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226 ¿QUÉ ES LA VERDAD?


226 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Han llegado a los límites de la ciudad de Tiberíades y salen al camino polvoriento, que lleva a Caná.

A los lados hay huertos.

Jesús se adentra en uno y se detiene a la sombra de los árboles de tupido follaje.

Llegan las mujeres.

Y luego el jadeante romano, que realmente ya no puede más.

Se pone un poco separado, a una distancia donde puede escuchar;

no habla, pero mira.

Jesús dice:

–     Mientras descansamos…

Tomemos nuestros alimentos.

Allí está un pozo y cerca un campesino.

Id a pedirle agua.

Van Juan y Tadeo.

Vuelven con una jarra que gotea la fresca agua;

seguidos por el campesino, el cual les ofrece unos espléndidos higos.

Jesús lo bendice:

–     Dios te lo compense en tu salud y en tu cosecha.

El campesino pregunta:

–    Dios te proteja.

¿De veras eres el Mesías?

–    Sí.

–     ¿Eres el Maestro, verdad?

–     Lo soy.

–     ¿Vas a hablar aquí?

–     Nadie lo desea. 

El romano grita:

–     ¡Yo, Maestro!

¡Más que el agua, que tan buena es para quien tiene sed! 

Jesús le pregunta: 

–     ¿Tienes sed?

–     Mucha.

He venido corriendo detrás de Ti, desde la ciudad.

–     No faltan en Tiberíades fuentes de agua fresca.

–    No me comprendas mal, Maestro.

O no finjas no comprenderme.

He venido detrás de Ti, para oírte hablar.

–     ¿Por qué?

–     No sé por qué, ni cómo…

Fue al ver a esa mujer… (Y señala a la Magdalena)

No sé.

Algo me dijo desde mi interior: ‘Aquel Hombre te dará lo que todavía no sabes’ 

Y heme aquí.

Jesús ordena:

–     Dadle agua e higos.

Que el cuerpo cobre fuerzas.

–    ¿Y la inteligencia?

–     La inteligencia cobra fuerzas y refrigerio, en la Verdad.

–     Por esta razón te seguí.

He buscado la verdad en todas partes y encontré corrupción. 

En las mejores doctrinas hay siempre algo que no es bueno.

He llegado hasta el envilecimiento de tener asco de mí mismo y de causarlo;

sin otro futuro que la hora en que vivo.

Le dan al romano los higos, un pan y una botija con agua…

Jesús lo mira de hito en hito, mientras come el pan y los higos que le trajeron los apóstoles.

Pronto termina la comida.

Jesús, permaneciendo sentado, empieza a hablar;

como si estuviera exponiendo una simple lección a sus apóstoles.

Y todos se agrupan a su alrededor.

El campesino también se queda cerca.

–   Hay muchos que buscan la Verdad toda su vida, sin llegar a encontrarla.

Y es porque la buscan donde no está.

Parecen dementes que quieren ver teniendo una coraza de bronce que les tapa los ojos.

Y buscan con aspavientos espasmódicos, tan convulsamente, que se alejan cada vez más de la Verdad.

O la tapan arrojando encima de ella cosas que su propia búsqueda frenética remueve y hace caer.

No puede sucederles sino esto, porque buscan donde la Verdad no puede estar.

Para encontrar la Verdad es necesario unir el intelecto con el amor.

Y mirar las cosas no sólo con ojos sabios, sino también con ojos buenos,

Porque la bondad vale más que la sabiduría.

Quién ama siempre llega a descubrir una huella que lo lleva a la Verdad.

Amar no quiere decir gozar de la carne y por la carne.

Eso no es amor, es sensualidad.

Amor es amar al prójimo, para saber amar a Dios.

Este es el camino que lleva a la Verdad y la verdad es Dios.

Muchos son los que se pasan la vida buscando la Verdad, sin llegar a encontrarla. 

Amor es el afecto de corazón a corazón, de parte superior a parte superior;

por el que en la compañera no se ve esclava, sino la generadora de los hijos, sólo eso.

O sea, la mitad que forma con el hombre un todo que es capaz de crear una vida, varias vidas…

O sea, la compañera que es madre, hermana, hija del hombre;

que es más débil que un recién nacido o más fuerte que un león, según los casos.

Y que como madre, hermana, hija; debe ser amada con respeto confidencial y protector.

Lo que no es cuanto Yo digo, no es amor, es vicio.

No conduce hacia arriba sino hacia abajo.

No a la Luz sino a las Tinieblas, no a las estrellas sino al fango.

Amar a la mujer para saber amar al prójimo, amar al prójimo para saber amar a Dios.

¿Alguien conoce a otro Hombre que HAYA resucitado?

He aquí la vía de la Verdad.

La Verdad está aquí, hombres que la buscáis.

La Verdad es Dios.

La clave para comprender lo cognoscible está aquí.

Doctrina, sin defecto sólo la de Dios.

¿Cómo podrá el hombre dar respuesta a sus porqués, si no tiene a Dios que le responda?

¿Quién podrá descubrir los misterios de la Creación -aun sólo y simplemente éstos – ,

sino el Hacedor supremo que lo ha hecho?

Sólo Dios puede dar respuesta a los misterios de lo creado; porque

¿Cómo se puede comprender el prodigio viviente que es el hombre?

¿El ser en el que se funde la perfección animal, con lo inmortal que es el almapor la que somos dioses?

¿Cómo comprender el prodigio vivo que es el hombre,

ser en que se fusiona perfección animal, con aquella perfección inmortal que es el alma?

Si, dioses somos, si tenemos viva en nosotros el alma.

Todo en la Creación habla de Dios.

Todo explica a Dios.

Todo lo descubre y manifiesta.

Si la ciencia no se apoya en Dios, se convierte en error que envilece.

El saber no es corrupción, si es Religión.

Quién tiene su saber en Dios, no cae;

porque conoce su dignidad;

porque cree en su futuro eterno…

Y Jesús se explaya explicando ampliamente, La Sinfonía de la Creación… cap. 8 de Nerón, el 29 de Octubre de 2016,) (1)

Es decir, libre aquellas culpas que envilecerían incluso al animal…

Y que, no obstante, el hombre cumple y se gloría de cumplir.

A vosotros, buscadores de la Verdad, os digo las palabras de Job:

“Pregunta a los jumentos y te instruirán, a las aves y te lo indicarán.

Habla a la Tierra y ella te responderá, a los peces y te lo darán a conocer”.

Sí, la Tierra, esta tierra que verdece;

esta Tierra florida, esta fruta le va creciendo en los árboles, estas aves que procrean;

estas corrientes de viento que distribuyen las nubes;

este Sol que no yerra su alba desde hace siglos y milenios…

Todo habla de Dios, Todo da explicación de Dios, Todo descubre y revela a Dios.

Si la ciencia no se apoya en Dios viene a ser error.

¡Premio Nobel a la soberbia!… (Y lamento completo por su ceguera voluntaria, para lo espiritual)

Y no eleva; antes bien, degrada.

El saber no es corrupción si es religión.

Quien sabe en Dios no cae, porque siente su dignidad, porque cree en su futuro eterno.

Mas es necesario buscar al Dios real.

No fantasmas, que no son dioses, sino sólo delirios de hombres envueltos en las vendas de la ignorancia espiritual.

Por lo cual no hay traza de sabiduría en sus religiones ni de verdad en sus fes.

Toda edad es buena para venir a la sabiduría.

Es más, siguiendo con Job, se lee:

`Al atardecer te nacerá como una luz meridiana;

cuando te creas acabado, surgirás como la estrella de la mañana.

Te verás lleno de confianza por la esperanza a tí reservada”.

Basta la buena voluntad de encontrar la Verdad.

Y antes o después la Verdad se dejará encontrar.

Pero, una vez hallada, ¡Ay de quien no la siga!

Imitando a los obstinados de Israel, los cuales, teniendo ya en su mano el hilo conductor para encontrar a Dios

con todas las cosas que de Mí afirma el Libro, no quieren someterse a la Verdad.

Y la odian, acumulando en su intelecto y en su corazón, los cúmulos del odio y las fórmulas.

Y no saben que la Tierra, a causa del excesivo peso, se abrirá bajo su paso.

Que se cree victorioso, cuando en realidad no es sino un paso de esclavo de los legalismos,

del rencor, de los egoísmos…

Y se los tragará.

Y caerán al lugar de los culpables conscientes de un paganismo que es más culpable;

que el que algunos pueblos se han dado a sí mismos, para tener una religión con que conducirse.

¡¡¡Una verdad demasiado dolorosa…!!!

Yo, de la misma forma que no rechazo al hijo de Israel que se arrepiente,

no rechazo tampoco a estos idólatras, que creen en aquello que les fue propuesto, para que lo creyeran.

Y que dentro en su interior, gimen:

“¡Dadnos la Verdad!”.

Luego concluye diciendo:

He terminado.

Ahora descansaremos en este lugar verde, si el dueño lo permite.

Al atardecer iremos a Caná».  

Crispo dice; 

–     Señor, te dejo.

Esta misma noche me iré de Tiberíades, pues no quiero profanar la ciencia que me has dado.

Dejo esta tierra.

Me retiraré con mi siervo a las costas de Lucania.

Tengo allá una casa.

Mucho es lo que me has dado.

Comprendo que más no puedes darle al viejo epicúreo.

Pero con lo que me has dado, ya tengo con qué reconstruir mi vida y mi pensamiento.

Y… pide a tu Dios por el viejo Crispo, el único de Tiberíades que te escuchó.

Ruega porque antes del desfiladero de Líbítina pueda volver a escucharte.

Y con la capacidad que espero poder crear en mí, apoyándome sobre la base de tus palabras,

para comprenderte mejor y comprender mejor la Verdad.

Adiós, Maestro».

Y lo saluda a la usanza romana, como saludan los militares a su emperador… 

Pero luego, al pasar junto a las mujeres, que están sentadas un poco aparte,

se inclina ante María de Mágdala.

Diciéndole con admiración y gran respeto:

–     Gracias María.

¡Qué bueno es haberte conocido!

Has dado a tu viejo compañero de festines, el Tesoro buscado.

Si llego a donde ya estás, te lo deberé a tí, hermosa señora….

Adiós.

Y se va.

Magdalena se lleva las manos sobre el corazón, llena de júbilo.

Y con sus brazos cruzados sobre su pecho, con expresión asombrada y radiante.

Avanza de rodillas, sobre la tierra del huerto y se arrastra hasta donde está Jesús. 

Diciendo: 

–    ¡Oh! ¡Señor!

¡Señor, mío! ¡Mi Rabboní!

¿Entonces es verdad que puedo conducir otros al Bien?

¡Oh, mi Señor!

¡Esto es demasiada bondad!

Y postrándose hasta meter su rostro en la hierba, besa los pies de Jesús.

Y los humedece de nuevo con el llanto…

Ahora de agradecimiento.

de la gran enamorada de Mágdala.

 (1)LA SINFONIA DE LA CREACION

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210 EN CAFARNAÚM


210 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

En Betsaida, Jesús habla en la casa de Felipe.

Se ha reunido mucha gente y llega uno de Cafarnaúm a rogarle que vaya lo más pronto posible a la casa del sinagogo, porque su hija se está muriendo.

Jesús promete que irá durante el transcurso de la mañana, cuando termine de hablar y curar enfermos.

Un par de horas después, Jesús camina por una calle polvorienta que bordea la ribera del lago.

Va rodeado por una gran multitud que lo ha seguido desde Betsaida y a la que se ha juntado la de Cafarnaúm.

Se amontonan a su alrededor, no obstante que los apóstoles se esfuerzan en separarlos;

utilizando los brazos, las espaldas… 

Y gritando en voz alta, exigiendo que lo dejen pasar.

Jesús por su parte, no se inquieta por el alboroto.

Mucho más alto que todos los que lo rodean, mira con una dulce sonrisa a la gente que lo estruja. 

Responde a los saludos, acaricia a los niños que logran acercársele.

Y a los que las madres le ponen a su alcance para que los toque

De esta forma sigue caminando, lenta y pacientemente;

en medio de estos apretujamientos que pondrían histérico a cualquiera.

Se oye el grito angustiado de un hombre:

–     ¡Abrid paso!

¡Abrid paso!

Los que lo conocen y lo respetan mucho, a duras penas le abren paso.

Es un hombre maduro y vestido como dignatario del Templo.

Cuando llega ante Jesús se postra a sus pies,

y suplica:

–      ¡Oh, Maestro!

¿Por qué has tardado tanto?

Mi niña está agonizando.

Nadie la puede curar…

Tú Eres mi esperanza y la de mi mujer.

Ven Maestro.

Te he esperado con ansia infinita.

Ven. Ven al punto.

Mi única hija está muriendo…

Y rompe en un llanto desconsolado.

Jesús pone su mano sobre la cabeza del hombre que solloza angustiado.

Y le dice:

–     No llores.

Ten fe. Tu niña vivirá.

¡Vamos! ¡Levántate! ¡Vamos! –estas últimas palabras son perentorias como una orden.

Y vuelven a ponerse en camino.

Jesús lleva de la mano al padre que llora.

Santiago y Judas vienen detrás, tratando de formar una barrera.

Todos los demás apóstoles intentan rechazar a la muchedumbre que casi los aplasta.

Jesús, de repente se detiene y se voltea con todo su cuerpo;

soltando la mano del padre que ha tratado de consolar.

Toma la actitud majestuosa de un rey, con el rostro y la mirada severos.

Con sus ojos investigadores, busca entre la muchedumbre.

Sus ojos despiden una luz de majestad,

cuando pregunta:

–    ¿Quién me ha tocado?

Nadie responde.

Jesús insiste:

–   ¿Quién me ha tocado?

Judas y varios apóstoles dicen:

–     Maestro…

¿Acaso no ves cómo la gente nos apretuja por todas partes?

–     Todos te tocan no obstante nuestros esfuerzos.

–     ¿Cómo puedes preguntar quién te ha tocado?

Jesús responde:

–     Pregunto qué quién me ha tocado para alcanzar un milagro.

He sentido que la virtud de hacer un milagro, ha salido de Mí;

porque lo pidió un corazón con fe.

¿De quién es este corazón?

Los ojos de Jesús bajan hasta una mujer madura, vestida muy pobremente.

Y que trata de desaparecer entre la multitud.

Los ojos divinos le traspasan el alma y ella comprende que no puede huir.

Se arroja a los pies de Jesús,

y suplica:

–     Perdón Señor.

Fui yo.

Estaba enferma.

¡Desde hace doce años que estaba enferma!

Todos huían de mí.

Mi marido me abandonó.

He gastado todos mis bienes para no ser tenida como oprobio;

pero nadie pudo curarme.

Lo ves Maestro: He envejecido antes de tiempo…

Las fuerzas se me escaparon con este flujo incurable.

Uno a quién curaste de su lepra y que no tuvo asco de mí; me dijo que Eres Bueno.

¡Perdóname!

Pensé que con solo tocarte me curaría.

Pero no te he hecho inmundo.

Toqué la punta de tu vestido que va tocando el suelo…

Que toca lo sucio del camino.

También yo soy una suciedad…

¡Pero estoy curada! ¡Bendito seas!

En el momento en que toqué tu vestido, mi mal se detuvo.

Ya nadie huirá más de Mí.

Podré recuperar a toda mi familia y los podré acariciar.

¡Gracias Jesús!

¡Maestro Bueno!

¡Qué siempre seas Bendito!

Jesús la mira con un amor infinito.

Le sonríe y le dice:

–     Vete en paz, hija.

Tu fe te ha salvado.

Estás curada para siempre.

Sé buena y sé felíz.

Vete

En este preciso momento, llega un siervo.

Y dice ansioso al padre que estaba llorando:

–     Tu hija ya murió.

Es inútil que molestes al Maestro.

Su espíritu la ha abandonado…

Y ya las mujeres comenzaron los lamentos.

Tu mujer te manda el recado y te ruega que regreses al punto.

El pobre padre emite un sollozo ahogado.

Se lleva las manos a la cabeza y se oprime, abrumado por el dolor.

Y se dobla como si hubiese sido derribado por un golpe.

Jesús se vuelve y poniendo la mano sobre la espalda encorvada,

le dice:

–    Ya te lo he dicho:

Ten fe. Ahora te lo repito: Ten fe.

No tengas miedo. Tu niñita vivirá.

Vamos allá.

Abraza al hombre aniquilado por el dolor y lo conduce suavemente.

La multitud, que se ha quedado pasmada por el milagro que acaba de suceder, se detiene atemorizada.

Se divide y no estorba más el paso.

Esto hace que el grupo apostólico avance más rápidamente.

Cuando llegan al centro de Cafarnaúm, enfrente de una bella casona, están las plañideras a todo pulmón.

Jesús dice a los suyos que permanezcan en el umbral.

Y llamando a Pedro, Juan y Santiago de Alfeo;

con ellos entra a la casa.

Mantiene fuertemente asido al padre que llora amargamente.

Parece como si quisiera infundirle la certeza, de que Él está allí para hacerlo feliz.

Las plañideras al ver al dueño de la casa y a sus acompañantes, aumentan aun más sus aullidos.

Baten las manos y tocando unos triángulos al ritmo de la música, apoyan sus lamentos.

Jesús ordena suavemente:

–     Callaos.

No es necesario que lloréis.

La niña no está muerta, sino que está dormida.

Las mujeres lanzan gritos más desgarradores y algunas se arrojan por tierra.

Y simulan arañarse, mostrando muchos gestos de desesperación, para demostrar que sí ha muerto.

Los que tocan los instrumentos, los parientes y amigos de la familia; 

sacuden la cabeza ante lo que consideran una ilusión de Jesús.

Jesús repite con imperio:

–     ¡Callaos!

Y hay tal energía en la demanda, que lo obedecen a regañadientes.

Jesús avanza hasta la habitación donde está extendida sobre el lecho, una niña de unos once años;

muerta, delgada y palidísima.

Ya ha sido arreglada para el sepulcro y la cubren muchas flores.

Su mamá llora y besa su manita, que parece de cera.

Jesús se transfigura con una belleza extraordinaria…

Y se acerca rápido hasta el lecho.

Los tres apóstoles se quedan en la puerta e impiden el paso a los curiosos

El padre avanza hasta los pies del lecho y la contempla, paralizado por el dolor.

Jesús se dirige al lado contrario de donde llora la madre y extiende su mano izquierda.

Con ella toma la otra mano inerte de la niña…

Y levantando su brazo derecho, ordena con absoluta majestad:

–   ¡Niña!

¡Yo te lo ordeno!

¡Levántate!

Después de unos segundos electrizantes en los que todos;

menos Jesús y la muerta, quedan en suspenso…

Los apóstoles alargan su cuello para ver mejor.

Tanto el padre como la madre, desgarrados por el dolor, miran angustiados a su hija.

Luego…

Un instante que pareciera un siglo…

Y enseguida se escucha un profundo suspiro, que se levanta del pecho de la muertita.

Un ligero color empieza a cubrir la carita de cera y hace desaparecer la palidez de la muerte…

Una sonrisa se dibuja en los exangües labios, que de pronto se sonrojan…

Justo antes de que unos bellos ojos castaños se abran.

Es como si ella despertase de un apacible sueño…

Y sorprendida mira a su alrededor…

Ve el rostro de Jesús que le sonríe con una dulzura incomparable…

Y ella le sonríe a su vez.

Jesús repite con ternura:

–    Levántate.

Y con su amorosa mano sosteniendo la pequeñita que lo acoge sin miedo;

la ayuda a levantarse.

Mientras separa todos los preparativos fúnebres que la cubrían.

La ayuda a bajar del lecho y hace que de unos pasos.

Jesús ordena suavemente:

–     Ahora dadle de comer.

Está curada.

Dios la ha devuelto.

Dadle gracias y no digáis a nadie lo que le había pasado.

Habéis creído y merecido un milagro.

Los otros no han tenido fe…

Inútil es el persuadirlo.

Dios no se muestra a quién niega el milagro.

Y tú niña, sé buena.

Adiós.

Y sale diciendo a los atónitos padres:

–     La paz sea en esta casa.

Cierra la puerta detrás de Sí y se reúne con sus apóstoles.

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205 EL CAMALEÓN


05 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Jesús está en Jerusalén, cerca de la torre Antonia.

Todos los apóstoles, menos Judas de Keriot, están con Él. 

Bartolomé pregunta a sus compañeros:

–    ¿Qué habrá querido decir ese escriba con la frase:

“Un rebaño de terneros destinados a una vulgar carnicería?” 

Tomás responde:

–    Se habrá referido a algún negocio suyo.

–    No, nos señaló.

Lo ví bien.

La segunda frase confirmó la primera.

Pues sarcásticamente había dicho:

“Dentro de poco, el Cordero será trasquilado y luego, el degüello.”

Andrés confirma:

–   ¡Sí!

Yo también oí lo mismo.

Pedro dice:

–  ¡Ya!  ¡Bien!

Yo me muero de ansia por regresar y preguntar al escriba, si sabe algo de Judas de Keriot.

 

Santiago de Alfeo comenta:

–    ¿Y si no sabe nada?

Esta vez Judas no está con nosotros, porque de veras está enfermo.

Nosotros lo sabemos.  

Simón dice conciliador: 

–    Tal vez padeció mucho con el viaje.

Nosotros somos gente fuerte.

El está acostumbrado a vivir cómodamente aquí, entre el lujo y la riqueza del Templo.

Se cansa.

Pedro pregunta:

–    Así es como tú dices.

Pero ese escriba dijo:

‘En el grupo falta el camaleón’.

¿No es el camaleón el que cambia de color cada vez que se le antoja?

 

Zelote aconseja:

–     Es como tú dices, Simón.

Pero sin duda alguna se han referido a sus vestidos, siempre nuevos.

A él le gustan.

Está joven. Hay que comprenderlo.

Pedro concluye:

–    También esto es verdad.

Pero, ¡Qué frases tan curiosas!

Santiago de Zebedeo observa:

–     Parece siempre como si nos amenazaran…

Tadeo agrega:

–    La verdad es que nosotros sabemos que nos amenazan.

Y vemos amenazas también donde no hay.

Tomás concluye:

–    Y vemos faltas también donde no están.

Pedro agrega:

–     Bueno.

No por eso deja de haber sospecha.

Quién sabe cómo esté hoy, Judas.

Entretanto se la pasa bien en su paraíso, con sus angelitos cuidándolo.

También a mí me gustaría enfermarme, para tener todas esas comodidades…

Bartolomé responde:

–    Esperemos que pronto se alivie.

Es necesario terminar el viaje, porque los calores arrecian…

Andrés asegura:

–       ¡Oh! A Judas no le faltan cuidados.

Y luego, si le faltasen; ya pensaría el Maestro…

Santiago de Zebedeo dice:

–     Tenía mucha fiebre cuando lo dejamos.

Esa enfermedad le pegó tan de repente…

Mateo contesta:

–     Como siempre vienen.

Porque deben venir.

Pero yo no sé nada…

El Maestro no se preocupa por eso.

Si hubiese visto que era una cosa seria, no hubiera dejado el Palacio de Juana.

Realmente Jesús no está preocupado en absoluto.

Habla con Margziam y con Juan mientras camina y da limosnas.

Está explicando muchas cosas al niño, indicándole acá o allá, los diversos sitios del Templo.

Se dirige hacia el final de las murallas del ángulo nordeste,

donde hay mucha gente que está yendo a un lugar con muchas arquerías que precede a la puerta del Rebaño.

Va con Marziam, explicándole muchas cosas.

Atraviesan la Puerta del Rebaño y llegan al ángulo noreste del muro del Templo.

Hay un gran pórtico, en donde hay mucha gente.

Jesús explica:

–    Esta es la Probática.

La piscina de Betzaida.

Ahora tiene mucha agua, ¿Ves que tranquila está?

Dentro de poco verás que se mueve y que se levanta hasta llegar a aquella señal húmeda.

¿Lo ves?

Ahora baja el ángel del Señor, él da órdenes al agua de curar a quién se eche en ella.

¿Ves cuanta gente?

Pero mucho se distraen y no ven el primer movimiento…

Pero muchos se distraen y no ven el primer movimiento del agua.

O lo que pasa también es que los más fuertes sin caridad, impiden a los más débiles acercarse:

Jamás hay que distraerse ante los signos de Dios-

Es necesario tener el alma siempre vigilante, porque no se sabe nunca cuándo se manifiesta Dios…

O cuándo manda a su ángel.

Nunca ser egoístas, ni siquiera por la salud.

Muchas veces, por discutir por causa del derecho de precedencia o de la mayor o menor necesidad de unos u otros;

estos  desdichados pierden el beneficio de la venida angélica.

Margziam escucha muy atento.

Y mira el agua.

Luego pregunta:

–   ¿Se puede ver al Ángel?

Me gustaría.

–    Leví, un pastor de tu edad lo vio.

Mira bien y prepárate a alabarlo.

El niño se concentra en mirar el agua…

Y ya no se distrae.

Sus ojos van de la superficie del agua a la parte inmediatamente superior y viceversa.

Jesús mira al pequeño grupo de enfermos:

Ciegos, lisiados, paralíticos, que están esperando.

Los apóstoles también están atentos.

El sol juguetea con los rayos de luz sobre el agua e iluminan los cinco portales que rodean las piscinas.

 

Margziam grita:

–    ¡Mira!…

El agua sube, se mueve, resplandece…

¡Qué luz! ¡El Ángel!… –y el niño se arrodilla.

Efectivamente, mientras se mueve el líquido del estanque;

que parece crecer como por una masa de agua repentinamente introducida que lo hincha.

Y que lo eleva hacia el borde, el agua resplandece como espejo puesto al sol.

Un destello cegador por un instante.

Rápido, un cojo se hecha el agua.

Y poco después sale con la pierna curada; que antes estaba tullida con una gran cicatriz.

Los demás se lamentan y pelean con el sanado, diciendo que él no estaba imposibilitado para el trabajo.

Y se arma una riña.

Jesús mira a su alrededor…

Y ve a un paralítico en su camilla, que llora en silencio.

Se le acerca y lo acaricia.

 

Y le pregunta:

–    ¿Lloras?

El hombre se lamenta:

–     Sí.

Ninguno piensa nunca en mí.

Estoy aquí.

Todos se curan, menos yo.

Hace treinta y ocho años que estoy acostado sobre mi espalda

He consumido todo.

Han muerto los míos.

 Ahora soy gravoso a un pariente lejano que me trae aquí por la mañana y viene a recogerme por la tarde…

¡Pero, cuánto le pesa hacerlo!

¡Yo quisiera morirme!

–    No desfallezcas.

¡Con tanta paciencia y fe como has tenido!…

Dios te escuchará.

–    Eso espero…

Pero a uno le vienen momentos de depresión.

Tú eres bueno, pero los demás…

Yo me esfuerzo en arrastrarme con mis manos hasta allí, cuando el agua se mueve;

pero siempre otros se me adelantan y cerca del borde no se puede estar.

Me aplastarían.

Y aunque estuviese allí,

¿Quién me cuidaría?

Si te hubiese visto antes, te lo habría pedido

Los que se curan podrían,como agradecimiento a Dios;

estar aquí para socorrer a los pobres hermanos…

–     Sí, deberían hacerlo.

De todas formas, no guardes rencor.

Ni siquiera lo piensan; no es por maldad;

la alegría de verse curados es lo que los hace egoístas.

Perdónalos…

–    Tú eres bueno.

No actuarías así.

Me esfuerzo en arrastrarme con las manos hasta allí,

cuando se agitan las aguas de la piscina.

Pero siempre se me adelanta alguno.

Y en el borde no puedo estar, porque me pisotearían.

Además, aunque estuviera allí,

¿Quién me sumergiría en el agua?

Si te hubiera visto antes, te lo habría pedido…

–    ¡Grande es tu deseo de curarte!

¡Pues, levántate!

¡Toma tu camilla y anda!

Jesús se ha erguido al dar la orden.

Y parece como si al enderezarse, levantase también al paralítico.

porque éste se pone en pie…

Y da uno, dos, tres pasos, casi incrédulo, detrás de Jesús, que se está marchando.

Pero, puesto que realmente camina, el hombre emite un grito que hace que todos se vuelvan.

–    ¿Quién eres?

¡En nombre de Dios, dímelo!

¿Eres el Ángel del Señor?

–    Estoy por encima de los ángeles.

Mi nombre es Piedad.

Ve en paz.

Todos se aglomeran.

Quieren ver.

Quieren hablar.

Quieren ser cuados.

Pero acude enseguida la guardia del Templo que vigilaba también la piscina-

Y disuelven ese remolino vocinglero de gente, amenazando con castigarlos.

El paralítico toma sus angarillas:

dos barras con dos pares de ruedecitas y una tela rasgada clavada en las barras…

Y se marcha muy contento;

Y le dice a Jesús gritando:

–     ¡Te volveré a ver!

¡No olvidaré tu nombre ni tu rostro!

Jesús, mezclándose con la muchedumbre, se va en otra dirección, hacia las murallas.

Mas, no ha rebasado todavía la última arquería, cuando ya se han acercado a Él;

como impulsados por un viento furioso…

Un grupo de judíos de las castas sacerdotales.

Todos aunados en el deseo de decir insolencias a Jesús.

Buscan, miran, escrutan, pero no logran comprender bien de qué se trata.

Y Jesús se  mezcla entre la gente y se va en dirección contraria.   

Mientras los fariseos contrariados, siguiendo indicaciones de la guardia…

Asaltan al pobre infeliz que ha sido curado…

Y le recriminan:

–    ¿Por qué transportas esta camilla?

–    Es sábado.

–    te es lícito.

El hombre los mira y dice: 

–   –    Yo no sé nada.

Lo que sí sé; es que quien me curó me dijo:

‘Toma tu camilla y camina’

 

Y el interrogatorio es implacable:

–     Se tratará de un demonio.

–     Porque te ordenó que violases el sábado.

–    ¿Cómo era?

–    ¿Quién era?

–     ¿Judío?

–     ¿Galileo?

El hombre sanado responde:

–    No lo sé.

Estaba aquí.

Me vio llorar y se me acercó.

Me habló. Me curó.

Y se fue con un niño de la mano.

Tal vez era su hijo…

 

–   ¿Un niño?

–    Entonces no es Él.

–    ¿Cómo dijo que se llamaba?

–    ¿No se lo preguntaste?

–    ¡No mientas!

–    Me dijo que se llamaba Piedad.

–    Eres un pedazo de alcornoque.

–    Eso no es un nombre.

El hombre se encoge de hombros y se va.

Los otros dicen:

–    Ciertamente era Él.

–    Los escribas lo vieron en el Templo.

–    ¡Pero Él no tiene hijos!

–    Y sin embargo es Él.

–     Estaba con sus discípulos.

–    Pero no estaba Judas.

–    Es al que conocemos bien.

–     Los otros pueden ser gente de cualquier parte.

–     No.

Te digo que eran ellos.

–    Si les faltaba el Camaleón,

¿Cómo puedes estar tan seguro?

 

La discusión continúa.

Jesús vuelve a entrar al Templo por el otro lado.

Los apóstoles lo siguen.

Mira a su alrededor…

Y encuentra a Jonathán el mayordomo de Juana, uno de los pastores.

Jonathán le dice:

–     Judas se encuentra mejor, Maestro.

La fiebre ha bajado.

Tu Mamá dice que espera venir para el próximo sábado.

–    Gracias Jonathán.

Has sido puntual.

–    No muy puntual.

Maximino el de Lázaro me entretuvo.

Te anda buscando.

Fue al Pórtico de Salomón.

–     Voy a alcanzarlo.

Mi paz sea contigo.

Y dala a mi Madre, a las discípulas y también a Judas.

Jesús, rápido va al Pórtico de Salomón.

Y encuentra al mayordomo de Lázaro.

Maximino le dice:

–   Lázaro se enteró de que estabas aquí.

Te quiere ver para decirte una cosa importante.

¿Irás?

–    Sin duda alguna y pronto.

Dile que me espere dentro de esta semana.

Después de despedir a Maximino, se dirige al Atrio de los Hebreos,

diciendo:

–   Vamos a orar.

Pues por eso vinimos aquí.

Se encuentra al paralítico curado que también ha venido a dar gracias al Señor.

Cuando lo descubre entre la multitud, lo saluda con alegría.

Y le cuenta lo que pasó en la piscina, después de su partida.

Termina diciendo:

–     Luego, uno de los que estaban fuera de sí por verme sano;

me dijo que Tú Eres el Mesías.

¿Es verdad?

–     Lo Soy.

Tu deber para con Dios es emplear la salud en buenas obras.

Estás curado.

Vete y no peques más, no te vaya a castigar Dios más todavía..

Vete en paz. Adiós.

–    Yo soy viejo… no sé nada…

Pero quisiera seguirte, para servirte y para saber.

¿Me aceptas?

–    No rechazo a nadie.

De todas formas, piénsalo antes de venir.

Si te decides, ven.

–    ¿A dónde?

No sé a dónde vas…

—    Por el mundo.

todas partes encontrarás discípulos que te guiarán a Mí.

Que el Señor te ilumine para lo mejor.

Y Jesús se dirige a orar.

Mientras tanto, los fariseos que vieron al curado hablar con Jesús.

Lo detienen para preguntarle si Él fue, el que lo curó.

Y luego se acercan hasta la escalera;

por la que tiene que bajar para pasar a los otros patios… 

Y poder salir del Templo.

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198 PREDICACIÓN CON ESTILO PROPIO


198 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Los apóstoles, obedientes a las órdenes recibidas; van llegando uno tras otro; en la puerta de la ciudad.

Jesús todavía no está.

Pero pronto aparece por una calle que sigue el trazado de la muralla.

Mateo dice al verlo:

–     Debe haberle ido bien al Maestro…

¡Mirad cómo sonríe!

Van a su encuentro y todos se van juntos.

Salen por la puerta y toman la vía principal.

A ambos lados hay huertas del suburbio.

Jesús les pregunta:

–     ¿Entonces?…

¿Cómo os ha ido? ¿Qué habéis hecho?

Bartolomé dice:

–     Muy mal…  

Tuvimos que huir.

Judas de Keriot: 

–     Es que por poco nos apedrean.

Tuvimos que escapar.

Vámonos de esta ciudad de bárbaros.

Volvamos a donde nos estiman. Yo aquí ya no hablo más.  

Judas está enojado: 

–     De hecho no quería ir.   

Yo no quería hablar…

Pero luego me dejé convencer y Tú no me entretuviste.

Y Tú lo sabes todo…

Jesús lo mira sorprendido,

y pregunta:

–     Pero, ¿Qué te pasó?

–      Me fui con Mateo, Santiago y Andrés.

Hemos ido a la plaza de los Juicios, porque allí hay gente fina, que tiene tiempo que perder escuchando a una persona que hable.

Decidimos dejar que Mateo hablase, porque era el más idóneo para dirigirse a los publicanos y a sus clientes.  

Entonces él empezó dirigiéndose a dos que estaban discutiendo por un campo, en una cuestión poco clara y muy embrollada, de una herencia.  

Mateo les dijo:

“No odiéis por causa de cosas perecederas y que no podéis llevaros a la otra vida.

Amaos, para poder gozar de los bienes eternos que se obtienen, tan solo con sujetar las malas pasiones.

Y de este modo ser vencedores y poseedores del bien”

Así dijiste, ¿No es verdad?

Y continuó mientras otros se acercaron a oírlo:

“Abrid vuestros oídos a la Verdad, que enseña estas cosas al mundo, para que el mundo tenga paz.

Ya veis que se sufre por esto, por este excesivo interés por las cosas perecederas.

Mas la tierra no es todo, está también el Cielo.

Y en el Cielo está Dios; de la misma forma que ahora en la tierra, está el Mesías de Dios.

Que nos envía para anunciaros que ha llegado el tiempo de la Misericordia.

Y que ningún pecador puede decir: “No seré escuchado”.

Pues si uno tiene verdadero arrepentimiento; recibe el perdón, es escuchado y amado.

Y se le ofrece el Reino de Dios”.

A todo esto, ya había una gran muchedumbre reunida. 

Había quien escuchaba con respeto y había quien interrumpía y molestaba a Mateo con preguntas.

Yo ya de hecho no respondo nunca, para no estropear el discurso.

Hablo y respondo en particular al final.

Que mantengan en la memoria lo que quieran decir y que guarden silencio.

¡Pero Mateo quería responder inmediatamente!…

Nos preguntaban también a nosotros.

Y estaban los fastidiosos que se burlaban con risitas sarcásticas y sonrisas maliciosas. 

Pues decían:

–    ¡He aquí a otro loco!

–   ¡Claro que viene de la guarida de Israel.

–   Los judíos son una grama que se extiende a todas partes.

–    ¡He aquí sus eternas fábulas!

–   Ellos tienen como cómplice a Dios.

–     ¡Oídlos!

–     Está en el filo de la espada y en el veneno de su lengua.

–    ¡Oíd! ¡Oíd!

–    Ahora sacan a relucir a su Mesías.

–    Otro frenético que nos atormentará como en siglos anteriores.

–    ¡Que mueran Él y su raza!”

–    ¡Ahí tenemos otra vez sus eternas patrañas!

–     Dios es su protector.

–    ¡Mira, mira, ahora sacan a colación a su Mesías!

–    Algún otro exaltado que como de costumbre, nos va a atormentar.

–    ¡Maldición a Él y a su raza!”.

Entonces perdí la paciencia e hice a un lado a Mateo; que continuaba hablándoles sonriente, como si nada;

Como si estuvieran brindándole honores.

Y empecé a hablar yo, tomando a Jeremías como base de mi discurso:

“He aquí que suben las aguas del Septentrión y se convertirán en un enorme caudal  que inunda…

Hará estrépito como torrentes de agua. Y por su parte habrá armas y habrá soldados de la tierra y honderos celestiales.

Todo bajo las órdenes de los jefes del pueblo de Dios; para castigar vuestra terquedad.

En movimiento todos ellos por orden de los Jefes del Pueblo de Dios, los que se abatirán sobre vosotros como castigo de vuestra obstinación;

A su fragor perderéis toda fuerza. Caerán orgullosos corazones, brazos, cariños, ¡Todo!

¡Seréis exterminados, residuos de la isla del pecado! 

¡Puerta del Infierno!

A su estruendo, el castigo de Dios caerá sobre vosotros, raza perversa.

¿Os habéis hecho orgullosos porque Herodes os ha reconstruido la ciudad?

Pero, ¡Seréis arrasados hasta que os hagáis calvos sin esperanza!

Seréis castigados en vuestras ciudades y poblados; en los valles y en las llanuras.

La profecía no ha muerto todavía…

Y ya no pude continuar… porque nos arrojaron.

Y ya no pude continuar…

Porque se nos hecharon encima y nos arrojaron.

Y solo por una caravana que iba pasando providencialmente por una calle, pudimos salvarnos.

Porque las piedras comenzaron a volar y dieron contra camellos y camelleros.

Se trabó una riña y pudimos huir.

Luego nos quedamos quietos en un patio de los suburbios, fuera de la ciudad.

¡Ah! Pero no vuelvo más por aquí…

Nathanael exclama:

–   ¡Oye!…

Pero perdona… los ofendiste.

¡La culpa es tuya!

¡Ahora comprendo porqué llegaron a tan hostiles medios, para arrojarnos!

Se vuelve hacia Jesús,

y agrega:

–    Escucha, Maestro.

Nosotros, Pedro, Felipe y yo, fuimos en dirección de la torre que da al mar.

Allí había marineros y dueños de naves que cargaban sus mercancías para Chipre, Grecia y hasta lugares más lejanos todavía.

Imprecaban contra el sol, el polvo, el cansancio, el trabajo…

Y proferían maldiciones contra su condición de filisteos.

Esclavos – decían – de los tiranos, pudiendo ser reyes. 

Blasfemaban contra los profetas y el Templo.

Y contra todos nosotros.

Yo quería alejarme de allí, pero Simón no quiso.

Pedro dijo:

–    “¡No’ ¡Todo lo contrario!

¡Son precisamente a estos pecadores a los que debemos acercarnos!

El Maestro lo haría así…

Y así tenemos que hacerlo nosotros”. 

Felipe y yo dijimos: 

–    Habla tú, entonces” 

–     “¿Y si no sé hacerlo?” –contestó Simón Pedro.

–     “Pues te ayudamos nosotros”  

Entonces Simón se acercó sonriente hacia dos hombres que sudorosos… 

Estaban sentados encima de una voluminosa paca que no lograban izar para cargarla en el barco.

y dijo:

–   Está pesado, ¿No es verdad?…

Uno de ellos contestó:

–    Más que pesado, es que estamos cansados.

Debemos terminar pronto la carga, porque el patrón lo ha ordenado.

Quiere zarpar en la hora de la bonanza; porque por la tarde el mar estará bravo.

Y para esa hora tenemos que haber pasado ya los escollos para no correr peligro”.

–   ¿Escollos en el mar?

–    Sí. Allí donde el agua está bullendo.

Son lugares peligrosos.

Los arrecifes…

–     Corrientes… ¿No?

¡Entiendo! El viento del sur da vuelta por la punta y se encuentra con la corriente…

–    ¿Eres marinero?

–    Pescador de agua dulce.

Pero el agua siempre es agua y el viento, viento.

Es un trabajo hermoso, pero duro.

Yo también más de una vez he tragado agua y la carga se me ha ido al fondo varias veces. 

Este oficio nuestro por una parte tiene sus atractivos, pero por otra es fastidioso. De todas formas en todo hay una parte agradable y otra desagradable…

Buena y mala; en ningún sitio todos son malos, como ninguna raza es toda cruel.

En todas las cosas hay siempre su lado bello y su lado feo.

Ningún lugar está hecho solo de malos… ni ninguna raza es toda cruel.

Con un poco de buena voluntad, se pone uno siempre de acuerdo y se encuentra que por todas partes, hay gente buena.

¡Ea! Os quiero ayudar.

Y Simón llamó a Felipe diciendo:

¡Se necesitan fuerzas! Coge tú de allí y yo de acá.

Y esta buena gente nos lleva allá a su nave, a las bodegas.

Los filisteos no querían… pero después consintieron.

Una vez en su sitio el fardo y otros que estaban en el puente…

Puesta en su lugar la carga; Simón se puso a alabar la nave, como solo él sabe hacerlo.

A alabar el mar…

A la ciudad hermosa, vista desde el mar.

Y se interesó por la navegación marina y las ciudades de otras naciones.

Así que todos alrededor, empezaron a darle las gracias y a celebrarlo…

Por fin, uno pregunta:

“Pero, ¿Tú de dónde eres?, ¿Del país del Nilo?”.

“No, del mar de Galilea; pero como veis, no soy ningún tigre”.

–     Es verdad. ¿Buscas trabajo?

–     Sí.

El patrón dice:

–    Yo te contrato, si quieres.

Veo que eres un marinero capaz.

–    Yo al revés.

Te contrato a ti.

–    ¿A mí?…

Pero, ¿No has dicho que andas en busca de trabajo?

–    Es verdad.

Mi trabajo es llevar hombres al Mesías de Dios.

Tú eres un hombre fuerte y por lo tanto, un trabajo mío.

–    Pero… ¡Yo soy filisteo!

–   ¿Y qué?

¿Eso qué significa?

–   Quiere decir que nos odiáis.

Nos perseguís desde tiempos remotos…

Lo han gritado siempre vuestros jefes…

–    Los Profetas… ¿No es así?

Pero ahora los profetas son voces que no gritan más.

Ahora existe sólo el Único,  Grande y Santo Jesús.

Él no grita… Sino que llama con voces de Amigo…

No maldice, sino bendice.

No trae desgracias, las elimina.

No odia y no quiere que se odie.

Antes al contrario, ama a todos y quiere que amemos, incluso a nuestros enemigos.

En su Reino no habrá vencidos y vencedores, libres y esclavos, amigos y enemigos.

No, no habrá estas distinciones que dañan, que provienen de la maldad humana.

Sólo habrá seguidores suyos.

Es decir, personas que viven en el amor, en la libertad; vencedores del peso y del dolor.

Os ruego que prestéis fe a mis palabras y que tengáis deseos del Mesías.

Las profecías están escritas sí; pero El es mayor que los Profetas.

Y para el que lo ama quedan anuladas las profecías.

¿Veis esta bonita ciudad vuestra?

Pues si llegaseis a amar al Señor nuestro, a Jesús, el Cristo de Dios…

Aún más hermosa la volveríais a ver en el Cielo”

Y así estuvo hablando Simón; bonachón e inspirado al mismo tiempo.

Todos le escuchaban con atención y respeto.

Sí, ¡Con respeto!…

Ya casi terminaba, cuando de una calle, salió un grupo de personas armadas con bastones y piedras. 

Que gritaban y vociferaban.

Y cuando nos vieron, nos reconocieron como forasteros…

Y por el vestido… ¡Ahora entiendo!

Como forasteros de tu misma raza, Judas.

Y como a tales nos tomaron….

Y nos han creído gente de tu ralea.

Si no nos hubieran protegido los del navío; no lo estuviéramos contando.

Nos subieron en una lancha y nos llevaron por el mar.

Nos bajaron en la playa, en la zona cercana de los jardines del sur.

Y de allí nos venimos junto con los que cultivan las flores, para los ricos de acá.

Pero tú Judas; echaste a perder todo…

¿Es esa, una nueva manera de decir insolencias? 

Judas responde con altivez:

–    Es la verdad.

Nathanael replica severamente:

–    Hay que saber decirla.

Tampoco Pedro dijo mentira alguna. ¡Pero supo hablar!

Pedro dice con sencillez:

–     ¡Oh, yo!…

Traté de ponerme en el lugar del Maestro, pensando: ‘Él se portaría, así… muy dulce’.  Entonces yo…

Judas dice muy digno:

–    Yo prefiero los modales majestuosos.

Son más propios de reyes..

Judas con posesión diabólica perfecta por la soberbia y por el pecado…

Simón Zelote lo reprende:

–   Tu acostumbrada idea.

Estás equivocado Judas.

Hace un año que el Maestro te está corrigiendo este modo de pensar; pero no le haces caso.

Tú también estás obstinado en el error; como los filisteos contra los que arremetes. 

Judas replica altanero:

–    ¿Acaso alguna vez me ha corregido por esto?

Además, cada uno tiene su modo y lo usa.

Al oír estas palabras, Simón Zelote se estremece,  (parábola del diente de león)

sobresaltado mira a Jesús…

El cual no dice nada…

Pero asiente a la mirada evocadora de Simón con una leve sonrisa.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

130 EL NIÑO DE CRISTO


130 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

El aturdimiento de los apóstoles es interrumpido por Simón Zelote,

al responder:

–     No habría arco si no hubiera base en el camino oscuro.

Ésta es matriz de aquél, que sobre ella se yergue y sube a ese azul que anhelas.

No pienses que las piedras hincadas en el suelo, que soportan el peso y no gozan de rayos ni vuelos.

Ignoran la existencia de éstos, pues de vez en cuando una golondrina desciende con su piada hasta el barro y acaricia la base del arco…

desciende también un rayo de sol, o de estrella, para expresar la gran belleza del firmamento.

De la misma forma, en los siglos pasados, de vez en cuando, ha descendido una palabra celeste portadora de promesa…

Un rayo celeste de sabiduría para acariciar las piedras que estaban oprimidas por el enojo divino.

Porque las piedras eran necesarias.

Y no son ni fueron, ni serán jamás inútiles.

Sobre ellas, lentamente, se ha elevado el tiempo y la perfección del conocimiento humano hasta alcanzar la libertad del tiempo presente y la sabiduría del conocimiento sobrehumano.

Veo escrita en tu rostro la objeción:

Es la misma que todos hemos puesto antes de saber comprender que ésta es la Nueva Doctrina…

La Buena Nueva que ahora se predica a los que, por un proceso de retrogradación, en vez de hacerse adultos,

paralelamente a la ascensión de las piedras del saber, se han ido entenebreciendo cada vez más, cual muro que se hunde en un abismo ciego.

Para curarnos de esta enfermedad de oscurecimiento sobrenatural, tenemos que liberar valientemente la piedra basilar de todas las otras que están encima.

No tengáis miedo de demoler ese alto muro que – a pesar de serlo – no porta la savia pura del manantial eterno. a la base, que no debe ser cambiada porque es de Dios y es inmóvil

De todas formas, antes de desechar las piedras, probadlas una a una con el sonido de la Palabra de Dios, porque no todas son desechables e inútiles.

Si su sonido no desentona, conservadlas. Construid de nuevo con ellas.

Mas si es el sonido desacorde de la voz humana o lacerante de la voz satánica…

Y no podéis equivocaros porque si es voz de Dios es sonido de amor, si es voz humana es sonido del sentido, si es satánica es voz de odio… ROMPEDLAS. 

Y digo “rompedlas”, porque es un acto de caridad el no dejar tras uno mismo semillas u objetos portadores de mal, que puedan seducir al viandante e inducirle a usarlos en perjuicio propio.

Romped literalmente toda cosa no buena que haya sido vuestra, en obras, escritos, enseñanzas o actos.

Es mejor quedarse con poco, elevarse apenas un codo, pero con buenas piedras,  que no varios metros con piedras malas.

Los rayos y las golondrinas descienden también hasta las albarradas que apenas sobresalen del suelo.

Y las humildes florecillas de los lindazos con facilidad llegan a acariciar las piedras bajas.

Mientras que las soberbias piedras que, inútiles y ásperas, quieren elevarse, no reciben sino azote de espinos y adhesiva ponzoña.

Demoled para construir, para subir, probando la calidad de vuestras viejas piedras con la voz de Dios.  

Esteban dice:

–     Hablas bien.

¡Pero, subir!… ¿Cómo? Te hemos dicho que somos incluso menos que los niños.

¿Quién nos ayudará a subir a la enhiesta columna? Probaremos las piedras con el sonido de Dios, romperemos las menos buenas…

Pero, ¿Cómo podremos subir? ¿Sólo el hecho de pensarlo ya da vértigo! 

Juan, que ha estado escuchando con la cabeza agachada, sonriendo para sí…   

Levanta su rostro luminoso y toma la palabra:

–     ¡Hermanos!

Da vértigo el solo hecho de pensar en subir. Cierto. Pero ¿Quién ha dicho que debemos afrontar la altura directamente?

Esto no sólo los niños, sino ni siquiera los adultos pueden hacerlo; sólo los ángeles pueden lanzarse a los cielos, pues están libres de todo peso material.

Y de entre los hombres, sólo los héroes de la santidad pueden hacerlo.

Hoy todavía, en este mundo decaído, entre nosotros vive uno que sabe ser héroe de santidad como los antiguos –ornato de Israel -,

cuando los Patriarcas eran amigos de Dios y la palabra del Código era la única, la que toda criatura recta obedecía.

Juan, el Precursor, enseña cómo afrontar la altura directamente. Juan es un hombre. Pero la Gracia que el Fuego de Dios le ha comunicado, purificándolo desde el vientre de su madre… 

De la misma forma que el Serafín purificó el labio del Profeta, para que pudiera preceder al Mesías sin dejar hedor de culpa original por el camino regio del Cristo, ha dado a Juan alas de ángel.

Luego la penitencia las ha hecho crecer, aboliendo al mismo tiempo el peso de humanidad que su naturaleza, propia de los nacidos de mujer, todavía poseía.

Por lo cual, Juan, desde su gruta donde predica la penitencia y desde su cuerpo donde arde el espíritu desposado con la Gracia..

Se lanza, puede lanzarse a sí mismo, al ápice del arco, por encima del cual está Dios, el altísimo Señor Dios nuestro.

Y puede, dominando los siglos pasados, el tiempo presente y el futuro, anunciar con voz de profeta y con ojo de águila capaz de clavar la mirada en el Sol eterno y reconocerlo:

“Éste es el Cordero de Dios, el que quita los pecados del mundo”

Y morir tras este canto suyo sublime que será repetido no sólo durante el transcurso del tiempo limitado;

sino también durante el tiempo sin fin, en la Jerusalén sempiterna y para siempre beata; para aclamar a la Segunda Persona,

para invocarla por las miserias humanas, para cantar sus alabanzas entre los fulgores eternos.

Pero el Cordero de Dios, el dulcísimo Cordero que ha dejado su luminosa morada del Cielo en que es Fuego de Dios en abrazo de fuego…

¡Oh, eterna generación del Padre que concibe con el pensamiento ilimitado y santísimo a su Verbo!

¡Y lo atrae hacia Sí produciendo una fusión de amor de que procede el Espíritu de Amor, en que se centran la Potencia y la Sabiduría!

El Cordero de Dios que ha dejado su purísima, incorpórea forma para encerrar dentro de carne mortal su pureza infinita, su santidad, su Naturaleza Divina.

Sabe que no estamos todavía purificados por la Gracia…

Y que no podríamos, – como esa águila que es Juan –lanzarnos a las alturas, a ese ápice en que Dios Uno y Trino se encuentra.

Nosotros somos los pajarillos de tejados y caminos.

Golondrinas que tocan el cielo, pero se alimentan de insectos; calandrias que quieren cantar para imitar a los ángeles y que,

¡Ay! respecto al canto de los ángeles, el suyo no es sino desentonado runrún de cigarra estival.

Esto lo sabe el dulce Cordero de Dios, venido para quitar los pecados del mundo.

Porque, a pesar de no ser ya el Espíritu infinito del Cielo por haberse confinado a Sí Mismo dentro de una carne mortal, su infinitud NO ha quedado disminuida.

Y todo lo sabe, siendo siempre – como lo es – infinita su sabiduría.

Así pues, Él nos enseña su camino, el camino del amor.

Él es el amor que por misericordia hacia nosotros se hace carne.

Y es así que este Amor misericordioso nos crea un camino por el que pueden subir también los pequeñuelos;

y Él mismo – no por propia necesidad sino para enseñárnoslo – es el primero en recorrerlo.

Él no tendría tan siquiera necesidad de abrir las alas para fundirse de nuevo con el Padre.

Su espíritu, os lo juro, está encerrado aquí, dentro de esta mísera tierra, pero está siempre con el Padre, porque Dios todo lo puede..

Y Él es Dios.

Camina dejando tras sí el perfume de su santidad, Y fuego de su amor.

Observad su camino: a pesar de llegar al ápice el arco, ¡Cuán sosegado y seguro es!

No es una recta sino una espiral.

Es más largo, sí; pero precisamente su sacrificio de amor se revela en esta distancia, demorándose por amor a nosotros los débiles,

más largo, pero más adecuado a nuestra miseria.

La subida hacia el Amor, hacia Dios, es simple; como simple es el Amor.

Pero, al mismo tiempo,es profunda, porque Dios es un Abismo – inalcanzable, yo diría si Él no se rebajase y nos diera la posibilidad de alcanzarlo,

para sentir el beso de las almas que lo aman.

Mientras está hablando, Juan llora, aunque su boca sonríe, envuelto en el éxtasis de la revelación que está haciendo de Dios.

Largo es el sencillo camino del Amor, porque Dios es Profundidad sin fondo, en que uno podría adentrarse cuanto quisiera…

Mas la Profundidad admirable llama a la profundidad miserable.

Llama con sus luces y dice:  “¡Venid a mí!”

¡Oh, invitación de Dios!

¡Oh, invitación de Padre! ¡Escuchad! ¡Escuchad!

Del Cielo nos llegan palabras suavísimas de ese Cielo que está abierto porque Cristo ha abierto de par en par sus puertas y ha puesto ante ellas,

para que así las mantengan, a los ángeles de la Misericordia y el Perdón,

a fin de que, en espera de la Gracia, de él broten al menos las luces, perfumes, cantos y quietud, capaces de seducir santamente a los corazones humanos, y sobre éstos se depositen.

Habla la voz de Dios y la voz dice:

“¿Vuestra puericia?… ¡Pero si es vuestra mejor moneda!

Yo quisiera que os hicierais enteramente niños para que poseyerais la humildad, sinceridad y amor de los pequeñuelos, su confidente amor para con su padre.

¿Vuestra incapacidad?… ¡Pero si es mi gloria!

¡Venid! Ni siquiera os pido que seáis vosotros mismos quienes comprobéis el sonido de las piedras buenas o malas.  

¡Dádmelas a mí! Yo las elegiré, vosotros os reconstruiréis.

¿La subida hacia la perfección?… ¡Oh, no, hijos míos!

Poned vuestra mano en la de mi Hijo y Hermano vuestro. Ahora, así, y subid a su lado…”.

¡Subir! ¡Ir a ti, eterno Amor! ¡Adquirir tu semejanza, o sea, el amor!…

¡Amar! ¡Éste es el secreto!… ¡Amar! ¡Darse…!

¡Amar! ¡Abolirse…! ¡Amar! Fundirse…

¿La carne?: nada; ¿el dolor?: nada; ¿el tiempo?: nada. Nada es el pecado mismo, si lo disuelvo en tu fuego, ¡Oh, Dios! Sólo es el Amor.

¡El Amor! El Amor que nos ha dado el Dios Encarnado nos otorgará todo perdón.

Pues bien, amar es un acto que nadie sabe hacer mejor que los niños y nadie es más amado que un niño.

¡Oh, tú, a quien no conozco, pero que quieres conocer el Bien para distinguirlo del Mal, para poseer el azul del cielo, el sol celeste, todo aquello que signifique contento sobrenatural…

Ama y lo tendrás. Ama a Cristo.

Morirás en la vida, pero resucitarás en el espíritu.

Con un nuevo espíritu, sin necesidad ya de usar piedras, serás eternamente un fuego que no muere.

La llama sube, no necesita ni peldaños ni alas para subir.

Libera tu ‘yo’ de toda construcción, pon en el Amor, y resplandecerás.

Deja que ello sea sin restricciones, más, atiza la llama echándole como pasto todo tu pasado de pasiones y conocimientos: 

quedará consumido lo menos bueno, puro se hará el metal ya de por sí noble.

Arrójate, hermano, al amor activo y gozoso de la Trinidad:

Comprenderás lo que ahora te parece incomprensible porque comprenderás a Dios, que es el Comprensible,

pero sólo para quienes se dan sin medida a su fuego sacrificador…

 Quedarás finalmente fijo en Dios, en un abrazo de llama…

Y rogarás por mí, el niño de Cristo que ha osado hablarte del Amor.

Se han quedado todos de piedra:

Apóstoles, discípulos, fieles…

El interlocutor está pálido.

San Esteban, el primer  Mártir

Juan, por el contrario, está de color púrpura, no tanto por el esfuerzo cuanto por el amor.

Entonces Esteban grita:

–     ¡Bendito tú!

Dime: ¿Quién eres?

Y Juan, por su parte – con un gesto que me recuerda mucho a Virgen en el acto de la Anunciación  inclinándose como adorando a Aquel a quien nombra, 

en tono bajo, dice:

–     Soy Juan.

Estás viendo al menor de los siervos del Señor.

–     Pero, ¿Quién ha sido tu maestro antes?

–     Nadie aparte de Dios.

He recibido la leche espiritual de manos de Juan, el presantificado de Dios;

me alimento del pan de Cristo, Verbo de Dios; bebo el fuego de Dios que me viene del Cielo

¡Gloria al Señor!

–     Pues yo ya no me separo de vosotros.

¡Ni de ti, ni de éste, ni ninguno de vosotros! Recibidme.

–     Cuando… Bueno, aquí entre nosotros el jefe es Pedro

Y Juan toma a Pedro, que está atónito…

Y lo proclama así “el primero”.

Pedro reacciona y se pone en el lugar que le corresponde,

diciendo:

–     Hijo, puesto que se trata de una gran misión, es necesaria una severa reflexión.

Éste es nuestro ángel. Él enciende; pero es necesario saber si la llama va a poder durar en nosotros. 

Lapidación de Esteban

Mídete a ti mismo, luego ven al Señor. Nosotros te abriremos nuestro corazón como hermano nuestro queridísimo.

Por el momento, si quieres conocer mejor nuestra vida, quédate; las greyes de Cristo pueden crecer sin medida,

para ser separados – perfectos e imperfectos – los verdaderos corderos de los falsos carneros.

Y con esto termina la primera manifestación apostólica.  

26 EL EDICTO DE AUGUSTO


26 CONOCER A DIOS, ES EMPEZAR A AMARLO

Augusto y el censo de Belén

“En mi sexto consulado (28 a.C), llevé a cabo, con Marco Agripa como colega el censo del pueblo. Celebré la ceremonia lustral después de que no se hubiera celebrado en 42 años; en ellas fueron censados 4.063.000 ciudadanos romanos.

Durante el consulado de Cayo Censorino y Cayo Asinio (8 a.C) llevé a cabo el censo por mi solo, en virtud de mi poder consular, en cuya lustración se contaron 4.233.000 ciudadanos romanos.

Hice el censo por tercera vez, en virtud de mi poder consular y teniendo por colega a mi hijo adoptivo Tiberio César, en el consulado de Sexto Pompeyo y Sexto Apuleyo (14 d.C); con ocasión de este censo conté 4.937.000 ciudadanos romanos” Augusto Res Gestae Divi Augusti

Nacimiento de Jesús
  1. Sucedió que por aquellos días salió un edicto de César Augusto ordenando que se empadronase todo el mundo.
  2. Este primer empadronamiento tuvo lugar siendo gobernador de Siria Cirino.
  3. Iban todos a empadronarse, cada uno a su ciudad.
  4. Subió también José desde Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por ser él de la casa y familia de David,
  5. para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta.

Lucas 2 1-5

El edicto de empadronamiento.

Enseñanzas sobre el amor al esposo y la confianza en Dios.

De nuevo veo la casa de Nazaret, la pequeña habitación en que María habitualmente come.

Ahora Ella está trabajando en una tela blanca.

La deja para ir a encender una lámpara, pues está atardeciendo y no ve ya bien con la luz verdosa que entra por la puerta entornada que da al huerto.

Cierra también la puerta.

Observo que su cuerpo está ya muy engrosado, pero sigue viéndosele muy hermosa. Su paso continúa siendo ágil; todos sus movimientos, están llenos de donaire.

No se ve en Ella ninguna de esas sensaciones de peso que se notan en la mujer cuando está próxima a dar a luz a un niño.

Sólo en el rostro ha cambiado. Ahora es “la mujer”. Antes, cuando el Anuncio, era una jovencita de carita serena e ingenua (como de niño inocente).

Luego, en la casa de Isabel, cuando el nacimiento del Bautista, su rostro se había perfeccionado, adquiriendo una gracia más madura.

Ahora es el rostro sereno, pero dulcemente majestuoso, de la mujer que ha alcanzado su plena perfección en la maternidad.

Ya no recuerda a esa “Virgen de la Anunciación” de Florencia.

Cuando era niña, yo sí que la veía reflejada en ella.

Ahora el rostro es más alargado y delgado; la mirada, más pensativa y grande.

En pocas palabras: como es María actualmente en el Cielo.

Porque ahora ha asumido el aspecto y la edad del momento en que nació el Salvador.

Tiene la eterna juventud de quien no sólo no ha conocido corrupción de muerte, sino que ni siquiera ha conocido el marchitamiento de los años.

El tiempo no ha tocado a esta Reina nuestra y Madre del Señor que ha creado el tiempo.

Es verdad que en el suplicio de los días de la Pasión — suplicio que para Ella empezó muchísimo antes,

podría decir que desde que Jesús comenzó la evangelización — se la vio envejecida, pero tal envejecimiento era sólo como un velo corrido por el dolor sobre su incorruptible cuerpo.

Efectivamente, desde cuando Ella vuelve a ver a Jesús, resucitado, torna a ser la criatura fresca y perfecta de antes del suplicio:

como si al besar las santísimas Llagas hubiera bebido un bálsamo de juventud que hubiese cancelado la obra del tiempo y, sobre todo, del dolor.

También hace ocho días, cuando he visto la venida del Espíritu Santo el día de Pentecostés, veía a María “hermosísima y, en un instante, rejuvenecida”, como escribía; ya antes había escrito: “Parece un ángel azul”.

Los ángeles no experimentan la vejez. Poseen eternamente la belleza de la eterna juventud, del eterno presente de Dios que en sí mismos reflejan.

La juventud angélica de María, ángel azul, se completa y alcanza la edad perfecta — que se ha llevado consigo al Cielo y que conservará eternamente en su santo cuerpo glorificado,

cuando el Espíritu pone el anillo nupcial a su Esposa y la corona en presencia de todos — ahora, y no ya en el secreto de una habitación ignorada por el mundo, con un arcángel como único testigo.

He querido hacer esta digresión porque la consideraba necesaria. Ahora vuelvo a la descripción.

María, pues, ahora ya es verdaderamente “mujer”, llena de dignidad y donaire. Incluso su sonrisa se ha transformado, en dulzura y majestad. ¡Qué hermosa está María!

Entra José. Da la impresión de que vuelve del pueblo, porque entra por la puerta de la casa y no por la del taller.

María levanta la cabeza y le sonríe.

También José le sonríe a Ella… no obstante, parece como si lo hiciera forzado, como quien estuviera preocupado.

María lo observa escrutadora y se levanta para coger el manto que José se está quitando, para doblarlo y colocarlo encima de un arquibanco.

José se sienta al lado de la mesa. Apoya en ella un codo y la cabeza en una mano mientras con la otra, absorto, se peina y despeina alternativamente la barba. 

María pregunta:

–     ¿Estás preocupado por algo?

¿Te puedo servir de consuelo?

–     Tú siempre me confortas, María.

Pero esta vez es una gran preocupación… por ti.

–    ¿Por mí, José? ¿Y qué es, pues?

–     Han puesto un edicto en la puerta de la sinagoga.

Ha sido ordenado el empadronamiento de todos los palestinos. Hay que ir a anotarse al lugar de origen. Nosotros tenemos que ir a Belén…

–     ¡Oh! – interrumpe María, llevándose una mano al pecho.

–     ¿Te preocupa, verdad?

Es penoso. Lo sé.

–     No, José, no es eso.

Pienso… pienso en las Sagradas Escrituras: Raquel, madre de Benjamín y esposa de Jacob, del cual nacerá la Estrella, el Salvador.

Raquel, que está sepultada en Belén; de la que se dijo:

“Y tú, Belén Efratá, eres la más pequeña entre las tierras de Judá, mas de ti saldrá el Dominador”, el Dominador prometido a la estirpe de David; Él nacerá allí…

–     ¿Piensas… piensas que ya ha llegado el momento?

¡Oh! ¿Qué podemos hacer? 

José está enormemente preocupado y mira a María con ojos llenos de compasión.

Ella lo percibe, y sonríe. Su sonrisa es más para sí que para él. Es una sonrisa que parece decir: «Es un hombre; justo, pero hombre. Y ve como hombre, piensa como hombre.

Sé compasiva con él, alma mía, y guíalo a la visión de espíritu». Y su bondad la impulsa a tranquilizarlo. No mintiendo, sino tratando de quitarle la preocupación,

le dice:

–     No sé, José.

El momento está muy cercano, pero, ¿No podría el Señor alargarlo para aliviarte esta preocupación? Él todo lo puede. No temas.

–     ¡Pero el viaje!…

Y además, ¡Con la cantidad de gente que habrá!… ¿Encontraremos un buen lugar para alojarnos? ¿Nos dará tiempo a volver?

Y si… si eres Madre allí, ¿Cómo nos las arreglaremos? No tenemos casa… No conocemos a nadie….

–     No temas.

Todo saldrá bien. Dios provee para que encuentre un amparo el animal que procrea, ¿Y piensas que no proveerá para su Mesías? Nosotros confiamos en Él, ¿No es verdad?

Siempre confiamos en Él, Cuanto más fuerte es la prueba, más confiamos. Como dos niños, ponemos nuestra mano en su mano de Padre.

Él nos guía. Estamos completamente abandonados en Él.

Mira cómo nos ha conducido hasta aquí con amor. Ni el mejor de los padres podría haberlo hecho con más esmero.

Somos sus hijos y sus siervos. Cumplimos su voluntad. Nada malo nos puede suceder.

Este edicto también es voluntad suya. ¿Qué es César, sino un instrumento de Dios?

Desde que el Padre decidió perdonar al hombre, ha predispuesto los hechos para que su Hijo naciera en Belén.

Antes de que ella, la más pequeña de las ciudades de Judá, existiera, ya estaba designada su gloria.

Para que esta gloria se cumpla y la palabra de Dios no quede en entredicho — y lo quedaría si el Mesías naciera en otro lugar — he aquí que ha surgido un poderoso, muy lejos de aquí,

y nos ha dominado, y ahora quiere saber quiénes son sus súbditos, ahora, en un momento de paz para el mundo…

¡Qué es una pequeña molestia nuestra comparada con la belleza de este momento de paz!

Fíjate, José, ¡Un tiempo en que no hay odio en el mundo! ¿Existe, acaso, hora más feliz que ésta, para que surja la “Estrella” de luz divina y de influjo redentor?

¡Oh, no tengas miedo, José!

Si inseguros son los caminos, si la muchedumbre dificulta la marcha, los ángeles serán nuestra defensa y nuestro parapeto; no de nosotros, sino de su Rey.

Si no encontramos un lugar donde ampararnos, sus alas nos harán de tienda. Nada malo nos sucederá, no puede sucedemos: Dios está con nosotros.

José la mira y la escucha con devoción.. Las arrugas de la frente se alisan, la sonrisa vuelve. Se pone en pie, ya sin cansancio y sin pena. Sonríe.

–     ¡Bendita tú, Sol del espíritu mío!

¡Bendita tú, que sábes ver todo a través de la Gracia que te llena! No perdamos tiempo, pues, porque hay que partir lo antes posible y… volver cuanto antes, para que aquí todo está preparado para el… para el….

–     Para el Hijo nuestro, José.

Tal debe ser a los ojos del mundo, recuérdalo.

El Padre ha velado de misterio esta venida suya, y nosotros no debemos descorrer el velo. Él, Jesús, lo hará, llegada la hora…

La belleza del rostro, de la mirada, de la expresión, de la voz de María al decir este «Jesús» no es describible. Es ya el éxtasis…

Y con este éxtasis cesa la visión.

Dice María: 

No añado mucho, porque mis palabras son ya enseñanza. Eso sí, reclamo la atención de las mujeres casadas sobre un punto.

Demasiadas uniones se transforman en desuniones por culpa de las mujeres, las cuales no tienen hacia el marido ese amor que es todo (amabilidad, compasión, consuelo).

Sobre el hombre no pesa el sufrimiento físico que oprime a la mujer, pero sí todas las preocupaciones morales: necesidad de trabajo, decisiones que hay que tomar,

responsabilidades ante el poder establecido y ante la propia familia… ¡Oh, cuántas cosas pesan sobre el hombre, y cuánta necesidad tiene también él de consuelo!

Pues bien, es tal el egoísmo, que la mujer le añade al marido cansado, desilusionado, abrumado, preocupado, el peso de inútiles quejas, e incluso a veces injustas.

Y todo porque es egoísta; no ama.

Amar no significa satisfacer los propios sentidos o la propia conveniencia.

Amar es satisfacer a la persona amada, por encima de los sentidos y conveniencias, ofreciéndole a su espíritu esa ayuda que necesita para poder tener siempre abiertas las alas en el cielo de la esperanza y de la paz.

Hay otro punto en el que querría que centrarais vuestra atención. Ya he hablado de ello; no obstante, insisto. Se trata de la confianza en Dios.

La confianza compendia las virtudes teologales.

Si uno tiene confianza, es señal de que tiene fe; si tiene confianza, es señal de que espera y de que ama. Cuando uno ama, espera y cree en una persona, tiene confianza. Si no, no.

Dios merece esta confianza nuestra.

Si se la damos a veces a pobres hombres capaces de cometer faltas, ¿Por qué negársela a Dios, que no comete falta alguna? La confianza es también humildad.

El soberbio dice: “Voy a actuar por mí mismo. No me fío de éste, que es un incapaz, un embustero y un avasallador”.

El humilde dice: “Me fío. ¿Por qué no me voy a fiar? ¿Por qué debo pensar que yo soy mejor que él?”. Y así, con mayor razón, de Dios dice:

“¿Por qué voy a tener que desconfiar de Aquel que es bueno? ¿Por qué voy a tener que pensar que me basto por mí mismo?”.

5. De igual manera, jóvenes, sed sumisos a los ancianos; revestíos todos de humildad en vuestras mutuas relaciones, pues Dios resiste a los soberbios y da su gracia a los humildes. 
6. Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios para que, llegada la ocasión, os ensalce;
7. confiadle todas vuestras preocupaciones, pues él cuida de vosotros. 1 Pedro 5

Dios se dona al humilde, del soberbio se retira. La confianza es, además, obediencia; y Dios ama al obediente.

La obediencia es signo de que nos reconocemos hijos suyos, de que lo reconocemos como Padre; y un padre, cuando es verdadero padre, no puede hacer otra cosa sino amar.

Dios es para nosotros Padre verdadero y perfecto.

Hay un tercer punto que quiero que meditéis. Se funda también en la confianza. Ningún hecho puede acaecer si Dios no lo permite.

Por lo cual, ya tengas poder, ya seas súbdito, será porque Dios lo ha permitido.

Preocúpate, pues, ¡Oh tú que tienes poder!, de no hacer de este poder tuyo tu mal. En cualquier caso sería “tu mal”, aunque en principio pareciese que lo fuera de otros.

En efecto, Dios permite, pero no sin medida; y, si sobrepasas el punto señalado, asesta el golpe y te hace pedazos.

Preocúpate, pues, tú que eres súbdito, de hacer de esta condición tuya una calamita para atraer hacia ti la celeste protección.

No maldigas nunca.

Deja que Dios se ocupe de ello. A Él, Señor de todos, le corresponde bendecir o maldecir a los seres que ha creado. 

122 LA PIEDRA ANGULAR


122 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Jesús está hablando  en un poblado costero. También aquí una calle bordea el lago y hay barcas sacadas a la orilla.

Del otro lado de la calle están alineadas las casas, más o menos grandes.

Aquí las colinas están mucho más distantes, así que es una ciudad edificada en una llanura, que se prolonga por la orilla oriental del lago.

La resguarda del viento el baluarte de los montes.

Bien templada por tanto por el sol que aquí, más que en otros campos, aumenta la floración de los árboles.

 Jesús dice:

-…Es verdad. Decís: “No te abandonaremos nunca porque sería abandonar a Dios”.

Oh, pueblo de Guerguesa, recuerda que nada hay más mutable que el pensamiento humano!

Estoy convencido de que en este momento realmente pensáis así.

Mi palabra y el milagro realizado os han exaltado en este sentido y ahora sois sinceros en lo que decís. Pero quisiera recordaros un episodio, mil podría citar, lejanos y cercanos -.

Os cito éste sólo. Josué, siervo del Señor, antes de morir, reunió en torno a sí a todas las tribus con sus ancianos, príncipes, jueces y magistrados.

Y les habló en presencia del Señor, recordándoles a todos los beneficios y los prodigios operados por el Señor a través de su siervo.  

Y, tras haber enumerado todas estas cosas, los invitó a repudiar a todos los dioses que no fueran el Señor.  O cuanto menos, a ser auténticos en la fe, eligiendo con sinceridad,

O al verdadero Dios. O a los dioses de Mesopotamia y de los amorreos; de modo que hubiera una neta separación entre los hijos de Abraham y los paganizantes. 

“Apariencias de piedad, sin el Poder de ella.”

Es preferible siempre un error valiente a una hipócrita profesión y mezcla de fes: para Dios, infamia; para los espíritus, muerte.

Nada más fácil y común que esas mezcolanzas. La apariencia es buena, pero por debajo está la sustancia, que no es buena. Aún hoy, hijos, aún hoy.

Esos fieles que mezclan la observancia de la Ley con lo que la Ley prohíbe; esos desdichados que caminan dando tumbos, como los borrachos, entre la fidelidad a la Ley y las ganancias de los negocios,

y viven comprometidos con quienes están al margen de la ley, de quienes esperan alguna ventaja; esos sacerdotes o escribas o fariseos que ya no tienen por finalidad de la propia vida el servicio a Dios,

sino que éste se ha convertido en una astuta política para triunfar sobre los demás, se ha convertido en poder – y nada más contra sus semejantes – más honestos que ellos -,

porque sirven no a Dios sino a un poder que se presenta ante sus ojos fuerte y precioso para sus fines… ésos son sólo hipócritas que mezclan a nuestro Dios con dioses extranjeros.

El pueblo respondió a Josué: “¡Jamás abandonaremos al Dios verdadero para servir a dioses extranjeros!”. Y Josué les dijo lo que Yo a vosotros hace un momento acerca del santo celo del Padre,

acerca de su voluntad de ser amado con exclusividad, con la totalidad de nosotros mismos, y acerca de su justicia cuando castiga a los embusteros.

-¡Castigar!… Sí, Dios, de la misma forma que puede favorecer, puede castigar. Antes de morir se puede recibir premio o castigo.

¡Mira, pueblo hebreo, mira cómo Dios – después de haberte dado tanto liberándote de los faraones, conduciéndote ileso a través del desierto y entre insidias de enemigos,

permitiéndote que llegaras a ser una nación grande y temida y rica en glorias; te ha castigado por tus culpas: una, dos, diez veces!

¡Mira en qué estado te encuentras! 

Y Yo, que veo que te estás hundiendo en la más sacrílega de las idolatrías, veo también el Abismo por el que te vas a despeñar por persistir en las mismas culpas.

Y por esto te llamo, pueblo que eres dos veces mío, por ser el Redentor y por haber nacido de ti. Esta llamada mía, aunque sea severa, no es odio ni rencor ni intransigencia, es amor.

Josué dijo entonces: “Sois testigos de que habéis elegido al Señor”,

Y todos respondieron: “Sí”.

Y Josué, que era sabio además de valeroso, sabiendo cuán lábil es la voluntad del hombre, escribió en el libro todas las palabras de la Ley y de la alianza y las puso en el Templo.

Y puso también, en este santuario del Señor, en Siquem, que contenía a la sazón el Tabernáculo, una voluminosa piedra como testimonio.

Luego dijo:

“Esta piedra, que ha oído las palabras que habéis dirigido al Señor, quedará aquí como testimonio, para que no podáis retractaros y mentir al Señor Dios vuestro”.

El hombre, el rayo o la erosión de las aguas y del tiempo, pueden siempre pulverizar una piedra por grande y dura que sea.

Pero YO SOY LA PIEDRA ANGULAR Y ETERNA 

Y no puedo ser destruido.  

No le mintáis a esta Piedra viva, no la améis por el sólo hecho de que realice prodigios; amadla porque por ella tocaréis el Cielo.

Yo os quisiera más espirituales, más fieles al Señor. No digo a mí. Mi única razón, aquí, es que soy la Voz del Padre.

Ultrajándome, herís a aquel que me ha enviado.

Yo soy el medio; Él, el Todo. Recoged de mí y conservad en vosotros lo santo para alcanzar a este Dios.

No améis sólo al Hombre, amad al Mesías del Señor no por los milagros que hace, sino porque desea obrar en vosotros el milagro íntimo y sublime de vuestra santificación.

Jesús imparte su bendición y se encamina hacia una casa.

Ya casi en el umbral de la puerta, un grupo de ancianos lo detiene:

Lo saludan respetuosamente,

y dicen:

–     ¿Podemos preguntarte una cosa, Señor?

Somos discípulos de Juan. Siempre habla de ti. Ha llegado a nuestros oídos la fama de tus prodigios. Así que hemos querido conocerte.

Ahora bien, oyéndote, se nos ha planteado una pregunta que desearíamos proponerte. 

Jesús responde:

–     Exponedla.

Si sois discípulos de Juan estaréis ya en el camino de la justicia.

–     Has dicho, hablando de las idolatrías comunes en los fieles, que en medio de nosotros hay personas que trafican entre la Ley y los que no siguen la Ley.

Ahora bien, Tú también eres amigo de éstos últimos, sabemos en efecto, que no rechazas a los romanos -. ¿Entonces?

–     No lo niego, pero…

¿Acaso podéis afirmar que lo haga para obtener de ellos algún provecho? Ni siquiera busco su protección. ¿O podéis, acaso, afirmar lo contrario, porque los trate con benignidad?

–     No, Maestro, estamos de ello más que seguros.

Pero el mundo no está hecho sólo de nosotros, que queremos creer solamente en el mal que vemos y no en el de que se nos habla.

Explícanos las razones que pueden fundar este acercamiento a los gentiles; hazlo para instrucción nuestra y para que te podamos defender, si alguien te calumnia en nuestra presencia.

–     Estos contactos son malos cuando la finalidad es humana.

No lo son cuando la intención es llevarlos al Señor Dios nuestro. Así actúo Yo. Si fuerais gentiles, podría detenerme a explicaros cómo todo hombre procede de un único Dios.

Pero sois hebreos, y además discípulos de Juan; sois, por tanto, la flor de los hebreos, y no es necesario que os lo explique. Estáis, pues, ya en condiciones de entender y creer que, siendo el Verbo de Dios,

Es mi deber llevar su Verbo a todos los hombres, hijos del Padre Universal.

–     Pero no son hijos, porque son paganos…

–     Por lo que se refiere a la Gracia no lo son.

Por su errada fe no lo son:

Esto es verdad pero, hasta que no os haya redimido, el hombre, incluyo al hebreo, ha perdido la Gracia.

Está privado de ella, porque la Mancha de origen es obstáculo para que el rayo inefable de la Gracia descienda a los corazones.

De todas formas, por la Creación el hombre es siempre hijo.

De Adán, cabeza de toda la humanidad, proceden tanto los hebreos como los romanos.

Y Adán es hijo del Padre, que le dio su semejanza espiritual.

–     Es verdad.

Otra pregunta, Maestro. ¿Por qué los discípulos de Juan hacen grandes ayunos y los tuyos no?

No decimos que Tú no tengas que comer, también el profeta Daniel, aun siendo grande en la corte de Babilonia, fue santo a los ojos de Dios, y Tú eres superior a él. Pero ellos…

–     La cordialidad obtiene muchas veces, lo que no se consigue con el rigorismo.

Algunos no se acercarían jamás al Maestro, debe ser el Maestro quien vaya a ellos.

Otros sí se acercarían, pero se avergüenzan de hacerlo en público: también a ellos debe ir el Maestro.

Y, puesto que me dicen:

“Sé huésped mío para poderte conocer”, acepto.

Teniendo presente no el placer de una mesa opulenta o el placer de los discursos, que a veces me resultan muy penosos.

Sino una vez más y siempre el interés de Dios.

Esto por lo que respecta a Mí. Frecuentemente al menos una de las almas con las que tengo contacto de esta manera se convierte.

Toda conversión significa una fiesta nupcial para mi alma, una gran fiesta en la que participan todos los ángeles del Cielo, bendecida por el eterno Dios.

Y mis discípulos, o sea, los amigos del Esposo, exultan con el Esposo y Amigo.

¿Os parecería lógico que mis amigos hicieran duelo mientras Yo exulto de gozo y estoy con ellos? Día llegará en que no me tendrán. Entonces ayunarán, y mucho.

A nuevos tiempos, nuevos métodos. Hasta ayer, hasta Juan el Bautista, era el tiempo de la ceniza de la Penitencia; hoy – en mi hoy – se hace presente el dulce maná de la Redención, de la Misericordia, del Amor.

Los métodos anteriores no podrían vivir injertados en el mío, como tampoco se habría podido usar el mío entonces, sólo ayer, porque la Misericordia todavía no estaba en la Tierra.

Ahora sí que está. Ya no es el Profeta el que está en el mundo, sino el Mesías, en quien Dios ha delegado  TODO.

A cada tiempo las cosas que le son útiles.

Nadie cose un pedazo de paño nuevo en un vestido viejo, porque si lo hace, sobre todo al lavarlo, la tela nueva encoge y rompe la tela vieja, con lo cual la rotura se hace todavía mayor.

De la misma forma, nadie mete vino nuevo en odres viejos, porque el vino rompe los odres, que no son capaces de soportar la efervescencia del vino nuevo, los desgarra y se derrama.

Por el contrario, el vino viejo, que ya ha sufrido todas las mutaciones, hay que meterlo en odres viejos. Y el nuevo en nuevos, para que a una fuerza se oponga otra igual.

Esto es lo que sucede ahora: la fuerza de la nueva doctrina aconseja métodos nuevos para difundirla… y Yo, conocedor como soy, los uso.

–     Gracias, Señor.

Ahora estamos satisfechos. Ruega por nosotros. Somos odres viejos. ¿Seremos capaces de contener tu fuerza?

–     Sí, porque habéis sido curtidos por Juan el Bautista.

Y porque sus oraciones, unidas a las mías, os darán la necesaria capacidad. Marchaos con mi paz y decidle a Juan que lo bendigo.

–     Pero Tú ¿Qué piensas?

¿Que es mejor permanecer con Juan o ir contigo?

–     Mientras haya vino viejo, bebedlo, si ya a vuestro paladar le gusta su sabor; después…

El agua putrefacta que en todas partes se encuentra os dará asco y entonces desearéis el vino nuevo.

–     ¿Crees que volverán a prender al Bautista?

–     Sí. Sin duda.

De todas formas ya le he enviado una misiva. Marchaos, marchaos, gozad de vuestro Juan mientras podáis, y hacedlo feliz.

Luego me amaréis a Mí, aunque os resultará trabajoso, porque nadie que haya gustado el vino viejo desea  de repente el vino nuevo, sino que dice: “El viejo era mejor”.

Efectivamente, Yo tendré sabores especiales, que os parecerán ásperos. No obstante, vuestro paladar, de día en día, irá apreciando su sabor vital.

Adiós, amigos. Que Dios esté con vosotros.

118 EL JUEZ DIVINO


118 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Al día siguiente, cerca de los mercaderes, que están situados junto al puerto,

Jesús está esperando con Simón y sus primos a que los otros consigan las provisiones necesarias.

Unos niños miran con curiosidad a Jesús, el cual los acaricia dulcemente mientras habla con sus apóstoles.

Dice Jesús:

–     Me duele este descontento por el hecho de que Yo entable relaciones con los gentiles, pero no puedo hacer sino loque debo y debo ser bueno con todos.

Esforzaos en ser buenos al menos vosotros tres y Juan; los otros os seguirán por imitación.  

Santiago de Alfeo dice:

–     Pero ¿Cómo se puede ser bueno con todos?

A fin de cuentas, ellos nos desprecian y nos oprimen; no nos comprenden, están llenos de vicios…

–     ¿Que cómo puede ser?

¿Tú estás contento de haber nacido de Alfeo y María?

–     Sí, claro. ¿Por qué me preguntas esto?

–     Y si Dios te hubiera preguntado antes de tu concepción, ¿Habrías querido nacer de ellos?

–     Pues claro. No comprendo…

–     Y si en vez de ello hubieras nacido de un pagano, al oírte acusar de haber querido nacer de un pagano, ¿Qué habrías dicho?

–     Habría dicho…

Habría dicho: “No tengo la culpa. He nacido de él, pero podría haber nacido de otro”.

Habría dicho: “Vuestra acusación es injusta; si no obro el mal, ¿Por qué me odiáis?”

–     Tú lo has dicho.

También éstos, que despreciáis por ser paganos, pueden decir lo mismo. No por méritos propios has nacido de Alfeo, que es un verdadero israelita.

Lo que tienes que hacer es agradecérselo al Eterno, nada más, porque te ha otorgado un gran regalo.

Y como signo de gratitud y con humildad, tratar de conducir al Dios verdadero a otros que no tienen este don. Hay que ser bueno.

–     ¡Es difícil amar a quien no se conoce!

–     No. Mira.

Tú, pequeñuelo, ven aquí.

Se acerca un niño de unos ocho años, que estaba jugando en un ángulo con otros dos chiquillos.

Es un niño robusto, de pelo muy negro aunque de tez blanquísima.

–     ¿Quién eres?

–     Soy Lucio.

Cayo Lucio de Cayo Mario, romano, hijo del decurión de guardia, que se quedó aquí después de la herida».

–     ¿Y ésos quiénes son?

–     Isaac y Tobías.

Pero no se debe decir porque no se puede. Les pegarían.

–     ¿Por qué?

–     Porque son hebreos y yo romano.

No se puede.

–     Pero tú vas con ellos…

¿Por qué?

–     Porque somos amigos.

Jugamos siempre a los dados y al saltarel juntos; pero no deben vernos.

–     ¿Y a mí me querríais?

Yo soy también hebreo y no soy un niño. Fíjate, soy un maestro, como si dijéramos un sacerdote.

–     ¡Qué más da!

Si me quieres, te quiero. Y te quiero, porque me quieres.

–     ¿Por qué lo sabes?

–     Porque eres bueno y quien es bueno quiere a los demás.

–     Ved, amigos: el secreto para amar es ser buenos

Si se es bueno se ama, sin pensar si éste es o no de una determinada fe.

Y Jesús, llevando de la mano al pequeño Cayo Lucio, va a donde los niños hebreos, que se habían escondido asustados tras el atrio de una casa, a acariciarlos

Y les dice:

–     Los niños buenos son ángeles.

Los ángeles tienen una sola patria: el Paraíso; una sola religión: la del único Dios; un solo Templo: el corazón de Dios. Quereos como ángeles siempre.

–     Pero, si nos ven nos pegan…

Jesús no responde; se limita a mover la cabeza con un sentimiento de amargura.

Una mujer alta y de bello aspecto llama a Lucio.

El niño deja a Jesús mientras grita:

–     ¡Es mi mamá!

Y a la mujer le grita:

–    ¡Mira el amigo que tengo!

¡Es grande! ¡Es un maestro!…

La mujer no se marcha con su hijo, sino que se acerca a Jesús.

Y le pregunta:

–     ¡Hola!

¿Eres el hombre de Galilea que ayer habló en el puerto?

–     Soy Yo.

–     Espérame aquí entonces.

Tardo poco.

Y se va con su pequeñuelo.

Entretanto han llegado también los otros apóstoles, excepto Mateo y Juan, .

Y preguntan:

–     ¿Quién era?

Simó y los demás responden:

–     Una romana, creo.

–     ¿Y qué quería?

–     Ha dicho que espere aquí.

Lo sabremos.

Entretanto, algunas personas curiosas, se han acercado y se ponen a esperar también.

Vuelve la mujer con otros romanos.

Uno que parece siervo de una casa señorial, pregunta:

–     ¿Entonces eres Tú el Maestro? 

Cuando le ha sido confirmado,

pregunta:

–    ¿Sentirías aversión por curar a una hijita de una amiga de Claudia?

La niña está agonizando. Se ahoga. El médico no sabe de qué se está muriendo.

Ayer tarde estaba sana, esta mañana ya estaba agonizando.

–     Vamos.

Avanzan un poco por una calle que lleva al lugar de ayer.

Llegan al portal de una villa que parece habitada por romanos y que está abierta de par en par.

–     Espera un momento.

El hombre entra rápido.

Casi inmediatamente se asoma de nuevo y dice:

–     Ven.

Pero, sin darle ni siquiera tiempo a Jesús de entrar, sale de la casa una joven de aspecto señorial, aunque con una angustia más que evidente.

Lleva en brazos a una criaturita de pocos meses, como muerta, ya cárdena, como una persona que se esté ahogando.

Está enferma por una difteria mortal y está en los últimos estertores de su vida.

La mujer busca amparo en el pecho de Jesús como un náufrago en un escollo. Su llanto es tan grande, que no es capaz de hablar.

Jesús toma a la criaturita, que manifiesta pequeños movimientos convulsivos en las manitas céreas, con sus uñitas ya violáceas.

La levanta. La cabecita queda colgando hacia atrás sin fuerza.

La madre, perdida su soberbia de romana frente a un hebreo, se ha deslizado hasta los pies de Jesús, al suelo.

Y llora con el rostro levantado, los cabellos medio desgreñados, los brazos extendidos, estrujando la túnica y el manto de Jesús.

Detrás y alrededor mirando, hay romanos de la casa y mujeres hebreas de la ciudad.

Jesús moja en su saliva su dedo índice derecho y lo mete en la boquita jadeante. Lo introduce hacia abajo.

La niña forcejea. Su tez se ennegrece aún más.

La madre grita:

–   ¡No! ¡No!

Y se contorsiona como si hubiese sido traspasada por un puñal.

La gente contiene la respiración…

Pero el dedo de Jesús, sale junto con un amasijo de membranas purulentas.

La niña deja de forcejear.

Luego, emite un tierno gemido de llanto y se calma con inocente sonrisa, manoteando y moviendo los labios como un pajarillo cuando pía y agita las alitas en espera de su alimento.

Jesús le entrega la niña y declara:

–     Toma, mujer.

Dale la leche. Está curada.

La madre está en tal modo turbada, que coge a la pequeñita y así como estaba en el suelo, la besa.

La acaricia toda para sí, le da el pecho enajenada, olvidada de todo lo que no sea su hijita.

Un patricio romano muy elegante,

le pregunta a Jesús:

–     Pero ¿Cómo lo has conseguido?

Soy el médico del Procónsul, soy docto, he tratado de quitar la obstrucción, pero estaba muy abajo, demasiado abajo…

Y Tú… así…

–     Eres docto, pero no tienes contigo al Dios verdadero.

¡Sea Él en esto glorificado! ¡Adiós!

Y Jesús hace ademán de querer marcharse.

Pero he aquí que un pequeño grupo de israelitas siente la necesidad de intervenir.

Y lo increpan:

–     ¿Cómo te has permitido acercarte a extranjeros?

Son impuros, están corrompidos, cualquiera que se acerque a ellos queda contaminado.

Y con el Don de Ciencia Infusa…

Jesús mira fijamente, severamente, a los tres.

Y dice:

–     ¡No eres tú Ageo, el hombre de Azoto que vino aquí el pasado Tisrí para negociar con el mercader que está al pie de los muros del viejo fontanar?

¿Y tú no eres José de Rama, que vino también aquí. Y tú sabes, como Yo, por qué, a la consulta del médico romano?

¿Y entonces? ¿No os sentís vosotros impuros? 

Un médico no es nunca extranjero. Cura el cuerpo, que es igual para todos. A mayor razón lo es el alma.

Pero además, ¿Qué he curado Yo? El cuerpo inocente de un párvulo, medio con que espero curar las almas no inocentes de los extranjeros.

Como médico y Mesías por tanto, puedo tratar con cualquiera.

–     No puedes.

–     ¿No, Ageo?

¿Y tú por qué tratas con el mercader romano?

–     Mi contacto con él es sólo a través de la mercancía y del dinero.

–     Y entonces, dado que no tocas su carne, sino solamente lo que ha tocado su mano, no te parece que te contamines…

¡Oh, ciegos y crueles!

Escuchad todos. Precisamente en el libro del Profeta cuyo nombre lleva éste, está escrito:

“Plantea a los sacerdotes esta cuestión sobre la Ley:

“Si un hombre lleva carne santificada en el vuelo de su túnica y con él toca luego viandas, pan o aceite u otros alimentos, ¿Quedarán estas cosas santificadas?” (Ageo 2, 11 y siguientes).

Y los sacerdotes respondieron: “No”.

Entonces Ageo dijo: `Si uno, impuro a causa de un muerto, toca una de estas cosas, ¿Quedará contaminada?’.

Y los sacerdotes respondieron: `Si”‘.

Por esta subrepticia, engañosa, incoherente manera de actuar, ponéis obstáculo al Bien y lo condenáis y sólo aceptáis lo que os produce algún beneficio.

En ese caso cesan indignación, asco y aversión.

Distinguís, si no os acarrea un perjuicio personal lo impuro, que hace a uno impuro, de lo que no lo es.

¿Cómo sois capaces, bocas mentirosas, de profesar que lo que ha sido santificado por haber tocado carne santa o cosa santa, no santifica lo que toca?

¿Y lo que ha tocado una cosa impura puede convertir en impuro lo que toca?

¿No comprendéis que os contradecís, ministros embusteros de una Ley de Verdad de la que os aprovecháis?

Vosotros la retorcéis como si fuera una soga, según que os lo pida vuestro anhelo de obtener de ella algún provecho.

Fariseos hipócritas, que bajo pretexto religioso dais rienda suelta a vuestra rencorosa envidia humana, enteramente humana;

profanadores de lo que a Dios pertenece; insultadores y enemigos del Mensajero de Dios.

En verdad, en verdad os digo que todo acto vuestro, toda conclusión vuestra, todo movimiento vuestro;

tiene en la base todo un mecanismo astuto constituido por ruedas, resortes, contrapesos, tirantes; que son vuestros egoísmos, pasiones, hipocresía, odios, anhelo de imponerse a los demás, envidias.

¡Deberíais avergonzaros! Codiciosos, cobardes, rencorosos, que vivís en el miedo orgulloso de que alguno, aun no siendo de vuestra casta, os aventaje.

¡Mereced ser como ese que os infunde miedo y os produce ira! Como dice Ageo, de un montón de veinte celemines hacéis uno de diez, y de cincuenta barriles veinte.

Y os quedáis con la diferencia, mientras que, tanto por dar ejemplo a los demás como por el amor debido a Dios, deberíais no quitar;

sino añadir de lo vuestro al conjunto de los celemines y barriles en pro de quien pasa hambre.

Y es así que merecéis que el viento abrasador, la herrumbre y el granizo hagan infecundas toda obra de vuestras manos.

¿Quién de entre vosotros viene a Mí? 

Éstos, estos que para vosotros son estiércol y desecho; éstos supremos ignorantes que ni siquiera saben que existe el verdadero Dios,

vienen a quien lleva en las palabras y en las obras a este Dios. Sin embargo, vosotros…

¡Ah, os habéis hecho un nicho y en él estáis! Secos, fríos como ídolos que esperan incienso y adoración.

Dado que os creéis dioses, os parece inútil pensar en el verdadero Dios en el modo debido.

Y veis peligroso el que otros se propongan, lo que vosotros no os proponéis.

En verdad, no podéis proponéroslo porque sois ídolos, y porque sois siervos del Ídolo.

Pero quien intenta puede, porque no obra él, sino Dios en él.

¡Idos! Referid a quien os ha enviado a pisarme los talones que detesto a los mercaderes que juzgan que el vender mercancías, patria o Templo a quienes les ofrecen dinero no contamina.

Decidles que siento repugnancia por los degenerados cuyo único culto es la propia carne y sangre.

Y juzgan que el trato con el médico extranjero para curación de éstas no contamina.

Decidles que la medida es igual, que no hay dos medidas.

Decidles que Yo, el Mesías, el Justo, el Consejero, el Admirable, aquel sobre quien descenderá el Espíritu del Señor en sus siete dones,

Aquel que no juzgará por lo que se presenta ante los ojos sino por lo secreto de los corazones, aquel que no condenará por lo que oiga con los oídos, sino por las voces espirituales que oiga en el interior de cada hombre,

Aquel que se pondrá de la parte de los humildes y juzgará con justicia a los pobres, aquel que soy Yo, porque esto soy Yo,

ya está juzgando y castigando a los que en este mundo son sólo tierra; el soplo de mi aliento hará morir al impío y devastará su guarida;

mientras que para quienes, deseosos de justicia y fe, vengan a Mi monte santo a saciarse de la Ciencia del Señor, será Vida y Luz, Libertad y Paz.

Esto es Isaías, ¿No es verdad? (11, 1 y siguientes)

¡El pueblo de mi propiedad! Enteramente viene de Adán y Adán viene de mi Padre; todo él es por tanto, obra del Padre.

Y a todos debo reunir en torno al Padre. Yo los conduzco a Tí, Padre Santo, eterno, potente;

conduzco a Ti a los hijos errantes después de congregarlos con la voz del amor, bajo mi cayado pastoral,  semejante al que Moisés levantó contra las serpientes de muerte.

Para que Tú tengas tu Reino y tu Pueblo. Y no hago distinciones, porque en el fondo de todos los vivientes, veo un punto que resplandece más que el fuego: 

el alma, una chispa tuya, eterno Esplendor. ¡Oh, eterno deseo mío! ¡Oh, voluntad incansable mía!

Esto quiero, en esto ardo: una tierra que por entero cante tu Nombre, una humanidad que te llame Padre, una redención que a todos salve,

una voluntad fortalecida que haga a todos obedientes a tu Voluntad, un triunfo eterno que llene el Paraíso de un hosanna sin fin…

¡Oh, multitud de los Cielos!… Sí, veo la sonrisa de Dios… Y es el premio contra toda dureza humana. 

Jesús está inspirado con su Oración…

Mas los tres israelitas ya han huido bajo la granizada de reproches.

Los otros, todos, romanos o hebreos, se han  quedado boquiabiertos.

En cuanto a la mujer romana, con su pequeñita ya satisfecha de leche y durmiendo plácidamente sobre el regazo materno, …

Está allí, en el mismo sitio de antes, casi a los pies de Jesús. Y llora de alegría materna y de emoción espiritual.

Muchos lloran por el arrollador cierre de Jesús, que en este éxtasis parece llamear.

Y Jesús, bajando los ojos y el espíritu del Cielo a la tierra, ve a la gente, ve a la madre…

Y al pasar, tras un gesto de adiós a todos, roza con su mano a la joven romana, como para bendecirla por su Fe.

Y se marcha con los suyos, mientras la gente, todavía estupefacta, permanece en el lugar…  

A LA LOCURA DE LA CRUZ


18. Pues la predicación de la Cruz es una necedad para los que se pierden; mas para los que se salvan – para nosotros – es fuerza de Dios. 1 Corintios 1,

MENSAJES DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA
29 de Noviembre del 2020

Amados hijos de Mi Corazón Inmaculado:

Les mantengo en mi Regazo Materno, son los hijos de mi Hijo, los amo con mi Corazón Materno.

Amado Pueblo de Mi Hijo, deben mantener el debido respeto a la enfermedad presente y tomar las medidas necesarias para que no sean presa de esta.

Les he dado los medicamentos naturales necesarios para que se libren de esta enfermedad.

CONTINÚEN SIN TEMOR, NO SEAN PRESA DEL TEMOR,

SEAN CONSCIENTES DEL AMOR DIVINO

PARA QUE NO PIERDAN LA FE

18. Pues la predicación de la Cruz es una necedad para los que se pierden; mas para los que se salvan – para nosotros – es fuerza de Dios. 1 Corintios 1,

Y LA MISERICORDIA DIVINA.

Aunque los dirigentes comunistas, masones e illuminatis de la Tierra tengan todo preparado para llevarlos a caer en el pánico, no permitan que los lleven hacia esa trampa.

Tengan presente que NO ES EL FIN DEL MUNDO,

SINO DE ESTA GENERACIÓN,

POR ELLO SE ENCUENTRAN ANTE TANTO CAOS

Generado por la desobediencia a Mis Revelaciones:

A las ya cumplidas, a las que se están cumpliendo y las que están por cumplirse.

El Demonio lo sabe, y conociendo esto, ha desatado su furia contra Mis hijos para llevarlos hacia la condenación.

ES DE SUMA IMPORTANCIA

EL QUE CADA UNO SE MIRE EN SU INTERIOR

Y DEVELE EL VERDADERO YO HUMANO CON EL QUE CAMINA.

LUCIFER – MAITREYA – SATANÁS

Hay un ejercicio muy doloroso, pero super efectivo:

Pidan al Espíritu Santo que les preste, SU ESPEJO mediten lo que descubran….

Van a llorar  y tal vez se horroricen, con lo que les SEA REVELADO…

PUES ES LA EXPERIENCIA MÁS TERRIBLE,

VERNOS DESNUDOS, ante DIOS....

Pero tengan la humildad necesaria, para aceptarlo y… 

¿Para qué sirve esto? 

LAS TRAMPAS DE SATANÁS,

LAS DESCUBREN, DESDE QUE LAS ESTÁ MONTANDO… 

¿Cuáles  son las TRAMPAS de Satanás?

Porque nuestra primera reacción es decir:

“Hey… ¿Qué está pasando, yo NO soy….

(tacaño, vanidoso, racista, colérico, vengativo, etc)

O si es al contrario:

Estamos en Guerra Espiritual y el campo de batalla del Enemigo es nuestra mente

Y sabes que a veces perdonas, pero nunca olvidas,… 

Y tampoco permites, que los demás se atrevan a pasarse de la raya, y te pisoteen…

En lugar de ENGANCHARTE CON EL RENCOR,.. (en tus recuerdos más amargos y dolorosos)

Inmediatatamente invoca tres veces: 

“¡AVE MARÍA PURÍSIMA, SIN PECADO CONCEBIDA!”   

Que es el equivalente a  ¡Mamita, por favor DEFIÉNDEME! “

O “¡Sangre Preciosísima de mi Señor Jesucristo, cúbreme y protégeme de todo mal!”

María es lo máximo para auxiliarnos, sobre todo en las batallas contra el  Dragón del Apocalipsis.

Pero si te sientes más cómodo, invocando la Preciosísima Sangre de Jesucristo, el resultado es el mismo:

¡Los Demonios huyen despavoridos!

El cristiano debe tener identidad de realeza con corazón de siervo.

¡Porque ya tienes a toda UNA LEGIÓN DE PODEROSOS DEMONIOS, ¡atacándote! con TODA su artillería!

No es momento para que vivan en la incertidumbre, ni en la incomodidad, ni en la envidia, ni en la soberbia, ni  en la ambigüedad.

Éstas bajas pasiones les harán crecer dentro de la Maldad que Satanás envía a los hombres ,para que caigan en sus trampas,

y olviden que han sido redimidos por Mi Hijo y no están sujetos al Mal, sino al Bien.

El Gobierno Único Mundial mantiene a la humanidad en la Gran Batalla Espiritual, confundiéndoles para infundirles temor ante todo lo que enfrentan,

a falta de la Fe verdadera, de la Obediencia y de la Esperanza del Pueblo de Dios.

Se dirigen hacia grandes tribulaciones, lo saben… como nunca antes las han vivido.

EL ORDEN MUNDIAL TIENE PROGRAMADO

EL QUE TODA LA HUMANIDAD EN TODOS SUS NIVELES

CAMBIE TOTALMENTE

Sus planes son llevar a la humanidad a cambiar en todo aspecto mediante una inducción electromagnética

PROGRAMADA PARA QUE LA CRIATURA HUMANA SEA ALTERADA

EN SU MENTE, PENSAMIENTO, OBRAR Y ACTUAR.

¡Alerta!, Pueblo de Mi Hijo. ¡Alerta!, hijos Míos, resistan, que no les tomen desprevenidos, 

SEAN CONSCIENTES DE QUE SON HIJOS DE MI HIJO,

MANTÉNGANSE EN ESTADO DE GRACIA,

Esa cruz me pertenece Señor, ¡Crucifícame Jesús, porque te adoro sobre todas las cosas! Y ayúdame a Amar, haciendo Tu Voluntad y no la mía…´´

TODOS DE CRISTO, TODOS PARA CRISTO,

 Manténganse dispuestos a vivir para Mi Hijo, de esa forma no lograrán transformarles.

No teman a la hambruna que se acerca en toda la Tierra,

ni a la caída de la economía global,

el único Justo y Verás es el Padre Eterno y no desampara a Su Pueblo.

No teman al estremecimiento de la Tierra, aunque no sea al actuar normal de ella.

Se estremece la Tierra.

Se llega el Gran Estremecimiento revelado por esta Madre, por ello es necesario para Mis hijos mantener la FE FIRME.

Hijos, es momento de reconocer los errores…
Es momento de volver al redil…
Es momento de unirse…

SE CIERNE SOBRE LA HUMANIDAD,

LA MANO TENEBROSA DEL MAL,

agrediendo fuertemente a la humanidad para cambiarles la mentalidad y turbarles, para llevarlos al miedo descontrolado,

ofrecerles seguridad y prometerles estabilidad y así controlarles como controlan a las turbas en las ciudades.

SEAN FIRMES EN LA FE,

NO PERMITAN QUE LA INCERTIDUMBRE LES TOME POR SORPRESA.

Oren hijos Míos, oren, la Tierra se estremece en el Norte, con gran fuerza, oren por California, oren por Canadá.

Oren hijos Míos, oren, en el Sur la Tierra es fuertemente estremecida, tomando por sorpresa a sus habitantes.

Oren hijos Míos, oren, en Europa y Asia se mueve la tierra. Oren por Japón en especial.

Oren hijos Míos, del Espacio se acerca un cuerpo celeste que tendrá en vilo a la humanidad.

Oren hijos Míos, oren la Tierra despierta en el Cinturón de Fuego.

Oren hijos Míos, oren, el momento se acelera y el Mal aumenta su presión sobre la humanidad, para hacerse presente.

Amado Pueblo de Mi Hijo:

No se duerman, no es momento para dormir, es momento para mantenerse en vigilia constante.

UNA NUEVA ENFERMEDAD ARREMETE EN LA TIERRA

Y MIS HIJOS PADECEN POR ELLO.

El Sol toma por sorpresa al hombre, grandes cambios se acercan, tienen que vivir más del espíritu que de lo material para salvar el alma.

NO TODO LO QUE SUCEDE TIENE LÓGICA PARA EL HOMBRE,

LOS PLANES DIVINOS NO VAN DENTRO DE LA LÓGICA HUMANA.

LO QUE HA DE CUMPLIRSE SE CUMPLE,

NO CUANDO EL HOMBRE LO DIGA,

SINO CUANDO SE DECRETÓ EN EL CIELO.

Amados hijos, la Guerra acelera su llegada, China da pasos agigantados.

Antes de despedirme, hijos Míos, DESEO LLAMARLES A LA UNIDAD

 A MANTENERSE EN LA FRATERNIDAD, TODOS SE VAN A NECESITAR, TODOS.

Prepárense para que se refugien en Mi Inmaculado Corazón,

manténganse en constante unidad, ofrecimiento y adoración al único Dios, digno de alabanza,:al Alfa y la Omega por los siglos de los siglos.

EN TODO MOMENTO SE ENCUENTRAN DE LA MANO DEL PADRE CELESTIAL. 

No están solos, manténganse dentro de la columna en marcha.

Les bendigo. Los amo.

¡NO TEMAN!

¿NO ESTOY YO AQUÍ QUE SOY SU MADRE?

Mamá María

(*) Sobre el Comunismo…

Comentario del Instrumento: 

Hermanos:

Bendita sea nuestra Madre Santísima.

Como buena Madre nos advierte para que descifremos el alcance de Sus Palabras que no son para que entremos en temores,

Sino para que afiancemos la Fe en la Protección Divina.

Si bien es cierto que para pretender el Auxilio Divino debemos cumplir con la Ley de Dios, y sobre todo con el Mandamiento del Amor a Dios y al prójimo,

También es cierto que la Fe nos impulsa a vivir lo que una criatura humana sin Fe no podrá superar.

El recibir la Sagrada Eucaristía, el orar a tiempo y destiempo, el vivir el Mandamiento del Amor fraterno, mantiene la Fe en la criatura humana.

Nuestra Madre nos advierte de cuanto se acerca, nos dice claramente de los planes que se ciernen sobre el género humano con el cambio de mentalidad, de reacción, de pensamiento del hombre,

Y en general, el cambio de valores en todos los ámbitos en que se desarrolla el ser humano.

Este es el gran paso del Orden Mundial, estamos frente a ello.

Y la respuesta nuestra es Fe, Fe, Fe, no podemos decir: ¡sí!, a lo que es ¡no!  ni decir: ¡no! a lo que es ¡sí! 

Tengamos en cuenta que nuestra Señora de Fátima, en el Tercer Secreto, alertó al mundo sobre el peligro del Comunismo… (*)

Recordemos que los TIBIOS SERÁN VOMITADOS por la Boca de Dios (Apoc 3,16).

Nos acercamos a grandes cambios en la Tierra, pero lo que no puede cambiar es el amor de la criatura humana por su Dios y su Señor.

Y por nuestra Madre Santísima.

SE NOS LLAMA A LA PRUDENCIA, NO AL MIEDO DESENFRENADO.

El Pueblo de Dios, viviendo en Fe, es más fuerte que todo cuanto llegue. Amén. 

(*) Fátima, el pedido de consagrar a Rusia, cuna del comunismo…

PROFECÍAS Y REVELACIONES

REINA DE LOS PROFETAS

LA FALTA DE FE Y LA INCREDULIDAD 

20.09.2017

LA TRANSUBSTANCIACIÓN EN EL INSTANTE DE LA CONSAGRACIÓN, ES REAL Y VERDADERA,

AUNQUE ALGUNOS DE MIS HIJOS PREDILECTOS HAN PERDIDO LA FE EN ESTE INSTANTE

Y TRATAN A MI HIJO DURAMENTE, SIN RESPETO, SIN AMOR, 

CON GRAN INCREDULIDAD,

OLVIDANDO QUE MI HIJO SE HACE PRESENTE 

ANTE LAS PALABRAS DE LA CONSAGRACIÓN DEL SACERDOTE

Y EL CLAMOR DE SU PUEBLO FIEL.

21.05.2018

YO LES MIRO DISTRAÍDOS POR LAS NECEDADES HUMANAS

Y POR LA INCREDULIDAD EN QUE VIVEN.

LA FALTA DE FE

CRECE CADA INSTANTE EN EL PUEBLO DE MI HIJO,

que se encuentra confundido ante las incongruencias en el obrar y actuar de algunos de Mis hijos predilectos que no dan testimonio del Amor Divino.

Esto se ha incrementado ante la falta de oración en las casas de formación.

La Humanidad es cambiante, por eso la Fe es tambaleante

y el hombre deja traslucir esa falta de firmeza espiritual, que les lleva a una falta de firmeza en el ejercicio constante de su vida.

20.11.2015

Amados Míos: Ninguna criatura humana conoce como el Padre, qué sucederá a la humanidad,

por lo que tienen que mantener la Fe en la Verdad de Mi Hijo… “Muchos son llamados, pero pocos son los elegidos”. (Mt 22,14)

El armamento de este instante se encuentra esparcido por toda la Tierra, quien niegue la veracidad que vive esta generación, es iluso…

ESTE INSTANTE ES PARA QUE MIS HIJOS RECONOZCAN LA FALTA DE FE

Y EL ENGAÑO EN QUE SE HAN MANTENIDO. 

La falta de iniciativa para acercarse al Creador de todo lo visible e invisible, ha causado en el hombre gran ignorancia y ésta lleva al hombre a descartar los Llamados Divinos para que se preparen.

En su lugar la humanidad descarta la Presencia del Espíritu Santo en el hombre y rechaza insistentemente el Plan de Salvación para la humanidad.

LA FE NO PUEDE CRECER. SI NO CONOCEN A QUIEN LES AMA: A MI HIJO…

18. Pues la predicación de la cruz es una necedad para los que se pierden; mas para los que se salvan – para nosotros – es fuerza de Dios. 1 Corintios 1, 18

LA FE NO PUEDE CRECER,

SI NO CONOCEN CUÁNTO LES AMA MI HIJO,

Lo Misericordioso que es para con el hombre y lo Justo que es,

por lo que cada uno es responsable de sus actos y de cómo ellos afectarán a los que tiene a su alrededor, para bien o para mal.

Los fuertes, firmes y decididos en este instante son los que ocupan los primeros lugares,

porque la Fe debe ser sólida para que ésta no decaiga,

sino sea ese impulsador de sus hermanos para que no se estanquen y el crisol les lleve a padecer más de lo que deben padecer.

21. Porque habrá entonces una gran = tribulación, cual no la hubo = desde el principio del mundo = hasta el presente = ni volverá a haberla.
22. Y si aquellos días no se abreviasen, no se salvaría nadie; pero en atención a los elegidos se abreviarán aquellos días.

7.10.2016

ESTA GENERACIÓN PADECERÁ HASTA EL HARTAZGO

EN MANOS DE QUIENES LEVANTAN AL ANTICRISTO

CONTRA EL PUEBLO DE MI HIJO,

como resultado de la larga acción de la masonería, de los illuminati, del comunismo, de la rebeldía, de la falsedad, DE LA FALTA DE FE

y del SATANISMO QUE SE INFILTRÓ EN LA IGLESIA DE MI HIJO,

provocando que los Tentáculos del Mal, accionen despiadadamente en contra de toda la Humanidad.

11.10.2016

Son el Pueblo de Mi Hijo.

Y no les desampararé. Cuanto más cruento sea el instante, mayor será Mi Protección sobre ustedes.

NO TEMAN HIJOS, EL AMOR DIVINO ATENÚA LOS INSTANTES DIFÍCILES

Y LES PROVEE DE FUERZA ESPIRITUAL

COMO NUNCA ANTES HA SIDO PROVISTO EL PUEBLO DE DIOS.

NO TEMAN, ESTA MADRE LES AMA.

LES LLAMO A ADENTRARSE EN EL SAGRADO CORAZÓN DE MI HIJO

Y EN MI CORAZÓN INMACULADO.

Sean perseverantes, no decaigan en la Fe, mantengan la confianza en Mi Hijo. Les bendigo.

30.07.2017

MI HIJO ACORTARÁ LOS DÍAS

EN ESTE INSTANTE DE CRISIS ESPIRITUAL,

DE CRISIS DE REBELIÓN,
DE CRISIS DE FALTA DE FE 

DEBIDO A LA ENTREGA DE LA HUMANIDAD,

A TODO LO QUE PROVIENE DEL DEMONIO.

Mientras más avanzados en ciencias ocultas, MÁS TINIEBLAS nos oscurecen y más satanizados nos encontramos…

5.09.2017

NO SERÁN CREATURAS FORTALECIDAS EN LA FE

SI PRIMERO NO CRECEN INTERIORMENTE.

21.05.2018

YO LES MIRO DISTRAÍDOS POR LAS NECEDADES HUMANAS

Y POR LA INCREDULIDAD EN QUE VIVEN.

LA FALTA DE FE CRECE A CADA INSTANTE,

EN EL PUEBLO DE MI HIJO,

que se encuentra confundido ante las incongruencias en el obrar y actuar de algunos de Mis hijos predilectos que no dan testimonio del Amor Divino.

Esto se ha incrementado ante la falta de oración en las casas de formación.

La Humanidad es cambiante, por eso la Fe es tambaleante

y el hombre deja traslucir esa falta de firmeza espiritual que les lleva a una falta de firmeza en el ejercicio constante de su vida.

20.09.2018

Como Madre les llamo a orar con el corazón…

Y transformarse voluntariamente en hijos verdaderos de Mi Hijo en este instante en que un gran número de sus hermanos se encuentran apostatando de la fe.  

EN LA BATALLA ESPIRITUAL ENTRE EL BIEN Y EL MAL,

algunos de mis hijos no son constantes en el actuar y obrar dentro del bien,

UNOS SE VUELVEN TIBIOS POR FALTA DE ENTREGA,

OTROS SE LANZAN EN MANOS DEL DEMONIO

QUE LES INJERTA LA DEPRAVACIÓN, LA FALTA DE FE Y EL LIBERTINAJE.

Amados hijos de Mi Corazón Inmaculado: el Pueblo de Mi Hijo debe emanar fraternidad hacia sus semejantes, amor hacia la Trinidad Sacrosanta,  deben ser cumplidores de la Ley de Dios

AYUNO Y ORACIÓN, desatan totalmente el Poder de Dios..

Y AFIANZAR LA FE EN EL PODER DIVINO,

EN LA OMNIPOTENCIA DIVINA,

EN LA OMNIPRESENCIA DIVINA

en instantes en que el Pueblo de Mi Hijo, del cual soy Madre, se encuentra siendo zarandeado por las Tinieblas que permanecían ocultas dentro de la Iglesia de Mi Hijo.

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111 EL MARTIRIO 2


111 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

LAS DOS COLUMNAS PRIMARIAS

Nerón, cuando asesinó a Séneca esperaba apoderarse de la fortuna estimada en trescientos millones de sestercios y descubrió que ésta no llegaba ni a la décima parte de esa cantidad.

Con la sentencia de Petronio, se encontró con que lo único que quedaba era su palacio en Roma y la quinta de Cumas; que ya no le pertenecían a él, pues estaban legalizadas a nombre de otro dueño.

Estos dos fiascos le hicieron  decretar que en los testamentos se presentarían en blanco las dos primeras páginas.

Que solamente se escribiría en ellas el nombre del testador y que el que escribiese el testamento de otro, no podría asignarse ningún legado.

Empobrecido y exhausto de recursos hasta el punto de demorar la paga de los soldados y las pensiones de los veteranos, recurrió a las rapiñas y a las falsas acusaciones.

Se apoderó de los bienes y las fortunas que le apetecían con el argumento de que ‘habían sido ingratos con el Príncipe.’

Un día que cantaba en el teatro, vio a una matrona adornada con la prohibida púrpura, la señaló a sus agentes y haciéndola sacar inmediatamente, le confiscó el traje y los bienes.

Y ya no confirió ningún cargo sin añadir:

–   ¿Sabes lo que necesito?

Obremos de tal forma que nadie tenga nada.

Concluyó por despojar a la mayor parte de los templos y fundió todas las estatuas de oro y de plata.

Después de la muerte de Popea quiso casarse con Antonia la hija de Claudio.

Como ella se rehusó, también la acusó de conspiración e hizo que la mataran.

No hubo lazo que no rompiera con el crimen.

Y mientras tanto su red de espías, seguían llenando los tribunales con cristianos.

Pedro fue arrestado por los pretorianos y lo llevaron a la cárcel mamertina, en el calaozo del Tullianum.

Los cristianos lo recibieron con gran reverencia y amor.

Algunos presos que habían sido torturados y que no eran cristianos, le pidieron que los ayudase.

Pedro oró y los sanó el Señor.

El hijo de un verdugo que estaba sordo y mudo, también fue sanado.

Entonces un centurión se acercó…

Y le dijo:

–   Mi nombre es Flavio. 

Tengo un compañero de guerra al que quiero mucho.

En Germania recibió un fuerte golpe en la nuca y está paralizado del cuello hacia abajo.

¿Podrías rogar a tu Dios para que lo cure?

Pedro le contestó:

–   Flavio, ¿Crees que nuestro Señor Jesucristo pueda sanarlo?

–   Sí creo. Creo que Él es Dios y si Él quiere, puede compadecerse de un pagano…

–  Flavio, en el Nombre de Jesucristo, hágase como lo pides.

Y dile a tu amigo que busque la Luz de la Verdad.

Por la tarde de ese mismo día, llegó el otro soldado completamente sano a darle las gracias.

Flavio dice llorando:

–   Cuando seas sentenciado, yo voy a tener que matarte.

Pedro lo mira sonriendo con amor,

Y lo exhorta:

–   Cumple tu deber hijo mío.

Y alégrate. No me darás la muerte. Lo que vas a hacer es abrirme las Puertas del Cielo.

El soldado sanado declara:

–   Anciano, yo soy Leoncio y te doy las gracias a ti y a tu Dios.

Flavio pregunta:

–      Dime cómo podemos agradecerle y adorarlo.

–     Él Mismo los guiará. Venid…

Y Pedro les habla del alma y del Cielo…

Durante todo el tiempo que estuvo en prisión, continuó evangelizando también a sus carceleros,

realizando milagros a todos los que se lo pedían y bautizando sin cesar a los conversos…

Y los rumores de lo sucedido, traspasaron las murallas de la prisión y se expandieron por todos lados.

Entonces Pablo también fue llevado a la cárcel Mamertina.

Y cuando Nerón fue notificado de que los líderes de la Iglesia Perseguida habían sido capturados, decidió divertirse un poco…

Recordó algo que le había platicado Popea cuando era prosélita de la religión hebrea.

Y en complot con Tigelino, urdió un plan…

Para ver lo que haría el Dios de los cristianos, al verse enfrentado con su Padre.

La primera vez que se menciona a Simón el Mago es en el Nuevo Testamento, en el libro de los Hechos de los Apóstoles, donde dice que él era un hombre experto en las artes mágicas con las cuales,

“tenía deslumbrados a los samaritanos y pretendía ser un gran personaje” (Hechos 8, 9).

Y cuando Felipe, uno de los primeros diáconos, llevó el evangelio a esta zona.

Por la gracia de Dios, mucha gente creyó y fue bautizada, incluyendo a Simón el Mago.

Al poco tiempo Pedro y Juan visitaron Samaria, para llevar el sacramento de la confirmación a los nuevos conversos.

El poder de este sacramento, impresionó a Simón el Mago y le ofreció dinero a los apóstoles, a cambio de que le dieran ese poder.

 Los apóstoles se rehusaron a perpetrar ese sacrilegio y la Iglesia hoy llama a ese pecado Simonía,.

 Simón, luego de ser rechazado por los Apóstoles, abandonó la Iglesia Católica y se volvió hacia el gnosticismo, una herejía cristiana temprana, que rechaza la autoridad de los Apóstoles,

en favor del conocimiento secreto que los cristianos afirmaban recibir directamente de Dios.

Al parecer volvió a su magia demoníaca y su conflicto llegó a su punto más alto en Roma; donde  tenía muy impresionada a la gente con sus artes mágicas.

Y por sus prodigios era tenido entre los judíos como un gran personaje que ‘Tenía consigo la Fuerza de Dios’.  

De acuerdo al plan preconcebido por el César, mandó sacar de la cárcel a Pedro y a Pablo.

Y ante una gran muchedumbre reunida en la plaza del Fórum,

Decidió enfrentarlos con Simón el Mago que capitaneaba a los judíos, acérrimos enemigos de los cristianos.

Cuando todos estuvieron frente al César,

éste les dijo, señalando a Simón:

–    Este hombre es sincero y vosotros, los embaucadores.

Y ahora lo veremos.

Acto seguido Simón el Mago, coronado de laurel por Nerón mismo, subió hasta lo más alto del Capitolio,

¡Y empezó a volar!

Pedro al ver aquello, dijo a Pablo:

–    Satanás se disfraza de ángel de Luz…

Pablo le replicó:

–   A mí me corresponde orar…

Y a ti, dar las órdenes debidas.

Pablo se arrodilló y se sumergió en la Oración en el Espíritu.

Pedro levantó la voz y dijo con autoridad:

–     Espíritus de Satanás que lleváis a este hombre por el aire.

En El Nombre Santísimo de Jesús yo os mando que no lo sostengáis más.

Y que lo bajéis sin dañarlo, hasta el suelo.

Los Demonios se encolerizaron tanto, que obedecieron la orden a medias.

Ante el asombro general, Simón aterrizó bastante maltrecho; porque lo soltaron desde una altura considerable y cayó, rompiéndose las piernas. 

Pero Pedro oró y  Dios hizo el milagro.

Y Simón  quedó tan avergonzado, que huyó a esconderse por un año, antes de animarse a comparecer ante el público otra vez.

Nerón se enfureció aún más, al ver el inesperado resultado de su maquinación.

Y antes de retirarse, ordenó que los llevaran al tribunal.

El Prefecto Agripa dijo a Pedro, al tenerlos frente a sí:

–    Así que tú eres el hombre que en tus reuniones aprovechas tu influencia e impides que las mujeres se casen.

Pedro le contestó:

–   Yo soy fiel discípulo de mi Señor Jesucristo.

El Crucificado que Resucitó y Vive y Reina por siempre, a la diestra de Dios Padre.

–    Le seguirás hasta el final.

También tú morirás en la Cruz.

Y a Pablo por ser ciudadano romano, lo condenó a ser decapitado.

Al anciano apóstol se le aplicaron los azotes prescritos por la ley.

Y al día siguiente fue conducido fuera de las puertas de la ciudad.

Hacia el Monte Vaticano, en donde debía cumplirse la sentencia y ser crucificado.

A causa de su avanzada edad, no se le exigió que cargara con la cruz.

Cuando llegaron al sitio designado, Pedro contempló toda la Ciudad Eterna, extendida a sus pies…

Y levantando la mano derecha, bendijo:

pedro

“Aquí donde Nerón gobierna hoy, Cristo gobernará por siempre.”

¡URBI ET ORBI! (a la ciudad y al mundo)

Y su sonrisa se hizo más luminosa y su rostro se volvió radiante, cuando Jesús le permitió extender su mirada a través de los siglos.

Y vio el mismo lugar de su martirio, convertido en una inmensa Basílica, con la grandiosa plaza con su nombre, perpetuado por su donación y entrega a su misión.  

Desde la cual, casi dos mil años después estaría llena de millares de personas, escuchando reverentes a otro Pontífice Mártir y Santo:

San Juan Pablo II.

La Plaza de San Pedro es una de las plazas más bonitas y grandes del mundo. Se encuentra situada en El Vaticano, a los pies de la Basílica de San Pedro.

Las dimensiones de la plaza son espectaculares: 320 metros de longitud y 240 metros de anchura.

En las liturgias y acontecimientos más destacados la Plaza de San Pedro ha llegado a albergar más de 300.000 personas.

Su sucesor 264, quién desde el Vaticano llevaría el mensaje del Evangelio a todas las naciones de la Tierra.

Y desde la Basílica de San Pedro, levantando su blanca mano, bendeciría lleno de bondad y de amor, infinidad de veces…

A través del Pontificado más largo de la Historia de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana:

Un papa profundamente mariano: “TOTUS TUUS”

¡URBI ET ORBI!

Flavio, el jefe de los verdugos le indicó a Pedro que debía extenderse sobre la cruz.

Y Pedro le dijo:

–    Cuando crucificaron a mi Señor pusieron su cuerpo sobre la Cruz, con los pies abajo y la cabeza en lo alto, porque mi Señor descendió desde el Cielo a la Tierra.

Os ruego que al clavarme lo hagáis de tal forma que mis pies queden en lo alto y mi cabeza en la parte inferior del madero.

Porque además de que no soy digno de ser crucificado como Él, yo voy a subir de la Tierra al Cielo.

Accedieron a su petición y lo colocaron sobre la Cruz de manera,

que sus pies quedaron clavados separadamente en los extremos del travesaño horizontal superior y las manos en la parte baja del fuste, cerca del suelo.

Cuando Pedro estaba ya crucificado, Dios abrió los ojos espirituales de los espectadores.

Y vieron al apóstol rodeado de ángeles que tenían en sus manos coronas de rosas  y de lirios.

Y a Jesucristo colocado a su vera, mostrándole un Libro abierto…

Pedro lo leyó: “Apocalipsis”

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Y dijo en voz alta:

–           Gracias Dios Mío.

Y se sumergió en la Oración en el espíritu.

Pedro admiró por largas horas, todos los sucesos que le fueron mostrados en la Ciudad del Vaticano.

Y finalmente, con voz llena de júbilo y de adoración,

Exclamó:

–           ¡Jesús! ¡Jesús! ¡Jesús!… –antes de expirar.

Las llaves del Cielo que Jesús le entregara y que habían estado en sus manos, las había entregado a Lino, en la Misa cuando le nombró su sucesor.  

En esa misma tarde, otro destacamento de pretorianos condujo a Pablo de Tarso a lo largo de la Vía Ostiense.

Pasaron por la Puerta Trigémina, hasta un lugar llamado Aqua Salviae.

Mientras avanzan, él mira hacia los Montes Albanos con la magnífica sensación de haber terminado su larga y fatigosa jornada apostólica.

Contempla ya los Cielos abiertos para recibirle y su alma está llena de júbilo,

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Por el inminente encuentro con el Dios por el que ha luchado y sufrido tanto,

Para darlo a conocer y a amar.

Cuando llegaron al sitio designado para el suplicio, se volvió hacia el Oriente y oró.

Luego, se despidió de los cristianos.

El verdugo le dijo:

–           Prepara tu cuello.

Pablo se arrodilló y dijo:

–           ¡Oh, Señor mío Jesucristo, en tus manos encomiendo mi espíritu!

Y ofreció su cuello al verdugo.

Éste levantó la espada y descargó el golpe…

Con el rostro radiante, Pablo de tarso fue decapitado.

En el mismo instante en que se desprendió su cabeza del tronco,

Exclamó:

–           ¡Jesús!…

Su sangre bañó la lóriga de su verdugo, brilló una luz intensísima.

Y quedó el aire perfumado con una fragancia maravillosa…

La Iglesia Cristiana ha sido confirmada con la sangre de sus Dos Columnas Primarias:

San Pedro y San Pablo Apóstoles…

Su ornamento final lo pondrá su último sucesor y papa mártir…

Y los cristianos que confesarán su glorioso testimonio en la Tercera Gran Persecución realizada en el imperio de terror del Anticristo…