vínculo matrimonial,

Y luego se la llama “la mujer de” en distintos momentos y en distintos capítulos.

Así se les llama a las esposas de los hijos de Adán: 

y a Sara, llamada “mujer de” Abraham: “Sara, tu mujer”. Y también: “Toma contigo a tu mujer y a tus dos hijas”, a Lot.

Y en el libro de Rut está escrito: “La Moabita, mujer de Majlón”.

Y en el primer libro de los Reyes se dice: “Elcana tuvo dos mujeres”; y luego: “Elcana después conoció a su mujer Ana”

Y  también: “Elí bendijo a Elcana y a la mujer de éste”.

Y también en el libro de los Reyes está escrito: “Betsabé, mujer de Urías Eteo, vino a ser mujer de David y le dio a luz un hijo”.

Y ¿Qué se lee en el libro azul de Tobías, lo que la Iglesia os canta en vuestras bodas, para aconsejaros que seáis santos en el matrimonio?

Se lee:

“Llegado Tobit con su mujer y con su hijo…”; y también: “Tobit logró huir con su hijo y con su mujer”.

Y en los Evangelios, o sea, en tiempos contemporáneos a Cristo, en que, por tanto, se escribía con lenguaje moderno respecto a aquellos tiempos — por lo que no pueden sospecharse errores de trascripción — se dice,

Y precisamente lo dice Mateo en el capítulo 22: “…y el primero, habiendo tomado mujer, murió y dejó su mujer a su hermano”. Y Marcos en el capítulo 10: “Quien repudia a su mujer…”. 

Y Lucas llama a Isabel mujer de Zacarías, cuatro veces seguidas; y en el capítulo 8 dice: ‘Juana, mujer de Cusa”.

Como podéis ver, este nombre no era un vocablo proscrito por quien estaba en las vías del Señor, un vocablo inmundo, no digno de ser proferido y mucho menos escrito,

donde se tratara de Dios y de sus obras admirables.

Y el ángel, diciendo: “el Niño y su Madre”, os demuestra que María fue verdadera Madre suya, pero no fue la mujer de José.

Siempre fue: la Virgen desposada con José.

Y ésta es la última enseñanza de estas visiones.

Y es una aureola que resplandece sobre las cabezas de María y de José. 

La Virgen inviolada.

El hombre justo y casto.

Las dos azucenas entre las que crecí oyendo sólo fragancias de pureza.

A ti, pequeño Juan, te podría hablar sobre el dolor de María por su doble, brusca separación de la casa y de la patria.

Pero no hay necesidad de palabras.

Tú lo comprendes y ello te hace morir.

Dame tu dolor. Sólo quiero esto. Es más que cualquier otra cosa que puedas darme.

Es viernes, María. (María Valtorta)

Piensa en mi dolor y en el de María en el Gólgota para poder soportar tu cruz.

Nuestra paz y nuestro amor quedan contigo