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37.- EL CAPRICHO DE POPEA SABINA


Los augustanos abandonan el Palatino.

Al caminar por la inmensa galería porticada, Petronio miró a Marco Aurelio y dijo:

–           Barba de Bronce renuncia a su viaje por el momento. Está irritado y aburrido. ¡Esta combinación es muy peligrosa! En la fiesta se entregará a un desenfreno absoluto, tratando de aliviar su frustración y su tedio. ¡Ojalá no tengamos sorpresas desagradables!

Marco Aurelio sonrió y contestó:

–           Afortunadamente yo tengo mejores cosas de qué ocuparme y a ti te dejo los cambios de humor del César.

Petronio se detiene y advierte:

–           Fuiste invitado y ni siquiera se te ocurra pensar que puedes evitar asistir.

El tribuno movió la cabeza y fastidiado replicó:

–           Lo que a mí me sorprende es que a ti no te haya dominado el aburrimiento de cuanto te rodea.

–           ¿Quién te ha dicho lo contrario? Desde hace mucho tiempo me domina. Pero yo no tengo tus años. Y tampoco tengo alternativa. Al emperador nadie le abandona sin consecuencias…

–           Lo sé. Y según parece, tampoco se pueden desairar sus invitaciones. Definitivamente no envidio tus privilegios.

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–           Además, amo los libros, la poesía y me encantan las obras de arte. Me agrada mi hogar y la belleza de las obras maestras con que lo he adornado. Tengo todo lo más exquisito y perfecto. Sé que no he de encontrar ya nada superior a lo que actualmente poseo. Y no tengo ganas de desprenderme de nada de esto por ahora.  

–           Perder el favor imperial es una gran desgracia. Y un lujo que al parecer,  nadie se puede permitir voluntariamente sin perder también la vida…

–           He disfrutado lo mejor y la vida me deleita, mientras pueda darme el placer que necesito y pueda conservarla… porque no se sabe… –finaliza dando un profundo suspiro.

Marco Aurelio está tan contrariado, que mejor se queda callado.

Petronio lo observa desconcertado, pero tampoco le dice nada.

Después de un largo silencio, Petronio agrega.

–           ¿Sabes cuál es la última noticia? Tigelino, para las fiestas ha preparado los lupanares con las mujeres más nobles de Roma. Habrá doncellas que hagan su presentación como ninfas.–            ¿Eso te parece apetecible? ¡Convertir a las jóvenes patricias en prostitutas! ¿Tan hastiados están que lo execrable ya no es vergonzoso?

Petronio mira sorprendido a su sobrino y finalmente explota:

–           ¡Éste es nuestro mundo neroniano en Roma! ¡Creo que has arruinado tu vida haciéndote cristiano! ¡Por Pólux que no te comprendo! Nuestras locuras tienen cierto juicio, pero tú… Desprecio a Enobarbo, porque es un bufón griego. ¡Si al menos fuese romano!  ¡Hufff!…

–           La barbarie es barbarie en cualquier lugar. Ya no hay valores, ni honor. No veo de qué te sorprendes. Y sobre este asunto podría enseñarte cosas grandiosas que he aprendido…

–           No empieces con tus cosas cristianas.  No quiero saber nada de eso…

–           Está bien. Tienes razón. Todavía no es el momento en que podrías comprenderlas… Tal vez algún día anheles también aprenderlas.

Petronio agrega sin hacerle caso:

–           No cabe duda de que vamos de mal en peor… Pero este es el mundo que me ha tocado vivir ¡Y hay que tomarlo como es! Prepárate para ir al Fiesta Flotante en la Piscina de Agripa. Y será mejor que nos dispongamos para disfrutarlo…

Al día siguiente…

El buen gusto y refinamiento de Petronio, le han ganado el título de ‘Arbiter Elegantiarum’. Y por esas mismas cualidades, su genial dirección es indispensable para el desarrollo del artista que palpita en el emperador.

Comparándolo con el Prefecto de los Pretorianos, Petronio lo supera infinitamente en cultura, intelecto, conocimiento del Arte, refinamiento y buen juicio. En la conversación, su ingenio conoce la mejor manera de entretener al César.

Y lo que hasta ahora ha sido el mejor talento de Petronio para ser el consejero favorito del emperador, como un arma de doble filo se está volviendo contra él…

Y él ni siquiera imagina porqué…

Tigelino posee bastante buen sentido, para conocer sus propias deficiencias. Y sabe que NO puede competir con Petronio, Plinio, Séneca, Trhaseas u otros de los augustanos que se distinguen por su elegancia y su alcurnia, sus talentos o su ciencia.

Y ha decidido eclipsarlos por medio de una flexibilidad inagotablemente previsora en sus servicios y sobre todo por una magnificencia, capaz de sorprender aún la exaltada imaginación de Nerón.

Porque  conoce bien a Nerón y sabe por dónde llegarle, ha cultivado secretamente las debilidades de su personalidad para prevenirle en contra de su peor enemigo. Esto ha logrado que la influencia de Tigelino aumente día con día.

Y no es porque Nerón le quiera más que a los demás; sino porque el Prefecto de los Pretorianos ha encontrado la manera de hacerse cada vez más indispensable para el emperador.

Arbiter Elegantiarum, esto mortifica la vanidad de Nerón ¿Cómo es posible que alguien lleve delante de él, semejante calificativo?

Y además, hay que agregar el  terrible complejo que siente entre su obesa y grotesca figura y la innegable belleza varonil de su asesor artístico. La indiscutible superioridad en todos los aspectos de la poderosa personalidad de Petronio, ahora constituye su desgracia…

Pues esto ha despertado la envidia de Nerón y siente agobio por cada uno de sus triunfos… En cambio con Tigelino, César se siente a sus anchas; pues comparte con él su misma crueldad, sus bajezas y su ruindad.

¿Quién prevalecerá? ¿El artista o el monstruo?… La guerra y la competencia están muy reñidas…

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En un suceso sin precedentes en la ciudad, los pretorianos han rodeado las arboledas que están alrededor de un lago mediano y es conocido como la gran piscina de Agripa; para que nadie se acerque a molestar al César y a sus huéspedes, que constituyen cuanto hay en Roma de notable por su riqueza, hermosura y talento.

Tigelino quiere compensar al César la contrariedad sufrida, al diferir su viaje a Acaya y al mismo tiempo mostrarle a todos que no tiene rival para alegrarle la vida al emperador.

Para este objeto mandó traer desde las más remotas regiones del imperio: fieras, pájaros exóticos, peces raros, plantas, flores, etc. Y todos los detalles más insólitos que puedan realzar el esplendor de la magnífica fiesta.

Los impuestos de provincias enteras se consumen en la realización de los más insensatos proyectos…

Más el poderoso favorito no siente la menor vacilación al efectuarlos, con tal de asombrar a Nerón y complacer hasta el más mínimo de sus caprichos.

Esto es lo que hace que su influencia aumente día con día y Nerón lo considere casi indispensable…

Y por eso ha dispuesto dar la fiesta en gigantescas balsas, construidas con vigas doradas, cuyos bordes fueron decorados con magníficas conchas marinas. Adornó las orillas  de la piscina con palmeras, lotos y rosales.

También instaló jardines flotantes y alrededor de la piscina a intervalos regulares, fuentes con aguas perfumadas, altares con estatuas de dioses y quemadores de incienso.

Hay muchas  jaulas de oro y plata, con aves exóticas y multicolores…

En el centro de la balsa principal; está el pabellón de una tienda teñido de púrpura fenicia, que es sostenido en columnas de plata.

Debajo, las mesas están preparadas para recibir a los invitados con cristalería de Alejandría y vajillas de inestimable valor; botín recogido de Grecia, Asia Menor e Italia.

La balsa está adornada con tantas plantas, que semeja una isla flotante.

Y hay amarrados con cuerdas de púrpura y oro; botes con forma de cisnes, delfines, aves y peces que son bogados por jóvenes de ambos sexos; cuyas caras y cuerpos están desnudos, adornados con joyas y han sido elegidos por su gran hermosura.

Cuando Nerón llegó a la balsa seguido por Popea y los augustanos, se sentaron en los triclinios.

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Entonces los remos hendieron el agua y se pusieron en movimiento junto con los botes; describiendo círculos alrededor de la piscina.

Le rodean las otras balsas de menor tamaño; en una de las cuales van los músicos tocando sus instrumentos, resonando cantos melodiosos que llenan el ambiente de alegría.

El César con Popea a un lado, está gratamente sorprendido.

Especialmente al ver surgir entre los botes, hermosos jóvenes de ambos sexos, ataviados como sirenas y  tritones, con mallas glaucas que simulan escamas.

Y ejecutan una hermosa danza acuática en honor de Poseidón. Verdaderamente emocionado, Nerón aplaudió y alabó al organizador de la fiesta.

Pero al mismo tiempo y por fuerza del hábito, dirigió la vista hacia Petronio, deseando conocer su opinión.

Y se mostró más entusiasmado aún, al ver que el ‘Árbitro’ sonreía complacido, mostrando su aprobación con un gran aplauso carente de envidia. Pues  realmente el espectáculo es magnífico.

La Fiesta Flotante agradó mucho al César, por su novedad. Se sirvieron tan exquisitos manjares y vinos de tantas clases, que el más exigente sibarita no habría podido objetar nada.

Luego las mujeres se sentaron en la mesa de los augustanos; entre los cuales Marco Aurelio sobresale por su gallardía y juventud.

Anteriormente tanto su cuerpo como su rostro, denotaban con demasiado relieve al soldado profesional. Pero ahora la enfermedad le ha adelgazado y se ve más alto y estilizado. Sus facciones se ven como cinceladas con una varonil hermosura perfecta.

Su piel morena clara y sus enormes ojos castaños, mantienen una expresión soñadora. Su porte es distinguido: a la vez flexible y soberbiamente magnífico. Parece un dios griego tan bizarro y apuesto como Petronio.

Éste había afirmado como hombre de experiencia, que las damas de la corte se rendirían a sus encantos. Y en efecto, todos le miran con admiración sin exceptuar a Popea, ni a Rubria; la virgen vestal a quién César ha llamado a la fiesta.

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Los vinos empezaron a llevar calor a los corazones y a los cuerpos. Y la enorme balsa prosiguió su evolución, circulando lentamente con su carga de invitados que gradualmente se van entregando a una alegre y estrepitosa embriaguez.

La fiesta no había llegado ni a la mitad de su curso, cuando Nerón se levantó y le ordenó a Marco Aurelio que le deje su lugar…

Quiere estar al lado de Rubria, a la que desea con violenta pasión y le empezó a hablar al oído.

Fue de este modo que Marco Aurelio quedó junto a Popea, quién extendió el brazo hacia el joven oficial y le pidió que le asegurara el brazalete que se le había desprendido y que nadie notó que ella misma lo había soltado.

Al hacerlo gentilmente Marco Aurelio, con su mano un tanto temblorosa, rozó la piel de seda de la emperatriz.

Popea le miró fingidamente pudorosa y con un destello de deseo…

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La fiesta prosiguió.

El sol comenzó a ocultarse.

La mayor parte de los invitados ya están ebrios.

La gran balsa hace círculos cada vez más amplios, hasta casi llegar a la orilla.

Con la penumbra del anochecer, se encendieron millares de lámparas y nuevos grupos de mujeres formados por todas las invitadas de la fiesta, que se han despojado de sus ricas vestiduras y han quedado desnudas…

Con voces y ademanes seductores llaman a los hombres para que se reúnan con ellas.

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Entonces la balsa se aproxima a la orilla.

Todos, incluido el César quién atrae consigo a Rubria riendo y haciendo pícaros comentarios, desaparecen entre la arboleda.

Se diseminaron entre el bosque y las grutas artificiales, además de los muchos lugares próximos a las fuentes y manantiales y que han sido especialmente dispuestos para este fin.

Y empezó la orgía…

La lujuria y la locura se apoderaron de todos.

No se puede distinguir nada en medio de la oscuridad.

Ni donde está el César, ni quién está con quién.

Los sátiros y los faunos dan caza a las ninfas y apagan las lámparas que les estorban.

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Solo la luz de la luna llena, es mudo testigo del rumor de risas, gritos, suspiros y coloquios íntimos; además de los gemidos de placer.

Marco Aurelio no está ebrio, como el día de la fiesta en el Palatino, cuando estaba con Alexandra…

Y sabe perfectamente lo que está pasando a su alrededor.

Y decidió irse, pensando que a estas alturas, a nadie le importará un invitado menos.

Por primera vez siente náuseas…

Y recordando a Alexandra, se dijo a sí mismo:

–           La amo y le juré fidelidad. Debo regresar a casa a preparar la boda, en lugar de permanecer en este bacanal.

Y dando media vuelta se precipitó a través del bosque.

Un grupo de doncellas ataviadas con sutiles velos y bellas flores, le interceptaron el paso y danzaron a su alrededor, incitándolo a correr tras ellas…

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Después de provocarlo, huyeron pudorosas y coquetas.

Pero él se quedó enclavado en aquel sitio pensando en su esposa.

Jamás la había visto más hermosa, más pura, ni más digna de adoración, que al ver aquel bosque convertido en un santuario de placer y a todas aquellas jovencitas lascivas y desnudas.

Y el amor y el anhelo por Alexandra, invadieron todo su ser con un poder avasallador.

Simultáneamente se sintió lleno de disgusto y de una repugnancia como nunca antes la experimentara.

Descubrió que le asfixiaba aquel ambiente de infamia y deseando respirar aire puro, se apresuró a huir de allí.

Más apenas había dado un paso, cuando notó que una figura velada, se alzaba delante de él.

Le puso las manos sobre los hombros y le dijo al oído:

–           ¡Te deseo! ¡Te amaré y te haré dichoso! ¡Ven! Nadie nos reconocerá. ¡Apresúrate!

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Un gemido de deleite, un suspiro entrecortado y un beso desquiciante acarició el lóbulo de su oreja.

Mientras Marco Aurelio sentía en su rostro como una oleada de fuego, su aliento perfumado…

Ella prosiguió anhelante:

–           ¡Eres bello como Apolo! Y tan delicioso, ¡Oh! Si tan solo…

La voz susurrante fue como si lo despertara de un sueño.

Entonces él tomando dominio de sí, preguntó:

–           ¿Quién eres?

Ella se reclinó seductora en su pecho y siguió insistiendo:

–          Qué importancia tiene eso…  ¡Pronto! ¡Ya no perdamos más el tiempo! ¡Esta noche es perfecta! ¡Y yo quiero poseerte! ¡Ven! ¡Amémonos!

Marco Aurelio insistió:

–           ¿Quién eres?

–           ¡Adivina!

Y al decir esto tomó entre sus delicadas manos el rostro del joven patricio y a través del finísimo velo, lo besó ardorosamente hasta que le faltó el aliento…

Luego se apartó provocativa, diciendo:

–           ¡Noche de amor! ¡Noche de locura!…

Aspirando el aire ansiosamente, agregó:

–      ¡Hoy estamos aquí y somos libres! ¡Hoy puedes tenerme! ¡Hoy soy tuya! ¡Y yo quiero que seas mío!

Marco Aurelio la empujó suavemente hacia atrás y dijo:

–           Lamento no poder complacerte. Estoy enamorado de una mujer incomparable. Le pertenezco y ahora voy hacia ella.

–           Quítame el velo. –dijo ella inclinando hacia él la cabeza.

Y en ese preciso momento se oyó un leve roce entre las hojas de mirto…

Y ella se separó rápidamente y desapareció como si fuese una visión.

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Pero a la distancia se oyó su risa extraña, estridente, ominosa…

Petronio llegó junto a Marco Aurelio. Lo tomó del brazo y empujándolo, lo instó:

–           He oído y he visto. Alejémonos rápido de aquí.

Así lo hicieron.

Cuando llegaron hasta los cisios, Petronio le dijo:

–           Yo te acompañaré.

Y subieron los dos al carruaje de Marco Aurelio.

Todo el camino, lo recorrieron en silencio. Hasta que se hallaron en el atrium de la casa del joven tribuno…

Petronio preguntó:

–           ¿Sabes quién era ella?

Marco Aurelio se sintió profundamente disgustado ante la idea de que Rubria fuese una vestal y tuviese ese comportamiento tan impúdico.

Y sin disimular su desprecio contestó:

–          ¿Rubria…?

–           No.

–           ¿Entonces quién?

Petronio bajó la voz y dijo:

–          El fuego de Vesta ha sido profanado porque Rubria estuvo con el César. Pero la que se acercó a ti…

Y aquí su voz bajó hasta hacerse casi imperceptible:

–          Fue la divina Augusta.

Siguió un silencio tan denso que casi se podía tocar…

Luego Petronio continuó:

–          César no pudo ocultar a Popea, su inclinación hacia Rubria y tal vez por eso, ella quiso tomar venganza. Pero llegué yo a estorbarlo.

Si tú la hubieras reconocido… al rehusar su solicitud, sería irremediable tu ruina.

Habrías arrastrado en ella a Alexandra y también me habrías comprometido a mí.

Marco Aurelio comprendió la magnitud de la revelación y casi se ahogó por el asombro…

El tiempo pareció detenerse…

Mil ideas cruzaron por su mente como relámpagos y se reflejaron en su gran perturbación…

Luego explotó:

–           ¡Estoy harto de Roma! ¡Del César, de sus fiestas, de Tigelino, de la Augusta y de todos vosotros!…

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 ¡Me estoy asfixiando! ¡Yo no puedo seguir viviendo así! ¡No puedo! ¡Oh Dios mío! ¡No lo soporto más! ¿Me entiendes?

Petronio lo mira desconcertado y exclama:

–           ¡Marco Aurelio! Estás perdiendo el sentido del juicio, la moderación. ¿Qué te pasa?

Marco Aurelio replicó colérico:

–          Lo único que quiero es a Alexandra. Vine a prepararlo todo para mi boda y no me interesa otro amor, ni deseo a ninguna otra mujer. No quiero vuestra vida y no me interesan sus fiestas.

No soporto sus obscenidades y sus crímenes. ¡Soy cristiano! ¿Lo oyes? ¡Soy cristiano! ¡Y no sabes cuánto me alegro de serlo!

Petronio lo mira asombrado.

Es evidente que entre él y Marco Aurelio ya no pueden entenderse y que sus almas se han separado por completo.

Hubo un tiempo en que Petronio ejercía una gran influencia en el joven militar. Había sido para él un modelo en todo y con frecuencia unas cuantas palabras irónicas suyas, bastaban para frenarlo o para inducirlo a una resolución cualquiera.

Pero ahora ya no queda nada de aquello…

Y tan trascendental es el cambio, que Petronio ni siquiera intentó poner en práctica sus antiguos métodos. Porque comprendió que su ironía y su ingenio, habrán de estrellarse contra el nuevo hombre en que se ha convertido el Marco Aurelio que está ante sus ojos y al que apenas si reconoce.

Después de reflexionar un momento, se encogió de hombros y se fue para su casa muy disgustado.

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El veterano escéptico al ver a Marco Aurelio entendió que es un hombre tan diferente, que ya ni siquiera comprende sus reacciones.

Y este conocimiento lo llenó de contrariedad y hasta de un poco de temor…

Éste último llegó a su colmo, al meditar en los acontecimientos de esa noche…

Y piensa:

–           Si de parte de Popea esto no fue sólo un fugaz devaneo, sino un deseo más duradero, van a suceder una de estas dos cosas: Marco Aurelio no se le resistirá y en este caso, le vendrá la ruina por algún ‘accidente’, lo que parece poco probable por su actual estado de ánimo. O se le resiste…

Y entonces sí será segura su ruina y acaso también la mía… Precisamente porque soy su pariente y porque la Augusta terminará envolviendo en su odio a la familia entera y pondrá del lado de Tigelino todo el peso de su influencia.

Moviendo la cabeza, por todas las conclusiones que como un mosaico que se estuviera formando, le muestran un panorama cada vez más sombrío… Petronio es un hombre valiente y no le teme a la muerte. Pero tampoco tiene el menor deseo de atraerla tan pronto.

La Augusta ignora si ha sido reconocida por Marco Aurelio. Si ella piensa que no ha sido descubierta, su vanidad no sufrirá gran cosa.

Pero esta situación es muy precaria, podría modificarse en el futuro y es urgente neutralizar este gran peligro.

La cuestión es: ¿Cómo va a lograrlo?…  

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONÓCELA

P26.- LECCIÓN DE AMOR Y DE PERDÓN


Santísima Trinidad

Posted on 28/06/2013 by Y María del Getsemaní

(HABLA DIOS PADRE)

Mis Niños,

Hace aproximadamente cien  años, Mis hijos eran educados en las enseñanzas de Mi Hijo y muchos de vosotros así fueron aprendiendo…

Pero éstas tristemente, no iban cargadas de amor y respeto por vosotros como niños, como debió ser… Sino que eran dadas por siervos Míos que muchas veces tenían más rencor y frustración, que amor.

 Y esto Mis Pequeños, ha dañado a muchos de Mis niños y los ha alejado de Mí.

Lo sé, porque veo que es más miedo y temor que amor, lo que Me tenéis…

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Y no Mis Niños, no es así.

Mi Corazón de Padre Amorosísimo se entristece grandemente, al comprobar que no estáis Conmigo porque las enseñanzas que os fueron dadas, no se hicieron como Mi Amadísimo Hijo Jesucristo os enseñó.

¿Acaso Mi Amadísimo Hijo os enseñó cuando párvulos,

con golpes, insultos y falta de respeto a vuestra integridad?

No, Mis niños.

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Mi Hijo Dice “Dejad que los niños vengan a Mí”,

porque no son una “molestia” como os hicieron creer a vosotros –los que fuisteis educados en las sagrada doctrina con golpes y amenazas-,

sino que era atraer a los niños con mimos, con amor.

Que los pequeños quisieran estar cerca de su Padre Celestial 

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donde se sentirían resguardados, protegidos, amados y libres.

¡Sí! ¡Y libres!

Porque no os creé para que estuviereis a Mi lado forzados y obligados por golpes y mantenidos bajo el régimen de miedo,

Lo que Yo anhelaba era que tuviesen una vida  en la tierra en la que aprendiesen a Amarme y Amarse unos a otros;  

a gozar de Mi magnifica y maravillosa creación para que después compartierais Mi Eternidad en perpetua felicidad en el Cielo.

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Pero Mis Pequeños Siervos en su afán de salvaros os han alejado de Mí, de Su Padre…

Espero que hayáis perdonado estos métodos que no son los que Mi Hijo os enseñó…

 Y si bien algunos se mantuvieron lejos del mal, aunque sea por miedo; fueron muchos los que tuvieron pavor de Mí, Su Amado Padre… Y se refugiaron en otras cosas que a la postre los destruyeron.

Si vosotros sois ahora adultos de estos pequeños…

De estos infantes que fueron educados en la Santa Palabra y en la Doctrina Católica, pero no con amor, con paciencia, con tolerancia, con respeto:

Por favor Mis Pequeños, dad al cielo la oportunidad de volveros a educar… Dad la oportunidad  a María Santísima de que repare vuestros corazones tan lastimados por siervos de Mi Hijo. 

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No los juzguéis, eso no os compete ni os corresponde

Pero acercaos nuevamente y veréis como se os resuelven vuestras dudas, se os sanan vuestras heridas  y se os lleva con infinito amor.

Mis Pequeños,

todo lo celestial al tocar los conceptos y manejos del hombre se mancha, no permanece impoluto, como lo es el cielo…

 Así ha sido vuestra instrucción.

Pero debéis soltar, olvidar y perdonar a Mis Siervos.

 Y volveos a acercar con confianza y dad al Cielo la oportunidad de volver a acercarse a vosotros.

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Mis niños, no hay tiempo de rencores ni desconfianza por lo que habéis pasado con Mis Siervos…  Si es que es vuestro caso y situación.

Volved a confiar ahora y poneos en las Santas Manos de Mi Amadísima Hija

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Creed que nadie está exento de las insinuaciones, tentaciones y trampas

que el Maligno ha puesto en este reino del mal en el que vivís…

 Y Mis Hijos Predilectos, Mis Siervos Fieles, han caído en trampas como vosotros mismos…

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 Por eso os decimos que no los juzguéis y que busquéis en vuestro generoso y comprensivo corazón, perdonar si es que daño se os ha hecho. 

Mil veces más tienta el diablo a uno de Mis Sacerdotes que a un laico…

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Y es por ver caer a un general y con él tirar por el suelo a un batallón de fieles.

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Vosotros habláis con soltura de Mis Siervos cuando han caído,

pero ignoráis con gran indiferencia a todos aquellos que se mantienen en pie de lucha.

Os gusta regocijaros en la tragedia de Mis Siervos que han caído,

pero quien esté libre de pecados que tire la primera piedra. 

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Perdonad y seréis perdonados, juzgad y condenad duramente…

Y de la misma manera seréis tratados.

Debéis perdonaros unos a otros porque estáis llenos de pecado…

 Y con él Me Habéis ofendido grandemente en incontables ocasiones a lo largo de vuestra vida y os habéis golpeado duramente unos a otros… 

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Mis pequeños,

no van a poder andar tras Mi Divino Hijo si no viajáis ligeros…

 Y esto es:

Dejad rencores y venganzas a un lado

Porque os rezagareis en el Camino, al seguir a Mi Amadísimo Hijo Jesucristo

¿Lo podéis comprender?…

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Viajad ligeros de alma:

sin rencor, sin cargar con vanidades, sin posesiones, sin anhelos de las cosas del mundo.

Viajad ligeros en este último tramo del camino que os falta…

¿Me comprendéis? ¿Haréis como os lo solicito?

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¿Seréis misericordiosos con Mis siervos, como Yo lo he sido con vosotros perdonándoos a cada paso?

 ¿O los condenareis y los juzgareis duramente? Como el siervo al que el rey le perdonó la deuda y al salir él mismo no perdonó a un consiervo (*Mt 18: 23-35)

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¿Qué haréis vosotros?

Recordad este pasaje y tenedlo muy presente ahora que os pido que perdonéis la deuda de Mis siervos si os han fallado…  

Perdonadlos en vuestro corazón y más allá,

Orad por ellos…  

Que si hacéis así, bendiciones lloverán sobre vosotros…

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Pero si los juzgáis, los criticáis y habláis mal de ellos, estáis hablando contra vosotros mismos, acarreándoos un duro juicio.

Guardad con discreción vuestras palabras que es ahora cuando más cuidado debéis tener

 Porque Mis Hijos están a la intemperie y los estoy invitando a entrar…

Pero si vosotros los espantáis y no entran a resguardo y algo malo les ocurre ¿Quién será responsable de que no hayan querido retornar?

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No os echéis en vuestro costal responsabilidad tan grande.

Si vais a hablar mal, mejor quedaos en silencio

que la prudencia al hablar de mucho os valdrá.

¿Entendéis esta lección de perdón y disculpa tan grande que os solicito?

¿Podéis ver que si no volvéis a Confiar, es inútil seguir?

¿Que si no perdonáis,

vuestra carga es tan pesada, que desistiréis

y no llegareis al final del camino? 

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Viajad ligeros y seguid las huellas de Mi Amadísimo Hijo rumbo al Gólgota…

 y encontraréis detrás LA GLORIA.

Os lo solicito, os lo pido Mis Hijitos

Vuestro Padre Amorosísimo,

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(HABLA UN SANTO DEL CIELO)

Todos mis niños que han sido victimas de consiervos mío que no os trataron con el Amor que Nuestro Señor Jesucristo hubiera deseado: Por favor no tenéis más que perdonar y para ello pedir la ayuda del Padre Celestial y Nuestro.

Y Vuestro Señor Jesucristo que os dará la capacidad del perdón  y borrará el daño recibido (Es un Santo del Cielo, pero no se quien es, alguien que fue Sacerdote aquí en la tierra).  

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Lo más preciado al Padre, lo más digno de amor:

 son los niños y muchos habéis sido víctimas de falta de amor

e incluso el Maligno infiltrado y disfrazado,

ha hecho el más grande daño a la Iglesia del Señor,

 instigando a consiervos Míos hasta la locura de cometer actos de maldad

que no son hechos por seres humanos; por hombres, sino por demonios.

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No hay hombre que en posesión de su alma sea capaz de ultrajar a un pequeño, no lo hay;

cuanto menos un siervo del  Señor.

Han sido los mismos demonios infiltrados a las filas de la Iglesia 

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posesionándose de consiervos míos; quienes han cometidos los actos que más daño han causado en la Santa Sede, 

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en la Iglesia de Nuestro Señor Jesucristo en su totalidad.

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El dolor que esto ha causado en la Iglesia de Jesucristo y el daño inflijido, no tiene comparación con nada que haya sucedido. 

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Creed Mis Niños, que el castigo a quien aleje a uno solo de Mis Hijos es inconmensurable…

 pero no seáis víctimas dos veces.

No seáis víctimas del mal y por eso os alejéis y arriesguéis vuestra alma.

Debéis regresar, que no hay misericordia más grande del cielo; que quien regresa a pesar de haber sido rota su niñez.

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No podemos explicaros más ahora,

pero buscad en vuestro corazón el perdón,

porque es la única manera de eliminar el daño tan terrible que esto ha causado en las filas de la Iglesia. 

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Confiad en que el amor por vosotros es el más grande que hay en el cielo.

Volved que María Santísima os cuidará como a niños de pecho. 

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Volved que ya no hay tiempo.

Volved vosotros que habéis sido alejados por las instigaciones del Maligno dentro de la misma Iglesia.

Esta será renovada y vosotros los que respondéis a esta amante y rogante suplica

seréis los primeros en el Reino, si hacéis así.

Volved, volved, volved.

Dejad la Justicia al Padre Eterno.

CASTIGO DE SODOMA

CASTIGO DE SODOMA

HDDH

(Junio 23)

Año del Señor 2013

Y María del Getsemaní

http://tambienestuya.com/

maria del getsemani

NOTA: Esta oración es muy efectiva para sanar las heridas del corazón: “A tu Corazón Inmaculado Madrecita, entrego todo lo que siento… Y dale mi sufrimiento a Jesús, para que salve almas… Dame tu amor para amar y para perdonar. Te amo. Amén.” 

MADRE NUESTRA

Sentiréis el consuelo y el dolor se mitigará…

44.- EXAMEN DOCTRINAL


El pequeño Yabé va prendido de la mano de Jesús, mientras van caminando…

Felipe pregunta:

–           ¿Llegaremos esta tarde a Enganím?

–           Ciertamente. Pero ahora tenemos al niño. ¿Estás cansado Yabé? –Pregunta amorosamente Jesús- Sé sincero como un ángel.

El niño responde:

–           Un poco, Señor. Pero procuraré tener ánimos para seguir caminando.

Juan de Endor dice:

–           Este niño está debilucho.

Pedro exclama:

–           Lo mismo digo yo. Con la vida que tuvo durante varios meses… Ven chiquito, que te llevo en  mis brazos.

El niño contesta:

–           ¡Oh no, señor! no te fatigues. Todavía puedo caminar.

–           Ven. Ven que no estás pesado. Pareces un pajarito mal comido. –Y Pedro se lo hecha sobre su espalda, fuerte y robusta, con sus piernitas flacas que le cuelgan a los lados.

Caminan de prisa y llegan Meggidó. Se paran a descansar a la orilla de un riachuelo. Se respira aire de fiesta y se ven muchos niños alegres, con la ceremonia en la que serán mayores de edad.

Dos muchachitos ricos que se han acercado a jugar junto al manantial, cerca de donde están Yabé y Pedro, le preguntan al niño:

–           ¿Tú también vas para ser hijo de la Ley?

Yabé responde casi escondiéndose detrás de Pedro:

–           Sí.

–           ¿Este es tu padre? ¿Eres pobre, verdad?

–           Sí. Soy pobre.

Los muchachos que parecen ser hijos de fariseos lo escudriñan irónicos y curiosos. Le dicen:

–           Se ve.

Y de hecho, sus vestidos son miserables harapos y demasiado cortos. Sus pequeños pies calzan unas sandalias muy feas, sostenidas con burdas correas, que son una tortura para sus pies.

Y los muchachitos, llevados por un egoísmo cruel propio de muchos niños que no son buenos, dicen:

–           ¡Oh! ¡Entonces no vas a tener vestido nuevo para tu fiesta! ¡Nosotros, mira…! ¿Verdad Joaquín? Mi vestido es rojo y también el manto. El de él es azul. Y tendremos sandalias con hilos de plata. Y un cinturón bordado con oro y un talet sostenido con una lámina de oro y…

–           Y un corazón de piedra, ¡Digo yo! –Grita Pedro que ha terminado de llenar las cantimploras- ¡Sois malos, muchachos! La ceremonia y los vestidos valen un comino, si el corazón no es bueno. Prefiero a mi niño. ¡Largaos orgullosos y presumidos! ¡Idos con los ricos y tened respeto a quién es pobre y honesto! Ven Yabé. El agua es buena para los pies cansados. Ven para que te los lave. Después caminarás mejor. Te llevaré en brazos hasta Enganím. Buscaré uno para que te haga sandalias nuevas.

Y Pedro lava y seca los pequeños pies lastimados, que desde hace tanto tiempo no han sido acariciados.

Yabé va a cumplir doce años, pero parece un niño escuálido de nueve. El niño mira a Pedro, titubea, luego se inclina sobre el hombre que le está acomodando las sandalias, lo rodea con sus bracitos flacos y le dice:

–           ¡Qué bueno eres! –Y lo besa en los cabellos alborotados.

Pedro se conmueve… Se sienta en la tierra mojada y le pide:

–           Ahora dime: ‘padre’…

El cuadro es enternecedor. Jesús se acerca junto con los demás.

Los dos niños, que se habían quedado por curiosidad, dicen:

–           Luego, ¿No es tu padre?

Yabé responde con firmeza:

–           Para mí es padre y madre.

–           Sí querido. Dijiste bien: padre y madre. Y a vosotros señoritos; os aseguro que no irá mal vestido a la ceremonia. Irá como un rey.

Los dos rapazuelos se sorprenden y se van corriendo.

Jesús pregunta con una gran sonrisa:

–           ¿Qué haces ahí sentado en la humedad?

–           ¿En la humedad? ¡Oh, sí! No me había dado cuenta. ¡Ah, Maestro! Debes dejar que me encargue de este pequeño. Luego lo entregaré. Hasta que no sea un verdadero israelita es mío.

–           ¡Pero claro que sí! Tú serás su tutor, como un viejo padre. ¿Está bien? Vámonos. Para llegar al atardecer y para no hacer correr mucho al niño…

–           Yo lo cargo. Pesa más mi red. No puede caminar con estas suelas rotas. Ven, Yabé. –Y Pedro, cargándose a su ‘hijito’, continúa feliz su camino.

Están ya cerca de Enganím y se ve su acueducto; cuando el ruido de un pelotón de soldados, los obliga a hacerse a un lado del camino pavimentado y resuenan los cascos de los caballos.

–           ¡Salve, Maestro! Milagro de verte por aquí. –Grita Publio Quintiliano que bajando del caballo, lo detiene de la brida y se acerca a Jesús con una sonrisa franca.

Sus soldados aflojan el paso, por respeto a su comandante.

Jesús contesta:

–           Voy a Jerusalén para la Pascua.

–           Yo también. Durante las fiestas se refuerzan las guardias, pero también viene Poncio Pilatos a ellas y está Claudia. Somos su estafeta. Son caminos inseguros. Las águilas espantan a los chacales. –Dice el tribuno muy sonriente y mira a Jesús. Después en voz baja agrega- Este año doble guardia para proteger las espaldas del desvergonzado de Antipas. Hay mucho descontento porque arrestó al Profeta.

Descontento en Israel y descontento de remache entre nosotros. Pero… hemos pensado en dar una cadenciosa melodía de flautas al Sumo Sacerdote y a sus compinches. –Y en voz más baja aún- Tú estás seguro. Los de uñas largas no las sacarán. ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! Nos tienen miedo. Basta con aclarar la voz; para que crean que es un rugido. ¿Hablarás en Jerusalén? Ven cerca del Pretorio. Claudia habla de Ti, diciendo que eres un gran filósofo. Eso es bueno para Ti, porque… el verdadero Procónsul es Claudia; es nieta de Augusto.

Mira a su alrededor y ve a Pedro colorado, sudado y cargando al niño.

Pregunta con curiosidad:

–           ¿Y ése?

–           Es un huérfano que tengo conmigo.

–           ¡Pero ese hombre tuyo se cansa mucho! –Le grita al niño- ¡Muchacho! ¿Tienes miedo de venir conmigo en el caballo por unos cuantos metros? Te echaré encima la clámide y cabalgaré despacio. Te devolveré a este hombre cuando lleguemos a la Puerta…

El niño no opone resistencia. Es tan manso como un corderito.

Publio lo pone consigo sobre la silla. Y al ir a dar órdenes a sus soldados, para que caminen  más despacio, ve al hombre de Endor.

Lo mira fijamente y dice:

–           ¿Tú, aquí?

–           Sí. Ya no venderé huevos a los romanos. Pero allá dejé las gallinas. Ahora estoy con el Maestro…

–           Bien para ti. Tendrás más tranquilidad. ¡Adiós! Salve, Maestro. Te espero en aquel montón de árboles. –Y espolea su caballo.

Varios preguntan a Juan de Endor:

–           ¿Lo conoces? ¿Te conoce?

–           Sí. Le vendía pollos. Lo conocí una vez que fui llamado a Naím, para fijar la distribución. Allí estaba él. Desde entonces, cuando iba a Cesárea a comprar libros u otras cosas, siempre me saludaba. Me llama Cíclope o Diógenes. Es un hombre bueno. Y aunque odio a los romanos, no le he ofendido en nada, porque esperaba que me fuera útil.

Pedro dice:

–           ¿Has oído, Maestro? Mis palabras al centurión de Cafarnaúm dieron resultado. Ahora estoy más tranquilo.

Llegan a la sombra de la arboleda a cuya sombra, la patrulla se ha detenido.

El tribuno dice:

–           Bien. Aquí está el niño. ¿Algunas órdenes, Maestro?

–           No, Publio. Que Dios se te muestre.

–           Salve. –Y se sube al caballo.

Lo espolea y los suyos le siguen. Se oyen los cascos de los caballos y se ven brillar las corazas.

Entran a la ciudad y Pedro lleva al niño a comprarle sus sandalias.

Zelote dice:

–           Este hombre se muere por tener un hijo. Tiene razón.

Jesús contesta:

–           Os daré millares. Ahora vamos a buscar refugio para que continuemos mañana al amanecer.

Al día siguiente, por los caminos cada vez más atestados de Jerusalén, un fuerte aguacero que cayó por la noche, ha dejado los caminos lodosos, pero en cambio se ha llevado el polvo y el aire está muy limpio. Los campos parecen jardines muy bien cuidados.

Todos caminan aprisa porque están muy descansados y porque el niño con sus sandalias nuevas, puede caminar mejor. Y ahora que ya ha cobrado confianza, platica con todos y es conmovedor ver cómo este grupo de hombres, la mayoría sin hijos, muestran un cariño paternal y lleno de cuidados, por el discípulo más pequeño de Jesús.

El hombre de Endor hace beber un huevo crudo al niño y le corta ramitas de hierbas silvestres y se las da para calmarle la sed y que no tenga necesidad de beber mucha agua. Le hace ver y contemplar los panoramas, para que no piense en el cansancio.

El antiguo pedagogo de Cintium, al que arruinó la maldad humana; vuelve a la vida por este niño que es una miseria como él. Los amigos de la desgracia y de la amargura, se hinchan con una sonrisa de bondad.

Yabé no tiene ya el aspecto lastimero; trae sus sandalias nuevas y en su cara hay menos tristeza. Ya le quitaron el aspecto salvaje de la vida de bestezuela, que por tantos meses llevó. Y se ve muy limpiecito en medio de su pobreza.

También Juan de Endor es otro. Su cara ha perdido la dureza y ahora es seria, pero sin infundir miedo. Y estas dos piltrafas humanas que volvieron a la vida por la Bondad de Jesús, corresponden con amor por Él.  Cuando llegan a la cima de un monte,

Jesús dice al niño:

–           Yabé, ven aquí. ¿Ves aquel punto dorado? Es la Casa del Señor. Allí vas a jurar obedecer la Ley.  ¿La sabes bien?

Yabé contesta:

–           Mi mamá me hablaba de ella y mi padre me enseñaba los Mandamientos. Sé leer. Y…Tú dices que abrirás las Puertas de los Cielos. ¿No están cerradas por el Gran Pecado? Mi mamá me decía que nadie podía entrar, hasta que no hubiese llegado el Perdón… Y que los justos lo esperaban en el Limbo.

–           así es. Pero luego iré al Padre, después de haber predicado la Palabra de Dios y… de haber obtenido el Perdón. Entonces bajaré a llamar a todos los justos.

–           ¿Y estará mi mamá con ellos?

–           Claro. Ella y tu padre.

–           ¡Oh! ¡Cuánto te quiero! –el niño lo abraza y lo besa emocionado.

–           Ahora prosigamos a la Ciudad Santa. A donde llegaremos mañana por la tarde. ¿Por qué tanta prisa? ¿Me lo puedes decir? ¿No sería lo mismo llegar pasado mañana?

–           No. No sería lo mismo. Porque mañana es la preparación de la Pascua y después del crepúsculo no se puede caminar más de 1,200 metros, porque ha empezado el sábado su descanso.

–           Luego, ¿Debemos de estar ociosos el sábado?

–           No. Se ruega al Altísimo Señor.

–           ¿Cómo se llama?

–           Adonai. Pero sólo los santos pueden decir su Nombre.

–           También los niños buenos. Dímelo si lo sabes.

–           Yeové.

–           ¡Ah, sí! ¿Y qué mandó?

–           Mandó santificar el sábado: ‘Trabajarás durante seis días, pero descansarás el séptimo. Y descansarás porque así lo hice Yo, después de la Creación.’

–           ¿Cómo? ¿Descansó el Señor? ¿Se había cansado de Crear? ¿Y propiamente creó Él? ¿Cómo lo sabes? Yo sé que Dios nunca se cansa.

–           No se había cansado porque Dios no camina y no mueve los brazos. Pero lo hizo para enseñar a Adán y a nosotros. Y para tener un día en que pensemos en Él. Él creó todo. Es verdad. Lo dice el Libro del Señor.

¿Escribió Él el Libro?

–           No. Pero es la verdad. Y hay que creerlo para no ir con el Demonio.

–           Me dijiste que Dios no camina. Que no mueve los brazos. ¿Entonces cómo creó? ¿Cómo Es? ¿Una estatua?

–           No es un ídolo. Es Dios. Y Dios es… Dios es… Déjame pensar y acordarme cómo me decía mi mamá…Y mejor que ella; aquel hombre que iba en tu Nombre a encontrar a los pobres de Esdrelón… Mi mamá me decía, para hacerme entender a Dios: ‘Dios es como mi amor por ti. No tiene cuerpo y con todo existe.’ Y aquel hombre, con una sonrisa dulce, decía: “Dios es un Espíritu Eterno. Uno y Trino. Y la Segunda Persona ha tomado carne, por amor nuestro; por nosotros los pobres… Y su Nombre… ¡Oh, Señor mío!… Ahora que me acuerdo… ¡ERES TÚ!

Y el niño sorprendido; se arroja en tierra y adora a Jesús…

Todos corren, creyendo que se ha caído. Pero Jesús les hace una seña con su dedo en los labios y luego dice:

–           Levántate Yabé. Los niños no deben tener miedo de Mí.

El niño levanta con veneración profunda su cabeza y mira a Jesús con otros ojos. Un poco atemorizado.

Jesús le sonríe y le tiende la mano diciendo:

–           Eres un sabio, pequeño israelita. Continuemos nuestra investigación. Ahora que me has reconocido, ¿Sabes si se habla de Mí en el Libro?

–           ¡Oh! ¡Claro, Señor! Desde el principio hasta ahora. Él habla sólo de Ti. Tú Eres el Salvador Prometido. Ahora entiendo por qué abrirás las Puertas del Limbo. ¡Oh, Señor! ¡Señor! ¿Y me quieres mucho?

–           Sí, Yabé.

–           Ya no me digas Yabé. Dame un nombre que quiera decir que me amas; que me has salvado…

–           Escogeré el nombre junto con mi Madre. ¿Está bien?

–           Pero que quiera significar esto. Y me llamaré así desde el día en que me convierta en hijo de la Ley.

–           Desde aquel día así te llamarás.

Se detienen en un valle pequeño, fresco y abundante en aguas, para tomar sus alimentos.

Yabé ha quedado medio atolondrado con la revelación y come en silencio. Con respeto profundo, acepta cualquier pedazo de pan que le ofrece Jesús. Pero poco a poco, vuelve a su antigua manera de ser. Sobre todo, después de haber jugado con Juan; mientras los demás descansan en la verde hierba. Regresa a Jesús, junto con Juan que es todo sonrisas y los tres forman un círculo.

Jesús dice:

–           No me dijiste quién habla de Mí, en el Libro.

Los profetas, Señor. ¡Oh!… me decía mi papá que eras el Cordero… ¡Oh!… Ahora comprendo. El Cordero de Moisés… ¡Tú Eres la Pascua!… Pero… el Mesías… ¡Será inmolado!… su voz se quiebra y cuando está a punto de llorar.

Jesús le pregunta:

–           Por ahora basta. Oye… ¿Sabes los Mandamientos?

–           Sí, Señor. Creo que los sé. Los repetía en el bosque, para no olvidarlos y para oír las palabras de mi mamá y de mi papá. Pero no lloro más; porque ahora te tengo.

Juan se abraza a Jesús sonriendo:

–           ¡Mis mismas palabras!

–           Todos los niños de corazón, hablan igual.

Más tarde, antes de llegar a Jerusalén, el cielo está lluvioso y Pedro lleva al niño sobre su espalda, cubierto con su manto.

A Pedro le gusta chapotear en las charcas.

–           ¿Podrías dejar de hacer eso? –refunfuña Judas que está nervioso, porque está totalmente empapado y el agua le escurre por todas partes.

Juan de Endor clava su único ojo en el gallardo Judas y responde:

–           ¡Eh! ¡Hay tantas cosas que no se deberían de hacer!

–           ¿Qué quieres decir?

–           Quiero decir que es inútil desear que los elementos nos respeten, cuando nosotros no respetamos a nuestros semejantes y en cosas que no son dos gotas de agua o rociadas de lodo.

–           Es verdad. Pero a mí me gusta andar bien presentado y entrar en la ciudad bien vestido y limpio. Tengo muchos amigos importantes y que están arriba.

–           Entonces trata de no caer.

–           ¿Me estás provocando?

–           ¡Oh, nooo! Soy un viejo maestro… y un viejo estudiante. Aprendo. Desde que vivo, estoy aprendiendo a vivir. Y comprendes que naturalmente me vienen ganas de repetir las lecciones.

–           Pero yo soy apóstol.

–           Y yo soy un desgraciado. Lo sé. Y no debería atreverme a enseñarte. Pero mira, nunca se sabe a lo que puede uno llegar. Esperaba morir como un pedagogo honrado y venerado en Chipre y me convertí en homicida y presidiario. Pero cuando levanté el puñal para vengarme y cuando arrastraba las cadenas odiando a todos, si me hubiesen dicho que llegaría a ser discípulo del Santo, habría pensado que no estaban bien de la cabeza. Y sin embargo… lo ves. Por esto tal vez también yo puedo darte una lección a ti, que eres apóstol. Con mi experiencia; no con mi santidad. Porque ni siquiera en ella pienso.

–           Ese romano que te llama Diógenes; tiene razón.

–           Sí. Pero Diógenes buscaba al hombre y no lo encontró. Yo, más afortunado que él, encontré una víbora en pensaba encontrar a la mujer. Y un cuco donde veía al hombre que creí un amigo. Pero después de haber vagado durante tantos años, sin poder conocer nada, encontré al Hombre; al Santo.

–           Yo no conozco otra sabiduría que la de Israel.

–           Así es. Tienes con qué salvarte. Pero ahora tienes también la Ciencia de Dios.

–           Es la misma cosa.

–           ¡Oh, no! Es como un día nublado y un día lleno de sol…

–           Bueno. ¿Me quieres enseñar? No tengo ganas.

–           Déjame hablar. Antes hablaba a los niños. No me ponían atención. Luego a las sombras: me maldecían. Después a los pollos. Debo decir que eran mucho mejores que los dos primeros. Ahora hablo conmigo mismo, no pudiendo hablar con Dios. ¿Por qué me lo quieres impedir? Tengo un solo ojo. La vida destruida en las minas. El corazón enfermo desde hace muchos años. Permite que al menos mi mente no se haga estéril.

Judas replica con firmeza:

–           No entiendo por qué dices que no puedes hablar con Dios. Jesús es Dios.

–           Lo sé. Lo creo más que tú. Porque he vuelto a nacer por obra suya. Tú no. Pero aunque sea Bueno, es siempre ÉL: DIOS. Y yo el pobre desgraciado que no me atrevo a tratarlo con la familiaridad con que tú lo haces. Le habla mi alma, pues mis labios no se atreven. El alma que me imagino que la oye gritar de gratitud y de amor penitente.

–           Es verdad, Juan. Yo oigo tu alma. –Jesús interviene en la conversación de los dos.

Judas enrojece de vergüenza. El hombre de Endor de alegría.

Jesús agrega:

–                      Oigo tu alma, es verdad. Escucho el trabajo de tu inteligencia. Has hablado bien. Cuando en Mí llegues a formarte, te ayudará mucho el haber sido maestro, alumno estudioso. Habla. Habla también contigo mismo.

Judas advierte con aspereza:

–           Maestro, hace poco me dijiste que era malo hablar con el propio ‘yo’.

–           Es verdad que lo dije. Pero la razón es que tú, murmurabas con tu propio ‘yo’. Este hombre no murmura, medita. Y con un fin bueno. Eso no hace daño.

Judas replica de mal humor:

–           En resumidas cuentas, ¡Siempre estoy equivocado!

Jesús dice con calma:

–           No. Tienes desasosiego en el corazón. No siempre puedes estar tranquilo. Cuando la carne muerde, es cosa horrible Judas…

Judas no responde. Se retira chapoteando con coraje en los charcos.

Bartolomé pregunta:

–           ¿Qué le pasa hoy a ése?

–           Cállate. Que Simón de Jonás no te oiga. Evitemos altercados y no envenenemos a Simón. Está tan contento con su niño.

–           Es verdad, Maestro. Pero no está bien. Se lo diré.

–           Es joven, Nathanael. También tú lo fuiste…

–           Sí. Pero no debe faltarte al respeto.

Sin querer ha levantado la voz y Pedro oye:

–           ¿Qué pasó? ¿Quién te faltó al respeto? ¿El nuevo discípulo? –Y mira a Juan de Endor que discretamente se había retirado al comprender que Jesús corregía al apóstol y se ha puesto a hablar con Zelote.

–           ¡Ni pensarlo! Es respetuoso como una doncella.

–           ¡Ah, bien! Porque si no… ¡Eh! Su único ojo estaba en peligro.  Entonces… -Pedro mueve la cabeza afirmando- ¡Entonces fue Judas! ¿Verdad?…

–           Oye Simón, ¿No podrías mejor ocuparte de tu pequeño? Me lo quitaste y ahora quieres intervenir en una conversación amigable entre Bartolomé y yo. ¿No te parece que quieres hacer muchas cosas?

Jesús, con una sonrisa tranquila mira a Pedro que queda dudoso sobre lo que tiene que hacer… Mira a Bartolomé.

Pero éste levanta su cara aquilina hacia el cielo. Y Pedro comprende que no hay nada que hacer.

Cuando llegan a la ciudad; todos, en un arroyuelo cercano se asean y se componen los vestidos. Se preparan para entrar a la Ciudad Santa…

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONOCELA

37.- EL CAPRICHO DE POPEA SABINA


Los augustanos abandonan el Palatino. Al caminar por la inmensa galería porticada, Petronio miró a Marco Aurelio y dijo:

–           Barba de Bronce renuncia a su viaje por el momento. Está irritado y aburrido. ¡Esta combinación es muy peligrosa! En la fiesta se entregará a un desenfreno absoluto, tratando de aliviar su frustración y su tedio. ¡Ojalá no tengamos sorpresas desagradables!

Marco Aurelio sonrió y contestó:

–           Afortunadamente yo tengo mejores cosas de qué ocuparme y a ti te dejo los cambios de humor del César.

Petronio se detiene y advierte:

–           Fuiste invitado y ni siquiera se te ocurra pensar que puedes evitar asistir.

El tribuno movió la cabeza y fastidiado replicó:

–           Lo que a mí me sorprende es que a ti no te haya dominado el aburrimiento de cuanto te rodea.

–           ¿Quién te ha dicho lo contrario? Desde hace mucho tiempo me domina. Pero yo no tengo tus años. Y tampoco tengo alternativa. Al emperador nadie le abandona sin consecuencias…

–           Lo sé. Y según parece, tampoco se pueden desairar sus invitaciones. Definitivamente no envidio tus privilegios.

–           Además, amo los libros, la poesía y me encantan las obras de arte. Me agrada mi hogar y la belleza de las obras maestras con que lo he adornado. Tengo todo lo más exquisito y perfecto. Sé que no he de encontrar ya nada superior a lo que actualmente poseo. Y no tengo ganas de desprenderme de nada de esto por ahora.  

–           Perder el favor imperial es una gran desgracia. Y un lujo que al parecer,  nadie se puede permitir voluntariamente sin perder también la vida…

–           He disfrutado lo mejor y la vida me deleita, mientras pueda darme el placer que necesito y pueda conservarla… porque no se sabe… –finaliza dando un profundo suspiro.

Marco Aurelio está tan contrariado, que mejor se queda callado.

Petronio lo observa desconcertado, pero tampoco le dice nada.

Después de un largo silencio, Petronio agrega.

–           ¿Sabes cuál es la última noticia? Tigelino, para las fiestas, ha preparado los lupanares con las mujeres más nobles de Roma. Habrá doncellas que hagan su presentación como ninfas.

¿Eso te parece apetecible? ¡Convertir a las jóvenes patricias en prostitutas! ¿Tan hastiados están que lo execrable ya no es vergonzoso?

Petronio mira sorprendido a su sobrino y finalmente explota:

–           ¡Éste es nuestro mundo neroniano en Roma! ¡Creo que has arruinado tu vida haciéndote cristiano! ¡Por Pólux que no te comprendo! Nuestras locuras tienen cierto juicio, pero tú… Desprecio a Enobarbo, porque es un bufón griego. ¡Si al menos fuese romano!  ¡Hufff!…

–           La barbarie es barbarie en cualquier lugar. Ya no hay valores, ni honor. No veo de qué te sorprendes. Y sobre este asunto podría enseñarte cosas grandiosas que he aprendido…

–           No empieces con tus cosas cristianas.  No quiero saber nada de eso…

–           Está bien. Tienes razón. Todavía no es el momento en que podrías comprenderlas… Tal vez algún día anheles también aprenderlas.

Petronio agrega sin hacerle caso:

–           No cabe duda de que vamos de mal en peor… Pero este es el mundo que me ha tocado vivir ¡Y hay que tomarlo como es! Prepárate para ir al Fiesta Flotante en la Piscina de Agripa. Y será mejor que nos dispongamos para disfrutarlo…

Al día siguiente…

El buen gusto y refinamiento de Petronio, le han ganado el título de ‘Arbiter Elegantiarum’. Y por esas mismas cualidades, su genial dirección es indispensable para el desarrollo del artista que palpita en el emperador. Comparándolo con el Prefecto de los Pretorianos, Petronio lo supera infinitamente en cultura, intelecto, conocimiento del Arte, refinamiento y buen juicio. Y en la conversación, su ingenio conoce la mejor manera de entretener al César.

Y lo que hasta ahora ha sido el mejor talento de Petronio para ser el consejero favorito del emperador, como un arma de doble filo se está volviendo contra él…Y él ni siquiera imagina porqué…

Tigelino posee bastante buen sentido, para conocer sus propias deficiencias. Y sabe que no puede competir con Petronio, Plinio, Séneca, Trhaseas u otros de los augustanos que se distinguen por su elegancia y su alcurnia, sus talentos o su ciencia. Y ha decidido eclipsarlos por medio de una flexibilidad inagotablemente previsora en sus servicios y sobre todo por una magnificencia, capaz de sorprender aún la exaltada imaginación de Nerón.

Porque  conoce bien a Nerón y sabe por dónde llegarle, ha cultivado secretamente las debilidades de su personalidad para prevenirle en contra de su peor enemigo. Esto ha logrado que la influencia de Tigelino aumente día con día. Y no es porque Nerón le quiera más que a los demás; sino porque el Prefecto de los Pretorianos ha encontrado la manera de hacerse cada vez más indispensable para el emperador.

Arbiter Elegantiarum, esto mortifica la vanidad de Nerón ¿Cómo es posible que alguien lleve delante de él, semejante calificativo? Y además, hay que agregar el  terrible complejo que siente entre su obesa y grotesca figura y la innegable belleza varonil de su asesor artístico. La indiscutible superioridad en todos los aspectos de la poderosa personalidad de Petronio, ahora constituye su desgracia, pues esto ha despertado la envidia de Nerón y siente agobio por cada uno de sus triunfos… En cambio con Tigelino, César se siente a sus anchas; pues comparte con él su misma crueldad, sus bajezas y su ruindad.

¿Quién prevalecerá? ¿El artista o el monstruo?… La guerra y la competencia están muy reñidas…

En un suceso sin precedentes en la ciudad, los pretorianos han rodeado las arboledas que están alrededor de un lago mediano y es conocido como la gran piscina de Agripa; para que nadie se acerque a molestar al César y a sus huéspedes, que constituyen cuanto hay en Roma de notable por su riqueza, hermosura y talento.

Tigelino quiere compensar al César la contrariedad sufrida, al diferir su viaje a Acaya y al mismo tiempo mostrarle a todos que no tiene rival para alegrarle la vida al emperador. Para este objeto mandó traer desde las más remotas regiones del imperio: fieras, pájaros exóticos, peces raros, plantas, flores, etc. Y todos los detalles más insólitos que puedan realzar el esplendor de la magnífica fiesta.

Los impuestos de provincias enteras se consumen en la realización de los más insensatos proyectos…  Más el poderoso favorito no siente la menor vacilación al efectuarlos, con tal de asombrar a Nerón y complacer hasta el más mínimo de sus caprichos. Esto es lo que hace que su influencia aumente día con día y Nerón lo considere casi indispensable…

Y por eso ha dispuesto dar la fiesta en gigantescas balsas, construidas con vigas doradas, cuyos bordes fueron decorados con magníficas conchas marinas. Adornó las orillas  de la piscina con palmeras, lotos y rosales. También instaló jardines flotantes y alrededor de la piscina, a intervalos regulares, fuentes con aguas perfumadas, altares con estatuas de dioses y quemadores de incienso. Hay muchas  jaulas de oro y plata, con aves exóticas y multicolores…

En el centro de la balsa principal; está el pabellón de una tienda teñido de púrpura fenicia, que es sostenido en columnas de plata. Debajo, las mesas están preparadas para recibir a los invitados con cristalería de Alejandría y vajillas de inestimable valor; botín recogido de Grecia, Asia Menor e Italia. La balsa está adornada con tantas plantas, que semeja una isla flotante. Y hay amarrados con cuerdas de púrpura y oro; botes con forma de cisnes, delfines, aves y peces que son bogados por jóvenes de ambos sexos; cuyas caras y cuerpos están desnudos, adornados con joyas y han sido elegidos por su gran hermosura.

Cuando Nerón llegó a la balsa seguido por Popea y los augustanos, se sentaron en los triclinios. Entonces los remos hendieron el agua y se pusieron en movimiento junto con los botes; describiendo círculos alrededor de la piscina. Le rodean las otras balsas de menor tamaño; en una de las cuales van los músicos tocando sus instrumentos, resonando cantos melodiosos que llenan el ambiente de alegría.

El César con Popea a un lado, está gratamente sorprendido. Especialmente al ver surgir entre los botes, hermosos jóvenes de ambos sexos, ataviados como sirenas y  tritones, con mallas glaucas que simulan escamas. Y ejecutan una hermosa danza acuática en honor de Poseidón. Verdaderamente emocionado, Nerón aplaudió y alabó al organizador de la fiesta.

Pero al mismo tiempo y por fuerza del hábito, dirigió la vista hacia Petronio, deseando conocer su opinión. Y se mostró más entusiasmado aún, al ver que el ‘Árbitro’ sonreía complacido, mostrando su aprobación con un gran aplauso carente de envidia. Pues  realmente el espectáculo es magnífico.

La Fiesta Flotante agradó mucho al César, por su novedad. Se sirvieron tan exquisitos manjares y vinos de tantas clases, que el más exigente sibarita no habría podido objetar nada. Luego las mujeres se sentaron en la mesa de los augustanos; entre los cuales Marco Aurelio sobresale por su gallardía y juventud.

Anteriormente tanto su cuerpo como su rostro, denotaban con demasiado relieve al soldado profesional. Pero ahora la enfermedad le ha adelgazado y se ve más alto y estilizado. Sus facciones se ven como cinceladas con una varonil hermosura perfecta. Su piel morena clara y sus enormes ojos castaños, mantienen una expresión soñadora. Su porte es distinguido: a la vez flexible y soberbiamente magnífico. Parece un dios griego tan bizarro y apuesto como Petronio. Éste había afirmado como hombre de experiencia, que las damas de la corte se rendirían a sus encantos. Y en efecto, todos le miran con admiración sin exceptuar a Popea, ni a Rubria; la virgen vestal a quién César ha llamado a la fiesta.

Los vinos empezaron a llevar calor a los corazones y a los cuerpos. Y la enorme balsa prosiguió su evolución, circulando lentamente con su carga de invitados que gradualmente se van entregando a una alegre y estrepitosa embriaguez. La fiesta no había llegado ni a la mitad de su curso, cuando Nerón se levantó y le ordenó a Marco Aurelio que le deje su lugar… Quiere estar al lado de Rubria, a la que desea con violenta pasión y le empezó a hablar al oído.

Fue de este modo que Marco Aurelio quedó junto a Popea, quién extendió el brazo hacia el joven oficial y le pidió que le asegurara el brazalete que se le había desprendido y que nadie notó que ella misma lo había soltado. Al hacerlo gentilmente Marco Aurelio, con su mano un tanto temblorosa, rozó la piel de seda de la emperatriz.

Popea le miró fingidamente pudorosa y con un destello de deseo…

La fiesta prosiguió. El sol comenzó a ocultarse. La mayor parte de los invitados ya están ebrios. La gran balsa hace círculos cada vez más amplios, hasta casi llegar a la orilla. Con la penumbra del anochecer, se encendieron millares de lámparas y nuevos grupos de mujeres formados por todas las invitadas de la fiesta, que se han despojado de sus ricas vestiduras y han quedado desnudas; con voces y ademanes seductores llaman a los hombres para que se reúnan con ellas.

Entonces la balsa se aproxima a la orilla. Todos, incluido el César quién atrae consigo a Rubria riendo y haciendo pícaros comentarios, desaparecen entre la arboleda. Se diseminaron entre el bosque y las grutas artificiales, además de los muchos lugares próximos a las fuentes y manantiales y que han sido especialmente dispuestos para este fin.

Y empezó la orgía…

La lujuria y la locura se apoderaron de todos. No se puede distinguir nada en medio de la oscuridad. Ni donde está el César, ni quién está con quién. Los sátiros y los faunos dan caza a las ninfas y apagan las lámparas que les estorban. Solo la luz de la luna llena, es mudo testigo del rumor de risas, gritos, suspiros y coloquios íntimos; además de los gemidos de placer.

Marco Aurelio no está ebrio, como el día de la fiesta en el Palatino, cuando estaba con Alexandra… Y sabe perfectamente lo que está pasando a su alrededor. Y decidió irse, pensando que a estas alturas, a nadie le importará un invitado menos. Por primera vez siente náuseas…

Y recordando a Alexandra, se dijo a sí mismo:

–           La amo y le juré fidelidad. Debo regresar a casa a preparar la boda, en lugar de permanecer en este bacanal.

Y dando media vuelta se precipitó a través del bosque.

Un grupo de doncellas ataviadas con sutiles velos y bellas flores, le interceptaron el paso y danzaron a su alrededor, incitándolo a correr tras ellas…  Después de provocarlo, huyeron pudorosas y coquetas. Pero él se quedó enclavado en aquel sitio pensando en su esposa.

Jamás la había visto más hermosa, más pura, ni más digna de adoración, que al ver aquel bosque convertido en un santuario de placer y a todas aquellas jovencitas lascivas y desnudas. Y el amor y el anhelo por Alexandra, invadieron todo su ser con un poder avasallador. Simultáneamente se sintió lleno de disgusto y de una repugnancia como nunca antes la experimentara. Descubrió que le asfixiaba aquel ambiente de infamia y deseando respirar aire puro, se apresuró a huir de allí.

Más apenas había dado un paso, cuando notó que una figura velada, se alzaba delante de él. Le puso las manos sobre los hombros y le dijo al oído:

–           ¡Te deseo! ¡Te amaré y te haré dichoso! ¡Ven! Nadie nos reconocerá. ¡Apresúrate!

Un gemido de deleite, un suspiro entrecortado y un beso desquiciante acarició el lóbulo de su oreja; mientras Marco Aurelio sentía en su rostro como una oleada de fuego, su aliento perfumado.

Ella prosiguió anhelante:

–           ¡Eres bello como Apolo! Y tan delicioso, ¡Oh! Si tan solo…

La voz susurrante fue como si lo despertara de un sueño. Entonces tomando dominio de sí, preguntó:

–           ¿Quién eres?

Ella se reclinó seductora en su pecho y siguió insistiendo:

–          Qué importancia tiene eso…  ¡Pronto! ¡Ya no perdamos más el tiempo! ¡Esta noche es perfecta! ¡Y yo quiero poseerte! ¡Ven! ¡Amémonos!

Marco Aurelio insistió:

–           ¿Quién eres?

–           ¡Adivina!

Y al decir esto tomó entre sus delicadas manos el rostro del joven patricio y a través del finísimo velo, lo besó ardorosamente hasta que le faltó el aliento…

Luego se apartó provocativa, diciendo:

–           ¡Noche de amor! ¡Noche de locura! –Aspirando el aire ansiosamente, agregó- ¡Hoy estamos aquí y somos libres! ¡Hoy puedes tenerme! ¡Hoy soy tuya! ¡Y yo quiero que seas mío!

Marco Aurelio la empujó suavemente hacia atrás y dijo:

–           Lamento no poder complacerte. Estoy enamorado de una mujer incomparable. Le pertenezco y ahora voy hacia ella.

–           Quítame el velo. –dijo ella inclinando hacia él la cabeza.

Y en ese preciso momento se oyó un leve roce entre las hojas de mirto…

Y ella se separó rápidamente y desapareció como si fuese una visión. Pero a la distancia se oyó su risa extraña, estridente, ominosa…

Petronio llegó junto a Marco Aurelio. Lo tomó del brazo y empujándolo, lo instó:

–           He oído y he visto. Alejémonos rápido de aquí.

Así lo hicieron.

Cuando llegaron hasta los cisios, Petronio le dijo:

–           Yo te acompañaré.

Y subieron los dos al carruaje de Marco Aurelio. Todo el camino, lo recorrieron en silencio. Hasta que se hallaron en el atrium de la casa del joven tribuno…

Petronio preguntó:

–           ¿Sabes quién era ella?

Marco Aurelio se sintió profundamente disgustado ante la idea de que Rubria fuese una vestal y tuviese ese comportamiento tan impúdico. Y sin disimular su desprecio contestó:

–          ¿Rubria…?

–           No.

–           ¿Entonces quién?

Petronio bajó la voz y dijo:

–          El fuego de Vesta ha sido profanado porque Rubria estuvo con el César. Pero la que se acercó a ti… -y aquí su voz bajó hasta hacerse casi imperceptible- Fue la divina Augusta.

Siguió un silencio tan denso que casi se podía tocar…

Luego Petronio continuó:

–          César no pudo ocultar a Popea, su inclinación hacia Rubria y tal vez por eso, ella quiso tomar venganza. Pero llegué yo a estorbarlo. Si tú la hubieras reconocido… al rehusar su solicitud, sería irremediable tu ruina. Habrías arrastrado en ella a Alexandra y también me habrías comprometido a mí.

Marco Aurelio comprendió la magnitud de la revelación y casi se ahogó por el asombro… El tiempo pareció detenerse… Mil ideas cruzaron por su mente como relámpagos y se reflejaron en su gran perturbación…

Luego explotó:

–           ¡Estoy harto de Roma! ¡Del César, de sus fiestas, de Tigelino, de la Augusta y de todos vosotros!… ¡Me estoy asfixiando! ¡Yo no puedo seguir viviendo así! ¡No puedo! ¡Oh Dios mío! ¡No lo soporto más! ¿Me entiendes?

Petronio lo mira desconcertado y exclama:

–           ¡Marco Aurelio! Estás perdiendo el sentido del juicio, la moderación. ¿Qué te pasa?

Marco Aurelio replicó colérico:

–          Lo único que quiero es a Alexandra. Vine a prepararlo todo para mi boda y no me interesa otro amor, ni deseo a ninguna otra mujer. No quiero vuestra vida y no me interesan sus fiestas. No soporto sus obscenidades y sus crímenes. ¡Soy cristiano! ¿Lo oyes? ¡Soy cristiano! ¡Y no sabes cuánto me alegro de serlo!

Petronio lo mira asombrado. Es evidente que entre él y Marco Aurelio ya no pueden entenderse y que sus almas se han separado por completo. Hubo un tiempo en que Petronio ejercía una gran influencia en el joven militar. Había sido para él un modelo en todo y con frecuencia unas cuantas palabras irónicas suyas, bastaban para frenarlo o para inducirlo a una resolución cualquiera.

Pero ahora ya no queda nada de aquello. Y tan trascendental es el cambio, que Petronio ni siquiera intentó poner en práctica sus antiguos métodos. Porque comprendió que su ironía y su ingenio, habrán de estrellarse contra el nuevo hombre en que se ha convertido el Marco Aurelio que está ante sus ojos y al que apenas si reconoce. Después de reflexionar un momento, se encogió de hombros y se fue para su casa muy disgustado.

El veterano escéptico al ver a Marco Aurelio entendió que es un hombre tan diferente, que ya ni siquiera comprende sus reacciones. Y este conocimiento lo llenó de contrariedad y hasta de un poco de temor. Éste último llegó a su colmo, al meditar en los acontecimientos de esa noche…

Y piensa:

–           Si de parte de Popea esto no fue sólo un fugaz devaneo, sino un deseo más duradero, van a suceder una de estas dos cosas: Marco Aurelio no se le resistirá y en este caso, le vendrá la ruina por algún ‘accidente’, lo que parece poco probable por su actual estado de ánimo. O se le resiste. Y entonces sí será segura su ruina y acaso también la mía… Precisamente porque soy su pariente y porque la Augusta terminará envolviendo en su odio a la familia entera y pondrá del lado de Tigelino todo el peso de su influencia. –moviendo la cabeza, concluye-

Petronio es un hombre valiente y no le teme a la muerte. Pero tampoco tiene el menor deseo de atraerla tan pronto. La Augusta ignora si ha sido reconocida por Marco Aurelio. Si ella piensa que no ha sido descubierta, su vanidad no sufrirá gran cosa.

Pero esta situación es muy precaria, podría modificarse en el futuro y es urgente neutralizar este gran peligro.

La cuestión es: ¿Cómo va a lograrlo?…  

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA