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520 El Buen Pastor


520 IMITAR A JESÚS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

432a Con los campesinos de Yocaná, cerca de Sefori.

Los apóstoles comentan…

Bartolomé:

–           ¡Cuánta gente!

Tomás:

–           ¡Han venido todos, incluso los niños!…

Andrés:

–           El Maestro estará contento…

Tadeo exclama:

–            ¡Ah, ahí está el Maestro!

Vamos a acercarnos.

Se unen al Maestro, que camina con dificultad por el prado.

Porque va apretujado entre los muchos que le rodean.

Cuando los apóstoles logran llegar hasta Él.

Jesús pregunta:

–           ¿Judas sigue todavía ausente?

–            Sí, Maestro.

Pero si quieres lo llamamos…

–           No hace falta.

Mi Voz lo alcanza en el lugar donde esté.

Y su conciencia, libre, le habla con su propia voz.

No es necesario añadir vuestras voces…

Para forzar una voluntad.

Venid, sentémonos aquí con estos hermanos nuestros.

Y perdonad si no he podido compartir con vosotros el pan,

en un ágape de amor.

Mientras se acercan al lugar designado,

todos recuerdan al soberbio apóstol rebelde.

Pues es de sobra conocidos su desprecio y su repudio

hacia éstos ínfimos de la sociedad judía: los siervos hebreos.

La SOBERBIA es el principal signo de la posesión demoníaca perfecta y NO PUEDE reverenciar a Dios, porque Satanás lo odia y a sus instrumentos, es lo que les trasmite…

Actitud que se agudizó el año pasado, en la anterior visita

cuando verificaron el castigo, en las tierras de Doras…

Pero ahora comparten el gozo de tener la Presencia del Dios Vivo.

¡Y eso es lo único que importa!

Se sientan en círculo con Jesús en el centro.

Quien quiere alrededor de Él a todos los niños.

Los cuales, se pegan a Él mimosos y con confianza.

Una mujer grita:

–          ¡Bendícelos, Señor!

Que vean lo que nosotros anhelamos ver.

¡La libertad de amarte!

Un anciano gime:

–          Sí.

Nos quitan incluso esa libertad.

No quieren ver grabadas tus palabras en nuestro espíritu.

Ahora nos impiden vernos.

Y te prohíben a Ti venir…

¡Ya no oiremos palabras santas!

Un hombre joven, se lamenta:

–          Abandonados así, nos volveremos pecadores.

Tú nos enseñabas el perdón…

Nos dabas tanto amor, que podíamos soportar la malevolencia del patrón…

Pero ahora…

Jesús dice:

–           No lloréis.

No os dejaré sin mi palabra.

Volveré, mientras pueda…

Varios dicen:

–           No, Maestro y Señor.

–           Él es malo.

–            Y también sus amigos.

–            Podrían dañarte…

Y por causa nuestra.

–            Nosotros hacemos el sacrificio de perderte;

pero no nos des el dolor de decir:

«Por nosotros lo prendieron»».

–           Sí, sálvate, Maestro.

Jesús dice:

–            No temáis.

Se lee en Jeremías (Jeremías 36)

cómo él mismo dijo a su secretario Baruc que escribiera lo que el Señor le dictaba.

Y que fuera a leer el escrito recibido a los que estaban reunidos en la casa del Señor;

leerlo en vez del profeta, que estaba preso y no podía ir.

Así voy a hacer Yo.

Muchos y fieles Baruc tengo entre mis apóstoles y discípulos.

Ellos vendrán a deciros la palabra del Señor…

Y no perecerán vuestras almas.

Y Yo no seré prendido por causa vuestra;

porque el Dios altísimo me ocultará a sus ojos…

Hasta que llegue la hora en que el Rey de Israel deba ser mostrado a las turbas,

para que el mundo entero lo conozca.

Y no temáis tampoco perder las palabras que hay en vosotros.

También en Jeremías se lee que, aun después de que Yoyaquim, rey de Judá

– el cual esperaba destruir las palabras eternas y veraces quemando el rollo –

destruyera el volumen.

El dictado de Dios permaneció,

porque el Señor mandó al profeta:

«Toma otro volumen

y escribe en él todas las cosas que había en el volumen quemado por el rey».

Y Jeremías dio un volumen a Baruc…

Un volumen sin escritura.

Y dictó nuevamente a su secretario las palabras eternas…

Además de otras más como complemento de las primeras,

porque el Señor remedia los estropicios humanos

cuando el remedio es un bien para las almas.

Y no permite que el odio anule lo que es obra de amor.

Ahora bien, aunque a Mí,

comparándome a un volumen lleno de verdades santas, me destruyeran…

¿Creéis que el Señor os dejaría perecer sin la ayuda de otros volúmenes?

En ellos estarán mis palabras y las de mis testigos,

que narrarán lo que Yo no voy a poder decir

por estar prisionero de la Violencia y ser destruido por ella.

¿Y creéis que lo que está impreso en el libro de vuestros corazones,

podrá borrarse por el paso del tiempo sobre las palabras?

No.

El ángel del Señor os las repetirá…

Y las mantendrá frescas en vuestros espíritus deseosos de Sabiduría.

Y no sólo eso, sino que os las explicará…

Y seréis sabios en la palabra de vuestro Maestro.

Vosotros selláis el amor a Mí con el dolor.

¿Puede acaso, perecer lo que resiste incluso la persecución?

No puede perecer.

Yo os lo digo.

El don de Dios no se cancela.

El pecado es lo único que lo anula.

Pero vosotros, ciertamente no queréis pecar…

¿No es verdad, amigos míos?  Muchos contestan:

–            No, Señor.

–            Significaría perderte también en la otra vida.

–           Pero nos harán pecar.

–           Nos ha impuesto que no salgamos ya más de las tierras el Sábado…

–           Y ya no volverá a haber Pascua para nosotros.

Así que pecaremos…

Jesús afirma:

–           No.

No pecaréis vosotros.

Pecará él.

Sólo él.

Él, que hace violencia al derecho de Dios y de los hijos de Dios,

de abrazarse y amarse en dulce coloquio de amor y enseñanza en el día del Señor.

–           Pero él hace reparación con muchos ayunos y dádivas.

Nosotros no podemos…

Porque ya es demasiado poca la comida,

en proporción al esfuerzo que hacemos…

Y no tenemos qué ofrecer…

Somos pobres…

–             Ofrecéis aquello que Dios aprecia:

Vuestro corazón.

Dice Isaías (58, 3 – 7) hablando en nombre de Dios a los falsos penitentes:

«En el día de vuestro ayuno aparece vuestra voluntad y oprimís a vuestros deudores.

Ayunáis para reñir, discutir y perversamente, pelear.

Dejad de ayunar como hasta hoy, para hacer oír en las alturas vuestros clamores.

¿Es éste, acaso, el ayuno que Yo deseo?

¿Que el hombre se limite a afligir durante un día su alma,

y castigue su cuerpo y duerma sobre la ceniza?

¿Vas a llamar a esto ayuno y día grato al Señor?

El ayuno que prefiero es otro.

Rompe las cadenas del pecado, disuelve las obligaciones que abruman;

da libertad a quien está oprimido, quita todo yugo.

Comparte tu pan con quien tiene hambre, acoge a los pobres y a los peregrinos,

viste a los desnudos y no desprecies a tu prójimo»

Pero Yocaná no hace esto.

Vosotros, por el trabajo que le hacéis y que lo hace rico, sois sus acreedores.

Y os trata peor que a deudores morosos.

Alzando la voz para amenazaros y la mano para golpearos.

No es misericordioso con vosotros y os desprecia por ser siervos.

Pero el siervo es tan hombre como el patrón.

Y si tiene el deber de servir,

tiene también el derecho a recibir lo necesario para un hombre;

tanto materialmente como en el espíritu.

No se honra el Sábado, aunque se pase en la sinagoga;

si ese mismo día el que lo practica pone cadenas

y da a sus hermanos áloe como bebida.

Celebrad vuestros sábados razonando entre vosotros acerca del Señor.

Y el Señor estará en medio de vosotros…

Perdonad y el Señor os glorificará.

Yo soy el buen Pastor y tengo piedad de todas las ovejas.

Pero sin duda, amo con especial amor,

a las que han recibido golpes de los pastores ídolos,

para que se alejen de mis caminos.

Para éstas, más que para ninguna otra, he venido.

Porque el Padre mío y vuestro me ha ordenado:

«Apacienta estas ovejas destinadas al matadero,

matadas sin piedad por sus amos, que las han vendido diciendo:

`¡Nos hemos enriquecido!’,

Y de las que no han tenido compasión los pastores».

Pues bien, apacentaré el rebaño destinado al matadero,

¡Oh pobres del rebaño!

Y abandonaré a sus iniquidades a los que os afligen

y afligen al Padre, que en sus hijos sufre.

Extenderé la mano hacia los pequeños de entre los hijos de Dios

y los atraeré hacia Mí para que tengan mi gloria.

Lo promete el Señor por la boca de los profetas

que celebran mi piedad y mi poder como Pastor.

Y os lo prometo Yo directamente a vosotros que me amáis.

Cuidaré de mi Rebaño.

A quienes acusen a las ovejas buenas de enturbiar el agua

y de deteriorar los pastos por venir a Mí, les diré:

«Retiraos.

Vosotros sois los que hacéis que falte el manantial y se agoste el pasto de mis hijos.

Pero Yo los he llevado a otros pastos y los seguiré llevando.

A los pastos que sacian el espíritu.

Os dejaré a vosotros el pasto para vuestros gruesos vientres,

dejaré el manantial amargo que habéis hecho manar vosotros.

Y Yo me iré con éstos, separando las verdaderas de las falsas ovejas de Dios;

ya nada atormentará a mis corderos,

sino que exultarán eternamente en los pastos del Cielo».

¡Perseverad, hijos amados!

Tened todavía un poco de paciencia, de la misma forma que la tengo Yo.

Sed fieles, haciendo lo que os permite el patrón injusto.

Y Dios juzgará que habéis hecho todo y por todo os premiará.

No odiéis, aunque todo se conjure para enseñaros a odiar.

Tened fe en Dios.

Ya visteis que Jonás fue liberado de su padecimiento y Yabés fue conducido al amor.

Como con el anciano y el niño,

lo mismo el Señor hará con vosotros:

en esta vida, parcialmente y en la otra, totalmente.

Lo único que os puedo dar son monedas,

para hacer menos dura vuestra condición material.

Os las doy.

Dáselas, Mateo.

Que se las repartan.

Son muchas, pero en todo caso pocas para vosotros que sois tantos…

Y que estáis tan necesitados.

No tengo otras cosas…

Otras cosas materiales.

Pero tengo mi amor, mi potencia de ser Hijo del Padre,

para pedir para vosotros los infinitos tesoros sobrenaturales

como consuelo de vuestros llantos y luz de vuestras brumas.

¡Oh, triste vida que Dios puede hacer luminosa!

¡Él sólo!

¡Sólo Él!…

Y digo: «Padre, te pido por éstos.

No te pido por los felices y ricos del mundo,

sino por estos que lo único que tienen es a Ti y a Mí.

Haz que asciendan tanto en los caminos del espíritu,

que encuentren toda consolación en nuestro Amor.

Y démonos a ellos con el amor, con todo nuestro amor infinito;

para cubrir de paz, serenidad y coraje sobrenaturales,

sus jornadas, sus ocupaciones,

de forma que, como enajenados del mundo por el amor nuestro,

puedan resistir su calvario…

Y después de la muerte, tenerte a Ti, a Nosotros, beatitud infinita».

Jesús, mientras oraba, ha ido poniéndose de pie

y librándose poco a poco de los niñitos que se habían dormido sobre Él.

En su Oración, su aspecto es majestuoso y dulce.

Ahora baja de nuevo los ojos,

diciendo:

–            Me marcho.

Es la hora, para que podáis volver a vuestras casas a tiempo.

Nos veremos todavía otra vez.

Y traeré a Margziam.

Pero, cuando ya no pueda volver…

Mi Espíritu estará siempre con vosotros.

Y estos apóstoles míos os amarán como Yo os he amado.

Deposite el Señor sobre vosotros su bendición.

Poneos en camino.

Y se inclina a acariciar a los niñitos, que duermen.

Y no opone resistencia a las expresiones de afecto de esta pobre turba,

que no sabe separarse de Él…

Pero al final, cada uno se pone en camino por su parte,

de forma que los dos grupos se separan mientras la Luna desciende.

Ramas encendidas deben dar algo de luz al camino.

Y el humo acre de las ramas aún ligeramente húmedas,

es una buena justificación del brillo de los ojos…

Judas los está esperando apoyado en un tronco.

Jesús lo mira y no dice nada.

Ni siquiera cuando Judas dice:

–          «Estoy mejor».

Siguen caminando durante la noche, como mejor pueden…

Luego con el alba, más ágilmente.

A la vista de un cuadrivio,

Jesús se detiene y dice:

–           Separémonos.

Conmigo vienen Tomás, Simón Zelote y mis hermanos.

Los otros irán al lago, a esperarme.

Judas dice:

–            Gracias, Maestro…

No me atrevía a pedírtelo.

Pero Tú me lo has facilitado.

Estoy verdaderamente cansado.

Sí lo permites, me detengo en Tiberíades…

Santiago de Zebedeo no se puede contener,

agregando:

–            En casa de un amigo.

Judas abre muchísimo los ojos…

Pero se limita a esto.

Jesús se apresura a decir:

–           Me basta con que el sábado vayas a Cafarnaúm con los compañeros.

Venid para que os bese a los que me dejáis.

Y con afecto, besa a los que se marchan,

dando a cada uno de ellos un consejo en voz baja…

Ninguno expresa objeción alguna.

Sólo Pedro, ya cuando se marcha, dice:

–            Ven pronto, Maestro.

los demás apoyan:

–           Sí, ven pronto.

Y Juan termina:

–             Estará muy triste el lago sin Ti.

Jesús los bendice una vez más.

Y promete:

–            ¡Pronto!

Todos se separan y se van…

512 El Hombre-Dios


512 IMITAR A JESÚS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

427 Bartolomé instruye a Áurea Gala.

Son tan precoces las albas estivas…

Que breve es el tiempo que media entre el ocaso de la Luna y la aparición del primer albor.

De manera que, a pesar de que hayan caminado ligeros;

la fase más oscura de la noche los sorprende todavía en las cercanías de Cesárea.

Y tampoco da suficiente luz una rama encendida de un arbusto espinoso.

Es necesario hacer un alto…

Incluso porque la jovencita, menos acostumbrada que ellos a caminar de noche;

tropieza a menudo en las piedras medio sepultadas en la arena, del camino.

Caminan rápido y todavía está oscuro en las cercanías de Cesárea.

Jesús dice:

–            Es mejor detenernos un poco.

La niña no ve y está cansada.

Castañeteando los dientes, mezclando hebreo y latín en un nuevo idioma, para hacerse entender…

La niña responde rápida:

–             No, no.

Si puedo…

Vámonos lejos, lejos, lejos…

Podría venir…

Por aquí pasamos para ir a esa casa.

Jesús trata de tranquilizarla:

–           Iremos detrás de aquellos árboles y nadie nos verá.

No tengas miedo.

Bartolomé, para darle ánimos,

dice:

–             No tengas miedo.

A estas horas, ese romano está debajo de la mesa, borracho como una cuba,

convertido en una sopa de vino…

Pedro agrega:

–             Y estás con nosotros.

¡Todos te queremos!

No permitiremos que te hagan daño.

¡Oh! ¡Somos doce hombres fuertes!…

Pedro, que apenas es un poco más alto que ella.

Él tan corpulento, cuánto grácil y delicada es ella.

Él quemado por el sol y ella blanca como alabastro.

¡Pobre florecita que fue criada para ser solamente estimulante, valiosa, admirada y más preciosa!

Entonces se escucha la voz llena de amor de Juan…

La jovencita, a la última luz de la improvisada antorcha;

Levanta sus maravillosos ojos azul verde como reflejo del mar,

con dos limpios iris aún brillantes por el llanto vertido con el terror de poco antes…

Es recelosa, pero, no obstante, de ellos se fía…

Juan le dice:

–           Eres una hermanita nuestra.

Y los hermanos defienden a sus hermanas.

Y cruza con ellos el arroyo seco que está pasado el camino.

Para entrar en una propiedad que termina allí en un tupido huerto.

Es noche oscura.

Cuando llegan a la arboleda,

se sientan y aguardan.

Los hombres se dormirían gustosos…

Pero a ella cualquier ruido la hace gritar.

Y el galope de un caballo la hace agarrarse convulsa al cuello de Bartolomé;

que quizás por parecer el más anciano, atrae su confianza y confidencia.

Por tanto es imposible dormir.

Bartolomé le dice:

–            No tengas miedo.

Cuando uno está con Jesús, nunca sucede una desgracia.

La niña contesta temblando:

–           ¿Por qué?

Mientras sigue todavía asida al cuello de Bartolomé.

–           Porque Jesús es Dios en la tierra.

Y Dios es más fuerte que los hombres.

–           ¿Dios?

¿Qué cosa es Dios?

Bartolomé exclama:

–         ¡Pobre criatura!

Pero, ¿Cómo te educaron?

¿No te enseñaron nada?…

La niña contesta:

–            Sí.

A conservar blanco el cutis.

brillante la cabellera.

A obedecer a los patrones.

A decir siempre que sí…

Pero yo no podía decir sí al romano…

Era feo y me daba miedo.

¡Todo el día tenía miedo!

En su casa siempre había unos ojos…

Siempre allí…

Cuando en el baño, en los vestidores dónde uno se viste;

en el cubiculum…

Siempre estaban unos ojos…

Y esas manos… ¡Oh!

¡Y si alguien no decía sí, era apaleado!…

Y comienza a llorar.

Jesús dice:

–               No lo serás más.

¡Ya no recibirás más palos!

Ya no está el romano.

Ni están sus manos…

Lo que hay es la paz…

Felipe comenta:

–           ¡Es una crueldad!

Cómo a bestias y peor todavía…

Porque a una bestia le enseñas su oficio.

Y los otros comentan:

             ¡Pero qué horror!

¡Como a animales de valor, no más que como a animales!

Y peor todavía…

Porque un animal sabe al menos que le enseñan a arar.

O a llevar la montura y el bocado porque ésa es su función.

Pero a esta criatura la lanzaron sin saber…

Ella responde:

–            Si hubiese sabido, me hubiera arrojado al mar.

Él decía: ‘Te haré feliz…’

Zelote dice:

–            De hecho te hizo feliz.

De una manera que nunca imaginó.

Feliz en la tierra y feliz en el Cielo.

conocer a Jesús, es la felicidad.

Hay un silencio en el que todos y cada uno,

meditan en las crueldades y los horrores del mundo.

Luego en voz baja, la niña le pregunta a Bartolomé:

–            ¿Me puedes decir que es Dios?

¿Y por qué Él es Dios?…

Después de una pausa agrega:

–            ¿Porque es hermoso y bueno?…

Bartolomé se siente atolondrado.

Se toma de la barba con perplejidad.

Y dice lleno de incertidumbre:

–            Dios…

¿Cómo haré para enseñarte a ti, que no tienes ninguna idea de religión en tu cabeza?

¿Qué estás vacía de toda idea religiosa?

–            ¿Religiosa?

¿Qué es?

Esto provoca otra pregunta todavía más complicada, para el abrumado apóstol:

–           ¿Qué cosa es religión?

Bartolomé decide pedir auxilio:

–           ¡Oh, que esto no me lo esperaba!…

¡Altísima Sabiduría!

¡Me siento como uno que se está ahogando en un gran mar!

¿Cómo me las arreglo ante esta sima?

¿Qué puedo hacer ante el abismo?

Jesús aconseja:

–          Lo que te parece difícil, es muy sencillo Bartolomé.

Es un abismo, sí.

Pero vacío…

Y puedes llenarlo con la Verdad.

Peor es cuando los abismos están llenos de fango, veneno, serpientes.

Habla con la sencillez con que hablarías a un niño pequeño.

Y ella te entenderá mejor, como no lo haría un adulto.

Bartolomé pregunta:

–           ¡Maestro!

¿Pero no podrías hacerlo Tú?

–           Podría.

Pero la niña aceptará más fácilmente las palabras de un semejante suyo:

que las mías que son de Dios.

Y por otra parte es que…

Os encontraréis en lo futuro ante estos abismos y los llenaréis de Mí.

Debéis pues aprender a hacerlo.

–          Es verdad.

Voy a intentarlo.

Lo probaré…

Después de pensarlo un poco, Bartolomé pregunta:

–            Oye niña, ¿Te acuerdas de tu mamá?

Ella sonríe y contesta:

–           Si, señor.

hace siete años que…

Que las flores florecen sin ella.

Pero antes estaba con ella.

–           Está bien.

¿La recuerdas?

¿La amas?

Ella solloza con un:

–          ¡Oh!

Y da un pequeño grito.

El acceso de llanto unido a la exclamación lo dice todo.

–             ¡Pobre criatura!

No llores.

¡Pobre niña!

Escucha:

Oye, el amor que tienes por tu mamita…

–              Y por mi papá y por mis hermanos…  -contesta sollozando.

–             Sí.

Por tu familia…

El amor por tu familia.

Los pensamientos que guardas por ella.

El deseo que tienes de regresar a ella…

–            ¡Nunca más los veré…!

¡Ya nunca…!

–            Pero todo es algo que podría llamarse religión de la familia.

Las religiones, las ideas religiosas son el amor…

El pensamiento, el deseo de ir a donde está aquel o aquellos en quienes creemos;

a quienes amamos y anhelamos;

a quienes deseamos ver…

Ella señalando a Jesús,

pregunta:

–            Si yo creo en ese Dios que está allí.

¿Tendré una religión?…

¡Es muy fácil!

Bartolomé está totalmente desorientado:

–             ¡Bien!

¿Fácil qué cosa?…

¿Tener una religión o creer en ese Dios que está allí?

La niña dice convencida:

–            En ambas cosas…

Porque fácilmente se cree en un Dios Bueno, como el que está allí.

El romano me nombraba muchos y juraba.

Decía:

‘¡Por la diosa Venus!

¡Por el dios Júpiter!

¡Por el dios Cupido!

Han de ser dioses malos, porque él hacía cosas malas cuando los invocaba.

Pedro comenta en voz baja:

–            No es tan tonta la niña.

Ella dice:

–           Pero yo no sé todavía que cosa es Dios.

Veo que es un hombre como tú…

Entonces es un Hombre- Dios.

¿Y cómo se hace para comprenderlo?

¿En qué aspecto es más fuerte que todos?

No tiene ni espada, ni siervos…

Bartolomé suplica:

–           Maestro, ayúdame…

Jesús responde:

–           No, Nathanael.

Enseñas muy bien.

–           Lo dices porque eres bueno.

Busquemos otro modo de seguir adelante.

Se vuelve hacia la niña,

diciendo:

–         Oye niña…

Oye niña, Dios no es hombre…

Él es como una luz, una mirada, un sonido tan grandes, que llenan el cielo y la tierra e iluminan todo.

Y todo lo ve, instruye todo y a todo da órdenes…

Y en todas las cosas manda…

–            ¿También al romano?

Entonces no es un Dios bueno.

¡Tengo miedo!…

Bartolomé se apresura a aclarar:

–            Dios es bueno y da órdenes buenas.

A los hombres les ha prohibido armar guerras, hacer esclavos;

arrebatar a las hijitas de sus madres y espantar a las niñas…

Pero los hombres no siempre escuchan las órdenes de Dios.

Ella dice:

–            Pero tú, sí.

–            Yo sí.

–            Si es más fuerte que todos…

¿Por qué no se hace obedecer?

¿Y Cómo habla, si no es un hombre?

Bartolomé está perdido,

y exclama:

–           ¡Dios…!

¡Oh, Maestro!…

Jesús dice:

–           Sigue.

Sigue, Bartolomé.

Eres un maestro muy competente.

Sabes decir con gran simplicidad pensamientos muy profundos.

¿Y ahora ya no quieres seguir?…

¿Siendo un maestro tan sabio?

¿Y sabiendo decir con tanta sencillez los más altos pensamientos, tienes miedo?

¿No sabes que el Espíritu Santo está en los labios de los que enseñan la Justicia?

Bartolomé argumenta:

–            Parece fácil cuando se te escucha.

Todas tus palabras están aquí dentro.

¡Pero sacarlas afuera cuando se debe hacer lo que Tú haces!…

¡Oh, miseria de nosotros los humanos!

¡Maestros inútiles!

¡Ay, míseros de nosotros, pobres hombres!

¡Qué maestros de tres al cuarto!

–            El reconocer la nulidad propia,

predispone el corazón a la enseñanza del Espíritu Paráclito…

–          Está bien, Maestro…

De todas formas vamos a intentar seguir adelante.

Se vuelve hacia ella, mirándola con ternura,

diciendo:

–           Escucha, niña…

Dios es fuerte, fortísimo.

Más que César.

Más que todos los hombres juntos con sus ejércitos y sus máquinas de guerra…

Pero no es un amo despiadado que haga decir siempre que sí…

so pena del azote para quien no lo dice.

Dios es un Padre.

¿Te quería mucho tu padre?

–            ¡Mucho!

Me puso por nombre Áurea Gala, porque el oro es precioso.

Y Galia es mi patria.

Y decía que me amaba más que el oro que en otro tiempo tuvo…

Y más que a la patria…

–          ¿Te azotó tu padre?

Áurea Gala contesta:

–           No. Jamás.

Cuando no me portaba bien, me decía:

‘Pobrecita hija mía’ y lloraba.

–            ¡Eso!

Así hace Dios.

Es Padre, nos ama y llora si somos malos.

 

Pero no nos obliga a obedecerle.

Pero el que decide ser malo, un día será castigado con suplicios horrendos…

–           ¡Oh, qué bueno!

El dueño que me arrebató de mi madre y me llevó a la isla.

Y también el romano, irán a los suplicios.

¿Y lo veré?…

Esto es demasiado para el pobre Nathanael,

que contesta:

–           Tú verás de cerca a Dios, si crees en Él y eres buena.

Y para ser buena no debes odiar ni siquiera al romano.

–           ¿No?

¿Y cómo lograrlo?

–           Rogando por él.

–           ¿Qué es rogar?

–           Hablar con Dios diciéndole que lo amamos.

Y pidiéndole lo que necesitamos…

 Ella llevada por su coraje, con salvaje vehemencia,

exclama apasionadamente:

–          Pero, ¡Yo quiero que mis dueños tengan una mala muerte!

Bartolomé objeta:

–          No.

No debes…

Jesús no te amará si dices así.

–           ¿Por qué?

–           Porque no se debe odiar a quien nos ha hecho el mal.

–            Pero no puedo amarlos.

–           Pero puedes por ahora no pensar en ellos.

Trata de olvidarlos…

Luego, cuando Dios te instruya más…

Rogarás por ellos.

Decíamos pues, que Dios es Poderoso, pero deja a sus hijos en libertad de obrar.

Ella pregunta:

–           ¿Yo soy hija de Dios?…

¿Tengo dos padres?…

¿Cuántos hijos tiene Dios?…

Bartolomé contesta:

–          Todos los hombres son hijos de Dios, porque han sido hechos por Él.

¿Ves las estrellas allá arriba?

Las ha hecho Él.

¿Y estos árboles?

Los ha hecho Él.

¿Y la tierra donde estamos sentados?

¿Y aquel pájaro que canta?

¿Y el mar con su grandeza?

¡TODO!

¡Y a todos los hombres!

Y los hombres son más hijos que todo, porque son hijos por una cosa que se llama alma…

Y que es luz, sonido, mirada, no grandes como su luz, su sonido, su mirada, que llenan el Cielo y la Tierra;

pero hermosos de todas formas.

Y que no mueren nunca, como tampoco muere Él.

Porque es una partecita de Dios que es inmortal como Él.

            ¿Dónde está el alma?

¿Tengo yo también un alma?

–             Sí.

En tu corazón.

Y es la que te ha hecho comprender que el romano era malo.

Y ciertamente no te hará desear ser como él.

¿No es verdad?

–            Sí…

Áurea reflexiona después del titubeante si…

Y luego con firmeza dice:

–             ¡Sí!

Era como una voz de dentro y una necesidad de que alguien me auxiliara…

Y con otra voz aquí dentro – pero esta era mía – llamaba a mi mamá…

Porque no sabía que existía Dios, que existía Jesús…

Si lo hubiera sabido, le habría llamado a Él con aquella voz que tenía aquí dentro.

Jesús interviene:

–              Has comprendido bien, niña.

Y crecerás en la Luz.

Yo te lo aseguro.

Cree en el Dios verdadero.

Escucha la voz de tu alma alma en la que no existe todavía una sabiduría adquirida,

pero en la que tampoco existe mala voluntad…

Y encontrarás en Dios a un Padre.

Y en la muerte, que es un paso de la tierra al Cielo para los que creen en el Dios Verdadero y son buenos…

Encontrarás un lugar en el Cielo cerca de tu Señor.

Como ella se ha arrodillado delante de Él,

Jesús le pone su mano sobre la cabeza.

Áurea dice:

–           Cerca de Ti.

¡Qué bien se siente uno al estar contigo!

No te separes de mí, Jesús…

Ahora sé Quién Eres y por eso me arrodillo.

En Cesárea tuve miedo de hacerlo…

Me parecías sólo un hombre…

Ahora sé que Eres Dios escondido en un Hombre.

Y que para mí eres un Padre y un Protector…

Jesús agrega:

–           Y Salvador, Áurea Gala.

Ella exclama jubilosa:

–           Y Salvador.

¡Sí! Me salvaste…

–             Y te salvaré más.

Tendrás un nombre nuevo…

–            ¿Me quitas el nombre que me dio mi padre?

El amo en la isla me llamaba Aurea Quintilia, porque nos dividían por color y por número.

Porque yo era la quinta rubia así…

Pero ¿Por qué no me dejas el nombre que me dio mi padre?

–            No te lo quito.

Llevarás, añadido a tu antiguo nombre, el nombre nuevo, eterno».

Isaías 43 2 : «Yo nunca te dejaré»

–            ¿Cuál?

–             Cristiana.

Porque Cristo te salvó…

Comienza a alborear.

Vámonos.

Jesús se vuelve hacia su más anciano apóstol,

y agrega:

–           ¿Ves Nathanael qué es fácil hablar de Dios a los abismos vacíos?

Hablaste muy bien.

La niña se instruirá fácilmente.

Se formará rápidamente en la Verdad.

Y ordena con suavidad:

–           Sigue adelante con mis hermanos Áurea…

La niña obedece pero con temor.

Preferiría quedarse con Bartolomé, el cual comprende todo…

El apóstol le dice:

–           Voy enseguida.

Vete…

Obedece.

511 El Óbolo de Claudia


511 IMITAR A JESÚS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

426c La joven esclava salvada.

Pasan las horas.

Jesús está sentado sobre un malacate con las manos sobre las rodillas.

Ora…

Piensa… Espera.

No quita los ojos del camino que viene de la ciudad.

La luna está casi perpendicular y el mar retumba con mayor fuerza…

La Luna se eleva, levantándose cada vez más sobre el cielo estrellado.

Está perpendicular sobre la cabeza.

El mar retumba más fuerte y el agua del canal tiene un olor más intenso.

El cono de 1a Luna que hunde sus rayos en el mar se hace más amplio…

abrazando toda la balsa de agua que está frente a Jesús.

Y se pierde cada vez más lejano:

Senda de luz que desde los confines del mundo parece venir hacia Jesús, remontando el canal;

terminando en la balsa de la dársena.

La luna está casi perpendicular y el mar retumba con mayor fuerza…

Por el canal viene una barca pequeña, blanca.

Que avanza deslizándose, sin dejar huellas de su trayectoria,

en el camino de agua que se reconstruye después de su paso…

Remonta el canal…

Ya está en la dársena silenciosa.

Aborda.

Se detiene.

Y tres sombras bajan.

Son tres personas.

Un hombre musculoso, una mujer y una figura delicada, entre los dos.

Se dirigen hacia la casa del cordelero…

Jesús se levanta, para salir a su encuentro…

Va hacia ellos y los saluda diciendo:

–           La paz a vosotros.

¿A quién buscáis?

–            A ti, Maestro.

Responde Lidia mientras se descubre y se aproxima sola.

Y continúa:

«Claudia te ha servido.

Porque era una cosa justa y completamente moral.

señalándola, agrega:

Ésa es la muchacha.

Valeria, dentro de un poco la tomará como niñera de la pequeña Fausta.

Pero entretanto, te ruega que la tengas Tú.

Es más, que se la confíes a tu Madre o a la madre de tus parientes.

Es completamente pagana.

Bueno, peor que pagana.

El amo con quien ha crecido, la alimentó pero no le enseñó nada en absoluto…

Nunca ha oído hablar del Olimpo, ni de ninguna otra cosa.

Lo único que tiene es un terror loco hacia los hombres,

porque desde hace algunas horas, la vida se le ha descubierto totalmente….

Como es:

¡Cruel!

Y en toda su brutalidad,

Jesús pregunta:

–            ¡Oh!

¡Triste palabra!

¿Demasiado tarde?

–          No, materialmente…

Él la preparaba poco a poco…

Digamos… para su sacrilegio.

Y la niña está espantadísima…

Claudia ha tenido que dejarla durante toda la cena junto a ese sátiro.

Y sólo pudo intervenir cuando el vino le había nublado el pensamiento.

Haciéndole menos capáz para reflexionar.

No es necesario que te diga que si el hombre es un lúbrico en sus amores sensuales;

lo es mucho más cuando está ebrio…

Pero es solo entonces que se convierte en un juguete con el que se puede hacer lo que se quiera…

Y arrebatarle su tesoro.

Claudia se aprovechó del momento.

Ennio quiere regresar a Italia…

De la que salió porque perdió el favor imperial…

Claudia le prometió el regreso a cambio de la muchacha.

Reservándose para entrar en acción cuando el vino le hubiera hecho menos capaz de reflexionar.

Enio mordió el anzuelo…

Mañana cuando ya no esté borracho,

protestará, la buscará, hará su comedia…

Pero también mañana, Claudia buscará el modo de hacerlo callar.

Jesús protesta:

–             ¿Con la violencia?

¡No!…

Lidia sonríe con travesura:

–       ¡Oh, Maestro!

¡La violencia empleada con buen fin!…

Pero no será necesaria…

También Claudia se encargó de ‘ayudar’ a su marido a pasarla muy bien en la cena…

Y ahora Pilatos, que está inconsciente por el vino que digirió esta noche…

Está firmando y sellando la orden de que Ennio se presente en Roma…

¡Ah, ah!…

Y partirá en el primer buque militar.

Lo único, es que lo que hará Pilatos mañana…

Cuando esté todavía atontado por el mucho vino bebido esta noche…

Pero mientras tanto, es mejor que la niña esté en otra parte por precaución…

De que en cuanto a Pilatos se le pase la borrachera, se arrepienta y revoque la orden…

¡Es muy endeble!

Y es mejor así…

Para que la niña olvide las asquerosidades humanas…

¡Oh, Maestro!

Por este motivo fuimos a la cena.

Pero, ¡Es inconcebible!

¿Cómo hemos podido ir a esas orgías hasta hace pocos meses, sin sentir náusea?

Hemos huido de allí en cuanto hemos obtenido lo que queríamos…

Allá están todavía nuestros maridos, imitando a los brutos.

¡Qué náuseas, Maestro!

Y debemos recibirlos después…

Después que…

–          Sed austeras y pacientes.

Con vuestro ejemplo haréis mejores a vuestros maridos.

–          ¡Oh, no es posible!

Tú no sabes…

Livia llora más de coraje, que de dolor.

Jesús suspira.

Y ella continúa:

–          Claudia te manda decir que lo hizo para mostrarte:

que te venera como al Único Hombre que merece veneración…

Y quiere que te diga que te agradece,

haberle enseñado lo que vale un alma y lo que vale la pureza.

Lo recordará siempre…

¿Quieres ver a la niña?

–           Sí.

El hombre…

¿Quién es?

–           El númida mudo que emplea Claudia, para sus servicios secretos.

No hay ningún peligro de delación…

No tiene lengua.

Jesús repite:

–           ¡Infeliz!

Pero tampoco ahora hace el milagro.

Lidia va por la muchacha.

La toma de la mano y casi la lleva a rastras frente a Jesús.

Livia dice:

–           Sabe unas cuantas palabras latinas.

Judías casi ninguna.

Es una salvajita…

Que la eligieron únicamente como objeto de placer.

Y dirigiéndose a la niña:

–            No tengas miedo.

Dale las gracias.

Él fue el que te salvó.

Arrodíllate y bésale los pies.

¡Ea! ¡Hazlo!

¡No tengas miedo!

¡Ánimo!

¡No tiembles!…

¡Perdona, Maestro!

Está aterrorizada por las últimas caricias de Enio ya borracho…

Poniéndole su mano en la cabeza cubierta, con mucha compasión;

Jesús dice:

–           ¡Pobre niña!

¡No tengas miedo!

Te llevaré a casa de mi Madre, por algún tiempo.

A la casa de Mamá,

¿Entiendes?

Y tendrás muchos hermanos buenos…

¡No tengas miedo, hijita mía!

¿Qué hay en la voz de Jesús y en la mirada?

Todo: paz, seguridad, pureza, amor santo.

La jovencita lo siente;

echa hacia atrás el manto y la capucha para mirarlo mejor.

Y aparece el rostro delicado de una niña que se asoma a la pubertad…

Con la figurita grácil casi todavía niña;

de gracias inmaduras e inocente aspecto, aparece envuelta en una túnica demasiado ancha para ella…

Sus modales son sencillos.

Su expresión está llena de inocencia.

El vestido que trae le queda muy largo…

Livia dice:

–            Estaba casi desnuda.

Le puse lo primero que encontré.

Lleva otros en la alforja…

Jesús la mira con piedad e infinita compasión,

exclamando:

–          ¡Es una niña!

Y tomándola de la mano le pregunta- ¿Quieres venir conmigo?

La niña contesta:

–          Sí, patrón.

Jesús rebate:

–            No.

No soy tu patrón.

Dime Maestro.

Ella dice con más confianza:

–           Sí, Maestro.

Y una tímida sonrisa substituye a la expresión de miedo,

que había antes en el pálido rostro.

Jesús pregunta:

–          ¿Eres capaz de caminar mucho?

–           Sí, Maestro.

–           Después descansarás en la casa de mi Madre.

En mi casa, hasta que llegue Fausta.

Una niña a la que vas a querer mucho.

¿Quieres?…

–         ¡Oh, sí!

Y ella confiada, levanta sus bellísimos ojos verde-azul,

que lo miran asombrados bajo sus cejas color oro.

Y con un destello de terror que vuelve a turbar su mirada.

Se atreve a preguntar:

–          ¿Ya nunca más aquel amo?

Jesús repite su promesa:

–             ¡Jamás!

Poniendo su mano en su cabellera rubia.

Livia se despide:

–             Adiós, Maestro.

Dentro de pocos días iremos al lago.

Tal vez podremos verte una vez más.

Ruega por tus pobres discípulas romanas.

Jesús repica:

–          Gracias…

Vete en paz.

Adiós, Lidia.

Di a Claudia que éstas son las conquistas que pretendo y no otras.

Se vuelve  hacia la niña,

agregando:

–          Ven niña.

Partiremos inmediatamente.

La barca se aleja por el canal de la dársena…

Jesús llevándola de la mano, se asoma a la puerta del almacén llamando a los apóstoles.

Mientras 1a barca, sin dejar huella de su venida, regresa al mar abierto…

Jesús y los apóstoles, con la niña en medio del grupo, cubierta con un manto…

Van, por las callejuelas periféricas y desérticas,

hacia los campos…

509 El Profeta Romano


509 IMITAR A JESÚS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

426a Con las romanas en Cesárea Marítima. Profecía en Virgilio.

Jesús tiene un aspecto serio y pálido…

Y dice con una sonrisa de disculpa:

–           No es un lugar apropiado para ustedes.

Pero no dispongo de otra cosa.

Ellas se quitan el velo y el manto.

Y se descubre que son Plautina, Livia, Valeria y la liberta Álbula Domitila.

Plautina responde:

–             No vemos al lugar, sino Al que en estos momentos está en él.

Jesús sonríe y dice:

–             Por esto entiendo que pese a todo;

todavía me consideráis como a un hombre justo.

–             Y más que eso.

Y Claudia nos manda precisamente porque cree que eres más que un justo.

Y no toma en cuenta lo que se oyó…

Pero quiere tu confirmación al respecto, para tributarte doble veneración.

Y hacerlo con mayor razón.

–              O para no hacerlo si me muestro a ella como quisieron pintarme.

Pero decidle que  no hay nada de eso.

No tengo miras humanas.

Mi Ministerio y mi deseo es tan solo sobrenatural.

Y nada más.

Quiero, sí; reunir a todos los hombres en un solo reino.

¿A qué hombres?

¿A los que están hechos de carne y sangre?

¡No!

Eso lo dejo, materia frágil, cosa corruptible…

A las monarquías que pasan;

a los reinos que se tambalean.

Quiero reunir bajo mi único cetro, sólo los corazones de los hombres;

espíritus inmortales en un reino inmortal.

Cualquier otra versión la rechazo como contraria a mi Voluntad.

Quienquiera que sea que la haya dado.

Y os ruego que creáis y que digáis a quien os envía;

que la Verdad tiene solamente una palabra…

–           Tu apóstol habló con mucha seguridad.

–           Es un muchacho exaltado…

Y como a tal hay que escucharlo.

Plautina dice enojada:

–            ¡Pero te hace daño. !

¡Repréndelo!

¡Despídelo!

La negativa para rechazar el MUNDO es la señal más preocupante, de la posesión demoníaca perfecta…

Regáñalo…

Arrójalo de Ti…

–           ¿Entonces dónde estaría mi misericordia?

Él lo hace llevado de un amor equivocado.

¿No debo acaso compadecerlo?

¿Y qué cambiará si lo arrojo de Mí?

Se haría doble mal a sí mismo y me haría doble mal a Mí.

–             ¡Entonces para ti es como una bola atada al pie!…

Como una zancadilla constante…

–             Es para Mí un infeliz a quién tengo que redimir…

Plautina cae de rodillas con los brazos extendidos,

diciendo:

–             ¡Ah!

¡Maestro más grande que cualquier otro!

¡Qué fácil es tenerte por Santo, cuando se siente tu corazón en tus palabras!

¡Qué fácil es amarte y seguirte,

debido a esta caridad tuya, que es mayor que tu inteligencia!

Jesús objeta:

–            No mayor.

Sino que es más asequible y comprensible a vosotros…

Que tenéis vuestro intelecto estorbado por demasiados errores…

Y no tenéis la generosidad de despojarlo de todo…

Para acoger la Verdad.

Livia dice:

–           Tenéis razón.

Eres tan adivino como sabio.

–            La sabiduría, porque es una forma de santidad…

Da siempre luminosidad de juicio…

Ya sobre hechos pasados o presentes, ya sobre premoniciones…

Bien se trate de cosas.

O bien de la advertencia previa a hechos futuros.

–             Por esto vuestros profetas…

–             Eran unos santos.

Dios se comunicaba a ellos con una gran plenitud.

–             ¿Eran santos porque eran de Israel?

–              Por eso y porque fueron justos en sus acciones.

Pues no todo Israel es y ha sido santo, pese a ser Israel.

No es el pertenecer por casualidad a un pueblo o a una religión,

lo que puede hacer santos a los hombres.

Estas dos cosas pueden ayudar grandemente a serlo.

Pero no son el factor absoluto de la santidad.

–             ¿Cuál es ese factor?

–             La voluntad del hombre.

La voluntad que hace que las acciones del hombre sean santas, si es buena.

Perversas, si es mala.

–             Entonces entre nosotros puede ser que haya justos.

–             Así es.

Y no cabe duda de que entre vuestro antepasados hubo justos.

Y los hay entre los que viven actualmente.

Porque sería muy horrible que todo el mundo pagano, perteneciese a los demonios.

Quienes de entre vosotros se sienten atraídos hacia el Bien y la Verdad.

Sienten repugnancia hacia el vicio y la degradación que produce…

Y huyen de él y de las malas acciones que envilecen al hombre.

Creedme que estáis ya en el sendero de la justicia.

–            Entonces Claudia…

–            Sí.

Y vosotras también…

Perseverad.

–             Pero…

¿Si muriéramos antes de convertirnos a Tí?

¿Para qué serviría el haber sido virtuosas?

–             Dios es justo en el juzgar.

Pero, ¿Por qué aplazar el ingreso al Reino?

¿Por qué debéis dar la espalda al Dios Verdadero?

Las tres bajan la cabeza.

Sigue un silencio…

Y luego hacen la confesión que dará la clave de la crueldad romana…

Y su resistencia al cristianismo:

–            Porque nos parece que al hacerlo, traicionaríamos a la patria. 

–           Al revés.

La serviríais.

Pues la haríais moral y espiritualmente más grande.

Porque tendría la FUERZA, con la posesión y protección de Dios;

además de su ejército y sus riquezas.

Roma la Urbe del Mundo;

la Urbe de la Religión Universal…

Pensadlo…

Un silencio.

Luego Livia, encendida como una llama,

dice:

–           Maestro, hace tiempo te buscábamos a Tí, aun en los escritos de nuestro Virgilio.

Porque para nosotros tienen más valor las…

Profecías de los completamente vírgenes respecto a la fe de Israel,

que las de vuestros profetas…

En los cuales podemos ver la sugestión de creencias milenarias…

Y hemos discutido de ello…

Comparando las diversas personas que en todo tiempo, nación y religión, te han presentido.

Pero ninguno te sintió con tanta exactitud como nuestro Virgilio…

porque nadie mejor que él te presagió…

¡Cuánto hablamos aquel día con Diomedes el liberto griego…

astrólogo a quién quiere mucho Claudia!

El sostuvo que esto sucedió porque los tiempos eran más cercanos.

Y los astros lo decían con sus conjunciones…

Pero no nos convenció, porque…

En más de cincuenta años ningún otro sabio de todo el mundo ha hablado de Ti por noticia de los astros…

A pesar de estar más próximos aún a tu manifestación actual.

Para apoyar su tesis adujo el hecho de los tres Sabios de los tres países de Oriente,

que vinieron a adorarte cuando eras un infante.

Y con ello provocaron la matanza de la que la misma Roma se horrorizó;

pues cuando se supo, Augusto dijo:

Que Herodes era un cerdo sediento de sangre…’

Claudia exclamó: “

¡Hace falta el Maestro!

Nos diría la verdad.

Y el destino de nuestro más grande poeta…

Querrías decirnos para Claudia…

Algo que nos muestre que no estás irritado contra ella.

–             He comprendido su reacción de romana.

Y no le guardo ningún rencor.

Decidle que esté tranquila.

Y escuchad:

Virgilio no fue grande solo como poeta.

¿No es así?

–             ¡Oh, no!

También lo fue como hombre.

En medio de una sociedad que estaba corrompida y viciada…

Fue un faro de pureza espiritual.

Nadie lo vio lujurioso, ni amante de orgías, ni de costumbres licenciosas.

Sus escritos son castos y mucho más casto fue su corazón.

Tanto es así que en los lugares donde vivió, se le llamó ‘La doncella’,

para vergüenza de los viciosos y veneración de los buenos.

–            ¿Y en el alma pura de un hombre casto, no habrá podido reflejarse Dios…

aun cuando ese hombre fuese pagano?

La Virtud Perfecta, ¿No habrá amado al virtuoso?

Y si se le concedió amar y ver la Verdad debido a la belleza pura de su corazón…

¿No podrá haber tenido un fulgor de profecía?

¿De una profecía que no es más que la Verdad que se descubre…

a quién merece conocerla como premio e incentivo para una virtud mayor?

–             ¡Entonces profetizó de Ti!

–              Su inteligencia prendida en la pureza y en el genio;

logró ascender y conocer una página que se refiere a Mí.

Y puede llamársele al poeta pagano y justo…

Un hombre dotado de espíritu profético y anterior a Mí, por premio de sus virtudes.

Valeria y Plautina exclaman,

preguntando:

–           ¡Oh, nuestro Virgilio!

–          ¿Y tendrá algún premio?

–           Ya lo dije.

Dios es justo.

Pero vosotras no imitéis al poeta, deteniéndoos hasta donde él llegó.

Avanzad…

Porque la Verdad, no se os ha mostrado por intuición y en parte;

sino completa…

Y os ha hablado.

Plautina sin dar respuesta,

dice:

–           Gracias, Maestro.

Nos retiramos.

Claudia nos dijo que te preguntásemos si te puede ser útil en asuntos morales.

–            Y os mandó que me preguntaseis si soy un usurpador…

–            ¡Oh, Maestro!

¿Cómo lo sabes?

–            ¡Soy más que Virgilio y que los profetas!…

–            ¡Es verdad!

¡Todo es verdad!

¿Podemos servirte?

P La Potencia del Amor 1


No tendrás dioses ajenos delante de Mí… Éxodo 20, 3

Enero 09 de 2022

Habla el Espíritu Santo:

Dios es Amor.

Cuando creó al hombre,

lo creó a SU Imagen y Semejanza.

Y por eso la vida del hombre, gira alrededor del Amor.

Como templo viviente,

el alma fue creada para contener a Dios:

El Amor en el alma viva,

para palpitar necesita de un corazón.

Y ese corazón,

es como un pebetero que arde y perfuma.

Y Dios le puso como una necesidad vital:

LA CAPACIDAD DE AMAR

El espíritu es la linfa vital del alma, cuya esencia es el Amor.

Y en el altar del espíritu,

Dios preparó la plenitud de la vida y de la unión con la Gracia.

La habitación de Dios, Espíritu de Amor,

hubiera sido perfecta, si el hombre NO hubiese pecado.

El espíritu vivo también tiene un corazón palpitante…

Y fue creado como un altar:

Con la necesidad de Adoración.

Es el pebetero donde arde el Fuego del Amor.

Porque verdaderamente Dios había puesto en el hombre,

solo una necesidad:

La del AMOR. 

Amor de hijos al Padre.

Amor de súbditos al Rey.

Amor de creaturas al Creador.

Y si no se hubiese corroído con el ácido de la culpa

las raíces del Amor,

éste hubiera crecido poderoso en nosotros,

sin requerir ningún esfuerzo.

No fatiga, sino una alegría; 

una necesidad que alivia al igual que la respiración.

Porque el Amor había sido destinado

a que fuese la respiración del espíritu.

La sangre del espíritu.

EL AMOR ES MAS FUERTE QUE LA MUERTE

Es una fuerza absoluta como el bien, la obediencia, la esperanza y la Fe.

El Amor es un aguijón amargo.

Hambre y nostalgia de estar con el Amado.

Y amar con todas las fuerzas es ya un martirio…

Porque tortura cada vez más la separación.

El Amor es una Fuerza Sobrenatural.

La clave de los afectos humanos está

en que los hombres buscan amarse a sí mismos en las creaturas…

Y DEBEN BEBER

LA AMARGURA QUE LLENA

PERO NO SACIA

Porque el verdadero Amor, es totalmente sobrenatural…

Y solamente Dios puede darlo.

El Verdadero Amor,

tiene varias manifestaciones y potencias:

El Amor de Primera Fuerza, es el que se da a Dios.

El Amor de Segunda Fuerza, es el paterno o el materno.

El Amor de Tercera Fuerza, es el que se siente por el cónyuge.

El Amor de Cuarta Fuerza, es el que se siente por los padres.

El Amor de Quinta Fuerza, es el amor hacia nosotros mismos.

El Amor de Sexta Fuerza, es el amor hacia el prójimo.

El Amor de Séptima Fuerza, es el amor por las creaturas;

el trabajo, el desarrollo de la vocación, etc.

CUANDO SE AMAN TODAS LAS COSAS

A TRAVÉS DE DIOS,

SE CONOCE LA TREMENDA FUERZA

QUE ES EL AUTÉNTICO Y VERDADERO AMOR,

PORQUE ES 

EL ALIMENTO DE LA VIDA.

Jesús dio a los hombres un Mandamiento Nuevo,

SÍNTESIS DE TODA LA LEY

Y en él dio a la Humanidad, la llave de la felicidad.

La práctica de este Mandamiento

es la que transformará la Tierra en antecámara del Paraíso,

porque en el Paraíso está el triunfo del Amor.

Dios es el Amor y en Él viven todas las almas.

La perfección de la vida en la Tierra,

«Amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas, con todo tu ser y SOBRE TODAS LAS COSAS… Y a tu prójimo, como a tí mismo…»

es dada por el grado de intensidad con el que las almas lo aman a Él.

Y con Él aman a los hermanos.

Tanto y más perfecto y santo se es, cuanto más se ama así.

En el Amor Verdadero en el Amor a través de Jesús,

está la verdadera razón de la vida y el auténtico gozo de la vida.

EL AMOR ES ENTREGA

El hombre que no tiene amor, se corrompe y corrompe a otros.

Todas las desventuras de la Tierra,

proceden de la falta de Amor.

Adán y Eva no tuvieron Amor para Dios y por eso desobedecieron.

Y trajeron la enfermedad y la muerte;

el Dolor y el sufrimiento.

El Amor de Dios hace amigo a Dios y enseña a amar.

Quién no ama a Dios que es Perfecto y Bueno,

El amor de Dios nos restaura y nuestro corazón aprende a amar con heroismo, practicando el PERDÓN…

ciertamente no puede amar a su prójimo,

que está lleno de defectos.

Todo el Bien lo hace el Amor.

El Amor que nos hace buenos para con los demás

y aceptables a los ojos de Dios.

El Amor sublima las buenas cualidades del hombre

y las convierte en virtudes sobrenaturales.

Es así como el alma se hace virtuosa.

Quién es virtuoso, es santo

y quién es santo, posee el Cielo.

Por eso no es la sabiduría ni el temor,

los que abren el camino de la perfección, sino el Amor.

El Amor fortifica el espíritu y es la esencia de la vida.

El deseo de no afligir a Dios,

aleja del Mal, más que el temor de un castigo.

1Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. 2Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. 1 Corintios 13

Del amor nace la compasión y se ama al prójimo, porque viene de Dios.

Por esto el Amor es la salvación y la santificación del hombre.

En el Amor se encuentra la fuerza para conservar la santidad.

PORQUE EN EL AMOR

ESTÁ LA FUERZA PARA PERDONAR 

Y EL HEROÍSMO DE TODAS LAS VIRTUDES.

EL SECRETO DEL AMOR,

ES LA BONDAD.

Porque el que ama es bueno.

Ama sin pensar en razones para hacerlo.

La Obediencia para Dios es Amor.

EL QUE AMA SE DA.

Jesús Santísimo: penetra y posee todo mi ser tan completamente, que mi vida entera sea un resplandor de la tuya…

Y SE ENTREGA A  AMAR,

FUNDIÉNDOSE EN DIOS

El que ama, pierde todas las dimensiones.

La materia es nada.

El dolor es nada.

El tiempo, nada.

El pecado mismo se anula,

porque para ello existe el Perdón.

Amar sin límites como lo hacen los niños:

simplemente amar,

porque solo el amor existe.

El que aprende a amar lo que Dios ama y como Él lo ama,

alcanza la perfección.

El que llega a tener una chispita de amor por el Altísimo

y realiza sus acciones bajo Mi Guía,

siendo dócil a mis santas inspiraciones

como Espíritu Santo, NO PECA.

El Amor hace cumplir los preceptos del Decálogo,

porque no se miente al prójimo.

Y COMO NO SE QUIERE HERIR AL AMADO:

DIOS

Se observa una conducta de justicia:

Y se es hijo amoroso, esposo fiel, no se estafa en el comercio,

no se es falso, ni violento.

No se exige nada con crueldad y se es sincero en todas las acciones.

La Fuerza del Amor Verdadero hace del hombre un ángel

y destruye la animalidad de los instintos, al aprender la Ley del Amor:

Dios es Amor.

Y PARA AMARLO,

HAY QUE AMAR TODO

3. Aunque repartiera todos mis bienes, y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo caridad, nada me aprovecha, 1 de Corintios 13

A TRAVÉS DE ÉL

Es así como se aprende a amar sin condiciones.

El Amor aplaca a los violentos y destruye los ídolos.

Nada se resiste al Amor;

porque es una Fuerza muy poderosa y un arma que desarma.

Solo el Demonio que es el Odio Perfecto;

es el único que resiste al Amor.

Él y los que se han vendido al Odio de manera voluntaria,

lo rechazan y se resisten.

Están sin amor y viven sin él,

con una vida sombría, desesperada, árida.

Sin una sonrisa nunca, sin un rayo de luz.

SE DEJAN ENVOLVER

POR EL ORGULLO, EL RENCOR,

Ningún bien humano por necesario que sea, puede colmar el VACÏO que deja la falta de Dios.

LA DESESPERACIÓN,

LA ENVIDIA, LOS CELOS,

LA DUREZA DE CORAZÓN,

LA MÁS GRANDE AMARGURA

Y LA MÁS ATERRADORA SOLEDAD.

Porque el Amor es el más profundo sentimiento misterioso,

que tiene su fuente en Dios

Y COMO FLECHA LANZADA POR EL ARCO

Se dirige hacia las almas.

Que pueden aceptarlo o rechazarlo.

El alma muere por la falta del Amor Perfecto.

Cuando se une la inteligencia con el Amor,

se encuentra la Verdad

y se miran las cosas con ojos buenos,

porque VALE MÁS LA BONDAD

QUE LA SABIDURÍA

Quién ama, descubre la huella de Dios en todas las cosas,

Y TODO LO AMA EN DIOS

La Oración es Amor.

A través de la Oración se pide y se obtiene el Amor para Amar.

EL QUE SE ABANDONA AL AMOR

Y PERMITE QUE SE CONVIERTA

EN UN INCENDIO DEVORADOR

QUE ELEVA EL ALMA HACIA DIOS

Y QUE TODO LO QUE TOCA

LO LLENA DE ÉL,

ES ENTONCES CUANDO SE AMA DE VERDAD.

381 PARA LOS EXORCISTAS


381 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Están ahora nuevamente en la casa de Nazaret.

Esparcidos en el rellano de los olivos, en espera de separarse para ir a descansar.

Ya ha oscurecido y la luna se levanta tarde, así que han encendido una pequeña

hoguera para aclarar la noche;

Una noche tibia, «demasiado incluso» como sentencian los pescadores previendo

próximas lluvias.

Y es bonito estar allí, todos unidos:

las mujeres en el huerto florecido, alrededor de María;

los hombres aquí arriba.

Y en el borde del rellano, de forma que lo vean tanto éstos como aquéllas,

Jesús, respondiendo a uno o a otro, mientras las discípulas escuchan atentas.

Deben haber referido lo del epiléptico curado al pie del monte y todavía siguen los

comentarios al respecto.

Simón de Alfeo exclama:

–        ¡Vamos, que has hecho falta Tú!

¡Pero ni siquiera el ver que incluso sus exorcistas no podían nada,

a pesar de haber dicho que habían usado las fórmulas más fuertes,

ha convencido a esos cernícalos!

Dice, meneando la cabeza, el barquero Salomón:

–        Y no convencerán a sus escribas ni siquiera diciéndoles sus conclusiones.

–        ¡Ya, claro!

Me parecía que hablaban bien, ¿No es verdad?

Hermas agrega:

–        Muy bien.

Excluyeron todo tipo de sortilegio demoníaco en el poder de Jesús.

Y dijeron que se sintieron invadidos de profunda paz

cuando el Maestro hizo el milagro;

mientras que cuando sale de uno un poder malvado lo sienten como un sufrimiento

–        ¡Pero hay que ver qué espíritu más fuerte!

¡No se quería marchar!

Pero, ¿Cómo es que no lo tenía continuamente poseído?

–        ¿Era un espíritu rechazado, solitario?

¿O era tan santo el muchacho, que por sí mismo lo repelía?

Jesús responde espontáneamente:

–        He explicado varias veces que toda enfermedad,

siendo un tormento y un desorden, puede esconder a Satanás.

Y Satanás se puede esconder en una enfermedad, usarla, crearla, para atormentar y

hacer blasfemar contra Dios.

El niño era un enfermo, no un poseído.

Un alma pura.

Por eso con gran alegría la he liberado del astutísimo demonio,

que quería dominarla hasta el punto de hacerla impura.

Judas pregunta:

–        ¿Y por qué, si era una simple enfermedad,

no hemos podido resolverlo nosotros?

Tomás agrega: .

–      ¡Sí, eso!

Se comprende que los exorcistas, si no era un endemoniado,

no hayan podido hacer nada.

Pero nosotros..

Y Judas de Keriot que no ha encajado la afrenta de haber intentado muchas veces

con el muchacho

y haber obtenido sólo que cayera en un estado de agitación con convulsiones dice:

–        Pero nosotros…

Hasta parecía que se le empeorase.

¿Recuerdas, Felipe?

Tú que me ayudabas oíste y viste las burlas que me dirigía.

Me dijo incluso: «¡Vete! De los dos el más demonio eres tú».

Lo cual hizo que a mis espaldas se rieran los escribas.

Jesús pregunta como sin interés:

–        ¿Y ello te ha dolido?

–         ¡Claro que sí!

No es una cosa bonita que se burlen de uno.

Y no es útil cuando se es apóstol tuyo.

Se pierde autoridad.

Judas está tan ciego a la Verdad,

La posesión demoníaca perfecta, causada por la impenitencia y el egoísmo desenfrenado; provocan la ceguera moral, emocional y espiritual que Satanás necesita, para hacer capaces a sus instrumentos de cometer los más atroces crímenes…. 

que no reconoce que el Demonio le dió la razón, por la cual es un apóstol indigno...

–        Cuando uno tiene a Dios tiene autoridad,

aunque el mundo entero se burle, Judas de Simón.

–        De acuerdo.

Pero Tú aumenta, al menos en nosotros los apóstoles, el poder;

para no sufrir otra vez ciertas derrotas.

–        Ni es justo ni sería útil que Yo aumentara el poder.

Por vosotros mismos lo tenéis que hacer, para salir vencedores.

Si habéis fracasado ha sido por vuestra insuficiencia, y también por haber disminuido

cuanto os había dado, con elementos no santos que habéis querido añadir

esperando mayores triunfos.

Judas pregunta:

–        ¿Lo dices por mí, Señor?

–        Tú sabrás si lo mereces.

Hablo a todos.

Bartolomé pregunta:

–        ¿Pero entonces qué hay que tener para vencer a estos demonios?

–        Oración y ayuno.

No se necesita nada más.

Orad y ayunad.

Y no sólo en la carne.

Por eso bien está el que vuestro orgullo haya quedado en ayunas, sin ser satisfecho.

El orgullo saciado vuelve apáticas la mente y el alma.

Y la oración se hace tibia, inerte; de la misma forma que el cuerpo demasiado lleno

está somnoliento y pesado.

Y ahora vamos también nosotros al justo descanso. 

Que mañana al amanecer todos,

menos Mannahém y los discípulos pastores,

estén en el camino de Caná.

La paz sea con vosotros.

Y retiene a Isaac y a Mannahém y da particulares instrucciones para el día siguiente,

día de la partida para las discípulas y María,

que, junto con Simón de Alfeo, y Alfeo de Sara, empiezan el peregrinaje pascual. –

Pasaréis por Esdrelón para que Margziam vea al anciano.

Daréis a los labriegos la bolsa que por indicación mía os ha dado Judas de Keriot.

Y durante el viaje socorreréis a todos los pobres que os encontréis, con la otra que os

he dado hace poco.

Cuando lleguéis a Jerusalén, id a Betania

y decid que me esperen para la luna nueva Nisán.

Poco podré tardar a partir de ese día.

Os confío a la persona que más estimo y a las discípulas.

Pero estoy tranquilo de que estarán seguras.

Partid.

Nos volveremos a ver en Betania y estaremos bastante tiempo juntos.

Los bendice.

Y mientras ellos se alejan en la noche, salta hacia abajo, al huerto.

Y entra en casa, donde ya están las discípulas y su Madre,

que, con Margziam, están apretando los cordones de los fardos de viaje

y disponiendo todas las cosas para esta ausencia cuya duración no se conoc

376 DESPUÉS DEL ASESINATO


  1. 376 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Cuando ponen pie en la playita de Cafarnaúm, los recibe el griterío de los niños,

que tanto corren, veloces, chillando con sus vocecitas, desde la playa a las casas,

que emulan a las golondrinas afanadas en la construcción de los nuevos nidos;

alborozados con esa sencilla alegría de los niños,

para los cuales es espectáculo maravilloso un pez muerto encontrado en la orilla,

Y mágico objeto una piedra pulida por las olas y que por su color asemeja a

una piedra preciosa, la flor descubierta entre dos piedras o el escarabajo

tornasolado capturado en vuelo:

prodigios todos dignos de ser mostrados a las mamás,

para que participen de la alegría de su hijito.

Mas ahora estas golondrinas humanas han visto a Jesús,

y todos sus vuelos convergen hacia Él, que está para desembarcar en la playita.

Entonces se abate sobre Jesús una templada, viva avalancha de carnes niñas,

y lo ciñe; una cadena suave de tiernas manitas, que lo ata;

un amor de corazones infantiles, que, cual dulce fuego, le da calor. 

Y todos gritan:

–         ¡Yo! ¡Yo!

–        ¡Un beso!

–        ¡A mí!

–        ¡También yo!

–        ¡Jesús! ¡Te quiero!

–         ¡No te vuelvas a marchar por tanto tiempo!

–        ¡Venía todos los días aquí para ver si venías!

–        ¡Yo iba a tu casa!

–        Ten esta flor.

Era para mi mamá. Pero te la doy.

–        Otro beso más para mí, muy fuerte.

El de antes no me ha tocado, porque Yael me ha empujado para atrás…

Y las vocecitas continúan mientras Jesús trata de caminar entre esa red de ternuras.

Apóstoles y discípulos gritan:

–          ¡Pero dejadlo un poco en paz!

–        ¡Fuera! ¡Basta!

Tratando de aflojar el cerco.

–        ¡Ya, ya!

¡Parecen lianas provistas de ventosas!

Por esta parte las separan, por allá se pegan.

Sonriendo, Jesús dice:

–        ¡Dejad! ¡Dejadlos

Con paciencia llegaremos

Y da pasos increíblemente pequeños para poder caminar sin pisar

los piececitos descalzos.

Pero lo que le libra del amoroso cerco,

es la repentina llegada de Mannahém con otros discípulos,

entre los cuales están los pastores que estaban en Judea.

Y con su potente voz solemne,

Mannahém lo saluda:

–         ¡La paz a Ti, Maestro!

Pues va espléndidamente vestido, aunque ya sin objetos de oro en la frente y en

los dedos;

eso sí, con una magnífica espada a la cintura que suscita la admiración llena de

reverencia de los niños, los cuales, ante este magnífico caballero vestido de

púrpura y con un arma tan estupenda en su cintura, se apartan atemorizados.

Y así Jesús puede abrazarlo y abrazar a Elías, a Leví, a Matías; a José, a Juan, a

Simeón y a muchos otros más.

Jesús pregunta:

–        ¿Cómo es que estás aquí?

¿Y cómo has sabido que había arribado?

El hermano de Herodes, contesta:

–          Saberlo, se ha sabido por los gritos de los niños.

Han traspasado los muros como flechas de alegría.

Pero he venido aquí porque pensaba que está próximo tu viaje a Judea y que

ciertamente tomarán parte en él las mujeres…

He querido estar también yo…

Para protegerte, Señor, si no es demasiada soberbia pensarlo.

Hay mucha efervescencia en Israel contra Ti.

Esto es una cosa dolorosa de decir

Pero no la ignoras.

Hablando así, llegan a la casa y entran en ella.

Mannahém continúa hablando después de que el jefe de casa y su mujer,

han saludado reverentemente al Maestro.

–         Ya en estos momentos la efervescencia y el interés que suscitas ha penetrado por todas partes,

agitando y llamando la atención incluso de los más insensibles y distraídos

por cosas muy distintas de lo que Tú eres.

Las noticias de tus obras han penetrado incluso dentro de las sucias murallas de

Maqueronte y en los lujuriosos refugio de Herodes,

bien sean éstos el palacio de Tiberíades, los castillos de Herodías o la espléndida

mansión de los Asmoneos cerca del Sixto.

Franquean, como oleadas de luz y poder, las barreras de tinieblas y mezquindad.

Abaten los cúmulos de pecados dispuestos como trinchera y refugio para los sucio

amores de la Corte y los atroces delitos.

Asaetean, como dardos de fuego, escribiendo palabras mucho más graves que las

del banquete de Baltasar en las licenciosas paredes de las alcobas y de las salas del

trono y de los banquetes.

Gritan tu Nombre y tu poder, tu Naturaleza y tu Misión.

Y Herodes tiembla de miedo por ello.

Y Herodías se contuerce en los lechos, con miedo a que Tú seas el Rey vengador

que habrá de arrebatarle riquezas, inmunidades e incluso la vida.

Y arrojarla a merced de las turbas, que vengarían sus muchos delitos.

En la Corte tiemblan. Y es por ti.

Tiemblan de miedo humano y sobrehumano.

Desde que la cabeza de Juan cayó cortada, un fuego parece devorar las entrañas de

quienes lo mataron.

Ya no tienen siquiera su mísera paz de antes, paz de puercos hartos de comilonas,

que encuentran el silencio a las acusaciones de la conciencia,

en la ebriedad y en la cópula.

Ya no hay nada que les dé paz…

Están perseguidos…

Y después de cada una de las horas de amor se odian;

hartos el uno de la otra, culpándose recíprocamente de haber cometido el delito

que turba, que ha sobrepasado la medida; mientras que Salomé, como poseída por

un demonio, vive zarandeada por un erotismo que degradaría a una esclava de las

moliendas.

El Palacio es más hediondo que un albañal.

Herodes me ha preguntado varias veces acerca de Ti.

Siempre he respondido:

«Para mí es el Mesías, el Rey de Israel de la única estirpe real, la de David.

Es el Hijo del hombre a que se refieren los Profetas, es el Verbo de Dios,

Aquel que, por ser el Cristo, el Ungido de Dios,

tiene derecho a reinar sobre todos los vivientes».

Y Herodes palidece de miedo sintiéndote el Vengador.

Porque los de la Corte para confortarlo dicen que Tú eres Juan falsamente

considerado muerto.

Elías o algún otro profeta del pasado…

Y con ello le hacen deprimirse más que nunca, de horror;.

Y rechaza el miedo, el grito de la conciencia desmembrada por el remordimiento,

diciendo: 

–        «¡No, no puede ser Juan!

Lo decapitaron por orden mía y su cabeza la tiene Herodías en segura custodia.

Y no puede ser uno de los profetas.

No se vive de nuevo una vez muertos.

Pero tampoco puede ser el Cristo. ¿Quién lo dice?

¿Quién dice que lo es?

¿Quién se atreve a decirme que es el Rey de la única estirpe regia?

¡Yo soy el rey! ¡Yo! Y ningún otro.

El Mesías fue matado por Herodes el Grande:

fue ahogado, recién nacido, en un mar de sangre.

Fue degollado como un corderito… y tenía pocos meses…

¿Oyes cómo llora?

Su balido me grita continuamente dentro de la cabeza, junto con el rugido de Juan:

`No te es lícito’…

¿No me es lícito

Sí. Todo me es lícito, porque yo soy `el rey’.

Aquí vino y mujeres, si Herodías rechaza mis abrazos amorosos.

Y que dance Salomé para despertar mis apetitos aterrorizados por esas cosas

pavorosas que dices».

Y se emborracha entre las mimas de la Corte, mientras en sus habitaciones grita la

desquiciada mujer sus blasfemias contra el Mártir… 

Y sus amenazas contra Ti.

Y en las suyas, Salomé conoce lo que es el haber nacido del pecado de dos

lujuriosos y el haber sido cómplice de un delito conseguido con el abandono del

propio cuerpo a los frenesíes lúbricos de un hombre inmundo.

Pero luego Herodes vuelve en sí y quiere saber de Ti.

Y querría verte.

Y por este motivo favorece el que yo venga a Ti, con la esperanza de que te lleve a

su presencia; cosa que no haré nunca,

para no llevar tu santidad a un antro de fieras inmundas.

Y querría tenerte Herodías para agredirte.

Y lo grita con su estilete en las manos…

Y querría tenerte Salomé, que te vio en Tiberíades sin que Tú lo supieras, el pasado

Etanim, en su insania por Ti…

¡Éste es el Palacio, Maestro!

Pero yo permanezco en él, porque así vigilo las intenciones respecto a Ti.

Jesús responde:

–         Yo te lo agradezco y el Altísimo te bendice por ello.

También esto es servir al Eterno en sus decretos. –

        Lo he pensado.

Y por este motivo he venido.

–         Mannahém dado que has venido, te ruego una cosa.

No bajes a Jerusalén conmigo, sino con las mujeres.

Yo voy con éstos por camino ignoto; no podrán hacerme ningún mal.

Pero ellas son mujeres indefensas.

Y el que las acompaña es de corazón manso y está enseñado a ofrecer la mejilla a

quien ya lo ha golpeado.

Tu presencia será segura protección.

Un sacrificio, lo comprendo.

Pero estaremos juntos en Judea.

No me niegues esto, amigo.

–        Señor, todo deseo tuyo es ley para tu siervo

Estoy al servicio de tu Madre y de las condiscípulas, desde este momento hasta

cuando quieras.

–         Gracias.

Esta obediencia tuya también será escrita en el Cielo.

375 PERSECUCION Y MARTIRIO


375 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

En la comitiva apostólica, ya no caminan.

Corren.

Corren con la nueva aurora, aún más esplendorosa y genuina que las anteriores;

adornada con todo un destellar de gotas de rocío que llueven, junto con pétalos

multicolores, sobre cabezas y prados.

Para poner tonalidades de flores deshojadas junto a las ya innumerables de las

florecillas de las márgenes y del interior, que se yerguen sobre sus tallos.

Y para encender nuevos diamantes en los hilos de hierba reciente.

Corren entre cantos de aves en celo y de brisa ligera, de risueñas aguas,

que suspiran o arpegian: pasando entre las ramas,

acariciando el heno y los cereales.

que crecen día tras día o fluyendo entre las márgenes,

Y alejándose, plegando delicadamente los tallos que tocan las límpidas aguas.

Corren como si fueran a un banquete de amor.

Incluso los mayores maduros como Felipe, Bartolomé, Mateo, el Zelote,

comparten la alegre prisa de los jóvenes.

Y lo mismo sucede entre los discípulos:

los más viejos emulan a los más jóvenes en andar deprisa.

No se ha secado todavía el rocío en los prados

cuando llegan a la zona de Betsaida

comprendida en el poco espacio que hay entre el lago, el río y el monte.

Y del bosque del monte, desciende por un sendero un jovencito corvo bajo el peso

de un haz de ramas.

Baja raudo, casi corriendo.

Por la postura no ve a los apóstoles…

Canta contento, corriendo así, bajo su haz de leña.

Cuando llega al camino principal, a la altura de las primeras casas de Betsaida,

deja caer al suelo su carga y se endereza para descansar.

Y echa hacia atrás sus cabellos oscuros.

Alto y fino, derecho, de cuerpo fuerte y extremidades ágiles y delgadas, también

fuertes: una bonita figura juvenil.

Andrés dice:

–        Es Margziam.

Pedro le responde:

–        ¿Estás mal de la cabeza?

Ése es un hombre ya.

Andrés pone abocinadas las manos en la boca y lo llama con fuerza.

El jovencito, que estaba agachándose para coger de nuevo la carga, tras haberse

ceñido bien con el cinturón la corta túnica, que apenas si le llega a las rodillas,

y que está abierta en el pecho, porque probablemente ya no cabe en ella…

Se vuelve en la dirección del reclamo y ve a Jesús, a Pedro y a los demás,

que lo están mirando,

parados junto a un grupo de sauces llorones que sueltan sus

frondas en las aguas de un ancho arroyo;

el último afluente del Jordán por la izquierda antes del lago de Galilea y situado

justamente en donde empieza el pueblo.

Deja caer el haz, alza los brazos,

y grita:

–        ¡Mi Señor! ¡Mi padre!.

Y se lanza de carrera.

Pero también Pedro se echa a correr,

vadea el arroyo sin quitarse siquiera las sandalias, limitándose a remangarse las

vestiduras, para correr luego por el camino polvoriento,

dejando las grandes señales húmedas de sus sandalias marcadas en el terreno seco

Se encuentran los dos exclamando:

–        ¡Padre mío!

–        ¡Hijo mío querido!

Están recíprocamente, el uno entre los brazos del otro.

Y verdaderamente, Margziam es tan alto como Pedro,

de forma que sus cabellos oscuros, durante el beso de amor, caen sobre el rostro de

Pedro; de todas formas, siendo esbelto, parece más alto que Pedro.

Pero Margziam se separa del dulce abrazo y prosigue su carrera hacia Jesús,

que ya está en esta parte del arroyo y viene caminando lentamente en medio de la

corona de los apóstoles.

Margziam cae a sus pies, con los brazos levantados,

y dice:

–        ¡Oh, mi Señor, bendice a tu siervo!

Mas Jesús se inclina, lo pone de pie, lo acerca a su corazón,

lo besa en las dos mejillas,

y le desea

–        «Continua paz y crecimiento en sabiduría y en gracia, en los caminos del Señor.

También los demás apóstoles saludan jovialmente al jovencito:

especialmente los que no lo veían desde hacía meses le manifiestan su contento

por su desarrollo.

¡Pero Pedro! ¡Ah, Pedro!…

¡Si lo hubiera procreado él, no se sentiría tan contento!

Da una vuelta alrededor de Margziam, lo mira, lo toca… 

Y pregunta a éste o a este otro:

–        ¿No es acaso guapo?

¿No está bien modelado?

¡Fijaos que derecho! ¡Qué pecho tan alto! ¡Qué piernas más derechas!…

Un poco delgado, con poco músculo todavía. ¡Pero promete!

¡Verdaderamente promete mucho!

¡Y la cara!

Observad y decidme si parece ahora esa criaturita que llevaba en brazos el año

pasado y me parecía como llevara un pajarillo:

desnutrido, apagado, triste, asustadizo…

¡Hay que ver Porfiria!

¡Verdaderamente lo ha hecho muy bien, con toda su miel, mantequilla, aceite,

huevos, hígado de pescado.

Merece que se lo diga inmediatamente.

Y Pedro pregunta a Jesús:

–         ¿Me dejas Maestro, ir donde está mi esposa?

Jesús responde: 

–        Ve, ve, Simón.

Yo iré pronto.

Margziam, todavía de la mano de Jesús,

dice

–        Maestro…

Estoy seguro de que mi padre encargará a mi madre que haga de comer.

Déjame dejarte para ayudarla…

–        Ve.

Y que Dios te bendiga por honrar a quienes son para ti padre y madre.

Margziam toma de nuevo su haz de leña, se lo carga, y se marcha corriendo,

da alcance a Pedro y camina al lado de él.

Bartolomé observa:

–         Parecen Abraham e Isaac subiendo el monte.

Simón Zelote dice:

–        ¡Pobre Margziam!

¡Sólo faltaría eso! Y Andrés agrega: 

–         ¡Y pobre hermano mío!

No sé si sería capaz de hacer de Abraham…

Jesús lo mira

luego mira la cabeza entrecana de Pedro, que se va distanciando al lado de su

Margziam,

y dice:

–        En verdad os digo que llegará un día en que Simón Pedro sentirá alegría al

saber que su Margziam ha sido encarcelado, herido, flagelado,

colocado ante el umbral de la muerte.

Y que se sentiría con fuerzas incluso de extenderlo con su propias manos sobre el

patíbulo para revestirlo de la púrpura de los Cielos.

Y para fecundar con la sangre del mártir la tierra;

envidioso y afligido sólo por un motivo: por no estar él en el lugar de su hijo

y subalterno, porque su elección como Jefe supremo de mi Iglesia le obligará a

reservarse para Ella hasta que Yo le diga:

«Ve a morir por ella»

Vosotros no conocéis todavía a Pedro.

Yo lo conozco.

Andrés pregunta:

–        ¿Prevés el martirio para Margziam y mi hermano?

–         ¿Te duele, Andrés?

–        No.

Lo que me duele es que no lo preveas también para mí.

–        En verdad, en verdad os digo que seréis revestidos todos de púrpura,

menos uno.

Todos inquieren:

–       ¿Quién? ¿Quién?

Jesús responde triste y solemne: 

–        Dejemos el silencio sobre el Dolor de Dios.   

Y todos callan atemorizados y pensativos

Entran en la primera calle de Betsaida, entre huertas llenas de plantas tiernas.

Pedro, con otros de Betsaida, está llevando a un ciego a la presencia de Jesús.

Margziam no está.

Sin duda se ha quedado a ayudar a Porfiria.

Con los de Betsaida y los padres del ciego,

hay muchos discípulos venidos a Betsaida

de Sicaminón y otras ciudades;

entre éstos, Esteban, Hermas, el sacerdote Juan y Juan el escriba y muchos otros.

Pedro explica: 

–        Te lo he traído, Señor.

Estaba aquí esperando desde hace varios días. 

 Mientras el ciego y sus padres entonan una nenia de

–        «¡Jesús, Hijo de David, piedad de nosotros!»,

«Pon tu mano en los ojos de mi hijo y verá»,

«¡Ten piedad de mí, Señor!

¡Yo creo ti!»

Jesús toma de la mano al ciego y retrocede con él unos metros para resguardarlo

del sol, que ya inunda la calle.

Lo arrima a la pared cubierta de follaje de una casa, la primera del pueblo.

Y Él se pone de frente.

Se moja de saliva los dos índices

y le restriega los párpados con los dedos húmedos;

luego le aprieta los ojos con las manos:

La base de la mano en la concavidad de las órbitas y los dedos abiertos

y metidos entre los cabellos del desdichado.

Así ora.

Luego le quita las manos.

Y le pregunta:

–        ¿Qué ves? 

El hombre responde:

–        Veo hombres

Son sin duda hombres.

Pero así me imaginaba los árboles vestidos de flores; pero son hombres, porque

andan y gesticulan en dirección a mí.

Jesús impone otra vez las manos y las vuelve a quitar,

Y dice:

–        ¿Y ahora?

–         ¡Ahora veo bien la diferencia entre los árboles plantados en la tierra

y estos hombres que me están mirando!... ¡Y te veo a Ti!

¡Que hermosura la tuya!

Tus ojos son iguales que el cielo y tus cabello parecen rayos de sol…

Y tu mirada y tu sonrisa son propios de Dios

¡Señor, te adoro!

Y se arrodilla para besarle la orla de su túnica.

Jesús le dice:

–        Levántate y ven adonde tu madre… 

Que durante tantos años ha sido para ti luz y consolación…

Y de la cual no conoces otra cosa sino el amor.

Lo toma de la mano y lo lleva a su madre,

que está arrodillada a algunos pasos de distancia, en actitud de adoración,

de la misma forma que antes estaba en actitud

de súplica.

Jesús le dice:

–        Levántate, mujer.

Aquí tienes a tu hijo, que ve la luz del día.

Quiera su corazón seguir la Luz eterna.

Ve a casa. Sed felices.

Y sed santos por agradecimiento a Dios.

Pero, al pasar por los pueblos,

no digáis a ninguno que te he curado, para que la

muchedumbre no se desplace aquí enseguida para impedirme ir a donde es justo

que vaya a llevar confirmación en la fe.

Y luz y alegría a otros hijos de mi Padre.

Y rápido, por un senderillo que discurre entre huertos,

se escabulle en dirección hacia la casa de Pedro,

donde entra saludando a Porfiria con su dulce saludo.

374 EL CAMINO DE LA CRUZ


374 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Pedro con el rostro profundamente preocupado…

Y escandalizado como los demás,

Toma de un brazo a Jesús, lo separa un poco,

y le dice en voz baja al oído:

–        ¡Pero, Señor…!

No digas esto. No está bien.

Ya ves que se escandalizan.

Decaes del concepto en que te tienen.

Por nada del mundo debes permitir esto.

Ya de por sí nunca te va a pasar nada semejante.

¿Por qué pensarlo como si fuera verdadero

Debes subir cada vez más en el concepto de los hombres, si te quieres afirmar;

debes terminar por ejemplo, con un último milagro,

como reducir a cenizas a tus enemigos.

Pero nunca degradarte hasta aparecer como un malhechor castigado.

Pedro parece un maestro o un padre afligido corrigiendo con amorosa angustia a un

hijo que ha dicho una necedad.

Jesús, que estaba un poco inclinado para escuchar el bisbiseo de Pedro,

se yergue severo, con rayos en los ojos.

Pero rayos de amargura, y grita fuerte, para que todos oigan,

y la lección sirva para todos:

–        ¡Aléjate de Mí!

¡Tú que en este momento eres un satanás

que me aconseja desistir de la obediencia a mi Padre!

¡Para esto he venido!

¡No para los honores!

Tú, aconsejándome la soberbia, la desobediencia y el rigor sin caridad,

tratas de seducirme al mal. ¡Vete!

¡Me escandalizas!

¿No comprendes que la grandeza no está en los honores sino en el sacrificio?

¡Y que nada importa aparecer a los ojos de los hombres como gusanos,

si Dios nos considera ángeles?

Tú, hombre ignorante, no comprendes lo que es grandeza y razón según Dios,.

Y ves, juzgas, sientes, hablas según el hombre.

El pobre Pedro queda anonadado por esta severa corrección;

se separa, compungido y rompe a llorar…

No es el llanto gozoso de pocos días antes;

sino el sollozo desolado de quien comprende que ha pecado y ha causado dolor a la

persona amada.

Jesús lo deja llorar.

Se descalza, se remanga las vestiduras y vadea el arroyo.

Los demás hacen lo mismo en silencio.

Ninguno se atreve a decir una palabra.

Al final de todos va el pobre Pedro, en vano consolado por Isaac y el Zelote.

Andrés se vuelve más de una vez y lo mira.

Y luego susurra algo a Juan, que está muy afligido;

pero Juan menea la cabeza en señal de negación.

Entonces Andrés se decide.

Se adelanta corriendo.

Alcanza a Jesús.

Lo llama suavemente, con visible temor: –

        ¡Maestro! ¡Maestro!…

Jesús deja que lo llame varias veces.

Al final se vuelve, severo

y pregunta:

–        ¿Qué quieres?

–        Maestro, mi hermano está compungido…

Llora…

–        Se lo ha merecido.

–        Es verdad, Señor.

Pero de todas formas es un hombre…

No puede hablar bien siempre.

–        Efectivamente, hoy ha hablado muy mal – responde Jesús.

Pero ya se le ve menos severo.

Y un atisbo de sonrisa dulcifica la mirada divina.

Andrés se siente más seguro y aumenta la peroración en pro de su hermano.

–      Pero Tú eres justo

Y sabes que el amor a Ti ha sido lo que le ha hecho caer…

–        El amor debe ser luz, no tinieblas.

Él lo ha hecho tinieblas y ha envuelto en ellas su espíritu.

–        Es verdad, Señor.

Pero las vendas se pueden quitar cuando se quiera.

No es como tener el espíritu mismo tenebroso.

Las vendas son lo externo; el espíritu es lo interno, el núcleo vivo…

El interior de mi hermano es bueno.

–        Que se quite entonces las vendas que se ha puesto. –

        ¡Lo hará, sin duda, Señor!

Ya lo está haciendo.

Vuélvete y mira: lo desfigurado que está por ese llanto que no consuelas Tú.

¿Por qué has sido tan severo con él?

–         Porque él tiene el deber de ser «el primero»

de la misma forma que le he dado el honor de serlo.

Quien mucho recibe, mucho debe dar.

–        ¡Es verdad, Señor, sí!

Pero, ¿No te acuerdas de María de Lázaro?,

¿De Juan de Endor?, ¿De Áglae?, ¿De la Beldad de Corozaín?, ¿De Leví?

A éstos les diste todo…

Y ellos todavía te habían dado sólo la intención de redimirse…

¡Señor!… Atendiste mi súplica por la Beldad de Corozaín y por Áglae…

¿No lo harías ahora por tu Simón y mi Simón, que ha pecado por amor a Ti?

Jesús baja su mirada hacia este hombre apacible que se vuelve intrépido y

apremiante en favor de su hermano, como lo fue, silenciosamente, en favor de Áglae

y de la Beldad de Corozaín.

Y su rostro resplandece de luz, al ordenar a Andrés:

–        Ve a llamar a tu hermano y tráemelo aquí

–        ¡Gracias, mi Señor! Voy…

Y se echa a correr, raudo como una golondrina.

Cuando llega con Pedro,

le dice:

–        ¡Ven, Simón!.

¡El Maestro ya no está irritado contigo!

Ven, que te lo quiere decir.

–        No, no.

Me da vergüenza…

Hace demasiado poco que me ha corregido…

Será que quiere que vaya para reprenderme otra vez…

–        ¡Qué mal lo conoces!

¡Venga, ven!

¿Piensas que yo te llevaría a otro sufrimiento?

Si no estuviera seguro de que te espera allí una alegría, no insistiría. Ven. 

 –        ¿Y qué le voy a decir? – dice Pedro.

Mientras se pone en marcha un poco recalcitrante, frenado por su humanidad,

aguijado por su espíritu, que no puede estar sin la indulgencia de Jesús y sin su amor

–         ¿Qué le voy a decir? – sigue preguntando.

–         ¡Nada, hombre!

¡Será suficiente con que le muestres tu rostro! – le dice su hermano animándolo.

Todos los discípulos, a medida que los dos hermanos los van adelantando, los miran

Y comprendiendo lo que sucede, sonríen.

Llegan donde Jesús.

Pero Pedro, al último momento, se detiene.

Andrés no se anda con pequeñeces.

Con un enérgico tirón, como los que da a la barca para empujarla al mar,

lo echa hacia adelante.

Jesús se detiene…

Pedro levanta la cara…

Jesús la baja…

Se miran…

Dos lagrimones se deslizan por las mejillas enrojecidas de Pedro…

Jesús le dice:

–        Ven aquí, niño grande irreflexivo;

para que te haga de padre enjugando este llanto. 

Y levanta su mano, en que es muy visible aún, la señal de la pedrada de Yiscal.

Y seca con sus dedos esas dos lágrimas.

Pedro todavía tembloroso,

pregunta: 

–         ¡Oh, Señor!

¿Me has perdonado?

Agarrando la mano de Jesús con las suyas…

Y mirándolo con unos ojos

como los de un perro fiel que desea obtener el perdón del amo resentido.

–        Nunca te he condenado…

–        Pero antes…

–        Te he amado.

Es amor no permitir que en ti arraiguen desviaciones de sentimiento y de

pensamiento.

Debes ser el primero en todo, Simón Pedro.

–        ¿Entonces…

Entonces me estimas todavía?

¿Me quieres contigo todavía?

No es que yo quiera el primer puesto, ¡Eh!

Me conformo con el último, pero estar contigo, a tu servicio…

Y morir verdaderamente a tu servicio mi Señor, mi Dios

Jesús le pasa el brazo por encima de los hombros

y lo estrecha contra su costado.

Entonces Simón, que no ha dejado suelta en todo este tiempo la otra mano de

Jesús, se la cubre de besos… dichoso.

Y susurra:

–        ¡Cuánto he sufrido!…

Gracias, Jesús.

–        Da las gracias más bien a tu hermano.

Y en el futuro lleva bien tu carga con justicia y heroísmo.

Vamos a esperar a los otros.

¿Dónde están?

Están parados en el lugar en que se encontraban, cuando Pedro alcanzó a Jesús,

para dejar libertad al Maestro de hablar a su apóstol humillado.

Jesús les hace señas para que se acerquen.

Con ellos hay un grupito de labriegos, que habían dejado de trabajar en los campos

para venir a hacer preguntas a los discípulos

Jesús, todavía con la mano en el hombro de Pedro,

dice:

–        Por lo que ha pasado….

Habéis entendido que estar a mi servicio es una cosa severa.

Le he reprendido a él.

Pero la corrección era para todos.

Porque los mismos sentimientos estaban en la mayoría de los corazones, formados

o en gestación.

Así os los he truncado.

Y quien todavía los cultiva,

muestra que no comprende mi Doctrina, ni mi Misión ni mi Persona.

He venido para ser Camino, Verdad y Vida.

Os doy la Verdad con lo que enseño.

Os aliso el Camino con mi sacrificio; os lo trazo e indico.

Pero la Vida os la doy con mi Muerte.

Y acordaos de que quien responde a mi llamado y se alista en mis filas para

cooperar en la redención del mundo, debe estar dispuesto a morir para dar a otros

la Vida.

Por tanto, quien quiera seguirme debe estar dispuesto a negarse a sí mismo,

al viejo yo con sus pasiones, tendencias, costumbres, tradiciones, pensamientos… 

Y seguirme con su nuevo yo.

Tome cada cual su cruz como Yo la tomaré.

La tome, aunque le parezca demasiado infamante.

Deje que el peso de su cruz triture a su yo humano, para liberar al yo espiritual,

al cual no produce horror la cruz; antes al contrario, le es apoyo y objeto de

veneración, porque el espíritu sabe y recuerda.

Y que me siga con su cruz.

¿Qué al final del camino le esperará la muerte ignominiosa como me espera a Mí?

No importa.

No se aflija;

antes al contrario, exulte por ello, porque la ignominia de la tierra, se transformará

en grande gloria en el Cielo;

mientras que será un deshonor la vileza frente a los heroísmos espirituales.

Siempre decís que queréis seguirme hasta la muerte.

Seguidme entonces.

Y os guiaré al Reino por un camino abrupto, pero santo y glorioso,

al final del cual conquistaréis la Vida eternamente inmutable.

Esto será «vivir».

Por el contrario, seguir los caminos del mundo y la carne es «morir».

De modo que quien quiera salvar su vida en esta tierra, la perderá;

mas aquel que pierda su vida en esta tierra por causa mía y por amor a mi

Evangelio la salvará.

Pensad esto:

¿De qué le servirá al hombre ganar todo el mundo, si luego pierde su alma?

Y otra cosa: guardaos bien, ahora y en el futuro,

de avergonzaros de mis palabras y acciones.

Eso también sería «morir».

Porque el que se avergüence de Mí y de mis palabras delante de esta generación

necia, adúltera y pecadora, de que he hablado, y esperando recibir su protección

y ganancia, la adule, renegando de Mí y de mi Doctrina

MATEO 7, 16

arrojando a las bocas inmundas de los cerdos y perros las perlas recibidas,

para recibir luego como paga, excrementos en vez de dinero, será juzgado por el

Hijo del hombre cuando venga en la gloria de su Padre, con los ángeles y santos, a

juzgar al mundo.

Él, entonces, se avergonzará de estos adúlteros y fornicadores;

de estos villanos y usureros.

Y los arrojará fuera de su Reino; porque no hay sitio en la Jerusalén celeste para

adúlteros, ruines, fornicadores, blasfemos y ladrones.

Y os digo en verdad, que algunos de mis discípulos y discípulas presentes no

experimentarán la muerte antes de haber visto la fundación del Reino de Dios.

Y ungido y coronado a su Rey.

El Reino de Dios vio sus comienzos el Viernes Santo, por los méritos de Cristo.

luego se afirmó con la Iglesia constituida

Pero no todos vieron esta creciente afirmación.

Reemprenden la marcha, hablando animadamente;

mientras el sol desciende lentamente en el cielo…

373 PRIMER ANUNCIO DE LA PASIÓN


373 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Jesús dejó la ciudad de Cesárea de Filipo con las primeras luces de la mañana,

porque ya queda lejos con sus montes y la llanura lo rodea de nuevo.

Se dirige hacia el lago de Merón para ir después hacia el de Genesaret.

Van con Él los apóstoles y todos los discípulos que estaban en Cesárea.

Pero una expedición tan numerosa por el camino no causa estupor a nadie,

porque ya se ven otras, dirigidas a Jerusalén, de israelitas o prosélitos, procedentes de

todos los lugares de la Diáspora, que desean pasar un tiempo en la Ciudad Santa

para escuchar a los rabíes y respirar largamente el aire del Templo.

Caminan a buena marcha, bajo un sol ya alto pero que todavía no molesta,

porque es un sol de primavera que juega con el follaje nuevo

y las frondas florecidas.

Y suscita flores, flores, flores por todas partes.

La llanura que precede al lago, toda ella, es una alfombra florecida.

La mirada, volviéndose hacia los montes que la circundan, ve a éstos remendados con

las matas cándidas, tenuemente róseas o de color rosa intenso, casi rojo,

de los diversos tipos de árboles frutales.

Y al pasar cerca de las raras casas de campesinos o de los talleres de herrador

esparcidos por el camino, la vista se alegra ante los primeros rosales florecidos,

en los huertos a lo largo de los setos o contra las tapias de las casas.

Simón Zelote observa: 

–        Los jardines de Juana deben estar todos en flor. 

También el huerto de Nazaret debe parecer un cesto lleno de flores.

Santiago de Alfeo dice:

–         María es la dulce abeja que va de rosal en rosal

de los rosales a los jazmines, que pronto florecerán;

a las azucenas, que ya tienen los capullos en el tallo.

Y tomará la rama del almendro, como hace siempre, junto con la del peral o del

granado, para ponerla en el ánfora de su habitación.

Cuando éramos niños le preguntábamos todos los años:

«¿Por qué tienes siempre ahí una rama de árbol en flor

y no metes en su lugar las primeras rosas?». 

Y Ella respondía:

«Porque en esos pétalos veo escrita una orden que me vino de Dios

y siento el aroma puro del aura celeste».

¿Te acuerdas, Judas?

Tadeo responde:

–        Sí. Me acuerdo.

Y recuerdo que, ya hombre, esperaba con ansia la primavera, para ver a María

caminar por su huerto bajo las nubes de sus árboles en flor y entre los setos de las

primeras rosas.

Nunca vi espectáculo más hermoso que esa eterna niña moviéndose evanescente

entre las flores y entre vuelos de palomas…

Tomás suplica:

–        ¡Oh, vamos pronto a verla, Señor!

¡Yo también quiero ver todo eso! 

Jesús responde:

–        Basta con que aceleremos el paso….

Y hagamos paradas breves, por las noches, para llegar a Nazaret a tiempo.

–        ¿Me das esta satisfacción verdaderamente, Señor?

–        Sí, Tomás.

Iremos a Betsaida todos y luego a Cafarnaúm.

Allí nos separaremos: nosotros vamos en la barca a Tiberíades y luego a Nazaret.

Así cada uno, salvo vosotros judíos, vamos a tomar los indumentos más ligeros.

El invierno ha concluido.

Juan parece cantar:

–        Sí.

Y nosotros vamos a decir a la Paloma:

«Álzate, apresúrate, amada mía; ven, porque el invierno ha pasado, la lluvia ha

terminado, las flores pueblan el suelo…

Álzate, amiga mía; ven, paloma escondida, muéstrame tu faz y deja que oiga tu voz». –

Pedro dice

–         ¡Sí señor!

¡Juan!

¡Pareces un enamorado cantando su canción a su amada!

Juan responde:

–        Lo estoy.

De María lo estoy.

No veré a otras mujeres que despierten mi amor.

Sólo María, la amada de todo mi ser.

Tomás dice:

–       También lo decía yo hace un mes.

¿Verdad, Señor? 

Mateo dice:

–        Yo creo que estamos todos enamorados de Ella.

¡Un amor tan alto, tan celestial!…

Como sólo esa Mujer puede inspirar.

Y el alma ama completamente su alma,

la mente ama y admira su intelecto,

la vista mira y se complace en su gracia pura, que embelesa sin producir agitación, 

como cuando se mira una flor…

María, la Belleza de la tierra y creo, la Belleza del Cielo…

Felipe agrega:

–         ¡Es verdad!

¡Es verdad!

Todos vemos en María cuanto de más dulce hay en la mujer: la niña pura y

la madre dulcísima;

y no se sabe por cuál de estas dos gracias se la ama…

Pedro sentencia:

–        Se la ama porque es «María».

¡Eso es! 

Jesús los ha estado oyendo hablar

y dice:

–          Todos habéis hablado bien.

Y Pedro muy bien.

A María se ama porque es «María».

Os dije, mientras íbamos a Cesárea, que solamente aquéllos que unan una fe perfecta

a un amor perfecto llegarán a conocer el verdadero significado de las palabras:

“Jesús, el Cristo, el Verbo, el Hijo de Dios y el Hijo del hombre».

Pero ahora os digo que hay otro nombre denso en significados.

Y es el de mi Madre.

Sólo aquellos que unan una perfecta fe a un perfecto amor llegarán a conocer el

verdadero significada del nombre «María», de la Madre del Hijo de Dios.

Y el verdadero significado empezará a aparecer claro para los verdaderos creyentes y

para los verdaderos amantes en una hora tremenda de tormento

cuando la Madre sea sometida a suplicio con su Hijo, cuando la Redentora redima

con el Redentor, a los ojos de todo el mundo y por todos los siglos de los siglos.

Mientras se detienen a orillas de un caudaloso arroyo,

en el que están bebiendo muchos discípulos.

Bartolomé pregunta:

–        ¿Cuándo?

Jesús responde evasivo:

–         Detengámonos aquí a compartir el pan.

El sol marca mediodía.

Al caer de la tarde, estaremos en el lago Merón.

Y podremos acortar el camino con unas barcas..

Se sientan todos sobre la tierna hierba, tibia de sol, de las orillas del arroyo.

Juan dice

–         Es una pena echar a perder estas flores tan delicadas.

Parecen pedacitos de cielo caídos aquí en los prados.

Son cientos y cientos de miosotis.

Santiago su hermano, lo consuela:

–        Renacerán más bonitas mañana.

Han florecido para hacer del suelo una sala de banquetes para su Señor. 

Jesús ofrece y bendice los alimentos y todos se ponen a comer alegremente.

Los discípulos, todos, como si fueran girasoles, miran en dirección a Jesús,

que está sentado en el centro de la fila de sus apóstoles.

La comida pronto termina, condimentada con serenidad y agua pura.

Pero, dado que Jesús permanece sentado, ninguno se mueve.

Es más, los discípulos se cambian de sitio para acercarse, para oír lo que dice Jesús

como respuesta a los apóstoles

que siguen preguntando sobre lo que había dicho  antes, de su Madre.

–          Sí.

Porque ser madre de mi carne ya sería una gran cosa.

Fijaos que se recuerda a Ana de Elcana

como madre de Samuel y él era sólo un profeta;

pues bien, la madre es recordada por haberlo engendrado.

Por tanto ya María sería recordada y con altísimas alabanzas, por haber dado al

mundo a Jesús el Salvador.

Pero ello sería poco, respecto a cuanto Dios exige de Ella, para completar la medida

requerida para la redención del mundo.

María no defraudará el deseo de Dios. 

Jamás lo ha defraudado.

Desde las demandas de amor total hasta las de sacrificio total.

Ella se ha entregado y se entregará.

Y cuando haya consumado el máximo sacrificio, conmigo por Mí, en favor del mundo,

los verdaderos fieles y los verdaderos amantes comprenderán el verdadero

significado de su Nombre.

Y por todos los siglos,

a todo verdadero fiel, a todo verdadero amante, le será concedido comprenderlo.

El Nombre de la Gran Madre, de la Santa Nutriz que lactará por todos los siglos a los

párvulos de Cristo con su llanto, para criarlos para la Vida de los Cielos.

Judas de Keriot, pregunta:

–        ¿Llanto, Señor?

¿Debe llorar tu Madre?

–        Todas las madres lloran.

La mía llorará más que ninguna otra

–        ¿Pero por qué?

Yo he hecho llorar a la mía alguna vez, porque no soy siempre un buen hijo.

¿Pero Tú?

No das nunca pesares a tu Madre.

–        No.

Efectivamente, como Hijo suyo, no le doy pesares.

Pero le daré muchos como Redentor.

Dos harán llorar con un llanto sin fin a mi Madre:

Yo, salvando a la Humanidad;

la Humanidad, con sus continuos pecados.

Todo hombre que haya vivido, que vive o que vivirá,

cuesta lágrimas a María.

Santiago de Zebedeo pregunta sorprendido:

–        ¿Pero por qué?

–        Porque todo hombre me cuesta torturas a Mí para redimirlo.

Bartolomé afirma seguro:

–        ¡Pero decir esto de los que ya han muerto o no han nacido todavía!

Te harán sufrir los vivos, los escribas, fariseos, saduceos, con sus acusaciones, sus

celos, sus mezquindades; pero más no.

–         También mataron a Juan Bautista…

Israel no ha matado sólo a este profeta, ni es el único sacerdote de la Voluntad eterna

matado por causa del odio de los que no obedecen a Dios.

Tadeo dice:

–        Pero Tú eres más que un profeta y que el mismo Bautista, tu Precursor.

Tú eres el Verbo de Dios.

Israel no levantará su mano contra Ti.

–        ¿Lo piensas así, hermano?

Estás en un error – le responde Jesús.

–        No. ¡No puede ser!

¡No puede suceder! ¡Dios no lo permitirá!

Sería degradar para siempre a su Cristo!

Judas Tadeo está tan agitado que se pone en pie.

Jesús también se levanta y lo mira fijamente a la cara palidecida, a los ojos sinceros.

Dice lentamente:

–        Y sin embargo así será.

Y baja el brazo derecho, que lo tenía alzado, como jurando.

Todos se ponen en pie y se arriman aún más a Él: una corona de caras afligidas.

Y más aún, incrédulas.

Una serie de comentarios recorre el grupo:

–        Si fuera así… tendría razón Judas Tadeo

–        Lo que le sucedió a Juan el Bautista fue una cosa mala,

pero exaltó al hombre, heroico hasta el final;

si le sucediera eso al Cristo sería disminuirlo.

–         Cristo puede ser perseguido, pero no degradado.

–        Tiene la unción de Dios.

–        ¿Y quién podría ya creer, si te vieran en poder de los hombres?

–        No lo permitiremos.

El único que permanece en silencio es Santiago de Alfeo.

Su hermano arremete contra él:

–        ¿No hablas?

¡No te mueves!

¡No oyes!

¡Defiende a Cristo contra sí mismo!

Santiago, por toda respuesta, se lleva las manos a la cara,

se separa bastante… 

Y llora.

–        ¡Es un estúpido! – sentencia su hermano.

Hermasteo le responde:

–         Quizás menos de lo que crees.

Y añade:

–         Ayer, explicando la profecía, el Maestro habló de un cuerpo deshecho que se

reintegra y de uno que por sí mismo se resucita.

Creo que uno no puede resucitar sin estar antes muerto.

Tadeo rebate:

–        Pero puede haber muerto de muerte natural, de vejez.

¡Y ya sería mucho para el Cristo!

Y muchos le dan la razón.

Simón Zelote observa:

–        Sí,

Pero entonces no sería una señal para esta generación,

que es mucho más vieja que Él. 

–        Ya.

Pero no está claro que hable de Sí mismo. – rebate Judas Tadeo,

Obstinado en su amor y respeto.

Isaac dice:

–        Ninguno que no sea el Hijo de Dios puede resucitarse a Sí mismo.

Así como tampoco ninguno que no sea el Hijo de Dios puede nacer como nació Él.

Yo lo digo, yo que vi su gloria natal.

Y el pastor testimonia con firmeza. 

Jesús, con los brazos cruzados, los ha escuchado mirándolos a medida que hablaban.

Ahora es Él el que hace ademán de hablar,

y dice:

–        El Hijo del hombre será entregado en manos de los hombres,

porque es el Hijo de Dios, sí,

pero también el Redentor del hombre.

Y no hay redención sin sufrimiento.

Mi sufrimiento será corporal, de la carne y de la sangre, para reparar los pecados de

la carne y de 1a sangre;

moral, para reparación de los pecados de la mente y las pasiones;

espiritual, para reparación de las culpas del espíritu.

Será completo.

Por tanto, a la hora establecida, me prenderán, en Jerusalén.

Y tras haber sufrido ya mucho por culpa de los Ancianos y de los Sumos Sacerdotes,

de los escribas y fariseos, seré condenado a una muerte infamante.

Y Dios no lo impedirá, porque así debe suceder

siendo Yo el Cordero de expiación por los pecados del mundo entero.

Y, en un mar de angustia, compartida por mi Madre y por otras pocas personas,

moriré en el patíbulo; y tres días después, por mi Voluntad Divina, por ella sola,

resucitaré a una vida eterna y gloriosa como Hombre y volveré a ser: Dios en el Cielo

con el Padre y el Espíritu. 

Pero antes tendré que padecer toda suerte de oprobios… 

Y sentir mi corazón traspasado por la Mentira y el Odio.

Un coro de gritos se eleva en el aire tibio y perfumado de primavera.