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199 LOS PROFETAS AL REVÉS


199 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Obedientes a la orden recibida, los grupos de los apóstoles van llegando a la puerta de la ciudad.

Jesús está con sus apóstoles, que le están narrando las peripecias de misión como ap´sotoles en la ciudad de Ascalón…

La altanera respuesta de Judas a la reprensión de Simón Zelote, con la explicación no comprendia por nadie más en el grupo apostólico…

Provoca la serena réplica de Santiago de Alfeo:

¡Pues vaya una razón!…

 Y continúa:

–     Nosotros…

¿No estamos aquí para corregirnos, antes que para corregir?

El Maestro ha sido primero nuestro Maestro.

No lo habría sido si no hubiese querido que cambiásemos nuestras costumbres e ideas.

Judas insiste:

–    Era ya Maestro por la sabiduría.

Tadeo replica muy serio:

–   ¿Era?… ¡Es!

–    ¡Oh! ¡Cuántas cavilaciones!

Es. Sí. Es…

Santiago de Alfeo aconseja con dulzura:

–    Y también es Maestro de todos los demás.

No solo por la sabiduría.

Su enseñanza se dirige a todo lo que hay en nosotros.

Él es Perfecto. Nosotros imperfectos.

Esforcémonos pues por serlo y mejorarnos siempre más…

Judas replica a la defensiva:

–    No veo la falta que he cometido.

Es que éstos son una raza maldita. Todos son perversos…

Tomás interrumpe:

–     ¡Oye! No.

No puedes afirmar eso.

Juan fue a los de la clase ínfima.

A los pescadores que llevan el pescado al mercado.

Y mira este saco húmedo…

Es del pescado más sabroso.

Por miedo de que el de la mañana no estuviese fresco por la tarde, volvieron al mar y nos llevaron con ellos.

Es pescado de lo más fino: han renunciado a su ganancia por dárnoslo.

Me parecía estar en el Lago de Galilea.

Y te aseguro que si el lugar parecía recordarlo, lo parecían más las barcas llenas de caras atentas.

Mucho más lo recordaba Juan. Parecía otro Jesús.

Las palabras de su boca sonriente, le salían dulces como la miel.

Su cara brillaba como otro sol. ¡Cómo se parecía a Ti, Maestro!

Era como estarte oyendo a Ti.  

Con la fusión, el Padre Celestial habló a través del apóstol inocente y puro. 

Y Juan fue otro instrumento perfecto en manos de  la Voluntad Divina….

¡Yo estaba emocionado!

Hemos estado tres horas en el mar, esperando a que las redes extendidas entre las boyas, estuvieran llenas de peces. 

Y fueron tres horas llenas de felicidad…

Querían verte, pero Juan dijo:

‘Os doy la cita en Cafarnaúm…’

Como si estuviera, en la plaza de la ciudad.

Han prometido que irán.

¡Han tomado nota!

¡Y hemos tenido que oponernos a que nos cargaran con demasiado pescado!

Nos han dado el más selecto.

Vamos a cocinarlo. Esta noche habrá´un gran banquete, para compensar el ayuno de ayer.

Judas pregunta turbado:

–    Pero, ¿Tú qué dijiste pues?

Juan responde:

–    Nada especial.

Sólo hablé de Jesús… 

Tomás explica:

–     A la manera como tú hablaste…

También Juan citó a los profetas. Pero los puso al revés.

Judas replica sorprendido:

–    ¿Al revés?

¿Acaso los puso de cabeza?…

–    Sí.

Tú de los profetas extrajiste aspereza y él, dulzura…

Porque la misma aspereza de ellos es amor.

Exclusivo. Violento, si quieres…

Pero siempre amor por las almas, que querrían que fuesen fieles al Señor.

No sé si lo has pensado tú, alumno de los escribas más famosos.

No sé si tú has meditado alguna vez esto;

yo sí, a pesar de ser orfebre.

Al oro también se le golpea con el martillo y se le pasa por el crisol, pero es para afinarlo.

No por aversión, sino por aprecio.

Así actúan los Profetas con las almas.

Yo lo entiendo; porque soy orfebre.

Pues bien, Juan ha citado a Zacarías, en su profecía a cargo de Jadrak y Damasco.

Y ha  tocado el punto:

“A la vista de ello Ascalón quedará aterrorizada, Gaza experimentará una gran aflicción

  y también Ecrón, porque su esperanza se ha desvanecido.

Gaza quedará sin rey”.

Y se ha puesto a explicar cómo todo esto era porque el hombre se había separado de Dios.

Y hablando de la venida del Mesías, que es perdón amoroso;

ha prometido que de  una pobre realeza como la que desean para su nación los hijos de la tierra; 

los que sigan la Doctrina del Mesías

alcanzarán una realeza eterna e infinita en el Cielo.

Dicho así no parece nada, pero ¡Había que oírlo!…

Se tenía la impresión de estar oyendo una música y de subir de manos de los ángeles.

Y mira por dónde…

Mira que los profetas que a ti te dieron de palos; a nosotros nos dieron un pescado exquisito. 

Judas guarda silencio, totalmente desconcertado.     

Jesús pregunta a sus primos y a Zelote:

–    ¿Y vosotros?

Santiago de Alfeo explica:

–    Fuimos por donde están los astilleros; los calafateadores.

Nosotros también hemos preferido ir a los pobres.

De todas formas, había igualmente filisteos ricos, que vigilaban la construcción de sus navíos.  

No sabíamos quién debía hablar y lo decidimos como los niños: con puntos.

Judas sacó siete dedos, yo cuatro y Simón dos.

Le tocó pues a Judas.

Todos preguntan curiosos:

–    ¿Y qué fue lo que dijiste?

Tadeo refiere:

–     Me di a conocer francamente por lo que soy.

Les he dicho que recurría a su hospitalidad para pedir la bondad de acoger la palabra de un peregrino;

que en cada uno de ellos veía a un hermano suyo, teniendo un origen y un término comunes.

Y la esperanza no común, pero llena de amor, de poderlos conducir consigo a la casa del Padre.

Y llamarlos “hermanos” por los siglos de los siglos en la gran dicha del Cielo.

“Está escrito en Sofonías, nuestro Profeta: “

La región del mar será lugar de pastores… allí tendrán sus pastos, al atardecer descansarán en las casas de Ascalón”,

Y he desarrollado este pensamiento diciendo:

“El Pastor supremo ha venido a vosotros, no armado de flechas sino de amor.

Os abre los brazos, os señala sus santos pastos;

no se acuerda del pasado, si no es para mostrarse compasivo para con los hombres; 

por el gran daño que se han hecho unos a otros, como niños alocados, odiándose;

cuando, amándose pues son hermanos; habrían podido disolver muchos dolores.

Esta tierra será lugar de pastores santos, los siervos del Pastor Supremo;

los cuales ya saben que aquí tendrán sus pastos más fértiles y las greyes mejores.

Y su corazón cuando decline su vida, podrá descansar pensando en los vuestros y en los de vuestros hijos; 

más íntimos que casas amigas porque su Señor será Jesús, nuestro Señor”.

Me han comprendido.

Simón ha hablado de su curación, mi hermano de tu bondad para con los pobres.

De esto último es prueba esta nutrida bolsa para los pobres que encontramos por el camino.

Tampoco a nosotros nos han hecho ningún daño los Profetas…

Judas Iscariote no abre la boca.

Me entendieron. Nos preguntaron…

Simón refirió su curación…

Mi hermano Santiago; tu bondad para con los pobres.

La prueba aquí está.

Cinco gruesas bolsas para los pobres que encontremos por el camino.

Tampoco a nosotros los profetas nos hicieron ningún mal…

Judas traga saliva, pero permanece mudo.

Jesús dice consoladoramente:

–      Pues bien.

Otra vez Judas lo hará mejor.

Él creyó hacerlo bien de ese modo. Como obró con fin honesto, no cometió ningún pecado.

También con él estoy contento. Hacerla de apóstol, no es fácil.

Se aprende después.

Una cosa me desagrada y es no haber tenido antes ese dinero y no haberos encontrado.

Me hubieran servido para socorrer a una familia muy desgraciada.

Zelote dice:

–    Todavía podemos regresar.

Aún es temprano.

Pero; perdona, Maestro. ¿Cómo la encontraste?…

 ¿Tú que hiciste?

¿De veras nada? ¿No evangelizaste?

 

–   ¿Yo? He paseado.

Con el silencio dije a una prostituta: ‘Deja tu pecado’.

También encontré a un niño, pilluelo como el que más y lo evangelicé.

Intercambiamos regalos.

Le di la hebilla que María Salomé me puso en el vestido y él me dio este trabajo suyo…

Jesús saca del bolsillo el muñeco caricaturesco…

Todos lo miran admirados y sueltan la carcajada.

Jesús continúa:

–     Luego fui a ver los primorosos tapetes que hacen en un taller de Ascalón;

para venderlos en Egipto y otras muchas partes…

Luego he consolado a una niña huérfana de padre, curándole a su madre.

Y nada más.

Pedro dice asombrado:

–    ¿Y te parece poco?

–     Sí, porque hacía falta también dinero y no tenía.

Tomás decide: 

–    Pues volvemos dentro de la ciudad nosotros, que no hemos incomodado a nadie.  

Santiago de Zebedeo lo embroma:

–     ¿Y tus pescados? 

—    ¿El pescado?… 

El pescado aquí está.

Vosotros que tenéis encima el anatema, id a la casa del viejo que nos hospeda y comenzad a prepararlo.

Nosotros vamos a la ciudad.

Jesús confirma: 

–     Sí. 

De todas formas os voy a indicar la casa desde lejos.

Habrá gente. Yo no voy porque me van a entretener. 

No quiero ofender al que nos da hospedaje y nos está esperando, faltando a su invitación.

La descortesía es una acción que falta siempre a la caridad.

Judas de Keriot  baja más la cabeza y se pone morado como una berenjena.

Cambia tantas veces de color; cuantas veces ha caído en esa falta.

Jesús añade:

–     Vosotros id a esa casa.

Buscad a la niña.

No os podéis equivocar porque es la única niña.

Le daréis esta bolsa y le diréis:

“Esto te lo manda Dios por haber sabido creer.

Es para ti, tu mamá y tus hermanitos”.

No digáis nada más.

Y regresaos al punto.

Vámonos.

El grupo se divide: con Jesús y a la ciudad, van Juan, Tomás y los primos.

Los otros regresan a la casa de Ananías, el hortelano filisteo.

198 PREDICACIÓN CON ESTILO PROPIO


198 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Los apóstoles, obedientes a las órdenes recibidas; van llegando uno tras otro; en la puerta de la ciudad.

Jesús todavía no está.

Pero pronto aparece por una calle que sigue el trazado de la muralla.

Mateo dice al verlo:

–     Debe haberle ido bien al Maestro…

¡Mirad cómo sonríe!

Van a su encuentro y todos se van juntos.

Salen por la puerta y toman la vía principal.

A ambos lados hay huertas del suburbio.

Jesús les pregunta:

–     ¿Entonces?…

¿Cómo os ha ido? ¿Qué habéis hecho?

Bartolomé dice:

–     Muy mal…  

Tuvimos que huir.

Judas de Keriot: 

–     Es que por poco nos apedrean.

Tuvimos que escapar.

Vámonos de esta ciudad de bárbaros.

Volvamos a donde nos estiman. Yo aquí ya no hablo más.  

Judas está enojado: 

–     De hecho no quería ir.   

Yo no quería hablar…

Pero luego me dejé convencer y Tú no me entretuviste.

Y Tú lo sabes todo…

Jesús lo mira sorprendido,

y pregunta:

–     Pero, ¿Qué te pasó?

–      Me fui con Mateo, Santiago y Andrés.

Hemos ido a la plaza de los Juicios, porque allí hay gente fina, que tiene tiempo que perder escuchando a una persona que hable.

Decidimos dejar que Mateo hablase, porque era el más idóneo para dirigirse a los publicanos y a sus clientes.  

Entonces él empezó dirigiéndose a dos que estaban discutiendo por un campo, en una cuestión poco clara y muy embrollada, de una herencia.  

Mateo les dijo:

“No odiéis por causa de cosas perecederas y que no podéis llevaros a la otra vida.

Amaos, para poder gozar de los bienes eternos que se obtienen, tan solo con sujetar las malas pasiones.

Y de este modo ser vencedores y poseedores del bien”

Así dijiste, ¿No es verdad?

Y continuó mientras otros se acercaron a oírlo:

“Abrid vuestros oídos a la Verdad, que enseña estas cosas al mundo, para que el mundo tenga paz.

Ya veis que se sufre por esto, por este excesivo interés por las cosas perecederas.

Mas la tierra no es todo, está también el Cielo.

Y en el Cielo está Dios; de la misma forma que ahora en la tierra, está el Mesías de Dios.

Que nos envía para anunciaros que ha llegado el tiempo de la Misericordia.

Y que ningún pecador puede decir: “No seré escuchado”.

Pues si uno tiene verdadero arrepentimiento; recibe el perdón, es escuchado y amado.

Y se le ofrece el Reino de Dios”.

A todo esto, ya había una gran muchedumbre reunida. 

Había quien escuchaba con respeto y había quien interrumpía y molestaba a Mateo con preguntas.

Yo ya de hecho no respondo nunca, para no estropear el discurso.

Hablo y respondo en particular al final.

Que mantengan en la memoria lo que quieran decir y que guarden silencio.

¡Pero Mateo quería responder inmediatamente!…

Nos preguntaban también a nosotros.

Y estaban los fastidiosos que se burlaban con risitas sarcásticas y sonrisas maliciosas. 

Pues decían:

–    ¡He aquí a otro loco!

–   ¡Claro que viene de la guarida de Israel.

–   Los judíos son una grama que se extiende a todas partes.

–    ¡He aquí sus eternas fábulas!

–   Ellos tienen como cómplice a Dios.

–     ¡Oídlos!

–     Está en el filo de la espada y en el veneno de su lengua.

–    ¡Oíd! ¡Oíd!

–    Ahora sacan a relucir a su Mesías.

–    Otro frenético que nos atormentará como en siglos anteriores.

–    ¡Que mueran Él y su raza!”

–    ¡Ahí tenemos otra vez sus eternas patrañas!

–     Dios es su protector.

–    ¡Mira, mira, ahora sacan a colación a su Mesías!

–    Algún otro exaltado que como de costumbre, nos va a atormentar.

–    ¡Maldición a Él y a su raza!”.

Entonces perdí la paciencia e hice a un lado a Mateo; que continuaba hablándoles sonriente, como si nada;

Como si estuvieran brindándole honores.

Y empecé a hablar yo, tomando a Jeremías como base de mi discurso:

“He aquí que suben las aguas del Septentrión y se convertirán en un enorme caudal  que inunda…

Hará estrépito como torrentes de agua. Y por su parte habrá armas y habrá soldados de la tierra y honderos celestiales.

Todo bajo las órdenes de los jefes del pueblo de Dios; para castigar vuestra terquedad.

En movimiento todos ellos por orden de los Jefes del Pueblo de Dios, los que se abatirán sobre vosotros como castigo de vuestra obstinación;

A su fragor perderéis toda fuerza. Caerán orgullosos corazones, brazos, cariños, ¡Todo!

¡Seréis exterminados, residuos de la isla del pecado! 

¡Puerta del Infierno!

A su estruendo, el castigo de Dios caerá sobre vosotros, raza perversa.

¿Os habéis hecho orgullosos porque Herodes os ha reconstruido la ciudad?

Pero, ¡Seréis arrasados hasta que os hagáis calvos sin esperanza!

Seréis castigados en vuestras ciudades y poblados; en los valles y en las llanuras.

La profecía no ha muerto todavía…

Y ya no pude continuar… porque nos arrojaron.

Y ya no pude continuar…

Porque se nos hecharon encima y nos arrojaron.

Y solo por una caravana que iba pasando providencialmente por una calle, pudimos salvarnos.

Porque las piedras comenzaron a volar y dieron contra camellos y camelleros.

Se trabó una riña y pudimos huir.

Luego nos quedamos quietos en un patio de los suburbios, fuera de la ciudad.

¡Ah! Pero no vuelvo más por aquí…

Nathanael exclama:

–   ¡Oye!…

Pero perdona… los ofendiste.

¡La culpa es tuya!

¡Ahora comprendo porqué llegaron a tan hostiles medios, para arrojarnos!

Se vuelve hacia Jesús,

y agrega:

–    Escucha, Maestro.

Nosotros, Pedro, Felipe y yo, fuimos en dirección de la torre que da al mar.

Allí había marineros y dueños de naves que cargaban sus mercancías para Chipre, Grecia y hasta lugares más lejanos todavía.

Imprecaban contra el sol, el polvo, el cansancio, el trabajo…

Y proferían maldiciones contra su condición de filisteos.

Esclavos – decían – de los tiranos, pudiendo ser reyes. 

Blasfemaban contra los profetas y el Templo.

Y contra todos nosotros.

Yo quería alejarme de allí, pero Simón no quiso.

Pedro dijo:

–    “¡No’ ¡Todo lo contrario!

¡Son precisamente a estos pecadores a los que debemos acercarnos!

El Maestro lo haría así…

Y así tenemos que hacerlo nosotros”. 

Felipe y yo dijimos: 

–    Habla tú, entonces” 

–     “¿Y si no sé hacerlo?” –contestó Simón Pedro.

–     “Pues te ayudamos nosotros”  

Entonces Simón se acercó sonriente hacia dos hombres que sudorosos… 

Estaban sentados encima de una voluminosa paca que no lograban izar para cargarla en el barco.

y dijo:

–   Está pesado, ¿No es verdad?…

Uno de ellos contestó:

–    Más que pesado, es que estamos cansados.

Debemos terminar pronto la carga, porque el patrón lo ha ordenado.

Quiere zarpar en la hora de la bonanza; porque por la tarde el mar estará bravo.

Y para esa hora tenemos que haber pasado ya los escollos para no correr peligro”.

–   ¿Escollos en el mar?

–    Sí. Allí donde el agua está bullendo.

Son lugares peligrosos.

Los arrecifes…

–     Corrientes… ¿No?

¡Entiendo! El viento del sur da vuelta por la punta y se encuentra con la corriente…

–    ¿Eres marinero?

–    Pescador de agua dulce.

Pero el agua siempre es agua y el viento, viento.

Es un trabajo hermoso, pero duro.

Yo también más de una vez he tragado agua y la carga se me ha ido al fondo varias veces. 

Este oficio nuestro por una parte tiene sus atractivos, pero por otra es fastidioso. De todas formas en todo hay una parte agradable y otra desagradable…

Buena y mala; en ningún sitio todos son malos, como ninguna raza es toda cruel.

En todas las cosas hay siempre su lado bello y su lado feo.

Ningún lugar está hecho solo de malos… ni ninguna raza es toda cruel.

Con un poco de buena voluntad, se pone uno siempre de acuerdo y se encuentra que por todas partes, hay gente buena.

¡Ea! Os quiero ayudar.

Y Simón llamó a Felipe diciendo:

¡Se necesitan fuerzas! Coge tú de allí y yo de acá.

Y esta buena gente nos lleva allá a su nave, a las bodegas.

Los filisteos no querían… pero después consintieron.

Una vez en su sitio el fardo y otros que estaban en el puente…

Puesta en su lugar la carga; Simón se puso a alabar la nave, como solo él sabe hacerlo.

A alabar el mar…

A la ciudad hermosa, vista desde el mar.

Y se interesó por la navegación marina y las ciudades de otras naciones.

Así que todos alrededor, empezaron a darle las gracias y a celebrarlo…

Por fin, uno pregunta:

“Pero, ¿Tú de dónde eres?, ¿Del país del Nilo?”.

“No, del mar de Galilea; pero como veis, no soy ningún tigre”.

–     Es verdad. ¿Buscas trabajo?

–     Sí.

El patrón dice:

–    Yo te contrato, si quieres.

Veo que eres un marinero capaz.

–    Yo al revés.

Te contrato a ti.

–    ¿A mí?…

Pero, ¿No has dicho que andas en busca de trabajo?

–    Es verdad.

Mi trabajo es llevar hombres al Mesías de Dios.

Tú eres un hombre fuerte y por lo tanto, un trabajo mío.

–    Pero… ¡Yo soy filisteo!

–   ¿Y qué?

¿Eso qué significa?

–   Quiere decir que nos odiáis.

Nos perseguís desde tiempos remotos…

Lo han gritado siempre vuestros jefes…

–    Los Profetas… ¿No es así?

Pero ahora los profetas son voces que no gritan más.

Ahora existe sólo el Único,  Grande y Santo Jesús.

Él no grita… Sino que llama con voces de Amigo…

No maldice, sino bendice.

No trae desgracias, las elimina.

No odia y no quiere que se odie.

Antes al contrario, ama a todos y quiere que amemos, incluso a nuestros enemigos.

En su Reino no habrá vencidos y vencedores, libres y esclavos, amigos y enemigos.

No, no habrá estas distinciones que dañan, que provienen de la maldad humana.

Sólo habrá seguidores suyos.

Es decir, personas que viven en el amor, en la libertad; vencedores del peso y del dolor.

Os ruego que prestéis fe a mis palabras y que tengáis deseos del Mesías.

Las profecías están escritas sí; pero El es mayor que los Profetas.

Y para el que lo ama quedan anuladas las profecías.

¿Veis esta bonita ciudad vuestra?

Pues si llegaseis a amar al Señor nuestro, a Jesús, el Cristo de Dios…

Aún más hermosa la volveríais a ver en el Cielo”

Y así estuvo hablando Simón; bonachón e inspirado al mismo tiempo.

Todos le escuchaban con atención y respeto.

Sí, ¡Con respeto!…

Ya casi terminaba, cuando de una calle, salió un grupo de personas armadas con bastones y piedras. 

Que gritaban y vociferaban.

Y cuando nos vieron, nos reconocieron como forasteros…

Y por el vestido… ¡Ahora entiendo!

Como forasteros de tu misma raza, Judas.

Y como a tales nos tomaron….

Y nos han creído gente de tu ralea.

Si no nos hubieran protegido los del navío; no lo estuviéramos contando.

Nos subieron en una lancha y nos llevaron por el mar.

Nos bajaron en la playa, en la zona cercana de los jardines del sur.

Y de allí nos venimos junto con los que cultivan las flores, para los ricos de acá.

Pero tú Judas; echaste a perder todo…

¿Es esa, una nueva manera de decir insolencias? 

Judas responde con altivez:

–    Es la verdad.

Nathanael replica severamente:

–    Hay que saber decirla.

Tampoco Pedro dijo mentira alguna. ¡Pero supo hablar!

Pedro dice con sencillez:

–     ¡Oh, yo!…

Traté de ponerme en el lugar del Maestro, pensando: ‘Él se portaría, así… muy dulce’.  Entonces yo…

Judas dice muy digno:

–    Yo prefiero los modales majestuosos.

Son más propios de reyes..

Judas con posesión diabólica perfecta por la soberbia y por el pecado…

Simón Zelote lo reprende:

–   Tu acostumbrada idea.

Estás equivocado Judas.

Hace un año que el Maestro te está corrigiendo este modo de pensar; pero no le haces caso.

Tú también estás obstinado en el error; como los filisteos contra los que arremetes. 

Judas replica altanero:

–    ¿Acaso alguna vez me ha corregido por esto?

Además, cada uno tiene su modo y lo usa.

Al oír estas palabras, Simón Zelote se estremece,  (parábola del diente de león)

sobresaltado mira a Jesús…

El cual no dice nada…

Pero asiente a la mirada evocadora de Simón con una leve sonrisa.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

197 UN PACTO SELLADO


197 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Jesús está parado en la plaza principal de la ciudad de Ascalón y ha despedido a los apóstoles en grupos de cuatro, para que misionen en el puerto filisteo.  

Él los mira mientras los apóstoles se alejan.

Con Él se ha quedado sólo Judas de Keriot, que ha declarado que a éstos no les va a decir nada, porque son peores que los paganos.

Pero, cuando oye que Jesús va a ir aquí o allá…

Y no va a hablar, entonces cambia de idea, 

y dice:

–     ¿Te molesta si te dejo solo?

Querría ir con Mateo, Santiago y Andrés…

Son los menos dotados…  

Jesús responde:

–     Ve, ve. Adiós.

Jesús, solo, va por la ciudad, sin rumbo fijo; a lo largo y a lo ancho, anónimo entre la atareada gente…

Ni siquiera se fijan en El

Salvo dos o tres niños que levantan curiosos, la cabeza,…

Y una mujer provocadoramente vestida, que viene resueltamente hacia Él con una sonrisa llena de insinuaciones… 

Pero Jesús la mira tan severamente, que ella se ruboriza violentamente;

 roja como la púrpura; baja los ojos y cambia de dirección. 

Llegando a la esquina se vuelve…

Pero uno del lugar que ha observado la escena, la hiere con una observación mordaz y burlona por su derrota.

Entonces ella se envuelve en su manto y huye.  

Los niños lo miran curiosos y lo rodean.

Lo miran, sonríen ante su sonrisa.

El que es más audaz, un chicuelo como de ocho años; 

le pregunta:

–            ¿Quién eres?

Jesús acariciándolo,

le responde:

–     Jesús.

–     ¿Qué haces?

–     Estoy esperando a unos amigos.

–     ¿De Ascalón?

–     No, de mi tierra y de Judea.

–     ¿Eres rico?

Yo sí. Mi padre tiene una casa bonita. Adentro trabaja alfombras.

Ven a ver. Está aquí cerca.

Y Jesús va con el niño. 

Entran en un largo atrio que se conecta con una calle cubierta.

En el fondo resplandece, avivado por la penumbra del atrio, un retazo de mar todo encendido por el sol.

Encuentran a una niña demacrada que llora de miedo.  

El niño explica: 

–     Es Dina.

Es pobre, ¿Sabes? Mi madre le da comida.

Su madre está muy enferma y ya no está en condiciones de ganar dinero.

Su padre murió en el mar, era un marinero nuestro.  

Fue una tormenta, mientras iba de Gaza al puerto del Gran Río a llevar y recoger mercancías.

Como la mercancía era de mi padre y el padre de Dina era uno de nuestros marineros, mi madre se ocupa ahora de ellos.

Muchos se han quedado sin padre así… ¿Tú que opinas?

Debe ser duro ser huérfano y pobre.

Ahí está mi casa. No digas que estaba en la calle, porque tenía que estar en la escuela.

Pero es que me han echado porque hacía reír a los compañeros con esto… 

Y saca de debajo del vestido, un muñeco tallado en una delgada tablita de madera, realmente muy cómico, 

Es la caricatura de un hombre con barba y una nariz descomunales.

Por los labios de Jesús se asoma una sonrisa que reprime rápidamente,

diciendo serio:

–   ¿No será el maestro verdad?

¿Ni ningún familiar? ¡No está bien!

El chiquillo responde:

–   No.

Es el sinagogo de los judíos.

Es viejo y feo. Y siempre nos burlamos de él.

–    Eso tampoco está bien.

Fíjate que es mucho mayor que tú y…

–   ¡Oh!….

Es un vejete medio jorobado y casi ciego.

Pero, ¡Es tan feo!… Yo no tengo la culpa de que sea feo.

–     No.

Pero tienes la culpa de burlarte de un anciano.

También tú cuando seas viejo serás feo.

Porque caminarás enclinado, tendrás pocos cabellos, estarás medio ciego y caminarás con bastones.

Tendrás una cara semejante…

¿Te gustaría que se burlaran de ti, muchachos sin respeto?

Y luego, ¿Por qué perturbas al maestro y a tus compañeros?

¡No está bien!

Si tu padre lo supiese te castigaría.

Tu madre se apenaría.

Yo no les voy a decir nada, pero tú me das inmediatamente dos cosas:

La promesa de no volver a cometer estas faltas y el muñeco.

¿Quién lo ha hecho?

-Yo, Señor… – dice el niño muy avergonzado.

Pues está plenamente consciente ya, de la gravedad de sus… fechorías…

Y añade:

«    ¡Me gusta mucho trabajar la madera!

Algunas veces logro reproducir las flores y los animales de las alfombras.

¡Fíjate… también los dragones, las esfinges… y otras figuras más!

–     Esos animales sí los puedes hacer. r.

Hay tantas cosas bellas en la tierra.

Así pues, promete y dame ese muñeco.

Si no, ya no somos amigos.

Lo guardaré como recuerdo tuyo y rogaré por ti.

¿Cómo te llamas?

–    Alexandro.

¿Y Tú que me das?

Jesús se preocupa.

Casi nunca tiene nada.

Se acuerda de que Salomé le puso una hebilla muy bonita en el cuello de su vestido.

Busca en su alforja, la encuentra, la quita.

Se la da al niño y le dice:

–    Ahora vámonos.

Pero ten en cuenta que aunque Yo me vaya; de todos modos Yo sé todo.

Y si sé que eres malo, regresaré y le diré todo a tu mamá.

El pacto queda hecho.

Entran en la casa.

Al otro lado del vestíbulo hay un espacioso patio, limitado en tres de sus lados por unas naves en que están los telares.

La criada que ha abierto, al ver al niño con un desconocido, se queda sorprendida…

Y va a avisar a la señora.

Y ésta, una mujer alta y de dulce aspecto, viene inmediatamente,

y pregunta:

–     ¿Se ha sentido mal mi hijo?

–     No, mujer…

Me ha conducido aquí para mostrarme tus telares.

Soy forastero.

–     ¿Quieres comprar?

–      No. Yo no tengo dinero.

Pero tengo amigos a los que les gustan las cosas bellas, llenas de arte y que tienen dinero.

La mujer mira sorprendida a este hombre que confiesa paladinamente así, sin rodeos, que es pobre.

Y dice:

–     Pues te creía un señor

Tienes modales y aspecto de gran señor.

–    Soy simplemente un rabí galileo, Jesús, el Nazareno.

–     Somos comerciantes. 

No tenemos prejuicios. Pasa y mira…

Y le acompaña a que vea sus telares, donde trabajan muchas jóvenes bajo su dirección.

Las alfombras son verdaderamente valiosas en cuanto a dibujo y flores;

espesas, blandas, parecen hermosos cuadros realizados con mucho arte. 

Pedazos de jardín llenos de flores, una imagen calidoscópica de gemas.

Otras, mezcladas con las flores, tienen figuras alegóricas:

Hipogrifos, sirenas, dragones o grifos heráldicos muy elaborados.

Jesús admira estas obras, 

Y dice: 

–     Eres muy hábil.

Me alegro de haber visto todo esto, eres muy inteligente, como también me alegra el que seas buena.

–     ¿Cómo sabes eso?

–     Se ve en la cara.

Además el niño me ha hablado de Dina.

Dios te lo pague. Aunque no lo creas, teniendo como tienes en ti la caridad, estás muy cerca de la Verdad.

–     ¿Qué verdad?

–     Muy cerca del Señor altísimo.

El que ama al prójimo y ejercita la caridad con su familia y sus subordinados…

Y la extiende a los pobres, tiene ya en sí la Religión.

El niño me ha contado lo de Dina. Es esa niña, ¿No es así?

–     Sí. Su madre se está muriendo.

Después la tomaré yo conmigo, pero no para los telares; es demasiado pequeña y débil para ello.  

Se vuelve hacia la niña y la llama:

–     Ven, Dina, acércate a este señor.

La niña, con la carita triste propia de los niños infelices, se acerca tímidamente.

Jesús la acaricia y dice

–     ¿Me llevas a ver a tu madre?

Querrías que se pusiera buena, ¿Verdad?

Bueno, pues llévame a ella.  

Jesús la toma de la mano y se despide:

–     Adiós, mujer.

Adiós, Alejandro; y sé bueno.

Sale llevando a la niña de la mano.  

Y le pregunta: 

-¿Tienes hermanos? 

La voz infantil se quiebra al contestar: 

–     Tengo tres hermanos pequeños.

El último no conoció a nuestro padre.

–     No llores.

¿Eres capaz de creer que Dios puede curar a tu madre?

¿Sabes, verdad, que hay un solo Dios, que quiere a los hombres que ha creado y especialmente a los niños buenos?

¿Y que lo puede todo?

–     Sí, lo sé, Señor.

Antes iba a la escuela mi hermano Tolmé.

Allí están mezclados con los judíos y aprenden muchas cosas.

Sé que existe y que se llama Yeohveh.

Y que nos castigó porque los filisteos fueron malos con Él.

Siempre nos lo echan en cara los niños hebreos.

Pero yo no vivía en aquella época, ni mi mamá ni mi padre.

Entonces, ¿Por qué…?

Y el llanto hace de barrera a la palabra.  

Jesús la consuela: 

–     No llores.

Te quiere también a ti y me ha traído aquí por ti y por tu mamá.

¿Sabes que los israelitas esperan al Mesías, que debe venir para fundar el Reino de los Cielos?

¿El Reino de Jesús, Redentor y Salvador del mundo?

–     Lo sé, Señor.

Nos amenazan diciendo:

–     Y cuando Él venga… “Entonces ¡Ay de vosotros cuando llegue!”

–     ¿Sabes lo que hará el Mesías?

–     Hará grande a Israel y a nosotros nos tratará muy mal. 

–    No. Redimirá al Mundo.

Quitará los pecados.

Enseñará a no pecar.

Amará a los pobres; a los enfermos, a los afligidos.

Irá a donde estén ellos.

Enseñará a los ricos, a los sanos; a los felices, a que lo amen.

Recomendará la bondad para obtener la Vida Eterna y bienaventurada en el Cielo.

Esto es lo que hará…

Y no será tirano con nadie

–     ¿Y cómo se sabrá que es Él?

–     Porque querrá a todos y curará a los enfermos que crean en Él.

Redimirá a los pecadores y enseñará el amor.

La niña exclama:

–    ¡Oh!…

¡Si Él estuviese antes de que mi mamá se muriese! ¡Yo creería!

¡Yo le rogaría! Iría a buscarlo hasta encontrarlo  y le diría:

‘Soy una pobre niña sin padre.

Mi mamá se está muriendo. Yo espero en Ti’

Y estoy segura de que aunque yo sea filistea, Él me escucharía.

Toda una fe sencilla y fuerte vibra en la voz de la niña.

Jesús la mira con infinita ternura y le sonríe a la inocente que camina a su lado.

Ella no ve esa sonrisa esplendorosa, porque va mirando que están por llegar a su paupérrima casa, que está situada en el fondo de un callejón. 

Empuja la puerta y…

La niña lo invita: 

–     Es aquí, Señor. Entra….

Es una habitación miserable.

Un jergón con un cuerpo desvanecido.

Tres pequeñitos que van desde los tres hasta los diez años, están sentados alrededor.

Miseria y hambre, se reflejan por todas partes.

Jesús saluda:

–    La paz sea contigo, mujer.

No te muevas

Tranquila. No te sientas incómoda ni hagas esfuerzos.

He conocido a tu hija, supe que estás enferma y he venido.

¿Quieres recobrar la salud?

La mujer, con un hilo de voz, responde:

–    ¡Oh, Señor!

 ¡Ya no tengo remedio! Para mí ya todo ha terminado…

Y le resbalan las lágrimas por las enjutas mejillas.

–    Tu hija ha llegado a creer, que el Mesías puede curarte…

¿Y tú?

–    ¡Oh! Si Él viniese también yo creería…

Pero,  ¿En dónde está el Mesías?

Jesús declara sencillamente:

–    Soy Yo, que te está hablando.  

Entonces Jesús, que estaba curvado hacia el jergón susurrando sus palabras junto a la cara de la enferma mortecina,

se endereza majestuoso,

y exclama en voz alta: 

–      ¡Lo quiero! ¡Queda curada!

Los niños sienten casi miedo de la gravedad de Jesús.

Están tres rostros llenos de estupor, formando una corona a la yacija materna.

Dina aprieta las manos contra su pequeño pecho; una luz de esperanza, de felicidad, ilumina su carita.

Contiene la respiración, por lo emocionada que está y casi jadea; tiene la boca abierta, preparada para una palabra que ya su corazón le susurra…

Y cuando ve que su madre, antes cérea y completamente sin fuerzas;

como atraída por una fuerza que le hubiera sido trasvasada, se incorpora y se sienta.

Y luego, sin quitar un momento los ojos de los del Salvador, se pone en pie…

Dina profiere un grito de júbilo:

–     ¡Mamá!

Ha sido pronunciada la palabra que llenaba su corazón…

Y luego otra:

–     « ¡Jesús!».

Entonces, abrazando a su madre, la obliga a arrodillarse,

mientras dice:

–     ¡Adora, adora!

Es el Salvador profetizado al que se refería el maestro de Tolmé.

Jesús dice:

–    Adorad al verdadero Dios.

Sed buenos. Acordaos de Mí. Adiós.  

Y Jesús sale rápidamente, mientras las dos felices, están postradas en el suelo…

Pronto se pierde entre las callejuelas de Ascalón

196 EL PRIMER CRISTIANO


196 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

La aurora despierta con su hálito fresco a los durmientes.

Se levantan del lecho de arena en que han dormido, al abrigo de  una duna salpicada de escasas hierbas resecas.

Trepan hasta la cima.

Ante ellos se abre una profunda pendiente arenosa, mientras que un poco más allá y acá de ella;

hay parcelas cultivadas y bonitas.

Un torrente carente de agua marca con sus guijarros blancos el oro de la arena.

Y ya con este blancor de huesos resecos hasta el mar, que cabrillea a lo lejos;

con sus olas llenas por la marea de la mañana, más llenas por un ligero mistral que peina el océano.

Caminan por el borde de la duna, hasta el torrente desecado.

Lo pasan y siguen caminando en diagonal por las dunas, que ceden bajo sus pies.

Y que con su superficie toda ondulada, parecen continuación del océano, de materia sólida y seca en vez de las móviles aguas.

Llegan a la húmeda playa.

Ahora andan más deprisa.

Juan se queda como hipnotizado ante la visión del mar sin límites;

labrado en infinitas caras encendidas por los primeros destellos del sol;

Parece beber esa belleza y parecen teñirse aún más de azul sus ojos.

Mientras Pedro más práctico, se descalza, se sube un poco la ropa y chapotea por las suaves olas de la orilla;

con  la esperanza de encontrar algún cangrejillo o alguna concha de molusco que chupar.

A dos kilómetros largos de distancia se ve una bonita ciudad marítima, edificada en la orilla…

Siguiendo el arrecife de forma de media luna, al otro lado del cual el viento y las borrascas, han transportado las arenas.

El arrecife, ahora que el agua con la baja marea se está retirando, emerge también aquí;

obligandolos a volver a la arena seca, para no torturar con los escollos los pies desnudos.  

Felipe pregunta:  

-¿Por dónde entramos, Señor?

Por este lado se ve sólo una muralla bien sólida.

Por el mar no se puede entrar.

La ciudad está en el punto más profundo del arco. 

Jesús responde: 

–     Venid.

Sé por donde se entra.

–     ¿Has estado alguna otra vez aquí?

–     Una vez, de niño.

No creo que recuerde cómo es, pero sé por dónde se pasa.

Santiago de Zebedeo observa: 

–     ¡Extraño!

He notado muchas veces que Tú no yerras nunca el camino;

alguna vez te lo hacemos confundir nosotros.

¡Tú… parece como si hubieras estado en todos los sitios por donde te mueves! 

Jesús sonríe, pero no responde.

Va, sin vacilar, hasta un pequeño suburbio rural donde los hortelanos cultivan verduras para la ciudad.

Las parcelas, las huertas, son de trazado regular y están bien cuidadas.

Mujeres y hombres las cultivan.

Ahora están regando los surcos, extrayendo el agua de los pozos a fuerza de brazos o con el viejo y chirriante sistema del pobre:

Un burrito vendado que eleva los arcaduces dando vueltas en torno al pozo.

Los cultivadores no dicen nada.

Jesús saluda:

–     Paz a vosotros.

Pero la gente permanece, si no hostil, al menos indiferente.

Tomás dice: 

–     Señor, aquí se corre el riesgo de morir de hambre.

No comprenden tu saludo. Voy a probar yo. 

 Y aborda al primer hortelano que ve,

diciéndole:

–     ¿Cuesta cara tu verdura? 

El hombre contesta: 

–     No más que la de otras huertas.

Es cara o no, según lo nutrida que esté la bolsa.

–     Bien has dicho…

Pero como puedes ver, yo no muero de inanición; estoy gordo y tengo buen color, a pesar de no comertus verduras.

Lque significa que mi bolsa es una buena ubre.

En pocas palabras: Somos trece y podemos comprar…

¿Qué nos vendes?

–     Huevos, verduras, almendras tempranas, manzanas…

También pasas, porque son de hace bastante tiempo, aceitunas…

Lo que quieras.

–     Dame huevos, manzanas y pan, para todos.

–     Pan no tengo.

En la ciudad lo encuentras.

–     Tengo hambre ahora, no hambre dentro de una hora.

No creo eso de que no tienes pan.

–     No tengo.

La mujer lo está haciendo.

Mira, ¿Ves allá, donde está a aquel viejo? Siempre tiene mucho pan…

 Porque estando más cerca del camino, a menudo se lo piden los peregrinos.

Ve donde Ananías y pídeselo.

Ahora te traigo los huevos.

De todas formas, ten en cuenta que cuestan a un denario el par.

–     ¡Ladrón!

¿Qué pasa? ¿Acaso tus gallinas ponen huevos de oro?

–     No.

Pero uno no está en medio del hedor de los pollos por nada; ya que no es agradable.

Además, ¿No sois judíos?

Pues pagad.

–     Quédate con los huevos y considérate bien pagado

Tomás le vuelve la espalda y empieza a caminar…   

El hombre grita: 

–     ¡Eh, hombre!

¡Ven! Te los doy por menos: tres al denario.

–     Ni cuatro; bébetelos.

Y a ver si se te atragantan.  

El hortelano sigue a Tomás. 

Y le dice: 

–     Ven.

Escúchame.

¿Cuánto me quieres dar?

–     Nada.

Ya no los quiero.

Quería tomar un tentempié antes de entrar en la ciudad.

Será mejor que no coma nada.

Así no pierdo ni la voz para cantar las crónicas del rey, ni el apetito para comer bien en la hostería.

–     Te los doy a un didracma el par.

–     ¡Uf, eres peor que un tábano!

¡Dame esos huevos! ¡Que sean frescos!

Si no, vuelvo y te pongo el morro más amarillo de lo que lo tienes.  

Tomás va con el hombre y vuelve con, al menos, dos docenas de huevos en el vuelo del manto.

Y le dice a Jesús: 

–     ¿Has visto?

A partir de ahora en este pueblo de ladrones, yo hago  las compras; sé cómo tratarlos.

Ellos vienen cargados de dinero a comprar a nuestra tierra, para sus mujeres. 

Los brazaletes nunca son lo suficientemente gruesos…

Y se pasan jornadas enteras regateando el precio.

Ahora me vengo. 

Vamos con aquel otro escorpión.

Ven Pedro.

Y entregándolos, 

dice: 

–    Ten estos huevos, Juan.   

Los dos apóstoles se dirigen a donde está el anciano Ananías…

Que tiene la huerta a lo largo de la vía principal. que conduce a la ciudad.

Y que desde el norte, siguiendo el trazado de las casas del suburbio, 

Es una vía bien adoquinada, sin lugar a dudas, hecha por los romanos.

Ya está cerca la puerta del lado oriental de la ciudad.

Dentro, se ve que la vía prosigue derecha verdaderamente artística, transformada en un doble soportal umbrío;

sostenido por columnas de mármol por cuya fresca sombra la gente camina;

dejando el centro de la calle para los asnos, camellos carros y caballos.

Tomás llega a su destino.

Preguntando:  

–     ¡Salud!

¿Nos vendes pan? 

El anciano no oye o finge que no quiere oír.

La verdad es que el chirrido de la noria es tal, que puede crear confusión.

Pedro pierde la paciencia,

Y grita:

–     ¡Para a tu Sansón!

Al menos podrá coger respiro para no morir ante mi vista.

¡Escúchanos!

El hombre para el burro y mira a su interlocutor con cara de pocos amigos…

Pero Pedro le desarma inmediatamente,

diciendo:

–     ¡Vaya que sí es inteligente!…

¿No te parece acertado llamar Sansón a un burro?

Si eres filisteo te dará gusto porque ofendería a Sansón…

Y si eres israelita también te gustará, porque recordaría una derrota de los filisteos.

Así que…

–     Soy filisteo…

¡Y a mucha honra!

–     Me parece bien.

Yo también te ensalzaré, si nos das pan.

–     Pero, ¿No eres judío?

–     Soy cristiano.

–     Nunca lo había escuchado…

No lo conozco. ¿Qué lugar es?

–     No es un lugar.

Es una persona.

Y yo soy de esa persona.

–     ¿Eres esclavo suyo?

–     Soy más libre que ningún otro hombre,

porque quien es de esa persona, ya no depende sino de Dios.

El anciano pregunta admirado: 

–     ¿Es verdad eso que dices?

¿Ni siquiera del César?

–     ¡Bah!,

¿Cómo vas a comparar al César con Aquel a quien yo sigo?…

¡Al cual pertenezco y en cuyo Nombre te pido un pan!

–     Pero, ¿Pónde está esta persona poderosa?

–     Es aquel hombre de allí, el que mira hacia aquí y sonríe.

Es el Cristo, el Mesías.

¿No le has oído nunca mencionar?

–     Sí.

El rey de Israel.

¿Derrotará a Roma?

–     ¡A Roma!

¡Al mundo entero y hasta al Infierno!

–     ¿Sois sus generales?

¿Vestidos así?

Quizás lo hacéis para evitar el hostigamiento de los pérfidos judíos…

–     Sí y no. Pero…

Dame pan y mientras comemos te explico.

–     ¿Pan?…

¡Hombre y también agua y vino!

¡Y unos bancos aquí a la sombra para ti, tú compañero y tu Mesías!

¡Llámalo!

Pedro trota ligero hacia Jesús. 

Y lo llama: 

–     ¡Ven, ven!

Ese filisteo anciano nos da lo que queramos.

Pero creo que te va a asaltar a preguntas…

Le he dicho quién Eres, más o menos.

Tiene buena disposición.

Todo el grupo se dirige hacia la huerta.

Cuando llegan…

El hombre tiene ya preparados unos bancos en torno a una tosca mesa, a la sombra de una tupida pérgola de vid.

Jesús lo saluda, diciendo: 

–     Paz, Ananías.

Prosperidad a tus tierras por tu caridad.

Que te produzcan pingües frutos.  

El hombre agradece:  

–     Gracias.

Paz a ti. Siéntate, sentaos.   

Y a gritos llama,

Indicando:

–    ¡Anibé! ¡Nubi!

Pan, vino, agua.

Inmediatamente.

 Ordena el anciano a dos mujeres que se ve que son africanas:

Una es completamente negra, de labios gruesos y pelo crespo.

La otra, muy oscura, aunque de tipo más europeo.

El anciano explica:

–     «Son las hijas de las esclavas de mi difunta mujer.

También han muerto ya las que vinieron con ella.

Las hijas han quedado. Son del Alto y Bajo Nilo.

Mi mujer era de allí.

Prohibido, ¿No? no me preocupa. No soy de Israel y las mujeres de raza inferior son dóciles.

–     ¿No eres de Israel?

–     Lo soy a la fuerza…

Porque a Israel lo tenemos al cuello como un yugo. Pero…

Tú eres israelita… ¿Te ofendes por esto que digo?

–     No. No me ofendo.

Lo único que querría es que escucharas la Voz de Dios.

–     A nosotros no nos habla.

–     Eso lo dices tú.

Yo te estoy hablando, y es su Voz.

–     ¡Pero Tú eres el Rey de Israel!.

Las mujeres, que están llegando con el pan, el agua y el vino…

Y que oyen hablar de “rey” se detienen turbadas, mirando al joven rubio, sonriente, honorable, al que el amo llama “rey”.

Y deciden retirarse, casi arrastrando los pies por el respeto.

Jesús les dice:   

–     Gracias, mujeres.

Paz también a vosotras.

Luego, vuelto al anciano:

–     Son jóvenes…

Sigue, sigue tu trabajo.

–     No. La tierra está mojada y puede esperar.

Habla un poco. Anibé, suelta al burro y llévalo a su sitio.

Tú, Nubi, vuelca los últimos arcaduces y luego…  

Dirigiéndose a Jesús, le pregunta:

–    ¿Te vas a detener un tiempo, Señor?

–     No te tomes más molestias.

Me basta con un poco de comida, luego entro en Ascalón.

–     No es molestia.

Ve a la ciudad si tienes esos planes, pero vuelve a la noche;

partiremos el pan y compartiremos la sal.  

Y vuelve a dar órdenes: 

¡Venga, vosotras, daos prisa!

Tú ocúpate del pan, tú llama a Yeteo y que mate un cabritillo y lo preparas para la cena.

Poneos en marcha.

Y las dos mujeres se van sin hablar.  

Ananías reanuda su diálogo con Jesús: 

–     ¿Así que eres Rey?

¿Y las armas?

Herodes es cruel en todas sus manifestaciones.

Nos ha reconstruido Ascalón, pero lo ha hecho buscando su propia gloria. ¡Y ahora!…

Bueno, conoces mejor que yo las vergüenzas de Israel.

¿Cómo te las vas a arreglar?

–     Sólo tengo el arma que viene de Dios.

–     ¿La espada de David?

–     La espada de mi palabra.

–     ¡Pobre iluso!

Perderá la punta y el filo contra el bronce de los corazones.

–     ¿Tú crees?

Mi mirada no se dirige a un reino de este mundo; sino por todos vosotros, al Reino de los Cielos.

–     ¿Todos nosotros?

¿También yo, que soy filisteo? ¿También mis esclavas?

–     Todos.

Tú y ellas. Y hasta por el más salvaje que haya en el centro de las selvas africanas.

–     ¿Quieres construir un reino tan grande?

¿Por qué dices “de los Cielos”? Podrías llamarlo: Reino de la Tierra.

–     No.

No comprendas en modo errado.

Mi Reino es el Reino del verdadero Dios.

Dios está en el Cielo. Por eso es Reino del Cielo.

Todo hombre es un alma vestida de cuerpo.

Y el alma no puede vivir sino en el Cielo.

Yo os quiero curar el alma, eliminar en vuestra alma errores y odios;

conducirla a Dios a través de la bondad y el amor.

–     Me agrada mucho esto.

Aunque no vaya a Jerusalén,

sé que los de Jerusalén no hablan así desde hace siglos.  

¿De modo que no nos odias?

–     No odio a nadie.

El anciano se queda pensando un momento…

Luego pregunta:

–     ¿Y las dos esclavas tienen también alma como vosotros los de Israel?

–     Ciertamente.

No son fieras capturadas.

Son criaturas desdichadas.

Se las debe amar.

¿Tú lo haces?

–     No las trato mal.

Exijo obediencia, pero no uso el látigo.

Y además las alimento bien.

Animal mal nutrido no trabaja, se dice.

Tampoco es buen partido el hombre mal alimentado.

Además… han nacido en casa. Las he visto niñas.

Ahora se quedarán ellas solas, porque soy muy viejo.

Casi ochenta, ¿Sabes?

Ellas y Yeteo son lo que me queda de mi casa de otros tiempos.

Les tengo afecto, como a muebles míos.

Serán ellos quienes cierren mis ojos…

–     ¿Y luego?

–     Y luego…

¡Psss!… No lo sé.

Irán a servir y la casa se disgregará. Lo siento.

La he hecho próspera con mi trabajo. Esta tierra volverá a ser arenosa, estéril…

Esta viña… la plantamos yo y mi mujer.

Aquel rosal… es egipcio, Señor; en él siento el perfume de mi esposa…

Es para mí como un hijo, como mi hijo único… ya polvo, que está enterrado a sus pies…

Esto son penas…  

Mejor morir de joven y no ver esto.

Y la muerte que se acerca…

–     Tu hijo no ha muerto, ni tampoco tu mujer. 

Sobrevive su espíritu, sólo la carne está muerta.

La muerte no debe causar terror.

La muerte es vida para quien espera en Dios y vive en la justicia.

Piensa en esto.

Ahora voy a la ciudad.

Volveré esta noche y te pediré ese pórtico para dormir Yo y los míos.

–     No, Señor.

Tengo muchas habitaciones vacías.

Te las ofrezco.

Judas pone encima de la mesa unas monedas.

–     No. No las acepto.

Soy de esta tierra que os es hostil, pero quizás soy mejor que los que nos dominan.

Adiós, Señor».

–     Paz a ti, Ananías.

Las dos esclavas y Yeteo, un musculoso y anciano campesino, acuden para verlo marcharse.

Jesúss les dice: 

–     Paz también a vosotros.

Sed buenos. Adiós.

Jesús roza con su mano los cabellos crespos de Nubi y los lisos y brillantes de Anibé.

Sonríe al hombre y se marcha.

Poco después entran en Ascalón por la calle del doble pórtico, que va recta hasta el centro de la ciudad.

Ascalón es un  torpe remedo de Roma, con estanques y fuentes;

plazas usadas como foro, torres distribuidas a lo largo de la muralla.

Y por todas partes, el nombre de Herodes que él mismo ha hecho colocar;

para autoaplaudirse, dado que los de Ascalón no lo aplauden.

Hay mucho movimiento, que crece en la medida en que la hora avanza y se va acercando la parte más céntrica de la ciudad;

abierta, aireada, con el mar luminoso como fondo.

Parece una turquesa en una tenaza de coral rosa, por las casas esparcidas en el arco profundo que aquí dibuja la costa:

No es un golfo, es un verdadero arco, una porción de círculo teñida toda de un rosa palidísimo a causa del sol. 

Jesús dice: 

–     Nos separamos en cuatro grupos.

Yo aquí me separo. 

O más bien idos vosotros; luego ya decidiré.

Marchad. Después de la hora nona nos encontraremos de nuevo en la Puerta por la que hemos entrado.

Sed prudentes y pacientes.

Jesús los mira mientras los apóstoles se alejan…

188 UN PERDÓN CONCEDIDO


188 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Están todos en un bosquecillo de las cercanías de Hebrón.

Conversan, sentados en círculo, mientras comen.

Judas, ahora que está seguro de que María irá a ver a su madre, ha vuelto a sus mejores disposiciones de espíritu…

Y trata de borrar con mil atenciones el recuerdo de sus malhumores, para con sus compañeros y las mujeres.

Debe haber ido él al pueblo para comprar.

Porque está contando que lo ha encontrado muy cambiado respecto al año anterior:

–    «La noticia de la predicación y milagros de Jesús ha llegado hasta aquí.

La gente ha empezado a recapacitar sobre muchas cosas.

¿Sabes, Maestro, que en esta zona hay una propiedad de Doras?

También la mujer de Cusa posee aquí por estos montes, unas tierras y un castillo propio, de su dote.

Se ve que un poco ella y otro poco los campesinos de Doras han preparado el terreno, porque debe haber aquí alguno de los de Esdrelón.

Doras ordenó que guarden silencio, pero ellos… ¡Yo creo que ni ante el tormento callarían!

Ha causado estupor la muerte del fariseo, ¿Sabes?

Así como la excelente salud de Juana, que vino aquí antes de la Pascua.

¡Ah, y también te ha sido útil el amante de Áglae. ¿Sabes que ella se escapó poco después de haber pasado nosotros por aquí?

Bueno pues él ha sido un demonio para con muchos inocentes, para vengarse.

Así que la gente al final ha pensado en ti como en un vengador de los oprimidos y desea tu presencia.

Quiero decir los mejores…  

Jesús responde: 

–     ¿Vengador de los oprimidos?

Sí, lo soy, pero sobrenaturalmente.

Ninguno de los que me ven con el cetro y la segur en la mano, como rey y justiciero según el espíritu de la tierra, juzga con acierto.

Sí, claro que he venido a liberar de las opresiones:

La del pecado – la más grave -, la de las enfermedades y el desconsuelo; como también de la ignorancia y del egoísmo.

Muchos aprenderán que no es justa la tiranía porque el destino lo haya colocado a uno arriba.

Y que más bien, se debe usar de las posiciones privilegiadas para elevar al que está abajo.  

Felipe dice con desconsuelo: 

–     Lázaro lo hace…

Y también Juana; pero son dos contra centenares…

–     Los ríos en el nacimiento, no tienen la anchura que presentan en el estuario.

Son unas gotas, un hilo de agua… Pero luego… hay ríos que en la desembocadura parecen mares.

María de Alfeo comenta: 

–     ¡El Nilo, ¿No?!

Tu Madre me contaba cosas de cuando fuisteis a Egipto.

Siempre me decía: “Créeme: es un mar, un mar verde-azul.

¡Verlo durante las crecidas es realmente un sueño!”.

Y me hablaba de las plantas que parecían nacer del agua y de esa abundancia de hierba que parecía nacer también del agua cuando se retiraba… 

–     Pues os digo que de la misma forma que el Nilo en su nacimiento, es un hilo de agua…

Y luego se transforma en un verdadero gigante, esto que ahora es sólo un hilito (Juana, Lázaro, Marta)

inclinado con amor y por amor hacia los más pequeños, llegará a ser una multitud:

¡Cuántos!, ¡Oh, cuántos! 

Jesús parece como si estuviera viendo a estos que serán misericordiosos para con sus hermanos...

Y sonríe, absorto en su visión.

Juan está junto a Judas, 

y le dice en corto… 

–    ¿¡Creerías que el arquisinagogo quería venir conmigo!?

Pero no se atrevió a tomar por sí solo la decisión:

¿Te acuerdas Juan, cómo nos rechazó el año pasado?

Juan responde:

–     Sí…

Pero vamos a decírselo al Maestro.

Le preguntan a Jesús,

y Él responde:   

–    Entraremos en Hebrón si desean mi Presencia.

Y si nos llaman, nos detendremos un corto tiempo…  

Si no, pasaremos sin detenernos.  

Así visitaremos también la casa de Juan el Bautista.

¿De quién es ahora?

Judas replica:

–     Creo que de quien quiere.

Samay se marchó y no ha vuelto.

Ha quitado el mobiliario y la servidumbre.

Los habitantes de la ciudad, para vengarse de sus vejaciones…

Han abierto una brecha en el muro de protección…

Y ahora la casa es de todos; al menos el jardín.

Cuando termina la comida se levantan, caminan hasta el poblado y se dirigen a la casa de Zacarías…

En la entrada un lugareño les dice que desde que Aglae se marchó, el herodiano abandonó la propiedad.

Y después Shiammay fue asesinado, por algún asunto de mujeres…

Bartolomé comenta: 

–     ¡Alguna trama podrida de la corte, sin duda!

Y algo masculla Natanael entre dientes.

La casa de Zacarías ahora es punto de reunión, para venerar a su Juan.

Cuando les falta poco para llegar, ven acercarse a un grupo compacto de gente de la ciudad.

Se acercan un poco vacilantes, curiosos y cohibidos.

Pero Jesús los saluda con una sonrisa, lo cual hace que se sientan más seguros.

El grupo entonces se divide, con lo cual deja ver al arquisinagogo irrespetuoso del año anterior. 

Jesús lo saluda prontamente: 

–     ¡Paz a ti! 

¿Nos permites detenernos en tu ciudad?

Vienen conmigo mis discípulos predilectos y las madres de algunos de ellos.  

El hombre está ruborizado…

–     Maestro…

¿Pero no nos guardas rencor, al menos a mí?

–     ¿Rencor?

¡No lo conozco, ni sé por qué motivo debería sentirlo

–     El año pasado fui violento contigo…

–     Fuiste violento con el Desconocido…

Creyéndote en el derecho de serlo.

Luego viste claro y te arrepentiste de lo que habías hecho.

Mira, son cosas pasadas…

Y de la misma forma que el arrepentimiento anula la culpa, el presente anula el pasado.

Ahora, para ti, Yo ya no soy el Desconocido.

¡Qué sentimientos tienes pues, respecto a Mí en este momento?

–     De respeto, Señor.

De… deseo de…

–     ¿Deseo? 

¿Qué quieres de Mí?

–     Quiero conocerte más de lo que te conozco.

–     ¿Cómo?

¿De qué forma?

–     A través de tu palabra y de tu obra. 

Nos ha llegado noticia de Tí, de tu doctrina y poder; se ha dicho incluso que contribuiste a la liberación de Juan…

Significa que no lo odiabas, que no tratabas de suplantar a nuestro Juan

Él mismo no ha negado que por Tí, volvió a ver el valle del santo Jordán.

Hemos ido a verlo y le hemos hablado de Tí.

Nos ha dicho:

“No sabéis lo que habéis rechazado.

Debería maldeciros, pero os perdono porque El me ha enseñado a perdonar y a ser manso.

No obstante, si no queréis ser anatemas ante el Señor y ante mí su siervo, amad al Mesías.

Y no dudéis.

Su testimonio es éste:

Espíritu de paz, amor perfecto, sabiduría que supera a cualquier otra, doctrina celestial;

mansedumbre absoluta, poder sobre todas las cosas, humildad total, castidad angelical.

No podréis equivocaros:

Cuando respiréis paz ante un hombre que se dice Mesías, cuando bebáis amor, el amor que emana de Él.   

Cuando paséis de vuestras tinieblas a la Luz, cuando veáis la redención de los pecadores y la curación de los cuerpos, decid:

` ¡Éste es verdaderamente el Cordero de Dios!'”.

Pues bien, nosotros sabemos que tus obras son las que dice nuestro Juan;

por tanto, perdónanos, ámanos, danos eso que el mundo espera de Tí.

–     Estoy aquí para esto.

Vengo de muy lejos para dar también a la ciudad de Juan

lo que ofrezco en todos los lugares en que se me recibe.

¿Qué deseáis de Mí?

Hablad.

–     Nosotros también tenemos enfermos y somos ignorantes.

Especialmente en lo que concierne al amor y a la bondad.

Juan, en su amor total a Dios, tiene mano férrea y palabra de fuego;

quiere doblegar a todos como un gigante comba un tallito de hierba.

Muchos se desaniman porque el hombre es más pecador que santo.

¡Es difícil ser santo!…

Se dice que Tú no sometes, sino que elevas; que no cauterizas, sino que aplicas bálsamos;

que no trituras, sino que acaricias.

Se sabe que eres paternal con los pecadores, que dominas las enfermedades, cualesquiera que sean;

sobre todo las del corazón.

Los rabíes ya no lo saben hacer.

–     Traedme a vuestros enfermos.

Luego reuníos en este jardín que fue elevado a templo por la Gracia que en él habitó…

Y que después quedó abandonado y fue profanado por el pecado.

Los hebronitas se esparcen en todas las direcciones, como golondrinas.

Se queda el arquisinagogo, que atraviesa con Jesús y sus discípulos la cerca del jardín;

para ir a la sombra de una vasta pérgola recubierta de una maraña de rosas y parras, que han crecido según su beneplácito.

Regresan pronto, trayendo a un paralítico recostado en una camilla, a una joven ciega, a un mudito…

Y a otros dos enfermos que vienen apoyándose en los que los acompañan.

–     Paz a ti. 

Es el saludo de Jesús a cada uno de los enfermos que se acerca.

Luego la dulce pregunta:

–    « ¿Qué deseáis que os haga?»

Seguido por el coro de lamentos de estos desdichados,

con que cada uno de ellos quiere narrar su propia historia.

Luego Jesús que estaba sentado, se levanta y va hacia el mudito.

Le moja los labios con su saliva y pronuncia la magnífica  palabra « ¡Ábrete!».

Repite la misma palabra mientras moja con su dedo húmedo de saliva los párpados sin abertura de la ciega.

Luego da la mano al paralítico y le dice: « ¡Levántate!».

Por último, impone las manos a los dos enfermos diciendo: « ¡Quedad sanos, en el nombre del Señor!».

Y el mudito, que antes sólo emitía gemidos, dice claramente: 

–     « ¡Mamá!».

La joven ciega, abre sus párpados y los cierra ante la luz…

Se protege con sus dedos del desconocido sol, llora, ríe y mira, apretando los párpados;

porque no está acostumbrada a la luz, a las plantas, a la tierra, a las personas, a Jesús especialmente.

El paralítico, con movimientos seguros, baja de las angarillas, que los compasivos hebronitas levantan ahora vacías; 

para que los que están lejos se den cuenta de que se ha cumplido el milagro.

Los dos enfermos lloran de alegría y se arrodillan ante su Salvador para venerarlo.

La muchedumbre prorrumpe en un frenético clamor de júbilo.

Tomás, que está al lado de Judas, lo mira tan fijamente y con una expresión tan clara,

que éste le responde:

–     He sido un estúpido, perdona.

Mientras los Hosananas para el Mesías, inundan el aire en Hebrón…  

173 PRINCIPIO DE LA CAÍDA


173 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

El miércoles por la mañana, la comitiva de los apóstoles y las mujeres, a cuyo frente van Jesús y María con el pequeño Margziam, se acerca a la Puerta de los Peces, en el Templo de Jerusalen. 

José de Arimatea, fiel a su palabra ha venido a su encuentro.

Jesús busca con sus ojos al soldado Alejandro, pero no lo ve.

Dice en voz alta:

–   Ni siquiera hoy está.

Me gustaría saber que ha sido de Él.

La gente es tan numerosa que no hay manera de dirigirse a los soldados.

Además de que sería una imprudencia, pues los judíos están muy enojados por la rabia que sienten por la captura del Bautista;

a manos de Herodes Antipas, de quién hacen cómplice a Pilatos y sus satélites.

Una andanada de insultos con epítetos muy pintorescos, aunque nada diplomáticos, estallan a cada instante;

como las chispas de una rueda de fuegos artificiales.

A los galileos también les toca.

José de Arimatea se adelanta cerca de Jesús y la multitud que lo conoce, guarda silencio por respeto a él.

Dejan atrás la Puerta de los peces y…

Les sale al encuentro Felipe, Tomás y Bartolomé.

Tomás grita:

–    ¡Eh, Maestro!

Varios preguntan:

–    ¿Judas no está con ustedes?

Tomás contesta:

–    Estamos aquí desde temprano por temor de que fueses a venir antes.

Pero él no se ha dejado ver. Ayer lo encontré. Parecía un levita y estaba con Sadoc el escriba.

¿No lo conoces José?

Es viejo, flaco y con una verruga bajo el ojo. Había también otros jóvenes. Le grité: ¿Cómo estas Judas? Y no me respondió…

 Fingió no conocerme y yo dije: ¿Qué le pasará?

Y cuando me acerqué a él, se separó de Sadoc y se fue rápido con  otros de su edad… Que ciertamente no eran levitas.

Y ahora, no ha venido.

¡Él sabía que quedamos de vernos aquí!

Felipe no dice nada.

Bartolomé aprieta los labios, para no decir lo que está pensando en su corazón.

Pedro dice:

–    Está bien. da lo mismo.

No me voy a poner a llorar porque no está aquí.

Jesús dice:

–    Vamos a esperar un poco.

Puede ser que se haya entretenido en el camino.

Las mujeres y los hombres en diversos grupos, se apoyan sobre el muro donde hay sombra.

Todos se han vestido muy solemnes.

El más lujoso es Pedro.

Hace gala de un turbante nuevo, blanco como la nieve, con galón recamado en color rojo y dorado.

El vestido que trae es de color granada muy oscuro.

Lo adorna con una faja nueva del mismo color del turbante, donde le cuelga la vaina de un puñal.

La empuñadura está grabada y la vaina adornada de latón, bruñido. A través de ella se ve brillar el acero.

Casi todos los demás están armados, menos Jesús; que luce su vestido blanco y su manto azul rey.

Margziam trae un vestido rojo claro, con un galón más oscuro al cuello, en los bordes y en las muñecas.

en la cintura y en los bordes del manto que el niño trae doblado sobre el brazo.

Lo toca con cariño.

vez en cuando levanta su carita, mitad sonrisa, mitad preocupación…

Pasa el tiempo y Judas no llega.

Pedro gruñe:

–    No se dignó…

Juan dice:

–    Tal vez nos espera en la Puerta Dorada.

Se van al templo, pero Judas no está.

José de Arimatea no aguanta más…

y dice:

–     Vámonos.

Margziam palidece.

Besa a María diciéndole:

–    Ruega… Ruega…

Ella contesta sonriendo con dulzura:

–     Sí, querido.

No tengas miedo. Estás muy bien preparado…

Margziam se arrima a pedro y le estrecha nerviosamente la mano.

Y como no se siente muy seguro, busca la mano de Jesús,

que le dice:

–   Yo no voy, Margziam.

Voy a rogar por ti. Nos veremos después.

Pedro exclama asombrado:

–   ¿No vienes?

¿Por qué, Maestro?

–   Porque es mejor así.   

Jesús está serio y triste.

Agrega:   

–   José que es justo, no puede menos que aprobar mi acción.

En realidad, José no dice nada.

Con su silencio y con un suspiro, confirma lo dicho por Jesús.

Pedro dice afligido:

–    Entonces… vámonos.

Margziam se pega a Juan.

José, a quien saludan a cada paso con inclinaciones profundas, los precede.

Los acompañan simón y Tomás.

Los demás se quedan con Jesús.

Entran a una sala donde un joven está escribiendo en un rincón.

Se levanta al ver a José y se inclina hasta el suelo.

José le dice:

–    Dios sea contigo, Zacarías.

Ve a llamar al punto a Azrael y a Jacob.

Inmediatamente se va y poco después regresa con dos rabinos de aspecto severo, que pierden su cejo de preocupación ante José. 

Detrás de él están otros ocho personajes de menor rango.

Se sientan y solo quedan de pie, José y los postulantes.

El de mayor edad pregunta:

–     ¿Qué quieres, José?

José de Arimatea responde:

–    Presentar a vuestro saber a este hijo de Abraham que ha cumplido el tiempo prescrito para entrar en la Ley y gobernarse por sí solo.

Lo miran con admiración,

y preguntan:

–    ¿Pariente tuyo? 

–     En Dios todos somos parientes.

El niño es huérfano y este hombre de cuya honradez yo soy fiador, lo ha tomado por suyo a fin de que su tálamo no quede sin descendencia.

–   ¿Quién es?

¡Qué responda por sí!

Pedro contesta:

–    Simón de Jonás.

De Betsaida de Galilea.  Casado sin hijos; pescador porque así quiere el mundo. Hijo de la Ley por voluntad del Altísimo.

–    Y tú Galileo asumes esa responsabilidad, ¿Por qué?

–    Está en la Ley que se tenga amor por el huérfano y por la viuda. La cumplo.

–    ¿Conoce éste realmente la Ley para merecer que…? Pero tú niño responde; ¿Quién eres?

El niño, con dignidad pero sin altivez; contesta:

–   Yabé Margziam de Juan, de la campiña de Emmaús.

Tengo doce años de edad.

Los rabinos dicen: 

–    Luego eres de Judá.

.    ¿Es lícito que cuide de él un galileo?-

–    Busquemos en las leyes.

A Pedro le empieza a hervir la sangre:

–    ¿Pero que soy yo?

¿Leproso o maldito?

José de Arimatea interviene:

–     Cállate Simón.

Yo hablo por él. Dije que soy fiador de este hombre. Lo conozco como si fuese de mi casa.

El Anciano José jamás propondría una cosa contraria a la Ley y ni siquiera a las leyes.

Examinad por favor al niño, justa y cuidadosamente.

El patio está lleno de niños que esperan el examen.

No os tardéis por amor a todos los demás.  

–     Pero, ¿Quién prueba que el niño tiene doce años y que fue rescatado del Templo?

–    Lo puedes comprobar en las Escrituras.

Es una investigación molesta, pero se puede hacer. Niño, me dijiste que fuiste el primogénito ¿No es así?

Margziam contesta:

–     Sí, señor.

Puedes verlo, porque fui consagrado al señor y rescatado con lo prescrito.

José agrega: 

–     Entonces busquemos otros datos… 

Los dos quisquillosos responden secamente:

–     No es necesario.

–     Ven aquí, muchacho.

Y comienza el examen de los doctores de la Ley…   

–    Dí el Decálogo.

–    El niño lo recita.

–   Dame ese rollo, Jacob.

Le entregan el rollo solicitado,

e indica:

–     Si sabes, lee.

–     ¿En dónde rabí?

Azrael responde:

–     En donde quieras.

En donde tus ojos se fijen.

Jacob le quita el pergamino y lo desenrrolla.

le señala: 

–     Aquí.

El niño lee.

–    ¡Basta! Basta…

¿Qué cosa es esto?

Pregunta Jacob señalando las extremidades de su manto.

–    Las franjas sagradas, señor.

Las llevamos para acordarnos del precepto del Altísimo Señor.

–    ¿Es lícito a un israelita comer de cualquier carne?

–    No, señor. tan sólo de las que han sido declaradas lícitas.

–    Dime los preceptos.

Y obediente, el niño comienza la letanía de: ‘No cometerás…’

–    ¡Basta! Basta.

Para ser galileo, sabe demasiado.   

Entonces se dirige a Pedro:   

–     Oye tú,

A ti te toca jurar que el niño ha llegado a su mayoría de edad.

Pedro, con el mayor garbo que todavía conserva, después de tantos desaires…

Empieza a proclamar su discurso que le pertenece,

como padre:

–    Como habéis observado mi hijo ha llegado a la edad prescrita.

Es capaz de guiarse por el conocimiento de la Ley, de los preceptos, de las costumbres y tradiciones; ceremonias, bendiciones y oraciones.

Por eso, como habéis comprobado; puede él, como yo también, pedir que se le conceda el derecho de haber llegado a la mayoría de edad.

En realidad, yo debería haberlo dicho antes. Pero las costumbres han sido violadas y no por nosotros los galileos.

Al niño le preguntaron antes que a su padre. Ahora os digo, una vez que lo habéis considerado capaz:

Desde este momento no soy yo responsable de sus acciones, ni ante Dios, ni ante los hombres.

Azrael indica:

–   Pasad a la sinagoga.

El reducido grupo pasa a la sinagoga, en medio de las caras rígidas de los rabinos a quienes Pedro les ha dicho la verdad.

Derecho, enfrente de los fascítoles y lámparas, le cortan el cabello a Marziam, hasta las orejas.

Pedro abre su taleguillo y saca un bonito cinturón de lana roja, recamada en amarillo oro.

Y con él ciñe la cintura del niño.

Margziam le entrega a Pedro el manto y mientras los sacerdotes le colocan en la frente y en el brazo, cintas de cuero.

Pedro hace lo propio, poniendo diligentemente en el manto de Margziam, las franjas sagradas.

¡Qué emocionado está Pedro cuando entonan los salmos y la Palabra del Señor!…

Y casi inmediatamente, todos los celebrantes, literalmente escapan…

Con esto se pone fin a la ceremonia.

Pedro dice:

–     ¡Menos mal!

¡No podía más! ¿Has visto, José? Ni siquiera han completado el rito. No importa.

Tú… tú, hijo mío, tienes a Otro que te consagra…

Vamos a tomar un corderito, para el sacrificio de Alabanza al Señor. Un corderito encantador como tú.

Y su vuelve hacia el anciano doctor de Israel,

diciendo:

–     Te agradezco mucho José.

Tú también Marziam. Da las gracias a este gran amigo.

Sin ti José, nos hubieran tratado muy mal del todo…

Vamos a adquirir un corderito para el sacrificio de alabanza al Señor; un corderito encantador, como tú.

José de Arimatea dice:

–     Simón, me siento contento de haber sido útil a un justo como tú.

Te ruego que vengas a mi casa de Bezetha, para el banquete. Y contigo todos, como es lógico.

Permíteme que sean mis invitados.

Pedro, lleno de humildad, pero radiante de alegría, inclinando la cabeza como saludo,

contesta con exquisita cortesía:

–     Vamos a decírselo al Maestro.

Para mí… ¡Es demasiado honor!

Cruzan en sentido inverso claustros y atrios hasta llegar al Patio de las Mujeres.

Allí todas felicitan a Margziam.

Luego los hombres pasan al Atrio de los Israelitas, donde está Jesús acompañado de los suyos.

Se reúnen todos en una armónica comunión de felicidad. 

 Y mientras Pedro va a sacrificar el cordero, se encaminan entre pórticos y patios hasta el muro exterior.

¡Qué feliz se le ve a Pedro con su hijo, que ahora es ya un israelita perfecto!

Tanto, que no advierte la arruga que se dibuja en la frente de Jesús, ni percibe el silencio más bien angustioso, de sus compañeros.

Sólo cuando están en la sala de la casa de José y cuando le hacen a Margziam la pregunta de rigor, acerca de lo que hará en el futuro… 

Y el niño declara con firmeza: 

–     Seré pescador como mi padre.

Pedro, entre lágrimas, se da cuenta y comprende…

Y dice: 

–     La verdad es que Judas nos ha puesto una gota de acíbar sobre esta felicidad y en esta fiesta…

Estás preocupado, Maestro… y los demás…

Tú… tú, hijo mío, tienes

Tú estás muy preocupado, Maestro.

Y los demás están tristes por eso. Perdóname si antes no lo había notado…

¡Ah!… ¡Ese, Judas!…

Ese mismo lamento está en el corazón de todos los demás.

Jesús, para quitar la preocupación, se esfuerza en sonreír…

Y dice:

–    No te molestes Simón.

No hace falta a la fiesta.

Oye, ¿Entonces Margziam respondió muy bien?

Lo sabía de antemano.

José regresa después de haber dado órdenes a sus criados,

Y dice:

–     Os agradezco a todos vosotros por haberme rejuvenecido con esta ceremonia.

Y por haberme dado el honor de tener en mi casa al Maestro, a su madre, a sus familiares y amigos.

Y a vosotros queridos condiscípulos, junto con todos mis invitados, venid al jardín…

Con la última frase, José manifiesta su verdadero sentir de pertenencia al grupo apostólico.

Todos van y celebran el acontecimiento.

POLVO ERES…


 Hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás…

Miércoles de Ceniza Cuaresma 2021

Febrero 17 2021

Habla Dios Padre

Hijitos Míos, vosotros fuisteis creados en una dignidad muy alta, muy grande, inmensa.

Yo, vuestro Padre y vuestro Dios, os creé después de haber creado todo lo que os rodea y puse a vuestros Primeros Padres como los reyes de la Creación.

En las Escrituras también se os dice que fuisteis creados ligeramente inferiores a los Ángeles;

de ésa dignidad angelical que Me rodea, que Me adora, que Me alaba, que Me agradece, que Me ama.

Vosotros creados ligeramente más pequeñitos que los ángeles.

Mis pequeños, daos cuenta de ésta dignidad tan alta, tan grande que tenéis cada uno de vosotros.

EL PECADO OS DENIGRÓ

Para eso mandé a Mi Hijo, para que os enseñara el camino para que regresarais a ésa dignidad, a ése regalo tan grande que hice para vosotros.

OS HICE GRANDES ANTE LA CREACIÓN ENTERA

Y muchos de vosotros. os habéis denigrado hasta quedar peor que animales.

 Ésa no es la dignidad que Yo quiero del hombre, no es la dignidad que Yo quiero de cada uno de vosotros,

YO OS QUIERO COMO HIJOS MÍOS

Y PRÍNCIPES CELESTIALES DEBÉIS SER

PORQUE YO SOY EL REY CELESTIAL

Debéis buscar con ahínco, con sacrificio, con amor, con trabajo, regresar a ésa dignidad de hijos Míos,

DE REYES DE LA CREACIÓN

NO debéis quedaros en donde estáis, Mis pequeños; debéis vencer el pecado y toda la maldad que os rodea.

Al daros por EJEMPLO a Mi Hijo para hacer Sus obras, al tratar de buscar Su perfección, es cuando alcanzáis la dignidad alta en la que debéis estar: Mis pequeños.

VOSOTROS SÓIS MIS PRÍNCIPES CELESTIALES,

OS HE DADO MI SEMEJANZA

Y POR ESO OS EXIJO LA SANTIDAD

PORQUE YO SOY EL SANTO DE LOS SANTOS

Cuando alguien abofeteó al padre Vianney, el respondió: “Amigo, la otra mejilla va a tener celos…”

Todos vuestros actos buenos, todas las obras buenas, aún vuestros pensamientos buenos, vuestra buena educación hacia los demás, el respeto hacia vuestros hermanos,

las delicadezas que tengáis hacia con ellos, ése amor que debéis tener hacia ellos, como si Me estuvierais amando a Mí.

Ésa ayuda que deis a los demás para crecer espiritualmente, todo lo bueno que hagáis por vuestros hermanos,

OS VA DIGNIFICANDO, os va regresando a ésas alturas a las que Yo quiero que estéis, Mis pequeños.

Vida grande en el Amor, vida grande en la perfección, vida grande en la Virtud, por eso os insisto tanto, Mis pequeños,

en que a través del Amor y de la Virtud podréis regresar a ésa dignidad en la que fueron creados vuestros Primeros Padres.

Sois reyes de la Creación y así debéis manteneros, ésa dignidad que os confiere Mi Amor os hace cuidadores de todo lo Creado, debéis respetar lo que Yo Creé para vosotros.

Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la Tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres y al polvo volverás…

Eso es lo que hace un rey, cuida de lo que se le ha confiado y para que vosotros vayáis creciendo hacia ésa alta dignidad debéis ir respetando toda Mi Creación y especialmente a vuestros hermanos.

No podríais llamaros JUSTOS, BUENOS Y SANTOS, que ésa es la dignidad a la que estáis llamados,

Si no  usáis de la virtud y del Amor, primeramente hacia vuestros hermanos y después a todo lo creado.

El rey ama a sus súbditos, ama a todos aquéllos que están a su alrededor, cuida de los bienes de ellos y de los propios.

Mi Hijo, que os enseñó todo esto:

Él, teniendo la Dignidad de Rey, de Dios;

Al ser maltratado, Él pudo haber tomado de Su Poder y destruir toda ésa maldad con la que le estaban atacando…

Y destruir a todos aquellos que lo estaban maltratando…

Y NO LO HIZO POR RESPETO, POR AMOR, POR VIVIR EN LA VIRRTUD. 

Ésa es la categoría de un Rey, tener respeto por los demás, esperando su conversión, esperando a que se den cuenta de su mal obrar…

34. Jesús decía: «Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen.» Se repartieron sus vestidos, echándolos a suertes.

ESPERANDO EL ARREPENTIMIENTO,

 Para que regresen nuevamente a la DIGNIDAD de hijos de Dios y HERMANOS de Cristo Jesús.

Mis pequeños, debéis ayudar a vuestros hermanos a CRECER,  

NO destruirlos, no hacerlos a un lado como si fueran basura, de la cual os podéis deshacer y aún quemar.

 ¡NO! MIS PEQUEÑOS

Al vivir como verdaderos hijos Míos, deberéis buscar la virtud, el respeto y el crecimiento de todos los que os rodean.

Sois un pueblo, sois Mi pueblo y os quiero a todos reunidos cerca de Mí.

ESTOY CON VOSOTROS Y CONMIGO TODO EL CIELO

ENTENDEDLO

Yo, como Padre Dios os acompaño, también Mi Hija, la Siempre Virgen María, QUE ÉSTOS SON SUS TIEMPOS os está acompañando.

Os envío Mi Santo Espíritu continuamente, pero no abrís vuestro corazón para recibirLo.

Mi Hijo Jesucristo, obedeciendo Mis Órdenes, os ha dado todo para una vida feliz, para una vida llena de Bendiciones,

AUNQUE LOS DOLORES SE PRESENTEN INEVITABLEMENTE,

ÉSTOS DEBEN SER TOMADOS COMO LO QUE SON:

BENDICIONES DE PARTE MÍA.

Soy vuestro Dios y todo será renovado en Mi Amor, porque no os quiero ver así, vencidos, agobiados por una carga y no buena, sino por una carga que Satanás os ha impuesto.

¿Acaso creéis, Mis pequeños, que Me da gusto veros así, abatidos, vencidos, sin afán de lucha, de crecimiento en vida espiritual ni de vida en Amor, por Mí y por vuestros hermanos?

Mi Creación, en un Principio, fue Bella, Perfecta, Santa, Gloriosa y ahora veo lo que queda de ésa Mi Creación

Por nuestro pecado de AVARICIA…

Y VOLTEO MI CARA PORQUE ¡CUÁNTA TRISTEZA ME DÁIS!  

Ciertamente, os ayudo y os trato de levantar para salvaros; pero vosotros ya no queréis ni voltear hacia Mí,

NO levantáis vuestra cara para buscarMe, para pedir ayuda de parte Mía y que Yo os socorra y os saque de esa vida que ahora lleváis, que os debería de avergonzar.

Y ESTÁIS ASÍ PORQUE ESCOGÍSTEIS OTROS DIOSES A QUIENES ADORAR…

Me disteis la espalda y veos ahora, ¿Acaso esos dioses que escogisteis os han llevado hacia el Bien?

VERGÜENZA OS DEBIERA DAR EL HABERME DADO LA ESPALDA

PORQUE AHORA ESTÁIS VENCIDOS POR AQUEL

A QUIEN PREFERISTEIS ADORAR.

Todavía tenéis vida, todavía os podéis ARREPENTIR, todavía podéis regresar a Mí.

¿Qué nombre tiene lo que ocupa mis pensamientos la mayor parte del tiempo? Es el nombre de mi ídolo…

Os envío Mi Santo Espíritu, para que reflexionéis, para que os lleve por caminos de Sabiduría, para que cambiéis de vida,

para que os deis cuenta que Mi Amor todo lo perdona, siempre y cuando os apartéis del mal que dejasteis entrar en vuestro corazón.

Llenaos de Mi Amor, obedeced Mis Leyes, amaos los unos a los otros, regresad al buen Libro, repasad la Sabiduría Santa que ahí se encuentra, que así, venceréis a aquél que os ha llevado al estado en el que estáis.

AHORA SÓIS ALMAS VENCIDAS POR EL MAL

PERO ESTÁIS VIVOS TODAVÍA

 Y si os acercáis a Mí, que Soy Fuente de Vida, os puedo levantar y podéis acabar con Aque os ha llevado a esta vida de fatalidad.

Soy un Dios de Amor, os perdono si, realmente, llegáis a Mí arrepentidos.

Os levanto para que volváis a ser Mis hijos, la Herencia es vuestra, pero NECESITÁIS LUCHAR POR ELLA para que podáis hacerla vuestra, nuevamente.

El cristiano debe tener identidad de realeza con corazón de siervo. Y EL CORAJE DE UN GUERRERO…

El Cielo es vuestro Hogar, todo puede cambiar para todos vosotros, pero deberéis regresar a Mí, sí, ciertamente, arrepentidos, con vuestra cara cabizbaja, arrepentidos de haberMe dado la espalda, haberMe traicionado, por haberMe, hasta blasfemado

PERO, SI VUESTRO ARREPENTIMIENTO ES DE CORAZÓN,

SERÉIS PERDONADOS Y SERÉIS TOMADOS NUEVAMENTE COMO HIJOS MÍOS,

CAMBIARÉ VUESTRAS VESTIDURAS Y OS PONDRÉ EL ANILLO AL DEDO

Y ASÍ VENCERÉIS A SATANÁS. 

Volveréis a ser hijos del Padre, llenos de Mi Amor, solo necesito vuestro arrepentimiento de corazón, hijos Míos.

¿Querréis, nuevamente, volver a Mí? Vosotros decidiréis vuestro destino, Conmigo, el Cielo, con satanás, la perdición eterna. 

 Varias veces os he dicho que la conversión se debe de dar por el amor y no por el temor, pero si por el temor regresan a Mí, es válido.

Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la Tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás

Mis Caminos de Conversión son muchos, como muchas facetas tiene Mi Amor.

Se podría decir que Yo Me acomodo a cada alma con tal de obtener vuestra respuesta afirmativa a Mi Gracia.

Debéis entender que hay almas que nacieron en hogares en donde se vivía una agradable espiritualidad, de donde muchos de vosotros provenís,

Pero hay muchos otros que provienen de hogares en donde casi nunca se Me nombró y también hay muchos otros en los cuales, hasta se Me atacó.

Precisamente por ello Yo, el Misericordioso Dios del Universo, no puedo dejar sin oportunidad de salvación a ningún alma.

Todos vosotros sois Mis hijos y todos habéis dejado un lugar vacío en Mi Hogar, que es también vuestro Hogar y sólo cada uno de vosotros puede llenar ese lugar.

Aún no conocéis Mi Amor Infinito, pero Me conocéis a través de Mi Hijo Jesucristo, quién os vino a dar Mi Amor y Mis Enseñanzas personalmente.

Tened muy presente que Mi Amor es infinitamente superior al temor que produce el mal, pero hay tantas almas en el Mundo que ya están cansadas de escuchar Mis Palabras de Amor.

Y Yo, al permitirle al mal que actúe, ésas almas, al entrar en pánico, al ver y sentir el resultado que provoca el alejarse de Mí, vuelven a acordarse de Mí, de Mi Amor, de Mi protección.

Así Yo aprovecho para acoger nuevamente a todas esas almas que se acercan como niñitos espantados por los truenos de la tormenta.

Como os dije, hay muchos de Mis hijos, hermanos vuestros, que no nacieron en hogares con excelente ó buena espiritualidad,

por lo que os pido a todos vosotros, Mis más allegados, que tengáis un lugar especial en vuestro corazón para pedir, acudir y tratar de salvar a ésas almas tibias ó vacías de Mi Amor.

En una buena familia, tanto los padres como los hermanos, están continuamente viendo por los intereses de cada uno de los miembros de ella.

Si alguno cae en desgracia, no importando qué clase de desgracia, se unen los demás hermanos, hacen consejo familiar y resuelven como ayudar al hermano necesitado.

Eso es lo que os pido ahora, cuando los tiempos se van tornando más difíciles.

Muchos de vuestros hermanos están cayendo en desgracia, no solo económica sino también espiritual.

Desgraciadamente muchos de ellos, al haber tenido de todo y hasta de sobra anteriormente, se vuelven contra Mí, como si Yo fuera el causante de su mal,

SIN RECORDAR TODO EL MAL QUE CAUSARON ANTERIORMENTE

Muchos de vosotros, al poseer de más, en lugar de agradecérMelo; primeramente, hacen mal uso de ellos…

Desprecian al hermano pobre, lo humillan, se sienten autosuficientes y lo peor de todo es que se olvidan de Mí.

De ésta forma los bienes materiales, para muchos, se vuelven medio de pecado, instrumento de mal y condenación eterna.

12 Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas. MATEO 7

Yo, vuestro Padre al ver ésto os trato de ayudar, quito de vuestra vida lo que os está causando la posibilidad de una perdición eterna a vuestra alma…

Y os doy un tiempo de reflexión para que os deis cuenta el camino errado que llevabais.

Os he dicho que Yo no produzco el mal, sino que el mal que se produce en vuestro corazón, tarde o temprano se le regresa al mismo.

Igualmente sucede con lo bueno que sembrásteis: tarde ó temprano lo gozáis.

Debéis apoyar a vuestros hermanos necesitados y en desgracia, para que Mi Amor se manifieste a través de cada uno de vosotros…

Y así la humanidad se dé plena cuenta de que no os olvido y que sigo actuando en el Mundo entero a través de los que pertenecen a Mi Familia Divina.

Mis hijitos, Mis pequeños, el TIEMPO ES DURO, el TIEMPO ES CRUE; pero el Amor todo lo vence, porque Yo Soy el Todopoderoso, el Omnipotente.

Si Mi Hijo Jesucristo os mostró la forma de vencer al Mal, al volveros otros Cristos, como tantas veces os lo he pedido,

Si cómo la gran mayoría vives al día, tendrás que practicar los Carismas y aprender a usar las matemáticas divinas...

podréis hacer lo mismo y así todos unidos, pequeños Cristos con Mi Hijo Jesucristo, podréis restaurar el Amor y la Paz que este Mundo tanto necesita.

Tenéis Mi Fuerza, tenéis Mi Amor, tenéis Mi Apoyo, TENÉIS MI PODER

PARA HACER LOS MILAGROS Y LAS MARAVILLAS

Como semáforos metereológicos, espero que no nos hayamos tardado demasiado en marcar el alto a éste huracán… 

QUE HIZO MI HIJO EN LA TIERRA

Lo único que necesitáis para lograrlo es vuestro arrepentimiento, vuestra humildad, vuestra pequeñez y el estar perfectamente unidos a Mi Voluntad de Amor.

Al estar unidos a Mi Voluntad y a Mi Amor, sentiréis y viviréis las necesidades y los pecados de vuestros hermanos y ése Dolor que Yo siento y que os compartiré, hará que oréis y os deis por ellos para salvar su alma.

Porque ¿Hasta cuándo queréis entender que vuestra mala vida os está llevando a vuestra propia destrucción?

VED A VUESTRO ALREDEDOR,

VED CÓMO VUESTRO MUNDO SE CONVULSIONA,

VED VUESTRA ECONOMÍA CÓMO SE CAE,

VED CÓMO LAS ENFERMEDADES AVANZAN

Y CADA VEZ MÁS GRAVES,

Ved cómo el hombre ya se ha individualizado y ya no actúa con amor, como verdaderos hermanos que debierais ser.

Os tengo que estar recordando el panorama tan obscuro que tenéis a vuestro alrededor para que entendáis que vais por caminos errados.

Satanás os ha puesto un velo, a través del cual no podéis distinguir ya lo bueno y lo malo.

Ciertamente vuestro Dios, Mi Santo Espíritu de Amor, que habita en vosotros, continuamente os está dando la Luz para que entendáis que vuestros caminos son errados si vivís en el pecado.

Y os concede las Gracias necesarias cuando ya os habéis dado cuenta y estáis luchando para encontrar la Verdad y Mi Luz que os guiarán por caminos seguros, aunque a veces difíciles.

PORQUE SATANÁS ATACA A TODO AQUEL

QUE QUIERE ENCONTRAR LA LUZ Y VIVIR EN EL AMOR

¿Por qué esperáis a encontrarMe en las malas, cuando todo se vuelva ya caótico a vuestro alrededor y en vuestra vida y vengáis a Mí buscando ayuda?

Ciertamente los necios tendrán ése momento, que de cualquier manera servirá para su salvación y Yo los atraeré hacia Mí, como Padre amoroso que Soy, dándoles el perdón de sus pecados por su arrepentimiento de corazón.

Pero Mis pequeños, ¿Por qué no Me buscáis en el bien, cuando vuestra vida todavía va por caminos seguros, cuando vuestra vida no se ha vuelto caótica y estáis viviendo aún en el Bien?

Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás…

Buscad la perfección de vuestros actos, para que vuestros hermanos aprendan de vosotros, de vuestro ejemplo, para que vean que todavía Vivo Yo, vuestro Dios, entre los hombres.

Y que si a ellos les está yendo bien, aún a pesar de que todo es caótico a vuestro alrededor, es porque Me tienen a Mí en su corazón y en su vida, Yo Soy el Primero en su vida. 

Y TODO LO QUE HACEN ELLOS

ES DIRIGIDO A MÍ, VUESTRO DIOS…

Yo les procuro el Bien, porque ellos han tratado de poner Mi Bien primeramente en su vida.

Cuando buscáis el Bien, Bien tendréis, si vivís en el mal, el mal os ahogará, os triturará, os destruirá.

Os repito Mis pequeños, ¿Por qué esperar a buscarMe en el mal, cuando podéis todavía encontrarMe en el Bien?,

Os amo tanto Mis pequeños, os amo más que un padre o una madre de la Tierra.

Os busco, os llamo, pero vosotros tenéis otros intereses, intereses terrenos, pecaminosos ó alejados de Mí, vuestro Dios, de Mi Gracia, del Amor.

Y no alcanzáis a obtener los beneficios que Yo, como vuestro Padre y Dios derramo sobre aquellas almas que viven en Mí y para Mí.

“Apenas estoy aprendiendo a caminar sobre el agua, pero esperen a que domine esta materia y no me verán ni el polvo…”

Desperdiciáis tanto Mis pequeños, Yo que tanto os quiero dar, que Soy un Padre que sobreabunda en Gracias para dárselas a Sus pequeños…

Y vosotros las desperdiciáis, NO las queréis tomar, porque estáis distraídos, VIVÍS EN EL MUNDO…

Pecando ó viviendo simplemente para cosas que no os van a dar nada bueno para vuestra vida futura.

Decís que vivís sin hacer el mal hacia los demás…

Y ya con esto creéis que vuestra vida está hecha y que con eso os ganaréis Mi Reino.

Ciertamente no hacéis el mal, pero ¿Estáis haciendo el Bien?,

¿Estáis llevando a cabo vuestra misión, para la cual bajasteis a la Tierra?,

¿Estáis viviendo para servirMe para la salvación de vuestros hermanos?,

¿Estáis llevando salvación para las almas atribuladas?,

¿Estáis viviendo Mi Misericordia con vuestros hermanos?

10. ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí? Las palabras que os digo, no las digo por mi cuenta; el Padre que permanece en mí es el que realiza las obras.
11. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Al menos, creedlo por las obras.
12. En verdad, en verdad os digo: el que crea en Mí, hará él también las obras que yo hago, y hará mayores aún, porque yo voy al Padre.
13. Y todo lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.

¿Estáis dándole Mi Benevolencia a vuestros hermanos necesitados?. 

¡No!, simplemente os apartáis del mundo, de vuestros hermanos,

NO les hacéis el mal, porque no estáis con ellos, vosotros mismos os habéis apartado para ni siquiera tocarlos.

Mucha soberbia hay en vuestro corazón, os falta tanta humildad para reconocer que necesitáis vivir, 

¡!, Mis pequeños, VIVIR PARA VER POR VUESTROS HERMANOS

Mis Gracias muchas veces NO SE PUEDEN DERRAMAR, porque Yo necesito de INSTRUMENTOS que las llevan a sus hermanos.

Sí, cada uno de vosotros es un instrumento con el cual Me valgo para que vuestros hermanos obtengan Mis bendiciones…

SÓIS INSTRUMENTOS DE AMOR

SÓIS INSTRUMENTOS DE VIDA

Muchos hermanos vuestros alcanzan la salvación eterna porque hubo un hermano caritativo que les hizo ver la Luz, que les habló de Mí y de Mi Amor…

La CONVERSIÓN, es la RESURRECCIÓN ESPIRITUAL

Y que gracias al llevarles Mi Presencia, se arrepintieron a tiempo, y alcanzaron su salvación eterna.

Ésta es vuestra principal obra sobre la Tierra, SER INSTRUMENTOS Míos entre vuestros hermanos.

Así como Mi Hijo iba derramando Bendiciones, Amor, Misericordia, Perdón, conviviendo entre los hombres, vosotros estáis llamados a lo mismo, no estáis llamados a apartaros de la sociedad,

A vivir como ermitaños sin hacer el mal a vuestros hermanos, pero tampoco sin hacerles en Bien que tanto necesitan.

Pertenecéis a Mi Familia, a la Familia Celestial, estáis llamados para regresar a vuestro Hogar eterno en el Reino de los Cielos,

¿PODRÉIS LOGRARLO MIS PEQUEÑITOS’

¿Podréis lograrlo en estos Tiempos en los cuales os habéis olvidado tanto de Mí?

Gracias hijo Mío por interceder por todos tus hermanos de esta generación, (se dirige a J V) de esta humanidad; intercedes con Mi Amor que he puesto en tu corazón,.

PERO OS SIGO DANDO MUCHO A TODOS VOSOTROS

“Quién me abrirá en esta Cuaresma?”

 Muchas oportunidades tuvieron de conversión y no las aprovecharon. Y OS SIGO LLAMANDO

Yo Soy vuestro Dios y Soy todo Amor.

Yo os doy infinidad de oportunidades de conversión para que regreséis al buen camino, para que regreséis y entendáis la misión que le conferí a cada uno de vosotros. 

El hecho de que se venga esta Purificación, no es de venganza, Mis pequeños.

ES AMOR y es de amor hacia aquellos que entendieron su misión, que Me han amado, que Me han respetado.

Demasiadas oportunidades se os dieron para volver a Mí, OS ENVIÉ A MI HIJO, os enseñó a amarMe y a respetarMe, pero pocos,

MUY POCOS QUISIERON ENTENDER.

Os envié a Mi Hija, la Siempre Virgen María, para que estuviera también entre vosotros…

En Sus Apariciones en todo el mundo y lo mismo sucedió, pocos, MUY POCOS reaccionaron ante Su Amor, que es Mi Amor.

Veis Mis pequeños, cómo el Mal sigue cundiendo por todas partes, prácticamente no veis Mi Bien entre vosotros.

El Mal es como un cáncer que va infectando a las almas buenas, aun a las almas escogidas.

 Y por eso no puedo permitir que siga este mal infectando a almas buenas escogidas por Mí, vuestro Dios.

Ciertamente, cuando se ama duele…

DUELE MUCHO LA SEPARACIÓN

Estas almas infectadas por el mal y que no quisieron venir a Mí para aliviarlas, para quitarles ese mal, tendrán que ser apartadas de las almas buenas y eso Me duele, porque las amo.

Os amo a todos con un amor que no entendéis, Mis pequeños.

Os creé para amaros y para que vosotros Me amarais, pero no respondéis a Mis llamados, no respondéis a Mi Amor, no respondéis a Mis advertencias.

No respondéis ya ni ante los acontecimientos que estáis viendo a vuestro alrededor,

Que anuncian males muy fuertes contra vosotros.

¡Oh, humanidad ciega, sorda! ¡Oh, humanidad que no sabéis amar a vuestro Dios!

Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la Tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás

¡Oh, humanidad que no sabéis arrepentiros de vuestros pecados!

¡Oh, humanidad perversa, porque seguís sacrificando a Mi Hijo!

¡Oh, humanidad en donde el amor fraterno ya no existe y satanás os sigue separando unos de los otros y no reaccionáis ante sus mentiras y maldad!

¡Oh, humanidad que no os unís en oración y en penitencia para destruir el mal que os rodea!

Ya no os unís como fuerza poderosa, teniéndoMe a Mí en medio de vosotros para destruir esta maldad que os aplasta.

¿NO OS DAIS CUENTA CÓMO SATANÁS OS SEPARA

PARA QUE NO TENGÁIS ESA FUERZA DE ORACIÓN

Y SE LE PUEDA APLASTAR A ÉL Y A LOS SUYOS

Y SU MAL YA NO DE DISEMINE ENTRE VOSOTROS?

¡Que ciegos estáis! No hay sabiduría en vosotros, ya no pensáis ni actuáis correctamente.

Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás…

Os dejáis llevar por conveniencias personales y no respetáis Mis Leyes, que os llevan hacia la santidad de vida.

¡Oh, humanidad perversa que atacáis Mi Amor con vuestro pecado y no hay arrepentimiento de vuestras faltas, ni Me dais la oportunidad de levantaros cuando agobiados por el pecado estáis!

Vuestra maldad ha llegado a niveles insoportables para el Cielo. Mucho se os dio y todo se os quitará, permanecerán las almas fieles, permanecerán porque Mi Amor las protegerá y bendecidas serán. 

Almas buenas, almas llenas de fe que luchasteis contra toda esta adversidad que os rodea, Mi protección y Mi Amor está sobre vosotras, sois bendecidas, sois cuidadas por Mí, vuestro Dios, y nada ni nadie os tocará.

Un nuevo mundo tendréis y Mi Amor en pleno gozareis.

Vosotras entendisteis, sufristeis, porque Me protegisteis del mal que os rodeaba y ante ese mal que os quería separar de Mí; ese mal quedará encadenado y gozaréis, un tiempo largo, Mi Amor en pleno, en vosotras.

Grandes acontecimientos se vendrán sobre la Tierra y sobre el Universo entero; creeréis que todo se acaba, mas no será así, el mal será erradicado y el Bien prevalecerá.

Almas fieles, almas santas seréis. Me derramaré en bendiciones sobre vosotros, gozaréis grandemente Mi predilección Divina porque sufristeis mucho por protegerMe contra el mal que os rodeaba;

sois almas mártires y a las almas mártires las premio grandemente.

Gozad ya desde ahora Mis promesas, Mis pequeñas almas, Mis pequeñas almas que grandes serán en estos tiempos por venir. Mi Amor os rodea,

El Amor de Dios nos restaura y nuestro corazón aprende a amar con heroismo practicando el PERDÓN…

Mi Amor os alimenta, Mi Amor inflama vuestro corazón.

Este nuevo amor que tendréis en vosotras, será inmenso y lo gozaréis grandemente y seréis llamadas “El nuevo Pueblo del Amor”,

Por tanto Amor que derramaré sobre vosotras almas fieles, almas buenas, almas consentidas de Mi Corazón.

Como veis Mis pequeños, Mi Amor siempre triunfa, el Mal está siendo aplastado por el Bien que he puesto en almas escogidas.

El Mal que ahora se manifiesta ante todos vosotros, que os asusta, que os da miedo.  

Ese mismo Mal quedará aplastado ante vuestros ojos y gozaréis…

GOZARÉIS inmensamente Mi Triunfo sobre el mal que os asechó, que destruyó a muchas almas, que hizo que muchas se condenaran.

Orad Mis pequeños, por las almas que serán eliminadas, para que NO sean condenadas todas ellas.

Mucho Amor os he dado y he puesto en vuestro corazón, utilizadlo para el bien en estos Últimos Tiempos y para que crezca más en vosotras.

Para que entréis a los Nuevos Cielos y nuevas Tierras con un corazón inflamado de Amor, por el bien que habéis dejado, salvando a muchos hermanos vuestros,

que NO pudieron dar este paso hacia los Cielos nuevos y Tierras nuevas, pero que,

TUVIERON TODAVÍA UN RASTRO DE AMOR EN SU CORAZÓN

Que no haya maldad en vuestro corazón Mis pequeños, ningún signo de maldad; que todo sea bondad, reparación, sacrificio y amor para que venga el cambio pronto y que tanto añoráis.

Venid Mis pequeños, venid a Mí, seguid tomando de Mi Amor, seguid bebiendo de esta Fuente inagotable de amor, que es Mi Corazón Divino.

Soy vuestro Dios, Soy vuestro Creador y puedo daros a vosotras almas buenas, almas santas, grandes Dones y Bendiciones, para que Me gocéis en extremo.

Abrid vuestro corazón, dadMe vuestra voluntad, dejadMe mover vuestra vida, para que empecéis a vivir plenamente Mi Vida en vosotros.

 Y ciertamente el Cielo tendréis en vosotros, al Yo VIVIR PLENAMENTE en vuestro corazón. 

AMAD A VUESROS HERMANOS CON MI AMOR

Y TODO SERÁ TRANSFORMADO

AyudadMe Mis pequeños a reunir el Rebaño, vuestra disposición la agradeceré.

PedidMe lo que necesitéis, porque todos necesitáis de algo para lograr la perfección a la que habéis sido llamados.

Manteneos en ésa humildad del saber que estáis necesitados de Mi y así os haré grandes, la humildad os hará grandes.

Confío en vosotros, Mis pequeños, Uníos a Mí, a Nuestras necesidades de Familia y juntos levantemos al Mundo caído en el error.

Os amo, Mis pequeños, cuidad vuestra alma y cuidad la de vuestros hermanos.

MEDITAD MIS PEQUEÑOS,

Hasta que vuelvas a la Tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás…

TODO ESTO QUE OS HE DICHO,

PORQUE EL TIEMPO YA SE ACABÓ…

¿os dará suficiente tiempo para vuestra conversión, antes que el Día del Señor llegue a vosotros?

Os amo, Mis pequeños, os amo mucho, arrepentíos a tiempo y recibid Mis Bendiciones que tanto necesitáis y que están dispuestas ya para llenaros y que alcancéis la perfección a través de ellas.

Yo os bendigo en Mi Santo Nombre, en el de Mi Hijo y en el del Amor de Mi santo Espíritu.

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164 EL ANHELO IMPOSIBLE


164 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Santiago de Alfeo pregunta: 

–     ¿Señor, aquella cima es el Carmelo? 

Jesús responde:

–     Sí, hermano.

Aquélla es la cadena montañosa del Carmelo. La cúspide más alta le da el nombre.

–     Debe ser bonito también desde allí el mundo.

¿Has estado alguna vez?

–     Una vez,

Yo solo al principio de mi predicación. Al pie de ese monte curé a mi primer leproso. Pero iremos de nuevo juntos, para recordar a Elías…

–     Gracias, Jesús.

Me has comprendido, como siempre.

–     Y como siempre, te perfecciono, Santiago.

–     ¿Por qué?

–     El porqué está escrito en el Cielo.

–     ¿No me lo dices, hermano?

¿Tú que lees lo que está escrito en el Cielo?

Jesús y Santiago van caminando el uno al lado del otro.

Sólo el pequeño Yabé, que va también ahora de la mano de Jesús, puede oír la conversación confidencial de los dos primos, que se sonríen mirándose a los ojos.

Jesús, pasando un brazo por encima de los hombros de Santiago para acercárselo aún más,

pregunta:

–     ¿Realmente quieres saberlo?

Pues bien, te lo voy a decir en forma de adivinanza; cuando encuentres la clave serás sabio.

Escucha:

“Habiéndose reunido los falsos profetas en el monte Carmelo, se acercó Elías y dijo al pueblo:

“¿Hasta cuándo seguiréis cojeando de dos partes? Si el Señor es Dios, seguidlo; si Baal, seguid a éste”.

El pueblo no respondió.

Entonces Elías siguió diciendo al pueblo:

“De los profetas del Señor he quedado yo sólo” y la única fuerza de este hombre solo era el grito :

“Escúchame, Señor, escúchame, para que este pueblo reconozca que eres el Señor Dios y que has convertido de nuevo sus corazones”.

Entonces el fuego del Señor cayó y devoró el holocausto”.

Hermano, adivina.

Santiago inclina la cabeza y se pone a pensar.

Jesús lo mira sonriendo.

Caminan unos metros así,

luego Santiago dice:

–     ¿Tiene que ver con Elías o con mi futuro?

–     Con tu futuro, naturalmente…

Santiago se queda de nuevo pensativo.

Y susurra:

–     ¿Seré destinado a invitar a Israel a que siga con autenticidad un camino?

¿Seré llamado a quedarme solo en Israel? Si la respuesta es afirmativa, quieres decir que los otros serán perseguidos y que los dispersarán.

Y que… que… elevaré mi oración a Tí por la conversión de este pueblo…

Como sacerdote… como… víctima…

Si es así, ¡Oh! inflámame ya desde este momento, Jesús!…

–     Lo estás ya.

Mas ha de raptarte el Fuego, como a Elías; por este motivo subiremos al Carmelo tú y Yo solos…

Y hablaremos.

–     ¿Cuándo?

¿Después de la Pascua?

–     Después de una Pascua, sí.

Entonces te diré muchas cosas…

Un arroyo que fluye hacia el mar, colmado su caudal por las lluvias primaverales y la disolución de las nieves, se interpone en su camino.

Acude Pedro y dice:

–     El puente está más arriba.

Por donde pasa el camino que va de Tolemaida a Engannim.

Jesús, dócilmente vuelve sobre sus pasos.

Cruza el arroyo por un sólido puente de piedra.

Enseguida vuelven a verse montañas y colinas pequeñas.

Felipe pregunta: 

–     ¿Llegaremos a Engannim antes de que anochezca? 

–     Ciertamente.

Pero… ahora tenemos con nosotros a un niño. 

Y Jesús pregunta amoroso: 

–    ¿Estás cansado Yabé?

Sé sincero como un ángel. 

El niño contesta:  

–     Un poco, Señor.

De todas formas, me esforzaré en seguir caminando.  

El hombre de Endor, con su voz gutural,

dice:

–     Este niño está débil.

Pedro exclama: 

–     ¡Mira tú éste!…

¡Con la vida que lleva desde hace algunos meses!… ¡Ven para que te tome en brazos!

–     ¡Oh, no, señor!

No, que te cansas. Todavía puedo andar yo.

–     ¡Ven, ven, que no pesas!

Pareces un pajarillo desnutrido.  

Pedro lo levanta en vilo, lo sienta montado sobre sus anchos y fuertes hombros.

Y lo sujeta por las piernitas flacas que le cuelgan a los lados..

Caminan ligeros porque el sol ya es fuerte y los invita estimulándolos a llegar a las boscosas colinas.

Se detienen en un pueblo llamado Megguidó, para comer y descansar junto a una fuente muy fresca.  

Rumorosa por la mucha agua que de ella brota y que cae en una pila de piedra oscura.

Ninguno del pueblo se interesa por los peregrinos anónimos, entre los muchos que van a pie, en burros o mulas hacia Jerusalén para la Pascua.

Se respira ya aire de fiesta.

Muchos niños, pensando jubilosos en la ceremonia de su mayoría de edad, van con los viajeros.  

Yabé está con Pedro, que lo tiene conquistado con bagatelas y golosinas.  

Dos muchachitos de holgada y evidente riqueza, que se han acercado a jugar junto al manantial, cerca de donde están Yabé y Pedro,

le preguntan al niño:

–  ¿Tú también vas para ser hijo de la Ley?

Yabé responde casi escondiéndose detrás de Pedro:

–   Sí.

–   ¿Este es tu padre?

¿Eres pobre, verdad?

–   Sí. Soy pobre.

Los muchachos que parecen ser hijos de fariseos, lo escudriñan irónicos y curiosos.

Le dicen:

–   Se ve.

Y de hecho, sus vestidos son miserables harapos y demasiado cortos.

Sus pequeños pies calzan unas sandalias muy feas, sostenidas con burdas correas, que son una tortura para sus pies.

Y los muchachitos, llevados por un egoísmo cruel propio de muchos niños que no son buenos,

dicen:

–   ¡Oh!

¡Entonces no vas a tener vestido nuevo para tu fiesta

¡Nosotros, mira…! ¿Verdad Joaquín?

Mi vestido es rojo y también el manto. El de él es azul. Y tendremos sandalias con hilos de plata.

Y un cinturón bordado con oro y un talet sostenido con una lámina de oro y…  

Pedro que ha terminado de llenar las cantimploras,

les grita: 

–  Y un corazón de piedra, ¡Digo yo!

¡Sois malos, muchachos! La ceremonia y los vestidos valen un comino, si el corazón no es bueno. Prefiero a mi niño.

¡Largaos orgullosos y presumidos!

¡Idos con los ricos y tened respeto a quién es pobre y honesto!

Ven Yabé. El agua es buena para los pies cansados. Ven para que te los lave.

Después caminarás mejor. Te llevaré en brazos hasta Enganím. Buscaré uno para que te haga sandalias nuevas.

Y Pedro lava y seca los pequeños pies lastimados, que desde hace tanto tiempo no han sido acariciados.  

Yabé va a cumplir doce años, pero parece un niño escuálido de nueve.

El niño mira a Pedro, titubea, luego se inclina sobre el hombre que le está acomodando las sandalias, lo rodea con sus bracitos flacos,

y le dice:

–  ¡Qué bueno eres!

Y lo besa en los cabellos alborotados.

Pedro se conmueve…

Se sienta en la tierra mojada y le pide:

–   Ahora dime: ‘padre’…

El cuadro es enternecedor.

Jesús se acerca junto con los demás.

Los dos niños, que se habían quedado por curiosidad,

dicen:

–   Luego, ¿No es tu padre?

Yabé responde con firmeza:

–   Para mí es padre y madre.

–   Sí querido.

Dijiste bien: padre y madre.

Y a vosotros señoritos; os aseguro que no irá mal vestido a la ceremonia. Irá como un rey.

Los dos rapazuelos se sorprenden y se van corriendo.

Jesús pregunta con una gran sonrisa:

–    ¿Qué haces Simón, sentado en el suelo mojado?

–           ¿Mojado?

¡Oh, sí! No me había dado cuenta. ¡Ah, Maestro! Debes dejar que me encargue de este pequeño. Luego lo entregaré.

Hasta que no sea un verdadero israelita es mío.

–  ¡Pero claro que sí!

Tú serás su tutor, como un viejo padre. ¿Está bien? Vámonos. Para llegar al atardecer y para no hacer correr mucho al niño…

–  Yo lo cargo.

Pesa más mi red. No puede caminar con estas suelas rotas. Ven, Yabé.

Y Pedro, cargándose encima a su ‘hijito’, continúa feliz su camino, cada vez más sombreado bajo las  arboledas de frutas varias, en un ascender suave de colinas…

Desde las cuales la vista se dilata hacia la fecunda llanura de Esdrelón.

Engannim es una linda ciudad, no grande, bien abastecida de agua de las colinas a través de un acueducto elevado.

Jesús y los suyos están ya en las cercanías de la ciudad.

Entonces perciben el rumor de una patrulla militar que está acercándose.

Se hacen a un lado, arrimándose al borde del camino y los cascos de los caballos resuenan contra el pavimento,

Publio Quintiliano es el comandante, baja del caballo y deteniéndolo pór la brida, se acerca a Jesús con una sonrisa franca. 

Y lo saluda: 

–           ¡Salve, Maestro!

Milagro de verte por aquí. 

Sus soldados aflojan el paso y lo esperan.

Jesús contesta:

–   Voy a Jerusalén para la Pascua.

–   Yo también.

Durante las fiestas se refuerzan las guardias, pero también viene Poncio Pilatos a ellas y está Claudia.

Somos su estafeta. Nosotros patrullamos los caminos para protegerla a ella. ¡Son caminos tan inseguros!… Las águilas espantan a los chacales.

Dice el tribuno muy sonriente y mira a Jesús.

Después en voz baja agrega:

–     Este año tenemos doble guardia para proteger las espaldas del desvergonzado de Antipas.

Hay mucho descontento porque arrestó al Profeta. Descontento en Israel y como consecuencia, entre nosotros.

Pero… hemos pensado en dar una cadenciosa melodía de flautas al Sumo Sacerdote y a sus compinches.

Y en voz más baja aún, añade:

–     Tú estás seguro. Los de uñas largas no las sacarán. ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! Nos tienen miedo.

Basta con aclarar la voz; para que crean que es un rugido.

¿Hablarás en Jerusalén? Ven cerca del Pretorio. Claudia habla de Ti, diciendo que eres un gran filósofo. Eso es bueno para Ti, porque…

el verdadero Procónsul es Claudia; es nieta de Augusto.

Quintiliano mira a su alrededor y ve a Pedro cargado, rojo y sudado.  

Y pregunta: 

–     ¿Y ese niño?

–     Un huérfano que he tomado conmigo.

–     ¡Pero… ese hombre tuyo se está esforzando demasiado!

Niño, ¿Tienes miedo a ir unos metros a caballo? Te pongo aquí, bajo mi clámide; iré suave.

Cuando lleguemos a las puertas, te dejo que sigas con este hombre.

El niño no ofrece resistencia y es dulce como un cordero.

Publio lo levanta en vilo y lo sienta consigo en su montura.

A1 dar la orden de ir despacio a los soldados, ve también al hombre de Endor.

Lo mira fijamente y dice:

–     ¿Tú también por aquí?

–     Sí.

Ya no vendo huevos a los romanos, pero los pollos están todavía allí. Ahora estoy con el Maestro…

–     ¡Bien para ti!

Así te sentirás más confortado. ¡Adiós!

¡Salve, Maestro, te espero en aquel pequeño grupo de árboles.

Y espolea a su cabalgadura.   

Los apóstoles preguntan a Juan de Endor: 

–     ¿Os conocéis?

–     Sí, como proveedor de pollos.

Antes no me conocía. Una vez fui llamado a la comandancia a Naím, para fijar los precios, y estaba él.

Desde entonces, cuando iba a Cesárea a comprar libros o algún utensilio siempre me saludaba. 

 Me llama Cíclope o Diógenes. No es malo. A pesar de mi odio por los romanos, no me mostré nunca agresivo con él porque me podía ser útil. 

Pedro dice: 

–    ¿Has oído, Maestro?

¿Ves?, han surtido buen efecto mis palabras al centurión de Cafarnaúm.

Ahora estoy más tranquilo.

Y llegan a la arboleda a cuya sombra se ha detenido la patrulla. 

El tribuno dice: 

 –      Bien. Aquí está el niño.

¿Algunas órdenes, Maestro?

–      No, Publio.

Dios te muestre su rostro.

–    Salve.  –Y se sube al caballo.

Lo espolea y los suyos le siguen.

Se oyen los cascos de los caballos y se ven brillar las corazas.   

Entran a la ciudad y Pedro lleva al niño a comprarle sus sandalias.

Zelote dice:

–   Este hombre se muere por tener un hijo.

Tiene razón.

Jesús contesta:

–   Os daré millares.

Ahora vamos a buscar refugio para seguir mañana al amanecer.

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160 Y EL INFIERNO…


160 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Toman el camino que va al Tabor.

Pronto el camino ha dejado de ser lodoso y está firme.

La vegetación va desapareciendo y en su lugar, se ven árboles muy altos y montones de zarzas, llenas de hojas nuevas y de flores.  

Después de pernoctar en las faldas del Tabor, llegan a una llanura entre montes y ascienden a la cima.

El tiempo es fresco.

El Tabor está ahora a espaldas de los caminantes. Ya lo han atravesado.

El grupo camina por una llanura cerrada entre este monte y otro que está de frente.

Van hablando de la ascensión que todos han realizado, aunque al principio parecía que los mayores querían evitarla, ahora están contentos de haber subido a la cima.

Se anda bien ahora porque van por un camino de primer orden bastante cómodo.   

Jesús señala un ranchito aferrado a las primeras altitudes del grupo montañoso.   

Y pregunta:

–     Judas, aquello es Endor.

¿De veras quieres ir allá?…

–    Si quieres darme gusto.

–    Vamos entonces.

Bartolomé que por su edad no es muy amante de excursiones panorámicas,

pregunta:

–     ¿Tendremos que caminar mucho?

Jesús aclara:

–    ¡Oh, no!

Si os queréis quedar…

Judas se apresura a decir:

–    Sí.

Sí. Mejor es que os quedéis. Me basta ir con el Maestro.

Pedro responde:

–     Pues bien, yo quisiera saber qué hay de hermoso, antes de decidir…

Sobre el Tabor vimos el mar. Y después del discurso del muchacho, debo confesar que fue como si lo viera por primera vez…

Y lo he visto como tú, Juan: con el corazón.

Allí… -Pedro señala Endor- Quisiera saber qué otra cosa se puede aprender. Y en este caso voy; aunque me canse…

Jesús invita:

–   ¿Lo oyes?

¡Tú no has dicho todavía tu intención! Por cortesía hacia tus compañeros, dila.

Judas lo piensa un poco…

Y luego dice:

–     ¿No fue Endor a donde quiso ir Saúl, a consultar a la pitonisa?

–     Sí.

¿Y qué con ello?…

–    Pues a mí me gustaría, Maestro…

Ir a aquel lugar y oírte hablar de Saúl…

Pedro exclama entusiasta:

–     ¡Oh!

Si es así, entonces hasta yo voy…

Y todos confirman:

–     Vamos.

Recorren ligeros el último trecho del camino principal, para dejarlo luego por un camino secundario que lleva directo a Endor.

Las casas están cimentadas en las laderas que se hacen más escabrosas.

En torno a las casas, pocas vides que decoran un poco las míseras paredes oscuras, cual si fuera un lugar más bien húmedo.

Están construidas sobre la falda del monte, que más allá de este ranchito es muy áspera.

Es un lugar muy pobre y pobres son sus habitantes.

Son pastores que llevan sus ganados por el monte y por los bosques, de encinas centenarias.

Algunos campos cultivados con cebada o de pienso y pocos árboles de manzanos e higueras. 

Jesús dice:

–    Ahora preguntemos dónde era el lugar donde estaba la adivina.

Detiene a una mujer que viene de la fuente con cántaros.

Ella los mira con curiosidad y luego que Jesús le pregunta…

groseramente responde:

–   No sé.

Tengo otras cosas más importantes en qué pensar, que en estas estupideces. 

Y lo deja plantado.

Entonces Jesús se dirige a un viejecito que talla un pedazo de leño.

Después de escuchar la preguntam lo mira extrañado,

y responde:

–    ¿La adivina?

¿Saúl? ¿Y quién piensa más en ello?… Pero espera.

Hay uno que ha estudiado y que tal vez, él si sabe. Ven…

El viejecito sube renqueando por una callejuela pedregosa, hasta una casa muy miserable y descuidada. 

Y dice: 

–   Espérame aquí.

Voy a llamarlo…

El hombre entra.

Y Pedro señalando a las gallinas que escarban en un corralito sucio.

y dice:

–    Este hombre no es israelita.

Apenas acaba de decirlo, cuando ya está de regreso el viejecito a quién sigue un hombre tuerto, sucio y desaliñado.  

Y dice a Jesús:

–     ¿Ves?

Este hombre dice que es allí, pasada aquella casa derruida: hay un sendero, luego un arroyo, atravesando una arboleda, siguen unas cavernas… 

Bueno, pues la más alta de esas cuevas, la que tiene todavía a su lado muros derruidos, es la que estás buscando. ¿No es así? 

El hombre corrige:

–     No.

Has confundido todo. Iré con estos extranjeros.

El hombre tiene la voz dura y gutural; lo que aumenta el sentimiento de malestar.

Y empieza a caminar para guiarlos.

Pedro, Felipe y Tomás, hacen señas a Jesús para que no vaya.

Pero éste no les hace caso.

Camina con Judas, detrás del hombre.

Y los demás los siguen de mala gana.

El hombre pregunta a Jesús:

–    ¿Eres israelita?

Jesús contesta:

–    Sí.

–    Yo también, aunque no lo parezca.

Estuve mucho tiempo en tierras extranjeras y tomé costumbres que estos tontos no pueden aceptar.

Soy mejor que los demás. Me dicen demonio porque leo mucho, crío gallinas que vendo a los romanos y sé curar con hierbas.

Cuando era muy joven; por causa de una mujer reñí con un romano; estaba entonces en Cintium y lo apuñalé.

Él murió y yo perdí un ojo y mis bienes.

Y fui condenado a prisión por muchos años… para siempre.

Pero como sabía curar, sané a la hija del carcelero. Esto me valió su amistad y un poco de libertad. Me aproveché de ella para huir.

Ciertamente hice mal, porque él pagó con su vida mi huida. La libertad parece atractiva cuando uno está prisionero…

–   ¿Y después no lo es?

–    No.

Es mejor la cárcel. Donde se está solo en contacto con hombres que no te permiten estar solo.

Y que están juntos para odiarse…

–   ¿Has estudiado a los filósofos?

–    Era maestro en Cintium.

Era prosélito…

–    ¿Y ahora?

–     Ahora no soy nada.

Vivo en la realidad. Y odio como fui odiado y lo soy…

–   ¿Quién te odia?

–   Todos. Dios es el primero.

Tenía mi mujer y Dios permitió que me traicionase y arruinase.

Era yo libre y respetado y Dios permitió que me convirtiera en presidiario.

El abandono de Dios; la injusticia de los hombres; han borrado a Aquel y a éstos. Aquí no hay nada…

Y se pega en la frente y en el pecho.

Luego agrega:

–     Esto es.

Aquí en la cabeza está el pensamiento. El saber. 

Y tocando su corazón, señala:

–     Aquí está lo que es nada. –y escupe con desprecio.

Jesús objeta:

–    Te equivocas.

Tienes todavía dos cosas allí…

–   ¿Cuáles?

–    El recuerdo y el odio.

Vacíate de ellos. Y te daré una cosa nueva para que la metas allí…

–   ¿Qué cosa?

–    El amor.

–    ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah!

Me haces reír. ¡Oye!… Hace treinta y cinco años que yo no me reía.

Desde que comprobé que mi mujer me traicionaba con el mercader romano de vinos.

El Amor… ¿A mí?…

Es como si echase joyas a mis pollos. Morirían de indigestión si no lograsen arrojarlas en el estiércol.

Lo mismo me sucederá a mí. Tu amor me sería pesado si no lo puedo digerir…

Jesús claramente afligido, le pone la mano sobre la espalda.

y dice:

–     No, hombre.

No digas eso.

El hombre lo mira con el único ojo que tiene…

Y lo que ve en ese rostro joven, dulce y hermosísimo, lo hace enmudecer y cambiar de expresión.

Del sarcasmo pasa a una seriedad profunda. De ésta, a una verdadera tristeza.

Baja la cabeza y pregunta con una voz diferente:

–    ¿Quién eres?

–    Jesús de Nazareth. El Mesías…

–    ¡¡¡Tú!!!

–     Sí.

¿No sabías nada de Mí, tú que lees?

–    Sabía…

Pero no que estuvieses vivo. Y no… ¡Oh! ¡Sobre todo, esto no lo sabía! No sabía que fueses bueno con todos… así… hasta con los asesinos.

Perdóname lo que dije de Dios y del Amor. Ahora entiendo por qué quieres darme el Amor. Porque sin él, el mundo es un infierno.

Y Tú Mesías, quieres convertirlo en un Paraíso…

–     Un paraíso en cada corazón.

Dame el recuerdo y el odio que te tienen enfermo y deja que Yo meta en tu corazón el Amor.

–     ¡Oh! ¡Si te hubiese conocido antes!…

Pero cuando yo lo maté; ciertamente no habías nacido todavía…

Pero después; cuando libre. Como es libre la serpiente en el bosque; viví para envenenar con mi odio.

–     Pero también has hecho el bien.

¿No dijiste que curabas con hierbas?

–     Sí. Para que me toleren.

cuantas veces he luchado con el deseo de envenenar con pócimas…

¿Ves? Me vine a refugiar aquí.

Porque es un lugar donde se ignora el mundo y en que éste a su vez, lo ignora a uno. Porque puedo comprar libros y estudiar… Y…

Pero es un territorio maldito. En otros lugares me odiaban; yo odiaba y tenía miedo de ser reconocido…

Pero soy malo.

–   Tienes remordimientos de haber perjudicado al carcelero de la prisión.

¿Ves que todavía tienes algo de bondad? No eres malvado…

Sólo tienes una gran herida abierta y nadie te la cura…

Tu bondad huye de ella, como la sangre se escapa de las heridas.

Pero si hubiese quién te curase la herida pobre hermano, tu bondad paulatinamente crecería en ti…

El hombre llora con la cabeza inclinada, sin que nada indique que llora.

Sólo Jesús, que camina a su lado, lo ve.

Pero no dice nada más.

Llegan al socavón que está hecho de ruinas y cuevas abandonadas en el monte.

El hombre trata de que su voz sea segura:

–    Es aquí.

Puedes entrar.

–    Gracias, amigo. Eres bueno.

El hombre no dice nada y se queda allí.

Mientras Jesús con los suyos, subiendo sobre grandes piedras que fueron trozos de muros muy fuertes;

perturbando lagartijas y otros animales, llegan hasta el lugar indicado. 

Entran en una espaciosa gruta que está ahumada en las paredes.

Hay rastros del zodiaco y cosas semejantes en las piedras.

En un rincón que está más ahumado, hay un nicho y debajo un agujero, como si fuese un desagüe.

Los murciélagos adornan el techo con sus alas extendidas que causan horror y un búho, que descansaba en el nicho,

molestado con la luz de una rama que enciende Santiago de Zebedeo, para evitar pisar víboras o escorpiones,

sacude sus alas y cierra sus ojos.

Se percibe el hedor de animales muertos y hay rastros de ratones, pájaros y comadrejas,

además del estiércol y la humedad del suelo, que contribuyen a aumentar el ambiente de un marco tenebroso de horror…

Pedro dice con ironía:

–    Un hermoso lugar en realidad.

Y volviéndose a Juan, añade:

–      Era mejor tu Tabor y tu mar.

Suspira y añade dirigiéndose a Jesús:     

–     Maestro, contenta pronto a Judas, porque aquí…

Ciertamente no es la sala real de Antipas.

Jesús responde:

–   Al punto.

Y volviéndose hacia Judas,   

pregunta:

–    ¿Qué es lo que quieres saber exactamente?

Judas lo mira y dice:

–     Pues… quiero saber…

¿Por qué pecó Saúl al venir aquí?

¿Y si es posible que alguien pueda de verdad llamar a los muertos?

¡Oh! ¡Mejor habla Tú! Te haré las preguntas…

Pedro suplica:

–     Bonito negocio.

Vamos por lo menos allá afuera, al sol.

Sobre las piedras, nos veremos libres de la humedad y del hedor.

Jesús asiente y salen.

Se sientan como pueden sobre las ruinas.

El Maestro dice:

–    El pecado de Saúl fue solo uno de muchos que cometió antes y muchos después.

Todos graves.

Judas pregunta:

–     ¿Contra Quién?

No mató a nadie.

–    Mató su alma.

Exactamente aquí, terminó de matarla.

¿Por qué bajas la cabeza?

–    Estoy pensando, Maestro.

–    Que estás pensando lo veo.

Pero, ¿En qué? ¿Por qué quisiste venir aquí?

No por mera curiosidad de investigar… Confiésalo.

–    Siempre se oye hablar de adivinos, magos, espíritus invocados…

Quería ver si descubría algo… Me gustaría saber cómo sucedió… Pienso que nosotros  estamos destinados a llamar la atención…

Y para atraer, debemos ser un tanto adivinos. Tú Eres Tú y lo haces con tu poder.

Pero también nosotros debemos  pedir un poder… una ayuda…

Para hacer obras prodigiosas que se impongan…

Mientras más avanzados en ciencias ocultas, MÁS TINIEBLAS nos oscurecen y más satanizados nos encontramos…

Varios gritan al mismo tiempo:

–      ¡Oh!

–      ¡Bah!

–     ¿Estás loco?

–      Pero, ¿Qué estás diciendo?

Jesús dice:

–      Callad.

Dejadlo hablar. No está loco. Continúa Judas…

–      Sí.

Me parecía que al venir aquí, podía entrar en mí algo de la magia de tiempos idos y así hacerme más grande.

Por interés tuyo, créemelo.

–     Sé que eres sincero en este deseo natural tuyo, hijo…

No obstante, te respondo con palabras eternas, porque están contenidas en el Libro.   

Y el Libro existirá mientras exista el hombre; existirá siempre, ya crean en él y lo empuñen en nombre de la Verdad.

Ya sea objeto de burla o de risa.

Está escrito: “Y Eva, vio que el fruto del árbol era apetitoso para el paladar y agradable a la vista, lo tomó y comió y se lo ofreció a su marido..

Entonces sus ojos se abrieron.

Se dieron cuenta de que estaban desnudos y se hicieron unos ceñidores…

Y Dios dijo: “¿Cómo os habéis dado cuenta de que estabais desnudos? Por haber comido el fruto prohibido’”. Y los echó del paraíso de delicias”.

En el libro de Saúl se lee: “Apareció Samuel y dijo: ¿Por qué me has incomodado invocándome?

¿Por qué me consultas después de que el Señor se ha retirado de ti? El Señor te tratará como te he anunciado… porque no has obedecido a la voz del Señor'”.

Pero no extiendas tu mano al fruto prohibido.

Aún sólo acercarla es imprudencia.

No tengas curiosidad por conocer lo ultraterreno; ten temor a que el veneno satánico de la curiosidad se te adhiera.

Evita lo oculto y lo que no tiene explicación.

Evita aquello que no es Dios y que no se puede explicar con las fuerzas de la razón ni crear con las fuerzas del hombre.

Huye de eso. Huye de eso.

EVÍTALO. Para que no se te abran las fuentes de la malicia y comprendas que estás “desnudo”.

DESNUDO; Repelente de humanidad mezclada con el satanismo.

¿Por qué quieres causar asombro con oscuros prodigios?

Cáusalo con tu santidad, luminosa como cosa proveniente de Dios.

No desees rasgar los velos que separan a los vivos de los difuntos. No molestes a los difuntos.

Escúcha a los sabios mientras están en este mundo y venéralos obedeciéndolos incluso después de la muerte. 

Pero no disturbes su segunda vida.

Quien no obedece a la voz del Señor pierde al Señor.

Mas el Señor ha prohibido el ocultismo, la nigromancia, el satanismo en todas sus formas.

¿Qué más quieres saber aparte de lo que te dice la Palabra?

¿Qué más quieres obrar aparte de lo que tu bondad y mi poder te conceden que obres?

No te inclines hacia el pecado, antes bien, aspira a la santidad, hijo.

No te sientas avergonzado. Me agrada que reveles tu humanidad.

Lo que te atrae a ti atrae a muchos, a demasiados.

‘El de ser poderoso para atraer a Mí’, quita mucho peso a esta debilidad tuya y pone alas, pero son de pájaro nocturno. 

O sea, “tener potencia para atraer hacia Mí”; pero son alas de ave nocturna.

No, Judas mío. Ponle alas solares, de ángel, a tu espíritu.

Bastará el viento de estas alas para captar a los corazones.

Y los atraerás en tu estela a Dios.  

¿Por qué quieres llamar la atención con prodigios tenebrosos?

Una sola cosa tiene que aceptarse con santa Fe: Dios.

Haz que los demás queden estupefactos con tu santidad y que sea luminosa, como cosa que viene de Dios.

¿Qué quieres saber de más, que la Palabra no te lo haya dicho?

¿Qué quieres hacer de más; de cuanto tu bondad y mi Poder te conceden realizar?

No ambiciones el pecado, sino la santidad; hijo.

 ¿Podemos irnos?…

–     Sí, Maestro.

Me equivoqué…

–     No. Has sido un investigador.

El mundo está lleno siempre de eso. Ven, ven. Salgamos de este apestoso lugar.

Dentro de pocos días es la Pascua. Y luego iremos a la casa de tu madre.

Te recuerdo tu casa honesta, a tu madre santa. ¡Oh, qué paz!

Como siempre, el recuerdo y la alabanza de Jesús a la madre, tranquilizan a Judas.

Salen de las ruinas y empiezan a descender por el sendero.

El hombre tuerto todavía está allí.

Tratando de no ver la cara enrojecida por el llanto,

Jesús le pregunta:

–     ¿Todavía estás aquí?

–      Sí. Aquí.

Si me lo permites, te seguiré. Tengo que decirte algo…

–     Ven pues conmigo.

¿Qué es lo que quieres decirme?

–     Jesús…

Pienso que para tener fuerzas de hablar y de cambiarme a mí mismo, por medio de una magia santa;

para evocar mi alma muerta del modo como  la adivina llamó a Samuel, porque era el deseo de Saúl; yo debo pronunciar tu Nombre, que es dulce como tu mirada.

Santo como tu Voz. Tú me acabas de dar una nueva vida y no tiene forma.

Está incapacitada como la de un ser que acaba de nacer, con miembros débiles.

Lucha entre membranas que le estorban. Ayúdame a salir de mi muerte.

–    Sí, amigo.

–    Yo…

Yo comprendo que tengo todavía un poco de ser humano en mi corazón. No soy del todo una fiera.

Puedo todavía amar y ser amado. Perdonar y ser perdonado.

Esto me lo está enseñando tu amor, que es Perdón. ¿No es así?

–     Sí, amigo.

–     Entonces llévame contigo.

Seré Félix. ¡Ironía! Dame otro nombre. Quiero que el antiguo quede muerto para siempre.

Te seguiré como el perro callejero que al fin encuentra un dueño. Seré tu esclavo si así lo deseas.

Pero no me dejes solo…

–     Sí, amigo.

–     ¿Qué nombre me das?

–     Un nombre que amo:

Juan. Porque eres el regalo que hace el Señor. ¿Y tu casa?

–     Ya no tengo casa.

Dejaré a los pobres cuanto poseo. Sólo dame amor y un pan.

–     Ven.

Jesús se voltea y llama a los apóstoles: 

–     A vosotros, amigos.

Y sobre todo a ti Judas, os doy las gracias. Hé aquí al nuevo discípulo.

Viene con nosotros hasta que lo podamos dejar con los demás. Alabad a Dios conmigo.

Realmente los doce, no parecen muy felices.

Pero hacen buena cara por obediencia y cortesía.

Juan de Endor, dice:

–     Aquella es mi casa.

Si me permites, me adelanto. Me encontrarás en el umbral.

–    Ve pues.

El hombre parte a la carrera.

Y Jesús dice:

–    Ahora que estamos solos, os ordeno.

Esto os ordeno, de que seáis buenos con él y que no digáis a nadie, nada de su pasado. Por ningún motivo. ¿Lo entendéis?

Quién diga algo o falte a la caridad al hermano redimido, lo arrojaré al punto de Mí. ¿Habéis entendido?

Y ¡Ved cuán bueno es el Señor! Venimos aquí por un fin humano y Él nos concede regresar con algo sobrenatural.

¡Oh! ¡Yo gozo por la alegría que hay en el Cielo por el nuevo convertido!

Llegan frente a la casa.

En el umbral de la entrada, con un vestido oscuro y limpio, un manto igual, un par de sandalias nuevas y un talego grande a las espaldas, está el hombre.

Se ha aseado y se ve diferente.

Cierra la puerta y…

Algo extraño en un hombre que uno podría considerar insensible, toma una gallina blanca, que acloca entre sus manos.

Luego la besa, llora y la deja sobre el suelo. 

Dice a Jesús:

–   Vámonos.

Perdona, pero estas gallinas me han amado. Platicaba con ellas y me comprendían…

–     Yo también te comprendo…

Y te quiero… mucho. Te daré todo el amor que en treinta y cinco años el mundo te ha negado.

-¡Lo sé! ¡Lo siento en mí! Por eso me voy contigo. Y… sé indulgente con un hombre que… que ama a un animal que…

que… que le ha sido más fiel que el hombre…

–     Sí…sí.

No pienses más en el pasado. En el futuro tendrás muchas cosas que hacer. Con tu experiencia harás mucho bien.

Simón, ven aquí y también tú, Mateo.

Mira, éste fue peor que un preso, fue un leproso; éste, pecador.

Pues bien, Yo los quiero entrañablemente porque saben comprender a los corazones desvalidos. ¿No es verdad?

Simón dice:   

–     Por bondad tuya, Señor. 

Pero… sí, créelo amigo, sirviéndole se cancela todo. Queda sólo paz. 

Mateo testifica: 

–     Sí, paz.

Y donde había una vejez de vicio u odio, nace una juventud nueva. Yo era un publicano y ahora soy un apóstol.

Tenemos ante nosotros el mundo y nosotros sabemos acerca del mundo.

No somos como esos muchachitos distraídos que pasan al lado del fruto nocivo y del árbol torcido y no ven la realidad.

Nosotros lo conocemos. Podemos evitar el mal y enseñar a otros a evitarlo.

Como también sabemos enderezar a quien se tuerce, porque sabemos el consuelo que supone el ser sujetados.

Y sabemos quién sujeta: Él.

Juan de Endor exclama: 

–     ¡Es verdad!

¡Es verdad! Me ayudaréis. Gracias.

Es como pasar de un lugar oscuro y fétido a un dilatado prado florido…

Una cosa parecida experimenté el día en que salí libre, al fin libre, tras veinte años de prisión y de trabajo brutal en las minas de Anatolia.

Y me vi – había huido durante una noche borrascosa – en lo alto de un monte, escabroso pero abierto, lleno del sol de la aurora y cubierto de olorosos bosques…

¡Oh, la libertad! ¡Pero ahora es más! ¡Todo en mí se dilata! Ya hacía doce años que no llevaba cadenas.

Y sin embargo el odio, el miedo, la soledad, para mí eran como cadenas… ¡Ahora han caído éstas también!…

Hemos llegado a la casa del anciano que os ha conducido a mí. 

Juan lo llama a gritos:  

¡Eh, hombre! ¡Hombre!

El viejecillo acude.

Y se queda de piedra al ver que el tuerto está limpio, con vestido de viaje y la cara sonriente.

Juan le dice: 

–     Ten, ésta es la llave de mi casa.

Me marcho para siempre. Tú has sido mi benefactor y por ello te estoy agradecido. Me has devuelto la familia.

Haz de lo mío todo lo que quieras… y cuida de mis pollos; no los maltrates.

Todos los sábados viene un romano que compra los huevos… sacarás algún beneficio… Trata bien a mis gallinitas…

Y que Dios te lo pague.

El anciano se ha quedado estupefacto.

Boquiabierto, coge la llave.

Jesús dice:

–     Sí, haz como dice.

Y también Yo te quedaré agradecido. En nombre de Jesús te bendigo. 

El hombre exclama: 

–     ¡El Nazareno!

¡Eres Tú! ¡Misericordia! ¡He hablado con el Señor!

El hombre está tan felíz y lo manifiesta abiertamente, gritando alabanzas.

Y luego grita a los cuatro vientos: 

¡Mujeres! ¡Mujeres! ¡Hombres! ¡El Mesías está aquí, con nosotros!

Y gritando a todo el pueblo:

–    ¡Vengan todos!

¡El Mesías está con nosotros!

Y de todas partes vienen corriendo personas. 

Que gritan:  

–     ¡Tu bendición!

–     ¡Tu bendición! 

Otros:

–    ¡Quédate!

–    ¡Quédate con nosotros!

Y otros:

–    ¿A dónde vas?

–    Al menos dinos a dónde vas.  

Jesús responde: 

–     Voy a Naím.

No puedo quedarme.

–     ¡Te seguimos!

–    ¿Quieres?

–     Venid.

Y paz y bendición para los que se quedan.

Se encaminan hacia el camino principal.  

Lo toman. y avanzan por él.   

Juan de Endor, que camina junto a Jesús, se dobla un poco bajo el peso de su alforja, atrae la curiosidad de Pedro.

El antiguo pescador le pregunta:

–   Pero, ¿Qué llevas ahí que parece tan pesado?

Juan de Endor contesta:

–   Mi ropa y… libros.

Mis amigos, junto con los pollos. No pude separarme de ellos y pesan…

–    ¡Eh! ¡La ciencia pesa!

Y ¿A quién le gusta, he?

–    Me ayudaron a no enloquecer.

–    Debes quererlos mucho.

Qué libros son.

–    De filosofía e historia. Poesía griega y romana.

–    Hermosos, hermosos.

Ciertamente hermosos. Pero, ¿Piensas llevarlos contigo?

–    Algún día lograré separarme de ellos.

Pero al mismo tiempo todo, no se puede. O ¿No es así, Mesías?

Jesús responde:

–    Llámame Maestro.

No se puede. Te buscaré un lugar donde puedas dar refugio a tus amigos, los libros. Te podrán servir para discutir con los paganos acerca de Dios.

–    ¡Oh! ¡Cuán claramente sabes pensar y comprender!

Jesús sonríe.

Y Pedro exclama:

–    ¡Vive Dios!

Señala a Jesús y añade:

–    ¡Él es la misma Sabiduría Encarnada!

Juan de Endor agrega:

–    Es la Bondad.

Créemelo. Y ¿Tú eres culto?

Pedro dice:

–    ¿Yo?

¡Cultísimo! Distingo una alosa de una carpa y ahí termina toda mi cultura. Soy pescador, amigo.

Y Pedro ríe humilde y francamente.

–    Eres honrado.

Es una ciencia que se aprende por sí misma. Y es muy difícil conseguirla. Me agradas.

–    También tú porque eres franco.

Y aún en el excusarte. Yo perdono todo. ayudo a todos. Pero soy enemigo jurado de los falsos e hipócritas. Me dan asco.

–     Tienes razón.

El falso es un criminal.

–     Un criminal.

Lo has dicho. Oye, ¿No tienes desconfianza en prestarme un poco tu alforja?

Puedes estar seguro de que no me escaparé con los libros. Me parece que te pesan mucho.

–    Veinte años de minas lo despedazan a uno.

Pero, ¿Por qué quieres cansarte tú?

–     Porque el Maestro nos ha enseñado a amarnos como hermanos.

Dámela y toma mis harapos. Mi alforja es ligera. No hay historias, ni poesía y la otra cosa que dijiste es Él…

¿Filosofía?…  Él, mi Jesús; nuestro Jesús…

Y siguen conversando mientras avanzan a lo largo del camino que atraviesa la montaña…

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AVISO IMPORTANTE


Enero 23 de 2021

Amadísimos hermanitos en Cristo, estamos pasando una situación verdaderamente apremiante.

Nuestra misión siempre la hemos trabajado con una total confianza y abandono en nuestro ABBA y siempre recurrimos a Él para presentarle nuestras intercesiones y necesidades.

Nuestro peregrinar ahora está lleno de pruebas y hemos tenido varias despedidas hacia el Cielo,  de algunos familiares muy amados y cercanos,

así como también tenemos varios enfermos por la Pandemia y muchos despidos del trabajo…

Porque en nuestro amado México, al igual que a todo el mundo: Satanás nos está flagelando durísimo…

Pero cómo lo que no nos mata nos fortalece; seguimos en el frente de batalla y no nos vamos a dar por vencidos…

Porque cuando Dios está con nosotros, ¿Quién contra nosotros?

Y como nuestra intención NO ES MONETIZAR, porque sería pecado de Simonía y no pensamos caer en esa trampa…

Por eso no ponemos botón de “donar” porque nuestra entrega es de total amor y renuncia. 

Pero las circunstancias nos obligan por esta ÚNICA OCASIÓN a solicitar la Misericordia divina, a través de la caridad que vosotros queráis ejercer en vuestro corazón…

Y esa ayuda que con total libertad hagáis a nuestro ABBA, podréis apoyarnos en la cuenta de Paypal que anexamos abajo…

Será Él Mismo, quién os lo retribuirá como sólo Él sabe hacerlo…

Muchas gracias y que Dios los siga protegiendo y bendiciendo, cómo también lo está haciendo con nosotros.

Que la Preciosíma Sangre de nuestro Señor Jesucristo os cubra ahora y siempre…

El equipo de Crónica de una Traición, que os servirá hasta con su último aliento, porque en cada uno de vosotros está el Dios que amamos y al Cual servimos.

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