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130 EL NIÑO DE CRISTO


130 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

El aturdimiento de los apóstoles es interrumpido por Simón Zelote,

al responder:

–     No habría arco si no hubiera base en el camino oscuro.

Ésta es matriz de aquél, que sobre ella se yergue y sube a ese azul que anhelas.

No pienses que las piedras hincadas en el suelo, que soportan el peso y no gozan de rayos ni vuelos.

Ignoran la existencia de éstos, pues de vez en cuando una golondrina desciende con su piada hasta el barro y acaricia la base del arco…

desciende también un rayo de sol, o de estrella, para expresar la gran belleza del firmamento.

De la misma forma, en los siglos pasados, de vez en cuando, ha descendido una palabra celeste portadora de promesa…

Un rayo celeste de sabiduría para acariciar las piedras que estaban oprimidas por el enojo divino.

Porque las piedras eran necesarias.

Y no son ni fueron, ni serán jamás inútiles.

Sobre ellas, lentamente, se ha elevado el tiempo y la perfección del conocimiento humano hasta alcanzar la libertad del tiempo presente y la sabiduría del conocimiento sobrehumano.

Veo escrita en tu rostro la objeción:

Es la misma que todos hemos puesto antes de saber comprender que ésta es la Nueva Doctrina…

La Buena Nueva que ahora se predica a los que, por un proceso de retrogradación, en vez de hacerse adultos,

paralelamente a la ascensión de las piedras del saber, se han ido entenebreciendo cada vez más, cual muro que se hunde en un abismo ciego.

Para curarnos de esta enfermedad de oscurecimiento sobrenatural, tenemos que liberar valientemente la piedra basilar de todas las otras que están encima.

No tengáis miedo de demoler ese alto muro que – a pesar de serlo – no porta la savia pura del manantial eterno. a la base, que no debe ser cambiada porque es de Dios y es inmóvil

De todas formas, antes de desechar las piedras, probadlas una a una con el sonido de la Palabra de Dios, porque no todas son desechables e inútiles.

Si su sonido no desentona, conservadlas. Construid de nuevo con ellas.

Mas si es el sonido desacorde de la voz humana o lacerante de la voz satánica…

Y no podéis equivocaros porque si es voz de Dios es sonido de amor, si es voz humana es sonido del sentido, si es satánica es voz de odio… ROMPEDLAS. 

Y digo “rompedlas”, porque es un acto de caridad el no dejar tras uno mismo semillas u objetos portadores de mal, que puedan seducir al viandante e inducirle a usarlos en perjuicio propio.

Romped literalmente toda cosa no buena que haya sido vuestra, en obras, escritos, enseñanzas o actos.

Es mejor quedarse con poco, elevarse apenas un codo, pero con buenas piedras,  que no varios metros con piedras malas.

Los rayos y las golondrinas descienden también hasta las albarradas que apenas sobresalen del suelo.

Y las humildes florecillas de los lindazos con facilidad llegan a acariciar las piedras bajas.

Mientras que las soberbias piedras que, inútiles y ásperas, quieren elevarse, no reciben sino azote de espinos y adhesiva ponzoña.

Demoled para construir, para subir, probando la calidad de vuestras viejas piedras con la voz de Dios.  

Esteban dice:

–     Hablas bien.

¡Pero, subir!… ¿Cómo? Te hemos dicho que somos incluso menos que los niños.

¿Quién nos ayudará a subir a la enhiesta columna? Probaremos las piedras con el sonido de Dios, romperemos las menos buenas…

Pero, ¿Cómo podremos subir? ¿Sólo el hecho de pensarlo ya da vértigo! 

Juan, que ha estado escuchando con la cabeza agachada, sonriendo para sí…   

Levanta su rostro luminoso y toma la palabra:

–     ¡Hermanos!

Da vértigo el solo hecho de pensar en subir. Cierto. Pero ¿Quién ha dicho que debemos afrontar la altura directamente?

Esto no sólo los niños, sino ni siquiera los adultos pueden hacerlo; sólo los ángeles pueden lanzarse a los cielos, pues están libres de todo peso material.

Y de entre los hombres, sólo los héroes de la santidad pueden hacerlo.

Hoy todavía, en este mundo decaído, entre nosotros vive uno que sabe ser héroe de santidad como los antiguos –ornato de Israel -,

cuando los Patriarcas eran amigos de Dios y la palabra del Código era la única, la que toda criatura recta obedecía.

Juan, el Precursor, enseña cómo afrontar la altura directamente. Juan es un hombre. Pero la Gracia que el Fuego de Dios le ha comunicado, purificándolo desde el vientre de su madre… 

De la misma forma que el Serafín purificó el labio del Profeta, para que pudiera preceder al Mesías sin dejar hedor de culpa original por el camino regio del Cristo, ha dado a Juan alas de ángel.

Luego la penitencia las ha hecho crecer, aboliendo al mismo tiempo el peso de humanidad que su naturaleza, propia de los nacidos de mujer, todavía poseía.

Por lo cual, Juan, desde su gruta donde predica la penitencia y desde su cuerpo donde arde el espíritu desposado con la Gracia..

Se lanza, puede lanzarse a sí mismo, al ápice del arco, por encima del cual está Dios, el altísimo Señor Dios nuestro.

Y puede, dominando los siglos pasados, el tiempo presente y el futuro, anunciar con voz de profeta y con ojo de águila capaz de clavar la mirada en el Sol eterno y reconocerlo:

“Éste es el Cordero de Dios, el que quita los pecados del mundo”

Y morir tras este canto suyo sublime que será repetido no sólo durante el transcurso del tiempo limitado;

sino también durante el tiempo sin fin, en la Jerusalén sempiterna y para siempre beata; para aclamar a la Segunda Persona,

para invocarla por las miserias humanas, para cantar sus alabanzas entre los fulgores eternos.

Pero el Cordero de Dios, el dulcísimo Cordero que ha dejado su luminosa morada del Cielo en que es Fuego de Dios en abrazo de fuego…

¡Oh, eterna generación del Padre que concibe con el pensamiento ilimitado y santísimo a su Verbo!

¡Y lo atrae hacia Sí produciendo una fusión de amor de que procede el Espíritu de Amor, en que se centran la Potencia y la Sabiduría!

El Cordero de Dios que ha dejado su purísima, incorpórea forma para encerrar dentro de carne mortal su pureza infinita, su santidad, su Naturaleza Divina.

Sabe que no estamos todavía purificados por la Gracia…

Y que no podríamos, – como esa águila que es Juan –lanzarnos a las alturas, a ese ápice en que Dios Uno y Trino se encuentra.

Nosotros somos los pajarillos de tejados y caminos.

Golondrinas que tocan el cielo, pero se alimentan de insectos; calandrias que quieren cantar para imitar a los ángeles y que,

¡Ay! respecto al canto de los ángeles, el suyo no es sino desentonado runrún de cigarra estival.

Esto lo sabe el dulce Cordero de Dios, venido para quitar los pecados del mundo.

Porque, a pesar de no ser ya el Espíritu infinito del Cielo por haberse confinado a Sí Mismo dentro de una carne mortal, su infinitud NO ha quedado disminuida.

Y todo lo sabe, siendo siempre – como lo es – infinita su sabiduría.

Así pues, Él nos enseña su camino, el camino del amor.

Él es el amor que por misericordia hacia nosotros se hace carne.

Y es así que este Amor misericordioso nos crea un camino por el que pueden subir también los pequeñuelos;

y Él mismo – no por propia necesidad sino para enseñárnoslo – es el primero en recorrerlo.

Él no tendría tan siquiera necesidad de abrir las alas para fundirse de nuevo con el Padre.

Su espíritu, os lo juro, está encerrado aquí, dentro de esta mísera tierra, pero está siempre con el Padre, porque Dios todo lo puede..

Y Él es Dios.

Camina dejando tras sí el perfume de su santidad, Y fuego de su amor.

Observad su camino: a pesar de llegar al ápice el arco, ¡Cuán sosegado y seguro es!

No es una recta sino una espiral.

Es más largo, sí; pero precisamente su sacrificio de amor se revela en esta distancia, demorándose por amor a nosotros los débiles,

más largo, pero más adecuado a nuestra miseria.

La subida hacia el Amor, hacia Dios, es simple; como simple es el Amor.

Pero, al mismo tiempo,es profunda, porque Dios es un Abismo – inalcanzable, yo diría si Él no se rebajase y nos diera la posibilidad de alcanzarlo,

para sentir el beso de las almas que lo aman.

Mientras está hablando, Juan llora, aunque su boca sonríe, envuelto en el éxtasis de la revelación que está haciendo de Dios.

Largo es el sencillo camino del Amor, porque Dios es Profundidad sin fondo, en que uno podría adentrarse cuanto quisiera…

Mas la Profundidad admirable llama a la profundidad miserable.

Llama con sus luces y dice:  “¡Venid a mí!”

¡Oh, invitación de Dios!

¡Oh, invitación de Padre! ¡Escuchad! ¡Escuchad!

Del Cielo nos llegan palabras suavísimas de ese Cielo que está abierto porque Cristo ha abierto de par en par sus puertas y ha puesto ante ellas,

para que así las mantengan, a los ángeles de la Misericordia y el Perdón,

a fin de que, en espera de la Gracia, de él broten al menos las luces, perfumes, cantos y quietud, capaces de seducir santamente a los corazones humanos, y sobre éstos se depositen.

Habla la voz de Dios y la voz dice:

“¿Vuestra puericia?… ¡Pero si es vuestra mejor moneda!

Yo quisiera que os hicierais enteramente niños para que poseyerais la humildad, sinceridad y amor de los pequeñuelos, su confidente amor para con su padre.

¿Vuestra incapacidad?… ¡Pero si es mi gloria!

¡Venid! Ni siquiera os pido que seáis vosotros mismos quienes comprobéis el sonido de las piedras buenas o malas.  

¡Dádmelas a mí! Yo las elegiré, vosotros os reconstruiréis.

¿La subida hacia la perfección?… ¡Oh, no, hijos míos!

Poned vuestra mano en la de mi Hijo y Hermano vuestro. Ahora, así, y subid a su lado…”.

¡Subir! ¡Ir a ti, eterno Amor! ¡Adquirir tu semejanza, o sea, el amor!…

¡Amar! ¡Éste es el secreto!… ¡Amar! ¡Darse…!

¡Amar! ¡Abolirse…! ¡Amar! Fundirse…

¿La carne?: nada; ¿el dolor?: nada; ¿el tiempo?: nada. Nada es el pecado mismo, si lo disuelvo en tu fuego, ¡Oh, Dios! Sólo es el Amor.

¡El Amor! El Amor que nos ha dado el Dios Encarnado nos otorgará todo perdón.

Pues bien, amar es un acto que nadie sabe hacer mejor que los niños y nadie es más amado que un niño.

¡Oh, tú, a quien no conozco, pero que quieres conocer el Bien para distinguirlo del Mal, para poseer el azul del cielo, el sol celeste, todo aquello que signifique contento sobrenatural…

Ama y lo tendrás. Ama a Cristo.

Morirás en la vida, pero resucitarás en el espíritu.

Con un nuevo espíritu, sin necesidad ya de usar piedras, serás eternamente un fuego que no muere.

La llama sube, no necesita ni peldaños ni alas para subir.

Libera tu ‘yo’ de toda construcción, pon en el Amor, y resplandecerás.

Deja que ello sea sin restricciones, más, atiza la llama echándole como pasto todo tu pasado de pasiones y conocimientos: 

quedará consumido lo menos bueno, puro se hará el metal ya de por sí noble.

Arrójate, hermano, al amor activo y gozoso de la Trinidad:

Comprenderás lo que ahora te parece incomprensible porque comprenderás a Dios, que es el Comprensible,

pero sólo para quienes se dan sin medida a su fuego sacrificador…

 Quedarás finalmente fijo en Dios, en un abrazo de llama…

Y rogarás por mí, el niño de Cristo que ha osado hablarte del Amor.

Se han quedado todos de piedra:

Apóstoles, discípulos, fieles…

El interlocutor está pálido.

San Esteban, el primer  Mártir

Juan, por el contrario, está de color púrpura, no tanto por el esfuerzo cuanto por el amor.

Entonces Esteban grita:

–     ¡Bendito tú!

Dime: ¿Quién eres?

Y Juan, por su parte – con un gesto que me recuerda mucho a Virgen en el acto de la Anunciación  inclinándose como adorando a Aquel a quien nombra, 

en tono bajo, dice:

–     Soy Juan.

Estás viendo al menor de los siervos del Señor.

–     Pero, ¿Quién ha sido tu maestro antes?

–     Nadie aparte de Dios.

He recibido la leche espiritual de manos de Juan, el presantificado de Dios;

me alimento del pan de Cristo, Verbo de Dios; bebo el fuego de Dios que me viene del Cielo

¡Gloria al Señor!

–     Pues yo ya no me separo de vosotros.

¡Ni de ti, ni de éste, ni ninguno de vosotros! Recibidme.

–     Cuando… Bueno, aquí entre nosotros el jefe es Pedro

Y Juan toma a Pedro, que está atónito…

Y lo proclama así “el primero”.

Pedro reacciona y se pone en el lugar que le corresponde,

diciendo:

–     Hijo, puesto que se trata de una gran misión, es necesaria una severa reflexión.

Éste es nuestro ángel. Él enciende; pero es necesario saber si la llama va a poder durar en nosotros. 

Lapidación de Esteban

Mídete a ti mismo, luego ven al Señor. Nosotros te abriremos nuestro corazón como hermano nuestro queridísimo.

Por el momento, si quieres conocer mejor nuestra vida, quédate; las greyes de Cristo pueden crecer sin medida,

para ser separados – perfectos e imperfectos – los verdaderos corderos de los falsos carneros.

Y con esto termina la primera manifestación apostólica.  

26 EL EDICTO DE AUGUSTO


26 CONOCER A DIOS, ES EMPEZAR A AMARLO

Augusto y el censo de Belén

“En mi sexto consulado (28 a.C), llevé a cabo, con Marco Agripa como colega el censo del pueblo. Celebré la ceremonia lustral después de que no se hubiera celebrado en 42 años; en ellas fueron censados 4.063.000 ciudadanos romanos.

Durante el consulado de Cayo Censorino y Cayo Asinio (8 a.C) llevé a cabo el censo por mi solo, en virtud de mi poder consular, en cuya lustración se contaron 4.233.000 ciudadanos romanos.

Hice el censo por tercera vez, en virtud de mi poder consular y teniendo por colega a mi hijo adoptivo Tiberio César, en el consulado de Sexto Pompeyo y Sexto Apuleyo (14 d.C); con ocasión de este censo conté 4.937.000 ciudadanos romanos” Augusto Res Gestae Divi Augusti

Nacimiento de Jesús
  1. Sucedió que por aquellos días salió un edicto de César Augusto ordenando que se empadronase todo el mundo.
  2. Este primer empadronamiento tuvo lugar siendo gobernador de Siria Cirino.
  3. Iban todos a empadronarse, cada uno a su ciudad.
  4. Subió también José desde Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por ser él de la casa y familia de David,
  5. para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta.

Lucas 2 1-5

El edicto de empadronamiento.

Enseñanzas sobre el amor al esposo y la confianza en Dios.

De nuevo veo la casa de Nazaret, la pequeña habitación en que María habitualmente come.

Ahora Ella está trabajando en una tela blanca.

La deja para ir a encender una lámpara, pues está atardeciendo y no ve ya bien con la luz verdosa que entra por la puerta entornada que da al huerto.

Cierra también la puerta.

Observo que su cuerpo está ya muy engrosado, pero sigue viéndosele muy hermosa. Su paso continúa siendo ágil; todos sus movimientos, están llenos de donaire.

No se ve en Ella ninguna de esas sensaciones de peso que se notan en la mujer cuando está próxima a dar a luz a un niño.

Sólo en el rostro ha cambiado. Ahora es “la mujer”. Antes, cuando el Anuncio, era una jovencita de carita serena e ingenua (como de niño inocente).

Luego, en la casa de Isabel, cuando el nacimiento del Bautista, su rostro se había perfeccionado, adquiriendo una gracia más madura.

Ahora es el rostro sereno, pero dulcemente majestuoso, de la mujer que ha alcanzado su plena perfección en la maternidad.

Ya no recuerda a esa “Virgen de la Anunciación” de Florencia.

Cuando era niña, yo sí que la veía reflejada en ella.

Ahora el rostro es más alargado y delgado; la mirada, más pensativa y grande.

En pocas palabras: como es María actualmente en el Cielo.

Porque ahora ha asumido el aspecto y la edad del momento en que nació el Salvador.

Tiene la eterna juventud de quien no sólo no ha conocido corrupción de muerte, sino que ni siquiera ha conocido el marchitamiento de los años.

El tiempo no ha tocado a esta Reina nuestra y Madre del Señor que ha creado el tiempo.

Es verdad que en el suplicio de los días de la Pasión — suplicio que para Ella empezó muchísimo antes,

podría decir que desde que Jesús comenzó la evangelización — se la vio envejecida, pero tal envejecimiento era sólo como un velo corrido por el dolor sobre su incorruptible cuerpo.

Efectivamente, desde cuando Ella vuelve a ver a Jesús, resucitado, torna a ser la criatura fresca y perfecta de antes del suplicio:

como si al besar las santísimas Llagas hubiera bebido un bálsamo de juventud que hubiese cancelado la obra del tiempo y, sobre todo, del dolor.

También hace ocho días, cuando he visto la venida del Espíritu Santo el día de Pentecostés, veía a María “hermosísima y, en un instante, rejuvenecida”, como escribía; ya antes había escrito: “Parece un ángel azul”.

Los ángeles no experimentan la vejez. Poseen eternamente la belleza de la eterna juventud, del eterno presente de Dios que en sí mismos reflejan.

La juventud angélica de María, ángel azul, se completa y alcanza la edad perfecta — que se ha llevado consigo al Cielo y que conservará eternamente en su santo cuerpo glorificado,

cuando el Espíritu pone el anillo nupcial a su Esposa y la corona en presencia de todos — ahora, y no ya en el secreto de una habitación ignorada por el mundo, con un arcángel como único testigo.

He querido hacer esta digresión porque la consideraba necesaria. Ahora vuelvo a la descripción.

María, pues, ahora ya es verdaderamente “mujer”, llena de dignidad y donaire. Incluso su sonrisa se ha transformado, en dulzura y majestad. ¡Qué hermosa está María!

Entra José. Da la impresión de que vuelve del pueblo, porque entra por la puerta de la casa y no por la del taller.

María levanta la cabeza y le sonríe.

También José le sonríe a Ella… no obstante, parece como si lo hiciera forzado, como quien estuviera preocupado.

María lo observa escrutadora y se levanta para coger el manto que José se está quitando, para doblarlo y colocarlo encima de un arquibanco.

José se sienta al lado de la mesa. Apoya en ella un codo y la cabeza en una mano mientras con la otra, absorto, se peina y despeina alternativamente la barba. 

María pregunta:

–     ¿Estás preocupado por algo?

¿Te puedo servir de consuelo?

–     Tú siempre me confortas, María.

Pero esta vez es una gran preocupación… por ti.

–    ¿Por mí, José? ¿Y qué es, pues?

–     Han puesto un edicto en la puerta de la sinagoga.

Ha sido ordenado el empadronamiento de todos los palestinos. Hay que ir a anotarse al lugar de origen. Nosotros tenemos que ir a Belén…

–     ¡Oh! – interrumpe María, llevándose una mano al pecho.

–     ¿Te preocupa, verdad?

Es penoso. Lo sé.

–     No, José, no es eso.

Pienso… pienso en las Sagradas Escrituras: Raquel, madre de Benjamín y esposa de Jacob, del cual nacerá la Estrella, el Salvador.

Raquel, que está sepultada en Belén; de la que se dijo:

“Y tú, Belén Efratá, eres la más pequeña entre las tierras de Judá, mas de ti saldrá el Dominador”, el Dominador prometido a la estirpe de David; Él nacerá allí…

–     ¿Piensas… piensas que ya ha llegado el momento?

¡Oh! ¿Qué podemos hacer? 

José está enormemente preocupado y mira a María con ojos llenos de compasión.

Ella lo percibe, y sonríe. Su sonrisa es más para sí que para él. Es una sonrisa que parece decir: «Es un hombre; justo, pero hombre. Y ve como hombre, piensa como hombre.

Sé compasiva con él, alma mía, y guíalo a la visión de espíritu». Y su bondad la impulsa a tranquilizarlo. No mintiendo, sino tratando de quitarle la preocupación,

le dice:

–     No sé, José.

El momento está muy cercano, pero, ¿No podría el Señor alargarlo para aliviarte esta preocupación? Él todo lo puede. No temas.

–     ¡Pero el viaje!…

Y además, ¡Con la cantidad de gente que habrá!… ¿Encontraremos un buen lugar para alojarnos? ¿Nos dará tiempo a volver?

Y si… si eres Madre allí, ¿Cómo nos las arreglaremos? No tenemos casa… No conocemos a nadie….

–     No temas.

Todo saldrá bien. Dios provee para que encuentre un amparo el animal que procrea, ¿Y piensas que no proveerá para su Mesías? Nosotros confiamos en Él, ¿No es verdad?

Siempre confiamos en Él, Cuanto más fuerte es la prueba, más confiamos. Como dos niños, ponemos nuestra mano en su mano de Padre.

Él nos guía. Estamos completamente abandonados en Él.

Mira cómo nos ha conducido hasta aquí con amor. Ni el mejor de los padres podría haberlo hecho con más esmero.

Somos sus hijos y sus siervos. Cumplimos su voluntad. Nada malo nos puede suceder.

Este edicto también es voluntad suya. ¿Qué es César, sino un instrumento de Dios?

Desde que el Padre decidió perdonar al hombre, ha predispuesto los hechos para que su Hijo naciera en Belén.

Antes de que ella, la más pequeña de las ciudades de Judá, existiera, ya estaba designada su gloria.

Para que esta gloria se cumpla y la palabra de Dios no quede en entredicho — y lo quedaría si el Mesías naciera en otro lugar — he aquí que ha surgido un poderoso, muy lejos de aquí,

y nos ha dominado, y ahora quiere saber quiénes son sus súbditos, ahora, en un momento de paz para el mundo…

¡Qué es una pequeña molestia nuestra comparada con la belleza de este momento de paz!

Fíjate, José, ¡Un tiempo en que no hay odio en el mundo! ¿Existe, acaso, hora más feliz que ésta, para que surja la “Estrella” de luz divina y de influjo redentor?

¡Oh, no tengas miedo, José!

Si inseguros son los caminos, si la muchedumbre dificulta la marcha, los ángeles serán nuestra defensa y nuestro parapeto; no de nosotros, sino de su Rey.

Si no encontramos un lugar donde ampararnos, sus alas nos harán de tienda. Nada malo nos sucederá, no puede sucedemos: Dios está con nosotros.

José la mira y la escucha con devoción.. Las arrugas de la frente se alisan, la sonrisa vuelve. Se pone en pie, ya sin cansancio y sin pena. Sonríe.

–     ¡Bendita tú, Sol del espíritu mío!

¡Bendita tú, que sábes ver todo a través de la Gracia que te llena! No perdamos tiempo, pues, porque hay que partir lo antes posible y… volver cuanto antes, para que aquí todo está preparado para el… para el….

–     Para el Hijo nuestro, José.

Tal debe ser a los ojos del mundo, recuérdalo.

El Padre ha velado de misterio esta venida suya, y nosotros no debemos descorrer el velo. Él, Jesús, lo hará, llegada la hora…

La belleza del rostro, de la mirada, de la expresión, de la voz de María al decir este «Jesús» no es describible. Es ya el éxtasis…

Y con este éxtasis cesa la visión.

Dice María: 

No añado mucho, porque mis palabras son ya enseñanza. Eso sí, reclamo la atención de las mujeres casadas sobre un punto.

Demasiadas uniones se transforman en desuniones por culpa de las mujeres, las cuales no tienen hacia el marido ese amor que es todo (amabilidad, compasión, consuelo).

Sobre el hombre no pesa el sufrimiento físico que oprime a la mujer, pero sí todas las preocupaciones morales: necesidad de trabajo, decisiones que hay que tomar,

responsabilidades ante el poder establecido y ante la propia familia… ¡Oh, cuántas cosas pesan sobre el hombre, y cuánta necesidad tiene también él de consuelo!

Pues bien, es tal el egoísmo, que la mujer le añade al marido cansado, desilusionado, abrumado, preocupado, el peso de inútiles quejas, e incluso a veces injustas.

Y todo porque es egoísta; no ama.

Amar no significa satisfacer los propios sentidos o la propia conveniencia.

Amar es satisfacer a la persona amada, por encima de los sentidos y conveniencias, ofreciéndole a su espíritu esa ayuda que necesita para poder tener siempre abiertas las alas en el cielo de la esperanza y de la paz.

Hay otro punto en el que querría que centrarais vuestra atención. Ya he hablado de ello; no obstante, insisto. Se trata de la confianza en Dios.

La confianza compendia las virtudes teologales.

Si uno tiene confianza, es señal de que tiene fe; si tiene confianza, es señal de que espera y de que ama. Cuando uno ama, espera y cree en una persona, tiene confianza. Si no, no.

Dios merece esta confianza nuestra.

Si se la damos a veces a pobres hombres capaces de cometer faltas, ¿Por qué negársela a Dios, que no comete falta alguna? La confianza es también humildad.

El soberbio dice: “Voy a actuar por mí mismo. No me fío de éste, que es un incapaz, un embustero y un avasallador”.

El humilde dice: “Me fío. ¿Por qué no me voy a fiar? ¿Por qué debo pensar que yo soy mejor que él?”. Y así, con mayor razón, de Dios dice:

“¿Por qué voy a tener que desconfiar de Aquel que es bueno? ¿Por qué voy a tener que pensar que me basto por mí mismo?”.

5. De igual manera, jóvenes, sed sumisos a los ancianos; revestíos todos de humildad en vuestras mutuas relaciones, pues Dios resiste a los soberbios y da su gracia a los humildes. 
6. Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios para que, llegada la ocasión, os ensalce;
7. confiadle todas vuestras preocupaciones, pues él cuida de vosotros. 1 Pedro 5

Dios se dona al humilde, del soberbio se retira. La confianza es, además, obediencia; y Dios ama al obediente.

La obediencia es signo de que nos reconocemos hijos suyos, de que lo reconocemos como Padre; y un padre, cuando es verdadero padre, no puede hacer otra cosa sino amar.

Dios es para nosotros Padre verdadero y perfecto.

Hay un tercer punto que quiero que meditéis. Se funda también en la confianza. Ningún hecho puede acaecer si Dios no lo permite.

Por lo cual, ya tengas poder, ya seas súbdito, será porque Dios lo ha permitido.

Preocúpate, pues, ¡Oh tú que tienes poder!, de no hacer de este poder tuyo tu mal. En cualquier caso sería “tu mal”, aunque en principio pareciese que lo fuera de otros.

En efecto, Dios permite, pero no sin medida; y, si sobrepasas el punto señalado, asesta el golpe y te hace pedazos.

Preocúpate, pues, tú que eres súbdito, de hacer de esta condición tuya una calamita para atraer hacia ti la celeste protección.

No maldigas nunca.

Deja que Dios se ocupe de ello. A Él, Señor de todos, le corresponde bendecir o maldecir a los seres que ha creado. 

122 LA PIEDRA ANGULAR


122 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Jesús está hablando  en un poblado costero. También aquí una calle bordea el lago y hay barcas sacadas a la orilla.

Del otro lado de la calle están alineadas las casas, más o menos grandes.

Aquí las colinas están mucho más distantes, así que es una ciudad edificada en una llanura, que se prolonga por la orilla oriental del lago.

La resguarda del viento el baluarte de los montes.

Bien templada por tanto por el sol que aquí, más que en otros campos, aumenta la floración de los árboles.

 Jesús dice:

-…Es verdad. Decís: “No te abandonaremos nunca porque sería abandonar a Dios”.

Oh, pueblo de Guerguesa, recuerda que nada hay más mutable que el pensamiento humano!

Estoy convencido de que en este momento realmente pensáis así.

Mi palabra y el milagro realizado os han exaltado en este sentido y ahora sois sinceros en lo que decís. Pero quisiera recordaros un episodio, mil podría citar, lejanos y cercanos -.

Os cito éste sólo. Josué, siervo del Señor, antes de morir, reunió en torno a sí a todas las tribus con sus ancianos, príncipes, jueces y magistrados.

Y les habló en presencia del Señor, recordándoles a todos los beneficios y los prodigios operados por el Señor a través de su siervo.  

Y, tras haber enumerado todas estas cosas, los invitó a repudiar a todos los dioses que no fueran el Señor.  O cuanto menos, a ser auténticos en la fe, eligiendo con sinceridad,

O al verdadero Dios. O a los dioses de Mesopotamia y de los amorreos; de modo que hubiera una neta separación entre los hijos de Abraham y los paganizantes. 

“Apariencias de piedad, sin el Poder de ella.”

Es preferible siempre un error valiente a una hipócrita profesión y mezcla de fes: para Dios, infamia; para los espíritus, muerte.

Nada más fácil y común que esas mezcolanzas. La apariencia es buena, pero por debajo está la sustancia, que no es buena. Aún hoy, hijos, aún hoy.

Esos fieles que mezclan la observancia de la Ley con lo que la Ley prohíbe; esos desdichados que caminan dando tumbos, como los borrachos, entre la fidelidad a la Ley y las ganancias de los negocios,

y viven comprometidos con quienes están al margen de la ley, de quienes esperan alguna ventaja; esos sacerdotes o escribas o fariseos que ya no tienen por finalidad de la propia vida el servicio a Dios,

sino que éste se ha convertido en una astuta política para triunfar sobre los demás, se ha convertido en poder – y nada más contra sus semejantes – más honestos que ellos -,

porque sirven no a Dios sino a un poder que se presenta ante sus ojos fuerte y precioso para sus fines… ésos son sólo hipócritas que mezclan a nuestro Dios con dioses extranjeros.

El pueblo respondió a Josué: “¡Jamás abandonaremos al Dios verdadero para servir a dioses extranjeros!”. Y Josué les dijo lo que Yo a vosotros hace un momento acerca del santo celo del Padre,

acerca de su voluntad de ser amado con exclusividad, con la totalidad de nosotros mismos, y acerca de su justicia cuando castiga a los embusteros.

-¡Castigar!… Sí, Dios, de la misma forma que puede favorecer, puede castigar. Antes de morir se puede recibir premio o castigo.

¡Mira, pueblo hebreo, mira cómo Dios – después de haberte dado tanto liberándote de los faraones, conduciéndote ileso a través del desierto y entre insidias de enemigos,

permitiéndote que llegaras a ser una nación grande y temida y rica en glorias; te ha castigado por tus culpas: una, dos, diez veces!

¡Mira en qué estado te encuentras! 

Y Yo, que veo que te estás hundiendo en la más sacrílega de las idolatrías, veo también el Abismo por el que te vas a despeñar por persistir en las mismas culpas.

Y por esto te llamo, pueblo que eres dos veces mío, por ser el Redentor y por haber nacido de ti. Esta llamada mía, aunque sea severa, no es odio ni rencor ni intransigencia, es amor.

Josué dijo entonces: “Sois testigos de que habéis elegido al Señor”,

Y todos respondieron: “Sí”.

Y Josué, que era sabio además de valeroso, sabiendo cuán lábil es la voluntad del hombre, escribió en el libro todas las palabras de la Ley y de la alianza y las puso en el Templo.

Y puso también, en este santuario del Señor, en Siquem, que contenía a la sazón el Tabernáculo, una voluminosa piedra como testimonio.

Luego dijo:

“Esta piedra, que ha oído las palabras que habéis dirigido al Señor, quedará aquí como testimonio, para que no podáis retractaros y mentir al Señor Dios vuestro”.

El hombre, el rayo o la erosión de las aguas y del tiempo, pueden siempre pulverizar una piedra por grande y dura que sea.

Pero YO SOY LA PIEDRA ANGULAR Y ETERNA 

Y no puedo ser destruido.  

No le mintáis a esta Piedra viva, no la améis por el sólo hecho de que realice prodigios; amadla porque por ella tocaréis el Cielo.

Yo os quisiera más espirituales, más fieles al Señor. No digo a mí. Mi única razón, aquí, es que soy la Voz del Padre.

Ultrajándome, herís a aquel que me ha enviado.

Yo soy el medio; Él, el Todo. Recoged de mí y conservad en vosotros lo santo para alcanzar a este Dios.

No améis sólo al Hombre, amad al Mesías del Señor no por los milagros que hace, sino porque desea obrar en vosotros el milagro íntimo y sublime de vuestra santificación.

Jesús imparte su bendición y se encamina hacia una casa.

Ya casi en el umbral de la puerta, un grupo de ancianos lo detiene:

Lo saludan respetuosamente,

y dicen:

–     ¿Podemos preguntarte una cosa, Señor?

Somos discípulos de Juan. Siempre habla de ti. Ha llegado a nuestros oídos la fama de tus prodigios. Así que hemos querido conocerte.

Ahora bien, oyéndote, se nos ha planteado una pregunta que desearíamos proponerte. 

Jesús responde:

–     Exponedla.

Si sois discípulos de Juan estaréis ya en el camino de la justicia.

–     Has dicho, hablando de las idolatrías comunes en los fieles, que en medio de nosotros hay personas que trafican entre la Ley y los que no siguen la Ley.

Ahora bien, Tú también eres amigo de éstos últimos, sabemos en efecto, que no rechazas a los romanos -. ¿Entonces?

–     No lo niego, pero…

¿Acaso podéis afirmar que lo haga para obtener de ellos algún provecho? Ni siquiera busco su protección. ¿O podéis, acaso, afirmar lo contrario, porque los trate con benignidad?

–     No, Maestro, estamos de ello más que seguros.

Pero el mundo no está hecho sólo de nosotros, que queremos creer solamente en el mal que vemos y no en el de que se nos habla.

Explícanos las razones que pueden fundar este acercamiento a los gentiles; hazlo para instrucción nuestra y para que te podamos defender, si alguien te calumnia en nuestra presencia.

–     Estos contactos son malos cuando la finalidad es humana.

No lo son cuando la intención es llevarlos al Señor Dios nuestro. Así actúo Yo. Si fuerais gentiles, podría detenerme a explicaros cómo todo hombre procede de un único Dios.

Pero sois hebreos, y además discípulos de Juan; sois, por tanto, la flor de los hebreos, y no es necesario que os lo explique. Estáis, pues, ya en condiciones de entender y creer que, siendo el Verbo de Dios,

Es mi deber llevar su Verbo a todos los hombres, hijos del Padre Universal.

–     Pero no son hijos, porque son paganos…

–     Por lo que se refiere a la Gracia no lo son.

Por su errada fe no lo son:

Esto es verdad pero, hasta que no os haya redimido, el hombre, incluyo al hebreo, ha perdido la Gracia.

Está privado de ella, porque la Mancha de origen es obstáculo para que el rayo inefable de la Gracia descienda a los corazones.

De todas formas, por la Creación el hombre es siempre hijo.

De Adán, cabeza de toda la humanidad, proceden tanto los hebreos como los romanos.

Y Adán es hijo del Padre, que le dio su semejanza espiritual.

–     Es verdad.

Otra pregunta, Maestro. ¿Por qué los discípulos de Juan hacen grandes ayunos y los tuyos no?

No decimos que Tú no tengas que comer, también el profeta Daniel, aun siendo grande en la corte de Babilonia, fue santo a los ojos de Dios, y Tú eres superior a él. Pero ellos…

–     La cordialidad obtiene muchas veces, lo que no se consigue con el rigorismo.

Algunos no se acercarían jamás al Maestro, debe ser el Maestro quien vaya a ellos.

Otros sí se acercarían, pero se avergüenzan de hacerlo en público: también a ellos debe ir el Maestro.

Y, puesto que me dicen:

“Sé huésped mío para poderte conocer”, acepto.

Teniendo presente no el placer de una mesa opulenta o el placer de los discursos, que a veces me resultan muy penosos.

Sino una vez más y siempre el interés de Dios.

Esto por lo que respecta a Mí. Frecuentemente al menos una de las almas con las que tengo contacto de esta manera se convierte.

Toda conversión significa una fiesta nupcial para mi alma, una gran fiesta en la que participan todos los ángeles del Cielo, bendecida por el eterno Dios.

Y mis discípulos, o sea, los amigos del Esposo, exultan con el Esposo y Amigo.

¿Os parecería lógico que mis amigos hicieran duelo mientras Yo exulto de gozo y estoy con ellos? Día llegará en que no me tendrán. Entonces ayunarán, y mucho.

A nuevos tiempos, nuevos métodos. Hasta ayer, hasta Juan el Bautista, era el tiempo de la ceniza de la Penitencia; hoy – en mi hoy – se hace presente el dulce maná de la Redención, de la Misericordia, del Amor.

Los métodos anteriores no podrían vivir injertados en el mío, como tampoco se habría podido usar el mío entonces, sólo ayer, porque la Misericordia todavía no estaba en la Tierra.

Ahora sí que está. Ya no es el Profeta el que está en el mundo, sino el Mesías, en quien Dios ha delegado  TODO.

A cada tiempo las cosas que le son útiles.

Nadie cose un pedazo de paño nuevo en un vestido viejo, porque si lo hace, sobre todo al lavarlo, la tela nueva encoge y rompe la tela vieja, con lo cual la rotura se hace todavía mayor.

De la misma forma, nadie mete vino nuevo en odres viejos, porque el vino rompe los odres, que no son capaces de soportar la efervescencia del vino nuevo, los desgarra y se derrama.

Por el contrario, el vino viejo, que ya ha sufrido todas las mutaciones, hay que meterlo en odres viejos. Y el nuevo en nuevos, para que a una fuerza se oponga otra igual.

Esto es lo que sucede ahora: la fuerza de la nueva doctrina aconseja métodos nuevos para difundirla… y Yo, conocedor como soy, los uso.

–     Gracias, Señor.

Ahora estamos satisfechos. Ruega por nosotros. Somos odres viejos. ¿Seremos capaces de contener tu fuerza?

–     Sí, porque habéis sido curtidos por Juan el Bautista.

Y porque sus oraciones, unidas a las mías, os darán la necesaria capacidad. Marchaos con mi paz y decidle a Juan que lo bendigo.

–     Pero Tú ¿Qué piensas?

¿Que es mejor permanecer con Juan o ir contigo?

–     Mientras haya vino viejo, bebedlo, si ya a vuestro paladar le gusta su sabor; después…

El agua putrefacta que en todas partes se encuentra os dará asco y entonces desearéis el vino nuevo.

–     ¿Crees que volverán a prender al Bautista?

–     Sí. Sin duda.

De todas formas ya le he enviado una misiva. Marchaos, marchaos, gozad de vuestro Juan mientras podáis, y hacedlo feliz.

Luego me amaréis a Mí, aunque os resultará trabajoso, porque nadie que haya gustado el vino viejo desea  de repente el vino nuevo, sino que dice: “El viejo era mejor”.

Efectivamente, Yo tendré sabores especiales, que os parecerán ásperos. No obstante, vuestro paladar, de día en día, irá apreciando su sabor vital.

Adiós, amigos. Que Dios esté con vosotros.

118 EL JUEZ DIVINO


118 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Al día siguiente, cerca de los mercaderes, que están situados junto al puerto,

Jesús está esperando con Simón y sus primos a que los otros consigan las provisiones necesarias.

Unos niños miran con curiosidad a Jesús, el cual los acaricia dulcemente mientras habla con sus apóstoles.

Dice Jesús:

–     Me duele este descontento por el hecho de que Yo entable relaciones con los gentiles, pero no puedo hacer sino loque debo y debo ser bueno con todos.

Esforzaos en ser buenos al menos vosotros tres y Juan; los otros os seguirán por imitación.  

Santiago de Alfeo dice:

–     Pero ¿Cómo se puede ser bueno con todos?

A fin de cuentas, ellos nos desprecian y nos oprimen; no nos comprenden, están llenos de vicios…

–     ¿Que cómo puede ser?

¿Tú estás contento de haber nacido de Alfeo y María?

–     Sí, claro. ¿Por qué me preguntas esto?

–     Y si Dios te hubiera preguntado antes de tu concepción, ¿Habrías querido nacer de ellos?

–     Pues claro. No comprendo…

–     Y si en vez de ello hubieras nacido de un pagano, al oírte acusar de haber querido nacer de un pagano, ¿Qué habrías dicho?

–     Habría dicho…

Habría dicho: “No tengo la culpa. He nacido de él, pero podría haber nacido de otro”.

Habría dicho: “Vuestra acusación es injusta; si no obro el mal, ¿Por qué me odiáis?”

–     Tú lo has dicho.

También éstos, que despreciáis por ser paganos, pueden decir lo mismo. No por méritos propios has nacido de Alfeo, que es un verdadero israelita.

Lo que tienes que hacer es agradecérselo al Eterno, nada más, porque te ha otorgado un gran regalo.

Y como signo de gratitud y con humildad, tratar de conducir al Dios verdadero a otros que no tienen este don. Hay que ser bueno.

–     ¡Es difícil amar a quien no se conoce!

–     No. Mira.

Tú, pequeñuelo, ven aquí.

Se acerca un niño de unos ocho años, que estaba jugando en un ángulo con otros dos chiquillos.

Es un niño robusto, de pelo muy negro aunque de tez blanquísima.

–     ¿Quién eres?

–     Soy Lucio.

Cayo Lucio de Cayo Mario, romano, hijo del decurión de guardia, que se quedó aquí después de la herida».

–     ¿Y ésos quiénes son?

–     Isaac y Tobías.

Pero no se debe decir porque no se puede. Les pegarían.

–     ¿Por qué?

–     Porque son hebreos y yo romano.

No se puede.

–     Pero tú vas con ellos…

¿Por qué?

–     Porque somos amigos.

Jugamos siempre a los dados y al saltarel juntos; pero no deben vernos.

–     ¿Y a mí me querríais?

Yo soy también hebreo y no soy un niño. Fíjate, soy un maestro, como si dijéramos un sacerdote.

–     ¡Qué más da!

Si me quieres, te quiero. Y te quiero, porque me quieres.

–     ¿Por qué lo sabes?

–     Porque eres bueno y quien es bueno quiere a los demás.

–     Ved, amigos: el secreto para amar es ser buenos

Si se es bueno se ama, sin pensar si éste es o no de una determinada fe.

Y Jesús, llevando de la mano al pequeño Cayo Lucio, va a donde los niños hebreos, que se habían escondido asustados tras el atrio de una casa, a acariciarlos

Y les dice:

–     Los niños buenos son ángeles.

Los ángeles tienen una sola patria: el Paraíso; una sola religión: la del único Dios; un solo Templo: el corazón de Dios. Quereos como ángeles siempre.

–     Pero, si nos ven nos pegan…

Jesús no responde; se limita a mover la cabeza con un sentimiento de amargura.

Una mujer alta y de bello aspecto llama a Lucio.

El niño deja a Jesús mientras grita:

–     ¡Es mi mamá!

Y a la mujer le grita:

–    ¡Mira el amigo que tengo!

¡Es grande! ¡Es un maestro!…

La mujer no se marcha con su hijo, sino que se acerca a Jesús.

Y le pregunta:

–     ¡Hola!

¿Eres el hombre de Galilea que ayer habló en el puerto?

–     Soy Yo.

–     Espérame aquí entonces.

Tardo poco.

Y se va con su pequeñuelo.

Entretanto han llegado también los otros apóstoles, excepto Mateo y Juan, .

Y preguntan:

–     ¿Quién era?

Simó y los demás responden:

–     Una romana, creo.

–     ¿Y qué quería?

–     Ha dicho que espere aquí.

Lo sabremos.

Entretanto, algunas personas curiosas, se han acercado y se ponen a esperar también.

Vuelve la mujer con otros romanos.

Uno que parece siervo de una casa señorial, pregunta:

–     ¿Entonces eres Tú el Maestro? 

Cuando le ha sido confirmado,

pregunta:

–    ¿Sentirías aversión por curar a una hijita de una amiga de Claudia?

La niña está agonizando. Se ahoga. El médico no sabe de qué se está muriendo.

Ayer tarde estaba sana, esta mañana ya estaba agonizando.

–     Vamos.

Avanzan un poco por una calle que lleva al lugar de ayer.

Llegan al portal de una villa que parece habitada por romanos y que está abierta de par en par.

–     Espera un momento.

El hombre entra rápido.

Casi inmediatamente se asoma de nuevo y dice:

–     Ven.

Pero, sin darle ni siquiera tiempo a Jesús de entrar, sale de la casa una joven de aspecto señorial, aunque con una angustia más que evidente.

Lleva en brazos a una criaturita de pocos meses, como muerta, ya cárdena, como una persona que se esté ahogando.

Está enferma por una difteria mortal y está en los últimos estertores de su vida.

La mujer busca amparo en el pecho de Jesús como un náufrago en un escollo. Su llanto es tan grande, que no es capaz de hablar.

Jesús toma a la criaturita, que manifiesta pequeños movimientos convulsivos en las manitas céreas, con sus uñitas ya violáceas.

La levanta. La cabecita queda colgando hacia atrás sin fuerza.

La madre, perdida su soberbia de romana frente a un hebreo, se ha deslizado hasta los pies de Jesús, al suelo.

Y llora con el rostro levantado, los cabellos medio desgreñados, los brazos extendidos, estrujando la túnica y el manto de Jesús.

Detrás y alrededor mirando, hay romanos de la casa y mujeres hebreas de la ciudad.

Jesús moja en su saliva su dedo índice derecho y lo mete en la boquita jadeante. Lo introduce hacia abajo.

La niña forcejea. Su tez se ennegrece aún más.

La madre grita:

–   ¡No! ¡No!

Y se contorsiona como si hubiese sido traspasada por un puñal.

La gente contiene la respiración…

Pero el dedo de Jesús, sale junto con un amasijo de membranas purulentas.

La niña deja de forcejear.

Luego, emite un tierno gemido de llanto y se calma con inocente sonrisa, manoteando y moviendo los labios como un pajarillo cuando pía y agita las alitas en espera de su alimento.

Jesús le entrega la niña y declara:

–     Toma, mujer.

Dale la leche. Está curada.

La madre está en tal modo turbada, que coge a la pequeñita y así como estaba en el suelo, la besa.

La acaricia toda para sí, le da el pecho enajenada, olvidada de todo lo que no sea su hijita.

Un patricio romano muy elegante,

le pregunta a Jesús:

–     Pero ¿Cómo lo has conseguido?

Soy el médico del Procónsul, soy docto, he tratado de quitar la obstrucción, pero estaba muy abajo, demasiado abajo…

Y Tú… así…

–     Eres docto, pero no tienes contigo al Dios verdadero.

¡Sea Él en esto glorificado! ¡Adiós!

Y Jesús hace ademán de querer marcharse.

Pero he aquí que un pequeño grupo de israelitas siente la necesidad de intervenir.

Y lo increpan:

–     ¿Cómo te has permitido acercarte a extranjeros?

Son impuros, están corrompidos, cualquiera que se acerque a ellos queda contaminado.

Y con el Don de Ciencia Infusa…

Jesús mira fijamente, severamente, a los tres.

Y dice:

–     ¡No eres tú Ageo, el hombre de Azoto que vino aquí el pasado Tisrí para negociar con el mercader que está al pie de los muros del viejo fontanar?

¿Y tú no eres José de Rama, que vino también aquí. Y tú sabes, como Yo, por qué, a la consulta del médico romano?

¿Y entonces? ¿No os sentís vosotros impuros? 

Un médico no es nunca extranjero. Cura el cuerpo, que es igual para todos. A mayor razón lo es el alma.

Pero además, ¿Qué he curado Yo? El cuerpo inocente de un párvulo, medio con que espero curar las almas no inocentes de los extranjeros.

Como médico y Mesías por tanto, puedo tratar con cualquiera.

–     No puedes.

–     ¿No, Ageo?

¿Y tú por qué tratas con el mercader romano?

–     Mi contacto con él es sólo a través de la mercancía y del dinero.

–     Y entonces, dado que no tocas su carne, sino solamente lo que ha tocado su mano, no te parece que te contamines…

¡Oh, ciegos y crueles!

Escuchad todos. Precisamente en el libro del Profeta cuyo nombre lleva éste, está escrito:

“Plantea a los sacerdotes esta cuestión sobre la Ley:

“Si un hombre lleva carne santificada en el vuelo de su túnica y con él toca luego viandas, pan o aceite u otros alimentos, ¿Quedarán estas cosas santificadas?” (Ageo 2, 11 y siguientes).

Y los sacerdotes respondieron: “No”.

Entonces Ageo dijo: `Si uno, impuro a causa de un muerto, toca una de estas cosas, ¿Quedará contaminada?’.

Y los sacerdotes respondieron: `Si”‘.

Por esta subrepticia, engañosa, incoherente manera de actuar, ponéis obstáculo al Bien y lo condenáis y sólo aceptáis lo que os produce algún beneficio.

En ese caso cesan indignación, asco y aversión.

Distinguís, si no os acarrea un perjuicio personal lo impuro, que hace a uno impuro, de lo que no lo es.

¿Cómo sois capaces, bocas mentirosas, de profesar que lo que ha sido santificado por haber tocado carne santa o cosa santa, no santifica lo que toca?

¿Y lo que ha tocado una cosa impura puede convertir en impuro lo que toca?

¿No comprendéis que os contradecís, ministros embusteros de una Ley de Verdad de la que os aprovecháis?

Vosotros la retorcéis como si fuera una soga, según que os lo pida vuestro anhelo de obtener de ella algún provecho.

Fariseos hipócritas, que bajo pretexto religioso dais rienda suelta a vuestra rencorosa envidia humana, enteramente humana;

profanadores de lo que a Dios pertenece; insultadores y enemigos del Mensajero de Dios.

En verdad, en verdad os digo que todo acto vuestro, toda conclusión vuestra, todo movimiento vuestro;

tiene en la base todo un mecanismo astuto constituido por ruedas, resortes, contrapesos, tirantes; que son vuestros egoísmos, pasiones, hipocresía, odios, anhelo de imponerse a los demás, envidias.

¡Deberíais avergonzaros! Codiciosos, cobardes, rencorosos, que vivís en el miedo orgulloso de que alguno, aun no siendo de vuestra casta, os aventaje.

¡Mereced ser como ese que os infunde miedo y os produce ira! Como dice Ageo, de un montón de veinte celemines hacéis uno de diez, y de cincuenta barriles veinte.

Y os quedáis con la diferencia, mientras que, tanto por dar ejemplo a los demás como por el amor debido a Dios, deberíais no quitar;

sino añadir de lo vuestro al conjunto de los celemines y barriles en pro de quien pasa hambre.

Y es así que merecéis que el viento abrasador, la herrumbre y el granizo hagan infecundas toda obra de vuestras manos.

¿Quién de entre vosotros viene a Mí? 

Éstos, estos que para vosotros son estiércol y desecho; éstos supremos ignorantes que ni siquiera saben que existe el verdadero Dios,

vienen a quien lleva en las palabras y en las obras a este Dios. Sin embargo, vosotros…

¡Ah, os habéis hecho un nicho y en él estáis! Secos, fríos como ídolos que esperan incienso y adoración.

Dado que os creéis dioses, os parece inútil pensar en el verdadero Dios en el modo debido.

Y veis peligroso el que otros se propongan, lo que vosotros no os proponéis.

En verdad, no podéis proponéroslo porque sois ídolos, y porque sois siervos del Ídolo.

Pero quien intenta puede, porque no obra él, sino Dios en él.

¡Idos! Referid a quien os ha enviado a pisarme los talones que detesto a los mercaderes que juzgan que el vender mercancías, patria o Templo a quienes les ofrecen dinero no contamina.

Decidles que siento repugnancia por los degenerados cuyo único culto es la propia carne y sangre.

Y juzgan que el trato con el médico extranjero para curación de éstas no contamina.

Decidles que la medida es igual, que no hay dos medidas.

Decidles que Yo, el Mesías, el Justo, el Consejero, el Admirable, aquel sobre quien descenderá el Espíritu del Señor en sus siete dones,

Aquel que no juzgará por lo que se presenta ante los ojos sino por lo secreto de los corazones, aquel que no condenará por lo que oiga con los oídos, sino por las voces espirituales que oiga en el interior de cada hombre,

Aquel que se pondrá de la parte de los humildes y juzgará con justicia a los pobres, aquel que soy Yo, porque esto soy Yo,

ya está juzgando y castigando a los que en este mundo son sólo tierra; el soplo de mi aliento hará morir al impío y devastará su guarida;

mientras que para quienes, deseosos de justicia y fe, vengan a Mi monte santo a saciarse de la Ciencia del Señor, será Vida y Luz, Libertad y Paz.

Esto es Isaías, ¿No es verdad? (11, 1 y siguientes)

¡El pueblo de mi propiedad! Enteramente viene de Adán y Adán viene de mi Padre; todo él es por tanto, obra del Padre.

Y a todos debo reunir en torno al Padre. Yo los conduzco a Tí, Padre Santo, eterno, potente;

conduzco a Ti a los hijos errantes después de congregarlos con la voz del amor, bajo mi cayado pastoral,  semejante al que Moisés levantó contra las serpientes de muerte.

Para que Tú tengas tu Reino y tu Pueblo. Y no hago distinciones, porque en el fondo de todos los vivientes, veo un punto que resplandece más que el fuego: 

el alma, una chispa tuya, eterno Esplendor. ¡Oh, eterno deseo mío! ¡Oh, voluntad incansable mía!

Esto quiero, en esto ardo: una tierra que por entero cante tu Nombre, una humanidad que te llame Padre, una redención que a todos salve,

una voluntad fortalecida que haga a todos obedientes a tu Voluntad, un triunfo eterno que llene el Paraíso de un hosanna sin fin…

¡Oh, multitud de los Cielos!… Sí, veo la sonrisa de Dios… Y es el premio contra toda dureza humana. 

Jesús está inspirado con su Oración…

Mas los tres israelitas ya han huido bajo la granizada de reproches.

Los otros, todos, romanos o hebreos, se han  quedado boquiabiertos.

En cuanto a la mujer romana, con su pequeñita ya satisfecha de leche y durmiendo plácidamente sobre el regazo materno, …

Está allí, en el mismo sitio de antes, casi a los pies de Jesús. Y llora de alegría materna y de emoción espiritual.

Muchos lloran por el arrollador cierre de Jesús, que en este éxtasis parece llamear.

Y Jesús, bajando los ojos y el espíritu del Cielo a la tierra, ve a la gente, ve a la madre…

Y al pasar, tras un gesto de adiós a todos, roza con su mano a la joven romana, como para bendecirla por su Fe.

Y se marcha con los suyos, mientras la gente, todavía estupefacta, permanece en el lugar…  

A LA LOCURA DE LA CRUZ


18. Pues la predicación de la Cruz es una necedad para los que se pierden; mas para los que se salvan – para nosotros – es fuerza de Dios. 1 Corintios 1,

MENSAJES DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA
29 de Noviembre del 2020

Amados hijos de Mi Corazón Inmaculado:

Les mantengo en mi Regazo Materno, son los hijos de mi Hijo, los amo con mi Corazón Materno.

Amado Pueblo de Mi Hijo, deben mantener el debido respeto a la enfermedad presente y tomar las medidas necesarias para que no sean presa de esta.

Les he dado los medicamentos naturales necesarios para que se libren de esta enfermedad.

CONTINÚEN SIN TEMOR, NO SEAN PRESA DEL TEMOR,

SEAN CONSCIENTES DEL AMOR DIVINO

PARA QUE NO PIERDAN LA FE

18. Pues la predicación de la Cruz es una necedad para los que se pierden; mas para los que se salvan – para nosotros – es fuerza de Dios. 1 Corintios 1,

Y LA MISERICORDIA DIVINA.

Aunque los dirigentes comunistas, masones e illuminatis de la Tierra tengan todo preparado para llevarlos a caer en el pánico, no permitan que los lleven hacia esa trampa.

Tengan presente que NO ES EL FIN DEL MUNDO,

SINO DE ESTA GENERACIÓN,

POR ELLO SE ENCUENTRAN ANTE TANTO CAOS

Generado por la desobediencia a Mis Revelaciones:

A las ya cumplidas, a las que se están cumpliendo y las que están por cumplirse.

El Demonio lo sabe, y conociendo esto, ha desatado su furia contra Mis hijos para llevarlos hacia la condenación.

ES DE SUMA IMPORTANCIA

EL QUE CADA UNO SE MIRE EN SU INTERIOR

Y DEVELE EL VERDADERO YO HUMANO CON EL QUE CAMINA.

LUCIFER – MAITREYA – SATANÁS

Hay un ejercicio muy doloroso, pero super efectivo:

Pidan al Espíritu Santo que les preste, SU ESPEJO mediten lo que descubran….

Van a llorar  y tal vez se horroricen, con lo que les SEA REVELADO…

PUES ES LA EXPERIENCIA MÁS TERRIBLE,

VERNOS DESNUDOS, ante DIOS....

Pero tengan la humildad necesaria, para aceptarlo y… 

¿Para qué sirve esto? 

LAS TRAMPAS DE SATANÁS,

LAS DESCUBREN, DESDE QUE LAS ESTÁ MONTANDO… 

¿Cuáles  son las TRAMPAS de Satanás?

Porque nuestra primera reacción es decir:

“Hey… ¿Qué está pasando, yo NO soy….

(tacaño, vanidoso, racista, colérico, vengativo, etc)

O si es al contrario:

Estamos en Guerra Espiritual y el campo de batalla del Enemigo es nuestra mente

Y sabes que a veces perdonas, pero nunca olvidas,… 

Y tampoco permites, que los demás se atrevan a pasarse de la raya, y te pisoteen…

En lugar de ENGANCHARTE CON EL RENCOR,.. (en tus recuerdos más amargos y dolorosos)

Inmediatatamente invoca tres veces: 

“¡AVE MARÍA PURÍSIMA, SIN PECADO CONCEBIDA!”   

Que es el equivalente a  ¡Mamita, por favor DEFIÉNDEME! “

O “¡Sangre Preciosísima de mi Señor Jesucristo, cúbreme y protégeme de todo mal!”

María es lo máximo para auxiliarnos, sobre todo en las batallas contra el  Dragón del Apocalipsis.

Pero si te sientes más cómodo, invocando la Preciosísima Sangre de Jesucristo, el resultado es el mismo:

¡Los Demonios huyen despavoridos!

El cristiano debe tener identidad de realeza con corazón de siervo.

¡Porque ya tienes a toda UNA LEGIÓN DE PODEROSOS DEMONIOS, ¡atacándote! con TODA su artillería!

No es momento para que vivan en la incertidumbre, ni en la incomodidad, ni en la envidia, ni en la soberbia, ni  en la ambigüedad.

Éstas bajas pasiones les harán crecer dentro de la Maldad que Satanás envía a los hombres ,para que caigan en sus trampas,

y olviden que han sido redimidos por Mi Hijo y no están sujetos al Mal, sino al Bien.

El Gobierno Único Mundial mantiene a la humanidad en la Gran Batalla Espiritual, confundiéndoles para infundirles temor ante todo lo que enfrentan,

a falta de la Fe verdadera, de la Obediencia y de la Esperanza del Pueblo de Dios.

Se dirigen hacia grandes tribulaciones, lo saben… como nunca antes las han vivido.

EL ORDEN MUNDIAL TIENE PROGRAMADO

EL QUE TODA LA HUMANIDAD EN TODOS SUS NIVELES

CAMBIE TOTALMENTE

Sus planes son llevar a la humanidad a cambiar en todo aspecto mediante una inducción electromagnética

PROGRAMADA PARA QUE LA CRIATURA HUMANA SEA ALTERADA

EN SU MENTE, PENSAMIENTO, OBRAR Y ACTUAR.

¡Alerta!, Pueblo de Mi Hijo. ¡Alerta!, hijos Míos, resistan, que no les tomen desprevenidos, 

SEAN CONSCIENTES DE QUE SON HIJOS DE MI HIJO,

MANTÉNGANSE EN ESTADO DE GRACIA,

Esa cruz me pertenece Señor, ¡Crucifícame Jesús, porque te adoro sobre todas las cosas! Y ayúdame a Amar, haciendo Tu Voluntad y no la mía…´´

TODOS DE CRISTO, TODOS PARA CRISTO,

 Manténganse dispuestos a vivir para Mi Hijo, de esa forma no lograrán transformarles.

No teman a la hambruna que se acerca en toda la Tierra,

ni a la caída de la economía global,

el único Justo y Verás es el Padre Eterno y no desampara a Su Pueblo.

No teman al estremecimiento de la Tierra, aunque no sea al actuar normal de ella.

Se estremece la Tierra.

Se llega el Gran Estremecimiento revelado por esta Madre, por ello es necesario para Mis hijos mantener la FE FIRME.

Hijos, es momento de reconocer los errores…
Es momento de volver al redil…
Es momento de unirse…

SE CIERNE SOBRE LA HUMANIDAD,

LA MANO TENEBROSA DEL MAL,

agrediendo fuertemente a la humanidad para cambiarles la mentalidad y turbarles, para llevarlos al miedo descontrolado,

ofrecerles seguridad y prometerles estabilidad y así controlarles como controlan a las turbas en las ciudades.

SEAN FIRMES EN LA FE,

NO PERMITAN QUE LA INCERTIDUMBRE LES TOME POR SORPRESA.

Oren hijos Míos, oren, la Tierra se estremece en el Norte, con gran fuerza, oren por California, oren por Canadá.

Oren hijos Míos, oren, en el Sur la Tierra es fuertemente estremecida, tomando por sorpresa a sus habitantes.

Oren hijos Míos, oren, en Europa y Asia se mueve la tierra. Oren por Japón en especial.

Oren hijos Míos, del Espacio se acerca un cuerpo celeste que tendrá en vilo a la humanidad.

Oren hijos Míos, oren la Tierra despierta en el Cinturón de Fuego.

Oren hijos Míos, oren, el momento se acelera y el Mal aumenta su presión sobre la humanidad, para hacerse presente.

Amado Pueblo de Mi Hijo:

No se duerman, no es momento para dormir, es momento para mantenerse en vigilia constante.

UNA NUEVA ENFERMEDAD ARREMETE EN LA TIERRA

Y MIS HIJOS PADECEN POR ELLO.

El Sol toma por sorpresa al hombre, grandes cambios se acercan, tienen que vivir más del espíritu que de lo material para salvar el alma.

NO TODO LO QUE SUCEDE TIENE LÓGICA PARA EL HOMBRE,

LOS PLANES DIVINOS NO VAN DENTRO DE LA LÓGICA HUMANA.

LO QUE HA DE CUMPLIRSE SE CUMPLE,

NO CUANDO EL HOMBRE LO DIGA,

SINO CUANDO SE DECRETÓ EN EL CIELO.

Amados hijos, la Guerra acelera su llegada, China da pasos agigantados.

Antes de despedirme, hijos Míos, DESEO LLAMARLES A LA UNIDAD

 A MANTENERSE EN LA FRATERNIDAD, TODOS SE VAN A NECESITAR, TODOS.

Prepárense para que se refugien en Mi Inmaculado Corazón,

manténganse en constante unidad, ofrecimiento y adoración al único Dios, digno de alabanza,:al Alfa y la Omega por los siglos de los siglos.

EN TODO MOMENTO SE ENCUENTRAN DE LA MANO DEL PADRE CELESTIAL. 

No están solos, manténganse dentro de la columna en marcha.

Les bendigo. Los amo.

¡NO TEMAN!

¿NO ESTOY YO AQUÍ QUE SOY SU MADRE?

Mamá María

(*) Sobre el Comunismo…

Comentario del Instrumento: 

Hermanos:

Bendita sea nuestra Madre Santísima.

Como buena Madre nos advierte para que descifremos el alcance de Sus Palabras que no son para que entremos en temores,

Sino para que afiancemos la Fe en la Protección Divina.

Si bien es cierto que para pretender el Auxilio Divino debemos cumplir con la Ley de Dios, y sobre todo con el Mandamiento del Amor a Dios y al prójimo,

También es cierto que la Fe nos impulsa a vivir lo que una criatura humana sin Fe no podrá superar.

El recibir la Sagrada Eucaristía, el orar a tiempo y destiempo, el vivir el Mandamiento del Amor fraterno, mantiene la Fe en la criatura humana.

Nuestra Madre nos advierte de cuanto se acerca, nos dice claramente de los planes que se ciernen sobre el género humano con el cambio de mentalidad, de reacción, de pensamiento del hombre,

Y en general, el cambio de valores en todos los ámbitos en que se desarrolla el ser humano.

Este es el gran paso del Orden Mundial, estamos frente a ello.

Y la respuesta nuestra es Fe, Fe, Fe, no podemos decir: ¡sí!, a lo que es ¡no!  ni decir: ¡no! a lo que es ¡sí! 

Tengamos en cuenta que nuestra Señora de Fátima, en el Tercer Secreto, alertó al mundo sobre el peligro del Comunismo… (*)

Recordemos que los TIBIOS SERÁN VOMITADOS por la Boca de Dios (Apoc 3,16).

Nos acercamos a grandes cambios en la Tierra, pero lo que no puede cambiar es el amor de la criatura humana por su Dios y su Señor.

Y por nuestra Madre Santísima.

SE NOS LLAMA A LA PRUDENCIA, NO AL MIEDO DESENFRENADO.

El Pueblo de Dios, viviendo en Fe, es más fuerte que todo cuanto llegue. Amén. 

(*) Fátima, el pedido de consagrar a Rusia, cuna del comunismo…

PROFECÍAS Y REVELACIONES

REINA DE LOS PROFETAS

LA FALTA DE FE Y LA INCREDULIDAD 

20.09.2017

LA TRANSUBSTANCIACIÓN EN EL INSTANTE DE LA CONSAGRACIÓN, ES REAL Y VERDADERA,

AUNQUE ALGUNOS DE MIS HIJOS PREDILECTOS HAN PERDIDO LA FE EN ESTE INSTANTE

Y TRATAN A MI HIJO DURAMENTE, SIN RESPETO, SIN AMOR, 

CON GRAN INCREDULIDAD,

OLVIDANDO QUE MI HIJO SE HACE PRESENTE 

ANTE LAS PALABRAS DE LA CONSAGRACIÓN DEL SACERDOTE

Y EL CLAMOR DE SU PUEBLO FIEL.

21.05.2018

YO LES MIRO DISTRAÍDOS POR LAS NECEDADES HUMANAS

Y POR LA INCREDULIDAD EN QUE VIVEN.

LA FALTA DE FE

CRECE CADA INSTANTE EN EL PUEBLO DE MI HIJO,

que se encuentra confundido ante las incongruencias en el obrar y actuar de algunos de Mis hijos predilectos que no dan testimonio del Amor Divino.

Esto se ha incrementado ante la falta de oración en las casas de formación.

La Humanidad es cambiante, por eso la Fe es tambaleante

y el hombre deja traslucir esa falta de firmeza espiritual, que les lleva a una falta de firmeza en el ejercicio constante de su vida.

20.11.2015

Amados Míos: Ninguna criatura humana conoce como el Padre, qué sucederá a la humanidad,

por lo que tienen que mantener la Fe en la Verdad de Mi Hijo… “Muchos son llamados, pero pocos son los elegidos”. (Mt 22,14)

El armamento de este instante se encuentra esparcido por toda la Tierra, quien niegue la veracidad que vive esta generación, es iluso…

ESTE INSTANTE ES PARA QUE MIS HIJOS RECONOZCAN LA FALTA DE FE

Y EL ENGAÑO EN QUE SE HAN MANTENIDO. 

La falta de iniciativa para acercarse al Creador de todo lo visible e invisible, ha causado en el hombre gran ignorancia y ésta lleva al hombre a descartar los Llamados Divinos para que se preparen.

En su lugar la humanidad descarta la Presencia del Espíritu Santo en el hombre y rechaza insistentemente el Plan de Salvación para la humanidad.

LA FE NO PUEDE CRECER. SI NO CONOCEN A QUIEN LES AMA: A MI HIJO…

18. Pues la predicación de la cruz es una necedad para los que se pierden; mas para los que se salvan – para nosotros – es fuerza de Dios. 1 Corintios 1, 18

LA FE NO PUEDE CRECER,

SI NO CONOCEN CUÁNTO LES AMA MI HIJO,

Lo Misericordioso que es para con el hombre y lo Justo que es,

por lo que cada uno es responsable de sus actos y de cómo ellos afectarán a los que tiene a su alrededor, para bien o para mal.

Los fuertes, firmes y decididos en este instante son los que ocupan los primeros lugares,

porque la Fe debe ser sólida para que ésta no decaiga,

sino sea ese impulsador de sus hermanos para que no se estanquen y el crisol les lleve a padecer más de lo que deben padecer.

21. Porque habrá entonces una gran = tribulación, cual no la hubo = desde el principio del mundo = hasta el presente = ni volverá a haberla.
22. Y si aquellos días no se abreviasen, no se salvaría nadie; pero en atención a los elegidos se abreviarán aquellos días.

7.10.2016

ESTA GENERACIÓN PADECERÁ HASTA EL HARTAZGO

EN MANOS DE QUIENES LEVANTAN AL ANTICRISTO

CONTRA EL PUEBLO DE MI HIJO,

como resultado de la larga acción de la masonería, de los illuminati, del comunismo, de la rebeldía, de la falsedad, DE LA FALTA DE FE

y del SATANISMO QUE SE INFILTRÓ EN LA IGLESIA DE MI HIJO,

provocando que los Tentáculos del Mal, accionen despiadadamente en contra de toda la Humanidad.

11.10.2016

Son el Pueblo de Mi Hijo.

Y no les desampararé. Cuanto más cruento sea el instante, mayor será Mi Protección sobre ustedes.

NO TEMAN HIJOS, EL AMOR DIVINO ATENÚA LOS INSTANTES DIFÍCILES

Y LES PROVEE DE FUERZA ESPIRITUAL

COMO NUNCA ANTES HA SIDO PROVISTO EL PUEBLO DE DIOS.

NO TEMAN, ESTA MADRE LES AMA.

LES LLAMO A ADENTRARSE EN EL SAGRADO CORAZÓN DE MI HIJO

Y EN MI CORAZÓN INMACULADO.

Sean perseverantes, no decaigan en la Fe, mantengan la confianza en Mi Hijo. Les bendigo.

30.07.2017

MI HIJO ACORTARÁ LOS DÍAS

EN ESTE INSTANTE DE CRISIS ESPIRITUAL,

DE CRISIS DE REBELIÓN,
DE CRISIS DE FALTA DE FE 

DEBIDO A LA ENTREGA DE LA HUMANIDAD,

A TODO LO QUE PROVIENE DEL DEMONIO.

Mientras más avanzados en ciencias ocultas, MÁS TINIEBLAS nos oscurecen y más satanizados nos encontramos…

5.09.2017

NO SERÁN CREATURAS FORTALECIDAS EN LA FE

SI PRIMERO NO CRECEN INTERIORMENTE.

21.05.2018

YO LES MIRO DISTRAÍDOS POR LAS NECEDADES HUMANAS

Y POR LA INCREDULIDAD EN QUE VIVEN.

LA FALTA DE FE CRECE A CADA INSTANTE,

EN EL PUEBLO DE MI HIJO,

que se encuentra confundido ante las incongruencias en el obrar y actuar de algunos de Mis hijos predilectos que no dan testimonio del Amor Divino.

Esto se ha incrementado ante la falta de oración en las casas de formación.

La Humanidad es cambiante, por eso la Fe es tambaleante

y el hombre deja traslucir esa falta de firmeza espiritual que les lleva a una falta de firmeza en el ejercicio constante de su vida.

20.09.2018

Como Madre les llamo a orar con el corazón…

Y transformarse voluntariamente en hijos verdaderos de Mi Hijo en este instante en que un gran número de sus hermanos se encuentran apostatando de la fe.  

EN LA BATALLA ESPIRITUAL ENTRE EL BIEN Y EL MAL,

algunos de mis hijos no son constantes en el actuar y obrar dentro del bien,

UNOS SE VUELVEN TIBIOS POR FALTA DE ENTREGA,

OTROS SE LANZAN EN MANOS DEL DEMONIO

QUE LES INJERTA LA DEPRAVACIÓN, LA FALTA DE FE Y EL LIBERTINAJE.

Amados hijos de Mi Corazón Inmaculado: el Pueblo de Mi Hijo debe emanar fraternidad hacia sus semejantes, amor hacia la Trinidad Sacrosanta,  deben ser cumplidores de la Ley de Dios

AYUNO Y ORACIÓN, desatan totalmente el Poder de Dios..

Y AFIANZAR LA FE EN EL PODER DIVINO,

EN LA OMNIPOTENCIA DIVINA,

EN LA OMNIPRESENCIA DIVINA

en instantes en que el Pueblo de Mi Hijo, del cual soy Madre, se encuentra siendo zarandeado por las Tinieblas que permanecían ocultas dentro de la Iglesia de Mi Hijo.

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111 EL MARTIRIO 2


111 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

LAS DOS COLUMNAS PRIMARIAS

Nerón, cuando asesinó a Séneca esperaba apoderarse de la fortuna estimada en trescientos millones de sestercios y descubrió que ésta no llegaba ni a la décima parte de esa cantidad.

Con la sentencia de Petronio, se encontró con que lo único que quedaba era su palacio en Roma y la quinta de Cumas; que ya no le pertenecían a él, pues estaban legalizadas a nombre de otro dueño.

Estos dos fiascos le hicieron  decretar que en los testamentos se presentarían en blanco las dos primeras páginas.

Que solamente se escribiría en ellas el nombre del testador y que el que escribiese el testamento de otro, no podría asignarse ningún legado.

Empobrecido y exhausto de recursos hasta el punto de demorar la paga de los soldados y las pensiones de los veteranos, recurrió a las rapiñas y a las falsas acusaciones.

Se apoderó de los bienes y las fortunas que le apetecían con el argumento de que ‘habían sido ingratos con el Príncipe.’

Un día que cantaba en el teatro, vio a una matrona adornada con la prohibida púrpura, la señaló a sus agentes y haciéndola sacar inmediatamente, le confiscó el traje y los bienes.

Y ya no confirió ningún cargo sin añadir:

–   ¿Sabes lo que necesito?

Obremos de tal forma que nadie tenga nada.

Concluyó por despojar a la mayor parte de los templos y fundió todas las estatuas de oro y de plata.

Después de la muerte de Popea quiso casarse con Antonia la hija de Claudio.

Como ella se rehusó, también la acusó de conspiración e hizo que la mataran.

No hubo lazo que no rompiera con el crimen.

Y mientras tanto su red de espías, seguían llenando los tribunales con cristianos.

Pedro fue arrestado por los pretorianos y lo llevaron a la cárcel mamertina, en el calaozo del Tullianum.

Los cristianos lo recibieron con gran reverencia y amor.

Algunos presos que habían sido torturados y que no eran cristianos, le pidieron que los ayudase.

Pedro oró y los sanó el Señor.

El hijo de un verdugo que estaba sordo y mudo, también fue sanado.

Entonces un centurión se acercó…

Y le dijo:

–   Mi nombre es Flavio. 

Tengo un compañero de guerra al que quiero mucho.

En Germania recibió un fuerte golpe en la nuca y está paralizado del cuello hacia abajo.

¿Podrías rogar a tu Dios para que lo cure?

Pedro le contestó:

–   Flavio, ¿Crees que nuestro Señor Jesucristo pueda sanarlo?

–   Sí creo. Creo que Él es Dios y si Él quiere, puede compadecerse de un pagano…

–  Flavio, en el Nombre de Jesucristo, hágase como lo pides.

Y dile a tu amigo que busque la Luz de la Verdad.

Por la tarde de ese mismo día, llegó el otro soldado completamente sano a darle las gracias.

Flavio dice llorando:

–   Cuando seas sentenciado, yo voy a tener que matarte.

Pedro lo mira sonriendo con amor,

Y lo exhorta:

–   Cumple tu deber hijo mío.

Y alégrate. No me darás la muerte. Lo que vas a hacer es abrirme las Puertas del Cielo.

El soldado sanado declara:

–   Anciano, yo soy Leoncio y te doy las gracias a ti y a tu Dios.

Flavio pregunta:

–      Dime cómo podemos agradecerle y adorarlo.

–     Él Mismo los guiará. Venid…

Y Pedro les habla del alma y del Cielo…

Durante todo el tiempo que estuvo en prisión, continuó evangelizando también a sus carceleros,

realizando milagros a todos los que se lo pedían y bautizando sin cesar a los conversos…

Y los rumores de lo sucedido, traspasaron las murallas de la prisión y se expandieron por todos lados.

Entonces Pablo también fue llevado a la cárcel Mamertina.

Y cuando Nerón fue notificado de que los líderes de la Iglesia Perseguida habían sido capturados, decidió divertirse un poco…

Recordó algo que le había platicado Popea cuando era prosélita de la religión hebrea.

Y en complot con Tigelino, urdió un plan…

Para ver lo que haría el Dios de los cristianos, al verse enfrentado con su Padre.

La primera vez que se menciona a Simón el Mago es en el Nuevo Testamento, en el libro de los Hechos de los Apóstoles, donde dice que él era un hombre experto en las artes mágicas con las cuales,

“tenía deslumbrados a los samaritanos y pretendía ser un gran personaje” (Hechos 8, 9).

Y cuando Felipe, uno de los primeros diáconos, llevó el evangelio a esta zona.

Por la gracia de Dios, mucha gente creyó y fue bautizada, incluyendo a Simón el Mago.

Al poco tiempo Pedro y Juan visitaron Samaria, para llevar el sacramento de la confirmación a los nuevos conversos.

El poder de este sacramento, impresionó a Simón el Mago y le ofreció dinero a los apóstoles, a cambio de que le dieran ese poder.

 Los apóstoles se rehusaron a perpetrar ese sacrilegio y la Iglesia hoy llama a ese pecado Simonía,.

 Simón, luego de ser rechazado por los Apóstoles, abandonó la Iglesia Católica y se volvió hacia el gnosticismo, una herejía cristiana temprana, que rechaza la autoridad de los Apóstoles,

en favor del conocimiento secreto que los cristianos afirmaban recibir directamente de Dios.

Al parecer volvió a su magia demoníaca y su conflicto llegó a su punto más alto en Roma; donde  tenía muy impresionada a la gente con sus artes mágicas.

Y por sus prodigios era tenido entre los judíos como un gran personaje que ‘Tenía consigo la Fuerza de Dios’.  

De acuerdo al plan preconcebido por el César, mandó sacar de la cárcel a Pedro y a Pablo.

Y ante una gran muchedumbre reunida en la plaza del Fórum,

Decidió enfrentarlos con Simón el Mago que capitaneaba a los judíos, acérrimos enemigos de los cristianos.

Cuando todos estuvieron frente al César,

éste les dijo, señalando a Simón:

–    Este hombre es sincero y vosotros, los embaucadores.

Y ahora lo veremos.

Acto seguido Simón el Mago, coronado de laurel por Nerón mismo, subió hasta lo más alto del Capitolio,

¡Y empezó a volar!

Pedro al ver aquello, dijo a Pablo:

–    Satanás se disfraza de ángel de Luz…

Pablo le replicó:

–   A mí me corresponde orar…

Y a ti, dar las órdenes debidas.

Pablo se arrodilló y se sumergió en la Oración en el Espíritu.

Pedro levantó la voz y dijo con autoridad:

–     Espíritus de Satanás que lleváis a este hombre por el aire.

En El Nombre Santísimo de Jesús yo os mando que no lo sostengáis más.

Y que lo bajéis sin dañarlo, hasta el suelo.

Los Demonios se encolerizaron tanto, que obedecieron la orden a medias.

Ante el asombro general, Simón aterrizó bastante maltrecho; porque lo soltaron desde una altura considerable y cayó, rompiéndose las piernas. 

Pero Pedro oró y  Dios hizo el milagro.

Y Simón  quedó tan avergonzado, que huyó a esconderse por un año, antes de animarse a comparecer ante el público otra vez.

Nerón se enfureció aún más, al ver el inesperado resultado de su maquinación.

Y antes de retirarse, ordenó que los llevaran al tribunal.

El Prefecto Agripa dijo a Pedro, al tenerlos frente a sí:

–    Así que tú eres el hombre que en tus reuniones aprovechas tu influencia e impides que las mujeres se casen.

Pedro le contestó:

–   Yo soy fiel discípulo de mi Señor Jesucristo.

El Crucificado que Resucitó y Vive y Reina por siempre, a la diestra de Dios Padre.

–    Le seguirás hasta el final.

También tú morirás en la Cruz.

Y a Pablo por ser ciudadano romano, lo condenó a ser decapitado.

Al anciano apóstol se le aplicaron los azotes prescritos por la ley.

Y al día siguiente fue conducido fuera de las puertas de la ciudad.

Hacia el Monte Vaticano, en donde debía cumplirse la sentencia y ser crucificado.

A causa de su avanzada edad, no se le exigió que cargara con la cruz.

Cuando llegaron al sitio designado, Pedro contempló toda la Ciudad Eterna, extendida a sus pies…

Y levantando la mano derecha, bendijo:

pedro

“Aquí donde Nerón gobierna hoy, Cristo gobernará por siempre.”

¡URBI ET ORBI! (a la ciudad y al mundo)

Y su sonrisa se hizo más luminosa y su rostro se volvió radiante, cuando Jesús le permitió extender su mirada a través de los siglos.

Y vio el mismo lugar de su martirio, convertido en una inmensa Basílica, con la grandiosa plaza con su nombre, perpetuado por su donación y entrega a su misión.  

Desde la cual, casi dos mil años después estaría llena de millares de personas, escuchando reverentes a otro Pontífice Mártir y Santo:

San Juan Pablo II.

La Plaza de San Pedro es una de las plazas más bonitas y grandes del mundo. Se encuentra situada en El Vaticano, a los pies de la Basílica de San Pedro.

Las dimensiones de la plaza son espectaculares: 320 metros de longitud y 240 metros de anchura.

En las liturgias y acontecimientos más destacados la Plaza de San Pedro ha llegado a albergar más de 300.000 personas.

Su sucesor 264, quién desde el Vaticano llevaría el mensaje del Evangelio a todas las naciones de la Tierra.

Y desde la Basílica de San Pedro, levantando su blanca mano, bendeciría lleno de bondad y de amor, infinidad de veces…

A través del Pontificado más largo de la Historia de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana:

Un papa profundamente mariano: “TOTUS TUUS”

¡URBI ET ORBI!

Flavio, el jefe de los verdugos le indicó a Pedro que debía extenderse sobre la cruz.

Y Pedro le dijo:

–    Cuando crucificaron a mi Señor pusieron su cuerpo sobre la Cruz, con los pies abajo y la cabeza en lo alto, porque mi Señor descendió desde el Cielo a la Tierra.

Os ruego que al clavarme lo hagáis de tal forma que mis pies queden en lo alto y mi cabeza en la parte inferior del madero.

Porque además de que no soy digno de ser crucificado como Él, yo voy a subir de la Tierra al Cielo.

Accedieron a su petición y lo colocaron sobre la Cruz de manera,

que sus pies quedaron clavados separadamente en los extremos del travesaño horizontal superior y las manos en la parte baja del fuste, cerca del suelo.

Cuando Pedro estaba ya crucificado, Dios abrió los ojos espirituales de los espectadores.

Y vieron al apóstol rodeado de ángeles que tenían en sus manos coronas de rosas  y de lirios.

Y a Jesucristo colocado a su vera, mostrándole un Libro abierto…

Pedro lo leyó: “Apocalipsis”

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Y dijo en voz alta:

–           Gracias Dios Mío.

Y se sumergió en la Oración en el espíritu.

Pedro admiró por largas horas, todos los sucesos que le fueron mostrados en la Ciudad del Vaticano.

Y finalmente, con voz llena de júbilo y de adoración,

Exclamó:

–           ¡Jesús! ¡Jesús! ¡Jesús!… –antes de expirar.

Las llaves del Cielo que Jesús le entregara y que habían estado en sus manos, las había entregado a Lino, en la Misa cuando le nombró su sucesor.  

En esa misma tarde, otro destacamento de pretorianos condujo a Pablo de Tarso a lo largo de la Vía Ostiense.

Pasaron por la Puerta Trigémina, hasta un lugar llamado Aqua Salviae.

Mientras avanzan, él mira hacia los Montes Albanos con la magnífica sensación de haber terminado su larga y fatigosa jornada apostólica.

Contempla ya los Cielos abiertos para recibirle y su alma está llena de júbilo,

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Por el inminente encuentro con el Dios por el que ha luchado y sufrido tanto,

Para darlo a conocer y a amar.

Cuando llegaron al sitio designado para el suplicio, se volvió hacia el Oriente y oró.

Luego, se despidió de los cristianos.

El verdugo le dijo:

–           Prepara tu cuello.

Pablo se arrodilló y dijo:

–           ¡Oh, Señor mío Jesucristo, en tus manos encomiendo mi espíritu!

Y ofreció su cuello al verdugo.

Éste levantó la espada y descargó el golpe…

Con el rostro radiante, Pablo de tarso fue decapitado.

En el mismo instante en que se desprendió su cabeza del tronco,

Exclamó:

–           ¡Jesús!…

Su sangre bañó la lóriga de su verdugo, brilló una luz intensísima.

Y quedó el aire perfumado con una fragancia maravillosa…

La Iglesia Cristiana ha sido confirmada con la sangre de sus Dos Columnas Primarias:

San Pedro y San Pablo Apóstoles…

Su ornamento final lo pondrá su último sucesor y papa mártir…

Y los cristianos que confesarán su glorioso testimonio en la Tercera Gran Persecución realizada en el imperio de terror del Anticristo…

112 EL MARTIRIO 3


112 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Tomás dice:

–  Yo soy de la idea de tu primo.

Muerte de Santo Tomás

Alrededor del año 40 d.C. el apóstol Tomás se fue a evangelizar al norte de la India.

El Espíritu Santo acompañó su predicación con muchísimos milagros y le salvó de manera prodigiosa, de numerosos peligros.

Tras nueve años hubo muchas conversiones, entre ellas Migdonia esposa de Casisio, cuñado del rey Gondófares.

Cuando el esposo se enteró, se quejó con el rey.

Éste mandó encerrar al apóstol,

y envió a la reina para que convenciera a su hermana del error que había cometido al hacerse cristiana.

Pero las cosas salieron al revés y fue Migdonia la que hizo que la reina se convirtiera.

Y ésta regresó diciendo:

–   Yo también creía como vosotros, que Migdonia mi hermana había cometido una gran estupidez.

Pero ahora estoy convencida de que ha obrado con gran sabiduría.  Ella me puso en contacto con el apóstol y he conocido a Cristo. 

He comprobado que Él Resucitó y me ha hecho conocer el Camino de la Verdad.

También he comprendido que los verdaderos necios, son los que se niegan a creer en Cristo.

El rey mandó entonces que le trajeran a Tomás a su presencia.

Lo llevaron atado de pies y manos.

Cuando lo tuvo ante sí, le ordenó que convenciera a las mujeres de su error.

Hubo entonces una larga discusión, donde el apóstol defendió la Fe Cristiana con todos los recursos del Espíritu Santo,

y no hubo manera de rebatirlos.

Entonces viéndose derrotados; por consejo de Casisio, el rey ordenó que arrojaran a Tomás en un horno encendido,

del cual salió el apóstol sano y salvo al día siguiente.

En vista de este prodigio; Casisio propuso a su cuñado que para que aquel poderoso hombre perdiera la protección divina

e incurriera en la Ira de su Dios, le obligase a ofrecer sacrificios en el Templo del Sol.

Cuando trataron de llevar a cabo su plan…

Tomás le dijo al rey:

–   ¿Quieres ver que en cuanto esté frente a la efigie de esa divinidad tuya, mi Dios la destruirá?

Hagamos un trato:

si sucede como te he dicho promete que serás tú el que adores a mi Señor Jesucristo. ¿Aceptas?

El rey replicó indignado:

–           ¿Cómo te atreves a hablarme como si fueras mi igual?

Enseguida ordenó que llevaran a Tomás hasta el templo del dios solar.

Cuando lo lanzaron al suelo obligándolo a postrarse, el apóstol dijo en arameo su lengua natal:

–    Adoro a mi Señor Jesucristo en cuyo Nombre Santísimo yo te ordeno a ti,

Demonio que te escondes en el interior de esta escultura, que ahora mismo la destruyas.

Al instante, la imagen que era de bronce se derritió como si hubiera sido hecha de cera.

Los sacerdotes encargados del culto del malogrado ídolo, se enfurecieron al ver lo ocurrido…

Y el pontífice que los presidía exclamó:

–  ¡Yo vengaré la afrenta que acabas de hacer a mi dios!

Mientras pronunciaba esta amenaza, se apoderó de una espada y con ella atravesó el corazón del apóstol.

Y así fue sacrificado Tomás.

El rey y Casisio al ver que el pueblo trató de vengar este asesinato y quisieron quemar vivo al pontífice pagano,

llenos de miedo huyeron de allí.

Los cristianos recogieron el cuerpo y lo enterraron con honores y gran veneración.

Santiago de Zebedeo opina:

–     Yo, sin embargo, pienso como Simón el Zelote.

Jesús pregunta:

–     ¿Y tú, Felipe?

–     Bueno… no quiero pensar en ello. El Eterno me dará lo que sea mejor.

El martirio de Felipe lo juntaremos con el de Andrés y el de Santiago de Zebedeo, en el siguiente post.

Andrés exclama:

–     ¡Oh…, callad!

¡Parece como si el Maestro debiera morir pronto! ¡No me hagáis pensar en su muerte! Andrés predicó en la costa del Mar Negro, el Caúcaso y Grecia. que fue su campo de apostolado.

San Andrés fue crucificado en Patrás de Acaya, en Grecia, alrededor del año 60. En una cruz aspada o Cruz de San Andrés

Y al estar atado y no clavado a la cruz, pudo predicar durante dos días al pueblo antes de morir.

Pedro confirma:

–     Es así, como has dicho, hermano mío.

Eres joven y estás sano, Jesús; debes enterrarnos a todos los de más edad que Tú.

Jesús responde:

–     ¿Y si me mataran?

Pedro grita:

–     ¡Que no te suceda jamás! ¡Te vengaría!

–     ¿Cómo? ¿Con venganza de sangre?

–     ¡Hombre, pues… incluso con sangre si me autorizas!

Si no, cancelando las acusaciones lanzadas contra Ti con mi profesión de fe ante las gentes.

El Martirio de San Pedro

El mundo te amará por mi infatigable predicación.

–     Es cierto. Así será.

¿Y tú, Juan? ¿Y tú, Mateo?

Mateo contesta:

–     Yo debo sufrir y esperar a haber lavado mi espíritu con abundancia de dolor.

Fue ejecutado mientras celebraba la Santa Misa…

Después de algunos años de apostolado en Palestina, Mateo se trasladó a Etiopía, donde realizó muchos milagros y resucitó a una hija del rey Egido.

Éste y toda su familia se hicieron cristianos. Cuando el rey murió, subió al trono Hitarco.

En el año 60d.C. en la ciudad de Nadaver  Etiopía, el nuevo monarca se enamoró perdidamente de Efigenia

y prometió a Mateo la mitad de su reino si lograba convencer a la joven para que lo aceptara por esposo.

El apóstol le contestó a Hitarco:

–   Tu antecesor iba a la iglesia. Ve tú también el próximo Domingo y escucha lo que hablaré sobre el matrimonio.

El rey, pensando que Mateo iba a convencer a Efigenia, acudió a la iglesia ilusionado.

Mateo habló largamente sobre las excelencias del matrimonio.

Hitarco mientras le oía, reafirmó su idea de que Mateo le estaba ayudando a inclinar hacia él, el ánimo de Efigenia, que también estaba presente.

Y tan persuadido estaba de esto, que aprovechando una pausa que hizo el apóstol, se puso de pie y lleno de júbilo felicitó al predicador.

Mateo rogó al rey que guardara silencio, que se sentara de nuevo y que por favor siguiera escuchando, pues todavía no había terminado.

Mateo concluyó su conferencia de esta manera:

–   Cierto que el matrimonio,

si los esposos observan escrupulosamente las promesas de fidelidad que al contraerlo mutuamente se hacen, es una cosa excelente.

Pero prestad atención: supongamos que un ciudadano cualquiera arrebatara la esposa a su propio rey.

¿Qué ocurriría?

Pues no solo el usurpador cometería una gravísima ofensa contra su soberano,

sino también incurriría en un delito que está castigado con la pena de muerte.

Y el delito no es por haber querido casarse; sino por haber quitado a su rey, algo que legítimamente le pertenece

y por haber sido el causante de que la esposa faltase al juramento de fidelidad hecho a su verdadero esposo.

Estando así las cosas:

¿Cómo tú Hitarco, súbdito y vasallo del rey eterno, sabiendo que Efigenia es una virgen consagrada al Señor,

te has atrevido a poner tus ojos en ella y pretendes que sea infiel a su verdadero esposo, que es precisamente tu Soberano.

Al oír esto, Hitarco se encolerizó y salió furioso de la iglesia.

Mateo, sin inmutarse prosiguió su homilía y exhortó a los oyentes a la paciencia y a la perseverancia.

Al final, bendijo a las vírgenes y en especial a Efigenia, que asustada se había arrodillado ante él.

Cuando terminó la celebración eucarística, Mateo aún estaba en el altar orando con los brazos extendidos hacia el cielo,

cuando un sicario enviado por el rey, se le acercó y le clavó una lanza en la espalda y lo mató.

MARTIRIO DE SAN MATEO

Poco después Hitarco quiso quemar la casa en que vivían las vírgenes, pero el santo apóstol se apareció y las rescató de las llamas.

Por su parte, el rey contrajo lepra y se suicidó con su propia espada.

El pueblo proclamó rey a un hermano de Efigenia que también había sido bautizado por Mateo

Y la Fe se propagó por tierras etíopes.

Juan dice:

–     Y yo… no sé.

Yo quisiera morir inmediatamente para no verte sufrir; quisiera estar a tu lado para consolar tu agonía.

Quisiera vivir mucho para servirte durante mucho tiempo; quisiera morir contigo para entrar contigo en el Cielo. Cualquier cosa querría, porque te amo.

Después de la Asunción de la Virgen María y antes de la destrucción de Jerusalén,

 Juan fue a establecerse en Éfeso, junto con una comunidad de creyentes.

En una ciudad cercana, una vez vio a un apuesto joven y lo llevó a presentar al obispo a quién él mismo había consagrado.

Y le dijo:

–    En presencia de Cristo y ante esta congregación, dejo a este joven a tus cuidados.

El obispo lo hospedó en su casa, lo evangelizó, lo bautizó y lo confirmó.

Pero después de un tiempo el muchacho frecuentó malas compañías y acabó convirtiéndose en un asaltante de caminos.

Después de algún tiempo, Juan volvió a la ciudad,

y le dijo al Obispo:

–    Devuélveme ahora el encargo que Jesucristo y yo encomendamos a tus cuidados en presencia de tu iglesia.

El obispo se sorprendió y san Juan le explicó que era el joven que le había confiado.

Y el obispo exclamó:

–   Ha muerto para Dios.

Se convirtió en un ladrón.

Entonces el apóstol averiguó dónde podría encontrarlo y lo fue a buscar a la montaña donde estaba la guarida.

Cuando llegó, el joven renegado lo reconoció y trató de huir lleno de vergüenza.

Juan le gritó:

–    ¡No te vayas!

¿Por qué huyes de mí, tu padre, que soy un viejo y sin armas?

Siempre hay tiempo para el arrepentimiento.

Yo responderé por ti, ante mi Señor Jesucristo y estoy dispuesto a dar la vida por tu salvación.

Es Cristo quién me envía.

El joven escuchó estas palabras, inclinó la cabeza y se soltó llorando.

Luego se acercó a Juan para implorarle una segunda oportunidad.

El apóstol lo reconcilió con la iglesia.

Juan también hizo una predicación poderosa.

Cuando era obispo de Éfeso, se había convertido Drusilla y ésta no quiso ya vivir con su marido que se llamaba Andronic.

y se refugió en un sepulcro.

Un joven que se llamaba Calímaco y estaba perdidamente enamorado de ella, la siguió hasta ese lugar.

Y la apremiaba para que correspondiera a su pasión.

Asediada Drusilla por su marido y por el pretendiente, deseaba morir y lo consiguió.

Frenéticamente enamorado Calímaco, sobornó a un criado de Andronic y entró a su sepulcro.

Le quitó a su amada el sudario y exclamó:

–     Lo que tú no me has querido conceder cuando vivías, lo tomaré ahora que estás muerta.

En el demencial ataque, sació sus deseos en el cadáver de Drusilla.

En ese mismo instante, salió del sepulcro una serpiente.

Calímaco se desmayó y la serpiente lo mató.

Hizo lo mismo con el criado cómplice y se quedó enrollada en su cuerpo.

Entonces llegaron Andronic y Juan y se sorprendieron al ver que Calímaco estaba vivo.

Juan ordenó a la serpiente que se fuera y ésta le obedeció.

Volviéndose hacia Calímaco, le preguntó:

–   ¿Cómo resucitaste?

Calímaco le contestó:

–   Un ángel me habló y me dijo:

‘Era preciso que murieras, para que al revivir te conviertas en cristiano’.

Por favor enséñame tu Doctrina, porque yo quiero ser bautizado. Y te ruego que resucites a Drusilla.

El apóstol realizó enseguida ese milagro y todos le suplicaron que resucitase también al sirviente.

Pero éste era un hombre muy protervo, en cuanto recobró la vida, dijo que prefería morir otra vez, antes que ser cristiano y quedó muerto al instante.

Juan solamente sentenció que el árbol malo, siempre produce malos frutos.

Aristodemo, gran sacerdote del Templo de Artemisa,

aunque le sorprendieron mucho estos milagros, se negó a convertirse.

y le dijo a Juan:

–    Dejadme que os envenene.

Y si el veneno no os mata, entonces me convenceré.

El apóstol aceptó la propuesta,

pero a condición de que Aristodemo envenenara primero,  a dos ciudadanos de Efeso que estaban sentenciados a muerte.

Aristodemo les hizo beber el veneno y los dos murieron casi instantáneamente.

Cuando Juan tomó el mismo veneno, no le hizo ningún efecto.

Después resucitó a los dos muertos y el gran sacerdote se convirtió, junto con los dos resucitados.

San Juan era el único superviviente del colegio apostólico…

Y aunque anciano venerable, gozaba de excelente salud,

Hasta el punto de dar pie a que circulara entre la primitiva comunidad cristiana la leyenda de que no habría de morir.

Emperador Domiciano

Domiciano fue el instrumento de Dios para hacerle beber el cáliz de la pasión, que el Maestro le predijera.

Este emperador observó tanto su religión pagana, que no dudó en enterrar vivas a dos vestales que fueron infieles a su voto de castidad.

Buen gobernante en los comienzos, se volvió sumamente desconfiado.

A partir del año 93 un régimen de terror pesó sobre Roma y la delación se hizo la norma de gobierno.

Los filósofos fueron los primeros en sufrir las consecuencias, como ya había ocurrido en el reinado de Nerón.

Unos padecieron la muerte, otros fueron desterrados, como Epicteto y Dión Crisóstomo.

Tácito y Juvenal aseguran que inundó de sangre la ciudad, inmolando a sus más ilustres habitantes.

Naturalmente, también los cristianos, culpables de ateísmo, es decir, de menospreciar el culto al emperador y a la diosa Roma.

Refiere Hegesipo, judío converso y cercano a los sucesos, que Domiciano mandó prender conjuntamente

a los descendientes del rey David y a los cristianos.

Pero con San Juan obró de distinta manera.

Estaba decidido a exterminar de una vez por todas, esa nefasta superstición…

El prestigio de que gozaba entre los fieles le hacía más peligroso.

Y tenía que mandar un mensaje implícito, a todos los rincones del imperio.

Mandó prenderle en Efeso y le trajo conducido a Roma el año 95.

En el año 95d.C. el emperador Domiciano mandó arrestarlo en Éfeso, para que lo trajeran a Roma.   

Cuando el emperador lo tuvo frente a él, el heraldo anunció:

–   Éste es Juan, el apóstol de Cristo el crucificado’.

El cruel emperador se mostró insensible a la vista de este venerable anciano.

El hijo de Vespasiano lo miró atentamente.

Y recordó que los cristianos decían que Juan no moriría hasta que Jesús, su Dios regresara. 

Y tomó una decisión perversa:

Ahora mismo vería si eso era verdad.

Y le dijo a Juan:

–  ¡Si verdaderamente tu Jesús es Dios, entonces pídele que te salve!

 Y le condenó al más bárbaro de los suplicios:

Sería arrojado vivo en una caldera de aceite hirviendo; pero hubo de sufrir primero el terrible suplicio de la flagelación.

El santo octagenario escuchó con un gozo estremecedor, el anuncio de la sentencia.

Los verdugos encendieron la colosal hoguera y prepararon la tinaja con el aceite chisporroteante.  

Y san Juan estaba radiante de felicidad…

Al fin iban a quedar colmados sus deseos.

El cáliz que Jesús le prometiera beber, un día ya muy lejano en Palestina, estaba pronto con toda su amargura.

Domiciano no comprendió, el gozo de su prisionero…

 Y agregó diciéndole al jefe de los verdugos:

– ¡Llévenselo!

Y se lo llevaron cerca de la Puerta Latina, donde lo flagelaron.

Y fue el primer asombro de sus verdugos:

El bienaventurado apóstol, no exhaló un sólo lamento;…

Y su rostro parecía más radiante, con una alegría incomprensible durante su tormento, pues  alababa a Dios en su idioma natal: el arameo. 

Mientras el estupor aumentaba, todos los habitantes de la ciudad,  parecían congregarse en una  multitud pasmada y expectante…  

Luego los verdugos le condujeron al siguiente patíbulo…

Y Juan fué un humilde corderito imitando a su Maestro amado, pues  herido y sangrante por los flagelos…

¡Avanzó sin proferir una sola queja!

Domiciano esperaba quitarle la sonrisa y la dulzura, con su segundo suplicio.

que ya estaba listo para freir, al hombre que odiaba de una manera incomprensible…

Pues habían preparado un caldero con aceite hirviente y lo metieron ahí.

Los verdugos atizan el fuego y el aceite borbotea.

Pero Dios Tenía otros planes y no quiso que las cosas llegaran a su fin.

Le había concedido el mérito y el honor del martirio, pero al mismo tiempo,

volvía a repetirse el milagro de los tres jóvenes en el horno de Babilonia.

El fuego perdía sus propiedades destructoras.

Ante la admiración de verdugos y populacho, al contacto con el aceite, San Juan fué sanado de las heridas del primer tormento,

¡Y continuaba ileso en la caldera!

Y el aceite hirviendo le servía de baño sanador, refrescante y tratamiento rejuvenecedor.

Dentro del caldero se ve a Juan de rodillas, orando en el espíritu.

Se le ve intacto, sereno, alegre.

Pasó un largo rato y Juan continúa orando.

Todos los espectadores han enmudecido por el asombro.

Nada puede hacerle daño a este hombre portentoso.

El malévolo baño, lo único que consiguió fue sanarlo y rejuvenecerlo,

ante los ojos admirados de todos lo que lo contemplan.

Domiciano lo mira furioso.

Su plan para destruir la Fe en Jesucristo, lo único que obtuvo fue aumentarla.

El tirano tomó  como magia el prodigio y tomó otra decisión perversa:

Luego dice a sus oficiales, antes de retirarse:

–   Saquen a este hombre de aquí. No quiero verlo.

Ya que Juan había salido sin huella alguna de la flagelación recibida y mucho más más joven y vigoroso del segundo  suplicio, 

Esto produjo un aluvión de conversiones al cristianismo en Roma y en todo el imperio, conforme las noticias se dispersaron. 

Después de esta humillante derrota, el emperador desistió de querer asesinarlo.

Juan salió incólume y fue desterrado a la isla de Patmos, en el mar Egeo.

Y Domiciano tuvo que tragarse su derrota, con un mísero consuelo:

Por algo eligió Patmos…

Porque de esta manera el martirio continuaba.

Patmos es una pequeña isla, árida y semidesértica, que servía de escala a los navíos que iban o venían de Roma a Efeso.

En esta isla, donde los prisioneros realizaban trabajos forzados. Y no había nada, pues era un lugar árido,agreste, volcánico.

Y fue precisamente aquí, que San Juan escribió su  Apocalipsis, su último y gran servicio a la Iglesia.

Un domingo se le aparece Cristo glorificado y le ordena escribir sus Siete Cartas a las comunidades de:

Efeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardes, Filadelfia y Laodicea.

Sin embargo, el Apocalipsis es un mensaje de esperanza y encierra un deseo infinito en ese Amén, con que el apóstol anciano, que presiente el fin,

responde a las palabras de Jesús: “Vengo pronto”. Y Juan contesta: “Amén. Ven, Señor Jesús” (Apoc. 22, 20) 

Cuando Domiciano murió en el año 99d.C. el senado revocó sus decretos y su sucesor el emperador Nerva, le dio la amnistía.

Regresó a Éfeso, donde descansaba entreteniéndose con una tortolilla.

Juan pasó los últimos años, en un estricto ascetismo: tomaba solo pan y agua. Y su vida era muy austera y sencilla.

Por su edad avanzada, ya no tenía fuerzas y no predicaba.

Sólo aconsejaba a los obispos de la Iglesia.

Repetía incesantemente: ‘Hijitos, ámense los unos a los otros’.

Un día, sus discípulos le preguntaron por qué siempre repetía esto.

Y Juan les respondió:

–   ‘Este es el mandato del Señor y si ustedes lo cumplen, con eso bastará.’

Después que transcurrieron veintiséis años desde que regresó de la isla de Patmos a Éfeso, se le apareció Jesucristo

y le dijo:

–     “Ya es hora de que vengas a mi banquete, con tus hermanos”

Tenía poco más de un siglo de edad. 

Juan reunió a siete de sus discípulos y les dijo:

–           Tomad las espadas en vuestras manos y seguidme.

Así lo hicieron. 

Lo siguieron fuera de la ciudad, hasta cierto lugar donde les ordenó sentarse.

él se apartó a un sitio tranquilo, un poco más allá y comenzó a orar.

Era muy temprano, antes del amanecer.

Después de un rato los llamó y les dijo:

–    Cavad con vuestras espadas una zanja en forma de cruz, del tamaño que yo tengo.

Así lo hicieron, mientras él seguía orando en el espíritu.

Después de terminar su oración, llamó a  sus discípulos, les dio instrucciones…

Los abrazó diciendo:

–           Tomad un poco de tierra madre y cubridme hasta el cuello.

Colocad este velo delgado en mi rostro y abrazadme de nuevo por última vez; porque vosotros ya no me veréis más en esta vida.

Todos volvieron a abrazarlo llenos de pesar.

Lamentándose amargamente, mientras lo despedían en paz.

Luego se metió en la zanja y justo cuando el sol acababa de salir, él entregó su espíritu.

Habían pasado 68 años después de que él fuera testigo de la Crucifixión y muerte de su amado Maestro.

Todos los años el ocho de mayo, sale una fragante mirra de su tumba y los enfermos que oran pidiéndolo, por su intercesión se sanan. 

Vivió hasta el gobierno pleno del emperador Trajano, después de que todos sus compañeros apóstoles, habían sido abatidos por el Edicto de Nerón.

Y Juan contestándole a Jesús dice:

–    Y yo, que soy el menor entre mis hermanos, pienso que todo esto me será posible con tal de que sepa amarte a la perfección.

¡Jesús, aumenta tu amor! – finaliza Juan.

Judas corrige:

–     Querrás decir: “Aumenta mi amor”.

Porque somos nosotros quienes debemos amar cada vez más…

Juan objeta:

–     No. Digo: “Aumenta tu amor”

Porque nosotros amaremos en la medida en que Él nos encienda cada vez más con su amor.

Jesús acerca hacia sí al puro y apasionado Juan, lo besa en la frente y le dice:

–     Has revelado un Misterio de Dios sobre la santificación de los corazones.

Dios se efunde sobre los justos y en la medida en que éstos se rinden a su amor, Él lo va aumentando… y así crece la santidad.

Éste es el misterioso e inefable actuar de Dios y de los espíritus; se cumple en los silencios místicos,.

Y su potencia, indescriptible con humanas palabras, crea indescriptibles obras maestras de santidad.

No es un error, sino palabra sabia, pedir que Dios aumente su amor en un corazón.

“Señor: dame más amor. para amarte siempre más. Dame adoración para adorarte, por toda la Eternidad…”

108 EXORCISMO Y CONVERSIÓN


108 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Jesús va caminando solo, casi rozando un seto de cácteas que, burlándose de todas las demás plantas desnudas,

resplandecen bajo el sol con sus carnosas paletas espinosas, en las que hay todavía algún fruto al que el tiempo ha dado un color rojo ladrillo.

O en que ya ríe alguna flor precoz amarilla con pinceladas de color bermellón.

Los apóstoles, detrás, cuchichean. Están molestos y ciertamente no van alabando al Maestro.

En un momento dado, Jesús se vuelve de repente,

Y dice:

–     Quien está pendiente del viento no siembra, quien está pendiente de las nubes no recoge nunca.

Es un refrán antiguo, pero Yo lo sigo.

Como podéis ver, donde temíais adversos vientos y no queríais deteneros, he encontrado terreno y modo de sembrar.

Y, a pesar de “vuestras” nubes, que conviene que lo oigáis, no está bien que las mostréis donde la Misericordia quiere mostrar su sol,

estoy seguro de haber cosechado ya.

Tomás replica:

–     Sí, pero ninguno te ha pedido un milagro.

¡Es una fe en ti muy extraña!

–     Tomás, ¿Crees que el hecho de pedir milagros es lo único que prueba que hay fe?

Te equivocas. Es todo lo contrario.

Quien quiere un milagro para poder creer patentiza que sin el milagro, prueba tangible, no creería.

Sin embargo quien, por la palabra de otro, dice “creo” muestra la máxima fe.

Tadeo protesta:

–     ¡Así que entonces los samaritanos son mejores que nosotros!

–     No estoy diciendo eso.

Pero en su estado de minoración espiritual, han mostrado tener una capacidad de comprender a Dios mucho mayor que la de los fieles de Palestina.

Esto os lo encontraréis muchas veces en vuestra vida.

Os ruego que os acordéis también de este episodio para saberos conducir sin prejuicios con las almas que se acerquen a la fe en el Cristo.

Santiago de Alfeo, amonesta:

–     De todas formas – perdona, Jesús, si te lo digo – ya te persigue mucho odio y dar pie a nuevas acusaciones creo que te perjudica.

Si los miembros del Sanedrín vinieran a saber que has tenido…

–     ¡Dilo, hombre!: “amor”, porque esto es lo que he tenido y tengo, Santiago.

Tú, que eres primo mío, comprenderás que en Mí no puede haber sino amor.

Te he mostrado cómo en mí sólo hay amor, incluso para con quienes me eran enemigos en mi familia y en mi tierra.

Y entonces, ¿No debía amar a éstos, que me han respetado a pesar de que no me conocían?

Los miembros del Sanedrín pueden hacer todo el mal que quieran,

pero la consideración de este futuro mal no cerrará las esclusas de mi amor omnipresente y omnioperante.

Pero además es que, aunque lo hiciera, ello no impediría al odio del Sanedrín encontrar motivos de acusación.  

Felipe agrega:

–     Sí, pero Maestro…

Pierdes tu tiempo en una ciudad idólatra, habiendo como hay muchos lugares en Israel que te esperan.

Dices que es necesario consagrar cada hora del día al Señor. ¿No son horas perdidas?

Jesús advierte:

–     Un día dedicado a reagrupar las ovejas extraviadas no es un día perdido, Felipe.

Está escrito: “Hace muchas oblaciones quien respeta la Ley… mas quien practica la misericordia ofrece un sacrificio”.

Está escrito: “Que tu ofrenda al Altísimo esté en proporción de cuanto te ha dado; ofrece con mirada alegre según tus facultades”.

Yo lo hago, amigo, y el tiempo empleado en el sacrificio no es un tiempo perdido.

Practico la misericordia y uso de las facultades recibidas ofreciendo mi trabajo a Dios. Tranquilos, por tanto.

Además, el que de vosotros, quería que hubieran pedido milagros para convencerse de que los de Sicar creían en Mí, va a quedar satisfecho.

Aquel hombre nos sigue, sin duda por algún motivo. Detengámonos.

Efectivamente, el hombre viene en dirección a ellos.

Se le ve encorvado bajo la carga de un voluminoso fardo que lleva malamente contrapesado sobre los hombros.

Al ver que el grupo de Jesús se ha detenido lo hace él también.

Pedro refunfuña:

–     Se ha parado porque ve que nos hemos dado cuenta de sus malas intenciones.

¡Son samaritanos!

Jesús cuestiona:

–     ¿Estás seguro, Pedro?

–     ¡Sin duda!

–     Pues entonces quedaos aquí. Yo me acerco.

–     No, Señor, eso no. Si vas Tú, también yo.

–     De acuerdo, ven.

Jesús se dirige hacia el hombre.

Pedro trota a su lado, entre curioso y hostil.

Llegados a pocos metros uno del otro,

Jesús dice:

–     ¿Hombre, qué quieres?

¿A quién buscas?

El hombre responde:

–     A Tí.

–     Y ¿Por qué no has venido a Mí cuando estaba en la ciudad?

–     No me atrevía…

Si en presencia de todos me hubieras rechazado, hubiera sufrido demasiado dolor y vergüenza.

–     Podrías haberme llamado cuando me quedé solo con los míos.

–     Mi deseo era acercarme a ti estando Tú solo, como Fotinai.

También yo, como ella, tengo un motivo importante para estar a solas contigo…

–     ¿Qué quieres?

¿Qué es lo que transportas con tanto esfuerzo sobre tus hombros?

–     Es mi mujer.

Un espíritu se ha adueñado de ella y la ha transformado en un cuerpo muerto y una inteligencia apagada.

Debo hasta darle la comida en la boca, vestirla, llevarla como a una niña pequeña.

Ocurrió de improviso, sin previa enfermedad… La llaman “la endemoniada”.

Todo esto me supone dolor, afanes, gastos. Mira.

El hombre pone en el suelo su fardo de inerte carne envuelta en un sayo como un saco.

Y descubre un rostro de mujer, todavía joven, que si no respirase se podría decir que está muerta: ojos cerrados, boca entreabierta.

Es el rostro de una persona que ha expirado o que estuviese en estado comatoso.

Jesús se agacha hacia la desdichada mujer que yace en el suelo, la mira, luego mira al hombre,

Y le dice:

–     ¿Crees que puedo hacerlo?…

¿Por qué lo crees?

–     Porque eres el Cristo.

–     Pero tú no has visto nada que lo pruebe.

–     Te he oído hablar. Me basta.

–     ¿Has oído, Pedro?

¿Qué piensas que debo hacer ante una fe tan genuina?

Pedro balbucea:

–     Pues… Maestro… Tú… Yo… Bueno, decide Tú.

Pedro está desconcertado.

–     Sí, ya he decidido.

Hombre, mira.

Jesús coge la mano de la mujer y ordena:

–     ¡Vete de ella! ¡Lo quiero!

La mujer, que hasta ese momento había permanecido inerte, se contrae en una horrenda convulsión, primero muda.

Luego acompañada de quejidos y gritos que terminan con uno más fuerte durante el cual, como quien se despierta de una pesadilla,

abre como platos los ojos que hasta ahora había mantenido cerrados.

Luego se tranquiliza y con cierto estupor, mira a su alrededor…

Fija primero sus ojos en Jesús – el Desconocido que le sonríe… -; luego mira a la tierra del camino en que yace…

Y a una mata nacida en el borde, en la que la cabezuela blanco-roja de las margaritas de los prados, coloca perlas ya próximas a abrirse en forma de radiado nimbo.

Mira al seto de cactáceas, al cielo, muy azul. Luego vuelve la mirada y ve a su marido… 

A este marido suyo que ansioso, la mira a su vez escudriñando todos sus movimientos.

Sonríe y recuperada completamente su libertad, se pone en pie como impulsada por un resorte para refugiarse en el pecho de su marido.

Éste, llorando, la acaricia y la abraza. 

Ella pregunta:

–     ¿Cómo es que estoy aquí?

¿Por qué? ¿Quién es este hombre?

El esposo contesta:

–     Es Jesús, el Mesías.

Estabas enferma y te ha curado. Dile que lo quieres.

–     ¡Oh…, sí! ¡Gracias!…

Pero, ¿Qué tenía? Mis niños… Simón… no recuerdo cosas de ayer, pero sí recuerdo que tengo hijos…

Jesús dice:

–     No es necesario que te acuerdes de ayer.

Acuérdate siempre del día de hoy. Sé buena. Adiós. Sed buenos y Dios estará con vosotros.

Y Jesús, seguido por la bendiciones de los dos, se retira rápido.

Llegado adonde están los demás, que se habían quedado al pie del seto, no les dirige la palabra.

Pero sí a Pedro:

–     ¿Y ahora, tú, que estabas seguro de que aquel hombre venía con malas intenciones, qué dices?

¡Simón, Simón! ¡Cuánto te falta todavía para ser perfecto!

¡Cuánto os falta! Tenéis, excepto una patente idolatría, todos los pecados de éstos. Y además soberbia en el juicio.

Tomemos nuestro alimento. No podemos llegar antes de la noche a donde quería.

Dormiremos en algún aprisco, si es que no encontramos nada mejor.

Los doce, con el sabor en su corazón de la corrección recibida, se sientan sin hablar y se disponen a comer.

El sol de este sereno día ilumina los campos, que descienden, formando suaves ondulaciones, hacia una llanura.

Después de comer, todavía permanecen un tiempo en el lugar, hasta que Jesús se pone en pie,

y dice:

–     Venid tú, Andrés y tú, Simón; quiero ver si aquella casa es amiga o enemiga.

Y se pone en movimiento.

Los otros permanecen en el lugar y guardan silencio hasta que,

Santiago de Alfeo le dice a Judas de Keriot:

–     ¿Pero esta que viene no es la mujer que estaba en Sicar?

Judas contesta:

–     Sí, es ella.

La reconozco por el vestido. ¿Qué querrá?

Pedro responde malhumorado:

–     Seguir su camino.

–     No.

Nos está mirando demasiado, protegiéndose los ojos del sol con la mano.

La observan hasta que llega cerca de ellos…

Y pregunta sumisa:

–    ¿Dónde está vuestro Maestro?

–     Se ha ido.

¿Por qué preguntas por Él?

–    Lo necesito…

Pedro replica cortante:

–     No se echa a perder con mujeres.

–     Ya lo sé.

Con mujeres, no; pero yo soy un alma de mujer que tiene necesidad de Él.

Tadeo le aconseja a Pedro que la deje quedarse.

Y responde a la mujer: 

–    Espera. Dentro de poco vuelve.

La mujer se retira a una curva del camino y allí se queda, en silencio.

Los apóstoles se desinteresan de ella.

Jesús, al poco tiempo regresa.

Pedro dice a la mujer:

–     Ahí está el Maestro.

Dile lo que quieras. ¡Apúrate!

La mujer ni siquiera le responde.

Va hasta los pies de Jesús y se prosterna hasta tocar el suelo.

Y guarda silencio.

Jesús pregunta:

–     Fotinai, ¿Qué quieres de Mí?

–     Tu ayuda, Señor.

Yo soy muy débil. No quiero pecar más. Esto se lo he dicho ya al hombre.

Pero, ahora que he dejado de pecar no sé nada más. Ignoro el bien.

¿Qué tengo que hacer? Dímelo Tú. Soy fango, pero tu pie pisa también el camino para ir a las almas.

Pisa mi fango, pero ven a mi alma con tu consejo.

Y cubriéndose el rostro, con las manos juntas, empieza a llorar.

Jesús le dice:

–     Seguirme como única mujer no es posible.

Si verdaderamente quieres no pecar y conocer la ciencia de no pecar, regresa a tu casa con espíritu de penitencia, y espera.

Llegará el día en que tú mujer, entre otras muchas, igualmente redimidas, podrás estar al lado de tu Redentor y aprender la ciencia del Bien.

Ve. No tengas miedo. Sé fiel a la voluntad que tienes ahora de no pecar. Adiós.

La mujer besa la tierra, se levanta y se retira caminando hacia atrás durante algunos metros.

Luego se vuelve hacia Sicar…

100 UN LLAMADO


100 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Jesús ha ido a dar las gracias, al administrador de las posesiones de Lázaro en Aguas Especiosas y a despedirse. 

El hombre le dice:

–      Señor, yo no he hecho sino cumplir con mi deber ante Dios, ante mi jefe y ante la honestidad de conciencia.

He estado atento a esa mujer durante este tiempo en que ha sido huésped mía, y siempre la he visto honesta. Habrá sido una pecadora.

Bien. Ahora no lo es. ¿Por qué razón tengo yo que indagar sobre un pasado que ella misma ha tachado para anularlo?

Yo tengo hijos en edad joven y no feos. Pues bien, no ha mostrado nunca su rostro, realmente muy hermoso, ni ha hecho oír su palabra.

Puedo decir que conocí el tono de su voz de plata, cuando gritó a causa de las heridas.

De hecho ella lo poco que pedía, siempre a mí o a mi mujer, lo susurraba tras su velo.

Y tan bajo que casi no se entendía.

Date cuenta de lo prudente que fue: cuando temió que su presencia pudiera ser causa de algún perjuicio, se marchó…

Yo le había prometido protección y ayuda. Y sin embargo, ella no quiso aprovecharlo. ¡No, así no se comportan las mujeres perdidas!

Yo rogaré por ella, como ha pedido; incluso sin este recuerdo. 

Y alarga hacia Jesús un valioso brazalete, cuajado de piedras preciosas…

Mientras agrega:  

–   Tenlo, Señor.

Empléalo como limosna para bien suyo. Dándola Tú, ciertamente, recibirá a cambio paz.

Ha sido el encargado quien ha hablado a Jesús y lo ha hecho respetuosamente.

Es un hombre todavía joven y de buena apariencia. rostro honesto y cuerpo recio.

Detrás de él hay seis galanes, jóvenes, parecidos al padre, seis rostros de aspecto franco e inteligente.

También está su esposa, una mujercita grácil y todo dulzura, que escucha a su marido como escucharía a un dios, asintiendo continuamente con la cabeza.

Jesús recibe el brazalete de oro y se lo pasa a Pedro diciendo:

–      Para los pobres.

Luego se dirige al encargado en estos términos:

–      No todos tienen tu rectitud en Israel.

Tú eres sabio, porque distingues el bien del mal y sigues el bien sin sopesar la utilidad humana que el cumplirlo pueda comportar.

En nombre del eterno Padre, te bendigo a ti, a tus hijos, a tu esposa y tu casa.

Manteneos siempre en esta disposición de espíritu y el Señor estará siempre con vosotros, y tendréis la vida eterna.

Yo ahora parto. Pero no quiere decir que no nos volvamos a ver nunca. Yo volveré… Y vosotros podréis siempre llegaros hasta Mí.

Por todo lo que habéis hecho por Mí y por esa pobre criatura, Dios os dé su paz.

El encargado, los hijos y por último, la mujer, se arrodillan y besan los pies de Jesús…  

El cual, tras un último gesto de bendición, se aleja con sus discípulos, dirigiéndose hacia el pueblo.  

Felipe pregunta:

–     ¿Y si están todavía esos granujas? 

Tadeo responde:

–     A nadie se le puede impedir que vaya por los caminos de la Tierra.

–     No.  Pero nosotros para ellos somos “anatema”.

–     ¡Déjalos, hombre! ¿Te preocupa?

Pedro refunfuña entre dientes:

–     Yo no me preocupo sino porque el Maestro no quiere violencia. Y ellos, que lo saben, se aprovechan…

Sin duda, piensa que Jesús, que está hablando con Simón y con el Iscariote, no está oyendo.

Pero sí ha oído y se vuelve, mitad severo, mitad sonriente…

Y dice:

–     ¿Tú crees que Yo vencería haciendo violencia?

Esto es un pobre sistema humano que sirve por un tiempo, para victorias de los hombres. 

¿Cuánto tiempo dura la opresión? Hasta que no produzca en los que la sufren, reacciones que al unirse, engendren una violencia mayor, que abate el atropello que existía antes.

No quiero un reino temporal. Quiero un Reino Eterno: el Reino de los Cielos. ¿Cuantas veces os lo he dicho? ¿Cuántas os lo deberé decir?

¿No lo entenderéis jamás? Sí. Vendrá el momento cuando lo entenderéis.

Pedro dice:

–      ¿Cuándo, Señor mío?

Tengo prisa por entender para ser menos ignorante.

–     ¿Cuándo? Cuando seáis triturados como el trigo entre las piedras del dolor y del arrepentimiento.

Podríais, es más, deberíais, entender antes. Pero para ello, deberíais quebrantar vuestra humanidad y dejar libre al espíritu…

Y no sabéis todavía, haceros esta violencia. Pero entenderéis… entenderéis.

Entonces entenderéis también cómo no podía hacer uso de la violencia, que es un medio humano, para instaurar el Reino de los Cielos: el Reino del espíritu.

Pero, mientras esto se cumple, no tengáis miedo.

Esos hombres que os preocupan no nos harán nada. Les basta con haberme arrojado.

Tomás advierte:

–      ¿No era más fácil mandar un recado al sinagogo para que viniese a la casa del administrador o que nos esperase en el camino principal?

–     ¡Oh! ¡Qué prudente estás hoy, Tomás mío!

Era más fácil pero no sería justo. Él ha demostrado heroísmo por Mí y se le injurió en su hogar por causa mía.

Es justo que Yo vaya a consolarlo a su casa.

Tomás se encoge de hombros y ya no habla más.

Ya se ve el pueblo, vasto pero de aspecto marcadamente rural, con casas entre huertos, que ahora están desnudos y con muchos apriscos.

Debe ser un lugar apto para el pastoreo, porque se oye por todas partes, un denso balar de rebaños que van a los pastos de la llanura o que vienen de ellos.

Tiene el consabido cruce de caminos con la plaza y su fuente en el centro en el lugar donde aquéllos confluyen.

Y ahí está la casa del jefe de la sinagoga.

Abre una mujer anciana con claros signos de llanto en su rostro.

No obstante, al ver al Señor experimenta un sentimiento de alegría y profiriendo palabras de bendición, se postra.

Jesús le dice:

–     Levántate, madre.

He venido para deciros adiós. ¿Dónde está tu hijo?

Ella señala una habitación en el fondo de la casa. 

Y dice:

–     Está allí…

 ¿Has venido a consolarlo? Yo no soy capaz…

–     Entonces, ¿Está afligido por algo?

¿Le duele el haberme defendido?

–     No, Señor.

Pero siente un escrúpulo. Bueno, Tú lo escucharás. Lo llamo.

–     No. Voy Yo. 

Y se vuelve hacia los discípulos diciendo:

Vosotros esperad aquí. Vamos, mujer.

Jesús recorre los pocos metros del vestíbulo, empuja la puerta, entra en la habitación.

Se acerca despacio a un hombre que está sentado, inclinado hacia el suelo, absorto en una dolorosa meditación.

Jesús lo saluda:

–     Paz a tí, Timoneo.

–     ¡Señor! ¡Tú!

–     Yo. ¿Por qué tan triste?

–     Señor… Yo… me han dicho que he pecado.

Me han dicho que soy anatema. Yo me examino… y no creo que lo sea. Pero ellos son los santos de Israel y yo el pobre jefe de la sinagoga.

Sin duda tienen razón. Yo ahora no me atrevo a levantar la mirada hacia el rostro airado de Dios, a pesar de que me sería muy necesario en este momento.

Yo le servía con verdadero amor. Trataba de darlo a conocer.

Ahora quedaré privado de este bien, porque el Sanedrín me ha maldecido. 

–      Pero, ¿Cuál es el dolor?

¿El de dejar de ser el jefe de la sinagoga? o ¿El de quedar imposibilitado para hablar de Dios?

–     Es precisamente esto, Maestro, lo que me produce dolor.

Supongo que cuando dices que si me duele el no ser jefe de la sinagoga te refieres a las ganancias y a los honores que ello conlleva.

Eso no me preocupa. Sólo tengo a mi madre. Ella es nativa de Aera y allí tiene una pequeña casa. Techo y sustento, para ella, hay.

Para mí… yo soy joven. Trabajaré. Pero ya jamás osaré hablar de Dios, pues he pecado.

–     ¿Por qué has pecado?

–     Dicen que soy cómplice del…

¡Señor…, no me hagas decirlo…!

–      No. Yo lo digo. Bueno, ni siquiera lo digo.

Yo y tú conocemos sus acusaciones. Y Yo y tú sabemos que no son ciertas. Por tanto, tú no has pecado. Yo te lo digo.

–       Entonces, ¿Puedo todavía levantar la mirada hacia el Omnipotente?

¿Todavía puedo…?

–      ¿Qué, hijo?

Jesús es todo dulzura mientras se inclina hacia el hombre, que se ha detenido bruscamente, como con miedo. 

Lo que sucede, es que ante los ojos de Timoneo, Jesús ha sufrido una transformación espiritual…

A través del velo de su Carne, El Padre Celestial se está manifestando con su propia Persona, en la persona de Jesús y mira a Timoneo con infinita ternura…

El afligido hombre, ha servido con fidelidad en la sinagoga al Dios Trino al que ama sobre todas las cosas y Jesús es el Tabernáculo Viviente y purísimo, que le está concediendo un privilegio extraordinario…

Mirando a Jesús casi aterrorizado, al hombre le cuesta trabajo asimilar que a través de Jesús, pueda entrever la Presencia de…

Pero Jesús se lo confirma diciendo: 

–      ¿Qué? Mi Padre busca tu mirada, la quiere.

Y Yo quiero tu corazón y tu pensamiento. Sí, el Sanedrín descargará su mano sobre ti; Yo abro los brazos y digo: “Ven”.

¿Quieres ser un discípulo mío? Yo veo en ti todo lo necesario para ser un obrero del Dueño eterno.

Ven a mi viña….

–      ¿Lo dices en serio, Maestro?

Madre… ¿Estás oyendo? ¡Yo me siento feliz, madre! Yo… bendigo este sufrimiento porque me ha procurado este gozo tan inmenso. 

¡Celebrémoslo a lo grande, madre! Luego me iré con el Maestro y tú volverás a tu casa.

Voy enseguida, Señor mío; Tú, que me has librado de todo temor y dolor. Y también del miedo a Dios.

Jesús objeta:

–      No. Esperarás la palabra del Sanedrín, con corazón sereno y sin rencor.

Quédate en en tu puesto, mientras se te permita que sigas. Luego te juntarás conmigo en Nazaret o en Cafarnaúm.

Adiós. La paz sea contigo y con tu madre.

–     ¿No te vas a quedar un tiempo en mi casa?

–      No. Iré a casa de tu madre.

–      Es pueblo poco fiel.

–      Le enseñaré la fidelidad.

Adiós, madre. ¿Te sientes feliz ahora?

Jesús la acaricia, como hace siempre con las mujeres ancianas, a las cuales les da casi siempre el nombre de “madre”.

La mujer llora ahora, pero de felicidad…

–       Feliz, Señor. Había criado y educado a un varón para el Señor.

El Señor me lo toma como siervo de su Mesías. Bendito sea por ello el Señor. Bendito seas Tú que eres su Mesías.

Bendita sea la hora en que has venido aquí. Bendito sea mi hijo, que ha sido llamado a tu servicio.

–       Bendita sea la madre santa como Ana de Elcana.

La paz sea con vosotros.

Jesús sale, seguido de madre e hijo.

Se junta con sus discípulos, saluda una vez más y luego inicia el regreso hacia la Galilea.

UN TORO BANDERILLADO…


ignorancia mortal

El mayor obstáculo para los cristianos actuales es el ‘analfabetismo espiritual’ que provoca una tremenda confusión en la manera de ejercer la Fe que decimos profesar.

Lucifer ha realizado una estrategia tan perfecta, que abarca casi a todos los cristianos empezando por el clero y terminando por los laicos, nuestra ignorancia es casi completa y le estamos siguiendo el juego al Maligno,

para que éste aniquile nuestras almas de una forma tal, que estamos siendo arrollados y destruídos de muchas maneras sistemáticas e implacables… ¡Y ni siquiera nos damos cuenta!  

EL MUNDO EN PODER DEL MALIGNO

EL MUNDO ENTERO YACE EN PODER DEL MALIGNO (1Juan 5,19)

En efecto, ni siquiera advertimos como somos los mejores ayudantes para nuestra propia auto-destrucción. Con nuestra incredulidad en los Novísimos, (Muerte, Juicio, Infierno y Gloria)

y nuestro completo desconocimiento de lo que ES realmente el Pecado y lo que significa, (No solamente es una ofensa para Dios)

Las gravísimas consecuencias, (el Infierno es la última y definitiva) que afectan nuestra vida diaria y cómo aumenta nuestro sufrimiento y tormento personales, (Por eso tantos homicidios y suicidios).

En una próxima serie de artículos que estamos preparando, arrojaremos un poco de luz sobre todo esto, porque reforzaremos las enseñanzas del Señor en cuanto a los Mandamientos, los Sacramentos y las Bienaventuranzas.

Con los cuales entenderemos un poco más todas las incógnitas de nuestra existencia y nuestra misión.

000pecado y perdon

Se trata no solo de tener un conocimiento intelectual de nuestra religión, sino de una guía práctica que podamos aplicar a nuestra vida, para VIVIR Y GOZAR de nuestra relación personal con nuestro Dios Único y Trino.

Y hacer patente el vigor y el poder que hace ‘única’ nuestra religión cristiana.

Para quienes tienen poco tiempo de visitar nuestro Blog y no están familiarizados con nuestras páginas, como asistente y contacto de nuestra administración,

pueden conocerme un poco más en el relato que hicimos con el título ‘MI PARÁBOLA DE LOS TALENTOS’ publicada en tres segmentos el 30 de Septiembre de 2014.

Allí se complementa el relato de lo que se enterarán a continuación…

conjuro 2

A principios de este verano, uno de mis hijos me llevó al cine a la premier de la película “El Conjuro 2”

Y quedé muy sorprendida, porque me hizo rememorar un exorcismo que viví hace un poco más de dos décadas.

Todo fue como si lo hubieran copiado idéntico, excepto por una cosa: la actitud de los exorcistas.

Cuando mi hijo me preguntó:

–        ¿Te asustaste?’

Mi sincera respuesta lo sorprendió:

–     La película  me encantó. Me hizo recordar cuando era niña y mi padre nos llevaba a ver películas de vaqueros.

Sentí la misma emoción y lo único que no entiendo, es por qué ese miedo de los protagonistas cuando ya están metidos en el ruedo, enfrentándose a Satanás.

Mi hijo movió la cabeza, cómo diciendo: ‘sólo mi madre es capaz de una respuesta así.’

Y la verdad es que durante la proyección de la cinta, estaba como los niños, me emocioné tanto que sentía el impulso de meter mi cuchara y decirles  lo que no debían hacer…

Pero bueno, esto no es lo importante…

Después que regresamos a casa, el Señor me manifestó su deseo de que todo esto lo compartiera…

Y me lo confirmó, cuando nuestro director espiritual del grupo que trabajamos en este Blog, me dijo exactamente lo mismo.

“No temamos subir al calvario y morir por Jesús. ÉL YA NOS PUSO EL EJEMPLO…”

Bueno, estoy obedeciendo para honor y gloria de nuestro ABBA Santísimo…

Y en una serie de pequeños artículos que vamos a preparar, compartiré con uds. las experiencias que me han enseñado a transitar el Camino de la Cruz, siguiendo las huellas de Nuestro Salvador.

En lo personal me resulta un poco difícil, porque siempre he pensado que es más fácil desnudar el cuerpo que el alma.

Pero lo que menos importa es la vergüenza de exhibir mis lamentables metidas de pata hasta las anginas, en mis andanzas evangélicas.

Porque si con esto les muestro con mis errores, lo que no se debe hacer y a uds. les sirve para que también se enamoren y se entreguen sin reticencias en los brazos de nuestro Dios Amorosísimo,

habrá valido la pena para que cada uno escriba su propia y emocionante historia…

Porque como alguna vez dijo San Agustín:

enamorarse de Dios

ENAMORARSE de Dios, ES el más grande de los romances. BUSCARLO, la mayor de las aventuras; ENCONTRARLO, LA MAYOR DE LAS REALIZACIONES.

Era el atardecer primaveral de un día soleado y con pocas nubes.

Todos los habitantes de la posada familiar donde yo residía temporalmente, después del resquebrajamiento de mi matrimonio que había durado 19 años;

estaban pendientes de la noticia ininterrumpida del magnicidio de Luis Donaldo Colosio, el candidato presidencial a la regencia de mi amada patria mexicana…

Los últimos rayos del ocaso de un sol que se ocultaba, eran el velo que cubría mi rostro bañado de lágrimas; la única señal del intensísimo dolor de mi alma,

que me impedía participar del estupor que a  todos los mexicanos los había paralizado y seguían incrédulos las imágenes y los comentarios que inundaban todos los medios de comunicación…

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Estaba semi-recostada en una poltrona y me encontraba solitaria en la gran terraza- patio bordeada de jardineras, que hacían muy agradable y acogedor, aquel lugar.

Ordinariamente aquel era un estupendo sitio para leer o meditar, mientras contemplaba las copas de los muchos árboles que abundaban en todas las casas y jardines de la bella colonia que había sido mi barrio en los últimos años…

Pero yo no tenía ánimo para leer o filosofar.

Los sollozos me ahogaban y mis lágrimas hacían que fueran más brillantes los colores de aquel maravilloso crepúsculo, mientras yo me sentía la más infeliz de todas las creaturas.

Y de repente…

Una sensación muy conocida me asaltó… Los cabellos de mi nuca se levantaron y mi piel se erizó como la de las gallinas…

Me levanté de la poltrona donde estaba tumbada y me senté, totalmente alerta… Con mi rostro mojado, porque también mis lágrimas se interrumpieron bruscamente, esperé…

El Mundo pareció detenerse… Y una voz aterradoramente inconfundible pareció invadirlo todo totalmente…

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Con una majestuosidad avasalladora, me dijo:

–       Mujer… Yo soy el Amo de este MundoSi dejas de Combatirme… puedo cambiar tu destino. ¡Pero deja a Ese…!

Si te conviertes en mi aliada, dependiendo de tu docilidad hacia mí, también puedo convertirte en la reina más poderosa que haya existido jamás, porque yo soy el Arquitecto del Universo.

La seducción continuó con una lista interminable de promesas tan alucinantes, como el Personaje que las pronunciaba.

–           Serás la mujer más hermosa, deseada, rica, famosa y homenajeada.

Te daré juventud y una larga, larga vida… Aumentaré tu belleza y tu prestigio en la sociedad; pero ¡Deja a Ese!…

Tendrás Todo el éxito, la fama, el poder. TODOS te honrarán…

Y no habrá deseo que no te sea cumplido… ¡Pero deja a Ese!… Te Regresaré el amor de tu esposo, tu hogar, tus hijos… Y…

Un terremoto emocional me estaba estremeciendo…

De todas las cosas que me dijo, una sola hizo que sintiera como si el piso hubiera desaparecido bajo mis piés:

Te Regresaré el amor de tu esposo, tu hogar y tus hijos…”

Todo este episodio increíble, lo hubiera juzgado un delirio causado por una droga alucinógena si no fuera por dos cosas:

Una.- Las drogas nunca fueron un problema, porque ni siquiera las había probado.

Dos.- Había estado demasiadas veces luchando contra él y sabía perfectamente cómo se las gasta..

Y esa frase que retumbaba en todo mi ser, como una gigantesca campana que me estaba sacudiendo como no me había sucedido nunca antes: “Te regresaré…”

Un pensamiento cruzó mi mente como un relámpago: “Pero deja a Ese…” ‘¡Oh, No! ¿Y perderé a Jesús?

Los recupero a ellos, pero perderé a Jesús!...  

HONOR, GLORIA Y PODER

HONOR, GLORIA Y PODER

SÍ. ME HABÍA ADVERTIDO TRES VECES: ¡Deja a Ése!

Y ÉSE era el Amor de mi vida: Mi Señor y mi Dios Adorado. Mi Jesús Santísimo que era el que le daba sentido a toda mi existencia.

Habían pasado casi 13 años, desde el encuentro personal que había cambiado totalmente toda mi vida y se la había consagrado completita a mi Señor Jesucristo.

Al mismo tiempo que este recuerdo y estos pensamientos habían sido instantáneos, también retumbó como un trueno y veloz como el rayo, la frase esclarecedora: “TE REGRESARÉ…”

Estas palabras me abrieron un panorama nuevo sobre la amarguísima desgracia que había destruido mi mundo personal y había convertido mi vida en un negro pozo aciago de dolor…

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Y fueron como una inyección de adrenalina que comenzó a correr por mis venas y me dieron una determinación cómo no la había sentido jamás.  Pensé: ‘Así que TÚ eres el Causante…’

Lentamente me puse de pie.

Y sé que quedamos frente a frente, aunque ignoro la estatura que él tiene…

Mientras mis puños cerrados clavaron mis uñas en la palma de mis manos en mi esfuerzo por contenerme, extrañamente no me sentía temerosa. Me sentía MUY enojada…

Si mi madre o mi familia hubieran estado cerca, sé que se hubieran asustado… porque María Félix me quedaba chiquita cuando la ira me hacía temblar como en aquel instante…

Yo siempre había pensado que mi hogar y mis hijos, me los había dado Dios.

Y mientras él continuaba con su arrogante exposición y su despliegue de desquiciantes promesas, yo estaba callada.

Luego se desarrolló el siguiente diálogo…

Cuando terminó con sus propuestas, me dijo:

Lucifer

–    ¿Qué me respondes? –Y lo sentí sonreir como los gatos que ya se desayunaron al ratón.

Con una calma que me sorprendió a mí misma, le contesté muy pausada:

–      Tu oferta es tan atractiva como la de los galanes que prometieron bajarme la luna y las estrellas cuando pretendían mi mano.

–      ¿¿¿???

–       La respuesta es ¡NO!

No tienes nada interesante que ofrecerme que sea más valioso que lo que ya tengo.

Pude sentir su Furia como si fuera una ola que me envolviera, sin embargo se dominó y continuó con cortesía.

Porque también puede ser extremadamente educado:

–      A ninguna mujer le había ofrecido lo que estoy dispuesto a darte a ti…

Dije que te devolvería el amor de tu esposo y a tus hijos.

Le respondí tajante:

–     La respuesta sigue siendo ¡NO!

Y te aclaro que no puedes devolverme lo que no te pertenece.

Desapareció la gentileza y sentí un escalofrío cuando repitió:

–     Piénsalo bien antes de volver a negarte.

Te reitero todas y cada una de las promesas que acabo de hacerte, si estás dispuesta a ser dócil conmigo. De lo contrario…

La amenaza permaneció flotante en el aire.

Y le dije contundente:

–      Lo único que quiero, no me lo puedes dar tú.

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–    ¿Qué es? ¡Dímelo! Estoy dispuesto a negociarlo…

–      Mi respuesta sigue siendo ¡NO!

Lo único que necesito y que me importa, es algo que tampoco puedes quitarme, porque ya lo poseo: El Amor de Jesús.

Y permíteme corregirte en un par de cosas:

Lo material no te lo discuto. Pero la vida no puedes alargarla, ni acortarla un solo día. Ese es un privilegio que le pertenece sólo a Dios.

Y mi familia, la consagré al Corazón Inmaculado de María Santísima, así que tampoco puedes disponer de ella como lo presumes.

Pude sentir la vibración de su impotencia y con una Cólera descomunal me advirtió:

–     Escúchame bien: este desprecio haré que lo pagues como ni siquiera te imaginas…

Haré que te pongas a temblar tan solo con escuchar mi nombre, Porque voy a quitarte TODO…

Así como te prometí la gloria, ahora te juro que voy a hacer que todo mundo te odie como a ninguna otra persona en este mundo.

Haré que todos se aparten de ti con desprecio y te saquen la vuelta con asco, como si fueras una vomitada…

Yo me erguí como no lo había hecho desde la última escaramuza, luciendo mi traje de gala…

escaramuza traje de gala

Y le respondí:

–      ¿Esta es la promesa por no haber aceptado tu banderita blanca de paz?

¿Tan duras han sido las vapuleadas…? Antes de que te vayas, yo también te prometo algo:

Aunque mi Santísimo Padre es Dios y Rey de Reyes, yo apenas me estoy educando…

Así que estoy muy lejos de ser una princesa con los modales adecuados. Lo siento por tí…

Pues yo también te advierto una cosa:

Sé qué eres un Arcángel, me lo proclamaste cuando te conocí.

Cada vez que tú te entrometas conmigo, haré que lo lamentes. Te garantizo que irás a pedirle Misericordia a mi Padre, para  que sea Él, el que te defienda de mí…

Porque también puedo hacer tu vida tan miserable, que si no sabes lo que es llorar; por mí derramarás tus primeras lágrimas, hasta que admitas que la mujercilla que soy ‘yo’, te sacó de quicio…

Y te arrepientas de haberte cruzado en mi camino… ¿Estamos claros?

La respuesta quedó ahogada por un repentino remolino cuyo viento casi me derribó sobre la poltrona.

Y mi brío pendenciero se esfumó al recordar su amenaza, pues de repente sentí como si alguien me hubiera golpeado muy fuerte en el estómago.

Poco después que él se fue, sentí a mi lado la inconfundible y dulce Presencia de Jesús que me envolvió con su Paz.

Aunque me sentí un poco avergonzada por como había tratado a su arcángel preferido y reflexioné que mi carácter impulsivo ya me había metido otra vez en problemas…

Decidí que no daría marcha atrás y ahora sería Lucifer el que TENÍA UN GRAN PROBLEMA CONMIGO y no al revés.

llorar idolor sufrimiento

Así que sin poder evitarlo, mis ojos se volvieron a inundar y con voz entrecortada por el llanto,

le pregunté lastimeramente a Jesús:

–     ¿Vas a dejar que haga conmigo todo lo que dijo…?

Y el Señor me contestó preguntándome:

–     Si se lo permito, ¿Dejarás de Amarme?

Un segundo golpe en el estómago me dejó casi sin aliento y con un enorme suspiro de resignación,

le contesté con cierto tono de derrota:

–     NO, mi Señor. Ayúdame a serte fiel eternamente.

La siguiente vez que visité a mi confesor y director espiritual, le relaté lo sucedido y él me dijo:

–     Del tamaño de la misión es la tentación.

Te conozco muy bien y estás tan acostumbrada a la vida extraordinaria, que no me sorprende nada todo lo que me has dicho.

Sólo que ahora debemos reforzar las defensas. Acabas de banderillar a un toro furioso y voy a tener que aumentar mis oraciones por tí…

torero

Este artículo fue publicado originalmente el 19 de Agosto de 2016 y para actualizarlo, sólo quiero agregar que el Arcángel Caído que lo protagoniza, ME CUMPLIÓ CON TODO Y COMAS, SU AMENAZA… 

Lo perdí TODO, menos a Dios. Así que él me volvió, infinitamente más rica y más feliz.

¿Cómo fué posible esto?

Aprendí a alabar enmedio de las lágrimas y al despojarme de TODO, la fusión con la Santísima Trinidad se fortaleció de tal forma, que ahora puedo testimoniarles esto:

Jesús me llena tanto de alegría, que lo único que me importa es agradecerles diariamente el enorme privilegio que me han dado en esta maravillosa misión, que me permite servirles viviendo el Cielo en la Tierra.

Pero yo también le cumplí a Lucifer y le seguiré cumpliendo hasta con mi último aliento, lo que yo le prometí…

Gracias Padre por cada marca y cada cicatríz que llevo en mi cuerpo y en mi alma, garantizando que la Lucha no ha sido fácil, pero Tú haz sido mi Fortaleza…

Estoy sentada en el parque que está junto a la casa donde ahora vivo, gracias al Amor de mi Señor que no me ha desamparado y que cubre todas mis necesidades, cómo sólo Él sabe hacerlo.

Mañana entra en vigor el “Botón de Emergencia” que el gobierno de Jalisco ha implementado por el recrudecimiento de la pandemia y las graves consecuencias que en materia de salud estamos viviendo.

No es un ‘toque de queda militar’ aunque se le parece mucho, porque se suspenderán las actividades económicas, culturales, religiosas, recreativas y deportivas.

Los restaurantes podrán ofrecer comida a domicilio y las plataformas que se dedican a esto podrán seguir operando.

“Soy Hija de Dios, CRUCIFICADA EN SU AMOR. Y guerrera del Dios Altísimo, para ARREBATARLE LAS ALMAS A SATANÁS…

Estoy viendo el Templo cerrado y siento mucha tristeza, por la manera en que le están funcionando las cosas a Lucifer, con estas jugarretas del Anticristo para forzarnos a renunciar a Dios.

Por lo que a mí concierne no me afecta tanto, porque desde que empezó la crisis estoy recibiendo la Eucaristía de manos de mi Ángel Custodio y la Santa Misa la veo por internet.

MILAGRO EUCARISTICO EN GARABANDAL

Pero siento un profundo dolor en mi corazón, al pensar en los que por falta de Fe y conversión, también están sufriendo anemia espiritual y están en peligro de morir, por los ataques satánicos.

Desde que me convertí, ya no puedo vivir sin la Oración profunda y la comunicación con el Cielo es constante y por eso no me siento sola, ni abandonada.

Estoy ayunando porque esta semana la Guerra Espiritual alcanzará un clímax, con la tremenda actividad de las Huestes Infernales, inclusive dentro del Vaticano.

En otros post les hablaremos de esto.

Por ahora es suficiente con esto, que la Paz del Señor Jesús, se quede en vuestros hogares y en los corazones…