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127 FORJANDO SACERDOTES


127 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Las barcas de Pedro y Juan surcan las aguas serenas del lago. Van seguidas por  todas las embarcaciones de las orillas de Tiberíades.

Son muchísimas las barcas que van y vienen, tratando de alcanzar o pasar a la barca de Jesús para volverse a poner luego detrás.

Ruegos, súplicas, clamor, peticiones… se entrecruzan sobre las azules olas.

Jesús, que lleva en su barca a María y a su tía, la madre de Santiago y Tadeo, mientras que en la otra barca están María Salomé con su hijo Juan y Susana, promete, responde, bendice… incansablemente.

«Volveré, sí, os lo prometo.

Sed buenos. Recordad mis palabras para unirlas a las que en otro momento os diré. La separación será breve. No seáis egoístas, he venido también para los otros. ¡Calma, calma, que os vais a hacer daño!

Sí, oraré por vosotros, siempre me tendréis a vuestro lado. El Señor sea con vosotros. Sí, me acordaré de tus lágrimas; serás consolado. Ten esperanza, ten fe».

Así, avanzando, bendiciendo, prometiendo, la barca llega a la orilla a un poblado minúsculo: con un puñado de casas, pobres, casi abandonadas.

Jesús y los suyos ponen pie en tierra. Las barcas regresan guiadas por los peones y por Zebedeo.

Las otras hacen lo mismo, aunque muchos de los que venían bajan y quieren a toda costa seguir a Jesús; entre éstos está Isaac con los dos que le han sido confiados: José de Emáus y el arquisinagogo Timoneo.

Hay mucha gente de todas las edades.

Jesús llega al camino principal, se detiene.

Y dice:

–     Separémonos ahora.

Madre, tú con María y Salomé marchad a Nazaret. Susana puede volver a Caná. Regresaré pronto.

Ya sabéis lo que hay que hacer. ¡Que Dios sea con vosotras!

Y de su Madre se despide de forma especial, con una sonrisa plena; luego vuelve a sonreír cuando María, dando ejemplo a las otras, se arrodilla para que Jesús la bendiga.

Las mujeres que van con Alfeo de Sara y con Simón se ponen en camino hacia sus ciudades.

Jesús se vuelve hacia los restantes:

–  Os dejo. No es que os despida.

Os dejo sólo un tiempo. Me retiro con éstos a aquellos desfiladeros que veis allá. Quien me quiera esperar que se quede en esta llanura; el que no, que vuelva a su casa.

Me retiro a orar porque es la vigilia de grandes cosas. Quien ama la causa del Padre que ore unido en espíritu a mí. La paz sea con vosotros, hijos.

Isaac, ya sabes lo que debes hacer. Te bendigo, pequeño pastor.

Jesús sonríe al enjuto Isaac, ahora pastor de hombres reagrupados en torno a él.

Jesús se echa a andar dando las espaldas al lago, dirigiéndose con decisión hacia uno de los desfiladeros que hay entre las colinas que van en líneas, casi paralelas, desde el lago hacia el Oeste.

Entre las dos colinas rocosas, escabrosas, abiertas a pico como un fiordo, desciende, con no poco ruido, un torrentillo espumoso;

hacia arriba, el monte agreste, con míseras plantas que crecen en todas las direcciones  como pueden, entre piedra y piedra.

Un sendero de cabras que acomete la colina más abrupta; es precisamente el que toma Jesús.

Los discípulos le siguen fatigosamente, en fila india, en el más absoluto de los silencios.

Sólo cuando Jesús se detiene para que recuperen el aliento, en un lugar un poco más ancho, de este sendero que asemeja a un arañazo en la riscosa ladera intransitable.

Se miran entre sí, aunque sin hablarse.

Sus miradas dicen: « ¿Y a dónde nos lleva?».

Pero no hablan, sólo se miran y cada vez con más desconsuelo, a medida que ven que Jesús reemprende una y otra vez la marcha por la agreste garganta, llena de cuevas.

De resquebrajaduras en las peñas, de rocas por las que es difícil andar, porque además hay espinos y muchas matas en que se enzarzan los pies…

Y que aferran los vestidos por todas partes, arañan y dan en la cara.

Incluso los más jóvenes, con pesados fardos a las espaldas, han perdido el buen humor.

Finalmente Jesús se para y dice:

–      Aquí nos vamos a quedar una semana en Oración…

Para prepararos a algo muy importante.

Por eso he deseado un lugar como éste, aislado, desierto, lejos de todo tránsito de caravanas y de todo lugar habitado.

Aquí hay cuevas ya utilizadas otras veces por otros hombres; nos servirán también a nosotros.

Aquí hay agua fresca y abundante, aunque el terreno sea seco.

Tenemos pan y comida suficiente para el tiempo que vamos a estar.

Los que el año pasado estuvieron conmigo en el desierto saben cómo viví Yo; esto es un palacio respecto a aquel lugar.

Y además la estación, ya agradable, nos ahorrará las inclemencias del hielo y del sol.

Tened buen ánimo, pues.

Quizás no volvamos a estar así, todos juntos y solos.

Este tiempo que vamos a pasar aquí debe uniros, haciendo de vosotros no ya doce hombres sino una sola institución.

–     ¿No decís nada? ¿No me preguntáis nada?

Colocad en esa peña los pesos que lleváis y despeñad ese otro peso que tenéis en el corazón: vuestra humanidad.

Os he traído aquí para hablaros al espíritu, para nutriros el espíritu, para haceros espíritu.

No diré muchas palabras; ¡Muchas os he dicho ya en aproximadamente un año que llevo con vosotros! Ahora ya basta.

Si tuviera que cambiaros con la palabra debería teneros diez, cien años y aun así seríais siempre imperfectos.

Ha llegado el momento de que haga uso de vosotros, pero para ello os debo formar.

Recurro a la medicina de la Oración, que es el arma por antonomasia.

Siempre he orado por vosotros, ahora quiero que seáis vosotros mismos quienes oréis.

Todavía no os enseño mi oración, pero sí os doy a conocer ya el modo de orar y lo que es la oración:

Coloquio de hijos con su Padre, de espíritus a Espíritu, abierto, cálido, confidencial, recogido, franco.

La Oración lo es todo: confesión, conocimiento de nosotros mismos, llanto por nosotros mismos, promesa a nosotros mismos y a Dios, petición a Dios; todo hecho a los pies del Padre.

No puede hacerse en medio del bullicio, entre distracciones, a menos que se sea un coloso en la oración.

Y aun así, incluso los colosos se resienten de este choque y ruido del mundo en sus horas de oración.

EN NUESTRAS RODILLAS ESTÁ EL PODER. 16. Confesaos, pues, mutuamente vuestros pecados y orad los unos por los otros, para que seáis curados. La oración ferviente del justo tiene mucho poder.

Vosotros no sois colosos, sois pigmeos; sois sólo párvulos en el espíritu, parvos del espíritu.

Aquí alcanzaréis la edad de la razón espiritual. Lo demás vendrá después.

Por la mañana temprano, a la meridiana y al atardecer, nos reuniremos para orar juntos, con las antiguas palabras de Israel. 

Y para partir el pan.

Luego cada uno volverá a su cueva y estará en presencia de Dios y de su alma.

En presencia de cuanto os he dicho acerca de vuestra misión y en presencia de vuestras capacidades.

Medíos, escuchad, decidid. Esta será la última vez que os lo diga.

Luego tendréis que ser perfectos, hasta donde podéis, sin cansancio ni humanidad.

Luego ya no seréis Simón de Jonás o Judas de Simón, ni Andrés o Juan, Mateo o Tomás, sino que seréis mis ministros.

Marchad. Cada uno solo.

Yo estaré en aquella cueva, siempre presente.

No vengáis sin serio motivo.

Tenéis que aprender a valeros por vosotros mismos y a estar solos.

Porque, en verdad os digo que hace un año estábamos para conocernos y dentro de dos estaremos para dejarnos.

¡Ay de vosotros y ay de Mí, si no hubierais aprendido a valeros por vosotros mismos!

Dios sea con vosotros.

Judas, Juan, llevad a mi cueva, a aquélla, las provisiones; deben durar, así que las distribuiré Yo.  

Alguien objeta:

–     ¡Serán pocas!… 

–     Lo suficiente para no morir.

El vientre demasiado sacio carga el espíritu. Yo deseo elevaros, que no haceros lastre.

30 SANTIDAD DEL SACERDOCIO


30 CONOCER A DIOS, ES EMPEZAR A AMARLO

Visita de Zacarías

La santidad de José y la obediencia a los sacerdotes. 

Veo la larga sala donde presencié el encuentro de los Magos con Jesús y su acto de adoración.

Comprendo que me encuentro en la casa hospitalaria que ha acogido a la Sagrada Familia.

Asisto a la llegada de Zacarías. Isabel no está.

La dueña de la casa sale presurosa, por la terraza que circunda la casa, al encuentro del huésped que está llegando…

Le acompaña hasta una puerta y llama; luego, discreta, se retira.

José abre y, al ver a Zacarías, exulta de júbilo.

Lo pasa a una habitacioncita pequeña, de las dimensiones de un pasillo. 

José dice:

–    María está dándole la leche al Niño.

Espera un poco. Siéntate, que estarás cansado.

Y le deja sitio en su recostadero, sentándose a su lado.

Oigo que José pregunta por el pequeño Juan,

y que Zacarías responde:

–    Crece vigoroso como un potrillo.

De todas formas, ahora está sufriendo un poco por los dientes. Por eso no hemos querido traerlo. Hace mucho frío.

Así que tampoco ha venido Isabel. No podía dejarlo sin la leche.

Lo ha sentido mucho; pero, ¡Está siendo una estación tan fría…!

–     Sí, efectivamente, muy fría.

–    Me dijo el hombre que me enviasteis que cuando nació el Niño estabais sin casa.

¡Lo que habréis tenido que pasar!…

–    Sí, verdaderamente lo hemos pasado muy mal…

Pero era mayor el miedo que la precariedad en que nos encontrábamos. Teníamos miedo de que esta precariedad le pudiera perjudicar al Niño.

Y los primeros días tuvimos que pasarlos allí.

A nosotros no nos faltaba nada, porque los pastores habían transmitido la buena nueva a los betlemitas y muchos vinieron con dones.

Pero faltaba una casa, faltaba una habitación resguardada, un lecho…

Y Jesús lloraba mucho, especialmente por la noche, por el viento que entraba por todas partes.

Yo encendía un poco de fuego, pero poco, porque el humo le hacía toser al Niño… y así el frío seguía.

Dos animales calientan poco, ¡Y menos todavía en un sitio donde el aire entra por todas partes!

Faltaba agua caliente para lavarlo, faltaba ropa seca para cambiarlo… ¡Oh! ¡Ha sufrido mucho! Y María sufría al verlo sufrir.

¡Sufría yo… conque te puedes hacer una idea Ella, que es su Madre!

Le daba leche y lágrimas, leche y amor… Ahora aquí estamos mejor.

Yo había hecho una cuna muy cómoda y María había puesto un colchoncito blando. ¡Pero la tenemos en Nazaret! ¡Ah, si hubiera nacido allí, habría sido distinto!.

– Pero el Cristo tenía que nacer en Belén.

Así estaba profetizado.

María ha oído que hablaban y entra. Está toda vestida de lana blanca. Ya no lleva el vestido oscuro que tenía durante el viaje y en la gruta.

Con este de ahora está enteramente blanca, como ya la he visto otras veces; no lleva nada en la cabeza.

En sus brazos sí, a Jesús, que está durmiendo, satisfecho de leche, envuelto en sus blancos pañales.

Zacarías se levanta reverente y se inclina con veneración.

Luego se acerca y mira a Jesús dando señales de un grandísimo respeto.

Está inclinado, no tanto para verlo mejor, cuanto para rendirle homenaje.

María se lo ofrece.

Zacarías lo toma con tal adoración que parece como si estuviera elevan do un ostensorio.

Efectivamente, está cogiendo en brazos la Hostia,

la Hostia ya ofrecida, que será inmolada sólo cuando se haya dado a los hombres como alimento de amor y de redención.

Zacarías devuelve Jesús a María.

Se sientan.

Zacarías refiere de nuevo — esta vez a María — el motivo por el cual Isabel no ha venido, y cómo ello la ha apenado.

–     Durante estos meses ha estado preparando ropa para tu bendito Hijo.

Te lo he traído. Está abajo, en el carro».

Se levanta y va afuera. Vuelve con un paquete voluminoso y con otro más pequeño.

De uno y de otro — José enseguida lo ha liberado del grande — saca inmediatamente los presentes:

Una suave colcha de lana tejida a mano, pañales y vestiditos.

Del otro, miel, harina blanquísima, mantequilla y manzanas, para María. Y tortas amasadas y cocidas por Isabel.

Y muchas otras cositas que manifiestan el afecto maternal de la agradecida prima hacia la joven Madre.

María dice:  

–     Le dirás a Isabel que le quedo agradecida, como también a ti.

Me habría gustado mucho verla, pero comprendo las razones. También me hubiera gustado ver de nuevo al pequeño Juan…

–     Lo veréis para la primavera.

Vendremos a veros. 

José dice:

–     Nazaret está demasiado lejos.

–    ¿Nazaret?

Pero si debéis quedaros aquí. El Mesías debe crecer en Belén. Es la ciudad de David.

El Altísimo lo ha traído, a través de la voluntad de César, a nacer en la tierra de David, la tierra santa de Judea.

¿Por qué llevarlo a Nazaret? Ya sabéis qué es lo que piensan los judíos de los nazarenos.

El día de mañana este Niño deberá ser el Salvador de su pueblo. La capital no debe despreciar a su Rey por el hecho de despreciar a su ciudad de procedencia.

Vosotros sabéis como yo, lo insidioso que es en sus razonamientos el Sanedrín y lo desdeñosas que son las tres castas principales…

Además aquí, no lejos de mí, podré ayudaros bastante,

Y podré poner todo lo que tengo, no tanto de cosas materiales cuanto de dones morales, al servicio de este Recién Nacido.

Y cuando esté en edad de entender me sentiré dichoso de ser maestro suyo, como de mi hijo; para que así, incluso, cuando sea mayor, me bendiga.

Tenemos que pensar en el gran destino suyo, y que, por tanto, debe poderse presentar al mundo con todas las cartas para poder ganar fácilmente su partida.

Está claro que Él poseerá la Sabiduría, pero el solo hecho de que haya tenido a un sacerdote por maestro, le hará más acepto a los difíciles fariseos y a los escribas,

Y le facilitará la misión.  

María mira a José, José mira a María.

Por encima de la cabeza inocente del Niño, que duerme rosado y ajeno a lo que le rodea, se entreteje un mudo intercambio de preguntas.

Son preguntas veladas de tristeza.

María piensa en su casita; José, en su trabajo. Aquí habría que partir de cero, en un lugar en que, apenas unos días antes, nadie los conocía.

En este lugar no hay ninguna de esas cosas amadas dejadas allí, y que habían sido preparadas para el Niño con gran amor.

Y María lo dice:

–     ¿Cómo hacemos?

Allí hemos dejado todo. José ha trabajado para mi Jesús sin ahorrar esfuerzo ni dinero.

Ha trabajado de noche, para trabajar durante el día para los demás,

y ganar así lo necesario para poder comprar las maderas más bonitas, la lana más esponjosa, el lino más cándido, para preparar todo para Jesús.

Ha hecho colmenas, ha trabajado hasta de albañil para darle otra distribución a la casa, de forma que la cuna pudiera estar en mi habitación hasta que Jesús fuese más grande,

y que luego pudiese dar espacio a la cama; porque Jesús estará conmigo hasta que sea un jovencito.

Zacarías pontifica: 

–     José puede ir a recoger lo que habéis dejado.

–    ¿Y dónde lo metemos?

Como tú sabes, Zacarías, nosotros somos pobres. No tenemos más que el trabajo y la casa.

Y ambos nos dan para tirar adelante sin pasar hambre.

Pero aquí… trabajo encontraremos, quizás, pero tendremos que pensar de todas formas en una casa.

Esta buena mujer no nos puede hospedar permanentemente, y yo no puedo sacrificar a José más de lo que ya lo está por mí. 

José dice: 

–   ¡Oh, yo!

¡Por mí no es nada! Me preocupa el dolor de María, el dolor de no vivir en su casa…

Le brotan a María dos lagrimones.

–     Yo creo que debe amar esa casa como el Paraíso, por el prodigio; que allí tuvo lugar en Ella…

Hablo poco, pero entiendo mucho.

Si no fuera por este motivo, no me sentiría afligido.

A fin de cuentas, lo único es que trabajaré el doble, pero soy fuerte y joven como para trabajar el doble de lo acostumbrado y cubrir todas las necesidades.

Si María no sufre demasiado… si tú dices que se debe hacer así… por mí… aquí estoy.

Haré lo que estiméis más justo. Basta con que le sea útil a Jesús.

–     Ciertamente será útil.

Pensad en ello y veréis los motivos.  

María objeta: 

–     Se dice también que el Mesías será llamado Nazareno…

–    Cierto.

Pero, al menos hasta que se haga adulto, haced que crezca en Judea.

Dice el Profeta: “Y tú, Belén Efratá, serás la más grande, porque de ti saldrá el Salvador”.

No habla de Nazaret. Quizás ese apelativo se le dará por un motivo que desconocemos. Pero su tierra es ésta.

–     Tú lo dices, sacerdote, y nosotros…

Y nosotros con dolor te escuchamos… y seguimos tu consejo. 

María se lamenta:  

–     ¡Y qué dolor!… ¿Cuándo veré aquella casa donde fui Madre?- María llora quedo.

Y yo entiendo este llanto suyo… ¡Vaya que si lo entiendo!

La visión me termina con este llanto de María.  

Dice María:

Sé que comprendes mi llanto. De todas formas, me verás llorar más intensamente.

Por el momento voy a aliviar tu espíritu mostrándote la santidad de José,

que era hombre, o sea, que no tenía más ayuda de su espíritu que su santidad.

Yo, en mi condición de Inmaculada, tenía todos los dones de Dios; no sabía que lo era, pero en mi alma éstos eran activos y me daban fuerza espiritual.

Él, sin embargo, no era inmaculado.

La humanidad estaba en él con todo su peso gravoso…

Y debía elevarse hacia la perfección con todo ese peso,

a costa del esfuerzo continuo de todas sus facultades por querer alcanzar la perfección y ser agradable a Dios.

¡Oh, sí, verdaderamente santo era mi esposo! Santo en todo, incluso en las cosas más humildes de la vida:  

santo por su castidad de ángel, santo por su honestidad de hombre, santo por su paciencia, por su laboriosidad, por su serenidad siempre igual, por su modestia, por todo.

Esa santidad brilla también en este hecho acaecido. 

Un sacerdote le dice:

“Conviene que te establezcas aquí”; y él, aun sabiendo que su decisión le acarreará el tener que trabajar mucho más, dice:

“Por mí no es nada. Lo que me preocupa es el sufrimiento de María.

Si no fuera por esto, yo, por mí, no me afligiría; es suficiente con que le sea útil a Jesús”.

Jesús, María: sus angélicos amores. Mi santo esposo no tuvo otro amor en este mundo… y se hizo a sí mismo siervo de este amor.

Lo han hecho protector de las familias cristianas, de los trabajadores, de muchas otras categorías (moribundos, esposos…); pues bien, a mayor razón, debería hacérsele protector de los consagrados.

Entre los consagrados de este mundo al servicio de Dios, quienquiera que sea, ¿Habrá alguno que se haya ofrecido como él al servicio de su Dios, aceptando todo,

renunciando a todo, soportándolo todo, llevando todo a cabo con prontitud, con espíritu gozoso, con constancia de ánimo como él?

No, no lo hay.

Y observa otra cosa; o mejor, dos:   

Zacarías es un sacerdote; José, no.

Y, sin embargo, observa cómo él, que no lo es, tiene su espíritu en el Cielo más que quien lo es.

Zacarías piensa humanamente…

Y humanamente interpreta las Escrituras, porque — no es la primera vez que lo hace — se deja guiar demasiado por su buen sentido humano.

Ya fue castigado por ello, pero vuelve a caer en lo mismo, aunque menos gravemente.

Ya respecto al nacimiento de Juan había dicho:

“¿Cómo podrá ser esto, si yo soy viejo y mi mujer estéril?”.

Ahora dice: “Para allanarse el camino, el Cristo debe crecer aquí”;

y piensa — con esa pequeña raíz de orgullo que persiste incluso en los mejores, que él le puede ser útil a Jesús.

No útil como quiere serlo José (sirviéndole),

sino útil ¡siendo maestro suyo! Dios le perdonó de todas formas por la buena intención; pero, ¿Necesitaba, acaso, maestros el “Maestro”?

Traté de hacerle ver la luz en las profecías, mas él se sentía más docto que yo y usaba a su modo esta impresión suya.

Yo habría podido insistir y vencer, pero — y ésta es la segunda observación que te presento — respeté al sacerdote; por su dignidad, no por su saber.

Por lo general, Dios ilumina siempre al sacerdote. Digo “por lo general”. Es iluminado cuando es un verdadero sacerdote.

No es el hábito el que consagra; consagra el alma.

Para juzgar si uno es un verdadero sacerdote, debe juzgarse lo que sale de su alma.

Como dijo mi Jesús: del alma salen las cosas que santifican o que contaminan, las que informan todo el modo de actuar de un individuo.

“Oh Jesús Sacerdote, guarda a tus sacerdotes en el recinto de tu Corazón Sacratísimo, donde nadie pueda hacerles daño alguno; guarda puros sus labios, diariamente enrojecidos por tu Preciosísima Sangre. Entregamos en tus divinas manos a TODOS tus sacerdotes. Tú los conoces. Defiéndelos, Ayúdalos y SOSTENLOS, para que el Maligno no pueda tocarlos. Amén

Pues bien, cuando uno es un verdadero sacerdote, generalmente siempre Dios le inspira.

¿Y los otros, que no son tales?: 

Hay que tener con ellos caridad sobrenatural, orar por ellos.

Y mi Hijo te ha puesto ya al servicio de esta redención, y no digo más.

Alégrate de sufrir porque aumenten los verdaderos sacerdotes.

Descansa en la palabra de aquel que te guía. Cree y presta obediencia a su consejo.

Obedecer salva siempre.

Aunque no sea en todo perfecto el consejo que se recibe. Tú has visto que nosotros obedecimos, y el fruto fue bueno.

Verdad es que Herodes se limitó a ordenar el exterminio de los niños de Belén y de los alrededores.

Pero, ¿No habría podido, acaso, Satanás llevar estas ondas de odio; propagarlas mucho más allá de Belén? y

¿Persuadir a un mismo delito a todos los poderosos de Palestina, para lograr matar al futuro Rey de los judíos?

Sí, habría podido.

Y esto habría sucedido en los primeros tiempos del Cristo, cuando el repetirse de los prodigios ya había despertado la atención de las muchedumbres y el ojo de los poderosos.

Y, si ello hubiera sucedido, ¿Cómo habríamos podido atravesar toda Palestina para ir, desde la lejana Nazaret, a Egipto, tierra que daba asilo a los hebreos perseguidos,

y, además, con un niño pequeño y en plena persecución?

Más sencilla la fuga de Belén, aunque — eso sí — igualmente dolorosa.

La obediencia salva siempre, recuérdalo; “y el respeto al sacerdote es siempre señal de formación cristiana.

¡Ay — y Jesús lo ha dicho — ay de los sacerdotes que pierden su llama apostólica!

Pero también ¡Ay de quien se cree autorizado a despreciarlos!, porque ellos consagran y distribuyen el Pan verdadero que del Cielo baja.

Este contacto los hace santos cual cáliz sagrado, aunque no lo sean. De ello deberán responder a Dios. Vosotros consideradlos tales y no os preocupéis de más.

No seáis más intransigentes que vuestro Señor Jesucristo, el cual, ante su imperativo, deja el Cielo y desciende para ser elevado por sus manos.

Aprended de Él.

Y, si están ciegos, o sordos, o si su alma está paralítica y su pensamiento enfermo, o si tienen la lepra de unas culpas que contrastan demasiado con su misión,

si son Lázaros en un sepulcro, llamad a Jesús para que les devuelva la salud, para que los resucite.

Llamadlo, almas víctimas, con vuestro orar y vuestro sufrir.

Salvar un alma es predestinar al Cielo la propia.

Pero salvar un alma sacerdotal es salvar un número grande de almas, porque todo sacerdote santo es una red que arrastra almas hacia Dios,

y salvar a un sacerdote,

o sea, santificar, santificar de nuevo, es crear esta mística red. Cada una de sus capturas es una luz que se añade a vuestra eterna corona. Vete en paz.

23 LA CIRCUNCISIÓN


23 CONOCER A DIOS, ES EMPEZAR A AMARLO

La circuncisión de Juan el Bautista.

María es Fuente de Gracia para quien acoge la Luz.

Hay ambiente de fiesta en la casa. Es el día de la circuncisión.

María se ha preocupado de que todo esté lindo y en orden. Las habitaciones resplandecen de luz. Lucen por todas partes los más bellos paños, los más bellos atavíos.

Hay mucha gente.

María se mueve ágil entre los grupos, toda hermosa con su más bonito vestido blanco.

Isabel, reverenciada como una matrona, goza feliz su fiesta. El niño está en su regazo, saciado ya de leche. Llega la hora de la circuncisión. 

Unos hombres dicen:

–     Zacarías le llamaremos.

Tú eres anciano. Justo sería ponerle tu nombre al niño.

La madre exclama:

–     ¡De ninguna manera! 

Su nombre es Juan. Su nombre debe dar testimonio de la potencia de Dios.

–     ¿Pero se puede saber cuándo ha habido un Juan en nuestra parentela?.

–     No importa.

Tiene que llamarse Juan.

–     ¿Tú qué dices, Zacarías?

¿Quieres tu nombre, no es verdad?. 

Zacarías dice que no, con gestos. Coge una tablilla y escribe: «Su nombre es Juan».

Y nada más terminar de escribir, añade, ya su liberada lengua:

–     Porque Dios nos ha hecho objeto de una gran gracia, a mí, su padre y a su madre.

Como también a este nuevo siervo suyo, el cual consumirá su vida en aras de la gloria del Señor y será llamado grande por los siglos y ante los ojos de Dios,

porque pasará convirtiendo a los corazones al Señor altísimo. Lo dijo el ángel y yo no lo creí.

Mas ahora creo y entra la Luz en mí. La Luz está entre nosotros y vosotros no la veis. Su destino es el de no ser vista, pues el espíritu de los hombres está lleno de estorbos, y además es perezoso.

Pero mi hijo sí que la verá y hablará de Ella y hará que a Ella se vuelvan los corazones de los justos de Israel. ¡Bienaventurados los que crean en Ella y crean siempre en la Palabra del Señor!

Y bendito seas Tú, Señor eterno, Dios de Israel, porque has visitado y redimido a tu pueblo, suscitando en él un poderoso Salvador en la casa de su siervo David.

Como prometiste por boca de los santos Profetas, ya desde los tiempos antiguos: librarnos de nuestros enemigos y de las manos de los que nos odian,

para ejercitar tu misericordia hacia nuestros padres y mostrar que te acuerdas de tu santa alianza.

Este es el juramento que hiciste a Abraham, nuestro padre: concedernos que, sin temor, de las manos de nuestros enemigos libres, te sirviéramos con santidad y justicia en presencia tuya toda la vida

Los presentes se quedan estupefactos, tanto del nombre como del milagro, como de las palabras de Zacarías. Isabel, que al oír la primera palabra de Zacarías ha gritado de alegría,.

ahora está llorando abrazada a María, que la acaricia contenta.

No veo la circuncisión. Veo sólo que traen a Juan y que chilla desesperado. No le calma ni siquiera la leche de su mamá. Tira patadas como un potrillo.

Pero María le toma en sus brazos y le acuna, y él se calla y se queda tranquilo. 

Sara dice:

–    ¡Fijáos!

¡Sólo se calla cuando le toma en brazos ella!.

La gente se va marchando lentamente. En la habitación se quedan únicamente María, con el pequeñín en sus brazos, e Isabel, dichosa.

Entra Zacarías y cierra la puerta. Mira a María con lágrimas en los ojos. Hace ademán de hablar. Guarda silencio.

Continúa adelante. Se arrodilla ante María,

y le dice:

–     Bendice al mísero siervo del Señor.

Bendícelo. Tú puedes hacerlo, tú que lo llevas en tu seno. La palabra de Dios me ha hablado cuando he reconocido mi error, cuando he creído en todo cuanto me había sido dicho.

Yo te veo a ti y veo tu destino feliz. Adoro en ti al Dios de Jacob. Tú, mi primer Templo, donde el sacerdote, regresado, puede de nuevo orar al Eterno.

Bendita tú, que has obtenido gracia para el mundo y le traes el Salvador.

Perdona a tu siervo si no ha visto antes tu majestad. Con tu venida nos has traído todas las gracias. En efecto, doquiera que vas, ¡Oh Llena de Gracia!, Dios obra sus prodigios;

santas son las paredes en que tú entras, santos se hacen los oídos que oyen tu voz y la carne que tú tocas, santos los corazones, porque tú confieres Gracia, Madre del Altísimo,

Virgen profetizada y esperada para darle al pueblo de Dios el Salvador.

María sonríe, encendida de humildad,

Y habla:

–     Gloria al Señor, a Él sólo. De Él y no de mí viene toda gracia.

Y Él te la dona para que lo ames y sirvas con perfección en los años que te quedan, para merecer su Reino, que será abierto por mi Hijo a los Patriarcas, a los Profetas, a los justos del Señor. 

Y tú, ahora que puedes orar ante el Santo, ora por la sierva del Altísimo; que, si ser Madre del Hijo de Dios es destino dichoso, ser Madre del Redentor debe ser destino de atroz sufrimiento.

Ora por mí, que hora a hora siento crecer mi peso de dolor, y durante toda una vida tendré que llevarlo; no lo veo en sus detalles particulares, pero sí siento que será un peso mayor

que si sobre estos hombros míos de mujer se posase el mundo y tuviera que ofrecérsele al Cielo. ¡Yo, yo sola, una pobre mujer! ¡Mi Niño! ¡El Hijo mío!

El tuyo no llora si yo le acuno; pero, ¿voy a poder acunar yo al mío para calmarle el dolor?…

Ora por mí, sacerdote de Dios. Mi corazón tiembla como una flor en medio de un temporal.

Miro a los hombres y los amo, pero detrás de sus rostros veo aparecer al Enemigo, y veo cómo los hace enemigos de Dios, de Jesús, de mi Hijo…

Y la visión cesa con la palidez de María y esas lágrimas suyas que hacen luciente su mirada.

Dice María:

A quien reconoce su error arrepintiéndose y acusándose con humildad y corazón sincero, Dios lo perdona; no sólo lo perdona, sino que lo recompensa.

¡Oh, qué bueno es mi Señor con los humildes y sinceros, con los que creen en Él y en Él se abandonan!

Arrojad de vuestro espíritu todo lo que lo traba y lo hace perezoso. Disponedlo para que acoja la Luz, que es, cual faro en las tinieblas, guía y santo conforto.

¡Amistad con Dios, beatitud de sus fieles, riqueza no igualada por nada, quien te posee nunca está solo ni siente la amargura de la desesperación!

No anulas el dolor, santa amistad, porque el dolor fue destino de un Dios encarnado y puede ser destino del hombre;

eso sí, lo haces dulce en su amargura, y añades una luz y una caricia que, cuales celestes toques, alivian la cruz.

Y, cuando la Bondad divina os dé una gracia, usad el bien recibido para dar gloria a Dios. 

No seáis como esos insensatos que de un objeto bueno se hacen un arma dañosa, o como los derrochadores que de la abundancia acaban haciendo miseria.

Me causáis demasiado dolor, hijos tras cuyos rostros veo aparecer al Enemigo, a aquel que arremete contra mi Jesús. ¡Demasiado dolor!

Yo quisiera ser para todos el Manantial de la Gracia, pero hay demasiados entre vosotros que no quieren la Gracia. Pedís “gracias”, pero con el alma privada de Gracia.

¿Cómo podrá la Gracia socorreros si sois enemigos suyos? El gran misterio del Viernes Santo se aproxima.

Todo en los templos lo recuerda y lo celebra. Pero es necesario que lo celebréis y lo recordéis en vuestros corazones, y que os deis golpes de pecho, como los que bajaban del Gólgota,

y que digáis: “Este es realmente el Hijo de Dios, el Salvador”, y que digáis: ‘Jesús, por tu Nombre, sálvanos”, y que digáis: “Padre, perdónanos”, y, en fin, es necesario decir:

“Señor, yo no soy digno; pero, si Tú me perdonas y vienes a mí, mi alma quedará curada. Yo no quiero, no, no quiero pecar ya más, para no volver a enfermarme y para no ser de nuevo detestado por ti”.

Orad, hijos, con las palabras de mi Hijo. Decidle al Padre por vuestros enemigos: “Padre, perdónalos”. Invocad al Padre, que se ha apartado indignado por vuestros errores:

“Padre, Padre, ¿Por qué me has abandonado? Yo soy pecador, pero, si me abandonas, moriré. Vuelve, Padre santo, que yo me salve”.

Poned vuestro eterno bien, vuestro espíritu, en manos del Único que lo puede conservar ileso del demonio: “Padre, en tus manos dejo mi espíritu”.

Si humilde y amorosamente cedéis vuestro espíritu a Dios, El ciertamente le guiará como hace un padre con su pequeñuelo; no permitirá que nada dañe vuestro espíritu.

Jesús, en sus agonías, oró para enseñaros a orar.

Os lo recuerdo en estos días de Pasión. Y tú, María, (se dirige la Virgen a María Valtorta) tú que ves mi gozo de Madre y te extasías con ello,

piensa y recuerda que he poseído a Dios a través de un dolor progresivamente más intenso, que bajó a mí con la Semilla de Dios

y, cual árbol gigante, fue creciendo hasta tocar el Cielo con su copa y el Infierno con sus raíces,

cuando recibí en mi regazo el despojo exánime de la Carne de mi carne,

y vi y conté sus laceraciones, y toqué su Corazón desgarrado, para apurar aquél hasta su última gota.

92 EL APÓSTOL TÍMIDO


92 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Agua Especiosa sin peregrinos…

Produce una extraña sensación verla así, sin signos de que alguien haya acampado o al menos, consumido su comida en la era o bajo el cobertizo.

Sólo limpieza y orden hoy, sin ninguna de esas señales que dejan los rastros en una fuerte confluencia de gente.

Los discípulos ocupan su tiempo en trabajos manuales:

Unos, trenzando mimbres para hacer nuevas trampas para los peces; otros, ocupados en pequeños trabajos de desmonte del terreno…

Y de canalización del agua de los tejados para que no se estanque en la era.

Jesús está en pie en un prado, echando migas de pan a los gorriones.

Hasta donde alcanza la vista, no hay ni un ser viviente, a pesar de que el día esté sereno. 

Andrés ha terminado una tarea encomendada y se dirige hacia Jesús.

Lo saluda:

–     Paz a ti, Maestro.

–     Y a ti, Andrés.

Ven aquí un poco conmigo. Tú puedes estar con los pajarillos. Eres como ellos.

¿Te das cuenta?: cuando ellos saben que quien se les acerca los quiere, pierden el miedo.

Mira lo confiados que son y seguros y alegres. Primero estaban casi junto a mis pies, ahora estás tú y están alerta…

Mira, mira… mira ese gorrión, es más audaz y se está acercando, ha comprendido que no hay ningún peligro. 

Y detrás de él vienen los otros. ¿Ves cómo comen?

¿No es igual que para nosotros, que somos hijos del Padre? Él nos sacia de su amor.

Y cuando estamos seguros de ser amados y de que nos ha invitado a su amistad, ¿Por qué tener miedo de Él y de nosotros?

Su amistad debe hacernos audaces incluso entre los hombres.

Cree esto: sólo el malhechor debe tener miedo de sus semejantes; no el justo, como tú eres.

Andrés se ha puesto colorado y no habla.

Jesús lo aacerca hacia sí y dice sonriendo:

–      Habría que uniros a ti y a Simón en un mismo néctar, diluiros y luego daros de nuevo forma.

Seríais perfectos. Con todo… si te dijera que, a pesar de ser tan distinto al principio, serás perfectamente igual a Pedro al final de tu misión, ¿Lo creerías?

–     Si Tú lo dices, es cierto.

Ni siquiera me pregunto cómo podrá ser, porque todo lo que Tú dices es verdad.

Me alegraré de ser como Simón, mi hermano, porque es un hombre justo y te hace feliz. ¡Simón vale!

Me siento muy contento de que sea una persona que vale. Valiente, fuerte. ¡Bueno, también los demás!…

–     ¿Y tú, no?

–     ¿Yo?… Tú eres el único que puede estar contento de mí…

–     Y darme cuenta de que trabajas silenciosamente y con más profundidad que los otros.

Porque en los Doce hay quien llama la atención en forma proporcionada a su trabajo, hay quien la llama mucho más de cuanto trabaja.

Y hay quien sólo trabaja, sin llamar la atención; un trabajo humilde, activo, ignorado… los otros pueden creer que éste no hace nada.

Mas Aquel que ve, sabe las cosas.

Existen estas diferencias porque aún no sois perfectos y existirán siempre entre los futuros discípulos, entre aquellos que vengan después de vosotros.

Hasta el momento en que el ángel proclame con voz de trueno: “El tiempo ha terminado”.

Siempre habrá ministros del Cristo en que estarán nivelados lo que hacen y la atracción hacia ellos de las miradas del mundo: los maestros.

Y existirán por desgracia, aquellos que serán sólo rumor y gesto externos, sólo externos, los falsos pastores de poses histriónicas…

¿Sacerdotes? NO. Mimos, nada más. No es el gesto el que hace al sacerdote, y tampoco el hábito.

No hacen al sacerdote ni su cultura terrena, ni las relaciones influyentes de este mundo; es su alma. Un alma tan grande que anule la carne.

Todo espíritu mi sacerdote… así le sueño, así serán mis santos sacerdotes.

El espíritu no tiene voz, ni pose de trágico; es inconsistente porque es espiritual y por tanto, no puede llevar peplos o máscaras.

Es lo que es: espíritu, llama, luz, amor; habla a los espíritus, habla con la castidad de las miradas, de los hechos, de las palabras, de las obras.

El hombre mira, y ve a un semejante suyo. Pero, más allá de la carne y por encima de ella, ¿Qué ve?:

Algo que le hace detenerse en su caminar apresurado, meditar y concluir: “Este hombre, semejante a mí, tiene de hombre sólo el aspecto; el alma es de ángel”.

Y, si se trata de un incrédulo, concluirá: “Por él creo que hay un Dios y un Cielo” y si es lujurioso, dice: “Éste, igual a mí, tiene ojos de Cielo; freno mi sentido para no profanarlos”.

Si se trata de un avaro, decidirá: “Por el ejemplo de éste, que no tiene apego a las riquezas, yo ceso de ser avaro”

Si es un iracundo, una persona violenta, en presencia del manso se vuelve un ser más sereno. Todo esto puede hacer un sacerdote santo.

Y créelo, siempre existirán, entre los sacerdotes santos, los que sepan incluso morir por amor a Dios y al prójimo.

Y hacerlo tan silenciosamente, después de haber ejercitado la perfección durante toda la vida también silenciosamente, que el mundo ni siquiera se dé cuenta de ellos.

Pero, si el mundo no acaba siendo enteramente un lupanar y un lugar de idolatría; será por éstos, los héroes del silencio y de la laboriosidad fiel.

Y tendrán tu sonrisa, pura y tímida.

Porque siempre habrá Andreses… ¡Por gracia de Dios por suerte para el mundo, los habrá.

Andrés está ruborizado y asombrado.

Y balbucea:

–     Yo no creía merecer estas palabras…

No había hecho nada para suscitarlas…

–     Me has ayudado a llevar hacia Dios a un corazón.

Y es el segundo que conduces hacia la Luz».

–     ¿Por qué ha hablado! ¡Me había prometido…!

–     Nadie ha hablado.

Pero Yo sé las cosas. Cuando los compañeros duermen cansados; tres son los que están en vela en Agua Especiosa:

El apóstol de silencioso y activo amor hacia los hermanos pecadores.

La criatura a la que su alma aguijonea hacia la salvación… Y el Salvador que ora y vela, que espera y tiene esperanza…

Mi esperanza es ésta: que un alma encuentre su salud… Gracias, Andrés. Sigue así. Bendito seas por ello.

–     ¡Maestro!…

Pero no digas nada a los otros… A solas, hablándole a una leprosa en una playa desierta, hablándole aquí a una mujer cuyo rostro no veo, algo sé hacer.

Pero, si los otros lo saben, especialmente Simón y quiere venir… yo ya no sé hacer nada…

No vengas ni siquiera Tú… porque me avergüenzo de hablar delante de Tí.

–     No iré contigo.

Jesús no irá, pero el Espíritu de Dios ha ido siempre contigo. Vamos a casa. Nos están llamando para la comida.

Y todo cesa entre Jesús y el manso discípulo.

86 “NO TENTARÁS AL SEÑOR, TU DIOS”


86 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Es un día frío de invierno. Hace sol y viento; el cielo está sereno, uniforme, sin el más mínimo vestigio de nubes.

Apenas está amaneciendo. Hay todavía una fina capa de escarcha, que esparce un polvo diamantífero sobre el suelo y sobre las hierbas.

Vienen hacia la casa tres hombres, que caminan con la seguridad de quien sabe a dónde dirigirse.

Llegando ven a Juan, que en ese momento atraviesa el patio cargado con unos cántaros de agua sacados del pozo, y lo llaman.

Juan se vuelve, deja las ánforas y dice:

–      ¿Vosotros aquí? ¡Bienvenidos!

El Maestro se alegrará al veros. Venid. Venid, antes de que llegue la gente. ¡Ahora viene mucha!…

Son los tres pastores discípulos de Juan Bautista: Simeón, Juan y Matías se van contentos detrás del apóstol. 

Cuando entran en la casa, van hasta la cocina, donde arde alegre un gran fuego de leña menuda, que expande un agradable olor a bosque y a laurel quemado.

Y  Juan dice:

–      Maestro, han venido tres amigos. Mira… 

Jesús los saluda:

–     Paz a vosotros, amigos míos. ¿Cómo es que venís a verme? ¿Le ha sucedido alguna desgracia al Bautista?

Simeón contesta:

–     No, Maestro. Hemos venido con permiso suyo.

Te envía saludos y dice que encomiendes a Dios, al león perseguido por los arqueros.

No se hace ilusiones respecto a su suerte futura, aunque por ahora sigue libre.

Está contento porque sabe que tienes muchos fieles, incluidos los que antes eran suyos.

Maestro… nosotros también lo deseamos vivamente, pero… no queremos abandonarlo ahora que lo persiguen. Compréndenos… 

Jesús afirma:

–     No sólo eso, sino que os bendigo por ello.

El Bautista merece todo respeto y amor.

Matías confirma:

–     Sí. Así es. El Bautista es grande y cada vez resalta más su figura.

Se parece al agave, que poco antes de morir produce el gran candelabro de la septiforme flor, lo ondea y perfuma.

Así es él. Y siempre dice: “Mi único deseo es volver a verlo…”. Verte a ti.

Nosotros hemos recogido este grito de su alma y te lo hemos venido a traer sin decírselo.

Otro pastor agrega: 

–     Él es “el Penitente”, “el Abstinente”. Su santo deseo de verte y de oírte lo consume.

Yo soy Tobías, ahora Matías. Creo que el arcángel dado a Tobiolo no sería distinto del Bautista; todo en él es sabiduría.

–     ¿Quién ha dicho que no lo volveré a ver?…

Pero, ¿Habéis venido sólo para esto? Es penoso caminar durante esta estación.

Hoy hace un tiempo sereno pero, hasta hace sólo tres días, ¡Cuánta lluvia por los caminos!

El pastor Juan explica:

–     No hemos venido sólo por esto.

Hace unos días vino Doras, el fariseo, a purificarse, pero el Bautista le negó el rito diciendo:

“No llega el agua a donde hay una costra tan grande de pecado. Uno sólo te puede perdonar: el Mesías”.

Entonces él dijo: “Iré a verlo. Quiero curarme. Creo que este mal es su maleficio”.

Y el Bautista lo arrojó de su presencia como lo habría hecho con Satanás.

Él, al irse, vio a Juan, lo conocía desde que Juan visitaba a Jonás, con quien estaba algo emparentado.

Y le dijo que venía, que todos iban, que había venido Manahén y hasta incluso venían los ‘lameculos’. “Agua Especiosa – decía – está llena de ilusos.

Ahora, si me cura y me retira la maldición de mis tierras, que están como excavadas por máquinas de guerra, por ejércitos de topos y gusanos.

Y una tropa de plagas que horadan los granos sembrados y roen las raíces de los árboles frutales y de las vides…

Y no hay nada que los detenga, me haré amigo suyo. Si no… ¡Ay de Él!”.

Nosotros le respondimos:

–       ¿Y vas con esta disposición de ánimo?”.

Y él respondió:

–       Pero ¿Quién cree en ese satanás?

Además, lo mismo que convive con las meretrices puede hacer alianza conmigo”.

Nosotros queríamos venir a decírtelo, para que pudieras saber a qué atenerte con Doras.

Jesús responde:

–     Ya está todo resuelto.

Los tres responden simultáneamente:

–     ¿Ya?

–     ¡Ah, es verdad!, Que él tiene carros y caballos y nosotros sólo las piernas.

–     ¿Cuándo ha venido?

–     Ayer.

–     ¿Y qué ha ocurrido?

–     Esto: que si queréis ocuparos de Doras podéis ir al duelo a su casa de Jerusalén.

Lo están preparando para la sepultura.

–     ¿Muerto?

–     Muerto. Aquí. Pero no hablemos de él.

–     Sí, Maestro… Sólo… dinos una cosa. ¿Es verdad cuanto dijo de Manahén?

–     Sí. ¿Os desagrada?

–     No, no…, nos alegra.

¡Cuánto le hemos hablado de ti en Maqueronte!

–     Y, ¿Qué otra cosa puede querer el apóstol sino que sea amado el Maestro?

–     Es lo que Juan quiere, y, con él, nosotros.

–     Hablas bien, Matías; la sabiduría está contigo.

–     Y… yo no lo creo, pero ahora la hemos visto…

Vino también a nosotros buscándote a Tí antes de los Tabernáculos.

Y le dijimos: “Quien tú buscas no está aquí, pero estará pronto en Jerusalén para los Tabernáculos”.

Eso le dijimos, porque el Bautista nos había dicho:

“¿Veis a esa pecadora?: es una costra de inmundicia; pero lleva dentro una llama a la que hay que alimentar.

Así, se avivará de tal modo que surgirá impetuosamente de debajo de la costra y todo arderá. Caerá la inmundicia y quedará sólo la llama”.

–     Eso dijo. Pero…

¿Es verdad que duerme aquí, como han venido a decirnos dos influyentes escribas?

Jesús rebate:

–     No.

Está en uno de los establos del capataz, a más de un estadio de aquí.

–     ¡Lenguas de infierno! ¿Has oído? ¡Y ellos!…

–     Dejadlos que hablen.

Los buenos no creen en sus palabras, sino en mis obras.

–     Esto lo dice también Juan.

Hace unos días, algunos discípulos suyos, nosotros presentes, le han dicho:

“Rabí, Aquel que estaba contigo al otro lado del Jordán, del que tú diste testimonio, ahora bautiza. Y todos van a Él; te vas a quedar sin fieles”.

A lo que Juan respondió:

–     ¡Dichoso mi oído, que oye esta noticia!

¡No sabéis qué alegría me dais! Sabed que el hombre no puede tomar nada si no le es dado del Cielo.

Vosotros podéis testificar que he dicho: `Yo no soy el Cristo, si no el que ha sido enviado delante para prepararle el camino’.

El hombre justo no se apropia de un nombre ajeno.

Y aunque otro hombre quisiera alabarle diciéndole: “eres ése”, es decir: el Santo, él responde: “No, realmente no es así; yo soy su siervo”.

Y de todas formas se alegra mucho de ello, porque dice:

“Se ve que me asemejo a Él un poco, si el hombre me puede confundir con Él”.

Y, ¿Qué desea la persona que ama sino parecerse a su amado? Sólo la esposa goza del esposo.

El paraninfo no podría gozar de ella, porque sería una inmoralidad y un hurto.

Pero el amigo del novio, que está cerca de él y escucha su palabra llena de júbilo nupcial, siente una alegría tan viva que podría compararse a la que hace dichosa a la virgen casada con él,

la cual en aquella palabra comienza ya a degustar la miel de las palabras nupciales. Esta es mi alegría, y es completa.

¿Y qué hace el amigo del novio, habiéndole servido durante meses y habiéndolo conducido a la esposa a casa?

Se retira y desaparece.

¡Así hago yo! ¡Así hago yo! Uno sólo queda, el esposo con la esposa: el Hombre con la Humanidad.

¡Oh, qué palabra más profunda! Es necesario que Él crezca y que yo merme.

Quien del Cielo viene está por encima de todos.

Patriarcas y Profetas desaparecen a su llegada, porque Él es como el Sol, que todo lo ilumina y su luz es tan viva que los astros y planetas sin luz se visten de ella.

Y los que aún no están apagados quedan anulados en el supremo esplendor del Sol.

Esto sucede porque Él viene del Cielo, mientras que los Patriarcas y los Profetas irán al Cielo, pero no vienen del Cielo.

Quien viene del Cielo es superior a todos.

Y anuncia lo que ha visto y oído. Pero ninguno de entre los que no tienden al Cielo, renegando de Dios por ello, podrá aceptar su testimonio.

Quien acepta el testimonio del que ha bajado del Cielo, con este acto suyo de creer, imprime un sello a su Fe en que Dios es verdadero y no una fábula exenta de verdad.

Y escucha a la Verdad porque su ánimo está deseoso de ella.

Porque Aquél a quien Dios ha enviado pronuncia palabras de Dios, pues Dios le da el Espíritu con plenitud,

Y el Espíritu dice: “Aquí estoy. Tómame; que quiero estar contigo, delicia de nuestro amor”.

Porque el Padre ama al Hijo sin medida y todas las cosas las ha puesto en su mano.

Por eso quien cree en el Hijo tiene la vida eterna; mas quien se niega a creer en el Hijo no verá la Vida.

Y la cólera de Dios permanecerá en él y sobre él”.

Matiás concluye:

–     Esto dijo. Estas palabras me las he grabado en mi mente para transmitírtelas.

–     Te lo agradezco y te alabo por ello.

El Profeta último de Israel no es Aquel que del Cielo baja;

Pero, por haber recibido el beneficio de los dones divinos ya desde el vientre de su madre, vosotros no lo sabéis

Por eso Yo os lo digo ahora: es el que más se acerca al Cielo.

Los tres dicen al mismo tiempo:

–     ¿Cómo?

–     ¿Cómo? ¡Háblanos!

–      Él dice de sí mismo: “Yo soy el pecador”.

Los tres pastores se muestran ansiosos de saber, así como también los discípulos.

Jesús explica:

–     Cuando la Madre me llevaba, de Mí-Dios estando encinta,

Fue a servir, porque es la Humilde y Amorosa, a la madre de Juan: prima suya por parte de madre, que había quedado embarazada en su vejez.

Ya el Bautista tenía su alma, porque estaba en el séptimo (tenía su alma, porque estaba en el séptimo mes de su formación.

Esta afirmación no excluye el que el alma sea infundida desde el primer instante de la concepción.

La primera persona en reconocer a Jesús “¡FUE UN NIÑO NO NACIDO!”

Lo que parece más bien, es que Jesús quiere rechazar la opinión de que el individuo reciba su alma en el momento del nacimiento…

O incluso, después de haber nacido, mes de su formación.

Y este brote de hombre, dentro del seno materno, saltó de alegría al oír la voz de la Esposa de Dios.

También en esto fue Precursor; precedió a los redimidos, porque de seno a seno se efundió la Gracia…

Y penetró.

Y cayó la Culpa original del alma del niño.

Por ello Yo digo que sobre la faz de la Tierra tres son los posesores de la Sabiduría, del mismo modo que en el Cielo Tres son los que son Sabiduría:

El Verbo, la Madre, el Precursor, en la Tierra; el Padre, el Hijo, el Espíritu Santo, en el Cielo.

Simeón afirma:

–     Nuestro corazón está henchido de estupor…

Casi como cuando se nos dijo: “Ha nacido el Mesías…”. Porque Tú eras la profundidad abisal de la misericordia y nuestro Juan lo es de la humildad.

–     Y mi Madre, de la pureza, de la gracia, de la caridad, de la obediencia, de la humildad, de toda virtud que sea de Dios y que Dios infunda a sus santos.

Santiago de Zebedeo dice:

–     Maestro, hay mucha gente.

Jesús los invita:

–     Vamos. Venid también vosotros.

Es muchísima la gente.

Jesús toma su lugar y saluda diciendo:

–      La Paz sea con vosotros.

Está sonriente como pocas veces.

La gente cuchichea y lo señala con gestos.

Hay mucha curiosidad en el ambiente.

Y Jesús empieza a hablar:

“No tentarás al Señor tu Dios”, está escrito.

Demasiadas veces se olvida este Mandamiento.

Se tienta a Dios cuando se le quiere imponer nuestra voluntad.

Se tienta a Dios cuando imprudentemente se actúa contra las reglas de la Ley, que es santa y perfecta y en su lado espiritual, el principal.

Se ocupa y se preocupa, también, de la carne que Dios ha creado.

Se tienta a Dios cuando, habiendo sido perdonados por Él, se vuelve a pecar.

Uno tienta a Dios cuando, habiendo recibido de Él un beneficio que pretendía ser un bien para sí, algo que le moviera hacia Dios, lo transforma en un daño.

Dios no es objeto de risa ni de burla.

Demasiadas veces sucede esto.

Ayer habéis presenciado el castigo que espera a quienes pretenden mofarse de Dios.

El eterno Dios, lleno de compasión con quien se arrepiente; se muestra por el contrario,

lleno de severidad con el impenitente que en manera alguna se modifica a sí mismo.

Vosotros venís a Mí para oír la palabra de Dios. Venís para obtener un milagro. Venís para obtener el perdón.

Y el Padre os da palabra, milagro y perdón.

Y Yo no echo de menos el Cielo, porque puedo daros milagros y perdón. Y puedo haceros conocer a Dios.

Ese hombre cayó ayer fulminado, como Nadab y Abiú, por el Fuego de la divina indignación.

De todas formas, absteneos de juzgarlo.

Que lo que ha sucedido, que ha sido un nuevo milagro, solamente os haga meditar acerca de cómo hay que actuar para tener a Dios como amigo.

Él quería el agua penitencial, pero sin espíritu sobrenatural; la quería por espíritu humano:

como una práctica mágica que le curase la enfermedad y lo liberase de la desventura.

El cuerpo y la cosecha: éstos eran sus fines, no su pobre alma, que no tenía valor para él. Lo valioso para él era la vida y el dinero.

Yo digo: “El corazón está donde está el tesoro, y el tesoro donde el corazón.

Por tanto, el tesoro está en el corazón”.

Él en el corazón tenía la sed de vivir y de tener mucho dinero. ¿Cómo obtenerlo?: Como fuera; incluso con el delito.

Pues bien, pedir así el bautismo ¿No era reírse de Dios y tentarlo?

Habría bastado el arrepentimiento sincero por su larga vida de pecado para proporcionarle una santa muerte.

Y lo justo en esta tierra.

Pero él era el impenitente. No habiendo amado nunca a nadie aparte de sí mismo, llegó a no amarse ni siquiera a sí mismo.

Porque el ODIO mata incluso el amor animal egoísta del hombre hacia sí mismo.

El llanto del arrepentimiento sincero habría debido ser su agua lustral. De la misma forma, para todos vosotros que estáis escuchando; porque sin pecado no hay nadie…

Y todos, por tanto, tenéis necesidad de esta agua que, exprimida por el corazón mismo, desciende y lava, da de nuevo la virginidad a quien ha sido profanado,

Levanta al abatido, da nuevo vigor a quien la culpa ha dejado exangüe.

Ese hombre se preocupaba sólo de la miseria de la tierra, cuando en realidad sólo una miseria debe apesadumbrar al hombre:

La eterna miseria de perder a Dios.

Ese hombre no dejaba de hacer las ofrendas rituales, mas no sabía ofrecer a Dios un sacrificio de espíritu;

es decir, alejarse del pecado, hacer penitencia, pedir con los hechos el perdón.

Una hipócrita ofrenda de riquezas mal adquiridas es como invitarle a Dios a que se haga cómplice de las malas acciones del hombre.

¿Es posible que esto suceda?

¿No es reírse de Dios el pretenderlo? Dios arroja de su presencia a quien dice: “he aquí que sacrifico”

y se consume internamente por continuar su pecado.

¿Ayuda, acaso, el ayuno corporal cuando el alma no ayuna del pecado?

Que la muerte de este hombre, que ha acontecido aquí, os haga meditar sobre las condiciones necesarias para gozar del aprecio de Dios.

Ahora, en su rico palacio, los familiares y las plañideras hacen duelo ante los restos mortales que dentro de poco serán conducidos al sepulcro.

¡Oh, verdadero duelo y verdaderos restos mortales!

¡Nada más que unos restos mortales! Nada más que un desconsolado duelo…

Porque el alma, precedente e irremisiblemente muerta, se verá para siempre separada de aquellos que amó por parentela y afinidad de ideas.

Aunque una misma morada los una eternamente, el ODIO que allí reina los dividirá.

Es así que entonces la muerte es verdadera separación.

Mejor sería que, en vez de los demás, fuese el propio hombre quien, teniendo muerta el alma, llorase por sí mismo; de modo que, por ese llanto de contrito y humilde corazón, le devolviera al alma la vida con el perdón de Dios.

Idos, sin odio ni comentarios, nada más que con humildad; como Yo que no con odio sino por justicia, he hablado de él.

La vida y la muerte son maestras para bien vivir y bien morir.

Y para conquistar la Vida sin muerte. La paz sea con vosotros.

No hay ni enfermos ni milagros.

y Pedro les dice a los tres discípulos del Bautista:

–       Lo siento por vosotros.

Y ellos contestan:

–     No es necesario.

Nosotros creemos sin ver.

Hemos tenido el milagro de su Natividad, que nos ha hecho creyentes.

Y ahora tenemos su palabra, que confirma nuestra Fe. Sólo pedimos servirle hasta el Cielo, como Jonás, hermano nuestro.

51 INICIA LA PERSECUCIÓN


51 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Jesús está en Betsaida.

Habla de pie en la barca en que ha venido, que está casi encallada en la arena de la orilla, atada a una estaca de un pequeño espigón rudimentario.

Mucha gente, sentada en semicírculo sobre la arena, lo está escuchando.

Jesús acaba de empezar su discurso:

«… En esto veo que me amáis también vosotros los de Cafarnaúm, que me habéis seguido dejando negocios y comodidades con tal de oír la Palabra que os adoctrina.

Sé también que ello, más que el hecho de dejar de lado esos negocios, con el consiguiente perjuicio a vuestra bolsa, os acarrea burlas e incluso menoscabo social.

Sé que Simón, Elí, Urías y Joaquín se muestran contrarios a Mí; hoy contrarios, mañana enemigos. Y os digo, porque no engaño a nadie, ni quiero engañaros a vosotros, mis fieles amigos, que para perjudicarMe,

para proporcionarMe dolor, para vencerMe aislándome; ellos, los poderosos de Cafarnaúm, usarán todos los medios… Tanto insinuaciones como amenazas, tanto el escarnio como la calumnia.

TODO USARÁ EL ENEMIGO  COMÚN, PARA ARRANCAR ALMAS A CRISTO.  Convirtiéndolas en presa propia.

Os digo: Quien persevere se salvará; mas os digo también:

QUIÉN AME MÁS LA VIDA Y EL BIENESTAR que la Salud Eterna, es libre de marcharse, de dejarMe, de ocuparse de la pequeña vida y del transitorio bienestar. Yo no retengo a nadie.

El hombre es un ser libre. Yo he venido a liberar aún más al hombre. Liberarlo del pecado, para el espíritu. Y de las cadenas:

Una religión deformada, opresiva, que no hace sino sofocar bajo ríos de cláusulas, de palabras, de preceptos, la verdadera Palabra de Dios: limpia, concisa, luminosa, fácil, santa, perfecta.

Mi Venida es criba de las conciencias: Yo recojo mi trigo en la era y lo trillo con la doctrina de sacrificio y lo cierno con el cernedor de su propia voluntad.

La cascarilla, el sorgo, la veza, la cizaña, volarán ligeros e inútiles; para caer pesados y nocivos y ser alimento de volátiles.

En mi granero no entrará sino el trigo selecto, puro, consistente, bueno. El trigo son los santos.

Desde hace siglos existe un duelo entre el Eterno y Satanás.

Satanás, enorgullecido por su primera victoria sobre el hombre, le dijo a Dios:

“Tus criaturas serán mías para siempre. Ni siquiera el Castigo, ni la Ley que quieres darles, NADA, las hará capaces de ganarse el Cielo,

Y esta Morada tuya, de la cual me expulsaste a mí, que soy el único inteligente entre los seres creados por Tí; esta Morada, se te quedará vacía; inútil, triste como todas las cosas inútiles”.

Y el Eterno respondió al Maldito:

Podrás esto mientras tu veneno, solo, reine en el hombre. Pero Yo mandaré a mi Verbo y su Palabra neutralizará tu veneno, sanará los corazones, los curará de la demencia con que los has manchado o convertido en diablos. Y volverán a Mí.

Como ovejas que descarriadas, vuelven a encontrar al pastor; volverán a mi Redil.

Y EL CIELO SERÁ POBLADO: para ellos lo he hecho.

Rechinarán tus horribles dientes de impotente rabia, allí, en tu hórrido reino; prisionero y maldito, sobre ti los ángeles volcarán la piedra de Dios y la sellarán.

Tinieblas y Odio os acompañarán a ti y a los tuyos.

Los míos tendrán sin embargo, Luz, Amor, canto y beatitud, libertad infinita, eterna, sublime”.

Satanás, con risotada burlesca juró:

`Juro por mi Gehena que vendré cuando llegue la hora. Omnipresente estaré junto a los evangelizados. Y veremos si eres Tú el vencedor o lo soy yo”.

Sí, para cribaros Satanás os insidia y Yo os rodeo. Los contendientes somos dos: Yo y él.

Vosotros estáis en el medio.

EL DUELO DEL AMOR Y EL ODIO,

DE LA SABIDURÍA Y LA IGNORANCIA,

DE LA BONDAD Y EL MAL,

ESTÁ SOBRE VOSOTROS Y EN TORNO A VOSOTROS.

Yo Soy suficiente para repeler los malvados golpes dirigidos a vosotros.

Me coloco en medio entre el arma satánica y vuestro ser.

Y ACEPTO SER HERIDO EN LUGAR DE VOSOTROS, PORQUE OS AMO.

Pero en vuestro interior, vosotros debéis repeler CON VUESTRA VOLUNTAD los golpes, corriendo hacia Mí, poniéndoos en mi Camino, que es Verdad y Vida.

QUIEN NO ANHELA EL CIELO, NO LO TENDRÁ. 

Quien no es apto para ser discípulo del Cristo será como cascarilla ligera que el viento del mundo se llevará consigo.

Los Enemigos del Cristo son semilla nociva que renacerá en el reino satánico.

Sé por qué habéis venido, vosotros de Cafarnaúm.

Y tengo la conciencia tan libre del pecado que se me atribuye. Y en nombre del cual, inexistente, se me murmura a mis espaldas.

Insinuándoos que oírme y seguirme significa complicidad con el pecador, que no temo dar a conocer la razón de ello a estos de Betsaida.

Entre vosotros, habitantes de Betsaida, hay algunos ancianos que no se han olvidado por distintas razones, de la Beldad de Corozaín; hay hombres que pecaron con ella, hay mujeres que por su causa lloraron.

LlORARON…  Y aún no había venido Yo a decir: “¡Amad a quien os perjudica!” –

Lloraron para después regocijarse, cuando vinieron a saber que la había mordido la podredumbre que rezumaba de sus entrañas impuras, hacia afuera de su espléndido cuerpo:

De aquella lepra más grave que le había roído su alma de adúltera, homicida y meretriz.

Adúltera setenta veces siete, con cualquiera con tal de que tuviese el nombre “hombre” y tuviese dinero. Homicida siete veces siete de sus concepciones ilegítimas; meretriz sólo por vicio, ni siquiera por necesidad.

¡Os comprendo, esposas traicionadas!

Comprendo vuestro regocijo, cuando se os dijo: “Las carnes de la Beldad están más fétidas y más descompuestas que las de un animal muerto tendido en la cuneta de una vía transitada, presa de cuervos y gusanos”.

Mas Yo os digo: SABED PERDONAR.

Dios ha llevado a cabo vuestra venganza; luego ha perdonado. Perdonad también vosotras.

Yo la he perdonado en vuestro nombre, porque sé que sois buenas, mujeres de Betsaida que me saludáis gritando: “¡Bendito sea el Cordero de Dios! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!“.

Si soy Cordero y me reconocéis como tal. Sí, vengo a estar entre vosotras Yo, Cordero.

Vosotras debéis transformaros todas en ovejas mansas, incluso aquellas a las que un lejano, ya lejano dolor de esposa traicionada, inviste de instintos como los de una fiera que defiende su guarida.

Yo, siendo Cordero, no podría permanecer entre vosotras si os comportarais como tigres y hienas.

Aquel que viene en el Nombre santísimo de Dios a recoger a justos y a pecadores, para conducirlos al Cielo ha ido también adonde la arrepentida y le ha dicho: “Queda limpia. Ve. Expía”.

Esto lo ha hecho en sábado. De esto se me acusa. Acusación oficial.

La segunda acusación es el hecho de haberme acercado a una meretriz.

Una mujer que fue meretriz; en ese momento no era sino un alma que lloraba su pecado. Pues bien, digo: Lo he hecho y seguiré haciéndolo.

Traedme el Libro, escrutadlo, estudiadlo, desentrañad su contenido.

Encontrad si os resulta posible, un punto que prohíba al médico atender a un enfermo; a un levita ocuparse del altar, a un sacerdote no escuchar a un fiel… sólo porque sea sábado.

Yo, si lo encontráis y me lo mostráis diré, dándome golpes de pecho:

“Señor, he pecado en tu presencia y en presencia de los hombres. No soy digno de tu perdón, pero si Tú quieres mostrarte compasivo con tu siervo, te bendeciré mientras dure mi soplo vital”.

Porque esa alma era una enferma, y los enfermos tienen necesidad del Médico.

Era un altar profanado y tenía necesidad de ser purificado por un levita.

Era un fiel que se dirigía a adorar al Templo verdadero del Dios verdadero y tenía necesidad del sacerdote que en él le introdujera.

En verdad os digo que Yo soy el Médico, el Levita, el Sacerdote.

En verdad os digo que, si no cumplo con mi deber perdiendo siquiera una sola de las almas que sienten anhelo de salvación, no salvándola; Dios Padre me pedirá cuentas y me castigará por esta alma perdida.

Este sería mi pecado, según los grandes de Cafarnaúm.

Habría podido esperar para hacerlo, al día siguiente del sábado. Sí. Pero, ¿Por qué retardar otras veinticuatro horas la readmisión en la paz de Dios de un corazón contrito?

En ese corazón había humildad verdadera, cruda sinceridad, dolor perfecto.

Yo leí en ese corazón. La lepra estaba todavía en su cuerpo, más el corazón ya no la padecía debido al bálsamo de años de arrepentimiento, de lágrimas, de expiación.

Ese corazón, para que Dios se acercara a él; sin que esta cercanía contaminase el aura santa que circunda a Dios, NO tenía necesidad sino de que Yo volviera a consagrarlo. Lo he hecho.

Ella salió del lago limpia en la carne sí, pero aún más limpia en el corazón.

¡Cuántos, cuántos de los que han entrado en las aguas del Jordán obedeciendo al mandato del Precursor no han salido tan limpios como ella!

Porque el bautismo de éstos no era el acto voluntario, sentido, sincero, de un espíritu que deseara prepararse a mi venida, sino sólo una forma de aparecer perfectos en santidad ante los ojos del mundo;

Por tanto, era hipocresía y soberbia: dos culpas que aumentaban el cúmulo de culpas preexistentes en su corazón.  

El bautismo de Juan no es más que un símbolo. Os quiere decir: “Limpiaos de la soberbia humillándoos llamándoos pecadores; de las lujurias, lavándoos sus escorias”.

Es el alma la que debe ser bautizada con vuestra voluntad, para estar limpia en el banquete de Dios.

No existe ninguna culpa tan grande que no pueda ser lavada, primero por el arrepentimiento, luego por la Gracia, finalmente por el Salvador.

No hay pecador tan grande que no pueda levantar el rostro humillado y sonreír a una esperanza de redención.

Es suficiente su completitud en la renuncia a la culpa, su heroicidad en el resistir a la tentación, su sinceridad en la voluntad de renacer.

Voy a manifestaros una verdad que a mis enemigos les parecería una blasfemia; pero vosotros sois mis amigos.

Hablo especialmente para vosotros, mis discípulos ya elegidos, aunque también para todos los que me estáis escuchando. Os digo que los ángeles, espíritus puros y perfectos, que viven en la luz de la Santísima Trinidad,

en ella, dentro de su perfección, padecen, y así lo reconocen, una inferioridad respecto a vosotros, hombres lejanos del Cielo.

Su inferioridad es el no poderse sacrificar, no poder sufrir para cooperar en la redención del hombre. Y – ¿Qué os parece? – Dios no toma a un ángel suyo para decirle “sé el Redentor de la Humanidad”, sino que toma a su Hijo.

Y sabiendo que, a pesar de ser incalculable el Sacrificio e infinito su poder, todavía le falta algo – y es bondad paterna que no quiere hacer diferencia entre el Hijo de su amor y los hijos de su poder –

17. Y una voz que salía de los cielos decía: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco.» MATEO 3

a la suma de los méritos destinados a ser contrapuestos a la suma de los pecados que de hora en hora la Humanidad acumula;

sabiendo esto, no toma a otros ángeles para colmar la medida y no les dice “sufrid para imitar al Cristo”, sino que os lo dice a vosotros, a vosotros, hombres.

Os dice: “Sufrid, sacrificaos, sed semejantes a mi Cordero, sed corredentores…”. ¡Oh…, veo cohortes de ángeles que, dejando por un instante de volar en el éxtasis adorante en torno al Fulcro Trino, se arrodillan, vueltos hacia la tierra,

y dicen: “¡Benditos vosotros, que podéis sufrir con Cristo y por el eterno Dios nuestro y vuestro!

Muchos no comprenderán todavía esta grandeza; es demasiado superior al hombre.

Pero cuando la Hostia sea inmolada, cuando el Trigo eterno torne a la vida para nunca más morir, después de recogerlo, trillarlo, mondarlo y sepultarlo en las entrañas de la tierra,

entonces vendrá el Iluminador superespiritual e iluminará a los espíritus (incluso a los más obtusos, que, a pesar de serlo, hayan permanecido fieles al Cristo Redentor).

Entonces comprenderéis que no he blasfemado, sino que os he anunciado la más alta dignidad del hombre: la de ser corredentor, a pesar de que antes no fuera más que un pecador.

Mientras tanto preparaos a ella con pureza de corazón y de propósitos.

Cuanto más puros seáis, más comprenderéis; porque la impureza – del tipo que sea – es en todo caso humo que obnubila y grava vista e intelecto.

Sed puros. Comenzad a serlo por el cuerpo para pasar al espíritu. Comenzad por los cinco sentidos para pasar a las siete pasiones.

Comenzad por el ojo, sentido que es rey y que abre el camino a la más mordiente y compleja de las hambres.

22. «La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará luminoso;
23. pero si tu ojo está malo, todo tu cuerpo estará a oscuras. Y, si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡Qué oscuridad habrá! Mateo 6

El ojo ve la carne de la mujer y apetece la carne. El ojo ve la riqueza de los ricos y apetece el oro. El ojo ve la potencia de los gobernantes y apetece el poder.

Tened ojo sereno, honesto, moderado, puro, y tendréis deseos serenos, honestos, moderados y puros. Cuanto más puro sea vuestro ojo, más puro será vuestro corazón.

Estad atentos a vuestro ojo, ávido descubridor de los pomos tentadores. Sed castos en las miradas, si queréis ser castos en el cuerpo.

Si tenéis castidad de carne, tendréis castidad de riqueza y de poder; tendréis todas las castidades y seréis amigos de Dios.

No temáis ser objeto de burlas por ser castos, temed sólo ser enemigos de Dios.

Un día oí decir: “El mundo se burlará de ti, considerándote mentiroso o eunuco, si muestras no tender hacia la mujer”.

En verdad os digo que Dios ha puesto el vínculo matrimonial para elevaros a imitadores suyos procreando, a ayudantes suyos poblando los Cielos.

Pero existe un estado más alto, ante el cual los ángeles se inclinan viendo su sublimidad sin poderla imitar.

Un estado que, si bien es perfecto cuando dura desde el nacimiento hasta la muerte, no se encuentra cerrado para aquellos que, no siendo ya vírgenes, arrancan su fecundidad, masculina o femenina.

“Oh Jesús Sacerdote, guarda a tus sacerdotes en el recinto de tu Corazón Sacratísimo, donde nadie pueda hacerles daño alguno; guarda puros sus labios, diariamente enrojecidos por tu Preciosísima Sangre. Entregamos en tus divinas manos a TODOS tus sacerdotes. Tú los conoces. Defiéndelos, Ayúdalos y SOSTENLOS, para que el Maligno no pueda tocarlos. Amén

Y anulan su virilidad animal, para hacerse fecundos y viriles sólo en el espíritu.

Se trata del eunuquismo sin imperfección natural ni mutilación violenta o voluntaria, el eunuquismo que no impide acercarse al altar; es más, que en los siglos venideros, servirá al altar y estará en torno a él.

Es el eunuquismo más elevado, aquel cuyo instrumento amputador es la voluntad de pertenecer a Dios sólo, y conservarle castos el cuerpo y el corazón para que eternamente refuljan con la candidez que el Cordero aprecia.

He hablado para el pueblo y para los elegidos de entre el pueblo. Ahora, antes de entrar a partir el pan y condividir la sal en la casa de Felipe, os bendigo a todos; a los buenos, como premio;

a los pecadores, para animarlos a acercarse a Aquel que ha venido a perdonar. La paz sea con todos vosotros.

Jesús desciende de la barca y pasa entre la multitud que se le agolpa en torno.

En la esquina de una casa está todavía Mateo, quien ha escuchado desde allí al Maestro, no atreviéndose a más.

Cuando llega a ese punto, Jesús se detiene y como bendiciendo a todos, bendice una vez más mirando a Mateo.

Y luego reprende la marcha entre el grupo de los suyos, seguido por el pueblo. 

Y desaparece en una casa…

40 UN HOMBRE DESCONCERTANTE


40 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Jesús está con Simón en Jerusalén. Se abren paso entre la muchedumbre de vendedores y de asnos, parece una procesión por la calzada -.

 Jesús dice:

–        Subamos al Templo antes de ir al Get Sammi. Oraremos al Padre en su Casa.

–       ¿Sólo eso, Maestro?

–       Sólo eso. No puedo entretenerme. Mañana al alba, es la cita en la Puerta de los Peces y si la muchedumbre insiste, me va a impedir ir.

Quiero ver a los otros pastores. Los disemino como verdaderos pastores por Palestina para que congreguen a las ovejas y sea conocido el Dueño del rebaño al menos de nombre;

de modo que cuando ese nombre Yo lo pronuncie, ellas sepan que soy Yo el Dueño del rebaño y vengan a Mí y Yo las acaricie.

–       ¡Es dulce tener un Dueño como Tú! Las ovejas te amarán.

–       Las ovejas…, no las cabras.

Después de ver a Jonás, iremos a Nazaret y luego a Cafarnaúm. Simón Pedro y los otros sufren por tanta ausencia…

Iremos a darles este motivo de gozo y a dárnoslo a nosotros mismos. Incluso el verano nos aconseja que lo hagamos.

La noche está hecha para el descanso y demasiado pocos son los que posponen el descanso al conocimiento de la Verdad. El hombre…

¡El hombre! Se olvida demasiado de que tiene un alma y piensa sólo en la carne y se preocupa sólo de la carne.

El sol durante el día es violento, impide caminar y enseñar en las plazas y por los caminos. Tanto cansa, adormece los espíritus y los cuerpos.

Pues entonces… Vamos a adoctrinar a mis discípulos; a la agradable Galilea, verde y fresca de aguas. ¿Has estado allí alguna vez?

–       Una vez, de paso y en invierno, en una de mis penosas peregrinaciones de un médico a otro. Me gustó…

–      ¡Oh, es hermosa siempre; durante el invierno y más aún, en las otras estaciones!

Ahora, en verano, tiene unas noches tan angelicales… Sí, de lo puras que son, parecen hechas para los vuelos de los ángeles. El lago…

El lago, con su cinturón de montes más o menos cercanos que lo resguardan, parece hecho justamente para hablar de Dios a las almas que buscan a Dios.

Es un trozo de cielo caído entre el verde; y el firmamento no lo abandona, sino que se refleja en él con sus astros, multiplicándolos así… como queriendo presentárselos al Creador diseminados sobre una lastra de zafiro.

Los olivos descienden casi hasta las olas y están llenos de ruiseñores… Y también cantan su alabanza al Creador que hace que vivan en ese lugar tan dulce y plácido.

¿Y mi Nazaret? Toda extendida bajo el beso del sol, toda blanca y verde, sonriente entre los dos gigantes del grande y del pequeño Hermón.

Y el pedestal de montes en que se apoya el Tabor, pedestal de suaves pendientes del todo verdes, que elevan hacia el sol a su señor, frecuentemente nevado,

pero tan hermoso cuando el sol ciñe su cima, que toma aspecto de alabastro rosado…

En el lado opuesto, el Carmelo es de lapislázuli a ciertas horas de sol intenso en las que todas las venas de mármoles o de aguas, de bosques o de prados, se muestran con sus distintos colores;

y es delicada amatista bajo la primera luz, mientras que por la tarde es de berilo violeta-celeste; y es un solo bloque de sardónica cuando la luna lo muestra todo negro contra el plateado lácteo de su luz.

Y luego, abajo, al Norte, el tapiz fértil y florido del llano de Esdrelón.

Y luego… ¡Oh…, Simón!, ¡Allí hay una Flor… una Flor hay que vive solitaria difundiendo fragancia de pureza y amor para su Dios y para su Hijo! Es mi Madre.

La conocerás, Simón, y me dirás si existe criatura semejante a Ella, incluso en humana gracia, sobre la faz de la Tierra.

Es hermosa, pero toda hermosura queda pequeña ante lo que emana de su interior.

Si un bruto la despojase de todas sus vestiduras, la hiriera hasta desfigurarla y la arrojara a la calle como a un vagabundo, seguiría viéndosela como Reina y regiamente vestida, porque su santidad le haría de manto y esplendor.

Toda suerte de males puede darme el mundo, pero Yo le perdonaré todo, porque para venir al mundo y redimirlo la he tenido a Ella,

la humilde y gran Reina del mundo, que éste ignora, y por la cual, sin embargo ha recibido el Bien y recibirá aún más durante los siglos.

Hemos llegado al Templo. Observemos la forma judía del culto.

Pero en verdad te digo que la verdadera Casa de Dios, el Arca Santa, es su Corazón, cubierto por el velo de su carne purísima, bordado de filigrana por sus virtudes.

Ya han entrado y caminan por el primer rellano.

Pasan por un pórtico, dirigiéndose a un segundo rellano.

Simón dice:

–       Maestro. Mira Judas, allí, entre aquel corro de gente. Y hay también fariseos y miembros del Sanedrín. Voy a oír lo que dice. ¿Me dejas?

–       Ve. Te espero junto al Gran Pórtico.

Simón va rápido y se coloca de forma que puede oír sin ser visto.

Judas habla con gran convencimiento:

–        … Y aquí hay personas, que todos vosotros conocéis y respetáis, que pueden decir quién era yo.

Pues bien, os digo que Él me ha cambiado. El primer redimido soy yo. Muchos entre vosotros veneran al Bautista. El también lo venera, y le llama “el santo igual a Elías por misión, más aún mayor que Elías”.

Ahora bien, si tal es el Bautista, Éste, al cual el Bautista llama “el Cordero de Dios”.

Y por su propia santidad, jura haberle visto coronar por el Fuego del Espíritu de Dios mientras una voz desde los Cielos lo proclamaba “Hijo de Dios muy amado al que se debe escuchar”,

Este no puede ser sino el Mesías. Lo es. Yo os lo juro. No soy un inculto ni un estúpido. Lo es. Yo le he visto obrar y he oído su palabra y os digo: es Él, el Mesías.

El milagro le sirve como un esclavo a su amo. Enfermedades y desventuras caen como cosas muertas y nace alegría y salud. Y los corazones cambian aún más que los cuerpos.

Ya lo veis en mí. ¿No tenéis enfermos? ¿No tenéis penas que necesiten ser aliviadas? Si las tenéis, venid mañana, al alba, a la Puerta de los Peces.

Ahí estará Él trayendo consigo la felicidad. Entretanto, ved cómo yo, en su nombre, a los pobres les doy este dinero.

Judas distribuye unas monedas a dos lisiados y a tres ciegos, y por último fuerza a una viejecita a aceptar las últimas monedas.

Luego despide a la multitud y se quedan él, José de Arimatea, Nicodemo y otros tres que por sus vestiduras, son sacerdotes del Templo.

Judas exhala con satisfacción:

–      ¡Ah, ahora me siento bien! No tengo ya nada, y soy como Él quiere. 

José exclama:

–      Verdaderamente no te reconozco. Creía que era una broma, pero veo que vas en serio.

–      ¡En serio! ¡Si yo soy el primero que no me reconozco! Sigo siendo una bestia inmunda respecto a Él, pero ya estoy muy cambiado.

Un sacerdote pregunta:

–       ¿Y vas a dejar de pertenecer al Templo?

–       ¡Sí! Soy del Cristo. Quien lo conoce, a menos que sea un áspid, no puede más que amarlo. Y no desea nada más aparte de Él.

Nicodemo pregunta:

–       ¿No va a volver aquí?

–       Claro que volverá, pero no ahora.

–       Quisiera oírlo.

–       Ya ha hablado en este lugar, Nicodemo.

–       Lo sé. Pero yo estaba con Gamaliel… Lo vi… pero no me detuve.

–       ¿Qué dijo Gamaliel, Nicodemo?

–       Dijo: “Algún nuevo profeta”. No dijo nada más.

–       ¿Y no le expresaste lo que yo te dije, José? Tú eres amigo suyo… 

–       Lo hice, pero me respondió: “Ya tenemos al Bautista y según la doctrina de los escribas, al menos deben pasar cien años entre éste y aquél, para preparar al pueblo a la venida del Rey.

Yo digo que hacen falta menos – añadió – porque el tiempo se ha cumplido ya – Y terminó: “Sin embargo, no puedo admitir que el Mesías se manifieste así…

Un día creí que comenzaba la manifestación mesiánica, porque su primer destello era verdaderamente resplandor celeste; pero luego… se hizo un gran silencio.  Y pienso que me he equivocado”.

–       ¿Por qué no se lo vuelves a decir? Si Gamaliel estuviera con nosotros y vosotros con él…

Otro sacerdote objeta:

–       No os lo aconsejo.  

El Sanedrín es poderoso y Anás lo rige con astucia y avidez. Si tu Mesías quiere vivir, le aconsejo que permanezca en la oscuridad; a menos que se imponga con la fuerza, pero entonces está Roma…

–        Si el Sanedrín lo oyera, se convertiría al Cristo.

–        ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja! – se ríen los tres sacerdotes.

Y dicen:

–        Judas, te creíamos sí, cambiado, pero todavía inteligente.

–        Si es verdad lo que dices de Él, ¿Cómo puedes pensar que el Sanedrín lo siga?

–        Ven, ven, José. Es mejor para todos. Dios te proteja, Judas. Lo necesitas.

Y se marchan.

Judas se queda sólo con Nicodemo.

Simón se aleja sin hacerse notar y va donde el Maestro.

Está totalmente desconcertado y anuncia:

–        Maestro, me acuso de haber pecado de calumnia con la palabra y con el corazón.

Ese hombre me desorienta. Lo creía casi un enemigo tuyo, y lo he oído hablar de ti de una forma que pocos entre nosotros lo hacen, especialmente aquí donde el odio podría matar primero al discípulo y luego al Maestro.

Y le he visto dar dinero a los pobres y tratar de convencer a los miembros del Sanedrín…

Jesús responde:

–       ¿Lo ves, Simón? Me alegro de que lo hayas visto en una ocasión. Referirás esto también a los demás cuando lo acusen.

Bendigamos al Señor por esta alegría que me das, por tu honestidad al decir “he pecado” y por la obra del discípulo que creías malvado y no lo es.

Oran durante largo tiempo y luego salen.

Jesús pregunta:

–      ¿No te ha visto?

Simón contesta:

–       No. Estoy seguro.

–       No le digas nada. Es un alma muy enferma.

Una alabanza sería semejante al alimento dado a un convaleciente de una gran fiebre de estómago. Le haría empeorar, porque se gloriaría al tener conciencia que los demás se fijan en él. Y donde entra el orgullo…

–       Guardaré silencio. ¿A dónde vamos?

–       A donde  Juan; estará a esta hora calurosa en la casa de los Olivos.

Caminan ligeros, buscando la sombra por las calles, calles verdaderamente de fuego a causa del intenso sol.

Salen del suburbio polvoriento, atraviesan la puerta de la muralla, salen a la deslumbrante campiña; de ésta a los olivos, de los olivos a la casa.

En la cocina fresca y oscura por la cortina que han colocado en la puerta está Juan. 

Jesús lo llama:

–       ¡Juan!

Juan sonríe felíz:

–      ¿Tú, Maestro? Te esperaba por la noche.

–       He venido antes. ¿Cómo te has sentido durante este tiempo, Juan?

–       Como un cordero que hubiera perdido a su pastor.

Les hablaba a todos de ti, porque ello ya significaba tenerte un poco. He hablado de ti a algunos familiares, a conocidos, a otras personas y a Anás…

También a un lisiado que lo he hecho amigo mío con tres denarios; me los habían dado y yo se los he dado a él.

Y a una pobre mujer de la edad de mi madre, que lloraba entre un grupo de mujeres a la puerta de una casa.

Le pregunté: “¿Por qué lloras?”. Me respondió: “El médico me ha dicho: `Tu hija está enferma de tisis. Resígnate. Con los primeros temporales de Octubre morirá”.

Ella es lo único que tengo; es hermosa, buena, y tiene quince años. Iba a casarse para la primavera y en lugar del cofre de bodas le tengo que preparar el sepulcro”.

Le respondí:

–       Yo conozco a un Médico que te la puede curar si tienes Fe.

–       Ya ninguno la puede curar. La han visto tres médicos. Ya escupe sangre.

–       El mío – dije – no es un médico como los tuyos, no cura con medicinas, sino con su poder; es el Mesías…”.

Entonces una viejecita dijo:

–       ¡Cree, Elisa! ¡Conozco a un ciego al que Él le ha devuelto la vista!

La madre entonces pasó del desánimo a la esperanza, y te está esperando… ¿He hecho bien? No he hecho más que esto.

–       Has hecho bien. Por la noche iremos a ver a tus amigos. ¿Has vuelto a ver a Judas?

–       No, Maestro. Pero me ha mandado comida y dinero.

Yo se lo he dado a los pobres. Me había dicho que podía usarlo porque era suyo.

–       Es verdad. Juan, mañana vamos hacia Galilea…

–       Esto me alegra, Maestro. Pienso en Simón Pedro. ¡Con qué ansia te esperará! ¿Pasaremos también por Nazaret?

–       Sí, y allí esperaremos a Pedro, a Andrés y a tu hermano Santiago.

–       ¡Oh!, ¿Nos quedamos en Galilea?

–       Sí, durante un tiempo.

Juan se pone muy feliz. 

M7 ALTAR DE EXPIACIÓN 1


EL PURGATORIO ES UN ALTAR DE EXPIACION

Acta de Martirio de Santas Felicidad y Perpetua (año 203 d.C.)

Cartago, 7 de marzo de 203

Las Actas del Martirio de las santas Felicidad y Perpetua (7 de marzo del 203) constituyen un relato altamente significativo; para darnos una idea al menos aproximada, de las exigencias que el Cristianismo comportaba en la vida pública, social y familiar.

El ejemplo que protagoniza Perpetua es una muestra patente de anteponer los dictados de la Fe a los lazos de la sangre y de la familia:

“Fueron detenidos los adolescentes catecúmenos Revocato y Felicidad, ésta compañera suya de servidumbre; además de Saturnino y Secúndulo.

Y entre ellos también Vibia Perpetua, de noble nacimiento, instruida en las artes liberales, legítimamente casada, que tenía padre, madre y dos hermanos; uno de éstos catecúmeno como ella y un niño pequeñito al que alimentaba ella misma.

Contaba veintidós años.

A partir de aquí, ella misma narró punto por punto todo el orden de su martirio (y yo lo reproduzco, tal como lo dejó escrito de su mano y propio sentimiento).

“Unos días antes del arresto, el Espíritu Santo me solicitó que ayunara y pidiera fervientemente QUE EN MI PRUEBA SUPLICARA RESISTIR AL AMOR PATERNO…

Y así lo hice…

Cuando todavía nos hallábamos entre nuestros perseguidores, como mi padre deseara ardientemente hacerme apostatar con sus palabras y llevado de su cariño, no cejara en su empeño de derribarme:

– Padre –le dije-, ¿Ves, por ejemplo, ese utensilio que está ahí en el suelo, una orza o cualquier otro?

– Lo veo –me respondió.

– ¿Acaso puede dársele otro nombre que el que tiene?

– No.

– Pues tampoco yo puedo llamarme con nombre distinto de lo que soy:  C R I S T I A N A.

De allí a unos días, se corrió el rumor de que íbamos a ser interrogados.

Vino también de la ciudad mi padre; consumido de pena, se acercó a mí con la intención de derribarme y me dijo:

– Compadécete, hija mía, de mis canas; compadécete de tu padre, si es que merezco ser llamado por ti con el nombre de padre.

Si con estas manos te he llevado hasta esa flor de tu edad, si te he preferido a todos tus hermanos, ¡No me entregues al oprobio de los hombres!

Mira a tus hermanos; mira a tu madre y a tu tía materna; mira a tu hijito, que no ha de poder sobrevivir. Depón tus ánimos, no nos aniquiles a todos; pues ninguno de nosotros podrá hablar libremente, si a ti te pasa algo.

Así hablaba como padre llevado de su piedad, a la par que me besaba las manos, se arrojaba a mis pies y me llamaba entre lágrimas no ya su hija, sino su señora.

Y yo estaba transida de dolor por el caso de mi padre, pues era el único de toda mi familia que no había de alegrarse de mi martirio.

Y traté de animarlo, diciéndole:

Allá en el estrado sucederá lo que Dios quisiere; pues has de saber que no estamos puestos en nuestro poder, sino en el de Dios.

Y se retiró de mi lado, sumido en la tristeza.

Otro día mientras estábamos comiendo, se nos arrebató súbitamente para ser interrogados.

Y llegamos al foro o plaza pública.

Inmediatamente se corrió la voz por los alrededores de la plaza.

Y se congregó una muchedumbre inmensa. Subimos al estrado.

Interrogados todos los demás, confesaron su Fe.

Por fin me llegó a mí también el turno.

Y de pronto apareció mi padre con mi hijito en los brazos. Y me arrancó del estrado, suplicándome:

– Compadécete del niño chiquito.

Y el procurador Hilariano, que había recibido a la sazón el ‘ius gladii’ o poder de vida y muerte, en lugar del difunto procónsul MinucioTiminiano,

Me dijo:

– Ten consideración a las canas de tu padre; ten consideración a la tierna edad del niño. Sacrifica por la salud de los emperadores.

Y yo respondí:

– No sacrifico.

– Luego ¿Eres cristiana?

– Sí, soy cristiana.

Y como mi padre se mantenía firme en su intento de derribarme, Hilarianodio orden de que se lo echara de allí. Y aun le golpearon.

Yo sentí los golpes de mi padre como si a mí misma me hubieran apaleado. Así me dolí también por su infortunada vejez.

Luego, al cabo de unos días Pudente soldado lugarteniente oficial de la cárcel, empezó a tenernos gran consideración, por entender que había en nosotros una gran virtud.

Y así, admitía a muchos que venían a vernos con el fin de aliviarnos los unos a los otros.

Mas cuando se aproximó el día del espectáculo, entró mi padre a verme, consumido de pena.

Y empezó a mesarse su barba, a arrojarse por tierra, pegar su faz en el polvo, maldecir de sus años y decir palabras tales, que podían conmover la creación entera.

Yo me dolía de su infortunada vejez.

En cuanto a Felicidad, también a ella le fue otorgada gracia del Señor, del modo que vamos a decir:

Como se hallaba en el octavo mes de su embarazo (pues fue detenida encinta), estando inminente el día del espectáculo, se hallaba sumida en gran tristeza, temiendo se había de diferir su suplicio por razón de su embarazo (pues la ley veda ejecutar a las mujeres embarazadas), y tuviera que verter luego su sangre, santa e inocente, entre los demás criminales.

Lo mismo que ella, sus compañeros de martirio estaban profundamente afligidos de pensar que habían de dejar atrás a tan excelente compañera, como caminante solitaria por el camino de la común esperanza.

Juntando, pues, en uno los gemidos de todos, hicieron oración al Señor tres días antes del espectáculo.

Terminada la oración, sobrecogieron inmediatamente a Felicidad los dolores del parto.

Y como ella sintiera el dolor, según puede suponerse, de la dificultad de un parto trabajoso de octavo mes, díjole uno de los oficiales de la prisión:

– Tú que así te quejas ahora, ¿Qué harás cuando seas arrojada a las fieras, que despreciaste cuando no quisiste sacrificar?

Y ella respondió:

– Ahora soy yo la que padezco lo que padezco; mas allí HABRÁ OTRO EN MÍ, que padecerá por mí, pues también yo he de padecer por Él.

Y así dio a luz una niña, que una de las hermanas crió como hija.

Como el tribuno los tratara con demasiada dureza, pues temía, por insinuaciones de hombres vanos, no se le fugaran de la cárcel por arte de no sabemos qué mágicos encantamientos, se encaró con él Perpetua y le dijo:

– ¿Cómo es que no nos permites alivio alguno, siendo como somos reos nobilísimos, es decir, nada menos que del César, que hemos de combatir en su  natalicio? ¿O no es gloria tuya que nos presentemos ante él con mejores carnes?

El tribuno sintió miedo y vergüenza, y así dio orden de que se los tratara más humanamente, de suerte que se autorizó a entrar en la cárcel a los hermanos de ella y a los demás.

Y que se aliviaran mutuamente; más que más, ya que el mismo Pudentehabía abrazado la Fe.

Mas contra las mujeres preparó el diablo una vaca bravísima, comprada expresamente contra la costumbre. Así, pues, despojadas de sus ropas y envueltas en redes, eran llevadas al espectáculo.

El pueblo sintió horror al contemplar a la una, joven delicada, y a la otra, que acababa de dar a luz. Las retiraron, pues y las vistieron con unas túnicas.

La primera en ser lanzada en alto fue Perpetua, y cayó de espaldas; pero apenas se incorporó sentada, recogiendo la túnica desgarrada, se cubrió la pierna, acordándose antes del pudor que del dolor.

Luego, requerida una aguja, se ató los dispersos cabellos, pues no era decente que una mártir sufriera con la cabellera esparcida, para no dar apariencia de luto en el momento de su gloria.

Así compuesta, se levantó, y como viera a Felicidad tendida en el suelo, se acercó, le dio la mano y la levantó. Ambas juntas se sostuvieron en pie, y, vencida la dureza del pueblo, fueron llevadas a la puerta Sanavivaria.

Allí fue recibida por cierto Rústico, a la sazón catecúmeno íntimo suyo; como si despertara de un sueño (tan absorta en el Espíritu había estado), empezó a mirar en torno suyo,…

Y con estupor de todos, dijo:

– ¿Cuándo nos echan esa vaca que dicen?

Y como le dijeran que ya se la habían echado, no quiso creerlo hasta que reconoció en su cuerpo y vestido las señales de la acometida.

Luego mandó llamar a su hermano, también catecúmeno.

Y le dirigió estas palabras:

– Permaneced firmes en la Fe, amaos los unos a los otros y NO os escandalicéis de nuestros sufrimientos. 

Mas como el pueblo reclamó que salieran al medio del anfiteatro para juntar sus ojos, compañeros del homicidio, con la espada que había de atravesar sus cuerpos, ellos espontáneamente se levantaron y se trasladaron donde el pueblo quería.

Antes se besaron unos a otros, a fin de consumar el martirio con el rito solemne de la paz.

Todos, inmóviles y en silencio, se dejaron atravesar por el hierro; pero señaladamente Sáturo (que era quien los había introducido en la Fe y que se había entregado voluntariamente al conocer su encarcelamiento para compartir así su suerte).

Como fue el primero en subir la escalera y en su cúspide estuvo esperando a Perpetua, fue también el primero en rendir su espíritu.

En cuanto a ésta, para que gustara algo de sufrimiento, Dios PERMITIÓ que sintiese algo del suplicio…

Porque ya fuese piedad o inexperiencia, el gladiador de Perpetua no sabía matar. No tomó el punto justo y solo la hirió.

“DÉJAME QUE TE AYUDE HERMANO…”

Perpetua, sintió el dolor y gritó al ser punzada en las costillas.

Lo miró dirigiéndole una dulce sonrisa y dijo al turbado atleta:

–           Hermano. Deja que yo te ayude.

Enseguida, ella misma le tomó de la mano y dirigió la espada hacia su garganta.

Y apoyando la punta contra la carótida derecha, dijo:

–     ¡Jesús, a Ti me encomiendo! –Y agregó mirando al gladiador- Empuja hermano. Yo te bendigo.

Desviando la cabeza para que la espada penetre fácilmente, ayuda al nervioso gladiador.

Sin duda alguna mujer tan excelsa no podía morir de otra manera. Hasta tal punto el Demonio le temía.

Los santos intrépidos en su amor por Dios, al martirio del corazón se han unido el de la carne.

¡Si así amaron a sus verdugos!… ¿Cómo habrían amado a sus hijos?

Eran jóvenes y felices en el amor a su familia, a sus creaturas.

PERO DIOS DEBE SER AMADO SOBRE TODAS LAS COSAS…

– Ahora soy yo la que sufro, pero en la arena del circo será Otro Quien  sufrirá por mí, ya que yo sufriré por Él.

Y ELLOS AMARON ASÍ

Se arrancaron las entrañas y el corazón, al separarse de sus pequeños, pero la Fe no muere.

Ellos creen en la otra vida firmemente y saben que ésta es para quién sabe ser fiel y persevera hasta el fin.

Ley en la Ley, es el Amor Han dado la vida hasta el Sacrificio Total por amor a su Dios y porque quieren que los más caros a su corazón lleguen al Reino.

Y PARA GUIARLOS,

TRAZARON CON SU SANGRE,

UNA SEÑAL QUE VA DE LA TIERRA AL CIELO,

¡QUE ESPLENDE Y QUE LLAMA…!

¿SUFRIR? ¿MORIR? ¿QUÉ COSA ES?

ES UN INSTANTE FUGAZ

No es nada aquel instante de dolor con respecto al futuro que los espera.

¿Las fieras? ¿La espada? Son benditas, porque son las que dan la Vida…

¡Oh fortísimos y beatísimos mártires! ¡Oh de verdad llamados y escogidos para gloria de nuestro Señor Jesucristo!

El que esta gloria engrandece, honra y adora, debe ciertamente leer también estos ejemplos, que no ceden a los antiguos, para edificación de la Iglesia, a fin de que también las nuevas virtudes atestigüen que es uno solo y siempre el mismo Espíritu Santo el que obra hasta ahora.

Y a Dios Padre omnipotente y  a su Hijo Jesucristo, Señor nuestro, a quien es claridad y potestad sin medida por los siglos de los siglos. Amén.”

Estas dos mujeres, la una rica e instruida y la otra humilde y sencilla sirvienta, jóvenes esposas y madres, que en la flor de la vida prefirieron renunciar a los goces de un hogar, con tal de permanecer fieles a la religión de Jesucristo,

¿QUÉ NOS ENSEÑAN A NOSOTROS?

Ellas sacrificaron un medio siglo que les podía quedar de vida en esta Tierra y llevan más de 17 siglos gozando en el Paraíso eterno.

¿Qué renuncias nos cuesta nuestra religión? ¿En verdad, ser amigos de Cristo nos cuesta alguna renuncia?

Cristo sabe pagar muy bien lo que hacemos y renunciamos por El.

Aquí es necesario puntualizar tres cosas:

1.- El Bautismo era solicitado por los catecúmenos cuando estaban dispuestos a morir con el Martirio y se sentían preparados con el Amor de Fusion y de Coparticipación para ser Otros Cristos.

2.- Conocían perfectamente lo que significaba SER TEMPLOS VIVOS DEL ESPÍRITU SANTO y por eso la contundente declaración de Felicidad.

3.- También CONOCÍAN la experiencia que representa la PRESENCIA PALPABLE DEL DIOS VIVIENTE, dentro de sí mismos y su Bautismo fue recibido con un Baño de Sangre.

Ahora es ABBA Personalmente el que nos invita a ESTE PRIVILEGIO y que en el Purgatorio desaparece su mérito; porque lo que lo hace plausible es la FE y el Libre Albedrío…

Dos componentes que en el Purgatorio ya no son admisibles, porque en el Juicio Particular adquirimos el CONOCIMIENTO TOTAL y cuando “sabemos” ya no tiene sentido y mérito como Prueba…

Porque aunque el PURGATORIO ES UN ALTAR DE EXPIACION dónde sólo se expían las culpas propias y…

En el Purgatorio sufrimos el Getsemaní y el Calvario SIN PALIATIVOS, TAL COMO LO SUFRIÓ JESÚS, por nuestra NEGATIVA TERRENAL a cooperar en La Redención

YA NO PODEMOS SER CORREDENTORES

Habla Dios Padre

Hijitos Míos, hoy os quiero hablar de la Gracia tan grande que debéis pedir y que para ella vinisteis a la Tierra a servirMe y es la Gracia de llegar a ser otros Cristos.

Esta Gracia es la sublimación de cada alma que baja a la Tierra, es la misión y la vida, por excelencia, que debe tener cada alma, porque así se vive en el Cielo y Mi Reino Celestial se debe de vivir en la misma forma, transmitiendo a Mi

Hijo en cualquiera de Sus facetas o virtudes, viviendo, realmente, el Amor Celestial como El se los manifestó en todas Sus Obras.

La Vida de Mi Hijo se debe manifestar en cada una de las almas que bajan a la Tierra.

Cada alma baja impregnada de Mi Amor, amor que se debe ir desarrollando, primero, con la ayuda y guía de los padres que os ha tocado tener

Y posteriormente con la ayuda interna que cada uno de vosotros deberá escuchar en su interior, para que sea Mi Santo Espíritu el que os lleve a crecer…

Y consumar el amor infinito que Yo puse en cada uno de vosotros para el Crecimiento y Redención del género humano.

Yo os conozco perfectamente a cada uno de vosotros.  

YO OS GUÍO A CADA UNO DE VOSOTROS EN FORMA PARTICULAR

NINGUNO ES IGUAL A OTRO Y TODOS NECESITÁIS UNOS DE OTROS

PARA VUESTRO BUEN DESARROLLO Y DESENVOLVIMIENTO HUMANO Y ESPIRITUAL

Yo os creé limitados, manteniendo esas necesidades en vosotros y en vuestro prójimo, para que así vivierais en santa humildad.

Apreciando con ella que sin la ayuda de vuestros hermanos, NO PODRÍAIS SUBSISTIR,  ni humanamente ni espiritualmente, por las Enseñanzas que transmito a algunos de vosotros.

He puesto Mi Conocimiento parcialmente en cada uno de vosotros para que, con necesidad humilde os acercarais los unos a los otros;

Pero en vez de aceptar con humildad vuestras limitaciones y así pedirlas, os ensoberbecéis con lo que tenéis, que es limitado. Y no permitís que aflore de cada uno de vosotros vuestra humildad…

Y preferís comprar a veces con altanería y desprecio, los bienes que vuestro prójimo os puede dar para completar lo que necesitáis.

Sólo Mi Hijo ha bajado sin tener la limitación de las Gracias Divinas y teniéndolas todas, las puso a vuestra disposición para que de ellas os sirvierais para vuestro crecimiento espiritual, para vuestro crecimiento en el Amor.

Se quiso humillar haciéndose pequeño y pobre…

Y así enseñaros que hasta Él mismo necesitaba de Su prójimo para subsistir humanamente.

Aceptó la ayuda de ricos y pobres y así también, de los desprecios de ricos y pobres.

Tuvo que trabajar de carpintero, para que con Su trabajo ayudara a otros y con la remuneración de Su trabajo ayudara a Su Familia para la subsistencia diaria.

Quiso aceptar todos los acontecimientos que a diario se Le presentaron y que ahora se os presentan a cada uno de vosotros, tanto humanos como espirituales.

Quiso tomar una a una. todas las situaciones de la vida para así irlas purificando, santificando..

Y que ellas así se volvieran ocasiones de vida, de crecimiento espiritual, de ocasión de sacrificio y para intercesión por TODAS las almas y de TODOS los tiempos.

Os quiso dar ejemplo de aceptación a Mi Voluntad al permanecer oculto, llevando vida normal como de cualquier ciudadano, vida “aparentemente” sin importancia, haciendo cosas normales “sin importancia” para la sociedad.

Pero fue una Vida Oculta obediente y vasta para la salvación de todos vosotros, porque El permanecía en Mi en todo momento.

Quiso pasar desapercibido 30 años, como muchos de vosotros pasáis quizá, toda vuestra vida; bien desapercibidos para el mundo, pero viviendo profundamente para Mi, haciendo Mi Voluntad.

Quiso santificar cada trabajo, cada vida ordinaria o importante, cada momento.

En Su Vida Pública trató a gente de todos niveles sociales y económicos y se hizo uno en cada uno de ellos, menos en los soberbios y en el pecado.

Pero sí comprendiendo a los pecadores y ayudándolos a salir del Abismo, a veces tan profundo en el cuál habían caído por su pecado,

que los mismos conciudadanos deploraban y castigaban, a veces hasta mortalmente los que así procedían, como en el caso de la mujer adúltera que iba a ser lapidada.

Mi Hijo bajó a llevar salvación en la caridad y en la comprensión por conocer vuestra pequeñez y vuestra debilidad.

Os mostró cómo El mismo fue tentado por el Maligno y le hizo saber como Su tarea en la Tierra dependía de Mi, Su Padre.

Y de ésta forma tomaba fuerza extraordinaria. para vencerlo fácilmente en todas las ocasiones en las que se le presentó.

Cuando arrojaba a los Demonios, éstos Lo ponían en evidencia ante el pueblo dándoles a conocer que El era el Mesías, el Hijo de Dios Altísimo.

Y El en lugar de envanecerse, los hacía callar.

La Humildad ante todo, Mi Hijo, Dios en Mi Mismo, el Humilde por excelencia, el Verbo hecho carne, el Amor vivo entre vosotros.

El os enseñó a través de la vida con Sus discípulos, Mis necesidades de salvación, viviendo y enseñando Mi Sabiduría y a la vez acompañada con prodigios grandísimos venciendo, hasta lo humanamente imposible: LA MUERTE.

El os enseñó que viviendo Su Vida, Sus enseñanzas, siempre viéndoMe a Mi primero y a Mi Voluntad, podrían lograr todo.

Así se lo confió a Sus discípulos y les dijo: “Id y predicad a todas las naciones y aquellos que Me sigan podrán hacer las mismas cosas que Me han visto hacer y las harán aún mayores.

ESTE ES UN PRIVILEGIO QUE MI HIJO OS HA DEJADO

Y ES PARA TODOS AQUELLOS QUE REALMENTE QUIERAN SEGUIR

LA VIDA DIVINA DE MI SER INFINITO

Vosotros conocéis la vida de los discípulos cuando, bajando el Espíritu Santo en Pentecostés, los confirma como los verdaderos seguidores de Su Palabra y de Sus Obras.

Vosotros conocéis la predicación de cada uno de ellos y los prodigios que realizaban porque se volvieron otros Cristos.

MILAGROS DE SAN ANTONIO DE PADUA

Vosotros conocéis la vida de los santos de vuestra historia que, sin llegar muchos de ellos a tener una vida de tanto trabajo y tanta donación como la tuvo Mi Hijo y luego Sus discípulos,

HAN PODIDO TAMBIÉN HACER PRODIGIOS GRANDÍSIMOS

GRACIAS AL VOLVERSE OTROS CRISTOS EN ALGUNA DE SUS VIRTUDES

Vosotros, Mis hijitos, sois limitados, no podéis tener todas las virtudes de Mi Hijo, pero cada uno de vosotros debe desarrollar la que Mi Santo Espíritu os ha otorgado,

haciéndola crecer en humildad, en el servicio desinteresado para con vuestros hermanos, pero interesado en hacer Mi Voluntad.

Esa virtud o virtudes os llevarán a vuestra santificación y ayudaréis a la santificación de muchos de los vuestros al lograr, como muchos lo han logrado, hacer de la virtud ó el don que poseen, por Mi Gracia, actos heroicos de amor.

Es una misión sublime a la que todos vosotros estáis llamados y que para ello bajasteis a servirMe,

En la Tierra el Amor de Jesús DOSIFICA nuestro calvario, Y ÉL ES EL CIRENEO que nos ayuda a recorrer el Camino…

la de ser otros Cristos y poner todos vuestros dones y virtudes al servicio Mío y al de vuestros hermanos, para su salvación eterna.

No bajasteis para hacer vida en lo material efímero y egoísta sino en los bienes espirituales, que os darán vida eterna y amor infinito por parte de vuestro Dios.

Podéis ser ama de casa ó renombrado cirujano, podéis ser uno de Mis hijos que limpia vuestras calles o encumbrado magnate, etc. ninguno de vosotros está completo en dones ni en virtudes,

porque así lo he querido, para que os deis cuenta de que todos necesitáis de todos y todos necesitáis de Mi.

NO lo he hecho por egoísmo, lo he hecho para bien vuestro, para que al daros cuenta de vuestras limitaciones, os cuidarais los unos a los otros, creciendo en amor y en servicio mutuo y para el buen desarrollo de vuestro Mundo.

Entended hijitos Míos, que hasta que no os deis perfecta cuenta de que si no vivís como Mi Hijo os enseñó, hasta que no os volváis otros Cristos según los dones obtenidos en cada uno de vosotros,MI Reino no se podrá dar sobre la Tierra.

Vosotros deberéis daros cuenta de que debéis cambiar personalmente, aceptando vuestras limitaciones con humildad;

al veros limitados y humildes Me pediréis que Yo venga a vivir libremente en vosotros y así es como se dará el cambio favorable, cambio que ya muchos ansían y así terminar con la aMldad que ahora cubre a vuestro mundo.

Dejad que la luz, Mi Luz, que habita en vosotros, aflore y empiece a encender corazones.

Que vuestro trato de amor hacia los demás deje vivir a Mi Hijo en vuestros actos diarios y por consiguiente, se empiece a destruir el odio y la maldad que ahora vive entre vosotros.

Dad luz de amor, Mi Presencia viva en vosotros, a vuestros semejantes y ayudadMe a hacer nacer nuevos Cristos, después de permitir que en vosotros sea El el que os habite.

TraedMe almas, levantad pecadores con vuestra comprensión y ayuda espiritual, como Mi Hijo lo hacía. Preparad Mi Reino entre vosotros apartando miedos y egoísmo personal.

¿Acaso le teméis a la luz del día? ¿Acaso le teméis al Amor sincero y verdadero? ¿Acaso no queréis caminar por vuestras calles con confianza y alegría al existir paz y amor entre vuestros semejantes?

¿Acaso no queréis tener trato directo con vuestro Dios y Señor? ¿Acaso no queréis vivir vida de amor fraternal desinteresado en bienes materiales e interesado en el crecimiento de las potencialidades espirituales que Yo os dí?

“Vosotros podréis lograr todo lo que Me visteis hacer y lo haréis mayor cuando, por fin, queráis venir en pos de Mi”, os dijo Mi Hijo Jesucristo y lo respaldo Yo, Su Padre y Dios vuestro.

Haced la prueba y Me veréis en los resultados.

Actuad con amor verdadero y desinteresado para con vuestra persona, sólo viéndome a Mi y a los intereses de superación espiritual que deis a vuestros hermanos y os aseguro que podréis lograr todo.

Mis sacerdotes, mis queridos ministros de Mi Amor.

Los necesito tanto para que a través de ellos se cumpla Mi obra de salvación, pero cuanta frialdad y cuanto desamor encuentro en la mayoría de ellos.

Me duele decirlo, Me duele muchísimo ver que Mis sacerdotes, ministros supremos, Me estén fallando.

Yo ya lo veía desde el principio de la Cristiandad, Mis mismos apóstoles estaban llenos de defectos, pero aún así los tomé para ser mis primeros Obispos. Reconozco vuestra flaqueza, pero aún así os amo y os necesito.

Tenéis que acercaros más a Mi Corazón.

Os habéis desviado de vuestro ministerio, habéis hecho de vuestra vida consagrada reflejo de carne y vicio en muchos de vosotros.

Os he dado más que a la mayoría de Mis crea­turas y así os habré de pedir, en la justicia y en el amor.

Vosotros fuisteis escogidos para ser otros Cristos vivientes, transmitiendo virtud, transmitiendo verdad, transmitiendo amor,

Viviendo Mis en­señanzas y siendo un ejemplo fiel de vuestro primer y máximo maestro, vuestro Salvador, Cristo Jesús.

Hijos Míos, Mis consagrados, todavía hay tiempo. Volved a la virtud, apartaos de la Tierra y de cuanto mal hay en ella.

No os dejéis ensuciar vuestras sagradas túnicas sacerdotales. Habréis de presentármelas cuando vuestro tiempo de servicio toque a su fin. La balanza está esperando sobrepesar ambos lados.

Vuestra concupiscencia os aparta de Mí.  ¿Qué me vais a entregar al final?

Muchas almas se lleva Mi Enemigo por la frialdad de vosotros, Mis consagrados. Vuestro compromiso es muy grande, pero también os doté de bellísimos dones…

Y ¿Qué habéis hecho con ellos? También vosotros os habéis dejado arrastrar por el Mundo.

Vuestra misión es excelsa ¡Comprendedlo, EXCELSA!

Yo perdono aún al pecador más obstinado, siempre y cuando se acerque con espíritu contrito, vosotros lo sabéis. ¿Por qué entonces voso­tros no os acercáis a Mí? ¡Dejad el Mundo y sus obras de una vez por todas!

Vosotros sois Míos, vuestra misión es del Cielo, NO de la Tierra; vues­tro tiempo es totalmente Mío y para Mí, en la salvación de vuestros her­manos.

Vivid la pureza del cuerpo y del alma hijitos Míos, apartaos de todo aquello que os lleve a la impureza, eso daña mucho Mi corazón.      

 No hijitos Míos, no estáis actuando completamente de acuerdo a vuestra Suprema Misión.

No os hagáis tontos, vuestra vida debe ser de virtud y de ejemplo. Muchísimas almas se pierden por vuestro mal ejemplo, vosotros lo sabéis.

Nuevamente os lo repito, os necesito, no Me fallen por favor, por el amor a Mis almas, por el amor a Mis creaturas.

El tiempo se acerca, el Tiempo de la Tribulación ya está,

¿Qué haréis vosotros cuando Yo mismo y vuestros hermanos van a necesitar mas de voso­tros?

Sólo la vida en la virtud os mantendrá con la Fe y la Fortaleza necesarias para ayudarme a salvar almas en la tribulación.

Os doy Mi Espíritu Santo, os doy Mi perdón de corazón, pero tratad de vivir en el camino que os he trazado desde hace 2000 años. Os necesito y el mundo os necesita.

Llevad a las almas a la salvación. Sed buen ejemplo de virtud y amor y venced vuestro egoísmo y vuestras pasiones.

Vosotros Me pertenecéis por completo, no lo olvidéis. La Justicia será más severa con vosotros, pero el Amor será más agradecido por igual.

Sed perfectos como vuestro Padre es perfecto y santos como vuestro Cristo lo es.

Os bendigo, hijos Míos, en Mí nombre, en el de Mí Hijo y en el del Santo Espíritu de Amor.

Yo os bendigo en Mi Santo Nombre, en el de Mi Hijo Jesucristo, en el de Mi Santo Espíritu de Amor y en el Nombre de Mi Hija Santísima, la Siempre Virgen María, Madre del Redentor y Madre vuestra por siempre

Acudid a la guía materna de vuestra Madre Santísima para que os lleve a alcanzar la plenitud del Amor y de Mi Hijo Amado.

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D62 UNA GRAN CLOACA


Febrero 17 de 2005

Habla Dios Padre
Hijitos Míos, discúlpenMe de que les tenga que hablar de éstas cosas, pero necesito de vuestra Oración muy fuerte, profunda, íntima, para que Me acompañen con el Dolor que esto Me causa, a Mi Corazón Amorosísimo.

Mis pequeños, pronto será destapada una Gran Cloaca dentro de Mi Iglesia, los vapores de Satanás saldrán a través de Ella.

Varios de Mis Ministros TRAIDORES crearán tanto alboroto, que ASCO dará a los que Me son fieles y esto provocará deserción de muchos de vuestros hermanos.

Será el golpe final que asestará Satanás contra Mi Iglesia,

QUERRÁ DESTRUIR SU SANTIDAD, QUERRÁ ACABARLA

Pero Mi Promesa persistirá de que se mantendrá hasta el Fin de los Siglos.

Os pido Mis pequeños, que os mantengáis fieles, porque la Presencia de Mi Hijo está en Ella, la presencia de Mi Hija la Siempre Virgen María, está en Ella, la presencia de los Santos y de los Mártires está en Ella, la presencia Angelical está en Ella…

Y por más que veáis cosas desagradables, que oigáis cosas desagradables, NO OS APARTÉIS Mis pequeños, manteneos firmes en las Enseñanzas de Mi Hijo.

¡Oh!, pastores de Mi Iglesia, ¡Oh!, ministros de Mis Sacramentos, ¡Oh!, hijos Míos, que Me habéis Traicionado,SE OS HA DADO UNA DIGNIDAD ALTÍSIMA,

MÁS GRANDEQUE A CUAQUIER REY

SOBRE LA TIERRA.

Vosotros Mis ministros, sacerdotes de Mi Iglesia,

Vosotros a los cuales Obedezco en la Santa Misa y a quienes os he dado la Bendición en vuestras manos y en vuestro ser,PARA TRAERME A LA TIERRA

Y DARME POR COMPLETO A VUESTROS HERMANOS 

Ningún rey sobre la Tierra,NADIE puede hacer esto,

Solamente vosotros, en los que he confiado

Y muchos de vosotros Me habéis Traicionado. NO os dais cuenta de vuestra DIGNIDAD.

NO os dais cuenta de vuestro valor entre vuestros hermanos;

NO os dais cuenta que Yo estoy Presente, Vivo, Real,A través de vosotros y por vuestras órdenes.

Mis pequeños Yo, en Mi Poder Divino,

INMENSAMENTE GRANDE, OMNIPOTENTE,OBEDEZCO VUESTRAS PALABRAS DURANTE LA CONSAGRACIÓN,

 Bajo del Cielo por las Palabras que os enseñé,

Estoy con vosotros, Estoy para vosotros y vosotros Me Traicionáis.

Mundanos placeres se han introducido a vuestra vida, olvidos grandes tenéis ahora, NO queréis estar ya para servirMe, preferís al Mundo.

Preferís las monedas de la Tierra, a la Gracia tan grande que representáis como Mis ministros escogidos.Me habéis Traicionado porque ya NO se transmite vida espiritual a través de vosotros, vuestro ejemplo es deprimente, ya NO se ve santidad NI en vuestros actos NI en vuestras palabras.

Ya NO hay vida íntima Conmigo a través de la Oración profunda… 

Preferís ésos ratos en que debiéramos tener un acercamiento íntimo, un intercambio espiritual; los cambiáis ahora por las cosas del Mundo, por sus distracciones, por su pecado.

Muchos de vosotros os habéis acercado a la mujer, habéis perdido la pureza y la santidad y aún así, os acercáis al Sacramento y con vuestras manos sucias Me recibís en la Consagración…

Y con ello, asegurando vuestra Muerte Eterna.

Hijitos Míos, la causa de todos vuestros males, tanto espirituales como materiales, Mis pequeños; ES LA INCREDULIDAD, vuestra poca FE.

La falta de Fe en Mí, vuestro Dios.

LA FALTA DE FE en todo lo que Mi Hijo os dio, la falta de Fe  en todo lo que se os ha ordenado, la falta de Fe en Mis Mandatos y peticiones.

Mis pequeños, Me habéis dado la espalda.

AL NO CREER EN MÍ, habéis hecho lo que vuestra humana inteligencia ha querido hacer.Vosotros Mis pequeños, sois muy limitados y vuestra carnalidad os lleva a prescindir de lo espiritual.

Cuando NO estáis Conmigo, ésa carnalidad cobra una libertad muy grande y muy poderosa.

Os sentís autosuficientes porque tenéis fuerza, porque tenéis salud, porque tenéis lo económico. 

JESUS HACIENDO MILAGROS AL POR MAYOR, POR MEDIO DEL PADRE EMILIANO TARDIF…

Me hacéis a un lado y con esto hacéis a un lado a lo más importante que tenéis en vuestra vida, vuestra parte espiritual y en ello, Lo más importante Soy Yo, Mi Presencia Real y Viva en vosotros.

Aprendéis a acallar Mi Presencia dentro de vosotros, NO hacéis caso a lo que Mi Santo Espíritu de Amor os va indicando en vuestra vida;

Caéis en la necedad humana, vivís para lo humano y para el gusto placentero del Cuerpo y su Sensualidad.  Eso, Mis pequeños, solamente os va acarreando maldad, depravación y CAÍDA TOTAL, tanto en vuestro cuerpo, como en vuestra alma; ya que a vuestra alma NO le dais alimento alguno, le hacéis a un lado.

NO buscáis lo que vuestra alma necesita: que es el Alimento espiritual.

En la Oración profunda Yo os fortalezco con todo lo que necesitáis y en los Sacramentos

ME DOY YO MISMO A VOSOTROS, PARA UNA FUSIÓN COMPLETA CONMIGO…

Os resulta tedioso, creéis que buscarMe y buscar lo espiritual NO es necesario ya, para vuestro desarrollo pleno.

Y NO es así, Mis pequeños.

Solamente estáis alimentando a  vuestro cuerpo, lo estáis consintiendo y él os lleva a perderos,

Porque vuestra alma, que es la que debe controlar las pasiones, está débil, NO la estáis alimentando y por eso veis lo que estáis viendo ahora a vuestro alrededor:Pasiones desordenadas, odio desordenado, maldad generalizada; porque vuestra alma no ha sido alimentada con el Espíritu, con las virtudes, con el Amor.

Estáis ciegos Mis pequeños, sordos y NO queréis ver la realidad de vuestro alrededor. Ahora os vuelvo a repetir ésta realidad, para que entendáis, que toda la causa de vuestros males, es vuestra falta de Fe…

Y vuestra negligencia en alimentar lo más valioso que tenéis: vuestra parte espiritual, que es la que comanda en las pasiones, que es la que frena vuestra carnalidad y el pecado.

Sed conscientes de esto, Mis pequeños, el Mundo se está volviendo adverso contra el hombre.

Ésa misma maldad que acarreáis todos vosotros, si NO la frenáis volviendo a Mí;

“Quiero que la Iglesia y mi comunidad sepan quién soy: un sacerdote homosexual, feliz y orgulloso de su propia identidad”, confesó monseñor Krysztof Charamasa, de 43 años, polaco residente en Roma desde hace 17 años, funcionario de la Congregación para la Doctrina de la Fe y secretario adjunto de la Comisión Teológica Internacional vaticana.”

Se volverá una vida de combate, una vida de ataque entre hermanos: mortandad, destrucción, porque estáis basados solamente en vuestra carne. 

NO hay principios morales, NO hay principios religiosos en vuestra vida, NO queréis atender a todo ése Amor y a todas ésas enseñanzas que Mi Hijo os dio, que frenan vuestra Maldad.

Si NO entendéis que debéis volver a Mí y alimentar vuestra alma con la Luz del Espíritu Santo, SUFRIRÉIS MUCHO. Pero es vuestra necedad la que os hace sufrir, NO SOY YO, Mis pequeños.

Sois vosotros mismos, que habéis dado rienda suelta a vuestra carne, FRENADLA. Frenad vuestras pasiones, frenad vuestra maldad volviendo a Mí, alimentándoos con el Cuerpo de Mi Hijo,

Con la Oración, con las buenas obras, con el buen ejemplo, con el amor verdadero, que deis de corazón a vuestros hermanos,Y todo cambiará, Yo os ayudaré, pero vosotros debéis dar el primer paso, empezar a vencer vuestra Maldad, vuestro cuerpo, con una alma bien alimentada y fuerte, con la Luz del Espíritu Santo.

Entendedlo, Mis pequeños, el Fuego va creciendo alrededor vuestro, ¿Hasta dónde queréis que llegue?

Atended Mi llamado Mis pequeños, atended Mi llamado ministros de Mi Iglesia, porque pronto caerá Mi Justicia sobre todos vosotros.

Ya NO buscáis a la oveja perdida, ya NO os dais por el hermano necesitado, os habéis hecho muy comodinos, habéis puesto horario en vuestra vida para poder descansar y así, vuestras carnes han crecido.

Nosotros NO SOMOS JUECES. NO debemos unirnos a las voces de condena… ¡HAY QUE ORAR POR ELLOS!

Os habéis hecho flojos y ya no os dais por el hermano muerto al pecado, ni por el próximo a la muerte.

Vuestra vida ya no es una vida de ejemplo, ya no se os respeta, porque vosotros NO Me respetáis a Mí.

Ya NO estoy Presente en vosotros para producir una impresión fuerte y agradable ante vuestros hermanos.

Preferís usar ropas del Mundo, en vez de usar vuestra investidura sacerdotal…Y con ella, recibir el respeto y la dignidad a la que habéis sido llamados.

La Maldad de muchos de vosotros, es clara y evidente ante vuestros hermanos,

Sois un mal ejemplo para la Iglesia y para la sociedad.

Muchas vocaciones se pierden por vuestra intromisión hacia las enseñanzas que se tienen que dar a las futuras vocaciones.  ME DÁIS ASCO muchos de vosotros.

Os decís sacerdotes ministros de Mi Iglesia, cuando realmente,

Sois ministros de Satanás.

Muchos de vosotros habéis preferido las cloacas de Impureza y de Maldad y ahora os revestís con las vestimentas de los ritos satánicos,

Habéis hecho a un lado vuestras vestimentas sacerdotales para ser ahora Sacerdotes de Satanás.

Y todo ¿Por qué?PORQUE ME HABÉIS TRAICIONADO,

Porque ya NO queréis vivir en la humildad, en la Pobreza y en la Santidad.

Queréis vivir en la Opulencia, en la Inmoralidad, en la Impureza que os lleva a la Maldad.

Fuerte y severo será Mi Juicio contra vosotros, los que Me habéis Traicionado.

Primeramente y con castigo ejemplar,

SATANÁS OS TRAICIONARÁ

Y OS PONDRÁ EN EVIDENCIA ANTE EL MUNDO

 Y luego tendréis Mi Juicio, con su castigo ejemplar para todas las generaciones.

La Maldad NO es para Mi Iglesia, la Impureza NO es para Mi Iglesia, los ministros inmorales y asesinos NO son para Mi Iglesia.

La Purificación se dará en ella y veréis resurgir lo que Yo vuestro Dios, creé para todos Mis hijos, para las ovejas leales y amorosas, las ovejas fieles que Me han seguido, Me siguen y Me seguirán.

Orad, Mis pequeños, por aquellos que han Traicionado a Mi Iglesia y que os están dando el mal ejemplo;

a ver si con vuestros ruegos, logran su salvación.

Porque mucho es su pecado, mucha es su Maldad, el pecado provoca más pecado.

Una gran deserción se llevará a cabo, pocos serán los fieles; pero que con su santidad la mantendrán Viva.

Escondidos, acechados por las garras de Satanás, perseguidos para ser mártires de éstos tiempos protegiendo a lo que es Mío:

Mi Iglesia, Mis enseñanzas, Mi Amor en ella.

Satanás quiere destruir todo lo que es Mío y como eso es lo más Santo que vosotros tenéis sobre la Tierra, su fuerza será mayor, el Ataque Fortísimo.  Pero contáis Conmigo, contáis con las Huestes Celestiales para proteger Mi Iglesia, Su Santidad, la Escuela de Vida, Escuela del Cielo.

Cuando esto suceda, Mis pequeños, manteneos firmes, escondeos si es necesario,

PORQUE LA PERSECUCIÓN SERÁ MUY FUERTE, ENCARNIZADA. 

Yo os reuniré, reuniré a Mi Rebaño escogido, seréis marcados y os reconoceréis por la marca. Desconfiad aún de aquellos que aparentan ser ovejas.

Pedidle ayuda a Mi Santo Espíritu, para que os dé la Sabiduría, la inteligencia, para que NO caigáis en las Mentiras del Enemigo.  Manteneos firmes, que la Prueba pasará pronto.

Yo estaré con vosotros. Almas valientes necesito para éstos tiempos. Almas dadivosas, que Me entreguen su corazón y su vida, protejan lo que es Mío; que Yo estaré protegiendo lo vuestro, especialmente vuestra alma.

Mantened paz en vuestro corazón, Yo estaré guiando los Acontecimientos.

Acontecimientos que darán Vida y purificación a la Nueva Iglesia de los tiempos venideros, la sangre de los mártires la purificará, la santificará…

Y unida a la Sangre de Mi Hijo, será santificado el Pueblo de ese tiempo.  Hijitos Míos, os pido Bendigáis éstos momentos de la Humanidad, momentos de Transición, en los que vuestro Dios está íntimamente unido a la Tierra…

Recordad que es en los momentos de Prueba, en los momentos de dificultad cuando Yo Me acerco más a la creatura.

NO confiéis en aquellos que os digan que Yo Me voy a separar de vosotros, que os voy a dejar solos. NO Mis pequeños, ésta lucha es una lucha muy fuerte, tremenda, entre poderes grandísimos…

Y si Yo os dejara solos, abandonados a vuestras fuerzas, caeríais sin remedio. Los poderes de Satanás son tremendos,

Pero Mi Poder es Infinito, Yo voy a estar respaldando vuestras acciones, vuestra lucha.Confiad en Mí y os digo nuevamente, TOMAD DE MÍ lo necesario para la lucha.

Veréis grandes portentos, grandes Milagros, pero también grandes Destrucciones.

Veréis los poderes tremendos del Universo en lucha, pero ahí estaré Yo, Protegiéndoos. Protegiendo Mi Rebaño, protegiendo Mi Creación.

Manteneos Unidos a Mi Corazón.Hijitos Míos, la Nueva Jerusalén bajará, la Nueva Iglesia estará engalanada.

El Esposo, Mi Hijo, la recibirá y la entregará a Mi Hija, la Siempre Virgen María.

Vida plena espiritual tendréis, el Amor infinito se manifestará a través de Ella. La Fe que fue probada, ahora será Santificada.

En el Recinto Santo, en ésta Nueva Iglesia, se os dará el Alimento Vivo espiritual, que vosotros agradeceréis con todo vuestro corazón.

Será tan bello, tan palpable, tan deleitable; que pasaréis grandes ratos ante Mi Presencia gozando de Mi Vida en vosotros.Vuestra alma quedará preparada para el Gran Banquete.

Gozaréis de la fiesta, gozaréis de Mi Presencia Divina, el Amor prometido lo tendréis por manifiesto, lo tendréis en medio de vosotros, seréis satisfechos en el Amor, en la vida Mística.

Mi Amor dará por fin frutos excelsos en el hombre y el hombre por fin podrá apreciar para qué fue constituido, gozaréis de la nueva Creación con Mi Presencia Real entre vosotros.

El Dolor de la Purificación se olvidará, quedará atrás. Vuestras lágrimas se volverán gozo, gozo infinito.  Esta Nueva Vida, Vida de vuestro Dios será vuestra.

Gozad ya esos momentos, Mis pequeños, gozad Conmigo, transportaos en alma Conmigo hasta ésos momentos, porque ellos os darán la fuerza, la energía Divina para sostener Mi Iglesia, para sostener vuestra alma, para ser ejemplo para vuestros hermanos.

Vivid confiados en Mi Amor, velad, VELAD por los Acontecimientos, NO os confiéis de lo que otros os digan, escuchad vuestro corazón, que Yo estoy ahí y os Guiaré.

Os Amo, os Amo Mis pequeños, Mi Bendición y Mi Protección quede con vosotros.

Yo os Bendigo en Mi Santo Nombre, en el de Mi Hijo Jesucristo, en el de Mi Santo Espíritu de Amor y en el Nombre de Mi Hija Santísima, la Siempre Virgen María, Madre del Redentor y Madre vuestra por siempre.

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CUMPLIMIENTO

Escándalos sexuales en la Iglesia

Cuando Amas al Señor, ¡CÓMO DUELE ESTE DOLOR EN SU CORAZÓN! Y ¡Cómo NOS DESTROZA, NOS AHOGA Y DESEAMOS REPARAR Y CONSOLARLO!

EJÉRCITO VICTORIOSO III


HORAS NOCTURNAS DE REPARACIÓN

Pasos:

I. Coronilla del Amor

II. Meditación de la Hora Nocturna. (Una por día)

III. Oración final (ver al final la última oración)

IV. TRISAGIO A LA SANTÍSIMA TRINIDAD (Complemento poderosísimo de Protección)

 CORONILLA DEL AMOR

En las cuentas del rosario. En las cuentas grandes:

Sagrados Corazones de Jesús, María y José; sed nuestro amor y salvación.

En las cuentas pequeñas (10 veces):

Jesús, María y José os amo. Salvad almas. Salvad a los consagrados.

Al final del rosario, repetir tres veces:

Sagrados Corazones de Jesús, María y José; haced que os ame cada vez más.

II MEDITACIÓN DE LAS HORAS NOCTURNAS

SEXTO DÍA

6. Reparad por las almas que malgastan su tiempo en la Internet, en la televisión y se olvidan de Dios.

 Hijo consentido: sois generoso en ofrecerme parte de vuestro descanso nocturno con esta hora de reparación, hora en que muchas almas malgastan su tiempo en la Internet y en la televisión viendo programas: perniciosos, que no edifican para nada su proyecto de vida, que excitan su imaginación y la llevan al pecado.

Que deforman su manera de pensar, que se roban los espacios para compartir en familia, que acaban con la identidad de algunos de mis hijos; que son el camino al superficialismo, al comodismo, que desvirtúan lo que es el pecado. Pecado que es mostrado como algo muy normal, algo que encaja con estos tiempos modernos.

Reparad, hijo amado: porque la Internet y la televisión se han convertido en las cajas negras de las casas, muchas veces suelen ser pasaporte de entrada al Infierno. Porque la Oración y el rezo del Santo Rosario en familia ha pasado a un segundo plano.

El erotismo, la violencia, la prostitución, el narcotráfico y los malos ejemplos son el pan cotidiano; porque las telenovelas no han de faltar en hogares que se dicen católicos, hogares en los que poco se dialoga, poco se comparte la mesa, poco se ora en comunidad, hogares que se han olvidado de ser Iglesia doméstica.

Iglesia en la que el primer puesto ha de ser Dios y NO la televisión y la Internet. Iglesia que lea y medite las Sagradas Escrituras. Iglesia que viva en un permanente amor ágape. Iglesia que se esfuerce en permanecer adherida al gran Misterio de la Cruz. Iglesia que se deje arropar bajo los pliegues del Manto de la Santísima Virgen María. Iglesia que sea protegida por San José.

Reparad, en esta hora nocturna, porque muchos de Mis hijos se acuestan sin pensar en Mí, sin encomendarse a mi protección, sin unir sus corazones al Mío a través de la Oración. Reparad, en esta hora nocturna, para que los hombres se aparten de las puertas abiertas del Infierno y se sumerjan en uno de los Aposentos de mi Divino Corazón y sientan el fuego ardiente de la llama de mi Amor Divino.

Reparad, en esta hora nocturna, para que los rayos de mi Luz Divina penetren en el corazón de mis hijos; hijos que sentirán aversión por todo lo que sea de dudosa moral; hijos que sentirán la necesidad de buscar espacios de oración y encuentros a solas conmigo.

Alma Reparadora:

Dulcísimo Jesús: regocijo hay en mi corazón al saber que utilizáis mi nada, porque soy siervo inútil ante vuestra presencia. Soy débil y como tal, necesito vuestra fuerza divina para no declinar en el camino que he emprendido; camino embellecido con las más finas rosas de exportación; camino angosto y escarpado pero camino seguro que me lleva a un encuentro eterno con mi adorable Jesús. Nombre que llevo grabado en mis pensamientos y en mi corazón.

Nombre que me hace suspirar de amor. Nombre que excita mi espíritu en deseos de donarme. Nombre que resuena en la profundidad de mi alma y por eso estoy con mis ojos bien abiertos en esta hora nocturna de reparación.

Reparación que mitigará vuestro dolor. Reparación que adelantará el triunfo del Inmaculado Corazón y el Reinado de vuestro Sagrado Corazón. Reparación que abrirá las puertas de la Nueva Jerusalén.

Dulcísimo Jesús: reparo en esta noche por las almas que pasan largas horas en la televisión y la Internet; almas que se dejan arrebatar vuestros regalos y dádivas celestiales que soléis conceder en la oración; almas que deberán llenar los vacíos de su corazón, sumergiéndolos en las sendas de la contemplación; almas que deben pensar en su salvación, tomando conciencia de que la televisión y la Internet muchas veces llevan a la bancarrota espiritual, a la muerte espiritual.

almas que necesitan pensar en la verdadera vida, vida que exige santidad, renuncias; vida que debe ir de acuerdo con vuestras enseñanzas, Amantísimo Jesús mío; vida coherente con vuestro Evangelio. Dulcísimo Jesús mío: ¡Cómo son los hombres de ingratos y fatuos en sus pensamientos! ¡Cómo son de estultos (necios) en sus obras!, ya que la televisión y la Internet los tienen sumidos, atrapados en las redes oscuras que los llevará a la perdición.

Dulcísimo Jesús mío: os pido tener misericordia de esta humanidad renuente a vuestro amor, humanidad interesada en los asuntos del mundo pero despreocupadas de las cosas del Cielo.

Humanidad abstraída en la ciencia, en la teología pero dispersa a la Sabiduría Divina. Dulcísimo Jesús mío: llamad a cada uno de vuestros hijos a la oración; oración que los fortalecerá para que caminen como peregrinos en busca del Absoluto, en busca del Cielo.

III ORACIÓN FINAL

Jesús mío, Amantísimo y Dulcísimo Salvador: permitidme que os ofrezca y que ofrezca por Vos al Padre Eterno, la Preciosísima Sangre y Agua salida de la herida abierta en Vuestro Divino Corazón en el árbol de la Cruz. Dignaos aplicar eficazmente esta Sangre y esta Agua a todas las almas, en particular a los pobres pecadores y a la mía. Purificad, regenerad, salvad a todos los hombres con el auxilio de vuestros méritos. Concedednos finalmente, oh Jesús, entrar en vuestro Amantísimo Corazón y habitar en él para siempre. Amén.

SÉPTIMO DÍA

7. Reparad por las almas que profanan los templos: saqueándolos, robándose los vasos sagrados y las custodias.

Hijo amantísimo de mi Sagrado Corazón: despertad de vuestro sueño, levantaos de inmediato y venid a nuestro encuentro de amor porque tengo algunas cosas tristes para contaros. Tengo tanto dolor que os necesito como pararrayos en esta noche.

Mi cuerpo, de nuevo, se halla lacerado, maltratado; he recibido golpizas; golpizas por la crueldad con que soy tratado porque: ¡Cómo es posible que hombres sin corazón, hombres dirigidos directamente por Satanás: entren a los templos para saquearlos, para robarse los vasos sagrados y las custodias!

Custodias que contienen al Dios Verdadero, Presente en la Sagrada Hostia. Custodias en la que resido, vestido de sencillez y de simpleza; Custodias que son protegidas por miríadas y miríadas de Ángeles.

Ángeles que me rinden homenaje de adoración. Ángeles que entonan las más bellas canciones porque el Rey del más alto linaje habita en una pequeña porción del Cielo en la tierra. Ángeles que se anonadan y extasían de amor. Ángeles que suspiran al Cielo porque el Hombre-Dios se ha quedado hasta la consumación de los siglos en todos los Sagrarios del mundo.

Hijo carísimo: estas almas de indolente corazón profanan mi Divinidad, me rebajan a la nada. El Dios vivo y Misericordioso es pisoteado, mancillado. El Dios vivo y Misericordioso, es masacrado porque me despojan de mi Trono. Trono que es vendido, comercializado. Trono que es fundido porque el precioso metal de que está hecho, despierta la codicia en algunos de mis hijos con corazón mezquino.

Pobres de estas almas que se atreven a profanar mi Cuerpo Santísimo y los Vasos Sagrados de mi templo; tienen una deuda muy grande qué saldar; sufrimientos espantosos les espera si no se arrepienten de sus faltas; condenación eterna si no confiesan sus pecados y hacen reparación constantes por sus desvaríos y yerros.

Así es, pues, alma reparadora que estáis llamada, en esta noche, a tomar en vuestras manos un lienzo blanco, delicado para que sanéis las heridas de Mi Cuerpo, heridas que supuran Sangre Preciosa, heridas profundas porque he sido profanado, martirizado y por el peor de los verdugos. Besad y adorad mis Santas llagas y reparad para que estas almas lloren amargamente su pecado y regresen a Mí. Yo las perdonaré, les absolveré de toda culpa.

Alma Reparadora:

Mi amado Jesús: mi corazón naufraga en el dolor por vuestra palabras. Palabras que son espadas puntiagudas que cercenan mi alma. Palabras que me llevan a una profunda reparación en esta noche; noche sombría, lúgubre; noche en la que sois profanado, azotado; noche en el que vuestro templo es saqueado, robado. Templo que es pórtico del Cielo, siempre abierto. Templo que es embellecido por vuestra sublime presencia en la Sagrada Hostia.

Mi amado Jesús: tomad mi reparación en esta hora nocturna como bálsamo sanador a vuestras múltiples heridas; dejadme adorar vuestras Santas Llagas y vuestra Sangre Preciosa; dejadme embriagar de amor, pero también de dolor porque ante tanto amor que prodigáis a las criaturas, sólo recibís desprecios e ingratitudes.

Mi amado Jesús: robadme el sueño de esta noche y haced que mi pobre corazón se consuma en deseos de llevarse vuestro dolor, de reparar por estas almas que profanan vuestro Cuerpo adorable y los Vasos Sagrados de los templos.

Heme aquí Corazón agonizante de mi Jesús, ansioso de elevar rogativas al Cielo porque algunas almas no han entendido la grandeza de vuestro Misterio de Amor Divino. Misterio que es subvalorado por algunos hombres renuentes a vuestra manifestación real en la Sagrada Hostia.

Heme aquí Corazón agonizante de mi Jesús, recogiendo vuestra Sangre Preciosa y algunos pedacitos de vuestra carne desgarrada, para adorarla y rendirle la exaltación que algunas almas no os ofrecen, porque están cegadas por Satanás, están sumidas en la mayor de las desolaciones porque el no teneros, es carecer de todo.

Heme aquí Corazón agonizante de mi Jesús, con la lámpara encendida en esta noche, ya que me habéis llamado para daros consuelo, para daros una voz de alivio a vuestro sufrimiento. Os prometo unirme a vuestro dolor, llorar por los pecados de estos hombres que van directo al Infierno, Vos que sois el amor incomparable, la ternura infinita.

Vos que sois un lirio blanco y perfumado: sois deshojado, arrancado bruscamente de vuestro Celestial Jardín. Jardín regado por ríos de agua viva. Jardín cultivado por los Santos Ángeles del Cielo. Estoy aquí como centinela nocturno que custodia el gran tesoro del Cielo que tiene por Nombre Jesús.

OCTAVO DÍA

8. Reparad por aquellas mujeres que son foco de tentación, de tropiezo y de caída para mis sacerdotes.

 Hijo amado: venid a nuestro encuentro de amor. Os espero para calentaros en la llama de mi Amor Divino. Os espero para que seáis Mi centinela en esta noche. Os espero para que levantéis vuestras manos al Cielo y pidáis misericordia para los pecadores.

Os espero para que os apoyéis en Mí porque soy vuestro báculo, vuestro soporte, vuestro estandarte. Vos que formáis parte de este apostolado de reparación, Vos que no conciliáis el sueño sin antes haber cumplido con este compromiso de amor: os pido que reparéis en esta noche por todas aquellas mujeres que son foco de tentación, de tropiezo y de caída para mis sacerdotes, para Mis ungidos, para estos hombres valerosos que tienen una gran misión en la tierra.

Hombres que deben ser otros Cristos en el mundo. Hombres que deben brillar por su santidad, por su ejemplo de vida. Hombres que deben tener un corazón diáfano, libre de toda atadura, de toda mancha. Hombres que han de rechazar de plano los asuntos del mundo porque su vocación apunta a las cosas del cielo, a encaminar a mi grey a la Patria Celestial.

Reparad porque algunas mujeres son instrumentos de Satanás; algunas mujeres están poseídas por un espíritu de desenfreno sexual. Algunas mujeres fijan su mirada en alguno de mis sacerdotes y no descansan hasta no haber logrado sus propósitos mezquinos, ruines.

Reparad para que estas mujeres vuelvan sus ojos y su corazón a Mí. Mujeres que traen consigo, perdición. Mujeres que son más malditas que Judas porque se han metido con lo más amado, con lo más apetecido de mi Divino Corazón.

Reparad para que estas pobres hijas, que se han desviado de mi camino, purifiquen sus corazones en los Ríos de la Gracia. Porque el hedor que llevan dentro es mortecino, nauseabundo. ¡Cómo agoniza mi Sagrado Corazón cuando uno de Mis hijos predilectos cae en la seducción, en las apetencias de la carne; mejor sería que no hubiesen nacido!

Reparad, también, por ellos porque padecen soledad e incomprensión. ¡Cómo agoniza mi Sagrado Corazón!, cuando veo que estas almas caminan a una velocidad vertiginosa a la perdición, rogad para que reconozcan sus miserias y sus faltas. Rogad para que vuelvan hacia Mí como hijos pródigos. Yo les perdonaré porque mi Corazón sobreabunda en misericordia.

Alma Reparadora:

Sufriente Jesús mío: ¡Cómo me conduele mi corazón al saber de vuestros padecimientos! Padecimientos que os llevan a una pasión mística porque son muchos los hombres que os maltratan con su vida de pecado; pecado que deforman sus almas, pecado que los separa de Vos cortando todo nexo con el Cielo.

Sufriente Jesús mío: no sé cómo expresaros el gran amor que os tengo; no hay palabras para deciros lo que siento, basta con miraros, con recrearme ante vuestra singular belleza y mi corazón rebosa, palpita con ímpetu, con vehemencia.  

Sufriente Jesús mío: como sois el aliciente para vivir: heme aquí en esta noche cumpliendo con vuestro mandato de amor; reparar por estas pobres mujeres que no alcanzan a sopesar la dignidad del sacerdocio. No miden las consecuencias de sus actos; actos repudiados por vuestro Sacratísimo Corazón. Actos deplorables para el Cielo, actos que son causa de condena y muerte segura.

Sufriente Jesús mío: recibid el sacrificio de esta noche; descansad en mi corazón; entregadme parte de vuestro dolor , porque no soporto veros triste, acongojado por el trágico final de estas almas. Almas que deben acudir de inmediato a Vos y pediros perdón; almas que deben llorar y expiar sus culpas.

Almas que deben vivir en continua mortificación y penitencia porque han usurpado algo que NO les pertenecía. Han tocado propiedad ajena; se han involucrado con lo más amado, lo más querido en esta tierra.

Sufriente Jesús mío: llamad a una conversión perfecta a estas almas que laceran vuestro Divino Corazón; dadles una última oportunidad; demostradles que sois fuente inagotable de Misericordia; llenadles los vacíos de su corazón y suplidlos con vuestro puro amor.

Sufriente Jesús mío: compadeceos de ellas y de los sacerdotes que han caído en el fuego ardiente de la perdición; desatadlos de las oxidadas cadenas que los esclavizan; corred el velo de oscuridad que cubren sus ojos y permitidles ver la luz; luz radiante, inmarcesible; luz fulgurante que brotan de vuestras Santas Llagas.

Sufriente Jesús mío: tomad esta hora nocturna de reparación y apresuraos en vuestra Segunda Venida, porque el mundo se ha corrompido. El Mundo camina sin Dios y sin Ley.

III ORACIÓN FINAL

Jesús mío, Amantísimo y Dulcísimo Salvador: permitidme que os ofrezca y que ofrezca por Vos al Padre Eterno, la Preciosísima Sangre y Agua salida de la herida abierta en Vuestro Divino Corazón en el árbol de la Cruz. Dignaos aplicar eficazmente esta Sangre y esta Agua a todas las almas, en particular a los pobres pecadores y a la mía. Purificad, regenerad, salvad a todos los hombres con el auxilio de vuestros méritos. Concedednos finalmente, oh Jesús, entrar en vuestro Amantísimo Corazón y habitar en él para siempre. Amén.

Extractado del libro: En los umbrales de la Nueva Jerusalén, cap. II (Mensajes dados a Agustín del Divino Corazón, mensajero de los Sagrados Corazones Unidos y Traspasados de Jesús y de María).

TRISAGIO A LA SANTÍSIMA TRINIDAD.

Bendita sea la Santa e indivisible Trinidad, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

V. Abrid, Señor mis labios. R. Y mi voz pronunciará vuestra alabanza.

V. Dios mío, mi defensa te encomiendo. R. Señor, a mi socorro acude presto.

Gloria sea dada al Padre, Gloria al eterno Hijo, Gloria al Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

Acto de Contrición

Amorosìsimo Dios, uno y Trino, Padre, Hijo y Espíritu Santo, en quien creo, en quien espero, a quien amo con todo mi corazón, cuerpo y alma, sentidos y potencias, y por ser vos mi Padre, mi señor y mi Dios infinitamente bueno y digno de ser amado sobre todas las cosas, me pesa, Trinidad Misericordiosa, me pesa, trinidad amabilísima, me pesa Trinidad Santísima, de haberos ofendido sólo por ser vos quien sois: propongo y os doy palabra de nunca mas ofenderos, y de morir antes que pecar; espero en vuestra suma bondad y misericordia infinita que me habéis de perdonar todos mis pecados y me daréis gracia para perseverar en un verdadero amor y cordialísima devoción de vuestra siempre amabilísima Trinidad. Amén.

Himno

Ya se aparta el sol ardiente Tu, luz perenne. Unidad Danos un amor ferviente, Santísima Trinidad. En la aurora te alabamos Y en la tarde ¡oh sumo bien! Confiados esperamos Que allá en el cielo también. Al Padre, al Hijo, y al Santo Espíritu, con fervor Demos en piadoso canto Gloria, alabanza y honor. Amén.

Se dice tres veces:

Sanctus, Sanctus, Sanctus, Dominus Deus, Sabaoth. Pleni sunt coeli et terra gloria tua.   Hosanna in excelsis. Benedictus qui venit in nomine Domini. Hosanna in excelsis. Aleluya.Aleluya.

GLORIA Patri, etFilio, et Spiritui Sancto. Sicut erat in principio, et nunc, et semper, et in saecula saeculorum. Amen

Ahora en su rosario, en el primer misterio rezar:

 PATER NOSTER, qui es in caelis, sanctificetur nomen tuum. Adveniat regnum tuum. Fiat voluntas tua, sicut in caelo et in terra. Panem nostrum quotidianum da nobis hodie, et dimitte nobis debita nostra sicut et nos dimittimus debitoribus nostris. Et ne nos inducas in tentationem, sed libera nos a malo. Amen.

GLORIA Patri, et Filio, et Spiritui Sancto. Sicut erat in principio, et nunc, et semper, et in saecula saeculorum. Amen

Decir en las 9 nueve perlas siguientes:

Abba Santísimo, Sanctus, Sanctus, Sanctus,Dominus Deus, Sabaoth. Rex caelestis, Pleni sunt coeli et terra gloria tua.Hosanna in excelsis.Benedictus qui venit in nomine Domini.Hosanna in excelsis. Aleluya. Aleluya.”

GLORIA Patri, etFilio, et Spiritui Sancto. Sicut erat in principio, et nunc, et semper, et in saecula saeculorum. Amen

Y al terminar las 9 veces se dice:

“Por infinitos siglos de los siglos. Amén” Aleluya. Aleluya.

Hacer lo mismo en el segundo y tercer misterio, hasta completar 27 veces

Sanctus, Sanctus, Dominus Deus, Sabaoth. Rex caelestis, Pleni sunt coeli et terra gloria tua.Hosanna in excelsis. Benedictus qui venit in nomine Domini. Hosanna in excelsis. Aleluya. Aleluya.”

Antifonía

A Tì, Dios Padre ingénito; a Tî Hijo unigénito; a Tî, Espíritu Santo paráclito, santa e indivisible Trinidad de todo corazón te confesamos, alabamos y bendecimos: a Tì se dé Gloria por los siglos de los siglos. V. Adoremos al Dios de las alturas. R. Alabémosle en la tierra todas sus criaturas.

Oración

Amabilísimo Señor, Dios Uno y Trino, dadnos continuamente vuestra gracia, vuestra caridad y la comunicación de Vos para que en tiempo y eternidad os amemos y glorifiquemos, Padre, Hijo y Espíritu Santo, una deidad, por infinitos siglos de los siglos. Amén.

Gozos a la Santísima Trinidad

Dios Uno y Trino, a quien tanto Arcángeles. Querubines, Angeles y Serafines Dicen: Santo, Santo, Santo.

Santísima Trinidad, Una esencia soberana, De donde en raudales mana La Divina Caridad, De tu inmensa majestad Ante el trono sacrosanto.

Angeles y Serafines, Arcángeles y querubines Dicen Santo, Santo, Santo.

Oh misteriosa Deidad De una esencia y tres personas, Pues que piadosa perdonas, Nuestra miseria y maldad, Oye con benignidad Este fervoroso canto.

Angeles y Serafines,  Arcángeles y querubines Dicen Santo, Santo, Santo.

El Trisagio que Isaías Escribió con tanto celo, Lo cantan siempre en el cielo Angélicas jerarquías; Tan piadosas melodías Son de las almas encanto.

Angeles y Serafines, Arcángeles y querubines Dicen Santo, Santo, Santo.

Este Trisagio glorioso Voz del coro Celestial Contra el poder infernal Es auxilio poderoso, Y en este mar proceloso, Puerto en que cesa el quebranto. Angeles y serafines, Arcángeles y querubines Dicen Santo, Santo, Santo.

De la muerte repentina Del rayo exterminador, De la peste y del temblor, Libra esta oración divina; Ella la mente ilumina Y disipa nuestro llanto.

Angeles y Serafines, Arcángeles y querubines Dicen Santo, Santo, Santo.

Es el iris que se ostenta Precursor de la bonanza Es áncora de esperanza En la desecha tormenta, Es la brújula que orienta Al tender la noche el manto.

Angeles y Serafines, Arcángeles y querubines Dicen Santo, Santo, Santo.

Es escudo soberano De la divina justicia, Con que de infernal malicia Triunfa el devoto cristiano, Y hace que el Dragón tirano Huya con terror y espanto.

Angeles y Serafines, Arcángeles y querubines Dicen Santo, Santo, Santo.

De la guerra fratricida Que ensangrienta nuestro suelo, El Trisagio, don del Cielo, Nos preserva con su egida. Y en dulce paz bendecida Suba hasta Dios nuestro canto. Angeles y Serafines, Arcángeles y querubines Dicen Santo, Santo, Santo.

Yo confío en vuestro amor, Santo Dios, fuerte, inmortal, Que en el coro celestial Cantaré con gran fervor El himno que tanto honor Causa, cuando en su canto, Angeles y Serafines, Arcángeles y querubines Dicen Santo, Santo, Santo.

Dios Uno y Trino a quien tanto Arcángeles, Querubines, Angeles y Serafines, Dicen: Santo, Santo, Santo.

Antífonía

Bendita sea la santa e indivisible Trinidad, que todas las cosas crea y gobierna, ahora y siempre y por los infinitos siglos. Amén

V. Bendigamos al Padre y al Hijo con el Espíritu Santo. R. Alabémosle y ensalcémosle por todos los siglos.

Oración

Omnipotente y sempiterno Dios, que te dignaste revelar a tus siervos la gloria de tu eterna Trinidad, y que adorasen la unidad de tu augusta Majestad en la confesión de la fe; te suplicamos rendidos que por la misma confesión de la misma fe, nos veamos siempre libres de las adversidades y peligros. Por Jesucristo Señor nuestro, que con el Padre y el Espíritu Santo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

Ofrecimiento

Te rogamos Señor, por la santa iglesia católica, en especial por nuestro Santo Padre El Papa y todos los prelados que la gobiernan, por la exaltación de la santa fe católica, la conversión de los infieles, herejes y pecadores, paz y concordia entre los príncipes cristianos, perseverancia de los buenos y arreglo de las costumbres, por los perseguidos, afligidos, enfermos y agonizantes, por las almas del purgatorio, por el acierto en los gobiernos de las naciones, unión en los matrimonios, ejemplo en las familias y santa educación de la juventud; por nuestros amigos y enemigos y por todas las necesidades espirituales y temporales del pueblo y del estado. Sagrado Corazón de Jesús, fuente de bondad y misericordia. Ten piedad de nosotros.

Tres Padres Nuestros, Avemarías y Glorias por el remedio de todas nuestras necesidades.

PATER NOSTER, qui es in caelis, sanctificetur nomen tuum. Adveniat regnum tuum. Fiat voluntas tua, sicut in caelo et in terra. Panem nostrum quotidianum da nobis hodie, et dimitte nobis debita nostra sicut et nos dimittimus debitoribus nostris. Et ne nos inducas in tentationem, sed libera nos a malo. Amen.

AVE MARIA, gratia plena, Dominus tecum. Benedicta tu in mulieribus, et benedictus fructus ventris tui, Iesus. Sancta Maria, Mater Dei et Dei Mater Nostra, ora pro nobis peccatoribus, nunc, et in hora mortis nostrae. Amen.

GLORIA Patri, et Filio, et Spiritui Sancto. Sicut erat in principio, et nunc, et semper, et in saecula saeculorum. Amen

Sagrado Corazón de Jesús, en vos confiamos infinitamente.

Acto de Desagravio

Divino Salvador de las almas; cubiertos de confusión nuestros rostros, nos posternamos en vuestra presencia soberana y dirigiendo nuestra vista al solitario Tabernáculo, donde gemís cautivo de nuestro amor, se pàrten nuestros corazones de pena al ver el olvido en que os tienen los redimidos, al ver esterilizada vuestra sangre, e infructuosos los sacrificios y escarnecido vuestro amor.

Pero ya que con infinita condescendencia permitís que unamos esta noche nuestros gemidos a los vuestros, nuestras lágrimas a las que brotaron por nuestra causa de vuestros Sacratísimos ojos, a las lágrimas de sangre que vertieron vuestros Divinos ojos, os rogamos dulce Jesús, por los que no ruegan, os bendecimos por los que os maldicen y os adoramos por los que, despiadados os ultrajan.

Y con toda la energía de nuestras almas, deseamos bendeciros y alabaros en todos los instantes de nuestra vida y en todos los Sagrarios de la tierra y con los valiosos afectos de vuestro amante Corazón.

Suba, Señor, hasta Vos, el doloroso grito de expiación y arrepentimiento que el pesar arranca de nuestros contritos corazones.

V. Por nuestros pecados, por los de nuestros padres, hermanos y amigos, por los del mundo entero. R. Perdón Señor, perdón.

V. Por las infidelidades y sacrilegios, por los odios y rencores. R. Perdón Señor, perdón.

V. Por las blasfemias, por la profanación de los días santos. R. Perdón Señor, perdón.

V. Por las impurezas y escándalos. R. Perdón Señor, perdón.

V. Por los hurtos e injusticias, por las debilidades e irrespetos humanos. R. Perdón Señor, perdón.

V. Por la desobediencia a la Santa Iglesia Católica, la que instituyó Jesucristo, por la violación del ayuno. R. Perdón Señor, perdón.

V. Por los crímenes de los esposos, por las negligencias de los padres, por las faltas de los hijos. R. Perdón Señor, perdón.

V. Por los atentados cometidos contra el Papa. R. Perdón Señor, perdón. V. Por las persecuciones levantadas contra los Obispos, Sacerdotes, religiosos y Sagradas Vírgenes. R. Perdón Señor, perdón.

V. Por los insultos hechos a vuestras imágenes, la profanación de los templos, el abuso de los sacramentos y los ultrajes al augusto Tabernáculo. R. Perdón Señor, perdón. V. Por los crímenes de la prensa impía y blasfema, por las horrendas maquinaciones de tenebrosas sectas. R. Perdón Señor, perdón.

V. Por los justos que vacilan, por los pecadores que resisten a la gracia y por todos los que sufren. R. Piedad, Señor piedad.

V. Perdón, Señor, y piedad por el más necesitado de vuestra gracia; que la luz de vuestros Divinos Ojos no se aparte jamás de nosotros; encadenad a la puerta del Tabernáculo nuestros inconstantes corazones; hacedles allí sentir los incendios del amor Divino, y a vista de las propias ingratitudes y rebeldías, que se deshagan de pena, que lloren lágrimas de sangre, que vivan muriendo de amor. R. Amén.

GLORIA A TI SEÑOR JESÚS. GRACIAS POR SALVARNOS.

JESUS, MARIA, Y JOSE OS AMO SALVAD VIDAS, NACIONES Y ALMAS. AMÉN.

No me mueve, mi Dios para quererte El Cielo que me tienes prometido, Ni me mueve el Infierno tan temido; Para dejar por eso de Ofenderte. Tú me mueves Señor muéveme el verte, Clavado en una cruz y escarnecido,

Muéveme el ver Tu cuerpo tan herido. Muéveme Tus afrentas y Tu muerte, Muéveme en fin Tu amor, en tal manera; Que aunque NO hubiera Cielo yo te amara Y aunque NO hubiera Infierno Te temiera. NO me tienes que dar porque te quiera, Pues aunque lo que espero NO esperara; Lo mismo que te quiero Te quisiera.